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he perdido para siempre lo que fuera de mi
vida el gran amor he perdido por cobarde
lo que tanto veneró mi corazón yo no
quise hacerle daño ni llevarla por caminos de
dolor
como extraño dando paso a la razón
aquí estoy entre botellas
apagando con el vino mi dolor celebrando
a mi manera la derrota de mi pobre corazón
y si acaso ya inconsciente
No se burlen si le grito, si entre lágrimas le llamo, todo tiene
su razón.
Aquí estoy entre botellas, apagando con el
vino mi dolor, celebrando a mi manera
la derrota de mi pobre corazón.
Y si acaso ya inconsciente...
agobiado por los humos del alcohol.
No se burlen si le grito, si entre lágrimas le llamo, todo tiene
su razón.
San Marcos en las rocas, coctel margarita y amanecer para las tres.
Viene la comanda.
Toma.
Oye, ¿cómo va la pelea?
El bronco está muy aventado, manito. Quiere ganar de un solo golpe.
Ay, Dios.
Sales al Marcos en las rocas, coctel margarita y amanecer. Sí.
¿Y las fichas?
¿Quieres que me asesinen a las muchachas?
No hay que moverlo, hay que dejarlo reposar.
Perdió el bronco por knockout en el séptimo.
No me queda más remedio que tirarme al canal del desagüe.
El canal del desagüe ya está intubado.
Pero puedes rociarte con gasolina y prenderte un cerillo.
¿Cuánto apostaste?
Más de lo que tú puedes pagar.
Si no tienes para gasolina y cerillo, yo puedo hacer una colecta. Nadie que te
conozca se negará a contribuir, chulis. Lo que el Barcelona necesita se lo doy
yo.
Bueno, suéltale los billetes.
¿Cuánto? Es una cantidad muy por encima de tus posibilidades pasadas, presentes
o futuras.
Voy a tener que empeñarle mi cuerpo a la muñeca.
¿Estás haciendo todo este teatro para volver con esa pinche vieja? ¿Cuál
teatro? Si no pago, vas a ver la bronca que me arman los rosados.
Y si vuelves con la muñeca, ya verás la bronca que te armo yo.
Cabrón.
Estoy listo para otra.
¿No, doctor?
Ya veremos.
Necesito hacerle un encefalograma para ver exactamente cómo andan sus reflejos.
Te espero mañana en la clínica a las nueve. Está bien.
Sí, mire usted, yo creo que... Tranquilízate, estoy bien.
A ver si puedes oír lo que dicen.
Yo me siento muy aturdido después de cada pelea.
¿Qué pasó? ¿Qué oíste? Nada.
Vamos, suéltala. ¿Qué oíste?
De veras no oí nada.
¿Cómo te sientes?
Bien, ya te dije bien.
¿Qué oíste?
Nada.
Entonces, ¿por qué estás llorando?
Siempre lloro cuando pierdes.
Vamos, hombre, no es para tanto.
Así es este negocio. Unas veces se gana, otras veces se pierde.
Pero ya tendré mi desquite y vas a ver que lo prendo la próxima vez.
Dos o tres veces lo tuve en la mira, pero se me esfumaba.
No me divierte ver a dos hombres golpearse. No tiene nada de divertido.
Entonces, ¿para qué fuiste?
Para evitar que apostaras. Porque lo hubieras hecho.
Le hubieras apostado al bronco, ¿no?
¿Sí?
Tú eres de los que naciste para perder.
En mi vida he tenido muchas ganancias.
Tú, por ejemplo.
Yo, una de tus ganancias, puedo
resultar una de tus peores pérdidas.
Joven,
venga.
Que olvidaré el amor.
Qué buenote está la patrona.
Patrona madre.
Para mí el patrón sigue siendo el viejo. Pues no dicen que ya le quitó el
changarro. Le quitó nomás la mitad.
¿Y ya le quitará la otra mitad?
No lo dudo, porque lo trae pendejo.
Vente, vamos a mover el bote. Ya, Roquito.
Permiso.
¿Están bien?
Sí.
¿Qué es esto que te dio el mesero?
Fichas. Si no fuera por estas, me las vería negras.
Te las verías negras porque negras las tienes.
Comprende, mujer, que si no me financia la muñeca, no voy a ser ni para ella, ni
para ti, ni para nadie.
Pues prefiero echarme el compromiso de tu entierro.
Lo que pasa es que no tienes nada ahorrado.
¿Contigo? ¿Quién ahorra?
La muñeca me tenía y ahorraba.
Sí, pero te traía muy bombardeado.
¿Bombardeado yo?
Queremos una declaración tuya para la prensa especializada. Ándale, campeón.
Dinos algo sobre la pelea.
Bueno, pues, este... Yo la perdí.
Eso ya lo sabíamos.
Pero quisiéramos tu personal comentario al respecto.
Bueno, pues, este... Pues yo no sé qué decir.
Ustedes vieron que la perdí, pues... Fue una pelea bien dura y... Pues, este...
La perdí por no... Fue por no cabo.
En el noveno.
No, no, fue en el séptimo.
¿Estás seguro que fue en el séptimo?
Sí, fue en el séptimo.
¿Estás pensando en retirarte?
No.
¿Cómo te sientes?
Yo bien.
¿Cuántos dedos son estos?
¡Vaya, soy idiota! Sin insultar, preciosa.
Mi hermano me va a deshacer, te rompo la madre, cabrón.
Jefe. Jefe, no me va a creer. ¿Qué cree, jefe?
El bronco en el séptimo por nocaut perdió.
¡Qué novedad, idiota!
No sirves para nada.
¿Por qué no te tiras al canal del desagüe?
¿Es que no estoy entubado?
¿Sabes? Iba a volver a la chamba.
Pero mejor llévame a la casa.
Tengo que estar mañana en mi mejor forma.
Necesito reconquistar a la muñeca.
Porque si fallo, no me va a quedar más remedio que rociarme de gasolina y
prenderme un cerillo.
Y si está pensando en volver con la muñeca, ¿por qué no le faja de una vez?
Porque no ha llegado.
¿Y por qué no le espera?
Porque ni mi colega, don Juan Tenorio, sería capaz de reconquistar a la muñeca.
Imagínate la bronca que se armaría en el cabaret.
Ya conoces a Cora.
Vámonos.
Estoy preocupada por el Vaseline.
¿De veras?
¿Prefieres que se lo escabechen a que vuelva con la muñeca?
No sé. Lo que yo no sé es que le des al mono ese.
A mí que un hombre me saque dinero.
Nunca digas de esa agua no he de beber porque en ella te ahogas.
Además, tú a Bastelinas lo odias demasiado para que sea cierto.
A lo mejor me gusta el desgraciado.
Pero tú eres mi amiga y punto.
¿Me llamabas? Dije punto.
Pero ya que estás aquí, tráeme una cuba. Muy bien, ¿y para ti?
A mí lo mismo.
Bien.
Ahora que me acuerdo, no te puedo traer ni a ti la cuba ni a ti lo mismo.
La señora les tiene prohibido beber en las mesas solas.
Antes era la matraca.
Ahora es la señora.
Sí, la matraca era su nombre de batalla, pero ella ya ganó la batalla. Hasta está
condecorada. ¡Ja, ja! Y se cree la mamá de los astronautas, siendo que viene de
más bajo que nosotras.
y le hacía el talón en el Callejón 2 de Abril.
¿Acaso no lo sabías?
Sí lo sabía, pero ya se me olvidó, igual que a ti, Chulis. Pues nosotras te lo
estamos recordando.
Ay, qué bueno que te veo, muñeca.
Ahí está tu cliente, el de todos los jueves, Don Pancho. ¿Dónde está?
Abajo a mi izquierda.
Qué bueno que viniste. Qué bueno estás.
Estaba yo esperando y sentía yo como si hubiera pasado toda una eternidad.
Ya, ya, no seas mamón.
Siéntate.
¿Qué van a beber?
Tráete una botella de coñac.
¿Embotellado de origen?
¡Por supuesto, Fabiancito!
¡Dos cubos libres!
¡Ay!
¡Llueve, muchachos! ¡Ya llegó por quien lloraba!
¿Y tu mamá?
¿Cómo sigue de las reumas?
Uy, qué genio.
No, si están de malas. Lo cual no obsta para que conste que ambas dos están muy
buenas.
¿Saben qué? Hoy pagué la última letra de mi taxi.
Me sobró algo y me acordé de ustedes.
¿Y tu coche trae taxímetro?
Sí, pero me salió defectuoso. Siempre está descompuesto.
De otro modo no hubiera podido pagar esas 24 letras.
¿Cómo será, ratero?
¿Van a beber algo?
A mí tráeme una Cuba Libre. Y para ti, lo mismo.
¿Hay genes y cuatro letras?
Sí, del auténtico.
Ah, entonces tráeme una Coca-Cola en las rocas.
Ay, qué sangrón, yo te mato. Ay, a mí me va a dar algo.
No te enojes, Fabiancito.
El rule es pendejo, tú no es cuate. Sí.
Y empezaste con el agarradero. Me traes ganas y nomás te me avientas, ¿no? La
señora no quiere que entre. Y tú te aprovechas para manosearme, ¿no?
Que te salgas, corchulata. Si me quieres ligar, ese no es el modo.
Que te salgas. Ay, ya me chingaste, me lo hacía y me quitó.
Ay, suéltame.
Vámonos para afuera.
Te han de haber criado con leche de burra y ahí te viene lo terco, ¿no?
Vamos, para afuera. Se ve que no mamaste nada de cultura.
Sí, pues para afuera.
Mira nomás, en cambio este gordito es pura civilización.
¿Qué invitas, gordo? ¿Qué pasó?
Invítame un ron, o sea, es penche.
Corcholata. ¿Qué?
Lárgate. ¿Cómo que lárgate?
¿Que no ves que vengo acompañada?
Toribio, sácala.
Salte, corcholata, no te metas en problemas.
Vente, gordo, vámonos. Aquí no nos quieren, vámonos al 20, negro, vente.
Bueno, pues de perdida agarro esto.
Ay, de perdida se gana.
Quita eso.
No me gustaría que el doctor me viera así.
Déjame verme.
Hijo mío, nomás cómo me desmadró este desgraciado. Y la fachada cuenta mucho.
No creo que el doctor lo note.
¿Que no lo va a notar?
No me gustaría que me viera así, si no está ciego.
Pues tienes que ir mañana, aunque no te guste.
Ya lo sé.
Germán, yo quisiera que aunque el doctor te diga que puedes seguir, ya no sigas.
¿Que ya no siga?
¿Y qué quieres que haga?
Pues, ¿puedes dedicarte a otra cosa?
El boxeo es lo que he hecho toda mi vida. No sé hacer nada. ¿Qué diablos
quieres que haga?
Tus tres últimas peleas han sido horribles y yo no puedo soportar que te
golpeen. Pues entonces no las veas.
Perdóname. A veces no sé lo que digo.
Ya ves, ya ves.
Por eso quiero que dejes el box. Por eso.
Tú sabes que el box me ha dado muy buena lana.
Desgraciadamente me metí en malos negocios.
Primero fue lo de la zapatería, luego lo del expendio de café, después lo de la
fábrica esa de tubos de cemento.
Y ahí fue donde perdí toda la lana. Sí, todo eso ya lo sé.
¿Y entonces por qué, Gijos, quieres que me retire del box?
El dinero no importa.
¿Qué no importa?
No importa cuando se tiene.
Yo no quiero que tú nunca conozcas la pobreza.
Es que en ese caso no se trata de mí, Germán.
Sino de ti.
Pero si tú eres lo único que importa.
Voy a descansar unos días.
Después me voy a poner a entrenar muy bien. Haré una buena campaña.
Unas diez, once peleas.
Y después me retiro por la puerta grande.
¡Ay, hijo!
Mi deber como médico es velar por la vida, la integridad
corporal y la salud mental de los boxeadores.
Ya lo sé, doctor.
En tu caso, Germán, y cumpliendo con este deber, tuve que llamar por teléfono
al licenciado Alcántara de la comisión de Vox para decirle que tu licencia
queda suspendida indefinidamente.
¿Pero por qué, doctor?
Si yo me siento bien, estoy en buena condición.
Tuve una racha mala, pero... ¿Pues quién no la tiene?
Está bien que me hayan tupido esta vez.
Pero le prometo que la próxima la gano. Por favor, doctor, denme otro
chancecito. Tus reflejos, tus reacciones motrices y tu sentido de la distancia
están por debajo de lo normal.
Eso significa que varias áreas cerebrales están resentidas. Y
si recibes más castigo, puedes quedar ciego o paralítico.
¿Eso significa que no puedo volver a subir al ring?
No.
¡Vámonos, Lupe!
¡Maldita sea!
Comprende, muñeca, que sin ti no puedo vivir.
Hazme la buena, chiquito.
Di más bien que si no pagas la apuesta, los de la mafia te van a escabechar.
¿Apuesta? ¿De qué apuesta estás hablando, muñeca?
No te hagas pendejo, Vaselina.
Sé muy bien en qué broncas andas metido y por qué quieres verme.
Te pedí que vinieras porque te quiero, porque me gustas horrores, porque te
deseo como loco, etcétera, etcétera, etcétera.
Ahora cuéntame una de vaqueros, por favor.
¿Y por qué me dejaste?
Te dejé por razones socioeconómicas.
Tú eres adorable, pero eres demasiado práctica.
Además, me traías muy bombardeado.
Comía mal y vestía peor. ¿Va? ¿Y por qué no trabajas para ayudarte?
¿Estás insinuando que si vuelves conmigo tengo que trabajar?
Clarín, muñeco.
Negro tus párpados de loca.
Paterina.
Si no compras, no me ayudes.
¿Qué te pasa?
Comprende, muñeca. Yo soy un hombre de categoría.
Me baño a la americana, me perfumo a la francesa, me peino a la italiana, me
visto a la japonesa. Soy un lujo exótico para las que conocen y pueden pagar más.
Mira, mira, mira.
A mí no me vas a apantallar con ese comercial.
Lo que pasa es que estoy ardida con Cora y quiero tomar desquite.
Yo no quiero que vuelvas conmigo por ardor, sino por amor.
Dime, a lo machetón, ¿a poco no te gusto?
Eso, ¿pa' qué negarlo?
Eres un cuero, mi vida.
¿Vieras qué risa me da que me digan la verdad?
¿Cómo vas, güerito?
Invítame a una copa.
No, no, no.
Eres gringo, ¿verdad?
No, no, no.
Sí, eres gringo.
No, no, soy mexicano.
No, pero sí tienes hasta los ojitos verdes, mirá.
Eres gringo.
Sí, pero no, soy mexicano.
No, eres gringo.
Bueno, sí, soy gringo.
Entonces, Gotuhel.
¿Cómo? ¿Qué te dije, algo malo?
No sé, pero como que sonó así.
Invítame una copa. No, no.
Ándale. No, no. ¿Quieres darme un besito? No, por favor, señora.
¿Cómo señora?
Señorita, aunque te cueste más trabajo.
Sí, pero prefiero evitarlo.
Pinche güey, no sabes de lo que te pierdes.
Walter, Walter, me quiere cachondear.
Ah, ya estás aquí, corcholata. Y borracho otra vez.
¿Cuál otra vez? Es la misma.
Invítame un roncito. Ah, vete a tu casa.
Ay, ¿cuál casa?
Si ya no me dejan entrar Mario e Isabel. En segundo lugar, yo estoy en mi fuente
de trabajo, ¿no?
Mi trabajo consiste en...
Y si yo soy la que más bebe, pues soy la que más trabaja. Y si estoy borracha,
pues es porque bebo, ¿no? Y si bebo, pues es porque trabajo.
Y el trabajo no deshonra a nadie, ¿no?
Dame un rojo. No.
Una cervecita.
No seas pinche. Una cerveza no se le niega a nadie.
Yo me cargo una cruda que no veas.
Qué bonito, muchachito.
A ver.
Dame mi ficha.
¿Qué?
Ismael, ¿ya sabes que a la señora no le gusta ver aquí a la corcholata y tú le
estás dando cuerda?
¡Qué cochina!
Ay, tú.
Si estoy fichando, güey.
Dame otra, pero más heladita. No, no, no, ¿qué más heladita? Ya estás
vacilando mucho. Así que mira, sacarrácate a las de aquí.
¿Qué, qué?
Sacarrácate a las de aquí o te saco.
¿Qué? Ah, chingado, chingado, chingado, chingado.
Sácame si puedes, pues, sácame. Ay, si puedo, ¿cómo?
Ay,
el maquillaje, ¿qué pasa?
A tu amor aventurera,
dale el precio del dolor
a tu pasado.
Aquel que de tus labios la miel...
Tu pecado que pague con
brillantes.
Te lo dije.
¿Qué pasa? ¿Qué pasa?
¿Qué se cree el mono ese?
Me voy a romper la madre y a la vieja resbalosa lo mismo. No voy a permitir
que hagas un escándalo aquí, ¿me oyes? ¡Déjame!
¿Qué? ¿No sabes que el vaselina es el mío?
Era.
Pretérito plus cuan perfecto del verbo ser o no ser.
Si eras y ya no eres, devuélveme todo lo que te di.
Y tú devuélveme mis besos, mis caricias y aquella noche en la playa.
Aquella noche.
¿Y ahora me dejas por esta?
Comprendo que debe ser terrible tenerme y después perderme.
Y todo por esta resbalosa. ¿Qué te pasa?
Si quieren bronca, se me largan a la calle. Y aquí ya no regresan.
Tú y yo nos arreglaremos después.
Cuando quieras, chiquita. Mira esta.
Tú, Cora, vete con tu cliente.
Vamos a hacer el arreglo de una vez.
¿Trajiste el dinero?
Vamos. Vamos.
Vaselina, el jefe viene personalmente a cobrarte la apuesta.
¿Soy la papeliza? No
son
más que 1.250 pesos, jefe. Claro, 25 azules.
Te dije 25 grises con verdecito, mi vida.
Me dijiste azules.
Dije grises con verdecito, cielo.
¿Y cuáles son los grises con verdecito? Los de a mí, el cariño. El señor
Fuenzanta me debe 25.000 pesos.
¿Y quién es el señor Fuenzanta?
Yo, tesoro.
Y si no me paga, se va al infierno, ¿verdad?
Allí me esperas, vida mía. Te caigo dentro de 30 o 40 años.
¡Chao!
No me podría conceder otras 24... Nada más una hora, largo.
Gracias, don Ángel.
No trates de perderte de vista porque te traigo en la mira.
Adiós.
Doña Quita, mírame.
Obsérvame.
Guáchame.
Acuérdate que soy inagotable.
Piensa en las mil y una noches de amor que nos esperan.
¿De veras eres tan efectivo?
¿Acaso lo dudas?
Ni en el Nereidas, ni en el Burro, ni en el Salón Rojo, ni en la Linterna Verde,
ni aquí en el Pirulí nadie me ha oído decir en la hora de la verdad.
Espérame tantito, déjame ir por otro estoque.
A ver si como roncas duermes o nomás ensalivas la almohada.
Dile a esos gorilas que paren su bronca.
Ahorita nos arreglamos.
¿Qué esperas? No, si ya voy, espera. Anda. Ya voy.
Si me vas a pedir una copa, pierdes tu tiempo. La señora tiene prohibido... Las
prohibiciones de la señora ya sabes por dónde me las paso.
Ay, no, ¿yo qué voy a saber?
Dile a Norma y a Cora que me esperen en el baño de señoras.
Tenemos que hablar algo muy importante sobre el vaselina. Es cuestión de vida o
muerte.
¡Sagrada pasión del señor!
de tus ojos y afanos
como gotas de cristal
Tú te encargarás de pasar todas las noches aquí por mil pesos.
¿Y cumplirán las robas?
Cumplirán.
Si el Barcelona descumple.
¿Qué tal, campeón?
¿Cómo estás, don Antonio?
Aquí me tienes, haciendo cuentas y desatendiendo a los chicos.
Mientras usted tenga de encargado a Chorejas, el entrenamiento va a ir bien.
Hermano.
Recibí el oficio de la comisión, ya esperaba que vinieras a verme.
Pues aquí me tienes.
¿Y ahora qué piensas hacer?
Bueno, pues, don Antonio, pues, usted sabe, yo me he dedicado toda mi vida al
boxeo.
A usted le consta que yo comencé, pues, desde muy chavo.
Y, pues, francamente, comenzar con algo nuevo ahorita, pues, sería muy difícil.
Y, pues, en primer lugar, vine yo a saludarlo.
Pues, si en segundo, pues, con la esperanza de que, pues, usted me pudiera
arreglar una, dos o tres peleas por allá, por California, pues, ya sabe que
usted... Todavía tengo buen nombre por allá.
No solo tienes nombre, aún estás clasificado.
Pues razón de más.
Razón de menos.
¿Por qué, don Antonio?
Porque ya no te iban a poner con un bulto, sino con otro clasificado o con
algún nuevo valor.
Y eso sería muy peligroso para ti.
Bueno, a mí no me importaría perder. No me refiero a eso, sino a que tú ya no
puedes absorber más castigo.
Estás muy golpeado.
Se me está ocurriendo algo, pero no vayas a tomarlo a mal.
El Choreja se me va dentro de un mes.
Creo que va a poner una panadería o algo así.
Oye, campeón, ¿por qué no te quedas en su lugar?
Le agradezco mucho su proposición, don Antonio, y créame que no se lo
toma mal.
Simplemente no la puedo aceptar.
Solo hace unos días era el cuarto Vuelta al Mundial.
Te comprendo, Germán.
Perdóname.
No puede pedírsele a un general que se convierta en sargelto o entrenador de
reclutas.
No es nada más eso, don Antonio.
Si me retiro del box, va a ser para siempre.
Y si me consigo una nueva chamba, pues créame que no me voy a poner muy
exigente. Bien.
Tú sabes que siempre ando en la quinta, pero si te ves muy apurado, cuenta
conmigo.
Le agradezco mucho, don Antonio.
Afortunadamente, mi única carga es mi hermanita y le doy gracias a Dios que
solo quedé golpeado, pero no manco mi cojo.
Gracias, Raúl. Hasta mañana.
Espérate, Lupita.
¿Por qué tanta prisa?
Dime.
¿Me quieres?
Ya sabes que sí.
¿A qué viene esa pregunta?
No sé.
Pero a veces creo que te da vergüenza ser mi novia.
Nunca me hablas de tu familia y te niegas a llevarme a tu casa.
No, lo que pasa es que es un poco prematuro que yo te lleve.
Me gustaría que formalizáramos más nuestras relaciones.
Ya te entiendo.
Tú piensas que tal vez yo esté vacilando contigo, ¿verdad?
No, eso no.
Mira, ya no digas nada más.
Mejor ahí muere, ¿quieres?
Raúl, ¿estás enojado conmigo?
No, pero creo que te da vergüenza decir en tu casa que tu novio es un chafirete.
Te juro que no es eso.
Mira, Raúl, yo te prometo que en cuanto se arregle un problema que tengo en mi
casa, te llevo.
Te encantan los misterios, ¿verdad?
Siempre te dejo en esta esquina y ni siquiera sepa dónde jalas para ir a tu
casa.
Dame tiempo, mi vida.
Y ya quites ese gesto de la cara que lo hace verse tan feo.
¿Cómo que feo?
¿Ya ves?
Así te ves mejor.
Es que me tienes tomada la medida.
Acércate, mi amor.
¡Ese es mi bronco!
¿Cómo estás, Vaseline?
Bien, hermano. Qué gusto verte.
Igualmente.
Oye, ¿cómo es eso que te retiraste del boxeo?
Me retiraron, que es muy diferente.
Fue por lo de tu última pelea, ¿no? Sí.
¡Qué madriza nos dieron, hermano!
¿Madriza? ¿Y a ti por qué?
¿Cómo por qué? ¿Aposté 25 mil pesos por ti?
Lo siento, mano.
Son cosas de la vida, mano.
Estoy trabajando horas ex para pagar el compromiso.
¿Y ahora qué? ¿En qué la giras?
Ando buscando una chamba de lo que sea.
¿Cómo que no quedaste bien cargadaso?
Quedé limpio, sin un centavo.
¿Y qué clase de chamba buscas?
Viejo, la que me ofrezcan.
¿No te quieres dar chai mientras platicamos?
No, estoy bien. Gracias, hermano.
Ok.
Toma, chavo.
No lo gastes en mujeres, ¿eh?
Gracias.
Oye, ¿estás bien de carrocería?
¿No te gustaría entrar a mi línea?
¿Y cuál es tu línea?
¿A poco no sabes?
¿La de siempre?
¿La de siempre?
No, hermano.
Para eso no sirvo.
Sí, tienes razón.
Para eso se necesita vocación, fachada, oreja grande,
mano grande, nariz grande.
Luego te explico.
Pero sabes, se me está ocurriendo una cosa.
¿No te gustaría trabajar en un bar?
¿Haciendo qué?
Pues, dándole respeto al lugar, sacando a los broncudos, ayudando a servir a los
clientes.
¿Por qué no?
Pues órale.
Uno, dos, tres, cuatro.
Uno, dos, tres y uno.
¿Cómo? Anoche gané nada más 235.
Ganaste más, pero te desconté mi comisión por llevarte las cuentas.
Pero me tumbaste casi la mitad.
Sí, chulis. Si hubieras estudiado, no me necesitarías.
Yo cobro por mis estudios avanzados.
Avanzados. Sea sangrona, Corita.
Sacarrácatelas de aquí. La que viene... A mí no me vengas con las cuentas del
gran capitán.
Porque saco mi navaja y te hago cuatro nalgas, así es que me pagas.
Ay, qué léxico.
Mira, toma tu dinero, cuéntale, está completito.
Contigo no quiero nada, chulis.
Me encanta encontrarlas de buen humor.
Nosotras siempre, chulis.
Aquí les presento a esta muchacha.
Viene a trabajar con nosotras.
Bienvenida. Si se te mandan, nomás me avisas, ¿eh? No se preocupe, señora.
Yo no me meto con nadie.
Solo que he llegado el momento.
Yo me sé defender. Yo soy igual.
La que me busca, me encuentra.
¿Por qué no te sabes esconder?
¿Cómo te llamas? Carmen.
¿De dónde vienes? De la linterna verde.
Qué bonito vestido trae.
¿Qué pasa?
¿Cómo andamos?
María Teresa, te presento al campeón.
Para la tranza que hablamos por teléfono.
Campeón, acá, a tu esquina.
Mucho gusto, campeón. Mucho gusto, señora.
Hablamos en aquella mesa.
Chico, ¿no?
Ándale.
¿Qué no es ese el Bronco Torres?
El mismísimo en persona.
¿El boxeador? Sí.
Chansey se queda a trabajar con nosotras.
Ay, tú de todo te enteras. Pareces maricón.
Bruja.
Y como te dije, le dará categoría al cabaret. Y de paso, impone respeto.
Estoy de acuerdo.
¿Y el sueldo?
Pues puedo asegurarte que el día no lo dejará por menos de 300 pesos.
300 pesos y sin que nadie te rompa la madre, hermano.
Juega.
Fabián. Sí, señora.
Aquí el campeón. Se queda a trabajar con nosotros.
Qué bien.
Enseñar el manejo del negocio. También las mañas. También las mañas. Pero
cuidado con echar los perros, ¿eh?
No, señora. Cuando mucho permitiré que le ladren.
Vamos, campeón.
Con permiso.
Pase.
Mira, campeón.
Te voy a decir cuáles son las bebidas de batalla, las de trinquete y las de
consumo derecho.
Por ejemplo, esta botella es para... Hola, campeón.
Hola.
¿Así que te quedas a trabajar con nosotros?
Sí.
De modo que la fama y la fortuna no siempre van juntas.
No.
Al menos conmigo no.
Bueno, me voy a dar una manita de gato. Ya están por llegar los clientes.
Espérate.
Oye, campeón, primero es la chamba y luego el romance.
Te voy a traer una filipina para que empieces a trabajar.
Jesús, el de veras.
¿Te podría yo llevar a tu casa después del trabajo? ¿Qué pasó?
No te aceleres.
¿Qué pensaste?
Esta ya cayó.
Ni hablar.
Me bajaste la guardia.
Me gustas mucho.
Pero mejor ahí muere.
Ya de ahí muere.
Tú también me gustas.
Y con sentimiento noble yo le brindé como nombre mi destino y
corazón. Y pasado ya algún tiempo pagaste mi noble gesto con
calumnias y traición.
Ya no quiero más volverte a encontrar ni ver... Otro, don Fernando.
Vuelve ahí, cabaretera, vuelve a ser lo que antes eras en aquel
cobrerito. No me tapes.
Allí quemaron tus alas, mariposa equivocada, las luces de nuevo...
Te los ganaste.
Toma, chiquito.
¿Eh?
Mentirosa.
y traición.
Caray.
Tienes mucha categoría para ser... ¿Una fichera?
Dilo.
Ya me acostumbré a que me llamen así.
Perdón. No quise ofenderte.
Me da igual.
Además, cuando una es pobre, tiene una madre enferma y no sabe nada que hacer.
La vida es muy difícil.
Nunca tuve oportunidad de estudiar una carrera o aprender un oficio.
Y cuando iba a pedir trabajo y me preguntaban qué sabía hacer, no sabía
qué responderles.
Fue cuando, para no morirme de hambre, decidí trabajar de fichera.
Luego murió mi madre y la seguí en esto.
Además, mi obligación es tomar copas de agua pintada con los clientes, bailar,
entretenerlos. Y si no quiero, no tengo por qué acostarme con ellos.
¿Te darían permiso en tu casa de ir a cenar conmigo una de estas noches? No
sé. Para que te conozca mi mamá. ¿Y ella también vendría con nosotros?
Claro que sí, mi amor.
Ay, ¿cómo le haré?
¿Y qué?
¿Que vas a cenar con unas amigas o algo así?
Ay, me gustaría, pero... Bueno, a ver qué cosa se me ocurre.
¿Entonces sí? Sí.
Hola, campeón. Hola, reina.
¿En qué piensas?
En mi hermana.
Todavía no le he dicho dónde trabajo.
¿Por qué?
Me da vergüenza.
No creas que me siento muy orgulloso de trabajar en ese antro.
Aparte, ella no tiene ni idea de que existen lugares así.
Mira, Germán, si tanto te avergüenza trabajar en ese antro, entonces te hace
avergonzar de mí.
Y como tú eres tan vergonzoso y honorable, mejor ahí la cortamos.
Cálmate, Carmen.
Cálmate. No quise ofenderte.
Solo que ella tiene 16 años y pues... No quiero meterla en todo esto.
Ya lo sé.
Eso lo he escuchado muchas veces.
En el cabaret los hombres siempre dicen que sus mujeres son unas santas.
Mira, yo no quiero meterme en lo que no me importa.
Pero ojalá que la demasiada inocencia de tu hermanita no te salga mal.
Mejor a él le cambiamos, ¿no?
Porque si le seguimos, pues, nos podemos molestar.
Y yo me siento tan feliz a tu lado.
Gracias.
Estaba el orangután meciéndose en una rama.
Estaba el orangután meciéndose en una rama. Y pasó la orangutana
comiéndose una banana. El orangután y la orangutana. El
orangután y la orangutana. De pronto el orangután le dijo a
la orangutana.
a pasear en línea.
Y la orangutana, el orangután y la orangutana se fueron a
vacilar al bar de la mona Juana. Se fueron a vacilar al bar de la
mona Juana y entre Cocos y Jarana volvieron por la mañana. Y la
orangutana, el orangután y la orangutana
cayóse el orangután.
Vamos a sentarnos para ahorrar energéticos.
¡Ánimo, jefe!
¡Ánimo! Ya cumplió usted con siete noches, solamente le faltan dieciocho.
Además, usted tuvo la culpa. ¿Por qué? Porque no se contrató semana inglesa.
Por bruto.
Ay, dieciocho por tres, por tres, menos dos.
Ya me estoy pensando en ir a vivir a las islas pago-pago.
Pues más le vale que pague-pague, porque si no la mafia va hasta pago-pago y le
van a dar mate-mate.
¿Qué vas a tomar, Vaselinas? Paves, paves.
Tráeme un rompope de fenómeno.
¿Fenómeno? Con tres huevos.
Tú, Vaselinas.
Tráeme un coctel de ostiones.
Con uno que me salga bueno, ya fregué.
Dios lo oiga, maestro.
La señora no quiere que entre. Quieto, matador. Si me tocas, grito.
No me saluda, don Atenógenes, y me voy.
Ay, don Atenógenes.
Pues usted no se dé estatua, pero se carga un pedestal.
Un roncito.
¿Con qué?
Pues, con toda mi botella para que no decline la salud.
Fabián.
Sí, señor. Una botella de ron y un vaso para la señorita. Me permito recordarle,
señor, que la señora ha ordenado que no se le den copas a la corcholata.
Dile a la señora que yo la invité.
Y tú sírvenos.
No te resisto, no te resisto.
Corcholata, tú y yo tenemos algo en común.
Pues de no ser la borrachera, pues qué mal.
No, yo me refería a que los dos andamos mal.
No se compare conmigo, señor.
Yo soy una borracha.
Pero usted es un desmadre.
A ver, a ver.
Explícate, corzalanta.
Sí, pero antes digamos saludcita.
Salud. Salud.
Ahí le va la explicación.
Usted y María Teresa vivían juntos, ¿verdad?
Sí, yo me acuerdo.
Híjole, cómo andaban entradas.
Les salía la felicidad por las orejotas.
¿Cierto o no?
¿Eh? Cierto.
Y un día me acuerdo que ella le dijo, ya, Tito, vamos a tener un
hijo. Y usted quiso. En lugar de ponerse contentote, Se puso bien
jetón y en lugar de festejarlo, ¿qué dijo? Ah, es el de otro.
¿Eh? ¿No?
Sí, reconozco todo lo que me dices, pero... María Teresa era una fichera.
Fichaba, sí.
Pero... Nunca se acostó con otro hombre.
Por Dios.
En serio.
Nosotros nos hubiéramos dado cuenta.
Usted sabe que aquí todo se sabe.
Era su mujer aunque no estaban casados. ¿Sí o no?
Y cuando ella, feliz y enamorada, le dijo... Vamos a tener un hijo.
Usted le salió con la pendejada de... Hay que ser de otra.
¿Cierto o no?
Y toda la felicidad que ella sentía se volvió pura amargura. Ahí la
tiene.
Y estuvo a punto de no tener el chavito.
Por su culpa.
No se me desempareje.
Sí. Éntrele, éntrele, éntrele, aunque le duela. Órale.
Venga.
¿Qué le gusta en lugar de dar la cara?
Se dedicó a tomar y a tomar.
A ver, ¿por qué?
¿Eh?
Por cobardía.
A sus años ya.
Parece un niño chiquito.
Y ya tiene verdolagas en el callejón.
¿Cómo ve, don Atenógenes?
No somos iguales.
Yo soy una borracha, ¿eh?
Pero usted, con todo respeto, es un hijo de la chingada.
Fabián. Sí.
Le pido que hable contigo.
Espérame un momento.
Campeón, pero tú aquí.
¿Qué trampa es esta, hermano?
Pues ya llevo varios días trabajando aquí.
No sé si sepas que me quitaron mi licencia. No, hombre.
Tú sabes, uno tiene sus obligaciones.
Pues, ¿quieres casado o qué? No, pero... Tengo una hermanita que depende de mí,
pues... Esto fue lo primero que me ofrecieron.
¿Qué se te ofrece, Manu?
Este... No, ya nada, Manu, gracias. La tranza es sacar con el campeón.
¿De qué se trata?
Hablaremos mañana en otro lugar.
Hay mucha gente.
Nos vemos.
Mi cliente tuvo que irse. Su esposa estaba en el sanatorio.
Se pasó hablando todo el tiempo de su pobre mujercita en el sanatorio.
Qué extraños son ustedes los hombres, ¿eh?
¿Y si alguien se entera?
¿Pero quién se va a enterar, campeón? Es una movida como cualquier otra.
Y tú te ganas 500 baros.
Y con la falta que me hace, todavía debo la colegiatura de la escuela de mi
hermana. ¿Ya lo ves? De que se los gane Fabián a que te los ganes tú.
¿Qué hay que hacer?
Mira, yo llego con la chamacona a las 9 en punto.
Y tú dejas abierto el reservado.
No tengo llave.
Se la pides a la señora, hombre. Tú tienes bar alta con ella.
Dile que...
Pues que necesitas el reservado para un cuate.
¿Y después?
Te pido dos limonadas.
¿Dos limonadas? Sí, hombre. Si te pido dos copas se me va a chiviar.
Es una muchacha decente.
¿Una muchacha decente?
¿Y la llevas al pirulí?
Ay, campeón, agarra la onda.
Ella cree que el pirulí es un restaurante y que vamos a cenar con mi
mamá.
¿Qué engaño tan gacho?
Es un engaño color de rosa. Una mentira blanca.
Mis intenciones son decentes, morales, honorables, matrimoniales, etcétera,
etcétera. No te entiendo.
Pero si no hay nada que entender, campeón. O mejor dicho, la cosa es
clarísima. Mira, yo estoy enamorado de la chamaca como un imbécil.
Como un poeta de pueblo. Y me quiero casar con ella.
Solo que su familia no va a permitir que se case con un humilde ruletero.
Entonces, necesito que la cosa no tenga remedio. Digo, para su familia.
¿Me entiendes?
La pescas.
Y quieres presentarle a la familia un hecho consumado, ¿no? La pescaste.
Juega.
Ven, campeón.
Mira nada más.
Llegó hace apenas una hora, pero ya venía negra.
Pobre chava, va a terminar igual que la corcholata. Tenemos que sacarla de aquí
antes de que venga la señora.
Mira, Toribio sabe su dirección.
Llévatela.
Échame una mano. Sí.
¡Ay! Venga, venga, venga, pobrecito.
¡Ay! ¡Qué mala cara, Dios!
¡Oribio!
Sí, jefe.
Búscate un taxi, hay que dejar a esta chica en su casa. ¡Juega!
Hola, campeón.
Hola, espera.
Quiero hablar contigo.
He estado pensando en nuestro futuro.
¿Y?
Pues que no quiero que vuelvas aquí.
Ay, Germán. Tú sabes que yo te quiero y que me encantaría vivir contigo. Pero
también sabes que eso es imposible.
¿Por qué?
¿De qué viviríamos?
Por lo pronto quiero que vayas a mi casa.
Claro. Donde comen dos, comen tres. Solo que con lo que tú ganas ahora... Apenas
nos alcanzaría para comer los tres.
Mira, puedo regresar al box y tú sabes que en Estados Unidos todavía tengo un
hombre. Puedo ganar algunos solares.
Y acabarías hecha una ruina humana.
No.
Te quiero demasiado para aceptar semejante sacrificio por algo que a lo
mejor puede ser un capricho pasajero.
Carmen, tú no me has entendido.
Yo no quiero vivir contigo como si fuera un amante. Quiero casarme contigo. Y no
puedo permitir que mi futura esposa venga a trabajar a un lugar de estos.
¡Aquí está el taxi, jefe!
Échame una manita, Toribio.
Para la muñeca.
Para el vaselina.
Escochito.
Pobre vaselina, se lo están acabando.
Pirañas.
Oye, maldita, aguántame hasta el sábado, ¿no?
Hasta que encuentre otra muchacha.
Está bien.
Hablaré con Germán.
Mira, llegamos exactamente a las nueve.
Oye, ¿qué es esto? ¿Un restaurante?
Pues no.
Sí, sí, mi amor.
Lo que pasa es que hay muchas clases de restaurantes. En este, por ejemplo, pues
hay música y te puedes tomar una copa o un refresco.
Una leche malteada.
Mira, mejor vamos al reservado, ¿no? Ahí nadie nos va a molestar.
Cuál de estas señoras es tu mamá?
¿Qué pasó?
¡No, ninguna!
Mi mamá me avisó que venía más tarde.
Papel, llegó el Rule con una chica, la metió al reservado y se encerró con
ella. Dice que tú ya sabes la cosa.
Con tu trencita, mi amor.
Aquí estoy, entre botellas, apagando con el
vino mi dolor,
celebrando a mi manera.
No vaya a llegar tu mamá de repente y... Pobre corazón.
Y si acaso ya inconsciente, agobiado por los
humos del alcohol, no se bur...
Ay,
¿está tardando mucho tu mamá?
Bueno, mi mamá nunca ha sido muy puntual que digamos.
Ándale, tómate tu limonada.
Ay, sabe muy raro esto. ¿Tú crees? A ver.
Ah, es que le pusieron demasiado jarabe. Pero a mí me parece que está muy buena.
Ándale, tómatela.
He perdido para siempre lo que fuera de mi vida el gran
amor. He perdido por cobarde lo que
tanto veneró mi corazón.
Yo no quise hacerle daño ni llevarla por
caminos de dolor.
Quítate el suéter, ¿no? No, Raúl. ¿Por qué no?
¿Pero para qué?
Para que estés más cómoda. ¡Ay, no, Raúl!
Creo que necesitamos otras limonadas.
No tenías necesidad de emborracharme, Raúl. Yo te quiero.
acaso ya inconsciente
Nunca había visto tan enojado a Bronco Torres.
¿Pero por qué le estará pegando? Por una mujer que tiene en el reservado.
¡Déjalo, Bronco!
¡Cálmate!
¡Vas a matar!
¿Qué pasó aquí? ¿Tú quién eres?
La hermana de Germán.
Raúl es mi novio y me trajo aquí.
Y me engañó.
Ya nunca podré ver más a mi hermano.
Límpiate la cara, que no se note que lloraste.
Ahí está la policía, se lo van a querer llevar.
Con lo famoso que es el bronco, van a sacar fotografías de ella.
Pobre muchacha.
Pobre Germán. Pobre de Raúl. Híjole, ahora sí que se armó.
Desvístanse. ¿Qué?
¿Qué se desvistan, le digo? ¿Cómo?
Y tú, tú escóndete.
Ya llamé a la ambulancia, mi comandante.
Muy bien.
Oiga, ¿quién no sabe que este es el camerino de las bailarinas?
Perdone, señora. Es que allá abajo me informaron que en este cuarto estaba la
causante de la trifulca.
Creí que era un reservado.
Disculpe.
Llévenselo. Vamos.
En este lugar se ha cometido un delito de sangre.
Será clausurado, así que desalojen.
María Teresa.
¿Qué quieres?
Es lo mejor que podría pasarnos.
No sé de qué me estás hablando.
De esto.
Que nos cierren el changarro.
Mientras vivamos en este ambiente.
Nunca seremos felices.
Tenemos un hijo, María Teresa.
¿Qué futuro le espera con una madre cabaretera y un padre como yo?
Es nuestra última oportunidad.
María Teresa, vámonos de este ambiente.
Te juro que dejaré de tomar.
Brindemos porque todo lo que dices sea cierto.
Hola, campeón.
Hola, reina.
El licenciado Esparza.
Mucho gusto.
El señor Raúl López salió hoy del hospital y rindió su declaración.
Dijo que no quiere hacer cargos contra usted.
Pero se negó a revelar el motivo de la agresión de que usted lo hizo víctima.
Desgraciadamente, este es un delito que se persigue de oficio.
Y el perdón del ofendido, más que beneficiar, perjudica al reo en el ánimo
del juez.
Yo no quiero el perdón de ese hijo. Cálmate, Germán.
Escucha al abogado.
Las lesiones causadas por los puños de un boxeador profesional se equiparan a
las causadas por armas punzocortantes o de fuego.
Se lo digo a fin de que comprenda que su caso es delicado.
Si yo pudiera alegar en su defensa algún motivo más o menos justificado para la
agresión de que hizo usted víctima a ese muchacho.
Mire, el motivo no se lo diré aunque tenga que pudrirme el resto de mis días
en la cárcel.
¿Y usted?
En vista de las circunstancias, el juez va a fijar una fianza muy alta para su
libertad.
Lupita está conmigo en mi casa.
Ayer vino a verte, pero tú no quisiste recibirla.
No quiero saber nada de ella.
Venía a pedirte perdón.
¿Y cómo te habrás reído de mí?
Tú me lo dijiste. Es demasiado inocente.
No te vaya a resultar mal.
Pero ya no me importa nada.
¡Que todo se lo lleve el diablo!
¿Ya acabaste de decir tonterías? Mira, en primer lugar, yo no me río de esas
cosas. Además, no es cierto que no te importe, Lupita. Es tu hermana y tú
siempre la has querido y respetado.
Y ella fue víctima de engaños a los que tú contribuiste.
Sin saber que era tu hermana. Si hubiera sido otra, no te hubiera importado.
Claro.
La vida te ha jugado rudo.
Tómalo con calma y acéptalo como un castigo.
¿Castigo?
¡Castigo, pura madre!
Lo que pasa es que todos estamos en este fango por falta de dinero.
Solo hay una cosa que no entiendo.
¿Por qué lo habrá hecho Lupe?
¿Habrá sido por falta de dinero?
No, Germán.
Por amor.
Y porque aunque nos duela, está enamorada de ese desgraciado del rule
que la engañó.
Mira, Germán.
Tú quieres casarte conmigo, ¿verdad? Con una fichera.
Entiende. El amor es canijo.
Ahora sí, que todo mi mundo se me ha derrumbado.
Primero pierdo todo el dinero que he ganado en el box.
Y luego me echan de él.
Entro a trabajar en algo que ni siquiera me gusta con tal de pagar los estudios
de mi hermana.
Y yo ayudo a hundirla.
Te conocí.
Te quiero.
Quiero casarme contigo y ni siquiera te puedo sacar de ese pinche cabaret.
Y ahora estoy aquí en la cárcel.
Ah, ¿eres tú?
¡Qué poca madre tienes! Carmen, yo sé que me merezco todo lo que me digas,
pero déjame hablar contigo.
¿Qué quieres?
Sé que Lupita está en tu casa.
No está.
¿Y si estuviera qué?
¿Qué?
Soy un canalla.
Me porté muy gacho con ella.
Y ahora me doy cuenta de lo mucho que la quiero.
Lo mismo engatusé al campeón para que me ayudara y ahora mira.
La he perdido a ella y él está en la cárcel.
Ya todo se fregó.
Yo soy el único culpable de lo que pasa.
Dile a Lupita que... Pues que me perdone, si es que puede hacerlo.
Yo nunca volveré a molestarla. Raúl.
Sí.
Qué fácil arreglan ustedes las cosas.
Mientras el pobre de Germán se pudre en la cárcel sin que nadie haga algo por
él.
¿Quién pagó la fianza?
Raúl, empeñó su taxi.
¿El rule?
Mira, la cárcel no se sale ni se entra cuando uno quiere.
Además, él te metió en esta bronca y es justo que te saque.
Y tú por poco lo matas a golpes. ¿Qué más quieres?
No quiero saber nada de él.
Ah, vamos.
Yo lo acepté. Tú no lo aceptaste.
Así que no seas payaso, vamos.
Espera un momento, por favor.
¿No vas a entrar?
No. Ahí está dentro Lupita esperándote. Nos vemos mañana.
Sí, el choreja se me fue hace tres días y todavía no tengo entrenador.
Entonces, ¿puedo contar con la chamba?
No.
¿Por qué no, don Antonio?
Usted mismo me lo ofreció, si no la acepté.
Fue por maje, yo no quise desanimarlo. La cuestión es que el fracaso de la
suspensión estuvo bien rudo.
Mire, don Antonio, estoy bien jodido y necesito ese trabajo.
Acabo de salir del tambo y... A lo mejor por eso no me está aceptando. No te
hagas tonto. Bien sabes que no es por eso.
Bueno, pues entonces, ¿por qué?
El entrenador debe ser un ejemplo para todos esos muchachos broncudos que nos
llegan de todas partes.
Y tú, por poco matas a puñetazos a un ruletero en ese cabaretucho.
Caramba. Te creí todo un hombre.
Y me resultaste una mierda.
Todos los periódicos publicaron la foto de ese muchacho hecho una lástima.
Vamos a ver.
¿Qué motivo tuviste para golpearlo?
¡Contéstame!
¿Qué vas a contestar?
Te enamoraste de una de las ficheras.
El chofer se acostó con ella y te entraron los celos.
¿Cómo serás pendejo?
Anda, pégame ahora.
Los dos somos esbozadores.
Solo que yo tengo 60 años.
¿Pero eso qué más te da?
¿Caselinas? ¿Y mis besos?
Tuve que decírselo, Germán.
Perdóname.
Ayer te armé la bronca injustamente.
Si puedes perdonarme, ve el lunes al gimnasio.
Todavía no tengo entrenador.
Ánimo, jefe. Ya nomás le faltan 13.
¿13? Ajá.
No voy a poder.
¿Eh? No, no voy a poder.
¿No va a poder con las viejas?
No voy a poder subir la escalera, está muy empinada. Ah, qué sustote.
Yo solito.
Trata primero y prepara el terreno, ¿no?
Mejor entramos los dos.
Se me va a arrancar.
Campeón, buenas tardes.
Vengo a pedirte la mano de Lupita.
¡Gracias!
se fueron a vacilar ya se fueron
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