All language subtitles for El crack - n°1:2 (1981)1h59Pol

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Original subtitles

Pues vaya suerte que estoy teniendo esta noche, ¿eh?

Bah, no tienes idea tú.

¿Qué te apuntas? Pues si tengo J y D más... Voy a ver si me doblo.

Ahora solo me gustaría que te doblases.

¿Por qué no?

A ver, venga, te doblo una vez. A ver.

Venga. Ahora.

Tres. Vamos, ve.

Vamos. Vaya nochecita que estás teniendo, ¿eh?

Bueno, han sido cinco, ¿no? Muy bien, cinco ases. ¿A qué vas tú?

A Reyes. Venga, a ver si me doble.

Adelante. Bueno, me doble te gano, ¿eh? Sí, sí. A ver.

Hombre, ahí van tres.

A ver, a por la segunda, a ver.

Bueno, vaya.

Toma, siete.

Venga, que te toca a ti. Bueno, vamos a ver si tengo yo más puestos. Venga, date

prisa. Voy.

Vamos.

Buah.

Hola, buenas noches. ¿Qué van a tomar?

Cerveza, agua mineral. ¿El servicio?

Al fondo.

¿Con gas?

Oye.

Tranquilo.

Bueno, y ahora todos quietecitos, porque si no pinchamos al cerdo.

Tú,

bola de sebo, ¿te gusta la maquinita?

Déjala.

No te importa, ¿verdad?

Tú.

¿Quién, yo?

Sí, tú.

Ponte junto a Bola de Sebo.

Vamos.

Si Vareta no os va a hacer daño.

Solo os va a romper la cabeza.

¡Esto es una mierda!

Vareta, cálmate.

Pasa la bandeja.

Vamos,

bola de cebo, date prisa.

¿Y tú a qué esperas?

¡El anillo!

¡Vamos, deprisa!

Tú cógelo.

Tú, bigotes, tienes mucha hambre, ¿no?

Pues ahora te voy a dar yo una cosita.

Deja eso y pon ahí tu carterita de mierda.

Vareta, dame el mechero o te quemo los huevos.

Pareta, ¿qué coño estás haciendo? ¡Acaba de una vez!

Tira la barra.

¡Ah!

Vareta, el mechero.

Largo.

o se le olvidan 24 años... Largo. ...donde el equipo modesto fundamenta

precisamente su defensa y encuentra su razón.

¿Es delito o no es delito?

¡Venga, coño!

¡Arranca!

Eso es lo tuyo, ¿no, macho? Sí.

Si no llega a ser por ese... Vaya susto, ¿eh?

Vaya... Bueno... Oiga,

esto... Yo quería... ¿Qué tiene de postre? Sí, señor. Perdone.

Tenemos helado, flam, piña, melocotón en almíbar, queso, membrillo y fruta del

tiempo. Café solo, por favor.

Sí, señor.

Eso es suyo.

Sí, señor. Perdone.

Amo, soy Cárdenas.

Welcome to your house, que diría Rocky.

Le llamé al almirante Bonifaz, pero ya te habías ido. ¿Qué tal el viaje?

Ojo nudo.

Oye, pues nada, poca cosa.

El asunto del bar de la calle San Enrique, liquidado. Lo que tú decías.

Era el camarero nuevo, el damaso ese, el que se estaba trajinando a la chica.

Que no veas cómo se puso el padre cuando se enteró. Joder, quería matarlo y de ti

para mí.

Que la niñita tenía mucho que ver ahí, ¿eh?

Menudo zorrón.

Hice el informe y el padre me dio un talón para el hispano.

Por supuesto que he conformado, mi amo.

¡Ah! A última hora del sábado llamó un tal Francisco Medina.

Quiere hablar personalmente contigo. A mí me huele a espionaje industrial

macho. Puede haber un pastón, ¿eh? Otra cosa, he estado con el Meri.

Dice que el árbitro ese, Mendoza Pardo, el del Colegio Cántabro, que no es que

se venda, vamos, que es que se regala, que por 20.000 duros anula goles,

inventa penaltis, incluso expusa directivos. Además, y agárrate, el Meri

ha conseguido un documento donde están hasta el cuello directivos del Sport y

más gente.

Le podemos sacar un dinero a los de la radio, ¿eh?

Y ahora escucha una noticia off the record.

Anoche en la oficina del Galvez, que en esa sí que hace frío, joder.

Bueno, pues la mirada a un derroque y un servidor le sacamos cinco talegos al

Parrita y al Galvez.

Íbamos dos a dos en la buena y yo me doy un pase negro con 31 de mano del carajo

la vela. Lo corta Parra. Me paso a todo. Y cuando llega el juego también me paso.

Llega Parra y me envida. ¿Le envido más?

¡Órdago! Dice jodío. Y en fin, lo de siempre, que si no sé jugar, que como

doimos llevando 31...

Escucha, Merino, yo lo que no quiero es que tengamos un lío con el Colegio

Cantabal. Tú tienes la prueba, ¿no?

Pues eso es lo que importa, ahí tenemos que hacernos fuertes.

Eso. Ah, oye, ¿cuánto te ha costado el documento fotocopiado donde están

implicados esos?

Que me lo dé a mí.

No, no, no me parece caro. Que me lo dé a mí.

Muy bien, tú se lo das al morbo.

No, eso mañana lo toco yo en la radio.

Vale, un abrazo, gracias.

Joder, qué frío.

Joder, ¿y tú tienes el calentador?

¿Sí? ¿Quién?

¿El señor Medina?

Ese es el tío que te dije. El del espionaje industrial.

Que espere un segundo.

¿Qué pasa con la señora de Domínguez? Pero si ya te he hecho el informe.

Asunto liquidado.

Le engañaba como suponía el marido, con el compañero ese. El que se quedaba con

ella haciendo las horas extraordinarias.

Lo que pasa es que jodían por las mañanas.

En la media hora que les daban para tomarse el bocadillo.

¡Claro! Habían alquilado un piso que estaba justo detrás del banco.

Que pase el señor Medina.

Moro, si fueras poeta, escribirías una hermosa historia de amor con lo que me

acabas de contar.

Pero como no lo eres... El señor Medina.

¿Cómo está usted?

Bien, gracias.

¿Es usted el señor Areta? Sí, Germán Areta. Le voy a presentar. El señor

Cárdenas trabaja conmigo. No se gustó Francisco Medina.

Siéntese, por favor. Gracias.

¿Usted dirá?

Pues verá.

Yo, es la primera vez que vengo a un sitio como este y... Y la verdad, no sé

si... ¿Qué problema tiene?

Tengo una hija.

Desde que murió su madre.

Ella solo tenía entonces tres años.

He sido todo para Isabel.

Isabel, mi hija.

Estábamos muy unidos.

Vivimos en Ponferrada, tengo allí una ferretería.

Cuando terminó el buque, quiso estudiar en Madrid.

Y aquí vino.

Conoció a un chico, un compañero suyo.

Y un día no volvió más.

Ni una carta, ni una llamada de teléfono, nada.

Por favor, ¿podría darme un vaso de agua?

Sí, cómo no.

Merche, trae un vaso de agua, por favor.

¿Cómo se llama su hija?

Isabel Medina.

Isabel Medina Fozo.

¿Tiene alguna foto de ella?

Sí.

Con permiso. Aquí tenía 17 años.

Para el señor.

Gracias.

¿Cuánto tiempo hace que ha desaparecido?

Casi dos años.

¿Cuánto?

Dos años.

¿Dio parte a la policía?

Sí, claro, naturalmente.

La buscaron durante cuatro o cinco meses.

Eso dijeron. No encontraron nada y la dejaron.

¿Y cómo se llama ese amigo de Isabel?

Ese compañero de facultad.

No lo sé exactamente.

Algo así como...

Mickey o Mickey.

Coño, como el ratón Mickey.

Perdón.

Sé que trabaja en algo de discos.

No, no.

En la radio.

Dice OK.

¿Tiene tarjetas suyas?

Sí. Déjeme alguna.

Y un número de teléfono donde pueda llamarle aquí en Madrid.

Anote.

Apunta. Dos cincuenta.

Veintinueve. Cuarenta y seis.

Habitación 560.

Señor Areta, en cuanto al dinero... Tranquilo.

¿Cuándo vuelve esta poncerrada?

No, no, no puedo decirle.

Tengo que hacer aquí algunas cosas.

Una semana más o menos.

Señor Medina, si dentro de cuatro o cinco días no logramos progresar, le

llamaré y cerramos el caso.

No me gusta perder el tiempo ni que mis clientes pierdan su dinero.

Buenos días.

Buenos días.

Adiós, buenos días. Gracias.

Joder, qué plomo.

Qué tío más raro, ¿no?

Coño, ¿no me vas a decir que no es raro?

Empieza a buscar al ratón Mickey en FM.

De momento toca la SER.

Y Radio Intercontinental. Ah, por cierto, en lo del espionaje industrial

has estado sembrado.

Arriba, vamos, ánimo.

Inténtalo otra vez.

Venga, venga, vamos.

Que si no me enfado, ¿eh? Pero si es que no puedo, Carmen.

De veras que no puedo.

No sabes cómo me duele.

Sí, ya sé que te duele, Miguelito. Pero no tanto como dices, ¿eh? Porque eres un

quejica.

Mira, Lea, cómo se mueve. Muy bien, Lea, muy bien.

Vamos. Venga.

¡Joder!

¡Cojones! Pero qué mal hablado eres, Miguelito.

Encima. No te jode. No me lo distraigas, Vicente. Tú a lo tuyo. Vamos.

Más derecho, ¿eh? Más derecho. Eso. Ala.

Sigue.

Muy bien.

Vamos. Muy bien.

Vamos, vamos,

vamos.

Muy bien, Miguelito. ¿Ves cómo lo has conseguido?

Si es que eres muy vago, ¿eh?

Bueno, ¿y ahora qué? Ahora lo vas a hacer otra vez. No, no, no, no. Ahora

mismo. Ahora mismito.

No, no, no, no, no. Dios mío, estoy en manos de la auténtica saca mantecas de

tierra. Oye, oye, oye, vamos a poner las cosas en claro.

¿No fuiste tú quien me dijo que me iba a llevar a los toros dando un paseo por la

calle de Alcalá?

Pues las promesas hay que cumplirlas. Así que venga, y sin protestar. Vamos.

Tía buena, maciza. Ay, si yo perdiera unos cuantos años.

Millones de personas esperaban que 15 años después un boxeador blanco volviera

a ser campeón de los pesados desde que Jimmy Bravo perdió el título en Chicago.

Suena la campana del primer asalto. Rocky.

Se planta en el centro del ring. Un segundo después ya tiene a Jersey Joe y

Walco frente a él.

Tenías que haberle visto.

Era un gigante de brea.

Una roca. Una máquina de picar carne. ¡Buf!

Déjate de literatura, que para eso ya tenemos a Vadillo en el as. Coño, cada

uno tiene su estilo.

Anda, sigue.

No te digo lo que hay ahora. Sigue.

Sigo.

Tras unas cintas, ¡zas! Un gancho de izquierda de Walco capaz de tombar un

buey llega a la cara de Rocky.

Y a la lona.

Todo el estadio se puso en pie.

Y Tisoli Soder, dijo un tipo que había a mi lado, que significa más o menos, se

acabó lo que se daba. Pero yo sabía que no.

Y Rocky, tras estar rodillas en tierra un par de segundos, tres como máximo, se

levantó y se fue directo a Porhualco como si allí no hubiera pasado nada.

Sí, empezó un cambio de golpes demoledor.

Todo el mundo creía que Rocky Marciano iba a conocer el caos por primera vez en

su vida.

Pero Rocky...

Que era un tío tan frío capaz de mear hielo.

Frenó a Walcott e impuso su distancia. La media.

Efectivamente, la media distancia era la que mejor le iba a su estatura.

Hasta que un derechazo terrorífico de Rocky se estrelló en la cara de Walcott

en el 12.

En el 11.

Efectivamente. Oye, fue como si la derecha de Rocky se arrancara de su

propio homoplato. Fue visto y no visto.

Walcott cayó como a cámara lenta.

Se hizo un silencio tremendo.

¡One, two, three, four!

Y yo le dije a mi vecino, ¡Cambia etapa!

¡Ese sí que no se levanta! Total, que el árbitro dijo, ¡Night out!

Y chico, la noche de Filadelfia se rompió en un alarido.

¿De qué te ríes?

¿Qué pasa?

¿Que no te crees que yo vi ese combate?

Pues para que te enteres, no fuimos seis amigos de Brooklyn en autocar.

Mira, ¿qué pone aquí?

Tu, my best friend, sincerely, Rocky Marciano.

Esta foto me la dio cuando el combate yo elí.

Sí, hombre, combate, la vuelta, el regreso.

Y ese combate entre el bombardero de Detroit y Rocky el demoledor, también lo

vi en el Madison Square Garden.

El día que tú veas la catedral del boxeo, Germán, te vas a caer de

espaldas. Y eso que el Madison de ahora ya no es el de antes.

Aunque sigue estando junto a la Penn Station, la estación de Pensilvania.

Lo que te gustaría a ti Nueva York.

Y mi Brooklyn, menudo puente tenemos.

¿Y yo qué creo que nunca has estado en América?

Bueno...

Pues al combate entre Rocky Marciano y Joey Luis se le definió como el de la

lucha entre la potencia y la experiencia.

La expectación era que vamos.

No te lo puedes ni imaginar.

La prensa, la radio, a todas horas.

Y es que esos eran combates y no las peleitas de ahora.

Sí, amo, creo que ya lo tengo.

Hay un tal Nico... Nicolás Gómez San Pedro, que tiene un programa de música

en FM, en Radio Madrid.

La Hora de los Nicos, a las 11 de la noche, en directo.

Ok, McKay.

Espera, amo, no te vayas.

Ilumíname, necesito un fijo. ¿Madrid-Atleti?

¿Tor?

Joder, gracias, amo.

A mí nunca se me habría ocurrido esa parida.

No tiene remedio, la pasión le ciega.

Como a mí.

La tengo dominada.

Maite. ¿Llevas mucho tiempo esperando?

Un ratito.

Bueno, vamos a ir.

¿Qué me has traído de Burgos?

Nada de nada. Esta vez me he olvidado de Maite. Como Maite es tan pequeñaja y tan

fea. Agáchate.

Lo dices de mentira.

Tendrás alguna cosilla en el coche.

Bueno, ya veremos.

Pero no se lo digas a mamá.

Oye, ¿sabes que hoy he hecho tres elefantes de plastelina?

Y Jaime les ha espachurrado la trompa.

Gracias.

¿Me pone un café solo, por favor?

Doscientas noventa.

Póngame la vuelta encima de la bandeja.

¡Mamá, mamá!

¡Hola!

Hola, Germán. ¡Mami!

Hola, mi tesoro.

¿Qué tal el cole? ¿Has dibujado mucho?

No, hoy plastelina. Ha hecho tres elefantes.

Pero Jaime les ha espachurrado la trompa en el recreo.

Vaya. A ver.

Claro, ya sabía yo que no te habías lavado las manos el pringue ese.

Eres una cochina. ¿Qué tal has comido?

Muy bien. Sopa de fideos y filete, ¿verdad?

Espero que sí haya cumplido el pacto de no dulces.

Absolutamente.

No sé, no sé.

¿Sabes, mamá, que Germán se tiene que ir ahora al bosque a buscar una ovejita? ¿A

que sí, Germán?

Sí.

Cuéntamelo otra vez.

Además de pesada, eres una cotilla.

Una oveja tiene una ovejita.

Y la ovejita se escapa de casa.

Entonces la oveja me llama. ¿Por teléfono?

Sí, sí, por teléfono, sí.

Y me dice... Germán, busca a mi ovejita.

Y Germán se va al bosque a buscar a la ovejita. ¿Y el bosque está oscuro?

Pues si es de noche, sí.

Pero yo tengo mi amuleto.

Entonces...

Enciendo el amuleto que me regaló Maite.

¿Y qué veo?

Veo muchos lobos.

Muchos.

Me acerco a uno muy grande y le digo, oye, lobo, ¿has visto

pasar a la ovejita Isabel?

Esa que tiene una manchita negra en el hocico.

Y con lo que me diga el lobo seguiremos.

¡Alegría, inútiles míos!

Estamos en la segunda era del rock. Y como viste un biguete mío, no les

cortéis las venas a los amigos.

¡Que les divierta su puta madre!

¡Música libre para una vasca libre! ¡Es chocolate puro! ¡El auténtico

apocalipsis! ¡Te quiero, Copola!

¡Aunque te hayas mentido a las multinacionales!

Niko, Niko, Niko, Niko, Niko, os quiere.

Pero Niko deja.

Es ya la hora y Niko se niega a currar gratis para la sed.

Pero mañana, Niko, Niko, Niko, Niko, Niko, volverá rugiendo como siempre

ruga. Niko, Niko, Niko, Niko, Niko, Niko.

Buenas noches, Nico.

Por favor, ¿podríamos hablar un momento?

Depende, hombre mayor.

Vendas lo que vendas, yo no compro. Tengo de todo.

¿La conoces?

¿Eres policía?

No. ¿La conoces?

¿Y si la conozco, qué pasa?

Pues pasa que Isabel Medina, cuando se fue de su casa hace tres años, era

menor.

Y pasa que puede haber lío.

¿Pero tú quién coño eres?

Soy detective privado.

¡Guau! Sí, como en las películas, ya sabes.

Un tipo duro y solitario que trata de sobrevivir en una sociedad podrida

gracias a un trabajo sucio.

¿A qué te ha gustado?

Pues atiende que te lo voy a explicar de otra manera.

Humphrey Bogart se va a la comisaría y dice que Nicolás Gómez San Pedro ha sido

novio, compañero, amante, como quieras.

De Isabel Medina, una chica desaparecida. Y allí te preguntarán.

¡Guau!

Bueno, anda, decide lo que sea, que tengo prisa.

Nos conocimos en la facultad y cuando ligamos, ella se vino a vivir a mi

gruta.

Un día me dijo, con mucho miedo... Nico.

Estoy embarazada.

Y yo le dije, coño, pues qué bien, porque la verdad es que me alegré.

Isabel le dije, si quieres tener el niño, adelante.

Nico se hace cargo.

Un par de días después, desapareció del mundo.

Buenas noches, ¿qué van a tomar? ¿Cuándo volviste a verla?

Yo no volví a verla nunca más.

Bien, enseguida.

Seis meses después de aquello, me llamó por teléfono y me contó lo del viaje a

Inglaterra con su padre.

Ya sabes, lo del aborto.

Y me dio las gracias porque dijo que yo era un tío cojonudo, que me había

portado muy bien con ella.

Yo entonces estaba enrollado con otra tía, ¿entiendes?

Pues nada, adiós, adiós y punto.

Debía querer mucho a su padre para hacerle caso en algo así, ¿no?

Joder, si siempre estaba con que mi padre dice, mi padre hace, mi padre, mi

padre... ¿Y nunca has vuelto a saber de ella?

No.

Bueno, sí.

Un amigo mío y suyo.

Otro compañero de facultad.

Me dijo que la había visto en Las Gatitas.

Una casa de masajes, ya sabes.

Por generalísimo.

De puta, vamos.

Ya.

¿Quieres otra copa?

No.

Pero te voy a pedir un favor.

Cuando vuelvas a ver al padre de Isabel, le dices de mi parte que es un cerdo.

¿De acuerdo, Humphrey Bogart?

Atentos. Tres de la tuerca y padres de mi compañero, cuatro.

Un momento.

Tres de envita grande y una de chica, cuatro.

Con una de aquí, cinco. Nos tenemos en las cuerdas, Mary. Vamos, no jodas,

moro. ¿Pero qué dices? Vamos, venga.

Hola.

Hola.

¿Cómo vais?

Dos-uno nos ganan estos membrillos. Por poco tiempo... Oye, Germán, ¿tú conoces

a alguien en Cosmopress?

Porque me han encargado los de Confidencias que me entere en qué

iglesia se casan Jorge y Belén. Los cantantes esos de flamenco. Y, chico, no

hay manera.

Ya he tocado todas las iglesias de Madrid.

Si me entero de algo, te llamo.

¿Llevas pares?

Cojonudos. ¿Llevas pares?

Cojonudos. En marcha.

Paso a grande.

Paso. ¿Y yo?

En vido.

¿Llevas recaballo?

Buah. Pues que se la ponga.

Una por que no.

Ala. Ala.

Envido a chicas.

¿Llevas unas?

No.

Que se la pongan, con esas no se salen.

No, París.

Sí. Sí.

Sí, tú hasta a mí.

Paso.

Paso.

Envido.

Envido más.

Piénsamelo bien, Mary.

Tranquilo, que juego de partida.

Queremos cuatro.

Hable usted de juego.

No jugué.

No.

No.

Tres ases lleva el hombre.

Cuatro de invita pares. Y cinco en mi jugada, nueve. Y pares de mi compañero,

diez. Muerte dulce.

Señores, se corta para mear.

Vaya, no se te cae el solomillo de la mano. A llorar a los paules, McKenzie.

Ándale.

Moro.

A lo mejor mañana te hacen un masaje tailandés.

¿Y eso?

Tienes que ir a Las Gatitas, en Generalísimo.

Paseo de la Castellana.

Ahí tienes la dirección.

Según el ratón Mickey, la chica de Medina trabaja ahí. Te lo dije, amo

putilla. Vale, mañana me paso.

A primera hora.

Sí, mi amo.

Vamos allá.

Bueno, ¿quién es mano?

Parra. Te veo pálido.

Hombre... Bueno, juégame bien, ¿eh? Que tenemos los mil duros en el duro. Que no

vais a ganar la partida.

No os ilusionéis.

Mary, tú dame las buenas, que a la mirada de un The Rock te lo tengo

controlado yo, ¿eh? Vale, tranquilo, te vas a enterar. Oye, Mary. ¿Qué?

¿Conoces a alguien en galería, eh? ¿Quién, el Mary de Madrid? En galerías,

en corta inglés y en camisetas de lana a la camerana. Bien dice el lorito.

¿Por qué crees que me llaman a mí el Charlie Chan de la corredera baja?

Venga, dejaros de coña.

Hombre, que es que tengo un lío con una cliente y una tarjeta de crédito en

galería. Espera, vete de mi parte a la central y pregunta por Enrique Rueda.

Nada, ni Rueda ni carro, no hagas caso. Vete a las oficinas de Goya y pregunta

por la señorita Soto. Luisa Soto. Venga, venga, venga. Esta te lo hará todo, que

es un fenómeno. Venga ya, hombre, venga ya, joder. Esto parece el consultorio de

Elena Francisco.

Venga, muy visto. Muy visto si quiere la mano, y la mano no quiere.

Bueno, entonces lo cortas yo, ¿no? Lo corto. Venga, las donzanares, tú. Esto

está muy claro, señores. Dos sagradas, tres sagradas.

Los toros, los toros, hijo mío. No son un deporte, son una fiesta bárbara. Ya,

y dos tipos en calzoncillos que se meten entre unas cuerdas a darse de hostias

que son.

Olímpicos, no te jode.

Me parece, Rocky, que la noche aquella que estuviste en el Madison ese se debió

escapar una hostia de esas que tú llamas uppercut y te dejaron sonadito.

Coño, el amo.

Hola, buenos días.

Ahí estoy.

¿Han sido las gatitas? Sí, mi amo.

Sí. Isabel Medina estaba en las gatitas.

Pero ya no está.

Estuvo solo un mes escaso, hace año y pico.

Según Leantí, la dueña, que en realidad se llama Esperanza, y es de San Martín

de Valdeiglesias, parece que la chica creaba problemas porque no servía para

eso de los masajes.

La felatio.

¿Has visto, amo? No dirás que no te lo digo finamente.

Felatio. No te enrolles y sigue.

Algunas veces en plena sesión se ponía a llorar y a dar gritos.

Le daban como ataques con el consábido pasmo de los clientes, porque a uno de

Avilés casi le da un infarto y casca allí.

Bueno, total, que Lianti iba a darle puerta cuando... Dame un cigarrito, amo.

Que no te enrolles y que sigas. Ay, qué leche, don Ameche, cada uno tiene su

estilo de contar, como dice muy bien ahí el maestro.

Joder. Bueno, pues nada, que Isabel Medina se enroló en la cuadra de Mimí de

Torres. ¿Cómo? ¿Por qué?

No se sabe.

Por lo que me han dicho la tal Isabel, debe ser una tía muy rara.

Por ahí dicen que está un poco locatis.

Guapa, con estudios, una chica fina.

Desde luego nada que ver con el personal habitual.

Ni ni de torres. Sí, mi amo.

Esto, el masaje irá por cuenta de la empresa, supongo.

Tengo la factura.

Bueno, yo me largo antes de que empiece el combate. Ah, oye, Cárdenas, si

quieres vete a comer a la burgalesa y cárgalo en mi cuenta.

Tabaco incluido. ¿Y eso?

Es mi cumpleaños. Pero hoy... Sin comentarios.

Hasta luego.

Moro. A puesta azules, merodio y la raza.

Y a chupar. Gracias, campeón. Me voy a fundir los diez duros que me quedan.

Vale. Bueno, Rocky, primer asalto. Afeitado con poca loción y recorte de

bigote. En guardia.

¿Por dónde íbamos?

En el sexto. Tenemos a Rocky Marciano ya totalmente recuperado y yéndose a por

Archimor sin titubeos.

Hola, soy Mimi.

Mucho gusto.

Pase, por favor, señor Medina.

Gracias.

Siéntese, siéntese.

¿Usted irá?

Antes de nada, perdone la molestia. Es que necesito hablar urgentemente con mi

prima Mabel.

Isabel. Isabel Medina, ya sabe.

¿Isabel?

Sí, hace cosa de dos meses recibí una tarjeta de Isabel desde aquí, desde

Madrid.

Y me decía que... Por cierto, sí.

Mídela.

¿Quiere que se la lea?

Sí, por favor.

Sí.

Querido Paco, espero que estéis todos bien.

Yo, como ves, sigo en Madrid.

Si vienes por aquí o quieres avisarme de algo, es que ella y su familia no se

llevan bien, ya sabes.

Puedes localizarme en el número 251-6093, que es el teléfono

de doña Margarita de Torres, a quien estoy muy agradecida por lo bien que se

está portando conmigo.

Un abrazo muy fuerte para Trini y los gemelos.

Trini es mi mujer.

Sí, mi mujer.

Y en especial para ti, Mabel.

A ver.

No comprendo.

Alguien nos ha gastado una broma.

El teléfono es el mío.

Pero yo nunca he oído hablar de su prima.

Lo siento mucho, señor Medina.

¿Y ahora, si me disculpa?

Siéntese.

Yo solo pretendo dar un recado a mi prima Isabel Medina personalmente.

¿Está claro?

Sea buena.

Mimi.

Me parece que voy a tener que llamar al 091, señor Medina.

Pregunte por Elías o por Iturriaga.

Son los más eficaces.

Trabajo para la familia de Isabel Medina.

Pero creo que esto ya sale de mi oficio y como muy bien dice usted, ha llegado

la hora de pasar este asunto a la brigada criminal.

Me parece una idea cojonuda.

Tranquila, Mimi, siéntate.

¿No ves que estás poniendo nerviosa a la señora?

Seguro que le has levantado una jaqueca tremenda.

Y eso no lo hace una persona respetable.

El dedo.

Este dedo mata.

Te has dado cuenta, ¿eh?

Chico listo.

Atiende.

Nosotros no tenemos nada que ver con tu prima.

¿Entendido?

El dedo.

Y la próxima vez que te vea, con este dedito y con este,

no voy a dejarte un solo pelo en ese bigote de mierda que...

El dedo.

Es un muchacho excelente, es un muchacho excelente, es un muchacho excelente. Y

siempre lo será, y siempre lo será.

Ahora vamos a soplar, soplamos todos. Una, dos y tres.

Muy bien, Maite, muy bien.

¡Otra vez!

No, May, en los cumpleaños solo se sopla una vez.

¡Ah, un momento!

Lo que mamá no sabe es que en los cumpleaños de Germán se sopla dos veces.

¡A la sopla!

¡Otra vez!

¡Ahora! ¡Muy bien, May! ¡Muy bien!

Y ahora, a tomarte la tarta y a la cama, que mañana hay cole y hay que levantarse

pronto.

Ni jo, ni nada.

Mamá, no me apetece la tarta.

¿A quién se le cuente? Un mes a vueltas con la tarta.

Mamá, ¿has comprado ya la tarta? ¿Te has dormido la tarta, mamá? ¿Y ahora?

Claro, te has inflado antes de quicos y de palomitas.

Pues venga, que te lleve Germán a la cama mientras yo preparo el café.

Muy bien, vamos allá.

Y ahora duérmete pronto, ¿eh? Pero me llevo el mono y la velita.

Claro, claro.

Vamos a ver.

El mono y la velita.

Si eres bueno, mañana voy a recogerte al colegio y te voy a comprar chicles. Pero

no digas nada.

Muy bien. ¿Sabes una cosa?

¿Qué? Cuando yo estoy malita, mamá me deja que duerma con ella. Claro.

¿Cuándo tú estás malito, con quién duermes?

Pues con el médico.

¿De verdad?

Pero como al médico no le gusta nada dormir conmigo, me manda muchas

medicinas. Y enseguida me pongo bueno. ¿Cómo se llama tu médico?

Cibago. El doctor Cibago.

Pues el mío se llama don Rafael.

Ah, don Rafael. Ese sí que es un buen médico. ¡Hala!

Y ahora, a dormir.

Pero no le tapes al mono. No le tapes tanto al mono que si no, no respira.

Ahora, dame un beso.

Hasta mañana.

Oye, Germán.

¿Qué? Lo he pasado un rato bien.

Y yo también, Maite.

Este año tenemos que pasar la noche buena juntos, ¿vale?

Vale.

¿No cierres tanto la puerta?

Esta hija tuya, qué pico ha tenido siempre.

Es un genio. Qué va, es una niña normal y corriente.

Si todos los críos son así.

Lo que pasa es que tú, como no tienes costumbre de tratarlos, todo te hace

gracia.

Es un plomo.

¿Sabes? Aún se acuerdan de ti algunas enfermeras.

La verdad es que fuiste un paciente modelo.

Siempre cazando bromas, de buen humor, alegre... Está usted muy guapa.

Gracias.

¿En serio?

Tienes un encanto especial. Siempre lo has tenido, pero...

Esta noche más.

Oye, Carmen.

Lo que yo quiero decirte es... Me va a fastidiar mucho que un día cualquiera

encuentres a alguien que te guste. Oye, y que tienes todo el derecho del mundo.

Y a lo que voy.

Y a lo mejor... No es bueno que vea a Maite tanto.

Espera.

Y no es bueno porque... Porque no va a ser bueno para la niña.

¿Entiendes?

Ella me quiere, pero... Que sí.

¿Cómo que sí?

Que sí.

¿No estás intentando decirme, sé que la hija me quiere, ¿qué pasaría si también

me quisiera un poco la madre?

Y yo te digo que lo intentes.

Dame un poco de tiempo, Germán.

Esta cerveza está muerta.

¿Quién es ese? Se llama Areta.

Y basta que te prohíban una cosa para que te apetezca más.

Los fritos ni olerlos.

El colesterol. Claro.

De modo que ahí me tienes.

Con verdurita y pescado hervido.

Coño. ¿Y a qué no sabes qué me pasó en el último análisis de orina?

No, la prensa no dijo nada.

Qué gracioso. Que me dio positivo.

Embarazo, ¿entiendes?

No me jodas. Como lo oyes.

Y es que el chofer que tengo ahora, el chico de Osuna, ¿te acuerdas? Sí. Es un

pirao. Y llevaba también una botellita de su mujer. Y al entregarlas, pues

nada, que trabucó las etiquetas y no veas. De piedra me quedé cuando el bueno

del doctor Piñuelas abrió la análisis y me dijo con esa vocecita de marica que

Dios le dio.

Me parece que esto nos complica las cosas, don Ricardo.

Está usted embarazado.

¡Qué tío!

Bueno,

y ahora que ya conozco el estado de sus arterias, el régimen alimenticio y que

usted no tuvo nada que ver con la muerte de la rana... ¿Por qué no me cuenta ya

la película?

¿Alguien?

¿Desde algún lugar?

Un lugar alto.

Se ha interesado por ti.

Quería saber si tu licencia está al día.

¿Quieres? No.

Sigue trabajando contigo el raterillo aquel... El ladrón de coches, ¿cómo se

llamaba? Cárdenas. Cárdenas.

Sí, lo tengo dado de alta como administrativo.

Punto.

El problema es otro y quiero ponerte en guardia.

Lo que sé, lo sé por carambola.

Por un cruce de información oí tu nombre y metí el hocico.

Areta.

Un tal Germán Areta ha molestado a Mimi de Torres.

¿Qué pasa?

¿Que ahora Mimi está en nómina como confidente?

Esa señora no tiene nada que ver con nosotros.

Y nunca lo ha tenido.

Pica más alto o ha picado más alto. Pero quien tuvo, retuvo.

Política, altas finanzas, otro mundo.

Pero en ese mundo sigue tocando muchos palillos.

Has pisado la cola de un tigre.

Estás avisado, Piojo.

Germán.

Deja el asunto, ¿eh?

Abuelo, ojo con el colesterol.

Y gracias.

Cobre esa mesa.

Y lo de estos señores también.

Es decir, si queréis.

Venga, hombre.

Que oléis a pasma cien metros.

Oiga, don Ricardo, ¿quién es ese tipo?

El Piojo.

El único que ha tenido cojones de llamarme abuelo a la cara.

Ha sido el mejor.

¿Y por qué dejó la plaga?

¿Vosotros conocéis a Kipling?

No. ¿Uno de estupefacientes?

No.

Era un escritor inglés.

Que cuando le hablaban de Germán Areta, Siempre solía decir, pero eso es ya

otra historia.

¡Grita más fuerte!

¡Grita más fuerte, amo, que no te oigo!

Joder, qué gran cosa tenemos con las cabinas, que no funciona ninguna.

Coño, estoy oyendo a Luis del Olmo en protagonistas. ¡Dime, dime, dime!

Ahora te oigo mejor.

Escúchame, llama al teléfono que nos dejó Medina y entérate qué hotel es.

Te llamo en una hora.

Me voy a la confianza a ver si nos pagan de una vez.

Ah, oye, Moro.

Si llama la mirada a Under Rocks, le dices que los cantantes famosos esos se

casan en Miraflores de la Sierra el sábado 14 a las 4 de la tarde.

¿Cómo que de dónde?

¿Dónde coño va a ser? ¿De la iglesia?

Hasta luego.

Aguda recepción.

Buenas tardes. Buenas tardes. Por favor, don Francisco Medina. Sí. ¿Es usted

familiar? Sí. Al fondo, 560.

Gracias.

¿Es usted un cerdo?

Londres. Clínica Davis.

¿Ha visto usted a mi hija?

Ya sé que tengo cara de idiota, señor Medina, pero... Me jode la gente que se

fía de las apariencias.

Por favor, permítame explicarle.

Solo he venido a cumplir un encargo y a decirle que no hay trato.

Buenas tardes. Aretha, por favor. Por favor, espere, Aretha.

Por favor, por favor.

No se vaya.

¿Ha visto usted a mi hija?

Está bien.

Mire, Medina.

Este mundo huele muy mal.

Hace mucho tiempo que está lloviendo mierda.

En mi oficio es donde más se nota.

Y si quiere que le diga la verdad a mí el olor...

Me tiene ya sin cuidado.

Pero lo que no me gusta es que traten de engañarme.

Quien me pide que le ponga la verdad en la mano tiene que comenzar poniendo su

verdad en la mía.

Cuando Isabel volvió a Inglaterra sufrió una depresión enorme.

Fragil.

Su hija ha estado trabajando en una casa de masajes.

Y luego ha ejercido prostitución de lujo.

Es todo lo que sé.

Solo quiero llegar al tiempo de pedirle perdón.

Perdón.

Buenas noches

Hola Germán, buenos días, soy Carmen.

Bueno, toma nota.

Hablé anoche con mi amiga, la médico de la Concepción. El enfermo ese que me

dijiste, Francisco Medina, según me ha dicho está muy mal. Le han hecho la

biopsia y ha dado positivo.

Todo lo más, tres, cuatro meses me ha dicho.

Y ahora escucha, he pensado que empago a mis servicios de información.

¿Qué te parece si el domingo nos sorprendes con algo? Ya estoy. Piénsalo

y llámanos.

Espera.

Adiós.

A ver.

Venga, vamos.

Prematrimoniales.

Separaciones, futuros divorcios, duplicidad profesional, conductas

dudosas, problemas laborales, empresariales...

¿Me olvido de algo?

Bajas fingidas.

Cuando me enteré que andabas de huelebraguetas con el raterillo ese,

casi me he hecho llorar.

Vaya mierda de trabajo.

Bueno, es un trabajo que te permite saber siempre dónde estás.

¿Y dónde estás?

En ninguna parte.

Seguro que el tuyo es más bonito.

¿Qué haces?

Grupo indianza.

Juego de libro.

Seguridad personal.

Algo de relaciones públicas.

Solo cuestiones de confianza.

Qué suerte.

El día que te echaron de la brigada te vino Dios a ver.

Perdón.

¿Está todo a su gusto, don Alberto?

Sí, gracias, Fernando.

Gracias.

Una empresa del grupo tiene algo que ofrecerte.

¿A quién hay que matar?

Necesitamos un hombre.

Y ese hombre eres tú.

Harías un cursillo en América.

En Denver, Colorado.

15 o 20 días.

Con unos tíos que llevan ya muchos años en esto.

¿En esto?

¿Qué?

Seguridad.

Detrás de Indianza hay capital suizo. Y ya sabes, cuando veas un banquero suizo

saltar por la ventana... Tírate tras él.

Seguro que hay dinero ahora.

Sabía que nos pondríamos de acuerdo.

Hubo un tiempo en que yo te admiraba, piojo.

¿Lo sabías?

Hasta que un día me di cuenta de que, en realidad, tus virtudes como policía

eficaz... se apoyaban en tus limitaciones como tipo humano.

Sigue, sigue.

Tu obsesión por el trabajo era monstruosidad.

Un tipo capaz de tirarse 24 horas a base de... a base de café.

tabaco y un bocadillo de calamares, no está bien.

Sin contar con que todo eso era para meter en la trena a un pobre diablo que

dos días después un juez de misa y comunión iba a poner en la

calle.

Nunca has entendido lo que era la vida, Piojo.

¿Y qué es la vida, guapo?

Sensibilidad.

Y buen gusto.

Algo que... que se tiene o no se tiene.

Yo lo tengo.

Y tú no.

Y hay que cambiar, porque la vida, piojo, está llena de... de cosas buenas.

Hay...

Hay culitos muy redondos.

Y coches con mucha marcha.

Ser buen policía o buen cualquier otra cosa es una simple cuestión de

tener o no tener estómago. En eso tienes razón, guapo.

Porque hace falta tener mucho estómago.

Para ser capaz de jugar a dos barajas.

No me interesa tu oferta.

Y ahora que ya no hay zanahoria, dime cuáles eran las condiciones o... Te las

digo yo.

Verás.

Germán va a ser un buen chico.

Que va a prometer no molestar nunca más.

A Margarita de Torres.

¿O no, guapo?

Ayer casualmente la saludé en el aeropuerto.

Me dijo que se iba a descansar una temporada fuera de España.

Por cierto, estaba guapísima.

¿Para quién trabajas?

Germán, voy a darte un consejo de amigo, de buen amigo.

No te compliques la vida.

Cuando uno se complica la vida, acaba no siendo feliz.

Y cuando uno no es feliz, nunca vuelve a tener suerte.

Agáchate. ¿A qué antes de un minuto nos encuentras?

Verás cómo no. Y espérate que no se ponga a llorar.

A llorar. Desde luego, tú es que no conoces a tu hija.

Es más lista que el hambre.

El otro día le digo que vas a ser de mayor.

Y me dijo, vieja, no sabe nada.

¿No te importa?

Ayer me llamó su padre.

Hacía casi un año que no hablaba con él.

Deja el centro médico donde está ahora en Barcelona.

Se marcha a Canadá, a Montreal.

Se van todos, él, la mujer y los hijos.

Él no quiso tener la niña, ¿verdad?

Pero yo sí.

¿Y sabes una cosa?

A la media hora de hablar con él, de repente, me sentí muy a gusto.

Como muy tranquila.

Pero de verdad, me daba igual.

¿Se va a Canadá?

Pues estupendo.

Eso está muy bien.

Pues en ese muy bien, tú tienes mucha culpa.

Has logrado que ese resentimiento que yo tenía todo, ya no esté.

¿Sabes?

En cinco años mi vida solo ha sido Maite y el trabajo.

No ha existido nada más.

Durante mucho tiempo, cada vez que anochecía, en esos momentos raros en que

parece... Que no solo se acaba el día, sino algo más, como algo de ti.

Me deprimía tanto.

Que me ponía a llorar y a llorar.

Había una cosa en la televisión que me hacía mucho daño.

Aunque es absurdo, todavía no sé por qué. No sé si tú lo habrás visto.

Es como una especie de anuncio diciendo que empieza el programa de tarde.

Salen unos barquitos de vela y en cada vela una letra. Tarde.

Y el sol al fondo.

Y una música que me parecía la más triste del mundo.

A mí me dejaba una sensación de vacío y soledad. Como una tristeza y un

cansancio enormes.

Luego Maite se dormía.

Y la oía soñar en voz alta.

Y yo la hablaba.

Germán, tú me has ayudado mucho.

¡Os he visto!

¿Veis cómo es más lista que el hambre?

Disimula, disimula.

No, vale, me habéis engañado. Las servilletas eran para que fuera por otro

sitio. Ha sido cosa de mamá. Dí que no, May, ha sido él. No, no, no. Ha sido él.

He visto una rana.

¿Una rana? Sí.

Me cago en la leche.

Vamos por ella. Vamos por ella.

Inmediatamente.

Es que el padre de una virguita de maite es cazador de ranas.

Pero mañana May te lleva al colegio una rana o yo dejo de ser ese hombre tan

maravilloso que soy. Allí hay una piedra que es redonda, gordota. ¿Aquella

piedra? Esa de la derecha.

Fíjate bien, ¿eh? Mira a ver si la ves. ¡Ay, ay!

¡Ya saltó! ¡Está allí! ¡Ya, ya, ya! ¡Ya, ya!

¡No

le

dejes a la cabeza que está estudiando!

¡No le dejes a la cabeza que está estudiando! ¡No le dejes a la cabeza que

está estudiando!

¿Habéis visto?

Si es lo que yo os dije. A ese chico le gusta la pelea. Me recuerda a un

puertorriqueño, Márquez, que vi en el Golden Globe.

En el guate de oro.

Efectivamente.

Saca bien las manos.

Sobre todo derecha, ¿eh? Sí.

Pero no tiene cintura. No vale un duro.

Bueno, qué pesado es este tío. Pues era posible.

Ese chico es un campeón nato, un killer del ring. Y tiene lo más importante que

hay que tener, la pegada. Y aquí no hay más ley que la de la pegada.

Ya. Pero no tiene cintura. Y todos los grandes campeones han sabido bailar.

Mira a Cassius Clay.

Lo más bonito de Cassius era que el tío se enganchaba ahí y acababa hasta con el

cuadro. Lo más bonito de Cassius era su color moreno. Y cállese usted ya, don

Plomo, y déjelo ver la pelea, hombre.

¡Albañil!

¡Albañil, que no veo!

Ese cae en el tercero. Eso está visto.

¿No ves que no tiene cintura?

El próximo

viernes se

celebrará en este mismo local otra interesante velada de boxeo aficionado.

Tercer y último asalto.

¿Qué dice?

Que ya está, que la ha encontrado.

¿A qué?

Ay, qué leche, ¿a quién va a ser? ¿A la chica? ¿A Isabel Medina?

¿Y eso?

Joder, ¿y eso? Pues porque soy un genio. A ver si es que uno no va a poder tener

contacto. Bueno, pues resulta que un amigo mío trabaja a mira por donde los

ordenadores del Banesto. Y entonces cuando me lo encontré el otro día le

dije, coño, a ver si me puedes hacer un favor.

Le conté, que era detective y eso. Yo no esperaba encontrar nada, pero bueno, por

si acaso, que no quedara.

Abre bien. ¿Qué? Que abre bien. Bueno.

Pues le dije que mirara en un sitio que después me he enterado que le llaman

listados a ver si estaba allí Isabel Medina Suárez. ¿Qué? Dijo que ya me

avisaría cuando supiera algo. ¿Y qué? Y esta tarde... ¿Qué?

Me ha llamado.

¿Qué? Y estaba.

Tiene cuenta la central. Y según el movimiento de la cuenta hay unos

extractos mensuales... Joder, qué hostia.

Bueno, y según el movimiento de la cuenta hay unos extractos mensuales

siempre iguales. Total, que todos los días 17 de cada mes Isabelita va al

banco a por la panoja. 200.000 calas todos los meses.

¿Y mañana qué día es?

Diecisiete. Así que a las ocho de la madrugada me planto en el patio de

operaciones como un clavo. Los plantaremos los dos, pero a las nueve

que es cuando se abren. ¿Eh?

¿Que a las nueve que es cuando abren la caja?

Buen trabajo, Moro, buen trabajo. ¿A que sí?

¡Es que soy un genio!

¡Hala, Moro, vete por ahí a hacer puñetas y déjanos en paz!

¡Ese tío es mejor que Rocky Marciano!

¡Venga, Moro, vete al Sahara ya!

¡Mira, mira qué puñeta jolaba!

¡No me dijeron que tenía cintura!

¡Albañil!

Llevamos ya tres horas.

Tengo el culo cuadrado.

Pues muévete, estira las piernas, haz lo que quieras, pero no me quites ojo de

las ventanillas.

Moro.

Este oficio se compone de dos cosas.

Mirar y mirar.

Oye, el viernes hay partida en la oficina del Meri. ¿Vas a ir?

Alfonso, ¿qué pasa con el cambio?

Aquí.

Muchas gracias.

De nada.

Perdone. Sí.

Isabel Medina.

¿Usted quién es?

Un amigo de su padre.

¿Qué pasa?

He visto a su hija Isabel.

He hablado con ella.

Es una chica muy guapa.

Y se encuentra bien.

Pero de momento ella...

Dije que usted la estaba buscando.

Que quería verla.

Que quería pedirle perdón.

Que estaba usted muy enfermo.

Y me contestó que su padre había muerto.

Exactamente el 5 de marzo de 1979.

El mismo día que ella ingresó en la clínica Davis en Londres.

Caso resuelto.

Fila 12, butacas 1 y 3, pasillo. A las 10 el pase, la película a las 10 y 20.

¡Perfecto!

¿Y Maite?

¿Se ha quedado contenta?

Sí, porque van a dormir juntas ella y su amiga África con los muñecos. Se ha

llevado el mono tuyo.

Pues vámonos.

Oye, Carmen.

¿Puedo preguntarte algo de mujer a mujer?

Dime.

Verás, supongamos que eres una chica de provincias, que estudias ATS, que quiere

mucho a su padre, que te enamoras de un médico casado, que te dice que te quiere

y que se va a separar de su mujer.

Bueno, supongamos que te quedas embarazada y el médico te abandona.

Entonces tu padre te recrimina...

Y en fin, que te vas de casa.

Pasa el tiempo y el amor que sentías por tu padre se transforma, no te digo en

odio, pero sí en rencor.

Y un día te enteras que tu padre se va a morir y que quiere verte.

¿Qué harías?

No es odio, Germán.

Ni tampoco rencor.

Lo que se siente es dolor.

Dolor y desamparo.

Algo que tú creías firme, sólido, sencillamente desaparece.

Cuando supe que mi padre iba a morir y no me enteré por él, me escribió un

hermano suyo.

Apenas lo dudé.

Fui a verle, con Maite.

Pero... no le quería Germán.

Fui a verle, pero ya no le quería.

Oiga, señor, no sé si sabrá que tenemos menos de media hora para tomarnos un

sándwich y llegar al cine.

Ah,

sí, sí, vámonos.

Por la puerta del centro, por favor, a ver.

¿Ha empezado ya? No, estamos con el corto, señor.

Es un actor estupendo.

A mí me encanta.

¿Tú le viste en Flor de Otoño?

Sí, me parece que sí.

Qué curioso.

Fíjate en eso.

¿En qué?

En eso.

Claro.

Perdónos.

Sal humor.

Gracias. Un momento que voy a llamar por teléfono.

¿La burgalesa?

¿Quién es Marcos?

Soy Germán.

Oye, hazme un favor.

Mira a ver si está cenando Cárdenas ahí.

Sí. No, no pasa nada.

Cárdenas, vete esta noche a la oficina a la una.

Pues deja lo que tengas que hacer. A la una, ¿entendido?

Hasta luego.

¿Qué hay?

¿Qué pasa, amo?

Joder, vaya horas.

Siéntate.

Moro, nos han corrido la mano.

Y bien, además.

Concéntrate, Moro.

Estamos en el banco.

Acaba de entrar la chica.

Se acerca a la ventanilla, abre el bolso, tira de talonario y firma.

¿Con qué mano?

Con la derecha, supongo. No valen suposiciones.

Mientras espera, abre otra vez el bolso.

Saca un espejito y se le cae un paquete de tabaco. Winston.

Lo recoge y... ¿Con qué mano?

No lo sé, tampoco me acuerdo.

Yo sí.

Yo me acuerdo de todo.

Y aquella mujer no era zurda.

Isabel Medina sí.

Esta mierda de fotografía que tenemos está positivada al revés.

Que nos han engañado, moro.

Aquella chica no era Isabel Medina.

O sea, que Medina ha muerto antes de tiempo.

¿Y sabes por qué se quitó de en medio?

Pues te lo voy a decir.

Porque yo le llevé una mala noticia. Mala y falsa.

Todo empezó a aclararse cuando vi al guapo. Luego llegaste tú con tu amigo

del banco, que si listados, que si extractos de cuenta... Y zas, la chica

que llega al banco todos los días 17 de cada mes.

¿Y qué día es mañana?

17.

Dime la verdad, Cárdenas.

¿A que soy un gilipollas?

Y dime otra cosa.

¿Cuánto te ha dado el guapo?

No, verá, Germán.

¿30.000 duros?

¿40.000?

No, Germán.

¿Cuánto te ha dado?

350.

Más fuerte.

350.

Eres un hijo de puta.

Eres un hijo de la gran puta.

Cinco años oyendo decir a la gente que eras un chorizo, un ladrón, un ratero.

Cinco años diciendo a la gente que no.

Que todos tenemos nuestros defectos.

Y que tú eras un hombre honesto.

Y resulta que ni siquiera eres un hombre.

Mañana, cuando yo no esté, recoges todas tus cosas y no vuelvas nunca más.

Germán.

Germán.

Es que... Por favor. Por favor, Germán.

Yo no sabía.

Vaya, Germán.

Germán.

Ya sé que soy un hijo de puta, pero déjame al menos pedirte perdón.

Voy a encontrarte, Isabel Medina.

Voy a encontrarte aunque estés en el mismísimo infierno.

Voy a encontrarte o abandono este oficio de mierda.

Los lugares de encuentro los fijo yo.

Lo convenido era que me llamases por teléfono.

Escuche lo que voy a decirle, que es muy poco.

Cuando salga de aquí me voy a la estación y subo al primer tren que salga

con tal de que vaya lejos.

Germán ha descubierto el jueguecito de la niña.

Le dije que... No me toques.

Le dije que Aretha era más listo que usted y que yo.

Pero no quiso hacerme caso.

Aquí está el dinero que he recibido.

No quiero nada.

Ese piojo.

Gilipollas. No tiene ni idea de dónde se está metiendo.

Me has conocido, ¿eh? Hola.

¿Y este quién es?

Es Jaime.

¿Jaime? ¿Él es Pachurra Trompa de Elefantes? ¡Hombre! Hola, Jaime.

Bueno, ahora nos vamos que hace mucho tiempo, ¿eh?

¿Has estudiado mucho?

Así es.

Y ahora, espera un momento quietecita mientras hago una llamada, ¿vale? Vale.

¡Hala, Jaime, vamos!

Le saludamos al comienzo de la emisión.

Este es el contestador del

4164650. Cuando oiga la señal, puede dejar su mensaje.

Germán, soy yo.

Escucha, por favor.

Lo que quiero decirte es que... que no eres responsable de

la muerte de Maite.

Germán, si mi hija ha tenido un padre, ese ha sido tú.

Tú sabes que era así.

Que era un poco... mucho tuya también.

A veces me acuerdo cuando venía corriendo y gritando por el pasillo y

me decía, mamá, Germán me quiere mucho, ¿verdad?

Dios mío.

Aún siento el olor en la ropa.

Y esos trajecitos.

Que no me atrevo a tocar.

Y también quiero decirte que no te sientas culpable de nada.

Porque si algo me ayuda a soportar todo esto es

saber que Maite se llevó al menos de este mundo

unas olas de alegría y felicidad.

¿Qué te hará, mi hermano?

¿Qué te hará, mi niña?

Hola, tuerto.

Hola, piojo.

¿Cuándo vas a ponerte un ojo de cristal?

Los he visto preciosos.

No hagas caso.

No se ve nada.

¿Podemos hablar a solas?

Sí. Pedro, por favor, salga un momento.

Sánchez, vengo a pedirte un favor.

Necesito tu técnica.

Hola, Rocky. ¿Dónde está Germán?

En la sala, en la sala.

Gracias.

Hola, Germán.

Hola.

La fiera esa que me dijiste, esta noche ya no va a asustar a ningún vecino.

Gracias.

Hola, guapo.

El hombre es Ciener.

Jesús María Jiménez Ciener.

Ya le conoces.

Es el presidente de un holding de 48 empresas.

Manufacturas, transportes, inmobiliaria, import, export.

Además, presidente de una empresa encubierta que exporta dos

veces al año capital español a Suiza.

Sale por el puerto Banús.

Sigue. Me llamó una noche a las dos.

Quería que le llevase una chica. Eso es normal en él.

Hablé con Mimi y poco después dejaba a Isabel Medina con el gran hombre.

En un hotelito que tiene dispuesto para sus malos momentos.

Para cuidar lo que él llama sus depresiones.

Cerca del plantío.

De madrugada volvió a llamarme.

Eso era nuevo, no formaba parte de lo habitual.

Cuando llegué, Ciener estaba aún en plena crisis histérica.

Sabía que era un sádico, siempre maltrataba a las tías, pero... Aquella

noche se le fue la mano.

La chica estaba muy mal, prácticamente agonizando.

Había golpeado con saña porque, según me dijo, la muchacha se negó a

colaborar.

Si alguna vez pasas por el nuevo puente que cruza el Tajo, a la altura del

Muraida de los Infantes,

reza una oración por el alma de Isabel Medina, porque está allí.

Sus restos ayudan a sostener el puente.

El puente estaba entonces en construcción y... La idea de guardar el

cuerpo de la chica en el encofrado...

Las cosas como son.

Fue idea mía.

Dos años después apareció un tipo preguntando a todo Dios por la chica.

Intenté alejarte, pero no fue posible.

Escucha, el único que puede quitarte eso sin que revientes soy yo.

Tengo la fórmula.

El tuerto me ha echado una mano y ya sabes lo bien que ha trabajado siempre

Sánchez.

¿Guapo?

Me vas a ayudar a hacer un trabajo con el gran hombre.

Imposible.

No podrás hacerlo.

No podremos hacer nada.

Además... ¿Qué hora tienes?

Las cuatro y diez.

¿Las cuatro y diez?

Dentro de un rato vendrán a buscarme.

Salimos hacia Nueva York.

Nueva York es un sitio tan bueno como otro cualquiera.

Sigue.

Como siempre tenemos reservada una zona del Jumbo.

Vamos cinco.

Zavala, un abogado del grupo.

Luis Benavides, asesor fiscal.

Martín Peñalver, un asesor económico.

Ciener y yo, claro, como miembro de seguridad.

Este viaje va a ser muy breve, prácticamente dos días.

Ciener quiere estar en Madrid el 24 por la mañana porque... eso de las fiestas

de Navidad para él es sagrado.

El... El motivo del viaje es establecer un crédito con el Exit Bank, un

organismo estatal autónomo norteamericano dedicado a ayudar a la

exportación, pero que no recibe fondos del presupuesto nacional.

La operación tiene como fin la compra de un transbordador hidroala de la casa

Boeing por la compañía Oceatlantic, que es una de nuestras empresas.

Fienel está muy contento, dice que es una operación espléndida.

Llevaba tras ella casi un año.

Desde el aeropuerto iremos directamente al hotel.

Waldorf Astoria, en Park Avenue, con la 50.

Mi habitación será la 2121. La suite Ciener es la número 4. También está en

la misma planta.

La costumbre es cenar allí y acostarnos temprano.

Antes, telefoneará a Londres al domicilio de Phil Robbins, un agente de

bolsa para... conocer cómo está el libro.

No sé si sabes que el libro es la oferta media de... ...del estado del dinero.

Por la mañana a las diez en punto... ...Ziener tiene una entrevista con los

ejecutivos del Exit Bank... ...en las oficinas de Harold Packard en Wall

Street.

Seguirá después en el restaurante del Waldorf.

A esa comida... ...yo no iré.

Si quieres... ...podemos vernos a la una en Macy's. Está en la esquina de la

séptima con la treinta y cuatro.

¿De acuerdo?

Después de comer, irán a las oficinas centrales del Chase Manhattan.

Y es ahí donde cierran la operación.

Tengo que recogerles a las cinco en punto.

La estación de Pensilvania.

La Penn Station.

El Madison Spargard.

Guapo.

Aquí le ganó Rocky Marciano a Archie Moore.

El mundial de los grandes pesos.

¿Y después del Chase Manhattan Bank?

Hotel. Tengo que buscarle una azafata o una modelo.

Ya sabes.

Una puta de 500 dólares.

La llevará a cenar a un restaurante italiano, Fiorella.

Está en la tercera con la 64.

Es donde suele cenar en casos como este.

Ahí.

¿Qué? ¿Qué será ahí?

¿Pero cómo?

Entonces el gran hombre sonriente llegará al restaurante Fiorella en la

tercera avenida con las 64 a las 8.

Y tú también.

Pero sin la chica.

Le dices que llegará más tarde, en taxi.

Le pones la excusa que quieras.

Seguro que irá al lavabo antes de comer.

Seguro.

Es una costumbre.

Siempre lo hace.

Seguro, ¿verdad?

Cuando yo me vaya, tú te diriges al hotel.

Yo me reuniré contigo en una hora y entonces te quitaré la mochila.

¿Entendido?

Un amigo mío dice que vivió allí.

Siempre se ha sentido muy orgulloso de su puente.

Y no le falta razón, ¿no crees?

¡Gracias!

Es increíble, simplemente increíble.

¡San David!

Muy bien, deberías probarlo.

Sí,

me encanta.

Te diré que este negocio nos pondría justo donde queremos estar en la vida.

No, realmente, porque he esperado un tiempo para una oportunidad como esta.

Te lo digo, es fantástico, fantástico. ¿Mi esposa? Sí, por supuesto que he

hablado con mi esposa sobre esto. Pero ella no entiende el negocio.

No, ella no entiende el negocio.

Escucha, te lo digo, el resto de tu vida. Vamos. Vamos a tomar una bebida.

Ok. Te lo digo, tienes que escuchar.

Y así es.

¡Tachín!

Dígame, digo, thank you.

Hola, guapo.

¿Pero dónde coño estás?

Escúchame atentamente.

Llevo esperándote casi una hora.

Tranquilo, estoy en el aeropuerto Kennedy.

Salgo ahora mismo para España.

Pero, pero ello, ¿qué hago yo?

¿Qué pasa conmigo entonces?

Esparadrapo y jamón.

Tres lonchas de jamón.

Eso es lo único que tienes pegado al cuerpo.

Adiós, guapo.

¡Piojo! ¡Hijo de puta!

¡Cabrón! ¡Me voy a cagar en tus muertos!

¡Cabrón!

Por lo visto, según la radio, del jefe de seguridad no han quedado ni los

rabos. Y al Jiménez Cienerese, que por cierto debe ser importantísimo, porque

se han pasado hablando del casi 20 minutos en matinal, vamos, que le han

volado la cabeza en un restaurante.

Tenía la cruz y el lazo al mérito de no sé qué leches, estaba cargado de

chatarra. Un tío fenomenal, por lo visto.

Eso ha sido la mafia.

Y es que en Nueva York son los amos.

Lo que no pasa en mi ciudad.

Ay, Germán, Germán.

El día que conozcas Nueva York... Pero si yo conozco Nueva York.

Tú.

¿Y eso?

Claro.

Me has contado tantas veces cómo es que... Como si lo hubiera visto.

La estación de Pensilvania.

El Madison Square Garden.

El puente de Brooklyn.

Que las cosas como son, ¿no te crees que es muy superior al de Washington?

Por ahí se andan, ¿eh?

Bueno, bueno.

Vamos a dejarlo.

Oye, ¿sabes que si Rocky y Cassius Clay se hubieran enfrentado, Rocky habría

ganado por KO? Lo han dicho las computadoras. Y esas sí que no fallan.

¿Qué quiere decir eso?

Pues que siempre se impondrá la potencia sobre la técnica.

Y es que Rocky... Y no lo digo porque tú eras mi amigo.

Has sido el más grande.

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