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Y ahí estabas tú Y te apareciste cuando todo estaba por venir hacia abajo
Y la suerte estuvo de mi lado cuando a mí te atrajo
Contigo me sonrió Se me quitó lo triste Cuando te vi me
viste Y desde entonces te volviste lo mejor ¿Y qué me pasó?
Y ahí estabas tú
Y aquí estaba yo, y no es casualidad que el mundo sea tan grande, pero nos juntó.
Y ahí estabas tú, y eso me salvó, y ya no pido más, eres
mi luz, mi paz, tú mi más grande amor.
Y ahí estabas tú, y aquí estaba yo, y no es casualidad que...
y ahora que estoy yo listo
para cuidarte siempre el corazón
¡Nicolás! ¡No corras!
¡Nicolás, hey!
No se ve que respire, mi niña.
Se murió por salvarme.
Max. Max.
Max.
Ahí está.
Ahí está, ahí está, Max.
Ay, bendito sea.
¿Estás bien?
Sí, aquí estamos, aquí estamos.
Aquí estamos.
Lo más probable es que te reconcilies con tu mamá muy pronto.
¿Para qué buscas? Te puedes quedar aquí.
Gracias, pero creo que no es lo correcto, Kiara.
¿Y dónde te vas a quedar?
En Santa Teresa no hay hoteles.
Digo, al menos que pienses quedarte en tu hacienda todo el día. No, no, no,
para nada.
De hecho, voy a hablar con San Genís y con Prudencio para que ellos se
encarguen del campo y yo de la parte administrativa, que eso lo puede hacer
desde donde esté.
Por eso, con más razón. Aquí hay internet, hay teléfono, te puedes
encargar de todo eso.
Digo, al menos que te moleste mi presencia.
No, no, no, por favor, no digas eso.
Ay, ¿entonces?
Pues... Pues si Pilar está de acuerdo, me quedo.
Ya vas a ver que sí.
¡Qué emoción!
Gracias por la confianza.
Nieves.
Prepara la recámara que era de Pedro. Luis Fernando va a ser nuestro nuevo
huésped.
Nieves. ¿Sí? Sí, señorita. Con muchísimo gusto.
Bueno, vas a ir solo mientras encuentro un lugar para quedarme, ¿sí? Sí.
Gracias, Kiara. Claro.
¿Estás seguro que puedes caminar, Max? Sí, sí, yo puedo solo, yo estoy bien.
Nos tenemos que ir pronto de aquí, ese toro puede volver. No, no, no, mejor no,
solamente fue el impacto. De todas formas, te tiene que ver un doctor.
No, no, ningún doctor.
Yo me voy solo.
Voy a abrir la puerta de la camioneta, Max. ¿Cómo te vas a ir solo?
A ver, recárgate, ¿sí?
Te voy a llevar a la hacienda.
Necesito que alguien te revise.
Vamos.
Mira, aquí está su tecito.
Si quieres hacerme sentir mejor, tráeme un café negro bien cargado y no esta
porquería que me preparaba Prudencio.
No se enoje con las plantitas de azahar, doñita. Y mucho menos se desquite
conmigo. Si su hijo se fue de la casa, no es culpa ni del té ni mía.
Además, con todo respeto, le tengo que decir, ¿qué tal que la señora
Doménica es inocente?
Esa sería una oportunidad para que usted arregle las cosas con el doctor, no para
que complique más las cosas.
Una palabra más y me olvido de todos los años que llevas trabajando conmigo.
Está bien, está bien, me callo.
Pero eso no cambia nada, ¿eh?
Nadita. Y no se olvide que así como usted acusa a la señora Doménica, usted
también ha hecho de las suyas.
Inclusive con el señor Max.
¡Lárgate!
¿Ahorita o para siempre?
¡Ayúdenme! ¡Por favor, ayuda!
¿Qué pasó?
Ayúdenos. Ayúdenme a cargarlo. Con cuidado.
¿A poco ya te balearon otra vez?
El rompehuesos quería cornarme a mí, pero Max se metió para salvarme.
Ahora resulta que eres un héroe. Ni la pensé dos veces. Tú hubieras hecho lo
mismo. Llévenlo a la habitación, por favor. Con cuidado.
Le voy a hacer un parche de árnica, sábila y manzanilla. Ahorita lo subo. Yo
no sé qué hubiera hecho si te pierdo.
Yo sé que algún día todos nos vamos a ir, pero no, no, no te quiero perder a
ti nunca, nunca, nunca.
Dios no quiere que te deje ahorita, que todavía te hago falta.
Por eso mando a ese muchacho para que me cuidara.
Muchas gracias por venir.
Yo conozco a la señora Agatha, sí, sí la conozco.
Muchas gracias por la banda que hice que me trajeron.
Perdóneme.
¿Por qué le pides perdón a Cosme, Blanquita?
No, no es chisme, nomás es curiosidad.
Es que... Yo era muy rebelde con él y...
No se merecía morir así.
Todos estamos igualito que tú.
Bueno, no, tú sí estás de a tiro mal.
Seguramente fue porque tú fuiste la prima que lograste desvivido.
Ay, Blanquita.
Lo siento mucho.
Sé que no te llevabas muy bien con tu jefe, pero como sea, pasabas mucho
tiempo con él.
Perdón, necesito tomar aire.
No tengo palabras para agradecerte lo que hiciste
hoy por Nicolás.
Yo sé lo importante que es ella para ti.
Es como tu madre.
Yo también le tengo un cariño especial.
¿La herida de Bala?
Sí.
Al parecer yo vine a este pueblo a arriesgar la vida.
Creo que si sigo vivo es porque todavía tengo asuntos pendientes.
Ya me contó Nicolás a lo que pasó.
Justo le estoy agradeciendo a Max lo que hizo.
Dejando de lado nuestras diferencias, yo también te agradezco.
De corazón.
Nicolás A. es... Ella
es la luz de esta casa.
Gracias por salvarla.
No, Nicolasa.
Yo al tal Max lo hubiera puesto en un establo y ya cuando mucho le hubiera
dado la pomada que le damos a las vacas para el dolor.
Se ve que muy poco te importó que me haya salvado la vida, ¿eh? ¿O que no?
No me arremede, Nicolasa. Y entiéndame, es el enemigo de mi hermano.
Y tampoco es una blanca paloma. Tú lo que no te has metido en la cabezota es
que la gente puede cambiar y puede enmendar sus errores.
Por eso no has podido perdonar a Prudencio.
Ya lámolo.
Si no estamos hablando de eso.
Bueno, ¿entonces de qué quieres hablar?
Uy, de muchas cosas.
De entrada, que por mi carácter atravesado ya se enojó la nievecitas
conmigo. Y de pilón, pues ya no le intereso a Adelaida.
Ah, ¿o sea que tú querías sacar un clavo con otro clavo?
Pues qué bueno que te quedaste como el Pedro de las dos tortas.
Ahora, también voy a perder su cariño.
Si no fuera porque me gusta mucho su comida, pues...
Yo ya me hubiera ido bien resentido.
Ahorita te sirvo. Gracias.
¿Cómo se te ocurre ofrecerle al doctor quedarse aquí?
Si lo acabamos de hablar.
Te pedí que no te metieras entre Luis Fernando y tu prima.
Pero no lo estoy haciendo, mamá.
Y al final esto nos conviene a todos.
Ah, pues no veo cómo.
Bueno, vamos a tener un doctor de planta en San Petersa.
Y él se va a quedar acá mientras consigue otro lugar o mientras se
reconcilia con Mercedes.
Discúlpame, Chiara, pero no te creo nada. Esto lo estás haciendo para estar
cerca de él.
Ay,
pues, Fernando, justo estaba hablando con mi mamá de ti que vas a ser nuestro
invitado estrella.
Ella está muy feliz de que estés con nosotros.
Muchas gracias por la hospitalidad, Pilar. Espero no causarles ningún
problema. Prometo no quedarme mucho tiempo solo en lo que consiga un lugar
para quedarme.
Sí, ojalá que pronto encuentres un buen lugar donde tengas tu privacidad. Claro.
Ya revisé la lista de pacientes que me pasó Kiara y mañana mismo empiezo a
trabajar en eso.
Pues te lo agradezco.
Voy a estar muy al pendiente de tu trabajo para lo que se ofrezca.
Muchas gracias.
Con permiso.
Es propio.
Creo que a tu mamá no le gustó mucho la idea de que me quedara aquí.
¿Estás segura de que lo aceptó de buena gana?
Sí, está conforme.
Bueno, está un poco molesta porque denunciaste a mi prima.
Pero seguro mañana se le pasa.
Ella es así.
Cualquier cosa que necesites, me avisas a mí o a Nieves.
Estás en tu casa.
Muchas gracias.
¿Te gustó lo que te preparé?
Gustar es poco. Tienes el mejor sazón de todo el mundo.
¡Que te compre el que no te conozca, salamero!
¿Qué haces, Max?
Cuidado, te vas a lastimar.
Le voy a decir a Nicolás a que te suba un poco de hielo. Yo me tengo que ir.
Pensé que te quedabas un momento conmigo.
No, tengo cosas que hacer.
Cualquier cosa que necesites está Nicolasa, mi padrino.
Hija, ¿cómo sigue Max?
¿Crees que necesite un médico?
Yo lo veo mejor.
Si llega a necesitar un médico, lo llevamos a San Felipe.
Eso mismo te quería sugerir. Yo tengo que salir. Con todo esto que pasó del
toro, no pude llevarle unas cosas a Luis Fernando.
Me preocupa mucho lo que vi con Max.
Hace rato que entró a la recamara.
Pues, ¿qué viste que te preocupa?
Te vi tan cerca de él que... ¿Dónde hubo fuego?
No, padrino, no. Estoy siendo agradecida.
Mira, yo no sé dónde estaría Minan en este momento si no hubiera sido porque
él se le aventó al rompehuesos arriesgando su vida. Sí, lo entiendo.
Pero no fue precisamente agradecimiento lo que yo vi.
Yo tengo muy claro mis sentimientos.
Hija, yo confío absolutamente en ti. Pero ni yo sé en este momento si Max es
bueno o malo.
¿Y si esta acción podría borrar todo lo que te hizo?
De lo que sí estoy seguro es que el amor y el agradecimiento no son lo mismo.
Yo voy a respetar siempre cualquier decisión que tú tomes.
Siempre y cuando estés completamente segura.
Cuando elijas a cualquiera de los dos hombres que te quiere.
de haberme ido de la hacienda, hermano, pero mi relación con mi madre se volvió
insostenible.
Ella sigue creyendo que Doménica es su peor enemiga y odiándola.
Lamento que Mercedes siga en ese plan. Sí, por la hacienda no te preocupes, yo
me encargo.
Oye, ¿y dónde te vas a instalar?
Porque en Santa Teresa no hay hoteles.
Pues, Kiara me ofreció quedarme en el centro social.
¿Vas a quedar con Kiara?
Espero que a Doménica no le caiga mal.
Sí, hablamos más tarde.
Cuídate, hermano.
Supongo que oíste lo de Kiara.
Como de todos modos te vas a enterar, te cuento que Luis Fernando se fue de la
casa y se va a alojar en el centro social.
Ahora entiendo por qué dijiste a ver si a Doménica no le cae mal.
Sobre todo porque Kiara decía estar enamorada de él. Mi amigo no tiene
interés alguno en Kiara.
Te aseguro que él ama a Doménica.
Tanto como yo a Blanquita.
Bueno, que tú ames a una persona no significa que esa persona te va a querer
también. A mí me pasó con Kiara.
Pero ahora estoy seguro que sí me van a corresponder.
¿Quién? Porque Blanquita no creo.
Listo, abogados.
Ya se anexaron al expediente los documentos que avalan el retiro de las
denuncias contra Doménica Montero y Genaro Peña. Le agradezco, señor juez. Y
también al abogado Sanjení su disposición de dejar libre de toda culpa
a mi defendida.
Abogados, los documentos oficiales van a tardar un poco.
Por favor, comuniquen a sus representados que los límites de sus
haciendas son los que marcan las escrituras del doctor Jiménez y que
además coinciden con el título de propiedad original de Miguel Montero.
¿Podría solicitarle una copia del título original que tenemos como prueba
mientras nos lo devuelven?
Por mí, sí.
Vaya lío que haremos don Cosme en paz descanse.
Si es que hay paz en el infierno.
Osvaldo.
A ver, antes de que me regañe, le voy a decir.
No pude llegar antes porque un toro se soltó ya en la abandonada.
Apenas hace rato lo metimos a su corral.
Más te vale que lo que me estás diciendo sea cierto.
Sí, le juro que sí.
¿Sabe qué?
Me alegra que se haya aclarado que mi padre no tomó nada que ver con las
tranzas que hizo Cosme.
¿Y usted qué? ¿Ya está más tranquilo?
Porque andaba muy pesado con mi padrino y ya vio que nada que ver. A ver, hijo.
La verdad que no me importa que estés trabajando en la hacienda de Doménica
Montero, pero no te quiero ver cerca de tu padrino. ¿Por qué no?
Con él estoy aprendiendo un montón de cosas que usted nunca me va a enseñar.
Esto es precisamente lo que me preocupa.
Tú no sabes las cosas que hace tu padrino. Además, te estoy dando una
orden y me vas a obedecer. Si lo que le da miedo es que yo me entere de que todo
se lo debe a mi padrino, ya lo sé.
Lamento mucho que usted se haya peleado con su hijo por culpa de Doménica, pero
yo feliz de darle posada al tiempo que necesite. Ay, muchas gracias por
recibirlo. Mira, él ahorita no está pensando con mucha claridad.
Necesita alguien como tú que lo ayude a darse cuenta de la verdadera cara de
Doménica. Sí, créanme que lo que más quiero es que Luis Fernando recupere su
tranquilidad. Pues aprovecha ahora que está bajo tu mismo techo para acercarte
a él.
Y tienes que ser lo suficientemente hábil como para conseguir que se olvide
de Doménica.
Sí, ya sé.
Agradezco mucho su apoyo.
Muy bien, entonces seguimos en contacto. Hasta luego.
Hasta luego.
¿Qué? ¿Recibió buenas noticias, doñita?
Excelentes.
Mi hijo va a estar con la mejor compañía del mundo.
Así que a ti también ya te comentó mi hija sobre su interés en Luis Fernando.
Pues yo ya le dije a Kiara que ella cuenta con todo mi apoyo.
No me va a lastimar Luis Fernando porque ya sé la clase de persona que es. Y no
vale la pena destrozar nuestra familia por un hombre como él.
Mi hija dejó esa ilusión por el doctor hace tiempo.
Me consta y te lo comenté.
No te creo nada. Esto lo estás haciendo para estar cerca de él.
Mi hija me murió.
Pero entonces, ¿por qué se está metiendo con alguien más?
¿Te quieres este día?
Pero a Andrés le aseguro que cuanto me sienta mejor me voy de aquí.
Tampoco exageres.
Nadie te está corriendo.
Bueno, no quiero causar problemas y mucho menos a Doménica.
Mira, muchacho, te voy a hablar de frente.
Mentir y ocultar fue lo que echó a perder tu relación con mi hija.
Y si ahora estás aquí es porque el destino te permitió hacer algo para
reivindicarte. Eso es justo lo que estoy buscando.
Todos estamos muy agradecidos contigo.
Y espero que no desaproveches esta oportunidad.
Pero si realmente quieres recuperar el amor de mi hija, tienes que hacerlo
limpiamente. ¿Esto quiere decir que usted me apoya? No.
No, de ninguna manera.
Yo solamente apoyo lo que Doménica quiera.
Pero si tú aspiras a reconquistarla, tienes que ser un hombre intachable.
Yo la amo con todo mi ser.
Y estoy dispuesto a lo que sea con tal de recuperarla.
Hola, Diana.
¿Está Luis Fernando?
No, el patrón no está.
Y mejor váyase, ceñito, porque la patrona y el doctor se volvieron a
pelear por usted y se puso horrible.
¿Qué haces en mi casa?
Vengo a hablar con su hijo.
No sabes que se fue de aquí por tu culpa.
Te da gusto, ¿verdad?
Pero no creas que por eso te vas a salir con la tuya.
Mire, señora, yo he intentado llevarme con usted de muchas maneras, pero ya veo
que no va a ser posible.
Y sí.
Ya que me pregunta si me da gusto que su hijo haya tomado esa decisión.
Todo lo que usted tiene es gracias a mi padrino.
Y hoy resulta que no quiere que me enseñe a hacer dinero. Es precisamente
lo que no quiero que aprenda sus modos de negociar.
Tu padrino... Tu padrino es muy agresivo. Todo lo quiere arreglar a
punta de pistola.
Nunca debí haber hecho tratos con él. No, pues demasiado tarde.
Y sabe que ella mejor ni le mueva porque se puede quedar sin nada. Por eso me
estoy aguantando. Pero tú eres mi hijo y me vas a obedecer. ¡Yo quiero ser mi
propio dinero!
No quiero ser como usted.
Un don nadie que se las da de millonario.
Hijo, hazme caso, por favor. ¡Que no!
Antes diga que le voy a poder dar el favor.
¿Eh? No quiero quemarme con todo el pueblo.
Pensé que lo hacías por tu madre y por tus hermanos.
Ni me vale que ellos sigan engañados.
Eso tómelo como otro favor.
Sí los tiene controlados, pero a mí no. ¡A mí me respeta!
¡A mí no me vas a hablar así! ¡Yo soy tu padre!
¡Qué valiente, pa! ¡Qué valiente, eh!
Pero mentiroso y agachón.
Yo prefiero ser hijo de mi padrín.
¿A que sí?
Es la última vez que le permito una de estas faltas de respeto.
Deje de hacer estupideces. Que yo no soy su enemiga y mejor, aprenda a controlar
esa soberbia que le está amargando.
Le falta humildad para pedirle una disculpa a su hijo. Eso sería como
reconocer que no se equivocó contigo.
Prefiero perder a mi hijo a que termine quedándose a tu lado.
Por mí, quédeselo.
Yo no necesito un hombre. Y mucho menos a uno que viene arrastrando con una
sombra como usted.
Qué bueno que te des cuenta que siempre voy a estar al pendiente de mi hijo para
que no vengas después a arruinarle su vida cuando ya esté con alguien más.
Ay, doñita, perdóname que se lo diga, pero tienes razón la seño.
Usted debería de pedirle perdón a su hijo y olvidarse de tanto odio y rencor.
No seas ingenua, Diana.
Si mi hijo se queda con esta, ¿tú crees que me va a perdonar lo que acaba de
pasar ahorita? Pues seré muy ingenua, como usted dice, doñita.
Pero a mí me consta que el amor es mucho más fuerte que todas esas cosas.
Pues ya veremos qué tanto se quieren cuando Doménica se entere en
dónde y con quién.
Está mi hijo.
Ay, qué rico huele.
Espérate, espérate, que estoy picando la cebolla. Ay, a mí qué me importa.
Fíjate que me nacieron muchas ganas de venirte a ver.
No, pues es que a lo mejor yo te llamé con el pensamiento, Prudencio.
Es que...
Vi pasar toda mi vida cuando ese toro casi me mata.
Ay, no. No me digas que te topaste con él.
No te pasó nada.
Estás bien.
No, no, no. Gracias a Dios. Para mí fue solo el susto.
Pero... Pero el que se llevó la arrastrada fue Max.
No, no, no. Prácticamente me salvó la vida.
¿Max? ¿El exnovio de Doménica?
Sí.
No se pensó ni un minuto hacer que el toro desviara su camino hacia mí para
que se fuera contra él.
¿Y él cómo está?
No, pues está muy golpeado.
Pero afortunadamente no lo cornó, ¿eh?
Porque si no, imagínate arremendarlo otra vez al pobre.
Pues yo la verdad, la verdad, yo no lo trago.
Resulta que voy a tener que agradecerle porque salvó a lo que más amo en esta
vida.
Bueno, y...
¿Y tú qué hacías ahí en el campo?
Fui a buscarte porque yo también tenía muchas ganas de verte.
Tú eres todo lo que yo quiero en esta vida.
Y si tú también me ves así... Yo...
Yo quiero...
Quiero pedirte... Que seas mi esposa.
Sí,
ingeniero Salgado.
Conseguí que la gente de Luca Milano reconsidere su decisión de retirarnos el
contrato ofreciéndoles dividir la producción en nuestras tres plantas.
para cumplir sus necesidades.
Estoy afinando costos.
Sí, estamos en contacto.
¿Qué te pasa?
Estás temblando.
Tengo mucho miedo, Andrés.
¿Le pasó algo a Kiara? ¿O con qué otra impertinencia salió ahora?
Sospecho que mi hija nos ha estado mintiendo y sobre todo a Doménica.
¿De qué hablas?
Creo que ella sigue enamorada de Luis Fernando.
Ella está buscando la manera de quedarse con él.
Señor, te pedimos consuelo para los amigos y familiares de nuestro hermano
Cosme Acosta.
Que encuentren paz y esperanza en tu promesa de vida eterna.
Amén. Amén.
Quiero agradecer a todos los presentes.
por acompañarme en un momento tan doloroso.
Quiero que me acompañen a despedir a mi marido, que como todo ser humano, Cosme
cometió muchísimos errores.
Pero Cosme, mi gordo, siempre buscó lo mejor para el pueblo de Santa Teresa del
Amor.
Su pueblo, nuestro pueblo.
No, pues qué bueno que pediste que cremaran rápido al Cosme.
Que me anden investigando.
Al Ministerio Público y al juez Benítez les quedó claro que no era necesario.
Y ellos mismos agilizaron todo.
Porque se compadecieron de esta pobre mierda.
Pero es que esta niña quiere dinamitar esta familia.
Discúlpame, yo sé que es tu hija, pero me preocupa mucho lo que pueda suceder
entre Kiara y Doménica.
Me asusta pensar que Kiara nos ha estado ocultando sus verdaderas intenciones.
Y mientras nos mentía, ha estado aliándose con Mercedes para acercarse a
Luis Fernando.
Lamento que hayas llegado a esa conclusión.
Por desgracia, los actos y las palabras de Kiara no me hacen pensar diferente.
Hay algo que no te he contado.
Pues lo que sea, dímelo, por favor.
Creo que Kiara metió a alguien a su cuarto.
¿A Luis Fernando?
No. Y eso es lo que más me desconcierta.
Fue a otro hombre.
Encontré un dije y en su cama había cabellos que obviamente no eran de ella.
Y si fuera el caso, tu hija ya es una adulta. No, no, no. Es que no es eso lo
que me preocupa.
sino lo que me dice mi intuición de madre sobre ese hallazgo.
Desde hace tiempo debió haber tomado terapia, como lo sugirió mi ahijada.
Yo sé que Kiara está muy arisca conmigo, pero voy a intentar hablar con ella.
No. No, no le digas nada.
¿Eh? Por favor.
Eso sería ponerla sobre aviso.
Y yo necesito seguirla observando.
Porque necesito más elementos para confrontarla, Andrés.
Está bien.
Será como tú dices.
Yo estoy aquí para apoyarte en lo que necesites.
Yo lo sé.
Y gracias.
Ay, señora Pilar.
No sabía que estaba aquí.
¿Se va a quedar a cenar con su novio?
Sí.
Pero permíteme que sea yo quien lo atienda.
¡Perfecto! Entonces yo me voy a atender a Max. ¿Cómo que atender a Max?
Pues que... ¿Don Andrés no le contó que Max me salvó la vida y que salió muy
maltratado?
Platíquele.
Doménica, yo no me merezco que vengas a despedir a mi gordo.
No después de lo que te hizo.
Lamento mucho tu sufrimiento, Fuenzanta.
Te juro que yo no sabía nada de lo que estaba haciendo.
Si yo hubiera sabido...
Eso no hubiera pasado.
Te pido en su nombre una disculpa.
Es que le ganó la ambición.
Pero él era un buen hombre.
Nunca entendió que yo lo amaba, aunque no tuviera nada.
Por favor, perdónalo.
Lo importante es que ya todo se aclaró, Fuenzanta.
Lamento tu dolor.
Gracias.
¿Puedo hablar contigo un momento, Genaro?
¿Para qué?
Se me corrió, ¿no? ¿Por qué no confía en mí?
Por eso vine aquí.
Para hablar contigo.
Ofrecerte una disculpa y pedirte que retomes tu trabajo en la abandonada.
Si tu orgullo te lo permite.
Para la mera verdad, no sé.
Porque si ando bien sentido con usted.
Gracias por salvarle la vida a Nicolasa.
Yo he tenido mis choques con ella, pero la verdad es que la quiero bien.
Y esta familia sin ella estaría incompleta.
Sí, yo sé lo que ella significa para todos ustedes.
Sobre todo para Doménica.
Nada más lamento no haberles dado el gusto de desaparecer de sus vidas.
Oye, no digas eso ni de broma.
En esta familia nadie quiere que te mueras, ¿eh?
Solo queríamos...
que te alejes de mi sobrina.
Yo no entiendo cómo pudo haber cambiado tanto en tan poco tiempo.
Ya no encuentro en ella a la mujer amorosa y dulce que era antes.
El amor transforma de muchas maneras y no siempre buenas.
Yo sé que cometí un error, pero no merezco que duden tanto sobre mi
palabra.
Mira, a mí también me gustaría creerte, Max, pero...
No puedo imaginar que no hubiera otra salida que dejar a mi sobrina humillada
en el altar.
Lo hice para protegerla.
Fue para salvarle la vida.
Pues de regresar, sí regreso.
Nada más que no puede ser en las mismas condiciones.
Si pretendes que te mejore aún más el sueldo, sabes que no estoy en
condiciones de hacerlo.
Que tengas buena vida, Génaro.
Pero si le estoy diciendo que sí, regreso.
Nada más que ya me da miedo su carácter.
Porque siempre que pasa algo, yo termino siendo el culpable de todo.
Pero yo siempre he dado la cara por ti y eso te consta. Pues sí, pero si le queda
la espinita.
Y uno que tiene la conciencia limpia, pues, le duele el corazón.
¿Qué es lo que necesitas, Génaro?
Necesito su confianza.
Que pueda hacer las cosas sin tener que rendir cuentas de todo. Hasta si le
tengo que cambiar la paja a las gallinas.
¿Eso es todo?
Que le diga a todos que soy inocente de todo lo que hizo el Cosme. Y ya de
pasadita que diga que soy su mano derecha.
Eso puedo concederlo.
Siempre y cuando tú aprendas a controlar tu carácter bronco.
Está bueno.
Pues a partir de ahorita soy un caballito de feria.
¿Entonces qué?
¿Tenemos un trato?
Tenemos un trato.
A partir de ahora yo no voy a tener ninguna queja mía.
Te veo en la hacienda.
Recordar a todas las cosas tan maravillosas que vivimos juntos.
Pero ya ve que ni siquiera se quedó a cuidarme un rato. Bueno, seguramente mi
sobrina aprecia lo que hiciste por Nicolás.
Pero eso no quiere decir que te vaya a perdonar.
Hubiera sido mejor que me muriera.
Yo sin ella no quiero vivir.
¿Te duele? ¿Te duele aquí? No, no, es que... Tenía la manía de tocarme y
dije... Lo perdí hace unos días, era...
Una cadena que me protegía.
Símbolo maya.
¿Te pasa algo?
Yo tengo que irme. Tengo algo urgente.
¿Pilar? Perdóname, pero no me voy a poder quedar a cenar contigo. Tengo algo
urgente que hacer en el centro. Pero yo te llevo.
No, no, no, traigo el coche de Kiara, pero yo te prometo que te voy a
compensar después, ¿sí?
Está bien.
¿Qué pasó con Pilar?
No lo sé, nada más de repente se puso rara, salió corriendo.
¿Por qué? ¿Pasó algo? No, pero me extraña que se haya ido así de repente.
Ah, y entonces usted pensó que yo provoqué otro problema, ¿verdad? Bueno,
tampoco te pongas en ese plan.
Pilar ahora es mi mujer y cualquier mínima sospecha de que algo le pasa, yo
reacciono para defenderla.
Muy bien. Yo solamente estaba esperando a Doménica para despedirme, pero no
quiero causar molestias. Mejor me voy. Tampoco es necesario que te vayas.
Recupérate y ya después decides cuándo te vas.
Claro que sí, patrona. Pásale.
Lo puede dejar aquí en el escritorio. Ay, doctor, no sabía que se llegue tan
tarde.
Lo vienen a buscar.
Sí, gracias.
Los dejo solos.
Qué bueno que te encuentro.
Quería dejar tus cosas y así evitarme dar otra vuelta al espejo de luna.
¿Te encontraste a mi mamá por allá?
Sí.
Y como ya es costumbre en ella, no fue nada amigable.
Me disculpo de antemano por cualquier cosa.
No, no hace falta. La verdad es que nos dijimos nuestras verdades.
Que yo no necesito un hombre y mucho menos que tenga una mamá como la tuya.
Cometí un error y quisiera disculparme por todo lo que he hecho. ¿Y que te
escucha así como tú me escuchas a mí?
Sabes que ya no me importa Luis Fernando.
Y mira, si te alejaste de Mercedes por mi culpa, no lo hagas.
Ella te conviene porque ella sabe perfectamente qué es lo que necesitas,
incluso más que tú.
Veo que viniste hasta acá no solo a traerme mis cosas, sino también decirme
mis verdades.
Vine a traerte tus cosas. De hecho, se las venía a dejar a Kiara y no entiendo
por qué sigues en tu consulta a esta hora.
Es que ya no estoy dando consulta.
De hecho, estoy viviendo aquí.
¿En el mismo lugar donde vive Kiana?
Me imagino que estás muy afectada por lo de don Cosme.
Digo, después de todo era tu jefe.
Pero bueno, viéndolo de esta forma, por lo menos aceptó que él fue el autor de
esa estafa.
No puedo dejar de pensar qué tanto lo consumió la culpa para hacer lo que
hizo. Yo no sabía que te afectaba tanto.
Lo siento.
Bueno, no es por él.
Bueno, sí, es que... me siento responsable por lo que hizo.
¿Por qué?
Si se descubrió toda la tranza que hizo don Cosme.
Fue por mi culpa.
Yo le di a Sangenis el título de propiedad original de la hacienda de
Doménica.
Te fui de la casa porque mi mamá no cede.
Y, pues, Kiara me ofreció quedarme aquí. La verdad es que esto es profesional.
Sabiendo que ella está interesada en ti, aceptaste.
Es que esto ya quedó atrás y tú lo sabes.
Esto es temporal. Es solo mientras encuentro un lugar para vivir. Tienes
toda la razón. Tú y yo ya no somos nada. De hecho, puedes hacer lo que te dé la
gana. Necesito que entiendas, que me escuches.
Cometí un error, sí, pero... ¿Un error? Pero quisiera... Que vivas aquí ya es lo
de menos.
Me acusaste de todo lo que hizo Cosme. Me acusaste de haber matado a tu hijo.
¿Ya se te olvidó?
Me perdiste la confianza desde que Max regresó a mi vida. Me has acusado de
cosas horribles, Luis Fernando. ¿Sabes qué?
Soy yo la que ya no puede.
A pesar de todo lo que hemos vivido, todos mis errores,
jamás he dejado de amarte, Domenica.
¿Y de qué va tu amor?
Si no estás cuando más te necesito.
Lamento mucho que te sientas así.
Lamento mucho.
Y yo lamento más decirte que ya no lo quiero intentar contigo, Luis Fernando.
¡Domenica! ¿Por qué invitaste a vivir aquí a Luis Bernardo?
Porque se fue de su casa.
¿A ti qué más te da?
No te importa, ¿no?
Digo... Si ya no lo quieres...
Yo pienso luchar por él.
Porque nunca lo he dejado de amar.
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