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Est�n hablando de milagros, despertares, trucos,
decepci�n, resurrecci�n, la segunda venida de Cristo...
Insensateces todas que la Santa Sede rechaza tajantemente.
La fotograf�a que ha despertado su imaginaci�n es de hace dos a�os.
Alguien ha querido gastarnos una broma pesada.
Una broma de muy mal gusto.
�Miente, Sofia miente!
Estamos seguros de que en la sala de cuidados intensivos
del hospital de Venecia no hay nadie. P�o XIII ya no est� all�.
Lo niego categ�ricamente.
�Qu� ha sido de �l entonces?
�Ha sufrido el mismo final que Francisco II?
Eso es una provocaci�n y como bien sabe,
la Santa Sede no responde a provocaciones. Gracias.
Sofia, por favor...
�C�mo me ve?
Deslumbrante.
Le echaba de menos.
Soy y siempre ser� su amigo.
Eso es reconfortante.
- �Est� nervioso? - Cuando quiero, Guti�rrez,
s� c�mo moverme en el escenario.
Lo s�.
Las chicas que nos desde�aron.
Los chicos que nos dejaron solos.
Los extra�os que nos ignoraron.
Los padres que no nos entendieron.
Los jefes que nos rechazaron.
Los mentores que dudaron de nosotros.
Los abusones que nos vejaron.
Los hermanos que se mofaron de nosotros.
Los amigos que nos abandonaron.
Los conformistas que nos excluyeron.
Los besos que nos fueron negados.
Ninguno de ellos nos vio.
Estaban todos muy ocupados mirando para otro lado
mientras yo dirig�a la mirada a vosotros.
Solo a vosotros.
Porque soy uno de vosotros.
El dolor no tiene jerarqu�a.
El sufrimiento no es un deporte.
No hay clasificaci�n final.
Atormentados por el acn� y la timidez,
por las estr�as y la incomodidad,
por la calvicie y la inseguridad,
por la anorexia y la bulimia,
por la obesidad y la diversidad;
denigrados por el color de nuestra piel,
por nuestra orientaci�n sexual, nuestros bolsillos vac�os,
nuestros defectos f�sicos,
nuestras discusiones con nuestros mayores,
nuestras inconsolables l�grimas,
el abismo de nuestra insignificancia,
las cavernas de lo perdido,
el vac�o de nuestro interior,
el recurrente e incurable pensamiento de acabar con todo,
sin lugar para reposar, sin lugar para estar,
nada a lo que pertenecer.
�Nada, nada, nada!
S�.
As� es c�mo nos hemos sentido.
Y como vosotros, lo recuerdo todo.
Pero ya no importa que el mundo se haya enfrentado a nosotros.
Porque ahora seremos nosotros los que nos enfrentaremos al mundo.
No volveremos a tolerar que se nos considere un problema.
Porque la realidad es, que ellos son el problema
y nosotros, la soluci�n.
Nosotros, que hemos sido traicionados, abandonados, rechazados
y malentendidos, por no decir, despreciados.
�No hay lugar para vosotros aqu�,
nos dijeron con su silencio.
�Entonces, �d�nde est� nuestro lugar?�, les imploramos con nuestro silencio.
Nunca se nos dio esa respuesta.
Pero ahora lo sabemos, s�.
Sabemos cu�l es nuestro lugar.
Nuestro lugar est� aqu�.
Nuestro lugar es la Iglesia.
El cardenal Biffi lo expres�
de una manera asombrosamente simple:
�Somos todos miserables desastres
que Dios ha unido para formar una gloriosa Iglesia�.
S�,
somos todos miserables desastres.
S�, somos todos iguales,
y s�, somos los olvidados.
Pero hasta hoy.
Porque de hoy en adelante,
no volveremos a ser olvidados, os lo aseguro.
Nos recordar�n,
porque nosotros somos la Iglesia.
�Qu� te pasa?
Nada.
Cosas m�as.
Que no lo entiendo.
�Qu� no entiendes?
Qu� es lo que queremos.
El cuerpo de Lenny.
Eso es lo que queremos.
Vivo o muerto.
No descansaremos hasta encontrar su cuerpo.
�Por qu�?
Porque para m�, es como el cuerpo de Cristo.
�No es as� para ti?
Debes saber que, si sigues con eso,
probablemente no podr�s seguir trabajando aqu�.
Entonces no es buena idea acudir a la polic�a.
Una buena idea es aquella que minimiza los da�os y maximiza los beneficios.
Fuera de aqu� lo llaman capitalismo.
Pero nosotros llevamos practic�ndolo desde los tiempos de las catacumbas.
�Por qu� lo ha hecho?
Me dijo que la aut�ntica pena no se salda en prisi�n,
sino en la propia alma.
Yo he concluido que la prisi�n
es el lugar perfecto para rendir cuentas con tu alma.
Archivemos entonces este incidente y volvamos al trabajo, Sofia.
No.
He decidido renunciar.
- Me voy. - �Por qu�?
Por favor, eminencia, no me haga decirlo.
Es usted el hombre m�s inteligente del mundo,
seguro que se imagina por qu�.
- �Por qu� todos comenten el mismo error? - �Cu�l?
Tarde o temprano, todos se enamoran.
Veamos, en el martirologio cristiano hay 9.900 entre santos y beatos.
Yo no rezar� a ninguno de ellos. Yo te rezo solo a ti.
T� eres el �nico santo que he conocido, porque a esos, �qui�n los ha visto?
Pero vayamos a los hechos.
El califa, sirvi�ndose presumiblemente de la comunidad de pr�fugos
que se asentaron en la isla de Ventotene hace unos meses,
tiene como rehenes a unos ni�os de la escuela infantil de la isla
junto a su maestro, don Antonio.
Un cura bueno, Girolamo. Un cura bueno, te lo juro.
Aunque t� ya lo sabes. Me he pasado la vida inform�ndome,
pero seguro que ahora est�s mejor informado que yo.
Resumiendo,
yo te ruego con todas mis fuerzas que los liberes,
lib�ralos a todos sanos y salvos.
Son ni�os, son inocentes,
son santos, son bell�simos como t�.
Por favor, hacedme lo que quer�is, pero dejad que los ni�os se vayan.
Habr�a preferido que nuestro primer encuentro
hubiera sido en mejores circunstancias.
Y en cambio, nos vemos abrumados con una misi�n dif�cil y muy urgente.
Tenemos que salvar a seis ni�os y a un sacerdote.
- La polic�a... - Esto no es labor de la polic�a.
Es labor de la Iglesia.
�Sabes qui�n tem�a que yo despertara m�s que t�?
�Qui�n?
El califa.
Analicemos la situaci�n, santidad.
Yo entro en coma y me convierto en un santo en vida.
Surgen los primeros signos de fanatismo cat�lico.
Hasta ahora, el fanatismo ha sido una prerrogativa exclusiva del califa.
Siente que le hemos usurpado su territorio
y por eso nos ataca.
Ahora teme que yo haya despertado,
as� que sube la apuesta
y ataca lo que m�s quiero.
Ni�os.
Pero �l no teme que hayas despertado,
teme que hayas resucitado de entre los muertos.
En cuyo caso, no eres un mero infiel,
sino m�s bien el Anticristo para nosotros,
que para �l ser�a Iblis, el diablo.
Y no se hacen tratos con el diablo.
Eso es precisamente lo que quiero, tendr� que tratar conmigo.
El califa no sabe con seguridad
si he resucitado de entre los muertos o no.
Tiene dudas.
Y la duda, como dice Voiello, es un arma.
Pero tenemos un secreto, una certeza.
He vuelto.
Y nuestra certeza no es un arma, es una bomba.
A nadie le interesa que esa bomba explote.
Con eso le forzaremos a liberar a los ni�os.
No acabo de entender bien tu plan.
El plan es hacer llegar a o�dos del califa que he salido del coma.
Sabe que si me muestro al mundo, le robar� su monopolio de fanatismo.
Puedo crear millones de fan�ticos cat�licos en una semana.
El califa lo sabe y por eso est� siendo tan err�tico.
Si no me muestro al mundo, puede seguir
viviendo en sus delirantes sue�os.
Ser� �l quien decida.
Pero si no quiere que me muestre al mundo,
tendr� que liberar a esos ni�os y a su maestro inmediatamente.
�Qu� te parece?
Creo que somos la Iglesia
y debemos actuar como la Iglesia.
Arrodillarnos y rezar por esos ni�os y el sacerdote,
mientras las fuerzas de la ley y el orden
idean un plan para liberarlos sin dejar cad�veres por el suelo.
Y eso es lo que haremos, Lenny.
Esa es �la v�a intermedia�.
T� eres el papa y t� estableces las reglas.
Yo me someter� a tu voluntad.
Aquella noche que lloraste sobre la tumba de Adam
le dijiste que Dios no te quer�a.
�C�mo sabes t� eso?
�Crees que estabas solo?
Yo estaba all� contigo, John.
John, vas a tener que resignarte a creer en m�,
ahora que eres consciente...
de lo que soy.
�Liberadlos! �Liberadlos!
Hermanos cardenales.
He vuelto.
Esta reuni�n de hoy ser� nuestro secreto.
Si revel�is a cualquiera que he regresado,
sabr� bien c�mo castigaros.
�Record�is, hermanos cardenales,
cuando os dije que los fieles han de llegar a nosotros
a trav�s de una estrecha puerta?
�Que no ir�amos nosotros a ellos?
Erais todos muy esc�pticos.
Pero es exactamente lo que ha pasado.
Y por lo que ahora quiero que todos permanezc�is en absoluto silencio,
con los ojos cerrados.
Con los ojos cerrados para concentraros
y pedirme perd�n
y deciros a vosotros mismos:
No volver� a suceder que yo, un pobre miserable,
le vuelva a fallar a P�o XIII.
Solemos decir que guiamos los corazones de la gente.
�Qu� significa eso?
El coraz�n, en s� mismo, como yo s� perfectamente,
no es m�s que un �rgano que late.
A veces late r�pido, a veces late despacio.
A veces se para.
El coraz�n es un mecanismo.
Nada m�s.
�Qu� significa realmente �guiar� el coraz�n de la gente?
Significa controlar la emoci�n.
Vuestra emoci�n,
la emoci�n de todos los cat�licos fuera de estos muros.
Si controlas la emoci�n de un hombre,
te seguir� dondequiera que te plazca.
A eso se llama �poder�.
Nuestro excelent�simo Voiello lo ejercita sobre todos vosotros.
Juan Pablo III y yo mismo lo ejercitamos sobre el mundo entero.
Qu� maravillosa labor ha hecho Juan Pablo III.
Cuando grit� ese �no� en Lourdes,
demostr� todo el valor que siempre os ha faltado a vosotros.
Y el domingo pasado, en el �ngelus,
cuando desnud� su coraz�n,
desnud� el coraz�n de otros tambi�n.
De esos otros que se han estado ocultando,
pero que ahora han emergido de sus m�seros escondrijos,
de sus pozos de incertidumbre.
Est�n todos ah� fuera ahora.
En la plaza.
Han venido,
se han quedado
y seguir�n siempre ah�.
�Qu� glorioso papa, Juan Pablo III!
Porque al final, Juan Pablo III ha creado
la iracunda base de un ej�rcito de j�venes cat�licos.
Si es necesario, yo la ampliar�, inspirar� y armar�.
Los d�as venideros ser�n cruciales.
Por eso necesito que est�is de mi lado.
Necesito mi rojo tel�n de fondo.
Permanecer�is a mi lado,
silentes, obedientes y buenos.
Sois demasiado viejos para reinventaros,
demasiado viejos para comprender los vaivenes
de la naturaleza emocional de este mundo.
No ten�is que confiar en m�.
Solo ten�is que confiaros a m�
y rezar.
Rezad por don Antonio, un buen sacerdote que sufre,
y por esos seis ni�os asustados.
Dios est� de nuestro lado.
Nosotros tendemos al bien y Dios tiende al bien.
Por eso Dios permanecer� a nuestro lado.
Porque �l me conoce.
�Y yo a �l!
Oremos.
No entiendo nada.
�Qui�n es el papa ahora?
C�llate y reza, idiota.
Cuando un hombre,
en nombre de otros hombres,
y en nombre de un dios, secuestra ni�os,
los aterroriza, los priva de comida
y los amenaza con la muerte,
no est� solo cometiendo un crimen,
est� declarando una guerra.
La Iglesia moderna no caer�a en estas provocaciones.
Pero yo no soy moderno.
Soy ancestral.
Y le digo ahora: voy a responder a esta declaraci�n de guerra.
- Santidad... - Calle y esc�cheme.
Los vamos a aniquilar.
Ma�ana por la ma�ana,
quiero que Juan Pablo III se dirija al pueblo en la plaza.
Tome nota, Voiello, le dictar� lo que dir�.
Hablo a los secuestradores.
S�, sois despreciables.
Y s�, sois hombres muertos.
Actu�is contra toda voluntad y todo dios,
por tanto, os ordeno que liber�is a esos ni�os y a don Antonio.
Si no obedec�is,
ir� all� y llevar� conmigo Dios y acero, fe y fuego.
Y no estar� solo.
Tenedlo muy claro, no estar� solo.
�Te haces la menor idea de cu�nto hemos trabajado en esto?
Llevamos d�as sin dormir.
Nuestra inteligencia, nuestros diplom�ticos,
el vicepresidente, todos,
nos hemos dejado el culo para salvar el tuyo.
Rescatamos a los ni�os y al sacerdote,
y tu papa em�rito, �c�mo nos lo agradece?
Haciendo que Juan Pablo III diga
que est� dispuesto a declarar una guerra.
�Hab�is perdido el juicio?
La �ltima vez que librasteis una guerra
fue en 1540 para la conquista de Perugia.
�Tienes la m�s ligera idea
del peligro que supone declarar una guerra?
- No, �cu�l? - Que despu�s vas a tener que librarla.
C�lmate, Bauer.
P�o XIII est� solo un poco acalorado.
�Y por qu� no le dices que baje esos humos?
Porque si no, me ver� obligado a hacer algo m�s decisivo.
�Qu� quieres hacer, Bauer? �Asesinar al papa?
No servir�a de nada, volver�a a resucitar.
�l, s�.
T�, no.
D�jame explicarte algo, eminencia.
Cuando conoces el escenario, se puede controlar,
pero cuando te enfrentas a lo desconocido,
las cosas se descontrolan.
Un d�a est�s con tu hijo en el parque,
y al d�a siguiente, te ves en un refugio antibombardeo.
Un d�a tu papa se cabrea, y al d�a siguiente
estalla la III Guerra Mundial sin que te des cuenta.
�Puedes ver a esta leyenda viviente detr�s de m�?
He reparado en �l inmediatamente.
El general Parker. Eso lo dice todo.
El general no va a usar una sola palabra,
pero asentir� con la cabeza en respuesta a mis preguntas.
Obs�rvale atentamente.
General Parker, si llegase a estallar una guerra,
�estar�a Estados Unidos, la naci�n m�s poderosa de la Tierra,
dispuesta a salvarle el culo al Vaticano?
- �Has visto? - S�, entendido.
Pero eres t� el que parece no haber entendido nada.
Nadie quiere una guerra.
Si P�o XIII se muestra al mundo,
los fundamentalistas cat�licos se enfervorizar�n.
Si P�o XIII usa la palabra �guerra�, millones de personas
de todo el mundo estar�n dispuestas a inmolarse
en la frontera siria
y a protagonizar la guerra de religi�n m�s grande de todos los tiempos.
Muchos de ellos ser�n americanos.
Los frentes incluir�n facciones cat�licas
procedentes de los conflictos en la antigua Yugoslavia,
libertadores de Ucrania y las fuerzas especiales lituanas.
Miembros influyentes de la di�spora cat�lica
est�n dispuestos a financiar el conflicto y proporcionar armas.
�Me equivoco, general Parker?
�Ves? Estaremos un poco oxidados, pero
sabemos un par de cosillas sobre la guerra.
No me puedo creer que estemos teniendo esta conversaci�n.
El Vaticano coqueteando con la idea de declarar la guerra al Islam.
�Por el puto Cristo, Voiello!
Alto, Bauer. No al Islam, al terrorismo islamista.
Sabemos perfectamente que la mayor�a de los musulmanes son moderados.
Pero esa es la cuesti�n.
Son los moderados cat�licos los que se arriesgan
a ser inferiores en n�mero porque la mayor�a
se volver� fundamentalista si P�o XIII se hiciera visible.
Y ahora, esc�chame, Bauer.
P�o XIII podr�a tener en mente
dejar alguna se�al, una se�al divina.
No una paz moment�nea que durara solo hasta que el pr�ximo demente
apareciera con la intenci�n de cometer otro atentando en el mundo,
sino una paz definitiva, o al menos, una paz que perdure en el tiempo.
Mientras t� te has mostrado incapaz,
�l podr�a llegar a hacerlo realidad,
porque el imaginario colectivo es m�s poderoso que la bomba at�mica.
�Lo entiendes ahora, Bauer?
La vida es tan bella.
Deber�a ser suficiente vivirla como lo que es,
una oportunidad de gozo y de gracia,
de amor y liviandad.
�Cu�ndo hab�is perdido vuestra liviandad?
�Cu�ndo?
Todos ah� abajo recuerdan mis milagros, pero olvidan mis asesinatos.
No saben que fui yo quien mat� a ese pobre sacerdote,
ese h�roe, en Ventotene.
Y dej� a esos seis ni�os perplejos, solos con esos dementes.
Ma�ana culpar�n a Juan Pablo III, pero fui yo.
Soy un peligro para los dem�s, soy indigno.
Un ni�ato irracional y temerario.
Su santidad, Juan Pablo III quisiera verle.
- Su eminencia. - Bauer, �qu� haces t� aqu�?
Alguien quer�a verte.
�Qui�n es?
El hombre m�s cercano al califa.
- �Le has encontrado t�? - No.
Y eso es lo interesante, me ha encontrado �l a m�.
Cuando no tienes pruebas, no tienes pruebas.
Voiello me ha llamado, han entrado en contacto.
Nos han buscado, tienen miedo.
Insisten en que no fueron ellos. Es un enga�o, naturalmente.
Esta es la confirmaci�n de que fueron ellos.
�Eres un charlat�n?
�Eres un gur�?
�Eres un santo?
�Eres el diablo?
�Eres el Mes�as?
�Eres Cristo?
�Eres Dios?
No importa, Lenny.
Yo soy el Papa.
Para m�, eres un sacerdote, nada m�s.
Y me mostrar�s perfecta obediencia, como todo sacerdote.
Porque eso es todo lo que sabemos, eso es la Iglesia.
Y nosotros respondemos por la Iglesia.
Santidad, tiene toda la raz�n.
Es un error.
Si sigue haci�ndome caso, seguir� cometiendo errores.
Me retirar� a mi torre el resto de mi vida
y nadie volver� a verme jam�s.
No, no te retirar�s.
Te mostrar�s al mundo
y dir�s lo que yo no tuve el valor de decir.
�Pero estar� usted a mi lado, santidad?
No.
El momento que siempre he deseado, por fin ha llegado.
�Qu� momento?
El de consumar mi sola y �nica ambici�n:
ser olvidado.
Pero usted es el papa.
No.
Soy una fr�gil pieza de porcelana.
Pero he entendido, al fin, que mi fragilidad
es mi fortaleza,
no mi condena.
�Qu� va a hacer?
�Regresar a casa?
Voy a regresar a m� mismo.
�Seguro que no nos hemos dejado nada?
S�, seguro, sir.
�Qu� hacemos con la caja, sir?
La conservaremos por ahora, mejor.
Como dec�a el cardenal Newman: �Nunca se sabe en la vida�.
Levanta.
�Jes�s!
Es Amber, una escort de Hannover.
Me sigue a todas partes
y hace poco hemos tomado la decisi�n de casarnos.
Te echar� de menos, Voiello.
- �Te vas? - S�, he terminado aqu�.
- �D�nde vas ahora? - A Corea.
Las cosas est�n calientes all�, voy a enfriarlas un poco.
Por favor, no le digas a nadie d�nde voy.
- Esto no me lo esperaba. - S�, lo s�.
Aunque hago todo lo posible por disuadir a la gente,
al final, acaban siempre cogi�ndome afecto.
Ten�as raz�n, el califa no ha llevado a cabo ning�n atentado en Europa.
�Con qui�n voy a hablar ahora?
Desde que muri� Girolamo, t� has sido mi �nico amigo.
Rel�jate, Voiello, no estamos en el siglo XV.
Con las debidas precauciones, hablaremos por tel�fono.
Pero des�ame suerte.
Porque aqu� com�a almejas,
y me van a dar sopa de perro en Corea.
�No es lo m�s cuco, mi peque�o pulpito Bauer?
Por favor, no digas eso, querida, te vas a cargar la leyenda.
Voiello, quiero que me expliques una cosa.
�Por qu� iban a matar cat�licos a otros cat�licos?
Porque el fanatismo y la cerraz�n son la misma cosa.
Y por cierto, hace mucho tiempo que no comen perro en Corea.
Lo s�. Pero esa no es la cuesti�n.
Cuando me sirvan comida, ser� mi expectativa,
ser� mi percepci�n.
Perro.
Y como t� y yo sabemos, amigo m�o,
la percepci�n lo es todo.
Sir John,
sus padres desean verle.
Quieren darle la bienvenida a casa.
Se nos llena la boca con la palabra �amor�.
Pero yo...
soy el que menos he sabido definirlo.
Se nos llena la boca con la palabra �belleza�.
Pero yo...
soy el que menos he sabido recibirla.
Por eso os pido vuestro perd�n.
Por favor, perdonadme.
A veces, confundimos amor...
con locura.
Belleza...
con �xtasis.
La historia se ha vuelto a repetir.
La locura y el �xtasis, una vez m�s, se han vuelto a revelar
como irresistibles tentaciones.
Pero siempre acaban como ocurri� en Ventotene.
Con una muerte injusta,
en este caso la de un sacerdote bueno e inocente.
Hay una vida de felicidad que se puede encontrar
en la esfera de la gentileza,
la amabilidad, la mansedumbre,
la benevolencia.
Debemos aprender a estar en el mundo.
Y la Iglesia debe contemplar la idea de abrirse al amor posible
para poder as� combatir el amor aberrante.
A todo esto, Juan Pablo III, con gran humildad,
llama �la v�a intermedia�.
En estos �ltimos d�as, lo he entendido.
No es �la v�a intermedia�,
es �la v�a�.
Desde que he vuelto,
os hab�is estado haciendo todo tipo de preguntas.
�Es el Padre o es el Hijo?
�Es Dios o el Esp�ritu Santo?
�Es hombre o es Jes�s?
�Ha despertado o resucitado de entre los muertos?
�Es un santo o un impostor?
�Es Cristo o es el Anticristo?
�Est� vivo o muerto?
Eso no importa.
�Sab�is qu� es lo maravilloso de estas preguntas?
Que no tenemos las respuestas.
Al final, solo Dios tiene las respuestas.
Son su secreto.
El secreto de Dios que solo �l conoce.
Ese es el misterio en el que creemos.
Ese es el misterio que gu�a nuestra conciencia.
Y ahora,
quisiera bajar con todos vosotros
y hacer lo que he querido hacer desde el primer momento.
Abrazaros.
Uno a uno.
Hermanos cardenales,
tras la inmensa fortuna de haber tenido dos grandes papas,
Juan Pablo III y P�o XIII, �qu� necesitamos?
Un hombre curtido en la mediocridad.
Gris, diligente, sensible
y receptivo a las incontables exigencias
de sus queridos colegas del colegio cardenalicio.
Ayer por la noche no pegu� ojo.
Le� y rele� el anuario pontificio mil veces,
y al final,
no encontr� un solo nombre
que respondiera a esos requisitos.
Yo s�.
Encontr� un nombre.
�Qui�n, don Cavallo?
El �ltimo por orden alfab�tico.
Voiello, Angelo.
�Por qu� siempre consigues intimidarme tanto?
P�o,
eres un tocapelotas.
� Sincronizado y corregido por MarcusL � � www.subdivx.com �
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