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Hermana Cecilia, de pie, por favor.
La comunidad de este convento te ha elegido como priora.
¿Aceptas este cargo prometiendo servir con fidelidad a tus hermanas
según la regla de Santa Teresa y las Constituciones de la Orden?
Por obediencia a Dios y a la Iglesia, prometo servir a esta comunidad
según las constituciones de nuestra Santa Madre Teresa.
Madre Cecilia,
que el Señor te conceda sabiduría para gobernar, paciencia para escuchar
y amor para sostener.
Recibe este anillo como símbolo de fidelidad
y respeto de esta comunidad, su priora.
Hermanas.
Gracias por esta bendición.
Espero que encuentren en mí a una madre,
y que me acompañen en la misión
de traer salud, disciplina y orden a este convento.
Teresa.
Dios te bendiga, hermano.
¿Cómo estás?
¿La verdad? Preocupado.
Hace meses que vengo y...
primero, que estabas de retiro, después, enferma en cama.
Después, otro retiro espiritual.
¿Es así esto?
No siempre podemos venir.
La visita es mensual.
Podrían avisar a las familias.
Tenemos mucho que hacer, Nico.
Hay hermanas que no reciben a nadie y tenemos que acompañarlas.
Mamá, ¿cómo está?
Bien.
Te extraña.
No es que no quiera verlos.
Pero Dios tiene prioridad para todas nosotras.
Mudé el local al lado de la casa.
Qué bueno.
Y me compré un auto.
Con Lucas, a medias.
¿Entonces estás aquí todo el día, no?
¿Le rezas a Dios, Nico?
Porque que yo lo haga, ayuda.
Pero tú deberías.
¿Debería?
¿Qué te pasa?
No te veo bien.
Estoy bien. Estoy muy bien.
Con Dios, con las hermanas...
¡Basta de Dios!
Soy tu hermano. No me mientas. ¿Qué te pasa?
Hermana Teresa.
Las otras hermanas también quieren ver a sus familias.
No van ni cinco minutos.
- Está bien. - Vamos terminando.
Con vernos un rato alcanza.
Dile a mamá que siempre rezo por ella.
Buenas noches.
Madre, ¿pasa algo?
¿Por qué pregunta?
Son las diez de la noche.
El reglamento indicado por usted dice...
Quería preguntarle qué piensa de su hermano y su relación.
No entiendo.
El muchacho que lo espera con su auto cuando viene a visitarla.
¿Lucas?
¿Son amigos?
Sí, socios también.
¿Qué piensa de las relaciones entre personas del mismo sexo?
¿Qué opina?
¿Le parece natural?
Escríbale una carta a su hermano y pídale que reconsidere su opción
o que la confirme.
En cuyo caso, que nos ahorre las visitas.
Abra los ojos, María Teresa.
No hay virtud en la ingenuidad.
Menos a su edad.
Que le avisen ellas.
Que den la cara.
No sé qué hacer. Prometimos obediencia.
Sí, pero no a cualquier cosa.
¿Y si realmente está con Lucas?
¿Y si mi hermano vive en el pecado?
No puedo ni imaginarlo.
Es increíble.
Deberían llevarla a un psiquiátrico.
No le escribas ninguna carta.
- ¿Nos vamos? - Espera.
Mira.
¿Cómo están las cosas en el comedor?
Difíciles. Redujeron los fondos para alimentos.
Igual, ya lo vamos a solucionar.
En este momento, la prioridad son ustedes.
¿Dos veces en 14 años? Buen promedio.
No te burles.
Ya saben que si me necesitan, estoy.
Laura recomendó un psiquiatra, pero...
no puedo convencerla.
Le puse una PC en el cuarto a ver si al menos empieza...
a conectar con el exterior.
Una computadora no solucionará esto.
Acaba de llegar, Julián.
Las cosas llevan tiempo.
- Nos vemos en casa. - Adiós.
Ave María purísima.
Sin pecado concebida.
No tuve pensamientos impuros ni ofensas,
pero sí una desobediencia a la priora.
La madre Cecilia no quiere que mi hermano me visite.
Él vive con un amigo. Están juntos.
Vino varias veces con él a visitarme.
Yo no encuentro motivos para que deje de venir.
¿Debemos juzgar la elección de los otros?
Juzgar, no.
Habría que ver por qué la priora te pide esto.
¿Hubo algún otro conflicto?
No.
Solo creo que, a veces, la madre está ensañada conmigo.
Eso no es bueno.
¿Algún motivo?
No.
También se ensaña con la hermana Lucrecia.
Ella nos da un trato distinto que al de las otras hermanas.
Lucrecia cree que la madre no está capacitada para ser priora.
Hermana, acompáñeme.
Párese junto a la hermana Lucrecia.
Acérquense.
Voy al punto.
Hermana Teresa...
¿me cree capacitada para ejercer el rol de priora?
Por supuesto, madre.
¿Y qué piensa su amiga, la hermana Lucrecia?
No me cree capacitada para ejercer el rol.
Capacitada, sí.
Solo que a veces, con todo respeto,
creo que nos da un trato distinto...
Distinto al de las otras hermanas.
Y usted cree lo mismo.
El innombrable entró a esta casa porque alguien le abrió las puertas.
Cuando ingresa,
las desobediencias se multiplican.
Madre, perdóneme si yo desobedecí,
no he escrito la carta para mi hermano, no fue por culpa de la hermana Lucrecia.
¿Y por qué no la escribió?
Porque es mi familia. Es mi hermano.
No, Teresa.
Hay algo en su inocencia que no le permite darse cuenta
lo que le genera la acción torcida.
Siempre fue muy influenciable. ¿No cree?
El demonio está en la casa
y hay que echarlo antes de que nos pudra.
Sáquese el hábito y purifíquese.
¿Acá?
Purifíquese. Es una orden de la madre.
Por favor, madre.
No son buenos los extremos, aunque sean la virtud.
Santa Teresa de Jesús, ella estaba en contra de los excesos.
¿Me va a hablar a mí de Santa Teresa? Purifíquese ahora.
La verdad perece, pero nunca muere.
- No conteste. - Purifíquese, es una orden.
Dios te salve, María, llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita eres entre las mujeres y bendito el fruto...
- ¿Reza cuando la madre le habla? - ¡Porque ella nunca escucha!
¡Cállese!
Obediencia, humildad, entrega.
Ahí tiene. Aprenda.
Dios no quiere a los débiles de espíritu.
Expulse, hermana, el mal de nuestra casa.
¡Basta!
¡Basta, por favor, dígale que pare!
¡Basta, por favor!
¡Dígale que pare!
¡Por favor!
Ahí está.
Cuarenta y cinco.
Eres de las carmelitas, ¿no?
Hermana de Nicolás.
Sí.
¿Estás bien?
¿Por qué te fuiste sola?
No pedí permiso. Perdón.
No tienes que pedirlo, Clari, pero...
te podía alcanzar.
No estoy inválida.
- Llegó Clara. - Ya lo cierro.
Ciérralo.
¡Nico!
Perdón.
Perdón.
Perdón, Clari.
¿Podemos hablar?
Lo que escribiste es muy grave.
¡Salgan de mi cuarto! ¡Salgan!
¡Fuera, Nicolás!
¿Para qué viniste?
- Para ayudarte. - ¿Y así me ayudas?
Tú no me ves, Julián.
¡No me ves! ¡Ninguno de los dos!
¿O piensan que no me doy cuenta?
¿Piensan eso? Que no me doy cuenta.
¿Creen que no me doy cuenta cómo me miran?
¡Cómo hablan bajo y después se callan cuando llego!
Al final, la priora era la única persona que me decía las cosas de frente.
¡Váyanse! ¡Salgan de mi cuarto!
¡Fuera de aquí, Nicolás! ¡Váyanse!
Lo conseguí.
Yo no entré para esto.
La cabeza no me para.
Le pedí a la Hna. Purificación un papel para solicitar mi exclaustración.
¿Qué?
Sí.
Si me lo niegan, buscaré otra opción.
¿Qué opción?
¿De qué hablas?
De escaparme.
Cualquier otra cosa es mejor que vivir esta injusticia.
Estamos acá para servir a Dios, no para huir de él.
Dios no está acá, Teresa.
Él no puede querer esto para nadie.
¿No te lo preguntas?
¿De qué sirve rezar por el mundo y ser testigos de esta humillación?
Vuelve a tu celda, por favor.
Si no me dejan salir, te juro que me escapo.
Y tú vendrás conmigo.
Ayer, una de ustedes me desafió.
La hermana María Teresa, como buena cristiana,
ofreció la otra mejilla.
Y es un ejemplo para todas
porque asumió una penitencia que no le correspondía.
Madre, gracias, pero...
Hermana, lo suyo es humildad.
Es abnegación. Es obediencia.
Venga conmigo.
Recuerden que la celda de constricción
es el espacio que corresponde a quienes desafían las reglas.
Les pido, en nombre de Dios, que recapaciten sobre sus actos.
Siéntese.
Aproveche.
La catequesis tiene como fin justamente eso. Poder estar con Dios.
Profundizar y planificar el seguimiento,
el camino de llegada ante Dios.
Quiero estar todo el día en la celda y no poder salir de ahí.
A partir de que la madre Cecilia fue elegida superiora...
Porque es la manzana podrida que pudre a todas las demás...
Me hubiera ido como lo pensé tantas veces...
Solamente veía rejas.
Alambres de púa.
En la cárcel...
¿También tienes miedo?
No tengo miedo.
Pero soy yo el que se queda acá.
El que lidia con mamá y soporta la mirada de todo el pueblo.
Sabes que no me puedo quedar.
Yo puedo ir y venir cada tanto, dar una mano de allá.
Buscaré un abogado.
¿Para qué?
Lo que leímos es privación ilegítima de la libertad, Nico. Es un delito.
Sé que quieres ir despacio y protegerla, pero el daño ya está hecho.
Me voy. Adiós.
- Adiós. - Hablamos.
Que pase en un convento es una falta grave.
Mi hermana solicitó salir varias veces
y se lo negaron.
Cuando envié cartas porque no nos permitían visitarla,
me respondieron que todo estaba bien.
La priora nos explicó en su momento
que los problemas con su hermana habían sido resueltos.
- ¿Y usted le creyó? - A ver, padre.
Yo superviso y visito el Carmelo, lo hago siempre.
No tengo motivos para desconfiar de la priora.
Las Constituciones carmelitas son claras.
Exigen obediencia, respeto...
Pero las Constituciones no hablan de tortura física y psicológica.
A nadie se le exige permanecer contra su voluntad.
Ni hay obligación de hacer uso de las penitencias.
Julián, tú deberías saberlo.
El problema es que la persona a cargo está desequilibrada.
Tiene silenciadas a las otras monjas, hace lo que quiere y nadie la frena.
¡El trato fue abusivo! ¡Inhumano!
¿Entonces dónde queda la voluntad de las hermanas, de mi hermana?
¿Sabes cuántas monjas profesas se escapan de un convento por año?
Digo, Julián,
esto es un conflicto interno,
con defectos y virtudes tanto de la priora como de tu hermana.
La orden de las carmelitas tiene 500 años de historia.
Ni tú ni yo vamos a cambiar lo escrito.
Solo me queda buscar ayuda afuera.
Eso es una amenaza, padre.
No me está dejando opción.
Bien.
Julián, haz una denuncia interna y determinaremos si es verosímil.
Clara, no.
¡Clara, no!
¡Déjame, déjame!
- No. - Déjame.
Mírame. Mírame.
¡Basta!
¡Basta!
Por favor.
Ya basta.
Para la hermana Lucrecia.
Hermana, venga.
Llévele algo dulce.
Vaya.
¡Lucrecia!
¡No!
¡Ayuda!
¡Lucrecia!
¡Lucrecia, no! ¡Ayuda!
¡Ayuda, por favor! ¡Por favor!
¡Ayúdenme!
¡Por favor, ayúdenme!
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