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¿La señorita todavía no se ha levantado?
No, don Armando.
Todavía está durmiendo.
¿Quiere que la mande llamar?
No, gracias, Félix. Yo mismo iré a despertarla antes de ir al despacho.
Tengo que tratarle algunas cosas con ella.
¿Desea algo más el señor?
No, gracias.
Puedes retirarte.
No.
No.
María.
María.
María.
¿Estás despierta?
Sí, Armando. Entra.
Vamos, hay que levantarse. ¿No tenías que ir de compras hoy? Sí, enseguida me
levanto.
Me voy al despacho.
Tengo mucho trabajo.
¿Qué te parece si hoy comemos juntos en casa?
De acuerdo. ¿A qué hora?
A las dos y media. Se lo diré al servicio.
Buenos días, señor.
Jeremías, antes de dejarme en la oficina, demos una vuelta, llévame donde
tú quieras.
Con este día tan hermoso cualquiera se encierra entre cuatro paredes.
Buenos días.
Caramba, don Armando. Hoy se le han pegado las sábanas.
No, qué va.
Lo que ha ocurrido es que al ver este día tan soleado y caluroso, le he pedido
a mi chofer que me diera un paseo en coche.
Y aunque le parezca insólito, he estado viendo la ciudad.
Siempre hacemos los mismos recorridos.
Y hay lugares por donde hacía años que no pasaba.
Muy interesante.
Quizá no, pero es un lujo que puedo permitirme. No todos pueden llegar dos
horas tarde al trabajo.
Ah, pase a mi despacho. He de dictarle una carta.
Pero antes, prepáreme un whisky.
Con mucho hielo.
Adelante.
Su whisky.
¿Me dicta?
Sí, claro.
Escriba, señor Aureliano Buendía.
La dirección la tiene usted en el fichero.
Distinguido cliente y amigo.
Dos puntos.
En relación a su atenta carta, tengo a bien comunicarle que el
solar que usted me indica, junto al que su empresa adquirió recientemente, de
momento no está en venta.
De momento no está en venta.
Qué calor hace aquí.
Si me lo permite...
Voy a aligerar un poco mi indumentaria.
Haga lo que quiera, para eso es usted el jefe.
Estábamos en... no está en venta.
Ah, sí, veamos.
Si en un futuro próximo cambiara de opinión respecto a este
asunto...
No dude que usted, como buen cliente de esta casa, sería el primero en ser
informado.
Siempre que su oferta siguiera en pie.
Que su oferta siguiera en pie.
¿Eh? ¿Pero qué hace?
Ya te he dicho que aquí hace mucho calor.
Para eso le he traído el whisky con hielo. Deme.
¡No me jodas, que pica!
Gracias.
Que no entre nadie más hasta que os llamemos. La señorita y yo tenemos que
tratar temas muy importantes en privado.
Como usted ordene, don Armando.
Ya sé que siempre estamos hablando de lo mismo, pero aislándote en tu soledad,
estás enterrando tus mejores años.
Sin ganas de vivir, sin ilusión por nada.
Tendrías que salir más.
Hacerte un círculo de amigos.
Conocer a chicos y chicas de tu edad.
Aficionarte a alguna actividad artística.
¿Qué sé yo? ¿Un deporte?
¿Algún hobby?
Lo siento, Armando. Ya sé que lo que más deseas es verme feliz.
Pero desde que murió mamá me siento profundamente desamparada.
Siento como un profundo vacío a mi alrededor que por el momento nadie puede
remediar. Yo debo ayudarte en todo lo posible. Es mi obligación.
Ya sabes que al morir mamá le prometí que como hermano mayor me hacía
responsable de todo.
Y ello incluye, además de los negocios y los bienes de la familia, tu bienestar y
tu futuro.
Lo sé. Y te lo agradezco, pero no puedo hacer nada.
Tras su muerte, algo quedó bloqueado en mi mente.
Algo que no consigo recortar, ligado a la inseguridad que me supuso su
desaparición.
Si recordara qué vínculo de dependencia hacía sentirme segura.
María, vamos a hacer una cosa.
Te lo pido, por favor.
Por tu bien.
Voy a pedir ahora a un psicólogo que me han recomendado. Te sometes a su
tratamiento y quizá él pueda solucionarlo. Hay que probarlo.
Como tú quieras, Armando.
No te preocupes, hermanita.
Verás cómo todo sale bien.
No debes sentir ningún temor, María.
En tus conversaciones anteriores me has dado suficientes pistas como para poder
encarrilar tu problema.
Hoy quiero hacer una prueba.
Te inyectaré un líquido. Es un calmante.
Te relajará mucho y te dejarás llevar por mis preguntas. Y naturalmente por
tus respuestas y tus actos.
No te reprimas.
Dime cuánto recuerdes.
Cuánto te pase por la cabeza.
Es importantísimo que sea así.
Siéntate ahí, estarás más cómoda.
¿Cómo te sientes?
Tranquila. Como flotando. La ropa me pesa.
¿Quieres que te la quite?
¿Te sientes mejor?
Sí.
Muy cómoda.
Ahora, haz un esfuerzo e intenta recordar.
Háblame de tu infancia, de las relaciones con tus padres.
A mi padre casi no le conocí.
Murió cuando yo era niña.
No le recuerdo en absoluto.
Siempre viví junto a mi madre.
Constantemente protegida y vigilada por ella.
Yo era su juguete predilecto.
Vamos, María.
Sigue, sigue.
Mi madre no era joven cuando yo nací y casi no confiaba en poder tener más
hijos.
Con mi hermano nos llevamos casi 15 años de diferencia.
Hemos tenido pocas relaciones.
Fue ella quien me cuidó hasta su muerte hace pocos meses.
Desde entonces me siento como aislada del mundo exterior.
¿Tu madre era tu modelo a imitar?
Todo cuanto hacía te parecía bien hecho. Y tú querías hacer lo mismo.
Yo adoraba a mi madre. Me sentía muy bien junto a ella. Y quería estar a su
lado todas las horas del día.
Cuando no estábamos juntas, incluso la espiaba.
¿Qué espiabas?
No te preocupes. No tienes de qué avergonzarte.
No has hecho ni más ni menos que lo que te he pedido.
Todo iba muy bien.
Pero hay algo que tu cerebro se niega a aceptar.
Algo que no quieres volver a recordar ni a vivir.
Pero no te preocupes.
Llegaremos a descubrirlo.
Ahora lo que te convendría...
Es tomarte unos días de descanso. Hacer un viaje, por ejemplo.
Unos días de paz y tranquilidad.
Hablaré con tu hermano para que lo prepare todo.
A tu vuelta continuaremos y todo se arreglará.
Así lo espero, doctor.
Muchísimas gracias.
De nada. Y ya sabes, a divertirte.
Sí,
dígame.
Ah, hola, doctor.
Sí.
Perfecto. Así lo haré.
No se preocupe.
No hay ningún problema.
Le prepararé un viaje por el Mediterráneo.
¿Compañía? Sí, sí, por supuesto.
Sí, tendrá muy buena compañía.
Mi secretaria hace días que me pide unas vacaciones. Esta será la ocasión para
satisfacerla.
Sí, sí.
Sí, doctor.
No se preocupe.
No solo tendrá compañía femenina.
Ya me ocuparé de que la tripulación del barco sea de toda mi confianza.
¿Mandaré algún amigo mío?
Muchas gracias, doctor.
Hasta luego.
No te animes otra vez. Si te mando de viaje con mi hermana es para poder
descansar y recuperarme. Si no, me vas a matar a polvos.
Y que os divirtáis mucho. Procuraremos.
Y tú, Mercedes, tenme informado de cuanto suceda a diario. Si necesitáis
algo, ya sabéis dónde localizarme.
No se preocupe, don Armando. Así lo haré. Bien.
¡Cuenta las amarras!
Ya está.
¡Saca la pasarela! ¡Nos vamos!
Mira, delfines.
¿Los ves?
Sí.
Señoritas, la merienda está servida en el camarón.
¡Estupendo! ¡Vamos!
¡Qué aprovecho!
Brindo porque sea un viaje maravilloso.
Yo también.
¿Salgo a tomar el aire bien?
No, yo me quedo aquí.
¿Quién le ha dado permiso para tutearme?
Lo siento, hace muchos años que soy amigo de su hermano y creí que... De
todas maneras, tenga, póngase esto, si no quiere pasar estas vacaciones en la
cama.
¿Dónde está el capitán?
Duerme en su camarote.
Hacemos turnos para pasar la noche.
¿Le tendré que dejar también los pantalones? No, gracias. No los
necesito. Ya me voy a mi camarote.
Si quiere, tengo un sistema para hacerle pasar el frío que no falla nunca.
¿Ah, sí?
¿Cuál es?
¡Suélteme! ¡Quieta, fiera!
Precisamente estoy aquí porque tu hermano me dijo que necesitabas a
alguien que te instruyera en esto.
Así me gusta.
¡Suéltame!
Hija de la gran puta, te acordarás de esto.
Merche, Merche.
¿Qué te pasa?
Ha sido horroroso. El marinero ha intentado hacerme el amor.
Pero eso no es horroroso, sino todo lo contrario.
Para mí lo es.
No puedo.
Es imposible.
Nunca he podido, ningún hombre ha conseguido penetrarme.
Cuando alguien lo intenta, siento...
Verdadero terror como una fuerza sobrehumana que me obliga a salir
huyendo.
Entiendo.
Relájate, no pienses más en ello.
Yo puedo consolarte, no tengo problemas.
ah
Tu hermano para hacer las cosas.
Sí, yo me había dado cuenta hace tiempo.
Perdona, mujer, me referí a la organización del viaje.
Hemos venido aquí a pasar unos días divertidos.
¿Dónde nos aconseja que vayamos para pasar un buen rato? Por aquí hay muchos
sitios. Si lo que desean es mucha marcha, les recomiendo el Edén.
Allí pregunten por Charlie y él será su anfitrión.
Gracias. Bueno, si desean algo más, ya saben.
Hasta luego.
¿Sabéis qué podemos hacer?
Pues nos ponemos guapísimas, vamos a dar una vuelta, a cenar y... Luego al Edén a
pasarlo bomba. ¿Qué te parece?
Lo que tú quieras.
Gracias.
¡Gracias!
Mira, debe de ser aquel.
Hola, nos han dicho que preguntáramos por Charlie. Yo soy para servirle.
Queremos pasarlo bien. ¿Qué nos ofrece? Lo que quieran. Bebida, diversión,
humor, amor, sexo. Buena perspectiva. ¿Verdad? Pase.
Aquí estarán estupendamente.
Y ahora, si me lo permiten, voy a intentar que empiece el espectáculo.
¡Gracias!
Buenas noches, queridísimos amigos.
Como cada noche, vamos a procurar que vosotros lo paséis estupendamente bien
con nosotros, ya que tenemos todo lo necesario para ello. Tenemos mucha
marcha, buena música, buen ambiente y gente encantadora.
Y ante todo, una cosa muy importante en nuestras vidas.
Sexo, mucho sexo.
Y ahora damos paso a nuestra superorgía en la que todos estáis invitados a
participar.
Los que tengan prejuicios que los dejen en el guardarropía. O que se marchen,
coño.
Buscad a la persona o personas que más os interesen y disfrutad hasta el
límite. Adelante, que empiece la fiesta. No perdáis el tiempo. Ven, ven.
Es para ti, a mí no.
Chicos y chicas, ánimo, no perdáis el tiempo.
Gracias.
¡Oh!
Hace tres días que se fueron y todavía no sé nada de ellas.
Necesito saber cómo se encuentra la señorita.
Está decidido. Félix, prepárame el equipaje y pídeme un billete para el
primer avión que salga para Menorca.
Iré a verlas. Enseguida, señor.
Merche.
¡Qué sorpresa! Pero si es mi querido jefe.
¿Y mi hermana?
Ha salido a dar un paseo. No he ido con ella porque ayer tuve un día muy
ajetreado.
Y necesito descanso. ¿Hacia dónde ha ido? Iré a buscarla.
Armando, no te preocupes. Le conviene espabilarse por sí sola y me parece que
lo estamos consiguiendo.
Vamos, no te inquietes. No le pasará nada. Déjala vivir su vida.
Siéntate y toma un aperitivo.
¿Qué tomará el señor? Un vermouth blanco, por favor.
Estaba muy intranquilo.
Quedamos en que informarías de todo.
Y hace tres días que no sé nada de vosotras.
Hemos estado ocupadas divirtiéndonos y esto es lo importante, ¿no?
Sí, pero ya que he hecho el viaje hasta aquí, me gustaría verla.
Hemos quedado en encontrarnos a la hora de comer en una taberna típica que nos
han recomendado. Dicen que se come muy bien.
Tengo una idea.
¿Cuál?
¿Por qué no subimos a tu habitación a tomarnos el aperitivo?
Don Armando, qué lanzado viene usted.
¿Cómo se nota que lleva tres días sin su secretaria?
Lo siento, chica.
Quise sustituirte por el contable, pero es muy recatado. No traga.
¿Subimos?
Vamos.
¡Eh, sirena!
¡Eh, chicos!
¡Está buenísima!
¡Venid! ¡Ya voy!
Vosotros esperad aquí, yo voy primero.
¿Qué haces? Ven aquí.
Gracias.
No,
eso no...
¡Suelta!
¡Calienta, braquetas!
¡Venid aquí!
¡Con mucho gusto!
¿Será que me toca a mí?
¡Sujétala! ¡Sujétala!
¡Cállate!
Ah, sí.
¿Seguro que sabía que era este mar?
Seguro, habíamos pasado varias veces por aquí.
¿Y si le ha ocurrido algo? La cuento.
Oiga, una chica de unos 20 años, con el pelo largo, sola, habíamos quedado
citadas aquí. ¿Recuerda haber visto a usted a alguien de estas
características?
Sí, que yo recuerde...
Una chica sola ha estado aquí esta mañana. Han venido tres chicos, se la
han enrollado y se han ido antes de comer.
¿Y usted no tiene ni idea de dónde pueden haber ido? No, no tengo la más
mínima idea.
Hablaban de ir a bañarse a una playa tranquila, pero luego se han ido y
claro, yo... Sepáremonos.
Tú buscas por un lado y yo busco por el otro.
Así tendremos más probabilidades de encontrarla.
¿Ocurre algo, señor? Tenga.
Esa chica está enferma y no conviene dejarla demasiado tiempo sola. Quédese
con la vuelta. Gracias.
Yo dejo algo para mí, que soy el tercero.
¿Qué hacemos ahora con ella? Yo qué sé.
La tiramos al mar y que se joda. Sí.
Bueno, la tiramos al mar y que se la polla un pedo.
Adiós, recuerda.
¡En marcha! ¡Adiós! ¡Esta se va a acordar de nosotros! ¡Ya describiremos!
Procura dormir unas horas más.
Y esta misma tarde saldremos en avión para Barcelona.
Te dejamos.
Que descanse.
Me parece que este viaje, en vez de arreglar las cosas, las ha estropeado
más.
Solo ha tenido problemas.
¿Qué más ocurrió?
Subamos a la terraza, voy a explicártelo.
En el yate tuvo también una escena violenta con Juan el marinero.
Yo le pedí que lo intentara.
Es amigo mío desde hace años.
Tiene un buen físico y pensé que a ella no le desagradaría.
Creí que al salir con chicos solucionaría mucho su problema.
¿No te ha hablado nunca del miedo a la penetración?
¿Miedo a la penetración?
¿Qué historia es esa?
Me lo contó en el yate después de su desafortunado encuentro con tu amigo
Juan.
De cualquier hombre acepta las caricias y los besos, pero cuando intentan
penetrarla, un profundo terror se apodera de ella y reacciona
violentamente. Ataca y sale huyendo.
Sin embargo, con las mujeres nunca tiene problemas.
Entiendo.
Es importantísimo que le contemos cuanto antes todo esto al doctor.
Él podrá ayudar a descifrar a qué se debe esa fobia hacia el miembro viril
masculino.
Gracias.
La última.
Voy a encerrar el coche en el garaje. Gracias, Jeremías.
Hasta luego.
A ver, ¿qué le daremos para comer a mi conejito?
De primero, una ensalada de pepino.
¡Oh!
¿Qué pasa?
A Noria, a los conejos les encanta.
Ah,
Félix, ¿qué haces aquí?
Y carne.
Dale carne a tu conejo. Que parece que tengas un...
¿Te gusta?
Todos los días uno por lo menos.
A ver, ¿le podías haber quitado la cáscara?
Mamá, ¿qué pasa?
Cuando tengan un momento... Cuando tengan un momento, quisiera que nos
prepararan el té para tres.
¿Y tú qué haces aquí?
Hola, María.
Bien, creo que lo mejor es que empecemos cuanto antes.
¿Entonces es necesario que me quede?
Yo diría que imprescindible, como responsable que es de su hermana y
porque su ayuda puede ser valiosísima. Pues cuando quiera, doctor.
Adelante.
¿Me trae un poco de algodón y alcohol, por favor?
Vamos, María.
Desnúdate y túmate en la cama.
Pero, doctor... Vamos, María.
Piensa que todo cuanto hagamos es por tu bien.
gracias muy amable
Siéntese, por favor.
María, recuerda cuando de pequeña espiabas a tu madre.
¿Qué hacía?
¿Con quién estaba?
Masturbándose. Pero doctor, ¿qué está haciendo? Cállese, no la desconcentre.
Si sale mal tendrá derecho a reclamar. Pero antes déjeme acabar.
Recuerda... ¿Qué es lo que veías?
Vamos, María.
Tienes que hacer un último esfuerzo por ti misma.
No puedo, no puedo.
¿Quieres que te ayude?
Sí, por favor.
¿Viste entrar a un hombre?
No, no, no.
Ven, Armando.
Vamos, don Armando.
Desnúdese y acuéstese con su hermana.
Pero, doctor... Don Armando, haga lo que le ordeno si en realidad quiere
ayudarla. Esto es una salvajada. Y sus relaciones con su madre, ¿qué eran?
Vamos, hágalo.
Penétrela.
Fue a tu hermano quien viste acostarse con tu madre. Él es quien te la quitaba,
quien te separaba de ella.
A él odiabas profundamente.
¿Qué?
A partir de los datos a la vuelta de tu viaje, fue fácil deducir que en aquella
habitación había ocurrido algo que tu mente infantil no había asimilado.
¿Pero cómo supiste lo de Armando?
Fue una especie de apuesta.
Sabía que si se lo preguntaba me lo hubiera negado. Y por el trauma que te
había causado, era alguien muy cercano a ti.
Tu padre había muerto hace años.
No quedaba nadie más.
Confiando en que nadie del servicio o cualquier amante eventual hubiera
causado en ti...
Un efecto similar al que te provocó la visión de tu hermano acostándose con tu
idolatrada madre.
¿Pero por qué? No lo entiendo.
Él era joven. Tu madre se encontraba sola.
Y todos tenemos momentos en nuestra vida en que si nos fuera fácil desarrollar el
complejo de Edipo, lo haríamos sin pensar en sus posibles consecuencias.
En fin, lo importante es que todo esté solucionado.
Pero ¿y lo ocurrido esta tarde entre mi hermano y yo?
¿Esta tarde?
¿Es que ha ocurrido algo esta tarde?
Que yo sepa, hemos estado aquí sentados hablando de mi compromiso de matrimonio
contigo. Si es que me aceptas.
¿No te importa haberme visto acostándome con mi hermano?
¿Por qué tiene que importarme? Era una terapia, lo propuse yo.
Es el remedio ideal.
De todas formas, mejor que no tengamos que utilizarle más.
Aunque tengo que confesarte algo.
Cuando os he estado observando a los dos en la cama, sentía cierto placer.
Un cosquilleo muy agradable.
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