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contra el mar en tus pies
cabalga sin rumbo ni fin
y suele
Caramba, Dick. Te lo tomas demasiado en serio. Un poco más y... Tranquilo,
Richard. No había ningún riesgo. Sé dónde pongo mi espada y tú sabes cómo
esquivarla.
Y bien, tras este pequeño entrenamiento, cuéntame las nuevas que me traes de
Londres. Poca cosa.
Los Wicks siguen en el poder.
Walpole hace y deshace a su gusto.
El rey Jorge sigue sin conocer la constitución ni las leyes del Reino
Unido. Todavía no habla inglés. Y la única lengua común entre la corte y el
ministerio es un latín macarrónico que daría risa. Si en el fondo no diese
pena. Algo de eso había oído. Aunque no mucho. A este retiro llegan pocas
noticias. A veces casi siento haber obtenido el indulto al precio de esta
tranquilidad tan aburrida.
¿Qué más, amigo?
Cuéntame. Lo de siempre.
Los ricos abusan del vino de Oporto y el pueblo bebe lo que puede. Por otra
parte, hay un fuerte movimiento de los nobles tories que tratan de hacerse con
la mayoría en las cámaras. Como ves, nada nuevo.
¿Qué sabes de los muchachos? ¿Ha habido algún problema?
Supongo que siguen en el pueblo portándose como honrados trabajadores.
Aquí no nos conoce nadie. El nombre de Dick Turpin para esta gente es solo eso,
un nombre. Tengo ganas de verles. Me gustaría saber qué está haciendo ese
gordo comilón y el mal genio del Patillas Colorado.
Por orden de su excelencia el señor gobernador, conde de Belfort, todo
hombre de este condado pagará un tributo de 10 guineas para dote de la boda de su
hija Isabel.
El señor conde no es quien para pedir impuestos.
Solo la cámara puede hacerlo.
Yo no daré nada aunque me ahorque.
Atención, izquierda.
¡Pepete!
¡Prended a ese! ¡No podéis hacer esto! ¡Soy un ciudadano libre!
¡Nadie me puede hacer pagar tributos!
¡Soltadme! ¡Cerdos, soltadme!
¡Eso es un país libre!
¡Soltadme! ¡Sois injustos!
¡Dejadme!
¡Cerdos, cerdos!
Siempre dije que con su carácter no llegaría a ninguna parte.
El nuevo impuesto se va recaudando con alguna dificultad.
Pero lo conseguiremos.
Nada podrá estropear una boda que tanto os conviene, señor.
Mi querido Brasier, ¿por qué creéis que la he dispuesto?
A tenerlos vos, a mí no me gusta ver eso.
Señor.
Señor, la gente protestaba por el bando y este patán lo rompió en mil pedazos.
¿Acaso no está de acuerdo con las decisiones de tu señor?
Soy un hombre libre y no pagaré impuestos que no hayan sido aprobados
por la Cámara.
Sacad un nuevo bando, ahora pidiendo 15 guineas en lugar de 10.
Y a este hombre libre, ahorcadle libremente a la puerta de su casa. ¡No
podéis hacer eso! ¡En este país hay leyes! ¡Ningún gobernador puede tomarse
la justicia por su mano! ¡La ley es la ley!
Ah, sí.
¿Cómo será en realidad?
Rubio, alto, ojos azules, apuesto y galante. Pues ni aun así me casaré con
él, aunque me maten. Mi padre sabe que estoy enamorada de otro.
Claro, del hijo de su peor enemigo.
Sabéis que nunca consentirá en ello.
Largo de aquí.
Padre, ¿sabéis que no me casaré con ese hombre?
Es inútil que insistáis. Te casarás con quien yo mande. Además, esta será una
boda por razón de Estado.
El conde de Durham es un débil. No domina a sus campesinos. Y en su
distrito vencen siempre los Whigs.
¿Y qué han traído al pueblo inglés los grandes Whigs?
Un gobierno alemán, finanzas holandesas y la hostilidad de Francia.
Con tu boda yo dominaré el condado de Durham.
Y todos sus votos serán para los Tories.
Al menos.
los votos de los que quieran seguir vivos, tanto en Durham como en
Cumberland.
Llegó tu hora.
Tu reloj adelanta, esclavo.
¡Arriba con él!
¡Ahorcadlo!
Pero te vas a quedar parado, idiota.
Podías haber esperado un poco más, ¿no?
Estaba ocupado.
¿No lo veías?
Claro, como siempre, comiendo como un cerdo.
Gracias, simpático.
De nada, gordo.
Gracias por vuestra ayuda, amigos. Ahora dispersaos. No conviene que os
reconozcan. ¿Y qué vais a hacer vosotros? ¿El conde? No os preocupéis
por nosotros.
En cuanto al conde, ya nos ocuparemos de él. Cuando quieras. ¡Vámonos, muchachos!
La verdad es que no podíamos
haber escogido ni a propósito un sitio peor que este para vivir.
No exageres.
Cuando nos concedieron el perdón y se separó la banda, este era un sitio tan
bueno como otro cualquiera. Y además lo bastante lejos de Londres. Y eso que
estos años no han sido tan malos. Sí, pero desde que llegó el nuevo gobernador
las cosas van de mal en peor.
Los impuestos son ya insoportables.
Y los castigos.
Ahorcados, azotados, mujeres y niños deportados a las colonias.
Hay que hacer algo.
¿Tú qué opinas?
¿Tomas?
Hay que buscar al jefe.
Él lo arreglará todo. Así se habla. Nos volveremos a reunir y acabaremos con el
conde y sus amantes. Y con quien se nos ponga por delante.
Aunque tenemos algunos añitos más, todavía queda algo.
Peter y yo no nos podemos dejar ver por aquí.
Así que nos encargaremos de ir a buscarle. ¿Sabéis que no le gusta que
vayamos a verle a no ser que ocurra algo grave?
Sí, pero ahora las circunstancias son especiales. Los demás os esperaremos.
Pero daros prisa.
Y suerte.
¿Qué te pasa, Harvey?
¡Alarma! ¡Alarma!
¡Alarma!
¡Vamos tras ellos! ¡Con esa barquichuela no pueden ir muy lejos!
¡¿Qué es esto?! ¡¿Qué es esto?! ¡Imbéciles! ¡Sacadme de aquí!
¡Sacadme de aquí o quedáis todos arrestados!
Dejar de cantar y hacerme una mano.
Tío gordo, baja ya, hombre.
Esta noche vendré a buscaros y os contaré cómo es París.
Estoy segura de que me encantará. Ana, ven aquí.
¿Conocéis a un mequetrefe que se hace llamar caballero de Malta?
Es chupadito, muy atildadito y bastante cursi.
El caballero de Malta tendrá el placer de hacerse unas botas con vuestras
pieles.
¿Tú has oído algo?
Nada. Soy muy duro de oído.
Espero que tengáis otro más sensible.
Me habéis herido al amor propio. Unas jarras. Está bien. Llévaselas, pero no
te entretengas. Queremos hablar contigo.
Contadme. Las cosas están feas. Queremos ver al jefe.
Bien, bien. Sentados.
Vamos a ver.
El gobernador de Cumberland, ignorando a la cámara, recauda impuestos abusivos.
Los campesinos ya no tienen con qué pagar. El hambre acecha en toda la
región. Y por si fuera poco, ahora quiere ahorcar a Peter.
Claro que esto último es lo único razonable que puede hacer. Muy gracioso.
¡Pola de sebo!
Como
ves,
la situación es grave, sobre todo para mí.
¿Por qué serás siempre tú el que se mete en todos los líos? Pero en fin, tenéis
razón. Creo que no hay más remedio que avisar al jefe. Pues hazlo enseguida,
¿de acuerdo? De acuerdo.
¡En marcha!
¿Os veré esta noche?
Lo siento.
París tendrá que esperar.
El caballero de Malta, siempre igual.
Nos veremos pronto.
Hasta la vista.
Hasta pronto.
Adiós. Adiós.
Señor Richard.
Hola, Matt.
¿Está el jefe?
Sí, señor.
Necesito hablar con él.
Hola, Dick.
¿Ocurre algo, Richard?
Sí.
Moscarda y Peter han venido a verme.
Parece que hay problemas.
Nos esperan mañana en Green Hills.
Vamos adentro.
Ahí me lo contarás todo con calma.
Rompan la barca, no pueden seguirnos.
¡Ahí están!
¿Preparaste caballos y armas para Peter y Moscarda? Sí, señor. En marcha.
Escucha, Bat.
Se oye un galopar. Creo que alguien viene.
Sí, jefe. Varios caballos. Una carroza, diría yo.
Muchachos, ¿os acordáis de cómo se asalta una carroza? ¡Eso no se olvida
nunca! ¡Ni que fuésemos novatos! ¡Pues todos a vuestros puestos!
¿No será esto un poco prematuro, Dick?
Ya estamos en las tierras de Belfort.
Comienza la guerra. A partir de ahora procuraremos que no pueda dormir
tranquilo.
Soy el conde de Durhan. ¿No os atreveréis a...? ¡Ahí va, jefe!
Hemos cogido al futuro novio. ¿Esto?
Voy a casarme con la hija del conde de Belfort. Él os ajustará las cuentas y no
me dejáis seguir en paz.
Me asustáis hasta tal punto, señor, que estoy por obedeceros. Bien sabéis lo que
os conviene. Dejadme seguir y nada os pasará.
De acuerdo.
Marchaos.
Pero antes...
haréis el favor de dejarme todo lo que lleváis encima.
Que no es así, está diciendo pesado.
¿No lleváis nada más? Ya no me queda nada.
¿Seguro?
Señor, ¿no os atreveréis a...? Te temo que sí.
Repartiremos esto entre los campesinos.
Se pondrá furioso el gobernador. Espero que sea moderadamente.
Un ejército.
Mantengo un ejército de policías para que me defiendan.
¿Y cuál es el resultado?
Esto.
Todas mis ropas, mis alhajas, todo, todo me lo han quitado.
Tenéis que acabar con ese bandido sea como sea. Os lo ordeno.
Es extraño.
Decían que se había retirado tras obtener el perdón real.
Además, siempre actuó lejos de aquí.
Pues ha vuelto, y aquí precisamente.
Y vos os encargaréis de mandarle a un sitio de donde no pueda volver jamás.
La horca merece ese bandido, Dios mío. Mis ropas, mis trajes de París, mis
encajes de Malinas.
Que os busquen algo con que vestiros. No pensaréis casaros así.
¿Y ese hombre es el que quiere darme mi padre por marido?
Al menos no creo que se esfuerce mucho por llevar los pantalones.
Gracias, Dicturpín.
Pero, ¿qué dices, María?
Dicturpín es un bandido.
Gracias a ese bandido, sabéis ahora quién es el conde de Durjan.
Además, los campesinos no piensan como vos, ni como vuestro padre.
Bueno, bueno, bueno.
Ahora ir a descansar.
Acompañad al conde a sus habitaciones.
Mañana, cuando os hayáis tranquilizado, os presentaré a mi hija. Ah, sí,
gracias. Lo prefiero. Ahora me sería imposible hablar con ella. Estoy
deshecho, deshecho.
No creo.
Brasier, contratad más hombres. Haced lo que queráis para que desaparezca ese
turpín. No quiero que destroce mis planes.
Señor.
Aunque me divierte lo que ha hecho con ese idiota.
Si es un idiota, ¿por qué queréis casarle conmigo?
Yo sé bien lo que hago.
Padre, yo no quiero a ese hombre.
Solo me casaré con... ¡Calla!
No menciones el nombre de los McGregor.
En esta casa está prohibido pronunciar ese apellido.
Lucharé por mi felicidad.
¡Ah, tonterías! Vete a tus habitaciones.
Y prepara todo porque pasado mañana te casas.
Yo puedo ayudaros si queréis.
¿Ayudarme? ¿Cómo podrás ayudarme? Dejadme a mí.
María.
Calla, tengo que hablar contigo. Vamos dentro.
Pasa, pasa.
Ya era hora de que te pillara a solas.
¡Está quieto!
He venido a cosas serias. Pero hay algo más serio que esto. Quieto te digo.
Necesito que Dicturpín ayude a mi señora.
¿Tu señora?
Es la culpable de lo que ocurre. ¿Su boda? Ella no quiere casarse.
Su padre la obliga.
Dicturpín no podría hacer algo.
¿Y qué quieres que haga yo?
Hace años que no veo a Dicturpín.
Yo no soy tonta.
Veré lo que puedo hacer.
Te lo agradeceré siempre.
Peter, este no es el momento. Ten paciencia.
Peter, este no es el momento. Ten paciencia.
Al menos ahora sabemos una cosa, que la condesa se opone a la boda. ¿Estás
seguro? No, pero pienso estarlo mañana.
Sí, ¿qué eres tú?
Qué alegría.
Pero ¿cómo has estado tanto tiempo sin venir a verme?
¿Y ahora?
Ahora... ¡Ay, Dios mío!
Algo vienes a pedirme.
Pero ¿cómo se os puede ocurrir eso, padre?
¡Qué diablos!
Siempre fuiste el mismo.
Recuerdo que cuando te bauticé, casi me robas el agua.
Ya me lo habéis contado muchas veces. Y el caso es que en verdad necesito algo,
padre. ¿En verdad?
Ya lo suponía.
Pasemos y os lo explicaré.
Bueno, bueno.
Pasa, pasa, pasa.
Esperadme un momento, amigos.
¿Qué pasa?
Ahí está Dick.
Quedar con Dios, hijos míos.
Siempre consigues convencerme.
Es por una buena causa, padre.
A los que defienden las buenas causas también los cuentan.
Pero más alto.
¡Qué consuelo!
Cúbramonos.
¡Alto! La paz sea contigo. ¿Qué queréis?
Tu señor nos espera.
Sí, ya lo sé.
Pasad, pasad.
Revisad todas las guardias. Que no entre ni una mosca en el castillo. Vamos. A la
orden.
Tranquilo, hijo mío.
Buenos días.
La paz esté contigo. Dios te bendiga, hijo.
Solo esperábamos un fraile.
Hijo mío, necesito a mi ayudante.
¡Soldado!
Condúcelos ante el señor conde.
Pasad, pasad.
Dios os guarde. Que él os acompañe y llene de bendiciones esta vuestra casa.
Quiero que dispongáis todo para casar a mi hija mañana.
Así se hará, señor, pero antes debería confesarse.
Haced lo que sea, pero hacedlo rápido. Yo lo haré si me conducís ante la
condesa.
Acompañad al padre.
Seguidle.
Con el permiso de vuestra paternidad. Ve con Dios, hijo.
Y vos, fray Benito, empezad a preparar la capilla cuanto antes.
De un momento a otro comenzarán a llegar los invitados.
Adelante. Señora, el señor conde desea que recibáis a este fraile.
Que pase.
¿Qué desea mi padre?
El señor conde de Belfort me envía para confesaros.
María, espérame aquí.
Seguid.
En fin, señora, decidme lo que pesa sobre vuestra conciencia.
Padre, voy a cometer una desobediencia grave.
Pero, hija mía, ¿cómo podéis decir semejante cosa?
No voy a casarme con el conde de Durkheim.
¿Seguro que son esos vuestros deseos?
Tan seguro que para conseguirlo estoy dispuesta a pedir ayuda a Dick Turpin.
¿Qué decís, señora condesa, a un hombre fuera de la ley, a un bandido?
Estoy enamorada de otro hombre.
Hasta del mismo diablo aceptaría ayuda para no casarme con Dujan.
Señora Condesa... Además, Dick Turpin no es tan malo.
Dicen que si roba es para dárselo a los pobres.
Bueno, estoy convencido de que algo se quedará él.
De todos modos, tenéis razón.
Es bastante mejor de lo que cuentan.
¿Vos le conocéis? ¿Cómo es?
Pues es... es... Un momento, padre.
María, dime cómo es Turpin. ¿Ahora? ¿Para qué queréis saberlo? Vamos,
rápido, dime cómo es Turpin.
Moreno, alto, ojos negros, guapo diría yo, elegante, educado.
¿Me habéis preguntado cómo es Dick, Turpin? En efecto, hija mía.
Alto, moreno, ojos negros, guapo
diría yo.
Elegante, educado.
Hermosa descripción. Para un bandido no está nada mal.
Dick Turpin, supongo.
Dick Turpin a vuestro servicio, señora.
No será por mucho tiempo. Llega vuestro padre y si le ve aquí... Poneos de
rodillas. Rezad.
¿Qué? ¿Ya está?
Sí, señor conde.
He procurado ayudar a vuestra hija en lo posible.
Está bien. Ahora dejadme solo con ella.
Señora condesa, hasta mañana.
Hasta mañana, padre.
Os esperaré.
Quedad con Dios.
¡Largo!
Tenemos que ultimar todo para mañana.
Ya empezaba a preocuparme. ¿Se puede saber qué hacías?
Padre mío, la ira es un gran pecado.
Ya te diré yo a ti, pecado un cuerno. Después, padre, después. Ahora tenemos
que estropear una boda.
¡Ya!
Todas las disposiciones que has ordenado están tomadas.
Bien, pero falta algo.
¿Qué?
Es posible que podamos estropear la boda. Hay que desacreditar a Belfort
ante todos sus invitados. Pero quiero algo más. Tenemos que conseguir que
dejen de tomarle en serio.
Hoy empezarán a llegar al castillo todos esos cursos.
Son como pavos reales. Será estupendo desplumarlos, ¿eh, comilón? ¿Dónde vas?
Vamos, Richard.
Hay mucho que hacer todavía.
Hasta luego.
¡Alto a Víctor Pín!
¡Ay, Dios mío! ¿Qué es esto? Esto es
un atropello. Me quejaré al conde de Belfort.
Hacedlo, señora, hacedlo. Me sentiré muy honrado.
Esto es una vergüenza. Ya no se puede transitar por los caminos. Tenéis razón,
señora. Soy de vuestra misma opinión. ¿Vais a quitarme el collar?
Dádmelo.
No puedo hacer excepciones, señorita.
Toma.
Consideradlo un préstamo.
¡Adelante!
¡Dam!
¡Vad!
Cargad todo eso en los caballos y llevadlo al refugio.
¿Qué hacemos después?
Volver aquí. Tenemos todavía mucho que hacer.
De acuerdo. Vamos, vamos. Sí, vamos.
Bonito traje, señor.
¿Es de París? Sí, sí, señor.
Daos la vuelta.
¡Es una vergüenza!
¡Todas mis joyas!
Nos han dejado con lo puesto.
¡Belford! Si no podéis garantizar la seguridad de los caminos, ¡dejad de ser
gobernador!
Ahora sí, vamos a ser el hazmerreír de todo el Cumberland. Mis soldados
recorren todos los caminos, pero no han podido dar con ellos.
Pues hay que hacer algo.
Está hecho.
He preparado una sorpresa para ese bandido.
Espero que dé resultado.
Empiezo a cansarme de vuestras brillantes ideas.
Dará resultado, señor. Podéis tranquilizar a vuestros invitados.
Amigos, amigos, tranquilidad. Todo se arreglará.
¡No disparéis hasta que yo lo ordene!
¡Alto!
¡Bat!
¿No te parece que ese coche va demasiado cargado?
Cierto. Las ballestas van muy dobladas.
Sí, y no viene de lejos. Está muy limpio.
¡Vámonos! ¡Demos la vuelta!
¡Disparad!
No le faltaba ingenio a la trampa, pero le salió mal. Sí, pudo salirles bien.
Hay que tener mucho cuidado.
Atención, un caballo.
Alguien viene.
Hola, Adam.
¿Cómo te ha ido?
El mesón está casi lleno.
Una maleta más y revienta.
Por cierto, Richard, la mesonera no hace más que preguntar por ti.
Dice que no sé qué tienes que contarle de París. No sé a qué podrá referirse.
Pues ella parece saberlo muy bien.
Bueno, bueno, déjalo.
Lo importante, Richard, es que gracias a tu amistad con ella, tenemos un sitio
seguro y alejado donde poder guardar el botín.
Y eso hay que agradecérselo. No te queda otro remedio que contarle lo de París.
Me temo que sí.
Me sacrificaré.
¿Qué hacemos, jefe?
¿Seguimos? Aún quedan algunas horas de día.
¿Tú qué opinas, Richard?
Yo lo dejaría. ¡Hombre, no!
¡Déstate quieto, so gordo! ¡Pero por eso no piensas más que en comer!
Richard tiene razón. No conviene abusar de la suerte.
Por hoy ya hemos fastidiado bastante a Belfort.
¡Pero hombre, Dick!
Ha sido cerca.
Cuidado, puede ser una trampa.
¡Vamos, de pesa!
¡Alto a Dick Turpin!
¿Qué te parece, Richard?
No lo hace mal.
¡Bajad!
Seréis ahorcado por esto, señor.
No es tan fácil ahorcar a Dick Turpin. ¡Arriba!
Parece un tanto fanfarrón, ¿no crees?
Un poco rudo para mi gusto.
Podéis marcharos, señor.
Pero decida al conde de Belfort que Dick Turpin está dispuesto a impedir la boda
de su hija. He olvidado registrar el equipaje.
Pues tus aficionados. Sí, sí, pero tiene vocación.
La vocación no es nada sin un aprendizaje.
Está bien, muchachos.
Vamos allá.
¡Deteneos, valiente bandolero!
¡Abrid paso! ¿Quién lo pide?
Paso a Dick Turpin.
¿Sois vos el famoso bandido?
¡El mismo!
¡Abrid paso o tendré que abrírmelo con mi espada! ¡Voto al diablo!
Señor, he oído hablar mucho de vuestra destreza con las armas, pero si no os
ofendéis os diré que siempre creí que exageraban un poco.
Será mejor para vos no tener que comprobarlo a vuestra costa.
Sin embargo, tendréis que demostrármelo.
Disfruta. A vuestro riesgo, señor.
Cuando gustéis, señor... ¿Turpin?
Estas son las cosas que dan mala fama a una profesión.
¿Cómo va eso, señor?
¿Cómo dijisteis, Turpín?
Sí, Turpín, ¡maldición!
Rudo, mentiroso y mal hablado. Las buenas costumbres se pierden.
¡Daos prisa, jefe! Me parece oír algo.
¡Dick, dada prisa, vienen caballos! ¿Dick?
¿Dick qué?
Naturalmente, Dick Turpín.
¿Sois Dick Turpin?
En efecto, no puedo evitarlo.
Belfort odia a mi padre porque apoyó la causa de los Estuardo.
Como escoceses somos sospechosos en la corte y hemos perdido toda clase de
influencias.
Por eso me propuse yo solo impedir la boda.
Quiero a Isabel con toda mi alma.
Y ella me quiere a mí.
Pero su padre nunca me la entregará.
Esta es la causa de haberos suplantado.
El heredero de los McGregor haciéndose pasar por un bandido. Qué tiempos. Fue
lo único que se me ocurrió.
Muchacho, para ser noble basta con nacer, pero en cambio para ser bandido
hay que servir.
Señor, si queréis burlaros de mí... Y tener sentido del humor, del que por lo
visto carecéis. Sentaos, por favor.
Os pido disculpas por mis modales. No es necesario. Y puesto que nuestros
objetivos son idénticos, podemos ayudarnos mutuamente.
Será para mí un honor, señor.
¡Jefe! El pueblo está lleno de policías. Hay parejas y patrullas por todas
partes. Demasiada vigilancia. No nos vamos a poder mover.
Es cierto. Habrá que actuar con cuidado.
El señor conde desea saber cuándo estaréis preparados.
Dile a tu amo que ya le avisaré.
Señor.
¿Todo en orden?
Podéis comprobarlo.
Bien.
Bien.
Todo está perfectamente vigilado.
Nadie podrá entrar en el castillo, señor.
¿Están listos? Sí.
Vamos.
¡Déjalo!
¿Qué pasa?
Déjenme. Paso, paso.
Ha sido en la puerta principal.
¡Por allí! ¡Vamos!
¡Oficial! ¡Oficial!
¡Vos y la patrulla quedad en el salón! ¡Los demás conmigo! ¡Vamos a los
caballos!
¡Vamos, rápido!
¡Vamos, señores! ¡No ha sido nada!
¡Diviértanse! ¡Música!
¡Música!
¡Vamos, rápido! ¡Que no se caigan los muñecos!
¡Ya, ya!
Ahí vienen.
¡Allí están!
Señora, vuestro padre espera.
María, es inútil esperar más.
¡Alto!
Buscarda, Peter y tú, iréis por ese lado.
Thomas, Dan y tú, por allí.
Y ahora vosotros.
Suerte.
Han surgido algunos problemas con el arreglo de la capilla. Pronto estarán
resueltos. Mientras tanto, ¿queréis bailar? No, gracias. Lo hará encantada,
¿verdad, hija mía?
Mi reloj.
Mi traje.
Señor. Señor.
La verdad es que no os falta valor para presentaros aquí, si el McGregor...
Señor, venía a mataros.
Pero he cambiado de idea.
Tengo el honor de pediros la mano de vuestra hija.
¡Prendedlos! ¡Soldado!
Damas y caballeros.
Calma, calma.
No queremos hacerle daño a nadie.
Nuestro propósito es el unirnos a la fiesta. Claro que si alguien intenta
hacer ruido o defenderse por su cuenta, no tendremos más remedio que... ¿Qué
diablos queréis?
¿Quién sois?
¿Quién os manda aquí?
Ahora lo sabréis.
Yo.
Si no os importa, excelentísimo señor conde de Belfort.
Vos.
¿Y quién sois vos?
Dick Turpin, a vuestro servicio.
Pero, pero entonces...
¿A quién están persiguiendo vuestros hombres?
Muy sencillo, a simples muñecos de paja.
¡Maldición! ¡Otra vez ha fallado el muy imbécil!
Señora Condesa, ¿puedo solicitaros un baile para mi joven amigo?
¿Isabel?
Música. Señorita, os dije que era solo un préstamo, ¿recordáis? ¿Me permitís?
Pienso que en agradecimiento me concederéis este baile.
Señor Turbín. Sí.
Cuando os vayáis, llevadme con vos.
¿Qué dirá vuestro padre?
Me importa un rábano lo que diga.
Además, podemos fingir que me raptáis.
Yo quedaría bien ante esta gente. Y vos satisfecho, os lo aseguro.
Hermosa fiesta.
Oficial, ¡haced algo!
¿Y qué queréis que haga?
Silencio.
Señor, sé de buena tinta que Turpín espera que termine el baile para cortar
las orejas.
¿Cómo, las orejas?
Sí. Primero las orejas, luego el cuello.
¿Ah, sí? ¿Pero por qué?
Claro que... ¿Qué, qué?
Si desapareciérais, no podría hacerlo.
Sí, me voy, pero por Dios, ayudadme, sois un caballero.
Ni una palabra más, os voy a ayudar.
Entre caballeros es lógico.
¡Durham! ¿Dónde vais?
Lejos de aquí, a mi casa, de donde nunca debí salir.
Pero, ¿y la boda?
¿La boda? ¡Al diablo la boda! ¡Prefiero mis orejas!
Naturalmente, señor, comprenderéis que si volvéis a aparecer por aquí no podré
ayudarlos. Pueden estar tranquilos, no me volverán a ver por aquí.
¡Ay! ¡Tantos guardias, tantas precauciones!
¿Y de qué les sirven a ese imbécil de Belfort si cuando hacen falta no están
aquí? No tengáis cuidado, me aprecio demasiado para volver.
Perdón, señor.
¿No tendréis algo en los bolsillos con que agradecer mi ayuda?
Tened.
Gracias, hago colección.
¡Adelante!
¡Adicción! ¡Esos malditos nos han vuelto a engañar!
¡Rápido! ¡Hay que volver al castillo! ¡Vamos!
Señor Conde, me da la impresión de que ya no necesitáis sacarle a vuestra gente
un nuevo tributo para la dote.
Porque mucho me temo que vuestra hija se ha quedado compuesta y sin novio.
¡Turpín!
¡Acabaré con vos!
¡Os lo juro! ¡Quieto!
Es posible.
Pero por lo pronto, podéis dar por descontado que no habrá boda.
Tenemos que irnos, Dick.
Sí, tienes razón.
Hay que marcharse.
Pero llevándonos algo importante, ¿no te parece?
Por ejemplo, este será un buen botín. No, eso no, mi hija. Es demasiado joven.
Y muy bonita. Precisamente por eso me la llevo.
No, no, dejadme, caballero. No hagáis esto conmigo.
Dejadme, señor. Os lo ruego.
Qué buena actriz ha perdido el teatro.
Lo siento, señorita, sois mi botín de guerra.
Está bien.
Os aseguro que no os arrepentiréis de esta decisión.
Sin más, creo.
Hasta pronto.
Dick, en cuanto salgáis de aquí, mi padre dará la alarma a toda la región.
No podríais llegar lejos.
Necesitamos ganar un par de horas, pero eso con un poco de ayuda por vuestra
parte está arreglado. Isabel, no pensarás ayudarles. Amigos míos, pedidme
lo que queráis.
Todo parece tranquilo. Por lo visto, la fiesta sigue.
Me voy.
Tomo este camino.
¿No queréis venir con nosotros?
Esto hay que celebrarlo. No, gracias. Debo volver pronto a casa.
Llevo buenas noticias para mi padre. Como queráis, si necesitáis algo de mí.
No os preocupéis, os avisaré.
Guardadme un sitio en vuestra boda.
Vos seréis el padrino.
Adiós. Adiós.
Adiós.
Adiós.
Vámonos.
Y ahora todo el mundo se reirá de mí.
Y no podré mirar a nadie a la cara.
Y vos sois el culpable.
Así es.
Si no me entregáis la cabeza de Turpín, os juro que... Os juro que os
arrepentiréis. Señor, un campesino desea veros.
Ahora no. Señor, dice que sabe dónde se esconde Turpín.
¿Qué? Que pase rápido.
Pasa, pasa.
Acércate. ¡Eh, moza, échame un poco más!
Ninguna mujer de esa maldita fiesta podía compararse a ti.
No le hagas caso, Ana. Tenías que haberle visto bailar con las señoritas
de la aristocracia.
Nada me haría más feliz que bailar contigo y luego a solas contarte cómo es
París.
Y ahora supongo que vos cumpliréis lo prometido.
Mucho cuidado con las francesas, ¿eh, Richard?
¡Prendedlos a todos!
¡No disparéis! ¡Nos quedaremos vivos!
Hombre, ¿no?
Por fin. Lo veis, Brasier, con un poco de
paciencia. Todo se alcanza.
¡Al carro!
Vos, señorita, sois libre.
Muy gracioso y oportuno.
¡Esta al carro!
¡Bestia! ¿También luchas con las mujeres, Brasier?
Se ha divertido con vosotros.
Es justo que la ahorquen con vosotros.
Lo siento. Yo también.
Nunca me podréis contar cómo es París.
¡Adelante!
¿Dónde está Adam?
No lo sé.
Está bien.
Moscarda, tienes que esconderte. Han cogido a tu jefe.
¿Pero qué tonterías estás diciendo?
Te estoy diciendo la verdad. Sabía que habías acompañado a Durhan. Por eso he
venido aquí a esperarte.
¿Y la condesa?
Su padre la tiene encerrada en sus habitaciones.
Está furioso. Quiere colgar a Turpin.
¿Cuándo? Mañana.
Bien. De aquí a mañana.
¿Puedes hacerme entrar en el castillo? Está muy vigilado, pero creo que sí.
Bueno, entonces, ¿a qué estamos esperando?
¿O salvarse a alguien más?
No. Solo escapé yo y Moscarda, que no estaba con nosotros.
Padre, hay que hacer algo.
Y ya lo haremos, pero hay que pensarlo bien.
Tengo pocos hombres y... Menos tenía Turpín cuando me ayudó.
Está bien, está bien.
Supón que te doy 20 o 30 hombres.
¿Cómo entrarás con ellos en el castillo de Belfort?
Tú dámelos.
Entrar entraremos.
Puedes estar seguro.
¿Verdad, Adam?
Si hay que hacerlo...
Hay que hacerlo.
La reja no creo que la arranque.
No, pero tal vez derribe el castillo.
La situación no está para bromas, ¿no?
Tampoco es para desesperarse, Peter.
Quisiera saber cómo tendríamos que estar para que te desesperes.
Peor, muchísimo peor.
Cuidado, viene vuestro padre.
Vamos aquí, rápido.
Escondeos.
Mañana por la mañana asistirás a la ejecución. ¡No!
¡Sí! Y no se te ocurra salir antes.
Estos hombres tienen orden de impedirte la salida hasta mañana.
La hemos hecho buena.
¿Y cómo salgo?
Ya pensaremos algo cuando llegue el momento.
Señor conde de Belfort, de haberme avisado vuestra visita, habría preparado
algo especial para recibiros.
Grandísimo perro.
Te queda poco tiempo para bromear.
Aprovechalo. Vaya, has oído.
Puedo saber a qué debo el honor.
Has sido juzgado y condenado. Es curioso. Y yo sin enterarme.
Mañana serás ahorcado con todos tus bandidos. Y yo tiraré de tus pies.
Solo del izquierdo, por favor. El derecho me molesta.
Quieto, Brasiel.
Espera mañana.
Brasiel, matarte va a ser una verdadera satisfacción.
Eso dímelo mañana, Tulpín. Desde lo alto de la horca.
Sí, sería divertido matarle.
¿Pero cómo?
¿Tienes algún plan? ¿Un plan?
No. ¿Entonces?
Se lo he dicho para que esta noche no duerma tranquilo.
Además, Moscarda y Dan no están sueltos.
No somos bastantes para atacar el castillo.
Tendremos que intentarlo de otra forma.
Lo primero es acabar con esos centinelas.
No hay duda.
De eso me encargo yo. Dadme vuestro puñal.
¡Ahora no!
Hay que esperar a que entre de guardia la última ronda.
Lo haremos al amanecer.
¡Gracias!
Hermosas piernas tienes.
Este no es el momento.
Ya, primero es la obligación.
¿Sabéis lo que tenéis que hacer?
No os preocupéis.
Anda y suerte.
No hay más.
Corre.
Lo conseguirá. Es lo único que podemos hacer.
¡No!
Un poco estrecho, pero servirá.
¡Alto!
Releve, guardia.
Preparados para el ataque.
Ahora tenemos que acabar con los de las almeras.
Sí.
Ahora seréis vengada. Después de contemplar esta hermosa ejecución,
podréis volver con vuestros padres.
¿Por qué no llegarían media hora más tarde vuestros hombres?
¡En marcha!
Es un hermoso día.
En efecto.
Puede que luego haga algo de calor.
Aprovechad, señorita.
Os queda poco tiempo para verle vivo.
Pat, recuérdame que te debo una libra. Por Dios, Peter, olvídalo. Vamos.
Bueno, bueno, no empujes. Si tienes tanta prisa, te cedo mi puesto. ¡Vamos!
Lo que más siento de todo esto es no poder contarle a Ana cómo es París.
Se lo merecía la pobrecita.
Va siendo hora de hacer algo. ¿Qué?
Cuando estemos arriba, atacaremos al verdugo.
Bien, ¿y después?
Después, cualquiera sabe.
Richard,
si me molesta que nos ahorquen es por el gustazo que se va a llevar Brasiel.
Sin empujar.
No pensaréis atacarme, ¿verdad, jefe? Está muy mal atacar a los verdugos.
Moscarda. ¿Quién sino?
Debajo del patíbulo hay pistolas y espada.
Me paso la vida salvándote de la horca.
Empiezo a estar harto de ti.
Recuérdame que te lo agradezca.
Cuando baje el brazo, empezamos.
¿Qué diablos hacéis?
¿Pero qué hacéis, idiotas? ¡Yo no soy el verdugo!
¡Brashear! ¡Voy por vos!
¡Vamos, rápido!
¡Adentro!
¡Rick!
¡Vamos con Rick! ¡Sí, vamos!
¡Rick! ¡Rick! ¡Rick! ¡Rick! ¡Rick! ¡Rick! ¡Rick!
¡Rick!
¿Pensáis dejarnos, señor conde?
¡Turpin! A vuestro servicio.
Brasier, un hombre que va a morir.
Debería ser más educado.
No, no, querido suegro.
Eso no se hace.
Por aquí no, Brasier.
¡Brasier!
Esa libra que me debes.
No querréis hacerle daño a mi suegro, ¿verdad, Dick?
Está claro que no, si es que de verdad desea serlo.
¿Qué decís, señor?
¿Concedéis vuestra hija a este caballero?
Yo... Sí,
sí, lo que sea.
Gracias, señor, gracias.
Devolver la dote es el peor castigo que le podíamos dar.
A ti no te importa. Gracias, señor.
Te tengo a ti. Con eso me basta.
Gracias, señor.
Ánimo, señor conde, ánimo. Ya quedan pocos.
Esto es demasiado.
Me hacéis devolver la dote.
Licenciar a mis hombres. Miradlo así, señor. Perdéis un ejército, pero ganáis
un hijo.
Podríamos agradeceros.
No, no, no. Nada de agradecimiento.
Ni hablar de eso.
Al menos asistiréis a la fiesta.
A una fiesta, sí, pero no aquí. ¿Dónde?
Considero una sorpresa.
En cuanto a vos, creo que todavía me debéis algo.
Os pagaré encantada.
Amigos.
Amigos, ha sido muy agradable estar juntos otra vez. Hemos comprobado que
seguimos siendo los que fuimos. Ahora todos volveremos a nuestra vida de
tranquilos ciudadanos. Al trabajo y algunos al amor.
Pero nos reuniremos de vez en cuando para charlar de nuestras aventuras. Solo
para eso. Y recordad siempre nuestro lema. Por el amor... La justicia y la
amistad, combatir hasta el final.
¡Salud para todos!
Está con Dios, nobles caballeros. Podríais socorrernos con algo de comer.
Venimos de lejos y los pequeños no pueden más.
¿Os pasa algo malo?
Sí, señor. El duque de Pelham nos ha quitado las tierras.
Pretende echar a todos los colonos y dedicarlas a pastos.
¿Por qué no defendéis vuestros derechos contra el Duque y contra quien sea? ¿Y
qué podemos hacer, señor?
¿Qué decís, amigos?
¿Ayudamos a los campesinos? ¡Sí!
¿Y París?
París siempre será París.
No, tú no.
Tú no.
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