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¿Cuál es la pierna buena?
¿Qué ha pasado? Que me he disparado en la cara.
-La pistola se me disparó. No quería, de verdad.
-Tienes que ser mis ojos. Me debes una.
¿Quién eres y dónde coño estoy?
¡Quieto! Baja el arma.
¿Quiénes sois? No somos asesinos.
Para nosotros,
su barco es lo más parecido a una vía de escape.
-Estuviste a punto de decírselo. -Ellos tienen un barco.
Nosotros, no.
¿Quiere casarse conmigo?
Sí, quiero casarme contigo. Sí, quiero.
Creo que tu padre no está ahí encerrado por casualidad.
¿De qué estás hablando? De que una niña pianista
no es un buzo de profundidad. ¿Tú cómo sabes que soy pianista?
¿Qué pides por esa foto?
¿Conoces la caja 33, la que guardamos en la bodega?
Sácala de ahí...
y llévala al barco ruso.
¿Va a perder al 50% de sus hombres, pudiendo irse a otro barco?
Con la bandera rusa iguala a este.
-Es cierto, parece que hay otro barco.
Voy a bajar en el otro ascensor y me voy a poner en paralelo a ellos.
No bajes. Hay otra posibilidad.
Puentear el motor principal con un generador conectado
al cableado de emergencia de los ascensores y subirlos desde ahí.
Se han ido y no van a volver. No son un peligro, déjales marchar.
¡Gamboa, no!
-¿Tú y yo éramos amigos? -Sí.
"¡Roberto!"
Tú te llevaste algo que era mío.
Una carpeta roja.
Al día siguiente del cataclismo,
recibimos una señal de radio de un avión.
Sabemos dónde está la tierra, capitán.
"En todos los cuentos del mundo sale un ogro.
Bueno, un ogro, una bruja o un hombre lobo,
que es el malo y sale para dar miedo y hace cosas malas.
Pero lo más importante que hace el ogro es no dejar que el príncipe,
que es el bueno, esté con la princesa,
que es la guapa.
Le fastidia un montón que sean felices.
A veces el ogro duerme la siesta y entonces es cuando todos los demás
aprovechan para estar contentos."
A comer.
"Y la princesa y el príncipe viven una historia de amor
como en las películas."
Están juntos,
se quieren y juran que se van a querer para siempre.
Y toda la corte lo celebra.
Hacen un gran banquete lleno de cosas ricas."
¡Qué cantidad de cosas!
"Y le dicen a los padres que se quieren.
Y si todo va bien, al final la historia siempre acaba igual."
Buenos días.
Buenos días.
A ver, hijas,
Julia y yo tenemos algo que contaros.
¿Os vais a casar?
¿Sí?
Sí. ¿Le has dicho que sí?
¿Os vais a casar?
¿En serio? No me lo puedo creer.
¡Que sí, coño! ¡Que vivan los novios!
Que se besen! Que se besen!
Que se besen! Que se besen!
Que se besen! Que se besen!
Que se besen! Que se besen!
"Pero cuando parece que ya están a punto de comerse las perdices,
siempre pasa algo."
El ogro malo se despierta de la siesta
y se despierta muy enfadado, como si hubiera tenido una pesadilla.
Y tiene un plan,
un plan secreto para que nadie sea feliz."
Enhorabuena, capitán.
Les deseo toda la felicidad del mundo a los dos
por el resto de sus vidas.
Gracias.
¡Capitán!
Tenemos que hablar. Hay un asesino en este barco.
15 personas murieron en la explosión.
Puede que intentaran atentar contra usted o quisieran robar
el Estrella Polar, no lo defiendo, pero alguien de su tripulación
los mandó al barco ruso y entonces explotó.
Y los barcos no explotan. -Pero ¿qué está diciendo este?
-Los barcos se hunden, pero no explotan.
-Mira, chaval, si insinúas que aquí matamos a gente,
te estás columpiando. Julián.
Max, ¿tiene alguna prueba de que fuera un asesinato?
¿Algún motivo?
¿Alguna evidencia de quién querría matar a esa gente y por qué?
-Puede que fuera un accidente o una casualidad.
-No fue una casualidad.
Esas personas rompieron las reglas y alguien se los quitó de en medio,
sin más. -A ver,
¿esas personas habían navegado antes?
¿Sabían encender el motor de un barco?
¿Conocían los protocolos y medidas de seguridad?
¿Sabían que en esas naves, en las bodegas,
hay cargas de dinamita para romper el hielo?
Max, quedamos cuatro gatos en este mundo.
Si queremos llegar a tierra y vivir en paz,
debemos apostar por confiar los unos en los otros.
Está bien. Tiene razón, debemos colaborar.
Dígame cuántos de mis hombres subirán al Estrella Polar
y, en cuanto zarpemos, le diré las coordenadas de tierra.
El Estrella tiene capacidad para 40 personas,
que son las que estamos ahora. Por favor, doctora,
aquí cabe el doble de gente. No es una cuestión de espacio.
Hay 40 chalecos salvavidas, sitio para 40 personas
en los botes de salvamento, camas para 40 personas
y agua potable para los mismos, ni para 100 ni para 60.
Ahí fuera he visto las tormentas más devastadoras,
cataratas marinas, volcanes...
No tiene nada que ver con un crucero de vacaciones.
Y no voy a arriesgar la vida del pasaje.
Haremos dos viajes.
Entonces, tendrá que decidir quién va en el primero.
Usted tiene la nave, yo tengo las coordenadas.
Así que irán la mitad de sus hombres y la mitad de los míos.
Elija a 20 personas del Estrella Polar
para que se queden en el edificio.
Esta tarde vendré a por la lista.
¿Y cómo se van a casar tu papá y Julia si ya no hay iglesias?
Porque sí hay cura. Le han pedido a Palomares que les case.
¿Y por qué se casan? Si ya son novios.
Porque después de ser novios, lo que viene es casarse.
¿Y tú también te vas a casar con Ulises?
Yo no me voy a casar nunca ni voy a tener novia.
¿Y eso por qué, Burbuja? Porque es la verdad.
Las chicas no se casan
con gente que tiene una burbuja en la cabeza.
¿Quieres que te cuente un secreto?
Las chicas no se van a fijar en si tú tienes una burbuja o no.
¿No? No.
Se van a fijar en si eres bueno.
Yo soy bueno.
Y tú eres muy bueno, pero que muy bueno.
"Yo conozco a una chica que se llama Marimar.
Es mi novia."
"Decidí que guardaría todo lo que olvidaste
para que no sintieses que te faltaba."
"¡Oye, por favor!"
-Hola. -Hola.
-¿Qué tienes ahí? -Nada.
Son cosas de cuando era Roberto.
-¿Y ese teléfono también es de cuando eras Roberto?
-Pero está roto.
No se ve bien la pantalla. -A ver.
A ver.
Pero sí funciona.
Yo sé cómo hacer para ver lo que tienes aquí guardado.
Tal vez ahí encuentres cómo era el verdadero Roberto.
¿No es romántico?
Casarte en un hotel hundido en Singapur,
con un cura resucitado
y con tus dos hijas de testigos.
Así yo sí que digo un "sí" para siempre.
A mí los "para siempre" se me han hecho un poco grandes
toda la vida. O sea, que tú y yo no vamos a estar
para toda la vida. Vamos a estar ahora, un ratito juntos.
Vamos a ver, ¿de qué estamos hablando? ¿Eh?
¿Qué quieres? ¿Que te firme un justificante?
O podemos poner la alarme del móvil.
Yo siempre he sido más de promesas de amor eterno, ¿sabes?
Mira... Levanta.
De todas las mujeres que quedan en este planeta,
estoy enamorado de ti
y no quiero que acabe nunca,
pero no me gustan ni los anillos,
ni los "para siempre". Es absurdo, Ainhoa.
Que no es absurdo. A mí me parece superbonito
tener planes, hacerlos, no?
Creer que no tienes secretos con tu pareja.
"Tu secreto sigue a salvo.
Ve y vive feliz con tu chica
y dile que la quieres cada día al despertar
y que no existen secretos entre vosotros."
Yo siento que te quiero para toda la vida
y me gusta decírtelo. Y a mí.
A las diez de la mañana en el confín del planeta,
pero resulta que
soy un niño abandonado, mi madre se murió joven
y los "para siempre" de mi vida me han durado media hora.
No sé si te voy a poder hacer las promesas esas que tú quieres.
Vaya.
Bueno, pues...
Pues no sé, entonces...
¿lo que me estás diciendo es...?
No sé, que seamos amigos,
así, sin compromiso, ¿no?
Claro.
Disculpa, perdona, ¿eh?
Perdona un momento.
Oye.
Ven aquí. ¿Qué?
Hombre, si...
Si eso significa que vas a seguir afeitándome todas las mañanas
y que vamos a seguir teniendo sexo salvaje por la noche...
También.
Sí quiero.
¿Sí? Sí.
Chicos, chicos, perdonad.
No quería escuchar nada del sexo salvaje y tal,
pero ahí fuera hay una mujer atrapada,
está llorando, gritando... No sé qué pasa.
Por favor, ayudadme, es urgente.
¿Qué es eso? Es como...
Como si fuera un sonido de una película de terror.
No sé. Yo escuché el mismo ruido esta mañana en nuestro cuarto.
Parece que viene del fondo del edificio,
de abajo del mar.
No suena como agua, Ulises.
Suena como si alguien estuviera ahí atrapado,
como tu padre. No, eso es imposible.
El ascensor está ahí abajo. Cortamos el cable.
No puede haber nadie ahí abajo. Pues entonces un animal,
o un bicho de esos que mordió a Vilma,
y parece que está sufriendo.
Sufriendo o amenazándonos.
Venga, chicos, ¿qué os cuesta?
Hacedlo aunque sea por el capitán y por Julia.
-¡Ay, qué pesado! -Pesado no. Es su boda,
el día más importante de su vida. Yo no puedo hacerlo solo.
-Palomares, yo no voy a hacer de monaguillo.
Para un día al año que hay un sarao y quieres que vaya de mesa camilla
con el tapete de mi abuela. Yo ese día como un pincel,
bien maqueadito, de soltero de oro. ¿Eh, o no, Ramiro?
Esta para ti, esta para mí, esta para mí también.
Lo que han sido las bodas de toda la vida.
-¡Ay, qué pereza, Piti!
-Chicas, también puede hacerlo una mujer.
-Hasta luego. -¡Chicas!
-Palomares, lo siento mucho, pero no somos tu público.
Venga, hombre, que alguien encontrarás.
-Ramiro, Ramiro, por favor. Es que no puedo oficiar solo.
-Vale, te ayudo. -¿Sí?
-Pero antes quiero que me confieses.
-Gracias. Claro, yo te confieso, te absuelvo y te doy la comunión.
Tres en uno. -Palomares, he hecho algo terrible.
Menos mal que mis padres están muertos,
porque, si no, no podría volver a mirarles a la cara.
"Eres el demonio."
No tengo perdón,
ni en este mundo ni en el infierno.
-Ey, Ramiro, que nada es tan grave nunca como creemos.
Nunca.
-He matado, Palomares.
He matado.
No puedo hacerlo.
Dejar a alguien aquí es condenarlo. Pasado mañana se parte la Tierra
en dos y no hay quién vuelva aquí para salvar a nadie.
Ricardo, el mundo no se va a partir por la mitad.
No es la cáscara de un huevo.
Podemos ir a tierra, dejar al primer grupo y regresar.
Si este edificio se ha mantenido en pie hasta hoy,
estará cuando volvamos. Te lo prometo.
Ay, coño.
Tranquilo, si el intruso soy yo, ¡qué leche!
Vosotros estáis de capillita marital.
Boda, luna de miel... Es normal.
Os deberíais estar comiendo por las esquinas.
Déjalo, Julián, está bien. La verdad es que tengo suerte.
De todos mis novios, me caso con el mejor.
Así que soy el mejor de tus novios. Muchas gracias.
¿Y cuántos novios son esos? Pues... No sé.
Hombre, he tenido algunos novios, pero tampoco tantos.
Novios, novios...
Ocho.
¿Nueve?
Julia, ¿podrías venir un momento al hotel, por favor? Cambio.
Sí, Ulises, ahora mismo voy para allá.
¿Qué?
Este es el conducto del aire acondicionado
que recorre todo el edificio.
Es como si alguien estuviera abajo gritando a 100 metros,
pero no puede ser. Es imposible.
Está atrapado y llorando. ¿No lo escuchas?
A ver, Estela. Nadie cabe en un conducto tan estrecho
y las 12 plantas que hay abajo están vacías.
A mí se me ocurre que sean bolsas de aire, no más.
Eso no son bolsas de aire.
Pero, Julia, ¿cómo van a ser esto bolsas de aire?
Lo que hay ahí fuera es un océano. Es agua, no una ventisca, por Dios.
Vamos a ver.
A ver.
Es aire, Ainhoa.
Suena como cuando se cuela por una rendija.
El movimiento del mar provoca corrientes, empuja el aire
y está subiendo por los conductos. Es completamente normal, de verdad.
Bueno, pues nada, chicas.
Si no hay nada humano ni abisal, ya os podéis ir.
Teníamos una conversación pendiente Ainhoa y yo entre manos.
Ya, lo del sexo salvaje, ¿no?
Hablar está muy, pero que muy bien. Hay que hablar por los codos.
Yo empecé sí y mañana me caso.
Es que nosotros no somos mucho de casarnos.
¿Ah, no? No.
No. Hemos decidido tener una relación abierta.
Ah, ¿sí?
Sí.
Ya está. Puedes navegar, por lo menos.
-Son todos desconocidos.
-Busca en tu agenda personal.
-No hay ninguno. No tenía amigos.
-Tal vez no tenías que guardarlos, porque te los aprendías de memoria.
Tú eras muy inteligente, Roberto.
¿No quieres ver fotos?
-Ah.
Ah, vale.
Un perrito. -Era tuyo. Se llamaba Gómez.
Alguna vez tú y yo lo paseamos. ¿No te acuerdas?
-No.
-No sé qué tenéis los chicos en la cabeza.
Tantos meses detrás de este bombón, ¿y ahora qué?
Te has cansado y a dar el salto a la siguiente.
No, no, no. Yo no voy a saltar a ningún sitio.
Yo quiero estar con Ainhoa.
Además, parece que no me conozcáis.
Yo he estado a las duras y a las maduras, siempre.
A lo mejor lo que pasa es que tienes pánico al compromiso.
Sí, está claro. Chica, qué pena. Lo siento tanto.
A ver, vamos a ver. Vamos a ver.
La gente se compromete con un perro, con la hipoteca
y a los dos meses se cansan. No, si, a ver...
Yo te entiendo completamente, pero me suena a excusa barata.
Me lo han hecho muchas veces. No es ninguna excusa.
¿Contigo era tan poco romántico también?
Poco romántico? Qué dices? Yo no llegué a acostarme con él.
Estela, tú y yo tendríamos que hablar, porque...
Muy paradito sí que es.
Te voy a decir una cosa antes de que te sigas columpiando.
¿Sabes qué pasa con las relaciones abiertas?
Que son de doble dirección. Son abiertas para ti,
pero también para ella.
Eso también era una bolsa de aire, Julia.
Eso o que...
el edificio se está inclinando como la Torre de Pisa.
¡Toma!
Qué cochino. Era un cochino.
-No, para nada.
-Qué buena.
De ella sí que me acuerdo.
Es Marimar.
Era mi novia.
-¿Y la querías mucho? -Sí.
-Un vídeo.
¿No lo abrirás, Burbuja?
Dale
Voy por un cable para el sonido.
No sé cómo hacer esto.
Estoy condenando al desahucio a la mitad de la tripulación.
Se supone que soy la máxima autoridad,
quien toma las decisiones más graves de este mundo
y solo pienso en banquetes, en los votos
y en mi boda con Julia. Ya, no me extraña,
encima con el marcador de la Wilson ahí.
¿Qué marcador?
De los amantes.
Tú llevas una,
pero ella lleva ocho o nueve. Te gana de paliza.
Y vete tú a saber los que lleva de verdad.
¿Cuántos se supone que lleva según tú, que parece que la conoces
mejor que ella? Pareces nuevo, chico.
Las mujeres de siempre se quitan años, kilos y amantes.
¿Por qué? No quieren parecer ni viejas ni gordas ni golfas.
¿Ha dicho ocho? Échale el doble.
Y eso de novio en novio, que... ¿Sabes qué te digo?
Que de todos los novios, novios, con quien se casa es conmigo
y estoy feliz, eufórico, así que déjame en paz,
no me amargarás la boda.
Que no es la boda el problema, Ricardo,
el problema es lo que viene luego. ¿Y qué viene luego?
La noche de bodas. ¿Y qué pasa la noche de bodas?
Es la primera de los dos juntos y de la que tendréis un recuerdo
cuando seáis ancianos. Por eso debe ser mítica, indeleble.
Julián, para ya, estás consiguiendo acongojarme.
Yo no pensaba en eso, pensaba en el banquete,
las flores... Aprovecha y piensa en el polen,
¿eh? A ver si te crees que una mujer...
de la experiencia de la Wilson le dejarás el recuerdo indeleble
con un misionero raspado. No me toques los cojones,
he estado casado 23 años y tengo dos hijas.
¿Y qué? ¿La Wilson es igual que Marisa?
¿O eres tú igual... que los ocho o nueve anteriores?
No es cuestión de comparar, no es eso.
Ricardo, una noche mítica hace un recuerdo mítico.
Y eso pasa por saber lo que le gusta a esta señora.
¿Qué le gusta? ¿Lo sabes?
¿Y qué voy a saber, Julián?
Entonces, habrá que ir a las fuentes.
¿Qué fuentes?
Venga, Ramiro, cuéntame.
-¿Aún funciona lo del secreto de confesión?
-Claro que sí, Ramiro.
Venga,
empieza.
-A ver.
-¿A quién se supone que has matado?
-A los 15 amotinados del edificio,
a los que explotaron el barco ruso.
Yo fabriqué la bomba, Palomares.
No fue un accidente ni una casualidad,
fue una bomba de siete cargas de dinamita.
Y lo hice yo, y sabía que iba a explotar
y que volaría por los aires el barco
y todo lo que hubiera dentro.
Yo no era así, Palomares, te lo juro por Dios,
yo en tierra no era así.
-Son las siete de la mañana, creo que ya está bien.
Vámonos a cada ahora mismo.
-Míralo, se trajo a su padre a la botellona.
Corre, que no llegas a misa.
-No voy a ir.
-Andrés, no me hagas montar un espectáculo.
¡Por Dios te lo pido! -¡Por Dios!
-¡Por Dios, Señor! -Espectáculo.
-¡Por Dios! -¡Corre, corre!
-Papá, a ver cuándo te enteras de que no soy como tú,
todo el día con la monserga del monaguillo.
¿Tengo pinta de monaguillo yo? -Tu madre se pasó la noche llamando
a los hospitales, temblando cuando sonaba el teléfono.
¿Es que nos quieres matar?
-¡Me quieres dejar en paz de una puta vez!
¡Todo el día controlándome, detrás de mí,
en la puerta del colegio! ¡Que me dejes vivir, papá!
¡Déjame vivir, hostia!
Si mamá está tan rallada, dile que me he muerto,
me he muerto.
-¡Eres el demonio!
Eres Satanás!
Soy Satanás.
Llega el demonio!
Satanás!
Lo hemos medido con un nivel y Julia confirmó que el edificio
se está escorando, pero según ella no pasa nada,
todo está bien. Gracias, Ulises.
¿Pasa algo?
No. Sí, hijo, siéntate, sí que pasa.
¿Qué haces, Julián? Nos tienes que contar
algunas cosas sobre la Wilson. Ya me contó que se casarán.
Enhorabuena, capitán.
Enhorabuena.
¿Pasa algo con Julia? Pues sí.
Que mi amigo está nervioso, está preocupado.
A ver, tiene la noche de bodas a la vuelta de la esquina
y no sabe cómo atacar. ¿No querrás que le dé lecciones?
Anda, vale ya, se acabó la conversación.
Ricardo... Cállate.
Quiero que vuelvas a medir la inclinación del edificio,
en el ala opuesta y en la azotea.
Cualquier oscilación, me llamas. Vale.
No, quieto parado.
Que no me seas milindris. Ricardo, coño, estamos en familia
y somos hombres y estas cosas se hablan, ¿verdad?
Que aquí no se habla nada, que es mi boda y mi mujer
y son mis recuerdos. Así que ya me apañaré como pueda.
No, la que se apañará será ella si se encuentra al oso Yogi
en la noche de bodas. ¿Es el recuerdo que quieres
que tenga el resto de tu matrimonio?
Escúchale. ¿Qué son cinco minutos para el resto de tu vida?
No pierdes nada.
Qué pesado eres, de verdad.
A ver, que no pasa nada por hablar, capitán.
A ver, en confianza, sin que salga de aquí.
A Julia le gusta...
los mordisquitos.
¿Mordisquitos?
Pero ¿dónde, en el cuello?
En el cuello, en las muñecas, en las palmas de las manos...
Los mordisquitos en general. ¡Joder!
La mujer es un mapamundi, macho.
Cuando vaya avanzando el tema, lo que debe hacer es meterle...
meterle caña. ¿Caña?
No violencia, violencia no,
sino a Julia lo que le gusta son los hombres enteros,
que tomen decisiones, que manden,
como usted que es el capitán. ¿Quieres que le dé una orden?
¡Me cago en todo lo que se menea! Se acabó la conversación.
Lo que debe hacer es coger el toro por los cuernos, impresionarla.
¿Y cómo le gusta a Julia que la impresionen?
Porque la verdad...
Con esta ropa interior no sé si la impresionarás.
O sí, sí la impresionas y mucho.
¿Tú qué opinas, eh?
Tú que la conoces. ¿Esto le gusta a ella? ¿Sí?
Listo.
Ya podemos oír lo que dices en el vídeo.
"Hola." -Hola.
"Imagino que no esperabas volver a verme.
Bueno,
tengo que decirte muchas cosas y necesito que las escuches.
Quiero pedirte perdón y decirte
que te quiero, Marimar.
Necesito que veas este vídeo hasta el final,
porque es de vital importancia para ti
y para mí." Es un vídeo a Marimar.
-Parece que querías decirle algo.
Tal vez un secreto.
"Bueno, te mentí. Desde que volví de Harvard,
el trabajo en Ginebra no era en una planta
de productos químicos.
Llevo dos años trabajando en un proyecto internacional,
investigación de la materia.
En concreto, un acelerador de partículas."
El acelerador de partículas fue
lo que destruyó el mundo.
Yo no quiero haber trabajado allí.
-Tú y yo nos conocimos allí.
Yo estaba en la sección burocrática
y tú eras el científico más brillante del proyecto.
Eras feliz,
hasta que algo se torció.
"Y hace 11 meses descubrimos cómo... cómo generar materia.
Puede que sea el mayor avance de la era.
Puede que sea el mayor avance tecnológico, científico, médico.
Hasta podíamos curar el cáncer.
Pero si el experimento fallaba,
las consecuencias iban a ser fatales.
Entonces me encargaron diseñar un protocolo de seguridad
que se llama proyecto Alejandría."
"Hubo un hombre. Desapareció, yo nunca llegué a conocerle."
"Ahora me llamo Roberto Schneider."
"-Alguien que calculó con exactitud los siete puntos en el planeta
donde el cataclismo no afectaría. -El doctor Schneider."
"Todo el trabajo que un día hice para tener un mundo mejor
solo sirve para destruirlo."
¿Qué es el proyecto Alejandría?
Si estabas ahí, sabrás lo que hice.
¿Tiene que ver con el submarino?
¡Guau!
Gracias por salvarnos la vida.
De nada.
Y lo siento por el golpe,
pero últimamente es algo complicado confiar en la gente.
¿Por qué sabes que toco el piano?
Bueno, no sé, me pareciste la típica niña bien de ciudad
y las niñas bien de ciudad los fines de semana
o juegan al básquet o tocan el piano o van de compras.
Ya. En serio.
Las que juegan al básquet tienen los dedos torcidos.
Sí, en serio.
Y las que tocan el piano los tienen largos,
suaves y ágiles como tú.
O sea, que has acertado que toco el piano por casualidad.
Sí. Pues, para tu información,
he de decirte que he tocado el piano cada día
desde que tenía 11 años
y nunca pensé que volvería a ver uno, la verdad.
Que dos personas bajen a los pisos inferiores y comprueben
que no hay grietas en los muros de carga o en las vigas maestras.
Julián, ¿qué hacemos aquí? Que tengo que hacer el listado
de la gente que dejo en un edificio que se bambolea, leche.
Que ya, coño, pero antes de preocuparte de lo profesional,
tendrás que liberarte de lo personal, que te está lastrando.
Y tu hija nos ha dado la clave. Julián, como me vuelvas a meter
en otra como la de Ulises, te abro la cabeza.
Ahora no sé si ponerme el pijama para acostarme
o los galones para dar órdenes a Julia.
Es esta. Esta es.
Esta es la colada de tu novia.
Ahí dentro está la clave de sus fantasías, Ricardo.
¿Cómo la clave? ¿Qué dices? Lo ha dicho Ainhoa,
que uno elige su ropa interior en función de sus posibilidades
y de lo que espera de la vida, de la vida íntima.
Que Ainhoa no ha dicho eso.
Ha dicho eso, pero con otras palabras.
Mira. Mi hijo, joven, guaperas.
¿Qué calzón usa? Coño, un bóxer vistoso,
marcando lo bueno, como debe ser.
¿Yo?
Largo, cómodo, suelto.
Que me da igual mi imagen. Solo me he dejado mudar por Salomé,
pero como ahora estoy "single", ni me preocupo.
¿Y tú qué? Mira.
Faltaría más. Julián, por favor. Me da igual, no hace falta verlo.
Slip, blanco y corto. Pareces un boy scout.
Ricardo, has perdido el norte sobre lo que le gusta a las señoras.
Está claro que a tu novia le va la marcha.
Ricardo...
En conclusión, a la Wilson le va el peluche, sí,
pero de otra clase. No sé si me pillas.
-¿Qué hacéis?
¿Qué es eso? Es mío.
Esto es mío. Bueno, es mío y de Julia, claro.
Pero ¿qué clase de hombres sois, robando la ropa interior
de las mujeres y con los pantalones a media asta?
Salomé, estábamos en una charla de amigos.
De hombres. De hombres hablando de mujeres.
Hablando de Julia. Ya, y hurgando en su ropa interior.
No sé por qué me da que te ha liado este.
Te voy a decir una cosa, Ricardo. Si tienes algún problema
con tu mujer, habla con ella, porque si le mientes
y se entera por otros, no llegas ni al "sí, quiero".
-Después de todo eso, me rompió los dedos.
¿Cómo crees que me sentía?
Vivía acojonado.
Me despertaba a media noche pensando que entraría a matarme.
Y luego,
descubrimos que somos elegidos y me volví loco.
Fui a su camarote y te juro que quería matarle,
pero lo dejé tuerto, que es casi peor.
Y fue cuando me pidió hacer la bomba.
"Me debes una."
¿No entiendes? Si no la hubiera fabricado, me hubiera matado.
¿Me entiendes, Palomares?
¿Me entiendes?
"-¿Qué pasa?
-¿No lo oyes? -¿El qué?
-Ahí.
-¿Qué dices, tío? Joder, que estás borracho.
-¿No lo oís vosotros?
-¿Qué dices, tío?
-Ahí, en la playa.
-¿Qué dices, tío?
-¿No lo oís? -¿El qué?
-Tío, no te ralles. -Ven aquí.
-Se está ahogando alguien ahí.
-Ven para acá, va -¡Moved el culo, coño!
-Ahora vamos. -¡Se está ahogando, joder!
-Andrés, joder, no hagas el tonto. Ven aquí, que estás borracho.
¡Andrés!
¡Joder, que se va a ahogar! ¡Andrés, tío, ven aquí!
¡Andrés, que estás borracho!
¡Tío, ven aquí!
¡Andrés!
¡Andrés!"
Palomares, ¿adónde vas?
¿Adónde vas?
¿Qué pasa? -¿Qué?
-¿Qué pasa? ¿No vas a decir nada?
Ponme una penitencia, por favor. -¿Qué penitencia?
Ramiro, tú no quieres una penitencia.
Tú quieres librarte de tu carga y que la lleve otro.
Y con la garantía del secreto de confesión, ¿no?
Bueno, pues ya está. Ya está. ¿Contento?
¿Cómo es posible? Si el edificio es flexible,
como dice Julia, ¿cómo se ha podido partir la pared?
No entiendo. No sé.
Solo se me ocurre un encuentro de presiones.
Dos fuerzas empujando en sentido contrario con la misma energía
pueden hacer saltar cualquier objeto rígido en mil pedazos.
¿Y tú cómo sabes eso?
Porque soy ingeniero, además de pianista.
¡Ah, vaya!
¿Y qué fuerzas crees que son esas?
La marea empuja de izquierda a derecha.
Nosotros hemos medido la oscilación en nuestro cuarto...
¿Hace cuánto?
Media hora, ¿no? Sí.
¿De dónde dirías tú que viene la otra fuerza?
¿De dónde crees que viene?
Claro. No sé.
¿Puede ser de la fuerza del viento?
El movimiento de placas también puede ser.
Si viene de vuestro cuarto, igual de la fuerza del amor,
que es la más poderosa de todas.
Oye, tranquilo, tío, que era broma, que me ha quedado claro
que sois novios.
No, no, no somos novios, somos amigos pasajeros.
¿Qué ha sido eso?
-Un temblor.
Pequeño. Puede que la réplica de algo más fuerte.
Desde luego, no es cerca de aquí. Ha habido varias en Colombia.
-Un terremoto, aunque sea pequeño, nunca viene solo.
Hay que salir de aquí pitando.
Que se nos va a caer el techo en la cabeza.
-Burbuja, en estas latitudes, los temblores son habituales.
Y los edificios se construyen pensando en ello.
Uno de esta envergadura no creo que se caiga hoy.
-¿Por qué no? -Porque si no se ha caído
después de todo lo que hemos vivido, no se va a caer.
Vamos, Burbuja, ¿no quieres saber cuál era el mensaje para Marimar?
-Hay una cosa que no entiendo.
Si yo era listo,
y diseñé el proyecto Alejandría,
y me di cuenta de que se podía destruir el mundo,
¿por qué no dije nada? -Claro que lo dijiste.
Se lo contaste a tus superiores.
Y a los superiores de tus superiores.
Incluso quisiste llegar a los de más arriba.
¿No te acuerdas?
Tú y yo éramos amigos, confiábamos el uno en el otro.
Pero de pronto hiciste algo.
¡Roberto!
Por eso,
tuvimos que separarnos.
Y tú abandonaste a todo el mundo.
Por eso dejaste a tu novia.
Huiste.
¡Roberto!
¿Quieres que vayamos a por Marimar?
-Por eso te echaron del proyecto.
"He robado algo, he robado una pieza...
una pieza fundamental.
Una pieza que sin ella no creo que se atrevan a poner en marcha
el acelerador, pero...
pero si lo hacen,
no quiero ni imaginarlo.
Todo...
el mundo...
desaparecerá.
La especie humana, la Tierra.
Así que tengo que chantajear a los de arriba,
tengo que evitar que eso suceda.
Pero si sucede, hay algo muy importante
que tienes que hacer, Marimar."
-Joder.
¿Qué vas a hacer, Ricardo? Te buscas la ruina.
No, la ruina me la has buscado tú.
Que nos ha pillado tu ex hurgando en las bragas de mi novia
con los pantalones a media asta, que me doy vergüenza ajena.
Y eso no es lo peor, lo peor es que quiero
que Julia sea mi compañera para el resto de mi vida.
Y le estoy ocultando cosas antes de casarme.
Que yo quiero que mi relación sea auténtica, verdadera.
Y si Julia se va a casar con el peluche del oso Yogi,
yo quiero que lo sepa de antemano.
¿Hace cuánto que ha sucedido?
15 minutos, más o menos, el temblor ha sido leve,
pero la grieta que hay en la pared impresiona.
Ha empezado a vibrar todo como si estuviéramos en una batidora.
Creo que acabáis de sufrir un temblor de tierra.
¿Un terremoto?
¿Qué? Aquí no hemos notado nada.
Papá, lo que está temblando es la tierra,
no el mar, el edificio está anclado a 60 metros bajo tierra.
Aquí estamos a salvo.
Hay que sumergir la sonda del sismógrafo para saber si es aislado
o el principio de una cadena. ¿Cómo?
Sí.
Ulises, ¿dónde está mi hija? ¿Estás con ella?
Papá, estoy aquí, estoy bien.
Tengo al mejor guardaespaldas a mi lado.
No me pasará nada.
¿Ahora soy tu guardaespaldas?
Escuchad.
Os voy a enviar chalecos salvavidas y todas las auxiliares
y embarcaciones que pueda. Hasta los manguitos de Valeria
si hace falta.
Pero os voy a sacar a todos de ahí, ¿me oís?
A sus órdenes, capitán.
Piñeiro, acopio de chalecos salvavidas y auxiliares,
vamos a lanzar al agua el sismógrafo.
¡Un segundo! Escuchadme bien.
A ver, los ancianos, que suban a la azotea, despacio y tranquilos.
No os paréis cerca de ventanas y de estanterías.
Otra cosa, importante, si hay otro temblor,
meteos debajo de una mesa o una cama.
Ulises, ¿hay alguien más del barco en el edificio?
No lo sé.
Joder.
Burbuja, ¿tienes un walkie?
Ramiro, dame tiempo.
¿Qué pasa?
¡No puede ser!
Tú puedes, Andrés, tú puedes.
-¡Que no hay cobertura!
-¡Vamos!
¿Eres un ángel?
Piñeiro, prepara para elevar anclas.
¿Habéis subido el sismógrafo?
Aquí está, ¿qué hacemos?
Átalo firme al barco por popa,
lo haremos con la botavara de la mesana.
Cuando lo tengas seguro, sumérgelo.
Carlos, ¿cómo va lo de las auxiliares?
"Estamos terminando de recopilar los chalecos.
En dos minutos podemos salir a por toda esa gente."
Ya está funcionando.
Ricardo, ¿por qué no reflexionas un poco? Que vas como un cabestro.
Tú mismo lo has dicho, no podemos asumir a 200 más en el Estrella.
Nos vamos a pique.
Pues ayúdame a hacer la lista de los que dejamos que se ahoguen.
Y recuerda que nuestros hijos están ahí.
Llevo todo el día intentando decidir quién dejo en el edificio,
no puedo. ¿Y sabes por qué? Porque yo no soy Dios.
Así que voy a ir a por todos y que sea lo que Dios quiera.
Ricardo.
Capitán.
El terremoto no es el único fenómeno del día.
Creo que debería echar un vistazo a babor.
Eso es una ola.
Es un tsunami, capitán.
Si nos embiste, volcará el Estrella como una cáscara.
Tenemos que largarnos, si esa ola nos embiste, no vamos a sobrevivir.
Ulises, voy a poner al Estrella detrás del edificio.
Os usaremos como parapeto. Si el edificio aguantó
el cataclismo, aguantará esa ola. ¿No, Julia?
Imagino que no... que no esperabas volver a verme, ¿verdad?
Bueno, tengo que decirte muchas cosas y necesito que las escuches.
Piñeiro, vamos a levantar el fondeo.
Empieza a virar cadena, cuando esté listo, preparaos para virar
todo a estribor.
Nos colocaremos a resguardo del rascacielos.
¡A ver, atención todo el mundo!
¡Quiero a todo Dios en el comedor cagando leches! ¿De acuerdo?
A ver, los de arriba, también va por ustedes.
Y los que están aquí, que se vayan sentando ordenadamente, por favor.
"Que te quiero, Marimar.
Así que necesito que veas el vídeo hasta el final."
Escúchame una cosa, los chalecos, no te los lleves al edificio,
tráelos para acá, al comedor.
Los que nos vamos a mojar somos nosotros.
¿Por qué nos movemos?
-Ah, otra cosa, cierra puertas, portillos y lumbreras,
todo bien cerrado y asegurado.
A ver, padre, siéntese, por favor.
Escúchenme con atención, señoras, señores.
Está viniendo a nosotros un tsunami.
Sí, un tsunami. No es más que una ola, ¿de acuerdo?
Y ya nos hemos cruzado con unas cuantas.
No quiero nada de miedos ni llantinas,
no es la final del "Gran Hermano".
Vamos a ver, ya sabemos de qué va esto.
Quiero que todo el mundo esté sentado y tranquilo.
No vamos a hacer más que un poco de surf.
"Así que tengo que chantajear a los de arriba, tengo que evitar
que eso suceda.
Pero si sucede, hay algo importante que tienes que hacer.
Si estás viendo este vídeo,
es porque el acelerador ha sido puesto en marcha.
Y ya ha ocurrido el accidente.
Pero yo sé dónde encontrarte."
¿Sabes por qué no te he puesto una penitencia?
Porque yo no puedo salvarte.
-¿Entonces?
-Él te salvará.
Un día pasará algo y lo sabrás.
Él nunca te deja solo. Nunca lo hace.
-¿Y ahora? Ya sí que eres un ángel, ¿no?
-Todavía no,
pero estoy muy cerca de serlo. ¿Sabes una cosa?
Que creo que me van a ascender muy pronto.
Desde que te conozco, creo en los milagros.
-¿Ah, sí? ¿Has visto alguno? -Ya lo creo.
Mira, sacarte de ahí fue uno muy grande.
-¿Y por qué? -Porque yo antes era un egoísta.
Solo pensaba en mí, ¿sabes? Como cuando corres hacia delante
que no miras hacia ninguna parte, que corres y corres y corres,
y corres, y te da igual por dónde pasas y lo que pisas.
Te da igual todo. Y, entonces, apareciste tú.
Ocurrió el milagro.
-¿Qué milagro, que dejaste de correr?
-Exactamente, eso es,
que dejé de correr.
"Navegas en un barco que, si sale bien, llegará a tierra,
la única tierra que queda en pie, y yo sé dónde está.
He ido a buscarte. Así que...
tenemos una cita, vale?
Te quiero mucho."
-Está viva. -Y tú sabes cómo encontrarla.
-Pero no me acuerdo.
-Pues tendrás que hacer memoria, Roberto.
-Gamboa. ¡Gamboa!
¿Estás segura de que el edificio aguantará?
Aguantará, porque si no, nos quedaremos sin boda,
y yo ya me he buscado un vestido de novia.
Julia, esta mañana lo que ha dicho de sus novios...
La verdad es que me ha entrado cierta inseguridad.
No, eso forma parte del pasado. He metido la pata.
No, Julia, escúchame. Me ha entrado pánico
de no estar a la altura,
de no saber hacerte feliz.
A ver, entiéndeme, Julia,
yo he estado casado 23 años con la misma mujer.
Ricardo, ¿qué me estás contando?
A ver, lo que te estoy contando es que a lo mejor
el recuerdo de nuestra noche de bodas, en lugar de ser
un recuerdo mítico, más bien sea un desastre.
Pero yo no te quiero por la noche de bodas.
Yo te quiero para todas las noches de mi vida.
Prométeme una cosa. ¿Qué?
Prométeme que no vas a estar con nadie más nunca.
¿Qué? ¿Viste la ola?
Pues no me da ni la mitad de miedo
que despertarme un día y que no estés.
Y la única solución que le veo es que me lo prometas.
Prométemelo,
que no vas a mirar a ningún otro, que no le vas a dar tu móvil,
sí, sí, ni el Twitter
ni el Facebook
ni vas a tocar el pianito
ni vas a hablar con otro chico.
Bueno, sí,
si quieres puedes hablar con niños, gáis... Ya está.
Vale. Prométemelo.
Vale, sí.
Prométemelo. Vale, sí.
¿Cómo que "vale, sí"? Me lo tienes que prometer.
Pero que te estoy diciendo que sí. Tienes que decir: "Sí, quiero".
Te lo estoy prometiendo. Tienes que decir: "Sí, quiero".
Que sí, que quiero. Que sí, hombre, que sí.
Ulises, la ola está a unos 300 m. Impactará en un par de minutos.
Gamboa. Gamboa.
Gamboa.
"Hola?"
Gamboa.
"¿Dónde estabas?
¡Eh! ¡Soltadme!"
Hola.
-¿Por qué me salvaste?
-Porque eres mi amigo.
"Le has matado."
La tenemos encima, Ulises.
Preparaos en el edificio.
Julián, agarraos muy fuerte en el comedor.
Ya lo han oído.
Hay que estar más tranquilos que nunca.
-Lo siento mucho.
La buena noticia es que la estructura del edificio
ha aguantado la ola y sigue anclado a 60 metros bajo tierra.
Podría aguantar terremotos de 7 e incluso hasta de 8 grados.
Es decir, lo que acabamos de vivir y 100 terremotos más.
¿Y bien?
Le dije que quería una lista con la gente de su tripulación
que dejaría en el edificio. ¿La tiene?
¿Qué es esto? Aquí no hay nada.
Esa es mi lista. Soy el capitán,
el responsable de llevarlos a salvo hasta el final de la travesía.
No puedo negar a ningún tripulante estar a bordo.
Supongo que no va a darme las coordenadas y lo entiendo.
Así que a partir de mañana,
empezaremos de nuevo a peinar el océano en busca de esa isla,
como hasta ahora.
Capitán, sabe que si lo hacen por su cuenta,
no encontrarán la tierra;
ni ustedes ni sus hijos ni sus nietos.
Estas son las coordenadas de la tierra.
Se las daré si acepta un trato.
Para asegurarnos de que va a regresar aquí a por mis compañeros,
su hija se quedará en el edificio y yo iré en su lugar.
Les estoy ofreciendo el camino más corto.
Casarme con el capitán no está autorizado
por el proyecto Alejandría, pero me da igual.
No vino en el barco, pero tampoco estaba en el hotel.
-¿Te gustan las chavalas? ¿Eh?
-¿Tú prometes que vamos a ser una familia feliz siempre?
No pienso dejarte aquí sola. Tú te vienes conmigo a tierra.
¡Tachán!
-Métete las hormonas por donde te quepan.
-Estoy avistando algo a tres o cuatro millas por estribor.
-¿Quién coño eres?
-Te ha mentido.
-Estás mintiendo, y al capitán no le gusta la gente que miente.
Cambio de planes.
¿Cómo te llamas de verdad? ¿Quién cojones eres?
Me voy a casar con Ricardo.
No hay ni rastro del primer oficial ni del capitán.
Como le hayas tocado un solo pelo a Ricardo,
te juro por Dios que te mato.
La gente se muere y todos tarde o temprano moriremos.
Todos.
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