All language subtitles for La Bella Lola 1962 – Sara Montiel, Antonio Cifariello, Franck Villard, Germán Cobos, Luisa Mattioli, Laura Nucci, José María Caffarel

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
nl Dutch
en English
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German
el Greek
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil)
pt Portuguese (Portugal)
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian Download
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

¡Javier!

Bajo enseguida.

Buenas noches, señor.

Que se diviertan. Bueno, se hará todo lo que se pueda.

Javier.

Buenas noches, mamá.

No quería interrumpir tus oraciones. ¿A qué hora piensas regresar esta noche? No

sé, como todas las noches.

Está bien, pero procura volver pronto. Te esperaré despierta.

Entra a darme un beso antes de acostarte.

Mamá, oye, te lo doy ahora y así puedes dormir más tranquila.

Sí, ya lo sé. Papá no salía nunca de noche. Solo vivía para su carrera. Pero

ten en cuenta que llevaba barba. Y tú no sabes lo que ayuda una buena barba. No

hay más remedio que ser formal.

Buenas noches, mamá.

Quisiera saber a quién se le ha ocurrido traernos aquí. Cuidado con las carteras,

muchachos. Eh, cuidado con la capa, ¿eh? Que es del político más insigne del

mundo. No tengo dinero. Lo siento, pero todavía no gobierno.

Adelante, sin miedo. Un buen político tiene que conocer a su pueblo.

¿Me permite, señorita?

¿Qué te parece tu pueblo?

Muy... ¿cómo te diría?

Desarrollado. Es una perla antillana.

De algo tiene que servirnos haber descubierto América.

Estando yo una mañana triste y lloroso mirando al mar me encontré con una

mulata que me mostraba su delantal.

Me encontré con una mulata que me mostraba su delanta.

Quierenme niña, quierenme niña, quierenme siempre.

Quierenme tanto, quierenme tanto como te quiero.

Y a cambio de esto yo te daré.

La caña dulce, la dulce caña, la caña dulce y el buen café. La caña

dulce, la dulce caña, la caña dulce y el buen café.

Camarero.

Camarero, tres de tinto.

Que sean cuatro, que sean... Que sea un barril.

A ver si se calla.

Sin prisa, Pepo.

Que a mí no me gusta molestar.

cuando los demás trabajan.

Sus ojos eran azules como las olas del mar de amor y

su cinturita curvada como la caña del pescado y su cinturita

curvada como la caña del pescado.

Quiereme niña, quiereme niña, quiereme siempre, quiereme tanto,

quiereme tanto como te quiero.

Ay mulatita, salte del mar,

que a mí me gusta, que a mí me encanta, que a mí me gusta tu delantal.

Ay, a mí me gusta la caña dulce.

La dulce caña y el buen café.

Pero otra vez, Ana.

Va, tenientes.

Pero qué guapos son.

Ana, los militares empiezan a ser guapos cuando ascienden a generales.

Además, esta noche no podría salir ni con el ministro de la defensa.

Hola, Gabriel.

¿Sabes qué día es hoy?

Pues no sé, espera.

Vamos a ver, ayer fue jueves. Qué calamidad.

Hoy hace un año que nos conocimos.

Una flor bien aprovechada. No se te resiste ni una. Les has gustado un

disparate a los dos.

No te preocupes. A lo mejor has ido para abarte celos.

Yo creo que os equivocáis.

La chica demuestra un gran respeto por los ancianos.

Además es una chica inteligente.

Cambia un clavel por un collar.

Pero el clavel es mío.

Pues yo creo que esta vez has pinchado en hueso.

Os aseguro que sería cuestión de un par de días.

¿Piensas pedir permiso al señor de la flor?

¿Qué? ¿Os gustaría hacer una apuesta?

Una cena por todo lo alto para los que estamos aquí.

Hecho. ¡Bravo, Javier! Comeremos a tu costa.

Esperemos.

Espera.

Tardo un segundo.

No puedo esperarte, Lola. Iré luego a tu casa.

El campo queda libre.

Se me ocurrió un viejo truco, pero tendrás que ayudarme tú, porque a ti no

te he visto.

No me pregunte nada.

Ayúdeme. Estoy herido.

Pero usted no es el... Sí, sí, pero me esperaban en la calle para cazarme. Ya

lo sabrá todo.

Guarda estos documentos.

Me comprometen. Y si viene la policía... ¡Abran! ¡Abran a la policía!

Escóndase allí. Rápido.

Soy el inspector López. ¿Ha entrado aquí un hombre herido?

No. Es un revolucionario peligroso.

Supongo que no tratará usted de ocultarlo.

Qué disparate, señor inspector.

Bueno, tengo que registrar.

Señor inspector, tengo yo cara de tener amistad con revolucionarios.

Soy monárquica. Mi nombre verdadero es Isabel, como la reina.

Pero a pesar de todo, tengo que registrar. No le basta mi palabra.

A mí los hombres que se esconden no me sirven para nada.

A mí me gustan los hombres libres.

Señorita, le aseguro que si no estuviera de servicio... Pues cuando esté libre,

ya sabe dónde me tiene.

Bueno, señorita, creo que tiene usted razón.

Efectivamente, aquí no hay nadie.

Nadie.

Y recuerde, si ve a alguien sospechoso... Ay, si veo a alguien

sospechoso, llamaré inmediatamente al inspector López.

¿Servidor?

Ayúdame. Pero por Dios, siéntese.

A ver, déjeme ver la herida.

Tenga un pañuelo limpio.

Gracias. ¿Cómo se encuentra?

Bien, bien.

Uy, debe usted tener mucha fiebre.

Salga por esa ventana.

Hay un coche en la puerta.

Espéreme allí.

¿Y a dónde vamos?

A mi casa.

Pasará la noche en mi casa.

¿Le parece mal?

No. No puedo consentir que lo descubran.

Qué buena es usted, señorita. Qué buen corazón tiene.

Gracias, gracias, mi bebé.

Bueno, bueno.

Váyase y que no le vea a nadie.

Lo que no me gusta es guardar estos papeles explosivos.

Démelo, son unos documentos peligrosísimos.

Están los nombres de los conjurados.

No.

Lola, es usted la madrina de la libertad.

Tiene razón, ante todo, la libertad.

Ya hemos llegado.

¿A su casa?

Sí. No corra las cortinillas ni se asome, ¿eh? Voy a ver si está libre el

campo.

Escóndase bien, que no le vea a nadie.

Y déjelo todo en mis manos.

¿Eres tú, amor mío?

Sí, corazón.

Vamos.

¿Es a mí?

No, es al caballo. Vamos.

¡Fuera!

Asústelo un poco, señor comisario.

A ver si se espabila a este señorito. Déjelo de mi cuenta.

Cada vez visten mejor estos bribones.

Pero, comisario, verdaderamente... ¡A callar!

¡Regístrelo!

No hay nada, señor comisario.

No hay nada, señorita. ¿Por qué no miran en su cartera, señor comisario?

¿La cartera, imbécil? Sí, señor.

Y encima te hace gracia, ¿eh? ¡Al calabozo con él!

Trae.

Vamos, gato.

Muchas gracias, madrina de la libertad.

Vamos, tira pa'lante.

Señor, buenos días, señor.

Por favor, ¿quiere acompañarme el señor?

¿Eh? ¿Quiere acompañarme?

Sí, sí, cómo no, estoy libre.

Completamente libre, señor.

¿Ha pasado una noche el señor?

Muy buena. No es muy distinguido, pero está muy limpio y muy confortable.

Sí.

Eh, guapo.

A ver si nos encontramos otra vez.

Ya sabes mi dirección.

No la olvidaré jamás.

Cuando quieras, señor.

Enseguida.

Adiós, chicas.

Adiós.

He sufrido un lamentable error. Le ruego que presente mis excusas al señor

ministro. El señor ministro comprenderá... Perdón, comisario, el que

ha pasado la noche en la cárcel he sido yo, no el señor ministro, ¿de acuerdo?

Sí, realmente, sí.

Señores.

Quiero que te metas esta idea en la cabeza.

Al hombre que aspira a un cargo público no le basta con ser honorable.

Ha de parecerlo. Sí, Excelencia.

No se puede predicar moral por un lado y pasarse luego las noches en los

calabozos entre bribones y mujerfuelas.

Naturalmente, Excelencia. Ni se puede correr por los cafetines detrás de

una... una mujer.

Pero qué mujer, Excelencia.

Perdona, Excelencia.

Solo el respeto que siento por tu madre...

Y la amistad que me unió a tu difunto padre me impiden adoptar medidas

extremas. Vamos a olvidar esta desagradable historia.

Pero que sea la última vez.

Gracias, Excelencia.

Y no me llames Excelencia cuando estemos a solas.

Gracias, Excelencia.

Don Gaspar.

No, no, me da la gana, maestro, así no.

Entonces, ¿cómo quedamos, don Gabriel?

No sé, si pudiera ser en otro color.

Rojo, tal vez.

Para esta noche, don Gabriel, voy a volverme loco. Pero mire, si es un sol.

No sé.

Pero por Dios.

No aguanto más, no aguanto más. La que no aguanta más soy yo.

Amor, amor.

Amor, qué demonios.

Sé razonable, Lola. Amor a los franceses le suena muy bien. Mira, a mí no me

convences.

A ver cómo se llama eso.

Dímelo.

Ver, ver, imagínate. A esto en castellano se le llama copa. Y es que lo

estás viendo y no puedes llamarlo de otra manera. Copa, copa. Madame, madame.

Es precioso.

Merci, mon amour. Ve al espejo.

Ahora ya me gusta más.

Don Gabriel, ¿la factura se la mando a su casa o aquí? Aquí, naturalmente.

Madame, entre artistas es fácil comprenderse.

Enchanté.

Perdón.

Lola, creo que tus admiradores son cada día más atrevidos. Yo no recuerdo

haberte enviado estas flores.

No sé quién será.

En recuerdo de la noche inolvidable que me has hecho pasar, Javier.

Tú y yo sabemos que eso es mentira.

¿No vas a decirme que tienes celos?

¿Tú crees que eso me puede servir de algo?

Gabriel... Señorita, seguimos ensayando, seguimos... Cariño, tú quieres ser

artista. Y esta noche es tu debut en el casino.

Anda, vamos a trabajar, ante todo el arte.

¿Tienes miedo de que tenga éxito?

Sí, tengo miedo, tengo mucho miedo.

Pero sabes que me tienes a tu lado.

Eres el hombre más bueno que he conocido.

Vamos, muchachos, que ahora mismo tendremos a la bella Lola en escena. La

venganza es el placer de los dioses. Sí, bueno, pero de la comisaría, ¿quién lo

saca? No te preocupes, hombre.

Javier y el comisario son como hermanos.

Cuidado con lo que hacéis. Si me estropeáis la conquista, no pago la

cena, ¿eh? No, no, nada de volverte atrás, ¿eh? Anda.

Vamos.

Temía que ya no vinieras. Te lo prometí y aquí estoy.

Ahora espero no haber retrasado mi viaje por un capricho tuyo.

Me ha costado mucho convencerla para que cante en un sitio como este.

Ya verás, vale la pena. De lo que sí estoy seguro es de que será guapísimo.

No creo que eso sea un defecto para tu público.

Este vestido no me deja respirar. Cálmate, Lola. Te está muy bien.

Entonces lo que no me deja respirar es el miedo que tengo.

Con ese ahí y en francés yo no salgo. Son capaces de cualquier cosa. ¿Pero qué

dices? ¿Estás loca? Sal deprisa. Anda.

Vamos.

¡Bravo!

¡Bravo!

¡Muchas gracias!

Vamos, Lola, a lo tuyo, como en el café.

Respetable público, hay algunos espectadores que me ruegan que cante una

canción de mi antiguo repertorio.

Yo no tengo ningún inconveniente, si tampoco lo tienen ustedes.

Se saben mis ojos, ladrones.

Bueno, basta ya.

¿Por

qué

me miras y miras?

¿Por qué me miras así?

¿Por qué mirando suspiras si yo no

suspiro por ti?

Estás quedándote ciego de tanto y tanto

mirar y yo no quiero que luego por

mí te toque llorar.

Son mis ojos los ladrones, no los mires vida mía,

que mis ojos te pueden llevar a perder la razón.

Tienen malas intenciones y con su gachonería

son capaces por mí de robar hasta tu

corazón.

¿Por qué mirándome pides amor si no puede ser?

Mejor será que me olvides y no me vuelvas a ver.

Son mis ojos dos ladrones, no los mires vida

mía, que mis ojos te pueden llevar.

A perder la razón, tienen malas intenciones

y con su gachonería son capaces por mí de

robar hasta tu corazón.

Es un honor que nos haya dedicado su canción.

Supongo que se habrán divertido mucho.

Y la culpa de todo la ha tenido usted.

Pero... Pero si ha sido un gran éxito. Me lo debe a mí.

Sí, se lo agradezco con todas mis fuerzas.

Y además tiene temperamento. No se puede negar, ¿eh?

Chico, ¿cómo la tienes?

Has calculado mal.

Con esa no necesitas dos días. En uno te manda al hospital.

Falta una hora para perder la apuesta. ¿Quieres prórroga?

No os preocupéis. Creo que me va a sobrar tiempo.

Pero te va a faltar cara.

Se lo agradece mucho, pero no quiere ver a nadie. Está muy cansada.

Ustedes lo comprenden, ¿no? Ya han oído que no quiere ver a nadie, por favor.

Buenas noches.

Ah, no, no.

No quiere ver a nadie.

Ah, menos mal que tus admiradores se han ido.

Qué pesados.

¿Qué hace usted aquí?

Afortunadamente hay quien vela por tu tranquilidad.

Haga el favor de marcharse.

No puedo.

Uno de tus amigos me ha condenado a pasar la noche aquí.

Por haber robado un collar, ¿recuerdas? Sí, porque yo me dedico a robar joyas.

Bueno, cuando las bombas me dejan algún tiempo libre.

Como no salga de aquí, grito.

No, no lo hagas, por favor. Me moriría de vergüenza. Piensa en el escándalo, en

mi reputación.

Sí, porque tienes mala fama, ¿sabes?

Y muy mal genio.

No lo sabe usted bien.

¿No podrías ser un poco más amable?

A mí no me gusta que me peguen.

Ni a ti que te besen.

En el fondo somos iguales.

Por eso me gustas.

¿O me suelta?

¡O le harán!

No creas en eso, Lola.

Ha sido una suerte conocerte.

Aunque tengas tan mal genio.

Ya estamos en paz.

No, fueron dos bofetones.

Suélteme.

Bien, por fin has vuelto.

Toma.

Aquí tienes tu contrato de Sevilla. Mira si las condiciones te convienen.

Aunque ahora quizá ya no desees dejar Madrid.

¿Por qué no?

Lo he estado esperando durante mucho tiempo.

¿Hace mucho que esperas?

No creo que eso importe demasiado ahora.

Gabriel, perdona, yo... No, por favor.

No quiero obligarte a mentir.

Yo prefiero guardar un buen recuerdo de ti.

¿No piensas venir conmigo?

No, Lola, no.

Lo único que puedo hacer es esperarte.

En fin, si es que vuelves.

Buena suerte, Lola.

Por el conquistador más grande de la época.

Chico, te has ganado la cena.

¿Y qué habrá dicho el señor del clavel?

Pero dime una cosa, ¿cómo has podido pasar de las bofetadas a...? Basta ya de

preguntas, queréis saber demasiado. Las explicaciones no van incluidas en la

apuesta. Supongo que esta noche nos la presentarás.

¿Queríais que viniera a cenar, no? Pues bien, ya estoy cenando.

Pero... Por favor, hablemos de otra cosa.

Bueno, ¿y vosotros qué opináis de todo esto? Porque hasta ahora lo único que

hemos visto son las bofetadas.

Yo propongo otro brindis. Bien, brindemos.

Un momento.

Brindemos por la bella Lola.

Por su triunfo en Sevilla. ¡Bravo! Lo cortés no quita lo valiente.

Málaga, ciudad del mar, nunca más

te podré olvidar. En tu playa yo

fui feliz y en recuerdo te

canto.

de ojos negros hermosa flor malagueña

es tuyo mi amor que me tiene

herido tu aire de altivez y tu

morena

Malagueña yo recuerdo el dulce son

de tus palillos y de tu canción

sigue el embrujo de tu fuego

abrasador Malagueña yo

quiero

¡Ay, Malagña, Malagña!

Espérame, Antonio.

Trataré de convencerla.

Adiós.

Lola, ya están aquí.

Quisiera saber qué hacen ahí esos pelmazos. ¿No les has dicho que me dejen

en paz?

Sí, pero Luis asegura que si no sales con él esta noche, se suicidará.

Mira, Ana, un joyero, un varón y un almacenista en grano se disputan mi

compañía. ¿Cómo quieres que pierda mi tiempo con un teniente?

Te advierto que Luis es hijo de una de las mejores familias de aquí.

Bueno, está bien. Esta vez gana la milicia. Gracias. Les digo que esperen.

Si supiera cómo he esperado este momento.

Está bien, ya me lo dirá más tarde. Vamos a beber tanto champán que van a

tener que empeñar hasta el sábado.

Y al tercer día de maniobras le dije, mi comandante, si los blancos se mantienen

en esta posición, los azules nos veremos entre dos fuegos.

¿No sería mejor que el quinto de zapadores se replegara por el ala

izquierda a fin de que el octavo de caballería iniciara la maniobra

envolvente? ¿Eh? ¿Qué le parece?

Muy interesante, muy interesante.

Y entonces el comandante poniendo su mano sobre mi hombro me dijo, Teniente

Bertrán, posee usted un fino sentido de la estrategia.

Tendrá que contárselo al general.

¡Qué pobre general!

Y ahora le explicaré cómo acabaron las maniobras. Pero me faltan más elementos.

¡Mozo!

Hombre, repita eso de...

El trigo entre todas las flores, ha elegido a la amapola.

Y tú elegiste a Dolores, Dolores Lolita Lola. Y tú elegiste a Dolores, que es la

flor más re bonita. Dolores Lolita Lola.

A los clisos de mi cara les voy a echar un candado, por no ver las cosas

raras de este gitano de al lado, por no, por no ver las cosas raras de este, de

este gitano de al lado, que me apunta y no dispara.

No sigas siendo un pulaero, que escucha bien lo que digo.

A que lo aprenda ligero, como te metas conmigo. ¿Pa' qué? Pa' que lo aprenda

ligero, como te metas conmigo.

Verde era la hoja, seca era la rama, debajo del puente retumbaba el agua,

retumbaba, retumbaba, retumbaba, retumbaba el agua.

No te vayas, Lola.

¿Quién es usted?

No pregunte.

Ven conmigo.

Bueno, ¿qué quiere usted? Quiero leer tu destino.

No tengas miedo, Lola.

¿Y de dónde saca usted que tengo miedo, abuela?

Bueno, empiece de una vez.

¿Qué ve en mi mano?

Le advierto que no creo en brujerías. ¿No?

No. Pero sí, ve una cadena de oro y otra de fuego.

Ve un espejo roto.

Han pasado muchos hombres por tu día, pero solo uno cuenta.

No me importa el pasado, ya me lo sé.

Puedo adivinarte tu futuro, si te atreves a oírlo.

Oiga, abuela, a mí lo único que me da miedo es el hambre. Y no creo que la

vuelva a pasar.

Está bien.

Entonces, sube por esta escalera. Verás tres puertas. Entra en la segunda.

Llegas al ventanal. Y mirando a poniente, tiras esto en tres veces. Y tú

misma verás tu destino.

No viene conmigo.

Es tu destino. No es mío. Te espero aquí.

Llegas a tiempo de tomar una copa conmigo.

Soy tu destino.

¿Llamamos a tu amiga la bruja o brindamos a solas?

Las brujas no beben vino.

¿Has venido aquí para adivinar mi destino en colaboración?

Estoy de paso.

Haciendo un viaje de inspección.

Pero he oído cantar desde la calle y no podía perder la ocasión de admirar a la

bella Lola.

¿Eres el acontecimiento más importante del país?

Nunca serás un buen político, Javier.

¿Pudiste decir que venías a buscarme?

Me voy de viaje.

¿Por qué no me dijiste a dónde ibas?

Tampoco tú eres muy diplomática.

Tienes razón.

A los de abajo ni siquiera les he dejado una nota.

Me estarán buscando.

Adiós.

Límpiate por lo menos la ceniza del pelo.

Vas a hacer estornudar a tu soldadito.

Buenos días, ¿a qué hora llegaron?

Eh,

deja, que no he pescado nada.

Lola,

ni siquiera aquí te dejan en paz tus admiradores.

¿Qué ocurre?

Ha llegado una carta.

Te doy permiso para que la leas.

Gracias.

Me permito recordarle que el próximo día 12 debe reanudar sus actuaciones en el

teatro ya que finaliza el plato que usted solicita.

Rómpela.

Buena idea.

Vamos a ver qué dice el periódico.

¡Oh, no! ¡Otra vez la bella Lola!

La gentil cantante nos ofreció una copa de champaña en su camerino.

Y luego afirmó, me enloquece el champagne.

Prefiero el pescado frito. Yo también.

Vino a sentarse a nuestro lado.

Sentada. No sabía que el trabajo de periodista fuera tan agradable.

¿Es verdad que ha nacido en un humilde pueblo de pescadores? Sí, dice la bella

Lola. Allí aprendí a cantar las habaneras que acaban ustedes de

escuchar. ¿Y qué proyectos para un futuro inmediato tiene la bella Lola?

Estar siempre aquí contigo, lejos del mundo, pensando que esto no ha de

terminar nunca.

Es una buena idea.

Lola, ¿tú has oído hablar de la sal? Ya te advertí que como cocinera soy una

calamidad.

La calamidad más grande que podía caerme encima eres tú.

Qué bien se está aquí.

Lástima que el tiempo pase tan deprisa.

Vamos, Javier. No pensemos en el tiempo. Vamos.

Naturalmente, cuando vuelva le echaré una buena reprimenda, pero yo creo que

no debes preocuparte, Beatriz. A fin de cuentas, Javier es un muchacho juicioso.

Sí, pero esta mujer de la que me has hablado, la bella Lola... Bueno, yo no

sé nada, son suposiciones.

El hecho de que estén ahora los dos en Sevilla me hace sospechar, pero en

definitiva, algo sin importancia.

Ni se ha tomado la molestia de escribirme. Los jóvenes son así.

Mira... Recuerdo que a su edad conocí yo en Granada a una trapecista de circo.

Señor ministro.

Bueno, no tiene importancia. Un poquito más de té, ¿verdad? No.

Después de un año de no ver tierra porque la guerra me lo

impidió me fui al puerto donde

se hallaba el que adoraba mi corazón.

saco el pañuelo y me saludo pero

después llegó hasta mí

me dio un abrazo y en aquel acto

¿Dónde se hallaba el que adoraba mi corazón?

Ay, qué placer

sentía yo cuando en la

playa saco el pañuelo y me saludo.

hasta mí me dio un abrazo y en aquel acto

creí

Creí que esta canción no terminaba nunca.

¿Qué te ocurre, Javier?

Nada. Es que cuando vengo a buscarte al teatro, tengo la impresión de... Bueno,

tú eres la bella Lola. Estás en pleno éxito, no hay que olvidarlo.

Aquí perteneces un poco a todos.

Mira, ¿has visto esto?

Lo último que pierden los hombres.

Es la esperanza.

Le diré a Ana que lo devuelva.

No, no, ¿por qué?

Forma parte de tu triunfo. Es un homenaje que no puedes rechazar.

Pero lamento no poder compartir tu alegría.

Pero no te reprocho nada, Lola.

Sé que no te ha sido fácil llegar hasta aquí.

Habrás tenido que sacrificar tantas cosas.

Sí, tal vez demasiadas.

Perdóname, no pensemos más en eso.

Quiero verte triste.

Bravo, Lola. Ha estado usted maravillosa.

Aquí está el nuevo contrato.

Espero que esté a su gusto.

¿Quiere usted echarle un vistazo?

Pues sí, amigo Javier. Esto señala el principio del verdadero triunfo de la

bella Lola.

Tengo grandes proyectos, sí, señor. Esta temporada próxima iniciaremos una

tournée por toda Europa.

Quiero que el nombre de la bella Lola sea famoso en el mundo entero.

Algo así como una nueva Cleo de Merode.

¿Pero qué hace?

¿Qué le sucede?

La bella Lola ya no existe, señor Vega.

Pero esto es absurdo.

Jamás se le ha ofrecido un sueldo tan alto a una cantante.

Convénzala usted.

Diga algo.

Oh, no.

Lo único que me faltaba.

No puedo ni verlo.

algún día se dará cuenta de la oportunidad que ha perdido al rechazar

mi contrato.

¿No era esto lo que querías?

Sí, pero no me basta.

Te quiero a ti para siempre, sin tener que huir ni escondernos de nadie.

Quiero que regresemos a Madrid y que sepan todos que quiero casarme contigo.

En tu caso, yo también lloraría.

Tener que aguantarme toda la vida es como para asustar a cualquiera.

Bienvenido, señor. Le echábamos de menos. Gracias, Miguel. ¿Está en casa mi

madre? Sí, señor.

Es que no hay nadie aquí.

¡Eh! ¡La señora de la casa!

¡Javier!

Mamá, cada día estás más guapa. Te mereces un buen tirón de orejas.

Ah, puede que no te conformes con una, pero déjame que te lo cuente todo.

No empieces a regañarme antes de ti. ¿Por qué? ¿Ya has hecho alguna de las

tuyas?

que tienes que decirme. ¿Pero qué quieres?

¿Que te abrace y te dé la enhorabuena?

Mamá, te he dicho que la quiero. Es inútil que trates de convencerme.

Javier, cuando eras pequeño y querías algo que te podía hacer daño, yo no te

lo daba.

Tú te desesperabas, cogías una rabieta y llorabas, pero yo seguía negándotelo.

Ahora es más difícil, Javier.

Ya no eres un niño.

Pero sigo dándote disgustos.

Mamá, quisiera que la conocieras, que hablases con ella.

La querrías tanto como yo. Yo no tengo nada que hablar con ella. Y si algún día

quiero verla, iré al casino a oírla cantar. Es todo lo que me interesa de

esa mujer.

Bien, te ahorraré esa molestia.

Esta noche, en la fiesta de beneficencia, la conocerás.

Javier, esto ya no es una rabieta. Es mucho peor.

Es una torpeza.

Sigue siendo un niño caprichoso.

Sí, tal vez.

Tal vez tengas razón.

Solo que esta vez no pienso llorar.

A mí también, María Luisa.

No te preocupes, no será capaz de traerla aquí. Tú no conoces a mi hijo.

Los pobres de San Cayetano van a ser los pobres más ricos de Madrid.

Es la bella Lola, la cantante. ¿Y qué hace aquí entre esa gente?

Estará contratada para esta noche.

Mira quién está ahí.

La bella Lola.

Me han dicho una cosa horrible.

Que tu hijo se va a casar con ella.

Hay gente mala, ¿verdad?

Sí, hay gente muy mala.

Creo que has hecho mal en traerme aquí.

Es verdad.

La gente va a empezar a envidiarme.

¡Ah, caramba! La mejor pareja de Madrid.

Pronto, muy pronto podrás besar su mano.

Federico será nuestro padrino de boda.

Chico, voy de sorpresa en sorpresa.

Os felicito de todo corazón.

Gracias.

¿Comisario López? No, no, no. Inspector nada más. Es muy difícil ascender en la

policía. ¿Nos vamos?

Bueno, ¿y la fiesta cómo os va? Bah, los estamos desvalijando. Pero les gusta.

¿Quieres que os ayudemos?

Toma, Lola.

Contigo va a ser un verdadero atraco. Usted siempre tan galante, señor

inspector.

Ya te dije que no conocías a Javier.

Mamá, quiero presentarte a... Sí.

Encantada. Tengo que hablar contigo.

Bueno, Lola, ¿vamos a sacar algún dinero?

Vamos, ¿eh?

Una flor, señor.

Caramba, la bella Lola. Si no lo veo, no lo creo.

Tu conducta no es digna de nuestra familia.

Por favor, basta ya.

He dejado sola a mi prometida y va a pensar que somos una familia muy poco

conecta.

Prometida.

Supongo que te habrás dado cuenta de cómo han acogido a tu prometida.

Lo que estás haciendo es una torpeza.

A una mujer así solo un estúpido puede exhibirla.

Señor, una flor.

Ya tengo.

Pero por una canción de la bella Lola, daría esto.

Es una buena idea.

¿Por qué no? Cantar es mi oficio.

Gracias. Todo sea por nosotros.

Por favor, maestro. ¡Ay, qué bonito es Madrid!

Capital de España, qué bonita población, con su calle de

carretas y con su puerta del sol.

Viva el mesón de paredes, con su gracia y con su sal, y

sus toreros famosos dan a lo majo vestidos por la puerta

de Alcalá.

Qué bonita es la calle de la Montera, con sus

tiendas de lazos y madroñeras. Qué bonita es la

plaza de Antón Martí, donde las

aguadoras venden el agua con el anís.

¡Ay, qué Madrid tan grande!

Cosa igual yo no vi.

¡Ay, qué Madrid!

Caballero, ¡ay, qué bonito!

¡Ay, qué bonito es Madrid!

La salud a los mazos y también su majestad.

En sus corridas de toros luce el tato y Juan León.

Y en el café del brillante, entre las coplas y el vino, se

enardece el corazón.

Qué bonita es la plaza de la armería donde hacen las

paradas la infantería. Qué bonita es la

calle del Arenal donde las

damiselas van en berlina hacia el Real.

¡Ay, qué Madrid tan grande!

Cosa igual yo no vi.

¡Ay, qué Madrid!

Caballeros, ¡ay, qué bonito!

¡Ay, qué bonito es Madrid!

Eso que llevas en el pecho no es solo metal y tela.

Te obliga a actuar de otra manera.

Perdona, mamá.

Una flor, señor.

Gracias por haber venido. Temí que se negara usted a visitarme.

Espero que Javier no sepa que estoy aquí.

No, y le agradeceré que no le hable usted de esta entrevista.

¿Quiere usted pasar?

Supongo que ya sabe por qué la he mandado llamar.

Sí, señora.

Pero no me juzgue mal.

Tengo razones muy importantes para tratar de... Yo también tengo una razón

muy importante, señora.

Quiero a su hijo.

Y espero que usted no haga nada por separarnos.

No, yo no puedo hacer nada. No puedo luchar contra usted.

Mi hijo ha abandonado su carrera.

Está dispuesto a perder sus amigos, a destrozar su porvenir por usted.

Puede estar satisfecha de todo lo que ha conseguido.

Entonces, no tenemos derecho a ser felices.

¿Por qué?

Si Javier se casase, sería desgraciado.

Y esto tampoco le haría a usted feliz.

Y usted cree que separándome de él, lo sería.

Mire, Lola, las dos queremos de verdad a Javier.

Pero yo le quiero mejor, sin ningún egoísmo, pensando solo en él, en su

felicidad, no en la mía.

Pero usted no me puede pedir que le quiera igual.

Yo no le pido nada.

Le digo solamente que Javier no podrá nunca olvidar su pasado, que se alzará

entre los dos en el momento más inesperado.

Javier sabe perdonar, pero no podrá olvidar.

Hasta hoy he creído que podría conseguirlo.

¿Usted cree que un hombre puede pasarse la vida tomando del brazo a su mujer y

llevándosela violentamente de todas partes?

Javier puede ser héroe un momento, no todos los días.

Acabará odiándola.

Si algún día llega usted a ser su mujer, se acordará de mis palabras.

Javier quiere casarse.

¿Pero usted qué piensa?

Ve como tengo razón.

Sí, sí, lo sé.

Lo he sabido siempre.

Pero usted me pide que renuncie al único hombre que de verdad he querido.

Lola, sé que es muy duro lo que le estoy pidiendo, pero nunca se

arrepentirá de hacerlo.

Si de verdad le quiere...

Hágalo por él.

Llévese a Javier de mi lado.

Trataré de alejarlo por algún tiempo.

El resto depende de usted.

Lola.

Me promete que no volverá a verle nunca más.

¿Por qué has venido?

¿No quedamos en que las despedidas en la estación eran demasiado tristes?

Está bien.

Nos despediremos otra vez.

Mira.

No te dan envidia.

Ten.

Era de mi padre.

Llévalo tú hasta que vuelva, porque... No, guárdala.

No hay que anticipar las cosas.

Trae mala suerte.

¿Quién habla de mala suerte?

Si su excelencia en persona me ha mandado llamar, no quiere que deje mi

carrera. Me ha dado un cargo muy importante.

Pero lo más importante es que cuando vuelva, vas a ser mi mujer.

Sí, para mí también será una eternidad.

Pero ahora es distinto. Mi madre empieza a comprender que se ha equivocado

contigo. Esto será como... como una especie de prueba.

No quiero verte triste.

Ya verás cómo todo irá bien.

Javier... Javier... Cuando seas mi mujer, no nos separaremos nunca.

Rosa encarnada de mi dolor.

La flor estaba en mi boca y allí

tus labios subieron.

Entonces me volví loca, tus labios lo

consiguieron.

De aquellas hogueras ya solo hay ceniza,

aunque ahora lo quieras no vuelve

el amor.

Puerta cerrada,

plaza mayor.

Rosa encarnada de mi dolor.

de nardo y de hierbabuena.

Después llegó la amargura y el beso

muere de pena.

La herida y el fuego me queman la

boca.

Aquello fue un juego de burla.

Cerrada, plaza mayor,

rosa encarnada

Llego en mal momento, Lola.

Sabía que vendrías.

Por lo menos eres sincera.

Si hubieras dicho que me esperabas, no te hubiera creído.

Puedo acompañarte esta noche.

¿Por qué no?

Es curioso, las cosas nunca salen como uno espera.

Yo solo venía a devolverte algo que siempre ha sido tuyo.

Hola, Javier. ¿Qué tal el viaje?

Bien, gracias por haber venido.

¿Y Lola? ¿Cómo no está aquí?

Oye, ¿sabes por qué no ha contestado a mis cartas?

Vamos, Javier, es mejor que vayas tú a verla.

¿Pero qué sucede? Vamos.

Amapola, lindísima amapola, será

siempre mi alma tuya sola.

Yo te quiero, amada niña mía,

igual que ama la flor, la luz del

día.

Amapola, lindísima amapola,

no seas tan ingrata.

Amapola, Amapola, ¿cómo puedes tú

vivir tan sola?

Amapola, amapola, ¿cómo puedes

tú vivir tan sola?

Creí que estarías más tiempo fuera.

Me ha sorprendido tu regreso tan rápido.

¿Otra vez has venido a parar aquí?

Aquí soy la bella Lola.

¿Qué querías que hiciera?

¿Que me quedara encerrada en mi habitación?

Esta es mi verdadera vida.

Es inútil que queramos engañarnos.

¿Cómo has podido volver con ese hombre?

Yo necesito muchas cosas que tú no puedes darme.

Ya sabes dónde vivo.

Yo siempre te he querido.

A mi manera.

Toma.

Ahora ya estamos en paz.

No creo que valgas mucho más.

Bien, te estaba esperando.

Aquí tienes el nombramiento que solicitaste.

Supongo que ya tendrás hecho el equipaje.

Gracias, Gaspar.

Te irá bien pasar algún tiempo lejos de Madrid. Otras caras, otros ambientes...

Además, el trabajo puede ayudar a olvidar muchas cosas.

Estaba seguro de que reaccionarías así. Es bueno reconocer los propios errores.

Habrá sido duro para ti, pero... Preferiría no hablar de ello. Muy bien.

De todos modos, quiero felicitarte. Los hombres de verdad no sucumben ante sus

debilidades.

Buena suerte, hijo mío.

Gracias, don Gaspar.

Gracias, María.

Puede llevárselo.

Supongo que es inútil pedirte que te quedes.

No puedo continuar esta comedia, Gabriel.

Tú no me has engañado nunca, Lola.

Sé por qué volviste conmigo.

Y sé también por qué me dejas ahora.

Pero esta vez no pienso en mí, sino en ti.

Esta es tu casa, Lola.

No volveré más.

Te lo ruego, quédate.

Perdóname, Gabriel.

He cometido muchas equivocaciones en mi vida.

Pero ha llegado la hora de jugar limpio, también contigo.

Le llamaban Rosa Luna y era de rosa y marfil,

gitana de las Castillas, nacida en Valladolid.

En una feria sus ojos negros encandilaron a un

caballero.

¿Qué fue en Medina? Sí, sí, ¿qué fue en Olmedo?

Retires el fachendoso, no corteje a Rosa Luna, que

cuatro primos le sigue desde las doce a la una.

No te fíes de la noche, que es la noche mujitana, y al

que le siguen de noche, muerto está por la mañana.

De noche le seguían al caballero, la gala de

Medina, la flor de Olmedo, la flor de Olmedo.

En la orilla del piso erga un caballero

gentil atravesado de

navajas de cara a Valladolid.

Son cuatro heridas, golpes certeros y escrito en sangre hay un

letrero.

¿Qué fue en Medina? Sí, sí, ¿qué fue en Olmedo? Que no culpen

la justicia, por esto a gente ninguna.

Le han matado a cuatro gitanos, porque él era Rosa Luna.

No te fíes de la noche, que en la noche es mujitana, y al

que le siguen de noche, muerto está por la mañana.

De noche le mataron al caballero, la gala de

Medina, la flor de Olmedo, la flor de

Olmedo.

la flor de oliva

Lola, ¿qué te sucede?

Supongo que no es la primera vez que le ocurre, ¿verdad?

Necesita un reposo absoluto.

Tiene que llevar una vida ordenada.

No quisiera asustarla.

Pero la lesión que tiene en el corazón puede ser grave.

Si me deja, aún puedo ayudarla.

Pero usted también tiene que ayudarme a mí.

De usted depende.

Gracias, doctor.

¿Sabes lo que te digo?

Que estoy empezando a enamorarme de ti. Un poquito.

Ah, y de ti también.

Un poquito.

Quiero ser feliz.

¿Y cómo vas a ser feliz si te duermes?

Vamos, muchachos, se acabó el juego.

¡A bailar todos!

Tiene la copa para Lora, que solo bebe champán.

Y otra, otra más, Lora.

Señorita. Señor Blanco. Vaya a buscar a Lola y llévesela a su casa.

¿Ha sucedido algo?

Entre y lo verá. Y por mí puede descansar una temporada.

Lola, ¿qué te sucede?

Ana, estoy mal.

Sácame de aquí. Lola, Lola.

Lola.

Pedro. Siento que te hayas equivocado.

¡Sí! Vaya, llevo dos días en este pueblo y ya me he acatarrado tres veces.

No sé cómo puede resistir este clima.

Con esto.

Es la única forma de matar el tedio.

Federico, ¿qué hay por Madrid?

Pues yo veo otras maneras de matar el tedio.

¿Cómo se llama?

Es Julia, la hija del alcalde.

Federico, te quería preguntar.

¿Vais mucho al casino?

Supongo que todo sigue como siempre, más o menos.

Si te refieres a Lola, creo que las cosas no le han ido muy bien

últimamente. Solo piensa en divertirse, en beber y en jugar.

Y eso cuesta dinero.

Bueno, supongo que hay quien paga por ella.

No, no.

Eso parece que acabó hace tiempo.

Ahora está sola.

Y además dicen que está enferma.

¿Está enferma?

Sí, hiciste bien en romper con ella.

Esas mujeres acaban todas igual.

Javier. Usted es Javier.

Ah, te han cazado. Ahora tendrás que pagar prenda. Me conformo con un baile.

Lo siento.

No se baila.

Es usted el secretario de juntas más fúnebre que hemos tenido.

En cambio, yo soy alegre como una peonza.

Vamos a bailar.

Mira, mira lo que me ha dado ese usurero.

No volveré allí aunque me muera de hambre.

Ya no tendrás que volver.

¿Sabes quién ha venido a verme?

Mi empresario.

Vaya tipo.

Esta noche vuelvo al casino.

¿Me lo ha pedido, por favor?

Ana, ¿tú crees que tendré fuerzas para volver a cantar otra vez?

¿Pero cómo se te ocurre salir esta noche?

Mira, mírate.

Estás pálida como una muerta. No seas fúnebre, Ana.

Esto se arregla con un poquito de colorete.

Lola, ¿no recuerdas lo que te dijo el médico?

Has escogido el peor día para salir.

Hace mucho frío.

Hoy es Ana.

Es carnaval.

Salgamos a divertirnos.

Señores, por favor, un poco de silencio.

Se encuentra entre nosotros, después de una larga ausencia, un artista que

ustedes no habrán podido olvidar. La bella Lola.

Que ahora va a interpretar su canción preferida, La Paloma.

Salí de La Habana, válgame Dios.

Nadie me ha visto salir si

no fui yo.

Y una linda

huachinanga

Allá voy yo.

Que se vino tras de mí.

Que sí, señor.

Si a tu ventana llega una paloma.

Con cariño que es mi persona,

cuéntala tus amores bien de

mi vida.

Corónala de flores que es cosa mía,

ay chinita que sí.

Ay, que dame tu amor.

Ay, que vente conmigo,

chinita.

¿A dónde vivo yo?

Ay, chinita, que sí.

Ay, que dame tu amor.

Amigo chinito, ¿a dónde

vivo yo?

Amores, bien de mi vida,

coronala de flores,

que es cosa mía.

Ay, chinita, que sí, ay, que dame tu

amor.

vente conmigo chinita

a donde vivo

yo

Gracias a Dios que ha venido usted.

En toda la noche no ha hecho nada más que pronunciar su nombre.

Lola, ha venido.

Él está aquí.

Ayúdame, Ana.

No quiero que me vea así. ¿Qué haces? No puedes moverte.

Lola.

Lola.

Ha venido.

Ha venido, Ana.

Cuidado.

Ana.

Ya te dije yo que vendría.

Me quiere todavía.

Me quiere.

¿Cómo estoy, Ana?

Estoy mal.

Estoy pálida.

Ayúdame. Anda, ayúdame.

Ve. Ve a avisarle.

Corre, ve a avisarle.

Yo no te he llamado.

Algún sitio habrá donde podamos ser felices.

Sí.

Llévame contigo.

Muy lejos.

A una playa llena de luz.

Sí.

Empezaremos una nueva vida.

Tú y yo juntos para siempre.

¿Me oyes?

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.