All language subtitles for Buñuel y la mesa del rey Salomón

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Original subtitles

¿Ven este mapa?

La mesa era el objeto más valioso del Templo de Salomón, junto al Arca de la

Alianza. Cuando el emperador Tito saqueó el templo, en el año 70,

se la llevó a Roma.

A su vez, Roma fue saqueada por Alarico en el año 410.

Y de ese modo...

La mesa cayó en poder de los godos. Y los godos, en el año

507, la trasladaron hasta su nueva capital, Toledo.

¿Le aburro?

No, no. Al contrario.

Cuando los árabes conquistaron Toledo, el morro Musa

se quedó.

Tan deslumbrado al ver la mesa que la escondió para que nadie la viera. Pero

su lugar teniente, Tarrick, le arrancó una de sus

365 patas, poniendo una falsa en su lugar.

Se dice que solo esa pata le reportó 200.000

dinares. ¿En qué consiste esta famosa mesa? Quizá.

Era un espejo metálico de una aleación especial.

Un espejo cuya curvatura se

podía variar mediante un mecanismo desconocido. Se dice en las mil y

una noches que la mesa era un espejo en el que podía verse

el universo entero.

Y los rostros de todas las generaciones, desde Adán hasta los que

oirán la trompeta.

Parece relacionado más bien con una búsqueda interior. Para Fritz Lang, la

mesa era capaz de extraer de la gente lo más oculto de sí misma.

Él la llamaba un atrapasueños.

¿Sabe lo que es un atrapasueños?

Es una redecilla tejida en forma de laberinto que se pone encima

de las cunas de los niños para que filtre los sueños buenos e

impida el paso de los malos, extraviándolos.

¿Sí? Vaya, hoy no oigo bien.

Sí, soy yo, sí.

Ah, ¿es usted Goldman?

Sí.

Ya recibí las fotos de los actores.

Ya le dije que yo no era la persona más adecuada para este proyecto.

¿Cuánto?

Sí, es una oferta muy generosa.

Pero no solo el dinero.

Déjeme unos días para pensarlo.

Me vuelvo a México.

Yo ya no estoy para estos tetes.

La historia empieza en México.

No, no, en España.

Eso es.

La trama empieza en Toledo.

En el año 2002.

Siempre he sentido una gran atracción por Toledo.

Me parece una ciudad mágica.

Única.

En los años 20, Federico Salvador y yo íbamos con frecuencia allí.

Este soy yo.

Bueno, yo, el actor que me va a interpretar, García Lorca, Salvador

Danillo, nos hemos citado en El Parador de Toredo.

Entonces éramos jóvenes y estábamos llenos de energía.

Éramos ambiciosos, apasionados y nos queríamos comer el mundo.

Dicen que los pastores huelen a la nada.

Dicen que los pastores huelen a la nada.

Pastorcillo es el mío, huela, retama aquí, date niño de

los barcones.

Yo soy Luis Buñuel, director de películas, argonés, bastante sordo y un

poco bruto, pero también sensible, amigo de sus amigos.

a lo nuestro.

Yo tengo un novio, yo tengo un novio, yo tengo un novio que me lleva a la bahía,

que me dice mía, mía, que me dice qué calor, qué calor, qué calor tengo, qué

guapa soy, qué tipo tengo.

Toma, que toma, que toma, toma, que toma, que toma, toma, que toma, que

toma.

Toma, que toma, que toma, toma, que toma, que toma, que toma, que toma.

Bien,

ya sabéis por qué estamos aquí.

Se trata de hacer una película en la que hablaremos... Una película tuya, claro.

¿De quién si no?

Yo la dirigiré y escribiremos el guión entre los tres. Antes tendríamos que

aclarar algunas cosas.

Me falta acento.

Este hombre tenía un acento catalán que tumbaba de espalda. A ver qué te parece

así. Oye, ascolta tú, que antes tendríamos que aclarar algunas cosas.

Mejor. Tampoco exageres, pero mejor.

Todavía no me has explicado por qué eliminaste mi nombre de los títulos de

crédito de un perro andaluz.

Por no hablar de la edad de oro, que nos la habían encargado a los dos y te la

adjudicaste tú solito.

Me traicionaste convirtiendo el Himalaya.

de mis ideas, en unas pajaritas de papel.

O sea que fue por eso por lo que te convertiste en un soplón y me

denunciaste en Nueva York.

Esa mujer con la que te has liado te ha dejado irreconocible.

La gala, la gala, la gala, la gala.

La gala es demasiado sutil para ti, Luis.

Te asustaría.

Tú no sabes cómo son las mujeres, no tienes ni idea de cómo son, Luis. Y tú

sí, no me hagas reír.

Pero todos sabemos que para lo único que quieres a una mujer es para que se pase

el día en la cocina. Eso es una estupidez.

Además, tienes mala memoria.

Yo no te denuncié. Fueron los americanos los que te expulsaron del Museo de Arte

Moderno de Nueva York. Que quede claro.

A mí estos diálogos, no sé, les falta naturalidad.

¿Vosotros creéis que la gente va a entender lo de un perro andaluz, la ala

de oro y todo ese rollo de Nueva York?

¿Tú crees de verdad que a alguien le interesan hoy las películas de Buñuel?

Bueno, ¿van a pedir algo los señores? Sí, un dry martín, pero que sea seco,

muy seco.

Hombre, el que más o el que menos sabe quién soy y de qué van mis películas.

Yo un finito.

Perdone, ¿usted ha visto alguna película de Luis Buñuel?

Sí, por supuesto.

¿Cuál es?

Él, Archibaldo, Viridiana, El ángel exterminador.

Es usted un cinéfilo.

No, no, soy entomólogo.

Mi pasión son las hormigas.

Eso es lo que me vuelve loco.

Perdone, ¿me podría informar?

¿Hay putas en Toledo?

Caballero, en Toledo no hay putas.

Con permiso.

Muy amable.

Bien, continuamos adelante.

¿Dónde puedo reír?

No, que se me sale y se me va a clavar en el ojo.

Bueno, vamos a seguir.

Perdón, señor, ¿es usted Luis Buñuel?

Sí, yo soy. ¿Qué quieres?

Una carta para usted.

Muchas gracias.

Adiós. Adiós, guapa.

¿Conocía esa faceta tuya de conquistador?

¿No vale ella?

Don Plivia, creo, ayer.

Luis.

Ya está, aquí, don Luis. Adelante, adelante.

A ver, con permiso.

¿Dónde va esto?

Ahí, en la cama. Con cuidado, ¿eh?

No,

encima de la cama.

¿Encima? Encima.

No se moleste, no, Luis. Muchas

gracias, ¿eh? Muchas gracias, Luis.

Gracias. Buenas noches. Buenas noches.

¿Dónde está? Vamos a ver.

Ah, sí.

La nota.

La calle de la mano.

El Antiguario, eso es.

El Antiguario.

¿Pensaba algo, don Luis?

No, no, nada.

¿Cómo se llama usted?

¿Yo?

Me llamo Fátima.

¿Cómo? Fátima.

¿Qué es usted, de Marruecos?

No, ¿qué va? Soy francesa.

¿Sabe que mi padre trabajó con usted en una de sus películas?

¿Ah, sí?

¿En cuál?

Pues no sé.

Creo que en una con Ángela Mourina.

Ese oscuro objeto del deseo. Eso es.

Ese oscuro objeto del deseo.

Ese es.

Mi padre es eléctrico. Dice que usted es muy serio y educado con la gente.

Bueno, depende.

De verdad, duerme ahí.

¿Y desnudo?

Perdón.

El sobre.

¿Tiene algo para mí?

¡Fadma! ¿Qué pasa?

¿Qué pasa? ¿Qué pasa?

¿Qué pasa?

Sígueme. Creo que te gusta el cine, ¿no?

Así, así.

Miras de vez en cuando.

No mucho, la verdad.

Pero no me importa.

Todos tenemos un cine aquí.

Solo tienes que cerrar los ojos para ver la película que quieres.

Conmigo te negocio y van a hacer los cines contigo.

Anda, siéntate.

Un poco de música para dar ambiente.

La cuarta sinfonía de Brahms, ¿no?

Pues no sé.

¿Puede ser?

¿Lo conoces, verdad?

Se llama David Goldman.

Es productor de cine.

En todas sus películas hay doctrina sionista encubierta.

Y como sabes, la diáspora ha permitido a los judíos disponer de la red de

espionaje más amplia de la Tierra.

No pertenecen a los servicios secretos, pero colaboran con ellos cuando es

necesario.

Esa se hace llamar Ana María de Zayas.

Bueno, algunos dicen que es hija de Goldman, pero en realidad es su amante.

¿Te gustan las rubias?

Depende, ¿para qué?

Pues ten cuidado con esta.

Es una mujer peligrosa.

¿Es que no lo sois todas las mujeres?

A lo mejor te damos miedo porque no nos conoces bien.

Kurt Epstein pertenece a los servicios secretos. Es polaco, pero vive en

Lérida. Un hombre sin escrúpulos, pistolero y asesino.

El obispo Avilio Avendaño representa a los cristianos.

Astuto. Un auténtico zorro. Y firmemente convencido de que su religión es la

única verdad.

Junto a él, a su derecha, el padre Jacinto Baños de la Compañía de Jesús.

No es un experto en historia de las religiones y en masonería.

A su izquierda, Pacheco.

Es poco de fiar, ¿eh?

Corre y dile que trabaja para el mejor postor.

Estamos metidos en un buen lío.

¿Por qué nosotros?

Porque sois conocidos.

Hacer una película en Toledo es un buen pretexto para buscar la mesa de Salomón.

Oye, dar con ella y llevársela.

¿Y la mesa existe?

Creemos que los cristianos conocen el lugar exacto donde se encuentra.

¿Y cuál es el secreto de la mesa?

¿Cómo? ¿No lo sabes?

Quien la posea podrá ver el presente, el pasado y el futuro.

Imagínate qué poder más terrible si cae en manos de gente sin escrúpulos.

Yo no quiero más que una mano.

Una mano herida, si es posible.

Yo no quiero más que una mano.

Aunque pase mi noche sin lecho.

Federico, la deberías leer con más sentimiento.

Un poquito cursi.

Bueno, pues a ver cómo lo dices tú.

Hombre, yo no soy poeta.

Vamos a ver.

Yo no quiero más que una mano, aunque pase mil noches sin lecho.

Sería un pálido lirio de cal, sería una paloma amarrada a mi corazón, sería el

guardián que en la noche de mi tránsito prohibiera en absoluto la entrada a la

luna. Un desastre.

¿Eh? No, nada, nada.

Si no, soy muy partidario de reírme.

Esto se me cae.

Acabo de experimentar una súbita erección

intelectual. ¿Intelectual será porque de la otra?

Veo un niño.

Un niño vestido de primera comunión con el devocionario en la mano.

Está en un paisaje desolado de Aragón.

El niño mira hacia todos lados como si se despertara y fuese la

primera vez que lo ve.

Luis.

Luisito.

¿Y esas voces?

Luis.

¿Se puede saber dónde te has metido, criatura?

Tu padre te busca.

¿Dónde estás, Luisito?

¡Luis!

¡Luis!

Pero, hijo, ¿dónde estás?

Esos tambores.

No hay unos tambores.

Ahora... el niño está en una playa.

Pero soy yo, Salvador Dalí.

Es una playa solitaria y el niño se acerca al mar.

Da unos pasitos...

Y llega hasta el mar.

Alarga la mano y levanta la superficie del mar como si fuese una

biel.

Vamos a ver por qué yo.

Además, ¿tú cómo lo sabes?

¿El qué?

Esta noche he soñado que me fusilaban.

Entonces, el niño deja caer la tapa del mar y se convierte en una madonna toda

de blanco que se eleva al cielo levitando mientras se eleva el culo.

Perdóneme, pero no he podido evitar escucharle.

A mí, eso de la virgen enseñando el culo...

Me parece un poco fuerte.

Todas las vírgenes tienen culo.

Soy un gran admirador de su obra, señor Gouvel. He visto casi todas sus

películas. Muy amable.

La que más me gusta es la Walla T.

Avilio Avendaño, para servirles.

Avilio Avendaño.

Obispo mozárabe. Así es.

Tome asiento, por favor.

Gracias.

Solo tengo una vaga idea sobre el rito mozarabé.

Creo que se basa en las enseñanzas del apóstol Santiago, los primeros

cristianos españoles, ¿no?

Siguen sorprendiéndome sus conocimientos de teología, señor Buñuel.

Tengo entendido que el rito mozarabé tuvo muchos problemas en Roma.

Lo vete ya saputo.

Bueno, sí, Roma nos acusó de que nuestro rito contenía componentes mágicos y

heréticos de origen islámico.

y agujas instaladas en los caños de la sala. Al final, fue autorizado,

restringido, a una capilla de la Catedral de Toledo y a la iglesia de

Santa Eulalia.

¿Dónde?

Precisamente, me dirijo allí a decir misa.

Le encantaría.

No lo dudé.

Buñuelos un mea vilas.

Técnicamente, y perdona que se lo pregunte, ¿en qué se diferencia el rito

mozárame del normal?

No hay color.

Nosotros dividimos la hostia en nueve fracciones.

Hay quien cree que es una fórmula cabalística.

Un libro de la cabala castellana, el Zohar, habla de las nueve fracciones que

rematan en el reino y dice algo sumamente enigmático.

De esta manera, la luz suprema se confunde con las luces de las

fracciones, formándose así los nueve palacios.

Las luces que propagan no son más que las luces de pensamiento. Toma, que está

bien. ¿Y qué hacen ustedes en Toledo, si puede saberse?

Turismo.

Toledo es una ciudad extraordinaria. Ah, ya lo es.

Pero, don Luis, créame, ya no hay tesoros ocultos en Toledo.

No lo entiendo.

Me entiende usted perfectamente.

Calle Alfileritos.

Cobertizos.

Santo Domingo el Real.

San Román.

Posada de la Sangre.

Venta de Aires.

Cuántos recuerdos.

Pero sigamos con esta disparata de historia.

El secreto puede estar...

En el Hospital Tavera.

Usted es Luis Buñuel.

Luis Buñuel, el director de cine.

El famoso Buñuel.

Sí, yo soy.

Usted está considerado uno de los grandes directores de la historia del

cine. ¿Allá tiene historia esa basura sentimental, intelectual y departamental

que llaman cine?

Pero usted ha hecho mucha bazofia.

¿Cómo?

Hágame caso.

Soy crítico de cine. Escribo en revistas muy importantes.

Y a mí no me la dan.

¿No se avergüenza de aquella película que hizo con Jorge Negrete y sus

mariachis? ¿Y cómo se llamaba aquella otra en la que todo el mundo andaba

pegando tiros, como en el oeste americano?

¿El río y la muerte?

Eran tiempos difíciles. La tuvimos que hacer en un par de semanas.

Excusas. Y prefiero no hablar de Sela Asapel Logo.

Mejor titularla Sela Asapel Lorrer. Bueno, ya está bien. Déjeme en paz.

¿Y qué hizo con cumbres borrascosas? Un bodrio.

Abismos de pasión.

Una mierda.

¿Y usted la de William Wyler?

Un estafador.

Es lo que es usted.

Oiga, no le consiento que me insulte. ¿Y qué me dice de Tristana con ese pedazo

de hielo de Caterine Deneuve cojeando por Toledo? ¿Usted qué se ha creído?

Oiga, ¿pero cómo se atreve? Esto no va a quedar así.

¿Usted sabe quién soy yo?

¿Será posible?

¿Es usted un estafador? Lo voy a publicar a los cuatro.

Por favor.

Venga, no pasa nada, tranquilo. Tranquilo, venga. Por favor.

Tranquilo, tranquilo.

¿Está usted bien?

Sí, sí, sí.

Solo se pone nervioso cuando le hablan de cine.

¿No le habrán sacado el tema?

Pero bueno, si ha sido él.

Buenos días. Buenos días.

Buenos días.

Don Mariano Torra.

Escribe muy bien, una pena.

¿Y qué escribe?

Sobre cine, estudió conmigo en Los Jesuitas.

Un chico muy inteligente, el primero de la clase, pero le dio por el cine y a

usted. He echado a perder, una lástima.

Jacinto Baños, de la compañía de Jesús.

Buenos días.

Buenos días.

Después de este desagradable incidente, aparece en escena una italiana que se

hace llamar Ana María de Zayas. La mujer barbuda del Vera, junto a su esposo,

amamantando uno de sus hijos.

Se llamaba Magdalena Ventura y era natural de Reino de Nápoles.

Acompáñame, por favor.

¿A dónde?

Tengo instrucciones de mostrarles algo.

¿Instrucciones? ¿De quién? ¿De David Goldman?

Sígame, por favor.

El templo, como todo el edificio, está dedicado a San Juan Bautista.

Consta de una sola nave y tiene planta de guslatina.

En el centro del crucero se encuentra el sepulcro del Cardenal Tavera.

Aquí está la tumba del Cardenal Tavera.

Yo me quedo aquí.

Luego tengo pesadillas con el obispo podrido.

Me imagino dentro de esa tumba, mordido y desglutido lentamente

por un hervidero infernal de larvas verduscas.

Mi corazón es ahora una gran esponja empapada en pus que atacan los gusanos

con saña.

El rostro, ya en descomposición, lo hubo de tomar el escutor de la mascarilla

mortuoria.

Porque el cardenal nunca se dejó retratar en vida.

Beruguete era ya muy anciano cuando la hizo.

Y murió a los pocos días de terminarla, en este mismo edificio.

¿Le decía algo?

No.

No. Bueno, sí.

¿Cree usted que la mesa de Salomón está aquí, en el hospital Tavera?

¿Por qué lo pregunta?

No me ha contestado.

Es una posibilidad.

¿Buñuel? ¿Don Luis Buñuel?

¿Luis Buñuel?

Yo mismo.

¡Qué descanso!

Ya he cumplido mi misión.

¿Nos vamos, Ana María?

Ana María, señorita, ¿dónde puedo volver a verla?

Lo siento, no puedo.

Adiós.

Espero el judío orante, condenado a vagar por todo el mundo sin un momento

de reposo.

No, Salvador, ni se te ocurra.

el rostro de ese hombre.

Los ranaglifos.

No puede ser.

No puede ser.

Yo diría que esto es hebreo.

¿Pero tú sabes, Ebre? ¿Yo qué voy a saber?

Esto es lo que veo y punto.

Esto se está complicando de mala manera.

No me gusta nada.

Estamos metidos en un juego del que no sabemos las reglas.

Un juego peligroso.

Voy a hablar con Goldman y nos retiramos del asunto. No, no, no.

Ahora ni hablar.

Yo tengo un contrato firmado.

Y la vela es la vela.

Nos están desafiando.

Tenemos que estar juntos hasta que hablemos esto.

Bueno, ¿y qué hacemos?

Pueden pertenecer al Libro del Esplendor.

Un antiquísimo libro de la Cábala.

Pero perdonen la curiosidad.

¿Por qué ese interés?

Alguien nos ha dicho que ese texto tenía un significado muy especial.

Algo relacionado con Toledo. Y quizás... Sí, diga, diga.

Quizá relacionado con la mesa de Salomón.

La mesa de Salomón.

Ya.

¿Y les habrán dicho que está aquí, en Toledo?

Imposible.

¿Qué saben ustedes de la mesa?

No, nosotros nada.

Estamos escribiendo el guión de una película sobre ese tema.

¿Y usted nos podría informar?

No,

no, no puede ser. ¿Qué sucede?

¿Donde Adán come hormiga?

El más recuerda a su ahogado.

Y un muro de malos sueños.

¿Pero no decían ustedes que no sabían hebreo? Ni una tilde.

¿Entonces? Estaba recitando uno verso mío. Eso es imposible. Eso pertenece a

un libro sagrado.

¿Y usted cómo interpreta estos versículos?

Solo hay un espejo capaz de mostrar el rostro de todas las generaciones.

Desde Adán a los que oirán la trompeta. Ese espejo es

la mesa de Salomón.

Lo que está claro es que nos estamos aproximando a la mesa.

Ella está aquí enredada.

¿Pero a dónde?

A lo que hacemos ahora.

Vuelvo enseguida.

¿A dónde vas?

Tengo una corazonada.

Espérame, vuelvo ahora mismo.

No creo que estén en una pista adecuada.

Buenos días.

Buenos días.

Perdón, Ed.

¿No había antes aquí un anticuario?

Ah, sí, Muza. Un moro alto y delgado.

Pero de eso hacía muchos años.

El propietario marchó al sur.

¿Y su sobrina Fatma?

¿La conoció?

Una chica muy guapa.

Murió. ¿Murió?

¿Murió?

Sí, de un modo extraño.

Se habló mucho de ello.

Apareció desnuda y descuartizada.

Algo horrible.

¿Qué tal vamos, Antonio?

Hombre, buenos días, señor Buñuel. Buenos días.

Buenos días, señor obispo.

Sorrabo de toro. Muchas gracias, Antonio.

Y todavía por aquí.

¿Cómo va todo?

Sinceramente, estoy un poco confuso.

Precisamente queríamos hablar con usted.

Cuando usted quiera.

No nos andemos con rodeos.

Ustedes buscan la mesa de Salomón, pero quizá ignoran los peligros que entraña

la aventura que con tanta ligereza se disponen a acometer.

Si quieren un consejo amistoso, lo mejor que pueden hacer es marcharse ahora

mismo de Toledo.

¿Y por qué habríamos de marcharnos?

Es solo un consejo.

Están ustedes siendo utilizados por gente sin escrúpulos, capaces de todo.

¿No se dan cuenta?

Claro que nos damos cuenta.

No somos tontos.

Amigo Avendaño, ¿por qué tanto misterio?

Esa mesa es un objeto sagrado, codiciado por las tres grandes religiones

monoteístas. Los judíos, musulmanes y cristianos.

Hay fanáticos capaces de cualquier cosa por poseerla.

Cualquier pretexto puede servir ahora para desequilibrar la balanza y para que

se desencadene una violencia de incalculables consecuencias.

Créanme, esa mesa está bien donde está.

¿Nosotros estamos dispuestos a llegar hasta el final?

Sí.

Bien allá ustedes.

Antes tienen que pasar una prueba.

La noche toledana.

Tienen que purificarse y limpiar las oscuridades que nublan sus mentes.

Solo entonces, cuando estén purgados y en paz, cuando el rayo perfore las

entrañas del cielo y retumben las nubes, estarán preparados para emprender el

camino que les llevará hasta la mesa de Salmo.

Ahora tenemos que separarnos.

Que cada cual siga su destino.

Elegí toda la calle.

Me voy por esta.

Nos encontramos en el parador. ¿De acuerdo?

De acuerdo.

Yo voy contigo, Luis. No, tenemos que separarnos.

Elige una calle, yo voy por la otra.

Yo voy contigo, que ya sabes que yo me pierdo siempre. Que no, Salvador.

Cada cual tiene que afrontar su propio destino.

Elige tú, por lo menos.

Yo me enamoré de un aire,

de

un aire de una mujer, de una mujer muy

hermosa, linda de mi corazón.

Yo me enamoré de noche.

Si otra vez me enamoro.

Te estaba esperando.

Desnúdate.

No tan deprisa.

Tenemos toda la noche.

No sé si esto es realidad o es un sueño.

Es un sueño.

Por no obedecer a tu padre serás siempre un desgraciado.

Acabarás en la miseria, comido por los piojos, sin un amigo.

Tendrás suerte si alguien te lleva un plato de sopa.

Morirás solo y abandonado como un perro.

Has insultado a tu madre.

Nos has despreciado y humillado.

Eres un miserable y no te queremos ver nunca más.

Desde este momento no tienes padre.

Vete con esa zorra que se ha acostado con todos tus amigos.

Era... Era solo una frase.

¿Se puede blasfemar en sueños sobre los seres queridos?

Yo te adoraba, madre.

Nunca me resigné a tu muerte.

Tú eres la única que podía haberme salvado.

¿Eres tu padre?

A ti te desprecio.

No pienso llevar siempre tu cadáver sobre los hombros.

Nunca te preocupaste de mis sentimientos.

Pensabas que yo era un niño enfermizo y caprichoso.

Una mala versión de mi hermano muerto.

Yo vine al mundo a ocupar su puesto y ahora él está conmigo.

Qué placer más grande hay en el mundo que darle por el culo a tu propio padre

moribundo.

Son versos de Quevedo.

Bebé rico.

Gracias, Lorca.

Tenemos una sorpresa para ti.

Ven con nosotros.

¿Dónde me lleváis?

Con gente que te quiere.

¿Pero a dónde?

No seas impaciente, hombre. Vamos.

¿Dónde estamos?

Para ti, Federico García Lorca.

¿A qué buscar la lumbre?

¿A qué buscar la lumbre?

¿A qué buscar la lumbre? Mamita mía, o la calle arriba, o la calle

arriba.

Si de tu cara...

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¿Qué pasa?

¿Qué queréis? ¿Quiénes sois?

¿Quiénes son?

Temblarán los guardianes de la casa y se encorvarán los fuertes.

Se debilitará el agua del molino.

Se pondrá pesada la langosta.

Caerá la alcaparra.

Se romperá en pedazos el cántaro en la fuente.

Y la polea en el fondo del pozo.

¡No!

¡No!

¡No!

Debería ser una búsqueda interior a través de la amistad.

Si no, ¿qué pintan Federico y Salvador?

Tristana y solta.

El preludio del primer acto.

Puede la amistad ser tan fuerte como la...

Veo sin azoga y sin tiempo Conciliando los rostros

de las generaciones Donde Adán come

hormiga El más recuerda es su hoja

Y un muro de malos sueños me separa de los míos.

Luis, pasa.

¿Qué pasa?

Es la tormenta quien ha anunciado el obispo Avendaño. Ha llegado el momento.

Vaya, lo que nos faltaba.

Buñuel, don Luis Buñuel.

Sí, yo soy.

¿Qué desea?

Síganme, por favor.

¿A dónde, con esta tormenta?

Su eminencia, el obispo don Avilia Bendaño, les está esperando.

Pueden dejar ahí su boca.

Han llegado muy lejos.

Pero todavía les queda lo peor.

¿Siguen decididos a ir al encuentro de la mesa de Salomón?

¿Están decididos sí o no?

Estamos decididos.

Está bien.

Pacheco les acompañará.

Una última advertencia.

Una vez en camino, tienen que seguir adelante. Siempre adelante.

No podrán volver atrás.

Ayúdame a quitar la ropa.

¿Está faltando?

No, je vous en prie, monsieur, je vous en prie.

Pase, pase.

Dadas las circunstancias, es lo mejor que podíamos hacer.

Que Dios les acoja en su seno.

Que Allah les ayude.

Que los profetas, benditos sean, les acompañen.

Bien, ¿estamos de acuerdo entonces?

Hoy mismo taparemos la entrada.

Sellada permanecerá para siempre.

Amén.

¿Se sirvió?

De la entraña de la Tierra.

A ver.

¿Alumbra aquí?

Bueno.

¿Quién va al primero?

No, tú mismo.

No, yo no.

Mi hogar.

Federico García. No, yo no voy primero para nada del mundo.

Vete tú a saber lo que habrá ahí abajo.

Podéis ir cogiditos de la mano.

Tampoco es eso, Wiser, ¿eh?

Está bien.

Yo iré el primero.

Adiós.

Dios, que es infinitamente pequeño, ha creado

esta luciérnaga agujereada por infinitos

alfileres que atraviesan la piel del rinoceronte galagaláctico

para iluminar el universo.

¿A dónde irán a parar?

Al centro del centro.

Al silencio de los silencios.

Al sueño de los sueños.

¿Qué quieres decir?

Me refiero a un cuadro de Dalí en el que estamos los tres.

¡La playa espectral!

La playa es petral.

Retomemos nuestra aventura.

¿Dónde estábamos?

En el pasadizo.

Vamos allá.

¡Es sangre!

¡Es sangre!

¡Es sangre!

¿Pero cómo va a ser sangre? Será cilla.

Te digo que es sangre.

Debemos estar bajo el Zocdove.

La Plaza Mayor de España está encargada de gritos.

Cierran debajo un lago de sangre.

Un charco de agonía que late como un corazón.

Federico, esto no es uno de tus dramones.

Vámonos de aquí.

¡Amor y desayos!

Venga, Federico.

Son solo dos cadáveres.

Y no pareciera morir de la peor manera.

Permíteme que me dejarás solo.

Todavía tenemos que hacer muchas cosas.

Tú significas mucho para mí, Salvador.

Contigo mis sentimientos están en carne viva.

En el Mediterráneo sabemos cómo tratar estas cosas, cuyons.

¿Pero qué dice?

Una vez, en Cadaqués, llevaban un muerto al cementerio camino de polvidad.

Las mujeres lloraban o los hombres comentaban las excelencias del muerto.

Y al muerto no se le ocurre mejor cosa que resucitar.

Entonces la gente, defraudada y dolida,

Lo molió a palos hasta dejarlo convenientemente muerto.

Y así lo enterraron sin que pasara ningún otro incidente.

A ver, coge el ferro.

¿Luis?

Tenemos que llegar a una encurcijada.

Coño, Salvador, que nos vas a quemar. Adelanto, Chaluli.

¿Verdad? No tenéis ninguna confianza en mí, ¿eh?

Bueno, la encurcijada.

¿Y ahora por dónde vamos?

Lo digo por ahí.

No, mejor por ahí.

Federico. Salvador.

Federico.

Salvador. Salvador.

Federico. Salvador.

Salvador.

¿Aquí? Federico. ¿Dónde?

Federico, ¿eres tú?

Sí. ¿Lo vi?

Federico. ¿Dónde estáis?

¿Salvador? ¡Aquí!

¿Dónde estabais? ¿Y vosotros?

Aquí, buscando.

Me he dado la vuelta y ya no os he visto.

Es que has desaparecido. Pero vamos a seguir adelante.

Sí, pero junto.

Junto, por favor. Atentos.

Atento tú también. Venga.

¡Acercaos!

¡Acercaos!

Me cierra la vuestra luz.

Apagadla.

No la habréis menester de ahora en adelante.

Bien veo que estáis purgados.

De no ser así, ¿habríais terminado?

como ellos.

Acompañadme.

¿Acompañadme?

Muchos lo intentaron y dieron con este

pozo de las ánimas, de donde salen a vagar por esos pasadizos y

extraviar a los que osan aventurarse sin estar preparados.

Yo os rezaré un conjuro para que os dejen en paz.

Bastante tenéis con lo que os queda por recorrer. Es menester que bajéis hasta

el fondo.

Allí encontraréis la señal.

Continuad y no retrocedáis nunca.

Si lo hacéis, ellos acabarán con vosotros.

Yo el león de la tribu de Judá, la raíz de David,

la sabia de Salomón.

La raíz de David, la sabia de

Salomón.

No retrocedáis, siempre adelante, siempre adelante.

¡Suscríbete!

El aire está muy enrarecido.

No puedo respirar.

Me ahogo.

Me ahogo.

¿Lo vi?

Esto es una locura.

Tenemos un río encima.

Esto se va a desplomar de un momento a otro.

Venga. Venga, nos quedamos.

No puedo.

No podemos volver atrás.

No puedo.

¿Dónde va?

Salvador.

Se mueve.

Adelante. No os quedéis atajados.

Os están poniendo a prueba.

Vamos.

La mesa de Salomón.

Salvador. Federico.

¡Mitna!

¿Dónde estoy ahora?

Adiós montes.

Adiós pájaros.

Adiós campos.

Adiós cielos y nubes.

Adiós...

Mis amigos.

Adiós, Toledo.

Adiós.

Torcillo es el mío, huela, retama, quítate niño de

los barcones.

Porque si no te quita el ramo de flores,

llamaré a la justicia que

te aprisione.

Dicen que los pastores huelen a salva...

¡Gracias!

los barcones.

Porque si no te quitas ramos de flores

y te amareas la justicia que te

aprisiona.

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