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Original subtitles

BASADO EN TOMAS CINEMATOGRÁFICAS

RODADAS POR LOUIS LUMIÈRE Y SUS OPERADORES

ENTRE 1895 Y 1905

Un día de marzo de 1895, alrededor del mediodía,

las puertas de la fábrica Lumière se abren.

Frente a ellas hay un nuevo invento: el cinematógrafo.

Está en la acera de enfrente.

¿Qué diría Lumière? ¿''Vamos''? ¿''Acción''?

No hay ningún testimonio ni archivo, pero es el gesto inaugural.

Salen las mujeres y luego los hombres. Casi nadie mira a la cámara.

Se consideró la primera película de la historia,

aunque la gente que la vio echaba en falta un coche de caballos.

Daba igual. Hacía falta una primera película y ahí estaba.

Salida de los obreros de la fábrica Lumière.

Hasta que se encontró otra.

¿Esta también es la primera película?

Es más oscura, pero el encuadre es el mismo. Son iguales.

Cuando inventaron el cine, también inventaron el remake.

Con la sombra se observa que el sol no está en su cenit.

Será marzo. La gente lleva ropa de abrigo.

¿Y qué aparece al final de la película?

¡Un coche de caballos!

Esta tercera versión

es, seguramente, la que fue rodada en marzo de 1895.

Vemos a los mismos personajes, al perro y las bicicletas.

Los que presumen o hacen el tonto para llamar la atención

demuestran que es una escenificación.

Comienza la aventura del cine

con 17 metros de película, 35 milímetros de ancho,

y 50 segundos de una eternidad que aún perdura.

Ahora esa calle se llama calle de la Primera Película

y el primer protagonista de la historia del cine fue la gente, el pueblo.

En junio de 1895, Lyon acoge el Congreso Francés de Fotografía.

Un barco los lleva hasta Neuville-sur-Saône.

Lumière los espera en el muelle

y filma a los felices científicos.

Felices, pero no por mucho tiempo.

Al día siguiente se proyecta la película.

A partir de ese día,

todos estos inventores comprenden que el cine acaba de inventarse..

El cinematógrafo de los Lumière es el mejor aparato de todos.

Esta es La comida del bebé,

una de las primeras y más conocidas películas.

A la izquierda está Auguste Lumière, que actúa mientras su hermano filma.

A la derecha están su mujer Marguerite y su hija Andrée.

Lo que impresionó a la gente fue el movimiento de las hojas,

porque el cine significa movimiento, no como la fotografía.

La imagen se mueve.

Esta película está encuadrada a la perfección.

Podemos ver abajo a la derecha

una botella de coñac, lo que demuestra que es un almuerzo francés,

un almuerzo de cine.

¿Esta película es un documental? La idea es sencilla.

Un herrero y su ayudante grabados desde enfrente.

Lumière seguramente se inspiró en unas imágenes de Edison.

Aquí, gracias a su nitidez,

la escena es tan realista que nos parece oír los martillazos.

El hierro candente en el agua produce un humo soberbio que llena la pantalla.

¿Es un documental? El herrero va vestido con camisa y corbata.

Además, al final alguien le lleva un vaso de alcohol.

Con Lumière todo es puesta en escena..

He aquí la primera obra de ficción, la primera comedia.

Una de las películas más famosas, conocida como El regador regado.

Una broma del joven Edouard Lumière

se convirtió en el chorro de agua más famoso de la historia del cine..

Fíjense bien. El jardinero persigue al granuja

no solo para tirarle de las orejas, sino para traerlo ante la cámara.

Añade unas bofetadas para que la película dure 50 segundos,

y al final el chico mira de manera fugaz a la cámara.

En 1892, Cézanne pintó Los jugadores de cartas.

Cuatro años más tarde, Lumière rueda Partida de cartas

siguiendo esa composición.

Una película que nos muestra a la izquierda a Antoine Lumière,

padre de los hermanos Lumière, jugando con Alphonse Winckler,

padre de las hermanas casadas con los hermanos Lumière.

A la derecha está Félicien Trewey, amigo de la familia,

que llevó el cinematógrafo a Inglaterra.

La película es una escenificación.

Observen al camarero a quien pidieron que actuase.

No actúa, sobreactúa.

La llegada de un tren a la estación de La Ciotat

fue la primera película que asustó a los espectadores

porque creían que el tren atravesaría la pantalla.

La película causó una gran sensación

y Lumière comprendió que el cine debía ser espectacular.

Vemos pasar a la familia Lumière.

Más allá de su fama, esta película debe ser juzgada por su estética.

Observen su composición,

cómo Lumière hizo que el tren entrase en diagonal,

partiendo así la pantalla en dos.

El blanco y los tonos claros, abajo a la derecha

y arriba a la izquierda, el negro y los tonos oscuros.

Aunque algunas películas parecían documentales,

no lo eran.

Miren esta, Demolición de un muro,

rodada en Lyon-Monplaisir en 1897.

Un muro cae. La película buscaba impresionar y lo logró.

Auguste Lumière actuaba para Louis, que era quien filmaba.

Ahí está ante la cámara

dando órdenes a unos trabajadores.

La película se hizo famosa

porque durante una proyección hubo un incidente que la alteró.

En lugar de rebobinar la película con el proyector apagado,

lo hicieron con la lámpara encendida y proyectando hacia la pantalla.

Sin querer se proyectó al revés, ante los ojos atónitos del público.

En lugar de una demolición,

vieron cómo se reconstruía un muro después de una gran polvareda.

Es fácil imaginar el impacto en el espectador de la época.

Al día siguiente, cuando vieron la proyección

los obreros de la fábrica Lumière, gritaron: ''¡Los jefes son brujos!''.

Lyon fue la primera ciudad filmada por Lumière.

En aquella época a los travelling se les llamaba panoramas.

Este no es el primer panorama, pero es el que mejor hecho está.

La cámara se colocó en un tren para entrar en Lyon

por el norte, cruzar el río y acabar en la estación.

Al ser ligero y sofisticado,

el cinematógrafo permitía obtener una imagen muy estable.

Así vemos en perspectiva la recién construida basílica de Fourvière.

Aunque La llegada del tren a La Ciotat es la más famosa, no es la única.

Hay decenas más.

La llegada de un tren a Perrache es el contraplano de la anterior.

La gente sabe que está siendo grabada, no porque mira a cámara,

sino porque se mueve más rápido para demostrar que está trabajando.

El tren aún no se ha detenido y la gente se precipita a abrir las puertas.

Como es habitual con Lumière, aparece una distracción, un milagro,

que nos llena de sorpresa y misterio.

Miren a la derecha. Es el humo de otro tren.

Su aparición da a la imagen una gran profundidad de campo.

Nuestro viaje por Lyon continúa.

Esta película fue la primera que se proyectó en el Grand Café.

Inmortaliza la Place des Cordeliers

y muestra la quintaesencia del cine de los Lumière,

donde se plasma la vida con gran sencillez.

Si una película gustaba, Lumière la repetía.

Esta es la Place Bellecour, situada en uno de los barrios más famosos

y más concurridos.

Colocada, seguramente, en un balcón,

la cámara nos permite ver la ebullición del lugar y la época.

Tras años perdida, esta película fue hallada y restaurada.

Para los lioneses tiene un valor incalculable.

Vemos aquí uno de los primeros noticieros.

Muestra Lyon cuando se inundó en 1896

desde el Quai de l’Archevêché, hoy día Quai Romain Rolland.

Además de la información,

debemos observar el trabajo de dirección.

Lumière tenía que mostrar tres cosas: la inundación,

los caballos que pasan con dificultad y la multitud que observa lo que pasa.

Como dijo Bertrand Tavernier citando al cineasta Raoul Walsh:

''Solo hay un lugar para poner la cámara''.

Lumière lo encontró y capturó la realidad de la escena.

Esta película empieza con un travelling hacia delante.

Lumière vio la fuerza visual del movimiento de la cámara.

Con la experiencia se volvieron más sofisticados.

Aquí se para cuando pasan los caballos

y el travelling va ahora hacia atrás para seguir al tranvía.

Esta se llama La Place du Pont

y muestra el deseo de Louis Lumière de captar la vida y la realidad.

Rodar en la calle es una consigna que se repite y que seguirá

cuando envíe a sus operadores alrededor del mundo.

Esta película se rodó en el Cours de Verdun en 1896.

Este juego de bolas lionensas era muy popular y aún lo es.

El juego normalmente requiere concentración.

Pero, ante la presencia de la cámara,

todo el mundo sobreactúa un poco y exagera sus gestos.

Incluso vemos a un hombre con muletas que cruza justo antes de que tire otro.

Con tanta pose y gesticulación,

estos hombres con sombrero y bastón dan a la película una alegría popular.

La infancia es el gran tema en el cine de los Lumière.

Esta niña es la sobrina de Louis y Auguste.

Le han pedido que juegue con el gato y que le dé de comer.

Un gato que se resiste y huye.

Después salta y vuelve.

Esta película, rodada en Lyon en 1900,

nos recuerda el impresionismo de Auguste Renoir

por la inspiración, la forma y el tema.

Y es casi un primer plano,

plano que inventará oficialmente Griffith diez años más tarde.

Y mientras, el gato come, pide más y araña a la niña.

Vean la primera película de suspense de la historia del cine,

rodada como si fuese a producirse un drama.

Louis era padre y veía el cine como instrumento

para conservar los recuerdos familiares.

Esta niña representa a todos los niños. Está aprendiendo a andar.

Vacila. Se cae

o no se cae.

Y al final se cae.

Lejos de estropear la película, esa caída

supone su razón de ser.

Esta es la película número 69

y fue rodada durante la segunda mitad del año 1895.

Vemos a Andrée Lumière, la misma que antes comía,

y a su padre, Auguste, que intenta que juegue con peces de colores.

Al principio con humor y ternura,

luego con cierta impaciencia, incluso la sacude para que juegue.

Al final de la película, la mirada cómplice a la cámara

expresa su impotencia.

Aquí, en otra película al estilo de Renoir,

Madeleine Koehler juega con su hermano Marcel,

ambos sobrinos de Auguste y Louis.

En realidad, no juegan. Bailan.

Se entusiasman. Cada uno lleva un ritmo y una dirección.

Esta película fue rodada en verano por Alexandre Promio,

uno de los mejores operadores de Lumière.

La escena tiene lugar en una playa de Inglaterra en 1896.

Descalzos en el agua y bajo la mirada de las madres,

los niños pescan camarones con salabres.

Sin embargo, el tema principal es la belleza de la escena.

La posición de la cámara delimita el encuadre.

Aquí está situada lejos para mostrar a los tres niños en un plano general.

Como ya se ha dicho, las películas duraban solo 50 segundos.

Observamos cómo el niño sabe que tiene poco tiempo,

ya que intenta repartir las uvas lo más rápido posible.

Vemos rapidez y autoridad, incluso impaciencia y nerviosismo.

Un nerviosismo que se convierte en tema principal y nos hace reír.

Baño en el mar se rodó en La Ciotat en julio de 1895,

en la playa de la casa de Antoine Lumière.

De nuevo, los niños, hermanos y primos,

juegan en el Mediterráneo al atardecer.

La cámara lo recoge todo.

Los saltos, el regreso a la orilla, lo que hay fuera de plano

y las carreras por el pantalán.

La película es una maravilla.

Estos niños que juegan a las canicas no son de la familia Lumière,

aunque los han filmado con el mismo cariño.

Estos niños son de la llamada clase trabajadora.

Son niños y niñas que juegan en la calle. Uno va descalzo.

Vemos a una niña que viste diferente a la que jugaba con el gato.

La película está llena de vida y es un retrato de la Francia del siglo XIX.

Esta es misteriosa.

Es un desfile de cochecitos de bebé hacia la guardería de París en 1897.

No se sabe qué hacía allí el cámara

ni por qué pensó que haría una gran película.

Recuerda a la película del tren por la perspectiva diagonal,

pero aquí la locomotora son los cochecitos perfectamente alineados

y las enfermeras que parecen salidas de una película de W.C. Fields.

Y acaba con un final feliz.

Un bebé aparece caminando en la dirección opuesta,

como hace Chaplin al final de Tiempos modernos.

La filmografía Lumière tiene un tema destacado:

La Francia trabajadora.

La Ciotat, donde el padre de los Lumière tenía una gran casa,

es la ciudad del Mediterráneo cuya imagen llevará el cinematógrafo.

Esta es una película descriptiva que brilla por la inactividad.

No ocurre nada.

Todo el mundo mira hacia lo lejos, expectante, algo intranquila,

hasta que al fin llega una plancha de metal,

seguramente el tema inicial de la película,

junto al admirable encuadre y la riqueza de elementos que muestra.

Esta se titula La caldera.

La composición, una vez más, es perfecta.

Fue rodada en La Ciotat en los astilleros Messageries Maritimes.

Al comienzo del siglo,

los astilleros de la ciudad daban trabajo a más de 6000 personas.

Louis, Auguste y sobre todo Antoine Lumière

se acercaron a grabar lo que sería un retrato inolvidable de la ciudad.

Obreros reparando una acera de asfalto

es el título de la película 833 del catálogo Lumière.

Fue rodada por un operador anónimo en 1897 en Francia.

El humo le da un aspecto abstracto, entre pintura y fotografía.

La cámara capta el momento con delicadeza,

con ese sentimiento de espontaneidad y de tono documental.

O casi.

Al observar más atentamente, vemos a los obreros en primer plano

mientras al fondo aparecen unos curiosos perfectamente alineados.

Las minas de Carmaux ocupan un lugar destacado en la historia obrera francesa.

Aquí vemos cómo sacan el coque que alimentará los altos hornos.

La cámara está situada cerca del material abrasador.

Fascinó a los espectadores de la época y sigue fascinando hoy en día.

Pero la composición es sorprendente..

Se superponen dos películas con dos acciones simultáneas.

La principal está abajo, donde los trabajadores se afanan,

y la otra está arriba, en cinemascopio, donde otros empujan vagones.

Estamos en 1896, en algún lugar de Francia.

Esta película se titula Lavanderas en el río.

A las mujeres las llamaban lavanderas como en los cuadros de Degas.

Esta vez tenemos tres películas en cinemascopio.

Tenemos el caballo arriba, los hombres en el medio

y las mujeres que lavan la ropa en el río.

Cuando se habla de la Francia trabajadora, eran sobre todo mujeres trabajadoras.

Entre los trabajadores están los pescadores.

Esta película podía haber sido rodada por Visconti

durante su etapa neorrealista cuando dirigió La tierra tiembla.

Esto sucedió 50 años antes en el sur de Francia.

Esta película se titula Pesca de sardinas.

La estabilidad de la imagen indica que el cámara estaba en tierra,

pero el encuadre nos hace creer que estamos en el mar.

Hoy en día el cine haría lo mismo.

¿Estaba el operador aquí por casualidad?

No sabemos nada de esta película que se rodó en París en 1896.

Es impresionante el efecto provocado por los caballos que pasan al galope.

Hasta 1920, los coches de bomberos iban tirados por caballos

y llevaban escaleras y bombas de agua por separado.

Lumière mostró de forma objetiva una época,

sus oficios, lugares y tradiciones sin reconstrucción alguna.

Al final de la película vemos cómo la vida sigue.

Los curiosos pasan por delante de la cámara.

Blanco. La manivela se ha parado y ahora sigue, así como la película.

Otro ejemplo del cuidado que se le daba a la puesta en escena.

Muestra de manera magistral el desfile de los caballos del cantero Vautier.

Cruzan la imagen en diagonal para ocuparla entera

y mostrar así que había muchos caballos y que tiraban de algo pesado.

El operador solo tenía 50 segundos para plasmarlo.

Además, la cámara no tenía visor.

Había que encuadrar la imagen de memoria.

Miren lo bien ajustada de tiempo que está.

Contamos: 47, 48, 49, 50 segundos.

La película es perfecta.

Después del trabajo, llega la FRANCIA QUE SE DIVIERTE.

Muchas de las 1500 películas de los Lumière

muestran a franceses divirtiéndose,

como esta guarnición de coraceros en Lyon

que albergaba a 3000 hombres y 1600 caballos.

Este puede ser el caballo más simpático de la historia del cine.

Y el más paciente.

Estos atletas se aprovechan de esa bondad

para encadenar saltos fallidos y volteretas.

Aquí está el mismo grupo esforzándose al máximo.

Se llama El salto a la manta y es espectacular.

Lumière quizá dudaba del efecto cómico,

por lo que añadió a un espectador.

Miren a la derecha.

Ese hombre mayor no para de reír. Parece que le encanta el espectáculo.

Le sirve a Lumière para que la gente vea lo divertido que es.

Su sobreactuación lo convierte en protagonista.

Una escenificación dentro de otra guiará al espectador y le hará reír.

Baño en el Saona.

Cuando se filmó esta película en el Saona,

uno de los dos ríos de Lyon,

nadar en ambos ríos estaba prohibido desde hacía 15 años.

Aunque no afectaba a los baños públicos ni a las clases de natación.

Por eso estos chicos se aprovechan

y actúan ante la cámara para que admiremos sus saltos.

Admiramos sobre todo sus bañadores.

Esta es la película 33 del catálogo Lumière,

filmada por el mismo Louis en 1896 en la carretera a Ambérieu

al comienzo de la carrera Lyon-Ginebra y vuelta

organizada por el periódico local Le Progrès.

Los deportes modernos y el cine nacieron a la vez.

Esta película muestra el carácter popular de ambos.

Entre el polvo y la velocidad, los ciclistas pedalean con confianza,

salvo uno que se para a un lado.

Siete años después, Maurice Gaurin ganará el primer Tour de Francia.

Al principio vimos a los obreros de la fábrica Lumière.

Aquí están jugando a un juego popular, la carrera de sacos.

En esta prueba con un público muy animado,

nuestro personaje favorito es el último porque no lo consigue..

Y al final, estén atentos, veremos el brazo del cámara.

El del director que no deja pasar una.

Estamos de nuevo en La Ciotat, en la casona Clos des Plages,

una de las numerosas casas de Antoine Lumière.

Solía invitar a sus amigos y aquí los vemos jugando a las bolas.

Este juego tenía unas reglas precisas, pero aquí no se entienden

porque se trata de una representación para el cine.

Todos tiran como y cuando quieren, desde donde sea.

No siguen un orden ni mantienen un sitio para tirar.

El hombre con barba de en medio trata de tirar.

No consigue hacerlo.

Hacen como que miden las distancias.

El barbudo por fin tira,

pero hace trampas y se acerca demasiado.

Aquí están de nuevo en la misma casa. Es la película 74.

Fue rodada por Louis en La Ciotat en 1896.

Vemos a Marguerite, la mujer de Auguste Lumière,

a Rose, la mujer de Louis,

a Charles-Albert, el hermano del suegro de ambos hermanos

y a Pierre Bellingard, un amigo fotógrafo de Antoine Lumière.

Si nos fijamos bien,

observamos cómo Rose hace trampas,

lo que molesta a su oponente,

que cierra de golpe la caja del juego.

Esta muestra de nuevo a esos amigos, pero en la despedida.

Se llama Partida en coche

y su restauración muestra toda su belleza.

Ahora podemos apreciar su enorme valor.

Vemos a Antoine Lumière, a la izquierda, estrechando manos,

filmado con el cinematógrafo de su hijo Louis,

que él mismo inspiró..

Hemos mencionado el deporte y el cine.

El alpinismo fue una actividad de ocio que empezó también a finales del XIX,

a la vez que el cinematógrafo.

Estamos en el Mer de Glace, un glaciar cerca de Chamonix,

con turistas que lo escalan.

Treinta años antes, dos artistas, los hermanos Bisson,

habían hecho allí una fotografía que se hizo famosa.

Era como si los Lumière siguiesen sus pasos.

Para terminar este capítulo sobre la diversión,

veremos dos películas de acróbatas, los Kremo, amigos de Antoine Lumière.

Tienen que hacer su número en 50 segundos.

El niño se vuelve loco.

Luego cada uno se prepara para el último salto,

que dará gran espectacularidad a la película.

Una voltereta final

y todo el mundo se desmadra.

Los Kremo eran una familia de acróbatas

con el nombre del fundador, Josef Kremo.

Esta película muestra unas acrobacias icarianas

que se ejecutan con personas y no con objetos.

Incluso con niños.

Un niño hará de paquete

y será pasado, girado

y martirizado también.

Para ti.

Una vuelta.

Y aterriza sobre una niña.

Ahora no se trata de lanzar a uno, sino a dos niños.

Esos eran los Kremo.

La ciudad de los Lumière también era la ciudad de la luz.

Continuamos así nuestro viaje por París,

donde los Lumière realizaron la primera proyección de pago

el 28 de diciembre de 1895 en el Boulevard des Capucines.

El retrato que hacen

es de una ciudad en pleno cambio.

Con sus exposiciones universales,

ve llegar el futuro a pasos agigantados.

El operador ha colocado la cámara en el ascensor de la Torre Eiffel

y nos ofrece un travelling vertical.

Abajo vemos el antiguo Palacio de Trocadero,

construido para la Exposición Universal de 1878

y que fue destruido en 1935 para levantar el Palacio de Chaillot.

Estamos cerca del Louvre, en el jardín de las Tullerías,

que debe su nombre a que allí, antiguamente, se fabricaban tejas.

La imagen muestra una estampa fabulosa,

que parece salida de una pintura, una fotografía o una novela.

Inesperadamente, alguien empuja a un niño para que salga del encuadre.

La posición frontal de la cámara

muestra, de nuevo, la profundidad de campo del aparato.

Todo se ve nítido, desde los niños

hasta el punto más alejado.

En 50 segundos el cámara capta la tranquilidad de un domingo

en la capital francesa a finales del siglo XIX.

Esta película con un toque proustiano

se filmó durante el Grand Prix de Longchamp.

Se llama Regreso a los Campos Elíseos.

Al fondo el obelisco de la plaza de la Concordia.

Estamos en la avenida más bonita del mundo.

De nuevo el cinematógrafo inmortaliza una huella única,

definitiva y representativa de la época.

No difiere mucho de los Campos Elíseos de hoy,

ya que los coches predominan, las bicicletas se cuelan como pueden

y los asustados peatones

intentan cruzar con la mayor precaución y dificultad.

Esta película, rodada en 1897, es el cuarto panorama del Sena.

También aparece la Torre Eiffel.

Esta preciosa película se rodó

con la cámara montada en un barco de Bateaux-Parisiens.

Apreciamos la perfecta filmación y el tratamiento exquisito del tema,

lo que la convierte en una obra elegíaca.

Las escaleras del puente del Alma, data de la Exposición Universal de 1900,

inaugurada por el presidente Emile Loubet.

Acogió a 50 millones de visitantes

y dejó edificios como el Petit Palais y el Grand Palais.

Un hombre con barba pasa dos veces por delante de la cámara, que le fascina.

En 50 segundos, el París eterno de Proust

parece volver a la vida.

El cinematógrafo nos dejó películas puramente descriptivas,

miradas históricas y etnológicas de un mundo inalterable.

He aquí la Concordia, con obelisco y fuentes, como precisa el catálogo.

Aquí está con su tráfico, sus viandantes

y sus carruajes que vienen y van.

El encuadre es perfecto.

Es un plano fijo que muestra el obelisco y las fuentes

delante de los edificios.

Para dar vida a la imagen, porque esto es cine,

se ve un desfile de bicicletas modernas y veloces,

de las que presumían Jarry y Zola.

Después de la Torre Eiffel y de los Campos Elíseos,

el cinematógrafo ofrece al espectador

la catedral de Notre-Dame y su plaza.

Nos creemos en el París del siglo XIX, donde bastaba con llamar

a un cochero para ir a cualquier sitio inmediatamente.

Aquí vemos el contraste entre los que van y vienen

y la imponente catedral, que enfatiza ese movimiento.

Días después de la primera proyección, Louis toma una decisión.

Decide enviar a los operadores por todo el mundo,

para, como dijo Tavernier: ''Ofrecer el mundo al mundo''.

Veamos su trabajo.

Para un lionés, ir al sur de Francia ya era viajar.

De camino a La Ciotat, Louis Lumière para en Marsella.

Allí rueda La Cannebière.

Una toma muda en blanco y negro

que ilustra de maravilla los colores y sonidos de la ciudad.

La cámara no se mueve, pero nada permanece quieto.

Vemos a vendedores de sardinas, bares americanos,

funerarias y tranvías.

En 1900 Lumière inmortaliza Marsella

al plasmar la ciudad en un inolvidable fotorama,

un nuevo invento que vio la luz en la Exposición Universal.

Felix Mesguich, uno de los grandes operadores,

volvió con muchas películas.

Esta muestra la playa de Biarritz, la joya de los Pirineos Atlánticos.

La vista es espléndida y el encuadre admirable,

aunque arriba a la derecha haya un trozo de negativo.

El cinematógrafo inmortaliza el paso del tiempo y la dicha en familia

cuando las playas comienzan a ponerse de moda.

Muy pronto, en ese mismo lugar,

el joven Lartigue hará sus primeras fotografías.

Este es el mercado de Fort-de-France,

filmado con la atención necesaria

por el cámara Alexandre Promio

en Martinica en el año 1902.

Esta es la película 1304.

Vemos a afanosas compradoras,

vendedoras bien vestidas y otras con cestas en la cabeza.

No hay hombres. Sí, está aquel que pasa.

Vemos aquí Ginebra durante la Exposición Nacional.

Fue rodada en 1896 por el mismo Promio.

Muestra lo típico y lo pintoresco.

Hay una casa de madera,

un desfile de vacas, campanas y gente con ropa tradicional.

También está Lavanchy-Clarke, el agente de los Lumière en Suiza,

que apremia a la gente y no duda en mirar a cámara.

La primera película que nos confunde es Baile en el vivac.

Es el ejército de la reina de España. Los militares bailan.

Se detienen.

Después vuelven a empezar. Bailan una jota y es todo un caos.

Vemos cómo un grupo se mueve de forma incomprensible.

Cada uno baila a su antojo.

Algunos bailan solos y otros, como esos dos, lo hacen agarrados.

Lumière también inventó el cine abstracto.

En Barcelona nos encontramos con estibadores,

marineros en tierra que descargan las mercancías de los barcos.

Unos trabajan y pasan por la pasarela, salvo ese gracioso que saluda

y al que regaña su compañero.

Otros, en primer plano, no hacen nada.

De todas formas, lo principal y bello de esta película

es el humo.

La película número 295,

Panorama del Gran Canal tomado desde un barco,

es famosa por tener el primer movimiento de la cámara,

un travelling lateral que entonces llamaban panorama.

Alexandre Promio

pensó que si el cinematógrafo fijo podía filmar cosas en movimiento,

lo contrario también era posible. Y así fue.

En realidad, Constance Girel hizo otro panorama

en Colonia en el río Rin el 21 de septiembre de 1896.

Es decir, 36 días antes de este de Venecia.

Lumière, como John Ford,

imprime la leyenda más que la realidad.

Al otro lado de la Mancha,

Charles Moisson filma Inglaterra en 1896.

Lumière tenía sentido comercial.

¿No fue La salida de la fábrica la primera película publicitaria?

Este es The Empire, el cine de los Lumière en Londres.

Arriba a la izquierda se lee:

''El cinematógrafo de los Lumière. Todas las tardes''.

El teatro era de Félicien Trewey, a quien hemos visto bebiendo cerveza.

Por desgracia no tenemos una toma parecida del Grand Café.

En París la gente también iba al cine en calesa.

Aquí vemos el puente más famoso de Londres.

El cinematógrafo retrata fielmente el mundo que lo rodea.

Esta toma muestra que los operadores cumplían un pliego de condiciones:

traer imágenes distintivas de las ciudades, de sus gentes y monumentos.

Este es un ejemplo. Vemos el puente de Westminster,

donde destaca el Big Ben, como los bombines en los ingleses..

Todo se encuadra en una composición perfecta.

Después del primer cine de Londres, esta es la primera sala de Alemania.

Es el Panoptikum de Berlín en Friedrichstrasse.

Una vez más, lejos de filmar un mero plano descriptivo,

la película presenta distintos puntos de vista

y líneas de fuga que se cruzan delante del edificio.

Pone énfasis en las mujeres elegantes que llevan sombrillas.

Esta película impresionó a Wim Wenders cuando viajó a Lyon

para documentarse para su homenaje a los inventores Skladanowsky.

En Reino Unido, esta vez en Dublín, vemos a los bomberos,

un oficio que fascinó tanto a Promio

que aparecen en 11 de las 15 películas que rodó en Dublín.

Esta película utiliza el espacio de forma sorprendente.

Cada diez segundos ocurre algo.

Pasan unos coches y surge una multitud alegre e inquieta

que sale fuera de campo cuando sucede algo que no se ve.

Esta película se descubrió en la visita a Lyon de Elia Kazan,

originario de Estambul.

Se quedó muy impresionado.

Vemos la ciudad más famosa de Turquía

desde la ribera europea del Bósforo. Este panorama del Cuerno de Oro

es un verdadero plano secuencia, algo sin igual para la época

y que aún hoy sería difícil de conseguir.

Describe un movimiento circular para que siempre se vea la mezquita

y que también salgan el mar, la ciudad, un barco grande, otro pequeño

y, al fondo, los peatones cruzando el puente.

Tras la Turquía de Europa, vemos la de Asia, como se decía entonces.

Antes de la Primera Guerra Mundial, comprendía Anatolia, Armenia oriental,

Kurdistán occidental, Siria, Palestina,

Mesopotamia y Arabia otomana.

Esta película, Caravana de camellos, se rodó cerca de Jerusalén en 1897

y es, simplemente, majestuosa.

Esta película empieza con un primer plano, o casi.

El hombre mira fijamente a la cámara.

Dos años después de su invención,

el cinematógrafo debía colmar la curiosidad del público

en todo el mundo

con un exotismo nuevo y constante.

Puerta de Jaffa se rodó en la vieja ciudad de Jerusalén.

Dos niños reparan en la cámara y deciden hacerse ver.

Imaginen lo extraordinarias que debían de ser estas películas

para un público asiático, americano, europeo o africano.

Hay un lugar preciso para la cámara y esta película es la prueba de ello.

Es la primera vez que se filman las pirámides y la esfinge.

Sin embargo, es un prodigio, más que por el tema retratado,

por la perfecta puesta en escena..

Con un suave contrapicado

Promio plasma en 50 segundos la esencia de Egipto.

Vemos camellos, jinetes, su forma de vestir,

así como la Gran Esfinge de Guiza y la pirámide de Kefrén.

Desde sus inicios, el cine será un instrumento para conocer el mundo.

Esta película muestra al bey de Túnez y su corte

bajando la escalinata del Bardo.

Todos los poderosos querían aparecer en las películas de los Lumière.

Hoy en día se hablaría de difusión mediática.

El bey de Túnez quería que lo filmase Alexandre Promio.

Pero el desfile es tan solemne y numeroso

que no distinguimos quién es el bey.

La coronación del zar Nicolás II supuso un gran éxito para Charles Moisson.

Esta película es más sencilla, pero magnífica.

Se rodó en Moscú, en la calle Tverskaya,

en la Rusia de los grandes novelistas.

Una calle, como la de Lyon o Berlín, pero observen al hombre de la farola.

Le intriga el tipo que mueve la manivela.

Mira directamente al objetivo y nos obliga a mirarle.

Se convierte en el protagonista y se le aglomera la gente.

Dota a la película de una tensión dramática excepcional.

Alexandre Promio, que podría haber servido de modelo para Tintín,

llega a Estados Unidos en 1896.

Le da a Broadway, la avenida más importante de Nueva York,

una profundidad de campo grandiosa en una película deslumbrante.

Pobre Alexandre Promio, que sufrió la ira de Thomas Edison,

decidido a deportar a esos franceses que habían organizado con éxito

proyecciones en suelo norteamericano.

Antes de su expulsión,

Promio tuvo tiempo de rodar una serie de películas espléndidas.

Viajamos al oeste, hasta Chicago.

Promio filmó a 5000 policías en la avenida Madison,

la arteria principal de la ciudad.

De esos 5000 policías, 4997 tenían bigote.

Ahí hay uno que no lleva.

Observen de nuevo la profundidad de campo,

el uso de la diagonal y otros dos hombres sin bigote.

Este.

Y este.

En México, Gabriel Veyre rueda cerca de Guadalajara

esta obra extraña donde se enfrentan caballos y patos.

En esta batalla que parece desigual ganan los patos,

que recuperan su territorio natural: el agua.

Lo consiguen a pesar de los caballos, los perros y los mexicanos.

Con gran sentido del encuadre, del ritmo y de la épica,

Gabriel Veyre plasma para los europeos

lo pintoresco de un país lejano.

Niños anamitas recogiendo sapeques ante la pagoda de las damas.

Es Vietnam, entonces protectorado de Annam en la Indochina francesa.

Esta película es muy instructiva. La hija y la mujer del gobernador

lanzan monedas a los niños.

Ellas van de blanco y ellos de negro. Ellas están de pie y ellos agachados.

Hoy en día esta película atestigua lo que fue el colonialismo.

A Gabriel Veyre le gustaba romper las reglas.

A Louis Lumière le gustaba su atrevimiento.

Hacía falta valor para filmar esto en Tonkín.

Se titula Embarque de un buey en un navío.

Rodó una primera versión donde el animal cae.

No se atrevió a conservarla y destruyó el negativo.

Después, rodó esta segunda toma.

¿Inventó Lumière el cine de artes marciales?

Tras atravesar el mar de China, Constant Girel llega a Japón,

a Kioto, su capital histórica,

y se sumerge en un mundo enigmático para la sociedad occidental.

Filma un lugar con banderas japonesas y a dos kendoka en un plano general.

El estilo Lumière se palpa: un tema, un punto de vista y un tratamiento.

Esta toma se adelanta a la historia del cine

Kurosawa rodará esta misma escena 60 años después en Los siete samuráis.

Este capítulo muestra que los Lumière también hicieron ficción, comedia.

Las películas de éxito se proyectaban en todas partes.

Con tantas copias, los negativos se estropeaban y había que repetirlas.

Uno de los grandes éxitos, El regador regado, tuvo muchas versiones.

Esta usa la profundidad de campo y un juego cómico más sofisticado.

Termina con una mirada a la cámara.

Lumière hizo muchas comedias con militares.

Esta película, La niñera y el soldado, está milimetrada.

De nuevo, para introducir al público en la acción,

hay un personaje que ríe e incita a reír al espectador.

Acaba con unas bofetadas,

una acción recurrente en las obras de los Lumière.

Esta toma, rodada en Inglaterra en 1897,

es la primera película de fútbol, cuyas reglas acababan de ser fijadas.

La cámara no se mueve,

así que es imposible seguir el balón.

Ahora desaparece de repente.

Y la película se vuelve divertida.

La posición del balón

se adivina por el movimiento de los jugadores,

que se mueven como bailarines de ballet.

La película 948 se titula Pelea de colchoneras.

En esta descabellada película, las colchoneras que se pelean

semejan las colchoneras del teatro de Shakespeare.

Es difícil imaginar el tema de la película.

Se desmadra y parece escapársele a los personajes y hasta al director.

El mediador se convierte en el blanco de la ira de ambas.

Después llega gente por todos lados, se convierte en un despropósito,

las plumas quedan en suspensión en el aire,

al igual que la película.

Esta película se llama El enamorado atrapado.

Es una especie de Romeo y Julieta al estilo cinematógrafo.

Se rodó en un estudio, como muchas comedias Lumière.

En el balcón, hace de Julieta Eugenie Laurent,

una obrera de Monplaisir.

El final es el esperado y, mientras la gente ríe,

uno de los personajes mira a cámara para que los espectadores rían más.

En 1896, Louis Lumière filma a Félicien Trewey,

su agente en Inglaterra y amigo de su padre Antoine.

Se transforma en otros personajes gracias al sombrero:.

Aristide Bruant, Eduardo III, un escocés, un chino,

un pescador de sardinas, un portero, don Basilio, un policía y un soldado.

Ayuda saberlo.

Vuelve el ejército francés. Los cazadores alpinos entrenando,

crean un involuntario efecto cómico.

Un personaje principal se siente ridículo

y mira a la cámara, inquisitivo, para cerciorarse.

Los cazadores alpinos eran un cuerpo del ejército creado en 1888.

Vestían de azul y llevaban una boina a la que llamaban tarta.

¿Hacen estos ejercicios porque está la cámara?

Tavernier dijo que viendo esta película

comprendemos por qué Francia perdía todas las guerras.

Quizá en la fábrica Lumière,

Louis hizo las películas más disparatadas,

como esta titulada Serrador de madera melómano de 1897.

Es el producto de una mente bromista.

De una mente cineasta también. Tenía accesorios y amaños,

un ritmo lento como el del Gordo y el Flaco

y unos cómicos que hacían su papel a conciencia.

Esta película se rodó en París en 1897

y muestra la actuación de la bailarina La Bossi.

No dejó huella en la historia de la danza, salvo por esta película.

Le dijeron que tenía 50 segundos para demostrar lo que sabía

y ella lo hizo con cierta convicción.

Louis Lumière inventó el cinematógrafo y produjo cientos de películas,

pero también hizo comedias extravagantes.

Como esta película, rodada en La Ciotat en 1896.

Cuando el animal está dentro y se activa la rueda de la máquina,

entendemos por qué la toma se llama Charcutería mecánica.

Vemos aquí el vehículo más raro del cine.

Cerca de Lyon se está construyendo el canal de Jonage.

El vehículo es una apisonadora.

La mecanización no excluye el uso de la pala.

Llama la atención que incluso en grandes obras públicas,

Lumière lograra una composición perfecta

y sacara lo pintoresco y sorprendente de la escena más banal.

No sabemos si Louis Lumière había leído Veinte mil leguas de viaje submarino,

pero esta película parece una adaptación primitiva

anterior a la realizada por Richard Fleischer en 1954.

A la izquierda vemos una bomba de aire manual,

que será un elemento cómico recurrente

en El tesoro de Rackham el Rojo de Hergé

y que aquí accionan dos hombres con cierta desidia.

El cine es movimiento. Lumière deja la cámara fija

y mueve a los personajes dentro del encuadre.

La plataforma móvil, una acera que se mueve a dos velocidades,

fue la instalación más aclamada en la Exposición Universal de 1900.

En esta Francia que creía en el futuro,

Lumière supo captar el estilo, el espíritu

y la belleza de los nuevos tiempos.

El nuevo siglo también era el Nuevo Mundo.

En Nueva York, el puente que une Manhattan y Brooklyn

se inauguró en 1883, tras 14 años de obras.

El ángulo formado por la pasarela y las escaleras

crea otro encuadre por donde pasa el tranvía.

Estas novedades y construcciones fueron las que los operadores de Lumière

ofrecieron del mundo al mundo.

¿Qué nos gusta más de esta película? ¿La composición plástica?

¿O la cuestión que plantea?

En 1897, los pozos de petróleo de Bakú en Azerbaiyán se incendian..

Allí se encuentra un operador de Lumière y coloca el objetivo lejos de la acción

para plasmarlo todo en un plano general.

Abajo y muy pequeño, un hombre camina hacia la izquierda.

La botadura del barco La Varese fue rodada por Francesco Felicetti

en los astilleros de los hermanos Orlando en Livorno, Italia.

La ubicación de la cámara es perfecta.

James Cameron elegirá la misma para la botadura del Titanic.

El barco entra por la izquierda con un ruido ensordecedor imaginario,

apaciguado por la espuma que provoca el barco al alejarse.

Este capítulo podría titularse ''Las huellas de los Lumière'',

porque estas películas podrían ser de 20 o 30 años después.

Fíjense, parece Eisenstein y los marineros del Potemkin.

La cámara está en un ballenero y eso le confiere una modernidad,

una libertad y una audacia que no solo permite mostrar algo,

sino también dramatizarlo.

Toma desde un ballenero en marcha es una magnífica obra de cine.

Accidente de automóvil es espectacular. Ahora verán por qué.

El protagonista sobrevive al accidente y se parece muchísimo

a Michel Simon en la obra de Renoir Boudu salvado de las aguas.

Hemos mencionado el movimiento con la cámara fija.

Desde el principio, los operadores buscaban puntos de vista nuevos,

inéditos y abstractos, impulsando el cine experimental.

Esta Pecera con peces de colores

nos permite ver formas, sombras, reflejos y transparencias.

Cuando vemos esta película, rodada en Italia en 1897,

nos preguntamos si estamos ante una pintura de Turner

o una fotografía de Gustave Le Gray.

Hace mal tiempo. El operador está ahí y puede encender el cinematógrafo.

No pudo ser más oportuno.

La embarcación, golpeada por las olas,

se aleja y regresa sin salirse del encuadre.

Un día, John Ford le dijo a un joven Spielberg:

''Muchacho, nunca pongas la línea del horizonte en el medio''.

Lumière demuestra aquí el por qué.

Esta película es En fila india en los glaciares con raquetas..

Vemos a los cazadores alpinos. Algunos no se mantienen en pie.

A los Lumière, con casa en Evian, les encantaban las montañas.

Chamonix era un lugar para relajarse.

Este hermoso plano general nos plantea una duda.

¿Dónde estará situado el operador para filmar con tal prodigio

la procesión de cazadores alpinos?

Si antes evocamos a Kurosawa, ahora es el turno de Ozu.

El director japonés que dio tanta importancia a los silencios

habría apreciado que la cámara estuviese tan baja.

Si el cine es el arte del movimiento, también es el arte del tiempo.

El tiempo es el tema aquí.

Admiramos la disposición de los dos fumadores de opio.

Uno va con camisa blanca y pantalón negro y el otro, al revés.

Tanto Louis Lumière como Gabriel Veyr filmaron la muerte en México.

''El cine es la muerte trabajando'', decía Cocteau.

¿Una muerte de verdad? No.

Rodada una mañana, cerca de Ciudad de México,

es una recreación que tuvo lugar con la autorización de las autoridades

al día siguiente de un duelo de verdad en el que murió un hombre.

Jaleados por Louis Lumière, que adoraba las películas excéntricas,

los operadores empezaron a colocar el cinematógrafo en todas partes.

Aquí está dentro de un globo cautivo que se aleja del suelo.

La imagen trémula e incierta le da toda su fuerza y belleza.

Esta toma parece una metáfora del cine.

Tres niveles de profundidad de campo ofrecen tres lecturas.

El primer nivel es la multitud.

El segundo nivel es el barco,

y la cadena que va a romperse y asustar a los espectadores.

Es como una pantalla de cine donde suceden cosas.

Cuando sale de la imagen, aparece la misma escena

con otra gente como nuevos espectadores.

Terminaremos con unas películas sorprendentes

como este Esqueleto alegre, rodado en 1897.

Nos recuerda algo: cuando inventan el cine,

Louis y Auguste son jóvenes y aman la vida, las bromas y el espectáculo.

Así habrían podido llamar a esta película: El cancán del esqueleto.

No es una película en color, sino que se le añadió después.

Se coloreó a mano. Se rodó en Italia y se titula Danza serpentina.

En esa época, Loïe Fuller inventó la danza moderna.

Esto es un tributo a esta bailarina norteamericana.

Danza serpentina es una coreografía creada por Fuller en Nueva York en 1892.

La película es una maravilla.

Batalla de nieve es una de sus primeras obras maestras.

Se rodó cerca de la fábrica Lumière en Lyon un día soleado.

Pasan muchas cosas. La gente se divierte y llega un hombre.

Se cae de la bicicleta y se convierte en el blanco.

Intenta irse y olvida su sombrero.

Las sombras en el suelo blanco

muestran la perfecta fotografía del cinematógrafo.

La gente disfruta hasta el final,

seguramente excediendo las indicaciones del guion.

Gabriel Veyre rodó esta película en Namo, Vietnam, en 1900.

Esta quizá sea la película más bella de Lumière.

Con un travelling hacia atrás,

la cámara, en una silla de manos, sale del pueblo.

Los habitantes están fascinados con el aparato.

Muchos niños corren delante de la cámara.

Una niña gana la carrera.

La cámara fija su rostro para la eternidad.

Su mirada, su timidez y su alegría

dan a esta película toda su intensidad y emoción.

Desde el principio, el cine supuso arduas batallas

y demandas de paternidad.

¿Inventaron los Lumière el cinematógrafo?

¿Su máquina era mejor que el kinetoscopio de Edison o no?

Louis no se dejaba engañar

e hizo Pegadores de carteles, rodada por Promio en 1897.

Un astuto guion relata el éxito del cinematógrafo de Lyon.

Se trata de una película dirigida y con actores, una vez más.

Todo termina con unas bofetadas, la llegada de la policía

y con el cubo de pegamento en la cabeza de los agitadores.

Esta es la película 42 del catálogo Lumière.

La rodó el mismo Louis.

A pesar de las apariencias, no se trata de un trucaje.

Félicien Trewey, que se transformaba antes con un sombrero,

tenía otra especialidad: escribir al revés.

Es una prueba más del humor y la fantasía del cine de los Lumière.

Las proyecciones solían acabar con esta película

y con ella y su elegancia masculina terminamos este programa.

Señoras y señores, gracias.

Hemos visto 108 películas rodadas con el cinematógrafo.

En total, Louis Lumière y sus operadores filmaron 1422 películas.

Aún queda mucho por descubrir.

Hubo muchos artilugios estrafalarios antes del cinematógrafo,

pero ninguno después. Cuando Louis rueda sus primeras películas,

todo está allí y para siempre.

Fue el último inventor y el primer cineasta.

Desde el principio hizo que el séptimo arte fuese algo divertido,

tierno y universal.

Una película compuesta por 108 piezas

que fueron rodadas entre 1895 y 1905

por Louis Lumière y sus operadores.

Dirigida y comentada por Thierry Frémaux.

En memoria de todos los ''lumieristas''.

¡Cámara! ¡Acción!

A quienes visitan en Lyon, Francia, la calle de la Primera Película.

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