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Silvia, coño, todo el mundo que me conoce lo sabe.
Soy un sinvergüenza.
Me follo todo lo que se mueve.
Aun teniendo una preciosa novia con la que voy a casarme, he tenido tiempo de
buscarme una amante.
Pero eso sí, ¿qué amante?
Se llama Carmen.
Esa zapata de vuelo.
Y en la cama es su amica.
Me llamo Luna.
O digamos... Todo lo contrario a mi novia, Silvia.
Ella es preciosa.
Y no nos engañemos, su padre está forrado.
Sí, mi futuro no podía pintar mejor.
Vaya, ni el culo de este putrón.
No está nada mal.
Muy buena.
Entonces, ¿qué puedo hacer por ti, guapetón?
La pregunta, Luna, es ¿cuánto me cobras por una buena mamada? ¿Una buena mamada?
Cariño, mis mamadas son puro arte.
Y te va a costar...
100 euros. ¿100 euros?
Joder, más te vale que sea arte, cariño.
¿Aquí? Sí, ¿por qué no? Esta calle me gusta y por ella no te preocupes. Le
gusta mirar.
Muy bien.
¿Tú pagas? Tú mandas.
¿A tu chica le gusta mirar?
Sí.
Y a mí me gusta que se ponga mirando cómo me la chupan.
¿Quieres verlas?
Sí.
Enséñamelas.
¿Te gustan?
Sí. Son muy suaves y firmes.
Pasa por idiota.
Seré tonta.
Ojalá se estrelle el muy hijo de puta.
Solo me quedaban diez horas de soltería.
Ocho para dormir y dos para llegar echando leches a la iglesia.
Luego un futuro bien asegurado.
Dinero y una guapa esposa.
Un trabajo con futuro prometedor.
¿Y qué coño? Dinero y una buena vida.
Todo estaba yendo viento en popa.
Joder.
Entonces, ¿por qué siempre acaban torciéndose las cosas?
Esta es Lorena, mi regalo de boda.
Carmen. ¿Pero qué coño es esto?
¿Mi amante me hacía un regalo?
Y eso que estaba enfadada.
El que me casara no le había sentado nada bien, pero Carmen nunca dejaba de
sorprenderme.
Gracias.
Misteriosa, salvaje y hermosa.
Un juego peligroso había comenzado, pero yo aún no me
había dado cuenta.
Putida puta, ¿pero a ti qué te pasa?
Esto ha sido parte del regalo de Carmen, no es cosecha propia.
Me había arañado como solía hacerlo Carmen.
Me había enfurecido como lo hacía Carmen. La puta se llamaba Lorena, pero
el ambiente respiraba a Carmen.
Y que ni se fuera ella me la iba a follar.
en el suelo.
¿Que se había disfrutado?
Joder, como un condenado.
Lorena era salvaje y yo había perdido el control.
Igual que solía hacerlo con Carmen.
Qué sensación más extraña. De alguna forma, Carmen había estado presente toda
la noche.
Bueno, no sé, supongo que fue el alcohol o alguna otra cosa, pero me dormí.
Debía pasar un buen rato. De pronto, el sonido fuerte y seguro de unos tacones
de mujer me despertó.
Felices sueños, mi amor.
Carmen.
No conseguí entender.
Había visto realmente a Carmen.
La cabeza me daba vueltas.
Nos había observado durante toda la noche.
¿Y por qué?
¿Sólo por el morbo?
¿O escondía algo más?
Cuando por fin desperté, ya era de día.
Me costó ubicarme.
Miré a mi alrededor.
Sí, ahora recuerdo.
Temía que se me hubiese hecho tarde y no llegase a mi propia boda.
Entonces lo noté. Algo oprimía mi cintura. No me podía mover.
Y un dolor muy intenso. ¿Qué coño me estaba pasando?
La madre que la parió.
¿Pero qué coño me has puesto?
Tenía que encontrar la llave. En algún sitio la habría dejado. Carmen no podía
ser tan cruel.
I've traveled far, I've traveled wide, so many miles I'm bleary-eyed,
still I get no place with you.
Been burnt in deserts, frozen ice, I've even been to
paradise,
but I get no place with you.
Disculpa, pero tengo mucha presa. ¿Eh? ¿Pero tú de qué vas?
Mira, niña, no me jodas, ¿vale?
Será cabrón el tío. ¡Gilipollas!
Sí, diga.
¿Carmen? Carlos, ¿desde dónde me llamas?
Desde una puta cabina.
Pensaba que aún estarías durmiendo después de la noche de lujuria y
descontrol que pasaste ayer con Lorena.
No es momento de gastar bromas sarcásticas. Entonces, ¿por qué me
llamas? Para que me expliques, Carmen, qué puta gracia tiene esto.
Perdona, cariño, pero estás muy gracioso.
¿Gracioso? Ah, muy bien. Entonces supongo que te partirás el culo al saber
que he encontrado el cable del teléfono cortado.
Ah, y esta sí que es buena. El móvil pues no lo encuentro por ninguna parte,
pero claro, tú no sabes nada de esto, ¿no?
No tengo ni idea de qué me estás hablando.
¿Tú estás loca o qué coño te pasa?
¿Carmen? ¿Carmen?
¿Carmen? Contesta, venga.
¿Sí?
Carmen, por favor, no me cuelgues.
Así está mucho mejor.
Ya sabes que no me gusta que sueltes tacos, querido.
¿Y cómo quieres que te hable? ¿Vas el día de mi boda y me gastas una broma
así? Cariño, lamento informarte que he perdido el sentido del humor. Es más, lo
perdí hace mucho tiempo.
Y déjame que te aclare una cosa. Esto, Carlos, no es una broma. Es algo muy
serio. Pues yo pensaba que te había quedado claro, pero ya veo que no.
¿Qué es lo que me tenía que quedar claro, Carlos?
¿Que no me podía enamorar de ti porque eso no cuadraba en tu apretada agenda?
¿Que lo que al principio era suficiente llegó un día que ya no lo era?
¿Que ser la mujer que tenía que salir de tu casa escondida sí me importaba?
No, Carlos.
Simplemente un día me enamoré locamente de ti. Y te aprovechaste de esa
circunstancia. Me llamabas cuando te apetecía y ahí estaba yo, fiel,
esperando poderte complacer.
Dios, qué estúpida he sido.
No te culpé nada.
Tenía novia, tengo novia. Y cono sin tu bendición, me voy a casar. Así que ¿por
qué no me das la puta llave de este chisme?
¿Te das cuenta de que no me has dicho ni una sola palabra cariñosa?
¿Cómo? Sí, quizás sea esta la última vez que tú y yo hablemos. Pero Carmen, ¿a
qué viene ahora tanta tontería? Tú y yo solo follamos.
Nos lo pasamos bien en la cama, pero nunca, repito, nunca hablamos de amor.
Es más, apenas hablamos. Solo es sexo puro y duro. Tienes razón. En
definitiva, yo nunca te interesé. Por lo menos como persona.
Venga, Carmen, no digas tonterías. No, no, hablemos con franqueza. Nunca
quisiste saber con quién me veía, lo que buscaba, lo que deseaba, lo que
necesitaba. ¿O no es así, Carlos?
No a desearme, sino a quererme.
Claro que sí.
Y al contrario de lo que piensas, odio hacerte daño. ¿Y por qué lo haces?
Supongo que porque soy egoísta.
¿Me echarás de menos?
Sí. Y cuando estés con otro, estaré muy celoso.
¿Con otro? ¿Por qué dices otro? Podría ser otra. O ambos.
¿Otra? No sabía que te llevase a rollo.
Esta Carmen es nueva.
¿De veras? Sí.
¿Por qué estás hablando de ti? ¿No es así?
De una parte de mí.
¿Y qué parte no incluyes?
La verdad.
La que no te interesó conocer.
Sin compromisos o ataduras, solo placer.
Una relación hecha a medida.
Claro está, a tu medida.
Venga, Carmen, nunca me pareció que esto fuera un problema para ti. Yo pensaba
que tú también querías una relación sin ataduras ni compromisos, como tú bien
dices. ¿A qué viene ahora esa preocupación por nuestros sentimientos?
¿Me lo puedes explicar?
El mero hecho de tener que explicártelo lo convierte en absurdo. Estás enfadada.
Sí que lo estás.
¿Y qué?
Es una grita en tu armadura.
No llevo armadura.
Sí, la llevas.
Y es más, estoy convencido de que aún me deseas.
Serás capullo. No, no te deseo. Gracias. Gracias por tu franqueza.
Y dile, ¿fue ya bien?
No te hagas esto, Carlos.
Tú contesta.
¿Es buena?
¿O buena?
¿O lo que coño sea?
Sí. ¿Mejor que yo?
Diferente. ¿Mejor?
Más tierno. O más tierna.
¿Qué quieres decir?
Ya lo sabes.
No.
Explícamelo. ¿O es que acaso te traté como una puta? A veces.
¿Y por qué será?
¿Todo esto te está poniendo cachondo? No.
Embustero. ¿La idea de que tenga las brejas mojadas mientras te hablo no te
pone cachondo?
Dicho así, sí.
Pero por culpa de tu regalo la estimulación duele.
¿Te masturbas para ellos? Sí. ¿Y ellos?
También. ¿Te has corrido fuerte?
¿Por qué?
Porque quiero saberlo. Sí, me he corrido.
¿Cuántas veces?
Dos o tres, no me acuerdo. Fue delicioso.
¿Te acordaste de mí? No, ni un sobreinstalado.
Definitivamente tres.
Tú nunca me has hecho correr tres veces seguidas, ¿verdad? Pues no lo recuerdo.
Y dejando tus apetitos sexuales de lado, ¿por qué no me dices dónde está la puta
llave? Oh, creo que no, cariño. Eso que llevas alrededor de tu cintura me ha
costado una pasta y por lo tanto pienso sacarle provecho. Eres mala y rebuscada,
Carmen, y este juego ya empieza a cansarme.
No te pongas nervioso, cariño.
Es malo para la tensión.
No me digas.
¿Y qué quieres que haga?
Que guardes tus encantos para tu futura esposa, qué buena falta te van a hacer.
Silvia no tiene problemas, le gusto tal como soy. Sí, ¿estás seguro?
Y es muy comprensiva, porque tendrás que explicarle lo del juguete que llevas
entre las piernas.
Carmen, por favor, te lo ruego, recapacita, compórtate como una adulta.
¿Todo esto lo estás haciendo porque me voy a casar?
¿Y tú no crees que es suficiente motivo?
La odias, ¿verdad?
No, no.
Es mucho más de lo que te mereces.
¿Cómo me dijiste que se llamaba?
Silvia.
¿Qué? No, pregunto, que si estás bien.
Solo un poco preocupada.
¿Solo un poco?
Cariño, hay mucho en lo que pensar.
La boda, por ejemplo. Quedan muchos preparativos aún.
Alguien se tiene que preocupar, ¿no?
No, si yo me preocupo mucho, cariño.
Por ejemplo...
Me preocupa que desde mi despacho no tenga vistas como estas. Es más, me
cabrea.
Mira.
Aquí mismo. ¿A que está bien?
¿Y qué?
Te lo explico en pocas palabras.
Cuando tu padre me pase las riendas de la agencia, me haré construir la oficina
aquí arriba. ¿Qué te parece? Estás como una puta cabra. ¿Y si nos pilla mi padre
aquí arriba? Deja a tu padre y dime qué te parece la idea.
Bueno, un palacio en los cielos no está mal.
Justo con el mundo a nuestros pies.
Sí, como los dioses del Olimpo, traviesos y perversos.
Me gusta la idea.
Yo sería Afrodita naciendo de las aguas pura y limpia.
Muy bien. Y si tú eres Afrodita, la diosa del amor, yo seré Adonis, tu
eterno enamorado.
¿Nos van a ver? No, ¿qué va?
Los mortales son como hormiguitas.
Ajenos por completo a lo que ocurre aquí en las alturas. En la puerta.
En cualquier momento pueden entrar.
Sí, tienes razón. Es excitante, ¿verdad?
Carlos, no, basta.
Tienes que volver al trabajo.
Yo estoy trabajando. Me estoy trabajando a la hija del jefe justo encima de su
despacho. Eres un cabrón.
Gracias.
Sí, sí.
¡Gracias!
Gracias.
Oscar Wilde dijo una vez que el trabajo era el refugio de aquellos que no tienen
nada mejor que hacer. Y yo no podía estar más de acuerdo con él.
Hola,
¿no sabía que habías vuelto de París?
Ya lo veo.
Carmen, venga, tú ya sabías que tenía novia, ¿verdad que sí?
Carmen. Carmen.
Yo nunca te prometí nada.
Lo nuestro fue un pasatiempo. Estuvo bien mientras duró, pero se terminó y
punto. No le des más vueltas.
O sea, solo fui tu pasatiempo.
Bonita expresión para definirme.
Venga, Carmen, no saques las cosas de contexto. No es eso lo que he querido
decir y tú lo sabes.
Te cienflo.
Esto no nos conduce a nada. No intentes convencerme. Voy a conseguir lo que me
he propuesto.
Carmen, no me jodas. Esperaba que una mujer como tú, liberal e inteligente,
estuviera preparada para un final como este. Para ti, Carlos, una mujer que
reúne esas condiciones solo sirve para un revolcón. Eres un hijo de puta. Y
lamento no haberme dado cuenta antes.
Vale.
Acepto que no siempre he sido sincero contigo, pero me caso en un par de
horas. No me vale eso. No sé lo que decir. Yo sí. Voy a llegar hasta el
final. Entiendo.
Estás disfrutando con esto. No voy a negarlo, Carlos. Así es. Donde las dan,
las toman.
Pero tanto daño te he hecho. Sí, aunque no te hayas dado cuenta. Tengo
sentimientos y me duele que me humillen. ¿Que te humillen? Yo nunca te he
humillado. Ah, no. ¿Has olvidado cómo nos conocimos?
No, claro que no.
Pero tampoco recuerdo que fuera humillante.
Me tratas como si no nos conociéramos.
¿Soy un desconocido? No, eres simplemente un cabrón.
Pero te gusta.
Sí, pero puedo cambiar de opinión.
¡Está bien!
Hola. Un vodka con zumo de verano.
Muy bien.
La verdad, creo que es mejor así. No soy lo suficiente. No lo digas. Joder, no me
digas que soy demasiado buena para ti. Lo soy, pero no lo digas.
¿Por qué te disculpas? ¿Por qué te sientes culpable? ¿Cómo te sientes?
Culpable. Bien.
No.
Explícamelo.
¿En serio?
¿Qué quieres decir?
No, es solo curiosidad. Porque en un momento como este, ¿con qué parte de tu
anatomía piensas?
¿Con la de arriba?
¿O con la de abajo?
Gracias. Gracias por tu franqueza.
Me disculpo.
¿Ya has acabado tu turno?
No, cariño.
El cabrón de Tony nos tiene trabajando a doble turno por la misma mierda de
dinero. Hay cosas que no cambian nunca.
No sé, mi padre ya me lo dijo.
Hija, si quieres hacer carrera, más vale que estudies duro.
Y sí, duras he puesto muchas, aunque no creo que mi viejo se refiera a eso.
¿Qué sabrán los hombres? No saben lo que nos conviene.
Hablando de tíos, ese estaba muy bien.
¿Quién? No me jodas.
El que te ha metido la lengua hasta la campanilla. Sí, está bueno.
Y besa bien.
Fuerte. Sí.
Por lo menos lo que he podido palpar.
Y algo más.
Calza un pie muy grande, me he fijado en detalle.
¿Qué? Ya sabes lo que dicen de los hombres.
¿Pies grandes?
Polla grande.
Grande.
La verdad es que está como un tren.
Entonces, ¿te lo vas a tirar?
No sé, va muy rápido.
¿Muy rápido?
Como todos.
Pero, tonterías aparte, ¿te lo vas a tirar?
Aparte de ir rápido, hay algo raro en él. Algo inquietante.
Ay, Carmen, ¿cuándo vas a aprender?
Los hombres son como los albas libres.
Los sacas del paquete, te los pasas por el coño y luego los tiras. Y a por el
siguiente.
Qué burra eres.
Te quiero. Hasta luego.
Hasta luego.
¿Qué coño? Estas tetas aún causan estragos.
¿Qué coño? ¿Pero qué haces?
¡Cállate! ¡Joder, sal de aquí!
¡Cállate!
Y ahora, levántate.
Eso es.
Húmeda y rabiosa.
Perfecta combinación.
¿Para qué?
Para follarte como nunca en tu vida te han follado.
¿Crees que bien entra?
¿Te gusta?
Contesta.
¡No te crees!
Vamos.
¿Así?
¿Te gusta?
Sí.
¿Qué pasa? ¿Me puedes con ella?
¿Vas a tomar un poco más de mi polla?
Vamos. Trágatela.
Vamos.
Sí. Ahora vas a ver.
Sí. Muy bien. Eso es.
Sí. Sí.
Vamos. Chupa.
Así. No pares. Mírame.
Así está bien.
Sí. Muy bien.
¿Te gusta?
¿Qué haces?
Ven aquí.
Vamos.
Sí.
Ven aquí, levanta.
Te voy a enseñar a ti lo que te...
Te va a gustar.
Sí, ¿verdad que sí?
Te va a gustar.
Sí.
¿Te gusta?
Abre la boca.
Sí. Vamos.
Eso es.
¿Dónde vas?
¿Eh?
¿Dónde crees que vas?
Gateaba rápido para salvar tu orgullo, pero lenta para que él le escapara.
¿Y si eso es lo que pensabas?
¿Qué otra cosa iba a pensar?
¿Dónde vas?
Solo acabamos de empezar.
¿Sabes qué?
Nos vamos a saltar los preliminares.
Sí, nos vamos a follar este culito.
Así.
¿Te gusta?
¿Te gusta?
Vamos.
Para, para.
¿Qué coño es eso de que pare?
Tú no quieres que pare, ¿verdad que no?
No te entiendo, cariño. No te entiendo.
Habla más claro.
Bien, y ahora, pequeña, ¿dónde quieres mi polla?
En el culo.
¿Ah, sí? ¿La quieres en tu culo? Sí.
Di por favor.
Por favor.
Vamos.
Dilo.
No pones en el culo, por favor.
¿Cómo funciona eso?
¿Cómo se le puede hacer eso a alguien? Lo siento.
Eso no basta.
Hablas como si no hubieses tenido elección.
Hay un momento.
Siempre hay un momento. Un instante en el que decides.
¿Puedo hacer esto? ¿Puedo dejarme llevar? ¿O puedo resistirme?
Esa noche, en el club. No sé cuándo tuviste ese momento.
Pero seguro que lo tuviste.
Espera, no te vayas. Escucha.
Déjame en paz.
¡Vete!
¡Qué carácter!
¡Joder, tío, esto se ha hecho una fiera!
¡Déjame!
¡Hijo de puta!
¡Lo sé! ¡Y lo siento!
¡Me he pasado un poco!
¡Pero no vas a negarlo!
¡Ha sido un polvo increíble!
El sexo siempre ha podido más que tu sentido de la vergüenza. ¿Y sabes por
qué lo sé?
Dímelo tú.
Porque yo nunca te forcé a hacer nada que tú no quisieras.
¿Y cómo sabes que yo quería?
Quizá no me atrevía a llevarte la contraria.
No, si ahora también voy a ser un violador. ¡Oh, genial! Ya oigo las
sirenas. ¡Perfecto! ¿A qué coño te refieres? ¡A la policía!
Soy un violador, ¿no? ¡Eh!
¡Escuchad! ¡Aquí estoy!
¡Detenedme! ¡Por la esposa, venga!
No tienes ni puta idea de lo que te hablo, ¿verdad?
¡Desposado a la vista de todos!
¿Eh? ¿Qué te parece como venganza?
Pues que me molesta que no se me haya ocurrido a mí.
Tú siempre tienes las buenas ideas.
Claro, supongo que por eso soy creativo.
Un creativo que está a punto de dar el gran braquetazo de su vida.
¿Qué más puedes desear, querido?
Justamente eso, que me dejes en paz, a mí y a mi futuro. Y por favor, ¿dónde
está la llave?
Eh, la vale, ¿no?
Además, no tenemos por qué dejarnos de ver.
Podríamos continuar con lo nuestro.
¡Vete a la puta mierda!
No tienes arreglo, querido.
Tu yo te desborda.
Y te voy a colgar. No, espera. Por favor, no me cuelgues, te lo suplico.
Mira, me pongo de rodillas.
Sé que no me ves, pero lo estoy. ¿De verdad, Carmen?
¿Y tú qué cojones miras? ¿Nunca has visto a un hombre rezar? ¿En una camina
telefónica? No, nunca.
Pues ahora sí.
Carmen, ¿estás ahí?
Sí, sigo aquí.
Todavía existen clases, no como la tuya. O mejor dicho, la ausencia de ella.
Resumiendo, ¿quieres arruinar mi matrimonio? Eso ya lo has hecho tú
solito. ¿Y dónde estás? En Roma, querido.
Ah, no lo sabía.
Pues debería.
Porque te dije que tenía un vuelo programado.
¿No te acuerdas?
Pues ya que te lo pregunto, será porque no me acuerdo.
Yo sí que recuerdo.
Recuerdo esta habitación.
La última noche que pasamos juntos en ella.
Sí. ¿La recuerdas ahora?
Sí, la recuerdo.
Y está claro que no estás sola.
No, no estoy sola.
Supongo que me lo merezco. Sí, tienes razón.
Te lo mereces.
¿Con quién estás?
Ahora resulta que te interesa saber con quién estoy. Me siento halagada, Carlos.
Y sí, lo conozco. Te equivocas, cariño.
Está más abajo.
Se llama Antonio.
Le conociste en el cumpleaños de Marta.
¿Te acuerdas?
Sí, me acuerdo.
Todo el mundo pendiente de las tonterías de Marta.
Menos él. ¿Te diste cuenta?
No. ¿Te fijaste?
Yo solo te miraba a ti.
Mentiroso. ¿Cuando me fui te lo follaste?
No. Resultó que tenía algo pendiente con Marta y un amigo.
Pero sí, me hubiese gustado.
¿Y ahora qué hace?
Me está comiendo el coño.
El cabrón solo hacía que mirarte.
Antonio.
Antonio.
Antonio.
¿Un brindis por la amistad?
Sí.
¡Por la amistad!
Gracias.
¡Ven aquí!
Gracias.
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