All language subtitles for Experiencia Prematrimonial 1972 Spanish (Full movie)

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Original subtitles

Tu dudar,

Mi ansiedad,

Tu mentir,

Mi verdad

No busquemos por qué

No nevó anteayer,

No intentemos saber por qué.

Mi rencor,

Tu razón

Sin saber cómo hacer

Recordando tal vez

Cómo llegó,

Por qué nació

El desamor.

Rebeldes adolescentes

Quisimos ser diferentes:

No como viejos de dos en dos

Y creímos como niños

Que cuatro y cuatro pueden ser dos.

No sabremos por qué

No nevó anteayer,

Cómo llegó,

Por qué nació

El desamor.

Entre tú y yo inventamos un sol

Que no daba calor,

Tú y yo.

¡Déjame, idiota! ¡Tonta!

¡Déjame, que tengo mucho sueño!

- ¡Déjame! - ¡Levántate, dormilona!

Supongo que esta noche pondrás otra cara.

Aunque solo sea para cubrir las apariencias.

Estoy tan acostumbrada a cubrir las apariencias

que no me costará ningún trabajo fingir una vez más.

Ni a ti tampoco.

Lo hacemos tan bien que da la impresión de que somos un matrimonio feliz.

Y lo somos. Por eso vamos a celebrar nuestras bodas de plata.

25 años de felicidad.

Querrás decir 25 años de mentiras. Por tu parte, claro.

La gente no lo sabe.

Pero yo sí. Por eso no quiero celebrar nada.

¿O es que lo haces para seguir humillándome?

Uno de tus mayores defectos es dramatizar a destiempo.

Una de tus mayores virtudes es el cinismo.

A veces me pregunto si alguna vez has sido sincero conmigo.

Hace un día estupendo.

Y el agua estaba fenomenal.

A lo mejor esta noche se bañan unos cuantos.

¿Y vosotros creéis que habrá alguien que se crea

que lleváis tantos años casados?

Mamá parece mi hermana, y tú un tipejo de fin de curso.

No te olvides de invitar a Luis y a sus padres.

Esta noche quiero que venga todo el mundo.

Es un día muy importante para nosotros.

Y lo pasaremos muy bien, ya lo veréis.

Será una fiesta estupenda.

¿Qué fiesta?

¿No se acuerda la bella durmiente del bosque

que hoy hace 25 años que se casaron cierto guapo muchacho

y cierta bella señorita que tienen mucho que ver en esta casa?

Ah, ya. Eso significa que hoy me tengo que aburrir de otra manera.

Ya nos explicarás cómo te has arreglado para suportar estos años de esclavitud.

Con mucha paciencia, querido Jorge.

- Y un montón de mentiras mensuales. - Calla, que el enemigo se acerca.

Le estaba diciendo a tu marido que es

como un milagro que hayáis llegado hasta aquí. ¿Cómo lo habéis conseguido?

Con un poco de inteligencia, ¿verdad, cariño?

Perdonadme.

- ¿Cómo estas, Beatriz? - Mal. Tengo una jaqueca horrible.

- Lo siento. - He venido por ti.

¿Verdad, tesoro?

Desde hace una temporada su hobby son las jaquecas.

Daría cualquier cosa por que me dieras la mano de tu hija.

Pídesela tú, a ver qué dice ella.

- ¿Quieres casarte conmigo, Alejandra? - Lo siento, Pepito, pero llegas tarde.

¿Y quién es el afortunado que ha llegado antes?

Un chico muy guapo que está empezando a ponerme nerviosa.

Papa, por favor, ¡que vamos a llegar los últimos!

Chico, es que esta camisa ha encogido.

No, no es la camisa la que ha encogido.

Lo que pasa es que tú has engordado.

Déjame a mí.

¡Ay, sin pellizcar!

Si me muero esta noche será por culpe de tu madre.

- Daos prisa o me voy yo solo. - Anda, ponte la corbata.

Y tú no te preocupes que llegaremos a tiempo.

¿Estás contenta?

- Todavía no. - Porque no ha venido Luis, ¿verdad?

¿Puedes cederme a esta preciosa criatura?

No me hace mucha gracia, pero como hay que ser atento con los invitados...

Gracias. A que bailo mejor que tu padre.

Oye, Jorge, ¿tú cuándo te vas a casar?

Nunca. No tengo fe en el matrimonio.

¿Es que no crees en el amor?

Naturalmente que no. ¿Y sabes por qué?

Porque la única diferencia que hay entre un amor eterno y una aventura

es que una aventura dura un poco más.

¿No estás de acuerdo conmigo, Alejandra?

- Perdona. - Sí, sí.

Se retrasa un poco, ¿no creéis?

- ¿Lo estás pasando bien? - Muy bien.

Mentira. Lo estás pasando fatal.

Es que me siento un poco más vieja.

25 años de matrimonio son muchos años.

Anda, diviértete. Yo voy a atender a los invitados.

Hola.

Ten cuidado con ella, está enfadada.

Pero te está esperando.

Si te descuidas llegas cuando esto termina.

Oye, que no estamos solos.

Para mí como si lo estuviéramos. Sólo te veo a ti.

Son un encanto, ¿verdad?

Sí, todos los jóvenes son un encanto.

¿Y tu marido?

Por ahí anda.

Pues mientras aparece voy a demostrarle a esta señora

que yo también soy joven.

¿Sabes por lo único que siento estar casado contigo?

Porque no podemos volver a casarnos.

Podemos hacernos novios otra vez.

Sería bonito.

Aunque así estamos mejor.

Te quiero, Beatriz.

Te quiero mucho.

Y tú lo sabes.

No, Andrés.

No es verdad. No me quieres.

¿Por qué dices eso?

Porque si me quisieras como dices lo habrías dejado todo por mí.

Y lo dejaré. Pero ten un poco de paciencia, cariño.

Ya era hora de que se hablara de un tema importante en un coloquio.

Lo dices con tanto entusiasmo que parece que te vas a casar mañana.

Es que el matrimonio que es la sociedad doméstica es el tema más discutible…

No empieces con el rollo, Sócrates.

Cuantas veces he de decirte que me molesta el símil, rica.

¡Anda! ¡Eh, mirad quién viene!

¿A que no sabes el tema que nos han preparado?

El matrimonio y sus consecuencias, figúrate.

Es que la vida conyugal desde el punto de vista filosófico…

¿Quieres callarte?

¿Por qué no dices nada?

¿Es que te pasa algo?

De todo lo expuesto se desprende que el matrimonio es indisoluble

y está obligado a permanecer firme para toda la vida pase lo que pase.

Ya que el matrimonio es la institución que más defiende a la sociedad.

Porque la estabilidad matrimonial es lo único que protege

a la mujer y a los hijos.

Yo no estoy de acuerdo con ese sistema.

O mejor dicho, estoy de acuerdo con sólo cambiar una palabra.

En lugar de "estabilidad matrimonial" yo diría "hipocresía matrimonial".

¿Quiere explicarse, señorita Espinosa?

Todos sabemos que los que se casan lo hacen

por creer que están enamorados.

Pero al poco tiempo la mayoría de los matrimonios empiezan a odiarse.

Y es cuando eso que ustedes llaman "estabilidad matrimonial"

se convierte en el arte de engañar el marido a la mujer

o la mujer al marido.

Y el arte de soportarse aparentando que se siguen queriendo.

Y todo porque la gente se casa sin conocerse.

Por favor.

Es posible que algunos matrimonios fracasen

porque no se hayan conocido lo suficiente.

Es un riesgo que muchos vencen con amor

y otros tratan de superarlo

con esa hipocresía que usted dice.

Pero me parece que de esa posibilidad de error

no puede sacarse la conclusión de que todo matrimonio sea un fracaso.

Además, ¿qué solución habría para evitarlo?

Un hombre y una mujer tendrían que conocerse

antes de atarse definitivamente.

Yo no estoy contra el matrimonio.

Estoy contra la improvisación.

¿Y usted no cree que el noviazgo es suficiente para conocerse?

No. En el noviazgo todos nos dedicamos a aparentar

que somos mejor de lo que somos.

Un hombre y una mujer tienen que verse despeinados, sin sonrisitas.

Entonces, ¿qué es lo que usted propondría?

Para que un matrimonio sea más sólido y más autentico

un hombre y una mujer tendrían que vivir juntos antes de casarse.

¡Chúpate ese dulce, que amarga!

- ¡Es una idea genial! - Es un disparate.

- Lo que ha dicho es un contrasentido. - Tú sí que eres un contrasentido.

No estoy diciendo ninguna novedad.

Hay países en los que se han impuesto estas experiencias prematrimoniales.

Por eso creo que después de haberlas vivido

es cuando se puede ir al matrimonio con verdadero conocimiento de causa.

Y admitiendo esa novedad, ¿quiere decirme qué ocurriría

en el caso de que esas experiencias prematrimoniales fracasaran?

Pues que cada uno volvería a su vida normal

como si no hubiera pasado nada.

De modo que para evitar algunos fallos del matrimonio

usted destruye el matrimonio mismo.

Señorita, no quisiera yo apelar ahora a recordarle

que el matrimonio es un sacramento.

Me voy a mover en un plano puramente humano.

Lo que un hombre y una mujer se dan en el matrimonio

es una cosa muy seria con la que no se puede jugar

ni ponerse a prueba.

El matrimonio es sobre todo amor.

Y el amor lleva siempre un poco de riesgo.

Dos muchachos que inicien esa experiencia

no pueden quererse demasiado

cuando dudan el uno del otro.

Si no están seguros de conocerse que esperen un poco más.

Pensar que un hombre y una mujer puedan unirse así,

y luego separarse como si nada hubiera ocurrido

es conocer muy poco de la vida.

Usted, en lugar de defender el amor,

lo que pretende es jugar al amor.

Porque esa teoría que defiende

va en contra de todos los principios.

¿Piensas estar toda la tarde así?

Es que no hago más que darle vueltas

a la que has formado con el prematrimonio.

En la Universidad no se habla de otra cosa.

Hasta me han preguntado que cuándo nos vamos a vivir juntos.

Porque son una pandilla de estúpidos, que sólo ven el lado malo de las cosas.

Es que te pasaste.

Ya sé que tienes motivos para criticar el matrimonio.

Pero de eso decir que la experiencia prematrimonial es la única salvación...

Ya veo que tú tampoco lo has entendido.

Es posible que yo sea distinta a los demás.

Pero de todas maneras sería conveniente

que un chico y una chica vivieron esa experiencia antes de casarse.

¿Para qué?

Para conocerse mejor.

Tú y yo, por ejemplo, ¿nos conocemos de verdad?

Yo creo que sí.

Lo crees pero no estás seguro ni yo tampoco.

Es que seguro no hay nada.

Si nosotros hiciéramos esa prueba

estoy convencida de que descubriríamos muchas cosas que ahora no sabemos.

Es lógico.

Porque al convivir dos personas es cuando empiezan a conocerse.

¿Lo ves? Luego estás de acuerdo conmigo.

¡Hombre!

Desengáñate, Luis.

Las personas no se conocen bien

hasta que han vivido juntas un poco de tiempo.

Y si no, hagamos la prueba tú y yo, a ver qué pasa.

¿No hablarás en serio?

Completamente.

¿Pero sabes lo que dices?

Sí. Y estoy dispuesta a empezar cuando quieras.

Comprendo que lo que pasó el otro día en tu casa te haya afectado.

Pero no hasta el extremo de que me quieras poner a prueba

como si fuera un desconocido.

Yo te quiero y tú lo sabes.

Y yo a ti.

Pero en el matrimonio hay muchas cosas que nosotros no sabemos.

Porque todavía no estamos casados.

Hablas igual que el profesor.

Hablo lo que siento.

¿Por qué dudas ahora de mí?

Porque no tengo confianza en nadie.

Y no quiero arrepentirme nunca de haberme equivocado.

Tengo miedo, ¿comprendes? Miedo a la hipocresía, a la mentira.

Quiero estar segura de que voy a ser feliz.

Y por eso estoy dispuesta a hacer esa experiencia

y todas las que hagan falta para no fracasar.

¿Y si yo te dijiera que no quiero hacer esa experiencia?

Comprendería que lo nuestro había sido un pasatiempo

y me harías un gran favor.

Lo que no entiendo es cómo pensando de esa manera

no nos hemos ido ya juntos a la cama.

Eso no tiene nada que ver.

Pero si me lo hubieras pedido a lo mejor lo habríamos hecho.

¿Y por qué no lo hacemos ahora?

¿Tú quieres?

Sí.

Pues vamos.

Castellana Hilton al habla. Dígame.

Ah, eres tú. ¿Qué quieres?

Oye, ¿podrías desaparecer del apartamiento un par de horas?

¿Quién es ella?

¿La conozco?

No la has visto en la vida.

Anda, desaparece y déjame el campo libre.

Está bien, me iré al cine, pero tú lo pagas, ¿eh?

Sí, hombre, sí. Debajo del felpudo.

Y que te aproveche.

Entra.

No tengas miedo. Estamos solos.

Vienes mucho por aquí, ¿verdad?

De vez en cuando nos venimos a estudiar.

Nunca me lo habías dicho.

¿Por qué no enciendes la luz?

No hace falta. Pero si quieres...

Ahí la tienes.

¿Qué te pasa?

Nada.

Que no me gusta esto.

¿Por qué?

No lo sé.

Pero no es esto lo que yo quiero.

¿Entonces para qué hemos venido aquí?

Las relaciones prematrimoniales no consisten solamente en acostarse juntos.

¿Ah, no?

No. A ti lo único que te interesa es mi cuerpo.

Pero si estamos en la cama ¿qué quieres que hagamos?

Además, en las experiencias esas supongo que se tiene que hacer el amor.

Pero no así.

Tu sólo ves el aspecto material.

Y me da mucho pena porque eso demuestra que yo tenía razón.

¿Razón de qué?

No nos conocemos, Luis.

Para mi ahora eres otro, casi un desconocido.

Claro. Porque sólo he sido el novio serio

que se ha limitado a las vulgaridades corrientes.

Pero como tú te has destapado tengo que ser de otra manera.

Lo que queda bien claro es que tu prematrimonio no son más que palabras

de una chica de filosofía que no sabe lo que quiere.

Yo sí sé lo que quiero, pero tú no.

¡Y si me conocieras bien y me quisieras nunca me habrías traído aquí

aunque yo te lo hubiera pedido!

Tú me has obligado a hacerlo

y quería saber hasta dónde ibas a llegar.

Pero en fin de cuentas no ha pasado nada.

Sí, ha pasado, porque de pronto he descubierto

¡que estamos muy lejos, el uno del otro!

- ¿Pasa algo, muchacho? - No.

Como no has dicho nada desde que has venido.

Es que estaba pensando en una tontería.

¿Sabéis lo que está de moda estos días en la universidad?

- No. - Las relaciones prematrimoniales.

Vosotros con tal de no estudiar estáis siempre inventando cosas.

Eso ya está inventado, mama.

Y es más importante de lo que tú crees.

¿Es eso lo que te preocupa?

No, a mí no.

Pero me gustaría saber qué opinas tú.

Por simple curiosidad.

No es que sepa mucho del asunto pero estoy un poco al corriente.

Y la verdad, no me divierte demasiado.

¿Por qué?

Pues porque ese tipo de relaciones son muy delicadas.

Y habría que ser poco menos que excepcional

para que dieran buen resultado.

Y aunque fueran excepcionales,

esas relaciones no se pueden admitir porque son una inmoralidad.

No exageres, mamá.

Es que es un problema muy complejo.

Porque si el hombre y la mujer se limitasen a una relación de tipo espiritual

valdría la pena considerarla.

Pero eso es casi imposible.

- ¿Tú crees? - Claro.

Y lo más seguro

es que el hombre abandonaría a la mujer una vez satisfecho su deseo sexual.

Y luego, si te he visto no me acuerdo. Porque como no les liga ningún compromiso...

Entonces, ¿vosotros lleváis tanto tiempo juntos porque os liga un compromiso?

Un contrato como quien dice.

No es lo mismo.

Nosotros estamos casados.

Y nos queremos.

Supongo que también se querrán los que hagan esa prueba.

O es que hace falta un contrato para quererse.

El matrimonio no es sólo un contrato, Luis.

Es el amor, el entendimiento, la comprensión y el respeto.

Y saber aguantar las épocas malas.

Y encajar los disgustos.

Y cuando se discute, saber perdonar.

Porque el matrimonio, Luis, es sagrado.

Todo eso está muy bien.

Pero muchos se han casado convencidos de que iban a ser felices.

Y luego han sido unos desgraciados.

Porque se casan de prisa.

Sin acabar de conocerse.

Claro.

Porque un hombre y una mujer no se conocen

hasta que viven juntos bajo el mismo techo.

Lo dices como si tuvieras una gran experiencia.

¿Por qué no hablas de esto con Alejandra?

A ver qué opina.

Alejandra es una chica muy sensata.

Y pensará lo mismo que yo.

- Oye, ¿adónde vas tan de prisa? - A casa.

¿Has visto la faena que me ha hecho don Leandro?

Seguro que me carga en antropología.

No te preocupes, todavía quedan 2 meses para terminar el curso.

No es por nada, eh, pero desde hace unos días te has vuelto muy poco comunicativa.

Es verdad, antes nos lo contabas todo.

- Y ahora... - ¿Y qué queréis que os cuente?

Algo sobre tus experiencias prematrimoniales.

Eso. ¿Cuándo las pones en marcha?

¿Pero no lo sabéis?

¡No!

Pero sí lo sabe todo el mundo.

Cuenta, cuenta. Eso, venga.

Que ya las estoy practicando.

¿Y qué? ¿Cómo te manifiestas?

Es algo tan extraordinario que no se puede contar.

¡Hay que vivirlo!

¿Qué ha querido decir?

En concreto, nada.

Yo creo que nos ha tomado el pelo.

¿Qué haces tú aquí?

Tienes la manía de dejarte el coche abierto y un día te vas a quedar sin él.

¿Quieres que te lleve a alguna parte?

Sí. A tomar algo.

No es de lujo, pero para empezar no está mal.

¿No te parece?

Cuando esté arreglado parecerá otro.

Y lo que se ve desde aquí no es ninguna tontería.

Mira.

¿Y con qué dinero vamos a pagar esto?

Yo tengo algunos ahorros.

Yo también, pero no mucho.

Para los primeros gastos será suficiente.

¿Y luego qué?

Bah, luego...ya veremos.

Tengo la impresión de que aquí vamos a conocernos de verdad.

Y seremos muy felices.

Yo trataré de que lo seas.

Y si algún día te digo una burrada

me pegas un tortazo.

¿Y si te la digo yo?

Te daré un beso.

¿Que té pasa ahora?

No sé. De pronto me he acordado de tus padres y de los míos.

¿Qué pensarán de todo esto?

Que piensan lo que quieran.

Ellos ya tienen su vida y nosotros tenemos derecho a la nuestra.

De todas maneras habrá que decírselo.

Y yo no sé cómo hacerlo.

¿Te has vuelto loca?

¿Sabes lo que vas a hacer?

Sí.

Y crees que haciendo esa barbaridad vas a asegurar tu felicidad?

Por lo menos voy a intentarlo.

Lo que harás será destruir tu vida para siempre.

Es posible. Pero no quiero que me pase lo que a ti.

Que has vivido engañada desde el principio.

¿O qué crees? ¿Que no sé lo que pasa entre papá y tú?

Lo sé desde hace mucho tiempo.

Y no os habéis separado porque os ata el matrimonio.

Un matrimonio que se ha mantenido

a fuerza de mentiras ¡porque papá no te quiere!

Te equivocas, ¡tu padre me quiere!

Cuando una mentira dura tantos años

es porque no era mentira.

Sino verdad.

¡Lo que dura no es el amor sino la hipocresía!

¿Y cuánto va a durar tu aventura?

¡No es una aventura!

No. Es peor.

Porque lo nuestro sea un error.

En cambio lo que tu pretendes es vivir con ese muchacho

como si fueras una cualquiera.

¡Pero no lo voy a consentir!

Por lo visto lo que hay que salvar son las apariencias.

Piensa lo que quieras, pero no te dejaré hacer esa locura.

Por lo menos mientras yo viva.

¡No podrás impedirlo!

¡Lo impediré aunque tenga que encerrarte!

Harías mal.

No olvides que soy mayor de edad y puedo decidir por mí misma.

Qué deprisa pasa el tiempo.

Y cómo han cambiado las cosas.

Antes no sabías hacer nada sin mi

y ahora ya no me necesitas.

Pero te equivocas.

Porque ahora es cuando empiezas a necesitarme de vedad.

Bueno, muchacho, por eso no te preocupes.

No es que nos sobre el dinero,

pero para pagarte la entrada de un piso y ayudarte mientras acabas la carrera

no nos va a faltar.

Si tenéis prisa en casaros, ¡os casáis y en paz!

No lo has entendido, papá.

O no has querido entenderlo.

La verdad es que he preferido no entenderlo.

Porque esa idea me parece absurda.

¿O qué queréis?

¿Vivir amancebados?

No es eso.

Alejandra y yo, nos casaremos.

Pero cuando hayamos comprobado que nos entendemos.

Pues si no estéis seguros todavía esperad entonces como novios.

Los novios no nos conocemos nunca

porque todos nos dedicamos a fingirlo que nos somos.

No lo finjáis vosotros y asunto terminado.

Además...

¿Quién te asegura que tú y ella no os dedicaréis a fingir

durante esa experiencia?

Viviendo juntos uno verá realmente cómo es el otro.

Mira, hijo.

Cuando dos novios son sinceros saben perfectamente cómo es cada uno.

Sólo los precipitados, los hipócritas y los tontos

se llevan grandes sorpresas.

Si he de serte sincero,

yo bien pocas cosas supe de tu madre después que nos casamos.

Y ella de mí

tal vez aprendiera lo feo que estoy en pijama

y lo que me fastidia tener que afeitarme todas las mañanas.

Ni ella ni yo aprendimos nada nuevo

que no pudiera superarse con un poco de amor.

Tú siempre juzgas por ti y por mamá.

Pero no todo el mundo es así.

Por cada matrimonio que acierta hay cien que fracasan.

Yo estoy muy orgulloso de vosotros.

Pero me doy cuenta de que sois una excepción.

¿Y por qué no sois vosotros otra excepción?

Mira, muchacho.

El mundo se divide en egoístas y generosos.

Los egoístas fracasan en el matrimonio,

en el prematrimonio,

en el amor libre y hasta en un convento.

Pero los generosos triunfan en todas partes.

Pues déjame a mí triunfar en el prematrimonio.

Estas imaginando el prematrimonio como si fuera una valentía.

Sólo porque es algo distinto de lo que hacen los demás.

Pero es una cobardía.

Lo que pasa es que no te atreves a entregarte a ella para toda la vida

y queréis andar con pruebas.

Si quieres equivocarte, equivócate,

pero no te engañas a ti mismo disfrazándote de valiente.

Está visto que no nos entendemos.

Siempre te he respetado.

Y te he admirado más que a nadie.

Y siempre nos hemos entendido.

Pero esta vez estamos a mucha distancia el uno de otro.

Y lo siento porque una vez me dijiste

que lo mejor que podía haber entre un padre y un hijo es la amistad.

Ahora me doy cuenta de que sólo fueron palabras.

¿Qué crees, que la amistad es darte la razón en todo?

Te equivocas.

Nunca me he sentido más amigo tuyo que en este momento.

Como te traicionaría sería aconsejándote que hicieras esa estupidez.

Pero yo no te obligo a nada.

Tienes 24 años y puedes obrar como te plazca.

Pero no me pidas que te ayude a equivocarte.

¿Pasa algo?

No. No pasa nada.

¿Y por qué la has dejado marchar? ¡Di!

¿Por qué no la has obligado a esperar a que yo viniera?

Se lo dije, pero no me hizo caso.

Cuando salí esta mañana se fue como todos los días y no noté nada.

Al contrario, se despidió muy cariñosa de mí.

¿Cómo iba a pensar que ya no iba a volver?

¡La buscaré aunque tenga que remover la tierra!

Y cuando la encuentre...

Ya será tarde.

Y la culpa es tuya porque has sido un mal ejemplo para ella.

Y lo serás para la otra.

¿Por qué no me lo dijiste?

¿Para qué?

Hubiera hablado con él y a lo mejor le habría convencido.

Más de lo que yo le dije no le hubieras dicho tú.

Las madres hablamos de otra manera.

Y a veces conseguimos más que vosotros.

Con tu hijo no hubieras conseguido nada.

Porque estaba decidido a hacerlo contra la opinión de todos.

¿Pero irse así y sin avisar?

Nosotros ya no contamos para nada.

Uno se pasa la vida tratando de hacer las cosas lo mejor posible

y luego resulta que todo ha sido inútil.

Vas a despertar a todo el mundo.

Toco porque me da la gana. ¡Estoy en mi casa!

- Tú, tan educado como siempre. - Y tú, tan bestia.

Maldita sea la hora que me casé contigo.

Se ve que es un matrimonio muy bien avenido.

No se parecen a nosotros, ¿verdad?

- ¿Me quieres todavía? - Más que ayer.

- ¿Lo juras? - Lo juro.

Y juro también por las cosas más altas que existen,

por el teorema de Pitágoras

y por la raíz cuadrada de 3,1416

que estoy feliz, radiante y entusiasmado por la locura que acabamos de hacer.

¡Eh! ¿Adónde vas?

Ya eres mía otra vez.

¿Por qué no me llevas a desayunar?

Me muero de hambre.

Perdonen.

Soy la portera. Es que venía a limpiar.

Pero si quieren vengo luego.

No. Es mejor que lo haga ahora.

Bueno.

Oye, que lo estás enseñando todo.

No me ve nadie.

¿No? Pues ese tío no te quita ojo de encima.

A las 5 tiene junta en el colegio de abogados y le recuerdo que a las 7...

Don Andrés Espinosa pregunta por don Eduardo. Dice que es urgente.

Que pase en seguida.

El señor Benítez le está esperando también, ¿qué le digo?

Déjenos solos, por favor.

¿Cómo estás?

Perdona que te moleste.

Pero ya te figurarás que...

Siéntate.

Mi mujer y yo no hemos podido dormir en toda la noche.

Nosotros tampoco.

No, gracias.

¿Sabes algo de ellos?

Es horrible.

¿Por qué han hecho eso?

Todos hemos hecho locuras de muchacho.

Y todos hemos soñado cambiar el mundo con nuestros ideas.

Y tú no has podido impedirlo.

¿Has podido impedirlo tú?

Yo estaba fuera.

Me he enterado de todo anoche.

La verdad es que lo han hecho por sorpresa, sin avisar.

- ¿Y qué podemos hacer? - Nada.

Pero tú como abogado...

Ni como abogado ni como padre puedo hacer nada.

Pero habrá alguna ley que prohíba o castigue...

No hay ninguna.

Los dos son mayores de edad y pueden hacer lo que quieran.

¿Y por el hecho de que sean mayores de edad

pueden cometer todo tipo de inmoralidades?

Desgraciadamente

si esas inmoralidades no se cometen en publico

no hay ninguna ley que pueda impedirlas.

Entonces,

¿qué podemos hacer?

Esperar.

¿Esperar a qué?

A que se den cuenta de lo que han hecho.

- ¿Por qué no me compras ese vestido? - ¿Cuál?

Ese.

Con ese vestido lo vas a enseñar todo.

Pero si quieres...

te lo compro.

Si no me gusta, tonto.

Y además, ¿de dónde ibas a sacar el dinero?

De ese banco que tú y yo vamos a atracar ahora mismo.

Pero algo tendremos que hacer

porque el alquiler del apartamiento nos ha dejado tiritando.

Oye, sabes que siento como si de repente me hubiera hecho hoy muy mayor.

- ¿Tú no? - Sí.

Y me gusta.

Porque me siento más responsable.

Tengo la impresión

de que las salchichas y los espárragos se han enzarzado en una guerra fría

y me van a dar la noche.

Claro. Es que has comido demasiado.

Eso ha sido lo malo.

Tenemos que empezar a organizarnos.

Desde mañana comeremos en casa y yo guisaré para ti.

Estupendo. Porque a mí las comidas de cafetería...

Ahora me doy cuenta de que es más importante saber freír un huevo

que conocer "La critica de la razón pura".

Esa es la verdadera filosofía.

No sé como he podido afeitarme en ese espejo.

Y fíjate qué toalla.

Tendremos que comprar unas nuevas.

Y jabón, y pasta de dientes...

Si supieras cómo me han mirado en el mercado.

No me extraña nada. Siempre vas provocando.

¿Y tú por qué estás desnudo?

Eh... Bueno, pues tápate un poquito más.

Porque si no, el tío ese de enfrente se va a quedar sin vista.

¡Mírale!

- ¿Qué es esto? - Un libro de cocina.

¿Y te has gastado el dinero en esto?

Es para alimentarte mejor.

Así que elija el señor la cocina que prefiera y el plato que más le guste.

Capullos de gusanos de seda al vapor.

Una vez hervidos se extrae de los capullos la mariposa muerta.

Como todos sean así...

Es uno de los manjares de la cocina china.

Pues yo prefiero albóndigas.

¿Albóndigas? Bueno. Pues voy a ver si me salen.

- ¿Le has puesto perejil? - No hay.

- ¿Y el ajo? - Tampoco hay.

Pues vaya unas albóndigas que te van a salir.

Bueno, ¿y ahora qué tengo que hacer?

- Echarlas en la salsa. - ¿Qué salsa?

Pues la salsa. Aquí lo dice bien claro.

Mi madre hace una salsa mmm...

Podemos traérnosla de cocinera.

¡Que se están achicharrando!

Me gusta estar aquí y respirar este aire.

A mí no.

Pues debería gustarte, aquí nos hemos conocido.

Ya, pero me recuerdo que hay que estudiar.

Es verdad.

Casi lo había olvidado.

¿Lo ves?

Por eso no quería venir.

Ya hemos hecho el vago bastante tiempo. ¿No crees?

Se vive tan bien así, sin pensar en los amigos ni en nada.

Solamente en ti.

Sí. Pero los exámenes se echan encima.

Y tienes que acabar tu carrera y yo la mía.

Ah, ¿quién piensa ahora en eso?

Yo. Quiero que seas un gran arquitecto y que hagas las casas más bonitas del mundo.

Lo pones tan bien que no voy a tener más remedio que obedecerte.

Y así como Le Corbusier defendía la gran concentración humana

Wright pensaba en su ciudad,

llamada "Broadacre", como...

Eh…

Y como un caso extremo de dispersión

- El corazón... - hasta lograr un híbrido...

y como los problemas del urbanismo de la periferia al centro

Los núcleos tradicionales de las ciudades

lo que suele llamarse el centro...

¿Es que se ha casado alguno de ustedes?

¡Alejandra! ¡Alejandra, espera!

¡Alejandra, espera!

¿Adónde vas tan deprisa?

Vaya una luna de miel que te has pasado, hija.

- Más de 3 semanas. - Qué bien lleváis la cuenta.

- Creíamos que habías dejado el curso. - Pues ya veis que no.

Oye, ¿cómo te va la vida de precasada?

Fantástica. No sabéis lo independiente que se siente una.

Pues a mí eso de encontrarme con un señor en la cama todas las mañanas...

- ¡Qué más quisieras! - Te aseguro que no es ninguna tontería.

- Y Luis, ¿cómo se porta? - Divino.

Oye, ¿por qué no nos enseñas tu casa?

A lo mejor algún día os llevo a merendar.

Ay sí. Me gustaría veros en vuestro nido.

Bueno, hasta mañana, que tengo muchas cosas que hacer.

Ya te contaré.

Yo la encuentro muy rara y muy cambiada.

Naturalmente.Porque ella es una "preseñora" con un "premarido"

y llena de "preproblemas".

Yo les daría una fiesta para que vieran lo felices que somos.

- ¿Una fiesta? ¿En dónde? - En casa.

¿En casa? Pero qué dices.

Son nuestros amigos, es lo menos que podemos hacer.

Pero tú sabes lo que cuesta eso.

Nada. Si es un pretexto para tomar una copa.

Tomar una copa.

Tú no sabes lo que come el gordo.

Oh, me gusta esto.

Tiene gracia. Y tiene algo que atrae.

¿Quieres decirme a quién se le ocurrió esta gracia?

El cartelito fue cosa mía.

Y los enamorados, nos hemos hecho un poco entre todos.

Es nuestro regalo de prebodas.

Pues os felicito porque son un encanto.

Yo ya les he tomado cariño.

Oye, ¿no tenéis más cosas?

Porque aquí no habéis dejado nada.

Calla, muerto de hambre, que no pienses más que en comer.

En la cocina encontrarás algo.

Ni hablar.

Este es capaz de acabar con todo.

Pero si nos habéis despachado con cuatro almendras y tres alcahueses.

Bueno, haced lo que queráis.

Comprendo que te hayas olvidado del curso.

Y de nosotras.

Yo me olvidaría de toda la filosofía.

Pero para eso hay que ser tan decidida como tú.

Y encontrar un chico como Luis.

Eso no es difícil.

Lo importante es saber lo que se quiere hacer

y por qué se hace.

Porque esto es una cosa muy seria.

Desde luego, tú has sabido entenderlo, ¿eh?

La experiencia esta es bárbara, porque se ve que lo la pasáis muy bien, ¿eh?

Ana, ¿por qué no te animas y la ponemos en marcha tú y yo?

Si yo hago eso, mi padre me mata de una paliza.

Pues yo, después de ver esto me estoy animando.

¿Tú qué opinas, Toni?

Que es una estupidez que a mí no me va.

¿Dónde duermes tú?

Aquí o aquí.

No tenemos sitio fijo.

Tiene que ser emocionante.

...insuficiencia de la superficie habitable por persona.

Segundo. Mediocridad de las aperturas al exterior.

Tercero. Falta de sol.

Hace siglos que no te veo.

La 13. A ver si me la sé.

Cuando la densidad de la población alcanza en algunos barrios

300, 600 e incluso 1000 habitantes

se trata de tugurios caracterizados por los siguientes signos.

Primero. Mediocridad de las aperturas.

No. Insuficiencia de la superficie habitable por persona.

No puedo concentrarme.

Luego lo repasamos juntos en casa y mañana...

Y mañana vuelvo a equivocarme.

Esta signatura se me ha atragantado.

Anda, invítame a un helado.

¡Espera! ¡Espera, tonto! ¡No corras!

Venga, paga.

Aquí no hay nada.

¿No tienes más que esto?

Aquí no, pero en casa tenemos muchos millones.

Bah, déjate de bromas, estoy hablando en serio.

Estamos en las ultimas, pero eso es lo de menos.

Pues habrá que pensar en algo porque si no nos vamos a morir de hambre.

¿Qué se te ocurre?

Trabajar. Mira, que gracia.

¿En qué?

Pues en algo.

¿Y los estudios?

Se pueden hacer las dos cosas.

Toma.

- Si tuviera un tablero de dibujo... - ¿Para qué?

Para trabajar en casa. Así podría estudiar y trabajar.

Eso sería estupendo.

Y podría ganar mucho dinero.

¿Y si fuera a ver a don Joaquín?

¿Quién es ese señor?

Un amigo de mi padre.

Y un arquitecto fuera de serie.

De momento no se me ocurre nada, pero no se... Ya pensaré algo.

Necesito trabajar en seguido, don Joaquín.

¿Por qué tanta prisa?

¿Es que ha pasado algo entre tu padre y tú?

No, no. No, señor.

Es que no quiero seguir sacrificándole.

Si necesitas dinero, dímelo.

Yo también he sido estudiante.

Yo lo que quiero es trabajar.

Y como estoy terminando cuarto aprendería mucho practicando con usted.

Aunque también necesito dinero, pero no eso es lo de menos.

¡Hola, arquitecto!

¿Cuánto tiempo hace que no me das un beso?

¿Qué te ha dicho don Joaquín?

¿Quién ha traído esto?

Los Reyes Magos.

Déjate de bromas.

¿Pues quién lo va a traer, tonto?

¿Y de dónde has sacado el dinero?

Eso qué importa.

Sí que importa. ¿De dónde lo has sacado? ¡Di!

He vendido el coche.

¿El coche?

Era un lujo para nosotros y de momento nos ha sacado del apuro.

Y a ti, ¿quién te manda hacer las cosas por tu cuenta?

Necesitabas esto para trabajar y por eso...

Yo me las hubiera arreglado de cualquier manera.

Además necesitábamos dinero...

¡Ya lo sé! No hace falta que me lo recuerdes!

¡Pero el coche era tuyo y no has debido hacerlo!

Era de los dos porque todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío.

De todas maneras podías haberme consultado.

Mi madre nunca hace nada sin decírselo a mi padre.

Por lo visto tu madre todo hace muy bien.

Porque sabe sus obligaciones.

Y yo no, claro.

Lo siento. Porque lo he hecho con la mejor intención.

Pero si llego a saber que te iba a dar este disgusto

no lo hubiera vendido.

¡Y tampoco hubiera comprado esto!

Pero no te preocupes.

¡A partir de ahora te lo consultaré todo!

Perdóname, ¿quieres?

Te dije que si algún día te decía alguna burrada

me dieras un tortazo.

Anda, dámelo.

Pero fuerte, que me lo merezco.

Gracias por haberme comprado eso.

Me ha gustado mucho.

Y lo voy a necesitar, ¿sabes?

Porque desde mañana empezaré a trabajar.

Y a lo mejor te compro un coche nuevo.

Oye.

¿Te has fijado?

El nuevo lo ha cogido con unas ganas...

Querrá hacer meritos.

Porque lleva así desde que entró.

Ciertas insuficiencias de nuestros funcionamientos psíquicos

cuyo carácter común determinaremos a continuación más procisamente

y ciertos actos aparentemente inintencionados

Patatas, cebollas, ajos.

Ajos, es verdad. Que le gustan mucho, gracias.

se demuestran determinados por motivos desconocidos de la conciencia

cuando se les somete a la investigación.

A ver, ¿quiere decirnos de qué estamos hablando?

Pues de eso.

De psicología.

Y usted, que está tomando tantos apuntes, si lo sabrá.

Pues hablábamos de la psicología de los desconocidos

y de la investigación.

Les recuerdo que los exámenes están muy próximos.

Y si todos ustedes están tan bien preparados

como estas dos señoritas

vale más que no se presenten.

Yo creí que si te iba a escapar "la psicología de los cebollas".

Lo que me importa a mí la psicología con todo el lío que tengo yo de la compra.

Y como Luis come tanto me paso el día en el supermercado.

Pues acostúmbrale a...

Tú no le conoces. Es un protestón, ¿sabes?

Él quiere que yo esté pendiente de todo y, claro, se me escapan muchas cosas.

Se mete hasta con mis vestidos.

Dice que provoco.

¿Tú crees que provoco?

No te creo.

Y el otro día me armó una... Y su madre.

Ah, ¿pero también se mete su madre?

No, a su madre, la saca relucir poniéndomela de ejemplo.

Te digo que todo parece muy bonito pero la experiencia tiene sus pegas.

A ver si va a resultar que no os entendéis.

Eso sí.

Pero de vez en cuando hay sus roces, como todo el mundo.

¡Y me voy, que no llego a la compra!

¡No te olvides de los ajos!

¡Ah! Perdone.

Hola, señorita Espinosa.

Hace mucho tiempo que no la veo en mi clase.

Aunque sé que viene a la facultad.

Gracias.

Ya me enteré de que puso en práctica sus teorías.

Y no encaja en sus ideas de moral, ¿verdad?

No. No es eso, pero...me sorprendió.

¿Por qué no me dice claramente que le molesta que lo haya hecho?

¿Por qué iba a molestarme?

Pero si yo hubiera sabido que iba usted a hacer esa experiencia

le habría aconsejado que no la hiciera.

Pues ya es tarde.

Lo sé.

Y desearía que fuera usted muy feliz.

Lo soy.

Me alegro.

Los profesores deseamos lo mejor para nuestros alumnos.

Y terminamos por quererles un poco.

Aunque ustedes no lo crean.

¿Sabes lo que he pensado?

Que no voy a ir más a la facultad.

Para lo que que queda de curso.

Yo pienso hacer lo mismo.

Tú eres el que tienes que examinarte.

¿Para qué?

Si me van a cagar en todas.

¿Es que piensas pasarte la vida siendo un simple delineante?

¿Donde está el arquitecto revolucionario que quería ser?

Oye, ¡este café no hay quién se lo trague!

Pues es como el de todos los días.

¡Es que todos los días está fatal!

Con lo fácil que es hacer el café

mi madre lo hace fenomenal.

Está visto que tu madre es perfecta ¡y yo soy un desastre!

Cuántas veces tengo que decirte que no me gusta que estés así en casa.

¿Y cómo quieres que esté con el calor que hace?

- ¿Con un abrigo? - ¿Pero no ves al tío ese?

Vamos, metete dentro. Todo el día mirando por la ventana.

Y como sigas así dentro de poco seremos la atracción del barrio!

¡Desde que estás trabajando no hay quien te aguante!

Es necesario dar a los ascensores una capacidad superior.

Vete al estudio y hazme las rectificaciones.

Sí, señor.

Las necesito mañana a primera hora.

También he pensado en unos cambios para la piscina.

¿Te queda mucho?

Ah. Esto no se acaba nunca.

Yo creía que era una simple rectificación

pero hay que calcular de nuevo toda la obra.

Bueno, pues ahí te quedas.

Buenas noches, ¿no?

¿A qué viene esta sandez?

¿No es esto lo que tú querías?

Si lo que pretendes es tomarme el pelo

te advierto que no estoy de humor.

Yo tampoco estoy de humor y sin embargo me aguanto.

¿Es que no piensas cenar?

Cena tú si quieres, yo tengo que terminar esto.

¿Y no lo puede dejar para mañana?

No. Porque mañana lo necesita don Joaquín.

Si es que me dejas trabajar.

¡Y quítate eso de una vez si no quieres que te lo quite yo!

¿Puedo entrar?

Le traigo las rectificaciones que me encargo ayer...

¿Qué haces aquí?

Joaquín me he dicho que estás trabajando con él.

Y quería decirte que no utilices mi nombre para molestar a mis amigos.

Si necesitas ayuda, ¿por qué no me la pides a mí?

Ahora soy yo el que tiene que resolver mis problemas.

Si. Ya veo como las resuelves.

Trabajando aquí poco menos que de favor y abandonando tu carrera.

Eso es cosa mía.

Pero no te das cuenta que lo que quiero es ayudarte.

¡Porque como sigas así esa chica y tu vais a terminar muy mal!

Si has venido para decirme todo esto es mejor que te calles.

He venido porque necesitaba verte.

Porque quería saber cómo te iban las cosas.

Y para decirte que desde que nos dejaste

tu madre y yo te echamos mucho de menos.

Pero ya veo que todo esto

no te importa demasiado.

Hace un momento te hubiera abrazado.

Incluso te hubiera pedido perdón

por algo de lo que no me siento culpable.

Pero sería inútil.

Por lo visto

seguimos sin entendernos.

Y lo siento.

Porque hasta hace poco tiempo

nos entendíamos muy bien.

¡Hola muchacho!

No has debido decirle nada mi padre. De todas maneras gracias por todo.

Me parece mentira.

Y hasta me suena raro eso de ser mamá.

Pero me gusta y estoy muy contenta.

Lo comprendo. Siempre ocurre la primera vez.

Me gustaría que fuera niño.

Y a él también. Cuando se lo diga no se lo va a creer.

Conviene que a partir de este momento evite cualquier ejercicio violento.

Y sobre todo las emociones.

- Pues ahora estoy emocionada. - Es natural.

Le mandaré un plan a su casa para que lo siga.

Y vuelva por aquí dentro de dos meses.

Y mañana y todos los días.

Soy tan feliz que haré todo lo que usted quiera.

¿Adivina qué vestido me he puesto?

Déjate ahora de adivinanzas.

Tenía para ti una noticia que te iba a gustar.

Pero ya no sé si decírtela.

¿Qué haces? ¿Por qué rompes eso?

¡Tú cállate!

- ¿Qué te pasa? - ¡Nada!

No me pasa nada.

Entonces, ¿por qué te portas así?

¡Porque estoy harto de portarme bien!

¡Y hacer lo que todo el mundo quiere!

Pero esto se va a terminar.

- ¿Qué es lo que se va a terminar? - Todo.

¿Qué es todo?

Tú y tu experiencia.

¿Qué quieres decir?

Lo que oyes.

Desde que empezamos esta estúpida prueba las cosas han ido de mal en peor.

¿Y sabes por qué?

Porque todo es mentira.

Porque es peor que si estuviéramos casados.

¿Y se te ocurre decirlo ahora después de haber vivido juntos todo esto tiempo?

Precisamente por eso.

¿Quieres decir que todo esto no ha servido para nada?

Eso es.

¿Y cuándo te has dado cuenta?

Casi desde el principio.

¿Y has esperado tanto tiempo para decírmelo?

Si estabas tan seguro de que esto es una estupidez

no comprendo por qué no me lo dijiste.

¿O es que no tuviste la suficiente valentía

para resolverlo en aquel momento?

No. Porque estaba tan ciego como tú.

Si me lo hubieras dicho entonces todo hubiera sido más fácil.

En cambio ahora...

¿Ahora qué?

Nada. Ya no tiene remedio.

Claro. Porque lo que hemos hecho nunca ha tenido sentido.

¡Para que dos personas se entiendan no basta con comer y dormir juntos!

Dime una cosa.

¿Tengo yo la culpa de que hayas cambiado tan de repente?

No lo sé.

A lo mejor la tengo yo.

Pero de lo que estoy seguro

es de que hubiera preferido seguir como antes, porque aquello

era mucho más bonito.

O por lo menos más de verdad.

Aunque no nos conociéramos tanto como ahora.

Te han cargado en todas. Como a mí.

Ya me lo esperaba.

Pues vamos a tomar una copa.

Después de todo, repetir no es ninguna de deshonra.

Yo llevo tres topinadas en cuarto y aquí me tienes.

Hasta le he tomado cariño, fíjate.

Desde Santurce a Bilbao

vengo por toda la orilla

Bebe y olvida, muchacho.

Los que pasamos a quinto te invitan.

Y tú, gordo mío, consuélate también y cómete un par de perros para olvidar.

Lo siento, Luis.

De veras que lo siento.

Me hubiera gustado que terminásemos la carrera juntos.

Y a mí.

Pero no te preocupes, a lo mejor te alcanzo.

Todavía queda septiembre.

Reconozco que los catedráticos han sido injustos contigo

porque no han tenido en cuenta

que tú estabas practicando un experimento prematrimonial

que podía servir como ejemplo a la juventud.

¿No es verdad, muchachos?

¡Eso no tiene ninguna gracia, imbécil!

A ese no se le puede gastar una broma.

Si es que te has pasado, Bigotes.

Claro, hombre.

¡Eh, Luis!

- ¿Adónde vas tan solo? - ¿Y tú qué haces aquí?

Esperando a Chus. Ha dicho que va a llevar al cine.

Pero si tú me invitas algo prefiero ir contigo.

Tengo la impresión de que necesitas compañía.

¿Lo quieres con hielo?

Como quieras.

¿Dónde está Alejandra?

Yo que sé.

¿Estáis enfadados?

¿Te importa mucho?

Simple curiosidad.

Anda,

cuéntamelo todo y desahógate.

Los amigos estamos para eso.

¿Y qué quieres que te cuente?

Cualquier cosa.

Lo que se te ocurra.

Estoy empezando a sentir un calor asfixiante

¿Tú no?

Quizá sea yo un poco el culpable de todo esto.

Creo que no es este el momento de culpar a nadie.

Lo importante es que estás aquí y que todo vuelve a ser como antes.

Tienes razón.

Esta es tu casa y nosotros somos tus padres para bueno y para lo malo.

Nos iremos a la casita de la sierra y pasaremos el verano juntas.

Hasta que olvidemos todo esto.

Y así podremos ocultar tu embarazo.

No pienso ocultarlo, mamá.

¿Y qué piensas hacer?

Nada.

Pues tendrás que casarte con él.

¿Por qué? Él es el único que no debe enterarse de nada.

Mi hijo me tendrá a mí.

¿Sabes lo que eso significa?

Sí. Y no me importa.

Pues a mí, sí.

Soy tu madre y no consentiré que vuelves a equivocarte.

Tu madre tiene razón.

Lo mejor que podéis hacer es casaros y olvidar este asunto para siempre.

Pero eso no puede ser.

- ¿Por qué? - Porque no quiero verle más.

Entonces, ¿para qué ha servido lo que habéis hecho?

Para darme cuenta de que todo esto no ha sido más que un fracaso.

Un día abandoné esta casa llena de ilusiones y de esperanza,

y hoy vuelvo muy desengañada.

Debe de ser porque habíamos olvidado algo muy importante

que está por encima de nosotros mismos.

Pero si creéis que esto es una vergüenza para la familia

por mí no os preocupáis.

Porque yo me voy otra vez.

Está raro, Eduardo.

Desde que hemos venido se pasa el día solo y apenas habla con nosotros.

Compréndelo, cariño.

Todo está muy reciente.

Y es lógico que esté así.

Deberías hacer algo.

Oye, mira lo que acaba de comprarme tu madre.

Esto te va mejor a ti que a mí.

¡A que se respira ahí, muchacho!

Esto es vida.

Vamos, anímate.

Ya sé que lo estas pasando mal, pero tienes que sobreponerte.

Los hombres pasamos por momentos difícil.

Pero todo puede arreglarse.

Lo nuestro no, papá.

Porque yo lo he deshecho.

Pero cuando hay amor,

todo se perdone.

Lo mío no es fácil.

Llámala.

Ve a buscarla.

Habla con ella.

Y verás como cambian las cosas.

Y si no cambian es que porque ninguno de los dos habéis lo que creéis.

Y habéis jugado con una cosa muy seria.

Lo peor de todo es que no sé lo que hacer.

Entonces, deja que pase el tiempo.

Pero si yo estuviera en tu lugar

la llamaría ahora mismo.

Te voy a dar una...

Cuando te pille, ya verás.

- Diga. - ¿Puedo hablar con Jandra, por favor?

- No está. - ¿Pero dónde esta?

- No lo sé. - ¿Y cuándo puedo hablar con...

- ¿Quién era? - Él.

¿Por qué le has dicho que no está?

Ella dijo que no quería saber nada de él.

De todas maneras deberías decírselo.

¿Para qué?

Es mi hija.

Y no quiero verla sufrir.

Querida Jandra.

Te he llamado muchas veces.

Pero siempre me dicen que no estás.

Para mi es peor que si tú misma me dijeras

que hemos terminado para siempre.

¿Comprendes?

Pienso en ti a todas horas.

Y recuerdo cómo empezó todo.

El coloquio en la facultad.

Cuando lo discutimos.

Y decidimos vivir juntos.

Porque por encima de todo estaba nuestro amor.

¿Cómo voy a olvidar los momentos maravillosos que hemos vivido juntos?

Ya sé que no me he portado bien contigo.

¡Pero tienes que comprender, te lo suplico!

¿Qué habías creído, que yo era distinto de los demás?

No, amor mío,

yo soy un hombre como todos,

con sus debilidades y su egoísmo.

A veces nosotros caemos en el error de pensar

que solo por ser jóvenes somos mejores que los mayores.

Pero en la realidad todos somos iguales.

¿Por qué íbamos a ser diferentes?

Qué hemos hecho, amor mío...

Qué hemos hecho...

¿Por qué hemos puesto a prueba nuestro amor?

¿Por qué hemos querido ser diferentes?

Jandra, mi vida, te necesito.

No puedo vivir sin ti.

Ahora pienso en tantos hombres y mujeres que, porque se querían

se han casado jugándoselo todo

poniendo cada uno su vida a servicio del otro.

Juntos, para siempre, para sufrir y para gozar.

Dios mío.

Nos hemos equivocado.

Jandra, mi vida.

Yo te quiero.

Te quiero.

- ¡Hola, papa! - ¡Qué hay, pequeña!

- ¿Y tú cómo estás? - Bien.

En casa tenias una carta

del colegio.

Pero bueno, que me dejen en paz. Estoy de vacaciones.

Es para que recoges los libros y pagues la matricula.

Y el día 20 otra vez a levantarme a las 8 y a estudiar.

¿Cómo se ha portado el verano con nosotras, chicas?

Ah, conmigo fatal, porque soy alérgica al sol.

Tú al sol y yo a las clases.

Pues no te queda nada, rica.

Eh, mirad quien va por ahí.

Vamos a preguntarle por Alejandra.

Déjale en paz.

Le he visto y por eso he subido a ver si me paga usted.

Porque la dueña ha venido varias veces a cobrar

y no vea usted como se ha puesto.

Esta carta la trajeron a los pocos días de irse ustedes.

Dijeron que era del médico de la señora.

Oiga!...

Y Jandra, ¿dónde esta? ¡Quiero verla!

No está.

¡No está, no está! ¡Siempre me decís lo mismo!

¡Necesito verla, tengo que hablar con ella!

Está en una clínica.

¿Qué dices?

Se la llevaron anoche.

Si quieres ir, yo te diré dónde está.

- ¿Qué quieres? - ¿Dónde está?

- ¿A qué has venido? - Quiero verla.

Por favor.

No le hagas demasiadas preguntas.

Ella está bien.

Pero el niño ha nacido muerto.

Yo he tenido la culpa.

Yo he tenido la culpa de todo.

Y ahora...

¿Por qué no me lo dijeron?

¡Yo no sabía nada!

Alejandra no quiso que tú lo supieras.

Jandra,

si yo lo hubiera sabido antes...

Es mejor que no digas nada.

Pero yo te quiero. Y te necesito.

Tú lo terminaste y ahora es demasiado tarde.

Vete. Déjame sola.

Pero, ¿y yo?

Vete, por favor.

Te esperaré, Jandra.

Te esperaré siempre.

Transcripción y sincronización Olga Shishatskaya y Héctor Lahoz

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