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Si resulto ser el héroe de la historia de mi vida o pertenece ese lugar a otra
persona, es algo que ustedes mismos podrán descubrir.
Empezaré a relatar mi vida desde el inicio.
Fui hijo póstumo.
Mi padre dejó este mundo tres meses antes de que yo llegara a él.
Nací en un pequeño pueblo llamado Blunderstone, un viernes a las doce de
la noche.
Poco antes, mi madre recibió la visita de alguien a quien esperaba menos que a
mí.
¡Pegoty!
¿En qué puedo servirla?
La señora Copperfield, supongo.
¿Puedo saber quién lo pregunta?
La señorita Betsy Trotwood. Ha oído hablar de ella, ¿cierto? La tía de mi
esposo. Exacto, la tiene ante usted.
Si es usted una niña, imagino que mi sobrino la mimaría en exceso. El señor
Copperfield era muy bueno conmigo.
No, no haga eso, no haga eso.
Siéntese.
¿Sabe que me opuse a la boda de mi sobrino? Usted era demasiado joven.
Aún es demasiado joven.
No me hizo caso. Se quedó prendado de usted, imagino. Tamaña tontería.
Mi esposo está muerto y si osáis hablar sin respeto de él... Puede retirarse.
Bien.
¿Cuándo nacerá?
Pronto. Tengo miedo, seguro que muero.
¿Murir?
Seguro que no.
Tómate.
¿Dónde está esa muchacha?
¿Cómo se llama?
Pegoti.
¿Pegoti?
¿Quiere decir que un ser humano ha entrado en una iglesia cristiana y le
han puesto por nombre Pegoti?
Es su apellido. Mi esposo la llamaba así porque se llama Clara, igual que yo.
Su señora necesita a ti.
Está algo indispuesta.
¿Indispuesta? ¡Está dando a luz!
Digo que avisen al doctor.
Bien. Desde el momento en que nazca la niña... Quizás sea niño.
Será niña.
No me contradiga.
Seré su madrina y deberá llamarle Betsy Trotwood Copperfield.
Esta Betsy Trotwood no cometerá errores en la vida. No habrá hombres inútiles
que jueguen con su corazón.
No se lamente más.
Se pondrá enferma.
Y no le hará bien alguno ni a usted ni a mi sobrina.
¿Bien? Las cosas siguen su curso, señora.
Despacio.
Enhorabuena, señora.
El parto ha concluido y el bebé está en buen estado.
¿Cómo está ella?
La señora Copperfield está muy tranquila. Sí, sí, pero ¿cómo está la
niña?
¿Quién? La niña, por todos los santos.
Oh, ha sido niño, señorita Trotwood.
¿Qué? El bebé es varón.
¿Un niño?
Las experiencias de mi tía abuela con los hombres no habían sido felices y la
llegada de uno más a la familia fue la gota que colmó el vaso.
Desapareció de nuestras vidas, aparentemente, para no regresar jamás.
Los primeros años de mi infancia fueron completamente felices. Los días y los
años se sucedían en una agradable sensación de bienestar.
Crecía sin miedo, con la certeza de que mi hermosa madre me amaba solo a mí y
que la lealtad y devoción de Pegoti me acompañarían siempre como el vaivén de
las mareas. Mi siguiente labor era estudiar el terreno y hallar un lugar
adecuado para mi amor, mi amor.
Morada, David.
Morada.
De momento no sabía si estaba en el continente o en una isla.
David debería estar acostado, señora. Por favor, pégote un poquito más.
Está bien, pero solo cinco minutos.
Pon un bulbo ahí.
Eso es.
No, al revés.
Así.
Cúbrelo de tierra.
¡Vamos! Pero se había levantado un viento helado que se iba a llevar el
torado verano de mi inocencia.
David, di buenos días al señor Buston.
David. No quiere compartirla.
Entiendo su devoción.
Ven, David.
Dame la mano y seamos los mejores amigos del mundo.
Me gusta su valentía.
Hasta mañana, señora Copperfield.
David, me has decepcionado. ¿Qué modales son esos?
Resulta agradable conocer personas nuevas, ¿verdad, señora?
Resulta muy agradable.
Solo pensaba en lo mejor para nuestro David. Que reciba uno o dos halagos,
algo que además no puedo evitar.
¿Significa que haya perdido cariño a mi precioso hijo?
Nadie ha dicho cosas semejantes. Sí, tú lo has dicho, criatura desalmada.
Soy una madre cruel, mala y egoísta.
¿Que no te quiere en absoluto, Davy?
Claro que tu madre te quiere, Davy. Solo he dicho que...
Veamos, David.
¿Qué te parecería venir conmigo y pasar dos semanas en Yarmouth con mi hermano?
Lo pasarías bien.
Nos dejará ir mamá. No sabe arreglársela sola.
¿Qué? Te he puesto una guinea que nos deja.
Te encantará la costa, David.
Hay una playa y barcos. Un montón de cosas preciosas.
Iré contigo. Ahora me conmueve profundamente pensar en lo ansioso que
estaba por partir de mi feliz hogar y recordar qué poco imaginaba lo que
dejaba atrás para siempre.
¿Otro pastel, señor Vázquez?
So... ¿Hace ella los pasteles y las pastas?
Pegoti se ocupa de todo en la cocina. ¿Eso hace?
No tiene novio, según creo.
Oh, no. Nunca lo ha tenido.
¡Oh! ¡Aquí está mi jam! ¡Ajá!
¡Subo un metro ochenta!
Nuestra casa, señorita Davy.
¿Vives en un barco, Ham?
Puede llamarse así.
Bienvenido, señorito Copperfield.
Somos toscos, pero le atenderemos bien.
Esto para ti.
Señor Pegoty, ¿ha puesto a su hijo el nombre de Ham porque vive en una especie
de arca como Noé y su hijo?
Verá, no sé exactamente el motivo.
Fue su padre el que le puso ese nombre.
¿Creía que usted era su padre?
Mi hermano Joe era su padre.
¿Ha muerto su hermano, señor Pegoti?
Ahogado.
Pero Emily sí es su hija, ¿verdad?
Mi cuñado Tom era el padre de Emily.
¿Murió, señor Pegoti?
Ahogado.
¿Usted no ha tenido hijos?
Él no, Davey. No está casado. ¿No?
¿La señora Gamitz no es su esposa?
La señora Gamitz perdió a su esposo. Murió hace unos años.
¿Ahogado, señor Pegoti?
Se pone triste al recordarlo.
Y lo recuerda.
A menudo.
Soy un ser desgraciado y solo dam.
Debería irme al asilo o morir.
No soy más que una carga. Vamos, mujer. Alegra ese ánimo.
Mis desgracias no me dejan, Dan.
Ojalá fuera fuerte, pero no lo soy.
Soy una molestia para todos.
Seguro que no lo es usted.
Lo soy, claro que lo soy.
Se acuerda de él. No te preocupes por la señora Gavich, David.
No hay otra persona que disfrute tanto de ser desgraciada.
Mi padre también está muerto.
Lo sé.
¿Te importa?
No le conocí.
El señor Pegotí es un hombre muy bueno.
Es más que bueno. Si yo fuera una dama, le regalaría un chaleco con botones de
diamante, un gran reloj de oro y una bolsa de dinero.
cuando sopla el viento. No puedo dormir.
Me parece oír a Antíoda en el mar pidiendo auxilio. Por eso quiero ser
una dama. Para darles cobijo en tierra cuando haya tormenta. El eco de sus
palabras resonó en mi interior durante años.
Y aún me rondan como un fantasma.
Los días pasaron volando.
Parecía que el tiempo no los había hecho crecer, que también eran niños y estaban
siempre jugando.
Estaba encantado con mis nuevos amigos.
Dan Pegotti me trataba como a uno más de la familia y enseguida quedé prendado de
la bondad de su corazón.
Ham era el hermano mayor, mejor y más valiente que se pueda imaginar. Y por
supuesto de manera infantil.
Estaba completamente enamorado de Emily.
Cuando llegó el día de partir de Yarmouth, me di cuenta de que durante
dos semanas apenas había pensado en mi hogar.
Seamos siempre amigos, Emily.
Me gustaría, pero tú vas a ser un caballero.
Vamos, Davey. El señor Barkis espera.
Te escribiré siempre que pueda.
Ningún novio, ¿eh?
Cuando llegue a casa, dígale que Barquis está dispuesto.
Pronto despertará, señor Barquis.
Dígaselo usted.
Barquis está dispuesto.
Ese es el mensaje.
Barquis está dispuesto.
Espera un momento, David. ¿Qué pasa, Pegoti?
De... debí haberte lo dicho antes. ¡Mamá! ¿Dónde está?
¿Está muerta? Yo... ¡Ha muerto Pegoti!
¡No! ¡Davey!
¡Davey!
Tengo una sorpresa para ti. ¿Lo adivinas?
Tienes un nuevo padre.
Hola, David.
¿Cómo estás?
Es culpa tuya, Pegody.
Has predispuesto a mi hijo en mi contra. ¿Qué te propones? Que el Señor la
perdone por lo que acaba de decir señora Copperfield. David, niño malo, deja de
angustiarme. Ven con mamá. Clara, amor, lo has olvidado.
Firmeza, cariño.
¿Cómo ha llamado a su señora?
¿Señora Copperfield?
Como siempre, señor.
Su apellido ha cambiado.
Murston. Diríjase así a ella en el futuro.
Retírese.
Ve abajo, amor.
David y yo bajaremos en unos instantes.
David, si tengo que adiestrar a un perro o a un caballo terco, ¿qué
crees que hago?
Le golpeo hasta que el dolor le
enseñe.
Me digo, voy a doblegarlo.
Aunque tenga que arrancarle hasta el último aliento de vida, le tomaré.
¿Te ha quedado claro?
Bien.
Lávate la cara.
Y baja sin entretenerte.
La señorita Jane Murston, señor.
Querida Jane.
¿Edward?
Bien.
¿Cómo estás, cuñada?
Muy bien, gracias.
¿Es tu hijo?
Sí.
Por regla general, no me gustan los niños.
Clara, querida, eres demasiado hermosa e inesperta para ocuparte de tareas
pesadas que yo puedo asumir.
Si eres tan amable de entregarme las llaves, yo me ocuparé desde ahora del
gobierno de la casa.
¿Podría hacer unas copias, señora? Nadie necesita copias. Deme las llaves.
Querido, al regresar a mediodía he visto que han cambiado los muebles del salón.
Mi hermana consideró que había demasiado desorden y hacinamiento.
Estuve de acuerdo.
Quizá fuera así, pero creo que se me debió consultar antes de hacer cambios.
Resulta duro que en mi casa... ¿En tu casa, claro?
En nuestra casa, quería decir.
Es muy duro que en nuestra casa no se me conceda voz en los asuntos domésticos.
Me organizaba muy bien cuando nadie intervenía en ellos.
Edward, mañana me voy. Jane Murston, cállate.
No quiero que se vaya nadie.
Estoy muy agradecida a todos los que me han ayudado, pero creo que se me debe
consultar. Tengamos fin a esto.
¿Quieres callarte?
Clara, cuando nos casamos, consideré que sería un placer infundir en tu carácter
la firmeza que necesita.
Mi hermana Gin me ayuda en ese empeño y como pago a su amabilidad recibe
ingratitud. Por favor, no me acuses de eso.
Tengo muchos defectos, pero jamás me han acusado de ingratitud.
Te prevengo, Clara.
Tu fea actitud enfría y altera mis sentimientos por ti.
No seas frío conmigo.
No soporto la frialdad.
Tengo muchos defectos, lo sé. Eres muy amable al intentar corregirlos con tu
fortaleza de carácter.
Jane, no volveré a poner objeciones.
No se hable más del asunto.
David.
Ve a acostarte.
Observo que te atrae la compañía de la gente baja y vulgar, David. No debes
mezclarte con los sirvientes.
La señora Pegotino te ayudará en los muchos aspectos en que debes mejorar.
¿Sabes la elección, David? Creo que sí, mamá.
Temo a los griegos incluso cuando traen regalos.
Timeo, Danaos.
Bien. Timeo Danaos. Timeo Danaos se dona ferentes como todo el mundo sabe. Oh,
Davy. No digas oh Davy, se firme con el chico. Se sabe o no se sabe la lección.
No se la sabe. Dale el libro y que se vaya hasta que la aprenda.
Querida Clara, ¿no me ha perjudicado que me azotaran?
Por supuesto.
Claro que no.
Bien, David.
Pon más atención hoy.
Imagina que entro en un almacén de quesos y compro 5.000 unidades de queso
de Gloucester a cuatro peniques y medio la unidad.
¿Cuánto he gastado?
Contesta. ¿Sabes aritmética, no?
Sí, señor.
¿Ves cómo sufre tu madre por tu pereza?
No. No, simplemente que no me encuentro muy bien, querido Edward.
Vamos, David.
Contesta ya.
¿Cuánto he gastado?
¡No seguirás desafiándome! ¡Yo te enseñaré! ¡Clara!
Por favor, no me pegue, señor Bustos. He intentado aprender.
Por favor, no me pegue, señor Bustos. ¡Cállate!
¡Silencio!
Por favor, señorita Muston, ¿cuánto me van a tener encerrado?
Me dejaron solo durante siete días con sus noches.
Creo que me hubiera vuelto loco de no ser por la pequeña colección de libros
que mi padre me había dejado.
En sus páginas, al menos, me sentía libre de la prisión.
Y en mi soledad llegué a amar a aquellos personajes como amaba a mis seres más
próximos y queridos.
Sé silencioso como un ratón o nos oirán los gatos.
¿Qué será de mí, Pegoti?
Irás a un colegio cerca de Londres. ¿Cuándo?
Mañana.
Escucha, querido niño.
No te desanimes.
Y nunca olvides cuánto te quiere Pegoti.
¿Está mamá muy enfadada conmigo?
No mucho.
¿Cuándo la veré?
Mañana.
Cuidaré de tu mamá, querido David, te lo prometo.
Jamás me iré de su lado.
Mientras Clara Pegoti siga respirando, tú y tu mamá tendréis siempre una
amiga en este mundo. No llores, Pegoti.
No estoy llorando.
Tu mamá me ha dado esto para ti.
Adiós, mi querido niño.
Por favor, señora, me aplasta.
¡Tonterías! Si no te movieras tanto, habría sitio de sobra.
¿Vamos, señora?
Disculpe, señor.
¿Dónde están los otros chicos?
Durante un mes no habrá más chicos.
A ti te han mandado antes como castigo.
¿Este es el caballero al que hay que limar los dientes?
¡Este es el muchacho!
Tengo el placer de conocer al señor Murston.
Él me conoce a mí y yo a él.
¿Me conoces a mí?
Aún no, señor.
Aún no, pero pronto lo harás.
¡Pronto lo harás! Te diré lo que soy.
Soy un tártaro.
¿Qué soy?
Un tártaro, señor. Si digo que voy a hacer algo, lo hago. Y si digo que se
haga algo, hago que se haga.
¡Hace que se haga!
¿Qué te parece esto, joven mordedor?
Hay un perro, señor.
¿Un perro? ¡No es un perro!
¡Es un muchacho!
¡Un muchacho! Lleva el cartel siempre visible o te machaco.
No me gustan los chicos que morden.
Has empezado a conocerme, joven amigo.
Puedes irte.
¿A qué se debe esto?
Mordí a mi padrastro, señor.
Esto es una infamia.
Muchachos, es un nuevo curso.
Nuevo curso.
Aplicaos en los estudios, porque os advierto que yo me aplicaré los
castigos.
El chico prefiere morder a estudiar. ¿Qué voy a hacer con él?
No hay respuesta. Os lo mostraré.
Enséñame las manos. ¡Enseña las manos!
Te gusta morder, ¿verdad?
¿Qué te parece este diente?
¿Es un diente afilado?
Se clava mucho.
¿Crees que corta?
Escuece un poco, ¿verdad?
Un poco.
Sobrevivirás. ¿Usted cree, señor?
Claro, Daisy.
Estás como una rosa.
Me llamo Stiford, por cierto. No me llames señor.
¿Tienes dinero, Daisy?
Unos siete chelines, señor. Esto es Stiford.
Deberías dármelo para que te lo cuide.
Si te parece bien, claro.
¿Quieres gastar algo ahora?
No, gracias.
¿Qué tal una fiesta?
Una botella de vino, pasteles... ¿Si crees que una fiesta es lo mejor,
Steerford? Me parecía que jamás había conocido a alguien tan noble y generoso
como Steerford.
El afecto que mostró hacia mí en aquellos días me unió a él para siempre.
A tu salud, Copperfield.
¡Salud, Copperfield! ¡Claro que sí, hombre!
Futuro imperativo. Futuro imperativo. Que no estén ellos dispuestos.
Visita para Copperfield.
¡Señor Pegoty!
¡David!
Su Pegoty supo que pasábamos por Gravesend e insistió en que vinieramos a
ver al señorito David.
Y le dijéramos que su mamá le manda su amor más profundo.
Fueron las palabras exactas. Amor más profundo. ¿Está bien mamá, señor Pegoty?
Muy bien, según creo.
Si todavía está enfadada, dígale que siento haberle hecho daño. Su mamá no
está enfadada. Y no hay nada que perdonar.
¡Steerforth! ¡El señor Pegoty! ¡Jamán venido desde Yarmouth!
Encantado de verles. ¿Cómo está?
Tiene que contar en casa que Stifor es muy amable conmigo. Así se lo diré. Se
alegrará mucho de oírlo.
Adiós.
Del resto de aquel largo y tedioso semestre, conservo solo un recuerdo
confuso de las penas y padecimientos de nuestra vida diaria.
Tenía innumerables pesadillas en las cuales los Murston me dejaban en el
colegio durante las vacaciones.
Pero al final supe que habían decidido no hacerlo.
Había llegado por fin la hora de volver a casa.
¡Todo muchacho!
Que siga aquí dentro de un minuto será azotado.
¡Azotado!
Di
su
mensaje a Pégote, señor Bartos.
No ha dicho nada.
No contestó.
¿Esperaba una respuesta?
Cuando un hombre dice que está dispuesto, es tanto como decir que
espera una respuesta.
¿Se lo ha dicho, señor Barquis?
¿Quiere que lo haga yo?
¿Cómo se llama?
¿Cuál es su nombre de pila?
Clara. Su nombre de pila es Clara.
Dígale a Clara, Pegoti.
Que Barquis espera su contestación.
Hijo del alma.
Es tu hermano.
A Betsy Trodwood no le gustaría encontrarse con otro varón.
¿Qué ha puesto esa extraña mujer en tu cabeza?
Parece que deseas que vuelva a visitarnos.
No lo quiera Dios.
Pegoti, Barkis me ha pedido que te diga que está esperando una respuesta tuya.
¿Qué pasa?
¡Demonio de hombre!
¿Quiere casarse conmigo?
¿Sería una buena pareja para ti? No lo sé. No me pregunte a mí.
Jamás he pensado en él más de un segundo.
Cógelo.
Quédate conmigo, Pegoti.
Quizá no sea por mucho tiempo.
Yo... ¡Dejarla!
¡Por nada del mundo!
Aunque sé de alguien que se alegraría mucho si lo hiciera. ¡Qué cruel eres!
No seas tan dura con la señorita Muston. Lo hace todo con la mejor intención.
No te separes de mí.
No lo soportaría.
Eres la única amiga que tengo en este mundo.
¡Oh, santo cielo! ¡Lo ha cogido!
¡Ha cogido al bebé!
David, vamos.
Le ruego me perdone, señor.
Estoy arrepentido de lo que hice y espero que me perdone.
Te perdono, David.
Si el que está por encima de nosotros te perdona, eso no lo sé.
Las vacaciones acabaron por pasar. Me sentí como un objeto molesto.
Enderezate. Todos me ignoraban, pero parecía estar siempre en su camino.
Los codos.
¡Qué modales tiene este chico!
¡David!
¡David, espera!
¡David!
Deja que te vea una vez más.
Ya puede ser.
Volveremos a vernos dentro de poco.
¡Pare!
Así la perdí.
Así he vuelto a verla después en mis sueños.
Una presencia silenciosa cerca de mi cama.
mirándome con la misma expresión abstraída en su rostro y alzando al bebé
en los brazos.
Copperfield, tengo algo que decirte.
Eres demasiado joven para saber que el mundo cambia a
diario y que los que nos rodean lo abandonan.
Hemos de aprenderlo un día.
Cuando saliste de casa, ¿estaban todos bien?
¿Estaba bien tu madre?
¿Estaba bien?
Sí, señor.
Suena mucho decirte que esta mañana me han dicho que tu madre estaba muy
enferma.
Está gravemente enferma.
De hecho, ha muerto.
Hacía ya tiempo.
que no estaba bien.
Se apagaba un poco más cada día, hasta que supo que ella y el niño iban a
morir.
La última noche me besó y dijo, coloca al
bebé en mis brazos y que nos entierren juntos.
Estaba amaneciendo.
Me miró y dijo, Peggy, acércate
a mí, tu cara parece estar tan lejos.
Coloqué el brazo bajo su cabeza y se la alcé.
Me sonrió y cerró los ojos.
Para no despertar.
Deben hacerte ropa de luto.
Sí, señora.
¿Has traído tus camisas? Sí, señora. He traído toda mi ropa.
Sus servicios ya no son necesarios, señora Pegody.
Tiene un mes para irse.
No arrastres los pies, Davey. Y ven conmigo.
Solo la familia.
Deberías haber muerto tú y no ellos.
¿Por qué no te ha llevado en su lugar?
Tras la inminente partida de Pegoti, no quedaría en la casa nadie que me
quisiera. Pero para evitarle más sufrimiento, hice todo lo posible por
ocultar mi sensación de miedo y soledad.
¿Qué te parecería si decidiera casarme?
¿Con el señor Barquis, Pegoti?
Sí. Me parece muy buena idea.
Así tendrás siempre carro y caballo para venir a verme sin que te cueste dinero.
La lógica del cariño. ¿Qué nombre escribí en el carro?
Clara Pegoti. ¿Y qué nombre pondré cuando lo haga otra vez?
¿Otra vez Clara Pegoti? Clara Pegoti Barquis.
David, en este mundo hay que trabajar, no llorar y holgazanear. Como tú haces.
Jane Murston, deja que yo me ocupe de esto.
He dicho, David, que en este mundo hay que trabajar y más que nadie los
muchachos de tu carácter que tienen mucho que corregir.
La terquedad no es buena. Hay que aplastar la terquedad.
Aplastaremos la que hay en ti. Estudiar resulta caro y aunque no lo fuera y
pudiera costear, lo opino.
Que no sería favorable para ti continuar en la escuela.
Algún día tendrás que enfrentarte al mundo cuanto antes empieces mejor.
Vas a ir a Londres, David.
Para empezar a vivir por tu cuenta.
Recibirás seis chelines a la semana.
Siete si demuestras que vas.
Nick te dirá lo que has de hacer.
Oh, eres un caballerete.
Aquí no te desaires o acabarás encerrado en el sótano con las ratas.
¿Quién te ha dicho que uses un color tan oscuro?
Es que hay que explicártelo todo diez veces.
Esas piezas tienen que estar listas para hoy a la tarde. Si no las acabas, te
quedarás sin comer.
Hago lo que pueda, señores míos.
Tienes que ir más rápido, caballelete.
Cuando termines aquí, voy a echar una manada.
¡No os durmáis!
¡Coperfield!
¿Tengo el honor de hablar con quien lleva el apellido Copperfield?
Sí, señor.
Wilkins McCobber.
Para servirle.
Confío en que esté bien.
Su estimado padrastro, hombre de negocios como yo, me ha otorgado el
honor de proporcionarle alojamiento adecuado en la ciudad.
¿Quiere decir que viviré con usted?
Resumiendo, sí.
presumiendo que su peregrinaje por esta metrópolis no ha sido aún muy extenso y
que puede tener dificultades en penetrar los misterios de la Babilonia moderna y
con lo intrincada de sus calles, pongo mi persona a su disposición.
Resumiendo, para que no se pierda, le acompañaré a casa.
¿Desea venir conmigo?
¡Pobre mi
pobre!
¡Paga lo que debes!
¡Seguiré viniendo hasta que me pagues!
¡Viejo estafador!
¡Volveré!
El joven Copperfield, cariño, compartirá con nosotros el hogar familiar.
Bienvenido, señor Copperfield.
Cuando vivía con los difuntos papá y mamá, jamás pensé que un día tendría que
tomar un huésped.
No se debe dar paso a los sentimientos nostálgicos en tiempos de penuria
económica.
Seguro que surgirá algo.
Mi pequeña princesa.
Las dificultades actuales del señor Macover son abrumadoras. No sé si
podrá superarlas.
Pero yo nunca le abandonaré.
¡Abre la puerta, Macover! ¡A Marta y deja que lo haga!
¡Ya no puedo soportarlo! ¡Mis acreedores no transigen!
¡Es inhumano!
Deja que haga este acto funesto.
Y olvidemos que el infeliz, al que llamaban Wilkins McCobber, ha vivido.
¡Se va a quitar la vida el padre de mis hijos!
No es más que un rasguño, señora McCobber.
¿Se ha ido?
¡No es muerto!
¡Amor mío!
¡Se ha ido!
Copperfield, me encuentro con la muerte. Me ha dado hambre.
Una bolsa de bollos irá bien.
Luego, nos acompañe en este modesto ágape.
¿Qué debo hacer con esto, señor McCobber?
Negociar, querido Copperfield.
Negociar.
Esto tiene mala salida.
Quiero cinco chelines por ahí. ¿Cinco chelines?
Robaría a mi familia si ofreciera dos.
Son de plata.
De la mejor.
Te doy 3,6.
No puedo bajar de cuatro chelines.
Negociemos.
¿Te gusta la pesca?
¿La música?
La seda Copperfield.
Acabaré en un hogar para indigentes.
Vale, cuatro chelines.
Ah, mi querido Copperfield, hasta que surja algo, lo cual debo confesar,
espero constantemente, no puedo ofrecerle otra cosa que consejos. Y mi
consejo es que no deje para mañana lo que pueda hacer hoy.
La postergación es la ladrona del tiempo.
¡Deténgala!
No negaré.
que en ocasiones Mikover ha hecho que mi vida resulte dura.
Pero no le abandonaré.
No, no se moleste en pedírmelo. No lo hago, señora Mikover.
Es el padre de mis hijos, el marido de mis amores y jamás, jamás abandonaré al
señor Mikover.
Emma, ángel mío, ¿qué te ocurre?
Nunca te abandonaré, Mikover. Oh, mi vida, lo sé perfectamente.
Cálmate, Emma, cálmate.
Voy a hacer un brindis por nuestro invitado.
Copperfield ha demostrado una habilidad innata para el comercio. Estoy
convencido de que, bajo mi tutela, por supuesto, muy pronto llegará lejos.
Por Copperfield, además de huésped, un amigo.
No hay palabras que expresen la agonía de mi alma durante aquellos largos y
tediosos días en el taller.
Los libros de mi padre me habían inspirado la ambición de, algún día, ser
yo el autor de las historias, pero en aquellos momentos sentía que todos mis
sueños habían muerto.
La amistad de mi cover era mi único alivio, pero hasta eso iba a perder a
causa de sus crecientes infortunios.
Algo surgirá.
Estoy completamente seguro.
¿A dónde lo llevan? A la prisión de King's Bench. Ahí estará hasta que pague
sus deudas.
¿Cómo va a pagar a los acreedores si está encerrado y no puede ganar dinero?
El sol se está poniendo. No viviré para ver otro amanecer.
¡Recuérdame con cariño!
¡Jamás te abandonaré, Micober!
¡No podrán con nosotros!
¡No se preocupe! ¡Cuidaré de ellos!
¡Que Dios le bendiga, Copperfield!
¡Trapero!
Decidí visitar al señor Micober tan pronto como pudiera.
Mi corazón se aceleraba a medida que me acercaba por primera vez a la puerta de
la tristemente famosa King's Bench.
Supongo que esperaba encontrar al señor McCover cargado de cadenas en una oscura
mazmorra. La situación real de un preso por deudas era bastante diferente a lo
que imaginaba, aunque no dejaba de ser terrible.
Que el destino de este mísero desgraciado que tiene delante le sirva
de aviso, Copperfield.
Ingresos anuales, 20 libras. Gastos anuales, 19,19,6.
Resultado, felicidad.
Ingresos anuales, 20 libras.
Gastos anuales, 20 libras, 6 peniques.
Resultado, miseria. El capullo no florece.
La hoja se seca.
Quedas resumiendo aplastado.
Paso, abra paso.
Deja de pasar, deja de pasar.
Pasaban los meses y el señor McCover no recobraba la libertad.
Acudía a diario a la prisión y hacía lo que podía por él y su familia.
Aunque apenas tenía suficiente para sustentarme a mí mismo.
Supuse que tendría hambre.
¿No tiene familiares próximos, Copperfield?
Aparte del señor Murston.
El señor Murston me odia.
No tengo a nadie más.
Bueno, tengo una tía abuela en Dover, pero no me ha visto desde que era bebé.
Creo que no quiere saber nada de mí.
Mi consejo es que la busque.
Quizá le llene de alegría reencontrar a un pariente.
¡Wilkins!
¡Wilkins!
¡Nuestra deuda está saldada! ¡Vuelves a ser un hombre libre!
Lo sabía. El Lord Canciller por fin ha reconocido la gravísima injusticia. Le
escribí personalmente, Copperfield. Mi familia ha reconocido sus obligaciones.
No sin retraso, debo añadir. En su opinión, el señor McCobber debe dejar
Londres y desplegar su talento en nuestra ciudad natal, Plymouth. Lo
entiendo. Quieren que esté a su lado por si surge algo.
Siempre que recuerde nuestra época de dificultades, pensaré en usted.
Que Dios le bendiga.
Nunca le olvidaré.
Adiós, joven amigo.
Adiós.
Recuerde Copperfield.
Ingresos anuales, 20 libras. Gastos anuales, 20 libras, 6 periques.
Resultado, miseria.
Tras la partida de mis amigos, comprendí que mi futuro estaba solo en mis manos.
Y dentro de mí comenzó a crecer una gran determinación.
Había decidido huir.
Iría al campo e intentaría encontrar al único pariente que tenía en el mundo, mi
tía Betsy Trotwood.
Quince chelines.
Necesito un soberano para la diligencia Dover.
Añadiré estos valiosos objetos como muestra de mi buen corazón.
Esto debe valer al menos diez chelines.
Cinco. Hecho.
¡Manzanas!
¡Ricas manzanas!
¡Aberturas frescas!
Perdone, señor.
¿Llevaría esto hasta la diligencia por seis penicas?
¡Devuélvame el dinero!
¡Lárgate, muchacho! ¡Por Dios, qué tarrajo el cuerpo en vos!
¡Alto, ladrón! ¡Eh, apártense!
¡Alto! ¡Apártense!
¡Alto! ¡Apártense!
¡Alto!
Sin
posesión
alguna ya en el mundo, Sabía que no tenía más opción que realizar a pie mi
viaje a Dover.
Disculpe, señor.
¿Sabe dónde vive Betsy Trotwood?
¡Fuera, fuera!
¡No quiero niños aquí!
¡Márchate!
Por favor, señora.
Por favor, tía. Soy su sobrino, David Copperfield.
Señor. He sido muy desgraciado desde que murió mamá. Mi padrastro me odia. Me
obliga a trabajar en un lugar horrible. Dios mío.
¡Janet!
¡Janet! Dios santo.
Ya voy, señor. Por todos los santos del cielo.
Señor Dick, ¿le he hablado de David Copperfield? ¿David Copperfield? ¿David
Copperfield? ¡Oh, sí!
¡David! Bien, este es su muchacho.
Su hijo.
Sería todo lo parecido que se puede ser a su padre, si no se pareciera tanto a
su madre.
Se ha escapado. ¿Escapado? Su hermana Betsy Trotwood jamás se hubiera
escapado. No tengo hermanas.
¿Crees que no lo sé?
Ocupaste su lugar. De haber nacido ella no hubiera pasado esto.
¿Cree que no?
Por supuesto que no.
Hubiera vivido con su tía abuela y nos habríamos querido mucho.
Señor Dick, no se quede pensando en las musarañas.
Nadie es tan sabio como usted cuando se decide hacerlo.
Tenemos aquí al joven David Copperfield. Y la pregunta que le planteo es, ¿qué
debo hacer con él?
Responda, necesito su sabio consejo. ¿Qué hacer con él? ¿Qué debe hacer con
él?
Esto debe...
Si yo fuera usted, yo... Si fuera usted, le daría un baño.
Señor Dick siempre tiene la respuesta.
Calentaría. Agua, señor.
¡Janet! ¡Janet! ¡Burros!
¡Burros! ¡Burros!
¡Fuera! ¡Márchense!
¡Largo de aquí! ¡Estoy en una propiedad! ¡Largo de aquí! ¡Fuera! ¡Fuera de aquí!
¡Fuera inmediatamente de este plato!
¡Largo de aquí!
¡Largo dicho!
¡No quiero volver a verles por mi propiedad!
No pienso permitir que los burros pisen mi prado.
¿Y esto, señora?
¡Oh, qué malo!
Lo que empujó a tu pobre y desgraciada madre a volver a casarse es algo que se
escapa a mi comprensión. Quizás se enamoró. ¿Y cómo se le ocurrió hacer
algo así?
Recuerde qué acarreó a Betsy Trotwood el enamorarse. ¿Está casada, tía?
Estaba.
Mi esposo me trataba con desdén, ingratitud y crueldad.
Parece que así actúan todos los hombres.
El mío casi me arruina y cerró mi corazón para siempre.
Murió en la India, aplastado por un elefante.
Señor Dick, por favor, busque algo.
Enseguida.
Lávate la cara.
¿Dónde has estado, muchacho?
Ahora,
debemos pensar qué vamos a hacer contigo, David Copperfield.
Tendré que escribir a tu padrastro.
¿Me va a entregar a él, tía? No sé lo que voy a hacer.
Quizás.
Ya veremos.
Has cometido una grave imprudencia.
Escaparse no es algo que se pueda pasar por alto.
¿Qué te ha empujado a venir?
Ah, muchacho, cómo marcha el mundo.
Ven, siéntate.
¿Has dormido bien, tranquilo?
No comentes esto con nadie, pero la gente está loca.
Loca de remate.
¿Qué escribe señor Dick?
La historia de mi vida.
Mis memorias.
Tengo casi concluido el primer capítulo, pero el problema es que el rey Carlos I
no deja de inmiscuirse en el relato.
¿Recuerdas la fecha en la que le decapitaron?
Creo que es 1649.
Eso dicen los libros, pero es imposible de haber sido hace tanto tiempo.
¿Cómo pudo la gente que estaba junto a él cometer el error de extraer parte de
la confusión de su cabeza después de cortarla e introducirla en la mía?
¿Lleva mucho el señor Dick escribiendo sus memorias?
Unos diez años o más.
Pero lo hace solo por pasar el rato.
Dime, ¿qué opinas de él?
¿Habla? Tu hermana Betsy Trotwood no hubiera dudado.
Intenta ser como ella, contesta.
Está... Está loco el señor Dick.
Ni lo más mínimo.
El señor Tick no tiene nada de loco.
Su familia dijo que estaba loco y le habrían encerrado en un manicomio si yo
no intervengo.
El señor Tick es la criatura más cariñosa y dócil que existe.
Y como consejero, su dictamen es más preciso que el bisturí de un cirujano.
¡Desafía el vuelo de las águilas! ¡Arriba, arriba hasta el cielo!
¡Haz que deje tras las nubes y llegue a las estrellas!
¡Eso es!
¡Arriba, arriba!
El señor Murston no tardó en responder a la carta de mi tía, comunicándole que
vendría al día siguiente para hablar con ella en persona.
¡Janet, burros!
¡Burros!
¡No se acerquen aquí!
¿Cómo se atreven a invadirme?
¡Soquen de aquí a esas bestias!
Tía, es la señorita Murston. Me da igual quién sea. No permitiré que invada mi
prado.
¡Aléjalo de aquí, Janet!
¡Aleja a esa bestia!
¡Aléjalo, Janet!
No permito a nadie cabalgar sobre este prado.
Y no hago excepción alguna.
Una norma poco generosa con los forasteros.
Este muchacho, debería saberlo, señorita Trotwood, tiene un carácter rebelde y
huraño, un temperamento violento y una obstinación incorregible. De todos los
muchachos del mundo, él es sin duda el peor.
Eso es muy duro, señorita Muston. Pero no lo bastante duro para la situación.
¿De verdad?
Caballero.
Coloqué al muchacho en un negocio respetable. Se fugó de allí.
Los hechos, en mi opinión, hablan por sí mismos.
Acerca de ese negocio respetable, un mugriento taller, según creo.
Si hubiera sido hijo de usted, habría actuado igual, imagino.
Tengo ideas precisas sobre cómo se debe educar a este muchacho y las pongo en
práctica.
No me extenderé más.
Entiendo.
¿Algo más que decir?
Simplemente esto.
He venido a llevarme a mi hijastro.
Le trataré según mi criterio y hará lo que yo le ordene.
Si intenta poner impedimentos, si se interpone entre nosotros ahora, tendrá
que ser para siempre.
¿Qué opina el muchacho?
¿Quieres irte con él, David?
No deje que me lleve, tía. Hizo muy infeliz a mamá y nunca me ha querido.
Quiero quedarme con usted y el señor Dick.
Señor Dick.
¿Qué debo hacer con el niño?
Tomarle medidas para hacerle un traje de inmediato.
Señor Dick, deme la mano.
Sus consejos son de un valor incalculable.
Me arriesgaré con el chico.
Si es como usted ha dicho, puedo hacer por él al menos tanto como usted.
Pero no creo una sola palabra de lo que ha dicho. Señorita Trotwood, si fuera
usted hombre... ¡Va!
¡Tontería sin sentido!
¡Cállese! ¡Qué educación tan exquisita! ¡Resulta apabullante! ¿Cree que no sé la
vida que le dio a la madre de este niño?
Fue un día ciego aquel en el que apareció sonriendo, entornando los ojos
como si fuera incapaz de matar a una mosca.
Nunca he oído nada tan elegante. Cuando estuvo seguro de haberla atrapado,
comenzó a diestrarla y doblegarla.
Como un pájaro enjaulado, despojándola de su vida y enseñándole a cantar sus
notas. Usted está loca o embriagada.
Rompió su corazón y castigó al muchacho por lo que fue culpa de usted.
Esa es la verdad de los hechos. Usted y su instrumento son responsables de
ellos. ¿Puedo preguntar a quién denomina instrumento? Buenos días y buen viaje.
Buen viaje, señora.
Si vuelve a pisar mi prado montada en un burro, le quito el sombrero de un golpe.
Y además lo pisoteo.
Señor Dick, quiero que comparta conmigo la tutela de este muchacho.
Será un placer.
Creo que deberías tomar el apellido Trotwood.
Ah, Trotwood Copperfield, ¿eh?
Trotwood Copperfield. Trotwood Copperfield.
¿Por qué no? Trotwood Copperfield.
¡Hurra!
¡Trot! ¡Qué buenas del cielo!
¡Mira cómo vuela! ¡Hasta el cielo más alto!
¡Mira!
Mi tía propuso que debía continuar con mis estudios, y yo accedí con alegría.
¿Serás el chico más listo del colegio? Seguro que sí, señor Dick.
Mi nuevo colegio estaba en Canterbury, y era como mi tía había prometido, un
lugar mucho más afable y académico que la escuela del señor Cricket.
Iba a alojarme en casa del abogado y administrador de mi tía, su viejo y fiel
amigo, el señor Wickfield.
¿Está el señor Wickfield en casa, Uriah Heep?
La estoy esperando, señorita Troutwood.
Pase usted, por favor.
Le estoy enormemente agradecida, Wickfield.
Mi sobrino se sentirá muy a gusto aquí.
Bueno, Trot.
Quiero llegar a casa antes de que anochezca.
Nunca seas mezquino con los demás.
Nunca seas infiel.
Nunca seas cruel.
Evita esos tres vicios.
Y siempre estaré orgullosa de ti.
Se me ha metido algo en el ojo. No pasa nada.
Ven a conocer a mi amita de casa. Acompáñame.
Trotwood.
Te presento a Agnes, mi hija.
Cuida de mí como nadie podría hacerlo.
Te mostrará tu habitación.
Como ves, llevamos una vida muy tranquila, Trotwood.
Tranquila y aburrida, me temo. No me parece aburrida, señor.
¿Y Agnes?
¿Te resulta aburrida, Agnes?
Claro que no, papá.
Debo mantenerla fuera de todo peligro.
Perdí a su madre demasiado joven.
Estás cansado, papá. Sí.
¿Sí?
Me voy a la cama.
Nos harás compañía los dos, Troutwood.
Me alegro de tenerte aquí.
Apaga las velas, Agnes.
Espero que todo esté a su gusto, señorito Copperfield. Sí, gracias, señor
Heap. Me sentiría muy honrado si me llamara Yuraya.
Supongo que es un gran abogado.
Yo, señorito Copperfield, lo no.
Soy un humilde empleado.
Y no puedo olvidar que siempre he sido humilde.
Mi madre es igualmente una persona muy humilde.
Como humilde era el oficio de mi padre.
Era sepulturero.
¿Qué hace ahora?
Participa de la gloria del Señor.
Es bien cierto.
Que debo estar muy agradecido al señor Wickfield por ofrecerme amablemente
artículos que estarían, si no, fuera del alcance de los humildes medios míos y de
mi madre. Quizá algún día sea socio del bufete del señor Wickfield, Yuraya.
No, señorita Copperfield.
La ambición no es para mí.
La gente, como yo, no debe tener aspiraciones.
Si quiere triunfar en la vida, ha de ser con humildad.
Es tarde, mi madre se preocupará.
Porque aunque seamos muy humildes, nos tenemos mucho cariño.
Imagino que se quedará algún tiempo, señorito Copperfield. Me quedaré
mientras asista al colegio.
Entonces algún día se unirá al bufete.
Lo que me gustaría hacer es escribir historias.
Una loable ambición.
Que pase una noche, señorito Copperfield.
Mi nuevo colegio era un lugar excelente, tan distinto de la escuela de Crickle.
como la noche del día.
Pronto empecé a sentirme como si la vida en el viejo taller hubiera sido un
sueño, como si nunca hubiera ocurrido.
El tiempo iba pasando de forma casi inadvertida.
Los años avanzaban en silencio y yo pasé de la niñez a la juventud.
El niño que había sido parecía no formar ya parte de mí. Lo recordaba como algo
que había dejado atrás en el camino de la vida.
He de hacer la maleta.
Me voy al amanecer.
Trotwood, ya te he hecho la maleta.
Gracias.
Señor Wickfield, hay un asunto que requiere su atención.
Ah,
Yuraya. Sí, por supuesto.
No te preocupes.
Yo le cuidaré.
Como siempre has hecho, querida Agnes.
eres para mí como una hermana.
Los días de colegio tocaron a su fin. Había llegado el momento de encontrar mi
lugar en el mundo.
Un sentimiento de desasosiego me invadió mientras me alejaba del hogar de mi
infancia.
No había renunciado al sueño de ser escritor, pero no podía pedir a mi tía
que me mantuviera mientras lograba mi ambición.
Así que cuando me preguntó si me gustaría entrar como aprendiz de oficial
en una procuraduría, No dudé en decir que sí.
¿Le pasa algo, tía?
Me acaba de dar un escalofrío, Trot.
Hay un burro pisoteando mi prado. Lo sé, lo sé.
No debí haber dejado solo al señor Teague.
Él no tiene temperamento para alejar a los burros.
¿La prima son mil libras?
Me gustaría que fuera menor.
No soy un hombre materialista, pero tengo socios que tienen su propia
opinión al respecto.
Debo aceptar su decisión. Son inflexibles en el tema. No puedo
permitir que se gaste tanto.
Trot, eres mi hijo adoptivo.
Mi mayor deseo es darte lo que necesites.
Bien.
Decidido mi futuro, solo faltaba encontrar un lugar donde vivir.
Suerte que me avisó esta mañana, señora Tradwood.
Es Trotwood.
Estas habitaciones me las quitan de las manos.
El último inquilino estaba encantado con ellas.
De haber podido evitarlo, no se habría ido.
Una escalera bastante empinada, señora Crabb.
Es posible, señora Crudwood.
Pero tiene la ventaja.
De que el aire es más puro a esta altura de la casa.
Está cerca de la salida de incendios. Es bueno.
No encontrará mejor alojamiento para un joven caballero.
Menta concentrada. Ya sabe, para los ahogos. La mesa está descolorida. ¿Es
del anterior inquilino? Sí, señora.
¿Por qué se fue si le gustaba tanto el sitio?
Se puso enfermo y... Sí.
Bueno, murió.
Dios santo. ¿De qué murió?
De la bebida y el humo. ¿Humo?
¿No sería de chimenea?
No, señora.
Cigarros y pipas.
Eso no es contagioso.
Cuidaré del joven señor Cooperfull como si se tratara de mi propio hijo.
Muy bien, señora Crabb.
Nos lo quedamos.
Tu hermana Betsy Trotwood hubiera sido la chica más trabajadora y honrada de
este país.
¿Serás digno de ella, Trot? Si soy digno de tu cariño, para mí es suficiente.
Era agradable pasear por la ciudad con las llaves de mi casa en el bolsillo.
Poder entrar y salir sin dar razón a nadie. Sin embargo, sentía que una parte
de mí se había quedado en Canterbury.
Echaba de menos a Agnes.
La ausencia de su sonrisa dejaba un hueco que no conseguía llenar.
De pronto un día alcé la vista.
Ah, señor Copperfield.
Le presento a mi hija Dora y a su encantadora amiga la señorita Miles.
Acaban de regresar de París. Señorita Spenlow.
¿Ha estado usted en París, señor Copperfield?
¿En París?
En Francia.
No, nunca.
Espero que vaya pronto.
Le gustará mucho.
Mi hija organiza una fiesta el próximo sábado para celebrar su cumpleaños.
Señor Copperfield, ¿te gustaría unirse a nosotros?
Sería un placer.
Excelente.
Sucedió en cuestión de segundos.
Había alcanzado mi destino. Era su cautivo y su esclavo.
Amaba a Dora Spenlow.
toda mi alma.
Mi nueva vida había comenzado.
Era un hombre joven, independiente, que se abría paso en la vida.
Pero, ¿qué valor podía tener todo aquello sin Dora?
Estaba decidido a ganar su corazón.
Sabía que mi felicidad dependía de ello.
Señorita Espendú, en su honor.
¡Qué bonito!
Son unas flores preciosas, señor Copperfield.
Me parecían hermosas hasta que la vi a usted.
Venga, acompáñeme.
A pesar de haber intercambiado pocas palabras, tenía la esperanza de que
habíamos llegado a un entendimiento mutuo.
Durante los días siguientes, ante la visible preocupación de la señora Crapp,
Solamente me alimenté de dora y de café.
Aliméntese, señor Cooperfull, cuando se trata de una joven dama.
Alimentarse es sano.
Distrae la mente, eso le hará bien.
Satisfacía mi apetito escribiéndole numerosas cartas, esperando que ella
percibiera la desesperada pasión que subyacía bajo su forma exterior.
Por fortuna para mi cordura, Conseguí por fin distraerme un poco gracias a la
invitación de acompañar a Agnes a una fiesta londinense.
¡Trumpwood!
Agnes, fue maravilloso recibir tu invitación.
Apenas te vemos últimamente. Querida hermana, tengo tanto que contarte.
¿Yuraya?
¿Cómo está?
Muy agradecido por su condescendencia hacia mi humilde persona, señorito
Cooperfield.
Haga caso omiso de mí.
Soy invisible.
Todo cambió desde que te marchaste.
Papá ha nombrado a Yuraya su socio.
No se puede confiar en él.
Yuraya se ha vuelto indispensable.
Me muero de ganas de decirle lo que pienso de él. Prométeme que no harás
nada que ofenda a Yuraya.
Te enamoraste al instante. Más que eso.
La adoro completamente sin reservas.
Pero, ¿qué me dices de ti?
¿Es que no tienes ningún admirador?
Por supuesto que no. No tengo tiempo para esas cosas. ¿Has visto la nueva
obra del Covent Garden, Stilford?
Jamás he visto nada más lamentable.
¿Stilford?
¿No me recuerdas?
David Copperfield.
¡Dios mío, el pequeño Copperfield!
Me alegro mucho de verte.
Apenas has cambiado, Daisy.
Esta es la señorita Wickfield, una vieja amiga.
Encantado.
Llevas del brazo a la chica más bonita de la fiesta, Daisy.
¿Por qué le llama Daisy, señor Stiford? Oh, era un apodo del colegio. No te
importa, ¿verdad, Daisy?
Claro que no.
Ahora vivo con mi madre.
Ven a visitarme. Quiero saber todo sobre ti, qué has estado haciendo.
En cierta manera, siento que me perteneces.
Vaya coincidencia.
¡Qué suerte!
A veces es más sensato olvidar el pasado.
No deberías ir a verlo.
¿Por qué no?
Es el mejor amigo que jamás he tenido.
¿Se marcha a casa, señorito Copperfield?
Pues sí, Yuraya.
¿Quiere usted acompañarme a tomar un café?
La verdad, señorito, es decir, señor Copperfield, no me estoy seguro de que
quiera recibir a una persona tan humilde en su casa.
Si no, no le habría invitado.
¿Recuerda que una vez me dijo que quizá algún día me convertiría en el socio del
señor Whitfield?
Ha resultado ser usted un profeta, señor Copperfield. No creo que me pareciera
tan probable.
No me extraña.
Pero las personas más humildes pueden ser instrumentos del bien.
El señor Wickfield es un hombre de gran valía, pero ha sido muy imprudente.
¿Ha sido imprudente? Si cualquier otra persona hubiese estado en mi lugar
durante los últimos años, el señor Wickfield estaría bajo su dominio.
Sin mí hubiera conocido la desgracia.
Y el señor Wickfield lo sabe.
¿No le parece que la señorita Agnes estaba muy bella esta noche?
Creo que su aspecto era el de siempre.
Superior al de cualquiera.
Gracias.
Muchas gracias por decirlo. ¿Por qué me lo agradece?
¿No se formará una mala opinión de mi persona si le hago una pequeña
confidencia, señor Copperfield?
Por supuesto que no.
La imagen de la señorita Agnes ha estado en mi corazón durante años.
Amo con total devoción el suelo que ella pisa.
¿Conoce ella sus sentimientos?
¿O no?
Claro que no.
Escuche, acabo de ascender de mi modesta posición social.
Confío plenamente en ser de utilidad para su padre.
Ella se siente tan unida a él que espero que por él sea amable
conmigo.
Si me hace el favor de mantener mi secreto y de no actuar en contra mía, lo
consideraré un gran favor.
¿No le gustaría darme un disgusto?
¿Quién sabe las consecuencias?
Oh, Dios mío, la una.
Ya habrán cerrado mi casa de huéspedes.
Querida Agnes, demasiado hermosa y buena para los que le rodean.
¿Era posible que estuviese destinada a ser la esposa de alguien tan miserable?
Venga, ¿a qué no me pillas?
Camina usted demasiado deprisa, señor Copperfield. No quiero que pierda su
coche. Págame, ¿me oye?
Volveré con la ley la próxima vez, mi cover.
Señor mi cover.
¡Abra! ¡Soy Copperfield!
¡Deme una moneda, por favor!
¡Déjate, por Dios! ¡Señor, mi cover!
¡Soy David Copperfield!
¡Una moneda, por favor!
¡Deja de tocar mi mercancía, ¿quieres?
¡Dichosos los ojos! ¡Es posible que tenga de nuevo el placer de ver ante mí
al azote de los prestamistas!
¡Adelante, adelante!
Eh... El señor Zip.
Los amigos de Copperfield son amigos de Wiggins McCorver. ¡Ladroncuero! ¡Ven
aquí ahora mismo!
Por favor. ¡Te invito a que vengas aquí ahora mismo!
Querida, hay aquí un caballero que desea presentarte sus respetos.
Copperfield ha venido a saludarte, querida.
¡No!
¿Será posible?
¡Aquellos felices recuerdos de mi juventud!
¡Cuidado! ¡Cuidado! Dios mío.
Gracias. Quizá se haya usted dado cuenta de que nuestra querida señora Mikover
está en un momento en el que no es totalmente improbable que pronto haya un
aumento de nuestro grupo infantil.
Resumiendo, está esperando.
Estamos muy felices, aunque disminuirá los ya menguados recursos del señor
Mikover.
Pero sé que, como siempre...
superará el desafío. Tenemos que celebrarlo. Vengan a cenar a mi casa la
semana que viene.
Una noble y celosa proposición.
Si hubiese escuchado el consejo de Agnes, jamás hubiera aceptado la
invitación de Stilford y hubiese salvado a muchas vidas honradas de la tragedia.
Pero estaba ciego ante su sabiduría, así como ante muchas otras cosas.
Mi corazón saltaba de alegría cuando acudí a visitar a mi viejo amigo a la
casa que compartía con su madre y su dama de compañía, Rosa Dartel.
¿Ya le ha dicho James que es miembro de Oxford, señor Copperfield?
Estoy seguro de que obtendrá un título y se sentirá orgullosa de él.
Querido Daisy, no creo que me molesten a asistir a ningún curso. No me
atormentes, James.
Debes hacerlo.
No hay nadie más brillante en toda la universidad.
Debes perdonar a mi madre.
Tiene una opinión demasiado elevada de mí.
Ah, porque le das razones para ello.
Apenas te vemos.
Sin duda, porque trabajas muy duro.
Ah, el vino.
Daisy, este es Lidimer, mi sirviente.
Encantado de conocerle, señor.
Espero que se encuentre bien esta noche.
Muy bien, gracias.
¿Cómo va a pasar sus vacaciones, señor Copperfield? Tengo intención de visitar
a mi niñera.
Hace años que no la veo.
Su hermano vive en un barco en Yarmouth Sands.
¿No te acuerdas? Su sobrino y él me visitaron en el colegio. Creo que tengo
un vago recuerdo.
Eran bastante rústicos. Su casa es un lugar mágico. Deberías visitarlo.
¿Debería? Sí, ¿por qué no? No tengo nada urgente.
Iré contigo.
¿En serio?
¿Por qué no?
Será divertido mezclarse con ese tipo de gente.
O háblame de ese tipo de gente.
¿Son en realidad animales y patanes y seres de otro orden?
Me gustaría saberlo.
No son tan sensibles como nosotros.
Me atrevería a decir que son absolutamente virtuosos, pero sus
naturalezas son muy vulgares y es bastante difícil herir o causar daño a
su sensibilidad.
¿En serio?
Me consuela mucho saber que cuando sufren no sienten.
A veces me he sentido bastante inquieta respecto a ese tipo de gente.
Pero ahora podré olvidarme de todos ellos para siempre.
Me fascinaba la señorita Dartell y el extraño poder que ejercía sobre Stiford.
No lo interrumpas, Rosa.
Hace años que no tocas para mí.
Gracias, Rosa.
De ahora en adelante nos querremos mucho.
¿Qué ha pasado?
Tienes que tener mucho cuidado al tratar con Rosa. Es muy peligrosa.
¿Te has dado cuenta de la cicatriz que tiene en el labio?
Sí, por supuesto.
Se la hice yo.
Era muy joven y ella me sacó de mis casillas, así que le lancé un martillo.
Ya era yo un angelito muy prometedor.
Esto es delicioso, Daisy.
El tónico perfecto para un alma cansada.
No creo que estés tan agotado como dices.
Y yo tampoco creo que tú seas tan honrado y bueno como pretendes. No tengo
ni comparación contigo.
Nos veremos en la posada cuando te hayas cansado de lamentarte.
¿Continúa el señor Barquis yendo a Blunderstone, señora?
Sí, pero ahora está en cama debido al reuma.
Quiero ver la vieja casa.
El nido de las cornejas, creo que la llaman.
¡Mi niño querido!
¡Pegoti!
Verle a usted es mejor que un frasco de linimento, señorito Daly.
¿Cuál era el nombre que escribí en el carmato, señor?
Solíamos tener serias conversaciones sobre el tema.
Estuve esperando mucho tiempo.
Mucho tiempo, señor Barquis.
No lo lamento.
Pero Tibarquis es sin duda la mejor mujer del mundo.
Todas las alabanzas que nadie pueda dedicarle a señora Barquis se las
merece. Y mucho más.
Soy un hombre pobre, señor.
Lamento oír eso.
Muy pobre, de hecho.
Ropas viejas.
Ojalá estuviese lleno de dinero, pero no lo está.
Solo ropas viejas. Creo que le entiendo.
Barkey se ha vuelto un poco tacaño con la edad.
Recordaba el barco del señor Pegoty como un sitio tranquilo y acogedor.
Pero a medida que Steerforth y yo nos acercábamos...
Pronto nos dimos cuenta de que aquella no era una noche ordinaria.
Este es el día más feliz de mi vida. Así es, así es. ¡Señorito David!
¡Es el señorito David!
¡Es cierto!
¡Querido David!
Señor Pegoty, este es Stilford, un viejo amigo del colegio. Apenas ha envejecido,
señor Pegoty. Me alegro de verle después de tanto tiempo.
¿Qué coñ... Que dos caballeros como ustedes vengan a esta morada esta noche
precisamente. ¿Qué les parece?
¿Qué les parece?
Esta chica que yo mismo he criado desde que era un bebé y que la he querido más
que a una hija.
¡Va a casarse por fin!
¡Emily!
Mi más sincera enhorabuena.
¿Y quién es el afortunado?
¡Ham! ¿Quién sino Ham?
Hace dos años que se lo pidió y ella vino y me dijo, no puedo aceptarlo. Él,
precisamente, que lo he conocido toda mi vida, que lo he querido como a un
hermano, jamás podría casarme con él. Allí se terminó todo.
Hasta esta noche, cuando Han ha entrado gritando lleno de alegría, va a ser mi
esposa. Y ella ha dicho, sí tío, he cambiado de opinión si te parece bien.
Si te parece bien.
Daría mi vida por Emily.
Es todo lo que jamás pudiera desear.
No hay ningún hombre en toda la tierra, ni tampoco en los siete mares, que ame a
esta dama.
Más de lo que la amo yo.
¿Ham?
Enhorabuena.
Que seas siempre tan feliz como lo eres esta noche.
Es demasiado torpe como para casarse con esa chica, ¿no te parece?
Ahora no estás con la señorita Dartell Stierford.
He visto con mis propios ojos cuánto aprecias a Ham.
No tengo secretos para ti, Daisy.
Estoy indefenso ante ti.
No soy digna de Han.
Me enfado el cambio de humor constantemente y él jamás actúa así
conmigo.
¿Por qué soy tan dura cuando lo único en lo que debería pensar es nacerle feliz?
Tú lo haces feliz.
Cualquiera puede verlo.
Habría sido más afortunado si hubiera encontrado otra. Han preferiría morir a
estar con otra persona. No digas eso.
Yo no soy digna de él.
Debería estar mil veces más agradecida por su bondad.
Debería sentirme bendecida por ser la esposa de un buen hombre.
Y por tener una vida tranquila. Una vez que te cases, todos tus temores
desaparecerán.
¿Qué opinas, Daisy?
Es una bonita embarcación. ¿Por qué?
Acabo de comprarla.
Pero puede que no vuelvas por aquí. No estés tan seguro.
Me he encaprichado con el lugar.
Pero hay que volver a aparejarla.
Littimer se quedará y se ocupará de todo.
He decidido cambiarle el nombre.
La pequeña Emily.
A la memoria de Clara, esposa de Edward Muston, murió a los 27 años.
Lo único que quiso fue amar y ser amada.
Recuerda los tiempos felices, Davy.
No lo que vino después.
La emoción me embargó cuando me incliné ante la tumba de mi madre.
Pero fue el recuerdo de Dora el que me sustrajo de mi melancolía.
Al meditar sobre el pasado, sabía con certeza que mi futuro estaba junto a
ella y que no descansaría.
Hasta que me hubiese declarado.
Si tu pobre madre te viese ahora, estaría tan orgullosa que no
cabría así de gozo.
Adiós, Pegoti.
Cuando regrese, espero tener noticias importantes para ti.
Me voy a casar. ¡Arribamos! Aunque la dama en cuestión no lo sabe todavía.
¿Quién es ella?
Dora. Se llama Dora.
¡Mi niño querido!
¿Steerford? Me hubiera gustado haber tenido un padre sensato estos últimos 20
años.
Hubiera deseado con toda mi alma que me hubieran orientado mejor.
Me gustaría comportarme mejor.
¿Qué quieres decir?
Nada, Daisy, nada.
A veces soy una mala compañía para mí mismo, eso es todo.
Si algo nos separara alguna vez...
Prométeme que recordarás lo mejor de mí.
¿Harás eso por mí? ¿Por qué crees que no se pararemos?
Prométemelo, ¿me oyes?
Recuerda lo mejor de mí.
Jamás volvería a darle la mano en prueba de mi amistad.
Jamás volvería a escuchar su risa.
o sentir el calor de su compañía.
Que Dios te perdone, Styrford.
Yo no puedo.
Mi querido
Copperfield, esto sí que es lujoso.
Un estilo de vida...
Que me trae recuerdos del periodo en que fui soltero.
Días felices que ahora y de mí no volverán. Mi cover.
Es que me merezco esto. ¿Merecer qué, querida? Está claro lo que quieres
decir. Desearías no haberte casado jamás. ¡Amada mía!
Esta es mi recompensa, señor Copperfield. Yo que jamás lo he
abandonado, que jamás lo abandonaría.
Perdóname, Emma. Soy esposa y madre.
¡Y juro que nunca lo abandonaré! Querida mía, nadie te pide que hagas nada
parecido, y mucho menos yo.
¿No te arrepientes de nuestros votos nuptiales? ¡Imposible!
¡Impensable!
Siéntate, querida.
¡Ah! ¡Hago los honores, Copperfield!
¿Sabe, señor Copperfield, que pronto nos marcharemos de la ciudad para probar
suerte entre extraños?
Resumiendo, Copperfield, algo ha surgido, al fin.
¿A dónde van?
Hace poco, entablé conversaciones en virtud de las cuales yo fui requerido y
contratado como empleado de confianza de nuestro mutuo amigo, Hip.
Un hombre de astucia y perspicacia notables.
Estoy convencida de que mi cover será de gran utilidad en un puesto tan acorde
con sus aptitudes.
Estoy segura de que será juez o incluso magistrado algún día.
Por Copperfield, el compañero de mi juventud.
Y por Hip, mi amigo y protector.
Había llegado la hora de conocer mi destino.
Visité a Dora en ligera oportunidad.
La felicidad o la desdicha estaban en juego y solamente ella podía decidir.
¡Shh! ¡Estáte callado, travieso!
Señorita Spenlow, he venido hoy a decir... ¡Jip, calla, por favor!
He venido a decirle que... ¡Jip, ven aquí!
¡No seas travieso!
¡Señor Copperfield!
Señorita Spenlow, he venido a decirle que la amo.
Que la he amado desde el primer momento en que la vi y que siempre la amaré.
Apenas nos conocemos. Un minuto fue suficiente.
Te amo, Dora.
Con todo mi corazón.
Perdona, ya me voy.
No te vayas.
Dora.
¿Tía? ¿Señor Dick?
Estoy arruinada.
Betsy Trotwood.
No, no me refiero a tu hermana, Trot, sino a mí misma.
Tenía algunas propiedades y durante años dieron muchos beneficios y muy buenos
intereses.
Pero su inversor dejó de ser el buen gestor que una vez fuera
y a ella se le metió en la cabeza hacerse cargo de sus propiedades y hacer
las inversiones por su cuenta.
Primero... Perdió parte en la minería y a continuación en los astilleros y en la
banca.
Y finalmente lo perdió todo.
Y cuanto menos se mencione, antes se arreglará.
¿Es culpa del señor Wickfield?
La culpa es totalmente mía.
La casa de campo se alquila por 70 libras al año, que es todo lo que nos
queda para vivir.
Así que...
Aquí estamos, mi querido Trot.
Te has quedado sin un penique.
¿Qué tienes que decir a eso? Ya sabéis que a menudo he pensado en escribir.
Bien, trabajaría por las mañanas antes de ir a la oficina. Y yo tengo 100
libras al año. ¿Qué tiene que guardárselas para usted, señor Dick?
Tenemos que hacer frente a la adversidad con valentía.
¿Valentía?
¡Valentía!
Y no dejar que nos asuste.
Pondremos buena cara al mal tiempo y lograremos olvidar la desgracia.
Amar a un pordiosero. Es lo que soy ahora.
¿Cómo puedes ser tan tonto y sentarte ahí a inventar historias?
Diré a Jim que te muerda. Tendrá que ser nuestro secreto.
No podré hablar con el señor Spenlow sobre nuestro compromiso hasta que
consiga mi propia fortuna.
Un compromiso secreto. ¡Qué romántico!
Cuando nos casemos, si nuestros ingresos son pequeños, tendremos que intentar ser
prácticos. Por favor, no seas práctico, porque me asusta mucho.
Si de vez en cuando prestaras atención a los quehaceres domésticos y leyeras
algún libro de cocina, quizás... ¡Veo que estás decidido a asustarme!
Con perseverancia y fuerza de voluntad podremos con todo.
Pero yo no tengo ninguna fuerza de voluntad, ¿verdad, Jip?
Vamos, besa a Jip y deja de ser tan desagradable.
Jip tendrá que esperar su turno.
Estaré más relajado cuando haya hablado con el señor Wickfield sobre nuestra
situación. Sí, y así tendrás la mejor de las excusas para ver a Agnes.
No estaré tranquilo hasta que sepa su opinión sobre mi compromiso con Dora.
Oh, así te imaginas estar enamorado, ¿verdad?
¿Lo imagino?
Sí, supongo que crees que estáis hechos el uno para el otro y que vais a vivir
como si fuera fiesta todos los días, como si fuerais dos figuritas de una
confitería.
Ciego, Trot.
Estás ciego. Somos jóvenes sin experiencia, lo sé, pero nos queremos de
todo corazón.
¿Y no será que es algo tonta y ligera de cascos? Dora es fascinante, dulce y
bella.
Ciego, Trot.
Al regresar a Canterbury, percibí la suave influencia que Agnes ejercía sobre
mí.
Incluso parecía que su presencia impregnaba la ciudad donde vivía.
A medida que me acercaba a la casa del señor Wickfield, mi felicidad dio paso a
una sensación de temor por lo que podría encontrar allí.
Es un mal asunto el de tu tía.
He venido a preguntar si se puede hacer algo al respecto.
Nada, señor Copperfield, nada.
Lo ha perdido todo y ella es la única culpable.
Ha sido realmente imprudente.
¿No es así, señor Wickfield?
Así es.
Te quedarás con nosotros, Trotwood, mientras estás en Canterbury.
Yuraya es de gran ayuda para mí.
Es un gran alivio tener conmigo a un socio así.
Mi querido Copperfield.
¿Qué le parece el derecha, señor Mickover?
Es una gran profesión.
Para un hombre tan imaginativo como yo, sin embargo, quizás se ciñe demasiado a
los detalles.
La mente no encuentra la posibilidad de solazarse ni de exaltarse.
Pero es una gran profesión. ¿Ve a menudo al señor Wickfield?
El señor Wickfield es una persona de cualidades excelentes.
Pero está resumiendo un poco anticuado. Mucho me temo que eso haya sido labor de
su socia.
Mi querido Copperfield, estoy aquí en un puesto de confianza.
La discusión sobre algunos temas, incluso con la misma señora, mi cover,
es incompatible con las funciones que se me han encomendado.
No me pidas, se lo digo con humildad, que hable.
de los asuntos de mi amigo Hip.
¿No le parece que mi Uri se ha convertido en todo un caballero, señor?
Por supuesto, señora Heap.
¿Cuánto tiempo lleva viviendo aquí?
Meses. ¿Nunca te deja sola?
Suele ser bastante difícil evitar su compañía.
Quería hablarte acerca de Dora.
Vamos a casarnos.
Es la mujer más maravillosa del mundo y sé que llegarás a quererla tanto como la
quiero yo.
¿Cómo podría no querer a alguien que tiene tan buena opinión de ti?
Prométeme que no me abandonarás cuando me convierta en un viejo señor casado.
¿Sabes cuánto confío en ti?
Es en Dora en quien tienes que confiar.
Siempre seré tu amiga y hermana devota, Troth.
Aunque la vida nos lleve por caminos separados, debes confiar en ello.
¿Nos retiramos, señora Heap?
Padre, acuéstese pronto.
Brindemos, caballeros, por la más divina de las mujeres.
Sé que soy demasiado humilde para brindar por su salud, pero la admiro.
No, la adoro.
Elija otro brindis, Yuraya.
Agnes Wickfield, la más divina mujer.
¿Quién sino podría brindar más que el hombre que desea ser su esposo?
¡Jamás! ¡Jamás! ¿Se ha vuelto loco, Wickfin?
Tengo tanto derecho a ella como cualquier otro.
Tengo más derecho que ningún otro.
¡Mira! ¡Mira a mi torturador!
Siempre está mirado, escupiendo su veneno, en mi casa, en mi negocio, como
una rueda de molino alrededor de mi cuello, llevándome a la ruina. Tenga
cuidado.
Sin mí no tendría ni casa, ni negocio, ni siquiera reputación.
Su seguridad está en mis manos, ¿recuerda?
Ojo que ha sido de mí, Trotwood.
Mi indulgencia me arruina.
Dios sabe lo que he hecho en la miseria de mi inconsciencia.
¿Has cogido alguna vez una pera antes de que estuviese madura?
¿Qué?
Yo lo hice cuando hablé de la señorita Agnes.
Pero la pera madurará.
Puedo esperar.
Hacen falta dos para discutir, Copperfield.
No seré uno de ellos.
Mi padre está recuperado. ¿No hay nada que se pueda hacer?
Nada más despertarse ha enviado sus disculpas a Yuraya y le ha pedido
perdón. Le tiene más dominado que nunca. Prométeme una cosa.
Prométeme que nunca te sacrificarás por un sentido equivocado del deber.
Agnes, no puedes estar considerando casarte con ese... reptil.
Adiós, Trotwood.
Regresé a Londres atormentado por lo que el destino podría deparar a mi querida
Agnes. Poco se interponía ya entre Heap y el éxito final de su intriga. Me
dirigí con paso apesadumbrado a la oficina del señor Spenlow, sin saber que
otra catástrofe me aguardaba.
Ha abusado usted de mi confianza y ha cometido una acción deshonrosa. Amo
tanto a Dora que soy capaz de... Señorita Spenlow, si no le importa.
Y le ruego que no me hable ni de amor ni de compromisos.
Mi hija no acabará en manos de un oficinista.
Acabemos con este despropósito.
Coja estas cartas y échelas al fuego.
Debe usted olvidarla inmediatamente, señor Copperfield.
Poco después de este desastroso encuentro, me llegó una carta de Pegoti
en la que me informaba que Varkis se encontraba muy mal y que temía que
pronto emprendería su último viaje.
Decidí acudir a Yarmouth inmediatamente, pero antes intenté resolver aquello que
tanto afligía mi corazón.
Jamás renunciaré a Dora.
Y será mejor que el señor Spenlow lo sepa cuanto antes.
Voy a hacerle otra visita esta mañana.
¿Señor Spenlow?
Señor Spenlow.
La muerte del señor Spenlow de un ataque al corazón originó una gran confusión.
Necesitaba con urgencia ver a Dora, pero ella culpaba a nuestro compromiso de la
prematura muerte de su padre.
No puede verle, señor Copperfield.
El dolor embarga su corazón y su pena no encuentra consuelo.
Si pudiera enviarle una nota o una muestra de mi condolencia.
No podía hacer nada para ayudar a Dora, así que decidí marcharme a Yarmouth.
¿Qué tal está, Pegoti? Se está apagando.
Es usted muy amable, señorito Davy.
Muy amable.
Barquis, querido.
El señorito Davy nos ha reunido aquí.
Ropas viejas.
Ropas viejas. Se marchará con la marea.
La gente de la costa no puede morir hasta que la marea baja.
Barquis, querido.
Pero di, Barquis, no hay mujer mejor en el mundo.
Barquis, ¿estás dispuesta?
Bien, he leído el testamento de Barquis y he abierto la caja.
Dentro había tres mil libras.
¿Tres mil libras? Deja el interés de mil libras al señor Pegoti y el resto es
para ti.
Vaya con la ropa vieja.
Sí,
gracias. No necesito.
Ahora mismo.
Señor Littimer.
No, yo no vivo con personas a las que les dejan dinero.
Las cosas no funcionan así conmigo. Sería una molestia. ¿Cómo gastaría el
dinero sin ti?
No te quiero ahora más que nunca. Ah, no. Sé que nunca me han querido y ahora
me dicen que sí.
¿Cómo puedo esperar que nadie me quiera estando tan sola como estoy?
Señorito Depp.
¿Quieres salir un momento?
Hubiese muerto por ella.
Moriría ahora mismo.
Se ha marchado. Emily se ha ido.
Y no se ha marchado sola.
¿Cómo se lo voy a decir?
¿Cuándo?
¿Cómo ha ocurrido?
Léalo, señor.
Despacio, por favor, para que pueda entenderlo todo.
Cuando vosotros, que me queréis más de lo que merezco, leáis esto, estaré muy
lejos.
Jamás regresaré a menos que me traiga convertida en una dama.
Recordadme como si hubiese muerto cuando era niña y hubiese sido enterrada en
algún lugar.
Pide perdón y dice a Ham que encuentre a otra mujer que sea más digna de él.
¿Quién es él?
Quiero saber su nombre.
No es culpa de usted.
Usted no lo sabía.
Su criado fue visto con nuestra pobre chica ayer por la noche.
Ha estado escondido alrededor de una semana.
Le han visto esta tarde en la carretera de Norwich.
Solo que en esta ocasión su amo estaba con él.
¿Stilford?
No, no, es imposible.
En el fondo sabía que ya no me quería como yo a ella.
Si no la hubiese presionado con mi petición, quizás se hubiera acercado a
mí amistosamente como siempre y me hubiera hablado de su lucha interior.
Podría haberla salvado.
La culpa no es tuya, Han.
No pienses eso jamás.
Yo me ocuparé de Ham, querido. No te preocupes lo más mínimo.
Mi deber aquí ha terminado.
Voy a buscar a mi sobrina.
Es mi obligación.
¿Por qué ha venido aquí?
¿Qué quiere de mí?
Quiero saber si cumplirá su palabra y se casará. Imposible.
Casarse con alguien de una posición social tan baja destrozaría su carrera y
arruinaría su futuro. Jamás ocurrirá.
Pero si existe alguna otra compensación.
¿Usted me ofrece dinero como compensación por la desgracia y ruina de
mi sobrina? ¿Qué compensación puede usted ofrecerme por el abismo que se ha
abierto entre mi hijo y yo? ¿Qué tiene que ver su amor con el mío, su
separación con la nuestra?
Mi hijo ha sido el objeto de mi vida.
Todos mis pensamientos se los he dedicado a él. He complacido todos sus
deseos. Y ahora se fuga con una miserable pordiosera y recompensa mi
devoción con el engaño.
Y usted me habla de su dolor.
He venido sin esperanza y sin ella me marcho.
Adiós, señora.
¿Cómo se atreve a traerlo aquí? Aunque usted no lo perciba, es un hombre
profundamente herido. Yo hubiese demolido su casa y la hubiese marcado a
ella en la cara.
La perseguiría hasta la tumba, si pudiera.
Es posible que ya estén en el extranjero.
Cuanto antes me marche, antes los encontraré. Sabes dónde puedes
encontrarme.
Cuídate, hermana mía.
Oh, tengo mi jardín y un poco de dinero.
No te preocupes por mí. Si algo malo me ocurriese, recordad que las últimas
palabras que dejo para mi niña son amor y perdón.
Tía.
¿Recuerdas a Pegoti?
Por el amor de Dios, no la llames por el nombre de aquella isla de los mares del
sur. Se casó, ¿no es así?
¿Cuál es tu nombre ahora, Peg... Peg... Barquis, señora.
¿Ves? Es más humano.
No suena como si necesitara de un misionero.
Somos más viejas ahora, ¿no es así?
¿Cómo estás, Barquis?
Lamento muchísimo tu pérdida.
Gracias, señora.
Estoy bien.
Sí, sí, sí, señor Dick.
Llegó del despacho mientras estabas fuera, Trot.
La compañía ha quebrado con grandes deudas. El señor Spenlow estaba en la
bancarrota. No ha quedado nada.
¿Así que la señorita Spenlock es una indigente? Tengo que ir a verla.
¡Oh, Trot!
Tranquila.
Tranquila.
Yo cuidaré de ti.
Todavía eres mía, ¿no es así?
Por supuesto que sí.
Pero estoy tan asustada.
No tienes nada que temer.
No tenemos nada.
Lo tenemos todo.
Comencé a escribir lleno de miedo y de temor.
Escribí un pequeño artículo y lo envié a una revista. Fue publicado.
Seguí escribiendo y pronto comencé a percibir unos ingresos regulares,
suficientes para que Dora y yo contempláramos el futuro con optimismo.
He olvidado la relación que Agnes tiene contigo.
No somos parientes, pero fuimos criados juntos como hermanos.
Dora.
Agnes es tan cariñosa y amable.
Antes me asustaba bastante, pero ahora me siento muy tranquila y sosegada en su
compañía.
Me pregunto por qué te enamoraste de mí.
¿Cómo podría verte y no amarte?
¿No crees que si hubiera sido su amiga desde siempre, sería más inteligente?
Preferirías que lo fuera, ¿no?
Menuda tontería.
¿De verdad, Davy?
¿Estás seguro?
Dora y yo nos casamos.
Las damas de honor se marcharon y las celebraciones se terminaron.
Dora y yo nos quedamos solos al fin.
¿Tienes feliz ahora, mi pequeño tonto?
Para uso privado de las familias.
Pero, Davy, ¿qué voy a hacer con esto?
Salta allí, salta.
Querida, ¿crees que Miriam sabe lo que es el tiempo?
¿Por qué, Davy? Porque íbamos a cenar a las cinco y ya son las seis.
No creo que ni dos pajarillos supiesen menos sobre el gobierno de la casa que
mi bonita esposa y yo, ya que lo mismo sucedía una y otra vez. No. ¿Por qué no?
Parece que está tan cansada la pobre.
¿Cansada? Está borracha.
Es que tiene tantos niños y creo que le dan mucho trabajo.
¿Quiere trinchar, señor McCovell? No, no, no.
Me llenaba de orgullo poder ofrecer nuestra primera cena como anfitriones.
Pero ¡ay de mí!
El resultado no tuvo el éxito que yo había previsto.
El cordero siempre tiene que hacerse poco.
Quizá deberíamos empezar por las ostras.
Me temo que les ocurre algo. No tienen buen aspecto.
No les ocurre nada.
Son excelentes, de hecho.
Solo que nunca las han abierto.
Todo lo que se necesita para saborearlas...
Es un abridor de ostras.
Bueno, no importa.
¿Cómo encuentra el señor McCobber, señor Copperfield?
Un poco abatido, quizá. Se ha vuelto reservado.
Muy callado.
Se comporta severamente con los chicos.
E incluso mira con frialdad al inofensivo y pequeño ser que
recientemente se ha incorporado a nuestro círculo familiar.
Es insoportable.
El señor Mikover no es el mismo desde que cayó en manos de Yurayahib.
¿Sopa, quizá?
¿Sopa?
Dios mío.
Debes tener paciencia con ella, Troth.
Solo unas palabras de vez en cuando.
¿Mostrarle un poco de firmeza, quieres decir?
No me pidas que acá es otro.
No tendríamos más que fracaso, sufrimiento para Dora y división entre
nosotros.
Júzgala por las cualidades que tiene, no por aquellas de las que carece.
Tomé en consideración el consejo de mi tía, pero la felicidad que había
anticipado para mí no dejaba de rehuirme. Siempre faltaba algo.
No tenía una compañera con la que compartir el trabajo y las
preocupaciones cotidianas.
Pero mi decisión de adaptarme a Dora hizo que nuestro segundo año de
matrimonio fuese más feliz que el primero.
Y cuando supe que estaba esperando un hijo, nuestra felicidad parecía que iba
a ser completa.
Pero negras nubes comenzaron a cernirse sobre nosotros.
Puede subir ahora.
Está descansando.
¿Podrá tener hijos algún día?
Su esposa está muy débil, señor Copperfield.
Cuando vuelva a levantarme, obligaré a Jip a correr conmigo.
Te estás volviendo muy perezoso, ¿sabes?
Tiene un trastorno peor que la pereza, querida mía.
La edad.
Oh, pobre Jip. Me resulta extraño su vejez.
Mi pobre Jip.
Deja que Jip descanse.
Yo te daré otro perro para que corras.
Oh, no podría tener otro perro.
Tú no eres tan viejo, ¿verdad?, como para abandonar a tu ama.
Todavía podemos hacernos compañía durante un tiempo.
Pronto volveremos a corretear los dos, como solíamos hacer.
A pesar de mi preocupación por Dora, jamás me olvidé de Dan Pegoty, que viajó
sin descanso por toda Europa sin dudar jamás que algún día encontraría a su
sobrina. ¿Cuánto tiempo hace que has vuelto?
Un mes.
¿Y todavía no sabes nada?
Si alguna vez lo abandonara, Londres sería el lugar en el que se perdería.
Estos son los sitios donde debo buscar ahora.
Emily.
¡Emily!
Si me necesita, señor, avíseme aquí.
Muchas veces, durante el sueño, me llama.
Tío,
y cae como muerta ante mí.
Muchas veces la levanto y le susurro.
Emily, querida, vengo a ofrecerte mi perdón.
Y a llevarte a casa.
Le he pedido que viniera porque tengo noticias.
Ella ha huido.
Dígale lo que sabe.
El señor Estirfor y yo hemos estado en el extranjero con la joven.
Desde que ella abandonó Yarmouth bajo su protección.
Ella despertó la admiración en todos los lugares donde estuvimos. En conjunto la
relación ha durado mucho más de lo que cualquiera pudiera esperar, pero al
final el señor Stierford se impacientó y me encargó que pusiera en conocimiento
de la joven su partida.
El señor Stierford propuso que la joven debería casarse con una persona muy
respetable, que estuviese dispuesto a pasar por alto el pasado.
Usted. Su conducta fue terriblemente mala.
No mostró ninguna gratitud.
Dígale que se marche.
Esa desgraciada que él recogió del lodo puede que esté muerta.
Si no, sería mejor para todos que la encontráramos.
No se le debe permitir volver a aprovecharse de él. Es cruelmente
injusta con ella.
¿Se le ha informado de todo?
Entonces no hay ninguna razón que le retenga aquí, señor Copperfield.
Me han dicho que tiene usted cierta reputación como escritor.
Mis escritos han recibido algunas alabanzas.
Lástima que no tenga madre.
Estaría orgullosa de usted.
¿Te importaría que te dijera algo muy, muy estúpido?
Más que lo habitual.
Me siento muy tonta aquí sentada sin nada que hacer.
Me gustaría hacer algo para ayudarte mientras tú trabajas tanto.
Por favor, deja que sujete tus plumas.
Gracias, señor.
Paré aquí.
Vete a la posada de Buckingham Street y pregunta por el señor Pegotti. Si lo
traes en diez minutos, te daré el doble.
Eso fue antes de que diera la espalda a todos los que me querían. ¿Tu casa?
¿Crees que me importa tu casa?
Te compraron y vendieron como cualquier otra mercancía con la que comercia tu
gente. Diga lo que quiera de mí.
Yo creía en él. Yo lo amaba.
Señorita.
Y se atreve a hablar de amor.
Diga a esa sucia miserable que se esconda más allá del alcance de nadie. O
que se procure la más oscura de las muertes.
Si continúo aquí mañana, haré que la azote. Nadie volverá a decir una palabra
cruel sobre mi querida niña.
Iremos donde nadie nos conozca.
Al fin del mundo, si es necesario.
El señor Pegoti decidió que comenzarían una nueva vida en Australia.
Al saber que jamás regresaría a su casa, Emily me rogó que le llevara una carta a
Ham. Yo acepté solemnemente su encargo, pero al llegar a Yarmouth me encontré
con el pueblo vacío y una terrible tormenta.
¿Qué ocurre? ¡El barco va a hundirse!
¡Hay que salvar a la tripulación!
¡Rápido! ¡Rápido!
¡Un barco que venía de España encallado! ¡Se está partiendo!
¡Vamos, vamos!
¡Ayudémosles! ¡Rápido! ¡Se ahogarán!
¡David! ¿No hay nada que se pueda hacer?
¡Es demasiado peligroso!
¡Que Dios se apiade de sus ojos!
¡Se va a ahogar! ¡Hagan algo, por favor!
¡No le veo, no le veo! ¡Es vivo!
¡Por el amor de Dios, Ham! ¡No vayas allí! ¡No puedo quedarme aquí viendo
cómo se ahoga un hombre!
¡Ayúdenlo, chingada! ¡Vamos, echad una mano aquí!
¡Vamos! ¡Es Stilford!
¡Le ha encantado!
¡Tirad de ellos!
¡Tirad!
¡Tirad! ¡Tirad!
¡Vamos, vamos, tirad! ¡Tirad de ellos, por el amor de Dios!
¡Vamos! ¡Vamos!
¡Tirad más fuerte!
¡Tirad!
¡Vamos!
¡Tirad!
¡Hemos encontrado a otro!
¡Ayudadnos!
El otro está allí, señor.
Nadie sabrá jamás por qué estaba allí.
Espero que regresara a reparar el daño causado.
¿Por qué no le perdonaste?
Mira, la obra de tu hijo muerto.
Lo mimaste hasta la desesperación. ¡Tú tienes la culpa!
Mira y llora por lo que hiciste de él. Señorita, dártelo. ¡Yo hablaré!
Podría haberlo amado sin pedir nada a cambio.
Podría haber sido su esclava por una palabra amable al año.
Todo fue arrogante y egoísta.
Muestre un poco de compasión por el dolor de una madre. ¿Quién se compadece
de mí?
Vamos.
Maldigo. la hora en la que le trajo a esta casa.
¿Ocurre algo, David?
No, querida.
Señor McCover, no estrecharé la mano de ningún hombre hasta que haga pedazos a
esa detestable serpiente, Jip.
Debes ir a Canterbury, Davy. Si no lo haces, me enfadaré mucho, seré muy
desagradable y haré que Jip te ladre. Trot puede marcharse. Yo me quedaré.
¿Por qué no os vais los dos?
Ahora tengo a Peggy y no estoy tan enferma, ¿verdad?
No, por supuesto que no. ¡Qué dices! ¡Vaya pregunta!
Entonces, debéis marcharos.
O si no, empezaré a pensar que estoy verdaderamente enferma.
¿Y la señorita Trotwood? Viene de camino.
Todo está preparado, señor Copperfield.
Oh, Dios mío.
Bien, bien, bien.
Este es un placer inesperado.
Adelante, mi cover.
Adelante.
Hablaré con usted.
Si hay algún canalla en la Tierra con el que ya haya hablado demasiado,
el nombre de ese canalla es... Ya
lo entiendo.
Esto es una conspiración.
Usted ha corrompido a mi secretario. Trátelo como se merece, señor Mikover.
¡Cállate, madre!
No ganarán nada por escuchar a este estúpido pomposo.
Acérquese de nuevo, canalla infame, y le daré en la cabeza.
¡Sigue!
Este canalla, Hip.
Me empleó en el convencimiento de que yo compartía la vileza de su naturaleza.
Descubrí que mis servicios eran constantemente requeridos para la
falsificación de negocios y para engañar al señor Wickfield.
Pregunte a este canalla, Hip, si lo desea.
¿Quién vive en su casa a su costa? Tú, imbécil.
Pregúntele. si ha llevado un libro de notas de todas sus transacciones en
aquella casa que hace poco intentó quemar.
¡Uri, sé humilde y rectifica, querido!
Este villano, Hip, engañó al honorable señor Wickfield haciéndole creer que
había retirado una suma de dinero de los fondos fiduciarios de la señorita
Trotwood, a saber, unas 12.000 libras, que en realidad...
Hip retiró para sí mismo con una firma falsificada.
Desde entonces ha utilizado ese acto supuestamente criminal para torturar,
amenazar y doblegarlo a su voluntad.
Aquí está la prueba de todo lo dicho, señora.
Resumiendo... El señor Wickfield ha sido engañado y estafado durante años de
todas las maneras posibles para único beneficio del avaricioso, falso
y codicioso Hitler. Sé que mi hijo será humilde, señor Copperfield, si le
concede tiempo para pensar un poco. ¿Dónde está mi propiedad?
Acusó al señor Wickfield de malversarlo, ¿no es así?
Debería haberme dado cuenta de que usted era el responsable de mi ruina. El
dinero está a salvo, tía.
Solo tome su dinero para arruinarle Copperfield.
Siempre le he odiado.
Siempre ha estado contra mí y contra mi amor por Agnes.
Amor. Su deseo avaricioso y egoísta me hubiese forzado a un matrimonio que yo
no deseaba.
Y usted habla de amor.
Señor Dick.
¿Sí?
Puede acercarse al ayuntamiento y traer a un par de agentes.
Volveré lo antes que pueda con las fuerzas de la ley.
Puedo irme. Lo antes que pueda, señor Dick.
Correr no le servirá de nada.
No tiene dónde ir.
Llamaré a mi familia inmediatamente.
El abismo que se abrió durante mucho tiempo entre la señora Mikover y yo ha
desaparecido. Y mis hijos y el autor de sus días se encontrarán
en las mismas condiciones.
Señor Mikover.
Creo que usted necesita comenzar de cero. Así es, señora.
Me pregunto si se ha planteado usted alguna vez la
emigración. Era el sueño de mi juventud.
¿Por qué no se marcha ahora?
El capital, señora. O mejor dicho, la falta de él me lo impide.
Usted nos ha hecho un gran favor.
Podríamos proporcionarle el capital a cambio.
No lo aceptaría como un regalo.
Pero si se me avanzara una suma suficiente, digamos al 5% por año...
Se hará de la manera que usted quiera.
Se me plantea una cuestión.
¿Son las circunstancias del país las adecuadas para que un hombre de la
capacidad del señor McCover tenga la oportunidad de ascender en la escala
social? Yo no diría que aspira a ser gobernador por ahora.
No hay mejores oportunidades en ningún otro lugar.
No hay mejores.
No hay mejores.
Entonces es evidente que Australia reúne las características válidas para el
señor McCobber.
La familia McCobber
compró el pasaje y llegó la hora de la despedida.
¡Señor McCobber!
Van a estar muy bien pertrechados.
Hemos abandonado los lujos de nuestro viejo país, Copperfield.
Los aventureros como nosotros no esperamos poder disfrutar de los
refinamientos de la Tierra de la Libertad. Me han asegurado que hay
ciudades de cierta clase en Australia, señor Copperfield, pero es más
aconsejable estar preparados. ¿Wilkins y me, Copper?
Sí. Tengo una orden de arresto por el impago de ciertas facturas pendientes.
Se acabaron nuestras esperanzas. Lleven a mi familia al asilo de pobres. Y que
olviden que yo jamás haya existido. Nunca nos marcharemos sin ti, Mikome. ¿A
cuánto ascienden las facturas?
Nueve libras, diecinueve chelines y seis peniques.
¡Ah! ¡Una pequeñez!
Un noble gesto, señora, que será devuelto con intereses.
Gracias, señora.
Bien.
Copperfield, ha llegado la hora de partir.
No habrá discursos por mi parte.
No creo una palabra de lo que dice. He dicho que no haré discursos.
Solamente... Resumiendo... Adiós, amigo mío.
Que Dios le acompañe, señor Nicóbel.
Que Dios les acompañe a todos.
Vamos, debemos embarcar.
¡Adiós!
¡Adiós! ¡Adiós! ¡Adiós!
¡Adiós! ¡Adiós!
¡Adiós!
El señor McCover y su familia no fueron los únicos que embarcaron aquel día.
Había llegado la hora de decir adiós también a otros viejos amigos.
Temerosa de la salud de Emily, Pegoti insistió en que la noticia de la muerte
de Ham debería ocultársele hasta que estuviese más recuperada.
Comenzaremos una nueva vida. Me alegro de verte recuperada.
Cuando Ham recibió mi carta, dijo algo.
Que su amor siempre estará contigo.
¿Y perdonar?
¿Me ha perdonado?
Con todo su corazón.
Le he pedido que venga con nosotros, pero parece que se ha encariñado tanto
con ustedes, señorito David, que no me pareció justo que les abandonara. Se lo
he dicho sin rodeos. Mi sitio está aquí ahora.
¡Vamos! ¡Adelante! ¡Venga!
¿Cuándo volveré a ver a mi chico?
¡Se humilde Uri como siempre lo ha sido!
¡Vamos!
¡No os paréis!
¡Vamos! ¡Venga! ¡Deprisa! ¡Adelante!
¡Deprisa! ¡Vamos, vamos!
Estaba soñando hace un momento.
Creía que estábamos en el parque otra vez.
Caminando del brazo era tan agradable.
Ha sido triste.
Tener que despertarme.
No estés triste.
Pronto volveremos allí.
David, querido.
Me temo que era demasiado joven para casarme.
No digas esas cosas.
Era una criatura tan tonta.
Creo que hubiese sido mejor que simplemente nos hubiésemos querido como
adolescentes.
Y después olvidarlo.
Creo que no estaba preparada para ser tu esposa.
Lo estabas tanto como yo para ser tu esposo.
Quizá.
Pero tú eres inteligente.
Y yo, yo nunca lo fui.
Ni lo seré.
Hemos sido felices, Dora.
Muy felices.
Pero a medida que pasaran los años...
Te habrías cansado de tu pequeña esposa.
Yo lo hubiese intentado y te habría decepcionado.
Y no hubieras sido capaz de quererme la mitad de lo que me quieres ahora.
No, no me hables así.
Cada palabra parece un reproche.
Te quiero demasiado para reprochar de nada.
Es el único mérito que tengo.
Además de ser bonita.
¡Oh, cómo llora mi pobre chico!
Le pedirás a Agnes que venga, David.
Quiero hablar con ella, a solas.
No llores, David.
Críeme, es mejor así.
Esta noche no, Chip.
Esta noche no.
Me marché todo lo lejos que pude, sin saber, incluso entonces, lo duro que me
iba a resultar el golpe recibido.
Una larga y oscura noche se cernió sobre mí.
Los fantasmas de muchas esperanzas, de muchos errores y de muchos pesares me
atormentaban.
Agnes me escribió a menudo. No me daba ningún consejo ni pedía nada de mí.
Solamente me decía que confiaba plenamente en mí, que una naturaleza
como la mía sabría convertir la aflicción en bondad.
Pero yo estaba de luto por Dora, que había sido arrancada tan joven del mundo
que ella amaba. Por Stiford, que podía haber obtenido el amor y la admiración
de muchas personas, como obtuvo mi consideración hace tantos años.
Y por el corazón destrozado de Ham, que encontró al fin la paz en la mar
tempestuosa.
Trabajé sin descanso, con paciencia y tesón hasta que terminé mi primer libro.
Se publicó y obtuvo mucho éxito.
Comencé a escribir otro inmediatamente.
Transcurrieron tres años de esta manera.
Podía haber continuado así para siempre, pero un día levanté la vista de mi
trabajo y repentinamente supe que era hora de volver.
Era como si escuchara una voz que me llamaba para que regresara a casa.
Era la voz de Agnes.
Gracias, Peggy.
¿Qué harás ahora, Trot?
He pensado acercarme mañana a Canterbury.
¿Está bien el señor Wickfield? Está mucho mejor en todos los aspectos. Es un
hombre regenerado. ¿Y Agnes?
Tan buena y hermosa como lo ha sido siempre.
¿Tiene algún admirador?
Docenas.
¿Docenas?
¿Pero hay alguien que la merezca?
Sospecho que está comprometida, Trot.
Creo que va a casarse.
¿Te marcharás otra vez?
Quizá. Hay poco que me retenga aquí.
Tienes un secreto.
Déjame compartirlo.
¿Un secreto?
Sé que hay alguien muy cercano a tu corazón.
Mi tía me lo dijo.
Confía en mí.
Déjame ser tu amigo y hermano en esto, como en tantas otras cosas.
¿Qué he hecho?
No me encuentro bien.
No me hables ahora. Hablaremos más tarde.
Si te preocupa algo, déjame ayudarte.
Tengo que irme.
Si tienes un amante, puedes decírmelo.
El afecto que siento no es nuevo.
No es lo que tú te crees.
No puedo revelarlo. Hace mucho que es solo mío y así debe seguir.
Agnes.
¿Me quieres?
Te he querido toda mi vida.
Por el amor de Dios, Trotut, suéltame.
¿Qué hubiera sido de mí sin ti?
¿Quieres decir como hermana? No.
Mucho más que eso.
Me marché amándote.
He permanecido lejos amándote. Y he vuelto a casa
amándote.
¿Recuerdas que Dora me llamó la noche en que murió?
Me hizo prometerle algo.
¿Qué fue?
Me dijo que solamente yo podría ocupar el vacío de tu corazón.
¡Trotu! Tenemos visita.
Las cosas quizá fueron un poco difíciles al principio, pero con el rebaño de
ovejas y una cosa y otra, estamos todo lo bien que se pueda estar.
¿Y Emily?
Podría haberse casado muchas veces, pero tío me dice, aquello se acabó
para siempre.
Así es mi Emily.
Tengo buenas noticias de alguien que usted recordará, señor.
Señor Wilkins McCover, magistrado, escritor, renombrado orador
público... Y director del banco por Middlebury.
Fue homenajeado con una cena el jueves pasado.
Reproducimos a continuación las palabras de nuestro distinguido ciudadano. Hombre
de brillante y altamente prolífica oratoria.
El Lord Canciller se volvió a mí y me dijo.
Por Dios, McCobber, tienes razón.
La ley debe cambiarse.
Una pieza maestra de elocuencia. Y en algunos pasajes en los que recordó su
brillante y próspera carrera, hizo hincapié especialmente en la importancia
de evitar contraer deudas pecuniarias a toda costa. Lo que provocó... alguna
lágrima entre los presentes.
Me gustaría presentarles...
A la mejor persona que haya conocido jamás.
Mi querida esposa, Emma.
Así que mi historia está a punto de terminar.
Hubo una noche muy parecida a esta hace muchos años, George.
Excepto quizá por una cosa más que debo recordar.
Nuestros dos primeros hijos fueron chicos.
Es una niña.
Una niña preciosa.
La llamaremos Betsy Trotwood Copperfield.
en honor a su madrina.
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