All language subtitles for Artigas.S01E03.720p.HDTV ES

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Original subtitles

Ahora te vamos a enseñar a vos.

1815 es un año difícil para el artiguismo.

A la guerra contra la corona española se suman las luchas internas por el poder.

El ciudadano Genaro Perugorría ha faltado al juramento de felidad.

Ha abusado de la confianza que deposité en su persona como representante mío.

Mientras el poder de Artigas se expande, la traición se convierte en moneda corriente.

Inclusive dentro de sus propias filas.

Se le declara reo de lesa patria.

Traidor a la libertad de los pueblos.

Y se le condena al último suplicio.

¡Melodón!

¡Preparen!

¡Apunten!

¡Viva Corrientes!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¡Viva el pueblo oriental!

¿Por qué sus ideas molestaban tanto?

Entrevisté a lo largo de varios años a colaboradores, familiares, amigos, pero también a sus enemigos.

Nunca confié en Artigas.

En un momento llegué a pensar que era gente del gobierno español.

¿Se siente bien, general?

Sí, perdón, perdón.

¿Usted era enemigo de Artigas?

Un correntino como yo, enemigo de un compaisano oriental.

Y menos de un hombre con los principios de Artigas.

Principios un poco inflexibles.

Con sus ideas infectó a las provincias del litoral.

Y fue tan grande la infección

que se las tuvimos que entregar a los portugueses para que la combatan.

¿Y cuáles eran esas ideas?

Que los pobres, los humillados, los infelices sean libres y tengan su propia porción de tierra.

Eran ideas justas, geniales, pero en el momento menos indicado.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

El gobierno de la guerra revolucionaria es un gran problema.

Por miedo a la revancha de los españoles y la violencia de los portugueses,

cruzaron el río Uruguay y se instalaron en Ayuí.

En Buenos Aires, el nuevo gobierno decide terminar definitivamente

con los realistas de Montevideo y nombran a José Rondó jefe del ejército.

Rondó impone un bloqueo militar al último bastión de la corona española

en el río de la Plata, iniciando el segundo sitio.

Pero sabe que es imposible lograr la rendición de los realistas

sin la ayuda de Artigas y su tropa.

Luego de un año de incertidumbre, los orientales vuelven a su tierra.

Buenos Aires va a ser un congreso constituyente.

Y pidieron que mandemos diputados.

No se ilusione, José.

Los porteños quieren hacer una revolución para el pueblo,

pero sin el pueblo.

Y en lo posible, sin usted.

No va a ser sencillo, mi amigo.

Cuando un paisano deja todo lo que tiene por la revolución,

no se puede volver atrás.

¿Para qué carajo fundar una patria nueva si vamos a vivir en la desigualdad?

Con un puerto hombre rico rodeado de provincias que parecen ranchos.

Saquemos entonces a los realistas de Montevideo y después vemos cómo siguen las cosas.

Es verdad.

Hay que hacer cagar a los maturrangos.

Después vendrá el tiempo de los traidores y los cobardes.

No todos pueden ser como usted, José.

El pueblo no vive de ideales.

Se equivoca.

El pueblo oriental no me sigue a mí.

Soy yo el que los sigue a ellos.

La llamada Asamblea del año 13 pretende declarar la independencia y organizar la nueva nación.

Artigas convoca a todos los pueblos de la Banda Oriental en tres cruces

para elegir los diputados que viajarán al Congreso.

Todo empezó en el Congreso de las Tres Cruces.

Fue ahí donde don Pepe puso en palabras las ideas que lo iban a enfrentar a muerte con Buenos Aires.

Las famosas instrucciones a los diputados orientales.

Con paisanos.

Juntos hemos recorrido 17 meses de miseria y de gloria.

Nuestra historia es la de los héroes.

Y se esparce como leyenda desde los muros de Montevideo hasta los márgenes del Paraná.

Si bien la Banda Oriental hoy es ruina, sangre y desolación.

Es el costo que tuvimos que pagar por su regeneración para que su pueblo sea libre.

Mi autoridad emana de ustedes.

Y cesa ante la presencia soberana de cada uno.

Las demandas que llevan nuestros diputados son claras.

Queremos gobiernos provinciales autónomos.

División de poderes.

Que se liberen para el comercio en los puertos de Colonia y de Maldonado.

Pero sobre todas las cosas.

Que la capital de las provincias unidas no sea Buenos Aires.

No le digo yo.

Un genio pendenciero.

Apenas habíamos terminado de echar a los españoles de las barrancas de San Lorenzo.

Y él ya quería organizar el país a su modo.

Y sin el control de Buenos Aires.

Ojo.

No eran las instrucciones de un loco.

O de un líder mesiánico.

El problema es que Buenos Aires nunca la hacía aceptar.

Ellos pretendían instalar una monarquía con la hermana de Fernando VII, que vivía en Brasil.

Y este viejo chúcaro le sale con la idea de formar una república democrática y federal.

Imagínese.

Las viejas porteñas se les caían las peinetas de solo pensarlo.

Disculpe.

¿Y usted? ¿Estaba de acuerdo con él?

No.

Pero bueno, eran momentos complicados.

Y recuerde que con Artigas estábamos encabezando el segundo sitio a Montevideo.

Fue así que por orden del triunvirato, José Rondó hizo su propio congreso en Capilla Maciel.

Eligió a sus propios diputados y los mandó a Buenos Aires sin otra instrucción que obedecer la voluntad del gobierno centralista.

Entonces usted lo traicionó.

Es muy fácil hablar de traición cuando usted no estuvo ahí, ¿eh?

Con el rechazo de los diputados orientales por parte de la Asamblea del año 13, Artigas confirma que si bien España es el mayor enemigo, Buenos Aires es el enemigo de las autonomías provinciales.

"Traicionado, una vez más, abandona el sitio de Montevideo e inicia su marcha secreta".

Don Pepe se fue prácticamente solo.

En el medio de la noche, vestido de paisano, como si fuera un desertor.

Hizo 400 kilómetros en apenas tres días.

Hasta que se instaló en las cercanías de Arirungua.

Hizo 400 kilómetros.

Ese fue el lugar que eligió Artigas para proyectar sus ideas al mundo.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

Hizo 500 kilómetros.

¿Qué hace un hombre como usted tan lejos de sus pagos?

¿A qué vino?

Un grupo de caudillos está armando una rebelión contra los hacendados ricos que hacen pasar por federales.

Y están interesados en que usted vuelva para formar parte.

Y mandan a un inglés para que me lo diga.

Si hay tanto extranjero en el medio, no tengo nada que hacer.

¿Usted se imagina si el pueblo lo viera cabalgar de nuevo por las calles de Montevideo?

O de Entre Ríos o Santa Fe?

Se cagarían en las patas.

Creerían que están viendo un fantasma.

Aparte, hay otras razones por las que no puedo volver.

No solo de guerra y política vive el hombre.

Los tiempos de la colonia han terminado.

Los realistas han sido derrotados y abandonan la ciudad de Montevideo.

Ahora, dos proyectos políticos chocarán con fuerza por ocupar el lugar de la corona:

el centralismo porteño y el federalismo artiguista.

Artigas se establece en purificación, donde tres altas barrancas se asoman al río Uruguay.

Un pueblo de 1.500 personas ubicado entre Salto y Paisandú.

Un lugar estratégico que se transformará en el centro político y militar del artiguismo.

Artigas se convierte en la nueva opción revolucionaria.

Artigas se convierte en la nueva opción revolucionaria.

Artigas se convierte en la nueva opción revolucionaria.

Artigas se convierte en la nueva opción revolucionaria.

Artigas se convierte en la nueva opción revolucionaria.

Artigas se convierte en la nueva opción revolucionaria.

Artigas se convierte en la nueva opción revolucionaria.

Artigas se convierte en la nueva opción revolucionaria.

Artigas se convierte en la nueva opción revolucionaria.

Artigas se convierte en la nueva opción revolucionaria.

Artigas se convierte en la nueva opción revolucionaria.

Artigas se convierte en la nueva opción revolucionaria.

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Artigas se convierte en la nueva opción revolucionaria.

Artigas se convierte en la nueva opción revolucionaria.

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Artigas se convierte en la nueva opción revolucionaria.

Artigas se convierte en la nueva opción revolucionaria.

Artigas se convierte en la nueva opción revolucionaria.

Artigas se convierte en la nueva opción revolucionaria.

Artigas se convierte en la nueva opción revolucionaria.

se enfrentan a Buenos Aires.

Con esas provincias, quiere formar un Estado federal impulsado por un gran lema.

Diferentes, pero iguales.

La Liga de los Pueblos Libres, la primera república federal independiente de esta porción de América.

La Liga abarca un territorio enorme, pero su población es escasa.

La Villa de Purificación funciona como su capital,

y es el lugar desde donde Artigas lleva a cabo su programa político.

Todas las provincias que formamos la Liga Federal

elegimos dejar de recibir órdenes de los mandones de Buenos Aires

para ponernos bajo la protección de nuestra bandera.

Todas las provincias

están en plena libertad para elegir sus diputados

siempre y cuando sean hombre de bien.

Y vamos a dictar un reglamento

para que los negros libres,

los indios

y los criollos pobres

tengan una parcela de tierra por familia

y varias cabezas de ganado.

Y una nueva ley de aduanas

para que los malos europeos

y los peores americanos

no sigan desangrando a nuestro querido litoral.

Porque no puede haber libertad

sin igualdad.

En esta república

los infelices

van a ser los más beneficiados.

¡Así será!

¡Así será!

Mientras el viejo Artigas

solo como loco malo

le daba forma en su cabeza

a su ideario

la asamblea del año 13

avanzaba con algunas reformas

iluministas.

Pero el poder seguía en Buenos Aires

y esta vez

concentrado en una sola persona

el director supremo.

¿Y qué opinaba el director supremo de Artigas?

¿Y qué iba a opinar?

Que era un traidor

ni bien asumió su cargo

ofreció seis mil pesos por su cabeza.

Todo el mundo quería la cabeza de Artigas

pero haberlo matado

hubiera provocado una guerra total.

Y usted sabe

que los porteños

evitaban mancharse la levita con sangre.

por eso seguía mandando emisarios.

Buen día

gracias por aceptar la entrevista.

Está bien.

¿Por qué había que pactar con Artigas?

¿Por qué?

Porque estábamos por perder el Alto Perú

y desde España venía

una expedición formidable

para aniquilar a la revolución.

Por eso lo necesitaban de vuelta.

Claro.

Si no organizábamos

una defensa conjunta

con los orientales

estábamos perdidos.

¿Usted los vio pelear?

Usted dice la palabra Artigas

y brota

salen hasta de abajo de las piedras.

El aullido de esos salvajes

haría temblar los calzones

del mismo Napoleón.

Sí.

Por eso nos mandaron a Paysandú.

Así es.

Para entendernos con él.

Muy buena acogida,

bellas palabras,

muchos ofrecimientos

antes de empezar el Parlamento.

Pero lo cierto es que

estuvimos en una goleta

tres días esperando al general.

Esa fue la verdadera actitud

de aquel señor general.

¿Qué le ofrecían?

Bueno,

se reconocía la independencia

de la banda oriental

y se dejaba en libertad

a Corrientes y Entre Ríos

para que se pusieran

bajo la protección del gobierno

que ellos desearan,

ya sea Buenos Aires

o Montevideo.

Fusiles,

cañones,

municiones

y otros auxilios

que se les proporcionarían

según las circunstancias,

¿verdad?

Y dinero

con tanta insonante también.

cualquiera que sepa

como pienso

sabe que es imposible

que acepte esas condiciones.

¿Me tratan de anarquista?

¿De ser un monstruo

que solo siembra la división?

Si son ellos

los que quieren separar

a las provincias.

Yo solo quiero

una patria única

y organizada.

hay que luchar

por la independencia

de todas las provincias,

pero no por crear

nuevos estados

divididos y desiguales.

¿Pero el tratado

era bueno?

Ante el fracaso

de las negociaciones

con el directorio porteño,

Artigas

convoca

a las provincias

de La Liga

a un congreso

en Concepción

del Uruguay.

El Congreso

de Oriente

es el apogeo

del proyecto

artiguista.

Artigas

quería declarar

la independencia

de España

y de todo

poder extranjero,

incluido

Buenos Aires.

Si será jodido

este Artigas.

Nosotros

haciendo malabares

intentando

congregar

el Congreso

que después

se hizo en Tucumán

y él organizando

su propio

Congreso Federal.

Al directorio porteño

le daba

urticaria

de solo

oír nombrar

al federalismo.

Piense

que la revolución

caucha

de Artigas

era para

conservar

el modo

de vida

del paisanaje

y mejorarlo.

En cambio

la porteña

era para

imponer

un sistema

político

liberal

y burgués

a la europea.

¿Y usted

qué buscaba?

La independencia,

amigo inglés.

Buscaba

la independencia.

Desde Montevideo,

Brasil y

Buenos Aires

buscan

seducir

a Artigas.

Sin embargo,

el hombre

que no se dejaba

engañar

por ningún halago

había sucumbido

a los encantos

de Melchora Cuenca,

una brava

lancera paraguaya

que lo acompañó

en los años

más intensos

y terribles

de su vida.

Estamos aquí

para celebrar

el matrimonio

de Melchora Cuenca

y José Gervasio Artigas.

El año 15

fue el gran año

del proyecto

artiguista.

Pero

don Pepe

empezó a sentir

el peso

de su intransigencia.

Una de las primeras

provincias

en definirse federal

fue sin duda

Corrientes,

que con la ayuda

de Artigas

se volvió independiente.

Pero el peligro

permanente

de ser atacada

por los portugueses

la puso

en una situación

muy frágil.

Ahí,

el delegado

de Artigas,

Genaro Perugorría,

decidió reconocer

la autoridad

de Buenos Aires

y de patriota

se convirtió

en traidor.

Apenas don Pepe

les daba

un tranco

de confianza

se convertían

en traidores.

Lo que usted

lo despenó pronto.

Así como está,

es malo

para el paisanaje.

Yo no lo culpo,

Encina.

La sensación

de poder

corrompe

hasta los mejores

y más todavía

si son tan jóvenes.

Si yo,

a la edad de este,

también era un traidor.

pero pasarse

del lado

de Buenos Aires

es una gran tentación

si hay días

en que yo mismo

me levanto

medio flojo

y negociador.

Pero

la revolución

es como

como un potro

montarás.

Si dejamos

de corcoviar

nos van a clavar

las espuelas

hasta el fondo.

De la orden

que no lo martiricen más

y que lo pasen

por las armas.

Que lo pasen por las armas.

que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

Que lo pasen por las armas.

El artiguismo se había vuelto

tan grande

que superaba al mismo Don Pepe.

Hasta en las provincias del norte

los paisanos se decían orientales.

Pero su democracia gaucha

era muy mal vista para la región.

Yo creo que mi hermano

se perdió en el Paraguay

porque abrió una caja de Pandora

demasiado grande.

Demasiado grande

para cualquier hombre

que la quisiera controlar.

¿No lo ha visto a Don Pepe?

Debe estar en el campo trabajando.

¿A qué se debe tanto apuro?

El doctor Francia acaba de morir.

La seguridad de Don Pepe

no está garantizada.

Y la suya tampoco.

por ahora solo hay que esperar.

Por ahora solo hay que esperar.

Pero es posible que nos tengamos que ir.

El país de los artigueños

comienza a romperse en mil pedazos.

Las élites porteñas y montevideanas

dejan el trabajo sucio a los portugueses

que invaden la banda oriental

y arrasan con el campamiento de purificación.

Para un hombre como Artigas

ya no queda más lugar.

Ahora la guerra

se gana con traiciones

y pactos secretos.

Sin embargo,

todavía falta mucho

para iniciar la retirada.

Las derrotas militares

no lograrán apagar las ideas

de una democracia popular

que se expande como un virus

por todo el sur

de la América del Sur.

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