All language subtitles for 1966_Ninette y un senor de Murcia

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Original subtitles

(Música suave)

(Música de acordeón)

(Trompeta estridente)

Me llamo Andrés Martínez Segura,

y hasta hace siete meses, que murió mi tía Eugenia,

la he ayudado a llevar su librería, que ahora he heredado yo

juntamente con unas trescientas mil pesetas en metálico.

Antes de ponerme definitivamente al frente de la librería,

he decidido pasarme unos 15 días en París. Creo que tengo derecho.

Treinta años llevo, de la tienda a casa y de casa al casino.

Siempre aquí encerrado, sin ver nada y sin tener ninguna aventura.

Y la verdad es que ya tengo ganas.

¡Porque a mí me gustan las mujeres, caramba!

Sí, es verdad que he podido casarme,

pero es que vivir siempre con mi tía y ver cómo trataba a mi difunto tío

y cómo le tenía dominado me han hecho enemigo del matrimonio.

Por eso quiero marcharme a París, ¿saben ustedes?

Porque me parece que el amor en Francia

debe de ser algo completamente distinto que en España.

Y, además, porque estoy ansioso de libertad.

Una libertad que aquí no he tenido nunca.

Mi amigo Armando Espinosa me estará esperando en la estación.

(Silbato de tren)

Armando vive en París desde hace cuatro años

como delegado de una firma exportadora de conservas.

Le recomendé que me buscase un hotel no muy importante,

pero sí confortable y, a poder ser, a orillas del Sena,

donde los dueños o la camarera supieran algo de español,

pues yo el francés lo entiendo más bien poco.

Y me prepara una gran sorpresa para la misma noche de mi llegada.

(Jazz lento)

(Motores rugiendo)

(Música animada)

(Piano rápido)

(Música animada)

(Jazz lento)

"Que desaires-vous?".

"Ici Hotel Sánchez?".

"Il n'y a pas d'hotel ici". Ah, pues aquí...

Aquí, Sánchez.

¡Ah! "Vous étais étranger... C'est un autre chose".

"Oui, ici habite madame Sánchez. Mais n'est pas d'hotel".

"Vous pouvez monter si vouz voulez. Quatriéme gauche. Allons!".

"Ascenseur?".

"Mais non, pas d'ascenseur. Montez l'escalier!".

¡Bah!

(Tarareo)

(TARAREA A VOCES)

(Timbre)

"Bonsoir, monsieur. Qu'est-ce que vous voulez?".

Pardon... moi... ¡Pues claro que sí, naturalmente!

Monsieur Martínez, ¿no? Oui.

Pero pase usted, mon chéri. ¡Pase usted!

Gracias, muchas gracias. Debe usted perdonarme

que esté todo un poco en desorden,

pero dispongo de muy pocos minutos "pour faire le ménage de la maison".

"Vous comprenez?". Y es que yo trabajo fuera de casa

y solo en los ratos libres puedo dedicarme un poco a estas tareas.

"¡Mais asseyez vous, asseyez vous!". Oui, oui.

¡No! ¡No, mon petit! Qu'est-ce que vous fait?

Aquí. Aquí, en esta butaca.

Estará usted mucho más cómodo, monsieur. C'est n'est pas vrai?

Oui, oui... Esta es la butaca

en la que se sienta siempre mi marido para leer el periódico

cuando regresa de su trabajo en la Citroen.

Porque él trabaja en la Citroen. Y tiene un buen sueldo.

¡Ah, sí! Aquí se paga bien el trabajo, monsieur.

Y no como en España. Vous savez? Oui, oui.

¿Sigue por allá el mismo régimen? Pues oui, pues oui...

"Oh là là, quelle dommage!". Y bien, monsieur.

Pues, a pesar de todo, la vida aquí en París también es cara.

Y yo ayudo a la casa tendiendo mi pequeño establecimiento

de verduras al final de esta calle.

Porque en España yo vendía verduras. Y mi madre también vendía verduras.

Y mi abuela las vendió también.

Ha sido toda una gran dinastía de verduleras.

Pero con la diferencia, monsieur, de que, en España,

una verdulera es una verdulera, y en París es una verdadera señora.

Vous comprenez? Y yo llevo sombrero de la mañana a la noche.

Y los clientes me llaman madame. ¡Y soy una madame!

De los pies a la cabeza. Excusez-moi.

Es la circulación, vous-savez? Oui, oui...

Mi hija, que también trabaja,

quiere que yo deje de vender verduras

y que me dedique solo a la casa. Pero yo no puedo con la casa.

¡Mi vida siempre ha sido estar en la calle!

Y, si no estoy en la calle, parece que me ahogo.

Entonces su amigo, monsieur Armand,

me dijo que usted tampoco estará mucho en casa.

Que viene a conocer París y a divertirse un poco,

y quisiera tener libertad para entrar y salir.

¡Bien, le dije yo! Sí, por...

Es lógico que el pobre pequeño quiera divertirse,

viniendo de España. En nuestra casa tendrá toda la libertad que quiera.

¡Figúrese! Libertad a nosotros. Vea, vea estos retratos.

Pablo Iglesias, este. Y este, Lenin. Y este, don Alejandro.

¿Eh? ¿Qué más libertad quiere usted?

"¿Habla francés su amigo?". Le pregunté. "¡Oh, no!".

No, por... "Es de Murcia y no ha salido nunca".

"Entonces mejor", fue mi comentario.

Así en nuestra casa podrá hablar en español todo lo que quiera.

Porque no hay nada peor que llegar a París y no poder hablar.

Es... ¡Ah! ¡No poder hablar es terrible!

Y ahora venga, y le enseñaré la habitación.

"Par icí. Par icí, monsieur".

Charmant, ¿no? Es interior, pero no importa.

Porque supongo que se pasará todo el día en la calle.

(RÍE) ¡Oh, París!

Le gusta la chambre, ¿verdad? Bon. Y, ahora, venga.

"Par icí. Par icí, monsieur".

"Par icí, s'il vous plait".

Desde esta terraza se ve París.

No todo París, es claro. Pero, por 15 francos,

no puede usted vivir en la Torre Eiffel, naturalmente.

Tres calles más arriba está Place Pigalle, ¿eh?

Ya habrá oído hablar de Place Pigalle.

(RÍE) ¡Paris la nuit, mon vieux!

De modo que, si se asoma usted a la terraza, oye desde aquí

el ruido de los coches que pasan por Place Pigalle.

Qué situación, ¿no?

Además, la vecina de al lado es escultora,

y, mientras modela, pone discos.

Vous aimez la musique, monsieur? Oui.

Par icí, monsieur. Par icí.

Este es el pasillo. Estas, nuestras habitaciones.

Y le cabinet de toilette. Cinco francos por baño, monsieur.

Le telephone. Y, de independencia, toda la que quiera.

La casa para usted. Tome este llavín.

Con él, usted podrá salir y entrar cuando se le antoje.

Todos tenemos llavín para no molestar. ¿Tout d'accord?

Oui, oui... ¡Pero siéntese, monsieur, siéntese!

Icí.

Icí. Merci, merci.

Y cuénteme cosas, monsieur. No esté siempre callado, voyons.

Yo me llamo Bernarda.

Y puede usted llamarme madame Bernarda.

Si conmigo puede hablar español, ¿cómo es que no habla?

Parlez, monsieur, parlez!

Pues lo que yo quería decirle... (BOSTEZA)

Pardon. Continúe, continúe. Pues lo que yo quería decirle...

(SUSPIRA)

(GRITANDO) ¡Pues lo que yo quería decirle...!

(Ronquido)

(Ronquidos)

(Jazz)

(HABLA EN FRANCÉS)

Pardon, perdón. Perdón.

(Martilleo)

(Jazz)

(GRITA) ¡Armando, Armando!

(Ronquidos)

(Jazz)

Andrés, hombre. ¡Armando!

Cómo me alegro de verte, hombre. Y yo, ya te lo puedes figurar.

Pero ¿qué haces aquí en el portal? Nada, que se me ha dormido.

¿Quién? La señora esa.

Bueno, tendrá sueño. ¿O te crees que la gente aquí no duerme?

De todos modos, quería decirte una cosa

referente a la señora y a la habitación.

Bueno, ahora me lo dirás. Anda, sube.

Oye, estás más delgado, ¿verdad? Pues no, como siempre.

Pues yo te encuentro mucho más delgado, y tienes mala cara.

¿Ah, sí? Malísima.

A lo mejor es del viaje. A propósito del viaje.

No me habrás visto en la estación, ¿verdad?

Ah, pero ¿es que has ido? No.

Por eso digo que no me habrás visto. Porque no he podido ir.

Pero es que no sabes lo que es París, no hay dónde aparcar.

Si tienes un coche, como si no lo tuvieras.

¡Qué ciudad, chico, qué ciudad!

¿Pero cómo se te ha ocurrido venir aquí, hombre?

Pues nada, ya ves. Ya te dije.

Pasa, hombre, pasa.

¡Ah! Ya está aquí monsieur Armand.

¡Oh là là!

C'est très sympathique votre ami.

Dice que eres muy simpático.

"Sympathique" en francés quiere decir "simpático".

Vete acostumbrando.

Pero ¿qué miras, hombre, qué miras?

Que se está llevando mi maleta. Claro, a tu habitación.

Ya la habrás vist, ¿no? Estupenda habitación.

Le he enseñado su habitación, que le ha gustado mucho.

Le he dado la llave para que entre y salga cuando quiera,

y ya estamos de acuerdo en el precio.

Menuda suerte hemos tenido encontrando esta casa.

Porque tú no sabes cómo está esto. Que de verdad que no lo sabes.

¿Pero cómo se te ha ocurrido venir aquí, hombre?

¿No es verdad, madame Sánchez, que esto está imposible?

-¡Oh là là, mon Dieu!

-Ya lo estás oyendo. En fin, cést la vie.

-Y como yo tengo todavía muchas cosas que hacer,

me vuelvo de nuevo a mon affair.

D'accord! Enchanté.

Au revoir, monsieur. -Au revoir.

-A tout á l'heure. -Tout á l'heure.

-Á bientôt. -Viento.

Simpaticona, ¿verdad? Pues sí, muy campechana.

Bueno, estarás encantado. Este tipo de casa era lo que tú querías.

No me irás a decir que no es lo que tú querías.

Bueno, en principio... ¿Cómo que en principio?

¿Es que me vas a decir que no te gusta?

Es una casa limpia y barata y en un sitio céntrico.

Y, sobre todo, que hablan español.

¿No me dijiste que querías que hablasen español?

¡Porque eso fue lo primero que me recomendaste!

Hombre, sí, eso sí... Entonces, ¿de qué te quejas, hombre?

No, si yo no me quejo. Pero es que fíjate qué retrato.

¿Y qué te importan a ti estos retratos?

Si son de izquierdas, ¿qué retratos quieres que tengan? ¿Obispos?

¡Pues no! Tienen eso.

Pero es que yo soy de derechas. ¡Toma, y yo también!

Si son de izquierdas desde hace 30 años, no creo que hayas venido

a hacerles cambiar de opinión.

No, si yo no pretendo... ¡¿Qué es entonces lo que pretendes?!

¡Porque has venido tú muy caprichoso!

Es que, además, la habitación es interior, mira.

¿Querías un balcón como en Murcia para asomarte a ver la procesión?

No habrás venido a París para estar asomado al balcón como una vieja.

No, eso no. Pero, de todos modos, si me pudiese marchar a otro lado...

¿A qué otro lado, hombre? A un hotel, por ejemplo.

¡Eso se dice antes, caramba! Ya te lo dije.

Un hotelito que diese al Sena...

¡También dijiste que hablasen español,

y tanto a la vez no se puede encontrar!

La culpa la tengo yo por meterme donde no debo.

Bueno, pero no debes enfadarte... ¡Si no me enfado, pero me molesta!

Entonces, ¿qué hacemos? ¿De qué?

De mudarme. Ah, pero, ¿quieresmudarte?

Creo que te lo he dicho bien claro.

Si verdaderamente no te gusta, cosa que no me explico,

podemos buscar otro sitio. No hoy ni mañana, como comprenderás.

Tiene que ser con calma.

Pero como yo solo voy a estar aquí 15 días...

Ah, ¿tanto? Más o menos.

a ver si encontramos otra cosa que te guste más.

Ya buscaremos una disculpa para quedar bien con esta señora.

Pero esta noche te quedas aquí.

Pero si esta noche me tengo que quedar,

mejor será que ahora nos marchemos.

¿A dónde nos vamos a marchar? ¡Por ahí, a la calle!

Lo que he visto desde el taxi me ha entusiasmado.

Cuanto menos tiempo esté aquí dentro, mejor. ¿No te parece?

Bonjour, monsieur. Bonjour, monsieur Pierre!

Bonjour, monsieur Armand. Bonjour!

Buen tiempo, ¿no? -Buen tiempo, sí.

Il fait très beau, il ne pleut pas.

¡Aj! ¡Es la primavera en París, monsieur!

A tout á l'heure! Tout á l'heure!

Tout á l'heure! Tout á l'heure.

¿Quién es?

Monsieur Pedro, el marido de la señora.

Ah. A pesar de sus ideas, muy simpático.

Ya verás. Te lo presentaré luego.

Lo pasarás muy bien con él.

Bueno, dime. ¿Qué sorpresa me tenías reservada para esta noche?

¡Esta noche vamos a ir al cine! ¿Al cine?

Pues claro, al cine, a ver una película.

Ah. Verde, ¿no?

Verde no, rusa. Una película rusa.

Ya. ¿Es que no te gusta?

Pero bueno, ¿tú en Murcia puedes ver películas rusas?

No. ¿Pues qué más quieres?

Estás en París, las puedes ver.

Pero meterme esta noche en el cine a ver una película rusa...

El cine está al lado. Y después vuelves y te acuestas.

Yo creo que el plan no puede ser mejor.

Eso sí, sí. Pero, la verdad... ¡Tú eres muy difícil para todo!

No te gusta el cine, no te gusta la casa...

¿A qué has venido entonces tú a París? ¿A qué has venido?

¡Pues a eso, a ver París! ¿Ver París a estas horas?

Son las seis y media de la tarde. A estas horas no se ve bien.

Es mejor ir por la mañana.

Entonces podemos salir, tomar un aperitivo y cenar juntos.

Ahí en frente hay un "snack bar". ¿Un qué?

Tomamos una cerveza y un emparedado,

¿Por qué quieres que me acueste, caramba?

Porque tienes mala cara. ¡Siempre he tenido la misma cara!

En vez de comer en esa cafetería que está tan cerca,

me gustaría ir a un buen restaurant que estuviese más lejos.

Además, tengo ganas de probar la cocina francesa.

¡Pero la cocina francesa cuesta un dineral!

Yo te invito. De ninguna manera.

Si me invitas a una cosa, yo te tendré que invitar a otra.

Y aquí todo cuesta un disparate.

Iremos donde tú quieras, pero a base de pagar lo suyo cada uno.

Bueno, de acuerdo. Bueno.

¿Y si fuésemos a un cabaret?

¿A un cabaret? ¿Pero tú no sabes que aquí el champán es obligatorio?

Eso cuesta un dineral. Que no, a un cabaret no.

Ni hablar del asunto. ¿Entonces?

¿Tú sabes cuál es mi mayor ilusión al venir a París?

Pues no caigo.

Comer en uno de esos barcos que recorren el Sena. Mira.

¿En el Bateau Mouche? Eso.

Une promenade sur la Seine. ¡Eso, eso!

¡Pero eso es una tontería, hombre!

Tanto como una tontería... Claro que sí. Y, además, carísimo.

¿También? Una burrada.

Pero por un día... Además, tú ganas un buen sueldo.

Pero no para gastármelo en bobadas. No, no, no.

Nada, al Bateau Mouche no. Ni hablar del asunto.

Entonces, si te parece, podemos salir y sentarnos en el portal

a ver pasar la gente. ¿Por qué dices eso?

Porque nada te parece bien. ¡Tampoco a ti te parece bien nada!

No discutamos. Será lo mejor.

Au revoir, monsieur. Au revoir, monsieur Pierre!

Au revoir, monsieur Armand. Au revoir.

¿Por qué se va?

Porque está en su casa y puede hacer lo que quiera.

No estará entrando y saliendo todo el tiempo.

¿Te vas a meter en la vida de esta familia?

Como no me lo presentaste, no sé qué decir.

¡Pues no le digas nada!

Tienes libertad para hacer lo que quieras. ¡Tú, a divertirte!

Y lo demás te tiene sin cuidado.

Oye, ¿y chicas? ¿Conoces chicas?

Hombre, claro que conozco. Podíamos salir con alguna chica.

Pero eso nos va a salir más caro.

Algo tenemos que gastar, digo yo.

Pero para salir con chicas hay que buscarlas.

Pues las buscamos.

¡Oye! No sabía que tú habías venido a París a esto, ¿eh?

Pues te lo has podido figurar.

Pero ir de juerga con esa corbata... He traído otra con pintitas.

Bueno, pues si traes otra... Yo conozco a varias chicas.

¿Ah, sí? Y bastante monas.

Y... ¿fáciles? Depende.

No te vayas a creer que las francesas son tan asequibles.

Ah, ¿no?

Bueno, hay de todo. Pero no el primer día.

¿Cuánto se tarda, aproximadamente?

Pues no sé, según cómo les caigas.

Hay que salir con ellas, invitarlas...

Pongamos un mes, por ejemplo.

Pero entonces no voy a tener tiempo.

Oye, ¿y la vecina? La que es escultora.

No, esa solo sale con escultoras. Ah.

Yo conozco una que puede convenirte.

Es amiga de otra amiga mía, una que se llama Colette.

Si quieres la llamo y se lo digo. Eso, eso.

Bueno, pues entonces me voy. ¿A dónde?

A buscar a Colette. Vive muy cerca. Pero ¿cómo? ¿También cerca?

Pues claro, este es mi barrio.

Te acompaño, así doy una vuelta. No.

Es mejor que vaya yo solo.

No sabes cómo son para estas cosas.

Hay que andar con mucha diplomacia, ¿comprendes?

En seguida vuelvo a recogerte. ¿Y yo qué hago mientras?

Te arreglas un poco y te cambias de corbata, ¿eh?

Bueno, pero no tardes. No, hombre, estoy aquí en seguida.

Hasta luego.

(Jazz)

(Saxofón)

(Jazz animado)

(Jazz)

(Jazz)

(Jazz)

Hola. Hola.

"C'est pour mon petit repás. Jambón et yoghourt".

"C'est pas bon de manger beaucoup le soir".

¿Cómo dice usted? (RÍE)

(ACENTO FRANCÉS) Mi cena para después.

No es bueno comer mucho por las noches, señor.

Sí que es verdad, sí.

Es usted el español, ¿no? Pues sí.

Mamá me dijo ayer que iba a venir usted.

Yo soy Ninette, la hija de madame Sánchez.

¿Es la primera vez que viene a París usted?

Sí, la primera.

¿Y qué le parece? Aún no he visto nada.

Bueno, desde el taxi. De la estación hasta aquí.

Es precioso. ¡Y cuánta gente! Demasiada.

Yo no amo a la gente.

Quiero decir, a la "foule", a la muchedumbre.

Me gusta más la soledad. También tiene su encanto, también.

Pero siéntese, monsieur. No esté de pie.

Gracias.

¿Qué tal España? Pues muy bien.

Allí sigue, tomando el sol.

Yo he nacido aquí, pero mis padres son españoles.

Exiliados. Ya.

Tienen sus ideas, claro. Todo el mundo puede tener sus ideas.

Hombre, eso desde luego. Y en algunas cosas tienen razón.

Por ejemplo...

me han dicho que allí tienen un concepto de la moralidad

bastante pintoresco. Pues sí, mire usted. Eso sí.

Creo que en las cosas del amor son terribles, ¿no?

¡Uf!

Aquí tenemos una idea completamente distinta de la moral.

Es mejor así, ¿sabe? Todos nos encontramos más cómodos.

Sí, es de suponer.

El amor es lo más bonito del mundo.

¿Un vaso de vino, monsieur? ¡Hombre, sí! El famoso vino francés.

Este es de Valdepeñas.

Mi padre se lo hace traer desde allí. Le gusta mucho.

Y solo bebe Valdepeñas.

Y, a veces, sidra de "El Gaitero". ¡Beba, beba!

Gracias. Chinchín.

Chinchín.

¿Calor, verdad? Sí. Y pegajoso.

Es el clima de París.

El Sena, ¿usted sabe? Ya.

Me voy a cambiar. En casa, me gusta estar cómoda.

Excusez-moi, monsieur. No faltaba más.

Yo trabajo en las Galerías Lafayette.

Ya habrá oído hablar de esos almacenes.

Son los mejores de aquí. Sí que he oído, sí.

¡Pero qué trabajo, señor! Termina una muerta de cansancio.

Lo comprendo.

Algún día los verá y se dará cuenta.

Es uno de los sitios que tengo apuntados para ir.

Me han hecho algunos encargos.

En ropa interior para mujeres tenemos maravillas.

Ah, ¿sí? Sí.

Unas prendas monísimas. Muy delicadas, muy femeninas.

Ya, claro. Claro.

¿Va a estar aquí mucho tiempo, monsieur?

Quince días.

¿Y por qué tan pocos días, monsieur?

Es una lástima. No tendrá tiempo de ver nada.

Bueno, a lo mejor lo alargo más.

Esta bata es de las galerías. Preciosa.

Y todo lo demás que llevo también es de allí.

Ya.

¿Otro vaso? No, no, no. Gracias.

Mis vacaciones me correspondían el mes que viene,

pero una compañera me ha pedido por favor que cambiemos los turnos,

y, desde este momento, estoy libre.

Su madre me dijo que estaba usted casi todo el día fuera de casa.

Casi todo el día.

Por eso mismo, ¿sabe lo que voy a hacer durante todo este tiempo?

Pues no, no sé. Quedarme en casa y no salir.

Y estar tumbada, y descansar, y leer.

No puedo con la agitación de París. Ni con el ruido.

Es insoportable, ¿usted sabe? Tengo ya los nervios deshechos.

¿Es usted casado? No, no, no. No.

Yo tampoco. Pero tendrá usted novio.

(RÍE) Oh là là! Yo tengo mis ideas propias sobre los novios.

Los hombres son necesarios. Los novios, no.

Ya. Ya, ya.

¿Y qué hace usted aquí metido? ¿Por qué no sale? París es hermoso.

Estoy esperando a mi amigo. ¿Dónde ha ido?

Pues no sabíamos qué hacer. Parece que tiene una amiga

y ha ido a buscara para ver si ella tiene otra y salimos los cuatro.

(RÍE) Los españoles, siempre lo mismo.

Todo el tiempo pensando en eso.

Si yo hubiera sabido que estaba usted libre,

en vez de buscar a la otra amiga... ¡Ah, no, monsieur!

"Qu'es que vous pensez, voyons? Je ne sort pas avez des inconues!".

"Ah, c'est embtant!". ¿Cómo dice usted?

¡Que no salgo con desconocidos, señor! ¿Por quién me toma?

Y que yo solo quiero descansar.

Perdone, usted perdone. Tenga, lea.

Lea.

(Acordeón)

(Música alegre)

(HABLA EN FRANCÉS)

¿No sabe usted nada de francés? Pues más bien poco.

Yo en casa con mis padres solo hablo el español.

Y soy intérprete de español en las galerías.

Y, además, lo he estudiado y sé gramática. ¿Comprende?

Y, siendo francesa, conozco su idioma mejor que algunos de ustedes.

Sí, es posible. Desde luego, lo habla sin ningún acento.

Me gusta el español. Y los españoles.

Ya. ¿Quiere un libro en español?

No, no, gracias. A nosotros, los españoles, eso de leer...

Pero no esté de pie, siéntese. Aquí. En el sofá estará más cómodo.

Gracias.

Conque buscando una aventura para su primera noche en París.

Pues sí, qué se le va a hacer. La tradición.

Pero no crea que eso es fácil. Las mujeres francesas

tenemos una fama que no corresponde a la realidad.

Todo en Francia es propaganda, ¿comprende?

El buen vino, la buena mesa, el amor fácil. ¡Ah, no!

Son para la atracción del turismo. Pues ya ve usted. Yo creía...

Todo el mundo cree eso. Y hay libertad, desde luego.

Y las chicas podemos hacer lo que se nos antoje.

Lo que pasa es que no queremos. Es fatigante, ¿no?

Se trabaja aquí mucho para eso. Claro, claro. Lo comprendo.

¿Le aburro? No, no. Qué va, qué va...

(Jazz suave)

¿Por qué me mira? Como estamos hablando...

Estoy segura de que le gustaría darme un beso, monsieur.

Oh, sí. Y puede dármelo, si quiere. Es usted simpático.

No estamos en España. Estamos en París.

¡Vamos! Decídase, voyons.

(Jazz suave)

Oh, no. Más. ¿Más?

Oui.

(Jazz)

¿Así? Así.

(RÍE)

Connaissez vous les Invalides? ¿Cómo dice?

Que si conoce usted los Inválidos, monsieur.

¿Los Inválidos?

Oh, sí. Bajo su cúpula está enterrado Napoleón Bonaparte.

Ya. Pues no, no.

¿Adónde va a ir esta noche con sus amigas?

Pues por ahí, a dar una vuelta. Y a lo que salga, claro.

Yo pienso que no tendría usted necesidad de irse por ahí de juerga.

Ah, ¿no? Claro que no.

No, si yo lo hago solo por ver París.

Siempre hay tiempo para ver París. Además, también yo soy París, ¿eh?

¿Qué dice?

Es que me parece mal, estando aquí de huésped en casa de sus padres.

Pero eso no tiene importancia.

Además, mis padres no volverán hasta muy tarde.

Ah. Lo malo es que me haya citado aquí con mi amigo.

Eso tiene fácil arreglo. ¿Usted cree?

Ese debe ser. ¿Prefiere salir o quedarse aquí?

Pues la verdad, como se ha hecho ya tan tarde...

Espere ahí. Yo abriré.

(Música animada)

Buenas. Bonsoir, monsieur Armand.

¿Y mi amigo? Se ha ido.

¿Cómo que se ha ido? Ah, sí.

Ha dicho que prefiere irse solo a dar una vuelta.

¡Pero si habíamos quedado citados aquí!

Ah, yo no sé, monsieur. Solo me dijo eso.

Después de hacerme buscar dos señoritas,

este pesado va y se marcha.

¿Y encontró las señoritas?

¡Pues claro! Estoy citado con ellas en el bar de enfrente.

Lo siento, monsieur.

Pues figúrese yo. Menudo embarque.

Lo siento, monsieur. Pero quizás vuelva pronto.

Si vuelve, le dice que estaremos ahí una media hora, que le esperamos.

Se lo diré, monsieur. Bueno, pues gracias y adiós.

Adiós, señor.

¿Se ha enfadado mucho? ¡Oh, no!

Lo siento si ha encontrado a esas señoritas...

¿De verdad lo siente usted? Por él, no por mí.

Bueno, una vez que el asunto está arreglado, me voy a poner a leer.

¿¡Que se va usted a poner a leer!?

Pues claro, señor. ¿Qué pensaba usted?

Hombre, yo creía... Yo creía, yo creía.

¡Siempre "yo creía"!

Se le nota que hubiera preferido ir con esas señoritas

No, no. Si yo lo decía solamente por ver París.

Antes de conocer París, es mejor que conozca su cuarto, señor.

¿Mi cuarto? Va usted a vivir en él.

Durante 15 días será su pequeño universo.

Y debe abrir sus maletas. Y poner la ropa en el armario.

¿Quiere usted que le ayude?

Pues ya me gustaría. Entonces, vamos.

Pase usted, monsieur. No, por favor. Usted primero.

¡Ah, no! Primero usted. No, de ninguna manera.

Voyons, para no discutir, entremos los dos al mismo tiempo.

¿Cómo? Cójame en brazos. Peso poco.

¿Que yo la coja a usted en brazos? Pues claro.

¿Así? Así. ¿Le parece bien, monsieur?

¡Me parece fenomenal! Ça c'est Paris, monsieur!

(Acordeón)

Marque el número de madame Bernarda. Sí, señor. Ahora mismo.

En seguida voy. ¿Y quién es madame Bernarda?

La señora de la casa donde vive mi amigo Andrés.

Ese que ha venido de Murcia. Ah, sí. Claro.

¿Y cuál es el teléfono de la casa en donde vive su amigo Andrés?

Está ahí, apuntado en ese bloc.

Ah, claro. Sí señor.

Es que hay dos blocs. Pero en uno no hay apuntado nada,

y en el otro sí. Pues en el que está apuntado.

Ah, claro, sí señor. Ahora mismo.

Aquí está. Tome.

Andrés, hombre. ¿Se puede saber qué es lo que te sucedió anoche?

Sí, claro que sí. Que... me empezó a doler mucho la cabeza.

Por si tú tardabas, se me ocurrió salir a dar una vuelta.

Y, fíjate, que me perdí. Pero, ¿cómo que te perdiste?

Y no sabes el trabajo que me costó llegar a casa.

Y, como era muy tarde, me acosté. Pues yo fui a buscarte.

Sí, la hija de madame Bernarda me ha dicho esta mañana que viniste.

¿Y te dijo también lo que te había organizado?

¡Sí! Figúrate lo que lo he sentido.

Y con las chicas esperando y todo, ¿no? Fíjate, qué rabia.

Bueno, pues ven a buscarme y vamos a algún sitio.

Y, si te... parece...

¿Qué si me parece qué? ¿No me oyes?

Estabas diciendo "y si te parece". ¡Espera!

Digo yo que, como todavía no me encuentro del todo bien,

que en vez de venir a buscarme hoy, vengas mañana.

¡No, no te molestes! Si no es nada. Debe de ser algo del estómago.

Sí, entonces hasta mañana. Sí, aquí estoy. Adiós.

¿Qué te ha dicho? Pues eso.

Que en vez de venir a buscarme hoy, vendrá mañana.

(Música alegre)

Teniéndome a mí, no tienes necesidad de dar ninguna vuelta, cherí.

Es que, como no he salido desde que llegué...

¿Me vas a decir que lo sientes? No, qué va. Si estoy tan contento.

¿Es que no lo pasas bien conmigo? Hombre, figúrate.

Nunca pensarías encontrar en París lo que has encontrado.

Eso desde luego.

Porque ya se puede decir que has tenido suerte.

Venías buscando una aventura y no la pudiste encontrar antes.

Y sin salir de casa. Eso sí que es verdad, sí.

Pero, por favor, esto nuestro no se lo vayas a contar a nadie, ¿eh?

Hombre, en Murcia yo creo que sí lo podré contar.

Bueno. En Murcia, bueno. Pero aquí no. Y menos a tu amigo.

Si no le cuento nada, como no quiero salir con él, va a sospechar.

Dices lo que has dicho a mis padres.

Que estás un poco enfermo del estómago.

¿Pero por qué no vienes con nosotros? Podíamos salir los tres.

¡No! Ya te dije que estoy harta del jaleo de París.

Estoy cansada y quiero descansar. ¡Son mis vacaciones, Andrés!

Digo que podíamos ir un momento a ver la Torre Eiffel.

Volvemos en seguida. Por ver algo, ¿no? Ya que estoy en París...

Mais no, mon amour. Esta tarde nos quedaremos aquí otra vez juntos.

Y pondremos discos en el gramófono.

Pero, hija mía, es que discos los puedo poner yo en Murcia.

Bueno, pues no ponemos discos. Hablamos. Nos besamos...

Y eso sí que supongo que no lo podrás hacer allí.

No claro, eso no. D'accord?

De acuerdo.

Mi madre estará hoy todo el día en su negocio,

y mi padre vendrá después a buscar su bocadillo,

pero en seguida se marchará. Esta mañana me ha dado la lata

con las ventajas del plan quinquenal.

(RÍE) Si no le llevas la contraria, se aburre y se va.

Ya verás qué tarde maravillosa vamos a pasar.

Y, después de eso,

¿no te gustaría que nos fuéramos a cenar al Bateau Mouche? ¿Eh?

Un paseo sobre el Sena, los dos juntitos.

Oh, mon Dieu! ¡Pero qué pesado estás con el Bateau Mouche, voyons!

¿Qué se te habrá perdido en el Bateau Mouche?

Siempre he soñado con ese paseo. ¡Pues vamos otro día!

Si todo lo vamos dejando para otro día,

cuando llegue a Murcia, aparte de lo tuyo, no sé que voy a contar.

(Música de cabaret)

(Timbre)

Pardon, papá. Eché el cerrojo sin darme cuenta.

¿Qué hacías? Leyendo en mi cuarto.

¿Y tu madre? Salió hace poco.

¿Y monsieur André? Debe de estar en su habitación.

Sí, aquí estaba, echado.

¿Cómo se encuentra usted, monsieur Martínez?

Estoy un poco mejor. La cabeza ya no me duele tanto.

Y ¿qué ha comido usted, monsieur?

Mamá esta mañana le ha subido unos fiambres y yogur.

¿Solo eso?

Sólo eso. Estoy a yogur desde que he llegado.

Y, sin embargo, usted amará la cocina francesa, ¿no es eso?

Sí que la amo, sí. Debe de ser muy rica.

¡Extraordinaria, monsieur!

¡La cocina española no tiene nada que envidiarla!

Para los pocos españoles que pueden comer, claro.

Porque los demás... se mueren de hambre.

Hombre, tanto como eso... ¡De hambre, monsieur!

Los españoles siempre se han muerto de hambre.

Bueno, no le digo que no.

¿Y sabe usted por qué? No.

Porque el factor capital prevalece sobre el trabajo.

Y no siendo normales los instrumentos de producción,

propiedad de los que los emplean,

se ha llegado a la formación de dos grupos sociales.

Los asalariados y los poseedores de los bienes de producción,

lo cual dificulta una distribución más equitativa de la riqueza

y acentúa esta desigualdad social a la que hemos llegado.

Y mientras se piense en el aumento de los beneficios

mediante la racionalización de la producción,

acelerándose el volumen de ésta con la estandarización, monsieur.

(GRITANDO) ¡Con la estandarización! Bueno, y sobre todo, puñeta,

¿qué se puede esperar de un país

que solo se alimenta de gambas a la plancha? ¿Eh?

¡Conteste usted, monsieur! Sí, eso sí. Eso sí.

Y voy a demostrarle a usted que quiero a España

y que no la he olvidado, monsieur. Voy a demostrárselo.

¡Ninette! ¡Ninette!

Oui? ¡Trae la gaita!

Oui, papá.

¿Para qué quiere usted la gaita? Para tocarla, monsieur.

Porque yo soy asturiano. Y no olvido mi tierra.

Y sé tocar la gaita. Ya, ya.

Y, si está usted en mi casa algún tiempo,

soy capaz de enseñarle a usted a tocar la gaita.

La gaita, papá.

Ahora verá usted. No, pero no debe molestarse.

¡Calle!

¿Es que no le gusta a usted la gaita, señor?

No, si gustarme sí que me gusta... Entonces, déjele que toque.

Ande, siéntese.

Fija qué bien lo hace. ¿Se callan o no?

Sí, papá.

Voy a empezar, monsieur.

(Melodía tradicional)

(Gaita)

(Timbre)

Merde. ¿Quién es el imbécil que viene ahora a molestar?

Que entre y que se calle.

(Gaita)

(GRITA) ¡Buenas! Par icí, monsieur.

¿Qué hace? Calle.

¿Qué, estás mejor?

(Música suave)

(Gaita estridente)

(Acordeón animado)

(Gaita estridente)

(Piano suave)

(Jazz)

¡Ya está! Muy bien, muy bien. Precioso.

C'est formidable, papá. Muy bonito.

Emotivo, ¿no? Muy emotivo.

Es la tierra, monsieur, que tira mucho.

En fin, Ninette, llévate la gaita

y prepárame el bocadillo que tengo que llevarme al trabajo.

Sí, papá. Ya te lo he preparado. Voy a traerlo.

Porque aquí trabajamos, monsieur Armand.

Pero también comemos. Y, en España, ni se trabaja, ni se come.

Eso que dice usted es una tontería. ¿Una tontería?

¿Dice usted que es una tontería?

Sí señor, una tontería como una casa.

Pero ¿usted oye, monsieur Martínez?

¡Contéstele, monsieur! Contéstele.

Yo creo que, en el fondo, monsieur Sánchez tiene razón,

y que el socialismo es un movimiento necesario

cuyo objetivo es la abolición de todo privilegio de riqueza

mediante la supresión de los beneficios.

Pero ¿qué dices, hombre, qué dices? ¿Es que en España tú no comes?

Bueno, más que aquí, sí. Pero yo sé de cada caso...

¿Lo oye usted, monsieur Armand? Y ¿qué me dice del problema agrario?

¡No hay ningún problema agrario! ¿Cómo que no?

¡Que no hay ningún problema agrario!

¿Que no hay ningún problema agrario? No señor.

Vamos a discutir eso despacio. Sí, señor.

Contéstele, monsieur. Contéstele.

Bueno, un poco sí que hay, Armando. ¿Para qué nos vamos a engañar?

Bueno, yo me marcho. No te vayas. Espera un momento.

¿Quieres explicarme por qué hablas así?

Cuando una persona tiene razón, se la doy. Y monsieur tiene razón.

¿Qué dice usted a eso?

Que me marcho. ¡No, hombre!

Tu bocadillo, papá. Gracias, ma petite.

¿Te vas ya, verdad? Claro que sí.

Monsieur Martínez ha comprendido que yo tengo razón,

y así no hay discusión posible. Te acompaño.

Voy a comprarle un yogur a monsieur Martínez.

Bien sûr. Hoy le conviene seguir a dieta. Vamos, papá.

Au revoir, monsieur! Bonjour, monsieur Pierre.

Á bientôt.

Bueno, ¿pero aquí qué pasa? Porque yo no comprendo nada.

Si no le doy la razón, se enfada, y se pasa discutiendo todo el día.

Por eso es mejor llevarle la corriente. Para que se vaya.

¿Para qué quieres que se vaya? Pues para que no me dé la lata.

¿Y la hija por qué está aquí? Porque está de vacaciones.

¿Y por qué va a comprarte yogur? Pues porque estoy enfermo.

¿Pero tanto como para tomar esa porquería?

Pues sí, ya ves. Pues qué lástima, hombre.

Pensaba llevarte a un restaurante que me han recomendado.

¡Vaya! Siempre tan oportuno. Ya me pudiste llevar la otra noche.

No me lo han recomendado hasta hoy.

¿Y qué se come? De todo. A base de cocina francesa.

"Escargots, foie de la campagne, sole meuniére, poulet rôti,

omelette surprise...". Pues ya ves, hombre. Qué pena.

No, si ya te dije el día que viniste que tenías mala cara.

Desde luego. Y hoy la tienes peor.

No me extraña. Has pasado mala noche, ¿verdad?

Pues... según como se mire. ¿Cómo que según como se mire?

A ratos tenía frío, a ratos calor. Fiebre.

A lo mejor.

(Acordeón)

Siento que no conocieras a la chica de la otra noche,

la amiga de la mía. De Colette. ¿Mona?

Estupenda. Y muy simpática. Está deseando conocerte.

Ah, ¿sí? Sí. Le hablé de ti. Lo pasamos bien.

Iríais al cine, ¿no? No, hombre, no. Qué tontería.

Como tenías dos entradas... Las devolví.

Y fuimos a un "striptease".

¿De esos de...? ¡De esos, de esos! Fenomenal.

Pero tú me dijiste que a esas cosas no querías ir porque eran muy caras.

Hombre, yendo bien acompañado, y por una noche...

¿Cuándo podemos salir otra vez? Cuando quieras.

Pues, si te parece... Lo malo es esto de estar tan malucho.

Aprensiones, hombre. Que eres muy aprensivo.

¿Y solo tomas yogur? Y jamón de York.

Y ¿quién te lo trae? Pues Ninette, la hija de los dueños.

Vale poco esa chica, ¿verdad? Hombre, no está mal.

Un poco raquítica, ¿no? ¡Nada de raquítica!

No me he fijado, pero creo que de raquítica no tiene nada.

Pues a mí no me gusta. Ah, ¿no?

Ni pizca. Si hubiera algo que hacer con ella...

Pero ni hablar. Es de lo más decente.

¿Tú crees? Hombre. Tiene fama en el barrio.

Su trabajo y su casa. Su casa y su trabajo. Y leer novelas.

Y que no fuera así. Para qué te voy a contar cómo son los padres.

La madre es verdulera, no lo olvides.

¿Ah, sí? Pues yo creía que en París, y sobre todo teniendo esas ideas...

¿¡Para qué tienen aquí a Lenin!?

Tienen ideas para el problema agrario. En lo demás son terribles.

¿Tú has estado en Vitoria? Pues como allí.

Vamos, no será tanto. ¡Que sí, hombre, que sí!

Y además, ¿a ti qué más te da? No, figúrate. A mí me da lo mismo.

Es que me parece raro. Las buenas son las de la otra noche.

Las auténticas francesitas. Independientes, sin familia.

Solas en París. Maniquíes, ¡ja! Figúrate.

¡Ah! Y se me olvidaba lo principal. ¿Qué?

Que ya te he encontrado un hotel. Como tú querías.

¿Sí? Junto al Sena, monísimo. ¿Qué dices?

Pues ya ves. Ahora comprendo que tenías razón.

En esta casa no tienes libertad. Y con este señor tocando la gaita.

Pero no la toca mal, eh. No la toca mal, pero es una lata.

Pero es que ahora, estando enfermo, no me puedo ir. Me parece feo.

¿Después de haberme hecho buscar otro hotel

me vas a decir que te parece feo?

¿¡Crees que puedo estar perdiendo el tiempo con tus caprichos!?

Es que va a resultar violento. Y la cama es muy blandita.

¡Pero no te vas a pasar todo el día en la cama!

Eso es lo que no sé. ¿¡Por qué!?

Mira, ahora mismo te pones la chaqueta y nos vamos a la calle.

(GRITA)

¿Qué pasa? Nada. Nada. Un dolor, aquí.

Pero ya pasó. Ya pasó.

El hotel no lo he comprometido hasta mañana.

Salimos a dar una vuelta, a ver cómo te sienta. Vámonos.

Podemos tomar una copa en una terraza de Place Pigalle.

¿De la que se oye desde aquí el ruido?

De esa. Pues mira, me hace ilusión.

Vaya, hombre. Por ver algo.

¡Entonces, anda, hombre, anda!

Ya estoy de vuelta. Y traigo provisiones.

Pues nosotros nos vamos a ir ahora. ¿Sí?

Sí. Se ha empeñado en que demos una vuelta. Volvemos en seguida.

Pero no puede irse ahora, monsieur. ¿Ah, no? ¿Y por qué?

Porque me he encontrado abajo a Denise, y va a subir.

A Denise. Pues claro.

¿Y quién es Denise? Una amiguita mía.

Vive en la casa de al lado.

Monsieur Martínez me dijo que quería conocer a una francesita

para no estar tan aburrido aquí solo, y yo se la he buscado.

Muy simpática, ¿sabe? Y muy gentil. ¿Y es mona, oiga?

Lo que puedo hacer es ir a buscar a Colette,

y salimos los cuatro: tú, yo, Colette y Denise. ¿Qué te parece?

A no ser que quiera venir también. Porque usted está muy rica, ¿sabe?

¿Cómo dice? Que está usted muy rica.

Pues habías dicho antes... ¿Qué había dicho, monsieur?

Es que yo no me había fijado bien. Pero está usted estupenda.

Ya está bien. ¿Vas a buscar a Colette o no?

Si se decidiese usted a venir, no iba a buscar a Colette.

Esperaba aquí a su amiguita y salíamos los cuatro.

¡Oh, no! Yo estoy de vacaciones, monsieur. Y me aburre París.

Es mejor que vaya usted a buscar a su amiga,

y después vuelven a buscar a monsieur Martínez y a Denise.

Lo pasarán muy bien con ella. Es muy animada. Muy fresca, ¿sabe?

¿Ah, sí? Bien sûr.

Bueno, pues vuelvo dentro de diez minutos. Adiós, Ninette.

Adiós, señor. Adiós, hombre.

Adiós.

Eso de Denise es mentira, ¿no? Claro.

¿Por qué has dicho esa mentira?

Porque no quería que te marcharas de juerga con tu amigo.

No me iba de juerga. Iba a sentarme en la terraza de un café.

No me gusta que vayas a las terrazas de los cafés.

Pero, si vuelve con Colette, ¿qué explicación le damos?

Ya inventaremos alguna cosa. Pero se va a enfadar.

¿Y qué? ¿No me tienes a mí? Sí, eso sí.

¿Entonces? Oye, Ninette. Dime una cosa.

Mi amigo me ha dicho que tú... Que yo, ¿qué?

Que... a pesar de ser francesa,

no eres como se dice que son las francesas.

¿En qué sentido? ¡Pues caray, en ese!

En el de... la facilidad. Pues claro. ¿Qué es lo que pensabas?

Entonces, ¿lo nuestro? Ha sido la primera vez.

¡Hombre, no! Sí. Si lo sabré yo.

Pero, esto va a ser un lío. Bien sûr. Es natural.

Estas cosas son siempre un lío. Pero ¿cómo es que se te ocurrió?

¿El qué? Eso.

¡Ah! ¿¡Cómo que "ah"!?

¡Habrá habido alguna razón! Solo hay una razón para hacer eso.

¿Qué razón? L'amour.

¿¡Pero qué amour!? El nuestro.

Bueno, mira. A ver si nos entendemos.

Creo que es muy fácil entenderlo. Perdona, no tan fácil.

Porque yo acababa de llegar.

Vamos, muy enamorado no creo yo que estuviese.

Tú no. Pero yo sí.

¿Cómo te puedes enamorar de un señor que acaba de llegar de Murcia?

¿Te molesta que te quiera?

No, no me molesta, pero no me lo explico.

Entonces, no tenemos nada más que hablar.

Olvide todo lo que ha pasado entre nosotros.

Yo también haré todo lo posible por olvidarlo.

¿Qué haces?

Me pongo los zapatos.

¿Por qué? Porque me voy a ir.

¿A dónde? ¿Has oído? Te he preguntado que a dónde vas.

Creo que una muchacha como yo tiene siempre sitios donde ir, ¿no?

"C'est pas la meme chose qu'en Espagne, monsieur".

Estamos en Francia, no en España, monsieur. Aquí hay libertad.

Pero no debes enfadarte. No, no me enfado.

Pero me voy.

Hombre, no te vayas, Ninette.

Eso quiere decir que me va a echar de menos, ¿no?

De echar de menos a estar enamorado, hay muy poco camino.

¿No? Pues puede ser.

Lo que quiere decir que usted puede enamorarse.

Igual que yo. No te digo que no.

Como decía usted que no se lo explicaba...

Pues... En fin, me voy, monsieur Martínez.

Pero ¿por qué?

Usted no conoce a la mujer francesa, señor.

Pues, desde luego, empiezo a no tener ni idea.

¡Ah! Y que se divierta con su amigo. Haré lo posible.

No es tan fácil, en París, encontrar esa clase de aventuras

que ustedes buscan. Adiós, señor.

¡Nada de adiós! Me voy contigo. ¡De ninguna manera!

¡Pero es que yo quiero salir! Pero ¿qué pasa aquí, voyons?

¡Monsieur Martínez se empeña en salir estando enfermo!

Monsieur, usted no puede salir de casa.

Es una grave responsabilidad para nosotros si se pone peor.

No, no. Restez, restez, mon petit. ¡Au revoir, mamá!

Me he podido escapar un momento de "mon affaire",

y le voy a hacer a usted un huevo pasado por agua.

¿Usted ama los huevos pasados por agua?

Verá usted, señora... Ninette es muy buena y muy decente.

Pero, por no guisar, se alimentaría solo de fiambres y yogur.

¡Ah, la juventud de hoy! Está de vacaciones y no sale.

¿Sabe usted por qué no sale? Porque ella tiene un novio, René.

(Acordeón)

¿René? Bien sûr, monsieur.

Pero ella no quiere a René. ¿Usted comprende?

Y él insiste. Pero ella no está enamorada.

Y hay que estar enamorada para tener un novio.

No es mal chico, pero bruto. Así de grande. Alto, fuerte.

A lo mejor, esta tarde no tiene más remedio que salir con él,

y por eso es que se ha marchado.

(Jazz animado)

(Música suave)

(LLORANDO) ¡André! ¿Qué hay?

Perdóname. No quiero salir. No quiero dejarte solo.

¡No quiero separarme de ti!

Vamos, no llores, que está ahí dentro tu madre, caramba.

¿Y qué me importa a mí mi madre, si soy tan desgraciada?

La, la, la, la...

Porque soy muy desgraciada, André. Tú no sabes lo que me pasa a mí.

¡Sí lo sé, mujer, sí lo sé! Pero cállate.

¡No, no lo sabes! Y entonces yo te lo tengo que contar todo.

Pero ¿quieres callarte? (SOLLOZA)

La, la, la, la...

No quiero callarme, porque yo te quiero mucho.

(SOLLOZA) Y porque tú no lo sabes aún.

Y yo te lo tengo que decir. Para que tú te enteres.

¡Oh, Andrés! ¡Soy tan desgraciada! (SOLLOZA) Andrés...

(TARAREA)

(Música de campanas)

(Jazz)

(Trompeta al ritmo)

(Gong)

(Saxofón al ritmo)

(Contrabajo al ritmo)

(Contrabajo)

(Música animada)

(GRITA)

(Melodía de acordeón)

Oye una cosa, Bernarda. ¿Qué es lo que tengo que oír?

¿Tú sabes que a mí el señor Martínez me empieza a parecer un poco raro?

Ah, ¿sí? Sí. Y tengo mis sospechas.

¿Qué sospechas? No lo sé bien.

Le ando dando vueltas a la cabeza, ¿sabes?

Y me parece que, después de comer, se lo doy a decir.

¡Ah! Ya sé lo que vas a decirle. Yo también pienso igual.

Pero eso, en estos tiempos, no tiene importancia, Pierre.

No tiene importancia, pero me gustaría saberlo.

Bueno, anda. Dépêche-toi!

Oiga, señorita. ¿Sabe usted que estoy muy preocupado?

¿Por qué? Porque ese amigo mío de Murcia

me empieza a parecer un poco raro. Ah, ¿sí?

Desde que ha llegado, dice que está enfermo.

Cuando no es una cosa, es otra.

Si lo dice, será verdad. De todos modos, tengo mis sospechas.

Le estoy dando vueltas a la cabeza,

y, si es lo que yo supongo, me va a oír.

(Música de piano)

¿Qué le ha gustado más?

¿El cocido de hoy o la fabada de antes de ayer?

Pues no sé por cuál de las dos cosas inclinarme, la verdad.

Usted tiene que inclinarse por una de las dos cosas, voyons.

No se puede ser conformista. Hay que tomar siempre partido.

Estar con uno o estar con otro. Ser cocidista o ser fabadista.

¿Pero es que no me pueden gustar a mí las dos cosas?

¡No, monsieur! ¡Eso no es político! A usted solo le puede gustar una.

Y dar la vida por ella, si es preciso.

Pues yo doy la vida por la fabada. Bravo.

¡Bravo! Una vez que este señor se ha definido,

mañana, Bernarda, harás otra vez fabada.

¡Siempre fabada! Eso, eso. Eso.

Esta ensalada está un poco sosa. ¡Oh, no!

"Mais oui. Tu n'avez pas mettiez du sel, toi!".

"Mais oui, papa! Mais non, mama!".

¿Adónde va, monsieur? A coger el salero, que está aquí.

Pero no debe andar con ese pie enfermo.

No se preocupe, me conviene ya ir haciendo un poco de ejercicio.

Tome, aquí tiene la sal, para que se la eche.

Merci, monsieur. Pas de quoi.

¿Le duele lo mismo, o menos? Me duele solo cuando apoyo el pie.

También ha sido una mala suerte que se dislocase usted el tobillo.

Yo no sé qué estaría haciendo este señor en la cama para caerse.

No, si fue al levantarme cuando se me torció el pie.

Aún y todo, se ha debido llamar a un médico.

Si no tiene importancia. Con un poco de reposo, se me pasará.

Sí, pero es que ya lleva usted ya 32 días haciendo reposo.

Y no se le mejora. Bueno, es cuestión de paciencia.

¿Y no se aburre aquí metido?

Porque usted no ha salido a la calle desde que llegó.

Pues no, señor. Pero es que, por una cosa o por otra,

nunca me puedo mover de aquí. Y mire que me gustaría, ¿eh?

Pero ya ve.

¿Y por qué se asoma tanto a la terraza?

No, por nada. Para ver pasar a los franceses por la calle.

(Música de acordeón)

Pues a ver si se cae otra vez. No, ya tengo cuidado. No me caigo.

¿Y Ninette? ¿Todavía sigue acostada?

Sí, está en su alcoba, leyendo. Algo le pasa a esa chica, creo yo.

Desde hace días la encuentro un poco rara.

Antes era alegre y gastaba bromas. Pero ahora está cambiada, monsieur.

¡No hay que preocuparse, Pierre!

Siempre ha sido así esa pequeña chica. Ella es francesa,

y esta gente cambia de humor muy fácilmente.

Ya es desgracia esto, señor.

De Cangas de Narcea y resulta que ahora, a mi edad,

me ha salido una hija extranjera. Las hijas solo dan disgustos.

Es cierto que también dan satisfacciones.

Pero las satisfacciones solo se las dan a los otros.

¿Otra vez asomado a la terraza?

Tome un cigarro. Siéntese, que tenemos que hablar.

¿Hablar de qué? Sí. Bien.

Y, ahora, sígame contando cómo es Murcia. Pero con detalle.

Pero ya se lo he contado a usted veinte veces.

En cambio, todavía no me ha contado cómo es París.

¿París? ¿Y yo qué sé cómo es París?

Hombre, en veintitantos años, algo tendrá que contarme.

No señor. Nada. ¡Ni quiero! ¿A mí que me importa París?

Yo he venido aquí a trabajar y a comer.

Pero a mí esta ciudad me tiene sin cuidado.

¿Sabe usted, en cambio, para lo que es bueno París?

No, no. Tampoco lo sé. Para el amor.

Y lo que no comprendo es cómo, estando usted en París

y siendo soltero, no hace usted el amor.

Es que con esto del tobillo no está uno para nada.

Oiga, escuche. Yo a veces me pregunto,

y usted me perdonará si soy indiscreto,

si no es usted un poco... "afeminao".

¿Por qué dice usted eso? Porque ahora hay mucho "afeminao".

No es que yo lo critique. Cada uno es dueño de hacer lo que le plazca.

Pero la verdad es que, desde que está usted aquí,

solo viene a verle... su amiguito.

¿Es que también cree usted que mi amigo...?

No, yo no creo nada. Pero me sorprende mucho.

Los dos solteros, jóvenes, en París y sin mujeres.

Uy... Un poco raro.

Pues no, señor. Entre mi amigo y yo no existe esa clase de relaciones.

Somos amigos. Pero como los de antes.

¿De verdad? Le doy mi palabra de honor.

No sabe lo tranquilo que me quedo. Vaya, pues me alegro.

Es tu hora, Pierre. Y yo también tengo que marcharme.

Ah, es verdad. Lo que me da pena es que se quede usted aquí solo.

Pero, si quiere usted, no voy al trabajo

y seguimos hablando de Murcia. No se moleste, por favor.

No te preocupes, Pierre. Después vendrá su amigo...

(CON RETINTÍN) Y le distraerá. Es muy simpático monsieur Armand.

Y le hace mucha compañía. ¿Verdad que sí, monsieur?

¡Sí, señora! ¿¡Pasa algo!? ¡Oh, no!

(RÍE) Au revoir, mon vieux.

Au revoir, monsieur. (RÍE)

Es muy bueno esto que se me ha ocurrido de tu tobillo

para que no puedas andar. Pero estar así vendado es una lata.

Estabas peor cuando decías que te dolía el estómago.

Con esto del tobillo, puedes comer de todo.

De todo no, solo como cocido.

Y, desde hoy, han decidido alimentarme de fabada.

(RÍE) Mis padres hacen todo lo posible por ser agradables.

Igual que yo. ¿No es verdad que sí? Pero ahora sospechan

que me no gustan las mujeres, y que me entiendo con Armando.

(RÍE) Oh, no. ¿Por qué? Es el único que viene a verme.

(RÍE) Y, como no puedo contar lo tuyo...

Claro que no. No puedes contar esto. Se pondrían furiosos.

Aquí se pone furioso todo el mundo.

¿No es el país del amor? ¿No hay tanta libertad?

¿A qué viene entonces tanta monserga?

Comprendo que, por mi culpa, estás renunciando a muchas cosas.

A entrar, salir, a conocer París... Y te pido perdón.

No, si no tiene importancia. Es que quería salir

para comprar unas cosas que me han encargado en Murcia.

Pero tampoco ha sido culpa mía esto. Ha sido el destino, ¿tú sabes?

Tú has venido justo el día que te necesitaba.

Yo era muy desgraciada. Y ¿por qué?

Había llegado el momento en que tenía que entregarme a alguien.

Ah, ¿sí? Claro que sí.

Yo había cumplido 23 años. Y no es correcto que, a esa edad,

una señorita siga siendo... una señorita. No es bueno eso.

Ya. Y no sabía por quién decidirme.

Y con mi novio yo no quería. Ya.

Por fin llegaste tú, y me enamoré de ti.

¡Y voilá! Claro.

No comprendes. Pues más bien poco.

Yo soy francesa, no lo olvides. Por casualidad, pero francesa.

Yo amo Francia, ¿sabes? Pero no me gustan los franceses.

Si todos son como ese novio que te habías echado...

Oh, no. Los hay distintos. Y gentiles. Y guapos.

Pero, a pesar de todo, para mí son un poco extranjeros.

Hay algo inevitable que me tira hacia los españoles.

Y, por eso, cuando llegaste tú, me enamoré de ti.

Y te quiero. ¿Tú no?

Claro que sí.

Pero lo pasas mal aquí encerrado, y siempre me lo reprochas.

No, si yo me estaba acostumbrando ya a no salir

y a pasarlo bien aquí contigo. Y estaba tan contento.

Y ya París no me importaba.

Pero que esté ahí ese tipo decidido a pegarme

me pone de mal humor.

(Acordeón)

Voy a bajar a arreglar este asunto de una manera definitiva.

¿Cómo vas a arreglarlo? Bajando y hablando con él.

¿Qué vas a decirle? Tú no te preocupes,

No te preocupes, que yo te aseguro que no vuelve más.

Para celebrarlo, esta tarde vamos a salir a dar un paseo.

Mira, eso sí que no me lo creo. Que sí, que sí, te lo aseguro.

(Ruido de motor)

(Timbre)

Hola. Hola.

¿Qué hay? Ya ves.

¿Estás solo? Sí, solo.

¿No está madame Bernarda? Pues no.

Ya. ¿Y qué tal te encuentras, hombre?

Pues ya ves, igual.

Con que... con el tobillito, ¿no? Sí, con el tobillito.

¿Sabes una cosa? No.

Pues que a mí me hace gracia eso de tu tobillito.

¿Y por qué te hace gracia? Porque, si es grave,

pudiste llamar al médico, y, si no, en treinta y tantos días,

ya podías haberte curado. Pues ya ves como no.

(CON RETINTÍN) Andrés...

¿Qué? Tengo que hablar contigo seriamente.

Pues tú dirás. Me parece que ya he descubierto

la razón por la cual estás siempre aquí metido.

Pues porque estoy malo. No estás malo.

Todo eso son excusas. ¿Excusas para qué?

(CON RETINTÍN) Andrés... Lo que estás haciendo está muy feo.

¡Pero que muy feo! ¿Pero qué es lo que estoy haciendo?

(CON RETINTÍN) Andrés...

Comprendo que, en Murcia, el asunto de las mujeres esté difícil.

Y que, al llegar a París, hayas querido aprovecharte.

Pero, vamos... Haberte liado con madame Bernarda...

¿Cómo dices? Lo que has oído.

¿Pero qué es lo que quieres insinuar?

Que si no sales es porque estás liado con madame Bernarda.

¿Pero tú estás loco? No estoy loco.

Las mujeres casadas, en Francia, ya se sabe.

Toda la literatura es a base de eso. El marido, la mujer y el amante.

Y madame Bernarda no iba a ser una excepción.

¿Ah, sí? Sí, señor.

Lo que no sé es qué te ha podido atraer de esta señora.

Porque muy bien, muy bien, no creo que esté.

A no ser que, cuando se quite el sombrero, tenga muy buen cuerpo.

Te aseguro que estás equivocado.

Y no es lo malo que te hayas liado con Bernarda.

Lo malo es que, si se entera su marido, verás cómo se va a poner.

Porque él es español, no francés. Y no traga, que te lo digo yo.

Armando... Abusar de una familia

a la que te recomendé con una mujer que te lleva años.

¡Armando! Si hubiera sido con la hija,

tendría cierta justificación. Bueno, tampoco, pero en fin.

Armando... Con esa no hay nada que hacer.

Además, ahí la tienes.

Acabo de verla en el bar de enfrente con ese novio que se ha echado.

No es su novio. ¿Pues qué es entonces?

Era su novio, pero ya no lo es. ¿Y por qué están juntos ahora?

(Melodía suave)

No están tan juntos. Hay bastante distancia.

Armando. ¿Qué?

Hace un momento, monsieur Pierre me ha dicho que si soy afeminado.

Ah, ¿sí?

Y, no lo eres, ¿no? No.

¡Ah! Ni estoy liado con madame Bernarda.

¿Entonces? Entonces, si me guardas el secreto,

te diré una cosa. ¿Cuál?

Con quien estoy liado es con la hija.

¿Con Ninette? Con Ninette.

¡No! Sí.

No es posible. Pues lo es.

¿Pero cómo ha sido eso, hombre?

Desde el primer día. Pero, ¿a base de qué?

A base de todo.

Que no, hombre, que no me lo creo. Que sí.

Pero bueno, ¿tú quieres decir...? Eso.

Pero... Sí.

Caray.

¿Y cómo fue la cosa, hombre? Cuéntame.

Pues de lo más sencillo. Entramos ahí, y ya está.

¿Pero no hubo lucha? Nada, nada. Todo por las buenas.

En plan simpático. Y, como la pobre está enamorada de mí,

terminó con su novio, y él está esperando para pegarme.

Pues si te pega te deshace. Porque ya has visto como es.

Y para justificarme ante los padres y ante ti,

inventé lo del tobillito. Pero mira si lo muevo, mira, mira...

Pues sí es verdad, sí. Y ¿por qué no me lo has dicho antes?

Porque ella no quiere que se sepa. ¿Y por qué me lo has contado ahora?

Porque a mí no me dice nadie que soy afeminado, ¿sabes?

Y mucho menos que me he liado con madame Bernarda. ¡Ya está bien!

Y ¿cómo es que está con el novio? Para convencerle de que no me pegue.

Así podré salir. Y seguramente esta noche iré a dar un paseo.

¿Con quién? Con ella.

¿Y yo? Ah, no sé.

Es que yo estoy aburrido. Y podría salir con vosotros.

Pero ¿y Colette?

No existe. ¿No?

Ya que me has contado lo tuyo, te diré que Colette no existe.

Entonces, ¿por qué dijiste...? Para presumir,

pero no hay tal Colette. Vamos, ni Colette ni nadie.

Que desde que estoy en París, nada.

¿De verdad? Pero ¿cómo te lo diría yo?

¿Y aquellas modelos de las que me hablaste?

Nada. No había tales modelos.

En caso de apuro, te hubiera presentado a dos mozas de Alsasua

que están aquí cuidando niños. Pero decentísimas, ¿eh?

De esas que se las lleva a un baile y sólo toman un vaso de leche.

Y, ya, cuando se animan, un "plun-cake".

Y eso es todo lo que se encuentra aquí.

Entonces, ¿esto mío de Ninette?

Que has tenido una suerte bárbara. ¿De verdad?

Pero, vamos. Que esto no ocurre aquí todos los días.

Bueno, ni en días alternos. No ocurre, vamos. Porque, además...

Ninette está muy rica. Sí, eso sí. No está mal.

Ahora que, de todos modos, esto que estás haciendo es una canallada.

¿Tú crees? Pero una verdadera canallada.

Y en la propia casa de los padres. Y vas a tener problemas, ¿sabes?

No, no creo. ¿Cómo que no?

¿Cuáles son tus planes? Pues, una vez que pueda salir

y ver París un rato, volverme a Murcia.

¿Qué? ¿Que la vas a dejar?

¿Por qué no? Yo no me he comprometido a nada.

Además, esto en París es muy frecuente.

Aunque tú, por lo que sea, no hayas tenido oportunidades.

Así, que nada. Si quieres salir con nosotros, te dejamos.

En caso, claro, de que Ninette vuelva.

Porque como está con su novio... ¡Con su antiguo novio!

De todos modos, tarda mucho.

¡Ya no están! Es verdad.

¿Y si fuera a buscarla? Que el tipo ese se las trae, ¿eh?

¡No me importa, soy español! ¿Y por qué no has salido antes?

Porque antes estaba conmigo, pero ahora está con él.

¡Y no lo aguanto! ¡Y ese franchute me va a oír!

Andrés, cálmate. Shh. ¡Calla!

¿Por qué? Me parece que sube.

Sí, aquí está. Hola. Hola. ¡Si está aquí monsieur Armand!

Ça va bien, monsieur? (FARFULLA) Muy bien, sí, muy bien.

Pero que muy bien. Bon.

Veo que ya le has contado lo nuestro a tu amigo.

¿Yo? ¿A mí?

¿Qué iba a contar? No hay más que ver cómo me mira

para saber que ya lo sabe todo. Tiene una cara que no puede negarlo.

Pero ¿¡por qué pones esa cara!? ¿¡Y qué cara pongo!?

Pues ésa. ¿No te la estás viendo?

Bueno, no hay que discutir. Es natural que se lo hayas contado.

René lo sabe también y lo contará por ahí.

Así que no veo por qué usted no puede saberlo, señor.

Andrés y yo tenemos relaciones íntimas. Voilá.

¿Tiene usted algo que objetar? No, no. Yo nada.

Y René, ¿qué ha dicho? Se va.

Se ha ido ya. Y no nos volverá a molestar.

¿Cómo has conseguido que nos deje tranquilos?

En Francia, lo único que se respeta es la maternidad.

Los niños son sagrados. Le he dicho que voy a tener un niño tuyo.

Ah, ¿sí? Sí.

Ha sido una buena idea.

Desde luego, con ese pretexto, ya te dejará tranquilo.

Claro. Claro.

No es ningún pretexto, señor. Es la verdad.

Estoy embarazada de Andrés.

¿Es posible? Pues claro.

Es normal. ¿No, señor?

Claro, claro...

Pero, oye, yo creía que en París no se tenían niños.

¿Y qué sería del ejército francés entonces?

Hay que tener niños.

Bueno, pues yo me tengo que marchar.

Porque me parece que te has metido en un buen lío, ¿no?

Esto de los hombres y de las mujeres es siempre un lío.

Pero es un lío agradable, ¿no?

Se pasa bien, ¿no?

Pues sí. Debe pasarse.

Pero, según eso, ahora...

Ah, tú tienes tu libertad.

Y si se enteran tus padres...

¡Ah, eso sí! Yo debo decírselo.

Pero se van a enfadar.

Bien. Pero también es normal que se enfaden. Todo es normal.

Bueno, ¡yo me marcho!

Es que si ahora vienen los padres y...

Pero, ¿estás segura, Ninette, que de verdad vas a tener un niño?

Es lo primero que aprendemos a saber las mujeres francesas.

Pero no tengas miedo.

No tienes responsabilidad. Yo no te exijo nada.

Puedes irte a Murcia si quieres. Y ahora mismo, ¿eh?

Bueno, tanta prisa no tengo.

Entonces, quítate la venda, vístete,

y, para celebrarlo, vamos a salir.

¿A dónde?

¡A ver París! ¡Eso, eso!

¿Usted tiene coche, señor? Sí, pero en el taller.

Porque ayer le han dado un golpe.

Pero qué oportuno eres siempre, caramba.

Y ¿cómo iba a saber que Ninette iba a tener un niño?

¡Pues te lo has podido figurar!

Bueno, es igual. Tomaremos un taxi. ¿No te importa que tu amigo venga?

Y, en el taxi, recorreremos París.

Iremos a cenar al Bateau Mouche, y luego iremos al Folies-Bergére.

Pero eso nos va a salir carísimo.

¿Quieres callar, hombre?

Es la primera vez que salgo. Tengo derecho a ver cosas.

Anda, arréglate. Eso. Y de lo otro, mañana veremos.

Mañana veremos. Ahora, vamos a ver París, mon amour.

Qué tontería, ver París...

(Jazz)

Bonsoir.

Bonsoir.

Pero ¿cómo tú aquí papá? ¿Estás enfermo? ¿Te ocurrió algo?

No, nada. A mí, nada.

¿Cómo es que no estás en tu trabajo?

"Oh, lá, lá! Le travaille".

De visita, ¿no, monsieur Armand?

Pues... sí. Aquí he venido, a ver a mi amigo.

Como está enfermo, ¿sabe usted?

(Jazz)

Cuando yo me fui hace un rato, sí que lo estaba.

Pero ahora veo que anda perfectamente.

Y, además, sin venda.

¿Ha ocurrido un milagro, señor?

Pues no. Que me he aliviado mucho. Y, en vista de eso, pensaba salir.

¿Salir? Ah, no.

Usted no puede salir de aquí.

Ni usted, ni mi hija, ni monsieur Armand, ni nadie.

Pero, ¿por qué?

¿Tú sabes lo que pasa? ¿No?

Pues yo sí, ma petite. "C'est la gréve!".

Ah, la huelga. Bien, la huelga.

Se hablaba de ello hace días, señor.

Oiga, pero los taxis sí funcionarán.

No, señor. Ni el metro. ¡Nada!

¿Y barcos? ¿Tampoco hay barcos?

Tampoco hay barcos.

Pero teatros y cines sí habrá.

Ningún espectáculo.

Y, en vista de eso, les he dicho a un grupo de amigos españoles

que vengan a merendar.

Lo pasaremos muy bien.

"Et alors! Tout fini. Tout fermé! Bonsoir, monsieur Armand".

Bonsoir.

Bonsoir, monsieur André. Bonsoir.

"Oh, c'est idiot" la huelga. En fin.

Aquí traigo las cosas para la merienda.

Chorizo, jamón y bacalao, ¿eh?

¡Maravilloso!

Papá. ¿Qué?

Estoy embarazada.

(TRANQUILO) Ah, ¿sí? Sí.

¿Y de quién, ma cherie?

De este señor. De monsieur André.

¿Has oído, Bernarda?

Ninette está embarazada de este señor.

Y ¿cómo ha sido eso?

Ya ves, mamá. Cosas que pasan.

Entonces, ¿a eso le llamabas tú leer?

Ha habido tiempo para todo.

Bueno, pues después hablaremos de esto.

Ahora hay que preparar las cosas para los invitados.

Ven a ayudarme a la cocina, Pierre. Tienes que ir sacando las botellas.

Voy en seguida. (CANTURREA)

Pues no parece que se han enfadado mucho, ¿verdad?

Yo creo que les ha hecho gracia.

Pero yo nunca pensé que mis padres reaccionarían de esta manera.

Mucho mejor, ¿no? Claro.

¡Ah, sí! Pero un poquito sí han podido enfadarse.

No está bien lo que he hecho, y yo lo sé.

Y soy su hija, ¿no?

De todos modos, con esa mentalidad, no podían tomarlo tan a mal.

Esto es lo que se llama libertad. Esto de Francia da gusto, ¿eh?

¡Que es otra mentalidad! Qué invento, ¿eh?

Aquí está la sidra.

Bernarda está preparando los bocadillos de chorizo.

Siéntense. Siéntense.

Vamos a beber.

¿Tú quieres sidra, niña? No me apetece, papá.

Es usted la mar de simpático. Ah, ¿sí?

¡Pero una barbaridad!

Y muy comprensivo, sí señor. Y muy europeo.

¿Lo dice por la broma de Ninette?

Estoy acostumbrado a sus bromas. Siempre nos gasta bromas en casa.

Y me gusta más verla así que encerrada leyendo noveluchas.

Claro que, a veces, gasta bromas de mal gusto, como esta de ahora.

Pero que también tienen su gracia.

Papá.

¿Qué?

Que no se trataba de ninguna broma. ¿Cómo has dicho?

Que es verdad. Que estoy embarazada de ese señor.

No. Sí.

Repítelo.

Papá, voy a tener un hijo de monsieur Martínez.

Es verdad. ¿Que es... verdad?

¿Has dicho que es verdad? Sí, papá.

¿Que este señor, en mi propia casa, se ha permitido...?

Yo le he dado facilidades, papá. Él no quería.

Pero a mí me ha gustado y lo he hecho.

¿Quieres decir que este señorito te ha perdido?

Esa no es la palabra, papá. No ha sido a la fuerza.

Hemos hecho lo que es natural entre hombre y mujer. Soy francesa.

¡Una porra!

He nacido en París.

Y yo en Cangas. Y tu madre en Langreo. ¡Y somos españoles!

Yo le voy a explicar a usted... ¡Usted cállese y siéntese!

Y usted, ¿qué? ¿Usted qué dice?

¿¡Usted qué dice!?

¿Quién, yo? ¡Usted!

Usted, que es el responsable de todo.

Porque nos ha traído aquí a este sinvergüenza.

Le advierto que yo no he tomado parte en el asunto, eh.

Para todos ha sido una sorpresa.

Y si quiere que yo le explique...

¡No! Usted no tiene que explicarme nada.

Es nuestro honor lo que se juega aquí.

Bernarda. ¡Bernarda!

(LLORA) Lo he oído todo. ¡Hija!

¡Madre!

Somos de izquierda, sí, pero honrados y trabajadores.

Y si algo nos compensa estar lejos de nuestra tierra es Ninette.

Ella es la única que alegra esta casa, en donde,

aunque usted no lo crea, lloramos mucho recordando Asturias.

Y ahora llega usted, y...

(Timbre)

Bonjour! -"Ca va, Pierre?".

-Pero ¿qué te pasa, Pierre?

-¿Que qué pasa? ¡Bernarda! ¡Trae más sidra!

Lo que hay que hacer es un escarmiento.

-Tratemos de comprender, razonemos.

Hay que ser consecuente con las propias ideas.

Es ridículo que, en plena era cosmonáutica,

un liberal como tú haga un drama de honor.

es que un niñato en mi propia casa deshonre a mi hija.

No es cuestión de ideas, sino de decencia.

Estamos en primavera, y en París,

"les garçons sont pour les filles, et les filles pour les garçons".

-Será todo lo primavera que quieras, pero hay que hacer un escarmiento.

(HABLAN EN FRANCÉS)

Ese señor se irá a Murcia a arreglar los papeles lo antes posible

para casarse dejando como rehén a monsieur Armand,

con quien tomaremos represalias en caso de que no vuelva.

Monsieur Armand.

(HABLA EN FRANCÉS)

-Desde luego. Yo me encargo de la represalia.

-Porque a la chica hay que casarla por la iglesia.

Como Dios manda. (PIERRE) -¡Claro que sí!

No vamos a consentir que en París critiquen a los españoles

por estas cosas de la moral.

-Estaría buena, con lo que se critica aquí todo.

¡Así! "C'est suffit comme ça!". ¡Me voy a tirar por la ventana!

¡No, Ninette!

(Gritos)

(Música suave)

"¡Monsieur André!".

Vigile usted a Ninette! No vaya a hacer ninguna tontería.

Sobre todo que no se acerque a la terraza.

No se le vaya a ocurrir a usted salir.

(HABLA EN FRANCÉS)

Perdóname por todo, amor mío.

¿Eres muy desgraciado teniéndote que quedar aquí conmigo?

No soy desgraciado, caramba.

Pero me hubiera gustado ir a comprar esos encargos que me han hecho.

Ha ido a comprártelos monsieur Armand.

Sí, pero como dice que todo lo que hay en París

se encuentra mejor y más barato en Murcia, no me quiere comprar nada.

Pero él te ha prometido que te compraría el queso y la faja.

Con el mal humor que tiene, habrá que ver qué queso y qué faja.

No te metas con tu amigo.

El pobre tiene que quedarse de responsable mientras tú vuelves.

¡Pero qué drama tan terrible!

¿Por qué son ustedes así, los españoles?

Eso no está bien, y yo soy muy desgraciada.

¡Y ahora mismo me voy a tirar a la calle!

¿Otra vez? ¡Otra vez!

Vamos, vamos. Cálmate, cálmate.

Cálmate. Siéntate.

Anda, siéntate aquí.

¿Estás ya más tranquila?

Sí. Estoy más tranquila. Pero cada vez que lo pienso...

Hay que ver qué amigos tiene papá.

A mí el que me da más miedo es ese bajito.

¿El de Albacete?

Ese, el de la gorrita y la bufanda.

Pobrecito, monsieur Armand.

Lo que le espera si tú no vuelves.

Porque a lo mejor tú no vuelves, ¿verdad?

¡Ya os he dicho que sí, demonio!

Mira que tenernos que casar ahora... Ya ves.

¿Qué voy a hacer contigo en Murcia?

Pues es lo que yo digo.

Todo lo que teníamos que hacer, lo hemos hecho ya.

Poco más o menos.

¿Cómo es que tú no quieres quedarte?

Porque ya sabes que no puedo. ¿Es que no te gusta París?

¿Cómo quieres que lo sepa si no he puesto los pies en la calle?

Es verdad, claro. Pobrecito.

¡Pero si te molesta tanto casarte conmigo,

lo mejor que puedes hacer es no volver de Murcia!

No me molesta, pero esto nos ha complicado la vida.

Lo que te pasa a ti es que, en vez de estar contento

de llegar a Murcia con una mujer y un niño,

te interesa mucho más llegar con una faja y un queso.

Porque eso son encargos que me han hecho y esto no.

Bueno, no discutamos, que me pongo nerviosa.

¿Sabes lo que te digo?

Que, en el fondo, estoy muy orgullosa de mis padres.

Y que me ha gustado mucho cómo han reaccionado.

Papá estuvo hecho todo un hombre y mamá también.

Y cuando yo tenga a mi hijo lo defenderé igual.

¿Entonces?

¿Por qué no estabas de acuerdo con nada

y te querías tirar por la ventana?

Dije eso porque me excité con tanto grito.

Y porque no comprendía que se armase tanto jaleo.

Pero ahora lo he pensado bien y lo comprendo todo.

Entonces, ¿no te vas a tirar por la ventana?

Claro que no. Lo que quiero es vivir muchos años contigo.

En ese caso, si no te vas a tirar, me voy a dar una vuelta.

¡Ah! ¡No puedes! ¿Por qué?

Va a venir tu amigo con los encargos.

Pues que se espere. ¡Se va a enfadar!

Que se enfade.

Hola.

Hola. ¿Y qué? ¿Hay algo nuevo?

Nada, todo sigue lo mismo.

¿El señor de la gorrita y la bufanda ha vuelto?

Vaya, menos mal. Bueno, ¿y los encargos?

¿Qué encargos? Los que te he hecho.

No había. ¿Cómo que no había?

No había la faja del número que encargaste.

¡Pues porque era grande y no había un número tan grande!

¿Para quién es esa faja? ¿Para el canónigo?

Para la señora del regente de la imprenta.

Pues será muy gorda. Claro que es muy gorda.

Pues como la gente aquí es más delgada no fabrican ese tamaño.

Justamente porque es gorda es por lo que quiere una faja.

Si fuera delgada, me habría encargado algo para engordar.

Ves cómo te decía yo que no se le puede encargar nada.

Es que haces unos encargos muy raros.

Porque venir a París a comprar una faja,

cuando en España usan faja hasta los paletos...

¿¡O es que los paletos no usan faja!?

Está bien, lo que tú quieras. ¿Y el queso?

¿Qué queso? El camembert.

No lo he traído. ¿Por qué?

Porque olía mal. Pero tiene que oler así.

¡No puede hacer el viaje con un queso que huele tan mal!

Soy yo el que va a hacer el viaje, no tú.

¡Pero a mí eso del queso me parece una tontería!

A ti todo te parece una tontería.

¡Pues claro que sí! Y una ordinariez.

Mira que volver de París con una faja y un queso...

Vamos, hombre. ¡Ni que volvieras de La Mancha!

¿Y su billete para el tren?

No había. ¿Tampoco?

Tengo que volver esta tarde a ver si hay.

Es que aquí no hay de nada, si ya te lo he dicho.

¡No se puede venir! Andrés.

Yo me voy a vestir, y voy a comprarte esos encargos. ¿Quieres?

Por lo menos quedar bien con el regente de la imprenta.

Pues no te preocupes, que yo iré a comprarlos.

Eso, y yo voy contigo.

Ah, no. Las fajas no son cosas de hombres.

Tú te quedas con monsieur Armand. Yo iré a arreglarme, ¿eh?

¿Sabes por qué no he comprado ese queso que huele tan mal?

Porque no te ha dado la gana.

¡No! Porque no eres tú quien va a viajar con él.

Somos los dos, porque yo me voy contigo.

Tú no puedes. ¡Sí que puedo! Yo no me quedo aquí.

Que a esta gente la conozco yo.

He pedido permiso en la oficina, y me vuelvo a España. Seis meses.

No te va a pasar nada. Si yo voy a volver.

¿Estás seguro?

Bueno, muy seguro no estoy.

Comprendo que está feo y que es una canallada,

pero seguro no estoy. ¿Lo estás viendo?

Por un lado, me gusta Ninette. Mucho, ¿sabes?

Y la quiero. Pero eso de tener que casarme...

Porque es de las que dominan, y me va a tener en un puño.

¡Es francesa y se las sabe todas! Y ya verás en casa.

Muy femenina y muy mona. Pero va a ser un gendarme.

¿Se puede? Sí, claro.

Pasa, Pierre, que se puede entrar.

Buenas tardes.

(AMBOS) -Buenas tardes. ¿Cómo están ustedes?

Pues muy bien, muchas gracias. ¿Qué, han descansado?

Sí, claro. Claro. Y usted, ¿también?

También, también. ¿Y Ninette? ¿Está más tranquilita?

Sí, hace un momento ha ido a... Eran nervios, nada más.

Cosas de chicas.

Tenemos que darles una gran alegría.

¿Ah, sí? Sí. Vengan, vengan.

Y siéntense.

En el sofá, que estarán más cómodos.

Muy amable.

¿No ha tomado todavía el billete para España?

Pues no.

He ido a buscarlo, pero no había.

Me han dicho que vuelva más tarde, a ver si hay..

No lo saque. No es necesario.

Ah, ¿no? No.

Anoche hicimos un melodrama con todo esto

y, verdaderamente, la cosa no es para tanto.

En vista de ello, hoy hemos ido al consulado de España.

¿Para qué?

Hace algún tiempo, yo hice gestiones para saber si podía volver.

Por curiosidad, solamente.

Pero las hice.

Y resulta que me dijeron que podía volver cuando quisiera.

Cosa que me chinchó bastante.

Y si no hemos vuelto ha sido porque no nos ha dado la real gana.

Porque hay cosas que yo no tolero. Y como vuelva, me van a oír.

Sí, señor. Pero ahora sí nos apetece volver.

¿Y cómo es eso?

Lo que me ha contado de Murcia me ha gustado mucho.

Y yo soy buen mecánico, y puedo trabajar allí.

Y Bernarda también.

Porque allí hay mucha verdura.

¡Hombre, la huerta murciana tiene fama en el mundo! ¡Qué lechugas!

Por eso hemos pensado que nos vamos a ir todos juntos

y se casan ustedes allí.

Sí, señor. ¿Eh? ¿Qué le parece?

Muy bien. Es bueno.

Sí señor. Oiga, pero ¿y la política?

En esto de la política, como en todo,

lo que hay que hacer es aguantarse.

Hay que olvidar la política cuando se trata de una hija.

Sí, señor.

Hemos sacado billetes para mañana.

Nos iremos los cuatro juntos, que es mejor.

Así que esta tarde nos dedicaremos a hacer el equipaje,

y esta noche iremos a dar una vuelta por París como despedida.

Lo veremos todo. Y monsieur Armand nos acompañará.

Yo... no sé si podré.

Está usted invitado. Entonces, sí podré.

Claro, que ahora hay un problema. ¿Otro?

Que Ninette acepte todo esto. Porque usted no la conoce.

Es tan rara. ¡Y tiene un carácter! Ahora vamos a hablar con ella.

¡Un beso, Andrés! No faltaba más.

Mua, mua. ¡Otro beso, hijo!

Sí, padre. ¡Y usted otro, monsieur!

Hasta ahora. ¡Hasta ahora!

"Au revoir".

De verdad que no aguanto esto, y te aseguro que voy a escapar.

¿Cómo voy a presentarme en Murcia con esta gente?

¿Qué va a pensar de mí la clientela? Tengo que escapar, de verdad.

¿Pero, cómo? ¿Dónde vas tu ahora?

A casa. No, espérame en el bar de enfrente.

Voy a hacer la maleta, y salgo sin que me oigan.

Eso es una tontería. Lo puedes pasar muy bien con la familia.

Nos van a convidar esta noche. ¿Quieres marcharte de una vez?

Dentro de diez minutos, voy a buscarte.

Hasta ahora. Hasta ahora.

(Música animada)

Andrés. ¿Me ayudas a hacer la maleta?

(Música animada)

¡Andrés, Andrés!

¿Has cerrado ya tu maleta?

Ábrela otra vez, a ver si cabe esto

porque en la mía ya no cabe nada.

Pero si has metido ya tres vestidos y un paquete.

Anda. No discutas y ábrela.

¿Sabes una cosa? No.

Me gusta que nos vayamos todos juntos a España.

Así, no te encontrarás tan solo como estás.

No están bien los hombres solteros sin una familia

y con una maleta para ellos solos.

Eso es muy feo. Anda, mete eso y date prisa.

¿Por qué tanta prisa, cariño?

Porque tus padres están esperando para dar ese paseo por París.

Qué horror. Con las cosas que me quedan por hacer todavía,

y tener que salir ahora.

No irás a arrepentirte.

¿Por qué no te vas con ellos y yo me quedo terminando esto?

Pero quiero que vengas tú. Si no, no me divierto.

¿No?

No. Te quiero.

Ah, ¿sí?

Me da tanta lástima que desperdiciemos esta última noche...

No es desperdiciarla. Es ver esas cosas que hay que ver.

Además, ya que no voy a llevarme la faja...

¿Y si te encuentras a una francesa por ahí que te guste más?

Las mujeres francesas son muy atractivas,

y yo soy muy celosa.

Por eso no he querido nunca que salieras.

No creo que ya, a última hora...

Esa habitación tiene tantos recuerdos para nosotros...

Sí, eso sí que es verdad.

(Acordeón)

¿Oyes? ¿Qué?

El acordeón.

"Le piano du pauvre".

El París canalla, ¿no?

¿Bailamos?

Si tú quieres... Sí, Andrés.

(Acordeón)

(Música suave)

(HABLA EN FRANCÉS)

No te comprendo una palabra, pero me gusta.

Me gusta cuando hablas en francés.

(HABLA EN FRANCÉS)

¿Qué decías?

Decía que ni en español ni en francés me comprenderás del todo.

No importa, "parce que je t'aime".

Y yo. "Je t'aime".

Y yo. "Je t'aime".

Y yo. "Je t'aime".

Y yo. "Je t'aime".

Y yo. (SUSURRA) "Je t'aime".

Y yo.

(Música créditos)

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