All language subtitles for Innocent Voices (2004)

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Original subtitles

Tengo mucha sed.

Y me duelen los pies.

Tengo piedras en el zapato.

Seguro nos van a matar.

¿Por qué nos quieren matar si no hicimos nada?

Un día, mi papá nos dejó y se fue a los Estados Unidos en medio de la guerra.

Mi mamá no salió a despedirse.

Me dijo que ahora yo iba a ser el hombre de la casa.

Pero primero tenía que ir a hacer pipí.

Dos alas.

Quien tuviera dos alas.

Dos alas para el vuelo.

Esta tarde en la cumbre casi las he tenido.

con el loco deseo de verlas extendidos sobre aquel mar dormido.

Yo tuve que encaminar a Antonio y a Fito.

¿No tienen pies para llegar solos?

Es que ya saben cómo son los miedosos.

No vuelvas a llegar tarde, papito.

Los soldados no están jugando.

Un día Dios no lo quiera, agarran su rifle, te disparan.

¿Ya me entiendes?

¡Muchas gracias!

Todos teníamos miedo de cumplir los 12, porque venía el ejército y te llevaba.

A mí todavía me quedaba uno.

Ancho era mi amigo.

Algunos le decían cerebro de pescado.

Pero él no le daba miedo a seguir cumpliendo años.

¿Dónde estaban?

Es tardísimo.

Encarga a tus hermanos, ¿eh? No se apure.

Rosita.

Mamita, no me des nada de comer a Ricardito después de las ocho, ¿sí?

Aunque grite. Eso. Ay, ¿por qué, mami?

Te quiero, mi amor.

¿Y a qué saca la basura?

Y cierro la puerta y pongo la tranca y no le abro a nadie. Ese es mi hombre de

la casa.

Ay, sí, el hombre de la casa. Ni siquiera te sabe limpiar las malgas.

Se quedó dormido.

¿Qué es esto?

¿Y qué has sabido de Beto, mamá? Nada.

Desde que cerraron la universidad no sé para dónde agarró tu hermano.

Esperemos que no le haya pasado nada.

Lo sabríamos.

Las malas noticias corren rápido.

Ya aparecerá.

Si viera que feo se puso anoche.

Y estos niños solos.

Voy a tener que dejar mi trabajo.

¿Y quién te va a mantener?

¿Por qué no se vienen a vivir para acá?

¿Cómo creemos? Aquí no cabemos todos.

No digo aquí, pero van a desocupar la casa de la nena refugio.

Entonces yo les puedo echar un ojo a los niños y ayudarte con las tareas.

Si nos vamos de ahí no nos va a encontrar.

No se engañe, mija.

Los que se van pa'l norte se marean.

Levanta la frente, quela, el jodido es él.

Los que se van sufren más que los que se quedan.

Y los que se quedan luchan.

Con estos ahorritos se va usted a comprar un arma.

Gracias.

Desde que mamá empezó a trabajar en casa, la guerra ya no se sentía tan

grande.

¡Ay, Dios mío!

Toque de quedar a su casa, niña. Un ratito más.

Agilita, no preocupes a tu guagüe. Ya métase.

Ándale, abuelita. Cinco minutos.

Dígale.

Adiós.

Tú también, chava.

Un día ahí estaban, los gringos.

Igualitos como salen en las películas.

Decían que venían a ayudarnos.

Que escupe eso, chaval.

Que lo escupas, ¿no oyes?

¿Por qué? Si está muy rico.

Porque los que te dieron eso son los que están preparando a los soldados para que

nos maten.

Ya no te sabe tan rico, ¿verdad?

Angelita se sacó el primer lugar en la clase.

Y su abuelita la va a llevar a la playa.

Pero si es una tonta. ¿Y tú qué sabes?

Mucho. Ya quisiera.

Niños, niños,

a dormir.

Ay, Diosito, ¿por qué?

¿Por qué?

¿Por qué?

¿Qué pasó?

¡Borracho!

¡Despiértate! ¡Vete de tu casa!

¡Responsable! ¡No te da vergüenza! ¡Te voy a decir!

si no se ha vendido nada.

Lo siento, chavita.

¿Por qué, Robert?

¿Qué haces ahí?

¡Contesta! Estaba jugando.

¿Con permiso de quién?

Es que necesito trabajar.

¿Quieres quitar el trabajo?

Quédate, lo es tuyo.

¡Te cagaste, bicho!

A

ver,

¿por qué te gusta manejar?

Puedes ir a muchos lugares, pasear por las calles y ganar mucho dinero.

Sobre todo eso.

¿Y cuántos años tienes?

Once.

A ver, espérate.

¿Once meses?

No, no, espérate, espérate.

¿Quieres trabajar?

Te propongo un trato.

Tú gritas, yo cobro y manejo.

Pero si acaso se te ocurre robarme, te corto los huevos, tapón.

¿Qué pasó con los vestidos?

¿De dónde sacaste eso?

Pero conseguí trabajo en el bus para que usted no tenga que trabajar todo el

tiempo.

Me debiste haber preguntado primero, ¿no?

¿Puedo?

Vas a tener cuidado.

Y llegas antes del toque de queda todos los días.

Se lo prometo, ma.

Conseguí trabajo.

Soy chofer.

¿Supiste que la maestra Sol le dio un ataque de nervios? ¿Por qué?

Por las balaceras.

Dicen que la metieron al manicomio.

Los siguientes niños a formar.

Mario Sánchez.

¿Cómo te llamas?

Temo. ¿Temo qué?

Morales, morales.

A la fila.

Pero si solo tiene 10 años. ¡Es injusto!

¿Cómo pueden hacerle esto?

¡Temo! ¡Temo! ¡Sargento!

¡Sagento!

¡No!

¡No!

Siga. Roberto Olsen.

Mardo Pérez.

Agustín Reina.

Rápido.

Rápido.

Deben sentirse orgullosos, muchachos.

Van a ser soldados como nosotros.

Van a defender a la patria.

Sargento, vámonos.

Quiero saber quién dio la orden para hacer esto.

Padre, retírese.

Usted preocúpese por las almas.

Hola, papito.

¿Cómo estuvo la escuela?

Sordo.

¿Cómo te fue en la escuela?

¿Qué te pasa, papito?

Contéstame.

Me pegó alguien.

Le castigó a la maestra.

Se llevó a un Antonio.

¿Antonio? ¿Quién se lo llevó? Los soldados.

Se lo llevaron en un camión con los demás.

También a Temo.

Temo.

Primero necesitamos sacar el denominador común.

Para eso multiplicamos este por este. 3 por 4.

12.

Muy bien.

Entonces decimos 12 entre 3.

4. 4 por 2.

8.

Luego decimos 12 entre 4.

3. 3 por 1.

3.

Quería saber si, a lo mejor, si puedes y si quieres, venir a jugar con Chele,

Marcos, Pito, Ancha y yo.

Vamos a lanzar luciérnagas de papel.

¿Más fea que una rana?

No me escribí eso.

¿No?

¿Entonces quién?

Si quieres.

Nos vemos en la tiendita de doña Celia a las cuatro.

Bueno, ya me tengo que ir.

Adiós.

Estábamos lanzando los ciérnagas.

Empezó la balacera y tuvimos que... ¡Ya no se acuerden!

¡Ciérnagas, Jorge, que aprendes a llegar temprano!

Siéntase a correr.

¡Niña pestosa!

Y entonces mi mamá se compró la máquina de coser y hace ropa todo el tiempo y yo

la ayudo a venderla. Y también la ayudo con la del bus, soy el que cobra y grita

a las paradas.

A ver, ¿cómo es que gritas?

¡Al centro, al centro, al centro!

Muy bien, Tachuela.

Y como mi mamá siempre me dice que soy el hombre de la casa, cuide a mi

hermanito y a esto.

Ay, sí, cómo no. Sobre todo a mí.

Me da mucho gusto que seas tan responsable, Tachuelita.

Papá.

Ay, este niño.

A todos los hombres es ese papá.

¿Usted cómo se llama, enano?

Ricardito. Ricardito.

Mamá anda preocupada por ti.

No vuelvas a desaparecer tanto tiempo.

No andas en problemas, ¿verdad? Mi hermano me cuida mucho a mí y un día me

compró una galleta, pero se me cayó y se la comieron.

Chava, aprieta aquí, aquí. Juro, ¿eh?

Angelita, ayúdame por favor.

Se muere mi hija.

Se muere mi niña.

Angelita, Angelita.

Me murió mi niña.

No toques eso, Beto.

Nos van a matar a todos.

Qué triste vive mi gente

en las casas de

cartón.

Niños color de mi tierra con sus mismas

cicatrices.

Mira que pesa el sufrir.

Arriba, deja a la mujer.

y se pierde en su gana.

Venga a

nosotros

tu reino y haz tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas como también

nosotros perdonamos al que nos ofende. No nos dejes caer en tentación y líbenos

de todo el mal.

Dios te salve María, llénares de gracia, el Señor es contigo. Bendita eres de

todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús.

Salva a la que mató a Filipe, tu merecido de la guerrilla.

¿De cuándo estás metido en esto?

Desde hace un rato.

Vine a preparar una ofensiva para descoyuntar al ejército, Kela.

Es el único lugar que queda entre la guerrilla y la capital y va a reventar.

Se va a poner bien peligroso.

Se va a poner mucho peor.

Además, Chavita ya va a cumplir los dos. Hay que sacarlo de aquí lo más pronto

posible.

Ustedes también se los llevan.

Murazán y San Vicente son zonas liberadas ya.

Tendría techo, tendría comida.

Estamos construyendo escuelas.

Lo que él necesita, Beto, es estar aquí, conmigo.

Está muy chiquito.

Pero si tú te quedas con mi... Que la entiende, por favor.

El ejército se lo va a llevar.

Por lo menos conmigo estaría más seguro.

Deja que me lo lleve.

Solo una.

¿Solo una?

¿Cómo se llama?

Cristina María.

Es la hija de la maestra nueva.

Es la más bonita de todas.

Mira, chavita, ven.

Mira, lo que te voy a decir es muy importante, ponme atención.

Lo que pasó con Angelita son cosas que pasan.

Y, Chavita, no te voy a mentir diciendo que todo esto va a mejorar porque...

porque se va a poner peor antes de que mejore.

¿Me entiendes?

Tal vez esto te ayude a entender mejor qué es lo que está pasando.

Busca radio, venceremos aquí.

Es la estación de nuestra gente.

No siempre está al aire, entonces tienes que buscarla, tienes que estar alerta.

Pero, Chava, debes tener mucho cuidado porque está prohibida.

Aquí puedes escuchar la canción que toqué anoche.

¿Te gustó?

¡Ratón! ¡Chavita!

Ya no lo voy a ver, tío.

La próxima vez te llevo conmigo.

Desde este instante comienza a transmitir desde algún lugar de El

Salvador, ratio venceremos el Dios.

¿Cuánto te salió?

Oye, no.

¿Y a ti?

Yo te pregunté primero.

Una.

Dos. ¡Tres!

¿Podemos salir?

¿Terminaron la tarea?

Sí. Está bien.

Pero acuérdense que hay toque de queda.

Chavita. Te la encargo. ¡Ey!

Vamos.

¡Don Yeyo!

Mira, es Don Yeyo.

No habla con nadie más que con sus bueyes.

¿No le gusta a la gente?

Esta canción está prohibida.

Mi mamá dice que hay que luchar para que nada esté prohibido.

Eres bien bonita.

Y tú más feo que un sapo.

Pero también me gustas.

Gracias.

¿Y ese milagro?

¿Está bien?

Sí, chava.

Gracias.

Los soldados le pegaron muy fuerte.

Hay dolores más fuertes que este.

¿Y a las niñas?

¿También las reclutaron?

No.

¿Las van a matar?

Toma.

Ayúdame a encender los sirios de ahí atrás.

¿Qué?

¿No te fijaste que no tenía gasolina?

¿Qué? ¿Tendría yo manejando?

Eres niña, pero... ¿Serán tus ojos?

¿Qué tienes,

papito?

¿Qué pasó?

Es que yo estaba trabajando y el camión se quedó sin gasolina, entonces el niño

quiso sacar así del galón con la muñeca y me dejó con mi hija.

¡Hijo irresponsable!

¡Qué papá ni cocho cuartos!

¡Lárguese de aquí! ¡No lo quiero ver nunca más cerca de mi hijo!

Esa canción está prohibida, padre.

Nada está prohibido para Dios.

Le voy a pedir que la quite con su perdón.

Pues si quieren, quítenla ustedes.

Pero me dejan aquí las armas.

Nadie puede entrar armado a la casa del señor.

¿Qué mierda tienes en la cabeza?

¿Y ahora yo qué hice?

Dame el radio.

¿Por qué yo no hice nada?

No me mientas.

Perdóneme, mami.

No me fijé.

Ya no lo vuelvo a hacer.

Claro que no lo vas a volver a hacer.

Porque ahorita mismo me vas a dar ese radio.

No me fijé, ya no lo vuelvo a hacer.

Perdóname.

Dame ese radio.

Pero no te quedes nomás ahí sentado.

Ayúdame, delicadito.

Y no puje.

Su mamá sabe por qué le dice las cosas.

¿Y usted por qué siempre tiene que estar de su lado?

Porque aquí solo hay un lado.

Y lo que pasa es que tú eres un delicadito, pava.

Nomás oyes algo que no te gusta y sales corriendo.

Para venir con usted.

Pero montado en tu bus.

No te das cuenta del peligro.

Los tiempos se están poniendo muy difíciles.

Y tú todavía no sabes cuidarte.

Así que tienes que obedecer.

¿Le puedo preguntar una cosa?

Claro.

¿Usted reza?

¿Cómo que sí rezo?

¿Reza para que se acabe la guerra?

Para eso, ¿no?

Esta maldita guerra no se va a acabar con rezos nunca.

¿Nunca?

¿Hay algún voluntario que quiera leer su poema?

A ver, tú, Yanira.

¿Puedo ir al baño, maestra?

Sal calladito, no tardes.

A ver tú, Chile.

Ningún niño de mi escuela quiere ir a pelear. No les gusta la guerra porque

prefieren jugar.

Los soldados los buscan, pues los quieren reclutar.

Pero a mí y a mis amigos nunca nos van a encontrar.

¿Qué pasa, Yanira?

Chau.

Gracias.

Tú nos dejaste subir a acampanar.

Ese francotirador, hijo de puta.

Se cargó a tres de mis soldados.

Hermanos, hoy no va a haber misa.

Pero quiero hablarles a ustedes desde aquí, desde la calle.

Quiero hablar para todos.

Porque la palabra de Dios nuestro Señor también debe ser escuchada por aquellos

que no han encontrado la gracia dentro de sí.

¿Y qué es la gracia, hermanos?

La gracia es la presencia de lo divino en cada uno de nuestros actos.

Miren a su alrededor.

Las caras de nuestros niños han perdido la inocencia de su espíritu.

En su lugar solo encontramos el miedo.

Porque nuestros niños han perdido la esperanza de sobrevivir.

Los escépticos dicen...

Si Dios existiera, no habría guerras. Y yo les contesto, si los hombres

obedecieran las leyes de Dios, entonces no habría guerras.

Porque Dios nuestro Señor le ha dado al hombre el privilegio y el derecho de

vivir en la gracia, o por el contrario, de provocar la desgracia.

Y les aseguro, hermanos,

que cuando se vive en la gracia de Dios, no existe la guerra.

Sin embargo, aquellos que ignoran su propia naturaleza divina, buscan solo

satisfacerse despojando, humillando y asesinando a sus semejantes.

Hermanos, es el momento de que alcemos nuestra voz contra ellos, de que

defendamos nuestro principio de vivir.

Y que opongamos nuestra fuerza a la fuerza de la muerte.

Oye, hermanos, ya no basta con rezar.

La escuela la cerraron para siempre.

Como nuestro pueblo estaba entre la

guerrilla y el ejército, mamá decidió que nos fuéramos a vivir al otro lado

del río.

Porque allí era más seguro.

Chau, chau.

¡Así! ¡Soy corralón!

Chiquillo, ¿qué te pasa? ¿Qué dicen en la escuela?

más, míreme, como el santo napomuceno, cada día más bueno.

Cuando

llegamos al

cuartel éramos más de 40, la mayoría de 13 y 14.

Fui uno de los más chicos, pero aprendí muy rápido porque nuestro instructor era

un gringo que había estado en Vietnam.

Nos enseñó a disparar y a emboscar.

La semana pasada emboscamos un grupo de guerrilleros hijos de puta y yo fui el

que los apreció con esta.

A ustedes ya me lo les toca.

Porque están reclutando a todos, ¿eh?

Grandes y chicos.

¿O qué?

¿Siguen siendo un puñadito de niños culeros?

¡Yo no soy culero!

¡Yo tampoco!

¡Pinches culeros!

¡No lo digas así!

Ya los veo llorando y miéndose los

pantalones cuando vengan a reclutarlos.

¡Como los culeros que son!

¡Culero!

Chavitita, no te asustes, soy yo, ratón.

Fue un tiro esa noche.

Eran ustedes.

Se limpió la zona.

¿Y mi tío Beto?

Te traigo un recado de él.

El ejército va a reclutar mañana.

Avísale a tus amigos y escóndanse.

Bueno, Chufiris, ya saben, uno en cada casa.

¡Vámonos!

Bye.

Nueve, diez, once, doce.

Once. Ya lo contamos bien. Chava cumple once.

Ábrelo.

Son pilas para tu radio, sapo.

Gracias.

Alguien anda de bocón.

¡Mamá!

¡Mamá!

¿Qué pasó?

Chau, chau.

Se lo llevaron los soldados ayer.

¡Dios mío!

Pues a la guerrilla.

¿Cuándo? No sé.

Ya va.

¿Qué? ¿Y si nos vamos también?

A la guerrilla.

Ahí nos quedábamos toda la noche.

Una vez conté hasta 230.000 estrellas.

Quería contárselo a Cristina María.

Primero pensé que me había equivocado de calle, que esa no era su casa.

Tengo razones para buscarte.

Tengo necesidad de verte y oírte de hablarte.

Tengo razones...

hasta el cerro de la Carita. Eso nos dijo la mamá del gordo.

Y cállense.

¿Quién más viene con ustedes?

Nadie. Cállense.

Avancen detrás de mí.

Acuéstense ahí.

Mañana veremos qué hacemos con ustedes.

¡Chele! ¡Chava!

¡Silencio! No hombres aquí no.

Acuéstense.

¡A la cabeza!

Despierta, mamita. Despierta.

¿Qué pasa?

Tenemos que irnos. Viene la tropa incendiando todo.

Ya están cerca.

Viste, rápido.

¿Y a dónde vamos?

No lo sé. Por lo pronto con la gente al pueblo, al centro. Vamos.

Mamita, despierta.

Despierta, despierta.

¿Y tu hermano? No sé.

Vamos, abuelo.

Tenemos que salir.

¡Chava! Tenemos que salir rápido.

Pon los balazos. Pon los balazos, Ramiro.

¡Chava! ¡Chava!

La sacas en el cimiento, ¿dónde está?

Tú pon aquí toda la ropa de tus hermanos y la juega.

Vamos.

Tengo mucha sed y me duelen los pies.

Tengo piedras en el zapato.

Vámonos de aquí

Aquí van los documentos.

No quería que vendieras mi máquina de coser.

No te preocupes por nosotros.

Prométeme que vas a ser fuerte.

Prométeme. Se lo prometo.

Adiós, hermana pedora. Apúrate.

Cuídese. Adiós, hermanito. Te voy a enseñar.

¡Cuídese!

Ahora sí yo voy a ser el hombre de la casa.

Yo no me quiero ir a los Estados Unidos.

Pero si me quedo, me van a acabar matando.

Pero voy a regresar.

Porque le prometí a mamá sacar a Ricardito antes de que cumpla los 12.

Esta historia podían haberla contado Fito, o Chele, o Cristina María,

pero me tocó a mí.

Es para ellos.

Qué triste se oye la lluvia

en los techos de

cartón Qué triste

vive mi gente

En las casas de cartón.

Viene bajando el obrero, viene arrastrando

los pasos por el peso del sur.

Mucho sufrir, mira que pesa el

sufrir.

Arriba deja la mujer preñada,

abajo está la ciudad y se pierde en su

maraña.

Hoy es lo mismo que ayer, es un día.

Sin mañana es un día,

sin mañana.

Niños color de mi tierra, con sus mismas

cicatrices, millonarios de los...

Y por eso qué tristes

viven los niños

en las casas

de cartón.

Qué alegres viven los perros.

Casa del explotador.

Usted no lo va a creer, pero hay

escuelas de perros y les dan educación.

Pa' que no muerdan los diarios, pero el patrón...

Hace muchos, muchos años Que está mordiendo al

obrero Qué tristes

viven los niños

En las casas

de cartón

Hoy quiero hacerte una canción que hable de ti por mí.

Quiero hacerte una canción morena como tú.

Dame el tono del dolor para entregarte mi visión de

ti.

Porque para mí eres más que aquel camino, porque eres

más que un nombre o apellido, porque sigues

siendo flor, yo quiero darte una canción.

Aún es preciso.

Todo aquel que te asegure que fue un momento fugaz siempre

jura que es mentira.

Así es la vida.

¿A quién le puede importar que yo te diga que te

admiro?

Porque ¿quién puede saber?

que de tu vida yo soy vida.

Por eso, madre, no olvidas

alumbrar mi caminar.

Hoy quiero hacerte una canción.

Quiero hacerte una canción.

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