Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Tú mataste a mi esposa.
Morirás por ello.
¡Nine! Corta.
¿Nine? Esto no es un poco cliché. Está muy bien, está muy bien. Pero vamos a
hacer otra.
Como tú quieras. Y esto además, así me parece, impostado.
¿Cuántas llevamos ya?
Con esta última, doce.
Esto es impresionante, Fonseca. Está quedando genial.
A Klemmer lo mataron por la espalda.
Es absurdo que le prevenga con la frase usted mató a mi esposa.
Este guión lo ha escrito un descerebrado. ¿Tu amigo Foxa? No, no es
mi amigo.
¿Está buscando a alguien?
Disculpe. ¿Adela?
¿Hola?
¿Qué hace aquí?
Quiero decir, ¿qué hace en España?
Pues... Basil me escribió. Me pidió que viniera.
Acompáñeme.
¿Y usted?
Ahora trabajo para Fonseca.
He escrito el guión de esta película.
Pensé que algo bueno podríamos sacar de todo aquello y aquí está.
Tres asesinatos al amanecer.
El detective es el asesino.
Justicia poética.
Entonces, la relación entre ustedes.
Bueno.
Digamos que Watson y Holmes son historia.
A nadie le gusta que su amigo le acuse de asesinato. Señor Bessie, toma buena
por el director.
Por hoy hemos terminado con usted.
Fantástico. Adela.
¿Ha pasado ya por su hotel? Sí.
El chofer ha sido muy amable esperándome para traerme aquí después.
Foxa. Basi. Adela.
Nadie me avisó de que vendría a visitarnos. ¿Por qué siempre soy el
último en enterarme de todo?
Porque eres el productor.
Recuérdamelo cuando quiera volver a contratarte.
¿Nos vamos?
Sí.
¿Es así como se hacen las películas?
Se lo imaginaba de otra manera.
Tuteame, por favor.
Ya no estamos en Santa Águeda.
¿Sorprendida? Un poco.
Sobre todo al ver el hotel de nuevo.
¿Se puede saber dónde me llevas? Es una sorpresa. Ahora lo verás.
Hola, señor Bassi. ¿Se acuerda de mí?
Perfectamente. A ver si coincidimos otra vez. Ojalá, ojalá.
No tengo ni idea de quién es.
¿Cómo diste conmigo?
Conseguí tu dirección en la Embajada de Brasil.
¿Ah, sí?
Recordé que eres brasileña por tu marido.
Me puse en contacto con la embajada y, voilà, me dieron tu nueva dirección en
el lago Garda.
Tengo una villa en San Vigilio, herencia de mi marido.
Por aquí.
Sígueme, yo te guío.
¿Basil? Sí, por aquí.
¿Qué te ha contado Foxa?
¿Foxa? Sí, he visto que hablabais.
Se alegraba de verme.
Es por él por lo que me enviaste el telegrama, ¿verdad?
Problema final resuelto.
Necesito tu ayuda.
¿Tienes nuevas pruebas contra Foxa?
Digamos que...
Tengo nuevas pruebas.
¿Qué te parece?
Aún no hemos rodado la escena de la muerte de Lisa.
Entre nosotros, el guión es francamente mejorable.
¿Por qué tú tienes otra teoría?
Exactamente.
Y este decorado me ha ayudado mucho a encontrarla.
¿No te parece que empiezas a tener una especie de obsesión enfermiza con todo
este asunto?
Este asunto es el asesinato de tu amiga.
Pues haz como yo y pasa página.
Hasta el mismísimo Sherlock Holmes fracasó en varios casos.
Es interesante que menciones mi fracaso.
Porque en realidad...
No lo fue.
Como sabes, el caso no está cerrado todavía.
No recuerdo un mueble con bebidas.
Y no lo había. Es una pequeña licencia que me han permitido mis amigos de
Atrezzo. ¿Me acompañas?
No, gracias.
¿Me puedes decir de una vez para qué me has hecho venir?
Para ayudarme.
Te lo decía en el telegrama.
Necesito tu ayuda.
No he parado de darle vueltas a lo que dijiste en Santa Águeda.
Aquello de que el hecho de que yo hubiera interpretado a Sherlock había
motivado al asesino.
¿Qué quieres de mí?
Quiero que te imagines que hemos vuelto a Santa Águeda y que interpretes a tu
amiga y yo al asesino.
No, mejor tú al asesino y yo a Elisa.
Es solo ficción, esto es una película.
¿Quieres que haga de Foxa?
Dar por supuestas ciertas cosas fue mi principal equivocación en Santa Águeda.
Pero es tu principal sospechoso.
Es verdad.
Tenía pruebas contra él. La llave de Seluya, si me engaño más de una vez.
Según él, le colocaron la llave. Como a mí, él abre cartas.
¿Y era zurdo?
Ese fue mi primer error.
La zurdera.
¿Me permites?
Pensé que Elisa solo podía haber sido golpeada por sorpresa, por la espalda,
con la mano izquierda.
Pero ¿qué hubiera ocurrido si Elisa conocía a la persona que estaba con
ella?
Le conocía hasta el punto de no dar importancia a que cogiera el taburete.
Permíteme.
Sigue imaginando.
Yo soy Elisa.
Podías acercarte a mí y sin mediar palabra.
Elisa no temía nada de su asesino.
Este la golpeó de frente, con la mano derecha.
Luego, cogió una cuerda como esta.
La pasó por el cuello de su víctima.
Así.
La hizo pasar por la polea subiéndose en la mesa y tiró de ella atándola
en el engranaje.
La pobre Elisa debió recuperar la conciencia, pero desgraciadamente era
demasiado tarde.
Bataleó, intentó soltarse, pero solo consiguió que el nudo se apretara más
y más y acelerara la muerte.
Y finalmente, el propio peso de Lisa y unos pequeños cortes de cuchillo
hicieron el resto.
Impresionante.
Si no fuera porque aún no sé cómo pudo el asesino abrir y cerrar una puerta que
estaba cerrada por dentro.
Desde luego, ese fue un verdadero dolor de cabeza.
La pieza que faltaba para encajar el puzzle.
Observa.
Ese rin de los decorados.
En la isla era arena de playa. Si recuerdas, el viento filtraba la arena
por todas partes.
En el suelo había una fina capa de polvo.
Salvo aquí, en la puerta.
Como si lo hubieran barrido.
Raro, ¿no?
Pero, ¿cómo?
¿Y por qué?
Confieso que estuve a punto de tirar la toalla.
Hasta que lo encontré.
Mi mantón.
No ha hecho falta encargarlo a vestuario. Es el tuyo.
El mismo que te quitó Elisa la noche que la mataron.
Creía que lo había perdido.
Lo encontré entre las algas cuando dejábamos la isla.
Atenta.
Me llevó algo de práctica conseguir que funcionara.
Por eso el suelo estaba barrido. Por eso hizo desaparecer el mantón.
Todo un plan para hacernos creer que Elisa Mander se había quitado la vida.
El crimen perfecto.
Tanto hablar me ha dejado la boca seca.
¿Qué te parece si te invito a cenar y te cuento el resto delante de un Chateau d
'Iquem?
¿Estás bien?
Sí.
Me cambio y te paso a recoger en coche.
Espérame en la puerta.
¿Hola?
¿Adela?
¿De qué?
No me lo puedo creer. Me habían dicho que estaba por aquí, pero yo no me lo
creía.
¿Qué tal está?
¿Y esa cara?
He debido quedarme algo fría.
¿Pero de qué va vestida?
Esto es una prueba de vestuario. Algo de mexicana en un western.
Nadie lo viste.
Bueno, pero cuénteme, ¿quién la ha traído por aquí?
Ah, ahora lo entiendo.
Pero se quedará unos días con nosotros, ¿no?
Aún no lo sé.
Venga, Vicky, tengo mesa reservada en la cabaña.
Claro, claro, ya hablaremos.
Vicky ha dejado a Fonseca por Foxa.
Se puede decir que Fonseca es otra víctima de nuestro paso por la isla.
Debería alegrarme por ellos.
Alégrate por el cine. Es buena chica, pero como actriz...
Creía que habías dejado el alcohol.
Yo también.
Hoy mejor fuera. Hace una noche estupenda.
Una mesa discreta, a ser posible.
Claro que sí.
Gracias.
No sé si hacía falta venir hasta aquí para seguir nuestra conversación.
Sí que hacía.
Quería cenar contigo.
¿La señora desea tomar algo?
No, gracias.
¿Preparada para escuchar el resto de mis conclusiones?
Adelante.
Hablemos primero de Serulla.
¿Recuerdas la cuerda manipulada que te he enseñado?
Serulla debió llegar a la misma conclusión que yo y pensó que era una
información.
Por la que alguien podría pagarle un buen dinero.
Y decidió chantajear al asesino. Mala idea.
El asesino lo mató clavándole un abre cartas en la nuca. Aunque imagino que
ese detalle lo recordarás.
¿Y el señor Klemmer?
Klemmer fue víctima de sus propios crímenes.
¿También era un asesino?
¿No te contó Elisa nunca cómo murió su marido?
Fue derribado, ¿no?
Era aviador.
Lo derribaron en 3D, sí.
Pero no murió en el avión.
Cayó prisionero.
No me digas que no lo sabías.
Una semana más tarde trató de fugarse del campo de Gorbich junto a otros ocho
militares. Los alemanes les capturaron. Esa misma noche les fusilaron a los
nueve.
¿Y eso qué tiene que ver con nosotros?
La orden de ejecución fue firmada por el Sturmbannführer Hans Ludwig Klemmer.
Al terminar la guerra, Klemmer supo defenderse bien, asegurando que la orden
procedía del comandante del campo, un tal Eichenberg.
A Eichenberg lo colgaron y nuestro amigo Klemmer salió libre tras unas semanas en
un campo de prisioneros.
¿Cómo has averiguado esto?
Paris Match.
¿Recuerdas el fragmento que tenía Klemmer en la mano?
Correspondía con la noticia de su juicio.
Eso fue lo que hizo que bajara solo a la sala de lectura.
Con permiso. Mmm, fraisier.
Me vuelven loco las fresas.
¿A ti no?
Delicioso, ¿no lo pruebas?
¿Quién te contó lo de Mander?
La RAF.
Es increíble lo bien documentados y lo amables que son en su archivo.
Incluso me mandaron una copia del certificado de matrimonio de Lisa con
John T.
Mander.
Se casaron en una pequeña parroquia el 30 de enero de 1945.
¿Crees que Salemán mató a Elisa? Al contrario.
A Clemens lo mataste tú.
¿De verdad no vas ni siquiera a probarlo?
No. No me gustan las fresas.
Qué casualidad.
Es la misma canción que tocó Gerard para Elisa su última noche.
¿Crees que maté al señor Klemmer por querer vengarme de quien dejó viuda a mi
amiga? No.
Creo que le mataste por dejarte a ti viuda.
Elisa Mander eres tú.
Me noto un poco tensa.
Creo que te vendrá bien bailar.
No me quitaba de la cabeza la boca manchada de Elisa cuando descubrimos el
cadáver.
La verdadera Elisa Mander es alérgica a las fresas.
Viene en tu ficha militar.
En aquella época todavía eras morena.
Eran muchas otras cosas.
Creo que tenemos compañía.
Pero qué sorpresa.
Mira quién tenemos aquí, Foxa.
Vicky, ¿sorpresa?
Hay que ensayar un poco más esas emociones.
¿Ya se marchan?
Adela no se encuentra bien.
Esa tarde tampoco tenía buena cara.
¿Quiere que la acompañe al baño?
No, ya estoy mejor, de verdad. No hace falta.
Venga, mujer, que le vendrá bien refrescarse un poco.
¿Qué es lo que quiere ahora, Foxa?
¿Qué le ha contado Adela?
Es que hay algo que tendría que contarme.
Mire, reconozco que había detalles que, vistos por separado, podían apuntar a
mí. Pero que, considerados en conjunto, me culpan a mí.
Tranquilo. Ahora sé la verdad.
Moriarty no era ni usted ni yo.
Amigos.
¿Has bebido?
Eso no es asunto tuyo.
¿Qué quiere que le diga?
Me cansé de Fonsi.
Muchas promesas.
Muchos papeles que me iba a dar.
Y luego nada.
Yo tengo que cuidar de mi carrera.
Necesito tomar aire.
Buenas noches, Vicky.
Buenas noches.
¿Qué le has contado?
Dame la mano.
¿Cómo?
Mejor que piensen que estamos juntos.
¿Dónde vamos?
A mi casa.
Aún quedan cosas por aclarar.
Buenas noches.
¿Qué te hizo sospechar?
Tus manos.
Las manos de una pianista.
Nunca toqué un instrumento.
Es verdad.
Pero resulta que las manos de una pianista y las de una mecanógrafa se
parecen bastante.
Las del cadáver eran las de una mujer que no había trabajado nunca.
Las tuyas no.
Incluso te muerdes las uñas.
Por favor, ¿puedes dejar de beber?
No estás en condiciones de conducir.
Os inscribisteis en el hotel Lauslander ya con los nombres cambiados, ¿verdad?
Era un juego.
Ya, pero no jugabais con las mismas reglas. Para ella era una travesura.
Para ti era un plan premeditado.
En la isla tu objetivo era Klemmer, ¿sí?
¿Sabías cuándo estaría en el hotel?
¿Conseguiste la información de la propia Auslander? Cuando llamaste diciendo que
trabajabas para el centro de documentación judía.
Pero cuando llegasteis a la isla, pensaste.
Te podías matar dos pájaros de un tiro. ¿Por qué no fingir un suicidio y ser
Adela Figueroa para siempre?
¡Estás loco!
¿No me vas a ofrecer uno?
Siempre creí que no eras fumadora.
Es posible que te equivocaras.
Es posible.
Lo que no entiendo aún es por qué tu amiga se prestó a llegar tan lejos con
ese juego.
Ella también salía ganando, ¿sabes?
Aunque no lo creas, fue a ella la que se le ocurrió lo de cambiarnos las ropas.
Nuestro parecido era enorme, solo faltaban pequeños detalles.
Éramos dos amigas jugando como dos adolescentes a cambiar sus identidades.
La niña rica podía fingir ser otra y... y darse caprichos.
Había ciertos vicios que no le estaban permitidos a una señora de su clase.
Señora Figueroa. Buenas noches.
Y yo podía ser una mujer distinta.
No la Elisa Mander mecanógrafa, que malvivía en un cuartucho alquilado
ahorrando monedas para la estufa eléctrica.
Aparentábamos ser las mejores amigas.
En el fondo, Adela me odiaba.
Yo conocía sus secretos y eso la hacía vulnerable.
Imagino que tampoco tú le tenías mucho aprecio.
La detestaba.
Pero fingía.
¿Qué iba a hacer?
Pagaba los hoteles, las comidas y algunas propinas miserables para
que me diera algún capricho.
En realidad era como una criada para ella.
Alguien que iba a usar a su antojo hasta que se cansara. Y decidiste que no ibas
a esperar a que eso pasara.
Ella no había hecho nada para tener todo aquello.
¿Por qué?
Era yo quien merecía estar en su lugar.
¿Sabes a lo que te enfrentas?
¿La cárcel?
El garrote.
¿Te puedo pedir un favor?
Dime. Deja que sea yo quien me entregue.
Déjame acabar esto con clase.
Me puedo fiar de ti.
Tienes mi palabra.
Muy bien.
Las llaves.
¿Qué quieres, matarme?
Llevaré yo el coche.
Me tendrás que indicar una comisaría.
No conozco esta ciudad.
No hay algo que no logro encajar.
¿Por qué yo?
¿Por qué esa obsesión conmigo en cada muerte?
¿Por qué ese deseo de ponerme en ridículo.
Yo te doy mi vida, mi alma, mi sangre y todito mi ser.
Y te canto bajito lo que te quiero.
No.
Gracias.
¡Ah!
¡Qué sorpresa!
Te imaginaba camino de la comisaría.
¿Por qué se te olvidó algo?
Quizás esto.
No deberías dejarte por ahí tu ficha de la RAF.
Por cierto, ¿no te he dado las gracias por dejarme de camino en casa?
Aunque creo que se te ha olvidado apagar el motor del coche al bajar.
Me has engañado.
El mejor elogio que le puedes hacer a un actor.
Gracias. ¿Qué querías?
¿Que pusiera yo misma el cuello en el garrote?
Habría sido un final a la altura del personaje.
¿Qué personaje?
Adela Figueroa.
Aunque... Ahora me doy cuenta de que en realidad solo estaba tratando con Elisa
Mander.
Adela Figueroa era un ser mezquino y manipulador.
Aunque entiendo que en el mundo de damas y caballeros al que estás habituado,
Elisa siempre fue para ti un ser insignificante.
¿Qué quieres decir?
Que nunca la consideraste lo más mínimo.
Como te iba a considerar, te conocí en esa isla.
¿Estás seguro?
Imagina.
Porque estamos jugando a imaginar, ¿verdad?
Imagina...
A una joven aspirante actriz y a un actor de éxito que acaba de estrenar en
el Lope de Vega.
¿Te suena?
Eso era cuando yo estaba a punto de emigrar a Hollywood.
¿Qué edad tenías?
Ya no era una joven promesa.
Eso es justo lo que esa chica quería ser.
Ha conseguido colarse con una amiga en casa de un autor de moda.
A ti te hace gracia lo torpe que es la pobre.
Supongo que también te parece mona.
Así que hasta ahí todo bien.
El actor está ingenioso.
Cuenta anécdotas de compañeros que la chica solo conoce de las revistas.
Y ella está fascinada.
Es un sueño estar ahí.
Me viendo con un actor.
Con uno de verdad.
A partir de ahí pasan otras noches juntos.
Ella nunca se había sentido así.
La joven se confía y le empieza a hablar de su sueño.
¿Sabes?
Quiero ser actor como tú.
Es muy chiquitita, pero está en mi barrio. Le empieza a hablar de la
pequeña escuela a la que va, de los papeles que ha interpretado en funciones
de barrio y él la escucha o finge que la escucha. Claro.
Aprende inglés y lo que quieras.
Y francés.
Y le da consejos.
¿Cómo no?
También promete ayudarla. Qué gran tipo.
Con hacer alguna obra en el Lope de Vega, me conformo.
Sería mi sueño.
No para de decirle que ella es especial.
Que tiene algo único.
Él va a encontrar la manera de que le hagan una prueba.
Pero nunca lo hice.
De pronto ella no lograba dar con él.
Llamó y llamó al teatro.
Hasta que supo que el gran actor había dado instrucciones de que no le pasaran
sus llamadas.
Seguramente no fue la única.
Debía haber cientos de actrices como aquella.
Eran otros tiempos.
Claro.
Todo sucedió en otro tiempo.
También lo de Klemmer y el campo de prisioneros pasó en otro tiempo.
Nunca lo conseguiste.
¿Tú qué crees?
Me contrataron de niñera en casa de un matrimonio inglés.
Cuando estalló la guerra me llevaron con ellos a Londres.
El resto ya lo conoces.
John, la guerra y... Santa Águeda.
Lo siento.
Ya da igual lo que sientas.
Yo me sentí sucia, engañada, inútil.
Pero claro, tú eres un hombre.
¿Cómo vas a saber lo que es eso?
¿Ya puedes llamar a la policía?
Hay tres muertes.
El criminal debe pagar por ello.
Supongo.
¿Supones? ¿Qué harías si supieras que nadie más que yo está al corriente?
Si fueras el único testigo por decirlo de alguna manera.
Eso es.
¿Te cerraría la boca?
¿Cuándo, si no?
¿Cuánto tiempo necesitas para añadir otro cadáver a tu lista?
No seas estúpido.
No era el doctor Moriarty quien actuaba en la isla.
a Irene Adler.
Eso parece.
Una o dos veces a lo largo de mi carrera tuve la impresión de que haría yo
más daño descubriendo al criminal que éste al cometer su
crimen.
¿Qué me estás proponiendo?
¿Me dejas libre?
Yo no diría tanto como libre.
Quizás una mañana me levante y decida contarlo todo.
O tal vez me lleve el secreto a la tumba.
Tendrás que vivir con eso.
Podría desaparecer.
No sé por qué, pero me da que esa bonita villa en el lago Garda puede
que pronto esté a la venta.
¿Por qué haces esto?
Porque el hombre que interpretó a Sherlock Holmes tiene una vieja deuda
con cierta joven que quiso ser actriz.
y a la que él no supo ver, ni ayudar, ni amar.
¿Quedamos así entonces?
Conocerla ha sido una experiencia asombrosa, señora Adler.
También lo fue para mí, conocerla a usted, señor Holmes.
¿Queda algo por decirnos?
Todo lo que queda por decir...
Ya le ha pasado a usted por la mente.
En tal caso, ya mi respuesta ha pasado por la suya.
Señor Bassi, vamos a rodar.
Para Sherlock Holmes, ella es siempre la mujer.
Rara vez le he oído mencionarla con otro nombre.
Y no es que él tuviera hacia Irene Adler un sentimiento semejante al amor.
Todos los sentimientos, y este en particular, parecían abominables a su
mente fría, precisa, admirablemente equilibrada.
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.