All language subtitles for Siete mil días juntos (1994)

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No entiendo nada.

¿Y tú, Petra?

¿Entiendes algo?

Debe de ser un espíritu extranjero.

¿Quién será?

Cualquiera sabe.

Mamá, ¿cuándo nos vamos?

Mira, niña, no empecemos.

¡Calla!

No se puede pasar, señora.

Esa mujer la conozco yo.

Quiero poner una denuncia. Es en la comisaría, señora.

Llevo tres días llamando a doña Petra Montes y nada, no hay manera. O no cogen

el teléfono o comunican. Y como Petra y yo hablamos un ratito todos los días,

esta mañana me entró miedo y tomé una decisión.

Como Olga, la señora de López, tiene una llave de la casa de Petra, entramos a

echar un vistazo, a ver si le había pasado algo.

La verdad es que no sé si hicimos bien en entrar así a la casa. Yo se lo dije a

Sofía. Pero usted comprenderá que por una amiga en peligro se hace lo que sea,

sobre todo sabiendo, como sabemos todas, la clase de hombre que es su señor

marido.

En su dormitorio...

El armario estaba vacío.

Pero una cosa me llamó la atención.

Estaban todas sus medicinas.

Y Petra no se separaría de ellas ni aunque fuese el fin del mundo.

Además, él se ha echado un amante.

Una mujer joven.

Mi hija y yo los vimos en la calle haciendo de todo. Mire, no sabe usted lo

que sentí. Una sensación como de ahogo. Vamos, se me puso mal cuerpo y todo.

Bien, bien. ¿Saben ustedes algo más sobre...?

Matías Rodríguez y Petra Montes. El marido de esta señora, el señor López,

la otra noche se cruzó con él en el portal. Sí, señor, sí. ¿Por qué no ha

venido con ustedes?

Porque no se acuerda de nada.

¿Que no se acuerda de nada? Bueno, solo se acuerda de que se los cruzó en el

portal a altas horas de la noche.

¿Solo se acuerda de eso?

Solo. Me lo dijo a la mañana siguiente.

¿No habló con ellos?

Sí, pero no recuerda lo que dijeron.

¿Ah, no?

No. Es que el señor López a veces no recuerda las cosas.

¿Amnésico? No.

Tips o mano.

Ah, ya entiendo.

Pero lo importante es que después de despedirme de estas amigas, me iba ya

para casa, cuando veo un tumulto, me acerco y veo a la pobre Petrilla,

muerta ahí en el contenedor, abrazada.

La he reconocido por la ropa.

Señor López, parece ser que se cruzó hace unos días en el portal de esta casa

con el matrimonio Rodríguez.

Según eso, quizá sea usted la última persona que vio a doña Petra Montes. No

sé. No sé.

Puede ser. Pero no recuerda lo que hablaron. ¿Por qué salían de casa a esas

horas? ¿A dónde iban? No, señor. Ni una palabra. Le ocurre a veces.

Olvida las cosas.

Ya... Ya lo sé.

¿Por exceso de trabajo?

Sí, por el exceso.

Ese día había hecho muchas horas extras.

Teníamos balance.

Pero sí recuerda que se cruzó con ellos y que llevaban bolsas de viaje.

Es posible.

Puede que también el contrabajo. Ahora, de lo que hablamos, ni idea.

No pude hacer un esfuerzo por recordar.

Ya lo he hecho, pero... Nada.

Ni una palabra.

Matías Rodríguez Puerto, policía. ¿Puede acompañarnos?

Adiós, Matías, buenas tardes. Hasta mañana, Matías. Hasta mañana no, hoy es

sábado. Hasta el lunes, hasta el lunes.

Tienes razón, hasta la semana que viene.

Hasta el lunes, Matías. Hasta el lunes.

Buenas 20 semanas, Matías.

Que te diviertas, Luis.

Buenas noches, don Matías. Buenas noches, Gregorio.

Hola, Matías. Nada nuevo esta mañana.

Petra.

Petra.

¿Te pasa algo?

Ah, sí.

Hola, Fermín.

Hola, Matías.

¿Qué tal?

¿Cómo ha ido el día? ¿Bien?

Hola, Matías.

¿Eh?

¿Qué tal? Tenemos de todo, tenemos pipitas, tenemos... ¡Oh! Un poquito de

agua. Un poquito de agua.

¡Hola, Matías!

¿No te levantas?

¿Quieres algo de cena?

Prepárate lo que quieras, yo no tengo hambre.

¿Te encuentras mal?

A ver si tienes fiebre.

No me toques.

Pero, mujer... Sabe Dios lo que habrás tocado hoy.

Lo de siempre, pero como siempre uso guantes. ¿Y qué?

¿Dejará de ser un trabajo repugnante?

¿Mis proyectos? ¿Qué haces con mis proyectos?

Te vas a volver loca con tanto flamenco y tanto loro. Me gusta el flamenco. ¿O

es que yo no puedo tener disgusto?

Eso no es flamenco ni es música ni es nada. Pues que aguanta, que bastante me

aguanto yo cuando te pones en casa a tocar el violón. No es lo mismo.

Eso es mi trabajo.

A ver si te enteras de una vez. Mi trabajo. ¿Cómo no me voy a enterar si

llevas 20 años, 20 años repitiéndome lo mismo?

Es mi trabajo, mi trabajo.

Mamá, ven, ven, que ya han empezado los del segundo.

Pobre mujer, qué pena me da. Pues toca en el café, pero no me des la burga en

casa. Siempre igual, siempre igual.

Oye, Rocío. Pues cómo no voy a oírlo. La mujer, la hay con suerte negra.

Es mi trabajo, mi trabajo.

¡Histérica! ¡Que estás histérica, perdida! ¡No grites! ¡Grito porque me da

la gana!

¡Grite a la mierda! ¡A la mierda te vas tú!

¡Tú!

Buenos días, doña Petra. Buenos días, Gregorio.

No se olvidará de lo del día 14. Tenemos una fiestecita como todos los años.

Aunque se pudo olvidar. Subiremos un ratito. Y muchas gracias.

Un potente azul de 10 aumento con macro y velocidad variable.

Menú en pantalla y fundido a negro y a mosaico. Muy bien, muchísimas gracias.

Hasta luego.

¿Deseaba usted algo?

Estaba mirando.

Pues nada, mire lo que quiera.

Disculpe, señorita.

Quisiera comprarme una cámara de vídeo, pero hay tantas que no acabo de

decidirme. Eso depende de lo que usted quiera gastarse.

Supongo que cuanto más cara, mejor será.

Sí, eso es lo normal.

La obra cumbre de Sony. Un prodigio tecnológico. Esta cámara lleva

incorporado el estabilizador de imagen de prisma activo. Ah, que es lo que

mantiene la calidad de la imagen inalterable, aunque las condiciones de

la grabación no sean las adecuadas.

¿La conoce? No.

También tiene un potente zoom de 10 aumentos con macro y velocidad variable,

tres lux de iluminación mínima y un sistema de enfoque ultra rápido.

¿Y código de tiempo?

Claro, por supuesto. Y fundido a negro, a mosaico, menú en pantalla, función

vid, función edi y micrófono composición WIM.

¡Qué barbaridad! ¡Qué bien se lo sabe! Ay, sí, pero me ha costado un trabajo

aprendérmelo. Permítame que le diga la última frase.

Sí, por favor.

Si usted es un perfeccionista de la imagen, esta es su cámara.

Venga.

Se ve que es muy completa.

¿Entonces se la queda?

Sí. No.

No sé.

¿Cuánto cuesta?

259.900.

Es un poco cara.

Para eso están los plazos. Sí, pero con los plazos se acaba pagando muchísimo

más. Si no quiere pagar intereses tenemos fórmulas muy cómodas. O bien a

tres meses sin recargo o nuestra tarjeta de cliente que tiene muchas ventajas.

Con ella puedes abonar los 60 días.

Prefiero los tres meses.

¿A cuánto saldría?

Un momentito.

A 86.600.

¿Me la puede guardar?

Sí, pero no por mucho tiempo, porque solo tenemos dos desde modelo.

Estoy deseando volver.

Mañana mismo, después de mi trabajo.

¿Hasta qué hora está usted aquí por las tardes? Hasta las nueve.

Tráigame su carnet de identidad y el nombre de la empresa en que trabaja.

Soy asistente en la escuela cíclica de anatomía.

Pues muy bien, pues mañana me lo trae todo.

Hasta mañana.

Adiós, hasta mañana.

¿Este que así?

Su cambio, señor.

Y van 180.000. Con esto, 190.

Tienes suficiente para el viaje y para la expulsión. Yo nunca he ido a un

congreso. Este va a ser diferente.

¿Por qué?

Porque es el primero.

¿El primero?

El primer congreso mundial de esoterismo trascendente. ¿Y eso qué es, mamá? Ya te

lo explicaré en casa. Sofía, repíteme el nombre de la ciudad porque no se me

queda.

Ollantaytambo.

Ollantaytambo. Oh, vaya nombrecito.

¿Y dónde coño está eso? En el Valle Sagrado de los Incas. ¿En Perú?

Claro, mujer.

Cerca del Machu Picchu. Mamá, Ivana, hay muchas rojas. ¡Cállate y no interrumpas!

Yo siempre soñé con viajar a Perú.

Incluso de pequeña me imaginaba que era una princesa maya. Esos son otros.

Bueno, una princesa precolombina. Van a ir adeptos de otros países.

Claro, si es un congreso mundial.

Buenas tardes, señoras. Hola, buenas tardes.

¿Qué has hecho, maldita?

Nada, nada.

¿Cómo que nada? ¿Y eso?

Lo necesito, lo necesito. Son sus ahorros, no tienes ningún derecho. ¿Qué?

Son bienes gananciales. Ese dinero es de los dos. ¡De los dos!

Por favor, por favor. Ni gananciales ni leches.

Este dinero es mío. ¡Quieta!

Mío. Es mío.

Y si te quieres ir de viaje a

una reunión de brujas... ¡Congreso de Soterios!

Hoy vamos a hacer una práctica de embalsamamiento con una bomba de

perfusión. Si alguno de ustedes ya conoce esta técnica, puede retirarse.

Una cánula se inyecta en la arteria carótida y la otra en la vela.

12 este fin de semana.

Algunos nos llegarán a nosotros. ¿Qué vas a comer?

Esta hamburguesa y un tinto.

Pues tres menos que la semana pasada. Claro, como todos se los queda el

clínico. Esto del tráfico es un negocio, ¿eh? Las únicas que pierden son las

compañías de seguro. Ya lo sacarán por otro lado.

Ayer me llegaron dos por aplastamiento, una apuñalada y tres por sobredosis.

Por cierto, que había dos gachis que estaban buenísimos. Joder, qué obsesión

la tuya, ¿eh?

¿Y tú qué?

¿Sigues sin tirarte a una muerta?

Pues no sabes lo que te pierdes.

Lo único malo es que los que llegan aquí a la escuela a veces suelen estar

estropeados. Pero bueno, la que han llevado hoy a tu profe... ¡Joder, qué

tía! ¿Quién la pillará? Está en el frigorífico.

¿Ah, sí?

¿Y cuándo vais a empezar a cortar?

¿Cuánto perderías?

Pues antes de dos días me la tiro. Está embalsamada. Mejor, mejor. Así no huele.

A tus años a ti no te basta con tu mujer.

No, no, quita, quita, quita. Se mueve demasiado y además habla, habla.

Y a veces hasta grita.

Es muy rara. ¿Y ella sabe que se la pega con las muertas?

No, hombre, no.

Bueno, y aunque no supiera, no creo que le importara. ¿Y eso?

Bueno, ella dice que no le importa que yo vaya con otras mujeres. Y sin

embargo, fíjate, lo que no soporta es que las otras me vean la cara y que

escuchen mis suspiros cuando, bueno, cuando me corran.

Por eso como las muertas ni ven ni oyen. Sí, sí, eso es.

Y yo tan contento.

La verdad es que a mí esas aficiones tuyas no me caben en la cabeza.

Hombre, yo me he criado siempre en este ambiente y en él he vivido toda mi vida.

Ah, ¿que tu padre también era asistente en la escuela? No me lo habías dicho.

Era el sepulturero del pueblo.

Bien. Mi madre se pasó toda la vida cosiendo mortajas y vistiendo muertos.

Y yo de niño asistí a 35, 35 entierros de monaguillo, claro.

Bueno, y a mi mujer la conocí en un funeral.

Joder.

Después entré en el anatómico jorense.

Y ahora aquí, en la escuela de anatomía.

Pero me parece que voy a pedir el traslado al tanatorio.

Ok.

Mi mujer dice que es más limpio, ¿no? Que se respira otro ambiente.

Eso es verdad.

Y es más alegre.

Aquí nunca les ponen flores.

Y allí hay las mismas oportunidades para... ¿Pero tú qué quieres?

Información, para ver si te puedes tirar a una muerta. ¿Pero qué dices? Ni loco.

Ahí hay una cosa así.

Tú te lo pierdes.

Sí, soy yo.

¿Es grave?

No, ahora no puedo.

Está bien, lo intentaré, ¿sí?

Sí, adiós.

¿Qué pasa? ¿Algo grave?

Ah, mi mujer que se ha desmayado.

Pues pide permiso y vete a casa.

Ah, si se desmaya casi todas las semanas.

¿Eso será que tiene la tensión baja? Peor que sé.

Trabaja mucho.

No, que va. Ayer precisamente terminó el contrato que tenía con el quinteto del

café industrial. Y siempre que se queda sin trabajo se pone nerviosa.

Pues dile que haga ganchillo, que relaja mucho.

Ganchillo hace espiritismo.

¿Espiritismo? Sí, se pasa el día rodeada de brujas. ¿Cómo serán las tías que a ti

no te gustaría ni muertas, vamos?

Yo a mi mujer la donaré a la escuela.

¿Por qué?

Porque cuando se muera y la traigan aquí puede ser glorioso.

Además, donde esté una mesa de disección.

Que se quite la cama de todos los días.

¿Cafetito y una copita? Pero bueno, ¿no te ibas a casa y tu mujer? No te

preocupes, que de estas no se muere.

Buenas tardes, ¿puede atenderme?

¿Qué desea?

Hombre, ¿ya se ha decidido?

¿Me recuerda?

Pues claro, usted es muy difícil de olvidar.

Muchísimas gracias.

Le tengo guardada su cámara, pero se tiene que decidir pronto porque tengo

muchos clientes detrás de ella.

¿Podría verla?

Claro.

Decía si podría verla usted.

Ya me está viendo, ¿no?

Hágalo con la cámara.

Algo disimulará.

Porque claro, si me ven intipando con los clientes, usted se puede imaginar la

que me puede caer encima.

Claro, claro.

He decidido quedármela.

¿Ah, sí?

¿Se la va a llevar ahora? ¿Se la envuelvo? ¿Cómo la va a pagar?

En tres meses.

Ah, entonces tiene que acompañarme al departamento de crédito. La acompaño

donde quiera, pero quisiera antes pedirle un favor.

Si está en mi mano.

Pues sí.

Vera, ¿por qué no se lleva usted la cámara a su casa y yo pasaría a

recogerla? ¿Y eso por qué?

Le voy a decir la verdad, no tengo por qué mentir.

Mi familia no ve con buenos ojos que yo gaste tanto dinero en caprichos. Tendría

que preparar el terreno y... ¿Y si usted se lleva la cámara a su casa?

Tendríamos que vernos otra vez.

Por mi parte no sería ningún inconveniente.

Pasado mañana te espero en casa, a esta misma hora.

Es mi día libre.

Allí estaré.

Ahora vamos al departamento de crédito. Vamos donde tú quieras, Ángel Inés.

¿Quieres que te ponga unas gotitas en la infusión?

No, gracias. No te molestes.

¿Y tu marido cómo no habrá venido todavía?

Se le habrá amontonado el trabajo.

Hace ya cuatro horas que le llamé a la escuela.

Si no hubiera sido por ti, tendría que haberme las arreglado como hubiera

podido. Te pasas todo el día sola y eso no está bien.

Anda, socia, vete a casa. No quiero que te molestes más. Bastante guerra te

estoy dando.

No digas tonterías.

Tu marido no te hace ni caso.

Y es una mujer buena y sensible como tú, y además con el organismo débil, lo

tiene que notar.

La naturaleza es muy sabia.

Matías es bueno conmigo.

Sí, ya lo vimos el otro día, que se puso hecho una fiera, que casi te mata, total

por una simple hucha.

Un momento de ofuscación lo tiene cualquiera.

En el fondo, es un sentimental.

¿Has dicho un semental?

Hablando de sementales, ¿cómo se porta tu marido en la cama?

Sofía. Oye, si no quieres, como veo que dormís en habitaciones separadas... Es

por los ronquidos.

Ya ha venido.

¿Y cómo lo sabes?

Por el loro.

No he podido venir antes.

Vaya horas.

¿Qué te ha pasado?

No lo sé, uno de esos mareos.

Tengo que irme, se me ha hecho tardísimo.

Mejorate. Que el jueves no puedes faltar a la sesión. Descuida, no faltará.

Y tú, trátala con cariño, que está tan sola.

En fin, como tantas. Muy bien.

Esta vez el numerito te ha dado resultado, ¿eh? Has tenido aquí a tu

amiga la bruja pendiente de ti toda la tarde.

He estado a la muerte. Ya será menos.

Claro. Lo que a ti te gustaría es que me muriese de una vez. No digas tonterías.

A ver el pulso. Oh, perdona, perdona. Tienes razón, que no me he desinfectado.

Pero a mí no me engañas.

Estás perfectamente, así que menos teatro. A ti, Díaz, habla más bajo.

A la señora le molesta el tono, perdone. No todos podemos tener alma de artista.

Estoy harto de ti, de tus manías, de tu violón y de las brujas de tus amigas.

Me voy a morir, me voy a morir.

Ojalá te murieras.

Maldita la hora en que te conocí.

Pues nos divorciamos y en paz, sin hijos, no hay problema.

Eso es lo que tú quisieras.

Pues por lo menos no me amargues la existencia.

Hay que ver con lo felices que podíamos haber sido si no tuvieras ese carácter.

Y lo bien que lo pasábamos al principio.

Hace tanto tiempo ya que ni me acuerdo.

¿Quieres que lo recordemos?

¿Quieres que volvamos a empezar?

Patrilla. No me toques, no me toques.

Patrilla.

Antes lávate las manos y ponte colonia.

Hola, Peque.

Perdona, creo que me he equivocado.

No, no te has equivocado. Pasa.

Es mi hijo, Iván. No sabía que... Es que como no hemos hablado de él... Qué

bonita. ¿Son para mí? Si quieres me las quedo.

Tienes una casa preciosa y muy moderna. ¿La has decorado tú? Sí, me gusta mucho

decorar. Tienes muy buen gusto.

Estoy muy agradecida de la empresa.

Porque tengo una casa maravillosa.

Me cede los muebles y con lo que saco al mes salimos adelante mi hijo y yo.

Siéntate, ¿qué quieres tomar?

¿Qué tienes?

De todo.

Pues dame un aguardiente de rata china.

Eso no tengo.

Pues haz lo que tengas.

¿Cerveza? Estupendo, nunca la he tomado.

Tanto.

¿Cómo te llamas?

¿Cómo te llamas?

Iván. Qué bonito, como Iván el Terrible.

No, Iván el Gorriti.

¿Vas al colegio? Sí.

¿Te gusta? No.

¿Cómo que no te gusta el colegio? En el colegio se pueden aprender muchas cosas

y así ganar mucho dinero y poder comprarte lo que más te guste, un coche

grande. ¿Te gustan los coches?

No. ¿Entonces qué te gusta?

¿Te gusta la música? ¿Te gustan los libros?

Ya lo tengo.

¿Lo que más te gusta son los dibujos animados de la tele? No.

¿Y qué quieres ser cuando seas mayor?

¿Astronauta? No.

¿Yupi? No.

¿Caballo? No.

¿Entonces?

Ni un haz.

¿A que tengo un hijo encantador? Sí, muchacho, con grandes aspiraciones.

Espero que seáis buenos amigos.

La verdad es que yo no suponía que... Ponte a deslizar, ya ves tú. Pero ahora

estoy encantada. Es lo mejor que me ha pasado en la vida y me hace mucha

compañía. Tienes mucha suerte de tener una casa tan limpia, tan bonita.

Y sobre todo eso, alguien que te acompañe. ¿Tú vives solo?

Solo, sí.

Con mi mujer.

¿Casado? Pero como si no lo estuviera.

¿Te llevas mal con ella?

¿Qué quieres que te diga?

Qué mala suerte tengo, solo se me arriman los casados. Yo, quizá por poco

tiempo. ¿Te vas a divorciar?

Por mí, pero ella no quiere.

A lo mejor sigue enamorada de ti. Pues no te pueden imaginar lo bien que lo

disimula.

Aquí tienes tu cámara.

¿Te importa quedártela aquí de momento?

¿Qué lo dices, por tu mujer?

Sí, ella no comprende esta afición mía.

Vale, a mí no me importa.

Qué gusto se siente uno en esta casa.

Donde cenan dos, cenan tres.

¿No se enfadará Iván?

No, es de buen conformar.

Mi mujer me mata.

¿Me buscas?

¿Qué tienen las mujeres que nos vuelven locos?

Yo qué sé.

Pero fíjate, fíjate qué manera de caminar.

A ti no te gustaban las difuntas. Hombre, sí, pero ¿tú cómo prefieres a

una mujer? ¿Vestida o desnuda? Depende.

Ya, ya, ya, pero si ves a una mujer vestida te la imaginas desnuda, ¿no?

Bueno, pues es lo mismo, ¿no? Cuando yo veo a una mujer que me gusta, una tía

buena, viva, claro, me la imagino desnuda sobre la mesa de disección,

blanca como la nieve y fría como el mármol.

Oye Luis, ¿tú cuántos años llevas de casado?

Pues ya va para 30 años.

Y si te encontraras una mujer que te gustara, ¿te irías a vivir con ella y

dejarías a tu mujer?

Hombre, es muy difícil vivir con una difunta, ¿no te parece?

No digo una difunta.

¿Con una viva? Claro, una viva.

Pues no lo sé, no lo sé.

Supongo que no, porque mi mujer cocina muy bien, ¿sabes? Y no creo que

encontrara a nadie que lo hiciera mejor que ella.

Quizás tengas razón, no merece la pena cambiar de mujer.

¿Pero tú es que has encontrado algo interesante?

No, no, no.

Pues prueba, hombre, prueba. Y si te gusta, cambia. No creo que sea tan fácil

después de tantos años.

Es mucho más fácil de lo que tú te imaginas.

¿Ah, sí?

Sí, verás, mira, hay dos tipos de cambio.

El radical y el de a medias, ¿no?

El bueno es el primero, claro, el radical, ¿no? Porque el otro tiene un

problema, como su propio nombre indica. Y es que siempre tienes que estar a

medias. O sea, dos mujeres, medio hombre para cada mujer.

Dos casas.

Dos presupuestos.

Mejor el radical.

El radical, el radical.

Ya estás.

No, hoy no. Hoy se me ha ido.

Bueno, cariño, hasta mañana.

Hasta luego. Hasta luego, Iñaki.

Matías. ¿Qué haces aquí?

Ya lo ves, quería verte.

Qué sorpresa.

¿Te apetece dar una vuelta y tomar algo o tienes prisa? No, no, vamos.

Mira,

mamá, mira.

Ay, Dios mío, qué miedo.

¿Qué te pasa?

Maldita casualidad.

¿Tu mujer?

No, pero como si lo fuera.

Bueno, no te preocupes. Están las cosas como para que le vayan con el cuento de

que me han visto con otra.

Pero puede ser una conocida tuya del trabajo, ¿no?

Una de las chicas de la limpieza, una vendedora de libros, incluso de vídeos.

Para esas brujas a partir de ahora tú eres la otra.

Ah, no las insultes. No las insulto, es lo que son. Van al día con las cartas e

invocando los espíritus para que le cuenten el futuro.

¿Tu mujer es medio?

Yo qué sé, lo que... yo qué sé.

Me encantaría conocerla. Sí, lo que faltaba.

¿Por qué no puedo?

Angelines, por favor.

¿Ha pasado algo entre nosotros?

¿Cuántos besos nos hemos dado?

Si nos hemos visto tres veces. El otro día en mi casa, pero no pasó nada. Y

ahora en la calle. Pues eso es lo malo, que nos hemos encontrado en la calle y

nos han visto. ¿Y qué?

Tú vives en un mundo maravilloso, Angelines.

Puedes hacer lo que quieras sin que pase nada.

No tienes que dar explicaciones. O al menos, los que tienes a tu alrededor no

te las piden.

En cambio yo... A mí no me importa, cariño. A mí me encanta ser la otra.

Es como ser la protagonista de un culebrón.

¿Sabes lo que me encanta a mí?

¿Qué?

Haberte conocido.

Porque nos ha unido el vídeo.

Tenemos que estrenar la cámara.

Para mí lo más bonito del mundo es tener recuerdos de imágenes. De muchas, de

muchas imágenes.

¿Verdad que sí? Para mí también.

Me gusta fijar las cosas. Los ambientes, los paisajes, los rostros. Rendir culto

al recuerdo.

Para mí, donde esté una imagen.

En cambio, a mi mujer todo esto no le importa nada. Porque como es música,

solo le gustan los ruidos. ¿Y no va a querer ella estrenar la cámara?

Pero si no sabe que me la he comprado.

¿Sabes lo que vamos a hacer?

¿Qué? La vamos a estrenar en el parque de atracciones con Iván. ¿De verdad?

Bueno, es lo que más le gusta del mundo, ir al parque de atracciones.

Yo no sé quién era. No la he visto nunca.

Bueno, me avisó Julita.

Si no llega a ser por mí, mamá, ¿no los ve porque estaba distraída mirando un

escaparate? Pues a mí no me extraña nada.

Solo hay que ver cómo te trata para darse cuenta que de un hombre así se

puede esperar cualquier cosa.

¿Y se besaron?

Y no hicieron más porque estaban en la calle.

Qué sinvergüenza.

¿Y no es del barrio?

Yo no la conozco. Y encima no vale nada. Porque ya que te pones, por lo menos que

sea con algo decente.

Pues nada.

Parecía cualquier cosa.

Debe de ser una de los almacenes, porque la estaba esperando a la salida de

empleados. Uy, pues una de pendientas, seguro.

¿No te parece, Juliana?

Uy, qué bien, qué bonito.

Toca algo.

Pues a mí el violón me parece muy triste.

A mí sí me gusta, pero es algo monótono.

Os he dicho cien veces que este instrumento es la base de la orquesta.

¿Estás a gusto?

Sí, claro que sí.

Demasiado a gusto.

Estás temblando. ¿Te encuentras bien?

Estoy preocupada, Matías.

¿Por qué?

Pues porque estoy muy bien contigo y somos tan felices que esto no puede

salir bien.

Eso ni se te ocurra decirlo, Angelines. Yo no puedo seguir así.

Contigo todo es tan distinto y tan... Sí, pero te vas a ir a comer con ella.

No, no, no.

No, no, no. Ahora la llamo y le digo que no me espere.

¿De verdad? Sí.

¿Me lo prometes?

¿Me lo juras? Sí, claro que sí.

Amén.

¿Pasa mucho miedo? Sí.

Manifiéstate, Atahualpa.

Manifiéstate.

¿Qué ha pasado con Fermín?

¿Qué ha pasado con Fermín?

¿Pero cómo que qué ha pasado con Fermín?

Sí, sí.

¿Qué ha pasado con Fermín?

Que me lo has asesinado.

¿Yo?

¿A tu loro?

¿Pero cómo puedes pensar que yo haría una cosa así?

¡Deja de llorar!

Y dime por qué en vez de agua tiene lejía.

¿Cómo quieres que yo lo sepa?

Eres tú quien se ocupa de él.

Pero qué daño te hacía el pobre animalito.

Pero si me tienes prohibido que me acerque a él.

Eres una maldita desgraciada.

Matías, te habrás equivocado de botella y en lugar del agua con las vitaminas le

habrás puesto otra cosa.

Yo no he hecho nada, os lo aseguro.

Nunca haría una cosa así.

Tú eres capaz de eso y mucho más.

Pero esta... Esta me la pagas.

¡Qué humo! Señor, señor, señor.

Qué modales.

Vaya fiera de marido. Con todo lo que sabes de él, no sé cómo se lo permites.

Mamá, ¿cuándo nos vamos a casa?

Hija, qué poco espíritu tienes.

Que tengo miedo.

Pues aprende. Así es la vida.

No le juzguéis mal.

Debe ser la pena que le ha trastornado.

No te hagas ilusiones.

No pienso devolverte la libertad, como tú dices.

Nunca lo oyes, nunca.

Quítate de lo de la cabeza, Matías.

Ni los oyes, ni divorcio, ni nada.

Dejarme plantada a mi edad, ni hablar, eso no lo verán tus ojos.

¿Pero hasta cuándo, hasta cuándo vamos a seguir así?

Eres un egoísta. Te importamos un pito a los demás y yo menos aún.

Después de haberte entregado los mejores años de mi vida, me tiras como se tira

algo después de usarlo. Como un trasto viejo, como una colilla.

Nunca me has entregado nada, y menos los mejores años de tu vida. Si te pasas

todo el rato repitiendo que soy inaguantable.

Te aguantaré hasta que te muera. No creo que tenga fuerzas para soportarlo.

Pues la sacas donde sea.

¿Y la mantequilla? Se ha terminado.

Además, menudo escándalo.

¿De verdad no hay mantequilla?

Mañana habrá.

Ya veo lo que te importa nuestro matrimonio.

Hipócrita.

Encima me vienes de víctima cuando aquí la única víctima soy yo.

¿O acaso te crees que no sé que te ves a escondidas con una pelandusca que te

calienta los cascos?

Seguro que es ella la que te ha metido en la cabeza la idea del divorcio.

No se puede hablar contigo. Todo el mundo puede hablar contigo. Todo el

mundo menos tú.

Porque te quedas mudo.

En cuanto se te dicen las verdades. No se puede hablar contigo porque estás

loca. Y tú eres una fiera, un salvaje.

Está frío.

Pues te lo calientas tú.

Piensa lo que te he dicho.

Lo tengo pensado.

Antes muerta, ¿me oyes? Antes muerta.

¿Pero esto qué es? ¿Un castigo? ¿Una venganza? Antes muerta.

Es una venganza, ¿eh?

Antes muerta.

Y pensar que cuando la conocí era una chica encantadora.

No te preocupes.

Las personas cambian. Todos cambiamos.

Igual dentro de 20 años yo también te parezco una bruja. No, mi amor, eso no.

Tú no.

Tú no.

Ni en 20 años ni nunca.

¿Cuántos años llevas de casado?

Casi 20.

Pues tampoco es tanto. Si lo cuentas por siglos, la quinta parte.

Y lo cuentas por días. Haría falta una calculadora.

Iván.

Iván.

¿Tienes ahí la calculadora?

Sí, mamá.

¿Cuántas son 365 por 20?

Ahora te lo digo, mamá.

Has hecho bien en preguntárselo, porque yo cuando me pongo a multiplicar siempre

me sobran o me faltan ceros.

365 por 20 son 7.300.

¿7.300?

7.300 días con Petra.

Llevo 7.300 días con Petra.

7.300 desayunos con Petra y todavía no me he suicidado. Bueno, pero tú mismo

has dicho antes que al principio era una chica encantadora, ¿no? ¿Lo has dicho?

Sí, lo he dicho porque así lo recuerdo, sí.

La verdad es que con el tiempo todos cambiamos.

¿Yo he cambiado estos 12 días?

No, 12 días no son nada.

Hombre, si lo cuentas por minutos.

¿Iván?

¿Qué quieres, mamá?

¿Cuántos minutos son 12 días?

Ahora te lo digo, mamá.

Pero déjame estudiar.

¿Qué, te hace tan bien la cuenta de la compra? Desde luego.

12 días son 17.280 minutos.

Gracias, Iván, muchas gracias.

¿Ves? En 17.000 minutos se puede cambiar.

Pero de verdad han pasado 12 días. ¿Por qué? A mí me parecen 3 o 4.

Claro, mira, el día del padre era día 2. Hoy estamos a 14, pues ya está, han

pasado 12 días.

Matías.

Matías, ¿qué te pasa? ¿Te has quedado pálido?

Matías, toma, bébete un trago.

No, no, deja, calla, calla, calla, qué horror.

Qué horror, se me había olvidado.

Nos casamos un 14 de abril de hace 20 años. Es nuestro aniversario.

¿Nuestro aniversario? No, el de Petra y mío.

Siempre hay una fiestecita en casa. Habrá invitado a las amigas, a los

maridos. Ah, tiene más maridos. ¿Está divorciado? No, no, no. Los maridos de

las amigas, vamos, de las que lo tienen. Que solo son dos. Dos nada más. Vale,

vale, perdona. Y habrá invitado también al portero y a su mujer. Y habrá

pastelitos y licorcitos y...

Qué horror, Dios mío, se me ha olvidado por completo. Maldita sea mi estampa,

qué espanto.

Madre mía.

Madre mía.

¡Felicidades, Petra!

Gracias por los 7.300 días de felicidad que me has dado.

¡Ya está aquí!

Es como no me voy a faltar, Petra.

El tráfico, ¿verdad?

Petra, Petrilla.

Ya está aquí el marido prómigo.

El marido perdido y hallado en el pasillo.

Yo creí que te habías librado para siempre.

No me digas que eso es un brillante, ¿eh?

Para la reina de la casa.

¿Pero esto qué es?

Ábrelo, mujer.

Un dulcecito hombre perdido. ¿Por qué no?

Chocolate, crema pastelera, merengue. Lo que tú elijas me sabrá bien. Pues crema

pastelera. Sí, crema pastelera. ¿Cómo prefieres envenenarte, Matías?

¿Coñá, anís, jerez, cava? Aquí hay de todo. Tomaré un chinchón.

¿Chinchón? ¿Chinchón?

Por aquí huele a aguardiente.

¿Gulita? Un chinchón para el anfitrión.

No me imagino lo que puede haber ahí.

Pero no se usted adivina.

Por el tamaño debe ser un balón de fútbol. ¡El salido tiene usted, Renan

López!

No, mujer, ¿qué va a ser algo de vestir en esa caja? Ahora veremos, ahora

veremos. Puede ser una cámara fotográfica. Yo creo que no. ¡Es una

cámara de vídeo!

¡Ah, ya decía yo!

Este es mi regalo de aniversario.

¿No te gusta?

Ya quisiera yo un regalo así.

No es simplemente lo que parece.

Es una máquina para recordar.

¿Tú qué me has regalado a mí?

Una caja de puros de la mejor calidad.

Tengo prohibido el tabaco.

Bueno, pero...

Fumar es un placer.

Nosotros también tenemos videocámara, aunque un modelo mucho peor que este. Te

habrá costado un huevo. Y la yema del otro, ya lo creo.

Petrilla, Petrilla, atenta que te voy a enseñar el funcionamiento.

Verás, es muy sencillo. Ponedos todos ahí, por favor, detrás del sofá. Detrás

del sofá y en fin. Eso es. Voy a hacer una panorámica detrás del sofá.

Atenta, atenta, Petrilla, porque la cámara es tuya.

Verás. Para que funcione, le das este botoncito y luego enchufando este

cablecito en este agujerito, lo que veas por aquí, ¿eh? Lo verás después en el

televisor, ¿eh?

Atentos, ahí va. Sí, lo bueno de esto es que se ve enseguida.

Muy bien.

Vamos a verlo. Déjame, déjame un momento la cámara. Déjame, déjame

la cámara, por favor.

Yo sé manejarla.

Hay mucha luz, ¿no?

Canal 7.

¿Habrá salido algo?

Claro, mujer, una película.

Sí, lo que riento se llevó.

¡Con esto!

¿Queréis creer que estoy al nervio? Yo ya me he visto muchas veces.

Yo creo que el campeonato de feos lo gana mi marido.

No estoy de acuerdo. El campeonato de feos lo gana ese, Gregorio.

¡Qué salida! ¡Qué salida! Vamos a comprobarlo.

¿Se pueden asentar?

Y hasta tumbarse.

Pero no hagas trampas, ¿eh?

Rebobino, que quiere decir retoro, rebaca.

Mira, Julita, el parque de atracciones. Es verdad, mamá. El parque de

atracciones. ¿Pero eso que sale ahí qué?

Eso no es lo de ahora.

Qué cosa más rara.

Yo he rebobinado y... Debe de ser una cinta usada.

Sí, puede ser.

Claro, y al rebobinar...

Nosotros ya nos marchábamos. No, no, no.

Nosotros sí que tenemos que irnos. Ya me he retrasado en cerrar el portal.

Bueno, pues muchas gracias y buenas noches. Buenas noches. Gracias.

El ambiente está muy cargado.

¿No lo notáis?

¿Os parece que abra la ventana para que se vaya el humo? Claro, claro.

Sobre todo el del puro de López.

No te pongas así, Petrilla.

Si es un cerdo, siempre lo será. No lo puede disimular.

Ha sido una gran sorpresa en nuestro aniversario.

Déjame la cámara, López.

¿Cómo dices que funciona?

Es muy sencillo.

Verás, pones la manita aquí.

Eso es.

Le das a este botoncito y miras por aquí.

¿Pero qué has hecho, hija de puta?

¿Qué has hecho?

...imagen de prisma activo, zoom de velocidad variable de 10 aumentos con

macro, fundido a negro y a musalco...

El otro día me contabas que para dejar a mi mujer, porque yo no es que piense

dejar a mi mujer, para dejar a la mujer, porque había dos procedimientos, el de a

medias y el radical.

Sí, eso es.

Y que el de a medias era el menos aconsejable.

Bueno, no es que sea el menos aconsejable, pero de hacerlo hay que

elegir el radical.

Y si tú tuvieses, para poner un ejemplo, que ejecutar el radical, ¿cómo lo

harías? Bueno, hay varias formas.

Yo tengo dos, pensadas desde hace mucho tiempo, no te vayas a creer.

Para empezar, en uno de esos ratos en que nos quedamos solos, yo buscaría algo

apropiado entre los muchos frascos que hay perdidos por ahí y que nadie sabe lo

que tienen ni lo que dejan de tener.

Bueno, ya sabes que el orden y la clasificación no son características

destacadas de nuestro país.

Y eso lo mezclaría con azúcar, con miel, con...

Con anís dulce, con pacharán, por ejemplo, o con chocolate.

En fin, con todo aquello que consumiera con frecuencia la persona molesta, ¿no?

Y de lo cual yo estaría naturalmente enterado.

¿Eh?

¿Qué te parece?

¿Te imaginas el resto?

Las dos cachas del culo.

El vientre tan fresquito, las tetas como becera.

Y el coño... El coño como un sorbete.

Me callo, me callo porque me estoy poniendo mal.

Pero qué bestia eres, eh. Pues no me provoques.

Oye, ¿y después de que la persona molesta consumiera la

mezcla? Después la embalsamaría.

En horas fuera de clase, naturalmente.

Bueno, primero me la tiraría por última vez.

Y luego, con la documentación de aquí, de la escuela, la mandaría por correo a

Australia, por ejemplo, ¿no?

O a cualquier otro país que estuviera más o menos lejano.

¿Y si te preguntan por el contenido del paquete?

Comida para perros, abonos para las plantas o impresos. Sí, impresos, que

además es mucho más barato.

Luego está el otro procedimiento. ¿El cambio radical?

Sí, para hacer desaparecer el cuerpo del delito, que es lo fundamental.

Es el procedimiento del asesino francés. Lo puso en práctica hace más de 60 años.

O sea, que en lugar de facturar el cadáver de la persona molesta,

llenas la bañera de ácido sulfúrico. Bueno, mejor que llena mediada.

Para que no se derrame, porque sería un desastre. Y metes dentro el cadáver,

teniendo mucho cuidado de que no te salpique el ácido, si es que no llevas

puesta la mascarilla, claro, y procurando cerrar puertas y ventanas.

Para que luego no llegue a los vecinos.

Puede haber estudiantes de química o alguna vecina que crea que se te ha

estropeado la nevera y que se está pudriendo la carne.

Y una vez introducido el cuerpo de la persona molesta en la bañera, se remueve

constantemente con un palo y se tiene mucho cuidado de que ninguna parte del

cuerpo quede fuera del ácido.

Y hay que seguir removiendo hasta que aquello se convierta en una masa

informe, hasta que se haga gachas.

Esto es lo más importante del procedimiento, ¿sabes, Matías?

Remover y remover.

hasta obtener esa masa informe. Pero se tardará bastante en eso, ¿no?

Sí, el proceso es un poco lento, ¿no? Porque los huesos son muy recalcitrantes

a disolverse por el calcio, ya sabes, ¿no?

Pero no hay que desesperarse, porque si se sigue removiendo, acaban por

disolverse.

Además, lo notarás enseguida, porque las gachas, poco a poco, van adquiriendo una

consistencia como... como de papilla.

Aquellas papillas de harina tostada que comíamos cuando éramos niños y que eran

tan ricas, ¿te acuerdas? Ya lo creo.

Todavía me vuelve aquel sabor a la boca, de vez en cuando.

Bueno, pues ahora es lo mismo.

Solo que en mayor cantidad, claro.

Y no tan apetecibles.

Luego a la persona molesta, Bart, mejor dicho, a la masa informe, la tiras. La

tiras por el retrete para evitar que se atasque el desagüe de la bañera, porque

habría que llamar al fontanero. Pero cuidado, Matías, procura no precipitarte

en esta operación, ¿eh? Hazla con mucho cuidado.

Asegúrate de que la carne y los huesos y las vísceras, todo, sea disuelto. No te

vaya a ocurrir lo que le pasó al francés.

Por no ser un profesional.

¿Quieres decir que no era un asesino profesional?

No, no. Quiero decir que no era un profesional de la medicina, como

nosotros. Y por eso metió la pata.

Era un abogado.

Imagínate.

Echó en el retrete un hueso que todavía no se había deshecho del todo.

Y el retrete se atracó la casa.

Empezó a oler a huevos podridos. Y claro, se descubrió el pastel.

La papilla, vamos.

Pero no, si no haces todo con meticulosidad, con cuatro o cinco veces

que tires de la cadena, se habrán ido donde corresponda, ¿no? La masa informe

y todas tus preocupaciones.

Y

después te

decían él.

No, no, no, no.

No creas que es tan sencillo.

Tú pregúntale a un veder de la facultad de Derecho o de los tribunales dónde

está el cuerpo del delito.

Porque si no hay cuerpo del delito, no hay proceso.

¿Y tú cómo sabes tanto de estas cosas?

Bueno, hay que estar preparado para todo.

Entonces, ¿qué vas a hacer?

¿Cómo que qué voy a hacer?

Sí, ¿cuál de las dos soluciones vas a tomar?

¿Pero tú qué estás pensando?

En nada.

Que estás hasta la punta de los pelos de tu mujer.

Que has conocido a otra y quieres cambiar de vida por la vía radical.

No puede ser.

Anda, baraja de nuevo.

Esto está muy negro.

Petrilla, a ti no te puedo engañar.

Aquí sale la muerte.

Y bien claro que está.

La muerte.

Qué extraño, ¿no?

¿Cómo es posible que pienses algo así?

¿Por qué no?

Un cadáver no es nada que pueda resultar terrible, ni extraño.

Es simplemente una cosa. Eso es, una cosa. Como esta cama, o como estos

pantalones. Pero, sí, no sé cómo eres capaz de decir eso. Porque todo depende

del oficio de cada uno. Verás, los policías, los militares... Yo he oído

decir que los policías vomitan cuando ven un hombre recién muerto a tiros. Es

el primer año.

Pero un militar, por ejemplo. ¿Te imaginas a un coronel en el campo de

batalla diciendo, oh, qué horror, un cadáver, y hay otro?

Y hay otro.

¡Qué penita, qué penita! ¡Qué de cadáveres, madre mía!

O un sacerdote, que en el momento de dar la extrema opción se le salten las

lágrimas porque el que tiene delante está a punto de morir. O los médicos.

Tú sabes que los estudiantes del primer curso de medicina se tiran los cadáveres

los unos a los otros para quitarse el miedo. O para convencerse de que eso no

es más que una cosa.

O los sepultureros.

O los asistentes.

Los asistentes de la escuela de anatomía. ¿Y qué soy yo, eh?

Dime qué soy yo.

Un asistente de la escuela cíclica de anatomía.

No sé qué pensar.

No sé qué decir.

¿Matías Rodríguez Puerto?

Sí. Policía, ¿puede acompañarnos? Por favor.

¿Conoce a doña Petra Montes?

Sí, señor.

¿Tiene usted algún parentesco con ella?

Sí, señor, es mi mujer.

Se ha presentado una denuncia contra usted acusándole de haberla hecho

desaparecer. ¿Quién ha sido?

¿Sabe dónde se encuentra en estos momentos su mujer? Sí, señor. Está de

viaje. ¿Y a dónde ha ido?

A Perú.

Pero aún no he tenido noticias de ella.

¿Entonces no sabe dónde está?

En el Perú, supongo.

¿No le parece extraño no saberlo con seguridad?

Si usted la conociese, no le sorprendería.

Señor Rodríguez Puerto, don Matías.

Ha aparecido un cadáver que muy bien pudiera ser el de su mujer, doña Petra

Montés.

¿Dónde? En un contenedor de escombros.

Así que ya puede ir diciéndonos dónde está su esposa.

En el Perú, se lo aseguro.

Verá, mi esposa tenía mucha ilusión en asistir al Congreso de Esoterismo

Trascendente de Ollantaytambo, en Perú, ya sabe. Así que le dije que si quería

ir, pues que fuese.

Como de costumbre, la ayudé a preparar el equipaje. Mi esposa, cuando hace las

maletas, todo lo separa, todo lo divide y escoge.

No termina nunca de decidirse. La verdad es que es un poco maniática. Pero esta

vez se lo llevó todo.

Sacó la ropa de los armarios, la dobló con esmero y la fue colocando en las

bolsas de viaje que había preparado.

¿Su mujer toma muchas medicinas? Sí, señor, muchísimas. Es una hipocondríaca.

¿Se fijó usted en si se las llevó?

No, no se las llevó porque me dijo que pensaba visitar a un curandero del

altiplano, que según ella, hace milagros.

¿O si ya?

Lo que sí se llevó fue su contrabajo.

Nunca quiere separarse de él.

¿Querrá usted creer que incluso cuando va a Salamanca a ver a su familia, solo

por dos o tres días, también se lo lleva?

Bueno, ya está todo.

No, ponte este abrigo.

Es de ella.

Claro.

¿Y esto?

Abajo, en el tractero del sótano.

Buenas noches, López.

Buenas noches.

¿Eh? ¿De viaje?

Sí, mi mujer.

¡Qué suerte!

¿De viaje?

¿Y a dónde va?

Pues lejos, bastante lejos.

Qué suerte. Y además, lejos.

¿Por dónde cae eso?

Pues como de aquí a Lima.

Ah, Lima.

Lima, capital del Perú.

Perú, Perú, buen viaje.

Qué feliz se sentía mi mujer.

al comprobar que por fin podía realizar su viaje eterno.

¿Por qué eterno?

Digo eterno porque llevaba toda la vida queriéndolo hacer.

No era la primera vez que Petra y yo colocábamos el contrabajo en la vaca del

coche. Lo hacemos cuando ella toca fuera de Madrid.

Pero la verdad es que pesa como un muerto.

Todo se desarrollaba conforme a lo previsto.

Colocamos el equipaje y nos dirigimos enseguida a la autopista del aeropuerto.

Ella iba muy contenta.

¿Te apetece un poco de música?

Por Dios, Matías.

Lo primero que hicimos al llegar al aeropuerto fue comprobar si habíamos

perdido algún bulto en el camino.

Aparqué el automóvil mientras mi esposa se quedó vigilando el equipaje, no fuese

a ser que algún desaprensivo intentase llevárselo.

¿Tenía usted que un descuidero agarrase disimuladamente el contrabajo y echase a

correr por el aeropuerto? No, no, no, me refiero a los bultos de mano,

naturalmente.

Después nos dirigimos al mostrador de la compañía y facturamos el equipaje.

Tengo miedo. No temas, mi amor, no pasará nada.

Había mucha gente en el aeropuerto. ¿Les vio a ustedes algún conocido?

No, estaba casi vacío porque es temporada baja.

Conforme se acercaba la hora de partir, mi esposa comenzó a acusar los síntomas

de nerviosismo que le producen siempre los viajes. Así que nos fuimos a la

cafetería para que se tomase una infusión de manzanilla.

¿Tú trabajas aquí?

Sí.

¿Y en todas estas habitaciones hay cadáveres? En todas no, en algunas.

¿No te da miedo?

No, la costumbre.

La cafetería, en cambio, estaba muy animada. Había muchísima gente.

¿Pero tampoco les vio a ustedes ningún conocido?

No, tampoco, señor inspector.

Casi todos eran extranjeros.

Tuvimos problema para encontrar sitio.

A mi mujer la infusión le sentó de maravilla.

Incluso le cambió el color.

Todo va saliendo según lo previsto.

Igual puede venir alguien.

A estas horas aquí no viene nadie.

¿Cómo lo sabes?

Pues porque lo sé.

Matías, estate quieto. Matías, por favor, estate quieto. Ya eres mía, mía

para siempre.

Pero respeta a los muertos. Tendrá que ver si los respeto, pero es que yo estoy

vivo. Mía.

¡Viva, Angelina!

¡Viva!

Lo malo de los aeropuertos, ya se sabe, son las esperas.

Así que nos pusimos a jugar al veo-veo.

Pues esta ya está lista.

Cuando dieron la orden de embarcar, acompañé a Petra hasta el control de

pasaportes y la ayudé a llevar los bultos de Jano.

Ya sabe usted lo pesado que son los trámites de aduana. Hay que hacer colas,

cruzar barreras y siempre corres el riesgo de que algún funcionario te eche

para atrás porque le falta un sello a tus papeles, porque hay alguna anomalía

en el equipaje, porque simplemente no le gusta lo que llevas. ¿A su esposa le

pusieron algún inconveniente?

No, no, no, ninguno.

Pasó todos los controles sin el menor problema.

Busqué un lugar apropiado para ver cómo iniciaba su viaje.

Mientras esperaba, traté de imaginar lo que sentiría entrando en el túnel que

conduce al avión.

Poco después despegó.

Yo miraba cómo se elevaba con gran satisfacción, pues imaginaba que por fin

iba a ver su sueño convertido en realidad.

Era la primera vez que no viajábamos juntos.

En la lista de embarques de la línea Madrid-Miami-Lima del 17 de los

Corrientes no aparece ninguna señora Petra Montes Verdejo.

¿Un fallo de ordenador? Puede ser. Los ordenadores se equivocan.

Sí, por los virus.

Bien, señor Rodríguez, tengo que pedirle un favor.

Durante unos días no salga de Madrid. Y si tiene que salir, avíseme.

No pensaba ir a ningún lado.

Mi relación con don Matías es puramente comercial.

¿Les apetece tomar algo?

No, gracias.

Él se ha portado conmigo muy educadamente.

Me ha tratado como una persona.

Y yo eso le agradezco muchísimo.

Porque hay otros que para qué les voy a contar.

¿Una cervecita?

No, gracias.

Mire usted, el otro día, sin ir más lejos, vino uno que, bueno, venga a

acosarme y venga a acosarme. Como que me entraron ganas de subir a la dirección.

Porque no sabe usted qué manera de acosar tenía.

¿Un vinito?

No, gracias.

¿Y usted? No, no, gracias.

Pero yo sí puedo, ¿no? Sí, cómo no. En cambio, don Matías llegó.

Le enseñé lo que pedía. Le expliqué las condiciones.

Aceptó y ya está.

No saben ustedes lo que agradecemos nosotras la buena educación.

¿Qué hacía usted en el coche de Matías Rodríguez la tarde en que fue detenido?

Pues esperarle.

¿Esperarle para qué?

Para enseñarle cómo se manejaba la cámara de vídeo que había comprado en mi

sección. ¿Y no se lo podía enseñar en su sección?

No, porque en mi sección no hay exteriores.

Matías es un hombre muy respetuoso con todo el mundo.

Yo le considero incapaz de matar a nadie.

Usted tendría que ver, señor inspector, con qué delicadeza trata a los muertos.

Tiene una gran sensibilidad.

Y si usted viniera un día por aquí, señor inspector, podría ver lo que se

puede hacer con un muerto, porque...

Porque se puede convertir en filete si el que lo trata es un carnicero.

O ser perfectamente, perfectamente diseccionado

si el que lo hace es un artista.

Su amigo Matías es un artista de la disección. Sí, sí, sí, sí. De la

disección y del fijado.

Sí, él introduce las cánulas con una gran precisión.

Y entonces fluye la sangre, el formol invade el cadáver, las vísceras se

fijan, el color desaparece y surge por toda la superficie del

cuerpo un blanco cerúleo con matices y tornasolados indescriptibles.

Y esa frialdad marmórea de la carne produce al tocarla...

Una sensación imposible de olvidar.

Aquí no ocurre nada. Lo único el otro día que el presidente de la comunidad me

echó una bronca porque cuando barría la escalera se me coló una vagabunda. Tenía

que haberle impedido el paso, pero luego la vi salir con varias bolsas. Por lo

visto iba pidiendo ropa usada y algunas vecinas le dieron lo que ya no les

servía y lo iban a tirar.

El óbito se produjo por causas naturales.

La muerte le sobrevino a causa de un paro cardíaco.

Intoxicación etílica, falta de aire, asfixia.

El cadáver del contenedor ha sido identificado. Se trata de Amparo Ruzafa

Piquer, mendiga valenciana.

Hola, guapo.

¿Estás guapa?

Yo no tengo papá.

Pero hay alguien en casa.

Sí, vengan por aquí.

Llama Jefatura.

¡Qué pareja de estúpidos!

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