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Rita de Casca, primera parte.
Las he encontrado.
No se había alejado mucho, ¿verdad, pequeña?
Nos has tenido preocupadas.
Venga, vete.
¡Hay un grupo de caballeros!
¡Dios mío! ¿Qué hacen aquí?
Es una niña.
Tiene mucha fiebre.
Rita, prepara un jarabe como te he enseñado, por favor. ¿Con linaza? Sí,
sí, linaza. Y tú, Caterina, calienta leche.
Ahora mismo. Seguro que tiene hambre.
Buenos días, madre. Buenos días, madre.
Pobre niña.
Esperemos que sobreviva.
Por ahora nos la quedaremos, luego ya se verá.
Por suerte aquel caballero no era como los demás.
¿Qué quieres decir?
Bueno, al menos tuvo el valor de salvar a un bebé.
¿Valor? ¿Qué tiene que ver con el valor?
¿Vais a seguir perdiendo el tiempo con palabrería o vais a hacer lo que os he
pedido?
Quizá el valor está en ser distinto de los demás.
Ese hombre será un asesino, pero al menos ha realizado una buena acción, ha
salvado una vida.
No olvidemos lo que nos ha enseñado San Agustín.
Todos hemos recibido la posibilidad de cambiar, si queremos.
¿Y cómo la llamaremos?
Por esta obra de misericordia he dejado mis prados para venir hasta aquí.
Os muestro este producto que es el único y verdadero remedio contra todos los
males.
Vamos, Rita.
Ya llegamos tarde.
Ya voy.
Gracias. Y hazme el favor, intenta descansar, ¿eh?
Volveremos pronto.
No te preocupes, estaré bien, de verdad. Me da pena que no vengas.
Sí, a mí también, pero es mejor que me quede en casa. La próxima vez sí que
iré. Y no seas tan imprudente como siempre, como el otro día en el
monasterio. Sí, mamá.
Rita, nos hemos enterado de lo que has hecho.
No puedes desafiar de esa forma a esa gente, ¿entiendes? No sabes quién serán.
¿Quiénes serán?
¿Gelfos? ¿Jibelinos? Yo qué sé.
Solo sé que nunca vamos a terminar esta guerra.
Y mientras tanto, durante su saqueo, seguirán matando a gente inocente.
Mujeres, niños... Ya lo sé, es terrible.
Pero no intentes cambiarme de tema, Rita.
Ahora estamos hablando de tu comportamiento.
Lo sé, te entiendo, pero es más fuerte que yo, papá.
Y ellos son más fuertes que tú, que yo, que todos. Son los amos de Cassia. ¿Qué
piensas hacer?
¿Nos vas a parar tú?
Ojalá pudiese.
Tu madre y yo queremos que tengas una vida tranquila.
Solo pensamos en tu bien.
Sé que lo haces porque eres generosa, pero ten cuidado.
O te meterás en problemas.
Sí, sí, papá.
Ya va siendo hora de que le des una respuesta al notario de Gullo que ha
pedido tu mano.
Pero si ni siquiera lo conozco. No importa, será un buen marido.
Se acerca, se acerca.
Ahí viene.
Magistrado.
Una fiesta maravillosa.
Vete, vamos a tomar algo.
Ha sido una celebración increíble. Yo no me daba ni cuenta, pero al final mi
hermano tenía razón.
Nuestra familia es muy rígida. No admite ningún comportamiento de este tipo. Pero
por otro lado, yo no sabía cómo comportarme. Ya sabéis que... Lo siento,
hermosa Ana, pero me temo que debo robarte a mi hermano. El magistrado
espera. Cierto.
Hasta pronto.
Hasta pronto.
Gracias, me ha salvado.
Pobrecita, qué aburrida es. Hace una semana no pensabas lo mismo.
Eso fue hace una semana.
Hay tanto donde elegir. Y bien, ¿cuándo te vas a decidir a casarte?
¿Acaso debería?
¿Por qué no?
A fin de cuentas, mientras vivió mi pobre Constanza, no fue tan horrible.
Seguro que tú encontrarás muy pronto a la mujer adecuada. Las que tú llamas
adecuadas son muy aburridas.
Pues llama a tus hermanos. No me dan miedo.
No valen nada como no.
Se ha insultado a tu familia.
Eres tan cobarde que ni siquiera sabes reaccionar. No quiero en mi casa a
alguien que no sepa defender el honor de su familia.
Porque se empieza así y termina convirtiéndose en un traidor.
Suéltalo.
Ya me ocupo yo de mi hermano.
Enséñale que no debe dejarse insultar por el primero que pasa si no quiere que
lo tomen por un cobarde. Guido.
¿Qué quieres? No te metas. Marcha.
Hay una reunión.
Tú también debes venir.
Guido tiene razón. Debes comportarte como un hombre.
Mirad lo que hace.
Yo solo soy un notario. Un hombre del señor que intenta hacer su trabajo
honestamente. Sin embargo, si aceptáis mi mediación... Después tendréis que
respetar las pruebas. ¿Estáis de acuerdo? Por mí, perfecto. Veo que eres
honesto y que eres ajeno a la política.
Yo también estoy de acuerdo.
No os defraudaré.
Cerrad la puerta.
¿Estamos todos?
Bien.
Ferdinando.
Mancini.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete.
Ferdinando Mancini, siete votos.
Guido Cicchi.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve.
Guido Cicchi, nueve votos.
Muy bien.
De ahora en adelante, Chiqui será quien guíe a nuestras familias.
Gracias por vuestra confianza. No os arrepentiréis.
Me ocuparé de los intereses de vuestras familias como si fueran la mía propia.
Como he hecho siempre.
Aquí tenemos lo que hemos conquistado en la última incursión.
Estas son las tierras expropiadas a los elfos. Con ellas, ahora nuestros límites
se extienden hasta más allá del valle.
Tierras muy prósperas.
Por lo que a mí respecta, renuncio a la mitad de mi parte.
Y se la daré a nuestros queridos amigos los Diápolis.
¿Qué le ha pasado a tu padre, Ludovico?
Nunca había visto tanta generosidad en él.
Dijo Paolo, me parece contrario. Quizá porque me han elegido a mí.
Por favor, Guido.
Tú sabes que a los manchinos alegra tu nombramiento.
Eso espero.
Doménico, espera.
Te voy a decir por qué Guido Chiqui es tan generoso conmigo.
Su hijo Ludovico ha roto la promesa de matrimonio con mi hermana.
Guido lo casará con otra mujer de Cherreto.
Porque dice que su familia tiene más poder que la mía.
Y a cambio te regalo una porción de tierra para tenerte contento.
Muy habitual en los amos.
De todas formas haré que lo pague.
Te lo juro, Paolo. ¿Qué estás diciendo, Doménico?
¿Qué puedes hacer tú solo contra los Chiqui?
¿Tú de qué parte estás?
Padre, tenían que haberlo elegido a usted para representarnos. Es el más
anciano y el mejor.
No entiendo por qué te lo tomas así, Bernardo.
Yo también he votado por Guido. En este momento tiene muchos aliados, muchos más
que nosotros.
Es más fuerte.
Y lo será todavía más ahora que emparenta a su hijo con una familia tan
influyente. Mejor para nosotros, visto que somos sus aliados.
Cuanto más poder adquiera la familia Chiqui, más fuerte se hará la nuestra.
Sí, pero ¿quién reparará la injusticia que ha sufrido Doménico Tiepoli?
Han deshonrado a su hermana.
Por lo que a mí respecta, Paolo, Willo puede casar a su hijo con quien le
parezca. Nosotros estamos con él. Y eso también va por ti. Mientras yo viva las
cosas seguirán así.
Pobres animales.
No puedes torturarlos así.
Eres un necio. ¿Se puede saber qué te han hecho?
¿Pero qué quieres? No, no puedes cegarlos.
¿No te das cuenta de que es una crueldad?
Suéltalos. ¿Por qué? ¿Qué está haciendo?
Olvídalo. Es mujer y además está loca.
Los está maltratando. Lo he visto. Les mete los dedos en los ojos para dejarlos
ciegos. ¿Se puede saber por qué?
Ciegos cantan mejor.
Venga, recoge tus jaulas y desaparece.
De todas formas, lo hará en otro sitio.
¿Quieres que lo mate?
¿Por qué te ríes de mí? No estoy bromeando.
¡Rita! ¡Rita!
¡Ven, sube!
Papá, ¿puedo ir?
Vale, pero no te quedes mucho. Gracias.
¿Sabes, Rita? Le he pedido permiso a mi familia para que acepten mis votos. Y mi
padre me lo ha concedido.
No sabía que lo desearas tanto.
¿Es porque ya no estás bien con tu familia o porque quieren casarte con
alguien que no te gusta? No, no es por eso.
Aunque me cuesta vivir con ellos. Mis padres no son como los tuyos. Entonces,
me gusta estar en el convento. Me siento como en mi casa. Allí estoy tranquila.
Pero no es solo por eso. La razón de hacerse monja es el deseo de vivir en el
amor de Jesús.
Y le siento a Él cada vez más fuerte dentro de mí. En cambio, lo más bonito
para mí es tener una familia, marido, hijos.
Y así también me siento cerca del Señor.
Porque has tenido un buen ejemplo. En tu casa todos os queréis mucho, os
respetáis mutuamente.
Sí, tengo mucha suerte.
Pero te costará encontrar a un hombre que piense como tú.
Caterina. Perdona, mi padre me llama.
¿Qué pequeño es el mundo?
¿Me has seguido hasta aquí?
¿Cómo te llamas?
Rita, de Antonio Lotti. ¿Y tú?
Paola.
Si no me equivoco, tu padre es el pacificador. El notario Lottie. ¿Lo
conoces? Me han hablado de él.
Dime, ¿quieres visitar el palacio?
No.
Muy bien.
Y ahora se le cae.
¡Bravo! ¡Así se hace!
Su padre le llamó.
Perdona, ahora voy.
Disculpe. He encontrado al caballero que salvó a la pequeña.
¿Sí? Sí. Dime quién es.
Aquel moreno tan guapo.
Guido quiere que le resolvamos un problema.
¿De qué se trata?
Tenemos que vengar al herrero. Ha sufrido una injusticia. ¿Solo vengamos
las ofensas que le convienen a Guido?
Déjalo ya, Paolo.
Herrero es de los nuestros.
Doménico también lo es.
Perdona.
Rita, te presento a mi hermano Paolo.
Ya nos conocemos, Caterina.
Llegas tarde.
Mi padre. Lo siento, perdona. Debo marcharme.
Si solo te quieres divertir. Hay otras muchas chicas.
En serio, Paolo.
Sé honesto.
Tú dedícate a presentarme más a menudo a tus amigas.
Sobre todo a las guapas.
Has picoteado mucho esta tarde, ¿eh?
Es guapa. ¿Quién es?
Una más.
Estabas hablando con el hombre equivocado, Rita.
Lo sabes, ¿verdad?
Está despidiendo.
Te voy a enseñar yo lo que es traicionar.
Te toca a ti.
¡Viedad! Viedad ninguna.
¡Viedad! Y bien, ¿a qué esperas?
Acaba con él.
Vamos.
Imagínate que es tu peor enemigo.
Sí, gracias. Me duele aquí.
Muy bien, Rita.
Pero recuerda, San Nicolás de Tolentino decía que no bastan las hierbas para
curar a los enfermos. Hace falta sobre todo amor.
Así es como curaba Jesús.
Madre, un mercader ha sido asaltado por los bandidos.
Ponedlo aquí.
Ocúpate de él.
No es de hombres comportarse así.
Lo lamento.
A los enemigos hay que matarlos, Francesco. Si los dejas vivir, un día te
matarán a ti.
Porque mientras estés vivo, sabrán que su vida corre peligro.
Y tú vivirás a la expectativa, esperando que vengan a por ti.
La próxima vez lo haré.
Ya lo verás. Tienes que hacerlo, Francesco.
Si se corre la voz de que no tienes valor, tu suerte estará echada.
Y nuestra familia no se fiará más de ti.
¿Y matar es tener valor?
Te guste o no, esta es nuestra vida.
Me has asustado.
Te he seguido.
Te he visto salir del monasterio.
¿Y por qué me has seguido hasta aquí?
Quería ver a dónde ibas.
Un lugar algo aislado.
Sí.
¿Qué te pasa?
Hoy en el hospicio se me ha muerto un hombre entre las manos, mientras lo
estaba curando.
Ah, sí, me lo han dicho.
Eres medio monja.
¿Yo?
Es una pena, la verdad.
Una belleza desperdiciada.
Solo voy al monasterio para curar a los enfermos.
Oh, qué bien.
Entonces aún conservo alguna esperanza. Lo siento, pero llegas tarde. Hay un
notario que ya ha pedido mi mano.
Pero alguien como tú se merece algo mejor.
Esto es embarazoso. Déjame.
Eres insolente y arrogante.
Sabes que si quiero, puedo tenerte.
No me das miedo.
Además, ya sé que no eres como los demás.
¿Por qué dices eso?
Por el bebé que has salvado.
No sé de qué estás hablando.
¿Has visto qué bonitas?
Las he cogido en el jardín.
¿Qué te pasa?
Llevas unos días especialmente contenta.
Hoy Paolo ha venido a buscarme.
Al río.
¿Y qué habéis hecho?
Nada, hemos hablado.
Ten cuidado, Rita.
Paolo Mancini no te conviene. Es demasiado diferente.
Viene de una familia muy poderosa y muy respetada.
Mamá, tú siempre sacando conclusiones. Ni siquiera sé si me apetece volver a
verlo.
Gracias. Es el regalo más bonito que me han hecho nunca.
Si eres débil, eres víctima del más fuerte.
Parece que disfrutarás diciendo eso. ¿Por qué?
Es la realidad.
Para los animales y para las personas.
No. No es verdad. Para las personas es distinto.
Eres muy ingenua.
¿Y por qué va a ser distinto, Deme?
Se llama Añese.
Nosotros no somos como ese halcón.
Podemos sentir compasión.
Tenemos sentimientos.
Y los sentimientos pueden cambiarlo todo.
Pueden cambiar también las reglas. Si son erróneas, tú las has salvado.
Lo puedes negar.
Pero aquel día llevabas ese mismo anillo.
Qué bien huele. Seguro que está riquísimo.
No la quemes.
Estoy enamorada de tu hermano.
¿Acaso ya está prometido con otra?
¿Entonces por qué pones esa cara?
Paolo es el mejor de mi familia.
Pero la nuestra es muy complicada. Lo sé, pero yo quiero estar con Paolo, no
con tu familia.
¿Qué estáis tramando vosotras dos?
Nada, madre.
Tengo una buena noticia.
Caterina acaba de ser admitida en nuestro convento.
Dentro de unos días empezará el noviciado. Lo que es tu deseo se ha
cumplido.
Me alegro mucho por ti.
Espero que también se cumpla el mío.
Tú ahora vives en un sueño, Rita. Abre los ojos, te lo ruego.
Piénsalo bien.
¿Rita Lotti?
¿Y quién es? La hija de aquel notario de Rocaforena.
Pero no tienen tierras, ni tienen propiedades.
No son gente importante.
¿Qué haremos con alguien como ella? Ella es importante para mí.
Despósala. Haz lo que quieras y luego déjala.
¿Me puedo levantar? No me siento bien.
Si quieres una mujer, podemos hablarlo en serio. Si solo te quieres divertir,
diviértete. Quiero casarme.
Y quiero casarme con Rita Lottie.
Eres testarudo, ¿eh?
¿Te crees que Rita es la mujer idónea para otorgar más poder a nuestra
familia? ¿Y por qué no te vuelves a casar?
Haz la lista de las afortunadas y elige a la más rica.
Puede que esta vez tengas más suerte.
Paolo, razona, te lo ruego.
¿Qué tiene de especial esa Rita?
Pues para empezar, razona de forma distinta a todos vosotros.
Gracias. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor, venid estos alimentos y ayúdenos a vivir en paz al menos en nuestros
corazones. Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de
Dios.
¿Crees que los Manchini son gente de bien?
¿Por qué me lo preguntas?
En la región se dicen muchas cosas de ellos.
Sí. Digamos que no es gente muy tranquila.
Pero eso no significa que sea gente malvada.
Caterina está a punto de entrar en el convento por su propia voluntad y su
hermano... Su hermano no es bueno para ti.
Pero... Los Manchini tienen demasiado poder.
Tienen demasiados lazos con los Chiqui. Aunque no lo quieran, sus manos están
manchadas de sangre.
Pero él es distinto. Eso lo dices tú.
Aunque Pablo fuera distinto, esa gente se casa solo por interés.
Todo lo que hacen, lo hacen por interés.
No aceptarán jamás a la hija de un simple notario.
Y gracias a Dios que es así.
Perdonad, se me ha quitado el hambre.
No, ella tampoco le conviene a él.
Solo podemos esperar que Paolo deje de perseguirla.
Sí, eso espero.
Porque si va en serio, no será fácil decir que no a un manchini.
Jesús, ¿qué debo hacer?
Nunca había sentido una emoción como esta.
Tiene que ser amor, ¿verdad?
No quiero desobedecer a mis padres, pero sé que mis sentimientos son sinceros.
Estoy segura. Escúchame.
Ayúdame a intentártelo.
Domenico Tia Polito todavía no se ha calmado, o eso parece.
Y Paolo le sigue la corriente.
Muy bien, padre.
No, Domenico no tiene nada que ver.
Simplemente Paolo está enfadado con nosotros.
Dice que se quiere casar con la hija de Antonio Lotti. Sí, ese notario.
¿Por qué no?
Lotti es de buen trato.
Un día podría sernos útil.
¿En serio?
Sí, puede que tengas razón. Un notario podría sernos útil. Aunque con lo viejo
que es, no durará mucho.
Vamos. ¿Tú no vienes?
Anda, cásate con la Rita esa.
Hasta Guido está de acuerdo.
Es más, creo que nos esperaba otra cosa.
¿Qué quieres decir?
Le viene bien que emparentes con una familia poco importante.
Así no corre el riesgo de que nos hagamos más poderosos con un matrimonio.
No sabía que tomase él las decisiones de nuestra familia.
Por ahora es así.
Solo por ahora.
¿Qué estás leyendo?
Es la oración que dice tu padre antes de la cena.
Un copista me lo ha escrito.
Trae buena fortuna.
Tendrás que ser muy fuerte, pero estoy segura de que lo serás.
No te preocupes, Paolo no es como los demás de su familia.
No, pequeña, no creo, pero... Pero sé que os amáis.
Y eso al menos es un buen inicio. De no ser así nunca lo habríamos consentido.
Toma, cóselo en tu vestido de novia.
Mimi.
Rita, hija de Antonio.
Tu esposo te espera.
Y vieja.
La colada la hace la sirviente una vez a la semana, pero remendar y coser serán
tareas tuyas.
Ha sido Chaco de Coleyacone.
¿Estás seguro?
Estoy más que seguro.
Tenemos que darle una lección y rápido.
Rita, ¿sí?
No te metas en sus asuntos.
Pero Paolo está abajo con los huéspedes.
Rita, obedece, ven aquí.
Sí.
Eso es.
Hay que estar seguros de lo que hacemos antes de ir a por charro.
No he venido a discutir.
Ha quemado dos de mis casas e instiga a mis campesinos para que no me paguen.
Así que se merece un castigo.
¿Sabes una cosa?
Me dan igual las casas que te hayan quemado.
Manda a tu hijo a resolver el problema.
Se le da muy bien liquidar a gente.
¿Quién ha hablado de liquidar?
Yo solo he dicho darle una lección.
Y después tendrás que aprender a tejer, pues la habitación necesita cortinas
nuevas. El jueves prepararé jabón y velas, una tarea que antes le
correspondía a Caterina.
Tú tienes que estar en tu sitio, Rita.
Y nunca te debes entrometer en los asuntos de los hombres, nunca. Pero yo
no quiero quedarme siempre en casa.
Iré al monasterio para estudiar las hierbas medicinales y también al
hospicio a ocuparme de los enfermos. Claro, si tu marido te lo permite.
Ahora sígueme, no he terminado de enseñarte tus tareas.
Por tu culpa mi hermana no para de llorar. Está desesperada.
Eres un mal nacido.
Es como si la hubieses matado con tus propias manos, maldito joven. Salalo de
aquí antes de que diga más tonterías. Vamos, Doménico, para. Ven aquí.
No tengo miedo de ti. Ya lo verás. No tengo miedo, ¿me entiendes? No tengo
miedo.
Haz que tenga la boca cerrada.
Los que son como él siempre terminan mal.
¿Y por qué?
Yo creo que no se equivoca.
Si alguien hubiera tratado así a mi hermana, no estaría aquí para contarlo.
¿En serio?
Entonces tú también corres peligro si piensas como él.
Vamos, tranquilízate, déjalo.
No hace falta pelearse.
Estamos todos del mismo lado, ¿verdad?
Tú y yo, Ferdinand.
Tú y yo.
¿Qué querías hacer antes? ¿Te has vuelto loco?
Ya sabes cómo pienso, Bernardo. ¿Y cómo piensas?
Igual que tú.
No me fío de Guido.
Solo nos usa para sus propios intereses. Tus asuntos personales no deben
enfrentarnos con nuestro aliado.
Guido y Doménico estaban en nuestro casamiento. Creía que erais todos
amigos. ¡Cállate!
No haré nada que pueda perjudicar a nuestra familia.
Para tranquilizar a Guido, daré personalmente una lección a Chiaco. ¿Qué
tipo de lección?
No son cosas que te conciernan a ti.
Tu marido no te debe ninguna explicación. ¡Solo ahora mismo de esta
habitación! Al menos hasta que no aprendas a estar en tu lugar.
Átame en corto.
No vuelvas a atreverte a hacerlo.
Ya no estás en tu casa.
Ahora eres una manchini.
Venga, gírate y salúdame como se debe.
¿Has oído que se trata de un encargo, no?
¿Qué quiere decir dar una lección a Chaco?
Dios mío, qué testaruda eres.
Tienes que meterte en todo, ¿eh?
Si de verdad quieres saberlo, tengo que convencerlo para que haga una cosa.
¿Qué tipo de cosa?
Tiene que prometerme que dejará de instigar a los campesinos.
¿Y cómo lo convencerás?
¿Cómo lo convenceré?
Con palabras.
Justo como intento hacer contigo.
Puede que tenga que alzar un poco la voz.
Pero seguro que es más fácil con él que contigo.
Te tienes que ir.
Preferiría quedarme contigo.
Volverás pronto.
Muy pronto.
Antes de que anochezca.
Antes de que anochezca.
Me has tenido preocupada, ¿sabes?
Has estado fuera toda la noche.
Ahora ya estoy aquí.
No me gusta estar sola por la noche.
Ya lo sé.
Eres demasiado hermosa para dejarte sola.
¿Has conseguido convencer a ese tal Chaco?
¿Por qué? ¿No dudabas?
Soy la mujer de Jack.
Mañana encierran a mi marido. Lo han matado porque no quería ceder. Sí, lo
han matado al atardecer en el patio de mi casa.
Jack imploró piedad, pero lo degollaron como un animal.
Ni siquiera sé de qué me estás hablando.
Estoy hablando de cómo han matado a mi marido.
Ha sido Paulo, lo ha matado él, yo lo vi.
No es cierto.
Es imposible.
¿Qué van a comer ahora mis hijos? Tengo cuatro.
Cuatro hijos sin padre.
¿Qué haces aquí?
Es cierto lo que dicen.
¿El qué?
Que tú has matado a Chaco.
Contéstame.
Es cierto lo que me ha dicho su mujer.
Dime la verdad. Lo has contado tú.
Hay ciertas cosas que no puedes decir. Ni siquiera las debes pensar.
Aprende a estar en tu lugar.
¿Cómo tengo que hacer para que lo entienda?
¡No me toques! ¡Suéltame!
¡Suéltame!
Perdóname. No quería hacerte daño. Créeme.
Sé que Chaco está muerto, pero no he sido yo.
No debes creer todo lo que oigas. Pero esa mujer me dijo... ¡Ella miente! Somos
una familia rica y con poder. Seguro que solo quería dinero.
Rita, tienes que creerme.
Fíjate de mí.
No haré nada que te pueda hacer sufrir.
Nunca. Ni a ti ni a mi familia.
He sido una ingenua.
Una estúpida ingenua.
Creía que era un caballero que solo peleaba en la batalla.
Y sin embargo, vive en un mundo de odio.
Él, sus hermanos, toda su familia.
¿Se lo has contado a tus padres?
Mi madre está muy enferma, no quiero darle más disgustos.
Me lo habían advertido.
Pero yo no supe o no quise verlo.
No puedo volver con ellos, madre.
Deje que me quede aquí, se lo ruego.
Eres una mujer casada.
Entonces, me marcharé de casa, sola.
¿Y a dónde irás?
Estás unida, Paolo, por el sacramento del matrimonio.
¿Pero cómo puedo quedarme con él?
Con un asesino. ¿Cómo puedo dormir en la misma cama, respetarlo?
Rita, tú olvídate que es tu marido.
Sí, el señor.
Ha hecho que os encontréis, habrá un motivo.
¿Cómo puede decir eso?
Dios nos tiene reservado un destino.
Solo debemos intentar entenderlo y hacer su voluntad.
¿Quiere decir que el Señor me ha encargado una tarea?
¿Quiere ponerme a prueba, es eso?
No lo sé.
Lo que sí sé es que Dios nos pide que amemos.
Jesús dijo...
Yo no he venido por los justos, sino por los pecadores.
Pero no sé si tendrá fuerza.
Soy débil y estoy confundida.
Mi camino está lleno de obstáculos.
Demasiados obstáculos.
Y el camino de Paolo.
¿No has pensado cómo estará?
Quizá tú seas su única esperanza.
¿Qué debo hacer?
¿Vivir con un asesino?
Ya casi ha amanecido y Rita todavía no ha vuelto.
Manudo negocio has hecho con el notario Lotti.
Te ha dado una mujer que no tiene intención de someterse.
¿Pero qué está pasando?
Antonio.
Paolo.
¿Dónde está Rita?
Anda, vuelve a la cama.
Por favor, cariño, después te lo explico. No te preocupes, va todo bien.
Te lo ruego, vete a dormir, anda.
No ha venido aquí.
No la hemos visto.
¿Qué ha pasado?
Venga, levántate y vuelve a casa.
¡Rápido! Te he dicho que te levantes.
No me obligues a llevarte por la fuerza.
Eres mi mujer. Si no me obedeces, te demostraré que... ¡Claro! Si no te
obedezco, me demostrarás que eres más fuerte, ¿verdad?
¿Es eso? El débil es víctima del más fuerte. Me acuerdo bien de tus palabras.
¿Y tú? ¿Acaso te crees tan fuerte?
¿Te crees fuerte solo porque puedes matar a quien quieras impunemente?
¿Porque tu familia tiene mucho poder?
Entonces dime por qué te avergüenzas de tus hechos.
Explícame por qué no has tenido todavía el valor de admitir que eres un asesino.
¿Por qué me has mentido?
Tienes que creerme.
Rita, fíjate de mí.
Ahora dime qué debo creer.
¿Cómo puedo volver a fiarme de ti?
Al menos ahora sé quién eres de verdad.
Eres un hombre sin alma.
La primera vez que maté a un hombre.
Solo tenía 12 años.
La noche anterior no pude conciliar el sueño.
Sabía que me esperaba una prueba terrible.
Y tenía miedo.
No tenía miedo de morir.
Tenía miedo de matar.
Temía no tener valor.
Aquel día salí con mi padre.
Como si fuéramos de caza.
Como un día cualquiera.
Él no dejaba de mirarme, de hablarme.
Y entonces me encontré delante de aquel hombre.
Y ya no escuché nada más.
Solo oía la voz de mi padre.
Mátalo, Paolo.
Imagínate que es tu peor enemigo.
Y yo no podía ni mirarlo.
Después le clavé mi puñal en el pecho.
Y su sangre me salpicó en la cara.
Oía como gritaba de dolor. Pero la voz de mi padre era más fuerte.
Bien hecho, Paolo.
Te has convertido en un verdadero mangini.
Quizás sí, Don Mirino.
Solo que ahora... Si me veo obligado a vivir sin ti.
Pero no seguís viviendo.
Me has hecho descubrir cosas de mí que desconocía.
Pero no te hagas demasiadas ilusiones.
No sé si conseguiré convertirme en el hombre que tú quieres. Te ayudaré,
Paolo. Cueste lo que cueste.
Estás dejando en ridículo a mi hijo delante de todo el mundo.
Si Paolo no te ha repudiado solo es porque es demasiado bueno.
Nunca sé suficientemente bueno. Eres una presuntuosa.
No tienes ningún respeto por tu marido. Estás aprovechando de su debilidad y eso
no te lo permitiré.
Vosotros lo habéis hecho débil, pero yo lo ayudaré a cambiar.
No eres más que un arrogante y una presuntuosa.
Perdóname.
Seré una buena esposa, lo prometo.
¿Qué quieres?
Te lo ruego, acepta esta pequeña ayuda, aunque no pueda reparar tu dolor.
Volveré en cuanto pueda.
Bueno, vamos.
No he hecho nada malo. No he hecho nada que te perjudique. Solo quería ayudar a
una pobre mujer desesperada.
Te estás convirtiendo en un peligro para mí.
Es como admitir públicamente que yo he matado a Tiago. No es cierto. Lo he
hecho por ti. ¿Qué es lo que has hecho por mí?
Quería quitarte un peso de la conciencia y reparar tu culpa.
Esa mujer se ha quedado sola con cuatro niños.
Puede que sea demasiado tarde para salvar mi alma.
No, nunca es demasiado tarde si creemos en el amor de Dios.
Rita, tu madre quiere verte.
Está muy mal.
Qué pálida estás.
Tienes los ojos tristes.
Solo estoy un poco cansada. No te preocupes.
Quería decirte que tenías razón.
No te habías equivocado. Paolo es distinto.
Estoy haciendo lo posible para ayudarle a cambiar y te juro que no me rendiré
hasta que no lo consiga.
Intenta entenderlo a él antes de pretender que él te entienda a ti.
Permanece a su lado.
Nunca lo juzgues.
Primero perdona.
Mamá.
Amor mío, estoy aquí.
Perdonadme.
¿Perdonarte por qué? ¿Qué dices? Por todas las veces que no os he entendido o
si no he estado suficiente tiempo a vuestro lado.
No, eso nunca ha pasado.
Has hecho mucho por nosotros.
demasiado, sobre todo por mí, más de lo que me merezco.
No, nunca es suficiente.
Recuerda lo que ha dicho Jesús sobre el amor.
Él dijo, por mucho que pueda estar, siempre estarás en
deuda con Él.
Dios solo nos enseña a amar.
Sí, está un poco destartalado.
El sitio es precioso. Se respira tanta paz.
Vale muchísimo.
Sobre todo las tierras.
Los rebaños pasan por aquí en el cambio de estación.
Se podría conseguir mucho dinero.
A Guido también le gustaría, pero mi padre nunca se lo ha querido dar.
Yo creo que con muy poco lo podríamos arreglar.
Sí, lo haremos nosotros.
¿Cómo que nosotros?
Cariño, yo no quiero hacerme molinero.
Me gustaría mucho que nos viniéramos a vivir aquí.
Lejos de todos los problemas.
Quizá un día cuando tengamos hijos.
Sí, quizá.
Entonces será muy pronto.
Sí, estoy esperando un niño. Tendremos un hijo.
¿Y quieres que sea molinero?
¿Por qué? ¿Tú qué quieres que sea?
Bueno, seguro que al primer sollozo le pondré en la mano una espada.
¿Y si es niña?
Ya no quepo por las puertas.
Con esa barriga seguro que será un varón.
¿O puede que dos?
Oh, no.
Ojalá pudiese verlo a mi madre.
¿Y Paolo es feliz? Sí, inmensamente.
¿Entonces han mejorado las cosas con él? Ya sabes que nunca me rindo. Y espero
que el nacimiento del bebé me ayude a mí y a él.
Perfecto, qué gran idea.
¿Por qué quieres llamarlos como tus padres?
¿Tú cómo los quieres llamar? A él, Gian Giacomo, como mi abuelo.
Entonces a él, Paolo María, como el mío.
Gian Giacomo Mancini, yo te bautizo en el nombre del padre
y del hijo.
Y del Espíritu Santo.
Dámelo a mí.
Despacio, despacio.
Cuidado, ¿eh?
Voy a casar solo para tener dos bebés de una sola vez.
Venga, anda, dámelo. Soy su padrino.
Cuidado, no se te vayan a caer. Sí, tranquilo.
Ya estáis con vuestro tío favorito.
Es la primera vez que veo a Bernardo mostrar una cara mal.
Su pobre esposa murió muy joven. ¿Quién sabe cómo habría sido Bernardo como
padre?
Quizás se habría ablandado, como le está pasando a Paolo.
Los niños han traído algo distinto a esta familia.
No te hagas ilusiones, querida. Disfruta de tus hijos mientras son pequeños. Los
niños crecen rápido y después todo cambia. Me alegro mucho por Paolo y por
Rita. Sí, tienen dos hijos preciosos. Los Mancini deben de estar muy
contentos.
Felicidades por tus nietos. Gracias.
Ofreceré unos dulces. Sí, claro.
Una gran fiesta, ¿no te parece? Entre amigos de verdad, leales.
Entonces, ¿qué haces tú aquí? Si fueras un amigo de verdad, tendrías el buen
gusto de no traer aquí tu rencor personal.
¿Lo podemos hablar tú y yo solos? Sí, ¿te parece?
Cálmate, imbécil. Ven a ver a los niños.
Y para de beber.
Doménico está traspasando todos los límites.
Mi querido Ferdinando, no estropeemos la fiesta.
Más pronto o más tarde lo entenderá.
Si no, me veré obligado a ayudarlo a que lo entienda.
Lo hablaremos entre nosotros y después con él.
Hoy es un gran día, queridos amigos.
Brindemos y demos las gracias por la inmensa alegría que estos maravillosos
niños nos han traído.
Aquí está el primer regalo del tío Bernardo a Gian Giacomo y Paolo María.
Dos manchini.
Doménico podía haber evitado esa escena.
No se da cuenta del peligro que corre.
Estás muy unido a él, ¿verdad?
Hemos crecido juntos.
Es como un hermano para mí.
Pero se comporta como un estúpido.
Como si no tuviéramos ya suficientes problemas con Guido.
¿Qué problemas?
No me apetece hablar ahora.
Muchos y muy graves.
Pero por ahora, solo quiero pensar en ellos dos.
Cógeles la carita entre las manos.
Cuando era pequeña, mi madre siempre me acariciaba así.
Era precioso, precioso.
Me hacía sentir muy amada y protegida.
Eso es lo que necesitan.
Caricias, besos, protección y mucho amor.
Está claro que no necesitan espadas.
Por favor, Rita.
Tienes razón, perdona.
Yo quiero lo mejor para ellos.
Y para ti.
Estate tranquila.
Por favor, prométeme una cosa.
Prométeme que no discutiremos nunca delante de ellos.
Tienen que tener la certeza siempre de que mamá y papá se quieren.
Por encima de todo.
Los arrendamientos que pedimos son demasiado altos, Guido.
Antes de matar a otro pobre hombre, Es preferible bajar las exigencias.
Si entonces la gente sigue sin pagar, podemos amenazarla. Pero matar debe ser
la última alternativa.
Y solo para quien se niega a pagar.
Paolo tiene razón.
Ha llegado el momento de revisar algunas reglas. ¿Cómo te permites...
¿Cómo te permites criticar nuestras reglas?
Las nuestras son sagradas.
Nosotros solo defendemos nuestros intereses. No hacemos beneficiencia.
A menos que vosotros, Mancini, ya no estéis de acuerdo conmigo.
Solo era una idea para no acabar yendo directamente al infierno demasiado
manchados de sangre.
Una cosa es segura.
Ninguno de nosotros irá al cielo.
Antes de hacer estas peticiones, quiero que las comentes conmigo, ¿entendido?
Ayuda a Paolo a entender cómo funcionan las cosas. Es inteligente y ambicioso,
pero estoy cansado de su guerra personal contra mí.
Está influido por Doménico Tiepoli.
Tu hermano es un necio.
El problema de Paolo es su mujer.
Es muy hermosa, pero ante todo es la hija de un pacificador, no lo olvides.
Ese es vuestro problema.
Pero no me gustan los hombres que dependen totalmente de una mujer.
No me fío de ellos.
Nuestro poder es sólido, pero cuando Ferdinando muera, las cosas podrían
cambiar. Tenemos que hacerles entender quién manda.
Tienes que hacérselo ver también a Tiepoli. Se ha vuelto inaguantable.
Librémonos de él.
¿Cómo? Es uno de los nuestros. Estoy seguro de que encontraremos la manera.
Y así meteremos en cintura a los Mancini.
Si no aplicamos mano dura, ¿quién nos pagará los arrendamientos?
Harían falta 100 años para convencerlos. No estoy en contra de las acciones de
castigo, pero no todas son necesarias.
Y Guido tiene que darse cuenta de eso. No quiero ningún problema con Guido.
Pero es posible que no lo entiendas.
Estamos sembrando el terror.
Y no es la mejor forma de solucionar los problemas.
Tiene razón.
Por favor, márchate.
Por fin, ya era hora.
Tienes que dejar de escucharla.
Ya sé que tus grandes ideas provienen de ella. A ti es a quien no quiero
escuchar. ¡Basta ya, Paolo!
Me avergüenzo de tener un hijo que antepone su mujer a su familia.
Una mujer que no está en su sitio y que casi nunca está en casa.
Que te quede claro, de mi mujer y mis hijos me ocupo yo.
¡Nadie más!
Bien, entonces hazlo.
Pero me parece que no estás preparado.
Estoy orgullosa de ti, cariño.
Cállate. Es hora de que se den cuenta de que algo está cambiando.
¿Cómo no te das cuenta de que es imposible cambiar?
¡Imposible! No, creo... ¿Por qué te habré conocido?
Mal estoy.
¿Estás pidiendo demasiado?
¿Poner fin a la violencia te parece demasiado?
De verdad que no te entiendo.
Precisamente tú que has dejado atrás a tu familia.
Pero yo podía hacerlo.
Paolo siempre ha sido uno de ellos.
Conoce demasiados secretos.
Está comprometido.
Aunque quisiera, nunca podría echarse atrás.
Pondría en peligro su vida.
¿Es eso lo que quieres?
No, claro que no. Pero tampoco quiero que ponga en peligro su alma.
Rita no te respeta.
Te deja en evidencia delante de todos.
Déjala. No puedo imaginarme mi vida sin ella.
Y además, es difícil de explicar.
Sus ideas son acertadas.
Yo las entiendo.
Pero nuestras ideas también lo son.
Ya no sé de qué parte estoy.
Es importante saber que uno puede contar con sus amigos cuando llega el momento
de actuar No
consigues
dormir
Estoy esperando a que regrese mi marido.
Vete a dormir, Rita.
Paolo volverá tarde esta noche.
Está con sus hermanos, con su familia, como tiene que ser.
¿A dónde crees que vas ahora?
¡Vuelve a tu habitación!
Estamos todos.
Solo falta Domenico.
¿Tú sabes dónde está?
Llegará.
Si quieres me quedo a esperarlo.
¿No estarás pensando en echarte atrás?
No.
¿Cómo se te ocurre pensar eso?
No podemos esperar más. Tenéis que llegar antes de que amanezca.
Marchaos sin Domenico.
Vamos, adelante.
Paolo, es muy tarde.
Vuelve conmigo.
¡Márchate a casa!
Guarda esa rabia, la vas a necesitar muy pronto.
¡Nos han traicionado!
¡Venga, vamos! ¡Que nadie se coine!
Esta noche no dorme nadie.
Todavía no han vuelto.
Eres incapaz de vivir como nosotros.
¿Verdad, Rita?
Solo quiero un poco de paz.
¿Sabes que eso no es posible?
Nosotros terminaremos en el infierno y tú morirás inútilmente de pena.
Paolo. Nos han tendido una emboscada.
Hay una espía entre nosotros.
Rita. Rita, abre ahora mismo la puerta.
Mi corazón está triste y lleno de rabia.
Jesús, te lo suplico, ablándalo tú.
Si mi corazón ahora está ciego, te ruego que me ayudes para que vuelva a ver la
luz.
No puedo mancharme con la sangre de una víctima inocente.
¿Cómo se ama a un asesino?
Pero mi vida es amar.
Y de tu amor, Jesús, espero recibir toda la fuerza que me falta.
Dime qué debo hacer.
Jesús, ayúdame a entender, te lo ruego.
Ayúdame.
Recuerda la oración de tu Padre.
Permanece a su lado, Rita, e intenta entender a tu marido antes de pretender
que él te entienda a ti.
Puede que sea su última esperanza.
Dios nos enseña sólo a amar.
Jesús no ha venido por los justos, sino por los pecadores.
Lávala. Perdóname.
Perdóname por haberte negado todo, perdón.
Por haberte hecho la vida imposible.
Me doy cuenta de que he pecado de orgullo de que te he dejado sola.
Perdóname por no haber entendido que tú sufres mucho más de lo que sufro yo.
Pero no quiero que termines en el infierno.
Márchate, Angelusa.
Ha sido Doménico Atiopoli quien nos ha traicionado.
No puede ser.
Doménico es de los nuestros.
Sí, le gusta hablar.
Pero le falta la cobardía o el valor para hacer algo así. Ya sabes que lo ha
tomado conmigo.
Y ha querido vengarse con mi hijo.
Estoy seguro de que no es la primera vez. Es imposible.
En la emboscada también estaba mi hijo Paolo, que es su mejor amigo.
Al menos lo habría avisado a él, pero no lo ha hecho.
Quiero que seas tú el que resuelva este asunto.
Ah, estás aquí.
No te encontraba.
Doménico nos ha traicionado.
Nos ha traicionado a todos.
Primero nos ha espiado y después nos ha tendido la emboscada.
Amor mío, eso es terrible.
¿Estás seguro o es lo que dicen los chiquis?
Dijo que vengaría a su hermana, que lo haría en cualquier momento.
Pero nunca pondría tu vida en peligro en una emboscada. Es tu mejor amigo. Te lo
ruego.
Ha hecho una cosa innoble.
Y tendrá que pagarla.
¿Y si fuera inocente?
Te lo ruego, habla con él.
No es justo inculpar y odiar a un amigo por una simple sospecha.
Solo se consigue odiar a todo el mundo, incluso a los propios hermanos.
Pero si es eso lo que quieres, respetaré tu
decisión.
¿Y si fuera inocente? Las dudas no cuentan.
Guido no las tiene.
Pero me temo que podría ser una maniobra de los chiquis.
Sí, claro. Y así de un solo golpe se libra de Doménico y a nosotros nos
infunde temor, visto que nos ha ordenado matarlo. Y nosotros no tenemos
suficiente poder para oponernos a él.
Además, Paolo quiere que lo mates tú.
Y yo también.
Te has expuesto demasiado.
Recupera su confianza.
Pero Domenico es mi mejor amigo.
Los intereses no tienen nada que ver con la amistad.
Este es el final que espera a los traidores.
Bernardo.
Defiéndete. ¿A qué esperas?
Defiéndete, te he dicho.
¡Traidor! No es cierto.
¿Cómo puedes pensar eso de mí?
No es cierto.
Lo he matado.
Lo he matado, Rita.
Dios nunca me perdonará.
Todos somos hijos suyos, Paolo.
El Señor nos ama.
Su misericordia es infinita.
Nosotros solo tenemos que quererla.
No volveré a hacer vida.
Nunca más.
Nunca más.
No más sangre.
No más espadas.
Nunca jamás.
¡Oh! No sé cómo trabaja un molinero.
Solo sé empuñar una espada.
Juntos superaremos cualquier dificultad.
Y sobre todo, viviremos en paz.
Eso espero.
Si nos lo permiten.
¡Arre!
Molinero. Rita lo ha convencido.
Muy bien.
No quiero inútiles a mi alrededor.
Paolo puede marcharse.
Eres demasiado bueno, padre.
Un día Paolo tendrá que restituirme la libertad que ahora le estoy concediendo.
Ayudadme a abrir el portón, que mamá no vuelve.
Eso es.
Muy bien.
Dadme la mano, ahora que entren los caballos.
Bueno, aquí estamos.
¿Qué os parece?
¿Os gusta la casa nueva?
¡Ah, mira!
Estos son los últimos.
Bien, dejadlos aquí.
He preparado otra infusión para tu madre. ¿Cómo está hoy? Está mejor, mucho
mejor. Ya ha recuperado el apetito. Dile que mañana me pasaré a verla.
Adiós.
Gracias. Vamos, tenéis que arreglaros. El abuelo se espera.
¿Contentos? Sí. Pues venga.
¿Me ayudas?
Venga.
¿Estáis listos? Mira, ¿me queda bien?
Muy bien.
Y a mí no me dices nada. Tú también estás muy elegante.
¿Seguro que no puedes venir?
Me gustaría, pero no puedo. El hijo de la panadera no esperará que yo vuelva
para venir a este mundo.
Además, así no habrá peligro de que os estropee la reunión familiar.
Tricharemos en falta.
Tomad.
Llevad esta medicina de mi parte al abuelo, para los dolores de huesos.
Uno, dos, tres.
Muy bien.
Arriba, abajo.
Y otra vez.
El tío Bernardo nos está enseñando muy bien.
Sí, son muy hábiles.
Espero que tu mujer no quiera envenenarme.
Tranquilo. Rita cura a la gente, no la envenena.
¿Cómo van las cosas?
Mal.
Hace tres días mataron al hijo del trapero.
¿No te has enterado?
Los guelfos se han reorganizado.
Se han vuelto muy peligrosos.
Siempre he esperado que un día tú ocuparías mi puesto como cabeza de
familia.
Bernardo es un verdadero manchini.
Más que yo.
Contigo las cosas serían distintas.
Ven con mamá y papá.
Ven.
No llores ahora.
No.
Bravo, muchachos. Así se hace.
Mujeres, marchaos. Tenemos que hablar.
No, vosotros dos quedaos. Es hora de que empecéis a participar en la vida de
familia.
Debemos tener cuidado.
Todos corremos peligro. Los guelfos están matando a muchos de los nuestros.
Está claro que tienen muchos amigos importantes en la ciudad.
La situación es grave.
Sí, pero ahora somos más fuertes, Francesco. Y también somos más gracias a
tu matrimonio. Podemos quitarnos los del medio con una acción firme. Y Guido
quiere actuar rápidamente.
Esta vez nosotros los Manchiri tenemos que hacernos valer. Es perfecto para
demostrar a todos, incluido a Guido, quiénes somos.
De hecho, estamos todos involucrados, incluido tú, Paolo. Yo estoy fuera. No
lo estás. Ahora no. Guido ha pedido expresamente tu ayuda. Te necesitamos.
Hace años que cambié de vida, ya lo sabes.
La has cambiado porque Guido te lo ha permitido, ¿no lo recuerdas? Algunos
favores hay que devolverlos.
Y vosotros dos también.
Demostraréis que sois manchini. Ellos no tienen nada que demostrar.
Si es necesario que hable con Guido, entonces iré. Pero lo haré yo solo.
¡Oh!
Ahí está mamá.
Habéis vuelto.
Venga, abajo.
Os he echado de menos, ¿sabéis? Y nosotros a ti.
Veréis.
No siempre hemos vivido lejos del abuelo y de los tíos como ahora.
Y marcharme me costó su afecto.
Me consideran débil.
El tío Bernardo dice que dejas que muchas cosas las decida nuestra madre.
Me ha ayudado a recorrer un camino que yo ya consideraba el adecuado.
Aunque muy complicado.
¿Pero no te disgusta que tu familia piense mal de ti?
Claro.
Pero no daré marcha atrás.
No me gustaría hacerlo por nada del mundo.
¿Y qué debemos hacer nosotros?
¿Quieres que no volvamos a ver al tío?
No olvidéis nunca que sois Mancini.
Ni vuestro padre ni yo queremos poneros en contra de vuestra familia.
Tras la muerte de vuestro abuelo, el abuelo Antonio, son los únicos
familiares que os quedan.
El tío Bernardo os quiere mucho.
Y ahora, marchaos a dormir.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Buenas noches.
Debo ir a una reunión de la familia con Guido.
Las cosas se están complicando y hay peligro de otra guerra.
Intentaré calmar los ánimos.
Hay que actuar rápido.
El nuevo magistrado apoya a los gelfos.
Tenemos que eliminarlo.
Solo hay una solución para resolver este asunto.
Tabla rasa.
Pero volvería la guerra a Acacia. Sí, pero es una guerra que podemos vencer
muy rápido. No veo otra forma de conservar nuestro poder.
Pero siempre se puede intentar antes de derramar más sangre.
No cuando muchos de nuestros hombres ya han sido asesinados.
Él ha sufrido dos emboscadas.
Ha escapado por muy poco.
Entiendo vuestros razonamientos, pero no los combato.
He encontrado la fe y también la paz.
Y no quiero matar a nadie.
Así que, con vuestro permiso... ¿No crees que ya has tenido suficientes
permisos hasta hoy, Paolo?
Esta vez no te puedes echar atrás.
Te necesitamos.
Encontrarás la forma de acercarte al magistrado.
No dudará de tu buena fe.
Sobre todo ahora que eres molinero.
Así lo cojaremos por sorpresa.
No.
Lo siento.
Pero no contéis conmigo.
Paolo, vuelve aquí. ¡Paolo!
Creía que todavía eras uno de los nuestros.
Pero me equivoqué.
Es de los nuestros, te lo juro.
Solo que es testarudo y mal aconsejado.
Ya me ocupo yo, tranquilo.
Hablaré con él. Lo convenceré, ya lo verás.
Más te vale.
¿Lo habéis oído?
No hay que perder de vista a ese molinero, es un cobarde.
Ya no me fío de él.
¡Paolo!
¡Paolo!
¿Te has olvidado de quién eres?
¿No piensas en nosotros, en las consecuencias de tu rechazo?
Espera, Bernardo.
¿Por qué no lo hablamos tranquilamente?
¿Vamos a la taberna?
No, ya es tarde.
Entonces mañana.
Nos vemos en la taberna al atardecer. Verás cómo esta vez lo resolvemos todo.
¿De acuerdo?
Sí, claro.
Paolo, espera.
Somos tus hermanos.
No lo olvides.
Te queremos.
Recuérdalo siempre.
Ya lo sé.
Yo también os quiero.
Nada en el mundo podrá separarnos.
¡Francisco, no!
¡Francisco!
¡Francisco!
Mujer que lo amaba.
Un niño.
Han sido los guelfos.
Bernardo los ha reconocido.
Según la ley, la venganza no es un homicidio.
Es un derecho.
Y para nosotros que somos sus hermanos es un deber.
Sabes que no necesitas justificarte con...
¿Quieres que vayamos contigo?
No.
¿Por qué? Porque no.
Quedaos con vuestra madre.
Si preferís, me quedo a dormir en casa del abuelo.
Y vuelvo mañana cuando amanezca.
—Quédate tranquila.
Volveré pronto.
Yo creo que estaba totalmente borracho. Ni tanto.
¡Mátalo! ¿A qué esperas?
¡Está de pie!
He tenido que matar
yo al asesino de vuestro hermano.
Paolo no es más que un cobarde. No ha tenido el valor de vengar su muerte.
De todas formas, no olvides que de mi hermano me ocupo yo.
¿Entendido?
Quita del medio a Paolo cuanto antes.
Que sea esta noche.
Rita de Casillas.
Segunda parte.
Gracias, Rubita.
Te lo ruego, no hables. No hables ahora.
Has sido Ludovico.
Debes tener cuidado con los chiquis.
Protege a nuestros hijos.
Te lo ruego, no me dejes, Paolo.
No me dejes, te lo suplico. No te mueras.
¿Quién ha sido?
Se lo harán pagar. ¿Quién ha sido?
No hables así, la venganza no nos lo devolverá.
Pero tú lo has visto.
¿Sabes quién ha sido?
Sí, ¿quién ha sido? ¿Quién ha matado a nuestro padre?
No he visto nada.
No dejemos solo a nuestro padre, hijos.
También han venido mi mujer y mi hijo, Tomaso.
Es terrible, Bernardo.
Tu hermano Francesco ha muerto hace muy poco.
Y ahora... Todavía no consigo asimilarlo, Ducho.
Nunca debí dejarlo solo. Ha sido todo culpa mía.
Dicen que lo han matado los bandidos.
¿Tú crees que eso es posible?
No, por supuesto que no.
Pero estoy esperando recibir la confirmación de un momento a otro.
Hablaremos más tarde.
Ahora ve.
Ve con Paolo.
¿Y bien?
Has sido quien yo creo.
Ella lo ha cambiado. Lo ha alejado de la familia. Es culpa de su mujer, que ha
tomado una decisión equivocada.
Lo ha matado por culpa de su mujer.
Ahora los hijos lo vengarán.
Pobres niños tan pequeños.
La culpa es de la madre.
Has sido guido, Chiqui.
¿Cómo lo sabes?
Me lo ha dicho uno de sus hombres.
¿Y te fías de la palabra de un traidor?
No importa en absoluto el honor de quien me puede ser útil.
Tengo que saber quién ha matado a mi hermano.
Esto nos ha llevado a tu guerra contra los Chiqui. Menudo resultado.
No.
Hemos llegado a este punto por culpa de Rita. Esa mujer está loca.
Nunca he pedido mucho a lo largo de mi vida.
Solo he esperado que mis hijos regresaran a casa vivos.
Teresa.
Por suerte estás conmigo.
Hoy la madre superior está enferma. Se disculpa por no poder venir.
Dale las gracias a mi parte.
Ayúdame, Caterina.
Tengo que proteger a Janja como ya Paolo María.
No quiero que piensen nunca en la venganza.
¿Quieres hacer con ellos lo que has hecho con Paolo?
¿Obligarlos a vivir a tu manera?
Mira lo que has conseguido.
Ahí llegan los chiquis.
Y tienen el valor de presentarse aquí.
Si no hubieran venido, habría sido como admitir que lo han matado ellos.
¿Qué tienes en mente hacer? Ten cuidado, Bernardo.
Cuánto luto en vuestra familia, Bernardo. Lo lamento mucho por vosotros.
Pobres muchachos.
Lo siento por vuestro padre.
Es una gran pérdida para todos nosotros, sobre todo para mí.
Pero un buen amigo.
Gracias, señor.
Mi querido jardinando, sé cómo te sientes, pero encontraremos a quien lo
ha matado.
Siempre podrás contar conmigo y con mi familia.
Solo Dios sabe cuánto he amado a Paolo y cuánto lo amaré siempre.
Y mientras viva en nada, podrá jamás aplacar el dolor de haberlo perdido.
Pero aquí, delante de sus seres queridos, de sus amigos y de nuestros
hijos, que lloramos su muerte.
Yo perdono a sus asesinos.
Nada podrá justificar nunca una acción tan innoble.
Pero les perdono de todas formas.
Y rezaré por ellos.
Rezaré por que sus corazones reciban un día la luz del arrepentimiento.
¿Tú crees que se refería a nosotros?
Bueno, ahora eso da igual.
Nos ha perdonado, ¿no?
Entonces no vengará su muerte.
¿Cómo puedes razonar a veces como un completo idiota?
Nunca debes dejar de temer al enemigo, lo sabes.
¿A quién debería temer? ¿A los Mancini?
Ya no estoy preocupado.
Ahora ya he entendido quién manda.
¿Has visto a Ferdinando?
Estaba absorto y no ha dicho ni una palabra. Me pregunto qué pensará. El
problema no es qué piensa Ferdinando, sino qué podrá hacer ese loco de
Bernardo. Bernardo no hará nada.
No tenía otra elección. Además, Paolo llevaba mucho tiempo apartado.
Es más, teníamos que haber pensado en el propio Bernardo.
¿Acaso era necesario que perdonases en voz alta a todo el mundo?
Suéltame, Bernardo.
Tú todavía no lo sabes, Rita. Pero no lo han matado los bandidos.
Te he dicho que me sueltes. Ya sé quién ha sido, por eso lo he dicho. No quiero
ver morir también a mis hijos. No te olvides de que su tutor ahora soy yo.
Aléjate de ellos, Bernardo. Ni se te ocurra pensar en utilizarlos para...
¡Mamá! ¿Qué está pasando?
No es nada.
Bernardo y yo tenemos distintos puntos de vista.
Ven, sigamos rezando.
Si me he equivocado, tenías que haberme llevado a mí.
Tenías que haberme llevado a mí.
No nos vengamos abajo.
Debemos sacar fuerzas, niños, y seguir adelante como antes.
¿Cómo puedes decir eso?
¿No le echas en falta?
Sí.
Pero no podemos caer en la desesperación.
Debemos vivir por él, en su nombre.
Y nos sentiremos menos solos.
Debemos continuar su trabajo y seguir rezando también por él.
Y así él seguirá aquí entre nosotros.
Dios mío.
Agnese. Paola.
El que me salvó la vida cuando era recién nacida.
Y me entregó a ti.
Necesito tanto esfuerzo, Agnese.
¿Por qué no vienes a verme?
Así pasamos un rato juntas.
Ha llegado Rita, madre.
Quiere verla.
Rita.
Es un momento terrible.
Me alegro de ver que está usted mejor, madre.
Me atormenta una duda horrible.
Me pregunto si me habré equivocado con Paolo.
Quizá me equivoqué por completo.
Rita, tú has hecho un milagro con Paolo.
Le has salvado el alma.
¿Cómo puedes pensar que te has equivocado?
Su familia me echa la culpa a mí.
A veces el dolor puede confundir, ¿sabes?
Está confundiendo a su familia.
Y ahora también a ti. Es Paolo quien había decidido cambiar.
Tú solo le has dado apoyo, valor para hacerlo.
No debes sentirte culpable.
Pero está muerto, apagado con su propia vida.
Nosotros creemos en la vida eterna, Rita.
No lo sé, madre.
Ya no sé nada, ya no entiendo nada.
Ayúdenme, se lo suplico.
Siempre estaré aquí, siempre que me necesites.
Pero está en ti, solo en ti, solo tú debes encontrar la fuerza para
reaccionar y sin pasar la fe en el Señor.
Tengo miedo por mis hijos. Bernardo podría influirles, instigarlos a vengar
a su padre.
Podría echar por tierra todo lo que Paolo y yo les hemos enseñado.
¿No estás de rodillas?
Levántate y siéntate a ti.
Son tus hijos, Rita.
Los has educado en el amor y en el respeto al prójimo. Ya verás cómo sabrán
resistir. Lo verás.
Delante de mis hijos, delante de todo el mundo, he perdonado a los asesinos de
Paolo.
¿Me he equivocado, madre?
No.
Ha sido un gesto muy valiente. Lo he hecho por mis hijos.
Y Dios te lo pagará.
Solo lo he hecho para protegerlos, para impedir que un día los tienten con ceder
a la venganza.
Todavía son jóvenes, se sienten desamparados.
Sigue alimentándolos con amor, ayúdales a entender cómo has hecho hasta ahora.
Toma.
¿Tú crees que son suficientes?
Nuestro padre ponía dos cruzados.
Así.
¡Mamá! ¡Por fin!
Mamá, hemos encendido el fuego. ¿Estás contenta? Tengo mucha suerte de tener
dos hijos como vosotros.
Pero a vosotros que me escucháis os digo, amad a vuestros enemigos. Haced el
bien a los que os odian.
Bendecid a los que os maldicen.
Rezad por los que os tratan mal.
Haced vuestras las palabras de Lucas, como hizo vuestro padre.
Paolo fue enviado a matar, pero no lo hizo. ¿Cómo lo sabes?
Me lo dijo antes de morir, fueron sus últimas palabras.
Murió en la gracia de Dios.
Debéis estar orgullosos de él, tanto como yo. Fue valiente.
Y debéis estar contentos porque su alma se haya salvado. Me gustaría tanto que
estuviera aquí.
Como todas las noches.
Lucas dice, dad y se os dará.
Medida llena, estrujada, remecida, desbordante, dará en vuestro regazo.
Porque... Con la misma medida con la que medís, os medirán a vosotros.
¿Cómo pesa?
¡Tío Bernardo!
Vuestra madre quiere también convertiros en molineros, ¿eh?
¿Dónde está ahora?
Se ha ido a cortar leña.
Tengo que hablar con vosotros.
Es hora de que sepáis la verdad.
Y él fue quien mató a vuestro padre.
Pero en el funeral, tú le trataste como a un amigo.
Sí.
Pero no me resultó nada fácil.
Guido debe de pensar que se ha salido con la suya.
Y entonces, en el momento adecuado, cuando se sienta de nuevo seguro... Lo
atacarás.
Vosotros lo atacaréis.
Y vengaréis a vuestro padre.
La venganza os espera. Es un derecho vuestro.
Pero yo estaré con vosotros.
Nuestra fe nos dice que no matemos.
Lo sé.
¿Entonces quien mata debe permanecer impune?
¿Después de matar a mi hermano? ¿A vuestro padre?
Quiero haceros una pregunta.
Si ahora os encontráseis cara a cara con el asesino, ¿qué sentiríais?
No os debéis avergonzar de lo que sentís.
Por eso se permite la venganza a las familias de nuestro rango.
Es un sentimiento que nace del amor por la persona desaparecida, fruto del
engaño, de la violencia.
Debéis saber algo más.
Guido, para él ha sido una demostración de poder.
Porque siempre ha tenido que nuestra familia fuese un día más importante que
la suya.
¿Qué haces aquí?
Te había dicho que te mantuvieras alejado de mis hijos. No lo escuchéis,
¿me oís? Si nos matarán como mataron a vuestro padre. Y también le matarán a
él. Es verdad.
Nos matarán a todos.
Porque siempre seremos una amenaza para ellos.
Nunca se fiarán de nosotros.
Y por eso debemos prevenirlos. Para salvar nuestra vida.
No conseguirás convencerlos. Son mis hijos, míos y de Paolo.
Ellos no son como tú. No son como te gustaría que fuesen. ¿Por qué? ¿A ti
cómo te gustaría verlos?
Vivos. Yo los quiero vivos.
Y me gustaría que mi hermano también estuviese vivo.
No tengo nada en tu contra, Rita.
Pero nada me quitará de la cabeza que si Paolo estuviera entre nosotros, con su
familia... Ahora no estaríamos aquí llorándolo.
No le eches la culpa a ella.
Ella lo amaba más que nadie.
Lo sé.
Y por eso no consigo entender cómo ha podido perdonar a sus asesinos, sabiendo
quiénes eran.
¿Qué dices?
Nos has mentido.
Sabías quién mató a nuestro padre y nos has mentido. Lo he hecho por vosotros,
por favor, creedme. Lo he hecho para protegeros. Sí, claro.
Pero a los Chiqui les sobra tu perdón.
¿Crees que con eso los vas a detener?
Eres una gran ingenua. ¿Pero cómo puedes? ¿No ves que están
desconcertados? Tú solo los quieres atormentar.
Lo que les atormenta, Nancy, de no haber respondido todavía a la llamada de la
sangre.
Os espero en mi casa.
Ya es hora de que empecéis a vivir como verdaderos Mancini.
¡Añese!
¡Has cumplido tu promesa!
¡Risa! ¡Qué casa tan bonita!
Sí, muy bonita.
Y mire donde mire veo a Paolo.
Aquí hemos sido muy felices.
Su recuerdo me ayuda a mí y a mis hijos a mirar hacia adelante.
¿Me enseñas el molino?
Sígueme.
Es una pena que Gian Giacomo y Paolo Maria no estén aquí hoy.
Han tenido que ir a Casia.
¿Cómo están?
Se sienten aturdidos y confundidos.
¿Y tú? ¿Tú cómo estás?
He vuelto a ocuparme de mis hierbas medicinales.
Al menos eso me hace sentir útil.
¿Sabes? Siempre te he admirado por el valor que tienes dentro de ti, Rita.
Por tu fuerza.
Yo no soy fuerte, pero debo serlo por mis hijos.
Corro en peligro.
Y yo debo salvarlos, cueste lo que cueste.
Al menos a ellos.
Ven.
Abono y semillas. Cuando teníamos que estar carreando otras cosas.
¿Recuerdas lo que dijo nuestro padre en casa del abuelo?
Que pertenecemos a una familia respetada.
Y que debemos estar orgullosos de ser manchini.
Yo lo estoy.
Y estoy de acuerdo con el tío Bernardo.
Caridad, tenga caridad.
Venga, tengo fruta fresca, fruta del día. Venga, señora.
Nuestro padre muerto y ellos salen por ahí como si nada.
¿Cómo puedes soportarlo? No puedo soportarlo, pero no sé qué hacer.
Yo he tomado una decisión, lo haré yo solo.
No, lo haremos juntos, pero nuestra madre... ¿Qué sabe ella del honor?
Además nos ha mentido, nos ha mentido como si fuéramos pequeños.
Estaba pensando, tendremos que pedir ayuda para los trabajos más duros solos,
no podéis.
Así tendremos más tiempo para estar juntos.
No tengo intención de terminar como molinero. Tu padre era molinero.
Mi padre era caballero.
¿Y tú, Paolo María?
¿Tampoco quieres ser molinero?
Entonces, ¿qué queréis ser?
Queremos ocupar el puesto que nos espera en la familia de nuestro padre.
¿Qué quieres decir?
Que somos mayores para tomar decisiones.
Y hemos decidido que la memoria y el honor de nuestro padre valen mucho más
que las palabras.
A él no le había gustado eso.
Ni siquiera tras el asesinato de su hermano, quiso retomar las armas.
Debéis respetar su elección.
¿Y para qué sirvió su elección?
Lo mataron.
Si lo hacéis, la muerte de vuestro padre habrá sido en vano.
Él cambió porque él quiso.
Y vosotros dos debéis seguir su ejemplo.
¿Qué quieres?
Esta noche mis hijos no han vuelto a casa.
Están aquí contigo, ¿verdad? Han tomado su propia decisión. En adelante vivirán
en esta casa conmigo. Te lo ruego, déjame hablar con ellos.
Márchate y no vuelvas más.
Ninguno de nosotros quiere volver a verte.
Te lo suplico, déjame hablar con ellos. ¡Abre la puerta! Por lo que más quieras,
quiero ver a mis hijos.
La muerte de Paolo está diezmando a nuestros hombres.
Algunos ya se han puesto del bando de los Mancini.
Y eso los ha hecho más fuertes. Mandaré vigilar todo el palacio, si así te
quedas más tranquilo.
No es eso precisamente lo que me tranquilizaría.
No te entiendo.
¿De quién tienes miedo?
Me rindo. Me has asustado.
Ven aquí, espadachín.
¡Benedetta!
Llévatelo. Estamos hablando.
Lorenzo.
Vamos. Tu abuelo y tu padre tienen cosas que hacer. Vamos.
Después jugamos.
¡No! ¡Me lo ha prometido! Venga, vamos.
¡No! ¡Me lo ha prometido!
Sí, es verdad.
Benedetta, déjalo estar.
Ven, ven aquí.
Así que, ¿quieres jugar a la guerra, eh?
Tu espada es mucho más bonita que la mía.
No me preguntes de quién tengo miedo, sino por quién tengo miedo.
¿Qué haces en nuestra casa?
¿Cómo has entrado?
No puedo vivir sin ver a mis hijos. Te lo suplico, intenta entenderme.
visto. Ahora vete.
Tú también eres madre. No harías lo mismo en mi lugar.
Cuando vuelva no quiero verte aquí.
Bien, bien.
Bravo, muchachos. Un combate excelente. Sois ágiles y voluntariosos. Lo hacéis
como vuestro padre.
Pero todavía no tenéis su destreza.
La obtendréis en el primer combate, ya lo veréis. Muy pronto, ¿verdad,
Bernardo? Dejemos que continúen solos, vamos.
Ahora vuelvo. Recógela.
¡Mamá! ¿Qué haces aquí? Qué alegría veros, hijos, y poder abrazaros.
Sé cuánto sufrí sintiendo vuestra rabia.
Pero pensad en vuestra vida y en todas las cosas que podéis hacer.
Ya hemos tomado una decisión y no cambiaremos de opinión.
Marchémonos un tiempo de Casia. Aquí es donde queremos estar.
¿Marcharnos de Casia? ¿Y a dónde nos llevarías?
Donde por fin nos pueda ver sonreír, donde podáis encontrar la alegría de
vivir. Es mejor que te vayas con ella. Ya veo que tienes miedo. No tengo miedo.
Solo pienso que necesitamos tiempo para entenderlo mejor.
Sí. ¡No!
Janja, como te lo ruego, tu hermano tiene razón.
Escúchalo.
Te había dicho que no volvieras a poner un pie en esta casa.
¿Quién se va? ¿Quién se va? ¿De verdad? No hace falta que la echen. No podrás
eliminar el amor que sienten por mí.
¡Márchate!
Mañana por la mañana Guido irá a visitar a un pariente que no está bien de salud.
Irá él solo.
Y yo sé dónde.
Os toca a vosotros.
No debéis olvidar que son los asesinos de vuestro padre.
Yo iré con vosotros.
permitas que mis hijos se manchen con la sangre de un homicidio.
Yo estoy dispuesta a aceptar todo el dolor de este mundo, pero no quiero
que ellos pierdan su alma.
¡A por él!
¡Se va adentro y mátalo!
¡Es una trampa!
¡Sal de aquí!
¡Maldito! ¡No está solo! ¡Muere!
¡Déjalo ya!
Niños, ahora debéis marcharos.
Debéis estar siempre alerta, no lo olvidéis. Guido os mandará a buscar por
todas partes.
Sí, abuelo, estate tranquilo.
Si necesitáis algo, ya sabéis a quién dirigiros. Son buena gente.
Ahora marchaos antes de que sea demasiado tarde. ¿Avisaréis a nuestra
madre? ¿Le diréis dónde estamos? No, iría a buscaros y Guido podría seguirla.
No temáis.
¿Qué quieres?
No te queremos ver aquí. ¿Dónde están mis hijos?
No están aquí.
Preguntas en vano. Dime al menos qué ha pasado.
Están vivos. Con eso te basta.
Y ahora márchate. Dime dónde están. Quiero verlos.
Los verás solo cuando llegue el momento.
Pero para mí el momento es ahora.
Olvídate de tus hijos.
Podrás verlos cuando hayamos quitado de en medio a todos los chiquis. Cuando los
Manchini se conviertan en los amos de Cassia. ¡Los habéis convertido en
asesinos!
Perdimos a uno de los nuestros.
Lo peor es que los dos nietos se han escapado.
Bernardo está herido. Puede que gravemente.
Me da igual si está herido. Teníais que haberlo matado.
Es peligroso que se queden tu hijo y tu mujer.
Tienen que salir mañana disfrazados de campesinos. No debe saberlo nadie.
Ni siquiera tú podrás verlos, Ludovico.
Este es solo el inicio de la guerra contra los Manchini.
Han fingido aceptar la muerte de Paolo.
Pero han atentado contra mi vida y eso es una declaración de guerra.
Responderemos ojo por ojo.
¡Vamos!
¿Dueda?
Acaban de traer a dos heridos más, pero uno se encuentra en un estado muy grave.
Te necesitamos en el hospicio.
¿Alguna noticia?
Pregunto continuamente, pero nadie sabe nada. No sé, quizás no quieren hablar.
No te preocupes. No dejes de pensar que están a salvo. Que están lejos de aquí.
Lejos de todos estos muertos.
Añese, a veces pienso que si les hubiera dado la misma vida que tienen los demás,
quizá no los habría perdido del todo.
Quizá estarían conmigo, pero con las manos ensangrentadas por sus asesinatos.
Vamos.
Me pregunto cuándo terminará todo. Como si no tuviéramos bastante con la peste.
Nunca habíamos visto tanto odio.
Terminarán destruyendo la ciudad.
¿Y qué?
Pero la muerte de Pablo no tiene nada que ver si ha convertido en un pretexto.
Sígueme.
Pero si todavía es un niño.
Lo dejo en tus manos.
Tiene una herida muy fea en el estómago.
Jesús, te lo ruego. Diego, no lo dejes morir.
Es tan pequeño, incluso más pequeño que mis hijos.
Rita siempre nos ha ayudado. Es muy buena curando enfermos.
Sí, lo sé, madre.
Pero por el bien de todos, creo que habrá que ser prudente con ella.
Rita es viuda de un hombre que ha sido asesinado.
Y eso significa que el monasterio podría haberse implicado en medio de la
venganza si seguís permitiéndole que venga aquí.
Lo siento, padre.
Pero Rita necesita nuestro apoyo ahora más que nunca.
Y además, los heridos de esta descabellada guerra necesitan su ayuda.
Entiendo.
Pasa.
Baja la capucha.
A ver ese cuello.
Déjame ver el cuello.
¿Y el tuyo?
Venga.
¿Has visto a los hijos de Paolo Mancini, Gian Giacomo y Paolo Maria?
No, acabo de llegar de Cerreto. No los he visto.
Yo tampoco los he visto.
Se llaman Gian Giacomo y Paolo.
No he visto a ningún niño con ese nombre. Lo lamento.
No importa.
He hecho de menos a Rita, madre.
Pero todavía no he conseguido perdonarla.
Rita no tiene ninguna culpa que haya que perdonar.
Ya sé que me equivoco.
Que debería reconciliarme con ella.
Pero no consigo dar el primer paso.
Piénsalo bien, Caterina.
¿No será tu orgullo?
Estás razonando como el resto de tu familia.
Tu dolor es tan grande que en este momento solo te ves a ti misma.
Y te olvidas de que has consagrado tu vida a Dios.
Sí, ya estoy mejor. Muy bien, te la has terminado toda.
Rita. Dime, ¿ha pasado algo?
Un mercader ha estado aquí esta noche. Dice haber visto a tus hijos.
¿Dónde? Por el amor de Dios, dime dónde están.
En un lazareto, a dos días de viaje de aquí.
Dios mío, la peste.
¿Quién te lo ha dicho? Mi hermana, esa alma cándida.
No has acatado las órdenes, Ducho.
Te pedí que no la perdieras de vista.
Salió a lomos de una mula, pero creía que iba a ver a uno de sus enfermos.
Lo siento, Bernardo.
Ahora existe el riesgo de que la sigan los hombres de Chiqui.
Intentaré detenerla. ¿Y ahora quién piensas poder detener?
Te lo advierto, Ducho. Si les pasa algo a mis sobrinos, esta vez la pagarás
cara.
¿Qué haces aquí?
¿No ves que estamos hablando?
Quiero saber qué intenciones tenéis.
Es el momento de aspirar a lo más alto y terminar de una vez por todas.
Si piensas en Guido, te aconsejo que tengas mucho cuidado. Sé que ha
aumentado su escolta y ha transformado su palacio en una especie de fortaleza.
He oído lo que decía la gente en el mercado.
Una sirvienta decía que los chiqui han sacado a la mujer de Ludovico.
A ella y a su hijo.
¿Y nos lo dices ahora?
¿Estás segura? Sí.
Al parecer hace ya varios días.
Ducho, ¿tú sabías algo de eso? No. Bien.
Quiere a su nieto, ¿no?
Por eso lo habrán llevado a un lugar seguro.
Y nosotros debemos descubrirlo lo antes posible.
Toda fortaleza tiene un punto débil.
¿Qué puedo hacer por ti?
Aquí no se puede entrar.
Hermana, estoy buscando a mis hijos. Se llaman Yanja como hoy Paolo o María. Son
gemelos. Me han dicho que los han traído aquí.
¿Tienen la peste?
No. Gracias al cielo la peste todavía no ha llegado aquí.
Pero están muy graves.
Hermana. Venga, se lo ruego.
Ayúdame. Me duele mucho.
Tengo hambre.
Me da un trozo de pan, por favor.
Te lo suplico. Dame algo. Estoy muy enferma. Ayúdame.
Has venido.
No hagas esfuerzos, hijo mío. Ahora estoy aquí para curaros.
¿Pensabais que no iba a venir?
Ya me conocéis.
¿Y tú, mi amor?
¿Qué te pasa? ¿Por qué no me dices nada?
Te voy a preparar un bálsamo para esa tosta fea.
Gracias por no habernos abandonado.
Dormíamos al aire libre.
Llovía y hacía mucho frío.
Una noche ella ya como empezó a delirar.
Una mujer que pasaba por allí dijo que tenía mucha fiebre.
Y lo trajeron aquí.
Y después tú también caíste enfermo.
Ya sabes que yo voy siempre un paso por detrás de él. Lo sé.
Ya lo sé.
Mamá, sí, me he arrepentido de haber querido matar
a un hombre.
Te pido, te pido perdón.
Mamá, ¿para qué?
Gracias por el amor que nos habéis dado.
Me gustaría quedarme más tiempo contigo.
Pero ya sabes que yo no sé estar sin mi hermano.
No llores.
Tú nos has enseñado que no hay que estar tristes.
Estaremos cerca de ti.
Rita.
No he sabido protegerlos, madre. Como me había pedido Paolo.
Se lo había prometido antes de que muriera.
Es como si los hubiera matado por segunda vez.
No, Rita.
Yo misma merezco morir.
Porque el Señor no me ha llevado a mí.
¿Por qué me ha permitido destruir lo más hermoso que tenía?
Las personas que más he amado del mundo.
Nadie te puede consolar.
Pero tu dolor no debe cegar tu fe.
El Señor ha acogido a tus seres queridos.
Esto ha sido posible solo porque tú les has indicado el camino hacia el paraíso.
Ahora solo siento dolor.
Dolor y desconcierto.
Aunque te parezca imposible, Dios te ama, Rita.
Tienes que creerlo.
No quiero volver a salir ahí fuera.
Tengo miedo.
Se lo suplico, deje que me quede con usted.
Quiero... tomar los votos.
No, Rita.
De esa forma, no.
No me quiere aquí.
También me quiere abandonar.
No, Rita.
Mira.
¿Ves aquella vid?
¿Te acuerdas de ella?
De lo frondosa que era.
Y mírala ahora. Es un trozo de madera seco. Nunca más volverá a dar frutos.
Ni hojas.
La desesperación no da frutos.
Yo no puedo aceptarte en el monasterio.
Si no tienes una verdadera vocación.
Ahora lo único que quieres es huir de la vida.
De esa forma tú también te secarías.
Como esa vez.
Señor, ¿qué más quieres de mí?
¿Por qué me abandonas ahora?
Te lo suplico, dime por qué me has dado la espalda.
Mis hijos eran inocentes.
¿Por qué?
¿Dónde estaba el Señor?
La noticia del pequeño de los chiquis.
Vámonos de aquí.
No quiero que esa me vea.
¡Muércate, bruja!
¡Admirad esta miel! ¡Miel de calidad!
¡Vamos, a un precio magnífico!
Toma. Gracias.
Eres rica, ¿verdad?
Si mi marido se entera de que te estoy pidiendo ayuda, me mataría.
Nuestro hijo está enfermo.
Dicen que se te va muy bien curar a los heridos.
Te equivocas.
No puedo hacer nada por ti.
Te lo ruego.
Vivimos allí, en aquella casa al final de la calle.
Qué desmejorada te veo.
¿Qué te ha pasado?
Te he buscado por todas partes.
¿Pero dónde vives ahora?
¿Dónde puedo?
Ven conmigo, no puedes vivir así. ¿Qué quieres de mí? ¡Aléjate de mí!
¿Acaso no sabes que yo destrozo la vida a todos aquellos que me aprecian?
Gracias por su visita, Padre Coxoli. Gracias por vuestra hospitalidad. Vuelva
pronto, le esperamos. Y rece por nuestro monasterio. Y recemos todos también por
nuestra pobre ciudad.
Necesita todas nuestras oraciones.
Adiós, Padre.
¡Madre!
Añesi, ¿qué sucede?
He visto a Rita y la he seguido. Está irreconocible.
Está mendigando por las calles.
Es cierto, yo también lo he oído.
Incluso hay gente que dice que es una bruja.
Pero eso ya son necedades.
Márchate, márchate, Añese.
En este momento Rita está atravesando su noche.
Está sufriendo.
Me ha preguntado si podía tomar los votos, pero yo le he dicho que no.
Y ha hecho bien, madre.
La presencia de Rita en el monasterio podría poner en peligro su vida y la de
todas las demás hermanas.
Pero no le he negado que tomara los votos por eso, padre.
Lo he hecho para darle la posibilidad de poner a prueba su vocación.
Y espero no haberme equivocado.
No tengo nada contra Rita, pero no deja de ser una manchini. Como ya le he
comentado en otra ocasión, si Rita entrara en el monasterio, esta
sangrienta lucha podría incluso traspasar estos sagrados muros.
Madre. Entiendo que para usted sea un gran disgusto, pero mi responsabilidad
como prior de la ciudad de Cassia, muy a mi pesar me impone excluir la
posibilidad de que Rita se pueda convertir en monja, al menos hasta que
termine esta guerra.
Rita.
Madre.
¿Cómo me ha encontrado?
Te he buscado.
Quiero ayudarte. Y quiero decirte que no estás sola.
Sí que lo estoy.
Dios me ha abandonado para siempre.
No, Rita.
Eres tú quien se ha alejado de él.
Pero todavía puedes encontrarlo si quieres.
El Señor nunca te ha abandonado, siempre está contigo, en esa parte que todavía
es capaz de amar, a pesar de tu desdicha.
Yo no sé qué es el amor, no lo sé.
Intenta pensar en Jesús, en lo que Él sufrió.
Él también se sintió solo y abandonado por todos.
Ahora te encuentras tú a los pies de la cruz.
Y tienes que hacer como Él.
No puedes, cerraste al amor.
Ya no sirvo para nada.
Mi vida ya no tiene sentido.
Solo espero la muerte como una liberación.
Vuelve al amor, Rita.
Y sentirás de nuevo la voz del Señor.
Jesús nos dijo.
Me manifestaré.
A los que me amen.
Se lo ruego, déjeme entrar en el monasterio.
O déjeme sola.
Rezaré por ti, Rita.
Y volveré pronto.
En cuanto pueda.
Esta es la oración que dice tu padre todos los días antes de la cena.
Trae buena fortuna.
Tendrás que ser muy fuerte, pero estoy segura de que lo conseguirás.
Cóselo en tu vestido de boda, mi niña.
Dichosos los que trabajan por la paz porque ellos serán llamados hijos de
Dios.
lo que quieres de mí.
Tendré fuerzas para hacerlo, Señor.
No es lo débil que soy.
Tomaso todavía tiene la fiebre muy alta. Con lo que le he dado se le debería
bajar. Tengo miedo por su pierna. No la perderá, ¿verdad?
No lo sé.
Al menos la herida ya está limpia.
Ya ha dejado de perder sangre.
Tu hijo es joven y fuerte.
¿Qué haces tú aquí?
Le he pedido yo que viniera.
Enfádate conmigo si quieres, pero Tomaso ya está mucho mejor.
¿Crees que vivirá?
Esperemos que sí.
Vendré todos los días para curarle.
No le diré a Bernardo que te he visto.
Cada vez está más violento.
Solo piensa en la guerra.
Se ha vuelto completamente loco.
Ni siquiera la muerte de su padre lo ha hecho despertar.
Ferdinando, ¿pero cuándo ha muerto?
Hace unos días.
Lo siento mucho.
No esperes que vuelva. Esta noche llegaré muy tarde, Rosa.
No podemos vivir así.
No tenemos un momento de paz. Todos los días igual, vivimos continuamente en el
miedo. No dejes que se aleje de ti. Es joven para ese tipo de vida.
Eso no me corresponde a mí decidirlo.
Ducho siempre se lo lleva con él.
Mira el resultado.
Pero ¿por qué no dejan de luchar?
Alguien, el magistrado, el papa, debería obligarlos a dejar de matar de una vez
por todas.
Pero no sería una paz verdadera.
Para obtenerla debemos esforzarnos día tras día.
Debemos amar y respetar a nuestros maridos, a nuestros hijos y al prójimo.
Sí, pero hay demasiados hombres sedientos de sangre y de poder.
¿También hay que amarlos a ellos? Claro, y sobre todo perdonarlos, haciéndolos
partícipes de nuestro amor.
Porque la violencia no vale la pena.
Somos nosotros quienes debemos construir la paz, Rosa.
Día tras día.
Esa es la mirada de la Rita que conozco. Es el regalo más hermoso que me podías
hacer.
Madre, he echado de menos este lugar. Es como mi casa.
La situación no ha cambiado en absoluto.
No me han permitido que te acoge entre nosotras.
Me gustaría mucho tomar los votos y entrar en el monasterio.
Pero ahora he entendido lo que quiere de mí el Señor.
Quiero intentar devolver la paz a Cassia.
Es una tarea muy difícil.
Casi imposible. No, si confiamos en los hombres. Todos nosotros tenemos la
posibilidad de cambiar.
Usted fue quien me hizo seguir el ejemplo de San Agustín.
Madre, me gustaría hablar con Caterina, si es posible.
Te he echado de pedos.
Y yo también a ti.
El dolor también me ha cegado a mí.
Me he enterado de la muerte de tu padre.
Estaba cansado y enfermo.
Demasiados lutos en la familia.
Me gustaría tanto que los Mancini y los Chiqui alcanzaran la paz.
Si al menos las dos familias más importantes de Cassia entendieran que
los conflictos no se resuelven con la espada.
Que sembrando el odio no cosecharán más que odio.
Que siempre hay que responder con el amor.
Y que para conseguirlo es posible que haya que dar un paso atrás si se quiere
llegar a un acuerdo.
¿Y crees que tú podrás hacerse lo ver?
Sería tiempo perdido con Bernardo. Ahora él solo piensa en destruir a los Chiqui.
Porque está solo.
Sin afecto. Sin amor.
El amor. El amor es el último que piensa. Porque no sabe lo que es, no lo
conoce.
Quiero hablar con él.
Es mejor que hable primero yo con él.
¿Y en cuanto a los chiqui?
Encontraré la manera de hablar con ellos.
Entonces, hasta mañana.
Hasta mañana.
Adiós.
Angelusa. Rita, te lo ruego, márchate. Angelusa, debemos hacer algo.
Esta guerra debe terminar.
Piensa en tu hijo, piensa en tu nieto.
Estoy segura de que me entiendes. Sin embargo, no puedo hacer nada.
Solo puedo rezar. Rezar es indispensable.
Pero debemos hacer algo más para llegar a la paz verdadera. Son hombres que han
nacido para luchar. ¿Cómo cambiar los principios en los que han basado toda su
vida? Necesitaríamos un milagro. Nadie nace para matar.
Pero si nadie se opone a la venganza, terminaremos muriendo todos.
Te lo ruego, Angelusa.
Ayúdame. Necesito hablar con tu marido. No creo que acepte. Lo lamento.
¡Márchate! ¡Fuera!
Dile que se vaya, madre. No debe quedarse un minuto más en esta casa.
Tiene la peste, mírala. Es un monstruo, me repugna.
¿Qué quieres, que la mande al lazarieto para que vengan a buscarnos?
Entonces busca una solución, pero hazla desaparecer.
Ya me voy, ya me voy.
No le diré a nadie que he estado aquí.
Aunque no se lo diga a nadie, todos saben que trabajaba para nosotros.
Ya daré órdenes a uno de mis hombres.
¡Bernardo! Ahora intenta calmarte. Escúchame. Intenta calmarte. No tienes
nada. Estás muy bien. No tienes nada.
Quédate aquí. Controla que lo quemes todo.
Le he dicho a la sirvienta que se marchara.
Ya no volverá por aquí y seguiremos sanos.
Pero si se lo cuentas a alguien... No, estate tranquilo.
Es más, tengo una buena noticia. Sé dónde esconde Ludovico a su mujer y a su
hijo.
He tenido que pelearme con tus hombres. No me querían dejar entrar.
¿Has venido a ver a nuestra madre?
No.
He venido a hablar contigo.
Tú dirás.
Te has echado a perder, Bernardo.
Vives aquí encerrado.
No das un paso sin tu escolta. La casa está llena de hombres armados.
¿Qué vices es esta?
Ve al grano.
¿Por qué no pones fin a esta guerra?
Quizá Guido Chiqui tampoco la soporte más.
Podrías hacer las paces, llegar a un acuerdo.
¿Te has oído?
¿Y has venido hasta aquí para decirme eso?
Esta mañana te has despertado y has pensado que Guido y yo deberíamos hacer
las paces.
Razona, Bernardo.
Todavía eres joven.
Podrías volver a casarte y formar otra familia, aún no es tarde para ti.
Solo tengo un proyecto en mente.
Y con lo que me acaban de decir estoy a punto de realizarlo.
Finalmente Guido entenderá que se siente al ver morir a todos los miembros de su
familia. No se salvará ni uno.
Pobre Bernardo.
¿Acaso ha quedado algo de ti?
¿Por qué?
¿De ti ha quedado algo?
Pero ¿cuándo conseguiremos eliminar al último Mancini?
Entonces podremos poner fin a esto y podré volver a ver a mi nieto.
Yo, sin embargo, me pregunto cuándo llegará el momento en el que dejes de
hablar de cómo matar a los enemigos o a los amigos que se han convertido en
enemigos. ¿Desde cuándo metes las narices en mis asuntos, eh? Ya no puedo
vivir rodeada de este miedo. Estoy cansada. Y tú también, si al menos lo
admitieras.
Ven a dormir.
Y dejarás de decir necesidades.
Es totalmente inútil, Rita. Totalmente inútil.
Bernardo solo tiene una cosa en mente, eliminar a los chiquis.
Está tramando algo, estoy segura.
Tengo la impresión de que actuará pronto, muy pronto.
Tengo que pararlo.
Ten cuidado, Rita.
Si le echas por tierra a su clan, Bernardo no te lo perdonaría nunca.
Es más, incluso te mataría.
No me importa, yo no soy nadie.
Eso no es lo que me preocupa.
Ahora sería un estorbo si no fuera por ti.
Estoy tan feliz.
Y yo muy orgullosa.
La fuerza que tienes ha hecho que te cures muy pronto.
¿Cómo puedo agradecértelo?
No hay nada que pueda recompensar todo lo que has hecho por mí.
Hay algo que puedes hacer.
Ya eres un hombre. Y gracias a tu padre sabes muchas cosas que yo no sé.
Déjame entrar. Tengo que hablar con Guido.
No está.
Entonces con Ludovico, con su madre, tengo que advertirles de algo muy
importante. Tenemos órdenes de no dejar entrar a nadie. Es una cuestión de vida
o muerte, os lo ruego, dejadme entrar. ¿Qué pasa?
¿A qué viene ese alboroto?
Rita, ¿qué pasa? ¿Qué haces aquí?
Dejadla pasar.
Angelusa, tienes que avisar a Ludovico.
La próxima vez que salga a ver a su hijo, los seguirán y los matarán a los
dos. Dios mío, acaba de salir ahora mismo. ¿Dónde puede estar? En las
puertas de la ciudad. Se irá con un carro disfrazado de campesino.
Quítate la capucha.
El cuello.
Camina. Ludovico.
Ludovico.
Ludovico.
Ludovico.
Ludovico.
¿Qué haces tú aquí?
¿Qué quieres de mí?
No vayas a ver a tu hijo. Huye, te lo ruego. Es una trampa.
Rita. ¡Márchate! ¡Huye!
¡Me han decidido matarlo!
Estás a salvo, hijo mío. Gracias al cielo. Tu padre te ha buscado por todas
partes. Estaba fuera de sí, desesperado.
¡Rudovico!
¿Qué es lo que ha pasado? Los hombres de Bernardo me han tendido una emboscada.
Rita me avisó a tiempo.
¿Rita? Sí, pero desconozco si ella se ha salvado.
Esperemos que sí.
Maldita la hora.
Ojalá estuviera muerta.
¡Eres un idiota!
Dejar que se escapara así.
No podremos volver a atraparlo.
Sí.
He venido para darte las gracias.
¿Quieres entrar un momento?
¿Por qué lo has hecho?
Para salvarle la vida.
Eso es porque hay cosas que no sabes.
Si no, no habría sido tan generosa.
No, lo sé todo.
Sé que aquella noche fue Ludovico quien mató a Paolo.
Y a pesar de todo lo ha salvado.
Entonces tu perdón era verdadero.
No.
En el funeral los perdoné a todos solo porque quería proteger a mis hijos.
Pero ahora he entendido que el verdadero perdón nunca pide nada a cambio.
Pero hoy has arriesgado tu vida a cambio de la vida de mi hijo y la de mi nieto,
que es la más preciada para mí.
Nunca había conocido a nadie tan generoso como tú.
Amar cada día es saber perdonar a quien odiamos. Y ese es el significado de la
paz que deseo por encima de todo.
¿Pero quién o qué te da esa fuerza?
La fe en Dios y la confianza en los hombres.
¿Puedo hacer algo por ti?
Hay dos tipos de paz, Guido.
La paz de los hombres y la paz que nos da el Señor.
La impuesta por las armas y la que nace del corazón.
La primera es muy frágil porque está basada en el miedo.
Y la segunda es verdadera porque está basada en el amor.
Intenta dar el primer paso con Bernardo y ponle fin a esta guerra.
No lo aceptará nunca.
No pienses tan rápido en las dificultades. Antes debes encontrar el
deseo dentro de ti mismo.
Verás que entonces Bernardo te seguirá.
El lazarito está lleno de enfermos. Si llegan más, tendremos que meterlos en el
hospicio. Como sigamos así, van a tener que cerrar las puertas de casa.
Lleváis sentada toda la mañana. No se ha movido.
Sí, lo sé.
Viene todos los días y se sienta ahí con la mirada perdida.
Tienes razón, hermana.
Muy bien.
Sabed que dos familias más acaban de ponerse de nuestro lado.
¿Qué le pasará? Puede que no se sienta bien. Parece un poco pálido.
¿Qué te pasa?
No es nada.
Simplemente he comido demasiado.
Entonces, como iba diciendo,
tenemos que descubrir lo antes posible los movimientos de los chiquis.
Después debemos matar a Ludovico.
Le cuido.
Ahora somos más fuertes. Podemos aplastarnos.
¡Madre! ¡Madre!
¿Qué sucede? ¿Por qué gritas de esta forma?
¿Qué ha pasado?
Bernardo tiene la peste.
Lo han dejado solo.
Y ha pedido que se lleven a mi madre.
Incluso los sirvientes lo han dejado solo por miedo a contagiarse.
Me gustaría poder hacer por Bernardo lo que tú has hecho por Pablo.
Darle al menos el consuelo de morir en la gracia del Señor.
¿No has visto la cruz?
¿Estás loca? ¿Te vas a contagiar?
Bernardo Mancini se está muriendo. Todo el mundo lo sabe.
¿Quién eres?
¿Qué quieres?
Ni siquiera la peste puede detenerte.
¿Quieres asegurarte de que me muero?
He venido para estar cerca de ti. ¿Te has vuelto loca?
¿No sabes lo que es la peste?
Sé lo que es el sufrimiento, la soledad y la desesperación.
También sé que la misericordia de Dios es infinita.
Siempre hay un momento para volver a empezar.
Un momento para curar todas las heridas y todas las enfermedades.
Rita.
No, no te muevas.
Te ha bajado la fiebre.
¿Cómo te sientes?
Ya... Me siento mejor.
Tranquilo, no te vas a morir.
Imposible. Creía que ya estaba en el infierno.
Es un milagro.
Solo el Señor puede hacer milagros.
Estoy curado.
Ojalá pudieses también curar tu alma.
Todavía no me lo puedo creer.
Tampoco hay que creer en el odio, porque no forma parte de la voluntad de Dios.
Te prepararé algo caliente.
Necesitas comer.
Perdóname.
Tenía miedo de morir.
Es más, ya estaba muerto.
Llevaba muerto toda la vida.
Gracias a ti ahora puedo volver a vivir.
Dicen que Bernardo se ha curado.
No teníamos que haber tenido escrúpulos.
Deberíamos haberlo matado cuando estaba enfermo e indefenso.
Está deservado.
¿Has venido aquí para morir?
Estoy aquí para ofrecerte la paz.
De una vez por todas.
¿Y qué quieres a cambio?
El perdón por todo el mal que nos hemos hecho recíprocamente.
Yo también te pido perdón.
Si son esas vuestras intenciones y vuestros propósitos, es aquí, delante de
Dios, donde debéis reconciliaros, ante Dios y ante los testigos de las familias
Chiqui y Mancini, y de los notarios.
Hoy finalmente se ha producido un momento importante para la vida de
Casia.
Que esta paz quede protegida y mantenida como el don más preciado de Dios y como
señal de su voluntad.
Te doy las gracias, Señor, por haber escuchado mi voz.
La casa se ha quedado muy vacía. ¿Por qué no vuelves con nosotros?
Gracias, Teresa.
Pero en mi corazón hay otro deseo.
Estaba completamente perdida sin el amor de mi marido y el amor de mis hijos.
Y tú me has enseñado el camino, la vía del perdón.
Ahora quiero unirme a ti, Señor, y estar más cerca de ti.
Probablemente pido demasiado, pero siento que sólo puedo vivir.
Que sólo sé vivir por todo.
¿Qué pasa?
¿Por qué suenan las campanas? No lo sé.
Veamos qué está pasando.
¿Quién te ha dejado entrar?
Nadie.
Yo soy la única que tiene, lo sabes.
Y yo no he sido.
Me quedé dormida en el río.
Y ahora estoy aquí.
No puede ser.
Madre, dígame que no estoy soñando.
Yo, Rita, hija de Antonio y viuda de Paolo, quiero ofrecer mi persona
a Dios Omnipotente, a San Agustín y a la Venerable Madre Superiora de este
monasterio de Casia.
Deseo vivir aquí y someterme a la regla de la obediencia, de la mesura y de la
pobreza.
las gracias por el amor que me has hecho sentir.
Y perdóname si no he reconocido tu rostro bañado en sangre cuando bajaba
desesperada.
Jesús, me gustaría mucho poder aliviar tu dolor, tus heridas.
Pero ya no me basta con curar, con curar los cuerpos de los pobres que sufren y
de los enfermos.
Ahora estoy preparada, estoy preparada para subir contigo a la cruz, para que
la paz reine en los corazones de las familias, en tu iglesia y en todo. Todo
el mundo.
Es un estigma. Sí.
Es un milagro.
Dejadme pasar, perdonad.
Te duele.
Ahora necesita reposo.
Me alegro de que hayáis venido a verme.
No, venir aquí.
Mi niña tenía muchas ganas de venir, pero estaba ocupada haciendo bizcochos.
No sé cuántos habrá hecho ya, ¿verdad?
Sí, el domingo se celebra el aniversario de la paz entre las familias. Yo también
iré. Es mejor que te quedes en la cama. Después te contaremos nosotras la
fiesta.
Ahora tengo que irme.
¿Necesitas algo?
Me gustaría que me trajerais una rosa y un par de higos.
Pero Rita, es invierno, ¿no lo sabes?
Está nevando y hace frío. Nos estás pidiendo lo imposible.
Si tenéis fe en el Señor, no hay nada imposible.
Rita murió en 1447, fue beatificada por Urbano VIII en 1628 en Roma y
santificada por León XIII en 1900 en la Basílica de San Pedro.
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