All language subtitles for Rose - Schleinzer, Markus (2026)[WEB-DL]

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
nl Dutch
en English
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German
el Greek
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil) Download
pt Portuguese (Portugal) Download
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

Y así fue como, en aquellos días de la Primera Gran Guerra,

que asolaría la tierra durante las décadas venideras,

Rose resolvió dar la espalda a la milicia.

Su historia no comenzó allí,

pero sin embargo dio un giro grave.

La verdadera relación de una embaucadora de tierras y gentes que, habiendo nacido mujer, a despecho de ello tomó falso nombre y se condujo bajo apariencia de varón, cometiendo muchas y vergonzosas fechorías.

Todo está en orden.

No falta nada.

No según lo que puedo ver.

Usted posee este documento.

Eso significa que puede reclamar la herencia.

¿Conoce la tierra, señor?

Sí. De niño pasé dos veranos allí con mi madre.

Tras la muerte de mi padre,

fuimos generosamente recibidos en la finca.

Fue entonces cuando la pequeña capilla se incendió,

al ser alcanzada por un rayo.

La granja ha permanecido vacía durante mucho tiempo.

¿Por qué ha esperado hasta ahora para presentarse?

La noticia tardó una eternidad en llegarme. Yo era soldado.

¿Dónde?

Con el ejército.

Durante diez años.

¿Y su madre?

Muerta también.

Todos ellos ahora.

Dado que ese mismo día ya no se consideró adecuado para

una inspección,

ya no, se acordó que saldrían juntos a la mañana siguiente

para inspeccionar la finca.

El ganado se repartió entre el pueblo, o de lo contrario habría perecido.

Es buena tierra, pero te exige todo

a cambio de un rendimiento ínfimo.

Un hombre debe saber lo que hace, o más le vale dejarlo estar.

Como soldado, luchaste por la tierra.

Eso no significa que puedas soportar la lucha contra ella.

Como puede ver, hay mucho por hacer

antes de que el verdadero trabajo pueda siquiera comenzar.

No es para cualquiera.

No hay vergüenza en ello.

Con gusto le compraría la tierra.

Por un buen precio.

Y mi intención es quedarme.

Para asentarme al fin.

Y buscar mi fortuna en esta espléndida parroquia.

En los próximos días podemos poner en orden los trámites

y firmar los documentos.

La primera llegada se había completado.

Y aunque Rose no encontró a nadie

que quisiera brindar con ella por ello,

estuvieron bastante dispuestos a coger su dinero.

Qué extraño.

Se ha vuelto tan estrecho.

Está todo abollado.

No es solo mi cara. Todo tiene una forma nueva ahora.

En el pueblo te llaman "el soldado".

Y dicen que eres un

excéntrico.

¡Cállate! Y que llevas algo misterioso contigo.

¡Te he dicho que te calles!

¿Qué clase de vida se edifica sobre el engaño?

No hay heroísmo en ella,

solo coacción y penurias, siempre en guardia.

¿Puede llamarse libertad a semejante vida?

Algunos dicen que el tiempo traerá una solución.

Otros dicen que el Señor provee a los suyos mientras duermen.

Dijera lo que se dijera, jamás el sueño

le había sentado tan bien a Rose como aquella noche.

Y el consejo llegó al día siguiente.

¿Qué ocurre?

La tormenta se llevó nuestras cercas, y el ganado se ha escapado.

Tal vez podríamos meter las ovejas aquí contigo.

¡Arre! ¡Arre! ¡Arre!

La osa fue hallada muerta en el bosque al día siguiente.

La carne se había echado a perder.

Pero con la piel,

en honor a Rose, confeccionaron una capa,

un gorro y un cuello.

El soldado, el excéntrico, el misterioso heredero,

se había convertido en un cazador de osos,

ya no obligado a contender con el viejo orden,

sino alguien que había escrito su propia historia

en la del pueblo.

¿Qué más podría ocurrir entonces?

Y aunque Dios se muestra rara vez, o de forma demasiado indistinta,

en los asuntos de la vida cotidiana,

el tiempo pasó visiblemente sobre la tierra.

Había transcurrido un año desde su llegada,

y Rose se había visto embargada por un poderoso espíritu de iniciativa.

se apoderó de ella.

Pensaba en la expansión, en hacer la granja más grande,

en excedentes y también en beneficios.

Es bueno ver que la tierra prospera de nuevo.

No te creía capaz de ello.

Ni yo tampoco.

Todos los días me maravillo de estar aquí. Antes, nunca podía imaginar un mañana.

Lo que pudiera venir,

lo que pudiera ser.

Estaba demasiado ocupada intentando sobrevivir cada día.

¿Y ahora?

Por primera vez parece tan magnífico y hermoso.

Me produce tanta alegría.

Trabajar, imaginar qué más se podría hacer.

Pensar en todo lo que aún se podría crear o construir.

Y para eso se necesita esta tierra.

Es un comienzo.

La tierra tiene un valor

diferente al de las monedas.

La moneda se cambia una

vez por

algo.

La tierra te da cada año.

Como el vientre de una mujer. No.

No deseo vender el arroyo. Pero le haré una oferta:

una forma de que consiga su pedazo de tierra,

mientras todo permanece igual para mí. Tengo cinco hijas, y me comen por los pies.

Rose había logrado mucho hasta entonces.

Para ello, se había visto obligada a practicar la disciplina,

y una estricta abnegación cada día.

Había pasado privaciones para poder exigir,

y renunciado para poder recibir.

Ocultándose a sí misma para poder existir.

Pero una vez satisfecha la necesidad,

pronto sigue el deseo de más.

Pues la codicia es una intoxicación.

Hace creer a uno que tiene derecho a todo,

y así se justifica por su propia existencia.

No conoce límites. La

codicia no tiene medida,

ni propósito ni disciplina.

Un barril no puede estar más vacío que vacío.

Pero es fácil hacerlo rebosar.

Esta es Susanna, virtuosa

y temerosa de Dios,

diestra en toda labor propia de mujer.

Cuidó a su madre, que padeció

mucho sufrimiento antes de morir.

No sé qué le aqueja. Mi difunta esposa lo empezó.

Incluso durante el parto. Tenemos uno

de cada

una de ellas.

Pero ella era débil.

¡Déjalo!

Muy débil. A menudo postrada en cama.

¿Y bien? El caballero desea cortejarte. Estoy dispuesto a dártela.

¿Estás dispuesta tú también?

Sí.

Que el Señor os bendiga y os guarde.

¡Fuera!

Mañana nos conoceremos todos mejor.

¿No vas a ocuparte del fuego?

¿Lo hago yo?

Puedo intentarlo, para que la ropa se seque.

O usted, señor. Tal vez sea más diestro en ello de todos modos.

El cesto de conservas y carne fría

que quedó de la boda— lo dejamos también junto al carro.

No lo sé.

Demos gracias al querido Señor porque

los días pasados fueron abundantes y no nos fuimos

a la cama con hambre.

porque me has guardado piadosamente este día,

y te suplico

que me perdones todos mis pecados,

pues me encomiendo, mi cuerpo y mi alma,

y todas las cosas en Tus manos.

Que Tu santo ángel esté conmigo,

para que el maligno enemigo no tenga poder sobre mí.

Amén.

De todas las cosas, lo que más aprecio es tu pureza.

Pretendo conservarla durante mucho tiempo.

Nada ha sufrido daños, por lo que puedo ver.

Bastaría para hacernos un hogar.

Uno bueno.

Sí.

¿No nos cantarás una cancioncilla para conmemorar la ocasión? ¡Vamos! No sé qué cantar.

Cualquier cosa.

Esa. Encomienda todos tus caminos

y todo lo que

aflige tu corazón

al cuidado más fiel

de Aquel que gobierna los cielos.

Aquel que da a las

nubes, al aire y a

los vientos

sus sendas, su curso y su camino,

hallará también los caminos

por los que

tu pie pueda caminar.

Debes confiar en el Señor

si todo ha de irte bien. Debes mirar Su obra

si tu propia obra ha de perdurar.

A través de la preocupación y

el dolor y el sufrimiento autoinfligido,

nada se le puede quitar a Dios; debe ganarse mediante la

oración.

¿Por qué? ¡Tengo permiso!

Le prometí al párroco que ayudaría con la lectura

y la escritura.

Varias personas se han ofrecido y les gustaría intentarlo.

¿No encuentras trabajo que hacer aquí? Puedo.

Pero

ya he dado mi palabra.

Tal vez podría acompañarte.

Hay tanto silencio aquí.

Ese es tu nombre.

Son cinco letras que luego se repiten.

¿Te gustaría intentarlo?

Oh, muy despacio.

¡Ah!

Sí, pasa.

Espera.

Quería preguntar si Susanna se porta bien.

Si es obediente en todo.

Si le va bien.

O si te rechaza.

O si encuentras su conducta repugnante.

No, no, no.

Es exactamente como me la describiste.

Mejor aún.

¿Sabes cómo es? Con la cría.

Un

toro que no monta se reemplaza.

Estamos tan ocupados con el trabajo

que no he considerado

criar animales también.

El matrimonio es un contrato que has suscrito.

Se cumple únicamente cuando se consuma.

Más vale hacerlo de inmediato, o todo queda nulo y sin efecto,

incluida cualquier decisión,

como la tierra sobre la que te asientas.

No tienes de qué preocuparte. Todo está como debe estar. ¿Qué ocurre?

Date la vuelta.

Vendrá; pasará.

¿Qué ocurre? ¿Bajarías un momento?

He concebido. ¿Qué?

Concebido. Estoy completamente segura. Una mariposa acaba de entrar por la ventana

y se ha posado

en mi

vientre.

Esa es la señal.

Así le ocurrió también a Santa Verónica.

Aún es pronto,

pero te

felicito por la bendición.

¡Vamos! ¡Vamos! Hasta luego. Ciao. Al principio, ya sabes cómo es—

todo yace siempre ahí

en el cofre,

pero eso no puede durar para siempre.

¿Por qué está hoy la carne

buena en la sopa?

Es un día de fiesta, después de todo.

Tendríamos que construir una ampliación y talar madera.

Tendríamos que hacer una apertura en el salón.

¡Hacia afuera! Ahí junto a la pared estaría bien.

¡Vamos!

No se puede esperar un hijo

cada vez

que uno cumple con su deber conyugal.

Ya veremos. Pero es así.

Sí. ¿Qué dice padre? Lo haremos.

Hasta luego. Hasta la

próxima.

Nació un niño vivaz y

sano, aunque

de forma inesperada para Rose

y, a ojos de algunos, semanas antes de tiempo.

Y mientras Susanna se amoldaba

con facilidad a su papel

de madre, los sentimientos paternales de Rose

eran confusos y de naturaleza más compleja.

Sin embargo, todo había cambiado para mejor.

Pues a ojos de la comunidad, Rose había

prosperado una vez más.

Había hecho florecer la tierra, como la flor de su esposa. Y aunque no siguieran más hijos,

Rose ya había cumplido el único propósito de la existencia,

el único servicio debido a la comunidad: la reproducción.

Afirmen lo que afirmen los demás.

Y

sin embargo, no siempre,

ni necesariamente, son los grandes acontecimientos

los que

traen el cambio.

Las cosas pequeñas también pueden tener grandes consecuencias,

como el aleteo de una mariposa

o la picadura de una abeja.

Creía que estabas en el establo.

Es muy difícil de llevar y llora todo el día.

Ahora se ha despertado de nuevo.

¿Qué es eso cerca de tu ojo?

Nada.

Y ahí en tu mano.

¡Ven rápido! ¡Ven!

¡Ven!

¡Oh!

El aguijón todavía está ahí dentro.

Y aquí arriba.

Ayúdame a sacarlo de sus calzones.

¡Tira!

¡Tira!

¡Tira!

Hay más.

Debemos hervir agua. ¡Al pozo!

¿Por qué te quedas ahí parado? ¡Corre! ¡Coge también el segundo

caldero!

¡Ah! Te preguntarás qué le ha pasado al amo.

¡Santo Dios, hombre!

Gracias. ¡Hasta luego!

¡Podemos empezar!

Como no

tenéis...

Está gravemente enfermo.

Debe descansar. Nadie puede verlo.

No si queremos evitar temer por su vida.

Todo lo demás continuará como antes.

Eso es lo que se acordó.

Vosotras, las criadas, trabajaréis también en los campos.

Hasta que el Salvador restablezca la salud del amo,

por lo cual rezaremos ahora,

yo dirigiré la suerte de todos nosotros.

Así lo quiere el Señor.

Avanzamos y viajamos, de una época

a la siguiente; vivimos y recordamos, de lo viejo

a lo nuevo.

Pronuncia Tu dulce bendición sobre todos nuestros caminos.

Deja que Tu sol de gracia

brille sobre cada lugar,

para que

podamos

encontrar paz.

¿Quién eres? Hasta luego. ¡Contrólate!

Es mejor que me vaya.

Sí, sería lo mejor.

Pero no puedes.

Estás débil. Te desplomarás tras el próximo árbol, y allí te encontrará

alguien más, y entonces—

y entonces...

El niño aún depende de mí.

Durante las próximas semanas, tal vez medio año.

Luego será más fácil.

Cuando los caminos estén despejados de nieve y hielo,

entonces podrás irte.

Hasta entonces, habrá tiempo de sobra para inventar una historia.

Aquella noche, Rose habló hasta el amanecer.

Vacilante al principio, y luego sin parar.

Contó su infancia en un orfanato,

cómo llegó a ponerse calzones por primera vez,

y cada intento posterior.

Tampoco omitió la guerra ni su vida como soldado.

No se ahorró nada a sí

misma ni a Susanna.

Se lo contó todo. Incluido cómo llegó a ocupar el lugar de otro hombre

y reclamar una herencia.

Y lo bien que se sentía al hablar.

A menudo se había imaginado entregándose.

Sin embargo, incluso ella se sorprendió del alivio

de no seguir cargando sola con el peso de sus secretos.

Solo una cosa no reveló: su verdadero nombre.

Así Susanna no podría dejarlo escapar por descuido

en un momento inoportuno.

¿Qué haces ahí?

Mirando.

¿Cómo estás, Meryn?

Mal.

Ve dentro.

—No, no lo hagas. —Me dará un poco el aire.

Toma, te abriré la ventana.

¿Por qué estás ahí parado mirando?

¡Muévete! Estará bien. De vuelta al trabajo.

A la

cerda le va bien.

Sí, dará mucha carne. De

vuelta al

trabajo.

¡Corta! ¿Vienes?

¿Quién es el padre del niño?

No estarás sola mucho tiempo, una vez que haya terminado.

¿Qué?

Tu padre no lo permitirá.

Te casaría con el primer hombre que apareciera,

igual que hizo conmigo.

Con un extraño.

Te sientes como la señora ahora, sí.

Pero no te pertenece. Tal vez.

Tal

vez no tengamos que inventar una nueva historia.

Tal vez todo pueda seguir como está.

Tú y yo somos reconocidos.

Como un hogar.

Eso es lo que somos para los demás.

Eso es lo que

nos concede libertad.

No tiene por qué ser de otra manera.

¿Es buena la cama en la que duermes arriba?

Los sirvientes deberían tener su propia casa. Al final del prado, a una distancia adecuada.

Y necesitamos una ampliación.

No está bien que te laves a escondidas en el bosque.

Eres un hombre joven.

O una casa de baños. Lavarse en el salón también es peligroso.

¿Y leer y escribir?

Tú me enseñarás.

Rose y Susanna habían resuelto

no decidir de inmediato.

Todo ya había cambiado.

Caminaban más erguidas, más libres la una con la otra, más independientes.

Y tal vez por eso, eran más afectuosas. Por primera vez.

Todo esto había

llegado de forma inesperada,

como solo las palabras

dichas en alto

suelen lograr. Pero aún habría de ocurrir más ese día.

¿Qué ocurre?

Una de las criadas no había regresado con las demás

a la hora fijada

a la finca.

No la trajeron de vuelta hasta el día siguiente

su padre y sus hermanos.

Buscamos en el bosque toda la noche

y estábamos fuera de nosotros por la preocupación.

Envié a esos dos al estanque y me disponía a ir al pueblo.

No lo sabíamos.

La encontraron esta misma mañana,

donde se había escondido.

Entonces salimos de inmediato.

¿Por qué huiste y nos hiciste enfermar a todos de preocupación?

Cierra la boca.

Pero tiene unas manos tan pequeñas.

No permitiré que la gente hable de nosotros.

Pide disculpas a tu amo y ruégale

que te perdone y te acoja de nuevo.

La vida y el trabajo son buenos aquí.

No peores que en otros sitios. Nunca te has quejado.

Pero no te mantendré.

Gracias por tomarse la molestia de traerme a su hija,

pero ¿quién me asegura que no se escapará de nuevo?

—Ruégale, hija; espero... espero... —¿Y debemos nosotros otra vez,

aterrorizados por si ha ocurrido alguna desgracia,

salir y abandonar todo nuestro trabajo?

El amo no es un hombre.

—¿Qué? —El amo no es un hombre.

¡Déjala hablar!

Por abajo se dice que es como una mujer. Deberíamos callarnos.

Esto es un absoluto

disparo al aire.

Sé lo que vi.

¿Cuándo?

¿Cuándo podrías haber visto eso?

Cuando el amo estaba enfermo.

¿Qué tontería confusa estás diciendo?

Nadie estaba con él.

—¿Al mismísimo principio? —Estaba a solas con él.

Cuando las picaduras estaban frescas.

Le quitamos los calzones y le quitamos picaduras hasta aquí.

¿Qué pudo haber visto?

—¿Cómo voy a saberlo? —Me parece a mí

que no estás bien de la cabeza.

Eso fue hace días; ¿por qué

venir solo ahora?

Lo dije de inmediato.

Os reísteis de mí.

—Mentirosa. —Me ordenaste guardar silencio porque no tenía sentido.

—¡Mentirosa!

—¡Mentirosa! —¡Mentirosa!

—¡Mentirosa! ¡Mentirosa!

¡Mentirosa! ¡Mentirosa!

¡Mentirosa! —¡Mentirosa!

—¡Adentro de la casa, Susanna!

¿Y ayer en la iglesia?

¡Y todo ante nuestros propios ojos!

¡Mentirosa!

Su hija es muy joven, pero nota más

de lo que cabría suponer, y con suerte habla

de cosas que aún no puede posiblemente comprender.

Debemos ponernos a trabajar.

Si hemos de recoger la cosecha antes de que oscurezca.

Hemos perdido medio día.

Y ahora nos faltan dos pares de manos.

Espero que la pérdida siga siendo pequeña.

Sus hijos aquí trabajan para

mi suegro.

Al igual que yo. Mantengamos todo esto entre nosotros,

para que ustedes tampoco sufran daño por ello.

¿Sí?

Su hermana aún necesita trabajo.

Sí.

Muy bien entonces.

Que tengan un bendito descanso nocturno.

Ahora.

Es muy sencillo. Resolveremos esto aquí y ahora.

¿Resolver qué?

Aporta pruebas.

¿De que soy un hombre?

—Sí. —Y el heredero de esta tierra.

No un impostor.

¿Y cómo se supone que voy

a hacer eso?

¿Bajándome los calzones?

¿Enseñándoles la polla? Llevaría solo un momento, y el asunto quedaría zanjado.

Esta casa. ¿Es real?

La tierra de ahí. La propiedad.

El dinero.

El buen salario que recibisteis, y el doble en Navidad.

¿Es eso un fraude?

¿Y que siempre quede algo de nuestra cosecha para vosotros? ¿O para ti?

Te enseñé

el alfabeto de la A a la Z.

Las palabras que ahora puedes escribir.

Los contratos que ahora puedes leer, para que

nadie pueda volverte a engañar.

Para que nunca vuelvas a recibir menos de lo que te corresponde.

¿Es eso un fraude también?

¿Que perdiste el brazo?

¿Es eso real?

¿Que estés aquí

de pie ahora?

¿Que sigas vivo?

¿Es eso un fraude?

Y aquí, la bala.

Aquí. Miradla.

Y mi carne. No podéis verme ahora, ¿verdad?

Os pido que me ayudéis.

¿Elegí yo que me volaran la cara de un disparo?

Por esta tierra y por vosotros.

¿Es eso verdad también?

¿O no hay nada ahí— todo liso y suave, y es simplemente un fraude?

No lo sé.

Ni vosotros tampoco.

Y tal vez sea por tanto mejor ahora

que cada uno se vaya a casa y considere lo que eso significa.

Fraude.

¿He visto yo alguna vez vuestras pollas?

¿Acaso os pregunto por ellas?

Con gusto podemos hacer todo eso.

Pero entonces quiero que se haga oficialmente.

Entonces quiero ver lo que cada uno de vosotros tiene

entre las piernas.

Hombre y mujer.

Tu polla, y

la tuya.

Y la de tu padre. Traedme al alguacil. Lo haremos oficial.

Siempre que podáis permitiros el documento, por supuesto.

El párroco lo anunciará en la iglesia de inmediato.

Mejor aún, desde el púlpito.

Vamos. Traed al alguacil.

Luego ve tú, y vosotros dos id con él,

para que nadie diga que soborné al alguacil.

Los demás podéis permanecer sentados fuera de mi puerta

y guardarla, para que no tengáis que quedaros sin la prueba

ahora que la deseáis.

Y antes de que se me haga contemplar vuestra carne,

dejaré de ver vuestros rostros.

Se decía que el alguacil no estaba menos asombrado

por el asunto con el que

se le había abordado.

Sin embargo, ni siquiera su presencia ese día

pudo dar testimonio de la prueba exigida.

La noticia de los acontecimientos había dejado a todos

profundamente conmocionados.

La comunidad que había acogido a Rose

en su seno

se sentía defraudada y engañada.

Se creía, a través del engaño de Rose,

deshonrada, ultrajada y mancillada.

Lo que exigían con urgencia era un gran escarmiento,

con el que poder purificarse.

Y así tuvo que hacerse.

Al tercer día de su vagabundeo,

varios aventureros lograron

rastrear a las dos fugitivas

y traerlas de vuelta al pueblo.

¡Espléndido!

Grandes animales domésticos.

Sí.

Calzones.

Pero también entre los hombres doctos de la tierra,

se había desatado una disputa:

¿quién era apto para juzgar un caso tan curioso

como el que nos ocupa?

Por esa misma razón, habrían de pasar tres meses más

antes de que Rose pudiera ser sometida a un

juicio adecuado.

¡Atador! Y el cuerno.

La espina.

No.

Los exámenes han establecido

que la acusada es una mujer sana.

No tiene nada de masculino.

Su clítoris es de tamaño normal;

no podría haber penetrado a su supuesta esposa con él.

El semen, sin embargo, evidentemente fluyó en la otra dirección,

como en efecto debió haber ocurrido,

dado que la acusada está embarazada.

Es una mujer, pero durante mucho tiempo se ha presentado como un hombre.

Sí.

Y la herencia—

¿a quién pertenece?

Él era un camarada, un amigo. Hablaba a menudo

de ello,

extensamente. De regresar tras la guerra, y cómo sería. Pero cayó.

Le volaron la

pierna de un cañonazo,

y se desangró.

Así que tomé sus pertenencias.

Incluido esto: el documento.

Pensé que sería una pena si nadie lo reclamaba y continuaba.

Éramos como hermanos, después de todo.

¿Y esto?

Sí.

¿De dónde sacó eso?

En la guerra también.

A veces, bajo órdenes, a nosotros también se nos hacía mostrar a los vencidos

quién era el amo.

Bajo órdenes.

Sí.

Fue una insensatez.

Y una brutalidad.

Pero habría sido peligroso para mí

no haberme sumado, así que dejé que me lo hicieran a mí.

Nadie notó nada.

¿Y su supuesta esposa ahora?

Ella no sabía nada. No tiene culpa alguna.

Por favor, deben liberarla.

¿Pero quién engendró a su hijo?

¿Y esto?

¿A mí también se me mostró quién era el

amo?

¿Quién? No lo sé. Eran cuatro.

¿Por qué actuó como lo hizo?

Pensé en ver qué era posible.

¿Qué?

Que podía vivir de esta manera.

¿Como un hombre?

No. No deseaba ser un hombre.

¿Entonces qué?

Había más libertad en los calzones, y son solo un pedazo de tela.

No tengo nada más en mis calzones.

¿Quién le permitió hacer eso? Nadie.

¿Oh, nadie?

Yo lo hice.

Así que

se creó a sí misma.

La comunidad solo puede existir con reglas.

Y las reglas están determinadas por los hechos.

Sin embargo, entre sus piernas

no se encontró ningún órgano masculino de generación,

sino más bien un agujero.

Se puede desear lo imposible.

No se puede vivir.

Y al intentar vivir lo imposible,

eligió desafiar la realidad. Y la necesidad,

que, para

usted, consiste en que las exigencias de su cuerpo

sean obedecidas.

Se situó por encima de la ley

que es la única que hace posible la vida comunitaria.

Y cuando se puso en contra de la realidad,

en contra de la necesidad y en contra de las leyes,

también se puso en contra de la comunidad.

Eso fue lo que eligió.

Esa es la posibilidad bajo la cual vivir,

cuya libertad se tomó para sí misma.

¿Creyó siempre de verdad que podría tener éxito?

¿No siente culpa alguna?

El culpable ante la comunidad

ya no forma parte de ella.

Debe ser apartado.

Por un tiempo.

A las mazmorras.

Para siempre.

Y luego ejecutada.

Pero tal vez no se le puedan poner límites.

Tal vez le crezcan alas

y simplemente salga volando de nosotros.

¿O no considera eso posible?

Se ha dictado sentencia.

La espada.

Tan pronto como haya dado a luz.

Ningún daño ha de sufrir el niño,

pues eso ofendería los mandamientos de Dios.

Permanecerá aquí hasta su parto.

También se ha dictado sentencia sobre Susanna.

El saco y el río.

La sentencia se ejecutó de inmediato.

Se dice que no lo encajó bien,

y causó a su verdugo mucho trabajo y fatiga,

y a sí misma mucho dolor.

Padre misericordioso, ante la muerte,

te confieso mis pecados y mis malas acciones,

cometidos en pensamiento, palabra y obra.

Me duelo sinceramente por ellos y me arrepiento.

Te suplico, por el amargo e inocente sufrimiento

y la muerte de Tu Hijo, Jesucristo,

que concedas esta oración.

Sé piadoso conmigo, mortal pecadora,

y con mis vergonzosas acciones por toda la eternidad...

perdona, para que sea digna de entrar en Tu casa.

Padre misericordioso, ante la muerte,

te confieso mis pecados y mis malas acciones.

Lo venden en cada esquina.

Tres vendedores solo en el camino hacia aquí.

Se quedan afónicos de tanto gritar.

No pueden embolsarse los cruceros lo suficientemente rápido.

Esto es lo que la gente dice de ella.

¿Fue así como ocurrió?

En las últimas semanas de su vida,

Rose había encontrado una última tarea,

que estaba decidida a terminar.

Otros habían decidido el curso de su vida,

pero Rose no entregaría su historia.

Había comenzado a escribirse a sí misma.

No estaba destinado a nadie más,

solo a ella misma.

Y habiendo llegado al punto de su presente,

se escribió más allá de él,

regalándose una fantasía

de cómo podrían haber sido las cosas.

Porque la imposibilidad es solo una palabra.

Y las palabras se podían cambiar.

Una vez pronunciadas, existen en el mundo.

Se convierten en realidad y traen la realidad tras de sí.

Todo esto pasó por

la mente de Rose

mientras en otros lugares se hablaba

de separar la cabeza de Rose de su cuerpo.

La prisionera ha pedido ensayar su ejecución.

Hemos accedido a conceder su petición.

Y usted la asistirá. Perdóname, Dios; perdóname, Rey;

perdóname, pueblo. Perdóname, Dios; perdóname, Rey; perdóname, pueblo.

Perdóname, Dios; perdóname, Rey; perdóname, pueblo.

¿Y el verdugo?

¿Confiesa su culpa? Sí.

Entonces

pague a su verdugo con la moneda,

y reciba su castigo como purificación.

¡Apriete los dientes!

Ahora que todo ha seguido su curso, la ejecución será mañana.

¿Desea ver al niño una vez más de antemano?

No.

Pueden traerlo aquí.

No es porque sea despiadada ni insensible.

En cuanto al pequeño, es...

No me limitaría a contemplar su rostro;

él también contemplaría el mío.

No debe conservar ninguna imagen de mí,

para que, cuando sea mayor, no tenga que buscarme por el mundo.

El primer golpe del verdugo cayó mal

y se hundió en el hombro de Rose.

El segundo fue más certero.

Tras su muerte, el cuerpo de Rose fue descuartizado y quemado,

y sus cenizas esparcidas en un lugar desconocido,

para que no quedara recuerdo alguno de ella.

Hoy he pensado que quizá no procedamos de Dios en absoluto.

Tal vez simplemente nos imaginamos y nos inventamos a nosotros mismos.

Entonces me quedé muy tranquila y dije:

Hasta aquí he llegado,

y he hecho cuanto he podido.

Traducido por Cemauli desde la versión inglesa.

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.