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Respetable público, muy buenas noches. El Circo Fantasía les da la más cordial
bienvenida y se enorgullece en presentar su desfile de artistas.
Farid y su magia de oriente, Agatha, la reina del mar, Ceresada
y las mil y una noches.
y sus animales salvajes, los pequeños Tito y Tita, los mejores
payasos de Latinoamérica, Pirrín y Tiliches. Y por último, directamente
desde las selvas del Petén, y en exclusiva para ustedes, el Ángel de
Fuego.
Una florecita que me dé su miel.
Una florecita que me dé su miel.
Una florecita que me dé su miel.
Florecita, dame tu miel. ¡Dámela toda!
¡No te vayas, Florecita! ¡Dame tu miel!
¿Vino Malena? Sí, ya la vi.
No quiero que se acerque a alguien.
Malena.
¿Otra vez andas escapándote?
¿Qué no ves que no me dejan ni acercarme?
Pues ahora sí te la tienes que llevar de aquí.
Después de tantos años no es tan fácil.
No te hagas la mártir.
Tú siempre has sido mala madre.
Renato se está muriendo.
Llévatela.
Aprovechate ahora que se va a quedar sola.
¿Cuánto entró?
Esto no alcanza ni para los enanos.
Para las cervezas.
Ahí le dices a las muchachas que se alisten.
Que ni piense que voy a ir.
Tú sabes lo que haces.
Niñas, no se despinten. Va a haber trabajo más tarde.
¿Ya tomaste tu medicina?
Hubo poco público.
Se va a poner bien otra vez, ya verás.
A Alma le aplaudieron mucho.
Por eso es mi hija.
Lo lleve en la sangre.
Guía Malena.
Figuraciones tuyas.
¿Tú también la viste?
Sí, pero como si no la viera.
Para mí es como un muerto.
Ya la tengo bien enterrada.
Viene por alma.
A esta nunca le importó tu hija.
Mejor duerme.
Malena se fue.
Y nunca va a regresar.
Sin un amor la vida no se llama vida.
Sin un amor le falta fuerza al corazón.
A ver, a ver.
¿Ya viste qué bonita está la noche?
¿Por qué no fuiste a la pista?
Porque no me dio la gana.
Renato.
Ándale, que se enfría.
Alma, tu papá.
Vete a ver a tu papá.
¡Rito!
No te mortifiques, Carmelo.
Tú y yo podemos hacer el nudo juntos.
Pero si tú eres de la administración.
Pues sí.
Pero igual el trabajo se tiene que hacer.
Ya no hay huevos.
Si quieres, café te lo prepara.
Pobrecito de tu papá, caray.
Ya estaba muy jodido.
Tantos años de echar fuego acaban a cualquiera.
La verdad es que yo creo que lo de Malena fue lo que lo pasó a fregar.
Lo que hicieron fue un pecado muy grande.
Eso no es cierto.
Yo creo que lo mejor es que te lo saques.
Te va a salir malo.
Un monstruo.
Estás loca.
Dios no te lo va a perdonar nunca.
Yo no estoy para mantener putas.
Así que ya sabes.
Si te vas, olvídate del dinero.
Y si te quedas, te sacas el hijo.
Ni te creas que así de fácil te vas a alargar.
No te cobré ni un quinto por lo del entierro. Y morirse cuesta caro.
Déjame pasar.
El circo es tuyo. El público solo te quiere a ti.
Pues yo no. No quiero ni al público ni al circo. Solo quiero irme a tener a mi
hijo. Otra vuelta con tu hijo.
Gracias.
Dios prometió a su pueblo que cuando el mundo esté lleno de hombres buenos, que
no tengan odio en su corazón.
Él los inscribirá en el libro del perdón y abrirá las puertas del cielo.
Yo recompensaré el amor de los hombres.
Y el dolor desaparecerá para siempre de la tierra.
Que los muertos se levanten de sus tumbas y busquen a sus seres amados.
Que los padres se reúnan con sus hijos y los hermanos con sus hermanas.
y las esposas se encuentren a sus esposos.
Los he perdonado a todos y vivirán eternamente en los jardines del Edén.
Ya vieron cómo Dios salva a los que tienen amor en su corazón.
La muerte es poca cosa ante su grandeza y poder infinitos.
Hasta el cordero más débil y más pequeño encontrará lugar en su reino.
Así las amarran en el circo.
¿Qué circo?
Uno que está por allá, por aquel cerro.
Se llama fantasía.
¿A poco vives en un circo?
No, ya no.
¡Ven!
Yo también anduve en la calle, pero la patrona me recogió.
Y ahora vivo aquí.
Oye, ¿tú crees eso de que los muertos van a revivir?
¡Claro que sí!
Pero no más los que estén limpios de pecados.
¿Y los demás?
No sé.
Pero la señora dijo que Dios salva a los que tienen amor en su corazón.
¡Noé!
¡Ya llegaron!
¿Dónde andas?
Métase, mamá, no se vaya a enfriar, yo lo busco.
Chamaco, conteste cuando se le llama.
Es que no tiene dónde quedarse.
Anda en la calle echando fuego.
Y eso le va a hacer mal a su niño.
Ustedes tienen que ayudarla.
No niegues el pan a tus semejantes.
¿Está bien?
No la voy a dejar sin amparo.
Nos vamos mañana.
Que te ayude a cargar el camión.
Esa muchacha anda mal, ¿eh?
Acuérdese de cómo sufrió usted cuando estaba así.
Como ella.
¿Era diferente?
No ciegues tus ojos.
Hay quienes hacen cosas malas que parecen buenas.
El que esté libre de pecado, que aviente la primera piedra,
¿A dónde vamos?
A buscar gente buena para que mi patrona los apunte en el libro del perdón.
¿Y para qué nos vamos a otro lado si aquí hay muchísima gente?
Porque en la ciudad todo el mundo es malo.
¿Qué quieres?
Vengo por Alma.
A buena hora te acuerdas de tu hija.
Tú sí que no tienes madre.
Desde que murió Renato ya no está aquí.
Nadie me avisó.
Nunca los quisiste.
Por presumida y ambiciosa.
¿Dónde está?
Me dijo Lidio que la vieron echando lumbre en la calle cerca de la
esplanada.
Pero ni la busques.
Porque no quiere saber nada de ti.
¿Por qué la dejaste ir?
Está embarazada.
Esta soy yo y este es Renato.
Y este soy yo.
No, este es mi hijo.
¡Qué bello!
¡Qué hermoso!
Es un príncipe y vivirá en un palacio.
¿Y entonces yo?
Tú... Tú eres este, Noé.
Es el tío Noé.
A esos no los quieren en ninguna parte.
Porque se meten en tierras ajenas.
Vamos a ponerles el pasaje del éxodo.
Eso les va a gustar.
Esta gente sufre mucho andando de un lado para el otro.
Señor, somos tus humildes mensajeros.
Que los habitantes de esta tierra escuchen tus palabras con la veneración.
Bendice esta tierra estéril con tu infinito poder.
Ahora ya no te mandas sola.
El Supremo es tu patrón y por mi voz te dará sus órdenes.
Ten cuidado.
Dios todo lo ve y todo lo oye.
Julio García.
Gabriela Sandoval.
Patrona, ¿es cierto que Dios a mí nunca me va a perdonar?
Si tienes fe y disposición, Él aceptará tu inocencia.
Pero mi hijo no va a ser un monstruo, ¿verdad?
Ninguna criatura es un monstruo a los ojos de Dios.
No me escribieron en el libro del perdón. A mí me apuntaron hasta después
de que hice mis penitencias.
¿Qué es eso?
Son sufrimientos. Me los puso la patrona.
¿A Sacramento también le puso penitencias?
Él no las necesita.
Ya nació limpio.
Es un profeta.
De los que adivinan el futuro.
Se lo dije, mamá.
Todas las ovejas terminan buscando su pastor.
Sí.
Pero acuérdate que a veces Dios también necesita de nuestra ayuda.
Acuéstese, mamá.
Si no mañana le van a estar doliendo los pies.
El gusto del cuerpo no siempre es el gusto de Dios.
Señor, bendice con tu sagrado poder este alimento.
Quiero que me ponga penitencias.
Si tu cuerpo y tu alma están listos, arrodíllate y pon la frente en el suelo
para que el Señor sepa que estás dispuesta.
¿Te duele?
Tengo hambre. Traga saliva.
A mí se me hace que esto es puro cuento.
Por no comerse me ha de estar enfermando mi hijo.
Anda.
escupiendo fuego.
Y está vestida así como de princesa.
Ah, sí.
Eso se fue con la Redentora.
¡Deténganse!
¿A dónde la llevan?
Yo no los maté.
Yo no los maté.
¡Quítese o agarramos con usted!
No,
mejor me espero hasta que acabe mi penitencia.
Píntale ojitos a mi niño.
Quítate la camisa.
Discúlpeme.
Cuando yo me muera, me lo vas a agradecer todos los días.
Así como yo se lo agradezco a mi padre.
No es eso.
Es que me dio frío.
Cansado de tantos pecados, el Señor decidió destruir las ciudades y buscar
un hombre bueno para que fuera el padre de su pueblo.
Ese hombre fue Abraham.
Abraham y Sara tenían más de 100 años.
Por eso no creyeron cuando el Señor les prometió que tendrían un hijo.
Pero Dios cumplió su promesa y Sara dio a luz al niño Isaac,
llenando de alegría el corazón de sus padres.
¡Abraham!
¡Abraham!
Aquí estoy.
Padre, tenemos la leña y el fuego, pero ¿dónde está el cordero para el
sacrificio?
Dios cuidará de que haya cordero.
No lo hagas, Abraham.
Has demostrado que tienes temor de Dios, pues no te negaste a matar a tu hijo.
Sacrifica al cordero, que con eso él se conforma.
Noé, ¿por qué Dios le pidió a Abraham que matara a su hijo?
Nada más lo estaba probando.
¿Pero Abraham lo iba a matar?
Para demostrarle su fe.
Entonces quería más a Dios que a su hijo.
A Dios hay que quererlo por sobre todas las cosas.
¿Qué haces aquí?
Te lastimaste, Sacramento.
¿Lastimarme?
¿Por qué habré yo de lastimarme, mamá?
Ahí está una señora que pregunta por ti.
¿Por mí?
Sí, ahí por el tiradero.
Vete a ver qué quiere.
Alma, te busqué pero ya te habías ido, hija.
Tú te fuiste primero.
Yo ya no podía vivir con Renato.
A mi papá no lo nombres.
Todo eso ya pasó.
Tú y yo podemos vivir juntas otra vez.
Piensa que cuando nazca tu hijo las cosas ya no van a ser iguales.
¿A ti qué te importa mi hijo?
Déjame arreglar las cosas.
Déjame ayudarte.
Yo a ti no te quiero.
Aquí estoy muy contenta.
Con las penitencias que me puso como que me siento más limpia.
Qué bueno.
Eso es lo mejor para ti y para todos.
Yo creo que ahora sí seguro mi niño va a salir bonito.
Este es como mi nueva familia, ¿verdad?
Oye, dice Noé que tú puedes hablar con Dios.
Eso lo voy a poder hacer cuando él me acepte.
Ya me voy.
No, espérate.
Dile que yo quiero que mi hijo se parezca a mi papá.
¿Eh?
Vete a juntar a la gente.
Vámonos, Alma.
Ella se queda.
Dios me habló de ti.
Me dijo que tu pecado fue muy grande.
Sí, pero yo ya hice mis penitencias.
Mancillaste tu cuerpo.
Y eso no se limpia tan fácil.
Pero usted me dijo que con obediencia y fe Dios me perdonaba.
Demuéstrale que crece en Él y obedécelo.
¿Y ahora qué tengo que hacer?
Él me pidió que te purifique para asegurarnos que de veras estás limpia.
¿Y si no quiero?
Te condenarás para siempre.
Después de que me purifique tampoco va a quedar contento.
Yo me encargo de que su perdón no te falte jamás.
Ni a ti, ni a tu hijo.
Esta es la ofrenda suprema de mi fe.
Ayúdame a demostrar tu poder.
Tienes que aceptar mi ofrenda.
Ayúdalo a ser fuerte.
La señora Refugio está bien contenta, aunque va a perder a su hijo.
No, no lo va a perder.
Al contrario, ahora va a estar más cerca de él.
Pero si ella dijo que se lo entregaba a Dios, como Abraham.
Vete con ella, no la dejes sola.
Es la señal.
Dios te aceptó.
No te salgas, no te salgas.
No te salgas.
No sabemos quién la trajo.
Perdió al niño.
Ella se lo buscó.
Dicen que esos problemas de sangre son muy delicados.
¿Y tú qué sabes si estás bien seca?
Se puede quedar hasta que sane.
Esa ya no sana nunca.
y en exclusiva para ustedes ¡El Ángel de Fuego!
A ese angelito ya se le que doraron las alas.
Ahí tú sabes lo que le dices.
Aquí no somos beneficencia.
Hola, Noé.
¿Cómo estás?
Ya estoy bien.
Vine a visitarlos.
¿No me extrañabas?
Sí. Entonces ábreme.
Está puesto el candado.
La patrona no está.
No vine a ver a la patrona. Te vine a ver a ti.
Sacramento preguntaba mucho por ti los primeros días.
La patrona nos explicó que Dios quería un sacrificio para que Sacramento
pudiera ser su sacerdote.
Siéntate.
No sé a qué llegue la patrona.
¿Para qué te castigas tanto?
Te está saliendo sangre
Desde que tu mamá me purificó me siento muy vacía del cuerpo.
Por eso vine.
Me acordé que ustedes decían que Dios nunca abandona a sus hijos.
Tú tienes su palabra en la boca.
Por eso te necesito.
Le vas a pedir a Dios por mí.
Por Renato que está en el cielo.
Y también le vas a pedir por mi hijo.
Gracias.
Matar a un ángel es pecado.
Y tu Dios no perdona a los que pecan.
¿A poco de veras creías que Sacramento nació limpio?
¿Qué?
no no
¡Gracias!
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