All language subtitles for Amarga Navidad (2026)

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Original subtitles

¿Te duele mucho?

Sí, mucho.

Los truenos me retoman como si tuviera la cabeza hueca.

Ay, pobre.

Recuéstate un poquito, anda.

Desde primera

hora de la mañana en las carreteras se notaba que empieza un largo puente.

aunque las últimas previsiones meteorológicas indican que el tiempo

puede mejorar durante el puente.

¿Quieres que me quede aquí contigo?

No.

Voy a respirar.

A ver si se te pasa con el analgésico este.

Es lo último que tengo yo para tomar.

Vete al salón, no puedo ni hablar.

Llámame si necesitas algo.

¿A qué, mi amor?

¿Va a la luz del pasillo, por favor?

Hoy me quedo contigo, ¿eh? No voy al club. Aunque sea viernes.

No me atreví a pedírtelo.

¿Cómo voy a dejarte sola?

Gracias.

Descansa.

Voy a llevarme urgencias.

Estoy peor.

Cojo la cazadora y nos vamos.

Buenas noches.

Hola, buenas noches. ¿La tarjeta? Sí, aquí tienes.

Tengo una migraña terrible, me encuentro muy mal.

Esperen en la sala y en un momento les atienden.

Gracias.

Hola, buenas.

¿La tarjeta? Sí.

Tarjeta, tarjeta, tarjeta, sí.

Podéis limpiar un poquito de cocaína la tarjeta antes, ¿eh?

Perdón, ¿eh?

Cabrón. ¿Qué os ha pasado?

Pues... Que nos hemos ido de fiesta.

¿Elsa Rosado? Sí.

Acompáñenme, por favor.

No, no, solo la paciente.

Espero aquí.

Puede dejar sus cosas en la silla.

Acuéstese despacio.

¿Voy a quitar la luz? No, no se puede.

Tranquilíquese que ahora vendrá el doctor.

Buenas noches.

Hola.

Dígame, ¿qué le ocurre?

Tengo una migraña horrible.

¿Qué parte de la cabeza le duele?

Toda. ¿Le ocurre con frecuencia?

Las migrañas, en el último año, son genéticas, supongo. Tengo un montón de

prismos por parte de padre. Bueno, y las tormentas, como hoy, a veces también me

lo provocan. Y los viajes en avión por la presión, supongo, no sé.

Es horrible.

Le pondremos un analgésico intravenoso y un calmante para que se relaje. Gracias,

doctor.

¿Cómo se encuentra?

¿Está mejor?

No, estoy peor.

El auxiliar que me ha puesto el gotero me ha dicho que tengo la tensión un poco

alta.

¿Cuánto?

15,8 la alta y 9 la baja.

Pues vamos a pasar la planta.

Lo mejor será que se quede aquí esta noche.

¿Está libre esa habitación?

Sí. ¿Podría llevarme allí?

Tendría que consultarlo.

Por favor.

Si te quedas más tranquila te llevo ahí, pero tengo que consultarlo, ¿eh?

Muy bien, gracias.

¿Tú crees que vas a poder dormir en ese sofá?

Sí, claro.

Yo duermo en cualquier sitio.

Hola, soy la doctora García.

Creo que nos hemos visto antes. ¿Es posible?

Sí.

Aquí rodé mi segunda película.

Hace diez años.

En esta habitación y en la de enfrente.

Claro. No la vi.

Pero en algún sitio leí que con el tiempo se había convertido en una

película de culto.

Doctora, perdone.

Pero tengo la impresión de que nadie se hace cargo de lo que me pasa.

Sí, tienes una migraña horrorosa. Y te arrojarías por la ventana si no

estuvieras acompañada por este hombre.

Bo, de Bonifacio.

Encantado, doctora. Lo ha descrito muy bien.

Una rama de mi familia es migrañosa.

La mía también.

Te hemos puesto un analgésico muy potente y algo también para que te

tranquilice. Gracias.

Ya verás, se te va a pasar enseguida.

¿Qué significa lo del culto?

Directora de culto.

¿Perteneces a alguna secta?

¿Al culto evangélico?

He oído que son tremendos.

No.

No, no, no soy evangélica.

Yo he dirigido solo dos películas y ninguna funciona.

Uy, pobre, qué mal. Que sean dos películas de culto significa que a la

mayoría de la gente no le interesaron.

Que fueron un fracaso.

Pero hay un reducido grupo de espectadores que las adoran.

Ese es el culto. El de esos pocos espectadores.

Fíjate.

Nunca hubiera pensado yo que el culto fuera eso.

Bueno, gracias por la clase magistral. Y ahora trata de dormir un poco. Si hay

algo, llamad por ese timbre.

Con la lluvia y el puente, hoy esto está muy animado.

Deberías hacer una película sobre lo nuestro.

Bonifacio, qué nombre tan bonito.

Bueno.

La dejo en tus manos.

Sí, sí. Para eso estoy. No se preocupe.

¿Y a ti no te conozco?

¿Me suenas?

No sé.

Soy bombero.

No, pero no es de eso.

¿Ha estado últimamente usted en alguna despedida de soltera?

Sí. Hace un mes. De una amiga.

Todavía me dura la resaca.

¿Cómo lo sabes?

Ahí debió ser.

Vos es stripper los fines de semana.

Ah.

Ah, pues... Pues de eso es. Sí.

Buenas noches.

Qué maja, ¿no?

Tú ya estás mejor, ¿verdad?

Esto sí funciona.

Dame un beso.

Bueno, solo una pregunta.

¿Puedo?

Sí.

¿Por qué le has dicho al camillero que te trajera a esta habitación y no a la

otra?

Las escenas que rodeo aquí de mi segunda película transcurrían en estas dos

habitaciones.

Una era donde nos llevaba el camillero y también rodamos en esta.

La enferma de la otra habitación moría y la que estaba en esta habitación

sobrevivía.

No soy supersticiosa, pero el cine tiene algo de premonitorio.

¿Ah, sí?

Bueno, es una teoría mía.

¿Y por qué no has hecho más películas?

Si eres de culto.

Pues... Pues porque con la publicidad gano mucho más dinero.

Me compré la casa de Madrid y le compré la otra a mi madre en el pueblo.

Y tampoco es que los productores me persigan.

Soy un poco rara para la industria.

Ya.

¿El desayuno?

Ya. Se hace solo un rato que nos dormimos.

Pues hay que desayunar. Después vendrá el médico a verte.

¿Cómo te encuentras?

Atontada. Muy bien, pero ¿el dolor desapareció?

Sí, sí, creo que sí.

Ya tienes otra cara.

No se me ha pasado del todo, pero prefiero que nos vayamos a casa.

¿Sí? Nos vamos.

¿Por qué quieres que tu historia ocurra en 2004?

Porque el arranque es mi primera crisis de pánico y fue en ese año.

Y porque en la actualidad, gracias a los realities, todo el mundo sabe lo que es

una crisis de ese tipo.

Ahora no es tan raro. Hace 20 años sí.

Y bueno, Santi fue de gran ayuda.

Va a ser muy confesional.

Trataré de que sea lo menos posible.

Pero ya sabes que la realidad acaba siempre colándose sin que te des cuenta.

Hablando de realidad, me gustaría tomarme, no sé, tres meses sabáticos por

lo menos.

¿Para qué?

Si a ti no te gustan los meses sabáticos.

Hace unas semanas que sí.

¿Vas a decir en quién los vas a emplear?

¿Me irás a dejar por otro?

Ya te dije que el impasse en el que estaba terminado y que dentro de pocos

meses estaremos preparando una nueva película. No te voy a dejar por otro. Y

no pienso decirte nada más.

Santi se ocupará de recordarte tus citas con los médicos, las retrospectivas y

todos los marrones que te vayan saliendo.

Te has ocupado hasta de tu relevo.

Tú sigue escribiendo.

Y ojalá que dentro de unos meses hayas puesto la palabra fin y que te apasione

el guión que has escrito.

¿Sí?

¿Ustedes son los que me habéis llamado?

Sí. Hola. Hola, ¿qué tal? Hola.

Dime. Estamos buscando un sitio de striptease masculino.

Ver algunos.

Pues mira, este es el escenario.

Pero aquí ya no se hacen estricti.

¿Ah, no? No, eso ya se quedó antiguo.

Aquí lo que se viene es a ver follar.

La gente lo que quiere es ver follar.

Para bailar y para ver estricti ya tiene la gente las redes.

Claro, claro. Aquí todo el que viene, viene a follar o a ver follar. Ya.

Si quieres, enseño un salón que tengo aquí también con unas camas redondas de

terciopelo, rojo, precioso.

Para los intercambios de pareja. ¿Vení que os lo enseño?

No, muchas gracias.

Pues ha tenido mucho éxito. Hay hasta lista de esperas. ¿En serio?

¡Qué bueno!

No puedo quedarme.

¿Qué?

Que tengo que volver a casa para que el niño no se quede solo.

Ricardo tiene que salir.

Nadie compra mi vida por la noche. No puedo quedarme, Elsa.

Escoge tú.

En su canto, Joel y Zabalich, miran sobre sus piernas,

sobre las nubes de su pecho, su pecho, su pelo.

La voz es clavada.

Joel, no te vayas.

Esto cuesta 100 euros más, tía.

Después te pago. Sí, pues no sé cómo, ¿no? Me gustaría hablar contigo.

Está prohibido entrar en los camerinos.

Vengo a ofrecerte trabajo.

Gracias, ya estoy proliferando.

Esto te llevará poco tiempo.

A propósito, me llamo Elsa.

Yo Bonifacio.

¿Te han anunciado como vos? Sí, es el nombre artístico.

Si me vas a ofrecer porno, estás perdiendo el tiempo.

Tengo yo pinta de directora de porno.

Bueno, tampoco sé que... Te invito a tomar algo y te lo explico.

Dime antes de que va.

Que la gente se equivoca mucho con nosotros.

Conmigo por lo menos.

No estoy en venta ni en alquiler.

Es para un anuncio de ropa interior.

¿De ropa interior?

¿Y qué tengo que hacer?

Nada. Despertarte en una cama, sentarte en ella.

¿Desnudo? No, en caldoncillos.

¿Solo eso?

Bueno, eso sí, delante de un equipo que te estará grabando.

Que son unos cuantos.

Bueno, vamos a tomar algo.

Te lo invito yo.

¿Qué hacías antes de ser boy? No me llames boy, por favor.

Soy bombero.

Mi vocación es salvar a la gente.

Bueno, eso es lo que hago.

Pero como tenemos varios días libres y necesito dinero.

Tengo a mi padre ingresado en una residencia.

Un sueldo extra no me viene mal.

Ya, entiendo.

Oye, cuéntame más del anuncio.

Aunque me hayas visto bailando, yo luego soy muy cortado.

Esto es más fácil.

Estás sentado en una cama, recién levantado, con la mirada perdida.

Erecto. No, no, al contrario.

Relajado.

Piensa en cómo te levantas tú un día normal.

Muchas veces me levanto recto.

Ah, pues para esto no hace falta.

¿Pero me vais a hacer primeros planos del paquete?

Porque de eso se trata, ¿no? No, no va a ser algo tan obvio.

Pero me sorprende que seas tan tímido con tu cuerpo teniendo en cuenta que

casi te desnudas en un escenario.

Ahí le echo morro.

Y me lo paso bien.

Pues en el anuncio igual.

Buenos días.

Hola.

¿Estás bien?

Estoy un poco atontada.

Voy a hacer unos test, ¿vale?

Ahora voy.

el dolor de cabeza va remitiendo pero la angustia crece

detallo minuciosamente las

sensaciones físicas del momento me entretiene

tengo que

distraer el cerebro soy incapaz de concentrarme

Solo puedo escribir de lo inmediato.

Admiro la facilidad de Bo para dormir.

Es un don que yo no tengo.

Me conmueve tener junto a mí dormido a un animal tan hermoso.

Recorro con la mirada su cuerpo como un paisaje.

Y no sé por qué pienso que en algún momento le voy a hacer sufrir.

Hola. Hola, ¿te despierto?

No, estoy trabajando.

¿Qué tal?

He tenido un dolor de cabeza horrible.

Se me ha pasado con dos inogran, pero sigo sintiéndome muy mal. Yo no sé qué

me pasa.

¿Tienes sudores?

Sí.

¿Y arcadas, aunque no vomites?

Sí.

El estómago lo tengo revuelto.

Eso es un ataque de pánico.

¿No te había pasado nunca?

No. Pues ya sabes lo que es.

Se te quita con un ansiolítico debajo de la lengua.

¿Tienes tranquizolán de 0,50?

No.

Pero puedo comprarlo en cualquier farmacia, ¿no?

Te pedirán una receta.

Yo suelo tener... Pero es que ahora casualmente no tengo.

¿Puedes llamar a tu psiquiatra para que me lo recete?

Elsa, ¿sabes qué hora es?

Es que me siento fatal.

Bueno, como es puente, a lo mejor no se ha costado.

Hola, Patricia.

A ver, mi psiquiatra está afuera, pero vuelve mañana y podría verte.

¿Resistiría hasta mañana?

Lo primero que tienes que hacer es dejar de preocuparte.

Oye, llama a Gabriela.

Ella seguro que tiene tranquizo la NES.

Gabriela da una fiesta esta noche.

Me invitó, pero le dije que no, que estaba cansada. E insistió, ya sabes lo

pesada que es. Es lo más rápido.

Bueno, iré donde Gabriela.

Perdona, Patricia, y gracias.

Mándame el teléfono de la psiquiatra. Ahora mismo te lo mando.

Creo que lo mejor es que entres tú solo.

Voy a llamarla para decírselo. ¿Yo solo? Sí.

No.

Es que la temo.

Pues si la temes tú, Elsa, cariño, que es tu amiga, imagínate yo.

Si me va a insistir, era para que me quede.

No va a dejarme ir así como así.

Si tiene que estar mala.

Pero ¿cómo voy a entrar yo solo, Elsa? Si es que sería la primera vez.

Ella te conoce. Y le gustas.

Joder.

Peor.

Le dices que no me encuentro bien y que tienes prisa.

Elsa, yo hago lo que me digas, pero lo va a encontrar un poco raro.

De verdad, que no se va a dar cuenta.

Que ya va lo suyo y no se va a dar cuenta.

Venga, entra.

Avísala.

No lo coge.

Mirad a cámara.

Mirad a cámara, por favor.

Preguntaros qué hago yo aquí.

Y esperad con una sonrisa el futuro, que se presenta oscuro, plural, imprevisible

y distópico.

Mientras tanto, sonreíd.

Ponedle una buena cara al futuro. Eso es importante para la foto.

Esa es la base de la resistencia. El optimismo a fuerza de bombas.

Gracias.

Ha recibido una llamada.

Ay, Elsa. Ahora vengo.

¿Hola? Hola, Gaby.

Elsa, qué alegría que te hayas decidido a venir.

Justo ahora mismo estaba hablando de ti con Barenboim.

No, no puedo ir, Gaby. Pero escúchame bien. Te voy a mandar a Bo para que le

des unos cuantos tranquizolanes. Tú tienes tranquizolana en casa, ¿verdad?

Claro, mujer. Y cocaína y una cena estupenda.

Barenboim echaba de menos la milanesa argentina y ha hecho un montón de

filetes. ¿A ti también te gustan? Sí, mucho.

Vienes con tu novio, ¿no?

No. Gaby, va él solo.

Es que estoy en plena crisis de ansiedad y necesito tranquizola. No puedo ir a

una farmacia porque no tengo receta.

Y de verdad, Gaby, me siento fatal.

Lo que necesitas es una buena fiesta.

Gaby, de verdad, por favor, no puedo.

Venga, mujer, ni que sea media hora.

Hablas con Barenboim, que está empeñado en que le dirijas una flauta mágica,

coges los tranquizolanes y te vas.

Gaby, por favor.

Qué pesada eres, tía.

Bueno, venga, pues ábrenos, que estamos a la puerta.

Ah, que estés aquí.

Ahora mismo os abro.

Aquí viene.

Hola.

Qué mala cara tienes.

Ya te lo he dicho, estoy fatal.

No te preocupes, que subimos directas a mi habitación y así charlamos

tranquilas.

Pobre.

No me da corte venir a molestarte así.

Has hecho muy bien, mujer.

Tengo una caja entera de tranquizolanes. Te doy un glister y me guardaré otro

para mañana.

Que me queda mucha noche todavía.

Pasar, pasar.

Está todo manga por hombro. Ya sabéis cómo son mis fiestas.

Túmbate aquí, que estás mala.

¿Aquí con los abrigos? Sí, sí, sí, aquí mismo.

Mira, este blister entero para ti.

Ponte uno debajo de la lengua y ya verás. Mano de santo, en 20 minutos

estás como nueva.

Aquí nadie os molestará.

¿Puedo echarme yo también?

Sí, sí, claro. A no ser que quieras bajar un rato a la fiesta.

Prefiero quedarme aquí con Elsa. ¿Quieres tomar algo?

No, estoy bien, gracias.

Bueno, en media hora, si te encuentras como mejor cuerpo, te traigo a Barenboim

y Charles un rato aquí tranquilo. ¿Te parece? No, por favor, Gaby. No puedo,

no puedo.

Bueno, pues no insisto más.

Descansad cuanto queráis, ¿eh?

Muchas gracias.

Qué pena, ¿no?

¿El qué?

Pues que ya que estás aquí, ¿nos podías hacer un striptease?

Eh... No es el momento, Gaby.

Ya. Pero me prometiste que en una de mis fiestas harías un striptease.

Integral.

Otro día.

La próxima no te libras.

Venga, os dejo, ¿eh?

Joder, lo que ha costado.

Tremenda.

¿Qué hacéis aquí?

Hombre, Amaya, ¿qué tal? Bien.

Es que Elsa no se encontraba bien.

Ay, Valle, ¿eso qué te pasa?

Nada. ¿Vas a cantar en la fiesta?

Sí, voy a cantar luego.

Oye, pero, ¿cómo habéis entrado?

¿Que no me he enterado?

Me suena a larga historia, Amaya.

Hemos venido directamente aquí a la cama.

Ah, vale.

Me encantaría escucharte cantar, pero no estoy para meterme en la fiesta.

No, no, ni se te ocurra.

Hemos venido a por tranquizolanes, porque Elsa tenía una crisis de

ansiedad.

Ay, pobre.

Pero vamos, que yo aquí te canto lo que quieras, ¿eh?

¿Sí? ¿Quieres una de Chabela, por ejemplo? Que sé que a ti te gusta y yo

la he descubierto y me encanta.

Ay, sí, me encanta.

Perfecto.

A ver, ¿el tono cuál era?

Mismo que un árbol en tiempo de otoño

se queda sin...

Cosas simples que quedan doliendo

en el corazón Uno

vuelve

siempre a los viejos sitios donde...

Que el...

Hola, Mónica.

¿Qué tal, Santi?

Os dejo que he quedado para jugar a tenis.

Te mandé varios e-mails para que se los recuerdes a Raúl. ¿Los ha recibido?

Sí, ya se los he pasado a todos. No te preocupes. Tienes que recordárselos.

Siempre tendrás que insistir.

Os llamaré de vez en cuando para ver cómo vais.

Muy bien, pero tú no te preocupes.

Resuelve tus cosas y piensa en ti.

Es lo que hago, pero Raúl no está acostumbrado.

Ah, ya, ya.

Pues tendrá que acostumbrarse.

Tú insiste.

Insisto, que ya le conozco.

Venga, hasta luego. Hasta luego.

He venido a despedirme, como te dije por teléfono.

Siempre me has cambiado de opinión.

De todos modos, te recuerdo lo último que ha llegado.

Te invitan del Instituto Cervantes de Los Ángeles para que des una charla e

inaugurar su biblioteca de español.

Sabes de sobra que mi espalda no está para viajar a Los Ángeles.

Ya, pero hasta ahora me has pagado para decírtelo.

Una asociación LGTBIQ+, te da el premio Pluma del Año.

¿Por qué? Si justamente este año no he hecho nada en especial.

Ni el año pasado.

Pero no te cuesta nada ir.

Vas, recoges el premio y apoyas al colectivo. Se verá mal si no vas.

Tengo varias propuestas más, pero todo es que no. Si quieres te las leo. No, no

hace falta, gracias.

Lo tiene todo Santiago.

Ah, también te invitan a Qatar, donde se celebra la primera edición de un

festival de cine.

Sería solo un día y te ofrecen un dineral.

200.000 euros.

¿De verdad?

Ya sabes que los cataríes no escatiman en cuestión de cultura y deporte.

Y tu nombre da prestigio. Qué barbaridad.

¿Qué les digo? Que no todo tiene un precio.

Y con esto me despido, Raúl.

Ya te he oído.

Pero mejor despedirte yo.

Acompáñame a la cocina.

Soy yo la que se va.

Son muchos años soportándome, querida.

Mereces una indemnización.

Hablaré con mi gestor para que te prepare los papeles.

Además, así tendrás dos años de paro.

Muchas gracias.

Es lo mínimo que puedo hacer por 20 años de fidelidad y cuidados.

Te voy a echar mucho de menos.

Yo también.

¿Quieres chocolate?

No, gracias.

Y ahora que no voy a estar yo, por favor, no te descuides.

Disfruta de las cosas, sal de casa, vive.

No todo es escribir y hacer películas.

Para mí sí.

Santi se hace cargo de todo. Y si tiene algún problema ya sabe que puede

llamarme. Y hazle un poco de caso. Vive contigo.

Sí, ya ha empezado a darme la vara.

¿No quieres un café?

No, no quiero nada, gracias.

¿No vas a decirme por qué te vas?

Sí, claro.

Estoy ayudando a mi amiga Elena.

¿Tu amiga Elena?

Sí. Pensé que había desaparecido de tu vida hace años.

Nunca ha desaparecido del todo.

Y ahora me necesita.

A su hijo le han encontrado un tumor y van a operarlo.

Solo tiene el 50% de posibilidades de sobrevivir a la operación.

Lo siento.

Quiero vivir con ella hasta con ella.

Y hasta donde nos lleve el futuro.

¿Y su marido?

Ese sí desapareció hace tiempo. No le necesitamos.

¿Cómo iba a imaginarme?

No quería decírtelo por teléfono.

Ya, entiendo.

Si surge algo importante, te lo enviaré, pero voy a tener la cabeza en otra cosa.

A Santi le encantará darme la tabarra.

Déjate cuidar por él. Hace tiempo que le dijo.

Ah, el endocrino y la colonoscopia los tienes a fin de mes. No lo dejes.

Y sobre Catar, si te hace gracia, deberíais responder ya.

Es una pasta.

Piénsatelo. ¿Quién piensa en Catar ahora?

Llámame cuando quieras y necesitas desahogarte y para cualquier cosa.

Gracias.

¿Natalia? Hola, Elsa.

Hola.

Oye, es que no me quedó claro si ibas a venir a este puente por aquí.

Pues es que acabo de llegar a casa del hospital, que he pasado allí toda la

noche por una gastroenteritis.

Cariño, yo creo que lo mejor es que me quede a descansar estos días.

¿Pero tú estás bien?

Sí, como siempre.

Ya.

Ánimo, tesoro.

Te llamo cuando me centre, ¿vale?

Vale. Un beso.

Era Natalia.

Es que le había dicho que lo mismo iba a verla a su pueblo, este puente.

¿Y te llama hasta ahora?

Ya ni sabrá qué hora es.

No sé, mejor descansa, ¿no? Sí, eso le he dicho yo.

Pero se me había pasado total.

Yo hoy debería ir al parque, amor.

O puedo llamar para decir que estoy malo, pero tendría que ir. No, no, no,

tú vete.

Vete, haz lo que tengas que hacer.

Yo estoy bien, de verdad.

Además, ahora tengo las pastillas y me vuelve la ansiedad.

¿Cómo estoy hoy?

La doctora Potao, por favor.

¿Soy yo?

Patricia Otero me dio su teléfono.

Sí, me llamó anoche.

¿Podría verla esta tarde?

¿Le viene bien a las ocho? Sí.

Patricia me dará su dirección.

Muchas gracias.

¿Qué tal, amor?

Bien.

Me he llenado la tarde de citas.

Ahora estoy yendo al cine, pero no sé a qué hora llegaré porque estoy en pleno

atasco.

Después he quedado con Patricia en su casa y después con su psiquiatra. Pero

estás bien, ¿verdad?

Sí, sí, sí.

Un poco agobiada con el gentío.

Se me había olvidado que además de Puente es Navidad.

Entonces no me preocupo.

No, no, no.

¿Tú cómo lo llevas?

Yo bien, cariño.

Hemos tenido un día tranquilito.

¿No estás cansado?

No, me echa un poco.

Joder, si antes lo digo.

Escucha la alarma.

vamos vamos

Hola. Hola, ¿qué tal estás?

Esta mañana me llamó Natalia desde su pueblo.

Había quedado que a lo mejor me pasaba a verla, pero con el jamacuco... No

trabaja mucho, ¿verdad?

Hace tiempo que no la veo en ninguna publicidad.

No, sigue en el pueblo con sus padres hasta que se recomponga. Pero eso va

para largo.

Lorenzo, mira quién ha venido.

¿Hola? ¿Me has traído un regalo? Sí, pero antes me tienes que dar un beso.

Oye... Lorenzo, no seas maleducado. ¿Qué se dice?

Nada.

Te lo doy igual.

Es un bruto, perdona.

¿Estás viendo la película?

La tengo puesta.

Aquí ya estaba perdiendo la voz.

Pero sabía muy bien cómo utilizarla.

Habré escuchado a Chabela cantar La Llorona más de 50 veces.

Todas eran distintas. Y en todas lloré.

Yo tengo varias versiones.

Creo que tengo la última.

¿Quieres oírla?

Llévame al río.

En los últimos conciertos. Tápame.

Como iba perdiendo la voz. Con tu reboso, llorona. Casi no cantaba la

canción. Porque me muero de frío.

La decía.

Te tápame.

La murmuraba. Con tu reboso, llorona.

Sí,

porque te quiero, quieres, llorona, quieres

que te quiera más.

Sí, porque te quiero, quieres,

llorona, quieres que te quiera más.

¡Sí!

El día en que me abandones Prefiero corazón

que sea esta noche En diciembre me

gustó

por favor.

Una amiga se ha ido a París aprovechando el puente y me ha mandado esta foto

preguntándome si no es este mi marido.

Ricardo también está en París.

En un viaje de negocios, según él.

¿Qué quieres decir?

Que es él.

Pero si aquí no se le ve la cara a nadie, Patricia.

Mira.

Podría no ser él.

Es una imagen muy confusa, míralo.

Reconozco su cazadora, sus pantalones, su modo de abrazar.

Es Elsa.

¿Respondo?

Se empieza a hablar debajo de la lengua.

Ya está.

Tranquila.

¿Cómo te encuentras ahora?

Bien.

En las dos últimas horas no he tenido ningún síntoma.

Se me han pasado volando.

¿A qué achacas de pronto esta crisis de pánico? Es la primera, me dijo Patricia.

Sí, tan fuerte sí.

No lo sé.

El cansancio.

En publicidad trabajamos a destajo.

¿No puedes desconectar del trabajo de vez en cuando?

No lo sé hacer.

Llevo mucho tiempo enlazando un trabajo con otro.

Además, mi madre murió justo hace un año.

Por estas fechas.

En este mismo puente.

Estos días la tengo muy presente. Es como si hubiera ocurrido hoy.

¿Pudiste despedirte de ella?

No.

La había ido a visitar por la mañana y el resto de día lo pasé trabajando.

¿Me quito de las gormas? Cuando quieras.

Está todo casi listo. Vale.

¿Y qué tengo que hacer?

Nada. Estás sentado en la cama y miras a través de la ventana.

Y piensa lo que quieras. Bueno, mejor algo triste.

¿Algo triste?

Pienso en mi padre.

Bueno, piensa en tu padre.

Por lo demás, ¿estás bien?

¿Tienes frío? ¿Quieres algo de beber?

No.

Bueno, me siento desnudo.

Pues no lo estás.

Va a ser rápido, ya verás.

Oye, apagad los teléfonos móviles, por favor.

Es el tuyo, Elsa.

Pues ponlo en silencio.

Es del hospital.

¿Sí? ¿Elsa Rosado?

Sí, soy yo.

Siento decirle que su madre acaba de fallecer.

¿Elsa? Sí, sí.

Tiene que recoger las cosas de su madre y firmar algunos papeles.

Estoy en pleno trabajo.

¿Puedo ir en un par de horas?

Sí, sin problema.

Venga cuando pueda.

¿Pasa algo?

Mi madre ha muerto.

Tengo que ir al hospital.

Lo siento.

Yo te llevo si quieres.

Me duele pensar que murió sola.

¿Has tenido tiempo de guardarle el duelo?

No.

No ha parado de trabajar desde que se murió.

A veces pasan años hasta que una se enfrenta a la pérdida.

Yo no me he enfrentado todavía.

He estado huyendo.

Además de lo que te voy a recetar, deberías tomarte un descanso.

Hacer un viaje.

Mejor que vayas acompañada.

Sí, claro.

Hola, Mónica.

Hola, Raúl.

¿Puedes hablar?

Sí, te dejé un recado anoche.

Ya lo oí, pero... Me imaginé que estarías ocupada.

El niño de Elena ha muerto.

Qué horror, Mónica.

Puedo ir a veros.

Ahora vamos en tren.

Nos dejan una casa en el Ampurdán. Cuando sepa qué hacemos con nuestras

vidas, ya te llamaré. Lo siento mucho, Mónica.

Díselo a Elena o pásamela.

Ahora no la tengo al lado. Me he venido al lavabo para hablar contigo y que no

me oigan.

Santi también te manda besos.

Si podemos hacer algo... Gracias.

No lo sé.

Esta noche dormiremos en casa de la tía Elsa, ¿vale?

¿Qué te pasó, mamá?

Nada, tesoro.

Prefiero seguir bebiendo, tesoro.

¿No? No puedes beber porque te ahogarías.

¿Y la tía Elsa?

Déjala. Ella pasa de nosotros.

No paso de

vosotros. Me encanta la escena familiar.

Venga, Lorenzo, sal ya, que llevas mucho tiempo dentro.

Cariño, te vas a quemar con el sol.

Siéntate aquí.

Vale, aquí tranquilito.

Llevas horas escribiendo, ¿no?

Me gustaría hacer una tercera película.

De pronto me han entrado unas ganas.

Debe ser esta isla.

Qué bien.

¿Y de qué irá?

De todo.

De dos mujeres en una isla volcánica y de lo que pasa por sus cabezas.

Las dos están viviendo un duelo.

¿Una soy yo?

Bueno, una estaría inspirada en ti, sí, supongo. ¿Y qué pasa por mi cabeza?

Porque ni yo misma lo sé.

Es un modo de hablar, Patricia.

He empezado a escribir inspirada por nuestra estancia en la isla. Y aquí solo

estáis tú, el niño y yo.

¿Sale Ricardo, mi marido?

Él no está aquí.

Pero es la razón por la que has venido.

¿Y hablas de esa razón?

Todavía no.

Estoy empezando.

Es el momento de apuntar todo lo que se me ocurre.

Pero ya que me lo preguntas, sí.

Me gustaría hablar de él y de tu liberación. ¿Mi liberación?

Sí. O sea que me he liberado de Ricardo y yo sin enterarme.

Eso me has dicho.

Este viaje es la prueba.

Te lo he dicho tantas veces.

Pero nunca me has creído.

Y esta vez tengo que creerte vos como siempre.

Esto es solo un impas.

Me espera todavía un largo vía crucis hasta que me libre de él.

Ni yo sé qué pasará.

Creía que no tenías dudas. Pues las tengo.

Todas.

Y no me gusta que escribas sobre nosotros.

Estará todo mezclado con ficción, Patricia.

Nadie te va a reconocer. Él se reconocerá.

¿Vas a dar detalles de nuestra vida?

¿De las putadas que según tú me he liberado? Mira, guapa, esas putadas las

he de tu boca.

Pero ya que lo mencionas, supongo que sí.

Me gustaría poder hablar de cómo ese hombre te ha anulado durante años.

Y de tu incapacidad para reaccionar.

Pero que al fin reaccionas, Patricia.

Y te lo quitas de encima.

Siempre pensé darte un final feliz.

De no ser así no me inspiraría en ti.

Si hay un final...

Olvidas que es una ficción y que soy yo la que elige el final.

Siempre te oí decir que el final se impone por sí mismo en el desarrollo de

una historia.

Y que el autor tiene que aceptarlo.

Aunque no sea el final que tenía previsto.

El final a veces es una sorpresa.

Incluso para el autor y para el personaje.

No pensaba que recordaras mis entrevistas.

Me gustaba escucharte cuando hablabas de tu experiencia como directora.

No debiste dejarlo.

Pero no me gusta que escribas sobre mí y sobre Ricardo.

De todos modos, esto pensaba dártelo a leer cuando lo terminara.

¿No has comido nada?

Yo tampoco.

Puesto ciega de vino blanco.

Vamos a recoger.

Tenías que haberme lo preguntado antes.

Lo siento.

Me he dejado llevar por el entusiasmo.

¿Tan importante para ti es escribir esto?

Sí.

Pero no te preocupes que tú ya no vas a estar en el relato.

Qué mal suena eso.

Como si pudieras decidir sobre la vida de la gente.

Lo digo para tranquilizarte.

Ni tú ni Ricardo apareceréis como inspiración.

De todos modos, nunca ibais a ser vosotros. Me sorprende que no lo hayas

entendido, que estoy escribiendo ficción.

No te lo tomes de un modo tan literal.

Chica, siento ser tan anticlimax. No pasa nada.

El problema es que tu marido sabe que puede hacer contigo lo que quiera.

¿Lo dejarás?

¿Desde temprano?

Más bien tarde.

Pero todavía necesitas seguir tragando mierda hasta que ya no puedas más.

Es tu carácter.

No tienes derecho a hablarme así.

Lo siento.

Soy yo. ¿Dónde estás?

En Lanzarote, en una villa.

¿Y el niño?

Está aquí conmigo.

Está durmiendo. Estamos bien.

¿Piensas volver?

Sí.

Ven a buscarme, por favor.

Mañana cojo el primer vuelo, pero ¿dónde te llamo?

Te llamaré yo.

Muy bien.

Hasta mañana.

Te amo.

Dame 25 minutos.

Espéranos en el aeropuerto, ¿vale?

Hasta ahora.

Mi amor.

Mete el cubo aquí dentro, venga.

Ayuda a mamá. Toma.

Venga, tú.

Me voy.

Siento lo de anoche.

Es que había bebido mucho.

En vino, Veritas.

Dijiste lo que pensabas.

Pero fui cruel.

Sí.

Mucho.

Reconozco que tu situación me saca de quicio, Patricia.

Pero también sé que no tengo derecho a entrometerme.

No.

No lo tienes.

A una amiga no se le habla así.

Tú eres algo más.

Fui algo más.

No te confundas.

Nos vamos, amor. Dile adiós.

Nos vemos con papá, Mati.

¿Ah, sí?

Nos está esperando en el aeropuerto.

Ah, qué bien.

Oye, ¿te ha gustado el viaje?

Me ha gustado la playa negra y los cactus.

¿Y los cactus?

Es que son súper bonitos. Me alegro mucho.

Oye, te voy a echar de menos, ¿eh, Lore? Y yo a ti. Que tengas un muy buen viaje

de vuelta.

Adiós. Adiós.

Vamos, amor.

Coge la bolsa.

Vamos, Lore.

He encontrado tres villas, pero a mí hay una que me ha gustado mucho.

No es esta, pero se parece.

También tiene un jardín de cactus en la entrada, árido, de arena negra, pero es

que es muy bonito.

Y luego delante del porche tienes un cielo inmenso.

En la piscina.

¿Está climatizada?

No lo sé, me imagino.

Pero déjame que lo consulte.

Es Mónica.

Hola, Mónica.

¿Seguís en Ampurdal?

No. Hemos vuelto a Madrid. Creo que Elena está mejor atendida aquí.

¿Quiere que nos veamos?

No, ahora no puedo separarme de ella.

Hace dos semanas intentó suicidarse con las pastillas que está tomando para la

depresión. No me digas.

Pero no quiero agobiarte con nuestros problemas.

No, no me agobias. Solo dime si podemos ayudaros en algo.

Gracias. Aquí hemos encontrado una terapeuta que a Elena parece que le

gusta.

Saldremos de esto.

Un abrazo muy grande.

Un beso de Santi.

Otro para los dos.

Chao.

¿Qué ha pasado?

La novia ha intentado suicidarse.

¿Qué dices?

¿He cogido la tormenta por el camino?

No. He venido bien.

¡Qué tormenta tan grande!

¿Tú cómo estás?

Bien.

¿A trabajar hoy?

Sí. Tengo un rodaje de un anuncio.

¿De qué es? De calzoncillos.

¿Qué cosas tiene que hacer?

Me paga muy bien.

Y no es nada indecoroso, mamá. Ya parece que la tormenta amaina.

No sabes qué truenos. Aquí yo he traído la comida, señora Antonia.

¿O cómo mamá va a hacer la comida en el cuerpo?

Hoy te doy yo de comer.

¿Al mamá?

Muchas gracias, hija mía.

¿Todo bien?

Sí, creo que he terminado el guión.

Enhorabuena.

¿Estás contento?

Creo que se queda un poco corto, le falta algo, no sé. Pero siempre dices lo

mismo cuando terminas de escribir, ¿no?

¿Lo puedo leer?

Es el primer borrador.

Lo sé.

Hay un personaje que se parece a ti al principio.

¿Ah? Pero no eres tú. ¿Ah, no? No, solo me inspira al principio.

No me importaría si fuese completamente yo.

Vamos al contrario.

Me gusta inspirarte.

Salgo al principio, entonces.

Sí, pero no lo leas delante mío. Vete a la habitación o al jardín.

Maniático. Me pone nervioso verte leerlo.

Estaría pendiente de ver cómo reaccionas.

Pues mira, voy a reaccionar bien.

Aunque no me guste nada lo que lea.

Fíjate.

¿Sí? Hola, Angelita, soy Elsa.

¿Cómo estás, Elsa, primo?

Bien. ¿Y tu hija?

Aquí estás, Olivia Antaguilla.

¡Niña!

Mira, aquí está. Que te la paso.

Gracias, un beso.

Hola, Elsa.

Hola, Natalia. ¿Cómo estás?

Pues bueno, ahí voy.

Pero me alegra mucho oírte. Y no te preocupes por no haber venido.

En el puente de la Constitución tuve una crisis de pánico horrible.

Pobre, sé lo que es eso.

Así que hice caso a la psiquiatra y me vine a Lanzarote.

Ah, pues está muy bien.

Tienes que descansar, que no paras, ¿eh?

La isla me ha sentado tan bien.

Tengo una villa con dos habitaciones y he pensado de pronto que por qué no te

vienes. Y así nos hacemos compañía.

Esta isla tiene una energía muy especial.

Eh... ¿Me estás invitando a que vaya a Lanzarote?

Si te animas, por supuesto, estás invitada a todo. Te mando un billete

para mañana.

¿Vale? Venga, me pongo yo ahora mismo. Te mando un beso. Chao, cariño.

Que dice que me vaya a lanzar otro.

Pues yo ya estaría en el avión.

No te digo nada.

Los pasajeros de vuelo ES237 deberán embarcar por la puerta C.

Please pass your supplies in S237.

Masterbook, gate C.

¡Qué alegría!

¿Qué tal el viaje?

Estoy muy aturdida.

¡Qué gentil!

Esto es toda la gente que vas a ver.

¿Sí? Sí. Vamos al coche.

Qué impresionante es esto.

¿Son tumbas?

No. Se llaman socos.

Sirven para proteger las vides.

¿Para protegerlas?

Del viento.

Son maravillosos.

Perdona, es que en el pueblo vivo como una salvaje.

Debería haberme teñido, ¿verdad?

Estás muy guapa.

Me alegra haber venido, Elsa.

¿Y qué has hecho todo este tiempo que no te he visto?

Pues nada, en casa, tranquila. Con mi madre.

¿Con tu madre? Pero no tienes amigas, ¿no sales?

Si el pueblo tiene 53 habitantes y mi madre es la más joven, que tiene 60. No

sé, más de 80 para arriba.

Mira, esta es mi habitación.

Y esta de la izquierda es la tuya.

Ven.

Aquí estuvo Patricia dos días, pero volvió con el marido.

No sabía que veían fotos.

Bueno, no. Tan como siempre.

Me alegro mucho de que hayas venido.

Y yo. ¿Te ayudo?

No. Yo puedo.

Si te apetece hacer algo, hay un montón de sitios para ver.

Mira. No, estoy bien aquí.

¿Segura?

¿Quieres hablar?

¿O no te importa si escribo un poco?

No, no. Tú escribe.

Sí, yo estoy muy bien aquí tomando el fresco.

¿Qué

escribes?

Un guión.

Bueno, eso espero.

Me han entrado ganas de hacer otra película.

Pero tú interrúmpeme cuando quieras, ¿vale?

¿Y de qué va?

De mi infancia.

Y de mi llegada a Madrid.

Por primera vez hablo de la muerte de mi madre.

Hace justo un año.

Me he sentado muy bien.

Desde entonces no he parado de trabajar, huyendo del duelo.

Después del jamacuco de la semana pasada me dio miedo.

Y he decidido parar.

¿Cuánto dura el duelo?

Yo me siento igual que cuando ocurrió el accidente.

Ya va para dos años.

Pues no lo sé.

Depende de la persona.

Pero tú tienes que poner de tu parte, Natalia.

Y tú lo estás haciendo, ¿verdad?

No sé.

Hay días que no tengo fuerzas.

No digas eso.

Estás deprimida, pero eso se pasa.

¿Has ido al médico?

¿Estás haciendo algún tratamiento?

Sí, pero a veces se me olvida.

Bueno, pues si quieres dime lo que tienes que tomar y yo te lo administro.

No, no te preocupes.

Me he traído todas las medicinas.

¿Tienes idea de qué hacer en el futuro?

Pues Jean Paul se enteró de lo que me había pasado y me ha ofrecido dos

anuncios. ¡Ah, qué bien!

Yo le dije que tenía una pinta horrible.

Y le mandé una foto para que viera cómo estoy, pero...

Él dice que me encontraba ideal.

Estás guapísima como siempre.

Son solo las fotos.

La verdad es que me lo ha puesto muy fácil.

De todas maneras, yo me teñiría las canas.

¿Sí? Y comería un poco más.

Mira ese queso.

Mañana podemos ir a la peluquería. ¿O te ha dicho el que te las dejes?

No. ¿No? No, no. Pues mañana a la peluquería.

Tienes mejor cara.

El viaje te está sentando bien.

Bueno, es que me he maquillado un poco.

Perdón.

Esbo, tengo que cogerlo, que lo tengo un poco aparcado y lo llevo a regular,

¿vale? Ah, sí, claro.

¿Cómo estás, mi amor?

No te enfades.

No, es que ya sabes que estaba muy ocupada.

Ay,

no, no, no, no, no.

Ponte para adelante.

No. Oye, tengo que dejarte.

Mañana te llamo y te lo explico, ¿vale?

Un beso, tesoro.

Ya te lo pongo.

Bien.

Enfadado porque lo llamo poco.

Pero ahora la que me preocupa eres tú.

Yo respeto tu silencio.

Pero te miro y me gustaría que me dijeras cómo te sientes.

No, no te gustaría.

Te desahogarías.

Hay que hablar.

Elsa, yo te lo agradezco.

Pero preferiría no hablar de esto.

Como quieras.

Pero piensa que me tienes a mí.

Ya estoy mejor.

Ya estoy bien.

No.

No estás bien, Natalia.

Pero... Si el único modo de ayudarte es acompañarte.

Me voy a dormir.

Estoy muy cansada.

Te duermes bien.

Y tú.

Y... muchas gracias por todo.

Oye, si no te puedes dormir o cualquier cosa, me avisas.

¿Vale? Que voy a estar un rato relleno en mi habitación.

Vamos a quitar el techo del coche para sacarte.

Hablero. Hablero.

¿Natalia? ¿Natalia, estás dormida?

¡Natalia! ¡Natalia!

¡Natalia, despiértate! ¡Despierta! ¡Natalia!

Hola. ¿No te despierto?

Me has llamado, ¿no?

Estaba en una salida.

Sí, me lo he imaginado.

No era nada importante.

Me alegro de que me llames.

Oye, que estaba pensando que a mí también me vendrían bien dos o tres días

de vacaciones.

Y mañana por la tarde hay un vuelo con plazas libres.

Dime que estás contenta de que vaya a verte.

Voy en una ambulancia en este momento con Natalia.

Ha ocurrido un accidente y... Tengo que quedarme con ella.

Ya te lo explicaré.

Pero no es buen momento para que vengas.

Ni para hablar.

Está bien.

Entiéndeme. Sí, sí, sí.

Entiendo.

No es el momento de hablar de mí.

Y no parece que te importe mucho.

Perdona la llamada.

¿Has oído los truenos?

Sí.

Sí, los he oído.

Una tormenta tremenda.

Parece que la tormenta está amainando.

Ya ha pasado.

¿Vendrías conmigo a París?

Para lo de las fotos.

Rompí con mi agente hace meses.

Iré donde tú quieras.

Pero tienes que prometerme que no lo vas a volver a intentar.

Te lo prometo, Elsa.

He tenido un sueño.

Así. He soñado que estaba en mi habitación con la maleta abierta.

Y no sé por qué no era capaz de llenarlo.

Por alguna razón no sabía hacer mi maleta.

Me daba cuenta y me angustiaba.

No me recuerdo con ropa en la mano.

Solo recuerdo la maleta abierta y que no era capaz de meter nada.

¿Y estabas sola?

No.

Bueno, al principio sí.

Y de pronto estaba con otra mujer mayor que yo.

La otra mujer terminó de hacer su equipaje.

Mientras yo no podía hacer mi maleta.

Si yo soy esa mujer, terminaría de hacer mi maleta y haría la tuya.

¿Os importa quedaros solas una hora? Tengo que salir.

De paso haré la compra. ¿Quieres algo, Elena?

No.

¿Pasa algo, Mónica?

He leído tu guión.

Y no te ha gustado.

Todavía tengo que afinarlo. ¿Cómo te has atrevido?

¿Qué? ¿Crees que con la indemnización habías comprado mi vida y la de ella?

No me hables así.

Si quieres que sigamos hablando, cambia de tono.

¿De qué coño estás hablando?

¿Cómo te has atrevido a utilizar el intento de suicidio de Elena? No hay

nada que te frene cuando escribes.

Joder, Mónica, ni que fuera la primera vez que lees un guión. Ahórrate lo de la

realidad y la ficción.

Relájate, ¿vale?

El personaje de Natalia es muy distinto de Elena.

Natalia es una chica joven que ha perdido a su hijo en un accidente cuando

ella conducía el coche.

Natalia no es Elena.

No puedes hacerme esto.

¿Hacerte qué?

Por favor, contrólate. No te reconozco, Mónica.

¿No quieres un café o un whisky?

¿Cuándo he tomado yo whisky a estas horas?

No sé, bueno, yo a veces lo tomo. Tú eres alcohólico, entre otras cosas.

Elena no me perdonará que te lo haya contado.

No se lo he dicho a nadie.

¡Lo has escrito en un guión! ¿Te parece poco?

Pero ya sabes cómo es la ficción. ¡Esto no es ficción!

¡Autoficción! ¡Y una mierda!

No voy a decirle nada, Elena.

Ni se da cuenta de que estoy leyendo a su lado. Pero como no quites esa parte

del guión, trataré de encontrar una vía legal o ilegal. No sé, para impedir que

sigas con esto. Te haré la vida imposible. Mónica, estás desvariando. Me

da igual.

Ya se me ocurrirá algo. Tengo 20 años de tu vida aquí.

Y tengo suficiente dinero para que te partan las piernas.

Te has vuelto loca.

No te reconozco, Mónica. Ya sé que no me conoces.

¿Qué tal con Mónica?

Os he visto discutir.

En Amarga Navidad he incluido un personaje al final de una madre que ha

perdido a su hijo.

Y Mónica piensa que me he inspirado a su amiga Elena.

¿Y es verdad?

El dolor es verdad.

Y la culpa.

Pero todas las madres que conozco sienten ambas cosas.

Mónica se ha puesto hecha una fiera.

Es normal.

Está muy susceptible.

Imagina por todo lo que está pasando.

Sí. Y lo siento muchísimo, pero es que has llegado a amenazarme.

¿En tu guión el personaje también intenta suicidarse, como Elena?

Yo todavía no he leído ese guión.

Sí, pero de verdad que es muy distinto.

¿Y es esencial para el resto de la historia?

Sí, es fundamental.

De hecho, creo que es la solución.

Al guión le faltaba algo.

Entonces, ¿no puedes quitarlo?

Claro que puedo. Y puedo también no volver a rodar.

Pero no quiero hacerlo obligado ni por Mónica ni por nadie.

Pero ten presente que la situación de ellas es delicadísima.

¿Le has contado a Mónica algo con lo que pueda amenazarme?

¿Yo?

No.

¿Tú tienes algo que ocultar?

No.

Bueno, el almacén donde guardamos el atrezo pagué la mitad con dinero negro

hace mil años.

No creo que se le ocurra chantagearme con eso. No.

Mónica no es de ese tipo de personas.

Estaba rebotada y explotó.

Pero tenéis que arreglarlo. Sí, tengo que conseguir que entre en razón.

Pero ten siempre presente que ama a una mujer que ha perdido a su hijo y que ha

intentado suicidarse.

Piensa en el dolor de las dos, no piense solo en tu guión.

Cualquiera diría que está de su parte.

Tengo que explicarte a estas alturas que solo puedo escribir desde la libertad

más absoluta. Caiga quien caiga.

Está bien, Santi. No empieces tú ahora.

Hola, soy Raúl.

¿Qué quieres?

Creo que la conversación de ayer no puede terminar como terminó.

Dime tú dónde y cuándo, pero tenemos que seguir hablando.

Voy a ver.

Hace cinco años que no hago una película.

No porque no haya intentado escribir, pero no me ha salido nada que me

arrebate.

Sabes mejor que nadie que mi vida no tiene sentido si no estoy rodando.

Estos cinco años han sido una verdadera agonía.

Pero has dirigido tu primera obra de teatro.

Has publicado dos libros sobre tu filmografía, un documental. Has

recorrido medio mundo recogiendo premios a tu carrera.

No es lo que había soñado cuando empecé a hacer cine.

Lo hice porque a Santi le gusta viajar.

Ya vas siendo mayor, Raúl. Date un respiro.

Necesito rodar.

¿Tanto te gusta este guión?

Tú sabes lo que cuesta escribir una historia y que todo encaje.

En Amarga Navidad estoy en el mejor camino para conseguirlo.

Siempre me ha interesado el origen de la creación y la relación entre la ficción

y la vida. Y creo que por fin he conseguido que sea una parte orgánica de

la trama.

Si tanto te gusta, haz la película.

Pero sin ese epílogo con el personaje de Elena. Se llama Natalia y es modelo y

tiene 20 años menos que tu novia. ¿Para esto me has llamado? Cede un poco,

Mónica.

Ha sido siempre mi primera y mejor lectora.

Conocen mi fragilidad cuando estoy en esta parte del proceso.

¿Tu fragilidad?

¿Y la de Elena? ¿Y la mía?

No pretendo compararme con vosotras. Solo soy un escritor que se hace mayor,

como has dicho.

¿Qué puedo hacer?

Quita a Natalia del guión.

Y deja a Elsa llorando por su madre y de paso cierras el duelo con tu propia

madre.

Sin el epílogo de Natalia la película durará una hora.

Pero puedes venderla a una plataforma.

Con tu nombre basta para colocar un original sin problemas.

Recuerda que Netflix espera algo tuyo desde hace tiempo.

Podrías entregarle esto. No te burles de mí.

Te he pedido un consejo positivo, no que me degrades a hacer una TV Movie. Es el

signo de los tiempos.

Y tú ya has hecho tus mejores películas. Ahora puedes vivir de tu prestigio.

Será una película menor, pero a la larga tus seguidores lo agradecerán, como

nosotros agradecemos las películas menores de Bergman o de Fellini.

Ellos están muertos. El prestigio de un director vivo dura solo cinco minutos.

Mientras sigas vivo, estás compitiendo, mucho más en una profesión como la

nuestra, ya de por sí agonizante. Hola, muy buenas. ¿Qué les puedo ofrecer?

Un agua sin gas, por favor.

Un mezcal. No, mejor un mezcal también para mí.

Dos chupitos de mezcal.

Muy bien.

Me has pedido un consejo.

Olvídalo. He cambiado de opinión. Ya no me sirves como consejera.

Ya no soy tu primera y mejor lectora. No.

En este momento no eres imparcial.

Déjame decirte algo, aunque sea parcial, sobre mi primera lectura. No hace falta,

gracias. Te lo voy a decir de todos modos.

Un personaje tan importante como Natalia no puede aparecer tan tarde,

prácticamente al final.

Escribiré otras secuencias al principio en las que Elsa la llama y se preocupa

por ella.

Son muy amigas, han trabajado juntas.

Quiero que Elsa la salve. No ha podido salvar a su madre.

No ha podido salvar a Patricia de su marido.

Quiere salvar a su joven amiga Natalia. ¿Quién te crees que eres para salvar a

nadie? La ficción no tiene ese poder.

Hasta que aparece Natalia el guión no está mal.

Me gusta la extravagancia de sostener dos escenas esenciales solo con la voz

de Chabela cantando.

Es atrevido, aunque suene a algo que ya has hecho.

Nunca hasta ese punto.

Es verdad.

Nunca habías hecho que un personaje tome la decisión de dejar a su marido y

cambiar de vida solo por haber escuchado una canción.

Desde luego es arriesgado.

Y me gusta.

Vaya, gracias.

Y deberías dejar de hablar de la muerte de tu madre. Con esta es la segunda vez.

Hablaré de mi madre cuando me salga de los huevos. Y eso es un golpe bajo.

Raúl, estoy furiosa contigo.

Pero no me estoy vengando de ti. Desde que has abierto la boca no has hecho

otra cosa.

Me hago eco de tus quejas.

Según tú, hace tiempo que no tienes una idea original o que te satisfaga lo

suficiente. Por eso en este guión hablo de mí, de lo que me rodea. Yo también me

expongo. No lo suficiente.

No eres justo ni con Santi.

Ahí sí hay una historia. Tu relación con Santi desde que le conoces.

Deme la botella. No metas a Santi en esto.

¿Dónde queda Santi en el guión?

¿Dónde queda Bonifacio? Gracias.

Un personaje que al principio promete ser el protagonista y de pronto dejas

que se esfume. Y ni siquiera a Elsa le dice que no tienen nada en común y que

su relación tiene los días contados. No es nuestro caso. Ahora estás

confundiendo la ficción con la realidad.

No te atreves a decir lo que sientes por Santi ahora.

La pasión del puente de la constitución hace tiempo que pasó y en el guión se

nota. Tú sabes mentir en la vida, pero no cuando escribes. En tus guiones eres

más sincero que en tu vida.

Soy hermético y pudoroso, pero eso no es mentir.

En el guión, Bo es un títere. No existe como personaje. Santi sí existe. Y no es

Bo. Claro que es Bo. Lo que tú digas. No eres justo con él ni en la vida ni en la

ficción. ¿Qué quieres decir?

Santi es 15 años más joven que tú. Podría follarse a todo Madrid si

quisiera. Sin embargo, vive contigo cuidándote. Como un célibe. Te estás

pasando de evidente, Mónica.

Tú no sabes tanto de nosotros.

He sido testigo de todo. Te equivocas. Santi sale y entra y no le pregunto

dónde va.

¿De dónde sacas que es célibe?

No me lo imagino contándotelo.

Ese es vuestro problema, pero estamos hablando de su papel en el guión.

Lo peor no es que nos vampirices, sino que el resultado no es un buen guión. Si

te parece, Mónica, vamos a dejarlo.

Muchas gracias por los consejos.

Sé que necesitas rodar, pero no todo debería servirte. Te he oído decir

muchas veces que tenías miedo a repetirte.

Que si llegaba el momento, no querías ser complaciente contigo mismo. Y que si

ese momento llegaba, esperabas al menos ser consciente de ello.

Muy bien.

Pues ese momento ha llegado.

Y estás siendo complaciente contigo mismo.

Lo peor es que no te das cuenta.

Nunca te creí capaz de tanta maldad.

¿Con quién he estado trabajando?

La nuestra es una historia de perdedores, Raúl.

Elena ha perdido algo vital.

Y yo con ella.

Santi hace tiempo que te perdió a ti.

Pero tú también has perdido.

La gracia.

Te recuerdo prácticamente en trance cuando habías agarrado una historia por

los cuernos.

No es esa la expresión que estoy viendo ahora.

Defiendes tu guión por orgullo, por no darme la razón.

Porque nadie mejor que tú sabe que no es lo suficientemente bueno para ti.

Y me imagino la pérdida que eso significa.

Quédate un momento, por favor.

¿Para qué?

Sabía que acabarías así.

¿Así cómo?

No me refiero a tu maldad.

Todo esto es nuevo, pero... ¿Cómo he acabado, Raúl? Tengo curiosidad.

Reconozco que me he equivocado contigo, Mónica.

Con Santiago también.

Pero él me intuye aunque no hablemos y de momento quiere estar donde está

ahora. Él te quiere.

Yo ya no.

Si no estuviéramos hablando de una tragedia.

El niño muerto de Elena y el de Natalia en un accidente cuando su madre

conducía. Porque recuerda que ese es un detalle muy distinto a lo de Elena.

Un niño muerto es lo mismo para cualquier madre.

Estoy de acuerdo.

Pero yo me refiero a ti.

Me he equivocado contigo.

No necesitaba inspirarme en el fin de semana de la constitución del 2004.

Tenía que haberme inspirado en ti en los 20 años que trabajamos juntos.

¿Pero qué dices?

¿Cómo pude estar tan ciego?

Yo no existía. Nunca he existido. Solo existía en función de ti. Ahora existes.

¿Y cómo?

Ahora existo por Elena.

Me imagino. Pero me arrepiento de no haberte visto antes como te estoy viendo

ahora.

Tú eres la historia, Mónica.

El modo en que has velado por mí.

La capacidad para volverte invisible.

La capacidad que acabas de demostrar para destruir.

Era sobre ti, sobre quien tenía que haber escrito.

Todavía estoy a tiempo. ¡Suéltame!

Elsa está re inspirada en ti.

Yo desapareceré.

A partir de ahora, Elsa eres tú.

Mírame la cara.

Dime si no reconoces la presión de la que antes hablabas.

¿Cuánto había dado con la clave de la historia?

No tenía que haber venido.

No sé por qué lo he hecho. Porque eres mi mejor lectora.

Y tenías que darme una última lección.

Disculpe, señor. Vamos a cerrar.

Un momento.

Vamos a cerrar, señor.

¿Cuánto es?

43,50.

Quédese con el cambio.

Gracias.

Pero me temo que se tiene que ir.

Me gustaría leer el nuevo final.

El del conflicto con Mónica.

Ni yo mismo lo sé.

¿Y vos?

¿Cómo termina ese personaje?

No lo sé, Santi.

Pero ahora tengo que seguir escribiendo.

¿Te importa que dejemos la charla para otro momento?

No, claro.

Tenía curiosidad.

A no ser que tengas urgencia en contarme algo.

No.

Puedo esperar.

Gracias.

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