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EL MANUSCRITO ENCONTRADO EN ZARAGOZA
¡Adelante! ¡Seguidme!
Es Ud. nuestro prisionero. No se resista, por favor.
- ¿Me oye? - Espere un momento, amigo,
que acabe de admirar estos grabados.
¿Qué pasa con el enemigo? Sigan con el ataque.
Interesante.
Desde luego. Lástima que no hable español.
Mire. Habla de mi abuelo.
"El Conde Olavídez que, en aquel momento,
no había colonizado aún Sierra... ".
¡Capitán!
¡Nos están rodeando! ¿Qué hacemos?
¡Cierre la puerta, hay corriente!
¿Por dónde iba?
Por aquí, creo.
"... Sierra Morena,
la sierra que separa Andalucía de La Mancha".
"En aquellos tiempos habitaban en ella
ladrones y di... ",
Gracias, gitanos...
"y gitanos, de los que se decía
que se comían los cuerpos de los viajeros
a los que mataban".
- ¿Llegaremos antes que anochezca? - ¿Antes?
Se tarda tres días en cruzar estas montañas.
¿Dónde dormiremos?
Anochece rápido.
Hay posadas abandonadas en el camino.
Los fantasmas echan a los propietarios,
y los demonios...
¿Y qué?
Los que pasan por aquí deben estar listos para todo.
No me asustan.
Me encargaré de ellos.
Escuche a Mosquito.
Ensillad las mulas y seguidme. ¡Deprisa!
Señor, aquí habitan demonios,
y manos invisibles empujan al abismo.
En vez de pies tienen pezuñas.
Vayamos a Extremadura.
Allí hay mejores vistas.
Iremos todo recto, pararemos ahí,
junto a los alcornoques y comeremos.
Después pasaremos la noche en Venta Quemada.
El día siguiente,
cargados de provisiones, cruzaremos las montañas.
Y en tres días, exhaustos pero felices,
cabalgaremos triunfantes hasta Castilla.
¡Ese es mi plan y nada lo alterará!
Será nuestra ruina.
El rey Felipe V me honró
con el rango de capitán de la guardia valona,
y es mi deber encontrar el camino más corto a Madrid.
Mi joven señor,
quizá el rey le haya honrado con ese cargo,
pero la razón no ha hecho lo mismo con su cerebro.
Debemos aplacar la sed.
El agua no es buena tras la fruta.
¿Dónde está el mulero?
No me gusta esto.
Se ha ido con todas nuestras provisiones.
Señor, lo han raptado los demonios.
¡Ha huido!
Maldito granuja.
Nunca me gustó su mirada de pícaro.
¿Por qué no habré escuchado a fray Jerónimo de la Trinidad?
¡Mosquito!
Decía que los oficiales de la guardia eran unos herejes.
¡Cállate, idiota!
Lo encontrará.
¡Si ha huido por miedo, le retorceré el cuello!
No me deje solo, señor.
- Entonces ve tú. - No iré.
Ya hablaremos de esto.
¡Mosquito!
Dos mujeres extranjeras que se alejan aquí
desean invitarle a cenar.
Sígame, por favor.
Señor caballero,
gracias por aceptar esta modesta cena.
Sacie su hambre, señor.
No debe de haber comido desde esta mañana.
¿Le sorprende este encuentro?
Me llamo Emina y esta es mi hermana Zibelda.
Vivimos en Túnez, pero venimos de Granada,
donde nuestros familiares profesan la fe de sus ancestros.
Nuestro viaje es un secreto
que queremos confiar a su discreción.
No esperábamos menos, señor.
Voy a contarle la historia de nuestra familia.
Escuche.
¿Hay en este medallón un retrato de su amada?
Esta joya es un regalo de mi madre y contiene una reliquia auténtica.
¿Le asusta?
Sólo los demonios se asustan ante las reliquias.
Somos musulmanas, no le sorprenda esta reacción.
Una pena que un pariente tan cercano siga una fe errada.
¿Acaso soy pariente suyo?
Sí.
Su madre era una Gomélez.
Somos de la misma familia.
¿Está segura de lo que dice?
¿No estarán equivocadas, estimadas señoras?
No.
Prometo contarle la historia de nuestros antepasados,
pero creo que sería mejor empezar con la mía.
Siéntese.
Le estábamos esperando.
Si hubiese cedido al miedo, le habríamos perdido el respeto.
Me halaga, Emina,
pero nunca me desvío de mi camino.
¿Por qué les interesa tanto mi valor?
Nos interesa Ud.
¿Yo?
Quizá se sienta menos halagado
al saber que es el primer hombre al que conocemos.
Mi hermana dice la verdad.
Nunca hemos tenido un hermano.
Y, encerradas desde niñas en el harén,
nunca tuvimos la menor idea sobre su sexo.
Pero sí teníamos cierta inclinación hacia el amor,
y nos amamos mutuamente.
Un principio interesante.
Mi hermana y yo nos amamos con ternura.
Al ver esto,
nuestra madre dijo
que seguiríamos siendo doncellas
O nos casaríamos con el mismo hombre.
Su seguridad calmó nuestra ansiedad.
El cabeza de familia aceptó que nos casáramos con un solo hombre
a condición de que fuera un Gomélez.
¿Ese...?
- ¿Ese soy yo? - Sí.
La idea nos agrada.
¡Pero mi religión, mi fe...!
- ¿No te gustamos, Alfonso? - ¿No somos hermosas?
Es casi de noche.
No malgastemos el tiempo.
No podemos convertirnos en tus esposas a menos...
...que abraces la ley del Profeta.
Si no, solo podrás vernos en tus sueños.
Pero nuestra existencia debe permanecer secreta.
¿Aceptas?
Traedme el cáliz.
Recuerda tu promesa.
Querido primo, ¿por qué no eres musulmán?
Qué feliz me harías si,
al verte en el regazo de Emina,
pudiera ser yo tu esposa.
Ven conmigo, hijo.
La desgracia sea con aquel que, en su terquedad,
se niega a confesar sus pecados.
No pases la noche al raso.
Y ten cuidado con la tentación,
pues el Señor ya no nos cubre con su mano.
Haré lo que me diga, padre, pero antes de nada,
mi estómago requiere solaz.
Mira por la salvación de tu alma
y yo me ocuparé de tus necesidades.
Esta noche han sucedido cosas extrañas.
¿Pasaste la noche en una posada abandonada?
Fui a Venta Quemada.
Pero tengo razones para no explicárselo.
Los demonios son tentadores.
Cuidado con Satán
y con el orgullo, hijo mío.
Sí, cuidado con Satán.
Me asombra tu valor.
Dime, joven,
¿quién eres?
¿Quién te crió?
¿Crees en los fantasmas?
¿Yo? ¿Debería?
No tengas miedo.
Está poseído, le estoy exorcizando.
Pacheco.
En nombre de Nuestro Señor,
te ordeno que lleves las cabras a la montaña.
He aquí un ejemplo de cómo el ángel de las tinieblas
sigue haciendo el mal en esta desgraciada comarca.
Le dedico mucho tiempo. Creo que conseguiré salvarla.
Ha progresado mucho últimamente.
- ¿Ordeña las cabras? - Sí.
¿Puedes satisfacer mi curiosidad?
Te he hecho preguntas sobre ti.
Me honra, padre,
se lo contaré todo.
Mi familia se distingue más por sus gentes que por sus bienes.
Mi padre, coronel de la guardia valona,
era hombre de gran honor y buenas formas.
Fe de Van Worden.
¡Pagarás por esto, bellaco!
¡Un caballo! Traedme un caballo.
¿A qué esperáis, cobardes?
Esto va a acabar mal.
Señor, le ruego me conceda un momento.
- Por favor. - En privado.
Señor, no tengo el placer de conocerle.
Me conocerá en seguida.
Señor.
Por favor.
Su carro ha adelantado al mío.
Hay algo ofensivo en ello,
y le ruego que se justifique.
Parece, señor, que mi carro no ha adelantado al suyo,
sino que el suyo se quedó atrás.
Admito que tiene razón.
Lástima que no lo haya dicho antes de que sacara mi espada.
Señor, le entiendo perfectamente.
Siento haberle robado su tiempo.
No se preocupe.
¿Le importa?
Por favor.
Vuelvo a mi pitanza que, con suerte, no se habrá enfriado.
¡Agua!
¿Por qué habrá destrozado el carro?
Para ir más cómodo.
Ya no podía verlo tras perder la carrera.
- ¡Agua! - Yo lo habría vendido.
Un hidalgo como él no lo vende, lo destroza.
¡Mi fortuna por una gota de agua!
¿Has oído?
Si tuvieses agua serías rico.
Se ha vuelto loco con todos esos duelos.
Con un señor que colecciona heridas hay que estar listo para todo.
¡Maldita sea!
Vendería mi alma por una gota de agua.
He invitado a mi boda
a todos aquellos con los que he cruzado la espada,
por lo menos a los que no he matado, claro.
Necesito su consejo.
En esta carta, el alcalde de Bouillon
me pide que tome posesión del castillo de mis antepasados,
en las Ardenas.
¿Debo dejar el servicio del Rey o dejar mi herencia a su suerte?
Si votan,
haré lo que me recomienden.
Dense prisa, señores, se está enfriando la carne.
Adiós, mi Rey y señor, adiós, España de sol,
les invito a un banquete en mi castillo.
¿Quién me va a pagar?
¡Se echará todo a perder! ¡Será mi ruina!
¡Síganme!
Nada puede igualar nuestra soleada España.
Ha sido una mala idea.
No creo que vuelva a cantar jamás a la más hermosa de las señoritas.
Calla.
Es verdad que no es lo mismo.
No envidio a los novios.
¡Larga vida a los novios!
Deseo que vuestro hijo vuelva pronto a España.
Señora, nuestro hijo se llamará Alfonso.
Señores, que siga la fiesta.
Yo, como español, he de cumplir mi deber.
Esta lluvia me recuerda al sitio de Lérida,
estuve tres semanas con el agua por las rodillas.
Bonitos tiempos aquellos.
Entonces era famoso por mi valor.
Nací nueve meses después.
Bonita historia.
Parece que tu padre es un hombre de honor.
¿Has heredado esa virtud?
La guardia valona no se distingue por alardear, padre.
Antes de empezar tu propia historia,
le diré a Pacheco que traiga leche.
No, mejor empiezo ya.
Fui educado en la hidalguía lejos del castillo de mi padre.
Se abrió la tapa y salió un esqueleto...
"Saqué mi espada, pero el esqueleto se arrancó la mano,
usándola como arma, y me atacó con fiereza".
"Me defendía con bravura
cuando surgió otro esqueleto,
se arrancó una costilla,
y me golpeó con toda su fuerza".
¡Bienvenido, hijo!
Han pasado muchos años.
¡Mi querido hijo!
- ¿No habrás olvidado el abecedario? - ¿Ni mis sofisticadas enseñanzas?
No, he estudiado mucho.
Entonces muéstranos, hijo.
Muy bien, excelente.
Querida Urraca, no te metas en cosas de hombres.
Te voy a enseñar una estocada infalible.
Es harto compleja, pero una vez la domines,
serás uno de los mejores espadachines.
¡En garde!
Querida Urraca,
me he batido en 130, Sí, hijo, 130 duelos.
Ahora te transmitirá mi experiencia.
¡Allez!
He vuelto a fallar.
Eres el mejor espadachín.
No te preocupes, Alfonso te remplazará.
Vuelve a tu país, hijo.
España es el país más maravilloso del mundo.
Haré lo que pueda para que entres en la guardia valona.
Por eso vine aquí, y anoche...
Bueno, hijo, me ha interesado mucho tu historia.
Veo que has recibido una buena educación.
Pero ya que has pasado la noche en Venta Quemada...
¿Qué estaba diciendo?
Tomo que te hayan perseguido dos ahorcados.
No quiero que te pase lo mismo que a Pacheco.
No se preocupe.
Mi madre me dijo que antaño
podía toparse uno con poseídos,
Pero hoy ya no.
¿Qué?
¿Acaso no has visto a Pacheco el poseído,
a quien los demonios han dejado tuerto?
¡Pacheco!
Su historia puede ayudarte en la salvación de tu alma.
Le ordenará que empiece.
Pacheco.
En nombre de Nuestro Señor,
te ordeno que le cuentes tu historia a nuestro invitado.
Nací en Córdoba.
Mi padre era rico.
Puedes saltarte eso.
Su madre murió hace tres años
y su padre se casó con una joven viuda.
Camila de Tormes.
Se casaron en Sevilla.
Unos días después, mi padre volvió con su esposa
y su hermana, Inesilla.
Querida esposa, señora,
he comprado unas mulas para vuestro carro,
y para Ud., querida Inesilla, un anillo de zafiro.
Es Ud. el mejor marido y cuñado, señor
Inesilla rebosa de alegría, ¿verdad, Inesilla?
Gracias de todo corazón.
No comas fruta, Inesilla, sabes que te sienta mal.
Me alegro de que esté feliz.
Camila, nos gustaría oír una canción,
como hacemos siempre tras la comida.
Sí, Camila, canta para nosotros.
Hermana, acompáñame a por los instrumentos.
Padre, le pido permiso para casarme con Inesilla.
Iremos a Madrid, empezaremos una vida maravillosa.
Olvidalo, hijo.
En primer lugar, sería inconveniente que fueras el cuñado de tu padre.
En segundo lugar, la Iglesia prohíbe tales uniones.
Y tercero...
¡La amo más que a mi vida!
Y tercero,
no quiero que te cases con Inesilla.
No te preocupes, Pacheco.
Aunque tu padre no te permita casarte con mi hermana,
nada te impide ser su amante.
Señora,
Inesilla es un ángel de pureza, ¿Cómo podría...?
Déjamelo a mí, Pacheco.
Mi hermana atenderá a mis demandas,
que pronunciaré con pena en el corazón.
Pacheco... ¿Cómo resistirse a tus encantos?
Abrevia, Pacheco.
Ahora Cuéntanos cuando tu padre
se fue a Madrid con su esposa y la hermana de esta.
Los días sin Inesilla eran insoportables.
La echaba de menos y sufría.
¡Manuela!
¿En Venta Quemada?
Ahí es donde debe esperarle.
Sierra Morena está llena de crueles bandidos.
Está más tranquilo desde que ahorcaron a los hermanos Zoto.
¿Inesilla estará con mi padre?
Sí, señor.
Iré sin tardar.
Inesilla.
Estaremos siempre juntos.
¿Puedo comer algo?
¿Y pasar la noche?
No lo haga, señor.
¿No tienen sábanas limpias?
Tongo todo lo que hace falta.
¿Entonces?
Por la noche merodean fantasmas.
¿Fantasmas?
Hasta nosotros dormimos en el pueblo.
Esto da mucho miedo por la noche.
Amigo, dormiremos con fantasmas.
Como quiera.
Pero permita que mi mujer y yo no pasemos la noche aquí.
Evitaré que los fantasmas les roben nada.
¿Adónde vas?
Señor, no juegue con fantasmas. Tongo miedo.
Entonces ve con ellos, alfeñique.
Pacheco, ha llegado el momento.
Tu padre está durmiendo, Inesilla te espera.
Vamos.
Todo va bien, Pacheco.
Mira.
Cierto.
Te avisaré cuando llegue el momento.
Pacheco.
Te estábamos esperando.
Inesilla, ¿realmente quieres un amante?
Seréis amantes, pero os acompañaré siempre.
Bésala.
Fuerte.
Quieres a Inesilla y yo te quiero.
No te negará nada,
pero recuerda mi condición.
¿Y bien, hijo? ¿Qué opinas?
Creo que tú también te asustarías en esa situación.
Un hidalgo no se asusta ante nada.
Deja que Pacheco siga con su historia.
Quizá oiga algo interesante.
Pacheco.
En nombre de Nuestro Señor, te ordeno que prosigas.
Me alejé corriendo de la horca
y erré fuera del camino todo el día.
Sé lo que me va a decir.
Si hubiese llegado antes, habría un banquete.
Los fantasmas se han hecho fuertes.
Y pasarán la noche en el pueblo.
Permita que le deje solo, señor.
¿Había ayer un hidalgo de Córdoba y dos mujeres?
Intente recordar, un hidalgo de Córdoba.
Mi mujer le ha dejado algo de cena en la cocina.
En la cocina.
Pacheco.
Hazme sitio a tu lado, estoy tiritando de frío.
- Soy yo, tu Inesilla. - Y Camila.
¡Aléjate, Satán!
¿Nos echas?
Vamos, hermana, encendamos un fuego.
¿Y bien?
Veo que ahora te das cuenta del poder de Satán.
Se hace tarde.
No te entretengo.
Los gritos de Pacheco no te dejarían dormir.
Ve ala capilla.
¿A la capilla?
A la capilla.
Pero ahí también le oiré.
Sus gritos son terribles.
Hijo, sé lo que digo.
Sí, a la capilla.
Dormirás bien.
Arrodíllate en el altar, confiesa tus pecados y arrepiéntete.
Estás a tiempo de conjurar el mal.
No creo haber pecado, salvo en sueños.
¿Quién anda ahí?
Tenemos frío, somos nosotras, tus amantes.
Volved a la horca, dejadme dormir.
Nos desdeñas porque estás en la capilla.
Ven con nosotras al cementerio.
A vuestro servicio,
pero mañana.
Veo que estás nervioso, hijo.
No me sorprende.
Los espíritus malignos han estado haciendo travesuras.
Eran cabras balando.
Los demonios pueden adoptar distintas formas.
No sé por qué, pero me dejaron en paz.
Veo que sigues teniendo fe,
pero temo que no puedas mantenerla.
Lo haré.
No quiero entretenerte más.
Te queda un largo viaje.
Pasado mañana habrás cruzado Sierra Morena.
Encontrarás provisiones en la silla.
¿Cuál es el camino más corto a Madrid?
Nunca he estado en Madrid, hijo.
Aun así, sé que tienes que ir
por ahí.
Gracias.
Padre.
Recuerda que Dios ya no nos cubre con su mano.
- ¿Alfonso Van Worden? - Sí, capitán de la guardia valona.
Le arresto en nombre de la Santa Inquisición.
Señor, rinda su espada.
¡Caballeros, soy un hidalgo!
Qué pecador más ruidoso.
Espero que hable tanto ante el Santo Tribunal.
Según nuestras normas,
el prisionero puede acusarse a sí mismo.
La confesión, aunque ligeramente forzada,
tiene sus ventajas
Si el prisionero está dispuesto a denunciar a sus colaboradores.
¿Conoce a dos princesas africanas?
Su silencio no hace más que empeorar la situación.
Me temo que tendré que ayudarle.
Empecemos con la primera prueba.
Pronto se desmayará,
pero le despertaremos con sal y alcohol.
Procedamos con la segunda prueba.
¡Alfonso! ¡Estás a salvo, Alfonso!
El Sr. Zoto viene a rescatarte.
¡Querido Alfonso!
Has demostrado gran valor.
No es momento de besos.
Debemos irnos antes de que lleguen los guardias.
Es el Sr. Zoto.
Sr. Alfonso, le presento a mis hermanos.
Chico.
Muma y Chico.
¿Cómo es posible, Zoto?
¿Sus hermanos no fueron ahorcados?
Le han informado bien.
Pero como puede ver, están bien.
¡Los vi yo mismo!
Lo que vio fueron dos pastores ahorcados para calmar los ánimos.
Esto es increíble.
Dé las gracias a nuestros caballos.
Me alegro de que vuelva a ser Ud. mismo.
Dios le bendiga.
Nos están rodeando.
Chico, cúbrenos mientras llegamos a los caballos.
¿Dónde está mi espada?
¡Mi espada!
Bésame.
Y a mí.
¡Qué feliz soy!
¿Te alegra este encuentro, primo?
Primo,
este medallón es horrible.
Enfría tu pasión hacia nosotras.
¿Eres feliz, primo?
Sí, aunque he de decir que el final de la noche
que he pasado con vosotras me ha desagradado.
Acúsanos de los placeres.
Esta mañana no ha sido agradable.
No hablemos más de ello.
He aquí un talismán y un mechón de nuestro pelo,
para que no nos olvides.
¿Un talismán?
Se cree que solo se puede amar a una mujer.
Es falso.
Me enamoré de las dos por igual.
Mi corazón no ve diferencia alguna.
Abraza nuestra fe.
Te sentarías en el trono de Túnez,
entre harenes, jardines y fuentes.
No.
No hablemos de reinos inundadas de sol.
Estamos en un abismo, cerca del infierno.
¿Cómo te atreves
a estar en compañía de mujeres con sangre Gomélez?
¡Primo, estás perdido!
Perdónanos.
Puedes morir de un hachazo, como los cobardes,
y tu cuerpo colgará junto a los hermanos Zoto
a merced de los cuervos y de las fuerzas del mal, o...
Pero los hermanos...
O puedes beber la pócima de este cáliz.
¡Bebe!
Padre, tú harías lo mismo en nombre del honor, ¿verdad?
Un lamentable malentendido.
Los espíritus adoptan tantas formas que uno se acaba confundiendo.
Es Ud. demasiado joven para ser cabalista.
Aunque tiene una soga alrededor del cuello.
No se preocupe. Sé que es valiente.
Aunque no tenga mucha experiencia.
¿Es Ud. Alfonso?
Su madre es una Gomélez
y Ud. es capitán de la guardia valona.
Abandonemos este lugar, ya veremos después.
Me llamo Alfonso Van Worden.
Por supuesto.
Está Ud. débil.
Tongo una pócima que le devolverá el vigor.
No, nada de pócimas milagrosas.
- ¿Dónde va? - A Madrid.
Bien.
Pararemos de camino. He dejado una comida a medias.
Nada milagroso, pero suntuoso.
Ahora, escuche. Los libros caldeos
están llenos de sabiduría,
pero los versos del Cantar de los Cantares
rebosan de belleza poética.
En hebreo, cada letra es un número, cada palabra, una sabia combinación.
Si se pronuncia con el debido acento,
se pueden mover montañas y secar ríos.
Debe saber que Adonai creó el mundo con una palabra...
Alguien me gastó una broma aquí anoche.
Pero entremos.
¡Mi caballo! Increíble.
Y el mío.
No entiendo.
El caballo sigue a su amo.
Suerte que los demonios no necesiten comer.
Bueno, ¿verdad?
¿El qué?
Sólo preguntaba.
Me alegro de poder saciar su hambre.
¿Qué es esto?
Debe de ser suyo.
¿Entonces ha pasado aquí la noche?
Sí, pero no le contaré toda la historia.
Ha sido una noche maravillosa
a pesar de todo.
¿A pesar de qué?
- Yo también he dado mi palabra. - ¿A quién?
A dos hermosas mujeres,
pero basta de preguntas.
Sigamos.
Madrid aún está lejos.
¿Conoce un camino más rápido, señor?
Sí, por ahí.
Ahí es donde me capturó la Inquisición.
Tiene razón, evitemos las emboscadas.
¿Hay algún otro camino?
Para un cabalista, sí.
Daremos un rodeo hasta llegar al de Madrid.
El Sepher ha Zohar nos muestra los diez elementos
que crean el gusto.
Todo ello nos acerca al pandemónium.
¿Por qué esas palabras misteriosas?
Para amenizar el viaje.
Y dominan pesadillas y demonios,
entre los cuales hay zombis húngaros y polacos...
¡Ayuda!
Le arresto en nombre de la Inquisición.
Rinda la espada.
No se resista, Alfonso Van Worden.
¡Soy don Pedro Velázquez!
¿Están locos?
Desde luego.
No es él. ¿Quién es?
Don Pedro.
Me resulta familiar. ¿Qué hace aquí?
Creía que los caminos eran de todos.
¡Señores bandidos!
Aquí no hay camino.
¡Váyase!
Ha debido de ir por otro camino.
Quizá haya vuelto a Venta Quemada.
Me han dicho que venía por aquí.
No parece Ud. dispuesto a disculparse.
Deje de molestar.
En ese caso, discúlpenme, señores.
Una espina.
No hay nada para sacarla.
Y no hay donde esconderse.
Para analizar la situación, claro.
¿Alfonso Van Worden?
Unos matones descorteses le esperan más adelante.
- ¿La Inquisición? - Sí,
¿Qué hará aquí la Inquisición?
¿No vieron que no era Ud. Van Worden?
Parece que no, pues me atacaron.
Es lo que me dicta la lógica.
¿Y ahora qué?
Iremos a mi castillo, está cerca de aquí.
¿Tiene un castillo por aquí?
No lo había dicho.
Lo que prueba la belleza de la modestia.
¿Y Si me encuentran?
No podrán entrar. Iremos por aquí.
Si pudiese abusar de su hospitalidad podría pasar una noche tranquila.
Sé que el señor cabalista no le negará la posada.
- Por supuesto. - Gracias.
Así podré pensar en todo lo que me ha pasado.
Mucho pensar puede llevar a la locura.
La mente humana puede aceptarlo todo,
Si se sabe utilizar bien.
FIN DE LA PRIMERA PARTE
EL MANUSCRITO ENCONTRADO EN ZARAGOZA SEGUNDA PARTE
Enrico, ha llegado el señor.
¿Ha pasado algo?
No lo sé.
Descansemos tras los rigores del viaje.
Señor, aquí está a salvo.
Mi hogar está a su disposición.
Siglo XV.
Es Ud. experto en todo.
La curiosidad nos distingue de los animales.
Miro, escucho y saco conclusiones.
Me alegro de haberlo conocido, y de estar en su compañía.
La buena compañía es más valiosa que el oro o la magia.
Caballeros, no es este sitio para hablar.
Adelante. Enrico, muéstreles el camino.
- Debías llegar hace tres días. - Complicaciones imprevisibles.
- ¿Y ahora qué? - ¿Ahora? No lo sé.
Debemos guardarle aquí . Espero instrucciones.
¿Quién es el otro?
¡Cuidado!
No preguntes más.
Ve a arreglarte.
Podías haberme avisado.
Me aburres, querida. No me fue posible.
Me temo que todo esto sea obra de espíritus malignos.
Prefiero pensar que es obra de hombres.
Alguien debe de ser responsable
de todo lo que le está sucediendo.
Estoy en deuda con Ud., pues parece que gracias a Ud.
Resolveré este misterio.
Me gusta este lugar. Paz y tranquilidad.
Vuelva a pensar en todo esto.
¿Ha satisfecho sus necesidades, señor?
No sé cómo darle las gracias.
Por favor, está en su casa.
Gracias, me siento bien aquí.
Muy bien.
He estado pensando.
¿Y?
Lo mejor sería llegara Madrid lo antes posible.
Espero conseguirlo en la oscuridad.
La Inquisición sigue patrullando.
¿Quizá el Sr. Velázquez nos dé un buen consejo?
Es un descreído.
¿Qué hacer, pues?
Esperar.
Ahí tiene libros.
Toda la sabiduría del mundo se encuentra en estas estanterías.
Le recomiendo especialmente los relatos.
Sr. don Pedro, tengo la respuesta.
Bebamos algo de vino.
Quizá esta lámpara nos alumbre hoy por última vez.
Venga, por favor. Tongo que enseñarle algo.
Está Ud. triste.
Bebamos de este vino.
Pronto descansaremos todos en la noche eterna.
¿Cómo has sido tan descuidada?
Si ha leído el final
los acontecimientos futuros no tendrán sentido.
Afortunadamente he llegado a tiempo.
Aquí ocurren cosas extrañas, señor.
Lo he visto con mis propios lejos, lo he tenido en mis manos.
Será cosa de los espíritus malignos.
Entiendo, señor, que su mente se rebele
contra fenómenos inexplicables, pero le ruego sea preciso.
¿Busca algo, señor?
Aquí había un libro.
Vi la horca.
- ¿Dónde está? - ¿Aquí?
No hay ningún libro así aquí.
¿Otra vez los demonios?
Admito que son cansinos.
Pero el mundo está lleno de ellos.
La cábala puede enmendar sus fechorías.
Tonterías.
¿Entonces no cree en la cábala,?
No.
¿Quiere pruebas?
Sólo Si puedo verificarlas.
Prosiga.
Este no es lugar para conversaciones filosóficas.
Me alegro de verte, hermano. ¿Cuándo has vuelto?
He aquí Alfonso Van Worden, capitán de la guardia.
Capitán, mi hermana Rebeca.
Don Pedro Velázquez.
Señora.
Haré lo que pueda.
Le mostraré el poder de lo sobrenatural.
Claro.
Aristóteles nos mostró el principio de que la mente...
Sr. Alfonso, le ruego me diga lo que piensa
de lo que le ha sucedido desde que llegó aquí.
No sabría por dónde empezar.
Me deben de haber dormido con una pócima
y llevado al cadalso.
¿Estuvo en la horca de los hermanos Zoto?
¿Y los vio ahorcados?
¿Acaso suelen bajarse?
A menudo, generalmente de noche.
Su mano muestra
que ha sido poseído por el amor de los demonios.
Esa gente no teme a los humanos.
No le tengo miedo a nadie.
Tongo miedo por Ud.
Me alegro de que hayan venido.
Ahora todo será alegría.
Lo siento, señora, pero tengo otros planes.
Decida lo que decida,
no se negará a pasar unas horas en nuestra compañía.
Su hermano está saludando a un gitano.
¿Un gitano?
Pronto verá qué clase de gitano es.
Bienvenido, Sr. Alfonso.
¿Cómo sabe quién soy?
Solemos desplazar nuestro campamento,
y mis hijas abren bien los ojos.
Un lugar encantado.
La gente de la Sierra no se acerca.
Y tienen razón.
mi séquito ha hecho bien en esperar fuera.
Sr. Avadoro, en su vida errante
ha debido de conocer muchas aventuras.
- Desde luego. - Cuéntenoslas,
y el Sr. Velázquez nos dirá cómo la poesía
se libra de los espíritus.
No cedo ante los espíritus, pero sucumbo ante sus poderes,
señora.
Me parece que las historias de amor son las mismas
en todos los rincones del mundo.
Creo que disfrutarán oyendo mis aventuras.
Algunas son sorprendentes, milagrosas, diría.
Cuando pienso en aquellos días,
oigo las voces de las pasiones
y el rugir de las tormentas.
Pareces juicioso, y tengo un problema.
Sígueme.
Soy el amante de una joven
que tiene cierta tendencia a la inconsistencia.
Si ves a una mujer con un vestido de esta tela,
vigilarás Si va a la iglesia
O Si toma otro camino.
Toma.
Te daré más Si lo haces bien.
Es Ud. su marido, no su amante.
Te pago para descubrir una traición, no quién soy.
Aguza la vista, es hora de vísperas.
Esperaré en la posada.
- De los amantes. - De los amantes.
- ¿Qué sucede? - Su belleza me aturde.
Alguien sospecha que le traiciona.
Sígame.
Dele esto al caballero Toledo.
Noble caballero.
No puedo aceptar pago de ambas partes.
¿Qué me depara el futuro?
Nos casaremos bajo un castaño.
La naturaleza bendecirá nuestros votos.
He perdido la dirección del caballero Toledo.
Me ha invitado a una gran fiesta.
Al otro lado de la plaza.
Hasta pronto.
Quizá.
Señor Toledo,
una señora me ha dado esto para Ud.
Aprecio tu inteligencia, amigo,
y tu honor.
¿Quieres servirme?
Es imposible. Tongo sangre noble.
Elegí ser mendigo
porque no altera la nobleza.
Una respuesta digna de un español.
Bebamos.
La vida es frágil.
¿Por qué esos pensamientos?
Soy un pecador.
Solía dejar a una amante por otra,
pero vi que perdía el tiempo,
y empecé un nuevo romance tras finalizar otro
mientras planeaba un tercero.
Las mujeres españolas tienen algo
de insistente.
Juré amor a cada una.
El castigo por romper los votos es terrible.
Cierto, en el otro mundo.
Ayer me visitó un amigo de Malta.
Se llama Aguilar,
persona noble
y buen cristiano.
No entiendo cómo dos personas tan distintas
han trabado tan gran amistad.
¿No bebes?
Me he terminado casi la botella y no la has tocado.
¿En qué piensas?
En el sol que he visto hoy,
yen Si lo veré mañana.
Seguramente lo verás, Si no hay niebla.
Quizá no esté vivo mañana.
¿Acaso vas a batirte en duelo?
Podría ser tu testigo.
Eres el último hombre al que le pediría ese favor.
¡Cielo santo!
¿Has vuelto a pelearte con mi hermano?
¿He de perder a mi amigo o a mi hermano?
Tongo un mal presentimiento. Espera a medianoche.
Si muero, volveré para decirte
a lo que ha de enfrentarse un pecador.
No quería venir,
pero una voz celestial me lo ordenó.
¿Te han matado?
Me han matado.
¿Hay un purgatorio en el otro mundo?
Lo hay.
Y estoy en él.
¿Quién es?
Decidme, ¿quién ha muerto?
Toledo se desmayó.
Lo lamento, me llama el deber.
En lo más interesante.
El suspense es prueba de gran maestría.
Estoy confundido,
ya no sé dónde acaba la realidad y dónde empieza la ficción.
Querrá decir poesía.
No sé qué pretende.
Déjeme hablarle de los principios de la geometría.
Para definir un número infinito,
escribo un ocho horizontal y lo divido por uno.
Para definir lo infinitamente pequeño,
escribo un uno y lo divido por el ocho horizontal.
Los signos no me dan la idea
de lo que quiero expresar:
lo infinito, la grandeza...
En el cosmos, lo infinitamente pequeño es la raíz
de la parte más pequeña del átomo.
Así que defino lo infinito sin entenderlo.
Si no lo entiendo, pero puedo de fin ir lo,
me acerco a la poesía,
que es mucho más cercana a la vida de lo que creemos.
La ciencia empírica lleva a una falta de fe.
Sólo un hombre educado que ve algo cada día
cree que lo entiende.
Un investigador se mueve entre acertijos.
Se equivoca, pero cada día se acerca más a su objetivo.
Sr. Avadoro, termine la historia del caballero Toledo.
Recuerdo que oyó una voz del otro mundo.
Sí.
Su pobre alma era muy sensible.
Así que cayó en la desesperanza.
- ¿Qué piensa hacer? - Replantearme mi vida.
Señor caballero, permita que le diga algo.
La voz que oyó ayer
dijo lo que está escrito en cualquier catecismo.
No se cargue de inquietudes prematuras.
Amigo, aquel que oye la voz de los muertos
no tardará mucho en reunirse con ellos.
Adiós, amigo.
Dígaselo todo a la señora sin entrar en detalle.
Tongo un problema delicado.
Me encantaría ayudarle
pero temo dejar a mi cliente.
Te sustituirá, no tardaré.
Escucha.
Te aviso de que es muy pesado.
En toda historia hay algo interesante.
¿Recuerdas el hombre con el que bebí en tu posada?
Es el marido de una joven.
Dale esta joya discretamente.
¿Sr. López Suárez?
Al igual que la adivinación, el amor tiene su magia.
Entonces nos volveremos a ver.
Quizá.
Eres bueno, pero la medicina es asquerosa.
Le daría una mejor, pero los médicos no me dejarían.
Siéntate.
Siéntate, por favor.
Tongo un antejo, me Vas a hacer un favor.
Toma ese instrumento
y presta atención.
Soy hijo de Gaspar Suárez, el mercader más rico de Cádiz.
¡Otra vez con novelas de amor!
Te escucho, padre.
Es hora de que vayas a Madrid.
Debes conocer el mundo.
Papá, quiero casarme.
Primero pasa el examen de la vida.
Has de seguir ciertas normas.
Te prohíbo que hables con hidalgos.
Sólo nos honran cuando necesitan un préstamo,
pero nunca lo devuelven, ¿entiendes?
Te prohíbo que uses el título de "don".
Eres un Suárez y punto.
Y te prohíbo que uses la espada.
Es una manía que trae más descrédito que fortuna.
Por último, lo más importante, bajo ninguna circunstancia
te relaciones de ningún modo
con la casa del banquero Moro.
Moro.
Te voy a decir por qué.
Soy pariente de uno de los mayores banqueros de España,
pero viendo cómo comercia Ud. con Filipinas,
le haré un depósito de un millón.
Me honra.
Intentaré doblar su depósito lo antes posible.
No se apresure.
Debía haberlo hecho.
Soy Moro, banquero real.
Mi pariente, el Sr. Livárdez, ha muerto.
En sus cuentas hay un cheque de un millón.
Devuélvame el capital. He asumido legalmente sus bienes.
He invertido ese millón.
Pronto será doblado, quizá...
Lo siento mucho.
Muy bien.
He aquí la parte de su pariente.
Escucha bien.
Cuando volvieron los barcos, había triplicado la renta.
Escribí al banquero Moro, diciendo que tenía sus dos millones.
Mi maestro ha recibido su carta
y le informa de que ya ha cobrado el capital de Livárdez.
No reclama ningún dinero más.
¡Le debo dos millones!
Mi maestro no quiere saber nada del tema.
¡Es un insulto!
¡No necesito ningún regalo!
¡Me está insultando!
Reclamé mis derechos,
para limpiar mi nombre y el de la profesión.
Fuimos a juicio.
El tribunal de Sevilla le da la razón a Moro.
Debemos pagar 606.600 piastras de costas.
No se ha hecho justicia. Seis años perdidos.
¿Y los dos millones son míos?
¡Es una vileza!
Apela.
Así que ves que tengo razones
para prohibirte que te relaciones con la casa del banquero Moro.
¿Y después?
Me despedí, llenando mi carro de novelas de amor,
y me fui a Madrid.
Dame un poco más de ese mejunje.
Estoy recobrando fuerzas.
Alimentada mi alma de historias de amor,
llegué a Madrid enamorado,
aunque no conocía al objeto de mi deseo.
Disculpe.
¿Quién es?
Adelante, señor.
Sr. don López Suárez.
Le presento mis respetos.
Se me conoce con el nombre de...
Con el nombre de...
don Roque Busqueros, familia de Castilla la Vieja.
Mi padre me ha prohibido utilizar el "don".
Y relacionarme con hidalgos.
Sr. don López, mi padre, en cambio,
me ha obligado a tratar de "don" a los mercaderes
ya relacionarme con ellos.
Respeto los deseos de mi padre.
La actitud
y elegancia con que se bajó del carro me han impresionado.
¿Es suyo, don López?
Sí.
Feliz coincidencia.
Los colecciono.
Tome, se lo regalo.
Un coleccionista siempre tiene dos ejemplares,
por Si por algún motivo se le llegara a perder uno.
Y un tercero para cambiarlo Si se plantea la ocasión.
Don Roque, acabo de bajar del carro.
Estoy cansado y hambriento.
exacto.
Don López, no podemos comer del mismo plato
ni usar los mismos cubiertos.
- Chico. - Chico.
Trae cubiertos.
Chico, trae cubiertos.
Busqueros
me contaba los cotilleos de Madrid,
pero yo ardía en deseos de ir al parque del Buen Retiro.
Un parque solitario famoso, mentado en muchas novelas.
Algo me decía que ahí
podría iniciar alguna relación amorosa.
Señora, creo haber encontrado lo que buscaba.
He perdido mi cadena y mi medallón.
¿Tenía alguna inscripción?
Ha leído que me llamo Inés,
y que el retrato me pertenece.
Me permito recordar le, señora,
que merezco una recompensa.
Este es nuestro primer encuentro.
Enhorabuena. Es el hijo del mercader más rico de Cádiz.
No veo por qué un desconocido ha de hablarme.
López Suárez.
Devuélvame el medallón.
¡Fuera!
Sr. don López,
he rechazado invitaciones para venir a verle.
Admita que ayer le hice un favor.
Al pasar, le dije a la señora
que era el hijo de un rico mercader.
Fingió enfado,
pero era solo para ver que no le impresionaba su riqueza.
Créame.
Es Ud. joven y atractivo,
pero recuerde que el oro no es obstáculo para el amor.
¿Qué haremos esta tarde?
Quiero visitar la ciudad. Solo.
No había más salida para la situación.
Váyase, pues.
Era un medallón de mi hermano.
No quiera saber más,
a menos que encuentre algo que me pertenezca.
Entonces podrá pedir una recompensa.
No deberían vernos juntos.
López Suárez para...
¿Qué?
Para Inés.
Mis ojos viven encantados, coma,
y Ud., señora, es la única causa de ello.
Quisiera plasmar mis pensamientos en esta carta,
pero parecen...
Parecen desvanecerse.
¡Don Roque, deme eso!
¿Dónde?
¡Don Roque!
¡Don López!
Espere.
Bueno, había que entregar una carta.
Debería darme las gracias, señor,
Señora.
¿Por qué usó a un hombre cuya impertinencia me disgusta
para darme la carta?
Escribí la carta por placer, y ese pillo me la robó.
Desde que llegué a Madrid
me persigue como un espíritu maligno.
No puedo quedarme con esta sarta de pamplinas.
¿Qué quiere saber ahora, señor?
Señora, quisiera saber quién es Ud. y cómo se llama.
Soy hija de un hombre tan rico como su padre,
el banquero Moro.
¡Maldición!
Mi padre me prohíbe pensar en Ud.
Cruzó los mares para establecerse en Cádiz.
En Cádiz.
No le crea, no pierda la esperanza.
Estos herederos son duros de conseguir,
pero al final acaban cediendo.
¡Asustas a mi perro!
Sólo me queda morir.
No tenga miedo.
- Inés le quiere más que a su vida. - ¿A M?
Quiere verle aquí mañana al atardecer.
Entiendo que a su edad no quiera casarse.
Aunque me sorprende su excusa.
Su padre cruzó los mares para instalarse en Cádiz.
Tiene suerte, lo he arreglado todo.
Sr. don Roque, haga una cosa más para mí.
No vaya al Retiro.
La dulce Inés no estará, pero debo sentarme
en el mismo banco y llorar mi desgracia.
Hay algo ofensivo en sus palabras.
Malinterpreta Ud. mi devoción.
Señor.
"Los jazmines exhalan su embriagador aroma,
los árboles verdean cuando pasas ante ellos".
"¿Qué hará el corazón al que honras?".
Podría dejarle regodearse en su desgracia,
pero Si Inés viene, ¿quién arreglará sus desatinos?
¿Qué es esto?
Le contaré una historia, para matar el tiempo,
en la que descubrirá acontecimientos instructivos.
Siempre se me dio bien el derecho.
Me interesaba la gente y la vida.
¿Qué pasa?
¡La cabeza ensangrentada!
Pensé que era uno de mis parientes
con quien tenía que departir.
No conozco la razón de esta inesperada visita.
No tenía intención de entrar.
Sólo quería saber quién vivía aquí.
Soy jurista, estudio la vida de la gente.
Eso es distinto.
No hay nada más placentero que saber lo que hace la gente.
Antes de que se levantara, su marido me honró
al creer que era una cabeza ensangrentada.
- Entonces... - Sr. don Roque, se hace tarde.
Don López, no debe interrumpir
a quien le cuenta una historia apasionante.
No busque explicaciones.
Aquella mujer...
Se lo explicaré.
Soy hija de un valiente oficial.
Me llamo Frasquita Salero.
Ya de niña atraía a los hombres.
Frasquita, sé prudente.
¿Cómo puedo ser mala
con unos caballeros tan elegantes?
¿Se le ha caído algo?
Una pena.
Si se le hubiese caído,
lo habría recogido y guardado como recuerdo.
Frasquita, aléjate de la ventana.
Desgraciadamente, aquel hombre nunca volvió.
Mi hermosa esposa.
Querida mía.
¿Quieres a tu maridito?
Sí.
¿Y a nadie más?
A nadie.
¿Qué tienes ahí, hijo?
- Una carta para Frasquita. - Dámela.
Soy su padre.
Toma.
¿Un anillo?
¿Qué anillo?
"Te espero anhelante. Peña Flor'.
¿Frasquita, me quieres?
Por supuesto.
Entonces no hay obstáculos para nuestro amor.
Perfecto, don Ramiro.
Si luchara así contra el conde Peña Flor
dejaría de ser un incordio para los maridos.
Acabaría gustoso con sus conquistas,
pero temo las consecuencias del duelo.
Si tuviese 100 doblones,
me refugiaría en las islas.
Se los daré con gusto para tan noble causa.
Anoche asesinaron al conde...
Peña Flor.
Los criminales tenían una carta
en la que se dice que ofreció Ud. 100 doblones
para que lo mataran.
No conozco al Sr. Peña Flor.
Ayer vinieron dos hombres con un pagaré de 100 doblones
que firmé hace un año.
¿Quieren verlo?
No, soy miembro del tribunal penal,
no del financiero.
Eso es todo.
Disculpe las molestias.
¿Ordenó de verdad que lo mataran?
¿Por qué? ¿Lo conocías?
Peregrinaría a Santiago, o más lejos,
Si creyese haber hecho algo de lo que arrepentirme.
- Bonita historia. - Sí.
Desde entonces, pasan cosas extrañas en esta casa.
¡Aquí tienes tus 100 doblones!
¡Don Diego!
Me gusta.
Huelga decir que el conde Peña Flor fue una invención
para enfadar a mi marido y que se fuera en peregrinación.
Los magistrados y los esbirros habían sido sobornados.
Ahora entiendo "la cabeza ensangrentada".
Y entiende por qué pensaba que era otra persona.
Aún no he acabado.
Después. Tongo que hacer.
¿Quiere ofenderme, señor?
Sí, es el único medio de deshacerse de Ud.
Su padre estará encantado.
Bien.
¿Por dónde iba?
Aquella noche
me vi en una situación muy distinta.
Tiene suerte de estar solo herido.
Despacio.
Me he encargado de todo,
no se preocupe.
Una pena que interrumpiera mi historia
en un momento tan interesante.
Escuche.
Aquella noche
me vi en una situación muy distinta.
¿Y después?
Señor... don López.
No fuerce demasiado.
- Es muy largo. - ¿De quién es?
Menudo crío.
De Inés, por supuesto.
- Está hecho. - ¿Qué?
Debe ir a su casa esta noche.
La boda es mañana. ¿Le vale?
¿En casa de Moro?
- ¿Cómo? - Muy sencillo.
- Habrá guardias. - A la vieja usanza.
Tranquilo.
Me encargaré de ello.
No sé qué haría sin mí, señor.
¿Qué ventana?
Una, dos y tres.
¿Cuál?
¡La tercera!
- La ventana de la bella Inés. - Me estalla el corazón.
Precioso. Por favor, no me avergüence.
Gracias, señor, pero hay que recurrir a medidas drásticas.
Cuando dé una palmada, suba al cielo.
¿Listo?
Listo.
Bien.
Huele a bálsamo, no a jazmín.
¿Te han matado?
Me han matado.
¿Hay un purgatorio en el otro mundo?
Lo hay, y estoy en él.
¿Era una noche de tormenta?
Con mil rayos. Por eso se debió de equivocar.
¡He descubierto al alma del purgatorio!
¿Dónde?
¿De qué está hablando?
Señor Toledo.
Escuche, señor.
¿Así que acabó mi penitencia?
¿Cómo lo has sabido?
Me lo ha dicho López Suárez.
El mercader de Cádiz.
- ¿Cómo pasó? - Busqueros se equivoco.
¿Busqueros? Ah, Busqueros.
No lo conozco, pero dile que venga.
Quiero saber más.
¿Qué crees? La mujer que te dio el pañuelo.
- ¿Me sigue siendo fiel? - Sin duda.
Entonces, adiós.
Empecé a buscar a Busqueros por todo Madrid.
Por favor, no pare ahora.
Permita que le conceda un momento a este hombre.
Frasquita le contó su historia a Busqueros,
quien se la contó a López Suárez,
quien se la contó al Sr. Avadoro.
Para volverse loco.
Todo empieza de forma sencilla.
El público cree que se va a acabar,
pero una historia engendra otra, y otra...
Como los cocientes, que se dividen hasta el infinito.
Soy capitán de la guardia, no filósofo.
Su matemática son números muertos.
Señor, los ceros, mases y unos
dieron a Arquímedes y Newton poderes divinos.
Unos nobles hombres. Pero ¿de qué sirve?
Somos todos ciegos errando en una ciudad extraña.
Caminamos por las calles pero damos la vuelta
cuando rozamos nuestro objetivo.
Veo aquí ciertas callejuelas que, hasta ahora,
no llevan a ningún sitio.
Quizá surjan nuevas combinaciones que arrojen cierta luz,
pues lo que un hombre puede inventar,
otro puede resolverlo.
Me he perdido.
Entonces escuche.
El caballero Toledo recobró el ánimo,
y yo fui en busca de aquel sinvergüenza.
Ocurre que lo encontré aquel día.
Será Ud. mi sirviente.
Dé gracias al cielo, se le abren grandes oportunidades.
No habrá conocido a muchos hidalgos.
Yo mismo fui educado en la hidalguía.
Mi mendicidad se debe al destino, no al nacimiento.
Está bien.
Vamos, señor.
Al principio sus deberes no le parecerán atractivos,
pues no le pagaré ni vestiré.
En cuanto a la comida...
¿No será Ud. don Busqueros,
a quien tanto debe López Suárez?
En persona.
Todo habría acabado bien
de no equivocarse de ventana, pero tengamos paciencia.
El caballero Toledo desea conocerle.
¿Toledo? Es un gran honor para mí.
Sé que el padre de López vino de Cádiz
y al no encontrar a su hijo en casa,
fue a dar un paseo, ¿adónde?
¿Dónde va un hombre de provincias?
A la iglesia.
Error, noble mendigo.
- A una taberna. - ¿A cuál?
A la más cercana.
Es imposible.
Admita que Cádiz es una ciudad más importante que Madrid.
Es más, Suárez, corto de fondos,
comerciaba gracias a la confianza de Livárdez.
Moro le llevó ajuicio
para recuperar su dinero.
Es Suárez quien quiere que Moro acepte no uno
sino dos millones.
La familia Suárez es la primera de España,
está Ud. mal informado, lenguaraz.
Gracias por su compañía.
Veo, señor, que es Ud. un honrado comerciante.
Sus palabras me honran.
Soy Gaspar Suárez, de Cádiz.
Me llamo Moraredo.
Le envía el cielo.
Deduzco de sus palabras que sabe Ud. mucho de la vida.
A su servicio.
Mandé aquí a mi hijo,
le prohibí usar el "don" y relacionarse con hidalgos.
- Muy sabio. - Y usar la espada.
Comprensible.
Sepa que mi López es ahora don López,
y su único contacto un hidalgo llamado Busqueros.
Increíble.
Se peleó con él y cayó de una ventana.
He decidido casarle inmediatamente.
¿Conoce Ud. alguna mujer de buena familia?
Sí. Qué feliz coincidencia.
Un famoso mercader enfurecido
la mandará a un convento
Si no encuentra marido esta semana.
- Quisiera hablar con ella. - La conocerá hoy mismo.
¿En una posada?
¿Una mujer de buena familia?
De incógnita. Démonos prisa.
Paga él.
Adiós.
Hoy, más que nunca,
entenderá el valor de mi amistad.
Don López, estos asuntos complejos son mi especialidad.
Viendo, señor, Cómo me ha defendido,
conoce Ud. bien el mundo del comercio.
Pero disculpe, señor...
Moraredo.
Su nombre no suena en los círculos mercantiles.
Sabe, señor...
Entiendo que la situación, de momento,
no le haya permitido prosperar en los negocios.
Mis actos no están movidos por la impertinencia,
sino porque la ira de mi padre me empuja a buscar la salvación.
Respeto el nombre de los Suárez.
Querida señora, me honra.
¿Pretende casar a la señorita Moro?
¿Señorita Moro?
¿Acaso sus intenciones no son serias?
Ha habido un malentendido.
Si se arrodilla ante mi hermana, aún puede batirse en duelo.
¡Desenvaine o márchese!
¿Cómo?
Su honor está en juego.
Te prohibí relacionarte con la nobleza.
Sólo conozco al que está a tu lado.
¿Qué me dices del duelo?
Repare, señor, que tiene una espada en la mano.
López, ¿por qué has ¿ elegido a la señorita Moro?
Ud. mismo se acaba de arrodillar ante ella.
El castigo, Sr. Gaspar Suárez, siempre responde al crimen.
Habría sido un honor que su hijo pidiese la mano de mi hija.
Prefirió entrar por la ventana,
movido sin duda
por el rencor que Ud. me guarda por los dos millones.
Los acepto pues, a condición de unir otros dos millones
y que su hijo los acepte, junto con la mano de mi hija.
Buen trabajo.
Bien hecho.
Es fácil imaginar el desenlace.
López fue llevado a casa de su futuro suegro
donde se recuperó gracias a los cuidados de Inés.
Me gustaría oír el resto de la otra historia.
Frasquita, ¿era tan encantadora como parece?
Le conté esa historia al joven mercader.
Sí, y López Suárez a mi amigo,
quien me la presentó.
Tiene Ud. una memoria increíble.
Ya que conoce la historia de Frasquita,
le contaré la de su marido,
y de cómo conoció a un joven
desgraciado.
Adelante.
Aquella noche,
me vi en una situación muy distinta.
¿Quién eres?
Llevo la marca de Satán.
¡Deja de perseguirme!
Perseguir.
¿Y los 100 doblones que pagaste por la muerte de Peña Flor?
¿Qué quieres de mí?
¿Me reconoces?
Como ves,
antes de su muerte, el conde subió la puja.
¡No lo hagas!
Nos ha hecho pasar un momento delicioso.
No me ha decepcionado.
He hablado de cosas cuya mención es un pecado en sí,
pero es una historia muy instructiva.
¿Qué pasó con la Sra. Cornández?
Enviudó.
Se casó con su amante y lleva una vida ejemplar.
¡Ahí está!
¿Qué dice?
Es doña Uscariz.
Frasquita.
¿Qué hago?
- No puedo. - Sólo queda una salida.
- Dijo que era su primer amante. - Hay otras mujeres en el mundo.
¿Toledo? Señor Toledo.
¡Corran!
No tenga miedo.
Tongo que pensar en todo esto.
Con más detenimiento.
Señor.
Adiós, amigos.
Su espada.
Lleva una vida agotadora.
Debería haber una escala bajo cada ventana.
Por Si acaso.
¿Qué pasa?
Una disputa entre oficiales de la guardia.
Habrá sido un gran dilema.
Había otras razones.
¿Mantiene lo que ha dicho?
Nunca me retracto.
Si no me equivoco, aquel oficial era su padre.
La crónica de sus duelos menciona ese suceso.
Para evitar una disputa se batió en duelo dos veces,
hirió a cinco hombres a mediodía ya seis por la tarde.
Hizo bien, evitó una disputa innecesaria.
Aquí termina la historia.
Querían que les contara mis aventuras.
Espero que no se arrepientan de su curiosidad.
La hora de la despedida...
Lo siento. También tiene su encanto.
Le reclaman asuntos importantes.
Pero Ud. ha dicho...
No creo que le quede mucho tiempo, señor
Alfonso Van Worden, le esperábamos.
- ¿Quién es Ud? - Mi nombre no le dirá nada.
Bienvenido a la casa de los Gomélez.
Reconocerá en mí al ermitaño,
y por ende deducirá que soy el jeque de los Gomélez.
Está aquí porque no nos ha decepcionado.
Soy capitán de la guardia.
Es hora de que conozca nuestro secreto.
El Profeta ha bendecido su amor.
Ambas serán madres
y perpetuarán el linaje de la familia.
Le hemos engañado el tiempo de comprobar
Si su noche en Venta Quemada
colmaría las esperanzas de los Gomélez,
al ser el único heredero varón de la familia.
Todo lo que le ha sucedido estaba planeado
para probar su valor y coraje.
¿Sus hombres eran los demonios y los espíritus?
¿Y el cabalista?
Sí.
Y Pacheco.
Es un acróbata vasco.
Perdió un ojo en un peligroso número.
No me creo que Velázquez fuera también de los suyos.
Sí.
Ese hereje nos causó muchos problemas.
Pero confiábamos en Rebeca.
En el libro encontrará todo lo que le ha pasado.
Quizá consiga darle sentido a todo.
Puede escribir el resto.
Que Alá derrame el rocío de la felicidad sobre su cabeza.
Bésale, Zibelda.
Seré feliz viéndole en tus brazos.
Cada vez que os veo
temo no volver a veros más.
Quizá no nos volvamos a ver.
Pero queremos vivir para siempre en tu memoria.
La hora de la despedida también tiene su encanto.
Pero ahora que lo sé todo,
decidme quiénes sois de verdad.
Cierra los ojos.
Cuando oigas tu nombre, síguenos.
¿Ya?
¿Llegaremos antes que anochezca?
Podemos hacerlo.
Esta vez, podemos.
Desde luego.
- ¿Dónde estabais? - Se han escapado las mulas.
Pongámonos en marcha. ¡Deprisa!
Hay que herrarlo.
Aquí tendrá una habitación agradable y tranquila.
Durante mucho tiempo pensaron que había muerto.
Todos fueron felices al verme.
Sólo el jeque estaba triste
al verme débil y desfallecido.
La cena del señor, rápido.
Dos señoras extranjeras que se alejan en la posada
desean invitarle a cenar.
¿Cómo dices? ¿Dónde?
FIN
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