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EL TRAJE DE BODA
Guion: Abbas Kiarostami,
con la colaboración de Parviz Davai.
Dirigida por: Abbas Kiarostami
¡«Cuartel del ejército»!
¡Abbas Abad!
- ¿Recién llegas? - Ve a servir el té.
Hola.
No estará listo para el jueves.
Las modificaciones y las pruebas llevarán tiempo.
Pero hoy es sábado.
¿Acaso dije lo contrario?
Solo dije que no estará listo.
Tenemos que tener su traje sin falta para el jueves.
- ¿Está Mamad Reza? - Salió.
Pero ¿qué pasa el jueves?
Es la boda de su hermana.
¡Una ocasión feliz!
¡Beba! Se le enfría el té.
Acompáñenos.
- Muchas gracias. - Está en su casa.
Si Alá quiere.
Pero con tan poca ayuda, no tengo tiempo.
Este parece igual al traje que ya tiene.
Lo eligió él.
Si le gusta este, no puedo decir que no.
Tiene que aprender a tomar sus propias decisiones...
a abrirse camino en la vida.
Con el tiempo tendrá que elegir sus estudios, un oficio...
Tendrá que saber elegir a una esposa y qué quiere de la vida...
Para todo eso tendrá que ser independiente. Eso es lo que deseo.
Así educo a mis hijos.
¿Qué modelo quiere?
- ¿Cómo se llama? - Reza.
Señor Reza, elija.
¿Qué estilo te gustaría?
- No lo sé. - ¿No lo sabe?
Hay muchos estilos. Elija el que más le guste.
Muéstreme cuál.
¿Ese?
Me parece un poco exagerado.
¡Tomemos las medidas!
Venga, quítese la chaqueta.
¿Para qué molestarse en tomar medidas si no lo terminará a tiempo?
Se está buscando un montón de problemas para nada.
Ya nos arreglaremos.
Tiene que estar listo el jueves
porque su hermana se casa.
36. ¡Que tengan tantos hijos como grande sea su alegría!
Este es solo el primero.
Estoy deseando que lleguen, uno tras otro.
71. No debería ser demasiado pesado.
Claro que lo es. Debe saberlo bien si tiene hijos.
22. Créame, lo sé.
¿No serían todos más pobres igual si no tuvieran hijos?
Es verdad.
54.
- Hola. - Hola.
44.
39.
82.
65.
24. ¿Está bien así la medida de la cintura?
Un poco más ancha.
Pon 26.
Deje bastante dobladillo en los pantalones.
De acuerdo.
Crece rápido como un tallo de arroz.
Estos niños van a acabar conmigo.
22.
¿Cuándo le hizo la ropa que lleva puesta?
Hace por lo menos un año y ya le queda pequeña.
Debió de ser hace dos años.
Cuesta creerlo.
No. Fue el año pasado.
24. Hace dos años.
Soy yo quien le encarga la ropa. Soy su madre.
- ¿Por qué dice dos años? - Sé lo que digo.
El relleno que usé para su traje... 45...
...pasaron dos años antes de que pudiera encontrar más.
Vuelva a ponerse la chaqueta, hijo.
Encuentre una forma de aprovechar la tela que sobre.
No se preocupe.
Reza Hachemi.
Veamos... mañana es sábado.
Venga a las pruebas el domingo y el martes.
Intentaré terminarlo para el jueves por la tarde.
Pero necesitamos el traje el jueves por la mañana.
¿Quién se casa por la mañana?
Por la mañana vamos a Karaj.
Él tiene que rendir un examen y vuelve por la tarde.
Está bien. Intentaré tenerlo listo.
Muchas gracias.
- ¿No necesita chaleco? - Si alcanza la tela...
No. Apenas alcanza.
- ¿Es buena la tela? - Sí. Sí.
- ¿Cuánto vale? - Vale lo que cuesta.
- Creo que pagó unos 60 tomanes. - 95. Después de mucho regatear.
Es justo.
¡Hossein! ¡Hossein!
Dile que se asome. Tengo que hablarle.
- ¿Qué pasa? - ¿Vienes a almorzar?
Bajo enseguida.
¡Machdi!
¡Mándanos el almuerzo!
Sí. Me apuro.
- Mamad está muy alterado. - ¿Por qué?
Volvió a la carga. Hoy me pidió un traje.
Te he dicho cien veces que no se lo prestes.
Es un matón, te lo hará pedazos.
Si antes se lo presté, fue por culpa tuya.
Yo sí lo necesito de verdad. Él no. Además, lo va a romper.
Dijo que de verdad lo necesitaba.
Es un imbécil. Yo tengo cuidado. Te lo devolveré en buen estado.
Dijo que, a cambio, me enseñará karate.
Estás bromeando. Él no sabe karate.
- Dijo que sí. - Se lo inventó.
Se inventó esa estupidez para asustarte.
¿Por qué habría de asustarme?
Presume contigo de saber karate solo para conseguir el traje.
Además, no lo necesita. Ahí viene.
- Hola. - Hola.
¿Tus amigos te dejan plantado?
- ¿Qué amigos? - ¿Sí, señor?
¿No me preguntas qué me pasó en el ojo?
Hubo una pelea en el club de karate.
- ¿Qué quieres comer? - Una tortilla.
Es mentira. Tú no vas al club a pelear.
Ya verás que no está mintiendo.
Yo lo conozco mejor que tú.
Entonces dime adónde va.
Va a la escuela. Su bolso siempre está lleno de libros.
No. Va a karate.
- ¿Qué hace falta para que abras los ojos? - ¿Qué?
- ¿Tú crees que él va a karate? - Sí.
Lo seguiré después del trabajo.
- ¿Qué días va? - Dice que día por medio.
- ¿Hoy? - No. Mañana.
Mañana quedará todo claro.
- ¿Crees que no va a karate? - No.
Entonces, ¿por qué lo evitas en las escaleras?
Pelear no es lo mío. Si no, ¿me prestarías la ropa?
- No. - ¿Me la volverás a prestar?
¡Y tú me hablas de mis problemas!
La ropa que me prestaste antes volvió entera, ¿verdad?
- Sí. - Entonces está bien. ¿De acuerdo?
De todos modos, no es de tu talla.
- ¿Dices que es de la suya? - Sí. - Pero yo tengo la misma talla.
Tú eres más alto, pero no tan corpulento como él.
Entonces, ¿es un delito no buscar pelea?
¿Me prestarías el traje si yo fuera de los que pelean?
- Nunca dije que te lo prestaría. - Sí lo dijiste.
- Él te pagó. - No. Estás loco.
Y de todos modos, ¿qué quieres?
Aquí mismo tengo tres o cuatro que le di a Mamad.
24 más los 24 de Mihan, son 48.
Son 48.
Más 24 de Chabestarian, 72.
Los 20 que le di a Khadjé Philis y los 3 que tengo aquí, hacen 23.
95, más los 12 de A-bolgassem.
Ahí tienes el total: 107, hoy.
- ¿Trajiste algo de trabajo? - Sí.
- ¿Cuánto? - 48. - ¿No lo trajiste todo contigo?
El resto está abajo. Lo subiré después.
- Gracias. - Nos vemos.
- ¿Quieres que te pague esto? - Claro.
- Aquí está el pago por 48. - Nos vemos.
Somos amigos, ¿no? ¡Por una vez que te pido algo!
- La chaqueta no es de tu talla. - ¿Ah, sí?
Vi al muchacho que vino a la tienda. Tenía exactamente mi talla.
- No te estoy mintiendo. - Déjame probármela y veremos.
¿Sí, señor?
- ¿Está él? - No. Está rezando.
- ¿Cuándo volverá? - En un cuarto de hora.
- ¿Estás arriba, Ali? - Sí.
Ya voy.
¿Por qué no fuiste al club?
Tengo que terminar esto. Iré después. Si voy...
- ...¿me lo prestarás? - ¿Qué?
- El traje. - No es de tu talla.
¿Somos amigos o qué?
Déjame probármelo, solo para ver.
Lo necesito el miércoles o el jueves, una hora por la tarde.
- Tengo que entregarlo el jueves por la mañana. - Entonces, digamos el miércoles.
- Él se enteraría. - Shh. Ahí viene.
- Hola, Hossein. - Hola.
Hola, Ali.
¿Ya terminaste ese traje?
- ¿Tienes vasos vacíos, Hossein? - No.
- ¿Te conté lo de ese idiota? - No.
- Debí habértelo contado. - Empezaste en la cafetería.
Esta es la continuación: cuando fui al club,
él me insultó y yo le di una patada en el trasero.
Volvió y me dio un puñetazo en el ojo, justo aquí.
Y luego uno de sus amigos me dio un golpe... que me dejó sin aire.
Yo le di un empujón y terminamos rodando por la basura.
- ¿Justo afuera del club? - Sí, en la calle de atrás.
El tipo cayó y los demás me siguieron.
Cuando vieron que lo había tumbado, me siguieron al callejón detrás del club.
Había dos enormes contenedores...
Los volqué encima de los tipos que venían detrás de mí.
Cuando los demás lo vieron, se enfurecieron todavía más
y empezaron a perseguirme otra vez.
Me encontré con uno de los amigos más cercanos del club.
Le dije: «¿Cómo estás, Hossein?»
Le pedí prestados 25 céntimos y me subí a un taxi.
Necesito pedirle 25 céntimos a Ali para devolvérselos.
- Yo no tengo dinero. - Te lo devuelvo el viernes.
- Te lo daría si lo tuviera. - ¿Y tú, Hossein?
¿Y mis 5 tomanes? Siempre tienes una historia nueva para sacarme algo.
Ve y pregúntale a quien quieras en el club.
- ¿No quieres prestármelos? - No.
Entonces, ¿para qué somos amigos?
25 céntimos no son nada. ¿Alguna vez me he negado?
- Vamos, dámelos. - No los tengo. Ya te lo dije.
- ¿No los tienes? - No. - ¿No? - No.
- ¿No tienes nada? - No. - No... Ali es testigo.
5 tomanes por mirar en tus bolsillos.
Si tuvieras 5 tomanes podrías devolverle 25 céntimos al tipo.
Solo digo que apuesto a que tienes monedas en los bolsillos.
Sí, pero tengo que guardarlas para comprar pan.
Había dicho que no tenía nada.
Yo solo sé que te los habrías jugado. Es por tu propio bien.
Te lo juro, Ali, siempre dice eso. ¿Es por mi propio bien?
- Vamos, préstame 25 céntimos. - Si hubieras sido sincero,
te los habría prestado.
¡Entonces está decidido! ¿Me los prestas si te digo la verdad?
No he comido, siento que voy a desmayarme.
Ali, ¿tú le crees?
¿No sabemos que comes en casa de tu jefe y luego vienes a mendigarnos a nosotros?
Le dio mi almuerzo a otra persona
y me dijo que tendría que comprarme algo para comer.
- ¿Entiendes? - Sí.
- Necesito estar fuerte para el club. - ¿Y para qué vas?
Métete en tus asuntos.
Tu hermano trabaja como un esclavo día y noche para ganar dinero,
creyendo que vas a la escuela y no al club.
Eso no es asunto tuyo.
Yo era aplicado y, cada vez que pasaba cerca del gimnasio, me pegaban.
- Tú siempre piensas en pelear. - Piensa lo que quieras.
Sigue yendo a la escuela. Pero cuando tengas tu diploma,
cuando intentes irte a Estados Unidos con tu novia,
y algún blandengue te diga que no puedes,
entonces acabarás con la nariz sangrando.
Y te dirás: «Mamad tenía razón».
Nadie está obligado a pelear si no quiere.
¿Acaso a la gente solo le pasan cosas buenas?
Siempre puedes sacar algo de eso. No te lo digo como amigo.
- ¿Tú eres mi amigo? - Sí. - ¿De verdad? - Claro.
Dame los 25 céntimos, Ali es testigo.
- No es cuestión de dinero. - Entonces dámelos, ¡tacaño!
- ¿Me los devolverás? - Sí. - ¿Cuándo?
El jueves. A fin de semana.
Lo haré por Ali.
- Nos vemos. - Nos vemos.
- Entonces, ¿me lo prestas? - ¿Qué?
El traje.
- Él se enterará. - No. Yo me encargo.
No te quedará bien.
Lo llevaré desabrochado. Te lo devolveré sin una sola arruga.
Bueno, ya veremos. Si mi jefe se va temprano...
¿A qué hora se va?
- A las siete y media. - Entonces vendré a esa hora.
- ¡Ali! ¡Ali! - ¿Qué pasa?
Un cliente. Vino a una prueba.
¿Estará listo para el jueves por la mañana?
Venga el...
miércoles por la tarde.
- ¿Hasta qué hora está abierto? - Hasta la hora de cenar.
Dudo que pueda venir.
Si su padre llega temprano a casa, intentaré venir a buscarlo.
Si no, tendré que venir el jueves por la mañana.
- No hay problema, venga el jueves. - Muchas gracias.
¿Qué aspecto tiene Mamad?
No sé. Más o menos así de alto, pelo oscuro.
Así no puedo saberlo. Ve a mirar otra vez.
El cuerpo debe mantenerse a 45 grados respecto del brazo...
¿Cómo estás? ¿Qué haces aquí?
- ¿Y tú? ¿Qué haces aquí? - ¿Yo? Estuve en el club.
- ¿Y por qué no te vi? - Estaba en el vestuario.
- No te vi. - Estaba en el vestuario.
- ¿Vas a casa? - Sí.
- Llévame. - Tengo que devolver la moto.
- Llévame. Te queda de camino. - ¡Qué pesado eres!
¿Qué hacías allí?
Quería inscribirme en karate.
Al primer golpe te parten en dos.
- ¿Crees que soy más débil que tú? - Una patada y acabas de espaldas en el suelo.
Por eso quiero inscribirme en karate.
- ¿Tienes dinero, al menos? - Claro.
¡Volvamos, vamos a inscribirte!
Solo quería pedir información.
Primero tienes que pedirle permiso a tu padre.
¿Qué quieres decir?
La última vez te regañó.
¿El problema es mi padre o tu hermano?
Mi hermano me pega, pero tú eres más débil que yo.
- ¿Cómo que soy más débil? - En todo.
Primero tienes que inscribirte y luego necesitas 90 tomanes.
Tienes que ir a clases de karate tres veces por semana
y tú vas tres días a la escuela.
Tu jefe no te dejará ir.
No me importa. Encontraré una solución.
Tengo una idea mejor.
Conozco a alguien que enseña karate. Solo cobra 30 tomanes al mes.
Te dará clases durante el almuerzo, cerca del trabajo.
- ¿Y quién es? - ¿Hay alguien mejor que yo?
Tú también necesitas un profesor.
- ¿Yo necesito un profesor? - Sí.
¿Cuánto tiempo llevas yendo a la escuela de karate?
Llevo once meses yendo al club, ¿entiendes?
El primer día el maestro apenas me tocó y me hizo volar por la sala.
Después tenía moretones por todas partes.
Ni siquiera podía ponerme la chaqueta.
Se me caían las bandejas con el té que tenía que servir.
Eres trabajador como yo y tienes mucho trabajo.
Así que, si quieres, podría enseñarte lo básico.
Después de practicar un poco, puedes inscribirte en el club con una condición.
¿Cuál?
Arregla las cosas con Ali
para que yo pueda quedarme con el traje del muchacho.
Hazlo por mí, lo necesito.
Ni siquiera me lo prestará a mí.
¿Ya olvidaste el traje que pediste prestado el año pasado?
No habrá ninguna pelea. Te juro que lo devolveré intacto.
No creo en tus promesas.
- Entonces, ¿no te interesa el karate? - Sí me interesa.
Entonces consígueme ese traje.
No se lo prestará a nadie. Ni siquiera a mí.
El año pasado lo devolviste con un bolsillo roto.
Ali tuvo que hacer malabares para que el jefe no se diera cuenta.
- ¿Y si él acepta? - Ya veremos.
- Detente aquí. - Espera. - ¡Detente aquí!
- Tendrás que caminar un poco de vuelta. - No. Me duelen los pies.
- Nos vemos. - Nos vemos.
Me voy.
- ¿Qué hora es? - Las siete y media.
Hossein.
- ¿Qué haces aquí? - ¿Y tú?
¿Qué haces con ese traje? ¡Era para mí!
¡Dámelo o ya verás!
Soy leal y cambié de opinión.
No me importa. ¿Y yo no soy leal?
- ¿Para qué lo necesitas? - ¡Eso no importa!
¡Dámelo o te pego!
- No depende de mí. - ¿Y cómo lo arreglaste con él?
Ali me lo prestó a mí y tengo que devolvérselo.
Te lo daré para que se lo devuelvas tú mismo.
- ¡Qué nenaza! - Cállate.
- Voy a llamarlo. - Te lo devuelvo en 30 minutos.
Yo te lo presto y tú se lo devuelves.
- Bueno, ¿qué esperas? - Eres agotador.
- ¡Qué nenaza! - ¡Cállate!
- ¿Por qué esa chica nos mira? - ¿Y eso qué significa?
Significa lo que parece.
¿Y para ti qué significa?
Ya te mostraré, no te preocupes. Se puede romper una nariz de un solo golpe.
Ya verás. Pero quítate la chaqueta, para que no se manche de sangre.
Pero... aquí...
¡Deja de hablar y quítatela!
- No puedo hacerlo aquí. - Apúrate y quítatela.
- No puedo hacerlo aquí. - ¡Dámela, rápido!
Alguien podría reconocernos.
- A quién le importa. - Te la presto,
pero me da vergüenza que nos cambiemos aquí.
¡Se suponía que ibas a conseguir este traje para mí!
¿Y cuándo dije yo eso?
- ¡Préstamelo o me las pagarás! - Nunca prometí prestártelo.
Estaba dispuesto a enseñarte karate y voy a hacerlo ahora mismo.
- ¿Entendido? En fin, pásame la chaqueta. - Aquí no.
Será mejor que te la quites si quieres aprender karate.
- Pero aquí no... - ¡No seas insolente! ¡Ahora me ofendes!
- La gente de por aquí nos conoce. - ¡A quién le importa la gente!
¡Tanto escándalo por quitarse una chaqueta!
- Quítatela. - Aquí no podemos.
¡Basta de discutir! Quítatelo todo. Los pantalones.
- No está bien. - A quién le importa. Quítatelo todo.
Quítatelo todo.
Ya tengo la chaqueta, ahora necesito los pantalones. ¡Quítatelos!
No seas insolente.
Y encima te haces el pudoroso. ¡Hazlo ya!
Al menos podríamos ir a hacerlo a la tienda de Ali.
¿Qué tengo yo que ver con Ali?
Sí. Tú no tienes nada que ver con él.
Eso. ¡Mira!
¡No los ensucies con los zapatos!
- Esto es para hacerlo más resistente, ¿no? - ¡Exacto!
¡Qué sastre es el señor Hassan!
Más te vale no llorar, te lo advierto.
¡Ya basta!
- Bueno, nos vemos. Me voy. - ¿Adónde vas? ¡Espera!
Suéltame, ¡vas a romper la chaqueta!
Tengo mi dinero en el bolsillo.
¿Qué dinero? ¿En este bolsillo?
- No lo tocaré. Lo prometo. - ¡Dámelo!
Te dije que te lo devolveré.
Pero lo necesito.
¡Deja de preocuparte! ¡Te lo devolveré, ya te lo dije!
No es verdad. ¡Lo sé!
¿Ali? ¿Ali?
- ¿Qué pasa? - Abre. Soy yo. ¡Hossein!
- ¿Qué pasa? - Mamad se llevó el traje.
- ¿Dónde crees que está? - Quizá por la casa de Reza.
Gracias. Saludos, señoras y señores.
Discúlpenme por no haberlos saludado al principio.
No vayan a pensar que intento hacerme pasar por extranjero.
¡Soy iraní y estoy orgulloso de serlo!
¡Gracias!
Para seguir divirtiéndolos,
vamos a invitar a un niño del público.
Necesitamos a un muchachito que suba al escenario.
¡Muy bien! ¡Bienvenido! ¿Todo bien?
¿Cómo te llamas?
¿Mamad?
¿Cuántos años tienes, Mamad?
¡15 años! Pero yo pedí un niño.
¡Ya eres lo bastante grande como para ser abuelo!
Llamemos a un niño más pequeño.
¿Hay algún niño dispuesto a subir al escenario?
Sí. Ven.
No. Tú no te vayas.
Quédate. ¡Te necesitaremos! El espectáculo recién comienza.
Preséntate.
Babak Kazemi.
Les presento al señor Babak Kazemi.
Espera. ¿Buscas algo?
¿Cuántos años tienes?
- Uno. - ¿Solo uno?
¡Buen chico!
- ¿Has visto alguna vez una gallina? - Sí.
¿Qué dice la gallina cuando pone huevos?
Dice: «cloc, cloc».
Dice: «cloc, cloc». Pero no es tan sencillo.
¿Verdad, señor? ¿Qué dice la gallina cuando pone huevos?
¡Muy bien! ¡Ha puesto al menos cuatro huevos!
Babak Kazemi.
Señor Kazemi, ¿cuál es tu mano derecha?
¡Muy bien! Exactamente.
Esta. Esta es la mano derecha y esta es la izquierda.
Aquí, este es el depósito de agua.
Este es el grifo y esta es la bomba.
Pon tu mano derecha sobre la oreja.
Muy bien. Y aquí hay un poco de agua para el depósito.
Échame un poco de agua.
¿No tienes sed?
¡Esta agua está hirviendo!
Voy a bombear para ver si queda agua en el depósito.
Y bombeamos. A ver, déjame. Bombeamos...
¡Nos olvidamos de abrir el grifo!
Este es el depósito, así que la válvula debería estar aquí.
Dejemos salir toda el agua.
Eso es.
¿Te sientes aliviado?
Gracias. Puedes volver a tu asiento.
Tú no. Siéntate.
¿Cómo dijiste que te llamabas?
¿Eres estudiante?
¿Qué más haces?
Aprendiz de camarero.
Quiero hacer un juego contigo.
Sí que hace calor aquí. Abramos tu camisa para que te relajes.
Eso es. Déjala así. Gracias.
¡Glu, glu, glu!
Sería una pena desperdiciarla,
habría que aprovecharla bien,
así que permíteme dejarla aquí.
- Tiene las luces apagadas. - Quizá esté en la tienda.
- ¿Qué hacen aquí? - Buscamos a Reza.
- Estamos cerrados. - Reza, el camisero.
- Estamos cerrados. - ¿Pero está aquí?
Estamos cerrados. ¡Lárguense!
- Buenos días, Machdi Esmal. - Buenos días.
¿Cómo estás? Ven a tomar un té.
- ¿Mamad no está aquí? - No.
- ¿Estuvo ayer? - Sí.
- ¿A qué hora se fue? - Como a las seis, creo.
¡Quédate, por favor!
Gracias, está bien.
- ¡Mamad! - ¿Sí?
Ven aquí.
- Hola. - ¿Dónde estuviste anoche?
- En casa de Reza. - ¡Yo te enseñaré a ir a casa de Reza!
¿Quieres convertirte en ladrón, o qué?
¡Detente!
¡Déjalo!
¡Lo voy a matar!
¿Es que no tienes padres? ¿Quieres convertirte en ladrón?
¡Sinvergüenza!
¡No hizo nada para merecer esto!
¡Por Alá, este muchacho va a acabar conmigo!
¡Me va a volver loco!
No es la primera vez. ¡Nunca deja de hacerlo!
¡Vamos! ¡Te lo suplico!
Te digo que me va a volver loco.
Yo me deshago de preocupación y él se esconde en casa de Reza.
Cálmate. No es nada. Perdónalo.
Yo no valgo gran cosa, pero en cuanto pude, ¡empecé a trabajar!
A su edad, te lo juro, ¡mantenía a tres personas!
Él ni siquiera puede mantenerse a sí mismo.
Tengo que comprarle los libros y quién sabe qué más.
No se escapó, ya lo sabes. Y además es tu hermano.
Sí, claro.
No es nada, perdónalo.
- Eres un buen hombre. - Sí, claro.
Aquí gana algo de dinero. Conmigo vive de gorra
y con su cuñada también. ¿Sabes lo que hizo?
¡Tiene un traje nuevo! ¿Y yo? ¿Qué?
Hace años que no estreno una camisa.
Los tiempos han cambiado, amigo mío.
Hoy a la gente se la juzga por cómo viste.
Son jóvenes, quieren vestirse bien.
Nada que objetar. Nosotros también fuimos jóvenes.
Pero los tiempos han cambiado.
¿Y qué sería de nosotros si los jóvenes no llevaran trajes?
Pero él... Ni siquiera es capaz de mantener limpio su traje.
Son jóvenes. Se rompen la ropa peleando.
No como nosotros. Yo llevé el mismo traje durante nueve años.
¿Qué iba a usar si no? ¿Algún trabajo de Machdi, quizá?
Si lo hubieras cosido tú, habría preferido no ponerme nada.
Los trajes de Machdi Esmal están en el mercado de pulgas.
Tú todavía ni eras sastre
cuando yo cosía trajes por 12 tomanes.
En esa época todos los trajes venían de Beirut.
Un traje costaba 8 tomanes.
En esa época yo hacía trajes por 12 tomanes.
¿Te lo imaginas?
Dime, ¿quién llevaba esos trajes de 12 tomanes?
Yo mismo. ¿Quién creías?
¡12 tomanes desperdiciados!
¡Pregunta por ahí si no es verdad!
Nunca me viste cuando era joven.
¡Tenía un montón de historias!
¡Tendrías que haberme visto a mí!
Había una muchacha siria
que venía a verme a menudo.
Llena de ilusiones.
Era realmente algo especial.
Nos conocíamos desde jóvenes.
Yo le pregunté: «¿Adónde vas?»
Ella respondió: «Me han invitado a ir a China».
Aquella mujer tenía cinco o seis hijas.
¡Hermosas como el sol! Dulces como duraznos.
Todas estaban enamoradas de mí.
Y yo estaba enamorado de ellas.
Había una,
realmente encantadora,
luminosa como la luna,
grácil como un cisne.
«¡Tu amor terminará matándome!
»¿Por qué me torturas con tanta crueldad?»
Machdi Esmal está perdido en los recuerdos de su juventud.
- Le invito un té. - No vinimos a beber.
Tenemos prisa, él tiene que rendir un examen.
Pruébale la chaqueta.
Póngase la chaqueta, hijo.
¿No está un poco ancho el cuello?
Para nada, es la talla correcta. Un muchacho crece muy rápido.
Pruébale también los pantalones.
- No hace falta. Envuélvalos. - Muy bien. Envuélvelo.
Pronto será el turno de Reza.
Pronto él llevará el traje para su boda.
Eso esperamos. ¡Que Alá bendiga la felicidad de todos los jóvenes!
Que puedan cumplir todos sus sueños.
Adiós.
Adiós.
Disculpe, ¿puedo echarle un vistazo a los pantalones?
Le dije que podía probárselos.
Quería ver el dobladillo de abajo.
Dejé un dobladillo de cuatro centímetros. Suficiente para al menos cuatro arreglos.
- Muchas gracias. - Adiós.
Toma.
Producido por el Instituto para el Desarrollo Intelectual
de Niños y Adolescentes. 1976.
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