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Y ahí estabas tú, y te apareciste cuando todo estaba por venir hacia abajo
Y la suerte estuvo de mi lado cuando a mí te trajo,
contigo me sonrió Se me quitó lo triste, cuando te vi me
viste Y desde entonces te volviste lo mejor, ¿y qué me pasó?
Y ahí estabas tú
Y aquí estaba yo, y no es casualidad que el mundo sea tan grande, pero nos juntó.
Y ahí estabas tú, y eso me salvó, y ya no pido más, eres
mi luz, mi paz, tú mi más grande amor.
Y ahí estabas tú, y aquí estaba yo, y no es casualidad que...
mundo sea tan grande pero nos juntó y ahí estás tú y eso
me salvó y ya no pido más eres mi luz mi paz tú mi más grande amor
y ahora que estoy yo listo para cuidarte siempre el
corazón
¿Por qué invitaste a vivir
aquí a Luis Bernardo?
Porque se fue de su casa.
¿A ti qué más te da?
No te importa, ¿no?
Digo, si ya no lo quieres,
yo pienso luchar por él.
Porque nunca lo he dejado de amar.
¿Por qué me dices esto hasta ahora?
Ay, no te lo dije antes por respeto a tu relación.
Pero yo siempre supe que él no es indiferente a mí.
Pero él sabe que estás interesada en él.
¿O lo invitaste a vivir aquí como una trampa?
Ay, no, no, no.
Aquí lo único que hay que aclarar es si te importa o no te importa, porque me
acabas de asegurar que no.
Nosotros terminamos. Ah, qué bueno.
Digo, porque si era tan tuyo, no entiendo por qué se la pasa dudando de
ti.
Basta, Jackie.
Tú me apoyaste en mi relación.
Tú me diste consejos también. Me sacrifiqué por ti.
Pero ya no tengo que callar nada.
Y yo te lo voy a decir de frente.
Porque yo sí no soy una traidora.
No sé, Kiera.
Ya no lo sé.
Quédate con el doctor Jiménez.
Te lo regalo.
Aunque la señora Fuenzanta no se haya enojado tanto conmigo.
Siento que si no le hubiera dado los papeles por equivocación a Sanjenís, don
Cosme seguiría vivo.
Blanca, tú no tienes la culpa.
Si Cosme tomó esa decisión fue para librarse de las autoridades, pero tú no
hiciste nada.
Gracias por consolarme.
Me siento fatal.
Lo que me molesta es que Sanjenís no haya pensado en que te estaba
exponiendo, que podías perder tu trabajo o que pasara algo peor con Cosme. Lo
siento, pero yo creo que Sanjenís se aprovechó de ti, que jugó contigo.
Ahora repite eso en mi cara.
Hija, ¿qué te pasa?
Pasa que me acabo de pelear con Kiara.
¿Tú sabías que invitó aquí a vivir a Luis Fernando porque lo quiere?
Me acaba de decir que va a luchar por él.
Ven conmigo, vamos a hablar con ella. No, yo no tengo nada que hablar con
nadie.
Y le acabo de decir que no me importa que se lo regalo.
Pues yo no te veo nada bien. Y mejor me voy.
No me vengas con que tomaste en cuenta el riesgo para Blanca. Solo pensaste en
tu beneficio y el de Luis Fernando.
¿De qué estás hablando?
Nos estaban engañando. ¿Qué querías que hiciera? Muchas cosas, como pensar cómo
afectabas a Blanca. Ya no discutan, por favor. Tienes razón, discúlpame.
No mereces que de estarse más discutiendo con este necio. Si ya
expusiste tus argumentos falaces, ahora te pido que me dejes con Blanca para que
le pueda dar mi versión de los hechos. El que se va de aquí eres tú. Si ubicas
que el que tiene que quedarse soy yo, Blanca, se lo tengo que decir, porque si
no, este no se va.
Blanca y yo nos besamos.
Ya lo sé, yo los vi.
Pero yo la besé después.
Por favor, dime que no es verdad.
A ver, sí.
Ernesto me robó un beso.
Pero, Roberto, es que... el beso que me dio Ernesto me movió mucho más.
Si sé quién es el señor Max, pues el que le jugó chueco a la señora Doménica.
Pero no, yo no lo he visto por aquí.
¿Y por qué tanta pregunta, doña Pilar?
Pues es que me encontré este dije y yo sé que es de él.
Mamá, ¿dónde encontraste el dije de Max?
Lo he estado buscando.
Gracias por elegirme.
Mira, más que elegirte, lo cierto es que conecté más bonito
contigo, ¿sabes?
Y ese beso, estos besos, me hacen sentir lo que nunca
antes. ¿Y has besado a muchos?
Oye, no empieces de posesivo y tóxico. No, no, no, lo pregunto porque yo
también sentí esa cosa especial.
Y...
Quiero que sea para siempre.
Nunca pensé que ganaría la apuesta.
¿Qué apuesta?
No.
No es que haya una apuesta en sí.
Lo que pasa es que San Genís y yo... ¿Cómo
decirlo?
Cuando fue la inauguración del centro social, San Genís y yo te dimos las
piernas y entonces, en un momento... ¡Eres un reverendo idiota!
¡No soy premio de feria para que me apuesten!
¡Blanca, Blanca!
¡Espérate!
Así yo más torpe, Ernesto.
El dije de Max se rompió porque el broche de la cadenita estaba mal.
Y por eso estaba en mi cuarto, mamá. Por si estás pensando mal, ¿eh? No quiero
ofenderme. No, yo no quiero pensar mal de ti, pero no entiendo nada de lo que
estás haciendo.
¿Qué tienes que ver tú con Max?
Pues yo solo estoy cuidando nuestro dinero.
Max me buscó para resolver sus temas con Doménica y yo aproveché para decirle que
nos tiene que pagar.
Eso es lo que tú quieres, ¿no?
¿Y cuántas veces lo has visto?
Ay, no sé, mamá, muchas veces.
Y es porque siento que los sentimientos de Max hacia Doménica son sinceros y
Doménica siente exactamente lo mismo por él. Y por eso te descaraste con tu
prima, diciéndole que sigues enamorada del doctor. La acabo de ver y me contó
tus intenciones, Chiara.
Me sorprende la buena suerte que tienes siempre. Y aquí te tengo también buenas
noticias. ¿Ya lograste que el juez diera el fallo a favor de Doménica?
No, pero como sugeriste, estoy investigando a Gilberto León y descubrí
algo muy interesante.
¿Te cuento y me dices cómo procedemos?
Llevas todo este tiempo mintiéndome, haciendo cosas a mis espaldas.
¿Mintiéndote de qué?
Estoy tratando de que mi prima pueda solucionar sus dudas sobre Max y estoy
apoyando al hombre que yo amo.
Perdóname, mamá, pero yo no pienso sacrificarme otra vez por mi prima. Pues
no te creo.
Aquí hay algo más y lo voy a averiguar, Kiara.
Allá tú.
Dame el dije.
No.
Quien le va a dar el dije a Max voy a ser yo.
Y tú y yo vamos a ir a la abandonada a hablar con él.
¿Qué hace Max allá?
Vámonos y en el camino te cuento.
Pues, Doménica estuvo en el centro social y cuando se enteró que Kiara me
dio posada, se puso como loca.
Eso significa que te quiere.
Pero no te quita lo idiota por meterte en la boca del lobo.
Yara no lo hizo de mala fe, pero yo mañana voy a buscar un lugar para
quedarlo. Es lo mejor, porque si vuelves a la hacienda, tu mamá no va a entender.
Y ya no estés así.
Doménica y tú se van a arreglar.
Yo no estaría tan seguro, Serginis.
La vi tan decidida que, sinceramente, no sé cómo disculparme con ella.
¿Ahora?
Ay, hijo.
Pensé que se había metido una limaña, pero pues no.
¿Eres tú, Gennaro?
Pa' tu mala suerte.
Salí tan inocente como la patrona que ¿a poco no sabías?
Lo que no sabía es que ibas a volver tan pronto.
Pues ya ves.
Doménica Montero me fue a buscar y me pidió perdón.
Hasta me dio más mangancha pa' traer a todos cortitos, incluyéndote a ti.
Porque aquí el único capatazo soy yo.
Pues no es como que brinco de alegría porque hayas vuelto.
Pero si eres inocente, pues yo respeto. Pues eso es lo que quiero, respeto para
Genaro Peña.
Que no se te olvide. Sí.
Ah, bueno.
Órale. Nos vemos.
Mi alma, esto es todo lo que poseo.
¿Tú crees que alcance pal bodorrio de tus sueños?
¿Qué?
¿Se te hace poco?
Son mis ahorros de cinco añitos.
¿Cómo puedes pensar en una boda solo por unos besos que nos dimos?
Pero si no protestaste cuando hablé con Prudencio, alias mi abuelo suegro.
Porque ya había soltado la sopa, aunque ni me preguntaste.
Vas muy rápido, no sé qué prisa tienes.
Ah, no vayas a pensar que te estoy presionando como para... ¿Para qué?
para que me entregues la prueba de tu amor.
Lo que me faltaba.
Agüecándole al ala, vete. ¿Qué?
Que te vayas.
¡Vete!
Hijo.
¿Sigues molesto porque Max está convaleciendo aquí?
Sí, es eso.
Y también por Blanca, porque ya había aceptado que me quería y por una
tontería que dije, ahora piensa que estaba apostando con Sanjenís para ver
quién se quedaba con ella.
Siendo así, ni cómo ayudarte, Ernesto.
Y también estoy enojado con Luis Fernando.
¿Puedes creer que se fue a vivir al centro social?
Con razón, Pilar se fue intempestivamente.
En vez de estarle rogando el perdón a Doménica, va y se mete a la casa de una
mujer que estaba interesada en él.
No quiero pensar que es porque se va a hacer cargo del consultorio allá.
Lo que no me gusta es que Kiara lo haya invitado. Ni a mí.
Y se lo voy a decir a Doménica antes de que se entere por otro lado.
¿Era tú?
¿Qué mosco te picó?
Es que tuve mi primer prédito con Simón. ¿Por qué anda de orgido con
matrimoniarse? Al paso que va, mañana me sale con que quiere cinco hijos.
No, no, pues hijos no.
¿Estás de acuerdo conmigo?
No, estaba pensando que Nicolás y yo no vamos a tener hijos.
Es que se me olvidó contarte, Adelaida.
Le pedí matrimonio a Nicolás y me dijo que sí.
¿Qué les pasa a los hombres de Santa Teresa que piensan que casarse es de un
día para otro? Te pasas, abuelo.
Ay, mi niña.
Mi niña, te estaba esperando porque ya no me aguanto las ganas de darte la
buena noticia.
¡Me caso!
¡Me caso con Prudencio!
¡Qué bueno, nana!
¡Qué bueno que tú sí vas a ser feliz uniendo tu vida a la de Prudencio! ¡Te
casas, Nicolasa!
¡Sí, sí!
¡Qué felicidad!
¡Ay, gracias!
¡Felicidades!
¡Gracias!
Oigan, ¿cómo ven?
Quiero hacer una cenita para platicarle a toda la familia.
Bueno, aunque no sé cómo se lo vaya a tomar Pedro.
Seguro va a estar muy feliz.
¿Sí? Sí.
¿Qué pasa, mi niña? ¿No te parece buena mi idea? No, sí, nana. Sí, es muy buena
idea. Y perdón.
Perdón, pero es que me acabo de pelear con Kiara. Me peleé muy fuerte.
Me acaba de confesar que todo este tiempo estuve enamorada de Luis Fernando
y que va a luchar por él.
Ya salió del peine.
Por eso lo invitó a vivir al centro social.
¿Cómo?
¿Tú ya lo sabías?
No puedo creer que con tus años no pienses bien las cosas, abuelito.
Dime, ¿con este bodorio dónde vamos a vivir?
¿Tú crees que Mercedes te va a aceptar aquí con tu esposa?
¿O que Pedro los va a ver bien en la abandonada?
Así sea en la punta de un cerro.
Pero yo me caso con Nicolás al cuadre a quien le cuadre.
Con que mi Nicolás y yo estemos contentos, pues que el mundo ruede.
Escuché a Sanjenís hablando con Luis Fernando y Luis Fernando le dijo que se
iba a quedar en el centro social.
¿Se te ofrece algo, Max?
No, no, no.
Nada más despedirme y agradecerles todo.
Como le comenté a don Andrés, no quiero causar más molestias.
¿Seguro te sientes mejor?
Sí, mucho mejor. De hecho, ya tengo a mi gente trabajando en el caso de don
Gilberto León.
No, no compliques el caso, por favor.
Los abogados de Doménica somos Ernesto y yo.
Bueno, considero que es bueno tener más opciones.
Cuidado con hacer algo ilegal, porque podrías meternos en un problema todos.
Yo creo que ellos tienen razón. Mejor no te metas, Max.
Lo que pasa es que me siento responsable.
Si yo me hubiera presentado el día de nuestra boda, esto no estaría pasando.
Pero el hubiera no existe.
Así que mejor olvídalo.
Vamos a decirle a Hilario que te lleve a donde quieras. Yo le digo.
Te acompaño.
Muy bien.
Con permiso.
Y gracias de nuevo, Max, de todo corazón.
Yo ya no sé cómo hacerle entender a Max que no necesito su ayuda.
Bueno, tú ya le aclaraste que no vas a regresar con él.
Ya, lo que haga es asunto suyo, pero ojalá sirva de algo y sí te eche la
mano. Nicolás, ¿de qué lado estás?
Perdón, pero ahora puedo ver a Max de otra manera porque se le nota que por lo
menos quiere arreglar todo lo malo que provocó.
¿Qué puedes?
¿Ves aquí hasta ahora?
No voy a regañar, padrino, pero mi papá me estuvo friegue y friegue. La neta,
nos hicimos de palabras y me enchilé tanto que le dije que ya sabía que usted
es el del Adán.
Ya, macoborro, te lo advertí.
Que eso era entre nosotros.
Me metes en un problema, te desconozco. No llevo años cuidándome la espalda para
que por tus estupideces me agarren.
A ver, a ver.
Tampoco me hable así, que de lo de Cosme no dije nada, ¿eh?
Ah, pues, ¿qué sabes?
Saber es saber, pues no sé nada.
Pero tampoco soy tan menso como cree.
Usted mató a don Cosme.
Te lo juro por lo que más quiero, que eres tú, que no.
Ah, chisachis, ¿a poco me quiere más que su potranca? O por ahí no quiere jurar,
¿eh? ¿Qué pasó? Pues si eres como mi hijo.
Pero ándele, pa' que ande tranquilo, juro por mi potranca.
¿Ah?
Pues yo no lo maté, ¿eh? ¿Qué pasó?
Ya acuéstate ahí a dormir.
Dale.
Una duda más, padrino.
Yo me acuerdo cuando usted llegó aquí no tenía nada.
¿Cómo lo hizo para hacerse tan rico en tan poquitos años, eh?
¿Cuál es la receta?
¿Probarse todo lo que se produce aquí y decir que la abandonada no produce nada?
No puedes volver a repetir eso, ¿estamos?
Mirelo.
Si trae madera, pase mi mano derecha, ¿eh?
Pues entonces, regálele un trago a su hombre de confianza.
Bienvenidos de regreso, padrino.
Salud.
No quiero a mi hijo cerca de Genaro. Por favor, ayúdame que Osvaldo lo entienda.
No, pues la que no lo entiende soy yo.
Si su padrino está ayudando a nuestro hijo a ser menos vago y menos rebelde,
lo que deberíamos hacer es agradecerle al compadre por ser bueno con su hija.
Genaro no es bueno ni quiere a nadie.
A ver, ¿por qué dices eso? Porque no tiene límites cuando se trata de
conseguir algo.
Si lo dices por lo del título de propiedad, ya se aclaró que es inocente.
Y está ayudando a nuestro hijo para bien.
Ya, mujer, contigo no se puede ni se cuenta.
Sigue atendiendo el changarro.
Aunque ya lo perdoné, tengo claro que lo que Max me hizo acabó con el amor que yo
llegué a sentir por él alguna vez.
A lo mucho llegaremos a ser amigos, pero solo eso. Entonces tú sigues queriendo a
Luis Fernando.
El silencio también es una respuesta, Domi.
Si todavía lo quieres, vence tu orgullo y recupéralo. No es orgullo.
Estoy dolida. No sé qué esperar de Luis Fernando.
Lo que le estás haciendo a Doménica no tiene nombre.
Pues váyanse acostumbrando.
Porque la misma Doménica me dijo que me regalaba Luis Fernando.
O ya llegó a llorarles arrepentida.
No, no, con mi hija no te metas.
Tú eres un don Juan Genís.
Tienes una larga lista de mujeres hermosas. Puede ser. Ya deja a Ernesto y
a Blanca en paz.
Que sean felices.
Hermano, no estás entendiendo. Por primera vez en mi vida estoy clavado. Yo
creo que es amor.
¿Tú cómo sabes que quieres a Doménica?
Muy sencillo.
No dejo de pensar en ella todo el día. ¿Todo el día?
Todo el día. No te creo.
Y también que Doménica tiene a un imbécil que no la deja en paz.
Ay,
doctorcito, yo pensé que usted era más hombre.
Mire que ahogar sus penas en alcohol, como cualquiera.
Cállate, imbécil.
Yo vengo a celebrar que le salvé la vida a Nicolasa porque un toro la iba a
arrollar.
¿Y sabe quién me cobró las heridas?
Doménica.
Una por una, en su propia cama.
Te vuelves a acercar a Doménica y te mato.
Su hija siempre le ha tenido envidia a Doménica.
Todo lo quiere para ella y ahora hasta el novio le quiere bajar. ¡Basta ya!
Lo que menos necesita esta familia es que nos peleemos entre nosotros. Yo
tampoco tengo ganas de pelear.
Y no es mi problema si estás haciendo bien o mal, Kiara. Yo te dije hace mucho
que me gustaba Luis Fernando.
Sin embargo, no me metí entre ustedes.
Pero dime una cosa, Doménica.
Tú me dices que lo vas a perdonar y yo me alejo.
¿Estás bien?
Eres un imbécil.
Te digo que me acaba de arrollar un toro y tú me golpeas.
Si no estuviera lastimado, te lo regresaba ahorita. Ya, ya, ya, ya, ya.
Ya, ya estuvo bueno de hacer destrozos. Si no se calma, los voy a mandar sacar.
Ya, vámonos.
Esto no se va a quedar así, ¿eh? Todos escucharon y están de testigos que me
amenazó de muerte.
Órale, ya, que ya.
Déjalo, déjalo, vámonos.
Y también sé muy bien que fuiste tú el que me disparó en el campo, ¿eh?
¿Cómo cree que el doctor le va a disparar para luego salvarlo? A mí nadie
me quita de la cabeza que mandó a su hermano para después hacerse el héroe
frente a Doménica.
¿Vas a perdonar a Luis Fernando, sí o no?
Si Luis Fernando llega a corresponderte, yo me voy a alejar para siempre. No,
pero eso es lo que quiere que le digas para limpiar su conciencia. Ay, no te
metas, Nicolasa.
Yo he sido sincera y directa y no merezco insultos de nadie.
Mira, mejor vámonos, Kiara, y hablamos cuando todos estemos más tranquilos. Ay,
está defendiéndola como siempre, pero nada de que se van.
Esto hay que arreglarlo aquí y ahora. Pues yo no tengo nada más que decir. Y
creo que Dominica fue muy clara, ¿no?
Ella no acepta que quiera a Luis Fernando porque es muy orgullosa.
Y él también la adora, aunque sean un par de necios los dos. Por favor, no
hables en nombre de Doménica, por favor.
Y tú sí tienes todavía dudas con Max.
Es mejor que las aclares.
Papá, sé que te sientes comprometido con Pilar, pero Nicolasa tiene razón.
Ay, ahora vas a tomar tu lado porque te desprecié. Tampoco eres inolvidable. Ya
se pueden tranquilizar, por favor.
Ya esto parece la hoguera de las pasiones. Yo tampoco tengo ganas de
seguir discutiendo lo mismo.
Con Max no voy a regresar.
Pero tampoco puedo hacer nada si Luis Fernando vive bajo el mismo techo que
quiera.
No, ya vamos, ya.
Mi niña quiere al doctor.
Con Max nomás está agradecida.
A ti sí que te ciega el amor maternal, no calaza.
Estás asegurando algo que no te consta.
Yo conozco más a Doménica que usted a Kiara.
Y si usted no le da la razón a quien la tiene, esa chamaca va a seguir de mañosa
hasta que esta familia se acabe.
La culpa de todo esto la tiene Luis Fernando, que no ha sabido valorar a
Doménica. Si le hubiera dado su lugar, no estaría ahora en el centro social.
Haz lo que quieras Luis Fernando.
Tú también me abandonaste cuando más te necesitaba.
Gracias por apoyarme hoy, mamá.
De verdad sentí lo mucho que te importo. No, no creas que me tiene tan feliz todo
lo que estás haciendo.
Si esta familia se rompe, quien más va a perder eres tú. Te estoy hablando,
Kiara.
Mamá, no creas que no me importa a Doménica.
Ah, bueno, pues vaya forma de demostrárselo diciéndole que te vas a
quedar con su hombre. Es lo mejor que puede pasar, que Doménica regrese con
Max. De verdad, tú todo lo acomodas a tu favor, Kiara. Eso es lo que es, mamá.
Si Doménica regresa con él, todos volvemos a ser felices.
No tengo hambre, nana.
Seguro es por el corajote que te hizo pasar Kiara.
Pero tus tripas, ¿qué culpa tienen?
Ándale.
Aunque sea un sorbito de chocolate.
No sé qué pretende Kiara haciendo todo esto.
Hasta comienzo a dudar si realmente quiere a Luis Fernando o... Es un
problema personal contra mí.
Yo ya te he dicho que Kiara es envidiosa y doble cara contigo.
Pero tú siempre has sido muy noble.
Desde niña le perdonas todos sus berrinches.
Y esta vez es diferente.
Ahora sí voy a poner un buen de distancia con ella.
¿Y eso cómo?
Porque don Andrés y la señora Pilar pintan para seguir juntos.
Y si quiera se sale con la suya, la vas a tener que ver feliz con el doctor.
Antes me voy a vivir otro lado.
¿Vas a huir otra vez?
No, mi niña.
Así no se arreglan las cosas.
Ya no sé si quiero arreglar las cosas.
Eso lo estás diciendo porque estás pensando con las entrañas.
Hazme caso.
Habla con el doctor ahorita que todavía estás a tiempo.
¿Les dirvo otro juguito o prefiero un café bien cargado con aguarrás?
Nives, por favor.
Ay, pues una disculpita, patrona, pero lo que se ve no se juzga.
No la regañe.
Y disculpa el abuso, pero si mal no recuerdo, Silvia dijo que pasáramos los
dos y yo me pasé a la cama.
¿No pudiste haber dicho que venían dos invitados, amiga?
Ay, bueno, estaba muerta de sueño y no iba a dejar al doctor afuera con todo y
su amigo.
Lo hiciste bien en dejarlos pasar.
Sobre todo en las condiciones en las que llegaron, ¿verdad?
Buenos días.
Buenos días.
Pues, una disculpa por el estado en que llegamos anoche, ¿no? Ay, no te
preocupes. Esta es tu casa, ¿eh? Y tus amigos siempre son bienvenidos.
¿Y esa maleta es de ustedes?
No, no es mía.
De hecho, quiero agradecerles por recibirme, pero yo creo que no es lo
correcto que me quede.
Ay, no, si es por la borrachera, de verdad, no te preocupes, no pasa
absolutamente nada.
No es por la borrachera, es por Doménica.
Gilberto León, alegra no tener que esperarlo.
¿Lo conozco?
No, vine a hablar de Humberto Salinas.
¿Es en el nombre?
Él tiene las pruebas de cómo su planta de colorantes está contaminando el río
Caballas.
Creo que lo mejor es que me vaya, así nos evitamos malos entendidos. No, de
verdad, te parece... No, no, estoy de acuerdo con usted.
En tanto no defina su situación con Domérica, pues es lo mejor.
Bueno, pero no vas a dejar tus consultas tiradas, ¿no? Por supuesto que no. Hice
un compromiso contigo como médico y voy a cumplirlo.
Bueno, ¿puedes desayunar?
No creo que Domenica se moleste porque desayunes.
No, muchas gracias. Necesito buscar un lugar para quedarme lo antes posible y
más tarde regreso para las consultas.
Y tú, te vienes conmigo.
Vámonos.
Con permiso.
Bueno, será otro día.
Gracias.
Con permiso.
Bueno, por lo que veo, el doctor va con todo para recuperar a su novia, ¿eh?
Me entré de que las autoridades y el medio ambiente tienen un proceso abierto
contra usted.
Solo es cuestión de que Humberto Salinas atestigue.
No tienen pruebas de absolutamente nada. Al contrario, Gilberto.
Humberto se estaba escondiendo por miedo a usted, pero yo le proporcioné
seguridad a él y a su familia.
Usted está a nada de que lo condenen.
Bueno, si me está diciendo todo esto es porque quieren llegar a un acuerdo, ¿no?
Dígame cuál es su precio.
No es tan sencillo.
Piense, si lo condenan, además de las multas millonarias que tendrían que
pagar, también el costo de limpiar las aguas.
Lo perdería todo, hasta su prestigio como empresario.
Lo sé.
Lo tengo claro.
Lo que no estoy entendiendo es a dónde quieres llegar.
Que yo puedo olvidarme de todo a cambio de una llamada aquí y ahora.
Permiso.
Te diste cuenta de que todo lo que ocasionaste no sirvió para nada.
Que Luis Fernando ama a Doménica.
Y que aunque ella no lo perdone, no te va a querer a ti por respeto a ella,
hija.
Yo sé lo que hago, mamá.
Y no voy a parar aunque todo el mundo se oponga.
Solo vas a fracturar más la familia.
Acepta tu realidad, hija.
Antes de que te duela más.
Señora Mercedes.
¿Qué hará? ¿Qué hará, querida? Dime, ¿cómo está mi hijo?
Se acaba de ir. ¿Pero cómo van las cosas entre ustedes?
Pues mal.
La verdad es que va a buscar un lugar donde vivir.
No pude tener acercamiento con él.
¿Y por qué se fue tan pronto del centro?
Doménica vino anoche y lo convenció.
Ella se puso en plan de víctima en cuanto le dije lo que sentía por su
hijo. Pero ese no era el plan.
Pusiste a Doménica sobre aviso.
Ay, pero qué tonta eres, de veras.
Yo no la llamé para que me regañara, sino porque confío en usted.
Por favor, búsquelo y convénzalo a que regrese a su hacienda si no quiere que
Dominica lo vuelva a engatusar.
Ay, chula, yo estoy atada de manos para ayudarte.
Esa era tu tarea y la echaste a perder.
Estúpida.
¿Y ahora tú?
¿Qué haces por acá?
Yo sé que te enojaste porque me hice novia de Simón.
No me enojé.
Me cayó de peso que lo aceptaras tan rápido porque yo te rogué hasta el
cansancio.
Pues sí, pero tú al final escogiste a Nieves y mucho más rápido que yo.
Pero si tú me dices que...
Que a lo mejor podemos... No,
no.
Ni sigas con lo que ibas a decir.
Porque yo soy derecho con mis cuates y Simón es mi amigo.
Ni que tuvieras tanta suerte para que yo te ande rogando.
Está bueno.
Pues si ya terminaste, devuélvete que yo tengo que trabajar.
No, también... También vine a preguntarte una cosa.
¿Cómo ves eso de que... de que mi abuelo y Nicolasa se nos casan?
Ay, caray.
Esa no me la sabía.
Pues con razón todos en la casa andan bien serios.
Pues deben pensar lo mismo que yo.
¿Qué cosa?
Que el infeliz de tu abuelo no se merece una buena mujer como ella.
Y que seguro la va a dejar abandonada en un huacal como a mí.
Al parecer tú aprovechas todo para desquitarte de mi abuelo.
¡Tarado este!
¿Qué pasó?
Pues aunque no me guste nada, ya me enteré que mi potranca te tenía como
reía en su cama.
¿Por qué todo lo que dices suena tan vulgar?
¿Qué haces aquí? Aquí poniéndome a la orden.
Pues es que con la borrada que hizo el Cosme para irse al infierno, pues quedé
muy bien parado con la presidenta municipal.
Ella sabe cómo son las viejas cuando andan solas, pues necesita la guía del
hombre.
¿Sabes? Ahora entiendo por qué Doménica te ve solamente como el limpialodos de
los caballos. Espéreme, espéreme. Pues si usted y yo somos iguales.
Nada más que usted le pone perfume a sus palabras para poder robar.
Así que no se sienta más que yo, fuereño mugroso.
¿Qué pasó, Rafael?
Le dijiste al tal Gilberto lo que te pedí.
Nana, te prometo que yo voy a hablar con Pedro para que no le haga feo a
Prudencio. Y aunque no esté toda la familia reunida, esa celebración va a
ser bellísima.
Pues sí, pero Prudencio va a tener que venir a pedirnos a Doménica y a mí tu
mano. Ah, sí.
Así sirve que, como tú dices, le voy midiendo el agua a los cejotes.
Son camotes.
Y nada que ver esa frasecita con esto. No, no. Y no se le ocurra hablar con
Prudencio para espantármelo, ¿eh?
¡Doménica! ¿Nosotros?
¡Doménica! ¿Qué pasa?
¿Qué pasa? ¿Estás bien? ¿Por qué vienes así?
Hablé con el juez de la apelación.
Gilberto León va a desistir del proceso en tu contra.
¿En serio?
¿Entonces eso quiere decir que van a...? Sí, hija, que ya vas a poder disponer de
tu fortuna y ya nadie va a dudar de tu integridad. Uy, qué bueno, qué bueno, al
fin. Gracias, gracias, Ernesto, gracias.
Diana, ¿quieres dejar de hacer eso?
¿Qué? No me gusta que te la pases observándome.
Yo nada más le digo lo que no quiere oír. Le recuerdo lo que no quiere pensar
y le advierto que hay consecuencias. Soy como quien dijere eso tan incómodo que
le llaman conciencia.
Mejor ya deja de molestar y vete a otro lado. Hay otras cosas que hacer allá.
Ándale.
Cuidado con la fiera.
Oye, niña, yo te pago para que cocines, no para que te vayas cuando se te dé tu
gana. ¿Dónde andabas, eh?
Es que fui a la abandonada porque tenía que hablar con Pedro de la boda de mi
abuelo con Nicolasa.
¿Prudencio se va a casar?
A ver, a ver, pero explícame.
¿El juez no te dijo por qué Gilberto desistió de la demanda? No, pero lo
importante es que ya no hay acusaciones en tu contra.
¿Y están seguros de que ese león ya se calmó?
¿O nomás es para enredar más las cosas? No, esa demanda era insostenible.
Además, si el primer juez le dio la razón, fue porque Gilberto lo compró.
Claro. Esas ratas no se salieron con la suya. La cosa es que Gilberto ya no
tiene cómo presionar a Doménica para que la indemnice.
Es que de verdad, esto es como un milagro.
No lo puedo creer.
Con permiso.
¿Qué haces aquí?
¿Todo bien?
Sí, ya me siento un poco mejor.
Vengo a celebrar con todos ustedes.
Te dije que mi gente se iba a poner a trabajar y no sé si se enteraron, pero
ya Gilberto retiró la demanda.
¿Qué hiciste, Max?
No hice nada malo. Por favor, no empieces a dudar de mí.
Explícate entonces.
¿Les parece bien si brindamos y les cuento cuál fue mi estrategia?
¿Cuándo pensabas decirme que te vas a casar con Nicolasa?
Dispénseme, patrona, pero mi vida personal es muy aparte de mi trabajo.
No se te ocurra traer a vivir aquí a esa mujer.
Y tampoco te sientas muy dueño de irte cuando se te dé tu gana, porque primero
te corro.
Yo siempre he sido dueño de mí.
Pero si quiere, deme por despedido de una vez.
Yo les aseguro que el señor León no pudo soportar la presión de esas pruebas en
su contra.
El medio ambiente gana y él pierde por completo.
De igual forma vas a tener que entregar esas pruebas. Sí, claro, en cuanto tu
proceso concluya.
Te arriesgaste demasiado, Máximo.
Gilberto pudo denunciarte y de paso involucrar a mi hija. Mi papá y yo no
usamos esas estrategias. Si las pruebas no hubieran sido tan contundentes, yo no
hubiera avanzado.
Además, me da mucho gusto poder reparar el daño económico que te provoqué.
Pues qué bueno que repares lo que rompiste, Max.
Con esto y con haberme salvado la vida, hasta gusto da verte.
Pienso que podemos empezar a creerte un poco más.
Muchas gracias.
¿Y tú, Doménica?
¿Pude ganar un poco tu confianza con todo esto?
Hoy le agradezco la vida que estés aquí, Max.
Gracias.
Salud.
Y no es casualidad que el mundo sea tan grande pero nos juntó Y ahí
estabas tú y eso me salvó Y ya no pido más, eres mi luz, mi paz,
tú mi más grande amor
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