All language subtitles for Señoras del Hampa 01x11

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Original subtitles

¿Cómo vas, Alfonso?

Yo... regular, la verdad. ¿Para qué te voy a engañar?

Están siendo días muy duros.

Y no tengo ni idea de lo que va a pasar.

A ver cómo te lo explico.

¿Tú te acuerdas de lo que te conté del tiroteo que hubo

en la comunión del hijo de Anabel,

(Gritos)

que murió mucha gente?

"Resulta que la culpa fue de los mismos mafiosos

que nos estuvieron extorsionando últimamente".

Y de Carmona, una señora con muy mala leche que es la jefa.

¿Qué os parece?

No sé me dan muy bien las labores, pero todo es ponerse.

-Sí, todo es ponerse.

-Lo que hay que ponerse son las pilas.

Y todo se nos fue de madre y ahora trabajamos para ella y para Asun.

Está visto que es imposible mataros.

A partir de ahora, vais a trabajar para mí.

No ha sido fácil, ¿eh?

Para nada.

Y menos después de las cosas tan feas que nos dijimos el otro día.

Por lo menos yo he parido, cosa que tú no podrás hacer en tu puta vida.

No me extraña que tú marido te haya dejado. ¡Que eres veneno!

Habló la de la familia numerosa.

¡Estás sola!

Bueno, pero... a lo que iba.

Resulta que Carmona nos encargó nuestro primer trabajo.

Hay un antiguo conocido mío al que llaman Lagarto.

Tiene algo que es mío.

Tenéis que ir allí, cogerlo y traérmelo.

Yo no quiero sumar cargos de traficante.

¿Cómo?

A ver, Amparo, que lo que tenemos que hacer es llevar droga.

Eso es de primero de mafiosa.

(CARMONA) "A las 22 en punto,

un chófer os pasará a recoger por el salón de belleza Fantasy"

y os dará más detalles.

-Bienvenidas a mi nuevo local.

Es una tapadera para traficar con armas.

-Yo aquí lo único que sé es que estamos desprotegidas

y que, si la Policía no nos protege, nos tenemos que proteger nosotras.

-¿Quiénes sois?

-Un grupo de madres muy cabreadas...

que piensan limpiar este barrio de escoria.

-¡Vamos! Tenemos una misión que cumplir.

¡Menudo "show" se montó!

Ni te imaginas.

Nos manda Carmona.

Hemos venido a buscar a Juanjo.

¿Juanjo?

¿Querían al animalito?

Se lo van a llevar

en tanto y en cuanto se caguen a trompadas, hijas de puta.

¡Aaa! -¡Ah!

¡Ah!

¡Aaa!

Las pobres Lourdes y Maite acabaron dándose de sopapos.

¡Como el rosario de la aurora todo!

Pero hay que entenderlo. Las muchachas llevan mucho trote.

La Maite, con sus niños y su trabajo,

es que no puede la pobre.

¿La nueva jefa? -Sí, tía.

Aquí vemos tus ventas en este magnífico gráfico en dos colores.

Métete la gráfica por donde te quepa.

Quiero la custodia de los niños.

-No puedes echarnos. Es nuestra casa.

(SUSPIRA)

He pensado que voy a quedarme en casa de mi madre una temporada,

hasta que decida qué hacer.

-Entonces, ¿no piensas volver?

Curro, ¿qué puñetas haces aquí? Yo ahora no tengo tiempo para esto.

No eres el puto centro del universo.

Y Lourdes, casada con el policía.

¿Cuánto hace que no lo hacemos?

Pues no lo sé. No llevo la cuenta.

Sabe todo lo nuestro y nos está encubriendo,

igual que su madre.

¿Y el cuerpo de Elvira?

Pregúntale a tu madre.

Ella se encargó de deshacerse del cuerpo.

Hay que andarse con ojo con lo que se mete bajo tierra

porque, al final, siempre acaba saliendo.

¡Chucho, venga para acá!

¡A cenar!

La chica no era manca, ¿no? Creo que he perdido un brazo.

-¡Inspector!

-¿Qué? -¡Venga!

Todavía no está practicada la prueba del ADN, pero...

yo apuesto a que es de la desaparecida.

¡Mamá!

Y luego está la Virginia, que esa sí que la tiene bien montada.

¡Que la he cagado, amor!

Carlos, me estoy asustando, ¿eh?

Que he estado con otra.

Lo siento, de verdad.

No lo pongas más difícil, por favor.

¡En fin...!

Después de todo lo que hemos pasado juntas, pues...

las echo de menos, ¿sabes?

Esas chicas son lo único que tengo y...

Y más después de que Paloma se ha ido y se ha llevado a Omar.

Y me siento muy sola.

A veces me pregunto qué habría sido de nuestras vidas

si no hubiera ocurrido lo de Elvira.

Todo es culpa mía por ese pronto que tengo.

Jamás debí de haberle taladrado el cráneo a esa mujer.

¿Que hiciste qué?

¡Ah, Alfonso!

¡Alfonso, estás despierto! ¡Madre mía!

¡Enfermera!

Tú eres... Eres... -Soy Amparo.

Amparo. Soy Amparo, tu mujer.

¡Eres una asesina!

Alfonso, ¿qué dices? ¿Quieres un vaso de agua?

¡No me toques, bruja!

¡Ayuda!

Pero, Alfonso, relájate.

¡Ayuda! Esta mujer es una asesina.

Te vas a pudrir en la trena, loca de los cojones.

-¡Pero bueno! ¿Qué pasa?

¡Ay! -Puedes correr, pero no esconderte.

-Amparo, bonita, ¿qué te pasa, cariño?

-¡Ayuda! -¿Qué coño está pasando ahí?

(Música de tensión)

(RECUERDA) "Cállate, que, si estamos aquí, es por tu culpa

y por la de tu maquinita".

"Arturo lo sabe todo".

-"Vámonos a comisaría. Te lo estoy pidiendo por favor".

"Yo no soy ninguna asesina".

"A partir de ahora, vais a trabajar para mí".

-"Cáncer".

Me estoy muriendo.

-"Sé que te pasan cosas, que tienes mil movidas en la cabeza,

pero no me puedes tratar como una mierda".

-Quiero la custodia de los niños.

-"No puedes echarnos. Es nuestra casa".

-¿Y quién va a cuidar de ti?

"Fue un accidente".

"Nosotros no queríamos hacerle daño".

"Eso, vamos..., te lo juro".

Bueno, pues muchas gracias por colaborar con la justicia.

Una cosa...

Le pediría que estuviese localizable durante los próximos días.

Ahora yo me tengo que marchar, pero le dejo con mi compañero.

Y, de verdad, gracias, señora. -De nada.

¡Vicente!

La señora lo ha largado todo.

-¿Ah, sí?

¿Todo? -Todo.

Por más que veo casos de este tipo, no acabo de acostumbrarme.

El mundo se ha vuelto loco.

-Ya.

¿Y qué piensa hacer?

-Pues ¿qué voy a hacer? Dar parte a Homicidios.

Ahora me tengo que marchar,

que hay un aviso en una residencia de ancianos o yo qué sé.

Un viejo que dice que sabe algo sobre el caso.

¿Puedes acompañarla a la puerta? Parece que está afectada.

-Claro, encantado, sí. -Gracias.

A ver, mamá.

Ahora mismo me dices qué ha pasado ahí dentro.

-Tranquilo, no he dicho que soy tu madre. ¡Ni que fuera tonta!

¿Tú no tienes hambre?

Es que llevo todo el día sin comer. Te invito a cenar.

-Estate quieta, estate quieta.

Elvira. ¿Qué le has dicho de Elvira?

-¡Qué pesado! ¿Qué voy a decir, hijo? La verdad.

Que la mató tu padre.

(LLORANDO) ¡Ah! ¡Por favor, déjame en paz!

-¡Habla! ¡Venga, déjalo ya!

-No sé dónde está el dinero.

-No te creo. ¡Asun!

-¡Ah! ¡Asun, por favor!

No hay que hacer uso de la violencia.

Mira, la niña está muy loca. Será mejor que colabores, chaval.

Me llamo Chincheta.

¡Qué Chincheta ni qué Chincheta! Tú eres el Román de toda la vida.

Si yo te conozco desde que eras así y andabas desnudo por el barrio.

Ya verás tu madre cuando sepa que vas con la mafia.

Román, danos el dinero y nos iremos de aquí.

Que yo no puedo, de verdad, que yo no lo tengo.

-Respuesta incorrecta.

¡Ay, no!

-No, no, no, no, no, no. Vale, vale. Espera, espera.

Abajo, lo tengo abajo, en el garaje.

Está abajo, detrás de mi póster de... Amaia Montero.

¿No era más fácil decirlo desde el principio?

-(BURLÁNDOSE) ¡Amaia Montero!

Hala, niño, saluda a tu madre de mi parte.

Ahí tiene todo el dinero, hasta el último euro.

Muy bien.

¡Qué eficientes! ¿Veis? Tomad nota.

Está visto que las mujeres estamos hechas de otra pasta.

¿Y ahora qué tenemos que hacer?

Si quieres, puedes pegarle un "fregao" a la barra.

Desde que se fue la novia del cojo, esto parece una leonera.

Según sé, estás en paro.

¿Seguro que no te interesa sumarte a mi harén?

No. Gracias.

Lástima.

Yo te veo un gran potencial.

Entonces, podemos irnos.

¡Largaos!

Pronto tendréis noticias mías.

-No es justo. Esa misión era para nosotros.

-Siempre nos encargamos nosotros de los sobornos.

¿Se van a quedar ellas con nuestro curro?

-Ellas me salen gratis.

Además, si vosotros no hubierais sido tan inútiles,

yo no tendría que haber fichado a esas zorras.

Ahora tenéis que ganaros mi confianza.

Hasta entonces, esta es vuestra tarea.

-¡Anda!

-Hala.

(Puerta)

¿Y tú qué quieres? -Hablar de mis condiciones.

Quiero un aumento.

-Niña, llevas aquí solo dos días.

Relaja la raja.

-Estoy rodeada de imbéciles.

Y yo soy la única que hace bien su trabajo.

-Lo consideraré. -Lo considerarás.

-Eso he dicho.

Y ahora largo.

Vuélvete a tu peluquería o a lo que tengas que hacer.

Hala.

(Puerta)

Si alguien nos ve, estamos muertos.

-Yo es que no veo nada. Como me hayáis mentido, os juro...

-No, Anabel, de verdad. Es su centro de operaciones.

Nosotros trabajábamos ahí.

-¿Y cómo sabéis que ellos sabotearon la comunión?

Pudo haber sido cualquiera, un loco, un...

-No, ese tiroteo tenía el sello de Carmona.

Además, es que ningún clan haría nada parecido en su territorio.

-¿Qué se supone que estás haciendo? -¿Tú qué crees?

Ir a hablar con esa tal Carmona.

Necesito respuestas. Quiero oírlo de su boca.

-¿Te has vuelto loca?

-¿No ves de lo que es capaz? Conseguirás que nos mate a todos.

-Anabel, escúchame.

No hagas ninguna tontería.

Tuviste suerte de perder solo un ojo. Créeme.

La próxima vez, Carmona no te dejará salir con vida.

-No si la mato yo primero.

-¡Quietos! Ahí sale alguien.

¡Agachaos! ¡Abajo!

-¡Me he dado en todo el ojo, coño!

-Pero ¿qué cojones pintan estas aquí?

-No, no... No entiendo nada.

Carmona pidió su cabeza.

Por eso me disparó.

Quería que acabásemos con la líder del grupo, con Maite Soldevilla.

-¿Maite?

¿Y... qué coño pinta ella aquí también?

-¿Cómo que qué pinta? ¿La conoces?

Es la cabecilla de ese clan de mujeres sanguinarias.

Yo misma entregué un dosier a la Policía para delatarlas.

-¿Clan?

¿Qué... clan?

Claro que conozco a Maite.

Celebró la comunión de su hijo en el salón contiguo al de mi Roberto.

-Genial.

Pues entonces, ya sabemos a quién iba dirigido el tiroteo.

El objetivo no eras tú, Anabel. Era ella.

(Puerta)

Maite, cariño,

¿qué tal estás?

Acaba de llamar Virginia. Parecía enfadada, ¿eh?

Se ve que habíais quedado o algo, ¿no?

¡Venga, nena!

Maite, levántate, que nos vamos a la calle a que te dé el aire, ¿quieres?

¿Quieres que nos cojamos un pedo de tequila?

También podemos atracar otro bingo.

O las dos cosas.

Pero, si vamos a todo, primero el bingo.

Bueno, por lo menos, levántate y dúchate, ¿vale?

Te lo digo desde el cariño, pero aquí ya huele un poquito a chotuno.

Maite, yo sé que lo que has pasado estas semanas ha sido muy duro,

pero no puedes encerrarte aquí y...

la vida sigue.

Hay que ser fuertes.

Si no me vas a contestar, déjame por lo menos un poco de "cash".

Voy a pedir unas pizzas y no me alcanza.

Oye, ¿a ti te gusta la piña?

Yo siempre he sido muy escéptica con la hawaiana,

pero no me voy a morir con las ganas.

Anímate, ¿vale?

Bueno...

-Le digo que no sé nada más,

pero esa mujer es peligrosa. Deben cogerla.

-Buenas noches.

Inspector Ramos.

Necesito que me cuente lo que le dijo su mujer antes de huir,

con pelos y señales.

-¿Otra vez? Ya se lo he contado todo a su compañero.

Mire, me desperté

y esa psicópata no paraba de hablarme como una cotorra.

Decía que había taladrado el cráneo a una tal Elvira

y que estaba en un lío.

-Verá.

Hemos encontrado el brazo de esa mujer en unos terrenos

cerca de la A3, camino a Albacete.

Dígame.

¿Su mujer ha estado por esa zona últimamente?

-¡Y yo qué coño sé si he estado vegetal hasta hace dos horas!

Desde luego, si lo sé, no me despierto.

¡Me cago en la leche!

-Ha estado en coma siete años. ¿Será fiable su declaración?

-¡De ninguna manera!

Ese hombre está loco.

Ya lo estaba antes de quedarse vegetal y ahora está como una chota.

-¿Se puede saber quién coño es usted?

-También dijo algo..., algo de un tiroteo en una comunión.

Sí, eso.

Y de un lagarto.

-Con que una comunión...

Sabía yo que ambos casos estaban relacionados.

-Estaba en lo cierto, señor. -Claro.

-Pero ¿qué tiene que ver un lagarto? -Ni puta idea.

Pero ahora todo el mundo sabe quién mató a la Elvira esa de los cojones.

Quiero que encuentres a esa mujer.

¿Cómo se llama? -Amparo.

Amparo Peláez.

-Revuelve Roma con Santiago, me da igual, pero encuéntrala ya.

-Sí. Sí, señor. -Ya.

-Oiga.

Oiga usted, señor.

¿Le va a hacer usted caso?

Pero si está como una regadera, hombre.

(Sirena)

(Sirena)

(Sirena)

"Pero a ver, mamá".

Te pueden acusar de obstrucción a la justicia.

Has cometido perjurio, coño.

-¡Anda ya! Que yo no he jurado nada.

-Papá puede ir a la cárcel y no ha hecho nada.

-Tu padre nunca se ha preocupado por nosotros

y ya va siendo hora de que vaya arrimando un poco el hombro, ¿vale?

Además, ¿qué querías que hiciera? ¿Que delatara a Lourditas? No.

¡Hola, Remedios! -¡Huy!

¡Cuánto tiempo! ¿Qué está pasando aquí?

¡Ah! -¿Qué te ha pasado en la cara?

Estás hecha unos zorros. -No, nada.

-No pasa nada. Aquí lo único que pasa...

es que la Policía ha encontrado un brazo de Elvira

en los terrenos de mis padres.

Y esta señora, mi madre, para rematar la jugada,

ha denunciado a mi padre por asesinato.

¿Mmm?

Yo a veces contigo, mamá... Yo no sé ya.

¡Dile algo, coño!

Cálmate, ¿vale?

Lo habrá hecho con buena intención. -A ver.

¿Quiere comer algo, la veo con cara de hambre?

¡Ay, sí, cariño! -Voy a cortar fuet.

Te lo agradezco muchísimo.

-¡Ahora el fuet! Estoy rodeado de locas aquí.

-Tu padre en la cárcel va a estar la mar de bien.

¡Vamos! Que tienen tele de esa por cable y todo.

-Mamá, escúchame.

Mira, la Policía no va a tardar nada en enterarse

de que papá no tiene relación con la desaparición de Elvira.

Y van a venir a preguntarte por qué te inventaste esa milonga.

¿Eh? ¡Mamá!

Que van a por ti como no hagamos algo.

Vicente, cálmate, ¿vale?

Cálmate. Lo importante es eliminar pruebas que puedan incriminarla.

A ella o a cualquiera de nosotros.

Además, ella ya se deshizo del cuerpo,

así que la Policía no va a tener pruebas...

-Bueno, de eso también os quería hablar.

-Mamá, nos vas a decir ahora mismo a Lourdes y a mí

que te deshiciste del cadáver.

-A ver.

Sí.

Es que no sé.

Define "deshacerme".

(Música de tensión)

-A ver...

(CARRASPEA)

A ver, mamá, deja el fuet

y mírame a los ojos.

Dime que, si la Policía vuelve a hacer un peinado de esos terrenos,

no van a encontrar ni rastro de Elvira. ¡Deja el fuet!

Que me mires a los ojos y lo repitas.

Dijiste que solo se te había perdido un brazo.

-Sí.

Y el resto de trozos están en un sitio...

que nunca nadie los va a encontrar.

¿Encontraste tú ese montón de revistas guarras

que desaparecieron de debajo de tu cama por arte de magia?

¿A que no? Pues eso.

Mala suerte tendríamos que tener.

-Vamos a ver.

¿Me estás diciendo que has puesto los restos de esa mujer

con las revistas porno que me requisaste de pequeño?

-Y con Pampi, tu perrito.

Ay...

¿Te acuerdas de Pampi?

Mira, era un pastor alemán así, chiquitito, más mono...

Hijo, ya sé que te dijimos que se había ido a ver mundo,

pero, en verdad, lo atropelló tu padre con el tractor.

¿Lo ves cómo es un cabrón?

¡Madre mía! Y yo pensaba que mi familia era rara.

-Debemos encontrar esos restos. Nos llevarás a ese lugar.

-Claro, yo os llevo.

No sabéis cómo he echado de menos hacer planes en familia.

(Carraspeo)

Hola, Maite.

Una mujer muy rara me ha dado esto y una palmadita en el culo,

pero me ha dicho que necesitas comer algo.

¿Cómo estás?

Hace mucho que no..., que no te veía.

Bueno, desde la comunión.

Me alegro de que no te pasara nada, ni a ti ni a los críos.

Entiendo que no quieras hablarme después de la última conversación,

pero llevo días pensando...,

y más después de todo lo que pasó, que creo que...

Bueno, no creo, estoy seguro.

No fui justo contigo.

Te dije cosas feas que no tendría que haber dicho y no las pienso.

Lo siento.

Mira, no sé qué pasó ni por qué se torció todo en un momento,

pero, por lo menos, quiero que seamos amigos.

Eres una tía increíble. Te lo juro.

Te lo ju... Y sé que hay una parte de ti

que cree que digo esto para llevarte a la cama, pero no es cierto.

Aunque no sé, lo mismo podíamos echar uno rapidito ahora.

No, no, no. Tienes razón. No es el momento.

Bueno, mejor me voy.

¡Ah! Por cierto, eh...

El otro día pedí un traslado de centro

y me han concedido la plaza en un colegio de Carabanchel.

Todo apunta a que este es mi último curso en el Gloria Fuertes.

Bueno, solo quería que lo supieras.

Chao.

(CARRASPEA) ¿Puedo?

Adelante.

La parte meada es la mía.

Ah... Ah...

¡Ay!

(RESPIRA AGITADAMENTE)

Así que esta no es su residencia actual, ¿no?

-No, señor. Se lo acabo de decir.

Me fui hace días con mi hijo, me salió un trabajo en una serie.

Me fui. -Sí, eso ya lo he entendido.

Pero la señora Peláez sigue viviendo aquí, ¿cierto?

-¿Quién? ¿Mi madre? Pues claro que...

Oiga, ¿se puede saber qué están haciendo aquí?

Entro a trabajar en media hora y no entiendo qué puñetas hacen.

-Pues ya usted llamando para decir que no va.

Su padre ha despertado del coma.

-¿Qué?

¿Cuándo? -Dígame una cosa.

¿Cuándo vio a su madre por última vez?

-Eh... Pues...

El día que me fui, supongo.

Oiga, señor agente, dígame qué ha pasado.

¿Se ha metido en algún lío?

-Disculpe. Las preguntas las hago yo.

-Jefe. -¿Qué?

-Mire.

Mire esto.

Manda una muestra al laboratorio.

-¿Qué es eso?

-¿Y usted qué cree?

-La evidencia de un asesinato.

-Pero ¿cómo va a ser eso?

Mire, mi madre mató a un conejo en la encimera de la cocina.

Eso lo explica. -Tenía que ser un conejo gigante.

Mire, señorita, su madre es sospechosa de asesinato

y se encuentra en paradero desconocido.

Así que, o nos ayuda o esto se puede complicar mucho.

-Pero ¿qué quiere que haga? ¿Que la llame? Sospecharía.

-¿No dice que es actriz?

Pues actúe.

Estos "kivis" son míos.

-¡"Kivis" ni qué niño muerto! Se dice "kiwis".

-Esto me lo llevo a casa. -Están maduros y los he visto antes.

¡Que quites la mano de mi carro! ¡Será posible! ¡Oye!

-Que digo que no te coges los kiwis. -Que me los llevo yo.

-Que te digo que no. -Que los he cogido yo.

-¡Vaya! Pero mira a quién tenemos por aquí.

Hola, Ramón.

¿Se puede saber qué es lo que quieres?

Yo...

quiero volver.

¿Cómo? No... no te he escuchado bien.

-Me estás poniendo nerviosa.

Me gustaría recuperar mi puesto.

-Y a mí me encantaría entrar en "Factor X".

Ramón, estoy pasando un apuro económico.

Necesito curro y es que no me cogen en ningún sitio.

De verdad, estoy desesperada. Esto es lo único que sé hacer.

Es lo que he hecho toda mi vida y sabes que soy la mejor.

Mira, yo creo, de verdad, que, si lo hablamos

y dejamos las cosas claras,

igual podemos llegar...

¿Cómo tienes los cojones de pedir trabajo después de lo que hiciste?

Ramón, yo no hice nada.

Yo no hice nada.

Siento si lo que tú sentías hacia mí no era correspondido, pero...

¿Tú qué te has creído, rica?

Y si te digo yo que no, ¿qué?

¿Me vas a mandar a tu marido a que me cosa a leches?

Que sepas que pudo conmigo porque me pilló desprevenido,

pero, cuando quiera, me cobro la revancha.

¿Carlos te pegó?

¿No... No te ha dicho nada?

Pues suerte tuvo.

Tienes tu uniforme en el almacén. Empiezas ahora.

¡Vamos!

Gracias, Ramón.

No, no, Ramón no. A partir de ahora, señor.

Se acabaron los favoritismos. Te coges...

(Disparo y gritos)

¿Qué coño ha sido eso? ¡Joder!

¡Cuidado, cuidado, cuidado!

(Llanto)

-¡Esta zorra, que me quería robar los kiwis!

(Llanto)

Buenos días, Yoli.

¡Joder! ¡Qué susto!

¿Lourdes?

¿Yoli te ha dejado pasar?

Le tengo dicho que me avise de estas cosas.

Que necesito ayuda.

¡Vaya! Eso ya es un paso.

Sinceramente, pensé que no te volvería a ver.

La última vez apenas me dejaste hablar.

Déjese de rollos, la verdad. Por eso no me gustan los psicólogos.

Yo pensaba que estaba bien, pero esta semana me han pasado cosas...

Que no, que no estoy tan bien como yo pensaba que estaba.

Lo entiendo, pero esto no funciona así.

Tienes que pedir cita y...

Pero si la Yoli me ha dicho que no tiene pacientes hasta las doce.

¡Por favor!

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

¿Sí?

"Hola, mami".

Hola, hija.

¿Cómo...? ¿Cómo estás, cariño?

No, yo muy bien. Yo fenomenal.

¿Cómo estás tú?

Que... ¿Por dónde andas, mamá? ¿Estás en Madrid?

"Nada, solo quería saber si estás bien".

Que, mamá, que te echo de menos.

¿Hola?

"¿Mamá, me oyes? Mamá, contéstame. Dime algo".

"Mamá, por favor".

¿Mamá?

¿Qué coño estás haciendo, loca?

Que lo has roto.

Las teleoperadoras, que me tienen frita.

Se lo dije. No ha colado. -¡Joder!

-Señor. -¿Qué?

Hemos recibido un aviso.

Una mujer ha disparado a otra en un supermercado.

¡Ah! Y el otro sospechoso, el tipo de los terrenos, está en comisaría.

-Localízame este teléfono.

Empapelad la puta ciudad si es necesario,

pero quiero a esa señora entre rejas antes de 24 horas. ¿Estamos?

¡Vámonos! -¡Vamos!

A ver. Dejando el tema del cadáver por un momento

y a ver si lo he entendido bien,

me estás diciendo que trabajas para la mujer que te secuestró y torturó.

La misma.

¿Esos caramelos se pueden comer?

¿Eh? Sí, sí, sí.

Y dime. ¿Has vuelto a padecer algún episodio de esos que me comentaste?

De las alucinaciones y eso, no, no.

Hace días que ya no,

pero la bola en la boca del estómago la sigo teniendo.

Y siento que cada vez se me hace más y más grande y no...

Es que ya no sé qué hacer.

¿Le has contado ya a tu marido lo que ocurrió en aquel sótano?

¿A Vicente?

No.

No, no, no.

Bastante tiene él ya con lo que tiene.

Y no estamos pasando por nuestro mejor momento. Figúrese usted.

No.

Él se acusaría y se culparía de lo que me pasó y no se lo perdonaría.

No lo sabe, pero yo siempre he intentado protegerle.

Ya. ¿Y quién te protege a ti?

Dime.

¿Ha sido él... el que te ha hecho esos moratones?

¡No!

¡Por favor, no!

No, no, no.

No. Vicente jamás me pondría la mano encima.

Si usted le conociera...

No, ni siquiera en la cama.

Y eso que a veces le he pedido que me dé algún cachetito que otro,

pero no...

No. No, esto ha sido Maite.

Eh...

¿Tu... De tu amiga Maite? No, examiga Maite.

No.

Con la última misión que nos mandó la señora esta, ¿sabe?

Con Maite hace días que ya no...,

que no somos amigas, que...

Con Maite y con el resto de las chicas.

Nunca me he sentido tan sola.

Lourdes, creo que deberías decírselo.

¿No le he dicho que estoy enfadada con Maite y el resto de las chicas?

A tu marido.

Tienes que empezar a contarle a él todo lo que pasó

durante el secuestro.

No puedes seguir cargando con esto tú sola.

No debes.

Si quieres salvar tu matrimonio,

debes ser sincera con él.

Quizás entonces desaparecerá esa bola que sientes en el estómago.

¡Ah!

No sé yo esto.

¡Ay, cuidado!

-Vamos a ver, señorita.

Me está diciendo que esa mujer disparó a otra por un par de kiwis.

No, le estoy diciendo que eso es lo único que pude ver al entrar.

¿Puedo irme ya? Me estoy cansando de repetir...

Podrá irse cuando yo le diga.

Si me hace el favor, me contesta.

¿Usted conocía a la atacante?

¿A María Pilar? Sí, claro. Es cliente habitual.

Hemos coincidido en el AMPA porque nuestros hijos van al mismo cole.

¡Vaya!

¿Y qué colegio es ese?

No, de verdad. ¿Es relevante para la investigación?

¡Señorita, por favor!

El Gloria Fuertes, a un par de calles.

¿Cómo que el Gloria Fuertes? ¿Está de coña?

-Agente, ¿podría liberarla ya?

Se acaba de incorporar y estamos faltos de personal.

Aunque estemos cerrados, hay muchísima faena.

-Sí, claro, claro.

-Corre al almacén y haz inventario. Ahora mismo, señor.

-Lo que ha hecho María del Pilar es no pensar en nosotras.

-No sé en qué estaría pensando esa idiota.

-¿Algún punto más del día? -No.

-¿No? Venga, que nos da tiempo a hacernos un cortado antes del AMPA.

-¡Esperad!

-¿Qué, cariño?

-Juani, no te enfades, ¿eh?

-¡Enfadarme yo! Ni que fuera yo el ogro de las cavernas.

Tranquila.

-Creo que he perdido mi pistola.

Juraría que la llevaba, pero no la encuentro.

¿Alguna tiene una pistola de sobra?

-Con toda la mierda que llevas siempre en tu bolso,

¿cómo la vas a encontrar?

Trae.

Anda, anda, hija de mi vida, mira.

¡Qué barbaridad!

Mira.

¿Esto para qué, Mariví? ¿Para qué?

-A ver.

Gracias a todas por venir a esta reunión de urgencia.

Tenemos un tema importante que tratar.

He encontrado una pistola en una mochila de un chaval de cuarto.

¡Una pistola!

-Pero ¿eso cómo va a ser, Curro?

-No sé. Dice que se la dio un compañero y no da su brazo a torcer.

No me cuenta nada porque no quiere ser chivato ni acusar a nadie.

Pero esto no se puede quedar así.

¡Una pistola, señoras!

Que esto no es tabaco ni una botella de ron, ¡es una pistola!

Vamos a pasar parte a la Policía para que se encargue de eso.

Esto ya no es de "mi hijo no rinde" o "mi nieto come mal"

o "creo que mi hija tiene Asperger". ¡No!

Esto es una pistola en el colegio.

-Sí, sí.

Una vez que se encuentre al niño que metió la pistola en el colegio,

que se le expulse inmediatamente.

No podemos correr ese tipo de riesgos.

-Eso por supuesto.

(Timbre)

¡Voy!

(Timbre)

¡Que ya voy, coño!

Buenas...

-Hola.

-¿Puedo ayudarte en algo?

-Estoy buscando a Maite. ¿Está aquí?

-Está en la cama. No tiene un buen día.

¿Puedo saber quién pregunta por ella?

-Sí.

Soy Manoli.

-¡Ah! Tú eres la famosa Manoli.

Ya tenía yo ganas de conocerte.

No me preguntes por qué, pero te hacía como más compacta y bajita.

Pero no, qué va, qué va. Eres mona, ¿eh?

-Gracias. Creo.

Eh...

¿Puedo pasar?

-Pues no sé qué decirte, reina,

porque no sé yo si la prometida de su exmarido

es lo que necesita ver la niña en este momento.

-Bueno, pues, entonces, le alegrará saber que ya no soy su prometida.

-¡Ah!, vaya...

Esas tenemos, ¿eh?

Está en su habitación, al fondo.

Y oye, nena.

Como le hagas algo a mi amiga, te parto las dos piernas.

¿Eh?

Que yo hice un curso de defensa personal por internet.

Hola, Maite.

¿Cómo te encuentras?

¡Joder, qué preguntita la mía!

Supongo que estarás hecha polvo con todo lo que ha pasado y lo del...

Bueno, en fin que...

Lo siento.

¡Vaya!

No estás muy habladora.

¡Ay, Dios!

Maite...

Supongo que lo que te voy a decir

es la menor de tus preocupaciones ahora mismo.

Para mí es importante tener esta conversación,

así que...

quiero que sepas que Gregorio y yo hemos roto.

No pareces muy sorprendida.

La verdad...

es que mentiría si dijese que no has tenido nada que ver en esto.

Ojo, Maite, ojo,

que no te estoy culpando, ¿eh?, y tampoco quiero que te ofendas,

pero has sido como un puto grano en el culo desde que te conocí.

Maite, yo te juro...

Te juro que he intentado acercarme a ti, ser tu amiga,

pero es que no me has dado ni una oportunidad ni un gesto ni un...

Y ahora estoy enfadada, Maite.

Estoy enfadadísima

porque, a pesar de todo,

él te prefiere a ti.

No lo dice, no lo dice, pero yo lo sé.

Yo lo sé. Es que las mujeres sabemos esas cosas, ¿no?

Tiene gracia, ¿eh? Tiene gracia.

Los únicos que no saben que Maite y Gregorio son el uno para el otro

son Maite y Gregorio.

Mira, solo he venido a decirte que tienes vía libre.

¿Sabes qué voy a hacer?

Ahora me voy a ir a un bar a emborracharme

y a decir cosas muy poco elegantes sobre ti.

Adiós, Maite.

Vamos a ver, Octavio.

Intento comprender el vínculo que existe entre usted y su señora

con el asesinato de esta mujer.

Le seré franco.

Usted no tiene cara de asesino.

Esto de juzgar a las personas se me da bastante bien, así que ayúdeme.

¿Sabe por qué su mujer querría incriminarle?

(Móvil)

Perdón. Discúlpeme un momento.

A ver. ¿Qué coño pasa?

Espero que sea importante. Estaba en un interrogatorio.

-"Señor, estoy en el supermercado donde se ha producido el tiroteo".

-"¿Y?".

"Te dije que te encargaras de eso".

-Sí, sí, señor, y eso hago. El caso es que...

Señor, no se lo va a creer, pero...

"la autora del tiroteo, María Pilar,"

su hijo va al colegio con los hijos de Elvira Navarro y Anabel Sorolla.

Y es el mismo al que va el nieto de Amparo Peláez.

Señor, todas coinciden en el AMPA.

-¿Qué?

Pero ¿qué coño pasa en ese colegio?

Papá...

Escucha, no... tengo mucho tiempo,

pero estamos en un lío muy gordo.

-¿Estamos en un lío?

El que está detenido soy yo y tu madre me ha echado un muerto encima.

Típico de ella.

-Cállate, cállate.

Te voy a sacar de aquí, pero tienes que hacer una cosa por mí.

Bueno...

Por nosotros.

Es muy importante que no le digas al inspector que eres mi padre.

-¡No me jodas! -No, no te jodo nada.

No lo jodas tú.

Tampoco se puede enterar

de que Lourdes y yo estuvimos en la casa del campo hace unas semanas.

Cuando esto se pase, te lo explico, pero necesito que confíes en mí.

-¿Que confíe en ti?

¿Y por qué cojones iba a hacerlo?

-Porque soy tu hijo, coño.

Y, además, me lo debes. Atropellaste a Pampi.

-¿Eh? ¿Yo...?

¿Qué cojones es el Pampi ese?

-¿Que quién cojones es?

-Vicente, ¿qué haces aquí?

-Bueno, he visto al hombre...

Es una persona mayor y digo: "Igual necesita beber algo".

-Muy bien. Ya me encargo yo.

-Claro, por supuesto.

-Adiós, agente.

-Bueno, Octavio.

¿Le dice algo la señora de esta foto?

(Móvil)

(Móvil)

¿Sí? -"¡Ay, Virginia!".

¡Gracias a Dios!

Amparo, déjame en paz. No puedo hablar.

Y no me llames más, por favor, que no somos amigas.

Pero, Virginia, ¿qué dices? No me cuelgues.

¡Virginia!

(SUSURRA)

¡Hola!

Soy Amparo.

Perdona que te moleste.

Sí, sí, ya lo sé. Lo siento, sí.

Eh... Sí, toda una sorpresa, sí.

Escúchame, por favor.

Estoy metida en un lío muy gordo y necesito que me ayudes.

Al pozo del terreno del extremeño. Si es que no tiene pérdida, hijo.

De verdad, que has ido mil veces.

-Antes decías que no estabas segura si era ese pozo o el de aguas vivas.

-Ahora lo tengo clarísimo.

Al pozo del extremeño y sanseacabó.

Vamos, voy a confundir yo ahora dos pozos, leñe.

-A un pozo...

¿A quién se le ocurre tirar restos humanos a un pozo que no es tuyo?

Tendrías que haberlos quemado o algo. ¡Yo qué sé!

Remedios, ¿y no tiene usted calor?

Porque esto...

Esto es bueno, ¿no?

¿Cómo que bueno?

¿De dónde has sacado el dinero para eso?

-Es un secreto.

¡Huy, un secreto!

Pues que recibí un dinero.

Yo creo que fue cosa del karma.

¡Hala!

-¿Que de dónde has sacado el dinero?

-¡Qué pesado! Que todo quieres saberlo.

-Me lo trajo Chucho, el perro.

Como a los dos días de tirar el cuerpo de la muchacha al pozo.

Apareció con una mochila como de niño, con forma de abejita.

¡Más mona!

Y resulta que llevaba un dinerito dentro,

pero yo no quise decir nada por miedo a que se gafara.

Lo tomé como un regalo.

¿Un dinerito? -Mmm.

¿Cuánto dinerito?

50 000.

-¿50 000 pesetas?

-Pero que no me lo he gastado todo.

Que si necesitáis algo o la niña o algo, pues eso, me lo decís.

-¿Y qué es? ¿Piel de qué es esto? -Quita.

¡Pues hale!

Los terrenos del extremeño.

¡Madre mía! ¡Qué dejadas tiene las tierras!

¡Mira cuánta mala hierba!

No corráis, que la chica esa no se va a mover de ahí.

-Manda narices que metas a mi madre en este embolado.

Mi madre está mayor, hombre.

-Te estoy escuchando. Mayor mayor tampoco estoy.

A ver, que yo no la metí en nada, que se metió ella sola.

Que no hice nada.

Remedios. -¿Qué?

¿La he metido yo en este embolado? ¿Eh?

¿La apunté yo con una pistola para que descuartizara a la chica esa?

Por supuesto que no.

Allí no había pistola ninguna. -Pues ya está.

-¿Cómo se te ocurre?

¿Cómo coño se te ocurre

traer unos restos humanos a unos terrenos de mis padres?

Lourdes, estás poniendo en peligro a toda la familia.

Porque fue todo muy rápido.

Hice lo primero que se me ocurrió y lo primero que me vino a la cabeza.

¿Eh?

¿Qué hubieras hecho tú?

Contártelo. ¿Por qué no me lo contaste?

Porque nunca me ayudas en nada.

¿Cuándo me has ayudado en algo? ¿Cuándo?

Ni con lo de la niña.

Te escudabas en que yo me entendía mejor con la agencia de adopción.

No hiciste nada.

¿Que no hice nada? Estaba allí.

¡Bueno! Gracias por estar ahí.

Eso es un golpe bajo. -Ya.

¡Pero bajo! No me lo esperaba yo.

¿Y la casa qué? ¿Qué, Vicente? Lo tengo que hacer yo todo sola.

Que no sabes ni dónde están las pinzas para tender la ropa, coño.

Claro, pues, para no haber hecho nunca nada,

estoy aquí a punto de meterme en un puto pozo

para encontrar a una persona que has matado tú.

¡De nada!

-Bueno, ¿bajáis o vais a seguir discutiendo?

Digo yo, para discutir, lo hacéis en casa mientras yo veo la tele.

¡Oy, oy, oy!

Esta escalera está muy vieja y la cuerda está podridísima.

Esto no aguanta vuestro peso, ¿eh?

Estás fondón, hijo.

Hermoso, pero fondón.

-Pues mira, mejor.

Bajo a ver si me rompo la cabeza y todos contentos aquí.

¿Qué dices?

Anda, baja.

¡La madre que me parió!

¡Dios!

-Ahí, ahí, ahí. -De verdad...

¡Ah!

¡Dios!

(SUSURRA)

Dos, tres, cuatro...

Cinco. Hay cinco.

Gracias.

¿Adónde vas? ¿Has acabado ya el inventario?

Yo creo que no.

¡Vaya!

¡Qué torpe soy! Se me ha caído todo esto al suelo.

¿Te importaría echarme una mano para recogerlo? Por favor.

No. Déjame, por favor.

Ramón, es que yo solo quiero trabajar.

¡Por favor, déjame!

Se acabaron los rodeos. Sabías que te estaba esperando.

No.

No.

Llora, llora, llora.

Suéltame. -¡Sh!

Si te portas bien, igual hasta te pongo un par de horas extras.

No.

No. -Oiga.

Ya hemos terminado. Por si quieren abrir.

Aunque entiendo que con la hora que es ya...

Nosotros nos vamos.

Yo también me voy, que ha acabado mi turno.

Le acompaño a la puerta.

¿Puedes? -Sí.

Cuidado. -¡Ah

¡Ay, cómo huele!

¿Qué te esperabas? Es un pozo.

¡Uf!

Trae.

¡Aaa! ¿Qué es eso? -¿Qué?

¿Qué es eso?

¡Por favor!

¡Ay!

No lo toques.

Es una rata.

¡Ay! -Una rata es.

Está muerta.

¡Qué asco!

¡Joder!

Aquí no hay nada. -Es que no estás buscando bien.

¿Sí? ¿Me vas a enseñar cómo se peina un pozo?

Pues no, pero hazlo bien, coño.

¿Sabes lo que te digo?

Aquí te quedas. Me subo con mi madre.

Si encuentras a Elvira, das un silbido.

Y cuidado. Te he dicho que la rata estaba muerta, pero hizo un gesto.

No, Vicente. ¡Vicente!

¡Ay! -Pero...

¡"Cagüen"!

¡Joder!

(Puerta)

¡Madre mía! ¡Cómo tienes la habitación!

¿Mamá?

Aquí huele a cerrado. Voy a abrir.

No, no, no.

Claro que sí, que entre un poco la luz, hija.

Mira. ¡Anda! Ven aquí.

Mamá, no vas a peinarme que se me encrespa el pelo.

Pues sí, que lo tienes muy enredado.

Te lo tienes que cepillar.

Bueno, pero solo un poco.

¿Has llorado?

Sí. Claro que has llorado.

Tienes los ojos...

¿Es por un chico?

Mamá, eso no te lo voy a contar, que me da vergüenza.

¡Ay, qué pavazo!

Que te gusta un chico. -Que no.

No poco.

Te gusta Gregorio, ¿a que sí?

Si se te ve.

Vamos, que, por mucho que tú te engañes,

estás hasta las trancas por él.

Mamá...

¿Por qué es todo tan difícil?

¿Todo el qué?

Todo.

¿Qué tienes, una sensación como de que lo haces todo mal?

¿Sí o no?

Sí.

Me siento torpe,

inválida, inútil.

¿Inútil? ¿Mi hija inútil?

No digas eso ni en broma.

¡Con lo espabilada que tú eres!

Bueno, que igual no has sido la primera de la clase, ¿eh?,

pero siempre aprobabas todo.

¿Ya estás llorando?

Sí.

¿Y ahora por qué lloras?

Porque te echo muchísimo de menos.

¡Ay, mi niña!

Abrazarte.

Echo tanto de menos abrazarte.

Y tengo...

tantas cosas que contarte.

-¿Qué?

¿Te vas a levantar ya?

Sí, creo que sí.

¡Mamá! ¡Mamá!

¿Has encontrado algo?

Ahora no contesta esta mujer. ¡Buah!

Tu madre se ha perdido.

No está muy fina últimamente.

No, no me mires... No.

También te has dado cuenta, Vicente, hace cosas muy raras.

Estoy yendo al psicólogo.

¿Cómo? ¿Al psicólogo tú?

Ajá.

¿Y eso por qué?

¿Es por nosotros?

No, Lourdes...

Si es por nosotros, me vas a romper el alma.

No te lo he contado todo.

¿El qué no me has contado?

¡Joder! Me estás asustando.

¿Has conocido a alguien o...?

No, Vicente, por favor. Escúchame.

Esto va a ser difícil, pero quiero contártelo.

Tengo que contártelo.

No te dije la verdad de los días en que me fui de casa.

Te dije que fui a casa de una amiga, pero te mentí.

Pues cuéntamelo ahora.

Por favor.

Me secuestraron.

Esto va a ser muy duro para ti, cariño, pero tienes que saberlo.

Me...

Me tuvieron unos días encerrada

en un sótano atada en una silla.

Me pegaron.

Me humillaron, me torturaron y...

Y me pusieron una pistola en la cabeza

cuando hablé contigo por teléfono para que no te contara nada,

pero quiero que sepas que...,

que aguanté como una jabata.

Sí, aguanté todas las cosas que me hicieron.

Pero es que, desde entonces, no duermo y...

Y tengo miedo.

Y...

Tengo miedo.

-¡Hala! ¡Venga "p'arriba"!

-¿De dónde lo has sacado?

-¿Y eso importa?

Pues mira, primero me he presentado en casa del extremeño.

Yo pensaba que no me iba a dar ni agua, pero qué va. ¡Más majo...!

¡Ay, la Virgen! -¿Qué pasa, mamá?

-¡A callar!

Inspector, ¿vamos?

-Sí.

-Qué bien encontrarle aquí porque estoy desesperada.

-Yo nunca he sido muy de animales.

Nunca me han gustado. Me daban como grima tan llenos de pulgas y eso.

Cuando vinimos a vivir aquí, me di cuenta de la compañía que hacen.

-Yo necesitaba hacerle unas preguntas.

-Ahora le contesto.

Es que he perdido a mi perro y es muy importante para mí.

Y he venido porque a veces llega aquí

persiguiendo a algún conejo o un huroncillo.

-Discúlpeme.

¿A usted le suena la mujer de la foto?

-Es que no sé...

A ver. Huy, es que sin las gafas.

No. No, no, no. No la conozco de nada.

¿Sale en la tele?

-Su marido asegura que ha estado en su casa.

-¿Mi marido?

Vaya, vaya con mi marido.

-Señora, no se da usted cuenta de la gravedad del asunto, ¿verdad?

Esto no es un juego.

Y una acusación falsa puede acarrear penas de cárcel.

-Yo no he hecho ninguna declaración falsa.

-¿No? ¿Seguro?

Hay un nuevo testigo que asegura que la señora de la foto...

es la culpable del homicidio.

Creo que debería replantearse su declaración, ¿no cree?

-Verá, vamos a ir a mi casa.

Y le voy a preparar un café buenísimo,

pero nada de esos de cápsulas y eso. Un café café.

Y le voy a contar la verdad.

La señora esta...

¡Vamos! Esta es una querida de mi marido, seguro.

Las tienes a pares. Si yo le contara...

Pero ya se lo he dicho: tú me traes una querida a casa y te mato.

Así que yo a esta señora no la conozco de nada.

(Música de tensión)

¡Ah!

¡Ah!

¡Amparo! ¡Amparo!

¡Rosa! ¡Hermana! -¡Hola!

¡Ah! -¡Rosa!

¿Qué?

¡Rosa!

Va, va, va, va.

Hacía tiempo que no te sentía tan... -Ya.

Tan cerca. -Perdóname.

No sé qué me ha pasado. -Ya, Vicente.

Te quiero.

Pues anda que yo...

¡Hey! ¡Cuidado, cuidado! -¡Ah!

Que me has dejado las piernas temblando.

Bueno...

Aquí hay algo.

¿El qué? -Aquí.

Aquí hay algo.

¡Ay!

¡Ah! ¡Huy!

Esto...

¡Ah!

Es...

No la tires, cariño. No la tires.

Si está la cabeza es porque están el resto de partes también.

¡Ay, por favor!

No entiendo cómo, siendo tú la tía fuerte que eres,

hayas tirado la toalla de esta manera.

Porque no estoy bien.

Mírame.

Llevo tanto tiempo acumulando secretos

que se me han quedado aquí.

Y quiero vomitar, pero no puedo.

Métete los dedos, verás cómo vomitas.

Igual estoy completamente enajenada,

pero, ¿sabes?, creo que...

Creo que ha llegado el momento de contarle toda la verdad...

a Anabel.

Sí, porque esa mujer ha sufrido mucho por mi culpa.

No, no, no, no, no. De eso nada.

Maite, Maite, eh, ¿vale? Arriba.

¿Sabes lo que te digo? Estoy hasta el mismísimo coño...

de ti y de tu victimismo.

Me das pena. Basta.

Pero no das pena por lo que te pasa.

No. Das pena por esto.

Porque no afrontas las cosas.

¡Échale coño!

¿Qué le voy a echar? ¿Qué le voy a echar si yo no... no me reconozco?

El otro día le pegué a Lourdes.

Le pegué a mi amiga hasta dejarla KO.

No sé, igual habría seguido pegando.

¿Yo qué soy? ¿Soy un monstruo yo?

Sí, sí, eres un monstruo.

Se te nota por las raíces y por ese bigotillo...

Anda y depílate.

Maite, la vida es una mierda.

Vale, completamente de acuerdo.

Pero ¿sabes quién está peor que tú?

Todo el mundo.

No te hagas la interesante porque tienes tus problemas.

Que yo tengo cáncer, estúpida.

(Notificación)

Lee el mensaje.

(Notificación)

Maite Soldevilla, te estoy cuidando.

Te he limpiado la casa. Me lo debes.

Lee esos mensajes.

(Notificación)

Begoña, tienes que dejarme tu coche.

Sí, claro.

Claro.

No sé cómo tienes el valor de pedir flan en una cafetería como esta.

Es una franquicia.

Ya, pero es que...

después del bocadillo, me apetecía algo dulce.

¿Con quién hablabas?

Pues con mi amiga abogada.

Siempre viene bien tener amigas abogadas.

¡Ay! Claro.

¿Y qué te ha dicho?

Ella dice que, con lo poco que le he contado, no puede hacerse idea.

Que te explayes, que me cuentes.

Que no sé, que, si sabemos de qué delito estamos hablando,

sabrá cómo ayudarte.

¡Ay, Rosa! No quiero hablar de eso. Venga, no quiero.

A ver.

¿Quieres, no sé, otra cosa? ¿Patatas u otro flan?

No, Rosa, realmente...

Sí que quiero pedirte algo. Quiero pedirte disculpas.

¿A mí? ¿Por qué?

Pues... por haberme distanciado tanto de ti.

No sé. Es que no sé por qué dejamos de vernos tú y yo.

No sé.

Hace tanto ya que ni me acuerdo. Sí.

Ni yo, la verdad.

He pensado mucho en ti en todo este tiempo.

Mucho mucho mucho.

Y, además, no sé.

He sentido mucha pena

de no saber cómo te iba, qué hacías, dónde estabas.

Ya.

Me daba tanta vergüenza llamarte...

No sabía cómo ibas a reaccionar.

Por eso...

Pero es importante que hayas venido a ayudarme.

Lo dices porque te he invitado a cenar.

Siempre has sido de buen comer.

¡Anda ya! Sabes muy bien que no.

La familia... La familia no debería separarse.

No.

Tienes razón.

¡Ay!

¡Ay, Rosa! Me está entrando una morriña de...,

de mi hija y de mi Omar.

Hace tanto tiempo que no les veo. No sé.

No sé si sería conveniente que me vieran ellos a mí o qué.

Te digo que soy una mujer muy peligrosa.

Como todas. -No, como todas no.

Yo más. Yo más.

¿Te importa que llame un momento por teléfono?

Es que el mío... se me ha estropeado.

¡Huy! Aquí pone que la última llamada ha sido al...

¿Al 112?

(Sirena)

Pero... ¡Rosa!

¡Rosa!

¿Qué has hecho?

¿Es por Alfonso?

¿Sigues enamorada de él?

(Sirena)

¡Rosa!

(Sirena)

Mamá,...

¿Qué ha pasado? ¿Y el inspector?

-Se ha ido.

Me ha costado convencerle,

pero ya está.

Se ha vuelto a la comisaría.

¡Ay!

Esto lo empezamos nosotras y...

Y es justo que lo terminemos juntas.

¿Y Amparo?

No, no la localizo. Tiene el móvil apagado.

Vir.

Lourdes, lo siento.

De verdad, siento mucho lo que te dije.

Yo también lo siento.

Todo.

¿Estás bien, mamá?

-Me encanta el fuego.

¿No te encanta?

Es mágico.

(Radio de la Policía)

(Sirena)

(Sirena)

(Sirena)

(Sirena)

(Música de tensión)

¿Begoña?

Begoña, me estaba duchando.

¿Hola?

¡Begoña!

Begoña, ¿has vuelto?

(Música de tensión)

¡Aaa!

¡Hija de puta! -¡Aaa!

¡Aaa!

¡Aaa!

¡Quiero saber toda la verdad!

¡No!

¡Anabel, cálmate, por favor!

¡Que no quiero calmarme!

Soy tuerta por tu culpa.

¡Quiero saber toda la verdad, Maite Soldevilla!

¿Matasteis a Elvira?

¡Yo!

¡Yo maté a Elvira! ¡Yo la maté!

¡Aaa!

¿Quién cree usted que querría matar a Elvira?

-¿A Elvira?

Ramos está llamando a declarar a todos los miembros del AMPA.

Debemos pactar una versión de los hechos.

Es mi tiempo de descuento y voy a quedarme en paz con todos.

Hola, cariñete.

La zorra ha vuelto.

¿Me va a doler?

Que todos sepan que el encargado de Ahorra Plus es un pervertido

que abusa de sus empleadas.

Vengo de parte de Juani y quiero balas. Muchas.

(CARMONA) ¿Tú quién coño eres? ¿Nos conocemos?

Me suena tu cara.

¿Les pareció bien el guion?

"No te preocupes, que va a salir todo muy bien".

"Que no lo echen a perder".

Lourdes... -Eso no está bien.

Haced lo que os dé la gana.

¿Quién cree usted que querría matar a Elvira?

Juani, puta fanática, déjanos en paz.

Muy bien, perfecto.

Sal de la habitación o llamo a la Policía.

¡Fuera de aquí! ¡Enfermera!

Mire...

Pero ¿qué haces, mamarracha?

-¡Que no compren aquí! ¡Que no compren aquí!

-¡Te odio!

-¡Puta!

-No te puedes ir.

-Pero ¿cómo te atreves? Esto no es nada zen.

¿El barrio es seguro? ¡Mi coño!

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