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También vas a venir aquí.
Y ahí quietitas, que esto es un viaje largo.
Y nada de llorar, porque ustedes ya son niñas grandes.
Papi. ¿Qué pasa, Manuela?
Para vos, ¿dos meses es un tiempo largo o un tiempo corto?
Depende, Manuela.
Si te aburres o vas a estar triste, te va a parecer muy largo, pero si estás
feliz, te va a parecer cortísimo.
Vas a estar feliz, mi amor.
Vas a ver cómo vuela el tiempo.
¿Y por qué voy a estar feliz?
¿Por qué vas a estar con los abuelitos y los primos que te quieren tanto?
¿Y por qué me quieren si no me conocen?
Si te conocen, Manuela, lo que pasa es que eres muy chiquita y no te acuerdas.
¿Y si me caen mal?
¿Y por qué te van a caer mal?
Mi papi siempre ha dicho que los primos son muy mimados, y los abuelitos muy
curuchupas, y las tías muy mojigatas, y los tías muy raros. Quedamos que no ibas
a repetir esas cosas, mi hijita.
Tienen que ser cariñosos con los primos y obedecerle en todo a la abuelita, ¿sí,
mi abuela? Siempre y cuando no les hagan rezar ni creer tonteras. Eso se
sobreentiende, Manuel Agustín.
¿Cuántos pueblos faltan?
Son los tres pueblitos más, mi amor.
¿Dónde están mis guaguas?
¡Qué grandes que están mis guaguas! Y qué guapos. Les ha sentado muy bien
Europa.
Al fin viene mi Lolita chiquita.
No me llamo Lola, abuelita. Se llama Manuela como mi papi.
¿Y usted, señor grandote? Yo me llamo Camilo como Camilo Torres y como Camilo
Fuegos. ¿Y quién es, pues, este Camilo Fuegos?
Un superhéroe que salvó muchos mundos, ¿no es cierto, mami?
Dele un abrazo a la abuelita, Manuela.
Venga mi Manuelita, ahora le toca al abuelo.
Pero no soy Manuelita, abuelito, soy la Manuela. Me gusta esta guagua, carajo.
Bien parada, no se anda con pendejadas.
Ha salido la mamita.
Marianita, ven a ver las maletas de los guaguas. Apura, hijita.
Pusiste al revés.
Déjales, no están al revés.
Pero tu cama es esta, Manuela.
¿Quién dijo?
La abuelita, ¿no es cierto, ñaño?
Sí, María Paz, pero déjales que pongan como quieran. Es su cuarto.
Pero, Emilio, esta cama es de hombre.
Todo lo mismo, igual Manuela es nombre de hombre.
Andrés, ¿qué haces aquí? No molestes.
Andrés, ¿qué haces aquí? No molestes. ¿Qué haces, sapito?
Déjenle nomás.
Dice eso porque no sabe de Manuelita Cañizares.
Ni de Manuelita Sáenz, ni de las otras Manuelitas... Igual es nombre de hombre.
Niño Andresita, estaráse tranquilito. Su papá ya le advirtió.
Bueno, tengo nombre de hombre.
Pero no tengo miedo de los sapos.
¿Dónde le pongo esto al niño a Manuel?
¿Quiénes son esos chinos? Unos amigos de mis papis.
¿Y por qué tienen dos iguales? Son gemelas, se llaman Nadia y Valentina. La
Valentina es astronauta, ¿no es cierto, ñeña?
Es que yo le puse Valentina a la Valentina por la primera astronauta rusa
que llegó a la Luna.
¿Rusa?
¿Y por qué le pusiste Nadia a la otra?
Por Nadia como Nechi. ¿Nadia como Nechi?
Nadia Comaneci y María Paz, la campeona de gimnasia olímpica. No sabes nada vos.
Ay, Emilio, no te hagas el muy sabio no sé por qué están aquí los nuevos primos.
¡A la luna!
Niño Andrés, quiere mismo aguantar usted, ¿no? ¿Para qué dicen que es de
Sonata? ¡Ellos tienen la culpa!
¿Qué ves, tío Andrés? ¡Cómo fastidia!
Es un majadero de Andrés, pero una de estas va a haber. ¡A comer!
¡A comer! A comer, niño Emilito.
Apuren, su abuelito está llamando.
Chahuahuas, nada de ponerse tristes, ¿no?
No le harán tener heridas a la abuelita. Y comerán todo.
Ahora sí, a jugar guaguas.
¿Quieren conocer la casa del árbol? ¿Hay una casa del árbol?
Sí, pues, el abuelito se construyó.
Vamos, nene.
Sí, pero hay que limpiar la casa.
Está llena de plantas. Cada año nos toca lo mismo.
Chuta, ya viene el Andrés.
María Paz.
Déjale, él también tiene derecho.
Sí, pero que no venga a molestar, porque si no, no juega.
¿Vas a molestar a Andrés?
No sé.
Hace muchos años, un muchacho genovés de 13 años fue de Génova a América, solo
para buscar a su madre. No puedo, ñaña.
Prueba un ratito más, ñañito, si no después es peor.
Ella se había ido dos años antes a servir en Buenos Aires y ganara así, en
poco tiempo, algo con que ayudar a la familia.
¡Ocupado! ¡Apuren mis guaguas! ¡Vamos a regresar que ya es hora de dormir!
¿Por qué no rezamos? No voy a creer que la mamita no les haya enseñado a rezar.
Es que a mi papi no le gustan esas cosas, abuelita.
Pero esta no es la casa de su papito, sino de la abuelita.
Apure, mijito, vamos.
Todavía no he terminado, abuelita. Termina después, mijito. No, abuelita.
Él tiene que sentarse todas las noches en el baño, dijo mi mami.
Después de rezar, cualquier cosa, mijita.
Su mamita debería saber rezar.
Mis papis no nos obligan a nada.
Ya tiene que aprender a ir al baño solo, Camilito. ¿Qué es eso de que la ñaña le
esté acompañando?
En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo.
Amén.
Pongan las manos, Camilito.
Ángel de la Guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día.
Las horas que pasan, las horas del día, si tú estás conmigo serán de alegría.
No me dejes solo, sé en todo mi día.
Sin ti soy chiquito y me perdería.
Ven siempre a mi lado, tu mano en la mía. Ángel de la guarda, mi dulce
compañía.
Jesucristo de mi vida, eres niño como yo.
Mira cuánto yo te quiero, que te doy mi corazón.
Tómalo, tómalo, tuyo es mi corazón. Niña, ¿por qué está llorando esa señora?
En el nombre del Padre.
Del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Venga mi pasita, mi educada, mi hermosa.
A dormir mis guauitos, que sueñen con los angelitos.
Y el abuelito Emilio tampoco reza tanto.
Pero él sí está bautizado y las primas no.
Los niños que no están bautizados se van al infierno.
Andrés, ya dejes de decir tonteras. No son tonteras, Emilio. No te enseñaré a
eso cuando hiciste la primera comunión.
Pero ¿cómo se van a ir al infierno? No han cometido ningún pecado. ¿Cómo sabes?
Ay, María, pues porque son niños.
¿Y eso qué tienen?
Que Jesús ama a los niños y les perdone todos sus pecados.
Sí, pero para eso hay que rezar y ellos no saben. Bueno.
Y ahora duérmete, María Paz.
Y vos también andrés un aviso a tu papi cuando vuelva.
Dos días permaneció Marcos arrinconado en la proa, como un perro.
Toda clase de tristes pensamientos le asaltaba. Pero el más triste, el más
terrible, era el pensamiento de que hubiese muerto su madre.
¿Su madre?
Pero el niño solo está en el cuento, Camilo. No es de verdad.
Ve, si cierro el libro, ya no hay niño.
te cuento un cuento feliz, ¿ya?
¿Puedo dormir contigo, ñaña?
Bueno, pero solo hay día, Camilo.
Acuérdate lo que dijo mi papi.
A ver, Camilo, deletrea conmigo.
Camilo, concéntrate.
La k con la a, k.
La n con la i, mi.
La i con la o, lo.
Ahora, la g con la u y la e, g.
Pero si ahí dice gu.
No, Camilo, porque la u es muda. Entonces, ¿por qué le pones que es muda?
¡Suscríbete y activa la campanita!
¡Ay, qué lindo!
Parece que están dormidos.
¿Qué quieres tener frío?
Mejor no les cojas, Camilo, porque ya mismo viene la mamá y ya. ¿Sí?
Sí, Camilo. La abuelita dice que hay que tener cuidado con las perras paridas.
Son bravísimas.
No pasa nada, ñañito.
Camilo, ¿me prestas un ratito?
Bueno, pues solo un ratito, porque es mío.
Camilo, yo les encontré.
Pero yo le cogí primero.
María Paz, acuérdate de lo que te dijo el abuelito.
Ya, ya.
Es tuyo. Pero préstame un ratito.
Creo que este está muerto.
No le lanzarás contra la pared.
No soy tan malo, oye.
Le voy a enterrar. El que quiera, venga conmigo.
Ayúdame, acabas un hueco. ¿Para qué? Para el perro.
Aquí.
Acaba aquí.
Voy a comer, Camilo.
No está bien hoy. Está bien tapado, pues.
Entonces trae una piedra para poner encima.
Téntate, mi niño, Andrés. Ni el perro puede ir saliendo.
Ni que el perro se pueda ir saliendo.
¿Quién es ese niño?
El hijo de la empleada. ¿Y cómo se llama?
Piojo. No puede llamarse Piojo.
Es que se llama José Andrés, pero le decimos Piojo.
Es que la abuelita dice que Andrés dice el nombre del primo Andrés. Y la
marianita dijo que entonces le llamamos Pepe.
Pero como tiene cara de piojo, le decimos piojo.
¿Y por qué no juega con nosotros?
Porque a las abuelitas no les gusta que juguemos con los hijos de las empleadas.
Porque tienen otras costumbres, como el Pepe.
Yo sí me voy a hacer amiga de ese niño. Y vos también, Camilo. ¡Sí, niño!
Manuela, si la abuelita se entera, no le va a gustar. ¿A mí qué me importa?
Yo a veces juego con él.
¡Andrés! Ahora le aviso a la abuelita. ¡Andrés!
Ahora le aviso a la abuelita.
¿A vos te gustaría que te hagan eso, María Paz? Manuela, es que vos no sabes.
Yo a veces te huele mal. Claro, porque no tiene baño continua como vos.
Y no dice haya, sino haiga.
¿Qué? ¿Y tú eres la dueña de las palabras o qué?
Nosotros íbamos a ser amigos de ese niño.
Íbamos a jugar con él. Y si ustedes no quieren, entonces no juegan con
nosotros. Vámonos, ñoño.
Papi, espero que estén haciendo bien la revolución de Colombia.
Nosotros estamos bien.
Mi ñaño no ha llorado ni una vez y está contento porque le conseguí una mascota.
Es un perrito que estaba abandonado y yo le salvé.
Los primos sí se han portado un poco mal, pero no es su culpa porque sus
papás le enseñaron a ser así.
¿Zapatito, zapatito?
¡Niña, ve!
¡El zapatito se está tomando toda la leche!
¡Qué lindo, niñito!
¿Qué dice ahí, niña Manuela?
¿Ya no entiendes mi letra? ¿Qué dice ahí? Le pregunto.
Dice zapato.
Pero no me digas niña Pepe, solo Manuela. ¿Solo Manuela?
¿Se llama Zapato el perrito?
Sí, ¿te gusta, prima?
Es raro que un perro se llame Zapato.
Es que eran dos y solo quedó uno.
Díselo a María Paz si es que quiere venir a jugar en la casita que ya está
lista. Solo si vamos todos.
Pepe.
No,
Pepe, no te vayas.
Eje, niño Manuel.
Él tiene que trabajar, no puede estar todo el día jugando.
¿De qué país es el Pepe, niña?
De aquí del Ecuador, pues, Camilo. ¿De dónde va a ser?
¿Y entonces por qué su mamá habla en chino?
No habla en chino, Camilo. Habla en quechua, que es el idioma de los que
primero vivieron aquí.
¿Y cuándo voy a aprender eso?
Cuando seas grande, ñañito.
A ver, hijito, le voy a hacer la torta que tanto le gusta.
¿Y mi niña también no era tu hija?
No sé, quiero ser mi hija, Manuela.
¿O mi mamá?
No, yo prefiero ser el papá. ¿Cómo vas a ser el papá, Manuela?
Es un juego, María Paz. En los juegos cualquiera puede hacer cualquier cosa.
O más bien, vos eras el papá y me dio y yo no quiero jugar.
No, pues, el chiste es jugar todos.
¿Y si jugamos a la escuelita mejor?
No, a la escuelita no.
¿Quién es María el Papá entonces?
No molestes, María Pascua era sin papá. ¿Cómo sin papá? ¿Que yo era madre
soltera o qué?
Ya eras divorciada, ¿ya?
¿Divorciada?
Yo, tú,
ella.
Yo, tú, ella.
Nosotros, ustedes,
ellas.
Ya voy, Camilo.
¡Apura que ya no aguanto!
¡Sal, ñaña!
¿Por qué? ¿No quieres que te lea un cuento?
¡Te digo que salgas!
¡Fuera!
La abuelita dijo que ya no valía que me leas cuentos en el baño.
¿Y desde cuándo le haces tanto paso a la abuelita? Mi mami dijo que no había que
hacerle tener tiras y vos no haces caso.
Pero mi mami también dijo que te lea cuentos. Pero no en el baño.
Yo pensé que te gustaba, pero si no quieres... Y si quieres estar solito, te
dejo solito.
Yo no estoy solito.
¿Ah, no?
¿Entonces con quién estás?
Con el ángel de la guarda.
¿Y cuál es ese ángel, Camilo?
El que cuida a los niños cuando los papás no están.
Ñaña, ¿sabes una cosa?
¿Qué cosa, Camilo?
Hay un fantasma en la puerta.
Camilo, ya te dijo mi papi que los fantasmas no existen. Estos sí existen,
mi papi. Que yo le vi.
¡Camilo! En serio, ñaña. Estaba con el Pepe en la huerta y vimos cómo cruzaba
corriendo. Y dijo que no le tenga miedo porque no hace nada.
¿En serio eso te dijo el Pepe, ñaño?
Sí.
¡Ay, el Pepe!
¡Sal, Camilo!
¡Apura! Y mañana le explicamos al Pepe que los fantasmas no existen.
Y ese fantasma sí existe, Manuela.
Ese es el problema de los niños que no saben leer, que les meten cualquier
tontería en la cabeza.
¡Y no me digas Manuela!
A ver, niños.
¿Qué dice aquí?
Muy bien. ¿Y aquí?
Manuela. Pero, Pepe, tienes que leer.
Manuela.
Manuela. ¿Y aquí, niños?
Pogón. No, Pepe. Aquí dice cocina. Tienes que fijarte en cada sílaba.
¿Ahora qué hacemos, Pepe?
Léeme vos más bien.
Te leo, pero con una condición. ¿Qué cosa?
Que no le hagas creer a mi ñaño que hay fantasmas en la huerta.
Yo no le he dicho eso.
Sí lo has dicho, porque él me vino a contar y el Camilo nunca miente. Yo no
le dije nada.
Él me vino a decir que ha visto un fantasma. Yo le dije que no tenga miedo
porque no hacen nada.
¿Y vos cómo sabes?
¿Qué crees que vio el Camilo?
Yo que sé que haya visto el Camilo.
¿Qué están haciendo en mi casa?
No es tu casa, María Paz. El abuelito ya dijo que era de todos.
Siéntate, Pepe. Vamos a seguir leyendo.
Que no me oyes, te digo que te sientes.
Yo mejor me voy a mi casa.
¡Pepe! ¡Te digo que te quedes!
¿Ves lo que haces? Y después si estás de charazán.
Si necesito de mi vida, eres ni en tu malla, ni en la cuenta, y yo te quiero
que te dé mi carazán.
No quiero hacer.
Obligarte yo. El Andrés es el que te obliga. Y él sí lo obedece. ¿Y qué?
¿Vos quieres ser igual a él o qué?
Yo solo quería leerte un cuento, Pepe.
¿Para qué? ¿Para que la niña padre avise a la abuelita y a mí me voten hablando?
Como a vos nadie no te pega, hagas lo que hagas.
Pero Pepe, ¿por qué te enojas conmigo? Y con los que te tratan mal y los que te
obligan, nunca te enojas y nunca les dices nada.
No les digo nada, pero ellos no saben lo que estoy pensando.
en lo que estoy diciendo en mi cabeza. En cambio a vos sí te digo.
Y ahora léeme el cuento.
Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor.
Tengo una seria excusa.
Esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo.
Pero tengo otra excusa.
Esta persona mayor es capaz de entenderlo todo, hasta los libros para
mí.
Abue, ¿cuándo vienen mis padres?
Cuando terminen las vacaciones, mi hijita. Ella la está extrañando.
Hubiera preferido que me lleve mejor.
Ay, pasita.
Allá en la selva hay muchos bichos. Su papá está allá porque tiene que
trabajar. Es que ya me aburrí de jugar con los primos. Son muy peleones.
Y encima, la Manuela es bien desobediente.
Le gusta jugar con el piojo.
Pero usted tiene que enseñarle a la primita, mi amor. ¿No ve que ella no
sabe las costumbres?
¿Son pobres los pobres?
Porque quieren, mijita, porque son vagos.
Pero la Marianita no es vaga.
Pero el marido era un borracho, mijita, que se gastaba toda la plata en trago.
El tío León también se gasta plata en trago y no es pobre.
Es que la Manuela dice que su papá dice...
Que los empleados de la hacienda son pobres porque ustedes les obligan.
¿Ah, sí?
¿Eso dice la Manuelita?
Sí. Y también dice que ustedes son racistas porque no nos dejan jugar con
el piojo.
Y también dice que la hacienda debería ser de los que trabajan.
¿Ah, sí?
¿Y qué más dice la primita?
Que algún día se va a virar la tortilla.
Vamos a que me ayude a hacer dulce de leche.
Tanto tiempo sin hacer nada le hace mal a usted.
Bien decía mi mamita Lola, la pereza es la madre de todos los vicios.
Tu tío Felipe se pasó toda la vida insistiéndole a que entra a la
universidad. Y hasta eso estuvo.
Y ahí está, casada con quien sabe quién, andando por quien sabe dónde.
Los guagos.
Botazos.
Ahora sí, Andresito. ¿Seis por cinco?
Treinta. ¿Seis por seis?
Treinta y seis.
¿Seis por siete?
Treinta y siete.
¿Seis por ocho? Treinta y ocho.
Andres, concéntrate. Estoy concentrada, mami. A ver, otra vez. ¿Seis por ocho?
Treinta y ocho. ¿Seis por nueve?
Cincuenta y nueve.
Andresito, no has estudiado nada.
Siéntate y repasa.
Se vio suegrito.
Otra vez subió el precio del petróleo. Ojalá bajara más bien.
A ver si así dejan de taladrar el país para sacar esa porquería. Pero abuelito,
en eso trabaja mi papi.
Porque no quiso hacerse cargo de la hacienda, mijito.
Se dejó tentar por la novelería.
Niña, ¿me ayudas a coger un sapo? ¿Para qué quieres un sapo, Camilo?
¿Qué pasa, Camilo? ¿Quieres un sapito?
Sí, uno como el del Andrés.
Andrés. Monta, papi.
Ven acá.
Me está repasando las tablas, mi amor.
Bajo que venga, le digo. Después sigue con eso.
El Camilo quiere un sapito. Dale trayendo.
No sé si pueda, papi. No está.
No va a haber un sapo, hombre.
A ver.
Uno, dos.
Corre. Anda, tráele un sapo al guagua.
Gracias, papi.
¿Y cómo se llama?
No tiene nombre, Camila. Es un sapo.
El mío se va a llamar Viernes.
Vos y tu hermana sí que son bien raritos.
Sapito, sapito, sapito.
Sapito, sapito, sapito.
Un perro, oye.
Pepe, muévete. Antes de que se escape.
Está muy adentro.
Apura, que ya mismo se va. Pero me paga, verá. No me hará como la otra vez.
Si te voy a pagar, mueve.
No digas que no te pago.
Tu papi te dio dos sucres. ¿Y qué?
Que solo le diste un sucre al Pepe.
Dale los dos sucres. Sí, dale todo.
El Pepe hizo todo. Vos no hiciste nada.
Pues coge el sapo y calle, ¿no? Cuidadito con el Camilo.
Cuidadito con el Camilo.
¡A tu cuarto!
¡Este rato!
Y no me vendrás a llorar.
Aprende a portarte como un hombre, carajo.
Ya, Leoncito. ¿No ves que el guagua está golpeado? Y vos déjame educarle que por
tu culpa es así.
¡Muévanse!
¿Quiénes son los comunistas?
María Paz, ya duérmete.
Ya te dijo el abuelito que no te metas.
¿Qué haces, Manuela?
Nada.
¿Y tus papis cuándo vuelven? No sé.
¿Y te puedo preguntar una cosa sin que te pongas brava?
Depende de la cosa.
Entonces mejor ya no te pregunto.
A ver, pregúntame, no me pongo brava.
¿Tus papás son comunistas?
¿Prometes que no vas a contar a nadie?
Pero vos crees en Dios.
Primero promete, si no, no te cuento nada.
Pero si vos no crees en Dios, ¿para qué quieres que te prometa?
Es que yo no creo en Dios, pero sí creo en las promesas.
¿Prometes? Prometo.
Nomás no sé la comida pasita.
¿Cuál es el apio, abuelita?
Ese de ahí, mijita.
¿Este?
¿El apio marea, abuelita, como el trago?
¿Quiere ayudar a picar, mijita?
Es que mi niño dice que la Manuela dice que Dios es el apio de los pueblos.
Dice que es como una droga que hace que la gente pobre piense que se viera el
cielo. Y así ya no les importa ser pobres, ni no se pelean con los ricos.
También dice que Jesús se peleaba con los ricos para ayudar a los pobres,
porque Él sí sabía que no se iban a ir al cielo, porque el cielo no existe en
el infierno.
Ahora sí, se apregó.
A ver, niños, repitan conmigo.
Yo, tú, él, nosotros, ustedes,
ellas.
Muy bien. Eso está mal dicho.
María Paz, ¿qué haces aquí? Vos no juegas. No se dice ustedes, se dice
vosotros. ¿Quién dijo?
Ay, Manuela, nadie dijo, pero todo el mundo sabe.
No se dice vosotros. ¿Cuándo has dicho vosotros? A ver, ¿cuándo has dicho?
Sí, ¿cuándo has dicho?
Ay, Camilo, ¿vos qué sabes?
Vos solo repites lo que dice tu ñaña. Con el Camilo no te metas o te agarro
como al Andrés.
Además, estás parada sobre la pared.
Aquí no hay ninguna pared.
Claro que hay una pared y la puerta está allá.
Esta pared no existe.
¿Ves que no existe?
Si la pared no existe, entonces vos tampoco existes.
A ver, niños, ¿quién quiere pasar al pizarrón? Ya, Manuela, no seas así.
Todo es al revés, todo es lío. La abuelita ya dijo que le va a llamar a
tus pa... para que te vengan a llevar.
Mentirosa. Es verdad. La abuelita le dijo al abuelito que ya no sabe qué
hacer con vos.
Y que la culpa tiene tu papi de haberte criado así. Y que le va a decir a tu
mami que ya venga para que te lleve. Ya va a venir mi mami.
No, Camilo, todavía no.
¿Y qué dijo el abuelito? Que no le llame a tu mamá porque se va a asustar y que
no se preocupe. Porque de ahora en adelante él se va a hacer cargo de
ustedes.
¿Y qué dijo la abuelita?
Y bueno, pero con una condición. ¿Cuál condición?
Que ustedes se bauticen.
Los dos.
¿Y qué dijo la abuelita?
Que bueno que ya le va a llamar a tu papi para pedirle permiso.
¿Y si mi papi dice que no?
Si dice que no, la abuelita les va a decir que mejor ya les lleve.
¿Qué pasa, ñañito?
¿Qué no quieres que venga mi papi? Sí quiero, Camilo. Pero el papi no puede
venir ni la mami porque están haciendo una cosa muy importante. ¿Te acuerdas
que me contaron? Sí. Es una cosa para que ya no haya niños pobres en el mundo.
Camilo. Pero no hay cómo contar. Es secreto.
Tanto lío nomás solo para bautizarse.
¿Le puedes decir una cosa a la abuelita? ¿Qué cosa?
Que nosotros sí queremos bautizar.
¿En serio?
Sí, y que no le llame a contar a mi papi porque ha de decir que no.
Ya.
¿Y le digo que quién dijo eso?
Que yo dije, dile que yo dije.
Ya, yo le digo.
Ahora sí vamos a creer en Dios, niñita.
Papi, tengo que contarte una cosa, pero no te asustarás.
Nos van a bautizar.
No te preocupes, porque nosotros sí sabemos que Dios no existe.
Y la abuelita no nos está obligando.
Solo vamos a decir que sí creemos.
Pero ellos no van a saber lo que estamos pensando.
Padrecito Esteban, aquí le confío a mis guauitos.
Vaya tranquila, abuelita.
El primer misterio gozoso es la Anunciación, en donde Dios envía al
ángel Gabriel a decirle a María que iba a tener la dicha de ser la madre de
Jesús.
Entonces el ángel le dijo a María... ¿Y el ángel era una mujer?
No, Camilo, los ángeles no son ni hombres ni mujeres.
¿Y niños?
Sí, son como niños.
¿O niñas?
Como niños o niñas, Camilo.
Los ángeles no tienen sexo. Pero las niñas sí tienen sexo, ¿no es cierto,
ñaña?
¿Quién anda ahí?
Mira, Andrés, acompáñanos. A Jesús le gusta que los niños oigan su palabra.
Bueno, entonces el ángel le dijo a María, vas a quedar embarazada y vas a
dar a luz a un hijo al cual le pondrás por nombre Jesús.
A nadie, Camilo.
Mi papi dijo que para tener un hijo necesitas un permatozoide de un hombre y
de una mujer.
Pero no Jesús.
Él nació de otra manera porque es el hijo de Dios.
Y entonces María le dijo al ángel. No entiendo nada.
Lo tienes que entender, Camilo.
Dios quiere que creamos en Él sin entender todos los misterios.
¿Cómo les cuentas?
¡Liña B!
¡Ya me vistieron!
¡Qué hermosa que está mi guagua!
Este es el milagro que me hizo mi lloronita.
Tanto que le pedí.
¿Por qué sigue llorando, señor, si es que su hija ya revivió?
Apenas estén listos, les traes Marianita, que ya mismo es hora.
Y usted, deje de verse tanto en el espejo, que ya mismo se le aparece el
demonio.
Más bien voy a ver si es que ya llegó la torta.
Ya sé lo que están haciendo tus papis.
Cuidado, niña Manolita, se le va a zafar el moño.
Ya, Marianita, pero no me jale.
¿Quién te dijo?
El abuelito.
¿Y qué te dijo?
Están aprendiendo a hacer trasplantes de corazón.
Y que no están en la selva, sino en un hospital.
Eso no es verdad.
Manuela, hasta salí una foto en el periódico.
Mentiroso.
Quietita, niña Manuela.
¿Y eso qué tiene, Emilio? Que no está en ninguna misión secreta.
Lista, niña Manuela. Y ya vamos, que ya es hora.
Las fotos.
¡Camilo!
¡Apure, Camilito!
Corre, hijito, no ve que el padre se está esperando.
A ver, todos miren para acá.
Los niños quietos.
Sonríen, mis amores.
Por el misterio de esta agua consagrada, conduce, Señor, a estos hijos tuyos al
renacimiento espiritual.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Estimados padres, ¿renunciáis al demonio?
Sí, renunciamos.
¿Renunciáis a sus obras y engaños?
Sí, renunciamos.
¿Creéis en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra?
Sí, creemos.
¿Creéis en Jesucristo, su único Hijo, que padeció, fue sepultado, resucitó
entre los muertos y está sentado a la derecha de Dios Padre?
Sí, creemos.
¿Queréis que Camilo y Manuela sean bautizados por la fe de la Iglesia?
Sí, creemos.
Camilo, yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Niña, tengo dos nombres. ¿Viste cómo me llamó?
¿Manuela de los Dolores?
Yo no me llamo así.
¿Qué pasa, Manuelita? Baje la cabecita, mi amor.
Yo no me llamo Dolores, abuelito.
La molestas otra vez, Manuelita.
Siga, padrecito.
Manuela de los Dolores, yo te bautizo en el nombre de... ¡Yo no soy ese nombre!
Tranquilita, viejita.
No le va a pasar nada por llevar el nombre de su mamita. Le dice que le
quiere tanto.
No llores, ñañita. Es todo en la imaginación.
Verás que prometimos no llorar. Yo no lloré.
Siga nomás, padrecito, que la guagua se puso un poquito nerviosa.
Manuela de los Dolores, yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo.
Amén.
Yo nunca te voy a decir dolores, Manuela.
¿No vas a abrir regalos, Manuela?
La Juanita dice que te trajo un diario.
Está aburridísima la fiesta, puro viejo. Y encima, mi niño anda hecho el mucho
solo porque está con la Juanita.
¡Ya, Juanita!
¡Tantos regalos! ¡Qué bestia!
¿Te gustan los libros?
Son puros libros de guaguas.
En la biblioteca del tío Felipe sí había libros de grandes.
¿Cuál biblioteca?
No te he contado de la biblioteca.
Ahí nos tienen prohibido entrar, Juanita.
¿Y qué más les tienen prohibido hacer?
Yo quiero entrar. ¿Vos sabes cómo?
Manuela, no seas desobediente. Te vamos a bautizar.
¿Vamos?
Manuela. Si la abuelita se entera, ahí sí les llama a tus papis. ¿A mí qué me
importa, Emilio?
Yo te acompaño, Emilio.
Yo también quiero ir.
¿Puedo, Manuela?
Yo no voy.
Y vos tampoco, Emilio.
Déjame, María Paz. Eso es problema mío.
Emilio, si te oye mi papi te mata.
Mi papi, mi papi, mi papi. Todo es mi papi. Se quedan entonces y nos vamos
solo los grandes.
Si eso no es un ratito, yo también voy.
¡Emilio! María Paz, no me molestes, eso era un rato.
O no, si no quieren nos vamos, pero no me estarán pidiendo después que les haga
entrar.
Guácala, ¿qué es esto?
El chancho, ¿no ves?
¿Y para qué tiene estas cosas el tío Felipe?
Para estudiar.
¿Qué estudiaba?
Cómo se hacen las personas y cómo se mueren. ¿No ves que el tío era médico?
Los médicos estudian esas cosas.
Pero esas no son personas.
Pero es lo mismo, ve.
¿Quién es este? No es nadie, es un feto.
No es nadie, es el viento, pero el que vuelve a gritar se va.
Lo que les voy a mostrar ahora sí es solo para grandes.
El que no quiera ver que se tape los ojos.
Ya dijeron, ¿no?
¿Qué pasa, ñar?
Nada, María Paz. Ay, ya, tranquilos, que tampoco es nada del otro mundo.
Tengo miedo.
¿Y tu papá no te habla por hacer esas cosas, oye?
Yo no tengo papá.
Suerte. No digas eso, Andrés.
¿No ves que él te va a castigar?
Así, tápense los ojos los miedosos.
Ya no me taparás, Gen, que yo ya soy grande.
¿Están listos?
Así vamos a ser todos cuando estemos muertos.
Mentirosa.
¿Qué pasa aquí, carajo?
¿Qué hacen aquí?
¿Quiénes se encuentran?
Majaderos. ¡Salgan de aquí este rato!
¿Qué, no oyeron?
Perdón, abuelito. Nunca más.
Y ya me voy a enterar de quién fue la idea.
Disculpa, la Juanita fue la de la buena idea.
¿Quién sois?
Manuela.
No te pregunté cómo te llamas, sino quién sois.
Soy la nieta de la abuelita Lola y de la abuelita Emilia.
La hija de la Lola y el Agustín.
No pregunté quiénes son tus papás, sino quién sois.
O sea que vos tampoco sabes quién eres.
Ese no es tu nombre.
Sí es mi nombre.
No, ese es nombre de tu papá.
Entonces, ¿quién soy?
No sé, pues eso mismo te estoy preguntando.
Pareces la Alicia.
¿Quieres ser la Alicia?
Tranquila, que Dios sabe muy bien quién es el enemigo.
Toma, el testigo.
Porque siempre hay que ser a ella.
Si no, te pierdes.
¿Y eso?
De ahí no vas a entender nada, porque está en otro idioma.
En Esperanto.
¿Y en qué país hablas idioma?
En ninguno.
¿Y aquí qué hay?
Tu nombre.
Pero no debes abrirla.
No digas eso. Yo sí pensé. Porque vi que te caíste y no te levantaste.
La abuelita así nos dijo que nunca entremos ahí porque hay demonios. ¿Qué
te hicieron, Manuel?
Te dejaron musa, ñañita.
No, Camilo.
A ver, siéntense.
Les voy a contar una cosa, pero no pueden contar a nadie.
Verán, el que cuenta se friega.
En ese lugar vive el tío Felipe.
El hermano del abuelito.
No mientas, Manuela.
Emilio, pasé con él toda la tarde.
Pero la abuelita dijo que estaba en un hospital.
Nos mintió.
Manuela, no hay que volver ahí.
¿Por qué? Porque el tío está loco.
Yo no creo.
Manuela, al tío le llevaron al hospital porque es peligroso. Hasta intentó
matarle a una señora. ¿A cuál señora?
Tal vez ya se curó y por eso le trajeron.
¿Y el tío te dio eso?
Abramos para ver. ¡No, Camilo!
El tío me dijo que no le abra nunca.
¿Nunca?
Nunca. Para que aprenda a amar el misterio.
¿Qué pasó?
La Andrés le mató. No, Camilo, yo no le maté.
Camilo, no digas así.
Lo que pasa es que el perrito se metió en la cancha justo cuando la Andrés iba
a patear el penal.
Y cuando pateó le golpeó, pero no fue su culpa.
Sí fue.
Porque él vio que el perrito estaba en el arco y en vez de esperar, pateó
durísimo.
¿Y ahora qué hacemos, ñañito?
¿Qué quieres hacer, Camilo?
¿Podemos rezar para que reviva?
Podemos rezar, pero el perrito no va a revivir.
Tal vez sí. ¿Te acuerdas cuando Jesús le revivió a ese señor cuando la mamá le
pedía? Pero eso solo es una historia de la Biblia.
Solo es la imaginación. ¿La Biblia no es una imaginación?
¿Quieres que rezamos para que el zapatito esté feliz con su hermanito en
el cielo?
Eso sí se puede.
Los perros no tienen alma y por eso no se ponen al cielo.
Si quieres que se vayan, sí se van. ¿Vos quieres que el zapatito se vaya al cielo
para estar con su hermanito? No sé en dónde estará su hermanito.
En el árbol donde la enterramos, ¿te acuerdas?
¿Podemos rezar un poco?
No se reza por los perros.
María Paz, ya no te metas.
Queridos ángeles y dioses. Se dice Dios, no dioses. ¡Que te calles, María Paz!
¡Qué bestia ya!
¡Solo a mi mear!
Les pido que el zapatito esté feliz con su hermanito y
que tengan mucha leche y dulces.
Y que por la noche no tengan miedo de estar solitos.
Y que no estén tristes y que se encuentren con su mamá.
Si siguen haciendo esas cosas, no sirve de nada que se bauticen. Igual se van a
ir al infierno. Nosotros no creemos en eso, María Paz. Bien dice el abue, que
los que mucho leen...
¿Qué pasa con los que mucho leen? A ver.
Se hacen looks como el tío Felipe.
A ver, María Paz. ¿Vos crees que un niño se puede ir al infierno por rezar por su
perrito?
¿Y crees que la Virgen tuvo un guagua sin dar a luz?
Sí, sí creo.
¿Y crees que cuando te comes la hostia te comes a Jesús con sangre y todo?
Sí, Manuela, que sí.
Entonces la loca eres vos porque esas cosas son imposibles.
Tranquilita, ñaña, no pasa nada.
No estés triste, Paz. Te prometemos que no vamos a ir al infierno.
Lo que pasa es que no todo lo que dice la abuelita es verdad.
¿Vos crees en Dios, Pepe?
Papi, el Camilo está triste porque se murió su perrito.
Él quiso rezar y yo le di permiso.
Pero no era rezar, rezar, sino unas cosas que él se inventa.
O sea, no era rezar a Dios, sino a un cielo imaginario que yo sé que no
existe.
Papi, yo sé que los muertos están muertos. Y no pueden estar contentos ni
tristes. Pero pensé que para que el Camilo esté menos triste, no importaba
dejarle que piense que los perritos pueden estar contentos en el cielo
cuando se mueran.
Que ya se arranca usted.
Le hice el ojito que tanto le gusta.
Ya cierro, mamita.
Regresen a su casa, aquí no hay nadie. Tío.
Yo no soy tío de nadie.
Soy Raskolnikov.
¿Y ese cuento cuál es?
Le voy a matar a una vieja porque no sirve para nada.
Después me arrepiento y me hago pedazos.
¿Ves?
¿Y vos quién sois?
El conejo amigo de Alicia.
¡Entonces corre que te atrasas!
Tío, tío, tío.
¿Qué pasa, Manuela?
No llores, nene. Regresen a su casa, aquí no hay nadie.
El tío te dio asa. ¿Y tus papis cuándo vuelven? No entiendo nada.
Así vamos a ser todos cuando estemos muertos. Ellos saben muy bien quién es
el enemigo. Pero esta no es la casa de su papito. Debemos rezar para que
revivan. ¿Y qué más les tienen prohibido hacer?
Que no está en ninguna misión secreta.
¿Y no me vendrás a llorar?
¿Qué más, Manuela?
¿Qué pasa, Camilo?
Está mojada mi cama.
¿Cómo que mojada, Camilo? ¿Qué pasó?
¿De quién es esto?
porque estoy en el suelo.
¡Siguiente castigo!
¡A la uno sí se acabó el juicio!
¡Dije que se acabó el juicio!
Es solo un juego, papi.
Es solo un video, tío.
Niña, ¿te puedo preguntar una cosa?
¿Qué cosa, Camilo?
¿En serio nunca vas a abrir la caja que te dio el tío?
No, Camilo, ya prometí.
¿Y vos siempre cumplís las promesas?
Claro, Camilo.
Yo no.
Es que algunas promesas son tontas.
Tal vez, niñito.
Ya duérmete, Camilo.
Niña, ¿te puedo preguntar la última cosa?
La última, Camilo.
¿Lo que está en esa caja es de verdad o está en la imaginación?
Está en la imaginación, Niñito.
Y si casi todo está en la imaginación, ¿qué está en la realidad, Niña?
Despiéstate, ven a ver una cosa.
¿Qué pasó?
Ven a ponerte.
Creo que es culpa de mi papi.
No es justo.
¿Qué es eso?
¿Qué les pasa hoy día?
¿Qué pasa, niña pasita? ¿Por qué no han comido?
No vamos a comer, Marianita.
Estamos en huelga.
De ganas se van a hacer hablar.
Ya coman, coman rapidito.
Ya mismo vienen los mayores y si no han comido ya tengo que avisar a su
abuelita. Avísele nomás, Marianita.
Dígale que no vamos a comer nada hasta que le traigan al tío Felipe.
Sí, Marianita, dígales.
Hasta que le traigan al tío, pues, Camilo.
Ay, Camilo, te dije que si no ibas a aguantar que mejor no empieces la
huelga.
No puede, Marianita, está en huelga.
Huelga de hambre, huelga de hambre.
¡Marianita, rompehuelgas!
¿A qué hora vuelven los mayores, Marianita?
¡Qué suerte! Pero no es peor para nosotros, Manuela. ¿Qué cosa?
Que nos morimos de hambre.
No, Andrés. Ya les dije que no nos pueden dejar morir, porque es peor para
ellos. Para eso son las huelgas, para asustar a los enemigos.
Nunca más vuelvo a hacer huelgas con ustedes.
Pero Manuela, los grandes no van a venir hasta bien noche, ya dijo la Marianita.
Sí, Manuela, no sirve de nada morirnos de hambre si nadie nos ve.
Todo por culpa del tío Leo.
No es tu culpa, Andrés.
Nadie tiene la culpa del papá que le toca.
Mañana hacemos otra huelga de hambre, ¿ya, ñañita?
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