All language subtitles for El aura (2005)2h05ThrCrmDrm

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Original subtitles

para llevarme a casa.

No se trata de lo que me estoy diciendo.

Me he buscado en cada parte de mi vida.

Me siento que no paro y no paro.

¿Me escucharon?

Lo único que necesito es que me digan que no sano y me digan que no...

¿Cómo se llama? ¿Qué trajo?

Los zorros.

Espere por ahí al costado.

Confiaron en que iban a poder usar muchas de las piezas del museo, pero más

de la mitad está arruinada.

Yo les avisé, pero no hubo caso.

El polaco está que explota.

Úngaro.

Es húngaro, no polaco.

Ah, húngaro.

¿Vos qué trajiste?

Más foros.

¿Vos? Los pumas, los yagüeretes, las casuarias.

La mayor parte los tenía de un diorama que armé hace un par de años.

Casi nada de lo que traje es nuevo.

Buen negocio.

Se podría decir.

Sontag, ¿pidieron de dirección que revise los dioramas del tercer piso?

Tiene que hacer un informe y un presupuesto. Empiece con vos que sumeos.

¿Ahora? Sí, ahora.

No fumes acá, animal.

A ella no le molesta.

¿Verdad, chiquita?

A ver de sí.

¿Cómo anda del asunto?

Bien.

Igual.

¿Te sigue agarrando él?

Sí, de vez en cuando.

¿Te acordás de aquella vez cuando fuimos a...? Me acuerdo de todas las veces.

Listo.

Vamos a la administración, ya pasé demasiado tiempo acá.

Día de pago.

¿Cuánto crees que hay?

¿Otra vez? ¿Cuánto?

No sé.

¿Arriesga? No tengo la menor idea.

Dos tipos con dos bolsas cada uno.

La bolsa promedio trae 10 pacos con 50 billetes de 100.

¿Entonces? 200.000.

Más otro tanto que ya está dentro.

Lo traen el día anterior, por seguridad.

Parece mentira con un sueldo de mierda que pagan cuanta guita.

Esperando.

¿Esperando qué?

Que alguien haga algo.

¿Te digo cómo?

Me lo vas a decir igual.

Como cuando me explicaste cómo robar la rural.

Fíjate que está de espaldas.

Un tipo está ahí y llega sin problema.

Si ni siquiera está mirando.

Jefe, ¿me das fuego?

Quédate quieto.

Ahora. El truco está en el tiempo.

No hay que perder un segundo.

Cuando terminan de pasarlos, pasaron... Diez segundos.

Ok. Teléfonos, alarma... En la tesorería todavía no se enteraron de nada.

Al piso.

¿Cuánto tiempo va?

Veinte segundos.

Es el momento de cerrar la puerta.

Un solo acceso, ¿te habías dado cuenta?

No.

Yo sí.

¿Cuánto llevamos?

40 segundos.

Se guarda la guita.

Se cierra todo.

Un minuto.

Tiempo cumplido.

¿Por dónde salen?

La entrada a las pasarelas. Nunca la bloquearon. Era más fácil taparla.

Ya nadie se acuerda que existe.

Excepto yo.

Las pasarelas llevan directamente al otro bloque del edificio. Y a la calle.

Mientras los guardias se montaron en la puerta de entrada, salimos por el otro

lado.

¿Salimos por el otro lado?

Bueno, salen.

Todo muy prolijo.

Se puede hacer prolijo.

Se puede hacer bien.

Y si es tan fácil, ¿por qué nos están robando todo el tiempo? Nos están

robando todo el tiempo, pero mal.

Porque son todos estúpidos.

Los canas y los chorros, todos.

Sigo sin entender qué te detiene.

Es un juego.

Y vos sos el mejor jugador.

Estoy atento.

No me olvido de nada de lo que veo.

Decime el número de serie de las bolsas.

ABF 869.

HFD 545.

Si algo sale mal, ¿alguien muere?

No hay ninguna razón para que muera nadie.

Sí hay una razón.

Hay un montón de ticos con armas, la típica situación en la que muere gente.

No, si las cosas se planean bien.

¿De qué hablas, boludo? ¿Quién te cree que sos? ¿Y de qué?

Es una fantasía muy curiosa, vos, para ser un embalsamador que no se caga

trompada con nadie nunca.

Ni una vez.

Ni en el colegio, ni en la calle, ni en ningún lugar.

Todo lo que digas podrá ser usado en tu contra.

Ya que te gusta la acción, te propongo un juego mejor.

Mañana salgo de cacería al sur, ciervos.

Me iba a ir con Aguirre, pero el muy puto se enfermó y me dejó colgar algunos

pasajes.

Le quitamos un rifle para vos y nos sacamos el busto.

No me gusta matar animales.

No tenés que matar nada.

Caminamos un poco, te sacás el olor a formol, tiramos unos tiros.

Algún día tenés que intentarlo.

Porque tu mujer no te deja.

Me voy.

¿No vas a cobrar? Otro día.

Te llamo para arreglar. No voy a ir.

Te llamo igual.

¿Mariana?

Sí, voy a ir.

Lo pensé un poco mejor y...

No decidí.

Nada.

Nada en especial.

Pensé que... un cambio de aire me haría bien.

Sí, con cacería y todo.

¿Eh?

Ella...

No, ella está de acuerdo.

Sí, le parece bien.

Dice que si es bueno para mí, es bueno para los dos.

¿A qué hora sale?

¿Qué hora la línea es?

Ok, nos vemos ahí.

No podemos quedarnos, no hay habitaciones.

Está todo tomado, no hay más lugar.

Sontag, escúchame, no quiero que te vayas enojado.

La situación se nos fue de las manos.

Y no solo somos nosotros, acabo de llamar al Takumar, a los Pines, están

todos llenos.

No queda una cama disponible en todo el valle.

Y vos no reservaste.

Nunca necesité reservar.

Pero este fin de semana es especial.

El casino cierra la semana que viene y trajeron grupos de todos lados. A mí qué

carajo me importa, yo vengo a cazar.

¿Y a dónde vas a ir? A la concha de mi madre.

Óyeme.

¿Conocés las cabañas de Dietrich?

¿Quién? Dietrich es un guía de caza, vaquiano, esas cosas.

Tiene unas cabañas en el norte, en medio del bosque.

No, no lo conozco.

No es para turismo.

Bueno, en realidad el lugar es medio... De mierda.

Mira, si no fuera porque no hay lugar en ninguna parte, yo no te lo recomendaría.

Pero si venís a cazar, por ahí hasta te queda mejor.

Estás más cerca de los cotos.

¿Vos qué pensás?

Nada.

Decime cómo llego.

¿Qué quieren?

Alojamiento por tres o cuatro días.

No, no hay lugar.

¿Y los demás huéspedes dónde están?

¿En el sauna?

No hay lugar. ¿Qué parte no entendió?

Sí hay lugar.

Mi hermano se confundió. Hay una cabaña libre. Vengan por acá.

Firme acá, por favor.

¿Yo también?

No, con uno es suficiente.

¿Cómo te llamás?

Diana.

¿Este es tu papá?

No, es mi marido.

Dietrich. Sí.

Este es un colorado de 14 puntas, ¿no?

Creo que sí.

¿Y dónde está? No sé, acá no.

Sí.

La cabaña es la que está acá enfrente.

Si quieren que les prepare el desayuno, me lo piden.

Cualquier otra comida también. No tengo problema.

No hay otros cazadores.

No hay nadie.

Pensé que... Lo que dijo Julio no importa.

Acá el que manda es mi marido.

Si mi marido no está, yo... ¿Dónde está?

No sé.

Cazando, supongo.

Si ustedes lo quieren como guía, yo puedo tratar de ubicarlo en mi celular.

Acá hay señal de celular.

Los del casino pusieron una antena y señal en todo el valle.

¿Quiere que lo llame? No.

Vamos a salir solos, mañana temprano.

A Junquillas.

Más al norte, cerca de Pilauquén.

No va nadie ahí. Por eso vamos nosotros.

Iba a alquilar un rifle para mi amigo, pero ahora me queda lejos.

¿Vos podrás?

Sí. ¿Quiere que lo muestre?

Vengan.

Ya tenés arma.

Seguime de cerca, si nos separamos no vas a saber cómo volver.

Hay que caminar cuatro o cinco kilómetros al oeste.

Al llegar al río, doblar a la derecha dos kilómetros más.

Ahí dejamos el jeep, pasando el claro.

Sé perfectamente cómo volver.

Todo un baquiano.

Memoria espacial.

Siempre la tuve, desde chico.

Nunca me pierdo.

Alguna habilidad tenías que tener para compensar.

A propósito, ¿no? No. Eso fue a propósito, no querías que lo mate.

¿Pero qué te pasa, pelotudo? Sos el rey del crimen, pero no aguantás la sangre

de un animal.

¿Qué decís?

Yo también, si seré pelotudo, ¿para qué mierda te traje?

Vamos, boludo.

Vámonos.

Ya es tarde para ciervos.

¿Qué te pasa?

Vos no me conocés, amigo.

¿Qué?

¿Vas a cazar?

¿Vas a cazar a un ciervo?

¿Le vas a apuntar? ¿Le vas a disparar?

¿Lo vas a matar? Dale, vamos, pelotudo, mostrame.

Déjame.

Pero ojo, porque cuando lo matás se termina todo.

No más crías, no más bosque, no más nada.

Vas a matar a un ciervo.

Hay que tener muchos huevos para eso, ¿sabes?

¿Qué clase de huevos?

Lo mismo que para cagar a trompadas a tu mujer.

¿Usted también se va?

¿Eh? Su amigo se va.

Ya me pagó la cuenta, está haciendo el bolso.

¿Usted también se va?

No estoy seguro.

Tendría que hablar con él.

¿Viniste?

Vuelo a Buenos Aires, Marta está internada.

¿Quién?

Mi mujer, boludo, a la que yo le cago la vida.

Mezcló somníferos con alcohol.

No es lo suficiente como para matarse, pero así como para seguir rompiéndome

las pelotas.

¿Qué vas a hacer?

Acá tenés tu pasaje. El jeep me lo llevo yo.

Sí.

No te preocupes. No, si no me preocupo.

¿Casaste algo?

¿Dónde está?

No sé dónde está.

¿Dónde está Julio?

Despacio.

¿Cuándo va a venir?

No sé.

Tiene otro lugar, ¿no?

¿Otro lugar?

Otro lugar, otra casa. A donde va cuando desaparece.

No sé, está en la boca. No me jodas, ¿y no? ¿Dónde está el 14.3?

Lo caza, le saca fotos, manda a hacer el trofeo, pero nunca lo trae. ¿Qué hizo?

¿Se lo comió?

No sé.

Además, ¿qué te importa tanto?

A vivir diciéndote que te sigo. Sí, pero hay trabajo que hacer y lo termino

haciendo todo yo.

Bueno, entonces llamalo, no sé, dejá un mensaje. No sé, Diana, no me hinches las

pelotas. Quiero saber dónde está nada más.

Ya voy a volver.

Sí, claro.

¿Ya aguantaste tanto?

Bueno, aguanta un fin de semana más.

¿Qué?

Nada. ¿Qué dijiste? Nada, nada. ¿Por qué un fin de semana más? ¿Qué va a pasar el

fin de semana? Nada, olvídate.

Decime. Nada, te dije. Vení acá, no terminé.

Julio.

Dieterich.

¿Sí?

Dietrich. Vinimos a verlo.

No está.

¿Puedo sentarme?

Me dijo que vinieramos ahora.

Hoy.

¿Cuánto manejaba?

800 kilómetros.

800 kilómetros.

Lo citó hasta ahora.

¿Dónde está?

Estoy seguro que en cualquier momento llega.

Me dijo que esperaba gente.

A ustedes.

Y que estaba entusiasmado con la idea de... Vos sos el pibe.

El cuñado.

Sí.

Volvemos mañana.

Debería estar mañana.

Tenemos lugar para que se queden esta noche. Volvemos mañana.

Julio. Julio.

¿Usted ya ha decidido lo que va a hacer?

Pensé en quedarme un poco más.

Hablé con mi marido, el perro es de él.

Hay un animal que le está matando las ovejas.

Dice que es nuestro perro.

¿Es cierto?

Suerte que apareció.

Viene cuando sabe que mi marido no está.

¿Quieres un café?

No, no, gracias.

¿Sabes qué?

Necesitaría un auto, si sabes de alguien.

¿Por cuánto tiempo?

No sé.

Un par de días.

Le puedo dar mi camioneta.

Es la que está atrás de la cabaña.

No me gustaría dejarte de pie.

No se preocupe. Yo sí la necesito y la aviso.

Tienes registro, ¿no?

No.

Pero manejo, manejo bien, desde chico.

¿Entonces?

Soy epiléptico.

¿Por eso no le dan el registro?

Dicen que uno podría sufrir un ataque mientras maneja.

¿Es cierto?

A mí nunca me pasó.

Si es un inconveniente, te entiendo.

No.

¿Cómo son?

Los ataques, digo.

¿Son dolorosos?

No.

No, no duelen.

¿Y le vienen así de repente?

Bueno, no...

Unos segundos antes yo ya sé que voy a tener un ataque.

Hay un momento, un cambio.

Los médicos le dicen ahora.

De pronto las cosas cambian.

Es como si el mundo se detuviera.

Y se abriera una puerta en la cabeza que dejaba pasar.

Cosas.

¿Qué cosas?

Ruidos.

Música.

Voces.

Olor a escuela, a cocina, a familia.

Y ahí sé que el ataque es inminente, que no se puede hacer nada

para evitarlo, nada. Es horrible.

Y perfecto.

Porque durante esos segundos sos libre.

No hay opción.

No hay alternativa.

Nada para decidir.

Todo se ajusta, se estrecha a un...

Yo no se entrega.

Hay un lugar del que me hablaron al que me gustaría ir.

No sé si lo conoces, Cerro Verde, ¿puede ser?

Cerro Verde.

Sí, pero no es un lugar turístico. Es una fábrica.

Queda en el lado norte del pueblo.

Lo he entendido mal.

Bueno, gracias.

ah ah

¡Gracias!

Fuera de aquí. Vamos.

Vaya.

Gracias.

en el 26

No va más.

Negro, 33.

No va más.

Colorado, 34.

Tercera docena.

Ahora toca tercera docena, primera columna.

Después primera docena, segunda columna. Segunda docena, tercera columna. Y así.

Venga, le invito un trago.

A cuenta de casino.

Venga.

Lindas fichas.

Azul, naranja. El casino ya no las usa más.

¿Cómo? Las discontinuó.

Pero como algunos clientes todavía las tienen, las acepta.

Bueno, algunos clientes no.

Uno.

Uno solo que pidió que le mantuvieran el color. Y como a esa altura del partido

ya había perdido mucha plata... Bueno, un buen cliente, quiero decir.

Y se lo dejaron.

Le dejaron su color.

Azul naranja.

Buenas tardes.

¿Qué va a tomar?

Nada.

Agua con gas.

A mí una etiqueta negra.

Está bien agua con gas.

No es bueno mezclar té de tol con alcohol.

Una vieja habilidad de la que vivimos cuantos años.

Una buena profesión.

Que ya está un poco pasada de moda.

Pero todavía funciona.

¿Usted le anda metiendo la mano en los bolsillos de todos los clientes?

Mi relación con el casino se basa en un acuerdo de necesidades mutuas. Así que

la gente del casino me pide que mientras juego, mire por ahí, a ver si alguno

quiere sacar ventaja o usar los ganchos.

A cambio, el casino tiene quien saque de apuro a los jugadores sin suerte y les

permite jugar un poco más.

Doy préstamos informales.

Así que la respuesta a la pregunta que me hiciste hace un rato es que no.

No meto la mano en los bolsillos de todos los clientes.

Solo a los que tienen en la cabeza un cartel que dice, en mi puta vida entré a

un casino.

Pero vos todo esto lo sabés bien, ¿no?

Quiero decir, ¿ya está?

¿Ya está qué?

Vení conmigo.

Vení conmigo o hago que los de seguridad te arranquen los huevos y te los hagan

tragar.

¿Qué pasa?

No me gustan las adivinanzas ni las boludeces.

Dietrich, ¿tiene algo que decirme?

¿Usted qué quiere que le diga?

Me está jodiendo.

No vino ayer, no llama, no me confirma nada.

Pero hoy manda un tipo a mí casi no jugar con su ficha, su martingal y con

su puta corbata de mierda. ¡Me está jodiendo!

Me está jodiendo, ¿no?

¿Dónde está Dietrich?

No pudo venir.

Tiene un quilombo.

¿Entonces?

Me pidió que viniera a su lugar.

¿Y para qué toda esta pelotudez, la corbata, las fichas? ¿Por qué no venir

directamente a mí?

Me dijo que si mostraba todas estas cosas primero no iba a desconfiar.

¿Y vos quién sos?

Un amigo de la capital.

Está bien.

Supongamos que está bien.

El tema es, ¿se hace?

No hay marcha atrás. No puede haber marcha atrás.

Esto está lanzado para el lunes.

¿Se hace o no se hace?

Dietrich dice que sí.

Decirle a Dietrich que no la cague.

El lunes a las ocho sale el blindado de acá y se acabaron los viajes para

siempre.

Que no la cague.

Me debe demasiada guita, ¿ok?

67.000.

Sí, exacto.

Y la mayor parte la perdió jugando con esa martingala de mierda que te enseñó.

El lunes.

¿Sí? Quería un café.

¿Nada más?

No.

Siéntese, ya se los llevo.

Se terminó el que había, así que va a tener que esperar un poco.

Hola.

Hola.

¿Los dibujos los hiciste vos?

Sí. Catalina, Christian, Ayelen y yo.

Le di una pinta porque es muy chiquita.

¿Viven todos acá?

Todos no.

Algunos vienen con la mamá y después se van.

¿Y vos? ¿Vivís acá?

Algunas veces, solo cuando terminan el trabajo en los cuartitos.

¿Quién es Tamara?

Mi mamá. Pero no le gusta que le llame mamá, le gusta que le llame Tamara.

¿Te querés sentar?

¿Este lo hiciste vos?

Sí.

¿Quién es?

Es el tío Ricardo.

Pero no es mi tío. Es un amigo de mi mamá de cuando yo era chiquita. Por eso

le digo tío.

¿Y viene siempre?

Sí. Y me trae regalos. Todas las semanas.

Este me lo trajo él.

¿Y el otro?

Es el tío Luis.

Pero no es tan tío.

Gracias. Vanina, vení.

Dale, vení ahora, te digo. Vamos.

¿Cuánto caminamos?

¿200 metros?

No, 100, algo así.

100 metros y ya no tengo aire.

La concha de su madre.

Bueno, a ver.

¿Cómo es?

¿Qué cosa?

Escuchame.

Manejamos 800 kilómetros para llegar hasta acá.

Cuando llegamos, el tirallombo no está.

Lo esperamos y no aparece.

Y el que está es un boludo que no habla con nosotros.

Pero que tiene el teléfono celular del otro.

Así que empecemos por el principio.

¿Por qué tenés el teléfono de Beatriz?

Porque me lo dejó él.

Junto con todo lo demás.

¿Todo lo demás?

Las fotos.

Las planillas con las recaudaciones del casino.

Todo. Es un casino.

Los nombres de ustedes.

Sosa y Montero.

Aunque no sé cuál es cuál.

¿Y dónde está Dietrich?

Dietrich se fue.

No sé a dónde.

Me dejó todo a mí y se fue.

Por el asunto de Vega.

Vega también iba a participar en el trabajo, pero... murió en un tiroteo con

la policía.

Dietrich se asustó.

Pensó que lo podían conectar a él.

Y que todo esto se podía venir abajo.

Él me llamó.

Yo pensé que les había hablado de mí.

No.

De él me habló.

Y vos no.

Hace unas semanas me encontré con Dietrich en Buenos Aires.

Me habló de todo este asunto.

Me contó todo.

Cada detalle.

Me gustó.

Me pareció bien.

¿Y por qué no lo dijiste anoche?

Estaba la chica.

Además ustedes no me dieron tiempo, se fueron.

Vámonos, ahora.

Déjame pensar.

Vámonos de una vez, esto es una locura.

¿Una locura por qué?

No lo conocemos.

Tampoco conocemos a Dietrich. Y aquí estamos.

Este tipo puede ser cualquier cosa. ¿Puede ser qué?

¿Un cana?

Bueno, entonces matalo.

Si es un cana, matalo ahora mismo.

Y nos vamos a casa.

Estamos de acuerdo.

No es un canal ni en mil años.

Dietrich dijo que un amigo de Buenos Aires iba a participar.

También.

¿Por qué no lo dijiste antes?

Lo mencionó solo una vez.

Ahora que él lo dice...

El casino Lauquén está en la ruta 25.

Todos los lunes llevan la recaudación del fin de semana al banco en la ciudad.

Usan un blindado, siempre el mismo, con una dotación de dos hombres, los mismos

dos hombres también.

El blindado sale de ahí en Palma a la 15 y después por la 3 llega hasta la

ciudad.

En la 15 hay un bar.

En realidad es un prostíbulo. Es un lugar aislado en el medio de la ruta.

Cada vez que el blindado pasa por ahí, para.

Y los hombres bajan.

Los dos.

Fui yo el que lo descubrió.

Y el que se lo contó a Dietrich.

Por eso me dijo que cuando se hiciera todo, yo también podía participar.

Dietrich tiene un contacto en el casino.

Alguien al que le debe mucha guita.

¿Quién? Uno.

Alguien que tiene acceso a casi todo.

Y que entendió que la única forma de cobrar lo que le debía era ayudarlo en

este asunto.

El tipo le dio todo.

Planillas internas, documentos, los horarios, los recorridos, las

recaudaciones.

¿Cuánto?

En un fin de semana común...

800.000, un millón.

En un fin de semana largo, el doble o más.

Ayer fue... Feriado.

Fin de semana largo.

Y este es el último viaje.

El casino lo cierran, lo trasladan.

Es este lunes o nunca más.

Sí, está mal.

Está mal. ¿Cómo estás tan seguro que van a parar ahí?

¿Cómo sabés que van a tener ganas de coger?

No, no es por eso que paran.

Uno de los tipos tiene una hija.

Es a ella la que van a ver.

Todos los lunes.

Esto es una joda.

¿Quién va a dar las órdenes acá si el otro no está?

¿Vos?

¿Vos vas a ser el jefe?

Mi jefe.

¿Qué? ¿Qué?

Ya está.

¿Ya probaste lo que querías probar?

No podés ir al frente con este tipo. ¿Por qué no podés volver con la mano

vacía?

Vos le vas a ir a pagar el truco con los aires.

O mejor dicho, le vas a explicar por qué no podemos pagarle otra vez.

¿Cuánto hay finalmente en el camión?

Dos millones y medio.

Mínimo. ¿O viste lo que acaba de pasar?

No podés ir con este tipo. Voy a ir con el que tenga que ir.

No con ese tipo.

Con vos.

Como siempre.

Esto es algo que se puede hacer.

Bueno, vamos.

¿El pío sabe?

Manténlo así.

Cuanto menos sepa, mejor.

¿Qué hora es?

Las doce.

Vamos a dormir.

Abrir una cabaña.

Mañana terminamos de arreglar.

Otra vez doscientos metros.

Si alguien se fuera ahora, lo escucharían.

¿Y por qué me tendría que ir?

Pensé que te iban a matar.

Yo también.

¿Va a volver?

Sí, ya expliqué lo que pasó.

Él se asustó. No.

Ellos no lo conocen, yo sí.

Él no se asusta.

Y tampoco me habló de un amigo de Buenos Aires.

¿Por qué dijiste que sí, entonces?

¿Va a volver?

Si dijera que no.

Entonces nada de esto sería necesario.

No necesitaría la guita para irme de acá.

La guita está en el blindado.

¿Va a volver?

Dijo que sí.

Después de un tiempo, dijo que sí.

No sabía que se conocían.

Sí.

Quizá vayamos a cazar juntos.

¿A cazar?

¿Para eso esperan a mi marido?

Sí.

¿Usted va a salir?

¿Por qué?

Porque quería ir al pueblo y si no va a usar la camioneta.

Te puedo llevar si querés.

No hace falta.

Además, sus amigos lo están esperando.

No, no somos amigos.

No te preocupes, te llevo, si querés.

Acá a la derecha.

Vas a la iglesia.

¿Por qué? ¿Lo sorprende? No.

No, es que... No sé. No pensé que fueras una persona religiosa.

¿Cómo sería una persona religiosa?

Perdón, no quise... Es un lugar para estar.

Un lugar mío.

Está bien.

Discúlpame. No, no se disculpe.

Gracias por traerme. No se preocupe que yo vuelvo sola.

Si querés te puedo pasar a buscar.

Digo, tengo algo que hacer. Cuando termino puedo pasar.

Bueno, como quiera.

A veces se ahoga y arranca de nuevo esperando un poco.

Hay que esperar.

¿Cómo llegaste acá?

Qué raro.

¿Qué cosa?

Que inicie una conversación.

¿Cómo llegué acá o cómo terminé con un tipo 30 años mayor que yo?

Porque eso es lo que siempre me preguntan.

Di de Trich era amigo de mi papá.

Yo tenía que irme.

Y me pareció que era la única manera de salir de mi casa.

No fue muy difícil.

El día que me vino a buscar, mi papá se puso loco y lo enfrentó.

Dietrich le pegó tanto que tardó una semana en recuperarse.

Y me fui con él.

Al primer golpe me di cuenta que eran la misma mierda.

Que no había cambiado nada.

Pero ya era demasiado tarde.

¿Por qué no te vas?

No.

Yo lo hice una vez.

Dietrich me buscó y me encontró.

Él me va a encontrar.

Siempre.

¿A quién estás esperando?

A nadie. ¿A quién tendría que esperar?

No te hagas el boludo. ¿Qué está pasando?

Nada. Ellos esperan a Dietrich para casar. Vení, Julio. Tenemos que hablar.

Vení acá, ¿querés? ¡Salí de acá, carajo!

¡No me digas lo que tengo que hacer!

¡Date la concha de tu madre!

¿A dónde fuiste?

Ella me pidió que... Tenemos que hablar.

Que hablar las cosas.

Sí, sí. Vamos al quilombo.

Y terminamos de hablar.

De planificar.

¿Entonces? El camión va a estar ahí, al frente.

¿Ahí? ¿A la vista?

Sí.

Sí, no les importa nada.

Cuando los guardias salen, los estamos esperando.

No les damos tiempo a reaccionar.

Los atamos.

Los llevamos hasta el camión.

Abren la puerta trasera.

¡A cara limpia!

Dietrich me pidió que compre pasamontañas.

Ya los tengo.

Abren la puerta trasera.

Terminamos de atar al que falta.

Sacamos la plata, lo metemos en el camión y cerramos la puerta.

Cargamos todo en el auto.

Y ya está.

Nos vamos.

Si se hace bien, no puede tardar más de un minuto, un minuto y medio.

Está bien, está bien.

Esto se puede hacer.

¿Y el pendejo?

Con la máscara puesta es el hombre más.

¿Tienes el arma?

Sí.

Dietrich, me dio una.

Guardá eso.

Che, ¿y vos qué vas a hacer? ¿Qué parte te toca?

¿Dónde vas a estar?

En el casino.

Chequeando que el blindado salga a tiempo.

Sin respaldo.

Lejos de todo.

¿Por qué no te quedas en la cabaña jugando las cartas con la pendeja?

Está bien, está bien. Tranquila.

Nosotros nos ocupamos.

Y nos avisa si hay algún problema.

¿Qué problema va a haber? Quiere quedarse lejos para que no se note que

no lo necesitamos.

Hay algo más.

No me alcanza con la llave solo de la puerta.

El camión tiene una caja interior.

Los guardias no pueden abrirla, aunque quieran.

Se necesita otra llave, diferente.

Ahora lo decís pelotudo. ¿Por qué no lo dijiste antes? ¿Quién tiene esa llave?

La tengo yo.

Entonces tenemos todo lo necesario.

Después quiero esa llave.

Dámela, ya la tengo encima.

¿Dónde vas?

Déjame. Vení. ¿Qué está pasando? ¿Qué estás haciendo? Algo es lo que tengo que

hacer, no me jodas.

No vas a ir a ningún lado. ¡Dame! ¡No!

Dietrich Neuwolfer.

Vení conmigo.

¿Dónde está Vega?

Vega. Son las ocho y cuarto.

¿Dónde está Vega?

Vega no puede venir.

¿No puede venir? ¿De qué carajo estás hablando? Está todo bien, aunque no

venga. ¿Cómo que no venga, pelotudo? Está todo bien. Tengo la llave. Me la

dio él. ¿Y a quién carajo le interesa la llave? Si Vega no está en el camión,

¿quién va a abrir la puerta desde adentro? Los dos guardias bajan. No

queda nadie adentro del camión.

Es fin de semana largo, hijo de puta.

Recaudación de tres días.

La dotación es de tres hombres. Hay un tercer hombre metido en el camión. Y eso

Dietrich lo sabe perfectamente.

Dos meses tardé en que acepten a Vega como guardia.

Dos meses de laburo fino para que lo metan como tercer guardia dentro del

camión. Y ahora que Vega no vino, están metiendo un pelotudo que no conozco. Un

tipo nuevo que no sabe nada.

Dietrich no... no me dijo que...

Vos no sabés

nada.

¿Quién sos vos? ¿De dónde saliste?

Lo tengo que avisar. Se acabó.

Yo estoy afuera.

No tengo nada que ver con esto.

Nada que ver, ¿me oíste?

Y si Dietrich trata de involucrarme, te juro que lo mato.

¡Sulpa tuya, forro de mierda! ¡Eh, pará!

¡Dejálo!

El sorete nos mandó al muere, ¿no te das cuenta?

Todavía tenemos el cambio.

Primero resolvamos esto. ¿Y con eso qué pasa?

No pasa nada.

Puedo aguantar.

¡Abrí, hijo de puta!

Llorá, puto de mierda, vas a ver lo que te hago cuando te saco de ahí.

Nos están mirando.

Sácate eso.

Está trabada desde adentro.

Necesitamos herramientas. Es un camión viejo, se puede abrir.

Deberíamos irnos de acá.

No me digas, genio.

¿Cómo solucionamos esto?

Yo sé de un lugar donde hay herramientas.

¿Hay otra gente?

No, no lo conoce nadie.

Pero primero necesitamos un médico. No.

Llegar al camión.

Le puse el médico.

Entonces vamos por allá.

Vos guianos con la camioneta.

Manejá el camión.

La llave la debe tener uno de los guardias.

Y vos, pibes, manejá.

¿Te gustó el viaje, puto? ¿Vas a abrir?

¿Cómo estás?

¿Cómo sabes cómo es esto?

Si no te morís en los primeros diez minutos.

Podemos buscar ayuda y esperar.

No, estoy bien.

Primero las herramientas.

Dale, mostrame.

¿Está bien?

Sí.

Sí, estoy bien.

Está hecho.

Hay un tubo de cetileno, masa, cortafierro. En media hora lo abro como

si fuera una lata.

¿Seguro?

Seguro.

Se me vació.

Usá la mía.

No, no.

Adentro hay una caja de nueve.

¿Cómo no...? ¿Qué carajo estabas pensando?

¿En serio pensaste que íbamos a repartir la grita con vos y con el pendejo? ¿Se

puede ser tan pilotudo?

Encima me diste la llave.

Si hubiera sido con Dietrich, bueno... El tipo es del palo, lo conoce al turco,

pero vos... Estás mal hecho, José.

La primera vez que te vi en la gesta dije esto no puede salir bien.

No puede salir bien.

Y mira vos quién lo hubiera dicho.

salió bien

¡Grrrr!

Diana.

Diana.

Diana.

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