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¡Gracias!
En el primer capítulo del Génesis, también está escrito que el hombre ha
sido creado por Dios.
Dios creó al hombre según su imagen.
Según la imagen de Dios los creó. Los creó hombre y mujer.
Así sobre todo en el libro del
Eclesiástico, en el libro de Job y en el libro de la Sabiduría.
En el segundo capítulo del Génesis, se nos describe detalladamente...
cómo Dios moldeó al hombre del barro de la tierra y cómo formó la mujer de una
costilla de Adán.
Contra la verdad de la creación del hombre por Dios, los evolucionistas
modernos, cuyo principal teórico fue Darwin, afirman, como hecho
científicamente demostrado, que todo el hombre, cuerpo y alma, es un producto de
la evolución natural del cosmos.
Dios no ha intervenido para nada. El hombre es sólo un animal más perfecto
que el mono.
Es evidente que tal doctrina es contraria a la doctrina católica.
El alma que es espiritual no puede derivar de un principio material como
sería la naturaleza inerte, orgánica, según unas leyes de evolución
progresiva. La materia no puede producir el espíritu. ¿Qué decir en cuanto al
cuerpo? No
es
dogma de fe que el cuerpo del hombre fuese modelado directamente por Dios con
el barro de la tierra.
En cuanto al cuerpo de Eva, tampoco se ha definido nada.
Vamos,
Sandra, continúa.
El relato del Génesis, en cuanto a estos hechos,
puede considerarse como...
como...
Que el hombre y el mono son una invención poética.
¿Qué pasa?
¿Qué digo?
Está como un tren.
Hija, no creo que sea para tantos.
Madre, es que como a usted no le gustan los hombres... Sandra.
Entra.
¿Cómo estás?
He tenido un mal día, pero ya se está pasando.
¿Has llamado a Enrique?
¿Para qué? Es la jaqueca de siempre.
Sandra.
¿Sabes quién ha llamado hoy?
Fernando. Casi no me acuerdo de él. Creo que me daba miedo. Miedo.
No lo sé.
¿Recuerdas? Cuando eras pequeñita nos pasábamos las horas así.
Y tú me tarareabas una canción hasta que me quedaba dormida.
Tu padre se asomaba a la puerta y yo le hacía un gesto para que no te
despertara.
De pequeña nunca recuerdo a papá jugando conmigo.
Lo veo siempre a tu lado.
Es extraño.
A veces tengo la impresión de que hace mucho más tiempo que murió.
Ah, sí.
Buenas noches.
Tú eres Sandra.
La última vez que te vi eras pequeña y regordeta.
Hasta creo que tenías pecas en la nariz.
Bueno, puedo pasar.
Tú, tú eres Fernando, ¿verdad?
¿Te acordabas de mí?
No, bueno, sí, pero te recordaba alto, muy alto.
¿Muy alto?
Siento haberte decepcionado.
En cambio tú, estás hecha una mujer.
No has cambiado. ¿Cómo estás?
Tú tampoco, tú sí.
Tú sí que has cambiado.
Estás más guapa que nunca.
Me voy a poner colorada.
¿Ya te has puesto, mamá?
Porque no soy tan fresca como tú.
Es verdad, tengo la madre más guapa del mundo.
Hola.
¿Qué tal?
Hola, ¿cómo estás? Muy bien, muy bien.
A ti no te pregunto porque no hace falta.
¿Vienes a quedarte?
No sé, quiero tranquilidad, mucho campo, algo de caza.
Dedicarme a mis cosas.
¿Cuánto le hubiera gustado a tu padre oírte hablar así?
¿Nos vamos?
He reservado mesa y se hace tarde.
Cuando queráis.
¿Tú no vienes?
No. Tengo que estudiar y levantarme temprano.
¡Qué asco de vida!
¡Joda, Cori! ¡Joda, Cori!
¡Así, así!
Desde luego.
Tienes que ser sincero.
Lo prometo.
Cuando estabas por ahí, ¿qué pensabas de nosotros?
¿Qué haces despierta a estas horas?
No podía dormir.
A lo mejor es que no me acostumbro a quedarme sola.
¿Te has pasado bien?
Sí, Fernando es muy divertido. ¿Te ha traído a casa?
Sí.
¿No ha estado Enrique con vosotros?
Le llamaron con urgencia y tuvo que irse.
Me alegra verte contenta.
Es porque te tengo a ti.
Y ahora vete a la cama porque mañana tienes que madrugar.
Me quedaría hablando y hablando contigo toda la noche.
Pues ahora no.
Es muy tarde y estoy cansada. Buenas noches.
Sandra,
duerme tranquila. Ya estoy en casa.
Me salgo. Sandra, cógela por las piernas.
Quédate.
Tengo frío.
Mira, te dejas flotar y yo te sujeto. No, he tragado agua. No seas tonta, que
no te hago nada.
No. Haz lo que digo.
Que no te hundes. Yo te sujeto.
Con tanto miedo no sabrá nadar nunca.
¿Tienes sueño?
Me gustaría quedarme dormida, aunque no podría dormir.
Bueno, también me gustaría correr o bailar.
¿Te gustaría hacer todo eso? Sí. ¿Y qué más?
Y viajar.
Y más cosas que no entiendo.
¿Qué cosas? No lo sé.
Te llamaré mañana, ¿de acuerdo?
De acuerdo.
La comida ya está. ¿Por qué no te quedas? No puedo, tengo que hacer
algunas visitas. Como quieras. Adiós. Adiós.
Adiós. Adiós.
No comprendo cómo un médico con tantas posibilidades se ha quedado aquí.
No es ambicioso.
¿Seguro?
¿No crees que se haya quedado por eso?
Que tú le gustes me parece normal.
Que te lo dé a entender es una torpeza. ¿Por qué?
¿Desde cuándo a una mujer le interesa lo fácil?
Eres odiosa.
¿Qué te parece, Fernando?
Le encuentro un poco raro. ¿Raro?
Debe de ser muy difícil saber lo que piensa.
Se puede amar siempre a una misma persona hasta el final.
Sí, si es una persona y no un recuerdo.
Lo de Antonio fue tan absurdo.
La muerte siempre lo es.
Pero si la necesitamos, puede tener un rostro amable.
Hay que estar muy desesperado para pensar en el suicidio.
También se puede elegir la vida y esperar un golpe de suerte, como aquello
tú.
No me gusta que hables así de la muerte de tu padre.
Los dos nos necesitamos.
Sé lo que quiero y no me conformaría con menos.
Podemos probar. Han pasado muchas cosas.
Olvidémoslas.
¿Se puede querer dos veces igual?
Cada vez es distinto.
No quiero que sea distinto.
Lo será.
Pero tenemos que intentarlo.
A mí esto de la filosofía idealista me parece chino.
A ti menos la religión, todo te parece chino.
¿Terminas? Espera un momento y estarás lista para enamorar a Fernando.
Menudo partido, con la fama que tiene. La gente habla mucho.
Lo de la catedral es verdad.
¿La catedral?
Una noche se coló con un grupo de amigos en la iglesia.
Estaban borrachos y les dio por tocar todas las campanas. Se armó un revuelo
tremendo y por eso le echaron de la ciudad.
No fue así. Estaba con una mujer casada y los pilló el marido.
¿Parezco mayor?
Te falta pecho.
¿Y qué pasó?
El gobernador era amigo de su padre y le aconsejó que Fernando estuviera una
temporada lejos. No me digas que tú no sabías nada.
En casa no se hablaba de Fernando.
Su padre era un intransigente. Vivía en el siglo pasado.
Se llevaban fatal y terminó desheredándole. Por eso no vino al
entierro. Y luego se encontró con la sorpresa de que el viejo había cambiado
de parecer y se lo dejaba todo.
No vino porque no le localizaron. No te muevas.
¿De qué vivía? Del cuento. Era el playboy clásico.
Siempre con modelos, con actrices.
Por un tipo así yo también daría un escándalo.
¿Qué tal?
Esperad un momento.
Pareces una señora que no hubiese crecido.
¿Qué sabrás tú? Así es como le gustan los hombres.
Parezco una fulana.
¿Sabes que Fernando fue novio de la madre de Sandra?
Las cosas que inventas.
Le dejó ella. Estaba harta de sus locuras. No es posible.
Ella era mayor que Fernando.
¿Y qué tiene que ver?
Pareces mayor.
Estás muy guapa.
¿Bailamos?
Yo haré de Fernando.
¡Hacéis una pareja horrible!
Como verás, no ha cambiado nada.
Nosotros sí.
Nosotros hemos cambiado.
Por ejemplo, tú.
Cuando veníamos aquí eras delgaducha.
Desgarbada, con unas piernas muy largas. Siempre huyendo de mí.
Porque eras muy absorbente.
Estaba enamorado de ti. Eras muy peligrosa.
Era tímido e inocente.
Pobrecito.
¿Te acuerdas? De pequeño subíamos ahí a dormir la siesta.
Y nunca dormíamos.
¿Podemos subir?
¿Para qué?
¿Para qué subíamos entonces?
Es distinto.
Éramos dos chiquillos.
Un día estábamos arriba y... Y yo salí corriendo asustada.
¿Qué harías ahora?
Salir corriendo, comentó.
He soñado muchas veces con este momento y este lugar.
¿Cómo estás?
Es como si todo empezara de nuevo.
Estás cambiando.
¿Va a la mejor?
Siempre fuiste como un niño grande.
Era como si al morir tu madre te hubieras negado a seguir creciendo.
¿Y ahora?
Ahora pareces a punto de crecer definitivamente.
De convertirte por fin en una dulce.
Voy a arreglarme. ¿Me esperas?
¿Cuánto? ¿Una hora, dos, tres?
Eso dependerá de lo que me intereses.
Uf, entonces me lo tomaré con calma.
¿Sí?
Fernando.
Fernando.
¿Qué haces aquí?
Quiero decirte que para mí nada ha cambiado. Para mí sí, ya no te necesito.
Te lo dije.
Nunca te mentí sobre nosotros.
Lo siento.
Estoy en el hotel, Pallas.
Virginia, no me esperes, no iré.
No me has contestado. ¿Qué haces aquí?
He hablado con ella.
Adelante. Ella... No sé cómo explicarte, pero ella... No es preciso.
No sé qué te habrá contado, pero yo tengo que decirte que... Déjalo, todo
seguirá igual.
¿De verdad?
Al fin y al cabo no ha pasado nada.
Me alegro de que hables así.
Me gustaría quedarme sola.
Lo entiendo.
¿Cuándo nos vemos?
Ya nos veremos.
¿Qué quieres decir?
Nada.
¿Qué insinúas?
No insinúo nada. Por favor, márchate.
De acuerdo.
Te llamaré.
No lo hagas.
¿Por qué?
Escucha, Fernando.
El juego ha terminado. No te entiendo.
Mejor así.
¿Qué estás diciendo?
No quiero verte.
Creo que merezco una explicación. No quiero hablar.
Me siento demasiado ridícula. ¿Por qué? ¿Por esa mujer?
Antes tenía miedo. Ahora siento asco.
Esa mujer no significa nada para mí.
Créeme.
Hablando y hablando del amor como una colegiala estúpida. Y ha tenido que
venir esa pobre desgraciada para abrirme los ojos.
Alejandro, te quiero. ¿Tú qué sabes de eso? Solo entiendes de una cosa. Es tu
oficio. Y lo conoces muy bien.
Alejandra, por favor.
Te imagino con esa mujer que podría ser tu madre y siento ganas de vomitar. Por
favor.
Necesito un hombre. Alejandra, por favor.
Un tipo como tú. No soy como esa mujer.
Conmigo harías mal negocio. No estoy acostumbrada a pagar.
Nos hemos visto poco últimamente.
He tenido mucho trabajo.
Se ha puesto toda la ciudad enferma de repente.
¿Quieres decirme algo, verdad?
¿No serás tú la que tiene que decírmelo?
Con toda sinceridad.
¿Te gusta Fernando?
¿Crees que es el tipo de hombre que me interesa?
No.
¿Entonces? ¿Seguro?
¿Te preocupa Fernando?
Sabía que te darías cuenta a tiempo.
¿Y si no hubiera sido así? Te hubiera puesto al corriente de algunas cosas que
conozco. También yo las sé.
¿Tranquilo?
No soy hombre al que se le noten sus emociones.
Es tu virtud.
O mi defecto.
Lo necesitas.
¿Y yo?
¿Por qué esperar más para que salga?
Me conoces bien.
Cuando llegue ese momento te daré cuenta.
¿Nunca fumas?
Alguna vez, pero no me gusta. Toso.
Qué tranquila parece desde aquí.
Lo es.
Acostumbrado a la vida que llevabas, no te aburres ahora.
¿Qué vida?
Si hubieras hecho todo lo que cuentan, tendrías 80 años.
Bueno, ¿y tú qué crees?
Pues que algo se has debido hacer.
¿Y qué opinas?
Que no me gusta la gente aburrida.
¡Acelera!
¿No quieres preguntarme nada?
No será por falta de ganas.
¿Por qué crees que te he llamado?
Me imagino... ¿Qué?
Pues no me imagino nada.
¿Sorprendida?
Todavía no sé si estoy soñando.
¿Cuántos años tienes?
Diecisiete, aunque no lo parezca con el uniforme. Le tengo una manía.
Te sienta bien.
Al menos a mí me gusta.
¿Qué harás cuando acabes en el colegio?
No lo sé.
No me gusta estudiar.
Un buen día conocerás a un chico y te casarás con él.
Los chicos de mi edad me aburren.
Me ha costado mucho decidirme.
Pensé hacerlo desde el primer día que te vi.
Ahora estoy contento.
Eres como imaginaba.
¿Quieres prometerme una cosa?
Sí. No cuentes a nadie que salimos juntos.
Eres muy joven y tu madre por ahora no lo entendería.
¿Sabes cuál es el tema favorito de mis compañeras?
Tú.
¿Hablas de nosotros?
No, pero desde que ha regresado todas andan revueltas.
¿Por qué?
Dicen que eres el hombre más guapo del mundo.
¿Y tú qué crees? Que no estás mal, pero tampoco eres Steve McQueen.
Vaya, qué disgusto.
Quieta, quieta.
¿Cómo estás?
Bien.
Hace varios días que quiero decirte algo, pero no me atrevo.
Me parece que lo que hacemos no está nada bien.
¿Por qué?
Pues por ti.
Y por mí. ¿No has pensado que puedo enamorarme? Déjame hablar.
Creo que no debemos salir más. Nos veremos de vez en cuando.
¿Estás enfadada?
Triste.
¿Por qué?
No confías en mí.
No es eso.
Entiéndeme.
Verás, yo no soy...
No soy de los que saben parar.
Yo quiero seguir viéndote.
¿No tienes miedo?
Debo parecerte una estúpida.
Olvida lo que he dicho.
¿De verdad?
Nos seguiremos viendo.
Pase lo que pase hasta el final.
Sin ningún reproche.
Tú eras el más peligroso de mis clientes. Las chicas terminaban
enamorándose de ti.
¿Y ahora qué haces?
Nada, cuido mis palomas.
Cogiste la mejor época y ahora vives de las rentas.
Si hoy tengo dinero es porque he trabajado toda la vida.
Si se te presentara la ocasión, ¿qué harías?
Si quieres que sea franca, le tengo afición al trabajo.
Y además me aburro.
No me digas que no viene nadie por aquí.
Te gustaba solo, sin agua y sin hielo.
¡Qué memoria!
Pero no me has contestado.
Ya.
¿Quieres que te eche una mano?
Los amigos son los amigos.
La verdad es que te conozco y me das miedo. No sabes parar a tiempo.
Marilu, lo único que necesito es tu casa.
¿Y quién es?
Empiezas a interesarte.
¿Casada?
¿Beuda?
¿Dispuesta?
Nada de escándalos. Y necesito que me avises con tiempo.
Por nuestra vieja amistad.
¡Qué sorpresa! Hola.
Buenas tardes.
Sandra Marilú. ¿Qué tal?
Adelante.
Me habéis pillado de milagro.
Bienvenidos a la Casa de las Palomas.
Marilú es una vieja.
Hace mucho que nos conocemos.
Para mí es como una segunda madre.
Estoy muy contenta de que Fernando haya venido a verme después de tantos años.
Fernando me ha hablado mucho de usted.
Si supieses lo travieso que era.
Organizaba cada fiesta.
¿Dónde? ¿Aquí?
Veníamos toda la pandilla de amigos y amigas. A Marilú siempre le ha gustado
rodearse de gente joven.
Tu cara no me resulta desconocida.
¿Cómo se llama tu madre?
Alejandra Rubio. ¿La conoce?
Naturalmente. Hace mucho tiempo que no la veo. ¿Sigue tan guapa?
Sí, es muy guapa.
Tú también, y mucho.
Eres muy joven.
¡Qué va!
Es una mujercita.
Debe de serlo para verte enamorado.
No sé qué ofreceros a estas horas.
Por nosotros no se moleste.
No es ninguna molestia.
Enseguida os preparo algo.
Fernando, ¿me echas una mano?
¿Estás loco?
Si llego a saber quién es, no estaríais aquí.
Te vas a echar atrás ahora.
Además es menor.
Demasiado riesgo.
Tienes miedo, ¿eh?
Si fuera una mujer comprometida, lo entendería.
Pero esta chica puedes llevarla a tu casa o a cualquier parte.
Parece como si no me conocieras.
Sigues teniendo 18 años.
Esta casa es especial.
¿Te acuerdas de la palmeña?
Estuve con ella un año.
Aquí era siempre distinto.
Sandra se parece mucho a la palmeña.
Tontería.
Te recordará a su madre.
Ni hablar.
Os tomáis la copa y os la habláis.
Marilu, no te arrepentirás. Ya sabes que soy generoso.
Nunca sentarás la cabeza.
Whisky para mí. Y para ti, Marilu ha preparado algo especial.
¿Usted no toma nada?
Tú téame, hija. Tengo que salir, pero vuelvo enseguida. ¿Podemos venir otro
día? Qué bobada.
Estáis en vuestra casa.
Tiene usted una casa muy bonita, antigua pero bonita.
Fernando lo conoce muy bien y él te la enseñará.
Es de fiar.
Voy a dar de comer a las palomas y vuelvo enseguida, ¿eh?
¿No te gusta?
Es muy fuerte. Si bebo más me puedo marear.
Vamos a husmear por la casa.
Bailamos.
Se puede saber en qué piensas.
Llevas una temporada que no te enteras de nada.
Madre, ¿no ha ido usted a hablar de la primavera?
Has tardado mucho.
¡No, las cosquillas no valen!
¡No!
¡Ven aquí!
Hola.
Al pasar he visto a Sandra.
¿Cómo estás?
Bien.
Hace mucho tiempo que no nos vemos.
Es cierto.
¿Qué es de tu vida?
Crezco.
¿Qué tal ese colegio?
Acabando.
Me pruebo este.
Se está convirtiendo en una mujer.
Es tu vivo retrato.
¿Tú crees?
Antes la veía como una chiquilla. A lo mejor era para no reconocer que nos
hacemos mayores.
Me están dando ganas de invitarla a salir.
Aunque imagino que a tu orgullo no le haría ninguna gracia.
Pero ¿y si ella piensa de otra forma?
¿Qué insinúas?
Tiene mucho temperamento, se ve a la lengua.
Y esta generación, ya sabes, habla más del amor.
Que dé la dignidad.
¿Os gusta?
Te hace demasiado niña.
Tienes razón, voy a cambiarlo. Hace un momento te gustaba.
Pero ya no.
No sabes el miedo que me hiciste pasar. Creí que mi madre se iba a dar cuenta de
algo. Te portaste muy bien. Eres una mujer de templo. No es verdad, estaba
más nerviosa que un flan. Si no te gusta fumar.
Quiero saber si me gusta o no.
¿Lo ves?
Acabará gustándome.
He hecho una carrera. ¿Qué apostamos? El que llegue el último tendrá que obedecer
al otro en lo que sea.
De acuerdo.
Vamos.
Ahora eres mi esclavo.
¿Quién es el esclavo ahora? Tú.
Siempre es el más débil.
Qué poco romántico eres.
El amor es violencia.
Me gusta más ser yo la esclava.
¿De verdad te gusto?
Más de lo que yo quisiera.
¿Eres feliz?
A veces tengo la impresión de que no te conozco.
¿Siempre lo guardas todo para ti?
Me gustaría hacer algo imposible.
¿Cómo qué?
Volar por encima de la ciudad completamente desnuda y gritar lo que
siento.
Estás loca.
Es imposible volar.
¿No sientes unas ganas enormes de incendiar el mundo?
Sí, pero no como tú dices.
No quiero volar.
Prefiero seguir ardiendo.
Ven aquí.
No es ese fuego.
Anoche no pude dormir.
Sentía un amor tan grande que no cabía dentro de mí.
Crecía y crecía y no lo podía contener.
En cualquier momento podía estallar, quizás Sandra por los aires.
Con palabras no lo puedo explicar, pero anoche todo tenía sentido.
Sí.
¿Qué pasaría si viviésemos sin palabras?
No es posible.
Quizás no, si fuéramos capaces de no necesitar que nos amaran.
Si nos bastara con amar, sería posible...
Anoche pensé que aunque tú me engañaras, me mintieras, me maltrataras, aunque no
me quisieras, aunque no hicieras el amor conmigo, esto que crece dentro de mí no
se detendría.
Tengo miedo.
¿Por qué?
Tengo que irme. ¿Tan pronto?
Tengo prisa.
Qué egoístas sois los hombres. ¿Qué sabrás tú de los hombres?
Te conozco a ti y me basta.
Pareces muy convencida.
¿Abandonas a tu amante?
¿Y si no volviera?
¿Y si te he mentido todo este tiempo?
No es posible.
¿Cómo puedes estar tan segura?
Porque eso también crece dentro de ti. Tus caricias me lo dicen.
¿Qué harías si me fuera?
Nada. ¿No te importaría?
Sí, pero sé que volverías.
Ahora tengo que irme.
Cuando nos separamos sigues estando conmigo.
Muchas veces te siento mejor cuando no estás.
Hasta luego.
Nunca me has dicho que me quieres.
Según tu teoría, no lo necesitas.
Dímelo.
Te quiero.
Qué mal lo dices. Parece que nunca has querido.
O que no lo sientes.
O que te duele sentirlo.
Puede que lo digas tan mal porque lo sientes y no quieres reconocerlo.
Puede ser.
Repítelo, para acostumbrarte.
Te quiero.
Otra vez.
Te quiero.
Vas aprendiendo.
Sandra.
Sandra, te quiero. Te quiero.
Te quiero.
Sandra. Sandra.
Sandra.
¿Entonces sales o no?
No me apetece, mamá.
Como quieras.
Lo siento, Enrique, prefiero quedarme. No me atrevo a dejarla sola.
Pero está al servicio.
No se queda sola en la casa.
Puede necesitarme.
Perdónalo, prefiero así.
Sandra está en una edad difícil.
Ha terminado el bachillerato y tiene que decidir qué hacer.
Además, sus amigas se han marchado y es lógico que esté un poco desorientada.
Ya se le pasará, espero.
Te llamo mañana.
Como quieras.
¿Somos amigas o no?
Ese desprecio a mi bizcocho no me lo merezco.
De verdad, no tengo ganas. En casa me hacen comer a la fuerza.
Pues piensa que estás en tu casa.
Marilu, ¿cómo era esto antes?
Organizábamos fiestas, venía mucha gente.
¿Eran guapas? ¿Quién?
Las chicas que vivían aquí.
Las había muy guapas. Aunque tú con tu estilo te las hubieras llevado de calle
a todas.
De verdad no sabes nada.
Volverá. Conozco muy bien a Fernando.
A veces es un poco loco.
Le dan ventoleras.
Pero te quiero.
Ya verás cómo vuelve.
Es muy tarde. ¿Dónde has estado?
Por ahí.
Bébete esto.
¿Quieres que me calle un poco?
Buenas noches.
A veces me gustaría que no hubieras crecido.
¿No hablas nunca de tu matrimonio?
Hace tanto tiempo que no sé si lo he soñado.
Dime, ¿qué le ocurrió a él?
El viento se lo llevó como a tantas cosas.
Cuando era pequeña me perdí una vez.
Era un parque muy grande y había muchas palomas.
Me rodeaban, algunas se me posaban encima.
A otros niños eso les gustaba, pero yo empecé a llorar.
Hija, has visto demasiadas películas.
Un matrimonio me recogió y me compraron chocolatinas.
Recuerdo la cara de mi madre cuando vino a recoger.
Estaba despavorida.
El matrimonio dijo a la policía que si mis padres no aparecían, ellos querían
adoptarme. A veces pienso cómo hubiera sido mi vida con ellos.
¿Cómo sería yo?
¿Dónde estaría?
El señorito nunca dice nada de cuando va o viene.
Seguro que no ha dejado ningún recado para mí.
Señorita, nosotros no sabemos nada.
¿Quieres dejar de mirarme?
¡Me miras de día y de noche como si estuviera muerto!
¿Seguro que estás vivo?
¿Qué es lo que buscas en mí?
¡Que de una puñetera vez sea su nombre!
Perdón, lo siento, lo siento.
¿Qué quieres de mí?
Tan difícil es comprender que no quiera estar sola.
Yo había encontrado lo que tú buscas y lo he tirado por la ventana.
Ahora los dos estamos iguales y nos necesitamos. No.
¿Por qué?
Si has... Si has vivido siempre en la basura y de repente...
Te encuentras a alguien que te enseña a decir unas palabras que habías repetido
antes mil veces mecánicamente.
¿Qué palabras?
No puedo decírtelas. No puedo. Aunque viviera mil años contigo no podría
decírtelas.
¡Gracias!
Sambra.
Sandra, Sandra.
Te quiero.
Te
quiero.
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