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Se ha confirmado un caso de norovirus en el sector uno.
- ¿Está queriendo decir que hay, al menos, dos portadores del virus
que están en este sector? - Los localizaremos.
- Este es Mateo, mi hijo. - Se parece mucho.
- ¡Nunca vimos su cadáver, Fernando, nunca lo vimos!
- ¡Joder!
Ha aparecido uno de los niños.
Está vivo.
¡Alma! - Atrás.
- ¡Nuestro jardinero iba en el autobús esta mañana!
¡Han venido a por nosotros!
- Iba en el autobús, Iván, me buscan a mí.
Los padres de Sergio han aparecido muertos.
Los han matado seguro.
Esta gente no tenía nada, ¿qué les iban a robar?
- Este país tiene problemas más graves que un simple robo en el sector dos.
- No me hicieron caso y confiaron en ustedes.
¡Y esas no son las banderas de este país!
- Está embarazada, Iván. - Y está enferma.
Iba en el autobús.
Y este tema me toca muy de cerca
porque en mi casa hay uno de esos niños.
Os prometo que me tendréis a vuestro lado.
No sé por dónde empezar a buscar a vuestros hijos, a hacer justicia,
pero os juro que lo voy a hacer.
Vas a ayudarla, ¿verdad?
- Voy a hacer lo mejor para ella y para vos.
¡Busquen a Manuela por toda la casa, búsquenla ya!
Suerte.
Siéntate.
¿Tienes frío? - Un poco.
- Ven, métete en la cama.
- ¿Y tú? ¿Estás bien?
- ¿Yo? Claro. No te preocupes por mí, anda.
- Iván, ¿qué haces?
Te he dicho no te acerques tanto sin protección.
Venga, sal. - No, prefiero quedarme.
- Espérame fuera, por favor.
Vamos a prepararla, es solo un momento.
- Anda, vete.
Luego vuelves, ¿vale?
- Claro.
- Tranquilo, está todo bien, Iván.
- No respondas.
- Es tu madre, está preocupada.
Es la quinta vez que llama, déjame que hable con ella.
- Si contestas, cojo a Manuela y no nos volvéis a ver en la vida.
- Está bien, pero tranquilízate.
¿Qué quieres que haga? ¿Cuál es tu plan?
- Ponle la vacuna.
- La vacuna no es estable, nunca la hemos probado
en personas ya contagiadas.
- Se ha contagiado hace menos de 24 horas.
Pónsela.
- Vale, pero tú te vas a mantener alejado de ella, ¿me oyes?
Iván, esto es muy peligroso para ti y para todos nosotros.
Prométeme que no te vas a acercar.
- Ya veremos.
¿Qué pasa?
♪ Ya han florecido cipreses
♪ como gigantes cabezas
♪ que con órbitas vacías
♪ el horizonte contemplan.
♪ Salen los niños alegres ♪ de la escuela.
♪ Viviendo en el aire tibio ♪ del abril.
♪ Canciones tiernas. ♪
No sé adónde pueden haber ido. Usted sabe que se lo diría, señora.
- Conseguime la dirección de los padres de Manuela ya.
- Sus padres murieron. - ¡Una abuela, una tía, algo!
¡Algo tiene que tener! ¿O no?
- Es que la niña no tiene a nadie, señora.
- Buenas tardes.
- Déjennos.
¿Qué haces acá?
- Quiero saber cómo estás. - ¿Cómo voy a estar?
No es momento para que aparezcas así.
Luis no me coge, tiene que estar por llegar.
- ¿Cómo por llegar? ¿Estás sola? - Ándate con ojo.
- Alba, mírame, tengo controles en todas las salidas.
Tengo cinco unidades peinando todas las carreteras.
Lo vamos a encontrar.
- Bueno, vete. - Vamos a encontrar a tu hijo.
Te lo prometo.
Atendeme.
Atendeme, dale.
He visto que ha venido tu marido, ¿dónde está?
Sí, ha tenido que irse. Ah.
Nos ayudaría muchísimo poder contar con él.
Mi marido es buena persona, pero nunca quiso creer
que Mateo seguía vivo y sigue sin querer creerlo.
No sé, a lo mejor, con un poco de tiempo...
Es que el tiempo siempre es poco, Alicia.
Lo siento mucho, Emilia.
¿Cómo puede tener ese hombre una venda en los ojos?
Es policía, él sabe. No, no, Emilia.
Precisamente por eso, él está más confundido que nadie.
Él es parte del sistema.
Sí, ya lo sé, yo también.
Estoy muy perdido con todo esto.
Pero te aseguro que él tiene motivos más que suficientes
para estar muy preocupado.
Solo es un policía.
Si se sabe que está destapando todo esto,
¿qué crees que le harán?
Perdón, señores.
Quiero darles las gracias por todo lo que están haciendo
para encontrar a nuestros niños.
Si me permiten.
Esta es una canción que aprendí aquí, en España.
Se la cantaba a mi bebé en las noches para darle suerte.
- Dice que se duerma el niño pronto,
antes de que llegue el perro grande, que se lo llevará.
- Pero eso es euskera. ¿Tú cómo puedes entenderlo?
- Me lo cantaba mi abuela cuando era pequeña.
- Que Dios nos ayude.
- ¡Qué hambre!
¿Qué vamos a cenar? ¿Qué te parece una cena especial?
¿Pasta con tomate frito?
¡Jope! ¿otra vez?
¿Sabes lo que me gustaría cenar? ¿El qué?
Una ensalada de tomate fresco, ¿no? No.
¿Un bacalao recién hecho rico rico? ¡Ay, qué bueno!
¿Y sabes de postre lo que quiero? ¿El qué?
Unas fresas. Para.
Y chocolate. ¡No!
Sí. Ese rico rico que se funde en la boca.
¡Calla! Lo siento, cariño, no queda tomate.
Vaya, no queda tomate frito.
Pero tengo yo una cosita por aquí.
A ver, a ver.
Uy.
¿Esto qué es?
Pero si tengo bacalao.
Y tomate fresco y unas fresas. ¡Hala!
¿Qué? ¿De dónde los has sacado?
Esto...
Lo he comprado. Ya.
Lo he comprado en un sitio en el que tienen muchas cosas, ¿o no?
Tantas, que les sobran.
Ya, el Mercado de Rosa; de todo y el mejor precio.
Exactamente.
¿Y el chocolate?
De almendras.
Julia.
¿Qué? ¿Lo quieres? Sí.
¡Pues dame un beso, dame un beso!
Toma, cariño, para ti, te lo has ganado.
Vale. ¿Lo puedo abrir? Claro, solo si me das un poco.
Te puedes hacer con la tableta entera, cariño.
Sí, ¿no?
"Por su seguridad, no se detengan en la calle y no formen grupos.
Tengan a mano su documentación y muéstrenla cuando se les solicite.
"Por su salud, revisión médica obligatoria
el próximo martes de 08:00 a 18:00 horas."
- Yo también le abrazaría, pero...
Bueno, sepa que le estoy abrazando por dentro.
Me parece usted un tío de puta madre
y que su hija también es de puta madre.
O sea, cojonuda, y que ella tiene mucha suerte de tenerle
como padre, pero usted también de tenerla a ella como hija.
- ¿Qué te decía Álex?
Lo que no se atreve a decirte a ti.
Le gustas a rabiar.
No, ponédsela a ella primero, por favor.
- Os la pondremos a los dos. - ¡No, por favor, a ella primero!
- Calma, no puedes estar así.
- ¡Por favor!
- Si quieres que se la pongamos a ella primero, está bien.
- ¿Te duele?
- No. - Ya está.
No vamos a poner bien, ¿vale? Te lo prometo.
- Gracias.
Te debo una.
- Manuela.
¡Manuela, Manuela!
¡Manuela!
¿Qué le pasa? ¡Haz algo! - Solo está dormida.
- ¿Dormida? ¿Qué le habéis puesto?
¿Qué nos habéis puesto?
Daniela. Dime.
Ahora voy a hablar con tu madre.
No será una conversación agradable.
No te preocupes, papá.
Tengo que aclarar con ella algunas cosas
sobre el tema de los niños.
El CIM.
¿Crees que te miente?
No lo sé.
Espero que...
Seguro que tiene una explicación.
Seguro.
¿Aún la quieres?
¿Os queréis? Claro que sí.
Tu madre y yo estamos muy unidos.
Pero, a veces, las parejas...
Llevamos mucho tiempo juntos y parece que el uno
forma parte del otro.
Pero el tiempo ha ido pasando y cada uno ha tomado sus decisiones,
decisiones que nos han alejado enormemente.
Lo extraño...
es que tardas muchísimo tiempo en darte cuenta.
Pero, al final...
Al final, de pronto, descubres que tu pareja y tú habláis
un idioma completamente distinto.
¡Por fin! ¿Dónde estabas?
Te estuve llamando. ¿Por qué no me contestaste?
Tu padre, ¿dónde está? - En el despacho.
- ¿En el despacho? ¿Sabes algo de tu hermano?
- No sé, ¿por?
- Luis, mil veces te llamé.
¿Se puede saber dónde estabas? Para. ¿Puedes dejarme hablar a mí
por una vez?
Los padres de Sergio han sido asesinados.
No es el único niño robado, hay muchos más y sus padres
les están buscando.
Y, casualmente, muchos de ellos pasaron por el CIM.
¿Me podés escuchar? ¿Vos sabés dónde está tu hijo?
¿Y eso qué importa ahora?
Voy a pedir análisis de Sergio.
Voy a llegar al fondo de todo. ¡Haced lo que quieras!
Y no sé de qué me hablás ni qué cuentos que te contaron,
pero mi vos estabas no sé dónde haciendo no sé qué,
¡nuestro hijo desapareció!
¿Cómo que...?
Alejo. - Hermana.
- ¿Por qué no me contestabas? Mil veces te llamé.
¿Está Iván con vos? - Sí, está acá conmigo.
- Ah, ya está.
Bueno, ahora me quedo tranquila.
Si está con vos, está bien.
Alejo, ¿está bien mi hijo?
- No, Alma.
Se ha contagiado del virus.
¿Qué pasa?
Se ha contagiado.
Alejo, Alejo.
Ahora mismo vamos para allá.
No, no, espérennos ahí, estamos de camino.
Madre mía.
Pobre Manuela. Sí.
Ojalá existiera una cura.
Ojalá, ojalá.
¿Y adónde habrán ido?
No creo que el señorito sea capaz de llevarla muy lejos.
Iván la quiere, ¿eh, Hugo? Sí.
Sí, es increíble, pero la quiere muchísimo.
La quiere de verdad, ¿sabes?
Vaya.
El amor es increíble.
Y este whisky también. Trae un trago, anda.
¿Lo echas de menos?
O sea, no a mi hermana.
Pero, vamos, el amor.
O sea, estar... estar enamorado.
Anda, tápate, que vas a coger frío.
Uy.
No intentes no responder, ¿eh?
A ver, ¿que si lo echas de menos? ¿Qué te pasa a ti con eso?
Pues sí, claro que lo echo de menos.
Lo echo de menos todo el rato.
¿Y qué cosas?
- El silencio. - Oh.
Qué asqueroso eres.
No, no sé. Pues...
Estar...
Estar con ella. Ah.
Escuchar su respiración.
Y besarse. Sí.
Y abrazarse. Y el sexo.
Echo mucho de menos el sexo.
El sexo es cojonudo, eso es así. Sí.
¿Un día vas a volver a enamorarte?
A mi hermana no le importaría.
Ella querría que fueras feliz.
Tú eso lo sabes, ¿no?
Sí, lo sé.
Bien.
Eres un tío estupendo.
Callado, pero estupendo.
¿Qué?
Nada.
Qué a gusto se está aquí, ¿no? Sí.
Podría quedarse a dormir toda la noche aquí, así de a gusto.
"Por su seguridad, ha terminado el toque de queda.
Pueden circular libremente
y recuerden llevar siempre consigo su identificación."
Bueno. Perdón.
¿Qué pasa? Nada.
Me tengo que ir a la mansión, me están esperando.
Pero si prontísimo.
Ya, lo sé.
Vaya carita tienes.
Eh.
¿No me vas a contar nada?
¿De qué?
Pues de anoche, joder, que os vi subir juntos la azotea.
Anoche no pasó nada y no me des el coñazo.
Mira que eres sieso.
Tú y yo nos lo contábamos todo, pero desde que hemos llegado aquí...
¿Interrumpo? No, para nada.
¿Nos vamos? Vámonos.
Buenos días. Por fin estáis aquí.
Sí. Rosa, ¿qué ha pasado?
Lo que tenía que pasar.
Les han encontrado y ahora están los dos contagiados.
Les están trayendo a casa, pero esto pinta muy mal.
Ese virus es muy cabrón.
Una prima mía... Bueno, da igual, da igual.
Tranquila, Rosa, mejor que en casa no van a estar en ningún sitio.
Qué desastre.
Venga, dejémonos de cháchara, que llegarán en cualquier momento.
Vosotros llevad estas sábanas a la habitación principal.
Yo me encargo de hacerle un hueco aquí a Manuela.
Claro, Rosa, claro.
Ah. Eh, eh. ¿Qué pasa?
¿Qué pasa? ¿Qué he hecho?
Nada, nada. Mírame. Eh, mírame.
Eh, solo querías ayudar, nada más.
Sí.
Al menos, están juntos, ¿no?
Claro.
Vamos. Sí.
Vamos.
Ya estás aquí.
Gracias por venir tan deprisa.
Nos acabamos de enterar.
Sentimos mucho lo que está pasando, de verdad.
¿Qué es eso?
Venimos a poner sábanas nuevas.
¿Saben algo del norovirus ustedes?
Es una enfermedad mortal que no se cura con sábanas nuevas.
De hecho, todo lo que toca un enfermo, sábanas, toallas, ropa,
hay que quemarlo después. Alma, ellos no son médicos.
Entonces, explícales bien.
Así entienden a qué nos estamos enfrentando.
Supongo que podéis comprender que estamos un poco nerviosos.
Se trata de un virus que, una vez inoculado,
ataca el organismo de forma generalizada
muy rápidamente.
El virus se contagia a través de los fluidos corporales,
de la saliva, el sudor, la sangre, el vómito.
Por eso es muy importante evitar cualquier tipo de contacto físico.
Os van a dar guantes y mascarillas, pero, aun así, no quiero que entréis
en esta habitación bajo ningún concepto.
¿Está claro? Entendido, señor.
Muy bien.
Sara.
Sí.
Tu padre era un gran especialista en este virus.
Lo sé.
Ojalá estuviera aquí.
Ojalá.
¿Qué cojones hace aquí? ¿Se ha vuelto loca?
Ayer le ve en la reunión,
pero se marchó antes de que pudiéramos hablar.
Ya le dije todo lo que tenía que decir
y no ha hecho ni puto caso. Solo estoy buscando a esos niños.
Usted es el único padre que puede ayudarme a encontrarlos.
¿Entiende? Es que no hay nada que encontrar.
Yo vi a mi hijo en el hospital muerto.
¿Sabe cuánto tiempo me costó aceptar eso?
Pero usted escuchó a mi nieta, lo que dijo ayer.
¿De verdad que no dudó por un instante?
¿No pensó que uno de esos niños podría ser su hijo?
Mire.
Quizá pueda engañar a esos padres con su palabrería,
pero a mí no me engaña.
Sé reconocer a una embustera cuando la tengo delante.
¿Puede usted de verdad decir que este no es su hijo?
No quiero volver a verla por aquí. Lárguese.
Hola.
- Alma, quería saber si había alguna novedad.
- No, Enrique. Perdoname que no te avisara.
Mi hijo apareció en el campamento de mi hermano.
Está viniendo para acá, para casa. Espero que no sea demasiado tarde.
- Dios mío.
Esperemos que no.
¿Tú cómo te encuentras? - ¿Y cómo crees que esté?
Estoy destrozada.
Soy la mejor virólogo del país, la mejor.
Resulta que mi hijo se contagió de la empleada doméstica
y, encima, mi marido...
- Espera, ¿qué pasa con tu marido? - Vino esto mañana acusándome.
Hay varios padres que buscan a sus hijos.
- ¿Cómo? - Que si sé dónde están esos niños.
¡Un disparate! No sé de dónde sacó todo eso.
- Alma.
¿Quieres que me encargue?
- ¿Podés?
- Puedo lo que necesitas, ya lo sabes.
- Enrique.
Creo que nunca te di las gracias como te merecías.
Enrique.
Enrique, ¿estás ahí?
- No hace falta que me agradezcas nada, Alma.
Te tengo que dejar, me tengo que encargar de una cosa.
- Comandante. - ¿Qué hacía esa mujer aquí, Navarro?
- ¿Qué mujer? - No me tomen por tonto.
¿Qué hacía esa mujer aquí?
- Esa mujer está loca, señor, no dice más que tonterías.
- ¿Qué tonterías?
- No sé qué de unos niños que murieron hace tiempo.
Ya le he dicho que no se le ocurra volver a molestar.
Si no la he detenido es porque es amiga del ministro
y me ha parecido mejor dejarla marchar.
- Quiero los 20 hombres más eficaces y más leales de este edificio
y los quiero ahora, ¿entendido? - Entendido, señor.
¿Cómo está? - Sigue sedado. Hola, Luis.
Gracias por traerle. La fiebre ya se ha disparado,
los antitérmicos no hacen nada.
- Que lo lleven a la habitación, está lista.
Te vas a poner bien, ¿me oís?
¿Me oís, mi amor?
No han traído a Manuela. Te vas a curar.
- Alma. - ¿Me escuchás?
- Alma, vamos a prepararlo.
- No, no te acerques. Estoy enferma, te puedo contagiar.
- Nosotros no nos podemos poner malos.
Nosotros curamos.
- ¿Cómo te llamas?
- Pedro.
- Hola, Pedro.
- Me tengo que ir. Adiós.
- Espera.
Mi amor, mi amor.
Mi amor.
¿Cómo lo ves? ¿Qué opciones tenemos? No sé, Luis.
Perdimos un tiempo vital.
El virus está en la sangre, viajando por todo su cuerpo.
Pero tú tenías una vacuna, ¿no? ¿Tienes un prototipo?
No, no, podéis entrar aquí, hay que seguir el protocolo.
¿Se pondrá bien? Sí, mamá está haciendo lo posible
para salvarle.
Vamos fuera, fuera. Sergio.
Sergio, Sergio, vamos.
Vamos. - Iván está malo, ¿se va a morir?
- Claro que no.
Está enfermo, pero está dormido, así que, no se entera.
- No quiero que le pase nada.
Iván me cae muy bien, aunque no me hace mucho caso.
- A mí me pasa lo mismo. Ven aquí.
- Cuando acabéis con las toallas, id a desmontar la cama de Manuela.
¿Qué?
Rosa, deberíamos esperar un poco.
A lo mejor, la traen. No la van a traer, Sara.
¿Es que no lo entiendes?
Pero ¿cómo puedes...?
Entonces, tenemos que ayudarla de alguna manera, ¿no te parece?
Demerol. Sí, Demerol 100 miligramos.
Muy bien. Sí, 12 miligramos. ¿Qué más?
¿Termaldina? Sí, en cápsulas.
Muy bien, perfecto. Muchas gracias. ¡Rosa!
Las toallas. Sí, señor, ya casi están.
Pues date prisa.
Señor, disculpe. ¿Qué, está bueno el café?
Ve a buscar al de la ambulancia.
Dile que se la lleve de aquí, no quiero que los vecinos la vean.
Señor, perdone. No, no, no, no, espera.
No, es mejor que la aparque detrás de la casa.
Señor, necesito... ¿Qué quieres?
¿Usted sabe algo de Manuela?
Yo qué sé de Manuela. Manuela se fue con su hijo.
Se fueron juntos.
¿Qué?
Es que la niña está embarazada, señor.
¿Embarazada?
Sí.
Pues no... No sé, nadie me había dicho nada.
Pensábamos que los traerían juntos, pero no ha sido así.
Tenemos miedo de que esté sola, muriéndose.
Rosa, las toallas, vamos, vamos. Sí, señor.
- Se me muere, Alejo, se muere.
- Hice una transfusión en la ambulancia y no reacciona.
Es la cepa más agresiva, Alma.
- ¡No se puede morir!
Se muere mi hijo, yo me mato. Entendés que me mato, ¿no?
- Esa sangre que te dije, pero no sé.
- Haced lo que sea, Alejo, lo que sea.
- Está bien.
Alejo. ¿Qué?
¿Dónde está la chica?
¿Qué chica? La que me acompañaba a mi hijo.
¿Dónde está? No sé de qué chica me hablas.
No es un buen día para tratarme de imbécil.
¿Dónde está la chica?
Estaba moribunda. Lleva días infectada, Luis.
Pues me la llevo muerta. ¿Dónde coño está?
Sara, Hugo, venid. Vamos, vamos.
Manuela está aquí, id a buscarla. Coge la furgoneta.
Vamos, daos prisa, a ver si tenemos suerte.
Gracias, señor. Vamos.
Vamos.
Venga, acelera.
Me tengo que ir.
- Agua, agua.
- Lo siento. Adiós.
- Cada día que pasa es un día perdido, joder.
Lo sé, pero hay que esperar.
Además, esto no es cosa vuestra.
De hecho... ¿De hecho qué?
Nada.
¿Qué pasa, Emilia?
Que deberíais iros, Álex.
Voy a hablar con mi hija y con Hugo y os volvéis a Asturias los cuatro.
Cuando descubran que estamos buscando a esos niños,
puede pasar cualquier cosa.
Mira, Emilia, si crees que mi hermano se va a ir y te va a dejar aquí,
es que no le conoces muy bien y a mí tampoco.
Si nos vamos, nos vamos todos. Créeme, si alguna vez
he estado segura de que no me quiero ir de aquí es ahora.
Llevo demasiado tiempo mirando hacia otra parte.
Pues eso.
¿Por qué no vas con Marta?
No me gusta dejarla mucho tiempo sola.
Le he puesto deberes.
Está con unas divisiones y me ha dicho
que le iban a llevar un buen rato.
Marta sabe dividir desde hace un par de años ya.
¡Pero bueno!
- ¿Quieres más agua?
- Vale.
Pero no te olvides de tirar la botella al contenedor del vidrio.
Me ha dicho el tío Luis que reciclar es muy importante.
- Daniela, no digas nada, por favor.
Si me interrumpes, no sé si tendré valor y fuerzas
para decirte lo que te quiero decir.
Me gustas mucho.
Bueno, bastante más que mucho, me enamoras.
Sé que igual suena un poco antiguo, pero es la verdad.
No te estoy pidiendo que me quieras, de verdad.
Pero, bueno, yo no estoy loco y sé que a ti un poco te gusto también.
¿Qué te parece si...?
Si quedamos un día, nos emborrachamos
y vemos qué pasa?
- Vale, pero eso díselo a ella.
- Daniela, tu novio.
- ¿Qué?
- Me cago en la puta.
- Hola. ¿Álex? - Sí, sí, soy yo.
- ¿Me llamas por lo de mi hermano?
- Claro.
- Marta, guapa, sé que estás ahí.
Ábreme un momentito, preciosa.
- Mi abuela está en la tienda, Begoña.
- Sí, ya lo sé, pero es que yo con quien quiero hablar es contigo,
corazón, no con tu abuela.
Que me han dicho tus padres que te vengas conmigo,
que quieren que vayas a la casa donde ellos trabajan.
- Mi tío Alex está a punto de llegar.
Si quieren que vaya, me puede llevar él.
- ¡Ay! Qué cabezoncita mi niña.
Bueno, pues como tú quieras, pero ábreme un segundín,
que te dé la nota que me han dado tus padres para ti, ¿vale?
¡No!
¡No!
¡Por favor, no!
¡Déjame, por favor!
¡Por favor, déjame, déjame!
Tranquila, tranquila.
- ¡Eh, eh!
¡Eh!
¡Marta!
- Hala, mira cuántos camiones.
- Rápido. - Vamos, rápido.
- Venga, rápido, desalojo.
- Vamos a salir todos ordenados y en fila.
- ¡Venga, corre!
- ¿Por qué vienen los soldados? ¿Adónde vamos?
- Eso no importa. Venga, salid.
- Da miedo. - ¡Venga, ya!
- ¡Vamos, rápido!
- ¡Venga, todos hacia allí, vamos!
- Aguanta, mi amor.
Aguanta un poquito más, ¿vale?
Sé fuerte, vamos.
Tú eres joven.
Ay, mi niño.
No, Alma, Alma, Alma.
Puede ser que nos esté escuchando, tiene que vernos fuertes.
Con su permiso, vamos a drenarle el pulmón.
Mejor, salgan un momento. - No, no, no quiero.
Solo un momento. Vamos, déjales trabajar.
Venga, arriba, arriba. Vamos, vamos.
No puedo más.
En nuestro hijo, Luis.
El primero.
Lo sentí en mi panza.
Lo tuve en mis brazos, era tan chiquito.
¿Te acordás?
Lo vi crecer.
Es un hombre ahora hermoso.
Es como parte de mí.
Nunca he visto a nadie mirarse con más amor que ese bebé y tú.
Vos no lo que querés como yo, porque no lo entendés
Él es sensible, libre.
Es bueno, Luis, es bueno.
Es mucho mejor que nosotros.
Daniela también.
Nuestros hijos son estupendos, claro que sí.
Son el reflejo de lo mucho que nos quisimos.
Aunque ya no...
Siento que ya no...
Que no me querés como antes.
No se va a morir.
No quiero.
- Se ralentiza el ritmo cardíaco, deberíamos parar.
- Necesito una bolsa más. - Alejo, si la perdemos...
- Es su vida o la de mi sobrino. La niña aguantará.
Gracias, princesa.
¿Seguro que es por aquí? No lo sé, el GPS se ha vuelto loco.
Tiene que ser aquí.
Mira.
Dale. Creo que es eso.
Dale.
¿Qué cojones es esto?
¿Por qué habrá tantos militares en un camping?
Conozco este sitio.
¿Qué dices? Lo he visto, Hugo.
Lo he visto una película de Alma, Hugo.
Los niños desaparecidos están aquí, lo he visto.
Venga, rápido.
Una fila, rápido.
Vámonos, vámonos.
¿Qué pasa?
- Quiero a todos los niños metidos en los camiones.
- Señor, ¿qué está pasando?
- ¿A ti qué te importa?
Tú no estás aquí para preguntarme ni yo para contestarte.
Lo quiero todo registrado, no quede ni un alma, ¿de acuerdo?
¡Vamos, Navarro!
- ¡No quiero ir, por favor!
- Escúchame, no va a pasar nada, no va a pasar nada.
Esa es la mujer que se llevó a Marta.
Tranquilo. Tranquilo, Hugo.
Tenemos que ayudar a estos niños. Solos no podemos, espera.
Ahora hay que encontrar a Manuela, ¿de acuerdo?
De acuerdo.
¿Cómo está Iván? - Mal.
Suero elaborado a partir de la sangre de una persona
que tiene alta carga antiviral.
El plasma impide las hemorragias internas,
que es lo que termina matando a los enfermos.
Lo mismo que usamos contra el ébola. Sí.
En un principio, es un tratamiento experimental.
¿De dónde sacas los donantes?
Supervivientes.
Yo descubrí que hay personas que pueden convertirse en vacunas.
¿Te acordás en América?
¿Los niños que llevaban en su cuerpo la cura contra la viruela?
Ajá. Los niños de la expedición Balmis.
El monumento estaba enfrente de mi casa cuando era chica.
Hay corrientes.
Entonces, ¿cualquier superviviente puede convertirse
en un donante potencial? No, son pocos y son muy especiales.
De hecho, hay que tratarlos para manipular
su respuesta inmunológica.
¿Cómo?
Inyectándole dosis del virus para aumentar su resistencia,
no hay otra salida.
Algunos no aguantan.
Pero los que lo hacen,
son nuestra única posibilidad de sobrevivir.
- ¡Ah!
- Vaya, tú eres de los valientes, ¿eh?
A ti te estaba buscando.
- ¡Ah!
¡Déjame!
¡Déjame! - Quieto.
Quieto.
Nos quedaba uno. - Déjame.
Daniela, te he dicho que no entres. Déjame pasar, papá.
Te aseguro que vas a poder despedirte, pero espera.
¡Necesito verlo! Espera un poco.
Ah.
- ¡Iván!
¡Ay, mi amor, mi amor!
Acá estoy. Acá estoy, mi amor.
Acá estoy, mi amor.
- Mamá. - Acá estoy, mi amor.
¡Reacciona!
¡Tiene el virus!
- ¡Que nadie se mueva!
- ¡No la dejen morir, no la dejen morir!
- ¡Tiene el virus! - ¡Fuera!
- ¡Atrás he dicho! - ¡Esta zona está en cuarentena!
- ¡Otro, otro!
¡Tiene el virus!
- ¡Rápido, rápido!
- Dios mío.
"Por su salud, alerta sanitaria de nivel B.
Alerta sanitaria de nivel B."
- Señora, ¿qué son esas sirenas?
- Hablan de cientos de casos en el sector dos.
Es una situación extrema.
Hay que tomar medidas radicales.
- Comandante, ¿todo bien? - Falta la negra.
No me gusta que ande medio muerta por aquí.
Si es verdad lo que dice, yo puedo salvar a Manuela.
Iván.
- ¿Dónde está Manuela, mamá?
Gracias, presidente.
Este Gobierno quiere matar a todos los niños menores de 15 años
a campamentos donde se encuentren sanos y salvos
y alejados de los focos principales de contagio.
¡Mirad quién ha venido!
Ya está aquí Marta con nosotros otra vez.
¿Dónde está mi nieta?
¡No te muevas!
- ¿Qué están haciendo aquí?
- A usted no le importa.
Váyase si no quiere que avise al comandante.
- Me decís lo que tenés ahí dentro o te lo arranco yo
con mis propias manos.
- ¡Ábreme la puerta, Luis!
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