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La lucha de Artigas por la libertad de sus compaisanos entra en su último acto.
Sus tropas han sido derrotadas y ahora son perseguidas por sus antiguos aliados.
La revolución sacrificó a sus mejores hombres.
¿Dónde está Artigas? ¿Dónde está?
O lo que es peor, los ha convertido en enemigos a muerte.
¡Artigas! ¡Artigas!
Soy John Roberts, comerciante, financista y escritor escocés.
Pero durante varias décadas trabajé en Sudamérica como espía para la corona británica.
Una de mis misiones fue seguir los pasos de Artigas.
Para muchos, una amenaza.
Para otros, un líder único.
Lo cierto es que estaba haciendo una revolución dentro de la revolución.
Pero en 1820, traicionado y derrotado, se pierde para siempre en Paraguay.
Veinte años más tarde, voy tras sus huellas, internándome en el corazón de la selva guaraní.
¡¿Tanto tiempo, Chambio Inglés?!
¿Qué hace Inglés?
¿Para qué carajo vino?
Para entender quién era este personaje tan polémico,
y por qué sus ideas molestaban tanto,
entrevisté a lo largo de varios años a colaboradores, familiares, amigos,
pero también a sus enemigos.
Por lo general, los personajes oscuros e intrigantes como Artigas
siempre son devorados por sus antiguos aliados.
Francisco Ramírez era su mejor heredero.
El más heroico, el más brillante, casi un hijo de Don Pepe.
Estaba destinado a ser el hombre más importante del litoral,
pero le hervía demasiado la sangre.
Ojalá Ramírez hubiera sido un poco más Artiga.
Y Artiga un poco más Ramírez.
Hacía falta un asesino de su propia calaña
para cortarle la cabeza a la serpiente artiguista.
Lástima que después se la cortaron a él.
¿Usted es el caporal de bandidos José Artigas?
No.
Yo soy el rey de España.
Artigas es ese negro rotoso que está del otro lado.
¿Qué hace Islés?
No me diga que se quedó.
Por mí.
Todo este tiempo.
¿Cuándo fue la última vez?
Un mes.
Un mes.
Variás, compadre.
Clara es una excelente casinera, pero...
un Mespresso
es un condimento muy bueno.
Muy bueno.
¿Me trajo carta?
Del Consiglio López,
del Fructuosa Rivera
hasta del General San Martín.
¿Y quién eres de Correntino te verá ahí?
José Artigas
es, tal vez,
el comandante más noble y dotado que tuvo la Revolución.
en 1816
era un verdadero dolor de cabeza.
El panorama era desolador.
Rondó
había perdido el Alto Perú en el desastre
en el de Cipe-Cipe.
Mientras en las provincias del litoral
la intransigencia de Artigas
y de sus caudizos locales
habían generado una guerra terrible con Buenos Aires.
en medio de todo eso
había que declarar la independencia.
Si no lo hacíamos
las Provincias Unidas se iban a perder
para siempre.
La patria estaba dividida en dos.
Si a último momento Córdoba no se aleja de Artigas
y decide enviar sus diputados al Congreso de Tucumán
hubiera sido muy difícil declarar la independencia.
El Congreso de Tucumán
tenía demasiadas contradicciones.
Mientras declaraba la independencia
miraba impasible
cómo los portugueses invadían Montevideo.
Invasión que fue muy bien recibida
por los comerciantes ricos de la ciudad
que estaban hasta las narices de Artigas.
de Artigas
Los únicos
que se quedaron rechazando la invasión
fueron las milicias de Don Pepe
que no paraban de recibir instrucciones
desde su cuartel.
Las ideas del Artiguismo
se expanden
como reguero de pólvora
y por eso
es necesario
combatirlas
con una guerra total.
El ejército del Imperio de Brasil
entra sangre y fuego
a la Banda Oriental.
Mientras en Santa Fe
las tropas porteñas
avanzan sobre las provincias del litoral.
En Buenos Aires
un viejo aliado de Artigas
es nombrado director supremo
José Rondó
El jefe de los orientales
tiene la esperanza
de llegar a un acuerdo
para poder frenar
el baño de sangre desatado.
Pero Rondó
tiene un solo objetivo
aplastar al federalismo artiguista.
¿Reconoce esta carta?
Sí.
Se la envía
a Manuel García
nuestro embajador
en Rio de Janeiro.
¿Puede leerla?
No hay medio de conciliación
para unas fieras
a quienes no animan
otras ideas
que las del horror
sangre y disolación.
Se han tentado todas vías
para inducir
a la concordia
de esos monstruos.
¿Los monstruos serían?
Los artiguistas.
He propuesto al varón
de la laguna
que acometa con sus fuerzas
y persigue al enemigo común
hasta el Entre Ríos
y Paraná
obrando
en combinación
con nosotros.
¿Usted le está pidiendo
al comandante
de los portugueses
que se haga cargo
de Artigas?
Sí.
En ese momento
mi deber
era frenar
a López y Ramírez.
Si no tomaba
una solución
drástica
en seis meses
lo tenía en Buenos Aires.
¿Y no fue eso
lo que pasó?
Sí.
El problema
es que
los orientales
eran una fuerza invencible
y mi deber
era pararlos.
¿Está arrepentido?
Un militar
no tiene remordimientos
y si lo tuviera
jamás
lo salvaría
de la antigüedoria
de Pingles.
Mire si había sido
canalla
que no solo
nos entregó
a los portugueses
sino que les ordenó
a Belgrano
y a San Martín
que dejen
sus posiciones
para venir
a combatirnos.
¿Por qué llamó
a Belgrano
y a San Martín
para combatir
a los federales
del litoral?
Porque si perdíamos
no solamente
iba a caer
Buenos Aires
sino también
todo el proyecto
de las provincias unidas.
San Martín
no obedeció
y Belgrano
lo hizo a medias.
Si San Martín
hubiera aceptado
¿usted lo hubiera
enfrentado?
por seguro
si alguien
se levanta
contra el pueblo oriental
no hay San Martín
ni tanta Dios
que valga.
Jamás
jamás me atrevería
a mover mis tropas
para enfrentar
al hombre
que resistió
cuatro años
la invasión portuguesa
que enfrentó
un ejército
de 15.000
veteranos
de las guerras
napoleónicas
con un ejército
formado por indios
gauchos
mujeres
y niños.
¿Por qué aceptó
luchar
contra los seguidores
de Artigas?
¿Por qué vamos a perder
todo lo sembrado
por culpa
de las guerras internas
que él provocó?
La carta que le dije
se le mandó
un conocido suyo
en marzo
de 1819
pero
sus enemigos
porteños
la interceptaron
y nunca le llegó.
Lea mirá
por favor.
Puedo levantar
un arado
pero no sé distinguir
un burro
de un alazán.
Noticias
que he recibido
de Cádiz
e Inglaterra
aseguran
la pronta venida
de una expedición
de 16.000
hombres
contra Buenos Aires.
Bien poco
me importaría
que fueran
20.000
con tal
que estuviésemos
todos unidos.
No puedo
ni debo
analizar
las causas
de esta guerra
entre hermanos.
Creo debemos
cortar toda diferencia
y dedicarnos
a la destrucción
de nuestros
crueles enemigos
los españoles
quedándonos tiempo
para tranzar
nuestras desaveniencias
sin que haya
un tercero
en discordia
que pueda aprovecharse
de estas críticas
circunstancias.
cada gota
de sangre
americana
que se vierte
por nuestros
disgustos
me llega
al corazón.
Paisano mío
hagamos un esfuerzo
trancemos
todo
y dediquémonos
únicamente
a la destrucción
de los enemigos
que quieran
atacar
nuestra libertad.
correntino
tenía que ser
ñandí gente.
el capítulo
final del
artiguismo
comienza
los primeros días
de 1820
cuando
en Tacuarembó
las últimas
fuerzas orientales
libran
su última
batalla
contra el
poderoso
ejército
imperial
del
Brasil.
Hoy
probablemente
nos alcance
la derrota
y tal vez
sea la derrota
final
porque
nosotros
no vamos
a ver
los frutos
de esta lucha
y nuestros hijos
tampoco.
¿Lo de qué sirve
tener sangre
en las venas
si no es para
derramarla
por la libertad?
El hombre
nació para ser
libre, carajo.
¡Sumir!
¡Sumir!
Y nosotros
no vamos
a ser
esclavos
ni sumisos
nunca más.
Entonces
cuando venga
el enemigo
a cuchillarnos
como perros
miremoslo
a los ojos
y que sepan
que tienen
enfrente
a un pueblo
de hombres
y mujeres
libres
y que lo último
que veamos
de este mundo
sea el infinito
resplandor
de la libertad.
La derrota
es total.
Artigas huye
con los pocos
sobrevivientes
de la masacre
cruza el río
Uruguay
hacia Corrientes
en busca
del apoyo
de sus aliados
pero las antiguas
alianzas
están quebradas
Ramírez
y López
tienen sus propios
planes
y si bien
peleábamos
juntos
con Ramírez
teníamos
proyectos
muy distintos
él quería
formar
su propia
liga oriental
pero sin
Montevideo
y tenía
un plan
medio delirante
de anexar
el Paraguay
a su dominio
¿y usted?
yo
yo no quería
que mi provincia
siguiera
desangrándose
en la guerra
contra Buenos Aires
y quería
una constitución
republicana
y federal
una constitución
artiguista
sí
ambos firman
con Buenos Aires
un tratado
que pone fin
a la lucha
y convoca
a un congreso
para la unión
nacional
detrás del tratado
de Pilar
está un viejo
enemigo
de Artigas
que acaba
de ser
designado
director
supremo
el acuerdo
incluye
pagos
secretos
a los caudillos
del litoral
y no establece
la declaración
de guerra
al imperio
portugués
la banda
oriental
se pierde
para siempre
y Artigas
queda
totalmente
solo
y ahí
es cuando
empieza
el último
acto
de la vida
militar
de Artigas
la guerra
con Ramírez
el frente
federal
se parte
en dos
la unión
de provincias
libres
y autónomas
no logra
borrar
los recelos
y las ambiciones
personales
de los caudillos
ninguno
quiere ser
menos que el otro
es momento
de sacarse
de encima
al viejo
Artigas
y pasar
al frente
muchos se preguntan
por qué Ramírez
le declaró
la guerra
a Artigas
algunos dicen
por ambición
otros por
sus ardores
típicos
de hombre
de la selva
pero todo
es fruto
de una larga
venganza
la mía
mucho antes
de mi regreso
al poder
pedí a mis aliados
Salvear
y Carrera
que se ganen
la confianza
de Ramírez
ellos le mostraron
un tratado secreto
o un tratado
firmado en 1817
entre Buenos Aires
y Portugal
ah sí
que decía
el tratado
que el ejército
brasileño
con tal
de derrotar
a Artigas
estaba autorizado
a ocupar
las provincias
de Entre Ríos
y Corrientes
es decir
Entre Ríos
no iba a ser libre
hasta que Artigas
estuviera muerto
o derrotado
ese era
el dilema
de Ramírez
por eso
no diría
que es un traidor
lo hizo
lo hizo
por miedo
no quería
dejar
a su provincia
librada
a ese ejército
de bestias
que eran
los portugueses
no lo conmueve
tanto patriotismo
Francisco Ramírez
su hijo político
su heredero
perseguirá
sin piedad
al jefe
de los orientales
el sueño
de una república
de iguales
comienza
a desmoronarse
¿dónde está Artigas?
¿dónde está Artigas?
¿dónde está Artigas?
¿dónde está Artigas?
¿dónde está Artigas?
¿dónde está Artigas?
¿dónde está Artigas?
¿dónde está Artigas?
¿dónde está Artigas?
¿dónde está Artigas?
¿dónde está Artigas?
¿dónde está Artigas?
¿dónde está Artigas?
¿dónde está Artigas?
¿dónde está Artigas?
¿dónde está Artigas?
¿dónde está Artigas?
¿dónde está Artigas?
Escuche lo que le voy a decir.
Yo digo, Rosa.
Nunca conocí un hombre
con tanto poder
como don Pepe Artigas.
Es que nunca un líder
llenó caló tan hondo
en el alma de la paisanada.
Y a la vez, inflexible,
testarudo, jodido,
viejo loco.
Era grande.
Era grande, lúcido, sabio.
Todo lo que estábamos debajo de él,
sabíamos que nuestro destino era traicionarlo.
Él engendró, él encendió una llama de poder entre todos los caudillos del litoral y él podría así, tarde o temprano, si no se reparte, engendra traidores.
Con la caída de Artigas, Buenos Aires, Buenos Aires logra dividir y enfrentar a los caudillos del litoral.
En una batalla con las tropas de López, Ramírez es degollado.
¿Por qué lo sacrificaron a Ramírez?
Porque con una Artigas le era suficiente.
Montevideo, cargue todo eso para ahí.
¡Venga, Paisano!
Esto va para Don Eusebio, urgente.
Esto va para Don Eusebio, urgente, ¿eh?
Esto va para Don Eusebio, urgente.
Esto va para Don Eusebio, urgente, urgente, urgente, urgente, urgente, urgente, urgente, urgente, urgente, urgente, urgente, urgente, urgente, urgente, urgente, urgente, urgente, urgente, urgente, urgente, urgente, urgente, urgente, urgente, urgente.
De ahí en más, la historia de Artigas se iba a hundir en un largo crepúsculo.
No vencido y sin ejército que comandar, se esconde para siempre en Paraguay, junto a su fiel compañero, Ancina.
Antes de subirse al bote, le dio todo su dinero, una bolsa con 4.000 patacones y 25 onzas de oro, a un chasqui.
¿Para qué?
Para que los pocos que no me traicionaron pudieran seguir la lucha.
Estaban presos en Brasil, en la isla de las Cobras.
Y con ese dinero iban a poder negociar su libertad.
Estaban la Valleja, sus hombres.
Y mi más preciado hijo, Andresito.
Él fue mi sueño más grande.
Fue el primer gobernador indio en esta parte de América.
¿Se imagina a los correntinos teniendo que obedecer a un indio guaraní?
Pero Andresito no se tomó el barco a Montevideo.
Quiso quedarse.
Dicen que...
murió en Río de Janeiro, en una riña callejera.
Borracho, solo, pobre.
Y si él no quiso volver,
¿para qué voy a volver yo?
Porque usted es una leyenda.
Un símbolo.
Basta con decir su nombre para movilizar a miles de paisanos.
Ese es Artigas.
Un hombre.
Yo soy un viejo decrépito que lo único que quiero es morir en paz.
Hay un filósofo alemán
que decía algo así como
que el verdadero drama
no está en elegir entre el bien y el mal,
sino entre el bien y el bien.
Ese fue el drama de los pueblos americanos.
Enfrentó a hombres justos
que solo querían el bien y la libertad,
según su propia visión.
Si ve a alguno de mis hombres,
dígale que no me encontró.
Que soy
una sombra perdida en la selva paraguaya.
La verdadera es que no me ha gustado.
Al comandante José Artigas.
Después de tantos años de andar por la América del Sur,
he vuelto a mi hogar
donde espero terminar mis días.
¿Quién era Encina?
Echecaballo.
Trajeron carta de su amigo Inglé.
Léala.
En todos estos años de trajinar
entre patriotas, mercenarios y traidores,
jamás escuché tantas infamias
sobre un mismo hombre.
Y al mismo tiempo,
nadie despertó tanto amor entre sus paisanos.
Ningún otro americano dejó una huella tan profunda
en la conciencia de su pueblo como usted, amigo Artigas.
Si bien mi última voluntad en la conciencia de su hijo,
no hizo falta hacerlo desistir de su exilio.
En Montevideo, en Montevideo,
en Montevideo, Paisandú, Arroyo de la China, Yapeyú o las misiones,
usted todavía cabalga junto a sus orientales.
Por eso, muera tranquilo, comandante Artigas,
que ganó la batalla más grande
que es la del tiempo.
Su honor
y su grandeza
se han sido restaurados.
Traiga mi caballo.
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