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¡Narciso, querido muchacho!
¿Se han quejado de mi soberbia,
reverendo padre?
Podría ser. Os pido que me castiguéis.
¡Ay, Narciso! Tu conducta es ejemplar.
¡A veces quisiera que fueras un poco travieso!
Sin embargo, ¿sabes qué?
A muchos les resulta inquietante que uno sea demasiado juicioso.
No es nada.
Me he caído.
Te veo a menudo solo y desamparado, joven hermano mío.
Me preocupas.
Solo estando aislado puedo aprender y estar cerca de Dios.
Quisiera ser monje o sacerdote.
Para eso tienes que conocer a las personas.
Observo.
¿Y qué observas en mí?
Que...
Que quizá preferiríais apacentar cabras en una ermita.
¿Llevar una vida sencilla y humilde en lugar de regir un gran convento?
¿Es así?
Venerable padre, venid, rápido.
¡Esa condenada puta!
Bastardo.
Eres como tu madre. ¡No me mires así, maldita sea!
El chico será clérigo.
Os pagaré si lo tomáis a vuestro cargo.
Que no sea impedimento.
Si esta joven alma desea seguir a san Benito en el camino...
Quiero que expíe...
la deshonra que nos ha traído su madre.
No puedo ni mirarlo.
Tomad el oro y haced con él lo que queráis.
Ha salido a ella.
A esa sucia y desertora...
¿Goldmundo?
¡Ven!
Dile a este cura...
¡que tu madre era una puta!
¡Que digas que tu madre era una puta!
¡Narciso! ¡Encárgate de él!
-Es que tengo que... -Así lo quiero.
¡Dejadme en paz! ¡Soltadme! ¡Que me soltéis!
Los rezos comunes son: a las dos de la mañana, maitines con Te Deum,
los laudes al amanecer.
Prima a las seis, luego clases. Tercia a las nueves con himno y salmos.
-Sexta a las doce. -¿Y si te quedas dormido?
-¿Te has quedado dormido alguna vez? -No, claro que no. Nunca.
Nona a las tres en la iglesia, con himno y salmos.
-Completas al ponerse el sol. -¿Cuánto se tarda en hacerse monje?
-Si tras años de... -Tiene que ser enseguida.
Para rezar por mi madre, porque Dios la odia.
No.
Dios nos ama a todos.
¿A mi madre también?
Completas al ponerse el sol. Luego a la cama...
Oye, ¿cómo te llamas?
-Me llamo Narciso. -Yo Goldmundo.
Dile al cura que tu madre era una puta...
Goldmundo...
Goldmundo...
Ya está. Esto va bien para la fiebre.
Ahora le daremos otra infusión de retamilla y genciana.
Así mejorará.
¿Te quedas a cuidar de tu amigo?
-No es mi amigo. -Venga, déjalo ya.
-Ocúpate de él. -En realidad... no lo sé.
Madre...
Oye, Narciso, ¿tienes un mejor amigo?
¿Aquí en el convento?
Todo nuestro amor debe pertenecer a Dios.
Podríamos ser amigos los tres.
Tú, yo y Dios.
¿Quieres que te dé otra, mierdecilla? Venga, ¿quieres otra?
¡Parad!
-Repítemelo... -¡Largaos!
¿Estás loco?
¡Ese sucio canalla ha pegado a Narciso!
¡Ni te atrevas!
Cum... que...
pipis...
Cumque coepissent homines multiplicari super terram.
Cumque coepissent homines multiplicari...
Si no hablas latín, no entiendes la palabra de Dios y eres un burro.
Y al burro le damos con la vara.
No, por favor.
Venerable padre, creo que el abad Daniel os llama.
¿Qué? No lo he oído.
Parece que necesita vuestra ayuda,
vuestra sapiencia, profundidad y claridad: sapientia, profunditas, claritas.
Bueno, pues.
Narciso, continúa con la lectura.
Videntes filii Deifilias eorum quod essent por...
¡Oye, Narciso!
-¿Qué? -¿Me acompañas?
Te enseñaré mi lugar secreto.
Esto no se puede hacer. Nos descubrirán y nos llevaremos una reprimenda.
¿Y qué? Ven.
Sabía que esto estaba mal.
¡Hala! Eres más valiente de lo que creía.
¿No querrías volver a vivir fuera a veces?
Es que...
Es que aquí puedo reflexionar mejor.
Quizá me quede aquí para siempre.
¿En serio?
Pues yo también me quedo.
¿Goldmundo?
¡Goldmundo!
Bueno...
Considerent in honorem Dei sibi servire.
¿Goldmundo?
¡Es facilísimo!
Es un ACI: "accusativus cum infinitivo".
Sí, ya. Acusativo con individuo.
¡No, "infinitivo"!
¡No! ¡No!
¡No!
¡No!
Tiene unos bonitos pechos.
¿Estás loco? ¡Es la Santa Madre de Dios!
¿Y qué? ¿Dios no le...?
¿Dios no le daría pechos bonitos para que su hijo Jesús bebiera de ellos?
¿Qué?
Lo digo en serio.
Me tomas por idiota, ¿no?
¡No!
Pero con esas ideas no te harás erudito.
Alégrate, Goldmundo.
Tendrás una vida mucho más hermosa, porque sientes con más intensidad.
-Gran felicidad. Gran dolor. -¡Narciso!
Hermano...
Largo, idiota.
¿Goldmundo, vienes?
Tenemos un plan, Goldmundín.
Esta noche, después de las completas,
cuando todos duerman, una sorpresita.
-¡Mujeres! -¿Te apuntas?
Sí.
Me apunto.
-Se lo diré a Narciso. -¿Narciso y mujeres?
No te lo crees ni tú.
¿También vais a cagar juntos, vosotros dos?
¡Ah! Y tráete algo para dibujar.
Él solo dibuja.
Solo dibujo.
¡Mirad, mozos!
Esto no os lo enseñan los curas allá arriba, ¿verdad?
Oye, ¿volverás?
¿Qué? ¿No has dibujado nada?
Lo tengo en la cabeza. Lo dibujaré luego.
Ya te he dicho que es demasiado tonto.
¡Mañana! Os lo prometo.
¿Lo tienes?
Goldmundo es como un pájaro enjaulado.
Querría ser monje, pero su talento está en otra parte.
-Tiene que salir al mundo. -Aún es joven y...
Narciso, sabes que no será feliz aquí con nosotros.
Además, hay habladurías. Hablan mal de vosotros.
Goldmundo es un muchacho guapo y tú y él...
Venerable padre...
Os...
-Os juro por la Virgen María... -¿Y de pensamiento?
Narciso, a ti te escucha.
Solo tú puedes ayudarle a encontrar su camino.
Por su bien y por el tuyo, tienes que hacer que se marche.
Reverendísimo abad...
Es que... Es que no puedo...
-No... -Sí.
El amor...
también exige sacrificios.
Pero...
Esto...
no tiene alma,
no tiene verdad.
No es digno de ti.
No veo ni el milagro del nacimiento,
ni deseo ni amor.
¿Qué sabrás tú del deseo y el amor?
No te compete a ti valorarlo.
¡Lo que hayas visto allá fuera no encaja con este sitio!
-¡Pues quizá yo tampoco! -¡Sí, quizá ya no encajas aquí!
A ver... ¿Cómo te llamas?
¿Un trago de vino?
Goldmundo.
-No, gracias. -¿Los curas te lo han prohibido?
No te pareces en nada a un monje.
Pareces un hombre de verdad.
¡Ah, una vida larga llena de amor!
Y aquí...
un secreto.
Un secreto oscuro.
Mi madre.
¡Cuéntame más!
Buscas a la mujer,
a la madre, al seno eterno.
¿Encontraré a la madre?
Encontrarás mucho más, hermoso mío.
¿Estás seguro?
¿Estás seguro?
Es una decisión para toda la vida, Narciso.
Uno no se hace monje por la pena
ni para huir de algo.
¿Aceptas toda una vida de pobreza, obediencia y castidad?
Ese es mi destino.
Siempre lo ha sido.
Hermoso mío...
Ahora te enseñaré
dónde se halla de verdad el reino de los cielos.
Quisiera estar en la celda de penitencia hasta los votos para que no me desvíe...
lo mundano.
Lo mundano, dice. Lo mundano se llama Goldmundo.
Muérdete la lengua, Lotario.
¿Has tenido bastante, Goldmundito?
¿Elisa?
¿Puedo quedarme contigo?
-Puedo trabajar duro y... -Eres un muchacho encantador.
Te quiero.
-Podemos estar juntos. Cuidaré de ti. -¡No!
Necesito muchas cosas.
Pero un hombre, no.
El amuleto... Lo conozco.
Mi madre...
-¿De dónde lo has sacado? -¿Te gusta?
Me lo regaló una mujer, en Fürstenberg,
cuando le predije el futuro.
Mi madre.
¡Goldmundo!
¡Narciso! ¿Qué haces?
Ha llegado mi hora.
No puedes... Tengo que hablar contigo.
Creo que ya sé dónde está mi madre.
Pues tienes que irte ya.
¿Es que no quieres que me quede?
¿Contigo?
Que te vaya bien.
No...
Vete.
¡No!
No.
Estimado abad.
Qué honor.
Disculpad la molestia, Vuestra Alteza.
Un intruso.
¡Sin calzones y sin cerebro!
¿Dónde lo habéis cazado?
En el ala oeste.
En el vestidor de...
vuestra esposa.
¿Con mi esposa, la princesa?
Vamos. Ya no podemos hacer nada.
Nada en absoluto.
No está permitido.
Pero si vos lo ordenáis...
Solo unos minutos para el santo sacramento de la confesión.
El Todopoderoso os lo agradecerá.
Deprisa.
Con esto nadie se atreverá a pararte.
Y ahora, túmbame de un golpe.
¿Estás loco?
Tiene que parecer creíble.
No puedo hacerlo.
Acampemos aquí.
¡Goldmundo!
¡Anselmo, Benjamín, deprisa!
Les dimos una lección, ¿no?
¡Benjamín, trae una manta, rápido!
Te llevaremos de vuelta al convento.
El convento.
He pensado tanto en vosotros...
¿Qué ha pasado?
Más de lo que cabe en una vida.
¡Goldmundo! ¡Goldmundo! ¡Espérame!
¡Lectura!
¡Escritura!
Alemán y latín.
Lectura, medio crucero, escritura, tres cruceros.
Puedes recuperar el impuesto de guerra de tu señor.
Solicítalo por escrito hasta Todos los Santos.
¿Solicitar por escrito?
¡Tú me quieres sacar el dinero!
Al menos me darás el medio crucero por la lectura.
¡A los estafadores no les doy nada! ¡Mocoso!
¡No!
¡Suerte tienes que no te envíe a la guardia, ladronzuelo!
¿Así que sabes escribir?
¿Sin tinta? Como no sea con el dedo en el aire...
¿Quieres entrar a mi servicio?
Una comida caliente al día, cama propia
y un ducado...
al mes.
-Estoy de paso. Voy a Fürstenberg. -¿Por las montañas?
No lo conseguirás antes de que llegue el invierno.
¿Un ducado entero?
Me acabas de ahorrar un dineral.
Es nuestro nuevo escribano. Dadle algo de ropa.
Y un cuarto allá donde los mozos.
¡Y que se lave! Apesta como un hurón.
Ven.
¡Ah, aquí está!
¿Cómo te llamabas?
Goldmundo, señor.
Me ayudarás a redactar una crónica:
"Cruzada.
Mis batallas entre los paganos".
Tiene que quedar todo por escrito.
Y...
-¿Clases a mis hijas? -Sí. Por favor, padre.
Queremos aprender del joven maestro.
...nobis, quantum
amabitur nulla.
"A la que amábamos como no ha sido amada ninguna".
Lidia, mal. "Será amada", es futuro.
Ha sido amada, será amada...
Es lo mismo.
"Amabitur" es futuro de pasiva, no pasado.
Julia, Catulo es complicado. Traducid La guerra de las Galias.
-Pero... -En silencio.
¡A ver!
Basta de estudio, muchachas.
¡Marchando!
-"Amabitur". -¡Futuro de pasiva!
No os volváis demasiado listas. Si no, no os encontraremos marido.
Y entonces... maté a un pagano.
Y entonces...
maté a otro.
Por último, vinieron dos más corriendo.
A esos también los maté.
-¿Tal vez no usar siempre "matar"? -¿Qué?
¿Tal vez "rajar", "derribar", "masacrar"?
¡Sí, muy bien!
Masacrar...
Qué poético.
Aún hoy podría hacerlo.
Lo de los paganos.
-¡Señor maestro! -Masacrar... derribé a uno...
¡Señor maestro!
Padre ha dicho que no puedo salir sola.
¿Me acompañáis?
¡Lidia!
Vuestra fortuna no durará mucho.
Echad a correr, señor maestro, antes de que padre os mande ahorcar.
¡Lidia!
¿Os habéis hecho daño? ¿Os habéis roto algo?
¡Tengo el corazón roto! No me amas.
Ya colgaron a uno del olmo de ahí fuera.
Los cuervos le picoteaban sus preciosos ojos sin vida.
Y el cuerpo, rígido, giraba al son del viento.
¿No veis que os perteneceré siempre?
Solo lo finges para poder tocarme.
La cara...
los labios... Para poder robarme un beso.
¿No tenéis vergüenza?
¿Cuál fue su crimen?
Solo se puede besar a la novia, ¿no lo sabéis?
Vuestro novio se reirá si ni siquiera sabéis besar.
Pues enseñadme.
Cerrad los ojos.
¿Lidia?
¡Lidia!
Ese es el castigo, señor maestro.
¡Lidia!
¿Goldmundo?
Goldmundo...
-Mi corazón de oro. -¡Lidia!
Lo siento muchísimo.
Mi amor es profundo y verdadero.
No quería dejaros congelándoos en la nieve.
Quizá lo pueda enmendar.
¡Mi Goldmundo!
Podría ser toda vuestra...
Huyamos.
Mientras nos amemos, no nos faltará de nada.
Yo me iría contigo, Goldmundo.
-Julia. -¡Te odio!
Si no me dejáis quedarme, os delataré y él colgará del olmo.
-¡Vete, tonta! -¡Tiene que besarme!
Está jugando contigo. Yo sí me iría contigo.
-Eres una niña. No sabes lo que dices. -¿Goldmundo?
¡Se me ha ocurrido algo!
Decidme.
"Mandar al otro mundo". ¿Qué te parece?
Has encendido en mí un fuego poético.
Lidia...
¡Julia!
¡No! ¡Esperad!
-¡No, por favor¡ ¡No, por favor! -¿Qué?
Te acogí
como a un hijo.
Te confié a mis hijas.
Si fueras otro,
te mataría a palos.
Como antes. ¡Con mis propias manos!
-Creedme... -¡Cállate!
¡Vamos!
Si te atreves a volver,
te mataré a golpes, ¡así Dios me asista!
¡Lidia!
¡Lo sabía! Huiremos juntos.
¿Acaso no lo has entendido?
Dulce Goldmundo, solo me divertía.
Nunca podría amar a alguien como tú, sin posición, ¿no lo sabías?
Que te vaya bien.
¡No!
¡Acostadlo en la cama! ¡Acostadlo en la cama!
-¡Soltadme! -¡Acostadlo en la cama!
¿Queréis que me salga moho?
¡Hermanos!
Narciso...
Tengo que salir a tomar el aire.
-Dejadle. -¡Se le reventarán las suturas!
¡Allá él si se gangrena!
-¡Espera, espera! -¡Ya está! Ya está.
Ya está.
Estoy bien.
Pronto tendré que seguir mi camino.
Tenéis cosas mejores que hacer que dar de comer a un vagabundo.
Está todo igual que entonces.
Sí, no ha cambiado mucho.
Eres abad.
Y como cualquier abad, me encargo de que aquí no cambie nada.
¿Y tú?
¿Qué profesión has aprendido?
Fui aprendiz de un escultor.
Esta madera está bien cortada.
A mi maestro le gustaría.
Sí, necesitamos una nueva pocilga y...
¡Santa Catalina!
¡Goldmundo!
¿Y si nos haces una nueva talla?
La vieja tiene carcoma y se le cae el brazo.
Podrías recuperarte un poco más y no tendrías que irte enseguida.
Y también un pequeño altar.
No tiene que ser una obra maestra. A los hermanos les gustará igual.
Me da miedo que no te guste a ti.
¿Goldmundo?
¡Hermano Lotario!
Cumque coepissent homines multiplicari super terram.
¿Aún te lo sabes?
De la vara sí que me acuerdo.
"Quien no usa la vara no quiere a su hijo;
quien lo ama, lo corrige a tiempo". Proverbios 13:24.
Pues tenéis que haberme amado mucho.
¡Imagínate, Lotario!
Goldmundo se ha hecho escultor y nos tallará una santa Catalina.
¿Cómo? ¿Y la pocilga, reverendísimo abad?
He decidido otra cosa.
Así que te has hecho escultor.
¿Y encontraste a tu madre en Fürstenberg?
¡Quita de en medio, patán!
¡Madre!
¡Mamá!
Mi madre... Fui tan estúpido.
¿Cómo la voy a encontrar aquí, en la gran ciudad?
Y el recuerdo es más y más borroso.
Pronto habré olvidado su aspecto.
El Señor te guiará. Diez avemarías.
Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum.
Benedicta tu in mulieribus,
et benedictus fructus ventris tui, Iesus.
Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in...
¿El maestro Nicolao?
Todo recto y a la derecha.
¿Qué haces aquí?
-Lárgate. -Busco al maestro Nicolao.
¡Lena! ¡Da de beber al muchacho y que se vaya!
¡Maestro Nicolao! He visto vuestra María en la catedral.
Tengo que aprender de vos a dar un alma a un trozo de madera.
-¡Eso es blasfemia! -Alfredo, cállate.
No entiendes nada de eso.
Prosigue.
¿Qué quieres decir con "alma"?
Busco a mi madre.
La tengo en la cabeza, pero...
Solo me acuerdo de una sensación.
Si pudiera plasmarla en una imagen,
la forma externa vendría por sí sola.
¡Menudo necio! ¡Quiere tallar una sensación!
Dibuja.
A tu madre o lo que se te ocurra.
¿Quién es, padre?
-No estoy seguro. -¿Y lo tomas de aprendiz?
Los otros solo quieren gustar.
Pero él, al menos, lucha con sus demonios.
-¿Un loco? -Sí, si tengo suerte.
El cuerpo es demasiado largo.
-Y no está en el suelo. -Sí, porque levita.
La dibujo como es en mi cabeza, no como era en realidad.
-¿Te burlas de nosotros, amiguito? -Ya está bien.
Dormirás en el taller, limpiarás y ayudarás a los mozos.
Y en cuatro semanas, ya veremos.
Y pensad en lo que os digo siempre:
-Uno tiene que amar la madera... -Uno tiene que amar la madera...
-...como ama a su muchacha. -...como ama a su muchacha.
Si te sientas así mientras corto la madera,
-me pasaría el día cortando. -¡Oye!
Y algo muy importante: la obra debe estar acabada en vuestra cabeza.
La obra ya debe estar terminada de antemano en la cabeza.
Maestro, ¿os puedo pedir ese trozo de madera?
Quiero probar algo por mi cuenta.
¿Qué has aprendido en los dos años que llevas conmigo?
Además de barrer y ganarte bofetadas.
Que el cuchillo de tallar es tu mejor amigo,
que la obra tiene que estar en la cabeza y que se ama a la madera como a la amada.
¿Y ahora quieres hacer arte?
Sí.
¿Cuántas obras de arte crees que he conseguido hacer?
Verdaderas.
-Seguro que unas docenas. -Tres.
El resto son trastos:
se exponen, gustan y se venden bien.
Gano mucho dinero, sí.
No puedes reprocharme que quiera lo mejor para mi hija,
que comprase medicinas caras para mi mujer cuando se moría
o que haga reparar el tejado cuando hay goteras.
Si lo hubiera sacrificado todo, habría sido el mejor escultor de mi época.
Sí. O igualmente mediocre.
Pero pobre y mediocre.
Lárgate.
¡Sí, coge el tronco!
Haz algo con él.
-¡No te daré otro! -Gracias, maestro.
-Será... -Lo que tú quieras.
¿Y bien? ¿Me enseñas tu figura?
-¿Qué queréis decir? -No disimules.
La figura santa en la que trabajas todas las noches.
Se comenta que eres bueno,
que tienes un gran futuro.
Tienes buenas manos.
Grandes y fuertes, y también muy sensibles.
Isabel...
Ojalá no decepciones a mi padre.
¡Traigo la sopa caliente!
¿Goldmundo?
¿Qué pasa?
Está acabada.
¿Es un amigo tuyo?
¿Ha quedado bien?
Lo has tallado muy bien.
Tu amigo también me cae bien.
Es como si tuviera corazón.
Y sangre.
Y lágrimas.
Eres una persona hermosa, Goldmundo.
Por dentro y por fuera.
¡Aún soy el prior!
¡Reverendísimo abad! El señor artista me prohíbe la entrada.
El altar aún no está terminado.
Cuatro troncos para un altar de Catalina. Vale...
¡Pero quiere ocho más!
-Y ha contratado a otro mozo. -¿Y qué?
-¿La pintura se mezcla sola? -¿Cuántos mozos tienes?
Dos.
-Tres, cuatro, cinco. -Son ayudantes y aprendices.
Es un altar...
que parece roto en pedazos.
Como nuestro mundo, pero...
En el centro...
María. Ella lo mantiene todo unido.
De modo que los fragmentos forman una aureola.
Y aquí están las nueve santas.
-¿Nueve? -¡Sí!
Sí.
Nueve santas son mejor que una. Y la Madre de Dios.
¡Un altar roto!
-Nunca he visto algo así. -Exacto.
Yo tampoco.
Sí, la pocilga es urgente: hay goteras y la pared de atrás tiene moho.
Sin embargo, somos siervos de Dios, no porqueros.
Mejor pasar hambre y frío y honrar a la Santísima Virgen.
Goldmundo nos hará un altar magnífico para honrar a Dios.
¿Y quién nos garantiza que Goldmundo sea capaz de crear esa gran obra?
Lo garantizo yo.
¡Seguid! ¡Venga, en marcha!
¿Alfredo?
A ver, ¿qué te parece?
Las manos son un poco grandes.
Sí, las manos son un poco grandes, sí.
Pero siento algo.
Juan era el discípulo favorito de Jesús.
Y siento que este trozo de madera llora la muerte de un amigo.
Sufre...
porque ama.
Y yo, yo...
sufro con él.
¡Goldmundo! ¿Has encontrado a tu madre ahí arriba en tu cabeza?
No.
Pero he aprendido a buscar con vos.
Y os lo agradezco.
Tengo que encontrarla solo.
Goldmundo, hoy cenarás con nosotros.
-Goldmundo. -Ah, ya estás aquí. Por fin.
Mira.
Es todo obra de Isabel.
No hay una ama de casa más trabajadora y diestra en todo el distrito.
-¿Vas mejor de la mano? -Toma, prueba.
-Sí. -Para seguir tallando figuras tan bonitas.
Tallaremos tus figuras de Juan por docenas. En tres tamaños.
En Flandes les encantan.
-¿Está rico? -¿Goldmundo?
No soy hombre de grandes palabras, pero he hablado con el gremio
y harán una excepción.
Te casarás conmigo. Padre te designa socio y heredero.
Y recibes el diploma de maestro.
Ahora volveré a tener tiempo para tallar madera con alma.
No hace falta que te diga que nunca un joven
ha sido maestro tan rápido, sin el debido plazo de aprendizaje.
¡Qué afortunado!
-¿Está rico? -Sí.
¿Te convertiste en maestro? ¡Es maravilloso!
¿Qué fue de tu mujer, Isabel?
Naturalmente, lo rechacé.
La vida equivocada, la muchacha equivocada.
¿Qué te has creído?
¡Te he dado cobijo dos años!
¡Dos años!
¿Te obsequio a mi hija y así me lo agradeces?
-Te acogimos como a uno más de la familia. -¡Cerdo! ¿Cómo has podido...?
¡Desagradecido!
¿Qué te has creído?
¡Fuera de mi casa! ¡Y que no te volvamos a ver por aquí!
No era cuestión del título de maestro.
Cualquier cosa excepto ser rico y no tener libertad.
Había vivido demasiado poco para poder ser artista.
¡Goldmundo! ¡Ven!
A ti no te hace falta.
Tienes todo el saber del mundo en la cabeza
y en tus libros y...
yo...
tengo que vivirlo todo...
Tengo que sufrir y dejarme apalear para entenderlo.
Los artistas vivís plenamente. Podéis experimentar las cosas...
y amar.
¿Sí?
¿Y qué he hecho de mi vida plena?
-¿Vamos? -No, no, no. Nada de carreras.
-¿Qué? -Es que...
-Soy abad. -¿Te da miedo medirte contra un lisiado?
¡Ya no es como antes!
¡Venga!
Mi confianza en vos
es ilimitada, reverendísimo abad, excepto cuando se trata de él.
Se le disculpa todo.
Se le permite toda locura.
Goza de toda vuestra atención y amor.
Goldmundo es artista.
Artista...
En aquella época solo era un encaprichamiento entre muchachos.
Pero ahora sois abad.
Si hubiera la más mínima sospecha de...
¿De qué?
¡Os echarían del cargo!
O algo peor.
¿Qué te estás imaginando, Lotario?
El maestro me debía tres cruceros.
¡Lena, créeme!
La llaman la "muerte negra".
Aun así, son tres cruceros.
¿Adónde vamos?
A un lugar precioso.
Cuando hayamos llegado, lo sabremos.
¿Así porque sí?
El día que te conocí...
supe que eras tú.
Así porque sí.
Goldmundo.
Aquí.
Lena, no sé qué te parece, pero yo me quedaría aquí.
Iré a cazar. Recogeremos setas y hierbas.
En la linde del bosque hay mijo.
Con él haremos pan.
¿Qué haremos cuando llegue el invierno? El frío, el hambre...
Ay, Lena...
Ya lo has estropeado.
Ya nos las arreglaremos.
¿Lena?
¿Qué pasa?
Voy a tener un hijo.
Me crecerá mucho la barriga
y tendrás que trabajar por los tres, todos los días.
Te hartarás enseguida y te irás con otra.
No.
Es maravilloso.
Seremos felices. Padre, madre, hijo. Me...
¿Quieres amarme... por los siglos de los siglos?
¿Y ser mi amada Lena para siempre?
Casados.
Para siempre.
Amén.
Necesitas ropa para la cama nueva.
¡Y sal y azufre!
¡Bajo a la granja a hacer un trueque!
-Te quiero, señora de Goldmundo. -Y yo a ti, señor de Lena.
¡Hola!
¿Hola?
¡Goldmundo!
Agua, por favor. Agua.
No. ¡No, no!
Retamilla y genciana. Van bien para la fiebre.
Si es niño, se llamará Narciso.
¿Te parecería bien?
Ya sé que es un nombre raro.
Pero Goldmundo también lo es.
¡Narciso!
Ahora te necesito.
A ti y a tu Dios. Ahora.
Por favor. Por favor.
¿Qué dicen de eso tus libros?
¿Por qué nos castiga así Dios?
Siempre has dicho que el mundo es divino.
El Creador es perfecto.
Pero la Creación no lo es, nosotros no lo somos.
Eres un hombre de Iglesia.
No sabes lo que significa sufrir.
Perder a una persona amada.
-Hablas de la justificación de Dios... -Hablo...
de mi difunta Lena,
de nuestro hijo, que tuvo que morir antes de nacer.
-¡Esperad! ¡Llevadme con vosotros! -¿Adónde?
¡Lejos de aquí!
Goldmundo...
¡Madre!
¡Madre!
¡Vuelve!
¡Goldmundo!
Que te vaya bien...
Madre...
Goldmundo...
¡Goldmundo, ven!
Qué hermoso pajarillo se ha posado junto a mí.
Tan joven y sano.
¿Podría contemplarte y acariciarte un poco?
¡Ahí! Mi pajarillo.
Y otra cosa...
Si me dejas sentir...
¿Qué hacéis?
-Si me... -No quiero vuestro dinero.
¡Dejadme!
¡Abajo, no!
¿Me desprecias? ¡Dilo!
¡Si no me atrapa la peste, me moriré por vieja!
Sé que...
Sé que...
podría ser tu madre.
El amuleto.
¿Mi amuleto?
¿Lo quieres?
Ven...
Ven a buscarlo.
¡Ven a buscarlo!
Me siento tan débil de repente.
Ay, mi corazón...
Estoy tan cansada.
Me...
Eres un buen muchacho.
Un buen muchacho.
El amuleto.
Levi...
El orfebre del gueto.
Lo ha hecho él.
Eres un buen muchacho.
Busco a Levi.
El orfebre.
¿Levi?
Lo han asesinado.
A su mujer, a sus hijas.
También han asesinado a mi familia.
"Quizá los judíos sean culpables de la peste".
"¿Y si los matamos?".
¡Eso pensáis!
Es una terrible injusticia.
Han enloquecido por el miedo y el sufrimiento.
Vendió centenares a lo largo de los años.
A todo tipo de mujeres.
¿Quieres venir conmigo?
Me has ayudado a enterrar a mis muertos.
Aun así...
No soporto veros, a los cristianos.
¿Una judía?
¡No!
La cara de una mujer que sufre.
Que odia.
Que está de luto y aun así perdona.
La cara de una santa.
No se trata de la persona real...
Se trata de la imagen en mi alma.
¿Y ella? ¿María?
¿Cómo quieres que la cree si no conozco a mi propia madre?
Si no sé de dónde vengo...
ni quién soy.
Todos estos años he intentado entender el mundo.
La vida.
Quería probarlo y experimentarlo todo en carne propia:
dolor, miedo a la muerte, embriaguez, éxtasis.
Cada vez más extremo para sentir algo más.
He ido a todos los rincones de mundo, he vivido muchas cosas buenas y malas,
he visto muerte y horror, pero también amor y gran belleza.
Vi que de la bufonada y la danza macabra que es la vida humana
quedaba algo perdurable:
las obras de arte, la superación de la transitoriedad.
¿Os gusta?
Es raro que otro pueda expresar lo que uno ha vivido y sentido.
¿De quién es?
Nadie lo sabe.
Los cuadros fueron un regalo de un maestro desconocido.
-Está tan lleno de vida. -¿Sois del gremio?
Bueno, fui aprendiz del maestro Nicolao, en Fürstenberg.
¿Tallista, no?
Para llamarse así, uno tiene que haber creado algo.
¿Y bien?
Todavía busco las grandes respuestas.
Entonces tenéis que contar eso con vuestro arte.
Que se trata de la búsqueda.
El maestro desconocido...
Lo conozco y me complacería presentároslo.
Mañana, al tocar las doce, os recogerá una criada.
En el pabellón del castillo.
¡Hasta mañana, Goldmundo!
¿Cómo sabéis mi nombre?
¿Quién sois?
Por aquí.
¿Señor maestro?
¡Julia!
Los cuadros son...
magníficos.
¿Por qué este secretismo?
"La mujer es incapaz de toda expresión artística".
¿No lo sabías?
No está tan bien como me lo imaginaba por aquel entonces.
Pero casi.
¿Me habrías acompañado entonces?
Claro, hasta el fin del mundo.
Y de propina te hubieras llevado mi virginidad.
Pero no por amor, sino por necedad.
¿Y no es eso lo bonito del amor?
¿Poder ser necios?
Es lo que solemos pensar de jóvenes.
Pero ser joven y necio no es un buen plan para toda la vida.
Quizá no la puedas encontrar.
Quizá tu madre se encuentre en todas las mujeres que has conocido.
La coqueta Lidia,
Isabel, la perfecta ama de casa,
la amada Lena, que llevó a tu hijo en su vientre.
Y todas las demás.
Tantas, tantísimas otras.
Esa es tu búsqueda.
-¿Qué fue de Lidia? -La peste. Sobrevivió, pero...
Era la que tenía que casarse con el príncipe.
Pero él ya no la quería y me reclamó como reemplazo.
¿Y?
Le he dado dos hijos. Mi deber está cumplido.
Lidia no me lo ha perdonado nunca. Dama de compañía en lugar de princesa.
Está amargada.
¿Goldmundo?
Quiero pedirte un gran favor.
Desnúdate.
Tuerce un poco más la cabeza.
Contrae el trasero.
-Es... -Te mueves al hablar. No está bien.
Este cuadro te sobrevivirá.
Es para la eternidad. Así que esfuérzate un poco.
¡Un intruso en el aposento de la princesa! ¡Rápido! Como le haya pasado algo...
¿Ya está?
Casi.
Una pausa...
Traeré vino y pan.
Quédate.
¡Vamos, vamos!
¿Qué hace ese? ¡Di tu nombre!
¡Putas, judías y adúlteras van a adornar el altar!
Hermanos míos, ¿por qué no nos lo enseñan si no hay nada que ocultar?
No quiero ni decir cuánto cuestan las "tallas" de Goldmundo.
Las buenas obras que se podrían haber hecho en su lugar.
Pero esto es...
¡Blasfemia!
¡Una ofensa a la Santísima Virgen!
-¡Sí! -¡Herejía!
¡No! ¡No!
-¡Aparta! -¡Fuera!
In sanctus spiritus...
Una obra del demonio.
¡Todo ese sentimiento en los rostros!
La fe verdadera se encuentra en el sufrimiento en silencio.
¡Justamente en la mujer!
¡Este altar es totalmente blasfemo!
¿Acaso no has visto cómo ha conmovido las almas de nuestros hermanos?
Sí, he visto sus caras. ¡Pero ha sido lujuria, no devoción!
¡La mujer es pecado!
¡Dios la creó para ponernos a prueba!
Narciso, déjame destruir esta obra del demonio
y expulsar al blasfemo de Goldmundo.
No estás en tu sano juicio. Hermano Lotario,
pasarás tres años en la ermita de Teufelsjoch.
Pasa tres años allí
y entonces veremos si estás listo para vivir en nuestra comunidad.
La ruina se cernirá sobre ti.
¡Sobre ti y ese fornicador!
Que hable. No es más que un ser encallecido que ansía amor.
El altar...
esta obra maravillosa
es el resultado de tu vida.
Sí.
Y tú lo has hecho posible.
Lo has conseguido todo con tu esfuerzo.
Yo, en cambio...
me he escondido toda la vida detrás de mis libros.
¿No es más valiente salir afuera?
¿Cometer errores y pagar por ellos,
en lugar de llevar una vida perfecta al amparo del convento?
Vista desde el convento, mi vida ha sido la más correcta.
¿Pero a ojos de Dios?
¿Has visto cómo se han arrodillado los hermanos
cuando has entonado el cántico?
Narciso...
Este es tu destino.
Tu vida.
Pero ha sido pobre en amor.
Es lo que más he echado en falta.
Son cada vez más.
Muchos vienen de lejos.
Te cuesta alegrarte.
¿Cómo quieres que me alegre cuando no lo puedo terminar?
Quizá cada peregrino vea en ella a su propia Madre de Dios.
Yo no la veo.
Debes ir al lugar que te resulta más desagradable.
Al pasado, donde la perdiste.
Vete a casa, Goldmundo.
Vuelve con tu padre.
-Carlos. -Goldmundo.
Mi hermanastro. El de la puta.
A saber si eres hijo de él.
-¿Aún vive? -Más muerto que vivo.
Se caga constantemente y yo tengo que encargarme.
¿Padre?
Tú...
Eres como tu madre.
Tan bello...
y tan pecaminoso y malvado.
Estaba maldita...
Y tú...
¿Adónde se fue?
-Magdalena... -Dímelo, tengo que saberlo.
Hermosa...
¡Mía!
¿Por qué me dejó allí, padre?
Magdalena.
No tuve más remedio...
Siempre iba a su aire.
Era así.
No quería obedecer.
¿Qué clase de hombre no somete a la mujer?
Ella se reía, se reía...
cuando con la vara...
Huyó de tus golpes, ¡maldito matón!
¡Huir! ¿Lo comprendes?
¡Quería huir!
-¿"Quería"? -Se lo merecía.
-¿"Quería"? -No tuve más remedio.
Se lo merecía.
¿La mataste?
¡Sometida al hombre! ¡Puta! ¡Sí, vamos, adelante!
¡Pégame!
¡Envíame al infierno! No puede ser peor que este.
¿Lo mataste a golpes? ¿A tu propio padre?
Sufría de terribles dolores.
¿Por qué debería haberlo eximido del castigo de Dios?
Ella no me abandonó.
¿No te alegras por mí?
No sé si podré soportar perderte de nuevo.
¿Qué dices? Nuestro altar estará terminado y...
Tú seguirás tu camino y aquí se detendrá el tiempo.
Todo el amor será solo para Dios.
-Aquella vez me echaste tú. -Tuve que hacerlo.
Porque...
Te quería más que a mí mismo.
Solo se me permitía ser tu amigo. Pero no se me permitía...
...amarte.
No.
¡Fuego! ¡Fuego! ¡Un incendio!
¡Por Dios! ¡Haced algo!
¡Paso! Voy con Goldmundo.
Quédate y cumple tu deber como abad.
¡Benjamín, formad una cadena!
-¡Formad una cadena! -Socorredlo.
¡Traed más cubos!
¡Agua!
Goldmundo...
Necesitamos más agua. ¡Domingo, más cubos!
¡Jacobo! ¡A la fuente!
¡Hermanos, daos prisa! ¡Más rápido!
Tienes que perdonarme.
Me hubiera encantado verte feliz.
Has enriquecido tanto mi vida. No sabes cuánto.
¿Dónde está tu madre?
Tienes que buscarla.
¿Mi madre?
Tu corazón.
¿Cómo podrás morirte un día si no tienes madre?
Sin madre no se puede amar.
Sin madre no se puede morir.
¡Narciso!
Prométeme que serás feliz.
¡Quédate!
¡Quédate conmigo hasta el final!
¿No puedes dormirte?
¿Qué pasa? ¿Lloras?
No lloro.
Estás loco.
Yo, a veces, lloro cuando pienso en mi madre.
¿Qué haces cuando necesitas a alguien
que te consuele o te quiera?
"Voy a salvarlo...
pues se acogió a mí;
lo protegeré, pues me conoce".
¿Puedo decirle algo a Dios yo también?
Querido Dios: Por favor, haz que Narciso y yo
seamos amigos para siempre.
Abraza a su hijo con tanto amor. Como una amante al amado.
¿Es Goldmundo, no?
Le hubiera gustado.
"Querido Goldmundo:
La raíz de todo arte es el miedo a la muerte
y a la transitoriedad.
En esta imagen siempre serás joven, lleno de vida y atractivo.
Incluso si una vez eres viejo y estás encorvado.
Demasiado joven y atractivo para la pintura de un Cristo muerto.
Por eso he cambiado de planes y te envío el esbozo.
Sé joven y bello de corazón para siempre, querido Goldmundo.
Julia".
Prométeme que serás feliz.
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