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Es importante recordar que la excelencia no es solo un destino,
sino un viaje continuo.
Un viaje que requiere pasión, curiosidad
y compromiso con el bienestar humano.
Nuestro galardonado de esta noche
ha mostrado estas cualidades en abundancia.
Es por ello que tengo el honor especial
de presentar nuestro más prestigioso reconocimiento,
el Premio a la Excelencia en Psicología,
al licenciado Ulises Verón.
Felicitaciones.
Gracias.
Gracias. Muchas gracias. Buenas noches a todos.
Quiero empezar por agradecer
a la Fundación Baumann por este reconocimiento.
También a mi hija, que está presente,
que me soporta como padre desde hace mucho
y ahora como jefe también.
Doble tarea que podría significarle un premio más adelante
y en un mundo más justo que este.
Habiendo cumplido con esta formalidad,
quiero decirles…
…que tenemos un problema.
Y es un problema serio.
La Argentina es el país
con mayor concentración de psicoanalistas del mundo.
Sin embargo, en los últimos 30 años,
el porcentaje de la población que padece algún trastorno,
ya sea mental o de comportamiento,
prácticamente,
se duplicó.
Hasta hace muy poco,
tuve un paciente que muchos de ustedes seguramente conocían.
Un psicólogo con una reconocida trayectoria.
El verano pasado, este colega…
abandonó su consultorio, abandonó a sus pacientes,
incluso abandonó a su familia,
para radicarse en la provincia de Córdoba,
en compañía de un grupo autodenominado "Los Hermanos de la Verdad Suprema".
Y digo que él fue mi paciente
no porque haya dejado de serlo cuando se sumó a este grupo, al contrario.
Manteníamos dos sesiones telefónicas semanales.
Lo digo porque hace tres meses lo encontraron sin vida…
…en la Cuesta de la Totora, en la provincia de Córdoba,
adonde había concurrido
para sus habituales intercambios energéticos
con el plano superior.
La autopsia reveló que la causa de muerte fue una hipotermia…
accidental.
Yo me pregunto…
"¿Habría podido hacer algo yo como terapeuta
para evitar esta tragedia?".
No sé, eh…
¿Intentar acercarme aún más a él?
¿Y qué podemos pensar de todos esos pacientes
que depositaron su salud mental en manos de este colega?
¿Podemos asegurar que habían recibido un tratamiento adecuado?
Yo sinceramente no me atrevería.
¿Qué les quiero decir con todo esto?
Que yo no me siento en condiciones de aceptar este reconocimiento.
Tampoco espero respuestas para todas estas preguntas formuladas,
porque la verdad es que ya no me sirven las palabras.
Necesito hechos. Necesitamos hechos.
Así que…
voy a dejar este premio aquí
con una última inquietud.
¿Qué carajo pensamos hacer?
- Buenas noches. - Buenas noches.
Una copa de cabernet franc. ¿Puede ser?
- Sí, cómo no. - Gracias.
- No, por favor… - No.
No, no, de verdad. Podés averiguar.
Gracias.
- Con permiso. Ya vengo. - Sí, por supuesto.
- ¿Qué hacés? - Eugenio Tirabosco. No me conocés.
Soy Ulises Verón, el analista de Mónica.
- ¿Cómo te va? - Mirá.
Voy a ir al punto antes de que venga tu novia.
- No es mi novia. - Sí lo es.
No importa. Todo bien. Yo no te juzgo.
Mónica también sabe.
No sé si puntualmente de esta chica, pero, en general, sabe.
Mirá, te voy a pedir que mañana mismo te vayas de tu casa.
¿Perdón?
Le vas a decir a Mónica que te querés separar,
que lo pensaste bien y es definitivo.
Ella es incapaz de abandonarte, aunque hace mucho tiempo que lo piensa,
incluso sabiendo que sos un narcisista patológico.
Perdoná la franqueza.
¿Quién carajo creés que sos? Tómatelas.
Ya te dije quién soy.
Soy el psicólogo de Mónica y quiero lo mejor para ella,
que, en definitiva, es lo mejor para vos también.
Así que te sugiero que te vayas a vivir
al departamento que tenés en Callao y Quintana,
del que ella no sabe nada, pero yo sí,
y que le dejes el dúplex de Belgrano.
Y el lunes a primera hora hables con tu abogado, el doctor Bremer,
para los trámites de divorcio.
- ¿Cómo sabés…? - Déjame terminar.
Eugenio, tenés 62 años.
Estás a tiempo. Sos un pibe.
¿Hasta cuándo te vas a mentir, a vos y a los demás,
saliendo con chicas que podrían ser tus hijas?
¿Eh?
Convencido de que sos el más vivo porque llevás una doble vida,
cuando, en realidad, no te alcanza ni para una.
Te armaste una jaula alrededor
y ahora no podés salir.
Vos sabés que eso que tenés y que querés tapar con este tipo de cosas…
es angustia, ¿o no?
Eugenio…
La llave de esa jaula
la tenés vos.
Solamente vos.
Liberate y liberala a ella.
Se vive mucho mejor sin angustia.
Te dejo.
Perdón. Te devuelvo el lugar.
- Hola. ¿Qué tal? - ¿Cómo estás?
A ver cuándo aparecés por el club, que los muchachos preguntan por vos.
Nos vemos. Hablamos.
Ah, no se pierdan la merengata de acá, porque es una cosa de locos. Chau.
¿Quién es?
Un amigo.
¿Usted sabe que las orangutanas pueden tener crías solo cada ocho años?
No, no lo sabía.
Incluso está estudiado que las hembras
siguen visitando a sus madres toda su vida,
cosa que para un animal es rarísimo.
¿Vos traés a colación esta reflexión zoológica
porque sentís que, en cambio, tu madre…?
¡Es una hija de remil putas!
Ay, perdón, perdón. Perdón, pero es así.
Un mono en el culo del mundo se lleva mejor con su madre que yo.
¿Cómo es eso posible?
¿Tuviste oportunidad de pensar en mi propuesta?
Olvídese, por favor, no. Ella no vendría nunca acá.
Y, aparte, tampoco es que haga falta, ¿no?
Dijiste: "Es una hija de remil putas". Es un poco fuerte.
Suena peor de lo que es, pero no es tan grave, le juro.
Con hablarlo acá yo ya me siento mucho mejor.
No sé si estoy lista para dar ese paso.
No es que me dé fobia ni nada, pero tampoco tengo ganas de que se enoje.
Bueno, espero que tengas una linda semana.
- Igualmente. - Gracias.
Te acompaño.
Te compré una ensalada.
- Comela ahora. - Gracias.
Después no vas a tener tiempo.
Ya viene el auto que te lleva al canal.
Ah, decime,
después del programa, vengo, tengo a Mónica ¿y ya está?
- ¿Terminé por hoy? - No, te metí un paciente nuevo.
No me preguntaste.
Había un espacio libre y lo ocupé. ¿Qué te voy a preguntar?
Está bien. Está bien.
- Lo debés conocer. Martín Bouchard. - ¿Bouchard?
- Me suena, sí. - El escritor.
Ah, sí.
Te regalé su última novela para Navidad.
Sí.
- Veo que la leíste. - La leí.
Te juro, dos veces. La segunda me gustó más que la primera.
¿Qué pensás hacer? ¿Vas a dormir en el auto? ¿Una pensión?
No. Me voy a quedar un par de noches en lo del gordo hasta que encuentre algo.
- No te preocupes. - Cualquier cosita, contás conmigo.
Dale, querido. Abrazo.
Cuidate, por favor.
¿Grande el bolso?
¿Perdón?
Por lo que escuché, tu mujer te armó un bolso para que te vayas.
Digo, ¿el bolso es suficientemente grande como para que entren todas tus cosas
o te armó una muda nomás?
- No sé. Fue mi cuñada a buscarlo. - Averigualo.
Si el bolso es chico, quiere que vuelvas.
Para mí, está muy enojada.
Una persona muy enojada no te arma un bolsito.
Te pide que agarres tus cosas y te vayas,
o agarra tus cosas, las pone en una bolsa y te las tira a la mierda.
Eso es un mensaje,
y para mí hay un espacio para el acercamiento.
Deberías intentarlo.
Y seguimos aquí en Cada tarde.
Y nos acompaña, como siempre,
el que para mí es el mejor psicólogo que tiene este país.
El licenciado Ulises Verón. ¿Cómo estás, Ulises?
Muy bien. Gracias.
Va a contestar todas tus inquietudes,
las que nos dejan en las redes y en el WhatsApp en pantalla.
- ¿Empezamos? - Por favor.
Muy bien. Vamos con la primera, que es Mari de Villa Ballester y pregunta:
"¿Qué hay que hacer cuando tu única hermana no te habla?
Si yo no la busco, puede pasarse meses sin decirme una sola palabra".
"Es una tortura", dice Mari de Villa Ballester.
Bueno, en primer lugar, me gustaría aclararle a Mari de Villa Ballester
que una tortura es otra cosa, con todo respeto.
Una tortura es un tormento que alguien le produce a otra persona
con un fin determinado, buscando algo.
No es el caso.
Tu hermana no quiere nada de vos, Mari.
Por eso no te habla.
Lamentablemente, no le interesás en lo más mínimo.
No le dirijas la palabra. Nada. Cero.
Vamos a ver después quién habla primero.
Ah, se vino con todo hoy.
Sigamos. Vamos a ver.
Seguimos con Marcelo de Monte Grande
que pregunta qué hacer cuando un hijo tiene reacciones raras.
Por ejemplo: "No quiere ir a la escuela. Patea los juguetes.
Cuando lo retan, grita mucho".
Bueno, evidentemente tiene un problema. ¿Qué debe hacer?
Es posible que Marcelo
le haya trasladado sus propias frustraciones,
empezando por la más grave, que es no saber cómo criarlo.
- ¡Mm! - Marcelo…
¿Qué hacés con el culo pegado a un sillón a las tres de la tarde,
mandando mensajitos a un programa de televisión
pretendiendo que te resuelvan la vida?
No es así. Hay que ocuparse. Hay que meter los pies en el barro.
No me quiero calentar. Perdón. Gracias por la pregunta. Un abrazo.
Sigamos, por favor.
Bonsoir, mademoiselle. Soy Martín Bouchard.
Buenas. Adelante.
Te conozco.
Tengo todas tus novelas.
¿Las tenés nomás o las leíste?
Las leí. Las leí, sí.
Tome asiento.
Perdoname que te diga,
pero te veo de perfil y te parecés muchísimo
al retrato de Giovanna Tornabuoni de Domenico Ghirlandaio.
- Ah… - Te lo deben decir todo el tiempo.
No… No, la verdad que no.
Enseguida lo hacen pasar.
Fue tan repentino que no supe qué hacer.
¿En algún momento te explicó a qué se debía esa decisión que tomó?
"Tengo que abrir la jaula", me repetía.
"Tengo que abrir la jaula".
"Pero ¿qué jaula, Eugenio?".
"La jaula".
Cuando se fue, me quebré.
Me agarró una angustia tremenda. No podía parar de llorar.
Esa noche me fui a dormir sin tomar ninguna pastilla.
Nada.
De puro cansancio.
Y me desperté después de dormir nueve horas totalmente descansada,
como si alguien que me estaba pisando me hubiese sacado el pie del pecho.
Sentí como un vigor que no puedo explicar.
Una electricidad.
Unas ganas de hacer cosas.
Agarré el auto y salí sin miedo.
Enganché la onda verde de avenida Libertador,
sola con mis pensamientos, sin música.
Y empecé a acelerar.
Sesenta, setenta, ochenta, como si nada.
¡Noventa!
Y, en un momento dado,
hago una mala maniobra, voy para el costado para esquivar una moto
y le toco el espejito a uno.
"¡Conchuda!", me gritó el estúpido.
Y yo le contesté: "¿Y yo qué culpa tengo de que tenga la mano chica?".
El estúpido se empezó a reír. Se desarmó.
Y, bueno, cuando bajo del auto para darle los papeles,
lo miro bien…
y estaba lindo el estúpido.
¿Se le hago corta?
Me lo llevé a casa.
Bueno, me parece que estamos a punto de conocer a una nueva Mónica.
Lo usé como si fuera un esclavo.
Me encantó.
- Martín. - Sí.
Un gusto.
Adelante.
- ¿Edad? - 57 años.
Bien.
¿Estado civil?
Soltero, felizmente.
- ¿Hijos? - No.
¿Oficio?
¿Qué? ¿Qué pasa?
De todos los psicólogos de Buenos Aires, me toca el que no me conoce.
- ¿Me querés contar quién sos? - Sí, claro.
Soy Martín Bouchard, escritor.
Publiqué varias novelas. Todas bastante bien recibidas.
Calculo que usted no es muy lector.
- Escritor, perfecto. - Mjm.
- ¿Por qué dirías que estás acá? - Directo al punto.
Sí. Mirá, Martín.
En este tipo de terapia, la moneda de mayor valor es el tiempo,
que, dicho sea de paso, es muy escaso siempre.
Así que te propongo, te invito
a que hagamos un uso inteligente del poco tiempo que tenemos.
¿Te parece?
Muy bueno.
Muy bueno.
¿Qué hacés?
Me resultó muy llamativo eso que dijo y la manera en que lo dijo.
¿Y creés que sacar una libreta para anotar todo lo que yo digo
es hacer un uso inteligente del poco tiempo que tenemos?
Okey. Okey. Okey.
Perdón.
¿Me querés contar por qué estás acá?
¿Por qué estoy acá?
Porque tengo un problema con el alcohol.
Yo siempre tomé para escribir
desde que leí que Hemingway decía
que había que escribir en un estado de ebriedad semiinconsciente
y luego corregir estando sobrio.
No soy un bebedor social.
Soy un bebedor profesional.
Tomo única y exclusivamente para escribir.
Y, a juzgar por mi carrera, me ha resultado.
¿Y desde cuándo no te resulta?
La verdad, no lo sé.
Lo que sé es que hace meses que no escribo ni media página decente.
Entonces, voy aumentando la dosis.
Escribo, escribo, escribo hasta que me duermo.
Cuando me levanto y leo lo que escribí, me resulta horrible.
Un círculo vicioso.
Más tomo, peor escribo.
Pero, entonces, ¿cuál creés vos que es tu verdadero problema?
¿Tu conflicto con el alcohol o tu conflicto con tu obra?
Vos no tomás por tomar. Tomás para escribir.
Y eso es lo que no te está resultando.
Digo…
¿Por qué no dejás de escribir?
Si dejás de escribir, dejás de tomar.
Pero yo no puedo dejar de escribir.
Yo soy Martín Bouchard.
La gente espera que escriba y que escriba bien.
El prestigio es un carnet que se renueva todo el tiempo.
Esta novela tenía que entregarla el año pasado
según el contrato con la editorial.
Ya cobré dos adelantos.
Es un tema que tengo que resolver con urgencia.
Entiendo perfectamente.
Bueno, Martín.
Yo no tengo más preguntas.
Lo dejamos acá.
A menos que tengas alguna pregunta que me quieras hacer
o algo que quieras agregar.
Sí. Me gustaría resolver el tema de los horarios.
Eh… No. No nos adelantemos.
En la semana, Paula, mi secretaria,
te va a llamar para decirte si avanzamos o no.
Ah, qué lástima.
Quiero decir, yo ya consulté a otros psicólogos por este tema,
y todos tienen más o menos el mismo perfil.
No resuelven.
Yo lo venía siguiendo usted.
Lo escuché en la televisión.
Incluso lo fui a ver cuando le dieron el premio ese que rechazó.
Me voló la cabeza su discurso.
Y dije: "Tiene que ser él.
Él es la persona indicada. Ulises Verón es mi terapeuta".
Pero una cosa es de la boca para afuera
y, cuando uno viene con un problema,
todo queda en palabras.
No lo juzgo, ¿eh?
Tranquilo.
Se inventó un personaje. Me parece bárbaro.
El problema es mío por tener expectativa.
Gracias por su tiempo.
- ¿Arroz agarraste? - Sí, creo que sí.
- Mirá que es clave tener. - ¿Sí?
Sí, llegás tarde, no tenés ganas de cocinar,
hacés arroz, queso, panceta, platazo.
Eso nunca va a ocurrir.
Si siempre llegás tarde.
Pero ¿vos me imaginás a mí llegando a casa no sé, cansado,
y ponerme a hacer un risotto?
Arroz con queso. No es un risotto. Ni naciendo de vuelta podrías hacer uno.
Bueno, gracias por la confianza que me tenés.
De verdad. No podés pedir todos los días delivery.
Tenés que tener algo fresco en la heladera.
- Desde que me fui, come más la perra. - Me arreglo bien. Tranquila.
- Ay, mirá. - ¿Qué?
- Martín Bouchard. - Ah.
- ¿Lo agarraste como paciente? - No. Me parece un pelotudo importante.
- ¿Los pelotudos no tienen problemas? - Sí, el de ser pelotudos.
Pero yo no sé si lo puedo ayudar.
¿Cómo? ¿Escuché bien?
El licenciado Verón está admitiendo
que hay problemas que no es capaz de resolver.
Un día histórico.
Eh…
- Ulises. - ¿Sí?
Perdón. No hay ascensor.
Ah… Bien.
- ¿Todo bien? - Sí.
Bien. Me alegro.
- ¿Cómo está? - Bien, bien, bien.
Le queda un piso más, ¿eh?
Ah, bueno.
Le soy sincero.
Pensé que no me iba a aceptar como paciente.
Pensaste mal.
- Bienvenido. - Gracias.
- Por favor. - Sí.
Es que soy yo que tiene la desgracia de intimidar a la gente.
- Tengo cierto renombre… - Sí.
No me puedo quejar con las mujeres. Realmente me ha ido bien.
Y esto genera, especialmente en otros hombres,
una imagen que intimida.
Bueno, te puedo asegurar que no es mi caso, ¿eh?
Mejor así.
Linda casa.
- ¿Quiere tomar algo? - No, gracias. Estoy bien.
Antes de avanzar, me gustaría que zanjemos el tema de mis honorarios.
Sí, claro. Sí.
Son 100 dólares la sesión.
¡Apa!
Pero, por lo que veo, no creo que sea un problema para vos.
Qué linda hay vista desde acá.
No. No es un problema, pero parece un poco caro, ¿o no?
Depende, porque…
En promedio, un psicólogo decente está cobrando 50 dólares la sesión,
más allá de tenerte, a lo mejor, cinco años a pura charla.
Pero mi tasa de resolución de conflictos es mucho más dinámica.
O sea, el ahorro temporal y monetario es… significativo.
¿Qué pasa? ¿No estás de acuerdo?
Sí, perdón, no.
Es que no puedo evitar pensar que me encanta su perfil.
- Mjm. - Las cosas que dice y cómo las dice.
- Se lo dije el otro día. - Sí.
Estoy de acuerdo con el valor que propone, así que sigamos.
Perfecto. Te pedí que nos reuniéramos en tu casa
porque me gustaría que me guíes minuto a minuto en tu trabajo.
Por ahí.
Bien.
Aquí es donde ocurre la magia.
¿La magia?
Y sí. ¡Je!
Cuando escribo, no solo pongo una palabra al lado de la otra.
Estoy invadiendo el alma del lector.
Le hago sentir emociones diseñadas por mí.
Y no se me ocurre otro calificativo más que el de "magia".
¿Y cómo ejercés la magia, concretamente?
Como mago, no escribo, convoco palabras.
Palabras que nunca terminan de hacerme caso del todo.
Mm.
Frases que se me resisten como gatos ariscos.
Me refería a aspectos más prácticos de la escritura.
Sí, sí. No. Perdón.
Soy del método clásico.
Esta es mi varita.
Relleno estos cuadernos
y los transcribo en la computadora mientras corrijo.
Muy bien. Muy bien.
Bueno, lo vamos a cambiar eso, ¿sí?
A partir de ahora, se terminó la varita.
Quiero que escribas directamente en la computadora.
Pero ¿por qué?
Inconscientemente, privilegiás la metodología por encima de la obra,
y no hay nada más importante que la obra, el resultado final.
Ajá… Nunca lo había pensado así.
¿Y cuándo empezás a tomar?
Normalmente, después de cenar. Si es que ceno.
Empiezo tomando algo y me vengo acá al estudio a trabajar.
¿Está mal o…?
No, no, no. Está perfecto. Sigamos así. Primero la bebida y después la escritura.
- Ajá. - Perfecto.
Lo que sí, la próxima vez que nos veamos, me gustaría que lo hagamos acá,
en el horario en el que habitualmente escribís.
Pero es muy tarde, ¿eh?
Sí, pero, como te dije,
quiero acompañarte paso a paso
en el proceso de la escritura, de la creatividad.
Ajá.
¡Mire usted qué notable!
Pensé que uno hacía terapia para hablar de los padres.
¿Tus padres están acá cuando escribís?
No, ya fallecieron.
Entonces, no me interesa.
¿Qué es para vos la confianza? En tus palabras.
Eh…
Es cuando uno sabe…
o tiene cierta seguridad, digamos,
que alguien no va a hacer algo que uno no quiere o que le haga mal.
¿Eso se aplicaría a mí, por ejemplo?
Sí, diría que sí.
¿Segura?
Sí.
Entonces, ponete esto.
¿Adónde vamos?
Casi llegamos. Tranquila.
Para acá.
Dame la mano. Hay un escalón. Muy bien.
¿Dónde estamos?
Confiá.
Ahí está.
Confiá. Relajate.
- ¿Florencia? ¿Qué es esto? - ¿Mamá?
¿Qué te pasa? ¿Qué haces vendada?
Tranquila. Buenos días, señora Norma.
Soy Ulises Verón, el psicólogo de Florencia.
¿Cómo psicólogo? ¿Desde cuándo vas al psicólogo vos?
Yo le contesto. ¿Podríamos pasar unos minutitos nada más, por favor?
- Gracias. - No hay de qué.
Es que no entiendo. ¿Terapia por qué?
¿Para qué? Si está perfecta.
¿Qué problema tenés ahora?
Norma, es posible que lo que tengo para decirle
como madre le pueda doler un poco,
pero, en este momento,
el problema más grande que tiene Florencia es usted.
¿Perdón? ¿Qué dice este hombre?
Lamentablemente, sí.
Florencia podría pasarse años hablando conmigo
cuando, en realidad, debería hablar con usted.
Por eso estoy aplicando esta terapia de exposición.
Para ver si puede superar el miedo irracional
que le produce decirle ciertas cosas.
Tengo más miedo que antes.
¿Por qué?
¿Por qué? Si no pasa nada.
Estamos teniendo una charla en armonía. Podés decir lo que quieras.
No, no puedo.
Esto es insólito.
¿Mi propia hija no puede hablar conmigo sin que le llenen la cabeza?
Bueno, eh…
Previendo este posible escenario,
yo me permití
escribir algo para que leas.
Es una especie de recopilación
de todas las cosas que decís en nuestras sesiones.
No me mires así. Tranquila.
Tranquila.
No pasa nada.
Tomate tu tiempo.
¿Mm?
"Querida mamá…".
Eh… "Llevo demasiado tiempo guardando estas palabras
como se guardan las buenas copas de cristal.
Esperando el momento oportuno para sacarlas,
pero sabiendo que al usarlas se pueden romper en mil pedazos".
- Ay, qué estupidez, por favor. - Norma, por favor.
Es importante que la deje expresarse en libertad.
Seguí, por favor.
"Tus microagresiones disfrazadas de chistes
son como alfileres escondidos
entre las costuras de la ropa.
Aunque no se vean a simple vista, duelen demasiado.
Me enseñaste a tenerte miedo como quien le tiene terror al mar.
No por su profundidad,
sino por la certeza de que siempre va a venir
una ola más grande y más violenta que me va a arrastrar al fondo".
¿Yo dije esto en sesión?
Sí, sí.
Eh… Está potenciado con algunos términos un poco más poéticos, buscando claridad,
pero sí, en esencia, dijiste eso, sí.
"Disfrutás prediciendo con una sonrisa condescendiente
lo malas que son mis elecciones,
como si te alegrara tener razón.
Por cada cosa que hago ya tenés preparada una alternativa mejor,
pero una que no está a mi alcance porque vos ya lo hiciste,
por mí y sin mí, llenándome de inseguridad e impotencia".
- Terminala. - Norma.
"Sos impía". ¿Qué es impía?
- Que no tiene piedad. - Ah, sí, sí. Es.
"Sos impía, hipócrita, denigrante,
narcisista, celosa y competitiva.
Nuestra conexión emocional es tan precaria como peligrosa,
pero eso se termina hoy.
Cuando quieras decirme algo,
podés hacerlo a través de mis hermanos o del licenciado Verón.
Te dejo su número de teléfono y dirección de correo.
Atentamente, Florencia".
Eh… Al margen.
Lo digo yo, porque si no, no te lo va a decir nadie.
Me parece que tenés un problema severo de halitosis,
que deberías ir a un odontólogo, un médico, no sé.
Bueno, supongo yo, Norma, que…
va a tener que pensar y reflexionar sobre todo lo que escuchó, así que…
Eh… Gracias por el café, aunque no lo pudimos disfrutar.
Permiso.
Sí. Por acá.
Chau, mami. Te quiero.
Yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así.
Porque nadie me ha tratado con amor.
Porque nadie me ha querido nunca oír.
Yo soy rebelde porque siempre, sin razón,
me negaron todo aquello que pedí
y me dieron solamente incomprensión.
Y quisiera ser como el niño aquel.
Como el hombre…
- Buenas noches. - Bienvenido. Pase.
- Traje comida china. - Qué bueno.
- ¿Te gusta? - Sí, muchas gracias. Sí.
- Póngase cómodo. - Ah, sí. Gracias.
¿Está incluida en los 100 dólares o se paga aparte?
- Todo incluido. Todo incluido. - All inclusive.
¿Siempre tomás vino?
Empiezo con vino
para ir relajando el cuerpo,
pero luego paso al tequila.
Tequila.
¿En qué momento?
Más o menos a esta hora.
Aunque no cene, ¿eh?
Empiezo con unas copas de vino y luego tequila.
¿Y por qué no pasamos al tequila? Digo, ya cenamos, ¿no?
- Pasemos al tequila. - Bien.
¿Y eso?
Quiero cronometrar todo esto.
Me gustaría saber cuánto dura exactamente tu proceso creativo,
pero hacé de cuenta que no estoy.
¿No le sirvo a usted entonces?
Sí. Lo vamos a transitar juntos. Sí.
A mí el tequila me da una patadita de euforia,
el entusiasmo justo para empezar a trabajar.
Obviamente, si me paso, blackout.
Pero, como motor de arranque, suele ser único.
Salud.
Hace un poco de calor. Se podrían abrir las ventanas.
No, no.
Yo estoy bien.
¿En qué momento te ponés a escribir?
¿Y quién dijo que no estoy escribiendo?
Se escribe de acá.
No es que hay que estar tíquiti, tíquiti, tíquiti.
¿Y escribiste algo ya?
No. Es una manera de decir. Estoy en blanco.
A lo mejor necesitás un empujoncito, ¿no?
Ah, a lo mejor.
- Por el empujoncito, entonces. - Mjm.
Otra.
Más que empujón, es un tackle.
Ja…
Eh, eh, eh…
¡Con cariño!
Sí, sí, sí, pero tranquilo. Tranquilo. Tranquilo.
- Dame un abrazo. ¿Cuál es el problema? - No, está bien. Está bien. Está bien.
Está bien. Tenemos que trabajar, ¿eh?
- Pero… - Sí.
Y es tarde.
- Tenés razón. - ¿Vamos?
- Vamos a trabajar. - Vamos.
Tranquilo. Despacio.
Por acá.
Ahí está.
Ahí está. A ver. Bajá.
Eso.
Bueno. Vamos.
- No sé si le dije. - ¿Qué?
- Lo que está haciendo. - ¿Qué?
- Gracias. - Ah.
Dale, dale. Ahí.
Martín.
Soy yo. Soy yo.
Ah. Me asustó.
Sí. Tranquilo. No te asustes.
- ¿Qué hora es? - Es tarde.
Ahí está. Ahí va.
A ver.
¿Esta sola o todo el juego?
- Todo el juego. Todo el juego. - Bien.
- Buongiorno. - ¿Qué hora es?
Tome esto. Le va a hacer bien.
Gracias.
¿No se quiere quedar descansando un rato?
Mire que el tequila es traicionero.
No, gracias. Tengo mucho que hacer.
Pa.
Hija…
¿Te puedo pedir una hora sin interrupciones?
Necesito concentrarme.
- Está Iturbide afuera. - ¿Iturbide?
Sí, su segunda sesión. Hace diez minutos que está esperando.
- Enseguida lo atiende. - Gracias.
Paula, ¿quién está después del señor?
Petersen.
Cancelale, por favor. Y quedate tranquila. Estás liberada.
No, ¿cómo? Íbamos a ir a comer juntos.
Sí, sí, perdón, perdón, pero se me complicó.
- ¿Voy pasando? - Eh, esperá, esperá. Eh…
- ¿Claudio es tu nombre? - Sí.
Mirá, Claudio, estuve desarrollando un sistema de trabajo
que consiste en dividir a mis pacientes en dos categorías: TPR y NTP.
¿Qué quiere decir TPR?
"Tiene un problema resoluble".
NTP, por el contrario, "No tiene un problema".
Y tu caso, y esta es una muy buena noticia,
se encuadra dentro del tipo NTP, no tiene un problema.
Por lo que yo te recomiendo no seguir ningún tipo de terapia.
Pero tuvimos una sola sesión.
No me dejó que le cuente bien lo que me pasa.
¿Qué te pasa, Claudio?
¿Lo que me contaste la semana pasada?
¿Que querés renunciar a tu trabajo para dedicarte a tocar la batería
porque el tren pasa una sola vez en la vida?
No es así. Esa es una frase hecha que se repite y no tiene sentido.
Pensá.
Sería un ramal muy poco eficiente si pasase una sola vez.
El tren pasa todos los días, todo el tiempo.
Y vos lo ves pasar y no te subís. ¿Sabés por qué?
Porque sos un tipo inteligente y te diste cuenta de que por algo
estuviste media vida en una oficina y no tocando la batería,
aunque eso te frustre.
La frustración no se puede erradicar.
Por eso es frustrante, o sería otra cosa.
Pe… Eh…
No hace falta que me pagues el día de hoy, no.
Ni que vuelvas la semana que viene.
Gracias. Gracias, de verdad.
Y que tengas una muy buena vida. Vos ya ganaste.
Te felicito, Claudio.
Fuerza, ¿eh? Fuerza. No me bajes los brazos.
Hola, papá. Eh…
No te iba a decir nada porque si me cancelaste la cena
es que mucho lo que tengo para contarte no te interesa,
pero ya aprendí a no enojarme con vos por ser esto que sos.
Te pensaba contar que me gustaría presentarte a alguien.
Se llama Thiago.
No le quiero poner ningún rótulo, pero me importa lo suficiente
como para mandarte este audio incomodísimo y…
Nada. Eso.
Quiero que lo conozcas.
Bueno, chau.
Hija querida, ¿cómo estás?
Yo acá, a punto de dormirme, después de un día agotador.
Ya la saqué a Amanda, así que acá en la camita.
Eh… Sí, por supuesto. Si querés presentármelo, estoy dispuesto.
Vos conocés mi agenda mucho mejor que yo, así que…
Después arreglamos, planeamos un momento.
Hacemos una comida en casa, si querés, y ahí charlamos un poquito.
Te quiero. Un beso. Descansá.
Pegame a mí.
Con fuerza. No duele. Estoy preparado. ¡Pegame!
¡Pegame! ¡Fuerte! ¡Fuerte!
¡No me duele! ¡No me duele! ¡Pegame todo lo que quieras! ¡No me duele!
Muy bien. Muy bien. ¡Ah! Hasta acá.
- Esto solo es para defensa. Nunca para… - Ataque.
Perfecto.
- Genial. Estuvo increíble. - Gracias por todo.
- Hasta la próxima. Chau. - Chau.
- Martín. - La verdad…
me sorprendí muchísimo.
Recuerdo estar empantanado, como siempre.
Me frustré, tomé más de la cuenta y no recuerdo mucho más.
Hasta ahí, una noche normal, como la que usted presenció.
Pero, al día siguiente,
cuando me siento frente a la computadora y leo lo que escribí,
me quedé helado.
Surgió algo valioso.
No, al contrario, no me reconocí.
¿Sabe lo que escribí?
Sobre un tipo que, de un día para el otro, larga todo
y se va a vivir al medio de la selva
solo con sus pensamientos.
Una cosa muy mental, muy hablada.
Sin ritmo, lenta, aburrida, antigua, horrible.
- ¿A quién le interesa algo así? - A mí.
Quiero decir, con lo poco que me estás contando,
no sé, me parece interesante.
Bueno, pero usted no es un lector habitual y se nota.
¿En base a qué vas a destruir una idea que te surgió naturalmente
y que puede ser la punta de algo, no sé, bueno?
Pero ¿qué carajo me importa a mí un tipo viviendo en la selva?
Uno tiene que escribir de lo que sabe.
Soy consciente de que soy mi peor crítico, por eso estoy como estoy.
Pero me tengo que focalizar en lo que conozco.
¿Eh?
Así surgen las cosas buenas.
"Yo sé que soy mi peor crítico".
Pero ¿a quién le ganaste, Bouchard?
¿Le soy sincero?
Es la primera vez en mucho tiempo
que me encuentro con algo que verdaderamente vale la pena.
Obviamente, es un primer esbozo.
Hay que pulirlo todavía.
Pero con una buena idea atrás.
Un auténtico Bouchard.
¿Sabe de qué va la historia?
No. ¿De qué va?
Es la historia de un psicólogo, pero no un psicólogo cualquiera.
Este tipo decide resolver el problema de sus pacientes
en forma clandestina.
Por ejemplo, tiene una paciente que no se anima a dejar al marido.
Entonces, este psicólogo sigue al marido.
Lo encuentra, lo extorsiona
para que sea él el que la deje a ella,
pensando que es lo mejor para ambos.
Interesante.
Un psicópata de manual.
Yo tendría cuidado con ese término.
La psicopatía es un trastorno complejo, muy complejo,
como para diagnosticarlo así en forma tan rápida.
Se entiende lo que quiero decir.
El tipo pone toda su libido en el trabajo.
No tiene amigos.
No tiene pareja.
No tiene hobbies.
¡Un loco obsesionado por resolver!
Evidentemente, algo de estar haciendo este tipo de terapia me resonó.
Bueno, me alegro.
Si te interesa mi mirada,
yo puedo leer algo de lo que vas escribiendo.
- Quizás me ayudaría. - ¿Mm?
Sobre todo, en lo que tiene que ver
con cuestiones de verosimilitud profesional.
No es que pretenda que usted sepa escribir algo de ficción, desde ya.
No, claro.
Lo dejamos acá.
Me quedan 20 minutos todavía.
Sí, pero ya me contaste lo que me querías contar.
Además, hiciste un gran avance.
Date un descanso. ¿Mm?
¿Hasta la próxima?
Sí, sí. Hasta la próxima.
Bien.
No voy a parar.
Yo no tengo dudas.
No voy a bajar.
¿Vamos a la calle? Vamos.
Dejalo que suba.
Por eso no quiero parar.
Ya no tengo dudas.
No voy a parar.
Tiene que doler. ¡Eso!
- Dejalo que suba. - Muy bien.
Gozar
es tan parecido al amor.
"Con las manos cubiertas de sangre,
se dejó caer al diván en el que tantos otros
habían desnudado fragmentos de su intimidad,
achicándose frente a sus ojos.
Sintió una puntada en el pecho y suplicó, pero sin decir una palabra.
Se quedó inmóvil
esperando que el sol entrase por las ventanas del consultorio
a recordarle que un nuevo día comenzaba
y todavía quedaba mucho por hacer".
Cambié de dirección. Otra oportunidad. Merece alguna decisión.
¡Basta!
- ¡Pa! - Mm.
- No te escuché. - ¿Estás fumando?
Uno de vez en cuando. No pasa nada.
¿Te olvidaste?
¿Eh?
Te hice acordar esta mañana. Estoy con Thiago.
Sí.
Bueno, ¿querés que reprogramemos? Es la segunda vez.
No, mi amor. No. Los estaba esperando.
Me quedé pensando que mejor vamos a comer algo afuera.
- Bueno. - Maestro.
¿Todo bien?
Thiago.
Ah.
¿Hace mucho que se conocen?
- Seis meses, poquito. - Bastante.
Sí.
¿Y a qué te dedicás?
- Ahí nos hacen pasar, ¿eh? - Ah.
- ¿De qué hablaban? - Nada. Le pregunté a qué se dedica.
Mm. Estudia.
- ¿Sí? ¿Qué estudias? - Psicología.
Ah, mirá vos.
Paula, por tres.
- Sí. ¿Vamos? - Vamos.
Así que futuro psicólogo.
Justo, que somos pocos, ¿no?
Sí.
Sé que piensa que son muchos los psicólogos en Buenos Aires. Mjm.
Sí, porque vi el… vi el video el otro día,
en la Fundación Baumann,
que usted rechaza el premio y habla un poco de eso.
¿Y qué te pareció lo que dije?
- Pa, le estás tomando un examen. - No. ¿Cómo un examen?
No. Al contrario. Decime. Tranquilo.
No, hay muchos psicólogos. Eso, hasta ahí, estamos de acuerdo.
Lo que sí, yo no veo un mundo donde el psicólogo
tome las riendas de la vida de los pacientes
como si el ser humano no fuese una criatura delicada, ¿no?
Yo lo que creo es que toda decisión
que nosotros tomemos por el paciente o incitemos a tomar
puede tener consecuencias inesperadas.
¿"Nosotros"? Te falta un poquito para eso todavía, ¿no?
- Hablemos de otra cosa mejor. Ya está. - ¿Por qué? ¿Qué tiene?
Mirá.
Una cirugía a corazón abierto
también puede traer consecuencias inesperadas, querido,
y no por eso dejamos de hacerla.
Está bien, sí.
Qué sé yo. No sé, yo…
Igual, calculo que todos los terapeutas en algún momento de su carrera,
más vos con tu edad, con tu edad bien, tu trayectoria,
dudan del poder de la terapia para solucionarle la vida a la gente.
- Mm. Está bien. - Sí, es posible.
La diferencia está en que propongo actuar más allá de esas dudas, superarlas.
¿Haciendo qué?
Metiendo los pies en el barro.
Bueno. A ver, dejame operar a mí, entonces.
Porque con Thiago estuvimos hablando bastante de vos.
Ah, ¿sí?
Sí, porque vos pensás que tenés una misión en la vida,
que, de alguna manera, estás por encima del resto de las personas.
Y vos… ¿Cómo me dijiste que es eso? ¿Complejo mesiánico?
- Sí. Mesiánico. No dije eso yo. - Me lo dijiste.
No dije que él tenía.
- Te ayudé a encontrar el término. - Bueno.
Parece que dije "tu papá tiene complejo", pero no dije así. No, pará. No.
No fue así.
Como dice Lacan: "Uno sabe lo que dijo, nunca lo que el otro escuchó".
Qué suerte tenía Lacan. Por lo menos lo escuchaban.
Fugazzeta rellena.
- ¡Mm! - Gracias.
Salí de ahí.
Dejame dormir, ¿eh?
Dejame dormir.
No seas arisco.
Martín, vos ya lo sabés,
pero para nosotros es un gran honor tenerte acá y que nos puedas compartir
cómo fue el proceso de escritura de El pragmático.
¿Cómo nació esta novela?
No, no sabría contestártelo con precisión.
Yo creo que los escritores ya llevamos dentro un abanico de historias
y que el proceso que uno atraviesa como artista
tiene como único objetivo sacarlas a la luz.
Como Miguel Ángel, que decía que el trabajo del escultor
consistía simplemente en pararse frente al bloque de mármol
y remover con el cincel todo lo que no sea escultura.
No es que me quiera comparar con Miguel Ángel, pero vale la analogía.
Hermosa metáfora.
Vamos con las preguntas del público,
mientras aprovechamos que tenemos al gran Martín Bouchard acá con nosotros.
Maestro.
- Qué bueno que pudo venir. - ¡Ah!
No iba a perdérmelo después de tanto trabajo.
- ¿Quiere que se lo dedique? - Por favor.
- Todo suyo. - Bueno. Muchas gracias.
- Nos vemos el martes en el consultorio. - No. ¿Para qué?
- ¿Cómo para qué? - Sí. Digo, ya está. Ya está.
Tenías un problema puntual. Se resolvió.
¿Para qué prolongar la terapia?
Ese tiempo lo podés aprovechar en cosas más útiles,
como escribir, que lo hacés muy bien.
Muy bien.
Me sorprende que me esté dando el alta, le confieso, pero…
Si es así como piensa…
- Sí, lo pienso así. - ¡Martín!
Atendé a tu gente. No te preocupes por mí.
- Caballeros, ¿gustan un canapé? - No. Gracias.
Gracias por la dedicatoria, ¿eh?
- ¿Licenciado Verón? - ¿Sí?
Qué suerte que lo encuentro.
Veo siempre Cada tarde. Me encanta su estilo.
Mandé un montón de mensajes al programa y nunca los leen.
Estoy con un tema que quiero comentarle.
Sí, sí.
- Es un minuto nada más. - Sí.
Despacito. Ya vamos a llegar. Ya vamos a llegar.
Eso, tranquila. Muy bien. Muy bien.
Ya va. Ya va. Ya va. Vamos.
Lo que no entiendo es a qué te referís
cuando decís que te están haciendo el vacío.
A que no me hablan.
Hace meses que no me dirigen la palabra.
Tenemos un grupo familiar de WhatsApp
en el que nos mandamos memes todos los días
y, ahora, cero.
Me imagino que armaron un grupo paralelo
porque ahí no llega ni un meme, ni un gif,
ni esos stickers que brillan, que dicen "bendiciones", con flores…
Bueno, son muy de mi mamá.
Al principio, era solo ella, ¿no? Eh…
Pero después se ve que le contó lo que pasó a toda la familia
porque ahora no me hablan ni mi mamá
ni mi papá ni mis hermanos ni mis tías.
Me quedé sin familia.
¿Y no te sentís liberada?
- No, me siento sola. - Claro.
Probablemente, no estás en condiciones de ver
qué es lo saludable para vos,
aunque sea evidente.
Eh… Hagamos algo.
En nuestro próximo encuentro, juntos, vamos a tratar de…
de ver cómo nos paramos frente a esto que vos acabás de detectar.
¿Te parece?
No. Eh…
Sabe que lo estuve pensando mucho estos días
y me parece que lo mejor va a ser que lo dejemos acá.
- Dame un minuto, por favor. Ya vengo. - Sí.
Lo que te pido es un ratito nomás…
- Tiene que llamar. - Martín.
- ¡Querido! - ¿Qué hacés? ¿Estás bien?
Eh. ¿Qué sé yo?
Ah… Sí.
Pero ¿qué haces acá? ¿Pasó algo?
- No. Vine a… - ¿No?
A verlo… nomás, pero ¿por qué? ¿Es muy tarde?
No, no digo por la hora.
- Yo me retiro, ¿sí? - Dame un minuto nada más.
Está bien. Yo ya dije todo lo que necesitaba decir, ¿sí? Gracias.
- ¡Ah! - Perdón.
Le avisé que no puede venir así. ¿O no? Te dije que tenés que llamar antes.
No, no seas mala.
Te estoy pidiendo un ratito nomás.
Es para contarle a tu papá que el libro es una bomba.
Sí.
Perdí la cuenta de la cantidad de ediciones que agotó ya.
Es un éxito tremendo. Felicitaciones.
- ¿A mí? - Sí.
¡A usted!
¿Y las críticas? ¡Guau! También les encantó.
"El mejor libro en la carrera de Martín Bouchard".
¡Hijo de puta!
Siempre hay algún pelotudo que igual… Que no le gusta, bueno.
En este caso fue unánime.
Me reuní… recién vengo de… con los del editorial.
¡Ah! Me dijeron que levantó polvareda el libro entre sus colegas.
Estuviste tomando un poco, ¿no?
Una copita, por brindar.
- ¿Una copita? - Una copita.
¿No me habías dicho que no tomabas nunca? ¿Solo para escribir?
Qué sé yo…
Quizá tomé…
un poco más de la cuenta.
Vine acá para agradecerle.
La última vez que lo vi
me sentí mal.
¿Querés que nos sentemos?
Así me contás un poco lo que te está pasando.
No, ¿para qué?
¿Usted no dijo que…
no le gustaba pasarse años hablando al pedo?
Sí, pero esto es distinto.
No, no es distinto.
No tiene sentido que sigamos.
Porque lo que usted podía hacer…
ya lo hizo.
Ahora el resto me toca a mí.
Hacer lo que un hombre de verdad tiene que hacer.
Yo le contaría…
pero usted no es más mi terapeuta.
¿Mm?
Y me va a querer frenar.
Martín…
Gracias, ¿eh?
Bonsoir.
¿Qué pasó?
No sé.
- ¿Martín? - Ulises.
Ah, Martín, ¿cómo estás?
Hasta acá llegué.
- ¿Pasó algo? - Se terminó.
¿Estás bien?
Eh…
Martín. Contestame, por favor.
¿Martín?
- No… - Llegaste rápido.
Bueno, es que me llamaste. Se cortó. No entendía qué pasaba. Quedé preocupado.
Ah, ¿sí? ¿Y cómo entraste?
Dame la llave.
No sé de qué hablas.
Sí que sabés.
Dame la llave que usaste para entrar acá y escribir la novela.
¿Qué pensás? ¿Que no me iba a dar cuenta, imbécil?
¡Dame la llave!
- Dejame que te explique. - ¿Qué?
Puede parecer un poco invasivo,
pero es una decisión terapéutica.
¿Terapéutica? ¿Cómo te da la cara? Increíble.
El médico que te tiene que salvar la vida no te pregunta cómo.
Lo hace. Punto. Eso es exactamente lo que hago yo.
Estás completamente loco.
Te saqué la presión que tenías, Martín.
Tenías que cumplir con ese libro y cumpliste.
No dejás de ser escritor.
Me usaste como a todo el mundo con tu método de mierda.
No, calmate. Sentate y vamos a…
¡No me toqués, la concha de tu hermana!
Te voy a matar. Escribiste mi mejor novela.
¿Sabés lo que significa para mí que mi mejor novela la hayas escrito vos?
¡Me cagaste la vida, hijo de puta!
- No se te puede hablar en este estado. - ¿No? ¿Querés hablar conmigo?
- ¡Soltame! - Vení. Me cagaste la vida.
Yo te la voy a cagar a vos. Todos van a saber quién sos.
¡Soltame!
¡Oh!
¿Martín?
Dale. Es que…
¿Martín?
¡Ey!
¡Ey! ¡Ey!
Salga de ahí. Vamos. Vamos.
Puta madre.
Reclamó ese beneficio para él.
El fiscal de la causa le advirtió que una nueva sala de casación
puede ordenar que sean detenidos nuevamente.
…y que el vicepresidente se ponga a cargo de la comisión
y haga lugar a lo que la mayoría…
- ¡Pa! Hola. - ¿Cómo estás?
- Buen día. Bien. ¿Qué te pasa? - Nada. ¿Por qué?
- Estás destruido. - No, no, no.
- ¿Saliste anoche? - No.
No pude dormir bien nada más y, no sé, algo me cayó mal al estómago.
- ¿Querés que cancele los turnos hoy? - No. Agenda normal.
- Bueno, te voy a hacer un té. - Dale, gracias.
Sé que estaba entusiasmada,
pero en el fondo no dejo de preguntarme qué hago con un tipo así.
Si no le hubiese chocado el espejito, jamás hubiese conversado siquiera.
- ¿Me está escuchando? - ¿Eh?
- ¿Escuchó lo que dije? - Sí.
Me estás hablando de tu novio.
No. ¿Qué novio? No es mi novio. Es alguien que casi ni conozco.
No tenemos nada en común, ningún interés compartido.
Lo único que le interesa es tener sexo.
Sexo, sexo…
No sé si quiero tener sexo a cada rato ni todos los días ni todas las semanas.
Ahora lo tengo en mi casa y no sé qué hacer para que se vaya.
¿Lo aburro?
No, no, no. Te escucho. Seguí, por favor.
Un poco lo extraño a Eugenio.
Pero es un hijo de puta.
Me quedé pensando en lo que dijiste antes. Tenías razón.
Vamos a cancelar las sesiones que siguen, ¿sabés?
- ¿Por qué? ¿Te sentís mal? - No, no estoy mal. No estoy mal.
No dormí bien. Estoy cansado. No me puedo concentrar en nada.
Pero está el auto abajo. Tenés programa hoy.
- ¿Hoy? - Sí.
Qué bueno verlo, doctor. Hace rato que no me tocaba llevarlo.
Mm.
¿Y? ¿Mejoró la cosa con tu mujer?
No.
Me hizo una denuncia por hostigamiento y me clavó una perimetral.
Se ve que tanto no quería que me acerque, como me dijo usted.
Gracias por seguir ahí siempre.
- Licenciado, vamos que ya casi estamos. - Sí, sí.
…nos acompaña el licenciado Ulises Verón.
Estaba respondiendo todas tus inquietudes.
¿Comenzamos con la primera pregunta?
- Por favor. - Perfecto.
Lorena de Parque Patricios, que dice: "Siento que soy mi peor enemiga.
Tengo pensamientos tan negativos que cualquier cosa que haga me sale mal.
No me siento capaz de ser feliz.
¿Hay algo rápido que pueda hacer para solucionarlo?
Porque ya no aguanto más".
¿Algún consejito?
- ¿La leo de nuevo? - No. No, no. Perdón, perdón.
Perdón. Me quedé… Eh…
Un segundo.
Muy bien. Sí. No pasa nada.
Ya está.
Bueno, Patricio, ¿qué te…?
Es Lorena. Lorena de Parque Patricios.
- Sí. Lorena, perdón. - Ahí está. No, por favor.
Eh…
Es una situación tan compleja…
Eh…
Como para… Eh…
dar una opinión, uno necesariamente tiene que…
- Claro. - …profundizar en las causas…
Claro. Totalmente.
Pero me parece que lo que necesita Lorena, que está del otro lado,
es un tip un poco más rápido, un consejo más expeditivo,
de esos que da usted, licenciado, con esa mirada tan única.
- Uy… - Perdón.
- Por favor. No es problema. - Perdón.
Estamos en vivo. Estas cosas pasan.
Mientras tanto, te digo que…
Si están pensando en vender oro, relojes o alhajas a precio internacional,
Joyerías Rinoldi te ofrece la mejor cotización al instante.
Están en Recoleta.
Joyerías Rinoldi, los únicos que respetan el valor de tus recuerdos.
Muy bien. Ya estamos, ¿eh?
Vamos a seguir. ¡Ah!
No, no. Tenemos que interrumpir.
Hay una noticia de último momento.
¿Urgente?
¿Sí? ¿Es urgente? ¿Está chequeado esto? Sí, ¿no?
Bueno…
Según nuestra fuente, en la madrugada de hoy,
el escritor Martín Bouchard habría tenido un accidente.
Lo encontró este mediodía su empleada doméstica,
dando aviso al 911
y describiendo una escena realmente macabra.
Mucha sangre junto al cuerpo, destrozos y restos de bebidas alcohólicas.
Aparentemente, en el momento en que se produjo el episodio,
Bouchard se encontraría solo en su domicilio.
Licenciado, me imagino que estará consternado, ¿no?
- Tengo entendido que fue paciente suyo. - Sí, lo fue.
Más que consternado. Estoy…
Schockeado. No lo puedo creer.
Ay, no. Es impactante. La verdad que es…
Un escritor tan importante. Una persona tan brillante, ¿no?
Bueno, esperemos que pueda recuperarse.
Aunque me dicen que su estado es muy delicado.
Fue trasladado de urgencia. Están haciendo lo imposible por salvarlo.
Ojalá pueda salir adelante.
- Ojalá, ojalá. Sí. Claro. - Eh…
Bien. En cuanto nos lleguen más datos…
- ¡Dejame hablar! - ¿Qué pasa?
¡Dejame hablar con ese hijo de puta!
¡Soy un expaciente del trucho este!
- Que me pida perdón. Sabe quién soy. - Las desprolijidades del vivo.
¡Pedime perdón! ¡Me despachaste!
¡Te cagaste en mis problemas!
Estoy con antidepresivos, ¿sabés?
- ¡Con escitalopram, fluoxetina! - Yo sé…
- ¡NTP, la concha de tu hermana! - Perdón.
- Yo lo conozco. Perdón. - Pedime perdón.
¡Pedí perdón, delincuente!
¿A quién le decís delincuente? La puta que te parió.
Delincuente es el que te reempastilló a vos.
No hay una pastilla para la pelotudez, y vos sos un reverendo pelotudo.
¡Es eso!
- Callate. - ¡Delincuente!
¡Así no! ¡Así no, carajo!
Si tu chiquito tiene piojos, llegó la solución que buscabas.
Ya te abro, hija.
- Hola. - Hola, hola.
¿Pasó algo?
No. Perdón que vine así sin avisarte.
No. Está bien, está bien. Vení. Pasá, pasá.
- ¿Podemos hablar un segundo? - Sí, claro.
- ¿Todo bien? - No sé.
Me contaron que te vieron en un programa, que te peleaste con un paciente.
No, no. Paciente no. No es mi paciente.
Lo que pasa es que me acababa de enterar de lo que pasó con Bouchard.
- Y, no sé, reaccioné como pude. - Bueno, sí.
Por eso vine, para entender.
¿Para entender qué?
- ¿Qué pasa? - Vos escribiste esto.
Por favor.
"Por favor" no, pa. Leer esto es como escucharte hablar a vos.
- No. - Sí, está lleno de cosas tuyas.
El protagonista es un calco tuyo,
o la idea, la ilusión que vos te hacés de vos mismo.
No entiendo. No sé de qué me estás hablando.
Dejame leerte algo.
No hace falta.
No pasa nada. Es un segundo.
Escuchá.
"Aturdido por los golpes, después de todo…".
Eh… "…tomando por sus pacientes podría tener consecuencias inesperadas,
pero una cirugía a corazón abierto
también puede tener consecuencias inesperadas
y no por eso dejamos de hacerlas".
Es exactamente lo que me dijiste. Cuando estábamos con Thiago. ¿Te acordás?
¿Y qué tiene?
Pude haber discutido esos conceptos con Martín
y a él le quedaron…
No entiendo cuál es el problema.
El problema sos vos, pa.
Dejá de hacerte el boludo.
Yo sé que vos decís esto de "meter los pies en el barro".
Esto no es meter los pies.
Estamos enterrados en mierda hasta el cuello.
De todos los que pasan por el consultorio,
el que más ayuda necesita sos vos.
Y todavía no te diste cuenta.
Te estás quedando solo.
Como tu amigo ese que se murió congelado.
Decime la verdad.
Contame qué pasa. Hablemos y vemos cómo resolverlo juntos.
¿Qué pasó con Bouchard?
Te juro que no tengo la menor idea.
Contestame esto nada más.
¿Él estaría internado como ahora si no hubiese sido tu paciente?
¿Qué va a pasar cuando despierte y cuente lo que pasó?
No vas a poder seguir atendiendo, ¿eh?
Buenas noches.
Necesito esto.
¡Shh! No.
No trates de hablar. Solamente escuchame a mí.
Te acabo de poner un estimulante para que reacciones
porque necesito que me escuches muy bien.
Si me estás escuchando,
mové el dedo índice.
No. ¿No te sabes los dedos de la mano?
No. ¡Chs!
Escuchame. Pestañeá dos veces si me estás escuchando bien. Así.
Bien. Bien.
¿Te acordás lo que me dijiste la última vez,
que me amenazaste con que me ibas a exponer y todo eso?
¿Te acordás o no? Pestañá si te acordás.
Te acordás.
Bueno, yo que vos, lo pensaría mejor.
Porque, si vos contás todo lo que pasó, yo puedo perder…
Puedo ir preso. Me pueden retirar la matrícula, no sé.
Pero vos también perdés. Vos también.
"El prestigio…
es un carnet que se renueva todo el tiempo".
¿Te acordás de que dijiste eso?
Sí, te acordás, claro.
Todo ese prestigio que te ganaste con la novela
te juro que desaparece.
Así.
¿Y?
¿Renovás?
¿O no renovás?
¿Qué elegís?
¿Qué hacés?
¿Qué tal, Emilio? ¿Cómo te va?
Mi nombre es Bruno Alarcón. Soy el psicólogo de Érica.
Ajá. ¿Qué tal?
Muy bien, muchas gracias.
Voy a ir al punto antes de que llegue tu amante. ¿Puede ser?
- No es mi amante. - Es tu amante.
Pero no te juzgo.
Te voy a pedir un favor, y disculpame que sea tan directo.
Mañana mismo, a la mañana, te tenés que ir de tu casa.
¿Perdón?
Le vas a decir a Érica que te querés divorciar.
Ella sería incapaz de pedírtelo por más que quisiera,
incluso sabiendo que sos un narcisista hijo de remil puta.
¿Quién carajo te creés que sos?
"Ya te dije. Soy el psicólogo de Érica".
¿Eh?
"El psicólogo de Érica".
Perdón.
Mil disculpas. Me quedé.
- Me quedé. Perdón. ¿Podemos cortar? - Sí, cortamos. Paramos para comer.
Mil disculpas a todos. Te pido mil disculpas.
No sé qué me pasó. No estoy bien. Perdón.
Tranquilo. Tratá de descansar un poco y vamos, ¿eh?
Perdón.
Estoy bloqueado. No sé qué me pasó.
Vos sabés que la novela me encanta. La leí dos veces.
Estoy atravesando un mal momento. Ya te conté.
Sí, sí. Ya sé, ya sé.
No hace falta que pidas disculpas.
Yo también estuve bloqueado alguna vez. Sé lo que se siente.
Quedate tranquilo, relajate, tomate tu tiempo.
Y después vas a venir mejor.
- Quedate… - Me voy a tomar un café.
La puta madre que me parió.
Este tipo nos va a cagar la película.
Café de mierda.
¿Es necesario esto?
Dejate ayudar.
Yo no estaría hoy acá si no fuese por él.
Mirá, tu problema es muy simple.
Vos estás en lo más alto de tu carrera
y al mismo tiempo en lo más bajo de tu autoestima.
Bueno, no es tan así.
Sí, es así. Por eso no podés actuar.
Lo que yo te propongo es un ejercicio radical
para poder salir del abismo en el que estás parado.
¿Qué abismo? Yo no estoy parado en ningún abismo.
Yo no estaría tan seguro.
No. Pará, pará, pará. Esto ya lo leí.
No, no, no. Sin espiar.
¿Qué van a hacer?
¿Me van a querer llevar a hablar con mi vieja?
¿Tu mamá está ahí con vos cuando actuás?
- No, falleció. - Entonces, no me interesa.
Me parece arriesgado.
¿En qué sentido? ¿Vos estás tranquilo o no?
Después lo hablamos, ¿sí?
No voy a parar.
Yo no tengo dudas.
No voy a bajar.
Déjalo que suba.
Por eso, no quiero parar.
Ya no tengo dudas.
No voy a bajar.
Déjalo que suba.
Gozar
es tan parecido al amor.
Gozar
es tan diferente al dolor.
Cambié de dirección. Otra oportunidad. Merece alguna decisión.
¡Uh, uh, uh, uh, uh!
¡Basta!
No voy a parar.
Yo no tengo dudas.
No voy a bajar.
Déjalo que suba.
Gozar
es tan parecido al amor.
Gozar
es tan diferente a matar.
Cuando pienso en el fin,
cuando pienso en todo lo que di.
Cuando sueño el final,
cuando sueño que todo va a acabar.
Gozar
es tan necesario, mi amor.
Gozar
es tan diferente al dolor.
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