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Soy Felipe, rey de España. ¿Vos sois?
- Que mole, que mole mogollón. - ¿Nos alabamos?
Lo que pasa en una época,
- pues en esa época se queda. - Algunas cosas no.
Necesito elegir entre Ministerio y mi familia
y voy a elegir a mi familia.
Yo me fui y luego regresé.
Y tú tienes que hacer lo mismo.
¿Por qué no te incorporas al Ministerio?
Carolina Bravo Mendoza,
Calle de La Madera, 75, segundo derecha.
He visto a un colega de la infancia
y me ha dicho que va a ser el protagonista
de la próxima película de Almodóvar, «Laberinto de pasiones».
Si Banderas no lo hace, Almodóvar perderá su actor fetiche.
Por 10 ducados, dígannos títulos de comedia
de nuestro malogrado don Lope de Vega.
Esta no es tu época y no te puedes quedar.
El sueño va sobre el tiempo flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas en el corazón del sueño.
Pero ¿cómo puede saber un poema que imagine anoche?
Mi problema en este momento no es el reparto, es el dinero.
Desde que hice «Pepi, Luci, Bom», dicen que hago películas guarras.
Si me das un papel de mujer superficial,
te lo consigo.
Majestad, estos dos están conspirando en vuestra contra.
No vuelva a beber estando de servicio.
Infiltraremos allí a un tío de Lola.
- ¿Y quién es su tío? - Usted.
Carolina, confía en nosotros, podemos protegerte.
Tendrá usted su dinero para financiar su película.
Y recuerda lo que hablamos.
Tengo que conocer al tal... Antonio Banderas.
Eso, qué obsesión os ha entrado con ese chico.
Ángel, ¿y esas manchas, tío?
Ya que no podemos cambiar tu pasado, cambiaremos tu futuro.
Al habla el rey. ¿Qué queréis?
Que liberéis a mis compañeros
y atendáis lo que Amelia diga que hagáis.
- ¿Y si no lo hago? - Moriréis siendo un niño.
- ¿No me reconoces, Julián? - ¿Quién eres?
Soy Federico.
¡Julián! ¡Espérame!
Julián...
No existes.
Estás solo en mi imaginación.
Pues claro, es un sueño.
Mira, si vamos a estar discutiendo,
mejor nos vamos a un sitio donde haga más calor.
¿Qué haces aquí?
Esto es la realidad.
La realidad y los sueños a veces viajan juntitos.
Estás chungo, Julián.
Me llamo Eulogio.
Ese es tu problema, no sabes quién eres de verdad.
Y yo no puedo hacer más por ti.
Necesitas a alguien de carne y hueso.
Duerme.
Duerme.
Llama a Amelia.
Ella te ayudará.
¡Amelia!
Isabel I de Inglaterra
ha sido asesinada antes de ser reina.
Y nosotros tenemos que evitarlo.
¿No pretenderéis que salvemos a la reina de Inglaterra?
Exactamente esa es la misión.
¿Nosotros no nos ocupábamos solo de nuestra historia?
Isabel I forma parte de la historia de España,
¿o no recuerdan ustedes la Armada Invencible?
- Como para olvidarla. - Además, en el caso que nos ocupa,
su hermana está casada con Felipe II,
- rey consorte de Inglaterra. - Ah, entonces muy bien.
El asesinato ha cambiado la historia.
Esto ocurrió ayer mismo: El Papa dando misa en Londres.
Bueno, pues miremos el lado bueno, ¿no?
Quiero decir que habrán cambiado ya
el «fish and chips» por los chopitos.
- Y no darán la brasa con el «brexit». - Miremos el lado malo:
La BBC solo hace series familiares con chachas andaluzas
y no existen los Beatles.
- ¿Se sabe quién la mató? - Todo apunta a su hermana,
María Tudor, la reina en este momento.
Isabel era anglicana y María muy católica como su abuela Isabel.
Pero no de los que ponen la otra mejilla,
ella creía más en el ojo por ojo y diente por diente.
En cinco años de reinado,
mandó a la hoguera a casi 300 anglicanos
acusados de herejía,
de ahí el mote que le pusieron: «bloody Mary».
María la sangrienta.
Para que luego digan de la Inquisición.
María era la que estaba un poquillo loca, ¿no?
La locura siempre ha sido una excusa cojonuda
para quitar a las mujeres más válidas.
Ernesto, por favor.
Bien, sabemos que Isabel fue asesinada,
pero no sabemos el día exacto ni qué lo motivó.
- ¿Cuándo se la vio por última vez? - Cuatro días antes de Navidad,
en el palacio donde la vigilaba sir Henry Bedingfield.
El padre Carranza, agente de este Ministerio,
fue a confesarla.
Isabel era anglicana,
pero se hacía pasar por católica para que no la mataran.
Bien, Irene, Alonso y Pacino irán a Londres
al 20 de diciembre de 1554.
Una pregunta, ¿por qué no está aquí Lola?
Pidió unos días por asuntos propios.
¿Algún problema, Alonso?
Sí, me gustaría que me relevaran de esta misión.
¿Por qué?
La niña está pasando muy mal las noches,
está con los dientes y que...
Y que no pienso ayudar
a quien fue la principal enemiga de las Españas.
Como quiera,
pero se va a quedar usted con ganas de conocer al gran duque de Alba.
¿Y qué hace el duque de Alba en Londres?
Velar por la seguridad del rey Felipe II.
No, eso no, eso no.
A la paz de Dios.
Hola, qué tal, buenos días.
Sí, gracias. Así está bien, muy bien.
Bienvenidos, soy el padre Carranza.
Usted no será de Cádiz, ¿verdad?
- No, soy navarro pues. - ¿Eh?
- Pues... - Gracias, padre.
Podéis llamarme Bartolomé.
Hala, echaos el agua por la cabeza. ¿Qué agua?
¿Y por qué tendríamos que hacer semejante majadería?
Hay que cuidar todos los detalles,
se supone que venís del puerto de Bristol
y Dios sabe que aquí llueve más que cuando Noé.
Bienvenidos al delicioso clima inglés.
Majestad, os presento a Alonso de Entrerríos
y Jesús de Méndez y Pontón,
los nuevos guardias reales.
Y ella es Irene María de Larra y Girón,
la maestra de castellano para la reina.
- ¿Qué ha dicho? - Que se alegra mucho de su llegada.
Bueno, no exactamente.
¡Uy!
Madre mía, deseadme suerte.
Yo también me retiro,
dormir es lo mejor que se pueda hacer en este país.
Debéis animaros, majestad.
¿Y si hacemos una excursión con nuestros compatriotas?
Sí, podríamos visitar los parajes del «Amadis»,
de joven disfrutabais mucho con su lectura.
Yo preferiría quedarme aquí, ¿eh?
- ¡Si el rey dice vayamos, hay que ir! - Claro, vamos, vamos.
Ni un solo sueño sobrevive a la realidad.
Con lo bellas que parecían estas tierras
en las páginas del «Amadis».
Hombre, mucho encanto tampoco tiene.
Nada hay bello en este país.
El clima es horrible, la comida, la cerveza.
- ¿Han probado la cerveza inglesa? - No.
La toman caliente.
¿Caliente?
Qué asco.
No hay día que no añore las Españas.
¿Cómo van las cosas por allí?
Pues bastante mejorables, majestad.
El pueblo le añora, majestad.
El pueblo añora a mi padre, no a mí.
Sois su digno sucesor, mi señor.
Vuestro padre, el emperador, está muy orgulloso de vos.
¿Y entonces por qué me trata como un niño?
Mi padre es capitán en las batallas y yo no he batallado nunca.
Para batallar estamos nosotros, la política es como el ajedrez:
El que no debe caer nunca es el rey.
Como político, mi padre es capaz de convencer al diablo
para apagar las llamas del infierno.
Y a San Pedro para que las vuelva a encender.
En cambio yo, ni he conseguido que me quieran los ingleses.
He organizado justas, he mediado por la vida de herejes,
he renovado su armada.
Menuda idea tuvisteis, majestad.
¿Y qué obtenido a cambio? Odio.
Cuando nací, yo no sabía que serías rey.
Pero ahora sé que no valgo para serlo.
No os dejéis llevar por la melancolía.
Con este tiempo, no me extraña.
Si lo deseáis, podemos emprender el viaje de vuelta.
No, pasaremos la noche aquí, al raso.
Creí que el paraje no era de vuestro agrado.
Peor es lo que me espera en palacio.
«El Mingo Revulgo»,
¿estas coplas deseáis que os lea, majestad?
24.
«Los tus hatos a una mano son de mucho mal chotuno»..
«Lo merino y lo cabruno, y peor lo castellano».
Habláis muy bien el castellano, alteza.
No, no muy bien.
Lo hablaba bien de niña con mi madre.
Dejé de vivir con ella a los nueve años.
Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos.
Fue una mujer formidable.
Y su destierro, una injusticia.
Nunca superé que mi padre, el rey Enrique, la repudiase.
Ni vuestro padre superó que el pueblo inglés
la amara más que a la Bolena.
¿Conocéis «El libro del buen amor»?
¿No es un libro indecente?
Un poco.
Estupendo.
Como vos queráis, alteza.
Muy bien, estupendo.
No, no.
Tiene usted visita.
Perdona la molestia, Amelia,
pero traigo un mensaje de don Salvador.
- Y es algo muy urgente. - Vamos de inmediato.
¿Cómo le han encontrado?
Recibimos una alarma de 1943.
Un héroe de la División Azul se convirtió en actor.
Su nombre, Eulogio Romero.
Pero tenemos pruebas de que se trata de nuestro Julián.
¿Y por qué le tienen en esa sala como si fuera un sospechoso?
Porque Julián no sabe que es Julián.
Sufre un shock traumático y cree que es el tal Eulogio.
¿No recuerda nada?
Solo a una persona.
A usted.
Se ha despertado llamándola a gritos.
Pues aquí estoy.
Bonito traje.
- ¿Vienes del carnaval? - No, de 1885.
- Ah, claro. - Hola, Julián.
No, te equivocas, no me llamo Julián. ¿Tú quién eres?
- ¿No sabes quién soy? - No, no tengo esa suerte.
¿Y por qué me has llamado?
Amelia...
- Será mejor que te vayas. - ¿Por qué?
¡Porque tengo miedo!
Necesito descansar.
Descansa, mañana volveré a verte.
Señor...
Necesitare toda la documentación que tengan sobre Eulogio Romero.
La tendrá.
Jamás olvidaré la primera vez que la vi.
Qué fea era.
Madre del amor hermoso.
Bueno, en fin, no desesperéis,
tal vez si usase los vestidos de nuestras mujeres,
pues parecería menos vieja y flaca.
Aunque a decir verdad,
mucho Dios es menester para beber de este cáliz.
Tengo fama de ser un héroe, pero el verdadero héroe es él.
Todas las noches cumple disciplinadamente,
no puedo imaginar batalla más cruel.
Tengo que preñarla, me lo ordenó mi padre.
Solo un hijo puede hacer que yo influya en este país.
Permitidme una pregunta, majestad.
Si tan desagradable os resulta vuestra esposa,
- ¿cómo hacéis para cumplir? - Sí, ¿cómo?
Pienso en otras mujeres,
en los muslos de una de sus criadas a la que vi desnuda en el río,
en la primera vez que vi las nalgas de una mujer.
Escuchad: «Si los sobacos tiene un poquillo mojados
y tiene chicas piernas y largos los costados,
ancheta de cadera, pies chicos, arqueados,
tal mujer no se encuentra en todos los mercados».
Españoles...
En los momentos más duros, para...
Para enarbolar la bandera, pienso en los pechos de la panadera.
A ver si os gusta este...
«En la cama muy loca, en la casa muy cuerda,
no olvides tal mujer, sus ventajas recuerda».
Más.
Pero las más de las veces, pienso en mi gran amor,
mi verdadera reina,
Isabel de Osorio.
El temor me sobrevino un día
que incluso su recuerdo empezó a huir de mi mente.
¿Y qué fue lo que hicisteis, majestad?
Le encargué un cuadro a Tiziano.
El pintor del amor y de los sueños.
Hice que Dánae tuviese el rostro de Isabel.
Infalible.
- Felipe es un excelente amante. - Pues estupendo, ¿no?
¿Rezáis conmigo?
Joder, a ver si me acuerdo.
- ¿Cuántos se la vio por última vez? - Cuatro días antes de Navidad,
en el palacio donde la vigilaba sir Henry Bedingfield.
Es tarde, majestad, os dejo descansar.
Acompañadme hasta que me duerma.
Trabajáis hasta de noche.
Dios tampoco descansa
y quiere que limpie Inglaterra de infieles.
Entonces, el rey está casado con su tía.
Así es, la reina María es a su vez prima de Carlos, su padre,
con quien también estuvo prometido.
- La boda no llegó a buen puerto. - Claro.
Y él tiene que hacer lo que no hizo su padre: Tener un hijo con ella.
Las deudas se heredan, más que el color de los ojos.
¿Y lleváis muchos años combatiendo juntos?
Tantos que me parecen siglos.
- Daría mi vida por él. - Y yo por el duque.
Y por Felipe.
El conde de Horn y yo fuimos elegidos de críos por el emperador,
como el brazo derecho y el izquierdo de su hijo.
Después, me hice soldado en Castilla,
es mi rey.
Y mi hermano.
No dejáis de observar al rey.
He luchado por él en mil batallas,
pero nunca lo había visto en persona.
Eso sí, he creído soñar con él más de una vez.
Moriréis siendo un niño, no tendréis gloria,
nadie os recordará, no entraréis en Gravelinas ni en Lepanto,
no construiréis El Escorial en homenaje a San Quintín,
no existiréis para la historia.
Señor, ¿puedo haceros una pregunta?
Adelante.
Imaginad que un día, un mal día,
este rey o cualquier otro
empieza a ir por la senda incorrecta.
Que no sería la primera vez.
¿Y cuál es la pregunta?
Si eso costase la vida de los nuestros,
¿vos seríais capaz de atentar contra él?
Jamás.
Yo moriría por él.
Sin lealtad no hay honor.
Sin embargo, ellos...
no sacrificarían una copa de su peor vino
por salvar la vida de ninguno de nosotros.
Los reyes plantan su trono
sobre los cuerpos de miles de soldados muertos.
Gracias por quedaros conmigo.
Cuando anochece y estoy sola, tengo miedo.
¿Miedo vos, señora?
Sí, de morir.
Desde niña tengo miedo.
Muchas noches, dormía con mi hermana Isabel.
No hay mayor amor que el de un hermano.
Solo confío en Felipe, el padre de mi hijo.
Son Ana y Juanito, mi familia.
¿Sabes qué ha sido de ellos?
Llegaron a México.
A los pocos años, Ana consiguió la nulidad de vuestro matrimonio
y se casó con un profesor de universidad.
Tuvieron otro hijo, lo llamó Eulogio.
¿Sabes quién es?
- No. - Es Ana.
Con su nieta Guadalupe, en Ciudad de México en el año 1983.
¿Otra vez?
¿Otra vez con el tema este de que estamos en el futuro?
Mira, Amelia, si es que te llamas así,
si crees que me vas a quebrar
intentando volverme loco o algo así,
te equivocas.
Vale.
Vale, volvemos al pasado, perdón, a tu presente.
Tu primera mujer se llamaba Teresa,
tuvisteis dos hijos, Rosa y Juan.
Fallecieron en Águilas, Murcia,
en un bombardeo durante la Guerra Civil, ¿verdad?
¿Son ellos?
¿Quién es el tipo ese que está con mi familia?
El auténtico Eulogio Romero.
Es un montaje.
Piensa en el último cumpleaños de tu hijo,
¿qué le regalaste?
Intenta recordar el juguete favorito de tu hija,
la última comida con tu familia antes de ir a la guerra.
No hace falta que me respondas, contéstate a ti mismo.
Si buscas en tu memoria,
no vas a encontrar nada más que la foto de tu cartera.
Gracias por estar conmigo.
¡Fuera todo el mundo!
¿Más ejecuciones?
Entre los que liquidó vuestro padre por católicos
y ahora vos, por anglicanos, no van a quedar ingleses.
Háblame en el idioma de tu madre y de mi abuela Juana,
de Isabel y Fernando,
de cuya semilla venimos los dos.
Si es vuestro deseo, los salvaré a todos.
Por fin.
He soñado que es varón.
¿Estáis embarazada?
Inglaterra tendrá un rey católico
y por fin lograremos nuestros planes.
Anunciaremos la buena nueva a todo el mundo.
Debéis terminar vuestras afrentas con vuestra hermana Isabel.
Ella ya no será la heredera del trono,
ya no es ningún peligro.
Ahora mismo tenemos que tener el apoyo de todo el mundo.
Debéis ir enseguida a salvar a Isabel,
la reina ha ordenado a Bedingfield asesinar a su hermana.
¿Ese no es el que tiene que custodiar a Isabel?
Exacto.
¿Por qué quiere la reina matar a su hermana ahora?
- Porque está embarazada. - Albricias.
María quiere deshacerse de su hermana
para proteger la vida de su futuro hijo que,
por cierto, según la historia, nunca lo tuvo.
Y nadie va a matar a Isabel en 1554 y aquí estamos.
Vamos por partes, lo primero es salvar a Isabel ya.
Hala, os acompaño,
conozco el camino y el palacio de Oxfordshire.
- ¿Sí? - Angustias.
- Hola, Irene, dime. - Necesito que me hagas un favor,
tienes que traerme un test de embarazo.
¿Un test de embarazo? ¿No será para ti?
Vamos, Angustias, no me jodas,
¿cómo puedes hacérmelo llegar?
Bueno, ya sabes el papeleo que hay que hacer aquí
hasta para comprar un dedal.
Bueno, no te preocupes, ya lo compro yo.
- Venga. - Muy bien, adiós.
¡Stop! ¡Stop!
«Stop, in the name of love».
Cómo envidio lo de saber idiomas.
Ay, Dios, con tanta carrera, me dio un chasquido.
«Confessión time».
Claro», confessión» y «confessión and food», malamente.
Ups.
Bueno, hijo, ni que fuera un rioja.
¿Vas a seguir engañándome con mi pasado?
Voy a seguir intentando que recuerdes quién eres.
Eulogio Romero, fin de la historia.
¿Puedo volver a la enfermería?
Con una condición: Que me digas por qué gritabas mi nombre.
- ¿Cree que lo conseguirá? - No lo sé.
Y no será porque Amelia no le ponga empeño.
Parece Colombo.
¿Cómo se dice «whim»?
Antojo.
Tengo antojo a esas frutas de las Indias todo el día.
¡Irene!
¡Irene!
- ¡Irene! - Ah...
- ¡Irene! - Ah...
¡Irene!
- ¡Angustias! - Perdone, padre.
Gracias.
- Traía esto para Irene. - Angustias, cuánto tiempo.
Unos cuantos siglos, sí.
- La última vez fue... - Nada más morir el rey Carlos,
le avisé de que se estaba muriendo.
- ¿Quieres confesión? - No, no, gracias.
Usted siga confesando al rey, que yo ya...
Ya me confieso con mi almohada.
Perdón, pensaba que llegaría antes. ¿Lo traes?
- Toma. - Ay, menos mal.
- Gracias. - Las que tú tienes.
- Adiós, padre. - Adiós.
Que confiese usted bien.
Rápido, vamos.
Angustias...
Qué asco, por favor.
Madre mía, qué artilugio, parece cosa de fábula.
¿Pero qué mierda es esto?
Os lo dije, peor que el orín de vaca.
A fe mía, que si por mi fuera,
más de uno estaría ensartado en una pica.
Creo que queréis hacerme otra pregunta.
Después de luchar en mil batallas, ¿nunca habéis sentido miedo?
Siempre.
¿Sabéis de qué color es el miedo?
Del mismo color que la prudencia.
¿Ese no es el tipo del carro, el que le pidió clemencia al rey?
Y que estaría muerto si no fuera por él.
- Sí, es él. - Huelo a trifulca.
Y yo.
Recordad que debéis mantener la compostura, es una orden.
- ¡Olvidaos de la orden! - ¡A mí los tercios, proteged al rey!
¿Le reconoces?
Es un espía.
Se hizo pasar por fotógrafo de una revista,
le di una buena paliza.
Y él, ¿sabes quién es?
No, dímelo tú.
El Empecinado.
Fue nuestra primera misión.
Viajamos a 1808 para salvarle
y que España ganase la Guerra de la Independencia contra Napoleón.
Es el Empecinado.
- ¿Quién? - Tú sí sabes quién es, ¿no?
Sí, sí, pero cuéntaselo tú mejor.
- Parece una foto de bodas antigua. - Lo es.
¿No la recuerdas?
El asunto es saber quién consiguió la foto,
porque falsa no es. Es de 1883.
- Y parece de su boda. - No puede serlo.
Es la primera vez que la veo.
¿Sabes quién es?
- ¿Quién llama? - Servicio de habitaciones.
¿Qué es eso de servicio de habitaciones?
Lo que me sale de los cojones.
No, no, no... no sé quién es.
Hacienda sois todos y sin vuestro esfuerzo y disciplina,
nada sería posible.
Nos vemos la semana que viene.
Tampoco.
¿Hemos acabado? ¿Me puedo ir?
¿Le conoces?
Es el tipo que veo en sueños.
¿Quién es?
Federico García Lorca, un poeta.
Le asesinaron en 1936.
¿Y qué hago yo soñando con un muerto?
¿Él te dijo que me llamaras?
Sí, pero es imposible, es la primera vez que le veo...
Me llamo Federico.
Julián.
Veo a una mujer corriendo.
Es Maite, tu esposa.
Maite...
Bueno, bueno.
Espero que esto te calme. Ya está.
¿Hemos estado en Flandes o no hemos estado en Flandes?
Con heridas peores que esta hemos luchado.
Pero esta me ha dolido más que ninguna.
Dos dedos más a la derecha
y no hubiera vuelto a ver a mi hija.
Alonso, tú y yo nos vamos inmediatamente al Ministerio.
A la orden, jefa. Yo cierro el caso.
Y yo os ayudaré.
¿Cómo está el herido?
Pues no ha necesitado que le dé la extremaunción.
Habéis salvado la vida del rey, España está en deuda con vos.
No, dejadlo en que estamos en paz.
Jamás me hubiera perdonado que mataran al rey en mi presencia.
- Vos lo habéis evitado. - Olo he cumplido con mi deber.
Cuando os repongáis, ¿podéis acompañarme a Italia?
Necesitaré hombres de vuestra valía para recuperar Siena,
Milán y Nápoles.
Será un honor, tal vez cuando me recupere de esto.
Bien, os dejo.
Voy a seguir interrogando a este hideputa de lord Arthur.
Pacino...
Me da que a ese lord Arthur sí deberé darle la extremaunción.
Oye, ¿a qué ha venido eso que le has dicho al duque de Alba?
Es muy largo de explicar.
¿Qué clase de mal nacido
atenta contra la vida de quien salvó la suya?
Dice que un rey español jamás será su rey.
¿Qué queréis que hagamos con él?
Matadlo.
Por mí, perfecto.
Apartadlo de mi vista.
Nada impedirá nuestra felicidad.
Nada.
No...
¡No!
Ya es triste que para que el rey beba,
haya que echar a los ingleses de una taberna.
Yo echaría a los ingleses de Inglaterra.
Es más fácil que me vaya yo,
que no quiero amores.
Pues otros amores tengo en mi tierra.
Ay, Dios, de mi tierra,
llévame de aquí,
ay, que Inglaterra ya no es para mí.
¿Y esa cancioncilla?
Se la inventaron los tercios que están destinados aquí.
La melancolía siempre fue buena semilla para la creatividad...
El médico ha dicho que se equivocó,
que era un falso embarazo.
¿Cuándo Dios dejará de castigarme?
Sin descendencia, la alianza morirá con vos.
Ya lo sé,
pero cada día tengo más claro que María no me dará hijos.
No es la única con sangre real.
Podríais proponerle matrimonio a Isabel.
Siempre que la salud de la reina se malogre,
por supuesto, por supuesto.
- Más agraciada sí que es. - Hombre...
Y más joven.
- Podría daros hijos. - Pero Isabel no es católica.
Nada de lo que no podáis convencerla en el lecho.
No es mala idea.
Mientras decidáis si sí o si no,
yo os aconsejaría poner la vida de Isabel a buen recaudo,
porque aquí, en cuanto la palma alguien, se ponen a cortar cabezas.
Esa es una idea aún mejor.
Perdóneme que sea insistente, Amelia, pero...
¿de verdad no quiere volver al Ministerio?
No me lo pida, por favor, sabe que no puedo.
Siempre tendrá un lugar entre nosotros.
Necesitamos más gente como usted.
Hay misiones que me parten el alma.
Ya.
Vaya, veo que alguien ha tenido el detalle de regalarle algo.
Hasta en eso, dejo que desear.
No, no es para mí, es un regalo para Julián.
Es un libro de Lorca, él es quien le ha salvado.
En sueños.
Cada vez que lo pienso, me dan escalofríos.
Cuide de Julián, por favor.
La mantendré informada.
Suerte.
- Gracias por acompañarme. - No, gracias a ti por todo.
- Y por el libro de Lorca. - De nada.
Debe ser duro recordar todo de golpe.
Sí.
Amelia, yo te quiero un huevo.
- ¿Eso es mucho? - Lo más.
Pero como amiga.
¿Y qué estabas recordando ahora?
Una vez que metí la pata hasta el fondo.
Ya hemos llegado.
Sí, ya hemos llegado, sí.
Mucha suerte.
Buena suerte.
- Bueno, pues adiós. - Venga.
He venido a despedirme,
la situación en Flandes requiere de mi presencia.
¿Volveréis?
Con una condición,
que no matéis a Isabel.
Si lo hacéis, los anglicanos nunca os perdonarán.
Y la convertiréis en una mártir.
Lo prometo.
Decidle a Irene que venga.
Ha vuelto a Castilla, con su compañero herido.
Qué sola me quedo.
Y por todo eso que han conocido de primera mano,
a este mejunje se le llama «bloody mary».
También podría haberse llamado «bloody Henry».
O «bloody Torquemada», sin ánimo de ofender, claro.
No, tranquila, no hay nada que perdonar.
La historia es la que es.
Alonso, ¿no está de baja? ¿Por qué no está en su casa?
Bueno, he dejado a la niña con la abuela y...
y quería saber cómo habían quedado
nuestros amigos Egmont y el gran duque de Alba.
Qué obsesión, macho, le podías haber pedido un autógrafo.
¿Qué fue de ellos?
Bien, Egmont intentó convencer al rey
de que debía negociar y retirar la Inquisición;
Felipe le acusó de alta traición y fue ejecutado en Bruselas.
Fue el duque de Alba quien dirigió la ejecución.
¡Si nunca he visto tanta amistad y tanta camaradería!
La obsesión por el poder no sabe de esas cosas.
¿Qué pasó con el duque?
El rey lo envió a Flandes y ahí la lío y gorda.
Así que lo desterró junto con su hijo.
Más tarde, cuando tenía 72 años,
le mandó llamar para guerrear junto a él
en la batalla por la corona de Portugal.
¿72 años? Ese hombre no podría ni montar a caballo.
Con 72 años, el duque tenía cuajo para eso y para más.
Seguro que acudió a la llamada del rey.
Así es. Eso sí, dijo una frase maravillosa:
«Sois el único rey de la tierra que saca
a un general de la cárcel para daros otra corona».
- Y ganó la batalla, ¿no? - No,
las tropas enemigas se retiraron sin batallar al saber
que se enfrentaban al duque de Alba.
¿Y el rey le perdonó sus penas?
El duque, enfermo, le pidió permiso para volver con los suyos,
pero el rey se lo negó.
Así que murió solo en Portugal sin despedirse de ellos.
Ay, cuánto tristeza.
Y cuánta testosterona, señor.
¡Ah! ¿Y estos pasillos con tantas puertas?
No hables muy alto, a ver si nos van a pillar.
Ya sabía yo que nos íbamos a volver a encontrar.
- Bueno, en sueños ya te he visto. - Y yo a ti.
Aunque a veces no sé qué es sueño y qué realidad.
A mí me pasa lo mismo.
A ver, antes que nada, tengo que decirte una cosa.
Federico, no vuelvas a Granada,
te matarán cuando empiece la guerra,
el 18 de agosto de 1936.
Pero ¿cómo puedes saber eso?
Venga, vamos, que si no, no me vas a creer.
¿Hemos viajado por el tiempo?
Digamos que ha sido un sueño.
El sueño va sobre el tiempo, flotando como un velero,
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas en el corazón del sueño,
en el corazón del sueño.
Ese es mi poema.
¿Tanto tiempo después España se acuerda de mí?
Entonces...
He ganado yo, ellos no.
Eso es, Federico,
eso es.
En el corazón del sueño.
En el corazón del sueño.
Dejemos las cosas como están.
Sobre la misma columna abrazados sueño y tiempo,
abrazados sueño y tiempo,
cruza el gemío del niño la lengua rota del viejo,
la lengua rota del viejo.
El sueño va sobre el tiempo, flotando como un velero,
flotando como un velero.
Señoras y señores, tengo una buena noticia y una mala.
La buena es que don Julián Martínez vuelve a trabajar con nosotros.
Gracias, gracias.
- Y la mala... - «Las Meninas» han desaparecido.
Picasso no está pintando el «Guernica».
Podéis poner en peligro la misión por mezclar lo personal,
¿entiendes eso?
Pensaba que eras tú el experto en estos temas.
Solo un genio puede convencer a otro genio.
Y usted ya lo ha hecho una vez.
Buenas tardes, don Pablo,
veníamos a hacerle un reportaje de la revista «Arte y salud».
- Españoles. - Sí.
- Y mucho españoles. - Pues vamos a tomar una copita.
- ¿Quién es esa mujer? - Joséphine Baker, la reina de París.
Yo ya conocí a otra Lola Mendieta y muy de fiar no era.
¡Zorra será tu puta madre!
Ay, qué bien.
- ¿Clara Campoamor? - ¿Nos conocemos?
- ¿Qué coño hace aquí? - Una de dos:
O ha vuelto la puta mariposa, como dice usted,
- o el ladrón de «Las Meninas»... - Es un viajero del tiempo.
¡Arriba las manos! ¡Que las pueda ver!
Siempre has sido muy desconfiada, Lola.
¡Lola!
Vale, y ahora, ¿cómo coño rescatamos a Lola?
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