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Zulu
Sin novedad.
Sin novedad, pero tengo una noticia que
darle por si le interesa. Trajeron a ese
muchacho, Martín, el de Nonoalco.
Así es, el que fue Martín.
Fue el del asalto al cine, pero le
dieron lo suyo. ¿Quiere usted verlo?
Bueno.
No, no está allí. Aquí ya no cabe. Lo
pusieron provisionalmente en ese cuarto
del fondo.
Te llegaron feo, ¿eh?
Ni modo.
¿Tiene un cigarro?
No sé si debas fumar.
Da igual.
No sé para qué diablos lo cuidan a uno.
No te quejes.
Aquí estás bien.
Eso digo.
Primero lo salvan a uno y lo curan.
Y luego lo meten en chirona.
Hasta da risa.
Y si no, ¿a quién castigan?
Ah.
Es por eso.
Pues me da más risa.
Pues no se nota.
Ni modo.
Tipos como ustedes hacen daño.
Y es el daño el que se cobra.
Otros hacen más.
Y andan sueltos.
Será que no cometen errores.
Tú cometiste uno y te lo tienen que
cotizar.
Bueno, ¿qué?
¿A usted le toca mi asunto?
Me gustaría ayudarte.
Apuntando allá.
Me fue mal.
No me alcé ni un billete.
¿Con quién ibas?
Solo.
Ni modo que con mi vieja.
Ah.
Vieron correr a otro.
Muchos corren cuando hay balazos.
¿Y el que distrajo al empleado del cine?
Yo qué sé.
Le digo que fui solo.
Está bien.
Ya cantarás mejor.
¿Se ofrece algo?
Sí.
¿Quién operó a
No sé. Si quiere voy a preguntarle a la
enfermera.
Ande, vaya. Aquí lo cuido.
Cierre la puerta.
Tengo frío.
Qué bueno que la encuentro, señorita. El
inspector de policía quiere unos
informes.
¿De mí?
No, de usted no. Quiere informes de uno
que trajeron ayer.
Está bien, vamos.
¿Me mandó llamar?
No precisamente, señorita.
Quería saber quién operó a este hombre.
¿A cuál?
Pase a verlo.
No le tenga miedo, señorita.
Ya le podaron las uñas.
¿Decía usted?
Ah, sí. ¿Podrá sacar de aquí?
Eso lo dirá el doctor Molina.
Entonces voy a verlo.
Señorita.
Ya puedes verme, nena.
Me gustaría saber cómo le hiciste para
meterte aquí.
¿A quién le habla?
No tengas cuidado.
No nos va a oír nadie.
Quédese quieto, no se agite, puede
sangrar.
¿Qué pasa contigo?
No me grite, es usted quien se ha
equivocado.
Otro de tus cuentos, ¿eh?
No entiendo lo que dice ni a qué se
refiere.
Pero oye.
Tampoco tengo que oírlo.
¿Cómo le fue la anestesia, amigo?
A poco me anestesiaron.
Lo aguanté todo.
¿Tienes ahí un termómetro, Laura?
No, pero haré que te lo traigan.
Trate de descansar. Obedezca al
personal.
No trate de enamorar a las enfermeras.
Oiga, doctor.
Esa muchacha que acaba de salir.
A esa respétela más, amiguito.
Esa es la Vicky y es cosa mía.
¿Entiende?
El director del sanatorio nos dijo que
usted podría informarnos acerca de Laura
Moreno.
Ah, vaya. Yo creí que venían a tomar
lecciones de canto. Tengo tantos
alumnos.
Tenemos prisa, señorita.
Yo también. Una vive de su trabajo.
Señorita, se lo suplico.
La verdad es que lo de Laura Moreno no
significa para mí ningún recuerdo
agradable.
Mis otras alumnas han pertenecido a
familias honorables y les gusta la
ópera.
Señorita Ocampo.
No sé qué quiere que le diga.
Tampoco sé quiénes son ustedes.
Somos amigos de ella.
Está bien.
Les diré lo que sepa.
Laura vino a verme porque quería
educarse la voz para cantar en un
cabaret.
Usted la aceptó, ¿no es así?
Bueno, me di cuenta de que no era una
mala muchacha, aunque tuviera aquel
carácter tan raro, tan extraño.
Y ciertas costumbres.
En fin, le tomé afecto y creí que todo
podía arreglarse.
Hasta asistí a su boda.
¿Es casada?
Él era un buen hombre, modesto
ferrocarrilero.
¿Era? ¿Murió?
Lo arrastró la locomotora.
Laura resintió mucho aquel accidente
y estuvo a punto de volver a sus raras
costumbres.
¿Qué clase de costumbres?
¿Vergonzosas?
No,
no tanto.
Pero ella me dijo que desde pequeña las
tuvo.
Pareció cambiar con el matrimonio y
después de la muerte de su marido se
concretó a vivir para su hijita.
Una niña adorable.
¿Dónde está esa niña?
Victoria. Le decíamos Vicky.
¿Vicky?
Pobrecita.
Murió a los 7 años.
Laura se vino a vivir conmigo.
La estación de los ferrocarriles está
cerca y ella acostumbraba llevar a la
niña para que se entretuviera viendo
pasar trenes
y borrachos.
Porque esos abundan aquí en Nonoalco.
Ya no sé cómo estuvo exactamente.
Creo que unos la siguieron hasta donde
están las vías.
La niña estaba jugando
y se le atoró el pie en unos rieles y ya
venía la locomotora,
pero los cuatro hombres rodearon a
Laura,
la amenazaron con sus cuchillos.
Querían violarla.
Infames.
A pesar de sus gritos no la soltaron y
pasó la máquina sobre su hijita.
Pobre Laura.
Desde entonces empeoró cada vez más.
Gritaba en las noches presa de
pesadillas.
¿La llevó entonces al sanatorio?
No tenía otro remedio.
Me la admitieron sin pago alguno.
Es decir, ellos cobraban la pensión de
su marido.
Así la tuvieron algún tiempo.
Un día dejó el sanatorio
y ahora sé que está bien y que trabaja
como enfermera en la Cruz Roja.
Dios la bendiga.
Sin embargo, no
no puedo creerlo.
¿Tiene usted un retrato de ella?
No, señor, no tengo ninguno.
Lo siento mucho.
Tengo frío.
¿Tú crees que me voy a morir?
No, mi amor, no digas eso.
Pronto estarás bien.
Yo quiero vivir contigo.
Bueno,
vivirás conmigo
y te daré unos juguetes muy lindos que
tengo guardados.
Era de una niña como tú.
Se parecía a mí.
Se llamaba Vicky.
Vivíamos juntas.
Y jugaba conmigo.
Yo la peinaba, ¿sabe?
Luego salíamos a pasear.
Toda la gente la veía.
Y me preguntaban si era mi
mi
Conservo esos juguetes guardados.
El osito.
La pelota roja.
Éramos felices, te digo.
Hasta que un día
algo pasó.
Algo que
No me acuerdo.
No me acuerdo.
No me acuerdo.
A ti no.
A ti no te puede pasar nada.
No.
Háblame.
Háblame.
No.
No.
Vicky.
Vicky.
¿Qué pasa?
Laura.
Déjenme, déjenme.
Les digo que es mi hija, está muerta.
Cálmese, Laura.
¿Qué?
No se angustie así.
Esta niña está muerta. Pero usted no
tiene la culpa.
Vamos, cálmese.
Venga con nosotros.
No,
por allí no.
No quiero pasar.
Allí están esos hombres, no quiero pasar
enfrente de ellos.
Venga, Laura, no hay ningún hombre.
No, no pasaré enfrente de ellos. No
puedo dejar a Vicky sola.
Por favor, doctor, se trata de Laura.
Sufrió una crisis, la niña murió.
Ven conmigo, Laura.
No puedo dejarla sola.
Óyeme, Laura.
No puedo dejarla sola, aunque esté
muerta es mi hija.
No es tu hija, Laura, es otra niña.
No.
Escúchame, Laura, tu hija murió hace
tiempo.
Mentira, no ha muerto, ¿dónde está?
Por favor.
¿A dónde vas, Laura?
Óyeme, Laura, ábreme.
Laura.
Doctor Andrade,
habla Molina.
Necesito que venga usted inmediatamente.
No importa, yo iré entonces por usted.
Sí.
De ella, por desgracia.
Siendo así, te espero.
Ven por mí. Gracias, doctor. Voy
enseguida.
Entonces definitivamente es la misma
Laura Moreno de que nos habló
la señorita Ocampo, pero yo la quiero,
compréndame usted, doctor. Tenemos que
hacer algo por ella.
Claro, y haremos lo imposible.
Es necesario diagnosticar el progreso de
la enfermedad.
Si el daño es profundo
¿Qué sucederá?
Será necesario
No, doctor, no quiero saber nada ahora.
Tal vez estamos exagerando.
Martín.
Martín.
Soy yo, Vicky.
Vicky, tenemos que escapar.
¿Hay modo?
No me preguntes ahora. Vamos, anda.
Ya sabía yo que todo era una comedia,
nena.
Apura.
Corra, a ese hombre se le ha abierto la
herida, llame a un médico.
Pero
Se está desangrando, ¿no me oye?
Pronto.
Con tal de que la mariposa nos preste
una ropa de la que le dejan empeñada.
¿Qué pasó?
Vete.
Espérame en el cabaret.
¿Y a dónde diablos vas?
Suéltame, voy por unos vestidos a mi
casa, espérame adentro.
Te pasa algo raro, ¿eh?
Pero vas a oírme.
Ten mucho cuidado con el mediquillo ese,
si no quieres que
Ponte este, bríncate por la ventana.
¿Y a dónde puedo ir?
Atraviesas el patio de vías, das vuelta
a la primera calle.
Ayer alquilé la casita de la esquina.
Anda.
¿Quién?
Soy yo, Mariposa.
Miguel Ángel.
No le pudieron hacer hermano, por ahí
anda.
Consígueme ropa.
Y algo de dinero.
Ahorita te traigo todo.
Pero quiero que le digas a esa Vicky que
no se me presente más por aquí.
Vicky.
Laura.
Suéltame.
Laura, ¿por qué? qué?
Suéltame, maldito, suéltame.
Soy yo, Laura, soy Enrique.
¡Qué diablos! No importa, suéltame.
¿Estás seguro?
¿No te habrás equivocado, Miguel Ángel?
Yo hubiera querido que la vieras como la
vi.
Y mira esto.
La muy perra.
Vamos todos.
¿A dónde van, mariposa?
Digo, ¿a dónde van?
Ya lo oíste, a ver si es ella.
¿Y si fuera?
No, Martín, no trates de defenderla. Uno
puede pasar por todo menos porque le
maten a los suyos, y aquí hay muchos
padres y hermanos de los muchachos que
ella apuñaleó.
Sí, mató a mi hermano.
Voy con ustedes.
¿Qué vas a hacer?
Lo que pueda.
Estos la quieren matar.
Si está por ahí el inspector Jiménez,
díganle que le habla un amigo de
Nonoalco y que tenemos copado a Martín.
Sí, el que se escapó de la Cruz Roja.
Que venga por él a la estación.
¡Allá van!
¡Ni tú, mariposa!
¿Y quién te va a hacer caso? Atrévete
con todos, Sandra.
Que me quieren hacer? ¿Qué?
Ahí están esos hombres.
Yo no quiero, no quiero.
Quien quiera que sea usted, no deje que
esos hombres me agarren.
Ayúdeme usted, amiga.
Esos hombres le quieren hacer lo mismo
que me hicieron a mí.
Óigame.
Que ayúdela.
Soy yo, Vicky.
No abras la puerta. Escóndete.
Vicky,
¿dónde está Vicky?
No entiendo nada.
Te digo que no salgas.
Yo estoy con ella, Martín.
Son ellos.
Los conozco.
No quiero que me toquen.
Déjeme,
déjeme.
No oye la campana.
Vicky.
No,
déjeme.
Ahí está. ¿Dónde? ¿En aquel vagón?
Vicky.
Vicky.
Ella no tiene la culpa de su condición.
Tú eres médico y comprenderás el caso.
Vi que es otra de las víctimas de las
enfermedades y los desequilibrios que la
sociedad provoca.
¡Ah!
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