All language subtitles for LaDuena Pt 1

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Original subtitles

Parece tienda.

Es que no faltó nadie y todas trajeron regalo. ¿Y la novia? ¿Dónde está la

novia?

Quédate un poco más.

Tú sabes que tengo que llegar a la despedida de soltera.

No creo.

Gracias, Dios mío.

Gracias por hacerme tan feliz.

Oiga, ¿y usted por qué no fue a la despedida de soltera, eh?

¿Y qué podría hacer una vieja como yo entre puras muchachitas, Martina? Ay,

pues divertirse.

Yo no estaría a gusto y ellas menos.

Bueno, pues las madres siempre acompañan a sus hijas esas cosas.

Pero da la casualidad que yo no soy la madre de Regina, sino su tía.

Pero usted la ha creado como suya desde que ella quedó huérfana. Miren.

Qué bonito.

Está precioso.

¿Verdad? ¿De quién es Regina?

Es mío.

Laura. ¿En dónde estabas? Por ahí. ¿A poco crees que nada más tú tienes

derecho al amor?

Atraposa. Por lo visto tú no te quieres quedar atrás.

No, y en una de esas hasta les doy la sorpresa, fíjense.

¿De veras?

Pues eso me daría mucho gusto.

Ven, te lo pongo.

¿Te gustó tu regalo? Ay, claro que sí, está precioso.

Qué bueno.

Quería comprarte algo que fuera muy especial.

Algo que te demostrara mi cariño.

Tú no tienes que demostrarme nada, Laura.

Además, tú me organizaste esta despedida.

Muchas gracias.

Dame un abrazo. Te voy a extrañar, Regina.

Te quiero como a la hermana que nunca tuve.

Y yo a ti, Laura.

Te quiero mucho.

Oye, tu novio te espera en la sala, Regina.

¿De veras?

Ay.

Mi amor, no te esperaba.

Me moría de ganas de verte.

Buenas noches, Mauricio.

Hola, Laura.

¿Cómo estás?

Bien, gracias.

Pensamos que no ibas a venir.

¿Y qué quieres?

Tenía muchas ganas de ver a mi futura esposa.

Sí, se nota.

Como todos los meses, aquí tienes los estados financieros de tus empresas.

Don Anselmo.

¿Cuántas veces tengo que decirle que no hace falta que me entregue nada?

Yo confío en usted ciegamente, como si fuera mi padre.

Cuentas claras, amistades duraderas, Regina.

Y otra cosa que quiero tratar contigo. ¿Usted dirá?

Se trata de tu hacienda, Los Cascabeles.

¿Los Cascabeles?

¿Hay algún problema?

Al contrario.

Es una propiedad muy productiva que está manejada con mucha eficiencia.

¿Y entonces?

Lamentablemente por mis ocupaciones.

No puedo dedicarle el tiempo que yo quisiera.

Bueno, por eso no se preocupe. Ahora que me case con Mauricio, se va a hacer

cargo él de todo.

Es más, se me ocurre que de ahora en adelante mejor le entregue a él todos

los documentos.

¿A Mauricio?

Sí. ¿Estás segura?

Claro que sí.

¿Qué te pasa, tía?

Nada. Estaba viendo esta foto de tus papás.

Pensaba en lo felices que estarían por tu boda.

Imagínate.

Eras una criatura cuando pasó aquel terrible accidente. De no haber sucedido

eso, todo habría sido muy distinto para ti.

Sí, pero eso no hubiera cambiado nada el cariño que siento por ti.

Por alguna razón Dios dispuso llevarse a mis papás.

Pero gracias a Él, tengo tu cariño. El de Laura, el de Martina.

Eso me hace muy feliz.

Hola, Mauricio.

¿Eres tú?

¿Qué? ¿Hoy no tuviste guardia?

No, no.

Te traigo los análisis de sangre y los certificados médicos para tu boda.

En ese sobre vienen los de Regina y los tuyos.

Muchas gracias.

Bueno, pues me voy.

Supongo que estás ocupado, ¿no? No, no, no.

Solamente estaba descansando un poco.

¿Descansando?

Octavio, mejor llévale tú los análisis a Regina.

¿Por qué?

¿Cómo que por qué?

Así vas a tener un pretexto para ir a su casa.

Probablemente te encuentres ahí a Laura.

Oye, esa es una buena idea.

Suerte. Bueno, nos vemos y gracias por el consejo. Ándale, pues. Hasta luego.

¡Qué milagro! Hola.

¿Qué te trae por aquí?

Traigo los certificados médicos para tu boda.

Mauricio me pidió que te los entregara.

Ah, ¿sí? Pues muchas gracias.

¿Está Laura?

No, precisamente ahorita está con Mauricio.

¿Por qué me pegas? Porque te lo mereces.

¿Qué te pasa?

Estoy avergonzada de ti, Laura.

Has caído en lo más bajo.

Nunca imaginé que mi hija fuera una... una indecente. ¿Por qué me insultas,

mamá? ¿Qué se supone que hice ahora?

Eres una cinta.

Te acabo de ver besarte con Mauricio, así que no te atrevas a negarlo.

Mamá, déjame explicarte. Todo está muy claro, Laura. Todo.

Mauricio y tú se entienden a espaldas de tu prima.

¡Yo lo vi!

No quiero imaginar hasta dónde han llegado. No, mamá, te juro que yo no he

hecho nada.

Por lo menos, ten el valor de aceptarlo.

Fue Mauricio el que me besó.

Cuando me iba a bajar del coche, de repente me dijo que yo le gustaba mucho

y me besó. ¿Y por qué no trataste de impedírsela? Es que no supe qué hacer.

Me tomó por sorpresa. Yo me puse nerviosa.

Cuando yo entré aquí, no parecías muy nerviosa, Laura. Porque no quería que se

dieran cuenta.

Mauricio es el novio de Regina, mamá. Están a punto de casarse. ¿Y te imaginas

lo que pasaría si Regina se enterara?

Pues se va a enterar. No debería decírtelo.

¿Qué pasó, tía?

A ver, cuéntamelo.

Es que ni siquiera sé por dónde empezar.

Mira, tranquilízate.

A ver, dime.

Hija.

Si tú supieras lo que Laura hizo.

Por favor, mamá, no tienes por qué enterar a Regina de nuestros problemas.

Ay, por Dios.

¿Qué puede ser tan grave que no me lo pueden decir?

Está bien.

Yo te lo voy a decir, Regina.

Mi mamá se enteró que estoy saliendo con un hombre casado.

¿Laura? ¿Tú?

Sinceramente te felicito, Mauricio.

Supiste moverte muy bien para conseguir ese dinero.

No, hombre, no, no fue muy difícil.

Incluso pude conseguir un poco más del que necesitábamos.

Más, ¿sí?

Para comprarle un buen regalo a la propia Regina.

No, no puedes.

Esto es demasiado. Mira, Pati.

Regina, está precioso. Está precioso.

Sí, mira.

De veras que Mauricio es espléndido.

Eso fue lo que le dijo Laura, ¿eh?

¿Y no le dijo cómo me coquetea? De las veces que ha ido a buscarme a mi

departamento para que yo... ¡Basta!

No voy a permitir que calumnie a mi hija de esa manera.

Muy bien, muy bien.

Yo sé que usted tendrá su propia versión de los hechos.

Y dígame una cosa, señora.

¿Qué piensas hacer?

No sé si te merezcas otra oportunidad, Mauricio.

Pero voy a dártela.

Me voy a quedar callada.

Pero no creas que lo hago por ti.

Lo hago por no destruir la reputación de mi hija y la felicidad de mi sobrino.

¿Tienes idea de lo que está pasando? Ya lo sé.

Tu madre está enterrada de lo nuestro.

¿Y tú cómo lo sabes? Porque vino a exigirme que te dejara en paz.

Ella está convencida de que yo estoy tratando de enredarte.

Supongo que eso fue lo que le hiciste creer. ¿Y qué querías que le dijera?

Nos vio besándonos afuera de la casa. Todo esto es por tu culpa, Laura.

Tú fuiste la que se empeñó en que estacionara el coche.

No me reclames, ¿quieres?

Después de todo ya no hay remedio. ¿Ahora qué vamos a hacer?

Lo he estado pensando.

Y creo que lo mejor será que nos dejemos de ver por un tiempo. ¿Qué?

Laura.

Laura, necesito hablar contigo.

Laura.

Laura, despierta.

Laura.

Laura.

Laura.

Laura.

Octavio, ¿cómo está?

Les tengo buenas noticias.

¿De veras? Laura está fuera de peligro. Ay, gracias.

Gracias a Dios.

Hija, yo no entiendo.

No entiendo por qué lo hiciste.

Yo solo quería dormir un poquito y me tomé una pastilla.

¿Tú crees que ese tipo merece todo esto?

Es que no se trata de él, sino de mí.

Yo me siento muy mal por Regina porque... porque no puedo decirle a la

clase de hombre que es Mauricio.

Pero... lo que más me duele es que tú dudes de mí.

Hija, yo... De veras, mamá.

Tú no me crees nada.

Me acusas todo el día con lo mismo.

Piensas lo peor de mí. No, no, hija, no.

Eso no es verdad.

Yo confío en ti.

Por favor, hija.

Perdóname.

Perdóname por lo que más quieras.

Si me dices quién es, tal vez yo pueda ayudarte en algo, Laura.

A mí nadie me puede ayudar.

Déjame intentarlo.

Además, nunca han existido secretos entre nosotras.

No veo por qué empezar ahora.

¿O qué?

¿Ya no confías en mí?

Está bien, te lo voy a decir.

Es Leandro Rentería, el socio de Mauricio.

¿Qué? ¿Leandro?

Supongo que te extrañó que te llamara.

Pues, sinceramente, sí. Pero como me dijiste que tenías un problema y que

solo yo podía ayudarte, pues aquí me tienes. ¿Para qué soy bueno?

Para muchas cosas.

Sí, me está gustando.

¿Qué más puedo hacer por ti?

Pues algo muy sencillo.

Si mi prima Regina te pregunta si tú y yo tenemos algo que ver, dile que sí.

Después de todo, no estarías mintiendo, ¿sí?

¿Qué ganaría yo diciendo eso?

Pues yo te di un adelanto, ¿no?

Claro, a menos que no te haya gustado el anticito.

Me gustó tanto que lo quiero repetir.

Tú eres un hombre casado.

Y a pesar de eso, no te importó enredar a Laura.

Le hiciste creer que la querías. La metiste en tantos problemas que la pobre

estuvo a punto de suicidarse por tu culpa.

¿Qué estás diciendo?

Ay, ahora me vas a salir con que no sabías nada.

Pues, no, no.

Mira, no mientas.

Y te pido que dejes en paz a Laura y no vuelvas a buscarla.

¿Qué pasa, mi amor?

Pasa que tu queridito amigo es un patán.

¿Sabías tú que sostiene relaciones desde hace mucho tiempo con Laura?

Lo que oíste.

Pero si no me crees, que te lo diga él.

¿Es cierto eso, Leandro?

Yo... Yo creo que aquí debe haber un error.

Hola, mi amor.

¿Qué te pasa?

¿Y te atreves a preguntarme qué me pasa?

No sé qué tengas, pero no me voy a quedar a... ¡No, no, no! De aquí no

sales hasta que me expliques qué tienes que ver con Leandro.

¿Con Leandro?

No te hagas la mustia.

Me acabo de enterrar por Regina.

Sé que tú y él son amantes.

Es una cualquiera, Laura.

Tu tía es muy amable conmigo.

Ah, pues es que le caes muy bien.

Está precioso tu regalo, Octavio.

Regina, yo no le mandé esas flores a Laura.

Me imagino que tu tía piensa eso porque así Laura se lo hizo creer. Y yo... no

quise delatarla.

¿Aceptas que salgamos en la tarde? Ya te dije que no sé si pueda.

No puedes o no quieres.

Adiós, Pati.

Adiós, Regina, y gracias por todo.

A ti.

Está bien.

Pasa por mí.

Te espero como a las siete.

Hola. Hola, Regina.

Hola, Octavio. Nos vemos.

Nos vemos.

¿Qué tal, Patricia?

¿Qué andan haciendo? ¿Qué te importa?

¿Mauricio?

Me urge verte.

Laura, ¿quedamos en qué? Te digo que me urge verte.

Es que de veras no sé cómo se enteró esa metiche.

O a menos que... Sí, eso es.

¿Qué? Que Octavio le haya dicho algo.

¿Octavio? ¿Qué tiene que ver él en todo esto?

Él también se imagina lo que hay entre tú y yo.

Me lo dijo el sábado.

No sabía que tan bien andabas con Octavio.

¿Qué?

¿A él también lo llevas a mi departamento?

No te entiendo.

Por supuesto que me entiendes, Laura.

Ya sé que eres la amante de Leandro. No, no, no. No te esfuerces por negarlo.

Porque él mismo me lo dijo.

Lo hice para evitar que Regina sospechara de ti y de mí.

Para que nuestros planes no se vinieran abajo.

Bueno, pues ya no te preocupes con eso.

Nuestros planes se acabaron. ¿Qué quieres decir?

Tú y yo hemos terminado definitivamente.

A ver, dígame una cosa.

¿Nunca quiso otro hombre que no fuera el papá de Laura?

A ver.

Sí.

Pero eso fue mucho antes de que me casara.

Fue alguien a quien conocí en los cascabeles.

Yo fui de visita a casa de mi hermana.

Era muy jovencita.

Y me pregunto qué habrá sido de su vida.

No te vas a salir con la tuya, Mauricio.

De mi cuenta corre que no te vas a casar con Regina.

¿Qué te pasa, Laura?

Nada.

¿Cómo que nada?

Supe que estuviste encerrada.

¿Por qué?

Es por Leandro, ¿verdad?

No.

¿Entonces?

Ay, Laura, por favor, dime qué tienes.

Regina.

Olvídate de Mauricio.

¿Qué tiene que ver Mauricio con lo que estamos hablando?

Es que tú no te puedes casar con él.

No puedes.

¿Por qué dices eso?

A Mauricio solamente le importa lo que tú tienes.

Él no está enamorado de ti.

Nunca lo ha estado.

Mira, Laura, ¿cómo es posible de que tú...? Regina, estoy convencida de que

Mauricio solo quiere aprovecharse de ti.

¿Cómo? A ver, dímelo.

¿Tienes pruebas?

Bueno, lo que pasa es que a mí Leandro me dijo... Ay, Leandro, Leandro, ya

entiendo. Esto es obra de Leandro, ¿verdad?

Él lo conoce bien, Regina.

Dice que Mauricio no es honesto en los negocios.

Además, él es testigo de que te ha engañado con otras mujeres.

¿Cómo se atreve Leandro a hablar de engaños cuando se enredó contigo a

espaldas de su esposa? Eso no tiene nada que ver. ¡Claro que tiene que ver!

Y no esperes que crea en un sinvergüenza como Leandro, Laura.

Y óyeme bien, Laura.

Nadie me va a hacer dudar del cariño de Mauricio. ¿Gusta sentarte?

Ah, sí, gracias.

Bueno, ¿ya está todo listo para la boda?

Aún faltan mil detalles.

Bueno, si en algo te puedo ayudar... Muchas gracias. Buenos días.

Buenos días.

Es tu prima, ¿no?

Sí.

Mira, Laura, te presento a Julieta Rentería, la esposa de Leandro, el socio

de Mauricio.

Ay, mucho gusto.

Había oído hablar de ti, pero no te conocía.

Yo también había oído hablar mucho de ti.

Leandro. ¿Sí? Aprovecho para avisarte que en cuanto me case, voy a poner mi

propio despacho.

¿Piensas disolver nuestra sociedad?

Así es.

He decidido trabajar en forma independiente.

Como ya encontraste tu minita de oro, ya no me necesitas, ¿verdad?

No, no.

No es eso.

Conmigo no tienes que fingir.

¿Fingir? Sí, fingir sobre las razones de tu independencia y sobre tu relación con

Laura.

No sé de qué me estás hablando.

Por supuesto que lo sabes.

Pero en eso y en lo profesional te voy a demostrar quién de los dos es mejor.

Laura será para mí.

Ay, pues te la regalo. Te la regalo, en serio. A mí no me importa.

Ya veremos si no te importa cuando te quedes sin ella y sin Regina.

Porque tarde o temprano, Regina se va a dar cuenta de quién eres.

¿Alguien se lo puede decir?

¿Me estás amenazando, Leandro?

No, yo no, exocio.

Pero existe un tal Noriega.

¿Noriega?

¿Qué sabes tú de él? No mucho.

Solo sé que es un matón que ha estado haciendo muchas preguntas sobre ti.

Algo con relación a un fraude o algo así.

Y estoy seguro.

que alguien como tu amigo Loriega estará muy interesado en saber sobre el

triángulo amoroso que existe entre Regina, Laura y tú. Si me metes en

problemas, te mato, Leandro. ¡Te mato!

¿Qué pretendías, Laura?

¿Por qué armaste todo este teatrito, eh? Ese es asunto mío. Y mío también, porque

me metiste hasta el cuello. ¿Ah, sí? Pues ese es tu problema.

Y vete al diablo.

No, no, chiquita.

La que se va a ir al diablo eres tú.

Cuando tu prima se entere de la verdad.

Cuando sepa que Mauricio y tú son amantes.

Cuando le diga que me enredaste solamente para hacerle creer que andabas

conmigo. ¡Estás loco!

No, no lo estoy.

¿Cuál era el plan, Laura?

¿Hacer que Mauricio y Regina se casaran para luego deshacerse de ella y ustedes

dos se quedaran con su dinero? ¡No!

¡Contéstame! ¡No!

Por supuesto que sí.

A mí no me engañas. ¿Y sabes por qué?

Mi vida, porque tú y yo estamos hechos de la misma madera.

Te conozco mejor de lo que crees.

Espérate a que Regina se entere de todo. Regina nunca lo sabrá. Por supuesto que

lo sabrá.

Yo se lo voy a decir.

¿Qué haces, Laura?

Ábrame la puerta, Laura.

Laura.

¿A dónde vas?

No. Que me hablas de la puerta, te digo.

¿A dónde crees que vas?

No seas niña, no seas payasa.

No. ¡Mátala, ya deja de estar jugando!

Te encargo al paciente de nuevo ingreso.

No te olvides de revisarlo cada media hora.

De acuerdo, no te preocupes, Octavio. Hasta mañana. Octavio.

Hola.

¿Te sientes mal?

No, ¿por qué lo dices?

Te veo pálida, muy nerviosa.

No, no, lo hizo bien.

¿Por qué no me invitas a tomar ese café que dejamos pendiente?

La verdad, no sé si tenga caso.

Por favor.

Está bien, vamos.

Pero, ¿qué te ocurre?

¿Estás temblando?

¿De veras te sientes bien? Sí, no te preocupes, no es nada.

Nos vamos.

Desafortunadamente sí lo ves, señora.

¿Y cómo ocurrió?

Alguien lo arrolló con el mismo automóvil de su esposa.

Esto es por haberte metido con mi marido.

Y esto es porque sé que tú, Eres la culpable de que Leandro esté muerto.

Todo va a salir bien.

Todo va a salir bien.

Tengo que darte una mala noticia.

Pero tienes que ser fuerte.

¿Qué pasó?

Leandro... ¿Qué?

Está muerto.

Octavio, ¿te puedo pedir un favor?

Claro, el que quieras, dime.

Si mi mamá te llega a preguntar a qué horas nos vimos ayer, ¿le puedes decir

que fue a las siete?

Sí, pero ¿por qué?

Pues es que yo le había dicho que nos vimos a las siete y si le cambio de hora

no hay no te imaginas todo lo que se arma.

¿Comandante Reina?

Comandante, no sé si me recuerde.

Soy Aida, la secretaria del señor Rentería.

Ah, sí, claro que la recuerdo.

¿Qué se le ofrece?

Comandante, creo saber quién mató al señor Rentería.

¿Quién?

Su socio.

Mauricio Padilla.

¿Hola, Mauricio?

¿Listo para el gran día o me vas a decir que lo estás pensando?

¿Y por qué dices eso?

No, por nada, simplemente era un comentario.

¿Cómo?

¿Te acuerdas de la foto de bodas de los papás de Regina que están en el

despacho? Sí.

Pues detrás de esa foto está nuestro pasaporte a la felicidad.

¿Sí, Mauricio?

Esa caja está llena de oro, dólares y joyas.

Imagínatelo, Mauricio.

Regina, mi mamá, todo el mundo esperándote en la iglesia mientras tú y

yo estamos abordando un avión que nos va a conducir a algún lado lejano donde

podríamos estar juntos.

Juntos, mi amor.

¿No te gustaría?

Muchísimo, mi amor.

¿Sabes lo que esto significa para mí?

Tú y yo.

Únicos para siempre.

Así es.

Para toda la vida.

Aquí tienes un pase de bola.

De nada.

Sus documentos, por favor.

Tía, no he sabido nada de él.

No, eso no puede ser. Mauricio está ahí adentro. ¿Dónde vas?

Pero, Regina, ¿dónde vas?

Espérame, hija.

Regina, por Dios.

Regina.

Regina, ¿dónde vas?

Mauricio. Espérate, hija.

Mauricio.

Regina, por Dios.

Padre, ¿dónde está?

Regina, ¿dónde vas? Debe de estar en la sacristía, padre. ¿Usted sabe dónde

está?

Aquí tiene su boleto y su paso laboral.

Sol Anselmo, ¿dónde está Mauricio?

No sabemos, hija.

No sabemos.

Ya hablé a todos los sitios donde podría estar.

Hospitales, delegaciones, Cruz Roja.

Y no tienen a nadie con ese nombre.

En su casa me contestó el conserje.

Me dijo que vio salir a Mauricio con una maleta y que le pagó por adelantado la

renta del departamento.

Muchas gracias. Y cinco minutos en la sala B. Gracias.

De nada.

Sus documentos, por favor. Gracias.

Sé que nunca me perdonarás lo que estoy haciendo, pero debemos aceptar a tiempo

que entre nosotros solo hubo un deseo carnal.

El amor es otra cosa.

Y yo amo tanto a Regina que no puedo irme contigo.

Pero a pesar de amarla como a nadie, estoy consciente de que dadas las

circunstancias, también debo dejarla a ella.

Regina no merece la vil actitud que ante ella tomamos dos personas tan nefastas

como tú y yo.

Por eso me alejo de ella, como deberías hacerlo tú.

Y si decides quedarte, espero que sepas aceptar y valorar a Regina.

Hasta nunca, Mauricio.

¿A dónde vas?

Regina.

¡Gracias!

Tengo algo que comunicarles.

Quiero informarles que me voy de México.

¿Quieres hacer un viaje?

No se trata de un viaje, tía.

Me voy a vivir a Los Cascabeles.

Me voy a quedar a vivir allá.

Suéltela. Suéltela.

No se atreva a tocar a esa muchacha.

Usted no se mete en lo que no le importa.

Yo me meto en donde se me da la gana.

No me diga.

¿Y usted quién es?

¿Qué demonios está haciendo aquí?

Eso es exactamente lo que quiero yo saber.

¿Quién demonios es usted?

¿Y qué hace aquí?

Soy Macario Robles, el capataz de los cascabeles. Y yo soy Regina Villarreal,

la dueña de los cascabeles.

¿Hay alguien ahí?

Quien quiera que sea, salga.

Le advierto que estoy armada.

Soy yo.

Y deje eso si no quiere lastimar a alguien.

¿Qué hace aquí?

Vine a recoger mis cosas y a preguntarle si no se le ofrecía algo.

Cuando se me ofrezca algo, yo se lo diré.

Ahora váyase y no vuelva a poner un pie en esta casa.

A menos que yo lo autorice.

¿Me entiende?

Perfectamente, señorita.

Nadie. Soy Regina Villarreal. Yo manejo mi destino y

mi vida.

¿Me entiendes?

A nadie le pertenece más que a mí.

Porque yo, yo soy la dueña.

Por esto, por esta tierra que ha pertenecido a este pasado.

Yo te juro, te juro que voy a tener la fuerza de mi vida para hacer

con mi vida lo que me dé la gana.

Porque yo, yo soy la dueña.

Ensíñeme este caballo.

¿Qué pasa?

Es que este caballo es el mío.

¿Y usted lo compró con su dinero?

No, pero es que... La única dueña de todo soy yo.

Ahora encílleme este caballo.

Lo espero en el picadero.

¿Me saludas a tus papás?

Oye, ¿quién es?

Nunca antes la había visto.

Ha de ser la nueva querida de don Macario. No, no creo. Es demasiado

bonita y distinguida para ese tipo.

A mí no me parece nada del otro mundo.

¿Y eso que se ve allá qué es?

Es la hacienda de los encinos.

¿De quién es?

De la familia Cortés.

Pero hace mucho que no viven ahí.

Sus tierras están prácticamente abandonadas.

Es una pena ver una propiedad en ese estado.

Usted podría comprarla.

Después de todo, está cerca de los cascabeles.

Hija, qué bueno que llegaste.

Estábamos preocupadas por ti.

No veo por qué.

Por lo visto no te da gusto vernos aquí.

Yo no les pedí que vinieran.

Pero si así lo decidieron, yo no tengo ningún inconveniente.

Buenas tardes.

Buenas.

Usted debe ser Macario Robles, ¿verdad?

Sí.

¿Y con quién tengo el gusto?

Con alguien a quien también le interesa que Regina se vaya a México y no regrese

a este rancho nunca más.

¿Qué desea, señorita Villarreal?

¿Es cierto que usted le disparó a mi ganado?

Sí, pero nada más para espantarlos.

Ya le he dicho a Macario que no quiero que sus animales abreven en los encinos.

Esta agua no les pertenece. Se la están robando.

Quiero que le dé un recado a sus patrones.

¿Cuál?

Díganles que para evitar que mis reces se roben su agua, que le pongan precio a

su propiedad, porque me interesa comprarla.

La hacienda Los Encinos no está en venta.

¿Y quién diablos es usted para meterse en lo que no le importa?

José María Cortés.

Hijo de los dueños de esta hacienda.

Y te repito que los encinos no se venden.

Pues no entiendo para qué quiere conservar esto teniéndolo tan

abandonado.

Pues ya no está abandonado.

Ahora estoy aquí.

Su presencia no será suficiente para sacar adelante esta hacienda.

¿Usted cree?

Sí. Porque para eso se necesita mucho dinero.

Y si usted no ha podido levantar una simple cerca, dudo mucho que pueda

reparar lo demás.

Luego te explico de qué habla la señorita, José María.

Considere mi propuesta, señor Cortés.

Nadie va a pagarle un mejor precio que yo.

Mejor dígame una cosa.

Siempre es así de soberbia.

¿Pero cómo se atreve?

Por lo visto no tiene la menor idea de con quién está tratando.

La verdad, no.

Como no ha tenido la delicadeza de presentarse.

Soy Regina Villarreal, la dueña de los cascabeles.

Ah, pues mucho gusto.

Me alegra mucho tener una vecina tan encantadora como tú.

No sé de qué hablas.

Lo sabes muy bien.

¿Ya se te olvidó que andabas disparándole a mi ganado?

Pero no sé a qué viene tanto enojo si no hería ningún animal.

Pues dale gracias a Dios, porque tú sabes lo que vale cada uno de esos

becerros. Y dudo mucho que hubieras podido pagarlo.

No todo el mundo se hace rico robándole a sus patrones como tú, Macari.

¡Te voy a dar una lección!

Para que aprendas a no andar diciendo tarujadas. ¡Suéltalo!

¿O será usted el que reciba la lección?

No sé quién seas, muchachito.

Pero este asunto no es contigo.

Todo lo que ocurra en esta hacienda es asunto mío, señor.

Con Goyo no tendrás una pelea pareja.

Así que ajustaremos cuentas tú y yo.

Un día voy a aceptar tu oferta.

Pero el día que yo lo decida.

Estoy a sus órdenes.

Soy Regina Villarreal.

¿Querías verme?

Sí. ¿Qué se te ofrece?

Esto.

¡A mí nadie me pega!

Pues entonces no te andes metiendo con cuanto hombre se te cruce en el camino.

¡Yo no ando metida con ningún hombre!

Eres una verdadera hipócrita, Regina.

Mucha gente te vio paseándote por todo San Ignacio con mi novio Ismael.

El apodo de víbora te cayó como anillo al dedo.

Regina, ¿qué estás haciendo?

Te largas de mi casa en este instante.

¿Me oyes, Laura?

Te me largas, pero ya. ¿Qué te pasa?

No estoy dispuesta a que me involucres en tus estupideces.

¿Estupideces? Yo no tengo por qué dar la cara ni por ti, ni por nadie. No sé de

qué me estás hablando.

Una tal Fabiola me insultó y me abofeteó.

Porque según ella yo quiero quitarle a su novio Ismael. Pero yo no tengo

nada... No he terminado.

Dice que anoche me vieron paseándome por todo el pueblo con él.

¿Y yo qué tengo que ver en eso? Fuiste tú la que anduvo con ese idiota.

Ayer te desapareciste y nadie sabía dónde estabas.

¿Lo vas a negar? No, no lo voy a negar. Pero me importa lo que digas.

Te conozco a la perfección.

Nunca has tenido el menor pudor para enredarte con cualquiera que se te cruce

en el camino.

Eso no es cierto.

Pues si eso es lo que quieres, hazlo en otra parte.

Porque aquí en mi casa, no.

¿Sabes cuál es tu problema, Regina?

Que no puedes soportar que a mí sí me interesen los hombres.

No puedes soportar que yo sí tenga la ilusión de encontrar una pareja para

casarme algún día.

Pero yo no tengo la culpa de lo que te hizo Mauricio. Y tampoco tengo la culpa

de que te hayas convertido en una amargada.

Tienes media hora para largarte de los cascabeles.

¿Pero qué no entiendes que nosotras no somos tus enemigas?

Al contrario, hemos tratado de apoyarte en todo.

De demostrarte nuestro cariño en todas las formas sabidas y por haber.

Pero tú no te cansas de rechazarnos.

Yo no necesito que me ayuden.

Sí. Ya sé que eres lo suficientemente fuerte como para no necesitar a nadie.

Así es.

Bien. Pues entonces... Tampoco tiene caso que yo me quede.

Así que... Me voy con mi hija.

¿Y a ti te simpatiza la señorita Regina?

Pues se portó muy bien conmigo, con mi mamá y con mi hermana.

La gente dice que es mala como una víbora, pero yo no creo.

¿Por qué?

Porque las víboras son muy feas y la señorita Regina es muy bonita.

Yo opino como tú.

¿Usted la conoce?

Sí.

¿Verdad que sí es re bonita?

Sí.

Es la mujer más bonita que he visto en mi vida.

No estamos haciendo nada malo, Chuy.

Solo estamos visitando la hacienda.

Mejor vámonos.

Está bien, Chuy, vámonos.

¿De dónde vinieron esos balazos?

De la casa de la señorita Regina.

Agárrate fuerte, Chuy. Sí, señor.

Pásate de aquí.

A ver, súbela.

Pero, ¿qué le haría? ¿Cómo pudo pasar esto?

Recárgate, hija, recárgate.

Blanca, ve inmediatamente a buscar quien los lleve a San Ignacio. Anda, muévete,

niña. Sí, señora.

No te asustes, hija. Todo va a estar bien. Vas a ver.

Oímos unos disparos. ¿Qué pasó?

A la señorita Regina la mordió una víbora de cascabel y quiso matarla con

una pistola. ¿Qué?

¿Y cómo está?

Se la quieren llevar a San Ignacio. Voy a buscar a alguien quien la lleve.

¿Dónde está ella?

¿Ya te duele mucho?

Ay, no sé.

Tengo entumido el pie.

Ay, ya no lo siento.

Ay, Dios mío.

¿Dónde te mordió la víbora?

¿Qué hace aquí?

¡Salga inmediatamente!

Contéstame, ¿dónde te mordió la víbora?

Eh, cerca del tobillo.

¿Tienen aquí alguna inyección de cortisona? No, yo no sé. Hay que

llevarla a San Ignacio. En el centro de salud tienen que tener. No hay tiempo de

llegar allá y no podemos correr ese riesgo.

Pronto, traiga alcohol.

Sí.

Ay.

Oiga, ¿qué me va a hacer?

Una pequeña incisión para extraer el veneno.

¿Crees poder aguantar?

Por supuesto que sí.

No sea ingenuo, Macario.

De veras piensa que Regina se ve nada más por ver una viborita en el baño.

Lo creí más inteligente.

Confía en mí.

De que su prima se regresa a México, se regresa.

Apóyate bien, no te vayas a caer. Con permiso.

Óigame.

Oiga, ¿dónde la lleva?

Suélteme, por favor.

Yo no voy a ir con usted a ningún lado. Oiga, ¿qué le pasa?

Es más práctico, señorita.

¿Te sientes mejor?

Sí, mejor.

Y de una vez le digo que no crea que le voy a estar eternamente agradecida.

Eso es lo último que hubiera esperado de ti.

Deje de tutearme, ¿quiere?

Perdone usted, señorita.

Una más de sus burlas y en este momento me bajo.

De aquí a la casa yo puedo caminar sola.

Gracias.

Por nada.

¿Qué pasó?

¿Tenía la medicina? Cuánta pregunta.

Estoy bien.

Qué bueno.

Eso quiere decir que ya no hay peligro.

Supongo que no.

Entonces, ya me puedo ir tranquila.

Nada más te estaba esperando para despedirme.

Adiós, hija.

Y que Dios vea por ti.

Tía.

Esperen.

Por favor, no se vayan.

Se portó el tal José María, ¿verdad?

Se ve que es un hombre con carácter. Y por si fuera poco, con buen sentido del

humor. A mí me parece un lambiscón y un oportunista.

¿Pero por qué dices eso?

Porque seguramente está buscando la manera de quedar bien conmigo para sacar

algún provecho.

Como le dije que quiero comprar su hacienda. ¿Pero por qué de entrada

tienes que pensar mal de él? No todos los hombres son como Mauricio Padilla.

Creí que había quedado muy claro cuando les prohibí mencionar a ese hombre. Está

bien. No te enojes.

Pero José María es diferente.

Quería ver a la señorita Regina.

¿Puedo pasar?

Claro que sí. Adelante, Chuy.

Aquí le traigo estos huevos.

Se los manda mi mamá.

Dicen que son para que se ponga fuerte y se alivie pronto de su pie.

Dile a tu mamá que se lo agradezco mucho.

Y esto es de mi parte.

Mía nada más, ¿eh?

Están muy bonitas.

Muchas gracias, Chuy.

Martina, dale algo de fruta a Chuy para que se lo lleve a su hermanita.

No, no.

Antes de salir, don José María me dijo que no aceptara nada.

O sea que el que te mandó con estos regalos fue don José María y no tu mamá,

¿verdad?

No.

Bueno, bueno, sí.

No te preocupes, Chuy.

Gracias de todas maneras.

De nada.

¿Usted cree que soy una tonta?

¿Qué es lo que pretende con su aparente amabilidad?

Solo quiero que nos hagamos amigos.

Si somos vecinos, pues lo lógico es que llevemos una buena relación.

¿No te parece?

No, no me parece.

¿Cómo puedo hacerle entender que a mí no me interesa ni su amistad ni nada que

tenga que ver con usted?

¿Por qué y contra quién tienes tantos resentimientos, Regina?

Eso es algo que a usted no le importa.

Deje de tutearme.

¿Sabes qué?

Por más que le doy vueltas al asunto, no logro explicarme por qué una mujer tan

bonita como tú, que lo tiene todo, puede ser así.

Pues ya ve.

Es una lástima que a tu edad ya seas una mujer tan amargada.

¡Imbécil!

Suélteme.

Va a pagar muy caro lo que acaba de hacer.

Cualquiera que haya sido el precio, habrá valido la pena.

Aquí está tu cambio, Blanquita.

Cuéntalo. No es necesario, ma.

Confío en ti.

Pero yo no.

Así que mejor cuéntalo.

Lo voy a hacer la vez.

Gracias por todo, Ismael.

Cuando quieras.

Regrésate con Ezequiel.

¿Pero usted cómo se va a regresar? Luego veo.

Ándale.

Oye, ¿y no te vayas a perder, José María?

Claro que no. Ya te dije que vine para quedarme. Qué bueno. Hola.

Hola, Laura. ¿Cómo está?

¿Qué haces por aquí?

Bien. Vine a conocer tu tienda.

Está muy grande y muy bonita. A tus órdenes. Gracias.

Bueno, yo ya me voy. Nos vemos luego.

No, no, espérate, José María.

Mira, te quiero presentar a Laura.

Ella también acaba de llegar a San Ignacio.

Él es José María Cortés. Es un viejo amigo de la infancia.

Mucho gusto.

Hola, mi amor.

Fabiola.

¿Qué haces por aquí?

Pues, vine a invitarte a comer a casa, como siempre comes solito.

¿No nos vas a presentar a tu novia, Ismael?

¿Quién es esta mujer, Ismael?

Es... es Laura.

Es la novia de José María.

¿Verdad que hacemos una linda pareja?

Gracias por no haber desmentido a Ismael.

Pues a mí me gustaría saber por qué inventó eso.

Es que Fabiola es muy celosa y no le gusta que tenga amigas.

Sí, se nota que es muy posesiva.

Sí, pero no vayas a creer que hay algo entre Ismael y yo, ¿eh? Nada más somos

amigos. O por lo menos de mi parte.

Y espero que ahora no seas tú el que se meta en problemas por mi culpa.

¿Problemas?

Pues sí.

Aquí la gente es muy chismosa y podrían de verdad pensar que somos novios.

No te preocupes. No creo que llegue a tanto.

¿Y si sucediera?

¿Hay alguien de tu parte que te celaría?

No.

Salga de aquí.

¿Te sientes muy segura aquí?

Pues te equivocas, Blanquita.

Salga de aquí o grito para que venga la señorita Regina y lo ponga en su lugar.

Grita todo lo que quieras, que de nada te va a servir.

¿Sabes por qué?

Porque la señorita Regina a mí me hace los mandados.

Finalmente no es más que una mujercita como todas.

Y si yo quiero, puedo ponerla en orden y hacerla mía en el momento en que se me

dé la gana.

¿Estás seguro, Macario?

¿De veras puede hacerme suya cuando se le dé la gana?

¿De verdad se siente tan hombre?

¿Quién se cree a usted para hablar así de esa manera?

A partir de este momento usted ya no trabajará más en los casaderos.

No puede hacerme eso.

Usted me necesita. Yo no necesito a nadie.

Y mucho menos a usted.

Espere, señorita.

¡Señorita! ¿Seguro que ya entendiste?

Sí, claro.

Bueno, pues ahora te toca hacerlo a ti sola.

¿Sola? Sí, hola.

¿Qué te pasa? ¿Tienes miedo?

No, no, no. Lo que pasa es que como tu caballo no me conoce, pues a lo mejor no

me obedece. No, no te preocupes.

Tú solamente haz todo lo que yo te di.

¿Está bien?

¡Jálale!

¡Jálale la hacienda tantito!

¡Jálale duro!

Laura. Si algo le pasa a mi prima, usted va a ser el único culpable.

No vuelva a acercarse a mi familia.

Hija, ¿qué te pasó?

Mi amor.

Ay, no. Por favor, no.

Otra vez, no.

Tía.

Laura ya nos ha demostrado que es fuerte.

Vas a ver cómo supera esto también.

Regina, por favor, vamos a llevarla a la ciudad más cercana donde hay un hospital

para que la atiendan. La ciudad más cercana está dos horas de aquí, tía.

Mejor vamos a esperar a que llegue el médico. No, yo no puedo quedarme con los

brazos cruzados esperando que vuelven sí. No puedo.

Tía, no te preocupes.

Hay que tener un poco de calma. El médico ya no debe de tardar, tía.

Ay, vienen.

Yo creo que se les descompuso la camioneta a mi papá porque vienen en

otro coche.

Ay, por fin.

Ve a avisarle a mi tía que ya llegó el doctor.

Yo me quedo aquí para recibirlos.

Sí, señorita.

¿Quién diablos eres tú y qué haces aquí en mi casa?

Contéstame.

Soy Virginia Villarreal y no estoy aquí por gusto.

Por culpa de José María Cortés, mi prima está en estado de coma en una de las

habitaciones.

¿Mi hijo tiene una mujer accidentada aquí?

¿Su hijo?

¿Dónde está él?

En su habitación.

Buenas tardes.

Buenas tardes.

Severiano Cortés a sus órdenes.

Supongo que usted es amiga de mi hijo José María.

Yo... yo soy Regina Villarreal.

No puede ser.

Entonces tú eres hija de Heriberto y Margarita Villarreal.

Sí, señor.

Claro, tienes los mismos ojos que tu madre.

Pues me da mucho gusto conocerte y bienvenida a esta tu casa.

Gracias, señor Cortés. Papá.

¿Cómo estás, hijo?

Laura.

Qué alivio verte despierta.

Aquí está el doctor.

Ay, qué bueno. Doctor, es por aquí. Sí.

¿Regina?

Octavio, ¿qué haces aquí?

¿Qué importa eso ahora? Lo importante es que revise a Laura.

Sí, ya me informaron que se cayó del caballo. Si me permiten.

Yo espero afuera.

Nosotras también.

Vamos, tía.

Sigue la luz, por favor.

Ya podemos llevarla a la casa, ¿verdad?

Bueno, eso depende de cómo se sienta ella.

El dolor de cabeza le va a durar todavía un buen rato.

Y puede ser también que la sensación de mareo.

Si Laura quiere pasar la noche aquí, no hay ningún inconveniente.

No creo que sea necesario.

Bueno, a mí no me gusta dar molestias, pero no quiero arriesgar la salud de mi

hija. ¿Tú qué dices, Laura?

No sé, es que yo de veras me siento muy mal.

Yo creo que me quedo aquí, Regina.

Como quieras.

Yo me voy porque no aguanto estar aquí ni un minuto más.

Fui muy clara cuando le dije que no quería volverlo a ver en mis tierras.

Me voy en cuanto termine de atender a su caballo.

A menos que usted no quiera volver a montarlo.

¿Qué tiene mi caballo?

Un tendón lastimado en la mano derecha.

Y si no se le atiende, pues, le aseguro que va a cojear el resto de sus días.

¿Qué le pasó?

Parece que se cayó en un hoyo.

Y ahí tiene las consecuencias.

Eres un inepto, Ezequiel.

Sabes muy bien que este animal solo lo monto yo.

Señorita, es que yo... ¡Cállate!

Te juro que si mi caballo no se recupera...

Perderás algo más que tu trabajo.

El cuarto es modesto, pero espero que estés cómodo.

No se preocupe por eso, padre.

Le agradezco que me lo rente porque necesito un sitio donde quedarme.

¿Es la primera vez que vienes a San Ignacio?

Sí.

¿Por qué decidiste hacer tu servicio social aquí?

Este... Bueno,

esta fue la plaza que me asignaron.

Pues, bienvenido.

Yo ya regresé a Los Cascabeles.

De manera que tú ya no eres nadie.

No me digas.

Si antes estabas bien parado en esta hacienda, era por mí.

Pero ahora yo me voy a encargar de que la dueña te eche de aquí.

Pues, si yo me voy.

Tú también te vas conmigo, Macario.

¿Ah, sí?

Yo voy a hablar con la dueña para ponerle al tanto de tus movidas chuecas

y del provecho que le ha sacado a su hacienda.

También voy a hablar con la Consuelo para decirle lo que has querido hacer

con su hija.

No le busques a Ezequiel.

Así que ándate con cuidado.

Tú sí tienes cola que te pisen.

Tanto que hasta te pueden meter a la cárcel.

Bendito sea Dios que ya llegaste.

Ya me tenías con pendiente.

¿Qué pasó en Los Cascabeles?

¿Fue la dueña la que tuvo el accidente?

No, fue la señorita Laura.

¿Y cómo está?

Está bien.

¿Por qué tardaste tanto?

Es que el caballo de la dueña se lastimó una pata y tuve que quedarme a

atenderlo. ¿Pero qué es esa mancha que traes en la camisa?

Parece sangre.

Ah, pues ya te dije que el animal se lastimó una pata y pues lo estuve

curando.

¿Cómo amaneciste?

Vas a ver que todo va a salir muy bien.

Bonito.

Yo te voy a cuidar.

Está muerto, Martina. Yo lo vi, está muerto.

¿Qué? ¿Cómo contesta?

Está ahí.

¿Qué pasa?

Es Ezequiel.

Ezequiel está muerto.

¿Ezequiel?

¿Cómo que está muerto?

La señorita Regina lo encontró en las caballerizas.

Dice que tenía la cabeza llena de sangre.

Era de esperarse que alguien como Ezequiel terminara mal.

¿Cómo puedes decir eso, mamá? Se trata de la vida de una persona.

Además, hay otros peores que sí se merecen un castigo, no Ezequiel.

Bueno, ya, dejen de discutir. Vamos.

Luego te veo, Consuelo.

Hoy en la madrugada aparece muerto uno de los trabajadores.

Y le quieren echar la culpa a mi niña.

Ella tendrá el carácter que usted quiera, pero le juro que no es capaz de

matar ni una mosca.

¿Quién dice usted que se la llevó? El síndico del pueblo.

Soy el abogado de la señorita Regina Villarreal.

Yo no necesito ningún abogado, y mucho menos a usted.

No sea soberbia.

No estoy haciendo esto por ti, sino por tu familia.

Perdóname, señor, pero usted no puede detener a la señorita Regina.

Para su información, señor abogado, su cliente no está detenida.

Entonces, ¿ya se puede ir?

Antes, necesito que me llegue el reporte del médico que va a dar fe de la muerte

de Ezequiel García.

Quiero tenerlo para aclarar algunos detalles con la señorita.

¿Qué detalles?

Si es verdad que el señor García murió por una patada de caballo.

En este reporte no se aclara si el señor García murió por la patada del caballo o

no.

Sí, señor Salazar, pero es que es imposible demostrar en una autopsia.

En este caso me atrevo a pensar que sería lo más lógico.

El que sea lógico no significa que sea cierto. Sí, sí, sí.

Entiendo a lo que se refiere, pero suponiendo que el golpe haya sido

provocado por alguien, dudo mucho que lo haya hecho una mujer.

¿Por qué?

Bueno, fue un golpe muy fuerte y generalmente las mujeres no tienen tanta

fuerza.

Está bien, señorita. Se puede retirar.

Pero hasta que no se aclare si fue el caballo o no, usted no puede salir de mi

jurisdicción.

Buenas noches, José María.

Buenas, Macario.

Despacio.

Que hoy sí nos vamos a dar tiempo de arreglar unas cuentas pendientes.

¿Cuentas pendientes?

No creo deberte nada.

Por lo visto tienes mala memoria.

Ya son varias cositas. Y la más importante se llama Regina Villarreal.

Me gustaría saber qué quieres tú con ella.

No es asunto suyo.

Todo lo que tenga que ver con la señorita Regina es asunto mío.

Así que por la buena, te voy a advertir que no te vuelvas a acercar a ella.

Con permiso.

No me interesa quedarme a escuchar amenazas.

¿Y tampoco te interesa saber quién es tu verdadero padre?

¿Qué quiere decir con eso?

No lo digo yo.

Lo dice todo San Ignacio.

Tú no eres hijo de Severiano Cortés.

Eso es para que aprendas a respetar a mi familia.

El que vas a aprender a respetarme eres tú. Cuidado, José María.

De esta nadie te salva.

Por favor, por favor, Macario, suelta eso.

Usted haga su lado, señorita.

Vete de aquí, Laura.

Y no te preocupes.

Que este señor no se va a atrever a disparar.

No hables por mí, muchachito. Que todavía no me conoces.

Suelta esa pistola, Macario.

Que la sueltes, te digo.

Este no es el sitio para un pleito de cantinas.

¿Qué no ves dónde estás?

¿Por qué te empeñas en comportarte como una bestia?

A mí el que me busca, me encuentra.

Pues yo no quiero volver a encontrarte aquí haciendo tus bravuconados en mi

iglesia.

¿Tú conoces a un tal Macario Robles?

¿Macario?

¿Por qué lo preguntas?

Contéstame, mamá.

¿Lo conoces?

Bueno, tanto como conocerlo, no.

Pero ya ni sé si vive por aquí, ¿no?

Sí, sigue viviendo por aquí.

Yo quiero ver esta hacienda próspera y floreciendo como antes.

Y no voy a descansar hasta que lo consiga.

¿De veras te entusiasma la idea o simplemente lo estás haciendo por mí?

Por ambos, papá.

Yo no vine aquí de vacaciones.

Este es el proyecto de mi vida.

¿Estás seguro de que eso es lo que quieres?

Sí.

Yo sé que me va a costar mucho trabajo, pero...

Estoy tranquilo porque cuento con tu asesoría y con la de Goyo.

No sabes lo orgulloso que me siento de ti, José María.

Porque lo heredé de ti.

Ese es mi miedo.

Que también hayas heredado muchos de mis sueños locos.

Te admiro tanto, papá. Que aunque no fueras mi padre, compartiría contigo

esos sueños locos.

Como tú los llamas.

¿Por qué dices que... aunque no fuera tu padre?

¿Por nada?

¿Fue una manera de hablar nada más?

Mira, Laura, yo no soy una mujer a la que le gusta andar con rodeos, así que

te voy a preguntar lo mismo que te pregunté hace unos días.

¿Qué relación tienen mi hijo y tú?

Ay, señora, ya le dije que nada más somos amigos.

Bueno, pues el rumor general es que ustedes son novios.

¿Es cierto eso?

No, todo fue una broma de Ismael.

Muy bien, voy a creerte.

Pero contéstame a esta pregunta con toda sinceridad.

¿A ti te interesa mi hijo?

Respóndeme, hija.

Quiero saber cuáles son tus intenciones con él.

Pues, José María es un muchacho muy atractivo.

Con mucho carácter y mucha personalidad.

Y bueno, ¿qué más quiere que le diga, señora? Yo pienso que cualquier mujer se

sentiría orgullosa de tener una pareja así.

Bueno, no estamos hablando de cualquier mujer, sino de ti.

Sí.

Es que hay algo en lo que no coincidimos, señora.

Mire, José María quiere vivir aquí en San Ignacio y yo soy una gente de

ciudad.

Y dudo mucho que pudiera...

Pues vivir en el campo, volverme gente de campo por más enamorada que pudiera

estar.

Me gusta que hables con claridad.

Creo que tú y yo vamos a entendernos muy bien, Laura.

Yo la siento tan desvalida.

¿Dijiste desvalida?

Sí, papá.

A pesar de lo que piensa el resto de la gente, yo creo que Regina es una mujer

muy atormentada.

¿Qué te hace atormentada?

Algo muy serio debe estar sucediendo dentro de ella que la hace comportarse

de esa manera.

Pero no creo que sea una mujer perversa.

¿Qué perversa ni que ocho cuartos?

Por lo menos de apariencia.

Es un verdadero ángel.

Quisiera ayudarla de alguna manera.

Pero cada vez que he intentado acercarme, ella simplemente no me lo

permite. Es más, hace hasta lo imposible por rechazarme.

por demostrar que no necesita nada de mí.

Ten cuidado, hijo, ten cuidado, ten cuidado.

Te recuerdo que no hace mucho por empeñarte a ayudar a una mujer saliste

muy perjudicado.

Uy, doña Martina, don Macario no respeta a ninguna mujer. La toma y luego las

tira. Y cuando a una le gusta, no descansa hasta hacer la suya. Ay, Jesús.

Dicen por ahí que lo que pasa es que se quiere vengar por lo que le hizo una

mujer hace muchos años.

Que dice que estaba muy enamorado de ella, pero ella prefirió a otro. Por eso

él nunca se casó.

¿Qué pretendías hacer invitando a Laura, mamá?

Enterarme de cuál era la relación entre ustedes.

Ya te lo había dicho.

Bueno, digamos que ella me lo confirmó.

Mamá, no te metas en mi vida.

No me andes investigando.

No quieres estar enterada de todo lo que hago, dejo de hacer.

Soy tu madre y tengo derecho.

No, no tienes ningún derecho.

El que tú me hayas dado la vida no implica que tenga que seguir atado a ti

para siempre.

No me hables así, José María.

Entonces no me obligues a hacerlo.

No permitiré que estés encima de mí todo el tiempo.

Si tengo que dejar de verte el resto de mi vida, estoy dispuesto a hacerlo,

mamá.

Aunque eso signifique dejar de ver a mi padre también.

Tú no puedes hacernos eso.

Tú no puedes voltearnos la espalda cuando más te necesitamos.

Tú no necesitas a nadie, mamá. Pero tu padre sí.

Él está enfermo.

Muy enfermo, José María.

A tu padre le queda muy poco tiempo de vida.

Está desahuciado.

Eso no es cierto.

No puede ser cierto.

Lo dices para chantajearme.

¿Me crees capaz de mentir con algo así?

Por eso acepté venir a los encinos para acompañarlo.

¿Por qué no me lo habías dicho, mamá?

Porque sabía lo que te iba a afectar.

Yo sé lo mucho que lo quieres.

Por favor, mamá.

Soy un hombre de casi 30 años.

No tienes que tratarme como si fuera un niño.

No es momento para discutir.

Solo te voy a pedir un favor.

Sé muy prudente, porque él no sabe la gravedad de su enfermedad. Él cree que

lo que tiene son simples achaques.

No, te equivocas, Emma.

Estoy perfectamente enterado de todo.

Aunque los médicos no me lo hayan dicho, yo siempre he sabido que el final está

muy cerca.

Por eso era mi necedad de regresar a los encinos, ¿me entienden?

Aquí nací.

Aquí voy a morir.

A ver tú, explícale a la patrona.

Pues, este... ¿Qué?

Resulta que hoy faltaron cuatro peones.

Pues a mí se me hizo muy raro.

Y pues resultó que se fueron a trabajar a los encinos.

Los malagradecidos ni a Dios dijeron.

Pues entonces que el señor Cortés les pague su liquidación.

porque yo no les voy a dar ni un solo centavo.

A ver si el señorito ese no termina por llevarse a toda nuestra gente. Ay, que

ni se atreva.

El problema es que ella no es tan importante como tú.

Digamos que me queda chica.

Lo que te queda chico no es Fabiola, sino este pueblo.

Es lo que pretende, señor Cortés.

Arreglar esta cerca como tú misma me sugeriste.

Usted sabe que no me refiero a eso, sino a los hombres que me robó.

¿Que yo robé?

¿No te parece que ya están muy grandecitos como para que yo me los haya

robado? Se cree muy chistosito, ¿verdad?

Mira, Regina.

Esta gente vino aquí por su propia voluntad.

Si no me crees, pregúntales a ellos. Lo que dice el patrón es cierto.

Nadie nos obligó a venir.

Nosotros venimos por nuestro propio gusto.

Son unos malagradecidos.

No se trata de agradecimientos, Regina.

Cualquiera se harta de tener una patrona con un genio como el tuyo.

Hasta yo, que soy un hombre tan paciente, estoy empezando a hartarme.

Muy bien, señor Cortés.

Yo misma me voy a encargar de quitarle esa sonrisita estúpida.

Me voy a encargar de hundirlo.

Seguro que en todo el estado no encontrará mejor ganado que este.

Le creo.

Pero el precio es exorbitante.

Sobre todo el del semental.

Vamos a decir que sí.

Pero es un maravilloso ejemplar.

Le garantizo que en muy poco tiempo duplicará las cabezas y también su

inversión.

Muy bien.

Acepto el trato.

Es muy triste darse cuenta de que finalmente uno está solo en la vida.

Y que ya no puedes confiar ni en las personas que quieres.

¿Tú puedes confiar en mí?

Y déjame decirte algo más.

No importa lo fría y grosera que te puedas portar conmigo.

No importa si a fin de cuentas nos llevamos la misma sangre.

No puedo creer que todavía esté ahí.

Agárrate, Chuy.

Vamos.

¿De quién es esta casa?

Mía.

Mi padre me la construyó cuando yo tenía tu edad.

Aquí venía cuando me regañaban o hacía alguna travesura.

O simplemente para estar solo.

¿Te gusta?

Mucho.

Pues desde ahora esta cabaña va a ser tuya y mía.

¿Qué te parece?

Pero vas a tener que ayudarme a arreglarla un poco.

Claro. ¿Cuándo empezamos?

Muy pronto.

Le aseguro que a ese tipo no lo va a espantar con palabritas.

Tan es así que está a punto de comprar unas cabezas de ganado para echar a

andar su hacienda.

¿Cómo sabes?

Aquí todo se sabe, señorita.

Y déjeme decirle algo.

Si eso le funciona, no habrá poder humano que lo haga irse de los encinos.

Y puede que con el tiempo...

Hasta nos haga la competencia. Eso está por verse.

Pero todavía podemos hacer algo para darle el tiro de gracia.

Ya te dije que no me gusta la violencia.

Lo que le voy a proponer no tiene nada de violento. Por el contrario, es una

forma muy fina de aplastar a gente como José María Cortés.

Está bien.

Mira, aquí entre nos.

Yo he sabido que José María es muy extraño.

Mis papás no me han contado con lujo de detalles, pero los he escuchado hablar

de él.

¿Ah, sí?

A ver, cuéntame.

No sé qué fue lo que pasó.

El caso es que parece que él se equivocó en algo y provocó un gran escándalo.

Por eso es que a mi mamá no le da ni tantita confianza.

¡Calmate! ¡Calmate, José María! ¡Espérate! ¡Calmate! ¿Cómo quieres que

me calme?

Este hombre y yo habíamos hecho un trato.

Y no puede echarse para atrás así como así.

Si quiere, puedo ofrecerle otros becerros.

Están muy pequeños, tendría que esperar un par de años para que puedan producir.

Gracias, pero no me interesan sus sobrantes.

Dígame una cosa, ¿a quién le vendió el ganado?

Vaya, vaya.

Así que vine a mi empacadora a hacer alarde de sus buenos modales. ¿Por qué

me quitaste ese ganado, Regina?

Para demostrarle que puedo más que usted.

Que mis amenazas no son solo palabras.

¿Por qué me odias tanto, Regina?

¿Qué daño te hice?

¿Qué fue lo que te molestó tanto de mí?

¿Que me negara a venderte mi hacienda?

¿O que te besara la fuerza?

Porque si fue eso, déjame decirte que puedo hacerlo cuando me dé la gana.

Es usted un verdadero patán. Y tú una niñita mimada y malcriada.

¡Suélteme!

¡Suélteme! Lo voy a hacer cuando te arrodilles.

Y delante de todos me pidas disculpa.

Primero muerta.

¡Suélteme!

Disculpate, Regina.

Estoy esperando a que me pidas perdón.

¡Suélteme!

¡Son una bola de cobardes todos ustedes!

¡Nadie movió un dedo para defenderme!

¡Imbéciles!

Usted humilló primero al señor y perdone que le diga esto, pero si usted no

hubiera hecho algo parecido, yo le respondería de la misma manera.

Lamento mucho lo que ocurrió, señorita.

Ya puse a Fortunato en su lugar por no defenderla.

Le aseguro que si yo hubiera estado presente, José María Cortés no se habría

atrevido a tocarla. Es un estúpido.

Esto no se puede quedar así, señorita. Por supuesto que no se va a quedar así.

Déjeme arreglarlo a mi modo.

Déjeme darle una escarmentadita.

¿Estás segura?

Mire, yo mismita los oí.

Y si se lo cuento es porque me da mucho miedo de que vaya a haber una tragedia.

Porque don Macario es un maldito. Sí, pero mi niña no.

Yo no puedo creer que ella le haga daño a alguien.

Inclusive al joven José María.

¿Es cierto que mandaste a Macario a golpear a José María Cortés?

¿Quién te lo dijo?

¿Es cierto, sí o no?

Sí, es cierto.

Ese hombre me humilló como nadie lo había hecho y va a pagar por eso.

Yo no sé por qué odias tanto a ese muchacho ni tampoco sé qué hizo para

humillarte, pero nada justifica que uses la violencia para resolver tus

problemas.

El señor Cortés necesita que le den un escarmiento para que aprenda a

respetarme. ¿Pero no te das cuenta de que Macario puede lastimarlo muy

seriamente? ¿Que puede hasta matarlo?

No exageres, Martina. No estoy exagerando y tú lo sabes muy bien.

Iba a buscarte, pero me da gusto encontrarte aquí.

¿Para qué soy bueno?

Para que arreglemos unas cuentas pendientes.

Y esta vez no son las mías, sino las de la dueña.

Reconozco que lo que hice fue una cobardía.

Y me arrepiento de haberlo hecho.

Pues para que no se te olvide, voy a darte una lección.

A ver si así aprendes a respetar a la dueña de los cascabeles.

Una pregunta nada más.

¿Regina lo mandó o este numerito corre por su cuenta?

Digamos que la decisión fue compartida.

¿Satisfecho? Absolutamente.

Y ya puede sacar su pistola.

Está en el lugar ideal para matarme sin que nadie se dé cuenta.

No me des ideas, porque a lo mejor te hago caso.

Ándale, Macario.

Dispare.

Así terminamos con el problema de una vez por todas.

Tienes razón.

Este problema hay que cortarlo de raíz.

Ese coche viene muy lejos.

Todavía tienes tiempo de matarlo y salir corriendo.

¿Qué esperas?

Regina.

Guarda esa pistola, Macario.

Esta es nuestra oportunidad de deshacernos de él. Y podemos hacerlos

sin testigos.

No digas estupideces y dame esa pistola.

Que me des esa pistola, te digo.

No se preocupe, que no pienso usarla.

Con este niñito me bastan con mis propias manos.

De todas maneras, quiero que me la des.

¡Obedece, Macario!

Ahora vete de aquí.

Mañana hablamos.

No pienso dejarla sola con este tipo.

¡Hazme caso y vete!

Primero lo mandas a que me mate y ahora decides perdonarme la vida.

¿Por qué?

Yo no lo mandé a matar, a pesar de que se lo merecí.

Reconozco que me porté muy mal contigo y te pido perdón.

Lo que usted me hizo no se lo voy a perdonar nunca y de alguna manera lo va

a pagar.

Regina, ¿no te parece que estuvo ya bien de tanto recelo?

Te vuelvo a preguntar lo mismo.

¿Por qué me odias?

No se me acerque.

Por Dios, no empieces a amenazarme tú también con esa pistola.

Es mejor que me la des.

No tienes la menor idea de cómo usarla.

Que no se me acerque, le digo.

No te voy a hacer nada.

Ni te voy a volver a besar a la fuerza, ni te voy a obligar a que te arrodilles

frente a mí.

Aunque ganas, no me falta.

Me refiero a besarte, claro.

No me toques.

Cuando dame esa arma, no quiero que suceda un accidente. Suélteme.

Que me suelte. ¡Suéltame!

Ay, Dios mío.

Perdóneme, por favor. Yo no sé cómo pudo... Se me hace muy raro que José

María no haya venido por mí.

Seguramente no tardará.

Me preocupa porque tal vez Severiano se volvió a poner mal.

¿No le quieres hablar por teléfono?

Ese teléfono no funciona.

Quién sabe desde qué tiempo.

Pero espero que José María no tarde.

Si estás preocupada, yo puedo llevarte con mucho gusto.

Vamos.

Yo lo veo muy mal.

Sí, pero eso es natural.

Estoy seguro que puedo tratarlo yo mismo en el centro de salud.

Pero ha perdido mucha sangre.

¿No hay que hacerle una transfusión o algo así?

Cálmate.

Yo iré a traer lo necesario.

Tú quédate con él.

¿Puedo llevarme tu coche? Sí.

No me tardo.

No tienes que

esforzarte por ser amable.

Ni tampoco tienes que quedarte aquí.

Voy a olvidar el incidente.

Ya le dije que no me voy a mover de aquí.

hasta asegurarme de que usted esté bien.

Para el coche, para el coche, Manuel.

Esa es la camioneta de mi hijo.

¿Estás segura? Sí, sí.

¿Pero por qué la habrá dejado estacionada así en medio del camino?

Tiene el cofre levantado, seguramente se le habrá descompuesto.

Déjame ver.

Ay, ¿pero por qué hasta ahora me lo dices, Martina? Pues es que no quería

angustiarla. Pensé que se había ido por ahí a dar una vuelta, como a veces lo

hace. Pero mire la hora que es y no ha regresado. Bueno, vamos inmediatamente a

despertar a Laura para que nos lleve a buscarla, ¿sí?

¿José María usa pistola?

No, no, nunca le ha gustado.

¿Por qué me lo preguntas?

Encontré esto en el piso.

Con cuidado.

Me siento muy mal, Regina.

Creo que me estoy muriendo.

No diga eso.

Usted se va a poner bien.

Tiene que ponerse bien.

Voy a morirme.

Me estoy muriendo.

No me haga esto, por favor.

Se lo suplico.

Regina.

¿Puedo pedirte un favor?

Claro.

¿Podrías darme un beso?

Quiero saber lo que es un beso tuyo.

Un beso dado y no a la fuerza.

Por favor.

En nombre de mi hijo quisiera hacer una acusación formal en contra de la persona

que intentó matarlo.

¿Su hijo le dijo a usted eso?

Por supuesto que me lo dijo.

Fue Regina Villarreal.

Esta mujer ya lo había amenazado anteriormente y por lo visto anoche

cumplió con sus amenazas. Y yo exijo que sea castigada con todo el rigor de la

ley.

Señorita Villarreal.

Queda usted formalmente detenida por el intento de asesinato del señor José

María Cortés.

Afortunadamente, su vida no corre peligro.

¿De veras? Soy su madre y no estaría tan tranquila de no ser así.

Pues no sabe el alivio que me da escuchar eso.

José María debería sentirse muy halagado de que una mujer como tú se preocupe

tanto por él.

Yo sé que él no siente lo mismo por mí, pero no me importa.

No te desanimes, Laura.

Yo te voy a ayudar.

Cada vez me convenzo más de que tú eres la mujer que le conviene a mi hijo.

¿A dónde se lleva la señorita Villarreal? A la capital, para que allá

se hagan cargo de ella.

Pero usted no puede hacer eso porque ella no es culpable.

Fui yo quien accidentalmente disparó la pistola.

Corrí con tan mala suerte que me herí yo mismo.

Eso no es cierto.

Fui yo quien disparó.

Está bien, fuimos los dos. El incidente sucedió justo cuando yo quería quitarle

la pistola.

Y como los dos la teníamos bien agarrada, pues se disparó sin querer.

Mire, señor Cortés, le suplico que no intervenga.

Usted no es mi abogado y yo puedo defenderme sola.

Ya escuchó a la señorita.

Si me permite, Saragina, necesito hablar a solas con el señor.

Por favor, espérame afuera.

¿Me permite un par de minutos, señor Salazar?

Tú ve con ella.

No se vaya a escapar.

Sí, señor.

¿Qué es lo que quiere decirme a solas?

Lo que verdaderamente pasó y supongo que la señorita Villarreal por pena no quiso

contarle. Y según usted...

¿Cuál es la verdad?

Mira, es cierto que ella me disparó, pero fue en defensa propia.

Porque yo quise abusar de ella.

¿Qué?

Apóyese en mí.

Muchas gracias.

Gracias a ti por haber evitado que lo encarcelaran.

¿Por qué lo hizo?

Porque sé que no disparaste intencionalmente.

Le prometo que no voy a volver a molestarlo.

¿Eso quiere decir que ya no quieres que me vaya de los encinos?

Si lo hace, no será por mi culpa.

¿Por qué entonces no hacemos las paces e intentamos ser amigos?

Qué hermosa te ves cuando sonríes.

Papá, te repito que ella no quiso hacerme daño.

De veras que lo del disparo fue un accidente.

¿Cómo es posible que la defiendas tanto?

¿Por qué, hijo? ¿Por qué?

Porque por primera vez en mi vida estoy realmente enamorado, papá.

Enamorado de Regina Villarreal.

Esto que me contaste sobre Regina finalmente me aclara muchas cosas.

¿Cómo qué?

Su afán por portarse fría e incluso grosera.

Sus desplantes con medio mundo.

Yo sabía que esa no era la verdadera Regina.

Tengo que confesarte algo. Tengo que decírselo a alguien porque ya no puedo

más.

¿Qué cosa?

Tú sabes que a mí me han interesado muchos hombres en la vida, pero acabo de

descubrir algo maravilloso.

¿Qué?

Estoy plena y absolutamente enamorada de José María.

¿Qué hace aquí?

No está en condiciones de manejar.

Tú me obligaste.

¿Qué significa eso de estar arreglando mi cerca y meter ganado a mi hacienda?

Yo no acepto regalos de nadie.

¿Y quién le dijo que era un regalo?

Pienso cobrárselo.

Venía preparado para eso.

Pero da la casualidad de que yo pagué mucho más por esas reces. ¿Qué tanto

más?

Será un 15%. Y eso sin contar las vacunas, el alimento y el traslado.

Pues me estás metiendo en problemas.

No creo que me alcance para pagarte.

Pues entonces me voy a quedar con parte del ganado.

Te propongo algo.

Que la diferencia de dinero la arreglemos con una carrera.

¿Una carrera?

Sí.

Ya veo que montas muy bien.

Si ganas, yo te pago no el 15, sino el 20% más.

Pero si pierdes, te cobras con ese cheque.

Está bien.

Acepto.

¡Lo sé!

Me va a tener que pagar el 20% más por esas reces.

No se preocupe.

Yo cumplo lo que prometo.

No tarda mucho en llover.

Yo conozco un lugar donde podamos refugiarnos.

¿Vienes?

Está bien.

Está sangrando.

Sí.

Parece que me lastimé con la dichosa carrera.

Eres un inconsciente.

Yo también por haber aceptado esa estúpida idea de la carrera.

Déjamela avisarte.

¿Ya te diste cuenta de que me estás hablando de tú?

Si tú me has tuteado desde que me conociste, no veo por qué yo tenga que

guardarte tanto respeto.

No, no.

No te estoy reclamando, al contrario.

Me da mucho gusto de que finalmente lo hagas.

Déjame verte, Cid.

Si se te complica, va a ser por tu culpa.

Por ser tan necia.

No.

Esto no puede ser.

¿Por qué no puede ser?

Porque no.

¡Regina!

¡Regina, espera!

¿A dónde vas, Regina?

Por favor, déjame ir.

¿Por qué huyes? ¿A qué le temes?

Olvida lo que acaba de pasar.

Y no vuelvas a buscarme.

No te vayas, Regina.

¡Regina!

Soy una estúpida.

Una verdadera estúpida.

Fíjate que yo creo que los problemas ya se acabaron.

Y que de ahora en adelante, Regina y yo nos vamos a llevar muy bien.

Suponiendo que eso llegara a suceder, Macario Robles no lo va a permitir.

No pienso pedirle permiso.

Ay, José María.

¿Tú no quieres hacerme caso de lo que te he dicho sobre Macario Robles?

No es para tanto, Goyo.

¿No?

Vas a ver que él mismo se va a ocupar de que nadie, nadie se le acerque a su

dueña. ¿Por qué?

Por lo que se está diciendo en todo el pueblo.

¿Qué?

Que Macario está enamorado de Regina.

Tengo miedo, Nana.

Tengo mucho miedo.

¿Miedo a qué?

De enamorarme otra vez.

Tengo miedo de enamorarme de José María.

No quiero nada.

No quiero enamorarme de él.

Hola.

En tu casa me dijeron que no estabas.

Por eso vine a ver si estabas aquí.

Pero ya me voy.

¿Por qué me huyes, Regina?

¿Por qué no quieres hablar conmigo?

Porque no tengo nada que decirte. Pero yo sí.

Te quiero, Regina.

Y puede que no me creas esto, pero es la primera vez en mi vida que estoy

realmente enamorado.

Y eso significa que no pienso renunciar a ti.

Entre tú y yo no puede haber nada, José María.

¿Por qué no?

Porque han habido demasiados problemas entre nosotros.

Demasiadas diferencias.

¿Y?

Acuérdate que yo quise echarte de los encinos y casi te mato con una pistola.

Lo sé, lo sé.

No creas que lo he olvidado.

Pero eso no impide que esté enamorado de ti.

Regina, estoy loco por ti, ¿no lo entiendes?

Y tal vez me equivoque.

Pero podría asegurar que tú también sientes algo por mí.

Eso es algo que no puedes saber.

Mírame a los ojos.

Y júrame que no sentiste nada cuando te besé.

Dime que ahora que estoy tan cerca de ti, ¿no quieres que lo vuelva a hacer?

Júrame que no sientes absolutamente nada por mí.

Está bien, José María.

Yo lo voy a decir.

No siento nada por ti.

No voy a decir que te odio.

Pero tampoco esperes que te quiera solo por haber aceptado un beso tuyo. No.

No solo lo aceptaste.

Respondiste a él.

Y lo hiciste con sinceridad.

Eso yo lo sé.

No trates de engañarme.

Me dejé llevar por el momento, pero nada más.

Finalmente soy una mujer como cualquier otra, ¿no?

No te creo nada.

Como te dije un día.

El único trato que puede haber entre nosotros es de negocios.

Es más, mi propuesta para comprarlos en sí no sigue en pie.

Con ese dinero puedes irte y empezar una nueva vida con alguna mujer que

verdaderamente te quiera.

¿Por qué finges, Regina?

¿Por qué quieres hacerme entender que no te importo? Suéltame.

Escúchame. ¡Que me sueltas, te digo!

¿Puedo ayudar en algo, señorita?

No, Fortunato, gracias.

El señor Cortés ya se va.

No te entiendo, reina.

Te juro por Dios que no te entiendo.

Tengo que hacer algo.

Tengo que hacer algo.

Tengo que hacer algo, tengo que hacer algo, tengo que hacer algo.

Bueno, no me consta, pero para mí que José María Cortés ya le cantó a la

dueña. Pues nada más falta que yo los deje.

Y se me hace que hay otra persona que tampoco quiere que esos dos terminen

juntos.

¿Quién?

La señorita Laura.

La sorprendí escondida oyendo la conversación.

¿Quieres abrirme una nueva cuenta?

Sí.

¿Puedo preguntarte por qué?

Porque ese dinero no lo voy a invertir en la hacienda, sino en un proyecto que

tengo en mente.

Me gustaría saber de qué se trata.

Voy a construir una escuela dentro de Los Cascabeles.

¿Por qué se andaba escondiendo del joven José María?

Porque no tenía ganas de hablar con él.

Ay, pues usted y su prima sí que son bien raras. Las vienen a buscar dos

hombres bien guapos y se les niegan.

¿Y quién vino a buscar a Laura?

El joven Ismael. Y tampoco quiso recibirlo.

Y no es la primera vez que se niega.

¿De veras?

Mire, aquí entre nos, a mí se me hace que esos dos... ¿Y por qué lo dices?

Porque se nota.

Al principio pensé que la señorita Laura andaba con el joven José María.

Porque se veían.

Y hasta se decía por ahí que eran novios.

Pero últimamente a mí me está latiendo que le gusta más el Ismael.

Ojalá sí fuera, Blanca.

Ojalá.

A usted le gusta ese tipo, ¿no es cierto?

Sí, mucho.

Tanto como a usted le gusta Regina.

No lo voy a negar.

Lo malo es que usted y yo estamos fritos.

Porque esos dos tienen otros gustos.

Pero usted y yo podemos cambiar eso, ¿no cree?

Para usted sería más fácil.

Usted es una mujer muy guapa y tiene los encantos necesarios para atrapar al que

se le pegue la gana.

Y usted también tiene lo suyo, Macario.

Tiene mucho carácter y mucha personalidad.

No se burle.

Yo sé que ya no me cueso al primer hervor.

Por eso tengo muy claro que su prima y yo nunca llegaremos hasta donde yo

quiero.

¿Eso quiere decir que piensa dejarle el camino libre a José María?

De ninguna manera.

Digamos que si la señorita Regina no es para mí, tampoco será para ningún otro.

Y eso incluye a nuestro vecinito.

Me gusta que nos entendamos, Macario.

Me gusta mucho.

Yo no creo que José María Cortés sea el gran amor de tu vida.

Cuando al mismo tiempo está saliendo con Ismael.

Mira, sí es cierto que he visto a Ismael un par de veces.

También es cierto que ha venido a los cascabeles.

Pero no viene porque esté interesado en mí, sino en ti.

¿En mí?

Sí, en ti.

Está obsesionado contigo desde la primera vez que te vio.

Y como no sabe cómo acercarse, pues me busca a mí como pretexto. Eso es

absurdo.

Regina...

Mira, yo quería ocultártelo para no herir tu amor propio, pero... pero me

siento con la necesidad de decírtelo.

¿Decirme qué?

Que Ismael hizo una apuesta con otro hombre para... para ver cuál de los dos

lograba conquistarte primero.

¿Y con quién hizo esa apuesta, Ismael?

Con José María Cortés.

¿De qué se trata?

Quiere construir una escuela dentro de la propiedad. ¿Una escuela?

Bueno, no es una escuela en el sentido estricto de la palabra.

¿Entonces? Va a ser un lugar para ayudar a los hijos de los trabajadores a

regularizarse. Oye, qué acción más noble de Regina, ¿eh?

Pues sí, pero a mí me mete en cada problema.

¿Por qué?

Ahora tengo que conseguir...

Los permisos correspondientes, el financiamiento, el arquitecto. ¿Al

arquitecto? Sí.

Yo conozco a uno que le puede servir.

¿En serio?

Sí, y estoy seguro que él estará encantado de colaborar en esa acción tan

noble de la dueña.

Entonces, por eso quería el dinero que le pagó el señor Cortés por los

animales.

Sí, yo no necesito más animales.

Prefiero utilizar el dinero en algo que beneficie a mi gente.

Las obras de caridad no van con su forma de ser, señorita.

¿Y quién eres tú para decirme lo que debo hacer?

Ya te dije que las personas que trabajen para mí tienen que aprender a leer y a

escribir.

Pues si les da escuela, no los va a controlar después.

Tú vas a perder el dominio sobre la gente.

¿Eso es lo que quieres decir?

Te viniste caminando.

Claro.

Pero qué locura, Severiano. Bueno, un poco de ejercicio no le hace mal a

nadie.

Además, sabes, la verdad es que tenía yo muchas ganas de verte, la verdad.

¿Te da gusto que haya venido?

Tú sabes que sí.

Sabes, me recordaba cuando éramos jóvenes y nos encontrábamos.

En medio del campo, escondidas.

¿Te acuerdas?

Claro que me acuerdo.

¿Sientes lo mismo que sentías en ese entonces?

Bueno, por supuesto que no.

¿No? No.

No me lo tomes a mal. Lo que pasa es que ahora todo es muy diferente.

Hasta nosotros mismos.

Pues sí, sí.

Es cierto, pero...

hay algo que permanece igual.

¿Qué?

El gran cariño que siempre he sentido por ti.

Así que la Consuelo te corrió de su casa.

Sí, pero terminó haciéndome un favor porque yo ya no la aguantaba.

Bueno, pues si quieres puedes quedarte allí donde yo vivo.

No es mucho lo que te puedo ofrecer, pero pues cuando menos tendrás donde

dormir.

Pues te voy a tomar la palabra.

Al menos en lo que encuentro dónde acomodarme.

El tiempo que quieras, Macario. Por mí no hay problema.

Macario, necesito hablar contigo.

Fortunato, déjanos solos.

Usted ordena aquí como si fuera la dueña.

Es que no quiero que ese tipo escuche lo que te tengo que decir.

Pues, ¿qué se le ofrece?

Necesito que me ayudes a correr un rumor.

¿Qué rumor?

Que José María Cortés apostó con Ismael Andrade para ver cuál de los dos

conquistaba primero a Regina.

Ay, Ismael.

Me caíste como del cielo, Laura. ¿Qué, no te dijeron que te llamé?

No, no, no me dijeron. ¿Por qué?

¿Qué querías decirme? Este, no sé, hablarte, aunque sea para platicar un

rato. Hace mucho tiempo que no te veía.

Pues es que habíamos quedado que ya no nos íbamos a ver. Sí, sí, ya sé, ya sé

en lo que habíamos quedado.

Oye, ¿y qué? ¿Ya pensaste en lo que vas a hacer? Habíamos quedado que no me ibas

a presionar, Ismael. Laura, es que no puedo estar sin ti.

Te necesito demasiado.

Por favor, te amo, Laura.

Ay, Ismael, por favor, suéltame. Fabiola puede llegar en cualquier momento.

Por favor.

Por favor, Ismael.

¿Puedo saber qué significa esto?

Significa que Laura y yo nos queremos.

¿Es cierto eso, Laura?

No, no, no, Fabiola, no, no creas nada. Mira, mira, ¿por qué sigue escondiendo

la verdad? Vamos a decírselo.

Mira, Fabiola, Laura y yo nos queremos.

Por eso terminé contigo.

No quería hacerte daño.

¿Y yo qué pensé, que eras una verdadera amiga?

¡Soy una estúpida!

No, no se me acerque porque grito.

Grita todo lo que quieras.

Aquí nadie te escuchará.

le juro que se lo voy a decir a la señorita Regina.

Más te vale que te calles la boca.

Si lo haces, ella podría sufrir un accidente muy parecido al de Ezequiel.

Así que, tú decides.

¿Qué haces ahí, Blanca?

Blanca, ¿qué te pasa?

¿Estás bien?

No, estás bien.

¿Por qué no me dices lo que tienes?

No tengo nada.

Ay, sigues preocupada por tu mamá. No te afligas tanto.

Vas a ver que ella va a encontrar la forma de solucionar sus problemas con

Macario.

No, Blanca, no llores.

Ven, ven.

Vamos a dormir.

Hoy ha sido un día muy difícil para ti.

Mañana verás las cosas de una manera diferente.

Ven, ándale, vamos.

Ven, ven. Yo te ayudo. Ven.

Vaya, pero qué guardadito te lo tenías.

¿Tú también?

Lo dices como si fuera un delito.

Dime, ¿qué tiene de sorprendente que yo haya tenido un novio antes de conocer al

padre de Laura?

No, nada, tía.

Lo que pasa es que como nunca habías hablado de eso... Bueno, seguramente

porque nunca le di importancia.

O porque tenía tanta que no querías que nadie lo supiera.

Dime una cosa, tía.

¿Laura ya lo sabe? No, no.

Y no se lo vayas a decir.

Yo lo haré cuando lo juzgue conveniente.

Pues hazlo pronto, tía.

¿Quién sabe cómo vaya a reaccionar cuando sepa que fuiste novia

precisamente del papá de José María?

José María, según los papeles que me entregaste, tu hacienda está escriturada

en dos partes.

¿Así es?

Una está a nombre tuyo y la otra a nombre de tu mamá.

Efectivamente. Pues tal como se hace en cualquier solicitud de crédito, se llevó

a cabo una investigación.

¿Y?

Lamentablemente tu solicitud fue rechazada.

¿Por qué?

Porque en la investigación se encontró que la mitad de la propiedad no está

libre de gravámenes.

¿Qué?

Sí, José María.

Hace más de un año tu mamá hipotecó una parte de los encinos.

Un doctor no, por favor.

¿Por qué no?

Porque no hace falta.

Seguramente fue algo que comí y me cayó mal.

Ya me ha pasado.

De todas maneras, no estaría por demás que te viera un doctor.

No, por favor, no traiga a nadie.

Verá como al rato ya voy a estar bien.

No vayas a tener algo serio.

Segurito que no.

Bueno, por lo menos déjame avisarle a tu mamá para que te venga a ver.

No, por favor, no le hable.

Nada más la va a preocupar.

Mire, sí quiereme como la fruta, pero por favor, no le hable a nadie.

Me mandó el señor Ismael a traerle esto.

Dile que no quiero nada que provenga de él.

Por favor, señorita, si yo regreso con las flores, me van a regañar.

Si usted no las quiere, pues haga lo que quiera con ellas.

Pero no me pida que las regrese.

Está bien, trae acá.

Gracias.

Buenos días.

Buenos.

¿A qué vino ese muchacho?

A traer estas flores.

Son para ti.

¿Para mí?

Sí, de parte de Ismael Andrade.

Parece que lo de la apuesta va en serio.

¡Regina! ¿A dónde vas?

La próxima vez utiliza métodos más originales, imbécil.

¿La creyeron?

Oye, espérate, ¿qué te pasa? ¡Están destruyendo toda la tienda!

Te crees un don Juan, pero no eres más que un estúpido pueblerino. ¿Yo?

Tú y José María creyeron que no me enteraría de su jueguito, ¿verdad? Pero

lo que pasa es que no me estás diciendo lo que... Y te advierto.

Que la próxima vez que hagas un idiotez como esta, quemo tu tienda. ¿De qué me

estás hablando?

Sabes perfectamente lo que estoy diciendo.

Y deja de utilizar a mi prima.

No te le vuelvas a acercar ni a ella, ni a nadie de mi familia.

O te juro que te vas a arrepentir.

¡Oye, espérate!

¡Dime a pagar por todo esto!

¿Por qué lo hiciste, mamá?

¿Por qué hipotecaste tu parte de la hacienda?

Hipotecaste el área de la laguna, que es la más valiosa.

Así que finalmente te enteraste.

Sí, finalmente me enteré.

Vaya, vaya.

¿En qué te gastaste ese dinero, mamá?

¿En joyas, en ropa o en viajes?

Un momento, José María.

No te permito que me cuestiones de esa manera.

¿Quieres saber en qué me gasté ese dinero?

¡Me lo gasté en tu padre!

¿En mi padre?

Sí, en él.

¿De dónde crees que salió el dinero para pagar los médicos y los tratamientos y

todo el tiempo que estuvo en el hospital?

¿Qué pasó?

¿Qué pasó? ¿De qué?

Es que vi que saliste de aquí hecho una furia con las flores de Ismael. ¿A dónde

fuiste? A poner a ese imbécil en su lugar.

Y lo mismo pienso hacer con José María.

¿Y Ismael no te dijo por qué te dio las flores?

Ni siquiera lo dejé hablar.

Pero ese asuntito de la apuesta ya se acabó.

Infórmaselo a José María.

Tú que lo quieres tanto.

Ya mandé por un médico para que te revise.

Pero un médico no, no lo necesito.

Claro que lo necesitas, Blanca. No, no, no. Es más, les juro que ya me siento

muy bien.

Ahorita ya me voy a poner a trabajar.

Blanca, tú no vas a ningún lado.

Y quieras o no, el doctor te va a revisar.

¿Cómo pudiste, Emma?

¿Cómo pudiste hipotecar la hacienda sin avisarnos?

Bueno, ya le expliqué mis razones a José María.

No había dinero para pagar tus gastos medios. No, no, no. A mí dame otra

explicación, más convincente.

Porque no te creo nada.

Eso no es más que un pretexto para disfrazar tus verdaderas intenciones.

Bueno, ¿y cuáles, según tú, son mis verdaderas intenciones?

Hacer que José María se quede en México.

Lo que tú quieres es seguirlo manejando.

Quieres suprimirlo, quieres destruirlo, ¿verdad?

Tú sabes mejor que nadie que José María es la razón de mi vida y que siempre he

procurado lo mejor para él.

Lo mejor para ti, querrás decir.

Porque nunca te ha importado lo que él piense, lo que él siente.

Nunca lo has apoyado en lo que verdaderamente a él le interesa.

Eso no es verdad. No es verdad, claro que lo es.

Lo único que quieres es casarlo con cualquiera para que te dé nietos,

¿verdad?

No te importa nada más.

Bueno, y si eso fuera cierto, ¿qué tiene de malo?

En todo caso, deberías agradecérmelo porque también estaría procurando tu

propia descendencia.

Emma, dejémonos de engaños.

Yo sé bien que José María

Ni siquiera lleva mi sangre.

¿Qué estás diciendo?

Ya es hora de que encaremos la verdad.

Yo sé que José María no es hijo mío.

Eso no es verdad, Severiano. ¿De dónde sacaste semejante mentira?

Por favor, ya deja de fingir, por favor.

Estoy totalmente seguro de lo que estoy diciendo.

Yo no puedo tener hijos.

Nunca he podido.

¿Cómo lo sabes?

Hace tiempo decidí hacerme unos estudios médicos.

Y ahí descubrí la verdad.

¿Y si lo sabías?

¿Por qué guardaste silencio?

Tuve miedo de perder para siempre a José María.

La verdad es que tampoco quería perderte a ti.

Porque a pesar de todo, yo te quería, Ema.

Te llamas Blanca, ¿verdad?

Mira, Blanquita, lo único que yo quiero es ayudarte para que te sientas bien.

Pero tú tienes que cooperar.

Es que nadie me puede ayudar.

Blanca, tú me estás ocultando algo.

¿Por qué no me dices qué es?

No puedo.

No puedo decir nada.

Mira, un médico es más o menos como un sacerdote.

¿De veras?

Sí.

Así que lo que tú me digas, yo no se lo diré a nadie si tú no quieres.

¿Me lo promete?

¿Me jura que no se lo va a decir a nadie?

Sí, te lo juro.

Es que...

Un hombre abusó de mí.

¿Qué haces, hijo?

Trabajando en el proyecto de una construcción.

¿De veras?

Bueno, pues me da mucho gusto que te dediques a lo que estudiaste.

Yo siempre tuve la ilusión de que fueras arquitecto.

Lo sé, mamá.

Precisamente por eso estudié esa carrera. Por darte ese gusto.

Algún día me gustaría oírte decir algo bueno sobre mí, porque lo único que

escucho de tu parte son reproches.

Mamá, por favor, ya no quiero discutir. No, no, si yo no estoy discutiendo. Al

contrario, vengo para platicar tranquilamente contigo.

Te escucho.

No sabes cuánto me cuesta darme cuenta del enorme resentimiento que me tienes.

O sea, a veces hasta pienso que me odias.

Por supuesto que no te odio, mamá.

Por favor, perdóname, hijo.

¿Que te perdone? ¿Por qué?

Por todo.

Por mis defectos.

Porque yo sé que no soy la mejor madre del mundo.

Y seguramente he cometido muchos errores.

Pero una cosa no puedes negar.

Te quiero más que a mi propia vida.

Yo también te quiero mucho, mamá.

No importa las diferencias que podamos tener.

Te quiero.

Y ahora me vas a disculpar, pero tengo que irme. ¿A dónde vas?

A casa de Ismael para que me preste su teléfono.

Tengo que hacer unas llamadas de larga distancia.

Y bueno, ¿y a todo esto qué es lo que vas a construir?

Una escuela.

¿Escuela para quién?

Para Regina Villarreal.

Nos vemos.

Severiano, creo que lo mejor es que dejemos de vernos.

Por favor, ya no vengas a visitarme.

¿Por qué?

Porque tú eres un hombre casado y no me gusta que la gente malinterprete las

cosas.

¿Acaso Emma se atrevió a...? No, no, no. No se trata de Emma.

Entonces... Es de toda la gente que hay a nuestro alrededor.

Si solo somos amigos.

Pero eso no lo entiende nadie.

Ni siquiera yo misma.

¿Qué quieres decir?

Que estoy confundida, Severiano.

Sí, esa es la verdad.

Y tengo que admitirla.

¿Te parecerá absurdo que a mi edad esté pasando por esto? Pero así es.

Estoy sintiendo cosas que creí que nunca más volvería a sentir.

Estoy reviviendo sentimientos que pensé que habían quedado enterrados para

siempre. Y estoy muerta de miedo porque... porque no sé cómo manejar la

situación.

Si no supe cómo manejarla hace tantos años, ¿cómo esperas que lo haga ahora?

Berenice... Por favor, por favor, Severiano, no digas nada más.

Solo date cuenta de que nuestro tiempo ya pasó.

Fue hermoso.

Te agradezco tanto que quieras volver a revivirlo.

Pero ya pasó.

Está muerto y enterrado como Heriberto y Margarita o como mi propio esposo.

Déjémoslo descansar en paz.

Por favor.

Está bien, Berenice.

Respeto tu decisión. Me duele hacerlo, pero...

Pero lo hago.

Porque por encima del gran cariño que te tengo, por encima de aquella pasión

juvenil y la nostalgia de la vejez, está el gran respeto que siempre te tendré.

Sé que no tiene ningún caso decirlo, pero simplemente quiero que sepas una

cosa.

Que siempre te he querido, Berenice.

Yo también.

Yo he estado pensando y creo que tienes razón.

¿En qué?

Voy a seguir tu consejo y me voy a conseguir una buena casa.

Me voy a dar mejor vida.

No quiero que se vuelva a repetir la misma historia.

¿Qué historia?

Tú sabes cuál, para que te haces el tarugo.

Aquella mujer que me despreció por pobre.

No quiero que me pase lo mismo con la dueña.

Quiero que ella se dé cuenta de que no soy un muerto de hambre.

Así se habla, Macario.

¿Dónde estabas? Hace mucho que te estoy esperando.

¿Salí? ¿A dónde?

Fui a visitar a Berenice.

Ah, vaya.

Ya veo.

¿Ya ves qué?

Porque cada vez que tenemos un problema, corres al lado de Berenice para que te

consuele. Nuestros problemas no son de ahora, Emma.

Son de siempre. No, no, Silviano.

Tú y yo habíamos tenido muchas diferencias, pero nunca habíamos

discutido como en esta ocasión.

Porque nunca me había atrevido a enfrentarte.

Con el paso de los años he ido guardando muchos resentimientos, Emma.

Pues entonces sácalos de una vez por todas. Di todo lo que tengas que decir.

No, prefiero no hacerlo.

No quiero morirme con una sensación de amargura en el alma.

No quiero que sea el último recuerdo de ti.

Entonces déjame hablar a mí.

Voy a explicarte por qué sucedió todo. No, no, no. Ya te dije que no me

interesa. Bueno, entonces no me condenes sin conocer mis motivos.

No quiero seguir viendo tu mirada acusadora.

Por Dios, Emma.

¿De cuándo acá te importa tanto lo que yo piense de ti? Me importa ahora.

Aunque no quieras, yo voy a hablar.

Necesito que sepas que el verdadero padre de José María... ¡Cállate!

Quien ves que no me interesa saber nada de él.

No quiero que sigamos hablando de lo mismo.

Para mí se terminó hace mucho tiempo.

De veras que cada día me sorprendes más, Regina.

Eres realmente impredecible.

¿Por qué lo dices?

Porque después de lo que dijiste de José María, después de que te humilló

apostándote como si fueras un animal, todavía solicita sus servicios

profesionales.

¿Servicios profesionales?

¿De qué diablos me estás hablando?

Ay, no me digas que no estabas enterada.

Tú mandaste a construir una escuela, ¿no?

Sí, es cierto.

Voy a construir una escuela dentro de Los Cascabeles.

¿Pero qué tiene que ver José María con esto?

Pues tiene mucho que ver.

Porque el arquitecto es precisamente José María Cortés.

¿Pero por qué contrató a José María Cortés sin avisarme?

Porque el muchacho se ofreció.

Además, en este lugar no hay muchas opciones.

Pudo haber traído a otra persona de otro lado.

Efectivamente. Pero a ti te urgía el trabajo y no habría tiempo para

conseguirlo fuera.

Esa no es una disculpa, don Anselmo.

Voy a hablar con ella.

Hombre, no tiene caso. Digas lo que digas. Ella no te va a aceptar.

No, no, no. Si no, voy a pedir que lo haga.

Esta vez me va a tener que oír.

Oiga, por favor.

Oiga, joven. Mi niña no está presentable. Por favor, sáblase.

Déjalo, Martina.

De una vez por todas arreglaremos cuentas.

Déjanos solos.

Cúbrete.

Si me involucré en el proyecto de la escuela es porque me pareció una idea

muy noble.

Pues sí, pero nadie te invitó a que colaboraras en ella.

Tienes razón.

La culpa fue mía por ser tan iluso y creer que en esa linda cabeza hay algo

más que altanería y soberbia. ¿Cómo es posible? ¡Un momento!

Yo no voy a permitir que me vengas a insultar en mi propia casa.

¿De acuerdo?

Y como yo ya no estoy incluido en el proyecto, esto ya no será necesario.

Vaya, cuánta dignidad.

Tú lo has dicho.

Estoy harto de demostrar de diferentes maneras mi cariño.

Estoy harto de buscar pretextos para acercarme a ti.

Estoy harto de tu altanería y tus desplantes.

Estoy harto de ti, Regina.

¡Harto! ¡Y yo de ti!

Y si de reclamos se trata, yo también tengo los míos.

Tu amigo Ismael y tú somos los imbéciles. Mi amigo Ismael solo tiene

razón en una cosa.

Estás loca.

¡Loca de remate! ¡Eres un estúpido!

Sí, soy un estúpido.

Pero no estoy lleno de complejos como tú. ¡Lárgate de mi casa!

Y no vuelvas a aparecerte nunca.

No te preocupes.

No quiero volver a cruzarme en tu camino.

Geniecito.

Este mundo está lleno de gente inepta.

Quiero hacer una escuela para mis trabajadores. Y no hay forma de

conseguir a alguien que se haga cargo de la construcción.

Pues todos esos corajes los estás haciendo por puritito gusto.

¿Por qué?

Ya tenías a un arquitecto más que dispuesto. Ay, pero tú, muy orgullosa,

lo mandaste por un tubo.

¿Y cómo querías que aceptara a José María después de la estúpida apuesta?

Otra vez la burra al trigo.

Te voy a decir algo, Reina.

¿Qué?

Por andar creyéndote todos esos chismes, te vas a perder la oportunidad de tratar

a un hombre bueno y decente.

¿Tratarlo a él?

Dios me libre.

Si lo que menos quiero es tener tratos con ese tipo.

No seas mentirosa.

Yo sé bien que aunque te empeñes en negarlo, sientes algo por él.

Ya basta, Martina.

No quiero que me lo vuelvas a mencionar.

Muy bien.

Nada más una última cosa y me callo. ¿Cuál?

No te vayas a poner a llorar como Magdalena cuando veas lo que perdiste.

Cuando lo veas del brazo de otra mujer.

Tu primita Laura, por ejemplo.

Dime a qué debo esta visita tan agradable.

Vine a decirle que no es cierto que don José María le haya apostado con el joven

Ismael.

¿Y cómo sabes eso?

Lo que pasa es que yo escuché a don José María hablando con su papá.

Y los hijos siempre le dicen la verdad a sus papás.

Y además, ¿cómo iba a apostar si don José María no tiene dinero?

Dime una cosa, Chuy.

¿José María te pidió que vinieras a decirme esto?

No, se lo juro.

Lo que pasa es que no quiero que ustedes se vuelvan a enojar.

No me gusta ver triste a don José María.

¿Qué andas haciendo por aquí?

Vine a visitar a tu mamá.

¿Ah, sí?

Me invitó a comer.

Pues bienvenida.

¿Está José María?

Sí, hace rato lo vi por las caballerizas. Si quiere yo la llevo.

Gracias, Chuy.

Venga, señoritas, por acá.

Hasta luego. Hasta luego.

Gracias. Cuidado. Perdón.

Perdóname, por favor.

Esta no es la primera vez que sucede algo así, Laura.

Lo sé y me apena muchísimo.

En aquella ocasión fue para que Fabiola pensara que éramos novios.

Pero ahora fue distinto, ¿o no?

Sí.

Laura, tú sabes que yo no puedo corresponderte.

Lo sé y no te preocupes.

Te prometo que esto no volverá a ocurrir.

¿Y por qué terminaste con él?

Porque el muy hipócrita me estaba engañando con mi mejor amiga.

¿No sabes lo humillante que fue eso, Octavio?

Sí.

Sí lo sé.

¿Por qué?

Porque también a mí me pasó algo parecido.

¿Tu novia te engañaba con tu mejor amigo?

No era exactamente mi novia, ni él mi mejor amigo, pero también sufrí la misma

humillación.

Qué curioso.

Nunca me lo hubiera imaginado. ¿Qué?

¿Que también a mí me engañaran?

No.

Que tú y yo tuviéramos tantas cosas en común.

Tenías razón, Ana.

Siempre has tenido la razón.

¿Razón en qué?

Quiero a José María.

Lo quiero, Nana.

Lo quiero con toda mi alma.

¿Qué pasó, Chuy?

¿Qué andas haciendo?

Lo estaba esperando para cuando saliera decirle una cosa.

¿Qué cosa?

La señorita Regina vino a buscarlo.

¿Qué?

¿Cuándo? En la mañana.

¿Y por qué no me avisaste?

Es que yo la acompañé a las caballerizas, pero cuando llegamos usted

estaba con la señorita Laura y le estaba dando un beso.

¿José María me está esperando a mí?

Sí.

¿Y para qué?

No sé.

Lo único que me dijo es que tú habías ido a buscarlo y vino a ver qué se te

ofrecía.

¿Que no lo vas a recibir?

No.

Por favor, don Anselmo.

Atiéndalo a usted.

¿Yo? Sí.

Dígale que... que acepto que se haga cargo de la construcción.

Pero que acomode el lugar.

Quiero que cobre por su trabajo.

Me da mucho gusto que hayas recapacitado.

Entonces, ¿para eso fue a buscarme?

Eso parece.

Y también me dijo que acomodiera el lugar.

cobrarás por tu trabajo.

Por favor, don Anselmo, me gustaría hablar personalmente con Regina.

Regina no se siente bien.

¿Está enferma?

Bueno, tan solo tiene una fuerte jaqueca.

Está bien.

Ya hablaré con ella en la primera oportunidad que tenga.

Muy bien.

Por lo pronto, mañana a primera hora empiezo con la construcción de la

escuela. Perfecto. Hola, José María.

No sabía que estabas aquí.

Vine de pasada, ya me voy.

Hasta luego, don Anselmo.

Suerte.

Adiós, Laura.

Adiós.

¿A qué vino?

A ver algunos detalles para la construcción de la escuela.

Ah, o sea que siempre sí se va a hacer cargo de la escuelita esa.

Así es. ¿Y Regina ya está enterada?

Por supuesto.

Ella misma fue la que tomó la decisión.

Hola, Regina.

Espera.

Necesito hablar contigo.

Cualquier cosa que tenga que ver con la construcción, trátala con don Anselmo.

Es que no quiero hablar de la construcción, sino del día que fuiste a

Los Encinos.

¿Y qué hay con eso?

Quiero que me digas por qué te fuiste sin decirme nada.

Porque tú estabas muy ocupado y no quise interrumpirte.

¿Te refieres al beso que me dio Laura?

Según me dijiste un día, Laura no te gustaba.

Y según me dijiste tú otro día, un beso no significa nada.

Tienes razón.

Con permiso.

No te vayas, que no he terminado de hablar contigo.

Ya estuvo bien de que siempre seas tú la que decida cuándo se acaban nuestras

conversaciones. ¿Y de qué más quieres hablar, José María?

¿De todos los besos que has repartido por el mundo y que no han significado

nada para ti?

Estás celosa.

¿Yo?

Reconócelo, Regina.

Estás celosa.

Por supuesto que no.

¿Por qué no te atreves a enfrentarte con la verdad y dices que sí?

Está bien.

Lo acepto.

Me estoy muriendo de celos. Me muero de rabia de tan solo pensar que puedas

estar con alguien más.

Que puedas besar a otra.

A cualquiera que no sea yo.

Sabía que acabarías diciéndome esto.

Suéltame.

Algún día voy a cobrarte un beso por cada bofetada que me has dado.

Uno.

Dos.

Tres.

Cuatro.

Algún día me cobraré.

Algún día.

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