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María la Loba
no no
Nunca recuerdo las fechas, pero esta la recuerdo muy bien.
Fue el año en que mandaron a Jean François a la guerra de China.
A Tonquín, creo.
Nunca habíamos visto al pastor por aquí, pero supimos que era él.
En casa de los Ribó, cuando el hambre llama a la puerta, nadie pregunta quién
es, Dios o Diablo.
Cuando hay hambre, hay hambre.
Y mi Julián sabe lo que hace.
Hay que andarse con cuidado con los lobos.
¿Cuántos animales tienes?
Puede que seis.
Te daré para siete.
Para los animales.
Para ti.
No tengas miedo.
¿Es tu hijo?
Sí.
¿Tienes alguno más?
Sí, una niña.
No, no temas, no voy a hacerle nada. Estamos en paz.
¿Qué edad tienes?
Un año.
¿Se llama María?
¿Nunca ha comido carne?
No.
María, te otorgo poder sobre los lobos.
Tu mano curará sus mordiscos en el acto.
Tienes el don de curar.
Harás una papilla masticando pan.
Colocarás la papilla sobre la herida.
El resto nunca lo supimos.
Fue un secreto entre María y él.
Al pastor no volvimos a verle.
Nunca debes saber que tiene ese don.
20 años más tarde.
Eres María Ribó.
Qué viejo me siento al verte tan alta y tan guapa.
No tengas miedo.
Los lomos nunca te harán daño.
¿Qué tiene?
¿No lo has oído?
¿Vas a curarle?
No soy brujo.
Voy a intentarlo, pero no tiene buen aspecto.
Habría que hacer un emplasto con salvia y tierra de alfarero.
Temo que en este estado solo necesitaría un acto de brujería.
Y yo no soy brujo. ¿Por qué repites que no eres brujo? Para que lo sepas.
En caso de que pasen cosas en la casa de quien ha hecho esto, hay
poderes, pero los poderes no hacen al brujo.
¡Martín! ¡María!
¡Martín! ¡Martín! ¡Aquí estoy!
¡Martín! ¡Abrázame fuerte!
¿Te ha pasado algo malo?
¿A mí?
No, ¿por qué? No sé.
¿Te han asustado los lobos?
¿Eran lobos?
Creí que eran perros.
Si los hubieras visto, pasaron cerca de aquí.
El caballo estaba enloquecido.
Tengo que cuidar mis cabras. ¿Quién las cuida ahora?
El perro.
Me has hecho daño.
Te quiero demasiado.
Te he mordido porque te quiero.
¿Pero qué?
Déjame.
Se llamaba Víctor Treso.
Lástima que se haya muerto, porque él no necesitaba hacer agujeros en todas
partes y...
¿Cómo lo encontraba?
Llevaba un bastón, husmeaba el aire como un perro.
Caminaba, de repente se paraba, golpeaba la tierra y decía, ¡ay!
Y ahí estaba.
Yo no busco oro, sino, digamos, restos de mi familia.
No lo entiendo, ¿qué le han dejado sus padres?
Nada, ¿qué iban a dejarnos? Se lo quitaron todo.
¿Se lo quitaron o no?
Nada, es nada.
¿Qué dan los recuerdos?
En mi casa los recuerdos son las tierras.
Mi abuelo trabajaba para los ricos.
Tenía un trozo de tierra y un techo para cobijarse.
Mi padre lo amplió, yo continué.
Y la que se case con mi Martín siempre tenderá mantequilla para untar la
sartén. Ya.
A nosotros nos lo robaron todo.
Hasta la tumba del cementerio.
Los dragones del rey lanzaban los cadáveres por el barranco. ¿Y eso es lo
que está buscando?
Otros lo hicieron antes.
Los que escapaban a la masacre volvían de noche a recoger sus
muertos y sepultarlos decentemente allí donde habían vivido.
No necesitaban un campo santo.
¿Y su familia a dónde fue?
Lejos. A Alemania o a Suiza, a Ginebra o a Holanda.
Allá donde no perseguían a los protestantes.
¿Y usted por qué volvió?
Para recuperar mis recuerdos.
Pero usted no había nacido en esa época.
No, pero me lo han contado tantas veces que se ha convertido en mis recuerdos.
Pues sus recuerdos no están nada bollantes.
Lo sé.
Y el tiempo no ha ayudado mucho.
Sobre todo las tormentas.
La lluvia no para.
Parece que al diablo le gusta la humedad.
Malgren, ya va siendo hora de que cobre los arrendamientos.
Hace más de dos años que no paga nadie.
Sí, pero los arrendamientos con estos dos años de miseria, las heladas de
abril, las lluvias de agosto... Y además, tampoco queda mucho por vender.
¿La granja del oso?
Desde que se secó el arroyo vale menos que el vientre de una monja.
No.
Sería mejor... ¿Qué?
Los bastardos. ¿La granja de los Ribó? El de usted, que yo sepa.
Sí, desde luego.
Pero los Ribó llevan allí mucho más tiempo que yo. Y nunca se han
beneficiado de nada.
¿Los Ribó no se han beneficiado? Se aprovechan de usted. La mitad de su
tierra está yerma.
¿Solo tienen un chico? Será mejor no hablar de su chico, pero que conste que
ahí hay una buena tierra para quien se moleste en trabajarla.
Conozco a gente que pagaría mucho por ella.
Hasta mañana, Malgren.
¿Ya era hora?
¿Toda esa leña es para San Juan?
Claro.
¿Dónde la has cogido?
En el salto del capellán. El capellán es nuestro haberla cogido en el Bosque del
Oso. Eso es del señor de Gardet.
Precisamente, el castellano también debe contribuir a la fiesta. No es más que
una carretada.
Supongo que no irás a San Juan con la hija de los Ribó.
Supones mal.
No me hagas eso.
No por San Juan. No irás a saltar en el fuego por ella. Desde luego que sí.
Si saltas el fuego es como si te hicieras su novio. Ya sabes que queremos
casarnos.
Hijo... María, no digo que para pasar un rato... No quiero a otra mujer.
¿Te la imaginas en la iglesia como señora Malgren?
Convertiría el agua bendita en vinagre. ¿Te acuerdas lo que te contaba la
abuela? Tenía la cabeza perdida. Claro, los malos secretos salen solos.
Tú sí que eres mala.
Solo tenemos un hijo.
Nos matamos por él y nos manda el diablo.
María será mi mujer.
La quiero.
Puedes tenerlas a todas.
Bernadette, la hija del notario, ¿a quién crees que le pone cirios?
Bernadette no necesita cirios para tener fuego en el culo. Tu padre preferiría
verte ahorcado que casada con María Ribó. Ese colotacaño que es vendería
hasta la soga y ganaría con mi muerte.
¡Serás maldito como ella!
El padre de Batista ha matado a un lobo.
Hacía tiempo que no se veían lobos por la región.
Un lobo de la jauría del pastor.
¿Cómo lo sabes?
Lo he visto.
¿Al lobo?
¿Y al pastor?
¿Cuándo?
Esta mañana.
El pastor es una buena persona.
Sí.
Pero habrá que rezar por Moyán, Batista y toda su familia.
Era el jefe de la jauría.
¿Qué quieres que le haga al que le mató?
Está bien claro.
Ha matado a mi lobo con una bala de su fusil.
Él y su familia están condenados a la bala y al lobo.
¿Has pronunciado la maldición?
Por supuesto. Era el jefe de la jauría. La justicia es la justicia.
Tres lagartos verdes.
Lengua y corazón de perro.
Sal de nitro.
Por la luna roja y el sol negro.
Tres corazones de golondrina.
Más siete hojas de verbena.
No lo olvides.
A medianoche, en la noche de San Juan.
No quiera Dios que lo olvide.
Muchacha, ya estás lista para dirigir el aquelarre.
La jaulía, sin su jefe, es como un caballo tuerto.
Otro ocupará su lugar.
Entonces será un caballo ciego. No atraigas la desgracia bastante a ella.
Que la noche te proteja.
¿Marguerite? ¿Qué?
Es aquí, es aquí, es aquí.
¿Eh?
Dios santo.
Pero si hay un tesoro. Sí, sí, sí.
Arriba. Ahora un poco más.
Ya está.
Un taburete.
La Biblia.
La Biblia de mi bisabuelo. La Biblia.
Pero está prohibida. Todos sus bonotes tenían una.
La escondían así, en un taburete.
Esto es cosa del diablo.
No me gusta.
Toma.
Daos un poco más de prisa.
¿Saltarás por mí mañana?
Anda ya.
Vamos, que se hace tarde.
¿Quieres hechizarme?
Yo también, soy un poco bruja.
Idiota.
Mi padre mató a un lobo ayer en el capellán.
Tienes que clavar la piel en su puerta, porque si no... Sí.
¿Pero qué hace?
Voy a buscarla. No le meta prisa, señora Ribó. Está poniéndose guapa.
Y tenemos tiempo.
Martín, ¿te gusta el trabajo de leñador?
Sí.
Una temporada está bien.
Además, con tal de no estar en casa... No es verdad.
No es fácil entenderse con tu padre.
Nos hemos peleado muchas veces.
Sobre todo ahora que no quiere ser campesino.
Le da vergüenza.
Está más a gusto con los notarios que en el campo.
Ahora es como el intendente del castillo.
Ahora no digo nada.
Pero cuando vuelva del servicio, ya veremos.
Es verdad.
¿Te irás pronto?
En menos de siete meses. Hay que ver.
El pequeño Martín que jugaba a los soldados. Sí, el recluta Martín. No es
cosa de risa.
Será duro para María.
Seguro.
No quiero precipitar los acontecimientos, pero ya sabes cómo son
las lenguas de este pueblo.
¿Respecto a María?
Ella y tú, no digo que vosotros, pero hay que comprender a la chica.
Si te vas y ella te espera, ¿sin ser novios? Tiene mi palabra, señor Arribó.
Además, dentro de un rato saltaré el fuego por ella.
No tiene una buena dote.
Ya sabes que no somos ricos. Sin embargo, no se irá de vacío.
A mí no es el dinero lo que me importa. Ya lo sabe.
Los enamorados.
Toma.
Martín.
¡Vamos!
¡A saltar el fuego!
¡Por Bernadette!
Saltaré por ti, María.
¿Por qué me lo impides? Ya no me quieres.
Martín, déjame.
No es nada.
¿Es verdad que conoces las estrellas?
¿Por qué me lo preguntas?
Por nada.
Pues claro.
Desde siempre.
¿Quién te enseñó?
Nadie.
¿La Osa Mayor dónde está?
Ahí.
¿Y el carro?
Eso lo sabe todo el mundo.
¿Es verdad que hay estrellas buenas y malas?
Hola, María.
Jacob está herido.
¿Has oído?
Sí. Le ha mordido un lobo.
¿Quieres venir?
¿Y qué puedo hacer yo?
No sé, pero como ha sido un lobo... ¿El hijo del que usted mató? No seas
mala, María.
Jacob puede morir.
¿Y el curandero? Ha venido y no puede hacer nada.
Si el curandero no puede, avise a la Yuin.
Ella es bruja.
Ven, por favor.
Te lo suplico. ¡Eh, Moyán!
¿Qué puede hacer ella?
No es una bruja.
Ya lo sé, pero es la única esperanza que me queda.
Pobre hombre, has entablado una guerra con los lobos del pastor. Ni San
Francisco, que era amigo de los lobos, podía salvarte a ti y a los tuyos.
¿Qué, María?
¿Vienes? ¡Vamos, márchate!
Tienes mal fario, se me morirán las cabras.
Tienes razón.
¡Sois mala gente!
Si se muere, mi hermano, si se muere, vendrá todas las noches a sentarse en tu
cama.
No, no vas a ir, no.
¿Puedo curarle sí o no?
Tú lo sabes.
Lo sé.
No puedes.
Todo eso son historias.
Entonces iré para que vean que no soy una bruja.
Sabía que no nos abandonarías.
Solo he venido para que veáis que no puedo hacer nada.
Ya les había dicho yo que no eras una bruja.
¿Dónde está? En la habitación de los padres.
Eres nuestra única esperanza.
Lo hemos intentado todo. ¿Qué es todo?
El curandero.
Los ungüentos, las plegarias, las compresas de agua bendita.
María, te otorgo poder sobre los lobos. No puedo hacer nada.
A lo mejor, sin saberlo, inténtalo.
Tu mano curará sus mordiscos en el acto.
Déjeme, veré qué puedo hacer.
Tienes el don de curar.
Harás una papilla masticando pan.
Colocarás la papilla sobre la... Traiga leche de oveja, agua y pan.
Por todos los fuegos del infierno, vete a ser maligno.
Vete, bestia vil.
Te lo ordeno.
¿Qué hace?
Gestos.
Como si dijera misa.
El que faltaba.
¿Dónde está María?
En la casa, arriba.
¿Para qué la quiere?
Eh, tranquilo. Es ella quien ha querido venir.
Por favor, se está muriendo.
No es una bruja. No, por favor, Martín. Por mi hijo te lo suplico.
Por todos los fuegos del infierno.
Vete ser maligno.
Vete bestia vil.
Te lo ordeno.
¿Eres bruja?
No.
No soy una bruja.
No soy yo.
No soy yo.
No soy una bruja. La loba lo ha matado.
Uniyakot.
¡Oh!
¡Asesinos!
¡Tú no!
¡Vete de aquí!
¡Está quieto! ¡Le vas a matar!
¡Ya me quedo yo! ¡Tú vete!
¡Quieto!
¡Se ha salvado! ¡Mi hijo se ha salvado!
¡Arriba!
¿Te lo ha hecho el hijo de Malgren?
Apuntó bien el condenado.
No, no apuntó muy bien.
Pero por poco, ¿eh?
Tres dedos.
No te preocupes.
El domingo irá a ver a Dios.
En su iglesia, naturalmente.
Martín era un buen chico antes de que le embrujaran.
Bueno, eso es todo. Ya volveré.
A ver, Jacob, enséñame el mordisco.
Oh, esto sí que es un milagro. Un milagro. Eso demuestra que es una bruja.
Una bruja buena.
¿Y Martín, con los gendarmes?
Estaba muy mal.
Medio muerto.
Le han metido donde los cerdos. Medio muerto. Me gustaría verle. Anda, vamos.
Venga.
Venga conmigo.
Por aquí.
Vamos, vamos.
Sí estaba aquí.
Está claro que no estaba medio muerto. Y tú ándate con cuidado.
¿Se puede saber a qué vienes?
Ha muerto.
Sabes muy bien que le has curado. Vete. Me refiero al señor Moyán.
Que Dios le proteja.
No te necesita.
Está muy bien.
¿Martín no le mató? Ese chiquilicuatre no puede matar al señor. ¿Dónde está
Martín? Es embrujado. Se ha ido con el diablo.
¿Dónde debe estar?
¡Bruja! ¡Bruja!
¿Eres tú, Martín?
¿Dónde estás?
Qué guapa eres.
¡Déjame!
No te pongas así, tranquila.
No te voy a hacer daño. No olvido que salvaste a mi hermano. ¡Cállate!
Yo no me creo esas historias.
¿De qué eres bruja?
Haces mal.
No me da miedo tocarte.
¿Estás asustada?
¡Te odio!
Yo te quiero.
Desde siempre.
No es un crimen.
¿Dónde está Martín? No lo sé.
Martín y yo nos hemos peleado porque los dos te queremos.
Eso es todo.
Él fue quien empezó.
¡Mentiroso!
Escucha, si te portas bien, te diré dónde está Martín.
Déjame.
¡Cómo vuelvas a hacerlo, te mato!
¡Cerda!
¡Déjame!
¡Eres una loba!
Será mejor que mis ojos no vuelvan a verte nunca.
Dos días sin aparecer por casa, no es normal.
Ya tiene 20 años.
Son las fiestas de San Juan y hay paja fresca en las granjas.
María le ha hechizado.
Ya empezamos, ya empezamos.
No te lo he dicho, pero Martín ha estado a punto de matarme. A veces te lo tienes
merecido.
Le trata como un niño y no le gusta.
Compréndelo. Batista, ¿pero qué te ha pasado?
¿Te has cruzado con los lobos? Con una loba rabiosa.
Supongo que no habrás visto a Martín.
Vení a buscarle. Nos hemos peleado.
Antes erais buenos amigos.
Nos hemos enfadado.
Por culpa de María. ¿Lo ves? ¿Qué te he dicho?
¿Qué ha pasado?
Venía por el camino tan tranquilo y de repente se me abalanzó. ¿Así, sin más?
Como un animal salvaje. No la vi venir.
¡Y gruñía!
Es una bruja.
No sé si fue un lobo quien mordió a mi hermano. ¿Crees que fue ella?
No lo sé, pero... no le gusta que sea amigo de Martín.
De un trago. Te entonará.
Los Ribot traerán la desgracia a estas tierras. Tienen que marcharse. ¡Rápido!
Es usted quien se ocupa de los asuntos del señor de Gardet, ¿no? Se lo diré. ¿O
ellos? O nosotros, que escoja. O nosotros o el diablo, tú dirás.
Pasa.
Buenas noches.
¿Es usted la señora Yuin? Lo de señora está de más.
Te has retrasado.
¿Yo? Llevo dos días esperándote.
Siéntate. No lo sabía.
Hace dos días que lo sabes.
¿El qué?
Tus poderes.
El hijo de Moyán.
Tienes un don que no lo tienen los otros.
Ya lo sé.
¿Y qué?
¿Tienes miedo?
Es normal.
Yo me asusté cuando mi padre me contó el secreto.
Yo no soy una bruja. Oh, no.
Puedes estar tranquila. No lo eres.
Eres solo un aprendiz.
No quiero.
¿Quieres hablarme de Martín?
Está vivo, lo sé. ¿Dónde está?
Vuelve a casa.
Tus padres están preocupados.
No te muevas de allí.
Martín volverá. Muchas gracias.
Quiere mucho.
Mientras pueda.
No me has dicho nada de la gente que te odia.
Lo único que me importa es Martín. Basta con que digas maldito sea ese.
O este.
Y se cumplirá.
¡Acuérdate!
¡Maldito sea!
Era como... Tuve miedo. Salí corriendo.
Pero... Lo del pan... ¿Cómo lo sabías?
No lo sé.
No puedo explicarlo.
Como si alguien me lo dijera.
Ha oído voces.
Eres bobo.
No sé.
Era más bien... No puedo explicarlo.
Como en la escuela cuando te dicen cosas.
Las olvidas y luego las recuerdas.
Sí. Como algo que te dicen al oído.
Puede.
¿Y por qué no volviste a casa?
Estábamos preocupados.
No sé, no lo sé.
Todos me gritaban que era una bruja, que traía mala suerte.
Martín había desaparecido.
Y yo... No era yo.
Así que huí hacia el bosque.
Para olvidarlo todo.
No es verdad.
No soy una bruja. Todo eso son mentiras.
Cuentos de la abuela cuando tenía la cabeza perdida.
¿Seguro que todo lo que contaba la abuela era mentira?
Hablaba mucho con la señora Malgren.
Y esa con su lengua.
María, esa gente tiene la culpa.
Yo les diría un par de cosas.
Un par de cosas bien gordas. No se puede hacer nada.
Son los amos.
Desde que se han metido al señor de Garda en el bolsillo, esta casa no es
nuestra.
Y ellos acechan nuestras tierras.
Si no fuera por mí no tendríais problemas.
No digas tonterías.
Ven, vamos a segar la pradera.
Tú vete a dormir.
Seguiremos hablando esta noche.
Me tienes a mí, hermanita.
No permitiré que te hagan daño.
Lo juro.
Malditos sean todos los Malgren.
Martín.
Mi Martín.
Martín.
Martín.
¿De verdad estás aquí?
¿Eres tú?
María.
Martín.
María.
¿Tienes hambre?
María.
Tengo que irme.
Enseguida. ¿A dónde?
No quiero ir a la cárcel.
¿Qué has hecho?
He matado al señor Moyán con un bielto.
Apenas le pinchaste. No tiene nada.
¿Por eso te escondías?
Solo pensaba en los gendarmes y en que iba a perderte.
Ni siquiera pensaste que me iría contigo.
Se está bien aquí.
Pero tengo que volver a casa.
¿Con tus padres?
Sí, qué remedio.
No.
Vas a quedarte aquí.
Te curaré hasta que te recuperes.
Te esconderé.
No diremos nada a nadie.
Si tú quieres que me quede...
Gracias.
Le echaré de menos, Ribot.
Olvidaré lo que ha hecho por mí.
Es una lástima.
Pero no había otra solución.
Ahora firmaremos el documento en la notaría y listo.
A otra cosa.
No sé, Malgren.
No sé si hemos hecho bien.
Podríamos haber encontrado una solución más humanitaria. ¿Usted cree?
¡Arre!
Creo que hemos hecho lo más conveniente.
Antes de marcharme le partiré la cabeza a ese malgren.
¿Te marchas?
¿Vas a la guerra?
Mucho peor.
Nos echan de los bastardos. Ya sabéis que no era nuestra casa.
Es por mi culpa, ¿verdad?
Es por mi culpa. No digas tonterías.
El señor de Gardé ha hecho cuentas y tiene que vender. ¿Nuestra casa? No es
nuestra, María.
Aunque llevemos aquí toda la vida. ¿A quién le va a vender? No me lo ha dicho.
Pero me lo imagino.
¿A Maldrin?
Voy a buscar la escopeta.
¡No me mates!
No, mujer, soy yo.
¿Le has dado? ¿A quién?
A ella, a María.
Seguro que es ella la bruja. ¡Dale!
Que la mano de Dios venga antes que la suya. Que la mano de Dios venga antes
que la suya.
¡Sal de ahí, maldita! ¡Has embrujado a Martín!
¡Lo pagarás! ¡Que la Virgen te acoja!
¡Sois todos malditos!
¡Carroña de carroña!
¡Hijos del diablo!
¡Eh, Malgren! ¿Eres tú quien da esas voces? ¡Brujo, tú también!
¡Maldito entre los malditos! ¿Estás loco o estás borracho? ¡Tu hija es una bruja!
¡Está maldita! ¡Mar!
¡Descuelga la escopeta! ¡Tú lo has querido!
¡Ribo!
¡Abre o voy en busca de los gendarmes! ¡Ribó!
¡Márchate de la región!
¡Tú y toda tu cochambre!
¡Malgren! ¡Cuento hasta tres y disparo! ¡Uno!
¡Asesinos! ¡Dos! ¡Devuélveme a mi hijo!
¡Tres!
¡He matado a la loba! ¡La he matado!
¡Que revienten todos los ribó!
Era mi padre.
Estaba gritando.
Sí.
Una disputa. Con mi padre, nada grave.
¿Por mi culpa?
¿Qué dices, Martín?
Quieren echarnos de aquí.
Si la casa es vuestra.
El señor de Gardet jamás... quiere recuperarla.
Iré a verle.
Hablaré con el señor de Garrett.
No se puede hacer nada.
Nos odian.
Tu padre dice que soy una bruja.
¿Tú por qué gritaste?
Quiso matarme.
Estuvo a punto de alcanzar a Mark.
Voy a ir.
No, Martín. Hazlo por mi amor. Lo hago por ti, precisamente.
Martín, has saltado el fuego por mí.
¿Quieres que sea tu mujer?
¿Y me lo preguntas?
Aunque fuera una bruja.
No empecemos otra vez.
Sabes bien que no lo eres.
No lo sé, Martín.
Ya no sé lo que soy.
¿Me querrías de todas formas?
Debería pegarte.
Claro que te querría.
Demuéstralo.
Demuéstramelo. María.
¿Sabes lo que les pasa a los que hacen el amor con una bruja?
Te amo.
Hasta en el infierno.
A él no puedo maldecirle. Le amo.
No puedes comprenderlo.
Mi pequeña loba, ¿qué sabes? No me llames loba.
Como quieras.
Incluso su familia.
Yo no quería.
Pero nos odian.
He maldecido a los Malgren, pero no a Martín.
La maldición es como la caza. Si no apuntas bien, no aciertas.
Pero yo no soy una bruja. ¡No quiero!
Tranquila. Uno no se convierte en brujo así como así.
En nuestro mundo de la noche, el sí quiero o no quiero no existe.
Yo no quiero ser bruja.
Has recibido un poder, un buen poder, pero al mismo tiempo otro malo.
Siempre hay un blanco y un negro.
La cara y la cruz.
La cabeza y los pies.
Pero no lo entiendo.
Yo no he pedido nada.
No hay nada que entender ni nada que pedir. Nada.
Entonces estoy maldita.
Estás un poco embrujada. Eso es todo.
Te lo suplico.
Libérame.
No puedo hacer nada, nada.
Ayúdame.
Mi pequeña loba.
Le quieres tanto que fundirías las piedras.
Sálvame.
El que puede hacerlo no da nada.
Cambia.
Presta.
Como en las ferias.
Hay que entenderse con él.
Todo lo que quieras, dímelo.
Hoy a medianoche, esperarás a que llegue alguien al cruce del
Calvario.
Iré. Sin miedo ni temor, pequeña loba.
Sigue tu ruta.
¿Eres tú?
Esperabas a otro.
¿Tienes poderes?
Sí, los tengo.
Te otorgué el don de curar.
No.
Te lo suplico, quítamelo.
No pidas nunca lo que algún día puedes lamentar.
Aún te queda un largo camino.
¿Por qué me ha caído esa maldición?
No utilices nunca esa palabra.
La maldición es para quienes te han hecho sufrir.
Martín nunca me ha hecho sufrir.
Tú... has recibido una gracia.
Que no te asusten las palabras.
Así como hay sol y luna, existen gracias del demonio y gracias del otro.
¿Quién eres?
En tu casa existe el padre de la luz.
Yo me he convertido en tu padre de las sombras.
¿Qué debo hacer?
No temas nada.
mientras esté yo.
Ave María purísima, sin pecado concebida. Ave María purísima, sin
pecado concebida. Ave María purísima, sin pecado... Y no malcastes el agua
bendita, nunca se sabe. Por si acaso entra algo.
¿No crees que hubiera sido mejor cortarle el pescozo al gallo? No, no,
no, se lo he preguntado al cura y me ha dicho que el agua bendita era lo mejor.
Puede que hayas matado a esa bruja. Tú déjame a mí. Pero ¿y si la has matado?
Te digo que no. Ella gritó y los muertos no gritan.
Con los malditos nunca se sabe. ¿Has traído el corazón de cordero? Sí.
¿Tienes los clavos? Sí.
Ya va a ser la hora.
Seguro que Martín está en casa de esos malditos.
Seguro, no lo he visto, pero...
¿Dónde lo ponemos? En la chimenea. Es el único sitio que queda.
Voy a intentar dormir un poco.
Bien, yo vigilaré.
Ve tranquila.
¿Qué te pasa?
¿Dónde está?
Toma esto.
Toma.
¡Cerdo! ¡Cerdo! ¡Fuera!
Ah, ¿estás ahí?
Nos enfadamos antes de la fiesta.
Estuve algo violento.
No te acerques, condenado.
Cuidado, hay palabras que son como disparos. Como cuando quisiste matar a
tu madre.
Eh, un momento.
Si sigue aquí es porque... ¡Estás maldito! El cura ha dicho que te ha
embrujado María la Loba. Os habéis vuelto todos locos. Vamos a volvernos
todos locos.
Maldita sea esa gentuza. ¿Hablas así de los de Bo?
¡No entres ahí!
La muerte está dentro. Vino como vino tu loba, de noche.
Mentira.
Llevo dos noches con ella.
Y presumes fornicas con esa loba. No empecemos, ¿eh? Estás condenado. Te
quemarán con ella.
Bueno, ya está bien. Nos queda mucho camino.
No pensaréis iros.
¿A dónde vais a ir?
No queremos presenciar la catástrofe. El tío Amedio nos hará un hueco.
¿Amedio, el del monasterio?
No se había muerto.
Lo sabríamos. Y están sus hijos.
Ellos no nos echarán. ¿Es que yo os echo? No es verdad.
Os han hechizado y os está hirviendo el cerebro. Eso es lo que te ha pasado,
hechizada. No hay más que olerte. Estás impregnado de hedores.
Lo que nos faltaba. El desenterrador de cadáveres.
¿A dónde va usted, Malgren? Lejos de esta tierra maldita. Le necesito.
Precisamente venía a buscarle. Pues búsquese a otro.
Puede que sean su remilgo los que han atraído a los demonios. Ya se lo había
advertido. Advertido, advertido.
De acuerdo, tardé en echar a lo ribó. Tenía que ir a hablar con el notario,
¿no? Bien, bien. Si a cambio accede a crearse, iré.
Pero tampoco querría precipitarme.
Quisiera darles tiempo. No, demasiado tarde. Todo está podrido.
María anda con los lobos, el hijo está poseído, la casa hechizada.
Vamos, Margren, que no estamos en la Edad Media.
No irá a decirme que cree en esas historias. Que si creo, usted despierta
a los muertos. Ella ha embrujado estas tierras, los condenados vuelven y usted
habla de las viejas historias. Pues adiós. Vamos.
Cuando se vayan los diablos de aquí, avíseme a casa de a medios.
¡Por correo! ¡Ale, ale!
¿A casa de a medio?
Un viejo tío al que nunca íbamos a ver.
Vive en un... ¿Y ahora qué va a ser de mí? Ya encontrará otro intendente.
Lo que sobra es gente que quiera robarle lo que le queda. ¿Y las excavaciones?
Justo cuando estaba alcanzando el objetivo.
Martín, ¿durante uno o dos días no querrías ayudarme? No soy un hombre
fuerte. Yo solo no podría.
Favor, por favor.
No me importa ayudarle.
Pero deje a los Ribó en su casa.
Tienes mi palabra.
Vamos, ven.
Deprisa. Martín.
Martín.
No des esos gritos. Los padres están en el jardín.
Cálmate.
Tu Martín no se ha perdido.
¿Dónde está? En casa de sus padres.
No dejan de ser sus padres, tienes razón.
¿Volverá?
Mira que eres tonta para ser bruja.
Vamos, vete a tu habitación y vuelve cuando hayas dormido un poco.
Los padres no están contentos.
¡Señor Malgren!
¡Señora Malgren!
¿Hay alguien?
¡Señor Malgren!
¡No puede ser! ¿Estarán todos muertos?
Sí, seguro que están ahí.
Seguiremos mañana.
No, ni hablar.
Ya no se ve nada.
Sigue, Martín, sigue.
Estamos a punto.
Desenterrar a los muertos cuando el cielo oscurece es llamar al diablo. No
creerás esas estupideces como tu padre.
Claro que no.
Pero hay verdades en las que nadie cree y luego...
Si tuviéramos una escopeta.
Claro, pero no la tenemos.
Forme un círculo, haga como... ¿Para qué?
Puede que en este momento veamos lo increíble.
Yo, esas supersticiones, debería formar un círculo a su alrededor.
¡No te muevas, Martín!
Quédate donde estás.
¡No salgas!
¡Por Belzebú!
¡Ve a buscar a María, rápido!
¡Por el diablo!
¡Galopa más deprisa que la muerte!
No temas, mi loba.
Se rebelan contra mí.
¡Avanza! A ti te dejarán pasar.
Martín, soy yo.
Martín, estoy aquí.
Date prisa. Tu abuela no te lo dijo todo.
Tienes el don de curar mientras yo esté vivo. Si muero, lo perdonarás.
Martín. Martín, te lo suplico.
Martín.
Martín.
Martín. Martín, vas a vivir.
María.
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