All language subtitles for Otilia Rauda (2000) SPAIN DVDRip Oldies

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Original subtitles

No, no, no, no, no. Está de quieta de una buena vez.

Ya vístete y déjanos trabajar.

Debería llevarla con la modista.

Ese cuerpo ya no está para costura casera.

¿Qué haces? La trajiste.

Se llama Monina.

Monina.

¡Que siga creciendo Melquiades!

¡Le echarás abono, cabrón!

¡Mira tu actilia!

¡No se la vayas a pisar!

¿Qué pues, Melquiades?

Estarás esperando a alguna vieja, ¿no?

Dicen que la tienes como de burro.

Pinche suertuda la que le des de lo que te cuelga entre las patas, cabrón. Por

eso hace buena pareja con Otilia.

Cuidado, no te metas con su novia.

Ahora sí vamos a medírsela.

Dale, bájenle los pantalones.

Órale, ¿qué es esto?

Míresela. No, yo no tomo esa chingadera. Sí serás puto igual que él. Yo sí se la

mido.

Un palmo.

Palmo y medio.

Ay, cabrón.

Está creciendo.

Qué asco.

Ten cuidado, Melquiades.

A la que le metas eso, la matas.

Vámonos.

A lo mejor una diadema.

No.

Mejor una flor.

¿Esta?

Esta. Puesta.

Es más delicado.

¡Tapela!

¡Gracias!

¿Qué le ves a la manchada esa?

Gracias.

Don Isaac, usted tan elegante y distinguido.

¿Señor? ¿Y usted por aquí, padre?

Yo creo que lo hacía levantado en armas contra el poder.

No, yo no.

Yo creo que la violencia no...

Creo que Dios nuestro Señor... Con todo respeto, don Isaac, permítame aclarar.

El padre Juvencio no solamente respeta, sino que además colabora con la ley.

No lo dudo.

Gracias.

Don Isaac, quisiera hacer propicia la oportunidad para hablar de un

emprendimiento de progreso.

¿Qué?

La carnicería de Vargas está en venta.

¿Y yo qué tengo que ver con eso?

Usted y yo podríamos montar un negocio moderno. Yo tengo la experiencia, la

tradición de familia.

Usted tiene el capital.

Con permiso.

A ver, ven.

Mal nacido.

Primo, quiero bailar contigo.

Permítame.

¿Qué le dijiste a mi hija?

Nada, una broma. ¿Qué le dijiste?

Yo no conocí, fue Rosario Jiménez.

Ella dijo que Otilia usa rellenos en el cuerpo para disimularse lo fea y que

usted no deja que la toquen para que no se descubra... ¿Qué le dijiste tú?

Yo dije que no.

Porque Otilia tiene las tetas tan grandes porque la calentura se las

infla.

Óyeme bien, pendejo.

El que se atreva a insultar a mi hija, hacer chistes sobre ella o le toque

un solo pelo, yo lo mato.

¿Me entendiste?

Vámonos a la casa.

Tócame.

No.

Eso no se puede.

Ándale.

Tú piensas igual que los demás, ¿verdad?

Pero si fuera bonita.

No.

Tú eres bonita.

La más bonita de todas.

Entonces, tócame.

Yo pensé que era duro.

Miedoso.

¿Tuvieron algún disgusto últimamente? ¿Una discusión? No.

¿Ella tiene novio? No.

No que usted sepa.

Muchas gracias.

¿Qué haces ahí?

¿Te pasa algo, mijo?

Te estoy hablando.

Estoy hechizado.

Déjate de tarugadas y vámonos a dormir.

Recoge todo y métete en la cama.

¿Qué te dijo?

Estuvo con alguien.

¿Quién le metió esa idea en la cabeza?

Nada. ¿Te pudiste dar cuenta si la tocaron?

No.

Algún hijo de puta debe haber estado ahí.

Yo no estuve con nadie.

Y nadie me metió ideas en la cabeza.

Y nadie me tocó.

Revísame si quieres.

En el nombre del Padre, del

Hijo y del Espíritu Santo.

Pues a ver, ¿cuándo le dio el gusto?

Gracias.

Yo te puedo quitar la fiebre, pero no te puedo curar.

Tienes que ir a ver al doctor.

¿Qué tengo?

Una enfermedad en la que pegan los hombres.

Pero si yo no conozco más hombre que mi marido. Pues entonces fue él quien te la

pegó.

Es un mal de putas.

A lo mejor me lo tengo ganado. ¿Qué dices, niña?

Que Dios me está castigando porque no quiero a mi marido.

No es Dios el que anda de putas. Es que no lo quiero. Ni se lo merece ese

marrano.

¡Qué sorpresa!

¡Qué gusto tenerte aquí!

¿Cómo estás?

¿Qué te ofrezco además del café?

¿Un tequilita?

No, no, nada, gracias señora Chenda.

¿Segura? Sí, sí. Yo sí me voy a tomar un tequila.

Quería hacerle una pregunta.

Deja de hablarme de usted.

Está bien que soy mayor que tú, pero no es para tanto.

¿Es muy íntimo?

¿Cosas de cama?

Necesito ver a un médico de mujeres.

Yo pensé que usted, bueno, tú me podrás ayudar.

Pensaste bien.

Estás preñada de quien no debes, ¿verdad?

No, no es eso.

Entonces te pegaron algo.

¿Puedo preguntar quién fue?

Ay, perdón.

No debía hacer esa pregunta.

Pero es de pura chismosa que soy.

Bueno, y para estar prevenida, ¿no?

No te preocupes.

Yo sé quién lo puede arreglar.

Además, sí te vas a tomar una tequilita.

Hija, ¿qué haces aquí a estas horas?

Vengo a hablar contigo, papá. ¿Qué pasó?

¿Pasó algo?

Tu familia se acaba conmigo.

¿De qué estás hablando?

De que Isidro me pegó una porquería.

Y me dejó estéril.

Utilia.

Tú me casaste con ese hombre aunque sabías que es una mierda.

Ustedes a mí no me vuelven a ver.

¿Dónde andabas?

Fui a ver a un doctor.

¿Y a qué fuiste?

Ve y pregúntele.

¿Voy a ir?

Seguro que voy a ir.

Pero mañana.

Ahora tengo ganas de otras cositas.

Ándale, párate.

No.

¿Qué dijiste?

Que no me vuelvo a acostar contigo.

Ni hoy, ni nunca.

Si me vuelves a tocar, un día de estos amaneces muerto.

Atumushiri, kena yon arroba ma patumu, uere la kechabe

chabe, onora meyera rimba mba rimba, mama patumu uere la kechabe.

Atumushiri, kena yon arroba ma patumu, uere

la kechabe chabe, onora meyera rimba rimba, mama patumu uere la kechabe.

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Te perdiste de lo mejor.

Pero no importa.

No los quiere.

Aunque vengan muchos, a ninguno de esos quiere de verdad.

Tú aquí tan temprano.

Las putas deben estar en huelga.

Necesito hablar contigo.

¿Qué quieres?

Mira, estuve pensando en asegurar el futuro.

No será el de nuestros hijos, ¿verdad?

No fue a propósito, Tilia, y tú lo sabes.

¿Y cómo es que esperas asegurar nuestro futuro?

No quiero comprar otra carnicería, ponerla a tu nombre.

Si tú quieres, la puedes administrar.

Cómprala.

Sabes que no tengo el suficiente dinero.

Pues entonces no la compres.

Pídele un pésamo a tu papá.

Pídeselo tú, mi amor.

A mí no me va a dar nada, Otilia.

¿Pues cómo?

Si te lo acabaste todo.

Le sacaste todo lo que quisiste con tal de casarte con su hijita, ¿no?

Ahora aguántate.

¿Y la finca?

Es tu herencia. Podría adelantárnosla, ¿qué no?

No.

Esa finca se la va a dejar a las monjas.

Para los huerfanitos.

Eso no es cierto.

Pregúntaselo al notario.

Pero tú eres la hija.

¿Cómo puede?

Pues pudo.

Pudo.

Hijo de la chingada.

Eso lo hizo Adrede.

Y tú vas a haber estado de acuerdo con él.

¿Te gustan?

Todos.

Pruébate el rojo.

No, ¿cómo crees?

Ese color no me va.

No me quedan bien los encendidos.

Pues será con la ropa, por lo que sé.

¿Y qué es lo que sabes?

¿Quieres que te lo cuente todo?

O nada más los detalles.

No, mejor no.

Ya sabes, todo se puede mientras no te metas con los que yo me

ocupo.

Nunca lo haría.

Más te vale.

Ándale, pruébate el vestido.

Aquí nadie te ve.

Te lo regalo.

Después de ver cómo te queda, yo jamás me atrevería a usarlo.

Te envidio.

Ay, cómo te envidio.

Te lo estrenas en mi fiesta.

No, Chenda, gracias.

Te vas a ver como nadie.

Claro.

La mujer más bella del mundo.

Cuando no se te ve la cara.

Vete. Sigues siendo la mejor de las hembras.

Sí, pero no para ti.

mi bien mientras viva yo en este mundo

que no ames a otro

Quédense otra vez.

No es mi cumpleaños. ¿A que no?

Ah, pues da igual.

Te traje un regalo.

dos quieres, Isidro.

Nada. Yo pensé que era tu cumpleaños.

Lo escogí especialmente para ti.

Un tenate, ¿no lo ves?

¿Y eso te da risa?

No.

La que me da risa eres tú.

Tu amiga Chenda será medio puta, pero siempre dice la verdad.

Tú, solamente tapándote la carota con ese tenate, serías la mujer más bella

del mundo.

No es justo que acapares a mis invitados.

Es mi fiesta.

¿Y cuántos años cumples, Chema?

Yo no cumplo, amiga.

Yo festejo.

Un poco de silencio, por favor.

Quiero pedirle a nuestra querida amiga Lupita Rivera.

Que nos regale una canción con esa maravillosa voz que Dios le ha dado.

Sí, que cante. Que cante cuando sale la luna. Y esa le sale preciosa.

Juanita, saca la música.

De mil amores lo haría, pero estoy un poco afónica.

Ándale, todos queremos oírte cantar.

Sale la luna y se mete el sol.

¿Quién viene hoy?

Don Juan En cuanto llegue lo pasas y te vas a avisar Mejor te

acompaño ¿Para qué?

La monina anduvo alborotada al amanecer No te preocupes Algún ladrón

No pasa nada

Porchiria. Ya llegó don Juan Gutiérrez. Te está esperando.

Dile que no voy.

Que estoy enferma.

Inventa algo.

Muévete.

Ese es Rubén Lascano.

Dile a tu mamá que venga ahorita mismo.

O busca a la policía.

Apúrate, Melquiades. ¿No ves que se desangra?

Dicen que mata.

¿Y ahora qué, Otilia?

¿Qué de qué?

¿Para qué lo quieres?

Para joder a Isidro.

¿Te molesta?

Ya te manchaste.

¿Ya viste que mi mujercita no es lo que andas diciendo?

Mírala.

Mírala cómo nos atiende.

Señora Otilia, yo le juro que yo... No, no, no hace falta que me jure nada,

Celedón. Se lo juro por la Virgen Santísima. No seas hereje.

También juraste que habías matado a Rubén Lascano.

Eso sí es verdad.

¿Y la recompensa, pendejo?

¿Por qué no la cobramos entonces?

Déjeme que le jure, señora Otilia.

Yo no ando diciendo nada de usted.

Así que usted mató a Rubén Lascano.

Pues... Cada quien puede creer lo que quiera.

Cuéntale lo macho que eres, cabrón.

¡Cuéntale!

Yo no me hago de macho, señora Otilia.

De haber sabido que era Rubén Lascano el que andaba por ahí, ni me asomo.

Pues no le disparó, ¿o no? Me despertó un ruido en el corral, entonces salí y

ahí me tropecé con él.

Le disparé del puro susto.

Ni siquiera le apunté.

De pura casualidad que le di en el mero corazón.

En el corazón.

Se lo juro.

Yo lo vi caer.

Ese es mi gallo, carajo.

Lástima que se le desapareció el muerto.

Yo sí le di.

Para cobrar la recompensa hay que tener el cuerpo.

Tuviste mala suerte, Isidro.

Lástima.

Con lo bien que te hubiera caído un dinerito.

A ti. ¿A ti qué te gusta tanto?

Eres una perra.

Por su buena puntería, Celedonio.

Don Juan García se apareció de nuevo.

Y Efraín Garay también.

¿Y qué les dijiste?

Que estás con la regla.

Pero si ya no quieres verlos, mejor búscate otro pretexto porque ese no te

dura toda la vida.

¿Qué vamos a hacer si se muere?

No se va a morir.

¿Qué vamos a hacer si vive, entonces?

Bueno, ¿qué te pasa?

Que estás tras la recompensa.

¿Y tú?

¿Qué madres haces tanto tiempo en la finca?

¿Con quién te ves allí, puta?

Las putas se acuestan por dinero, Isidro.

Bueno, y a veces por poner una carnicería.

Te hice una pregunta.

¿Con quién te ves?

Con Rubén Lascano.

Que es que para los huerfanitos.

Don Isaac se debe de estar revuelcando en su tumba del puro gusto.

De ver su pinche finca convertida en un bordel.

No, Isidro.

Lo mío es por puritito gusto.

Y si vieras cuánto lo disfruto.

¿Hasta cuándo me vas a hacer pagar?

Hasta que te mueras.

Todos los días.

Ya andas otra vez de alta vuelta.

¿Has visto por aquí a Rubén Lascano?

Yo no sé quién es ese.

Todos conocen a ese criminal.

Yo no he visto a ninguno.

¿Estás segura?

Yo no vi a nadie.

Ya se lo dije.

Seguro que el imbécil de tu hijo tampoco lo ha visto.

Me lo hubiera advertido.

Dile que venga.

Está con la señora Otilia.

Puede ir a preguntarle.

Aunque ya sabe que a la señora Otilia no le gusta que se le metan en sus tierras.

¡Ya cállate, carajo!

¡Ya me tienes harto con tu señora Otilia!

Pobre de ti.

Si me entero que me andas diciendo mentiras.

Aquí no va a venir. No se va a atrever.

¿Y si se atreve?

Lo mato.

Tú lo matas y sus changos nos despachan a nosotros.

Ya estuvo bien de tus juegos, Otilia.

Con este es peligroso. No es lo mismo que con tus peleles del pueblo.

A este lo buscan para matarlo.

No te vuelvas a acercar.

Toda la noche se oyeron ladridos.

Nadie sabe que estás aquí.

Y nadie lo va a saber.

Ofrecen mucho dinero por mi cabeza.

¿Yo no te voy a vender?

Yo no confío en nadie.

Y tampoco soy hombre agradecido.

No sé cómo eres, pero no me importa.

Virginia.

¿Ya?

Ya te puedes ir.

Cuando termine te llamo.

Conmigo estás seguro.

Qué cochina es Otilia, ¿verdad?

A los enfermos dejen paz.

Monina, yo sí le aviso a Isidro, aunque se enoje el Otilia.

¿Isidro es la policía, que no?

Sí.

Vente, Monina.

Vamos a avisarle.

Ven, Molina.

¡El cura!

¡El cura!

¡El cura!

¡El cura!

Toma. No dejes que se salga.

Este milagro, padre.

Estaba cerca y pensé en visitar... ¿Cuánto tiempo hace que no nos vemos?

Los sacerdotes hemos vivido épocas terribles, hija.

Eso pasó hace mucho tiempo.

Restaurar es más difícil que construir.

La iglesia ha sido muy perseguida.

Que yo sepa, mi marido no lo persiguió demasiado.

Gracias a Dios, don Isidro no permitió que se abusara.

¿No cumplió con la ley, quiere usted decir? Cumplió con la ley de Dios.

que es superior.

Pero tarde o temprano todos los favores se pagan.

¿A qué vino usted, padre?

Bueno, como usted dijo, hace mucho tiempo que no visitaba este querido

hogar.

¿Usted nunca vino a esta casa?

Ni cuando murió mi padre, ni cuando murió mi madre.

Isidro lo mandó para que me espiara, ¿verdad?

No, no. ¿Cómo crees, hija?

Júremelo por Dios.

No se debe jurar por cosas sin importancia.

Para mí sí es importante.

Es pecado invocar el nombre del Señor.

Entonces, de veras vino por su propio gusto.

Claro.

Vine a ponerme a su servicio porque ante Dios todos sus corderos son iguales. Así

que si no vino a espiarme, vino por mí.

Doña Otilia, ustedes varían. ¿Qué hace?

Conozco su mirada, padre.

La conozco desde que era una niña, secando todo a su paso.

Y yo, en cambio...

Qué llena de vida estoy.

Soy la vida misma.

Venga, pruebe.

Señora, por el amor de Dios.

No tenga miedo.

Estamos solos.

Por piedad.

Acércate, Juvencio.

¿Qué pasó?

¿Sabía algo?

No, nada.

Y no va a regresar.

Por Dios que sé, no va a volver.

¿Y entonces por qué tienes esa cara?

Yo no la escogí.

Dicen que los mata con sus propias manos.

Y luego se comen los corazones de los difuntos.

Ay, monina.

Yo creo que Otilia no lo sabe.

Y si se lo decimos, a lo mejor deja de andar de Cusca.

No te andes creyendo todo lo que se dice de mí por ahí.

Yo nunca he matado a nadie que no se lo haya merecido.

Para que aprendas, así te vas a quedar.

Te estás portando igual que ella.

¿Sabes lo que pienso a veces?

Lo que estoy pensando ahorita mismo.

Si yo hubiera tenido mis hijos, tú no estarías aquí.

Y yo hubiera vivido sin haberte visto nunca.

Vamos a verlo.

Vamos a ver, lo que más le quieres ver.

Te la has pasado metida ahí todo el tiempo.

Desde ahí podemos verlo sin que él nos vea.

Ándale, vamos.

Es

un

hombre muy hermoso, ¿verdad?

Todos los hombres son iguales.

No, no todos.

Ese ya está curado.

Compáñate en mí.

No te engañes conmigo, Tilia.

¿Yo no me engaño?

Yo sé que te amo.

Yo no necesito compañía.

Eso no puedes saberlo.

Has estado demasiado tiempo solo.

Por eso estoy vivo.

No.

Tú estás vivo porque yo te encontré.

Y te salvé.

Otelia. Yo te he estado buscando.

No sabes cómo te busqué.

Aún antes de saber que existías.

Y así tenía que ser.

Eres más de lo que la vida me debe.

Necesito un caballo, Tilia.

No tenemos por qué vivir escondidos.

Nos vamos a ir muy lejos, al país que tú quieras.

Otra ya.

Solo consiguimos un caballo.

¿Lo ensillaste?

Sí.

Amárralo en el portal del patio.

¿Qué te pasa?

Estuviste llorando.

No digas pendejadas, Melquiades.

Gracias.

¿Qué?

Comiste nada.

Te estás volviendo loca, niña.

¿Y ahora con quién?

Con nadie.

Mentirosa.

Puedes creer lo que te dé la gana.

Dame la botella.

Lo voy a matar.

¿A quién?

A Luis Pérez.

¿A Luis Pérez?

No te rías.

Lo voy a matar.

Pobre Isidro.

¿Crees que yo podría enamorarme de un idiota como Luis Pérez?

Te lo dije mil veces.

Pero nunca te atreviste siquiera a imaginarlo.

¿Quién es?

Rubén Lascano.

¿Otra vez con eso?

Lo conozco.

Dios mío.

¿Cuánto lo conozco?

¿Y cuánto lo extraño?

A mí ya no me provoques con tus pendejadas.

Celedonio le dio un tiro.

Sí que le pegó.

Pero no lo mató.

Yo lo tuve escondido, Isidro.

Y lo curé.

Durante un mes.

Y lo amé.

Y lo sigo amando.

Y si apareciera ahora mismo, sería su esclava.

¿Para qué te digo todo esto?

Tú jamás podrías matar a Rubén Lascano.

Nunca deberías.

Porque mientras siga vivo, yo lo seguiré esperando.

¿Don Isidro está en la carnicería?

Sí, solo entré por la lluvia a Celedonio.

Salí sin paraguas.

¿Quiero un cafecito? No, no, muchas gracias.

Voy a esperar un poco a ver si escampa.

Sí, lo que usted mande.

¿Qué? ¿Mucho trabajo?

Lo de siempre.

Un borrachito y algunos siniestros.

Pero nada fuera de lo común.

Digo, algún crimen o algún robo grande.

No, gracias a Dios andamos tranquilos.

Y finalmente, Celedonio.

Rubén Lascano.

¿Está vivo?

¿O está muerto?

Por favor, señora Otilia.

Ya son años.

Y todos en el pueblo siguen burlándose de mí.

No es justo.

No, no, no. Yo no me burlo, Celedonio.

Solo lo estaba preguntando.

Pero si no me quiere contestar, está bien.

Me siguen chingando con eso.

Hace unos días vinieron a decirme que ya lo habían atrapado.

Luego resultó que era otro.

¿Y era otro?

Claro que era otro. No lo pueden atrapar.

Ni lo pueden matar, porque yo ya lo maté.

Esta maleta se va a quedar aquí preparada.

¿Preparada para qué?

Tú sabes para qué.

Nomás cuida que no se me llene de polvo.

Ese no va a regresar, Otilia.

Desengáñate.

Cállate.

Como quieras.

¿Sabes que tienes prohibido venir a esta casa?

No pensaba entrar.

¿Qué quieres?

No vino por ti, ¿verdad?

¿Quién?

El amor de tu vida.

¿Por qué no pasas y te cercioras?

No, no es necesario.

Tu Rubén Lascano ya no va a venir.

Eso mismo me dices todos los días.

Nada más que ahora sí es seguro.

Solo venía a avisarte.

Anoche anduvo cogiendo, pero no contigo.

Prefirió otro burdel, el de Chenda.

¿Y tú cómo sabes eso?

Ah, las putas no son muy discretas. ¡No es cierto!

Pregúntales.

Ahora sí te chingaste, utilera agua.

Puta por puta.

Tu amorcito prefirió otra.

Ay, mija, ni modo, te vas a tener que conformar conmigo.

Me podrás matar, Otilia.

Pero Rubén Lascano jamás va a regresar por ti.

¿A quién le preguntaste?

Es mi mamá la que siempre pregunta.

A mí nadie me hace caso.

A mí nadie me hace caso. Pero te fijaste bien en todos lados.

haber un mensaje, una nota, algo, Melquiades. Me fijé bien.

Me fijé bien.

Fue lo único que te pedí. Lo único y lo más importante.

Eres un inútil.

Siempre fuiste y siempre serás un inútil.

Y un idiota.

¿De veras estuviste enamorada de ese bandido?

No lo puedo creer.

¿Quieres testigos?

Qué romántico.

Pero él... ya no debe de estar tan enamorado de ti.

Estuvo aquí con una de mis muchachas.

Eso no me importa.

Yo ya no lo quiero.

Entonces, ¿para qué lo buscas?

¿Cuál de ellas fue?

Lo tuyo es amor.

Blanca.

Las dejo solitas para que platiquen a gusto.

Rapidito. Es viernes, día de maridos.

Usted dijo que estuvo con Rubén Lascano, ¿verdad?

Sí.

¿Estás segura que era él?

Claro, lo reconocí por la cicatriz que tiene en la cara.

No es el único hombre que tiene una cicatriz en la cara.

Era él. ¿Qué? ¿Te dijo cómo se llamaba?

No, pero... Ay, entonces no puedes estar segura.

Oiga, ¿qué le pasa?

Que cualquiera se acuesta con uno que tiene una cicatriz.

Y luego anda pregonando de que ya se acostó con Rubén Lascana.

Si le digo que era él, es porque era él.

¿Tenía otra cicatriz?

Sí.

vete mujer vamos a brindar juntos

ahora

si otilia

Ahora sí voy a agarrar a Lascano.

Ya sabemos dónde anda.

Y yo me voy a encargar de que quede más muerto que todos los cabrones difuntos

que están en el Camposanto.

Y voy a cobrar el dinero que me corresponde.

Que desde hace años...

Me corresponde.

Ese dinero que hubiera cambiado tanto nuestras vidas, Otilio.

¡Salud!

¿Saluda? ¿Por qué ahora sí no te chingan el cadáver?

¡Brindale!

¡Ándale!

¡Cuérdate!

Por el refuerzo que llega mañana de la ciudad.

Escúchame, Isidro.

Quiero ver a Rubén Lascano vivo.

Tú me crees más pendejo de lo que soy, pero pues no.

No creo que eso se vaya a poder.

¿Por qué?

¿A ti qué te quita que me lo dejas ver?

Ya luego lo matas.

¿Desde cuándo tú quieres que se muera Rubén Lascano?

Desde que me traicionó.

¿Y la recompensa?

¿Qué te pasa?

¿Tienes miedo de tenerlo vivo frente a frente?

Te ofrezco algo.

Si aceptas...

Una sola vez.

Melquiades.

Ya sé dónde está.

Melquiades.

Melquiades.

Isidro me dijo dónde está.

Sálvalo Melquiades, dile que se vaya lejos, que no se

acerque al pueblo, que se esconda.

Rubén no te va a hacer nada.

El que haces, él es bueno.

Tú lo sabes.

¿Y después?

¿No vas a ver a nadie que no sea Rubén?

Después... Después todo va a ser como...

¿Y tú?

Yo voy a estar aquí.

Como siempre.

Ya te dije que no puedes venir.

Quédate en la casa.

Vete con Otilia, yo nada más voy a un mandado, ya me regreso.

Si te vayas.

¡Vete!

¡Vete!

Cóbrate. ¿Qué esperas?

¡Gonina! ¡Gonina!

¿Me va a matar?

¿Qué haces aquí, no quieres?

Me mandó la señora Octilia que lo salve.

Porque una puta del pueblo anda dando sus señales.

Dice Octilia que don Isidro lo va a matar.

Pues estamos jodidos y eres tú el que me va a salvar a mí.

Mírate.

No me sirves para andar aquí, Melquiades. Mejor regrésate.

Y dile a Tilde que yo me voy a morir aquí.

Solo.

Solo fugo en el monte.

Ella ya no quiere a nadie.

Lo quiere usted.

Otiria no es para cualquiera, Melquiades.

Eso... sí es verdad.

Gracias.

Gracias.

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