All language subtitles for [subtitlekit.com]_La Evasión (1960) (Dual AC3 2.0 FR Subt.ESP-ING)(BDR)(m1080p).spa.track5

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
nl Dutch
en English
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French Download
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German
el Greek
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil)
pt Portuguese (Portugal)
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

Buenos días.

Mi amigo Jacques Becker ha descrito con todo detalle

una historia verídica: la mía.

Todo ocurrió en 1947, en la cárcel de La Santé.

Póngase ahí delante.

Venga.

SALA DE AUDIENCIAS

Que pase enseguida, tengo prisa.

Sí. Ponte ahí.

Maurice Gaillarbois, 32 años.

13. división, celda 35.

El detenido se niega en rotundo a comer desde hace 48 horas.

¿Por qué hace huelga de hambre?

Porque soy inocente.

Pues si es usted inocente, mejor. Se le hará justicia.

Mientras tanto, coma.

No quiero comer, y quiero que el juez sepa que no como,

porque si me niego a comer es por él.

De acuerdo, pero él sí come, no lo dude.

Y el saber que usted no come no le quitará el apetito, créame.

Pues yo no como.

Vale, de acuerdo. Le diremos al juez que usted no quiere comer.

El siguiente.

¿De qué se trata?

Gaspard, Claude. Número 6028.

Ocultación de un mechero de gasolina, al parecer de oro.

Usted sabía muy bien

que aquí está prohibido tener mecheros de gasolina.

¿Aunque estén sin gasolina, Sr. Director?

Aun sin gasolina. El reglamento es muy estricto.

Debieron decírselo al llegar a la cárcel, en el vestuario.

Si le soy sincero, Sr. Director, lo había olvidado en un bolsillo.

-Y sin duda dio con él después. -Así es.

Entonces, ¿por qué no se lo entregó a un vigilante?

Se lo hubiera devuelto a la salida.

Tiene razón, Sr. Director.

Pero me trae buenos recuerdos. Me alegra mirarlo de tanto en tanto.

-¿Y dice usted que es de oro? -Sí, Sr. Director.

Es un objeto de valor.

Se lo devolverán más adelante.

Se merece 15 días sin recibir paquetes, pero esta vez haré la vista gorda.

Muchas gracias, Sr. Director.

Qué simpático.

-Gracias. -Hasta luego.

El mechero lo recuperarás cuando salgas.

-Uno nuevo. -Jefe, pero si ya somos cuatro.

-Pues ahora ya sois cinco. -Y esperamos trabajo.

Hemos pedido cartones para cajas y ocuparán mucho.

¡Nada os obliga! Estáis en prisión preventiva.

-Si trabajáis es porque queréis. -¿Le molesta?

-No te cachondees. -Tenemos derecho a trabajar.

Os he dicho que viene uno nuevo, nada de quejas.

Yo me quejo. Ya somos cuatro, más el trabajo que estamos esperando.

-Infórmese. -Deja ahí el petate.

Y tú a callar.

No le estoy faltando, jefe.

Manu, es lo que hay.

Pues claro que es lo que hay.

Ahora te traerán un jergón.

Lo siento, pero yo no pedí venir aquí.

Olvídalo, olvídalo.

Me llamo Vosselin, pero llámame Monseñor. Es mi apodo.

Me llamo Claude Gaspard.

Estaba en la 8. división. Nos han trasladado por obras.

Aquí estarás bien.

No me ha dado esa impresión.

Ya te he dicho que lo olvides.

No empecéis de nuevo.

Se acabó.

-Roland Darbant. -Hola.

Este es Geo Cassid.

Es nuevo, viene de la octava.

Están de obras en su celda.

Hola.

-Hola. -Manu Borelli.

Aquí no estarás mal.

Trae el petate.

Tranquilo, vamos a ordenar tu ropa.

Ponla sobre la cama.

En tu casa tendrías un armario.

Sí, ¿por qué?

Todos teníamos uno.

Y una mujer también.

¿Tú tenías mujer?

No le contestes.

No estás obligado a hablar de tus asuntos.

No me molesta hablar de ellos.

¿Te iba bien con tu mujer?

No. Quiero a otra.

¿Hacía mejor el amor?

¿Quieres callarte?

¿Por qué? Hablar de amor es bueno, es sano.

A Geo le interesa el amor.

Y a las mujeres también les interesa. No lo olvides.

Es todo un especialista. Este señor estaba muy solicitado.

Para dormir solo tenía que esconderse, fíjate.

Hola, chicos.

Os traemos trabajo.

Venga, vamos.

¡Vaya entusiasmo! No les durará mucho.

Compréndanos, jefe, aquí se aburre uno.

No sigas, me vas a hacer llorar.

-En total, os hemos traído 5000 cartones. -Nos fiamos.

-Estamos de suerte, ¿no, Sr. Bouvard? -Ríase, jefe, pero lo digo en serio.

Claro, no os va a dar tiempo ni a comer. Bueno, chicos, ánimo.

Buenas tardes.

Tiene razón.

Vais a tener faena.

Nos vendrá bien. ¿Me oyes, Geo?

Vamos, holgazán.

Ya se animará.

Venga, Manu.

-¿Me permites? -Adelante.

Qué gracia, empieza a gustarme hacer esto.

¿Habéis pedido trabajo todos o solo vosotros tres?

Todos.

Geo, tienes que trabajar.

Sí.

Lo prometiste.

Espera, luego me pongo.

Mira, ya está ahí la sopa.

¿Qué es?

La especialidad del cocinero, sopa de fideos.

En la cocina sois todos un asco.

-Yo es que... -No es culpa suya.

-He dicho que en la cocina son un asco. -Una opinión totalmente personal, ¿no?

-Esto no hay quien se lo coma. -Sí, tiene una pinta asquerosa.

Es sencillamente repugnante.

No puedo más.

-No está tan mala. -¡Tú siempre tienes hambre!

Tomad, servíos.

Hay para todos.

Muy amable, pero no nos falta nada.

Guárdate las provisiones. Eres nuestro invitado.

Cómo te mima tu amante.

No le hagas caso. Ven y siéntate.

¿Está bueno?

Es una bazofia.

Toma, come.

Sírvete.

¡Foie-gras! No os priváis de nada.

Sí, pues mira.

Miel refinada.

Mermelada de fresas enteras.

Mermelada de castañas.

No te imaginas lo que le gusta a Manu.

Y yo que pensaba que estabais sin un duro.

-¿Lo dices por esto? -Sí.

Solo suelen trabajar los que no reciben nada.

Y también los que se aburren.

Cierto, en las celdas en las que se llevan mal.

Pero aquí no es el caso.

No me creo que queráis trabajar por eso.

¿Y qué crees?

¿Yo qué sé?

Me extraña que queráis trabajar. Eso es todo.

-¿Sí? -Sí, de verdad.

Háblanos de tu amante. Así no dirás tonterías.

Pásame la cuchara, por favor.

-Así que lo compartís todo, ¿no? -Ya lo ves.

Es estupendo.

-Me alegro de haber caído aquí. -El placer es nuestro.

Nunca sé si habla en broma o en serio.

Ese es mi encanto.

Anda, sírvete, sin miedo.

De acuerdo.

Pero si compartís conmigo todo lo que reciba.

Eres un buen tipo, qué bien que estés aquí.

¿Queréis un cigarrillo?

Gracias.

¿Y Manu?

Ese no fuma.

¿Gaspard Claude?

Soy yo.

Tiene un paquete en su antigua división.

Toma.

Pareces muy contento de repente. ¿Por qué?

Me cae bien el nuevo.

Venga, adelante.

Manu, hay que tomar una decisión. ¿Se lo decimos o no?

Vamos a decírselo.

¿Geo?

Decide tú, que eres el organizador.

Manu, habrá que decírselo al nuevo.

¿Tú también?

No hay otro remedio, tenemos que empezar.

-Tú opinas que es mejor esperar, ¿no? -Sí.

-¿Estás loco? -No.

No me fío de los desconocidos. Y vaya desconocido.

Exageras. ¿Qué sabes de él?

Ya verás.

¿Piensas esperar aquí a que te juzguen, te condenen a muerte y te decapiten?

Yo estoy igual. Piensa en los demás.

Manu, a mí el nuevo me la trae al fresco.

De no haber venido él, podría haber venido cualquier otro.

Y mucho más tonto.

¿No te parece?

REFINERÍA SAY

SALIDA

Gaspard Claude, octava división, celda 26.

¿Cómo? ¿Undécima división, celda 6?

Sí, jefe. Es que antes estaba en la octava división.

¿Cómo es eso?

-Me han cambiado de celda. Eso es todo. -A ver.

Gaspard Claude, undécima división, celda 6. Exacto.

Esto huele bien.

-Parece flan de arroz. -Eso será, jefe.

-Buen provecho. El siguiente. -Gracias, jefe.

-Vaya, veo que Geo se ha decidido. -Qué vista tienes.

No está nada mal lo que he recibido.

Un salchichón.

Anguila ahumada.

Y flan de arroz y vainilla.

-¿Cocinado por tu amante? -Exactamente, sí.

¿A quién le gusta el flan?

A mí, pero ahora no tengo hambre.

-Bueno, ¿qué pasa aquí? -Nada, ¿Por qué?

No sé, me da esa sensación.

Verás, hemos estado hablando de ti.

Mira.

Estamos acostumbrados a vivir juntos, los cuatro,

y entonces te presentas tú, así que hablamos de ti, es lógico.

Perdón.

Manu iba a decirme algo. Me gustaría que continuara.

Sí.

Tú no nos conoces, y nosotros a ti tampoco.

Así es.

Pero al llegar te hemos aceptado enseguida, o casi.

Sois muy amables.

Sin saberlo, has caído en una celda un tanto especial.

No estamos aquí todos por la misma razón.

Pero, cuando vayamos a juicio, le caerán diez años mínimo al más afortunado.

Como ves, mis amigos y yo nos arriesgamos a mucho.

Desde luego.

Y nos gustaría saber a cuánto te arriesgas tú, Gaspard.

Me acusan de intento de asesinato, con premeditación.

-Eso le vale al menos diez años. -¿Le dejas hablar?

¿Quién te acusa?

Mi mujer.

-Una tarde, en su casa de campo... -¡Enhorabuena!

Cierra la boca, Monseñor. No le hagas caso, sigue.

Bueno, estaba con mi mujer y su hermana.

Tuvimos una discusión...

...y mi mujer me amenazó con una escopeta.

Yo quise desarmarla.

Pero la escopeta se disparó y ella se hirió en el hombro.

Eso dices tú. Tu mujer habrá dicho lo contrario, ya que estás aquí.

Ella asegura que fui yo quien cogió la escopeta para matarla.

-Debe odiarte mucho. -Sí, ya lo creo.

¿Qué edad tiene tu mujer?

30 años.

Tres más que yo.

-¿Y tu cuñada? -Es una cría, 17 años.

-¿Presenció la discusión? -Sí, confirmó mi declaración.

Pero una criada se cargó su testimonio.

La muy puta.

Es una mujer que me odia.

Le dijo al juez que en ese momento Nicole estaba en la cocina con ella.

Has dicho intento de asesinato con premeditación.

¿Y la premeditación?

Había tres escopetas, pero solo esa estaba cargada.

¿Por qué discutisteis?

Por cuestiones de dinero, al menos al principio.

-¿Folla bien Nicole? -¿Cómo?

¿Lo veis? Él también folla.

Geo, ya basta.

¿Eran balas de plomo o perdigones?

-Balas de plomo. -Menos grave que con perdigones, lástima.

¿Qué le pasó a tu mujer?

Poca cosa. Fue todo en el hombro izquierdo.

Lo mueve con algo de dificultad, pero solo por un tiempo.

Y según dice ella la quisiste matar. Qué guarrada.

Imagínate.

¿Cargaste tú la escopeta?

¿Es rica tu mujer?

Sí, bastante.

¿Cómo te mantenías oficialmente?

En el juicio eso es lo que cuenta.

Era vendedor de coches.

O sea, que vivías de tu mujer.

Sí, pongamos que sí.

Pues igual te caen 20 años.

-¿Tú crees? -Como mínimo.

¿Estáis seguros?

Tu caso es peliagudo.

Tu mujer, que te mantiene, sale herida de un disparo.

Te acuestas con su hermana. Vendes coches usados.

Eso a los jueces no les gusta nada.

Los 20 años se hacen largos.

Pero bueno, ¿qué os pasa?

Queríamos saber a cuánto te arriesgabas.

Porque nosotros no podemos esperar aquí a que nos llegue el juicio.

¿Cómo?

Que nos pensamos fugar, amigo.

-¿De aquí? -De aquí mismo.

-¿Crees que estamos locos? -No, en absoluto.

Vamos, Roland.

Venga, explícaselo todo bien.

Este sabe de lo que habla.

Ya se ha fugado tres veces nada menos.

¿Verdad, Roland?

Si no me hubieran cambiado de celda no estaría con vosotros.

Podría decirse que tengo suerte.

Mientras confíes en nosotros tendrás suerte.

¿Y cuándo empezamos?

Pronto apagarán las luces, y no podemos cavar si es de noche.

Aprovecharemos el ruido que hay de día.

Evidentemente.

Esta noche vamos a comer. Pásame el flan de arroz.

Dame la caja, Roland. Compartiremos todo.

¡A la mesa!

Me hace gracia cómo te frotas las manos.

Claro, vengo de una familia de prelados. Mi tío era obispo.

No me digas.

Me preguntaba por qué te llaman Monseñor.

-Bueno, ¿empiezo? -Adelante.

Aquí no hacemos más que comer.

¿Qué te pasa?

Nada, pensaba en mi abuela.

Me crio ella.

¿Era rica?

Maldito Gaspard. Tuviste una infancia feliz.

Sí, amigo, tuve todo lo que quise.

Solo me hablas de tu abuela. ¿Y tus padres?

Mi madre murió cuando nací, y mi padre cinco años después en un accidente.

Así que solo tenías a tu abuela.

También estaban mis abuelos paternos, pero no podían hacerse cargo de mí.

¿Aún vive tu abuela?

No. ¿Por qué?

Eres su heredero, ¿no? ¿Eres rico?

Lo fui, sí.

Te lo fundiste.

Y luego conociste a una tía forrada, ¿no?

Mi mujer tiene dinero, pero eso no tiene que ver.

No te enfades.

Yo hubiera hecho lo mismo.

Solo que si me hubiera casado con una mujer rica

no le hubiera disparado.

Ese ha sido tu error.

Nos estás cansando ya, Monseñor.

Déjalo, no pasa nada.

Tú también me estás cansando con tus gilipolleces.

Intento dormir, así que silencio. ¿Entendido?

Bueno.

-¡Emile! -Dime.

Toma, Mercier, acaba tú.

¿Has dormido bien?

-Se me hace raro estar aquí. -Siempre pasa cuando te cambian de celda.

Pensaba en todo esto y no he dormido mucho.

No te preocupes, mira. Estos duermen como niños.

-Buenos días, amigo. -Buenos días, Roland.

-¿Alguien para la inspección médica? -No, no creo.

Venga, arriba todos.

Danos el azúcar y las galletas.

¡Geo! Toma.

Gracias.

Menos mal que tenemos azúcar. Este café es un matarratas.

Gracias.

Este nos servirá.

Tira los trozos de cristal o nos cortan los huevos.

Cada cosa a su tiempo.

¿Quién es el más antiguo?

Yo.

Quédate. Los demás, fuera.

-Dáselo. -Un pañuelo.

Vale.

¿Eso es todo?

El siguiente.

Te toca.

-Dame eso. -¡Deprisa, vamos!

De acuerdo.

¿Quién ha sido?

Yo. Nunca lo había hecho desde fuera.

Pues vaya forma de divertirte.

Ya vale.

Venga, apártate.

Quita de ahí.

Venga, vámonos.

Ya podéis entrar los demás.

-Lo han destrozado todo. -Todo está que da asco.

Al contrario, yo creo esto nos viene bien.

-¿Y eso? -Porque tardarán en volver.

Venga, ordenad esto mientras yo continúo.

¿Lo ves? Esto de aquí hará de periscopio.

Va perfecto, se ve lo que pasa en ambos lados de la galería.

Bueno, ya hemos tenido un registro, así que, por ese lado, tranquilos.

Hoy podremos cavar.

Es de la ocho.

-Sí, dime. -Un paquete para la 4. ¿Estás listo?

Espera.

Di que estamos esperando a unos albañiles y que no podremos pasar nada por ahora.

¿De acuerdo?

¡Lanza!

-¿Listos en la cuatro? -Sí.

Venga, mándalo.

Oye, no mandéis más paquetes hoy. Esperamos a unos albañiles.

¿Está claro en la ocho?

Sí, y gracias.

Así nos dejarán tranquilos.

Venga, empecemos.

-¿Quién vigila ahora? -Yo, si quieres.

Vale. Pero pon atención y dinos todo lo que veas.

Puedes contar conmigo.

Seguid con las cajas. No os necesito de momento.

-Viene gente. -¿Qué?

-Unos tipos con mantas. -Da igual, no es para nosotros.

A ver.

Cómo pesa.

Parece mentira.

Mejor así.

Vamos, Geo.

Quítate.

Así no acabaremos nunca. ¡Dale más fuerte!

Tienes razón. No hay otro modo.

Dentro de una hora o lo habremos abierto o estaremos todos en el calabozo.

¡Estáis locos, es imposible!

Precisamente, lo que nos va a salvar será el ruido.

¡Ya vienen!

Vienen.

Han pasado de largo.

Venga, Geo.

Vamos, vamos.

Ya está.

Monseñor.

-No hace falta que vigiles más. -¿Estás loco? ¿Por qué?

Porque, si vienen ahora, estamos perdidos de todos modos.

No puede ser.

No se ve nada. Pásame un cartón.

Ya está.

Esta noche bajaremos.

¿Me permitís?

Ya lo has visto, aparta. Tenemos que echar todo esto dentro.

Venga, echadlo todo.

A ver, dale.

¿Y bien?

No está mal.

Cuando tires del cordel no lo hagas tan fuerte.

Eso intento. Al tirar funciona, pero es a la vuelta cuando no va.

-Pues no tires tan fuerte. -Roland.

Vienen a cerrar.

Caballeros, hora de cerrar.

-Limpien bien la celda antes de dormir. -De acuerdo.

Vale, ahora tenemos 15 minutos antes de la primera ronda.

Ahí vienen.

A la cama, deprisa.

¡Vamos!

Se han adelantado, maldita sea.

-¿Todo bien? -Sí, puedes bajar.

Monseñor.

Coge el cordel y la piedra.

¿Va bien?

Ese es un semisótano como este.

Ahí está el subsuelo.

¡Vaya, hay luz! ¿Cómo es posible?

Escucha.

Está desierto.

De noche, fuera de la ronda, no viene nadie.

Voy a cortar este barrote, será suficiente.

¿Y si hacen la ronda y nos oyen?

Serraré 20 veces y me pararé a escuchar.

Y así sucesivamente.

Termina tú, Roland.

Vamos.

Es una puerta a la galería.

Mira que tienen cosas aquí.

Aquí guardan los materiales.

Por aquí bajarán en las rondas.

Otra puerta a la galería.

Coinciden.

¿Ves este hierro?

Lo voy a cortar por aquí.

Voy a hacer una ganzúa.

Su marido vendía pieles de conejo.

Otro negocio que ha desaparecido.

-Ella era muy guapa. -¿Sí?

-Ten. -Gracias.

Y un día nos pilló él.

-Menuda escena se montó. -Ya imagino.

Creía que nos íbamos a zurrar, pero al final no pasó nada.

Dio media vuelta y se largó.

-¿Y después? -Bueno, después...

Nos vimos dos o tres veces, pero me destinaron a París,

así que ya no la vi más, claro.

Se han ido por ahí. Nosotros haremos lo mismo.

¿Adónde vamos por aquí?

Mira.

Esto es más o menos el plano del sótano de la cárcel.

Sí.

Venimos de este sótano.

En cada esquina de la cárcel hay uno del estilo.

Están todos interconectados por galerías como esta en la que estamos.

Ya veo, pero ¿dónde crees que está la bajada a la alcantarilla?

Puede que en uno de los sótanos.

Puede que en las galerías.

Incluso puede que haya varias.

Solo tienen un modelo de cerradura.

Sí, el mismo que en las celdas.

Así los guardas no tienen que ir con cien llaves.

Dame algo más de luz. Ahí está.

Mira este animal.

Aquí tienes tu merienda, pequeña.

Fíjate.

Hasta otra.

¿De qué demonios hablaban?

No he entendido ni una palabra.

Mira.

Esta es la puerta del pozo.

Pero esta vez la cerradura es de seguridad.

-¿Qué haces? -Voy a serrar los goznes.

-Pero entonces la puerta se descolgará. -Déjame.

La están vigilando. Mira.

Solo verán fuego.

¡Formidable!

Pásame un gozne.

Dame el otro.

¿Y ahora?

Ya verás.

-¿Está bien? -Sí.

Así sabremos si han venido mientras estamos abajo.

Sí, sí.

Bueno.

Ahora tú.

Funciona.

Esto es hormigón. Es inútil intentarlo. Veamos el otro lado.

¿Crees que bajan a menudo por aquí?

No, solo bajarán los poceros, y muy de cuando en cuando.

-Por aquí tampoco se puede, está claro. -¿Tan duro es?

Ahora lo verás.

Esto no es hormigón, sino cemento. Por aquí sí podremos.

¿Cómo?

Aquí estamos en la curva.

Vamos a hacer un túnel para rodear el muro.

-Nos llevará semanas. -Qué va, es cuestión de unos días.

Mañana volveremos con materiales.

¿Ves? Han pasado.

-Sí. Coloca la puerta. -Sí.

No hemos venido por aquí.

Por aquí se tarda menos. Casi hemos dado la vuelta.

Mañana esto nos servirá como herramienta.

Quedan cinco celdas.

No funcionará.

Ya han retirado las tablas.

Daos prisa, ya están abriendo.

Sí, ya subo.

¡Deprisa, colega, deprisa!

¡Vamos, Roland!

¡Rápido! ¡Rápido!

¡Rápido, los maniquís!

Buenos días, chicos.

Buenos días, jefe.

Y estos roncando... Qué suerte.

Bueno, jefe, hay que soñar.

¿Ahora te acuestas vestido?

Siempre he sido un poco friolero.

Bueno, ¿cómo ha ido?

¿Ya estás vestido? ¿Por qué?

Muy gracioso. Estábamos listos para ir al calabozo.

-Reina la confianza. -¿Nos vais a contar cómo ha ido o no?

-Hemos encontrado un camino, ¿verdad? -Creo que sí.

¿Y por qué no subís antes?

¿Llevas reloj tú? ¡No! Pues nosotros tampoco.

Así no podemos seguir.

Bueno, y ahora trata de no complicarnos la vida.

¡La vida! Bien me la ha jugado esa tía.

Me encierran y se va con otro. Esto es demasiado para cualquiera.

Se lo digo yo.

Nada de mujeres, chico, nada. Ese es el secreto.

Cada uno con sus gustos. ¿Verdad, enfermero?

Ni hombres tampoco.

Mira qué bien. Entonces te las apañas solo.

Oye, chaval, ¿quieres que te zurre?

Olvídalo.

A ver la nariz.

Solo un poco, ¿vale? Una gotita.

Gracias.

Cuando quieras. A tu servicio.

ENFERMERÍA

PRIMERA DIVISIÓN

Gracias.

Sí, eso parece.

Hay muchos.

Así está la cosa.

Eso es.

-A ver cómo va. -Sí.

Jefe, por favor.

Sí.

Jefe, por favor.

Levanta los brazos.

-Venga ya, jefe. -No sois criaturas inocentes.

¿Para qué quieres arena?

Para lavar los platos. ¿Qué tiene de malo?

Hay que tener las cosas limpias, y no tenemos otra cosa.

Gracias, jefe.

Exactamente 30 minutos. Cada media hora le daremos la vuelta y haremos una marca.

Así sabremos la hora y estaremos tranquilos abajo.

Soberbio.

Hay casi un metro de tapón.

Habrá que hacer un túnel de tres metros. Vamos a instalar las tablas.

Venga, dámelas.

Así no corremos el riesgo de bloquear el canal con los escombros.

Dame esa.

A ver.

Parece una llave de verdad.

Así los otros podrán circular por el subsuelo sin mí.

-Manu. -¿Qué?

Son las dos de la mañana. Tenemos que volver.

La ronda.

Vamos.

La ronda acaba de pasar.

Daos prisa. Roland os espera abajo.

¡Vaya mierda! No es nada fácil.

Hasta luego.

Vamos, es por ahí.

Por ahí, Geo.

He tardado 28 minutos en ir a por vosotros y volver.

-Está algo duro, os lo aviso. -Haremos lo que podamos.

Buena suerte. Voy a dormir un rato.

No olvidéis el tiempo. Acordaos del reloj de arena.

Ve a dormir tranquilo, Roland.

Es un tipo formidable.

Sí. Venga, empiezo.

-Manu, es fantástico. -¿El qué?

Jamás había sentido esto.

¿El qué?

Te parecerá extraño,

pero es la primera vez en mi vida que me siento bien conmigo mismo.

Te lo juro, es cierto.

Es maravilloso estar con gente como vosotros.

Sí, creo que he cambiado.

Y ha sido gracias a ti y a Roland.

¿Y bien?

¿Cómo va la cosa por ahí abajo?

Bien. Con la llave abrirán tan bien como yo.

Oye, y Geo se las apaña con la puerta del pozo.

La ha encajado a la primera. Nunca me lo hubiera creído de él.

Sin novedad en la galería.

Me voy a acostar.

Él debería bajar también. Me acompañará mañana por la noche.

De acuerdo.

Sí. Ve a dormir, te hace falta.

Gracias, Manu.

El grifo gotea cada vez más.

La junta está gastada. Puede soltarse en cualquier momento.

Y, si ocurre en plena noche, puede venir el vigilante, ¿no?

Sí.

Entonces tienen que arreglarlo ya. Monseñor, ve a llamar.

Va a ser un fastidio tener a los fontaneros en la celda.

No queda otra.

No te gustan los obreros, ¿no?

Duerme, Geo, duerme.

Menudo.

-Buenos días, jefe. -¿Qué pasa?

El grifo, que pierde, y es un despilfarro.

Muy bien, habéis descuajaringado el grifo. Ahora tendré que ir a por los fontaneros.

Este no estará muerto, ¿no?

Le apreciamos demasiado para hacerle esa guarrada.

Cuando quiera morirme esperaré a que no esté de servicio.

Estos tipos son capaces de suicidarse. Son capaces de todo.

-Y también de lo mejor, jefe. -Pues sí, bien dicho.

Habrías sido un buen abogado. Ahora os envío a los fontaneros.

Mientras tanto, preparaos para el paseo. Es casi la hora.

-Hola, jefe. -Hola.

-Hola. -Hola, chicos.

-Hola. -Hola.

-A ver si conseguís arreglarlo, y deprisa. -Sí, jefe.

-Así que gotea, ¿no? -Ya lo ves.

Está así día y noche. Nos está volviendo locos.

¡Julien!

¡Hora del paseo, amigo!

Qué estúpido. Siempre con prisas.

¡El paseo! Venga, en marcha.

Y portaos bien.

¡El paseo!

En marcha.

¡El paseo! En marcha.

Y portaos bien.

¡El paseo!

Venga, en marcha.

QUINTA DIVISIÓN

PROHIBIDO

¿Lo veis? Ya no pierde. No os lo carguéis otra vez.

Gracias, jefe.

Ahora estaremos tranquilos.

Han tardado muy poco, ¿no?

¿Y cómo es que no han esperado a la propina?

Sí, sí que es raro. Siempre son unos pedigüeños.

Ya está. ¡Me han robado el tabaco!

Y a mí. Un paquete entero de Gauloises.

Y a mí los sellos. ¡Dos tiras completas!

¿Ya está? ¿No han cogido nada más?

-No se han llevado nada de comida. -De aquí tampoco.

Yo he tenido suerte, creo que no han tocado mis cosas.

Bueno.

¿Qué vas a hacer?

¡Déjalo, Manu! No vale la pena.

Yo creo que sí.

¿Y ahora qué?

Jefe, ¿está el Sr. Grinval?

Sí. Me he cruzado con él. ¿Por qué?

Háganos el favor y dígale que venga, lo necesitamos.

Vale.

¿Quién es ese tal Grinval?

Un brigada.

Hola.

Hola Sr. Grinval.

Perdone, pero mire lo que ha pasado.

Han estado aquí los fontaneros durante el paseo.

-¿Y qué? -Que ahora fuman a nuestra salud.

Y escriben a sus mujeres con nuestros sellos.

¿Y a qué han venido esos fontaneros?

A arreglar el grifo, que perdía.

Está muy duro este grifo.

Ahora vuelvo con los fontaneros.

Gracias, Sr. Grinval.

Ahora podremos hacer ejercicio.

¿Nos llamaba, Sr. Grinval?

Pasad, pasad.

Mirad el grifo.

Lo acabamos de arreglar, Sr. Grinval.

Hasta luego.

¡Geo!

¡Toma, amigo, fuma!

¿Qué queréis?

Ya vale, Geo, te estás pasando.

Regístralo.

Devuélveme la mercancía.

Seréis cerdos.

La próxima vez lo pedís. Os saldrá más barato.

-¿Habéis terminado la reparación? -Sí, Sr. Grinval. Gracias.

Gracias, señor.

Podéis volver a la obra de la tercera división.

Sí, Sr. Grinval.

Anda, ven.

-¿Todo en orden? -Perfecto, jefe. Gracias.

Bueno, amigo.

A mí me ha gustado.

-Tus chupetes. -Gracias.

Menuda les habéis dado.

-Toma. -¡Habéis estado genial!

Gracias, Manu.

Tienes buenas manos, Geo.

Esto no es serio, Manu.

Con este lío entre manos y te portas como un niño.

Bueno, da igual.

Roland.

No me voy con vosotros.

¿Qué?

Me quedo aquí.

¿Es que ya no te fías?

Al contrario, no quiero ir porque sé que irá bien.

Escucha.

No sé si te lo he dicho.

Cuando me arrestaron, mi madre casi se muere.

Si me fugo...

...la policía irá a casa de mis padres.

Eso podría matarla, así que me quedo.

Por ahora no les diré nada a los otros.

Geo, dame agua.

Esto marcha. No estamos muy lejos.

Lástima que no vengas con nosotros.

Voy a trabajar.

¿Vas bien?

Debemos andar cerca, está más duro.

¡Geo!

¡Geo!

¡Geo! ¡Contéstame! ¡Geo!

¡Oye!

Mira, se ha despertado.

¿Has dormido bien?

¿Cómo estáis tan sucios?

Le habréis dado bastante.

Pues sí, hemos avanzado bastante. ¿Verdad, Geo?

El siguiente.

Dígame.

¿Quién?

¿Gaspard Claude?

Está aquí mismo. Se lo mando.

Vaya al locutorio.

-¡Qué suertudo! -Bésala por mí.

Gaspard Claude.

La número uno.

¿Cómo lo has conseguido?

Lo he arreglado con la secretaria del abogado.

¿Ves? Yo me apaño, no como tú. Aún no me has enviado ninguna carta.

Si al menos yo pudiera escribirte...

Dime, ¿todavía vives con tu hermana?

Claro, la casa nos pertenece a las dos. Aunque no nos hablamos.

Ella come abajo y yo en mi cuarto.

Aún sigue loca por ti, ¿sabes?

Por la noche la oigo llorar en su cama.

Si quieres verla vendrá enseguida.

¿Qué te hace creer eso?

Si se lo pidieras ahora, retiraría los cargos.

El abogado no decía eso la última vez.

Me dijo que se negaba totalmente.

Quiere castigarnos.

Mira, lo he pensado bien. Me iré a Inglaterra aunque sea un año.

Eso la calmará.

¿Por qué a Inglaterra?

Para aprender inglés. Siempre he querido hacerlo.

Nicole, si supieras cuánto te deseo...

Te deseo.

Cuando salgas de la cárcel, volveré y podremos...

Y tú, ¿me deseas?

Eres muy curioso.

No juegues, Nicole. Me cansa.

¡Tú! ¡El de ahí!

-¿Adónde vas? -Voy a...

Lo siento, jefe.

Me he equivocado. Esta es mi antigua celda.

¿Sí? Enséñame tu orden de encarcelamiento.

La 11. división, ¿no? Es justo al otro lado.

Sí.

Me dan ganas de enviarte al calabozo.

-Deje que se lo explique. -¿Qué me vas a explicar?

-¿Que iba a traficar? -Le aseguro que le digo la verdad.

¿Qué pasa?

Sr. Director, uno de la 11. división, que vuelve del locutorio

y en vez de ir a su celda ha venido aquí.

Lo siento, Sr. Director. Estaba intentando explicárselo.

Efectivamente, pertenezco a la 11. división, celda número seis,

pero antes estaba en la 8., en la celda 26, esta.

Ya, pretende hacerle creer al director que ha perdido la memoria de repente.

Pues sí. Lo siento pero es así, precisamente.

Volvía del locutorio, Sr. Director, y aún estaba afectado.

Esas cosas pasan, ¿no?

-Creo que le conozco. -Sí, señor.

Lo molesté por una historia sin importancia.

Me había guardado un mechero, uno de oro.

Sí, eso era. ¿Cómo se llamaba?

Claude Gaspard, Sr. Director.

Sí. Vuelva a su celda.

Y procure ser menos distraído en el futuro.

Por supuesto, señor. Gracias, Sr. Director.

-¿Quieres? -No, gracias, luego.

No está muy hablador nuestro amigo.

Vosotros tampoco.

Nosotros no venimos del locutorio.

O sea, que quieres estar informado.

No.

Dinos solo cómo es. ¿Morena o rubia?

Vamos, vamos.

Pues sí, he visto a una mujer. ¿Eso querías saber?

Solo una pregunta, si me lo permites. Contesta solo sí o no.

Pregunta, pero no te prometo nada.

Después de hacer el amor, ¿te quitaba los puntos negros?

¿Te los quitaba o no?

¡Y una mierda!

-Anda, una visita sorpresa, hermanos. -¿Verdad?

-No se fía de nosotros, ¿no? -Sí, sí.

Sabemos que sois unos presos ejemplares, pero tengo que hacer mi trabajo.

Entonces, vale, porque nosotros lo apreciamos, jefe.

-No me digas. -¿No es así?

Totalmente.

Aun así, no comprendo por qué se presenta así, de improviso.

No venimos aposta. Venimos de ver a Freddy, el de enfrente.

¿Qué ha hecho?

Buscamos una lima escondida en una carpeta.

¿Y bien?

Ya veo que aquí no hay carpetas.

Pero tenéis mucho cartón. Podríais haber hecho una carpeta.

Aquí solo hacemos cajas, no carpetas.

¿Y esa lima? ¿Ha aparecido?

Seréis curiosos. Queréis saberlo todo.

Algún día os encontraréis con Freddy. Él mismo os lo contará.

Él se asustaría en cuanto os viera entrar.

Todos se asustan cuando me ven.

Gracias por ordenarlo todo.

No te quedes ahí, apártate.

¡Pierre!

Venid, rápido, vamos para allá.

Hasta otra.

Esta vez pensaba que nos pillaban.

Qué horror.

Roland, tenemos que hacer un esfuerzo, acabar y largarnos.

Si no, esta noche o mañana por la noche estamos jodidos.

¡Gaspard!

¿Qué pasa?

Ya está, mira.

Hemos llegado al otro lado.

Pásame la chaqueta.

¡Vamos!

Hay una salida.

Ven.

Ven a ver.

Mira la cárcel.

¡Fíjate!

¡Un taxi!

Casi podríamos haberlo cogido.

¡Escucha!

Las seis en punto. Hay que ir a por los otros.

¡Vamos!

Ya está, Roland.

-¿Qué? -Has ganado.

Hemos pasado al otro lado.

Hemos estado en el colector grande y hasta en la calle.

¿En la calle?

Sí, en la calle. Gaspard hasta quería coger un taxi.

Esta noche nos vamos.

Un momento.

-El más joven elige. -¿Por qué yo?

Porque eres el más joven. Elige.

Monseñor.

Bravo, Monseñor.

Bueno, el viejo os enseñará el camino.

Venga, coge otro.

Geo.

Continúa.

-Manu. -Continúa.

Roland.

Y Gaspard.

Vas el último, chico. Pero si quieres mi puesto te lo cedo.

-Irá en el mío. -¿Por qué? No hay razón para eso.

-Sí, que yo no voy. -¿Qué?

Yo no me voy. Roland ya lo sabe.

¿Desde cuándo?

Desde que se lo dije.

He trabajado, ¿no?

He hecho mi parte. Ya está.

Nadie tiene nada que objetar, Geo.

Haz lo que quieras.

Ya eres mayorcito.

Sí, ya soy mayorcito.

Gaspard irá el segundo, en el lugar de Geo.

¡Buenos días!

¿Es usted Gaspard Claude?

-Sí, ¿qué pasa? -Venga conmigo.

-¿Adónde? -Ya lo verá.

Póngase la chaqueta y abróchese la camisa.

Sr. Grinval, ¿adónde se lo lleva?

Es usted muy curioso, Borelli.

-¿Está listo? -Cuando quiera.

¿Qué quiere decir esto?

Que lo habrá llamado el director.

¿Por qué?

No lo sé.

Por aquí.

Gaspard, Sr. Director.

Gracias, Grinval.

Siéntese.

-¿Todo bien desde ayer? -Muy bien, Sr. Director, gracias.

No tiene buen sentido de la orientación, ¿verdad?

Si no llego a estar allí le caen ocho días de calabozo.

-Me disculpo de nuevo, Sr. Director. -Es usted muy agradable y educado.

-Eso en la vida ayuda mucho. -Yo no he visto que me ayude tanto.

Voy a demostrarle que sí.

Me he informado de su caso

y me he enterado de algo que le va a interesar muchísimo.

¿De qué se trata, señor?

-No se impaciente. -Usted perdone.

Este es el motivo de su acusación, según su orden de encarcelamiento.

"Intento de asesinato con premeditación".

Se me acusa de haber herido a mi mujer de un disparo.

¿Cómo ocurrió?

Verá, no estoy interrogándolo.

Mi cargo no me lo permite. Esto es una conversación privada.

Lo sé, señor, y le estoy muy agradecido.

Si me lo permite, se lo contaré todo.

Adelante, vamos.

En pocas palabras, mi mujer y yo tuvimos una violenta discusión.

Ella me amenazó con una escopeta

y, cuando pretendía arrebatársela, se disparó y ella resultó herida.

Ojala me hubiese dado a mí.

-Eso sí, se recuperó muy pronto. -¿Tan rápido?

Hasta creo que está de buen humor.

¿Y por qué no ha retirado los cargos?

Porque el juez de instrucción, el Sr. Labourdette,

le aconseja que los mantenga.

Como ve, no le caigo bien a todo el mundo, Sr. Director.

-Cree que es culpa del juez. -Mi abogado está convencido de ello.

Y usted piensa que un magistrado puede presionar así a un testigo.

Sobre todo a una mujer enamorada y celosa.

¿Cómo sabe que mi mujer está enamorada?

Porque ayer retiró los cargos.

-En ese caso me soltarán. -Es muy probable.

En cuanto el juez sobresea el caso.

Tal vez no sea mañana, pero pronto.

No parece alegrarse mucho.

¿En qué está pensando?

Cuénteme.

Tal vez pueda ayudarlo.

¿Sí?

Enseguida voy, Sr. Director.

Muy bien, puede volver a su celda.

Sí, Sr. Grinval.

¿A qué esperas? Levanta los brazos.

Ha pasado algo increíble.

Mi mujer ha retirado los cargos.

No me lo explico.

¿Sabes lo que significa?

¿Cómo lo sabes?

Me lo ha dicho el director.

¿Qué os parece?

¿Entonces no vienes?

Por supuesto que sí.

-¿Estás loco? -No, escucha.

Yo conozco mi caso mejor que tú, ¿no?

Mi mujer ha retirado los cargos, pero a mí me pueden caer cinco años.

¿Qué te hace creer eso?

Vosotros mismos me dijisteis que mi caso era peliagudo

y que seguro que me caía algo.

Para no ir a juicio, el juez de instrucción

debe sobreseer el caso.

Con el juez Labourdette puedo esperar sentado.

¿El director te ha dicho todo eso?

No. Lo sé yo tan bien como él.

¿Qué has estado haciendo dos horas en su despacho?

Es un buen tipo.

Se ha interesado por mi caso. Eso es todo.

Venga, hombre.

No has estado dos horas con él solo por eso.

El director hace eso todos los días.

Todos los días convoca a un preso para darle conversación.

Habéis tomado el té, ¿no?

No entiendo qué quieres decir.

Explícanos lo que ha pasado.

Has ido a ver al director.

Te ha dado la buena noticia, y después ¿qué? Cuenta.

-¡Cuenta! -Pero ¿qué te pasa?

Dinos qué le has dicho.

Manu, estás loco.

¿Crees que os he traicionado?

¿Es eso?

Creía que eras mi amigo.

Lo siento.

No te preocupes.

Cuidado, ya está aquí.

¡Venga!

¿Ya están durmiendo esos?

Ya lo ve.

Soy el único que trabaja aquí.

-Eso es lo que tú dices. -Se lo juro.

Ya está.

¡Menuda corbata!

Un trozo de manta siempre será un trozo de manta.

Vamos.

Adiós, Geo.

Venga, Roland.

¡Manu!

¡No!

¡Suéltalo!

¡Suéltenme!

¡Quieto!

¡Vamos, vamos!

¡No me toquen!

¡Suéltenme, Dios! ¡No vale la pena! ¡No!

Desnúdenlo.

Desnúdenlos. Vamos.

¡Dubois!

-¿Está bien? ¿Necesita ayuda? -No, gracias, estoy bien.

-¿Y bien? -Todo ha terminado. Irán al calabozo.

Se acabó. Subid por el otro lado. Es más rápido.

¡Vamos, vamos!

¡Ahí, quieto!

Celda número siete.

Pobre Gaspard.

NOVENA DIVISIÓN

ACABAN DE VER USTEDES

UNA PELÍCULA DE JACQUES BECKER

LA EVASIÓN

BASADA EN LA NOVELA DE JOSE GIOVANNI

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.