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EJ ÉRCITO DE LOS EE. UU.
Éste es el Campo Thunderbird.
Éstos son los aviones Thunderbird.
El cielo es brillante en Arizona.
Brilla con aviones de combate que se balancean y atraviesan el cielo.
El Campo Thunderbird es más que un campo...
más que sólo aviones.
Es una escuela manejada por el Ejército de los Estados Unidos...
para entrenar a nuestros pilotos y a los pilotos de nuestros aliados.
Aquí hay muchachos de China. Los chinos aprenden a volar bien.
Tienen algo por qué pelear.
Recuerdan las ruinas humeantes de sus pueblos.
Recuerdan la violación de Nanking.
Aquí hay muchachos británicos. Ellos también vuelan bien.
Vuelan con la voluntad para ganar.
Ellos también recuerdan la batalla de Londres.
La destrucción sin sentido de vidas y bienes.
Yhay muchachos estadounidenses. De Kansas y de la costa de Maine.
Muchachos que nunca vieron un avión de cerca hasta ayer.
Eran empleados de tiendas, estudiantes de Derecho...
vendedores de textiles, atletas del bachillerato.
Aquí están. Aquí vienen.
Mírenlos volar.
El Campo Thunderbird en Arizona...
es una de muchas escuelas de este tipo único.
Los oficiales están a cargo, pero los instructores son civiles.
Todos ayudaron a hacer esta imagen en Arizona...
en el Campo Thunderbird.
Chinos, británicos y estadounidenses trabajan, estudian yjuegan juntos.
No sólo aprenden a volar, aprenden a conocerse, a ser amigos.
Los chinos aprenden de nosotros,: Y nosotros, de ellos...
y los británicos aprenden de ambos.
El trabajo es pesado en Thunderbird. Es mortalmente serio.
Aquí se les da entrenamiento básico intensivo.
Estos muchachos juegan y trabajan. Ytienen mucho trabajo que hacer.
Se vuelven más hábiles en sus trabajos día con día...
y su trabajo es pelear yjugar para ganar.
Aquí, el Thunderbird vuela nuevamente...
como símbolo de la victoria.
Oye, ¿qué hace? ¿Pesca manzanas?
Acaba de volar solo. Está muy emocionado.
Sí, pero eso lo calmará.
¿Y la oficina del oficial al mando?
- ¿El coronel MacDonald? - Sí, él.
Salga, vaya hacia allá...
vaya hacia allá, y luego vaya hacia allá.
- Arriba. - Ah, gracias.
Pero no está allá. Está ahí.
- Gracias. - De nada.
¿Hay alguien en casa?
- Steve Britt. - Hola, Mac. ¿Recibiste mi carta?
- ¿Cuál carta? - No sé. ¿No te escribí una?
Ay, condenado.
Él es Barratt, de la Fuerza Aérea británica.
- Él es Steve Britt. - Barratt.
Hola, Britt. He oído de Ud. Qué bueno que lo conozco.
- Gracias. - ¿Qué haces en esta parte del mundo?
- Busco trabajo. - ¿Trabajo? ¿Tú?
Sí. ¿No necesitas otro instructor aquí?
- Claro, pero... - ¿Dónde pongo mi cepillo de dientes?
Espera. ¿Hablas en serio?
Nunca había hablado más en serio, Mac.
No tiene sentido para mí.
¿Por qué un piloto como tú quiere enterrarse aquí si hay guerra?
¿Enterrarme? Aquí es donde se ganará la guerra.
Justo aquí, en campos como éste. Y quiero ser parte de eso.
Si crees que no soy lo suficientemente bueno...
Calla, Steve. Sólo estoy sorprendido.
Escucha, Mac. No me engaño. Ya no soy bueno para el combate.
Ahora quieren bebés, niños.
No soy un pollito...
pero no significa que no pueda entrenar a esos chicos.
¿No ves lo que significa para alguien que no puede estar ahí arriba?
Todos a los que entrenara, serían yo...
sólo que serían cientos.
El escuadrón de Steve Britt sobre Alemania y Tokio.
Mac, es la mejor idea que he tenido en la vida.
Debes aceptarme.
¿Cómo están tus ojos? ¿Estás ciego?
- 20/20. - ¿Tus papeles están en orden?
Míralos.
Llamaré a Washington. Recibiré la confirmación en unas horas.
- Gracias, Mac. - Pero recuerda esto:
Aquí no tengo amigos. Harás el trabajo a mi manera...
o te echaré tan rápido que pensarías que caes en picada.
- Claro. Así me gusta. - Espero que les enseñe a los míos.
Gracias. Ojalá pueda entrenar a algunos de sus muchachos.
- Han hecho un buen trabajo. - Podrá.
Acaba de llegar un grupo nuevo. ¿Quiere verlos?
Perdone, pero si no le importa...
quiero buscar a un amigo: El coronel Saunders.
- Tiene una finca por aquí. - Sí, la conozco.
- La Finca KDS. - Ésa. ¿Cómo llego?
Recorra unos 20 km y vire a la derecha, hacia la colina.
Muy bien.
Te veré por la mañana, jefe.
- ¿Por qué habrá tomado esta decisión? - Ni idea.
- Es un piloto bueno, ¿no? - ¿Bueno?
Es lo que tenían en mente los Wright cuando inventaron el avión.
Pero algo me dice que su amigo...
el coronel Saunders, usa lápiz labial.
¿En serio?
Eres un mirón.
Espera un momento. Baja. Suéltate. Suéltate.
Hola, cariño.
Caramba. Hola, Steve.
Disculpa, abuelo. Te besaré en un momento.
Estuviste maravilloso, Steve. Magnífico.
Ojalá trajeras tu cámara.
No la necesito. Tengo ojos fotográficos.
Pues, enciende esa cosa y regresa al lugar de donde viniste.
Muy bien, dame mi overol.
Muy bien, tómalo.
Abuelo, me da mucho gusto tenerte de vecino.
- ¿De vecino? - Claro. ¿No te has enterado?
- Estoy en el Campo Thunderbird. - Ay, no, de ninguna manera.
No aceptaré que estés ahí ni en ningún lugar cercano.
No interrumpas, Kay, hablo con tu abuelo.
Sí, ahora soy profesor. Ya me reformé.
Abuelo, ¿puedes dejarnos solos?
Caramba. Esto se pone bueno.
- Descuida, abuelo. No te vayas. - Me iré.
Pero como favor para ti. Condenadas mujeres.
Ahora un hombre ni siquiera puede escupir... si ellas no lo ordenan.
- Qué linda eres. - Tú también.
No te enojes. Sólo estaba payaseando.
No es eso, Steve. Es que ya no voy a soportar más de ti.
Espera. Déjame terminar. Estaba enamorada de ti.
No sé por qué, pero juro que lo estaba.
Sé por qué.
Porque en cuanto nos vemos, hay fuegos artificiales.
- Ya se apagaron. - Yo nunca te engañé.
No soy empleado bancario ni vigilante nocturno.
Lo sabías desde el principio.
- ¿Y bien? - No tiene caso, Steve.
Tu estilo de vida y el mío no se mezclan.
Claro que sí.
¿De qué hablas? Mi estilo de vida es igual que el tuyo.
No puedes escapar de eso y yo tampoco. ¿No es cierto?
Lo lamento, Steve.
Verás, el problema es que...
yo nací siendo una mujer...
y no un P-38.
¡Alto!
¡Flanco derecho!
¡En descanso!
En descanso.
Caballeros, los traje para que conozcan a Steve Britt...
uno de sus instructores nuevos.
Muchos de Uds. Ya lo conocen por su reputación...
no sólo por su historial de la última guerra...
sino por sus muchos logros como piloto desde entonces.
Él cree, igual que nosotros...
que esta guerra se ganará en el aire.
Por eso eligió venir al Campo Thunderbird a enseñarles a volar.
Es un placer y un privilegio tenerlo con nosotros.
Es un hombre comprensivo...
y cordial para el trabajo.
¿Quiere decir unas palabras, Britt?
Gracias. Ya me oirán hablar después.
Oye, viejo, qué bueno.
Caballeros, esto es un avión.
La idea es elevarlo y mantenerlo arriba.
Pero lo más importante es traerlo de vuelta.
Sólo deben recordar una cosa más:
Su paracaídas.
Si sucede algo inusual...
tomen el aro, cuenten hasta diez y tiren de él fuerte.
Si se abre, no tienen de qué preocuparse.
- Si no... - ¿Nos darán uno nuevo?
No. A partir de ese momento, podrán volar sin uno.
¿Quién quiere ver cómo es allá arriba?
- Yo, señor. - Bien, súbete.
Abróchate el cinturón de seguridad...
y ajústalo bien por si decido volar de cabeza...
no me preocupe de que harás un hoyo en la pista.
Andando, muchachos, a hacer ejercicio.
Dales la manivela de arranque.
Vamos.
- Contacto. - Contacto.
No te preocupes por el paracaídas. Debe abrir. Es reglamentario.
¿Ves esa cosa enfrente de ti? Es la palanca de mando.
Sujétala.
No tan duro. No la asfixies. No puedes ordeñarla.
Muévela a la izquierda y ve qué sucede.
Tu alerón izquierdo subió: Y el derecho, bajó.
Como resultado, tu ala izquierda bajó y estás ladeado.
Es suficiente. Regrésala al centro.
Ahora tus alerones están horizontales, aerodinámicos.
Regresamos al vuelo nivelado. Jala la palanca hacia ti.
¡Despacio! Ahora te estás elevando.
Si quieres que baje la nariz, sólo empújala hacia el frente.
Nivélate.
Que esto no te desconcierte.
Algunos de los mejores pilotos a veces se marean.
Es parte del juego.
Sujétate. Vamos a descender.
- ¿Te gustaría bajarte aquí? - Estoy bien, señor.
Sí, pero el ejercicio te beneficiará.
- Lamento haberlo ensuciado. - No hay cuidado.
Tu estómago se alteró. Es el cambio de agua.
Mañana te sentirás distinto cuando estemos arriba.
Respira profundo varias veces.
- Gracias, señor. - ¿Cómo te llamas?
- Peter Stackhouse, señor. - En la guerra conocí a un Stackhouse.
- Debió ser mi padre, señor. - Tu padre era un gran piloto.
Gracias, señor. ¿Lo conocía muy bien?
Lo suficiente para saber que si me enfrentara a la Luftwaffe...
me gustaría que me acompañara alguien valiente como él.
- ¿Está bien? - Sí, señor.
Cuídate.
- ¿Qué le pasa? ¿Vomitó? - Está un poco débil.
- Caminar le caerá bien. - No los mimes, Steve.
No tenemos tiempo para eso.
Si no pueden, échalos rápido.
Claro, general "Maytag".
Tú los metes, viras la manivela y yo los estrujo.
Bien, yo los meteré.
- Oye, tú, Lockwood. - ¿Sí, señor?
- Sube. - ¿Yo, señor?
- Sí, tú. - ¡Genial!
- ¿Hoy haremos un ocho cubano? - ¿Tu madre te crió con carne cruda?
Cuando nos alcanzaba, señor.
- Hola, amigo. - Hola.
- ¿No te suena conocida? - No, pero sí conmovedora.
Sí, ¿verdad? ¿Nunca me viste en las revistas de variedades?
Yo componía mis canciones y mi música.
- Simplemente surgían de mí. - Suena encantador.
¿No quieres acompañarme al centro recreativo?
- Hoy no, gracias. - ¿Ni siquiera por un batido...
o por un helado de chocolate con malvaviscos, crema y frutos secos?
- ¿Otra vez estás mareado? - No.
- Podrías tomarte algo para el mareo. - No, gracias.
Como decimos los estadounidenses: Luego nos vemos, amigo.
- ¿No es pegajosa, señor? - Es sensacional.
Me pareció que le gustaría, señor.
- ¿Sí? - ¿Puedo pasar?
- Por favor, señor. - Anda, échate. Relájate.
- Sólo vine un momento. - Estaba acostado. Estoy bien.
Bien. Encontré algo entre mis recuerdos.
Pensé que te gustaría tener esto.
- Es mi padre. - Atrás hay una fecha.
Está bastante descolorida.
8 de abril de 1918.
Dos días antes de que lo derribaran.
Sí, ese día hablamos bastante.
Uds, los ingleses, normalmente no se relajan, pero...
No sé. Él sólo era un muchacho, y quizá tuvo una corazonada.
Recuerdo que hablamos de un lugar en...
- ¿Compton-on-the-Wye? - Y sobre su madre.
- Debió ser una gran mujer. - Aún lo es, señor.
Quise contactarla una o dos veces, pero... ya sabes.
Ojalá lo hubiera hecho. Le habría gustado.
También habló de sus hijos. Son dos, ¿verdad?
Éramos.
A mi hermano Tom lo derribaron hace 10 semanas.
Lo lamento. Ten un cigarrillo.
- ¿Quiere uno de los míos? - No, anda, prueba éstos.
Gracias.
Por cierto, Stackhouse, no te da miedo volar, ¿o sí?
No creo. No temo salir lastimado, si a eso se refiere.
Perdón. No debí preguntar eso.
Qué bueno que lo preguntó, señor.
Siéntate.
Escucha, Pete, ésta es una gran guerra.
Hay otros trabajos además de volar.
Como el cuerpo de tanques.
Ése es trabajo serio. O los soldados de infantería.
Nadie ha ganado una guerra sin ellos.
- ¿No lo crees? - Sí, señor.
Hay mucha gente que no puede volar, y no se le reprocha.
Se da cuenta de que no puede mover los pies y la cabeza al mismo tiempo.
No tiene esa cuestión mística llamada coordinación.
Se necesitan agallas para volar y se necesitan agallas para no volar.
¿Significa que me suspenderá, señor?
Ya volaste tres veces y lo mismo pasó cada vez.
No me suspenda, señor. Lo superaré, lo sé.
- Sí, pero hay una guerra. - Deme unos días más. Lo lograré.
Me gustaría, Pete...
pero debemos pensar en qué es lo mejor para tu país.
Necesitan pilotos rápidamente.
¿Y si te dejo volar solo y te matan?
Le pido que se arriesgue, señor.
Estudié Medicina. Sé qué me pasa. Es un reflejo condicionado.
- ¿Un qué? - Es miedo subconsciente a caer.
Me paralizo. Puedo curarme si me da tiempo.
- ¿Lo sabías cuando viniste? - Sí, señor.
- ¿Y por qué viniste? - Es largo de contar, señor.
Anda, cuenta. Tengo toda la noche.
Tiene que ver con mi abuela en Inglaterra.
- ¿Tu abuela? - Sí. Es una mujer excepcional.
Aún monta a diario y tiene más de 70 años.
Todo empezó hace poco más de 10 semanas.
Mi abuela volvía de su paseo matutino.
Un muchacho del correo la esperaba con un telegrama.
Supongo que ella sabía qué contenía.
Extendió la mano y dijo...
Ya lo sé. Es del servicio del rey.
Ay, milady.
No tengo mis lentes. Léemelo, muchacho.
"LadyJane Stackhouse, el Ministerio del Aire lamenta informarle...
que a su nieto Thomas Stackhouse... ".
- ¿El señor Thomas? - Ellen. Continúa.
"Lo mataron en acción sobre Wilhelmshaven".
Sé un buen chico y lleva a Lady Bess al establo.
Línea interurbana, por favor.
Quiero hablar a Londres, por favor.
Al hospital militar George V.
A la estación de primeros auxilios número nueve. Con Peter Stackhouse.
No está mal. No está mal para un interno.
Muy pronto ya no nos necesitarás.
Lo llamé sólo por si acaso, señor.
Sí. Yo también lo pensé.
- Teléfono, señor. - Tome la llamada, por favor.
Lo llaman de Compton-on-the-Wye.
- Gracias. ¿Me disculpa, señor? - Desde luego.
¿Hola? Hola, abuela.
Muy bien, gracias. ¿Y tú?
Espléndido. ¿Montaste esta mañana?
¿Sí? Te envidio.
Sí, tremendamente ocupado, como siempre.
¿Qué?
Ah, Tom.
¿Wilhelmshaven?
Iré de inmediato.
No, no vayas por mí. No sé cuál tren tomaré.
Sí. Sí, claro, abuela.
Sé que él habría querido que fuera así.
Londres, 7 de marzo de 1942 Pagar a Winston Churchill 25000 libras
Me pareció que debías saber que recibirás 25000 libras menos...
si decido morir, lo cual no tengo intención de hacer...
debido al estado del mundo.
Sin embargo, como compensación...
te serví tres terrones sin importar que esté racionada.
Gracias, abuela.
Intento escribir una carta para acompañar al cheque.
Es muy difícil.
Y siempre odié escribir cartas.
¿El abuelo dijo que se debe a que no aprendiste ortografía?
En mi época, una mujer de buena figura no tenía que saber ortografía.
"Querido Sr. Churchill:
Recibí noticias de la muerte de mi nieto Thomas Stackhouse...
quien murió en acción sobre Wilhelmshaven...
y quiero responder de manera inmediata...
como lo habrían hecho él y su padre:
Contraatacando directo al blanco.
Por lo tanto, le pido que me compre...
un avión apropiado, de preferencia un bombardero...
para continuar con su trabajo.
Lamento profundamente no tener más hijos ni nietos...
para enviar a la guerra.
Quedo de Ud. Su ferviente servidora: Jane Stackhouse".
¿Me olvidaste?
Hablé con el director del hospital antes de salir.
Aceptó trasladarme a la Fuerza Aérea.
Agrega una posdata.
Pídele que tenga listo el bombardero para cuando aprenda a volar.
Desde hace mucho quería volar.
Desde siempre, creo.
Tom y yo solíamos hablar de eso.
Mientras él volara, a mí no me importaba.
Pero tu trabajo en el hospital también es importante, Peter.
- ¿Ya olvidaste eso? - No.
Entonces, piensa en ti. Sabes que no eres apropiado para esto.
- Tonterías. Estoy perfectamente bien. - No son tonterías.
Toda la vida te han afectado las alturas.
Tienes, ¿cómo lo llamas? Un reflejo condicionado.
No sé de dónde lo sacaste. De mí no.
Quizá fue porque te caíste del caballo.
Eso es absurdo.
- Me levanté y volví a montar, ¿no? - Sí.
Pero nunca lo superaste.
No es algo grave ni inusual.
- Lo superaré. - ¿Cómo?
Me volveré a condicionar. Me obligaré a volar.
Haré uso de la fuerza de voluntad que heredé de ti, abuela.
Perdóname, Peter.
Temo que me porté muy mal.
Tú nunca podrías portarte mal.
Recuerdo cuando tu padre me dijo que iría al Real Cuerpo Aéreo.
Era la Guerra Mundial.
Estaba parado justo donde estás, Peter, con la pipa en la boca.
Ojalá tengas una buena pipa.
De repente dijo algo que no he olvidado.
Creo que lo dijo un estadounidense: Emerson.
"¿De qué sirve el arado o el velero...
o la tierra o la vida si no hay libertad?".
Eres el último de tu línea, Peter. El último Stackhouse.
Toda la vida deseé que tú y Tom se casaran...
vinieran aquí y llenaran la casa de pillos buenos y jóvenes.
Incluso me imaginé aquí con ellos.
Una anciana dulce con un pañuelo y en una silla de ruedas.
¿Tú en una silla de ruedas?
He sido una vieja tonta y egoísta.
Pero entenderás que ya no lo soy.
Soy una mujer muy orgullosa, Peter...
orgullosa y enojada...
quien de repente descubrió cuán estúpida puede ser la vida...
si no hay alguien volando ahí arriba.
Ven aquí abajo.
Y ahora, vete.
Te acompañaré en cuanto le escriba al Sr. Churchill.
Y esta vez no me importa si escribo con faltas ortográficas.
Él sabrá lo que quiero decir.
"Querido Sr. Churchill".
Qué mujer.
Mi intención no era hablar de eso.
No es la clase de cosa que uno cuenta.
Está bien, Pete.
Olvídalo. Pero debes prometerme algo.
¿Sí, señor?
Si vuelves a vomitar arriba, fíjate quién está abajo.
Asegúrate de que Barratt y MacDonald no estén ahí.
Atención, cadetes de aviación.
Todos los cadetes, a menos que se les haya prohibido...
podrán ausentarse de la base durante el día de hoy, sábado...
desde la 1::00 p. m. Hasta las 10::00 p. m.
- Bill, ¿tienes una cita? - Con una chica hermosísima.
- ¿Irá con alguien? - Sí, conmigo.
Disculpen. ¿Puedo ayudarlos?
- Queremos medias, por favor. - ¿De algún color en particular?
¿De cuáles colores hay?
Hay Arena del Desierto, Beige Miel, Piel.
Esperen. Se las mostraré. ¿De qué talla?
- 36. - ¿36?
- Y 42 para mí. - ¿42?
- Son para mi abuela. - Y para mi madre.
Es una británica sólida.
Entiendo. ¿Cuán grande es su abuela?
Pues, es...
Mire. Así es mi madre.
Yo diría que diez y medio.
¿Ud. No quiere ir a buscar un poco?
- Gracias. - Muchas gracias.
- ¿Qué tal ella? - No, no es tan grande.
- ¿Te gustan ésas? - No, un poco chicas.
Ella debió nacer en un caballo.
Los tobillos lucen bien.
Ay, genial. Vaya abuela.
- ¿Están jugando a algo? - Pues...
No. Sólo queríamos verle las piernas.
- Quiero decir... - ¿Les gustan?
A mí me parecieron hermosas. En serio.
- Gracias. - Mire...
- ¿Sí? - Ojalá no se haya enojado.
¿Porque vieron mis piernas? No.
- Para eso están. - Lo lamentamos mucho.
No se disculpen. Me halagan.
Sólo queríamos verle las piernas.
No, las piernas de su abuela.
Ah. Las piernas de su abuela.
Es casi imposible conseguirlas en Inglaterra.
- ¿Conseguir qué? ¿Piernas? - No.
- Medias. - Ah, medias.
Lo diré sin rodeos: Intentábamos decidir qué talla comprar.
- Para mi abuela. - Nueve.
¿Ya puedo irme o quieren saber otros detalles íntimos?
Por favor, espere.
Sé que soy desconsiderada, pero tengo un compromiso.
¿Puede posponerlo y beber té con nosotros?
- No. - Nos daría tiempo para disculparnos.
Nos hablaron de la simpatía de Occidente.
¿Nos dará una impresión falsa de la hospitalidad estadounidense?
Nosotros sí beberíamos té con Ud.
No somos completos desconocidos.
¿Les dan un curso en Thunderbird para ligar chicas estadounidenses?
Está bajo el título de "iniciativa".
Lo lamento mucho, pero temo que no puedo beber té con Ud, señor...
- Stackhouse. - Lockwood.
Saunders. Pero quizá los lleve a beber té conmigo.
- ¿Quizá? - Válgame.
Aunque sólo sea por el bien de la solidaridad internacional.
Pero no antes de encargarnos de las piernas de la abuela.
Pues, llegamos.
PRI MEROS AUXI LIOS DE LA CRUZ ROJA
- ¿Qué? - Ya sea que lo sepan o no...
serán un par de ángeles misericordiosos el resto de la tarde.
Las manos al frente. Mécete.
Quita las manos. Enderézate.
¿Ves? Repites el movimiento 12 ó 15 veces por minuto.
Y recuerda, lo importante es el ritmo. Inténtalo de nuevo. Hacia delante.
No apliques tanta presión.
- Hola, Srta. Blake. - Hola, Kay.
Le presento al Sr. Stackhouse y al Sr. Lockwood.
- Mucho gusto. - Mucho gusto.
Están tan interesados en nuestro trabajo...
que me rogaron que les permitiera ser pacientes.
Qué amables. Aunque ya casi terminamos por el día de hoy.
- Pero si las chicas quieren quedarse... - Yo sí.
- A mí me encantaría. - A mí también.
- Hola. - Muy bien, adelante.
- Casi no practicamos con hombres. - Gracias.
- ¿Nos acostamos en el piso? - Ay, no, no. No es necesario.
Sólo quítense el saco, súbanse la manga y yo les haré un torniquete.
¡Genial!
La Cruz Roja cubre mucho territorio, ¿verdad, muchacho?
Demasiado.
- Listo. ¿Cómo está? - ¿Puedo llamarla "Srta. Nightingale"?
Es hermoso, pero temo que moriría desangrado.
- ¿Qué? - Aún tengo pulso.
No puede ser. Practiqué torniquetes toda la semana.
Hola, Pete. ¿Cuál es el problema?
Nada, señor. Iba a explicarle...
sobre el punto de presión, donde la arteria atraviesa el hueso.
Anda. Hazlo. Suena fascinante.
Parece saber bastante sobre anatomía, Sr. Stackhouse.
- Pues, los médicos sabemos... - ¿Es médico?
Discúlpeme.
¿Alguno necesita primeros auxilios?
- Sí, señor. - Pues, pasen.
Hay muchas chicas hermosas con la medicina justa...
que necesitan a su edad.
- Esperen un momento. - Oigan, ustedes.
Ustedes. Entren.
Han estado desangrándose solos lo suficiente.
Entren. Vean a las chicas. Reciban ayuda.
Ay, caray.
Llamé para avisar que pasaría por ti a la finca.
Sí, lo sé.
¿Y qué haces aquí? ¿Por qué no esperaste?
Quizá preferí que otra persona pasara por mí.
Escucha, encanto, puedes ahorrarte esas indirectas...
para algún sujeto despistado.
No las desperdicies conmigo.
Si buscas unas arterias, ¿qué tienen de malo las mías?
Nada, cariño. Estoy segura de que están perfectas.
Anda, súbete en la mesa como niño bueno.
- ¿Tengo que hacerlo? - Sí.
Perfecto.
Acuéstese.
Oiga, con cuidado.
No va a ponerme eso, ¿o sí?
Iremos al Biltmore por un coctel...
cenaremos en el Westward Ho...
luego te llevaré a casa por el camino largo.
- Suena maravilloso, Steve. - Como en los viejos tiempos.
- Listo. ¿Qué tal? - Fantástico. Vámonos de aquí.
Espera. Todavía no termino.
Tiny, ¿podrías encargarte un rato?
¿Y cómo se siente el paciente?
Bien. Bien.
- ¿Listo? - ¿Listo?
- Me invitó un té, ¿no? - Sí, pero dijo...
- ¿No puedo cambiar de opinión? - Ud. Y el Sr. Britt...
Ay, no. Estará ocupado toda la tarde.
¡Oigan!
- Ay, miren. Se lastimó. - Es nuestro primer accidente.
- Esperen. ¿De qué se trata? - Tranquilo, muchacho.
Tranquilo. Hacemos todo lo que podemos por ti.
Andando. Súbanlo.
¡Llévenselo!
¿Qué pasa?
Protección civil.
Nunca había conocido a un inglés.
- ¿Ud. Es típico? - Supongo.
No tiene un título, ¿o sí?
Uno muy pequeño. ¿Le gustan los títulos?
- Nunca lo había pensado. - Yo tampoco.
- Por cierto, ¿qué es? ¿Un duque? - Temo que nada tan elevado.
¿Conoce bien a Steve Britt?
Sí. Es mi instructor.
Es un aviador grandioso, ¿verdad?
En mi opinión, es grandioso en todo.
El que llegó con él es mi abuelo.
- Sí, lo sé. - Es riquísimo.
- Qué bueno. - Es decir, por el momento.
Siempre gana dinero y lo pierde.
No le importa si tiene un centavo o no, sólo le divierte ganarlo.
¿Cree que los estadounidenses son codiciosos?
Quizá algunos. No diría que es un rasgo estadounidense.
- Gracias, amigo. - Una vez viajé por el mundo.
Adonde fui vi iglesias, escuelas y hospitales... incluso en la selva...
todo hecho con dinero estadounidense para el uso de otros.
Nunca vi obras benéficas alemanas ni japonesas.
Casi podría besarlo por eso.
- Qué buena idea. - Fue metafórica, milord.
- Buenas noches. Fue divertido. - Fue muy divertido.
Por cierto, ¿monta?
- Nací en un caballo. - ¿Vendría a montar conmigo?
- Cuando quiera. - Buenas noches.
Buenas noches, señor.
Buenas noches, señor.
Buenas noches.
- Hola, cariño. - Hola. ¿Es un puesto de escucha nuevo?
- Así es. - ¿Has oído algo interesante?
Muchas cosas. ¿Qué significa todo esto, Kay?
Significa que me la pasé muy bien y que me agrada.
- ¿Eso es todo? - Todavía no sé.
No intentarías hacerme sentir celos, ¿o sí?
Por favor, Steve. Eres maravilloso. Qué buena idea.
Sólo quiero recordarte que es un buen sujeto.
- Podría pensar que es en serio. - Y podría tener razón.
Anda. Cómete estos perros calientes.
- ¿Perros calientes? - Sí.
El gran manjar estadounidense.
Ojalá no te gusten las mujeres que fingen ser delicadas.
Deberías ver comer a mi abuela.
La mayoría mienten sobre la comida...
especialmente enfrente de los hombres, antes de casarse.
Como si el hombre no supiera que las mujeres tienen estómago.
Steve Britt juraba que yo tenía un despertador adentro...
que sonaba exactamente cada cinco horas.
¿Conoces a Steve Britt desde hace mucho?
Lo conocí hace tres años. No había vuelos desde N. Y...
así que lo contraté para que me trajera.
Era el cumpleaños del abuelo.
Me bajó en medio del desierto...
y amenazó con dejarme ahí si no prometía volver a Nueva York con él.
- ¿Por qué haría algo así? - Dijo que estaba enamorado de mí.
- ¿Volviste con él? - Claro.
- ¿Estabas enamorada de él? - Perdidamente enamorada.
- Fue maravilloso mientras duró. - ¿Sigues enamorada de él?
Steve te agrada, y te preguntas...
si está bien salir conmigo, ¿verdad?
¿Cómo sabes?
Normalmente los ingleses no son muy preguntones.
Pero está bien. Te lo diré.
Steve me gusta tremendamente.
A veces pienso que estoy enamorada de él.
Sé que sería un esposo espantoso. Nunca se quedaría quieto.
¿Sí quieres un esposo que se quede quieto?
Yo también me he preguntado eso.
Los cadetes piensan que es grandioso. Todos.
Sí, lo sé. Eso es muy importante para una mujer.
Es decir, saber que les agrada a otros hombres.
Y es lo suficientemente mayor para ser muy fascinante.
Me pregunto si sabes que eres una persona asombrosa.
¿Podríamos dejar ahí el tema? Tengo hambre.
El sujeto que sale con Kay va aprisa, muchacho.
No está perdiendo el tiempo.
Si yo cortejara a una chica, no dejaría que nadie me ganara.
- Llegué a las 11:00. - Yo habría llegado a las 10:00.
- Hola, Steve. - Estamos ocupados.
Hola, Kay. Stackhouse. ¿Se divirtieron?
Sí, señor. Fue maravilloso.
Ojalá no te descubra haciendo trampa.
Nunca me descubren.
Caramba. Todas las cartas que juego... No barajaste las cartas.
Perdón por no estar aquí, Steve. ¿Por qué no avisaste que venías?
No te preocupes. Pasaba por aquí y pensé en jugar con el abuelo.
- Y he estado ganándole. - 64 centavos.
Sin contar esta mano.
Y dos más.
Otra vez. Es el hombre más afortunado que he visto en la vida.
¿En las cartas?
Por supuesto, te quedarás a cenar, ¿verdad, Steve?
- Discúlpame. Tengo que trabajar. - ¿En domingo?
Anda. Dame mi dinero. Debo irme.
¿Qué es esta tontería de que te vas cuando Kay llega?
Si tienes una noche libre esta semana, cenaré contigo.
Me encantaría, Steve. Una noche que no tengas que trabajar.
¿Va al Campo, señor?
- Sí, claro. - ¿Puedo irme con usted?
¿No te quedarás a cenar?
No, señor. Mi permiso termina a las 7:00 p. m.
- Está bien. Vámonos. - Adiós, Kay.
- Me la pasé muy bien. - Fue divertido, ¿no?
- Adiós, Sr. Saunders. - Adiós, señor.
- Adiós, Steve. - Adiós.
No puedes decidir a cuál dejar morder la manzana, ¿verdad?
Víbora.
- ¿Quién es? - Stackhouse.
Adelante.
- ¿Lo desperté, señor? - No, acabo de acostarme. Cierra.
- Tengo que hablar con usted. - Está bien. Siéntate.
- ¿Quieres un cigarrillo? - Gracias.
¿Qué pasa, Stackhouse?
Estoy enamorado de Kay.
¿Y?
Voy a pedirle que se case conmigo.
¿Por qué vienes conmigo? No soy su abuelo.
No, pero sé lo que siente por ella.
¿Sí?
Sé que estuvo enamorado de ella.
Sigo enamorado de ella.
Sé que si no fuera por usted, yo no seguiría aquí.
Tienes miedo de que te suspenda.
- ¿Es eso? - No.
¿Cómo sabes que no lo haré?
¿Qué harías en mi lugar?
No sé.
Bien, Stackhouse.
Te dije que te daría la oportunidad de ser piloto...
porque me pareció que tenías madera para hacerlo.
Eso sigue en pie.
Gracias, señor.
Personalmente, quizá te odie...
pero eso no tiene nada que ver con volar.
En lo que a ti y a mí... y a Kay respecta, es un asunto diferente.
No creo que puedas quitármela. ¿Qué opinas de eso?
Si no puedo, no será por no intentarlo, señor.
Buenas noches, señor.
- Gracias por dejarme hablar con usted. - Fue un placer.
- ¿Stackhouse? - ¿Sí, señor?
- ¿Cuántas horas tándem llevas? - Doce, señor.
Ve por tu paracaídas y sígueme, ¿sí?
- Te haré una prueba de vuelo. - ¿Ahora, señor?
Es hora de que vueles solo, ¿no crees?
- Sí, señor. - Apúrate, ¿sí? Estaré esperando.
Sí, señor.
Yo lo bajaré, Stackhouse.
¿No te sientes bien, Stackhouse?
- Estoy bien, señor. - Espléndido.
Eso es todo.
Sr. Britt. Stackhouse tuvo su prueba de vuelo.
- ¿Sí? - Otra vez se sintió mal, señor.
Qué mal. Lamento oírlo.
No cree que lo suspenderán, ¿verdad, señor?
Eso no depende de mí.
Atención a todos los eliminados. Atención a todos los eliminados.
Preséntense inmediatamente en Transporte.
Inmediatamente.
Hasta luego, Charlie.
No te deprimas, Joe. Un bombardero también es emocionante.
Claro.
- Adiós, Charlie. Qué mala suerte. - No hay problema.
- Hay muchos trabajos. - Sí.
¿Señor? El coronel MacDonald quiere verlo en su oficina.
Gracias.
CAMPO THUNDERBI RD
El coronel MacDonald y yo revisamos los expedientes del escuadrón de Britt.
- Bien hecho. - Gracias.
Sólo un hombre no dio la talla.
- ¿Sí? ¿Quién? - Stackhouse.
- ¿Stackhouse? - Sí. Qué mal.
Parece que tendremos que suspenderlo.
Debe ser un error. Stackhouse será uno de los mejores pilotos.
Si es así, ¿por qué no lo dejas volar solo?
- No está listo. - Todos los demás sí.
Debieron estar listos.
Sé lo que sientes por esos muchachos, Steve.
Es tu instinto maternal.
Recomendaré que Stackhouse regrese al cuerpo médico.
De acuerdo. Tú eres el jefe.
- Pero si él se va, yo también me voy. - ¿Qué?
Mira, Mac.
Soy el indicado para este trabajo, así que debes confiar en mi palabra.
Si no quieres hacerlo, consíguete a otro.
Ya voló 12 horas y todavía se marea.
Lo sé. Hay un problema que está frenándolo.
Debo averiguar qué es y arreglarlo, y lo haré.
Mientras tanto, vamos a detener la guerra.
Quizá debas hacerlo, Barratt...
porque se necesitan sujetos como Stackhouse para ganarla.
Conozco todo sobre ese chico, todos sus antecedentes.
A su papá, a su abuela, y lo que esto significa para él.
Cosas que no puedo decirles porque prometí no hacerlo.
Cosas que significan "aviador" para mí.
No quiero meterme, Steve...
pero no estás siendo generoso con Stackhouse, ¿verdad?
No lo sé, Mac.
Tendrás que averiguarlo.
¿Qué promedio de vida tiene un piloto de la Fuerza Aérea británica?
Por otro lado, los médicos se casan jóvenes y viven eternamente.
"Fiesta del 4 de julio.
Tendré una fiesta del 4 de julio el sábado en mi finca...
y no me sorprendería que muchas chicas lindas...
se enteraran y vinieran corriendo".
Caramba.
¿Qué es una fiesta del 4 de julio?
Es la celebración de EE. UU. De su independencia de Inglaterra.
- No puede ser. - Qué descaro.
No puedes montar ese potro salvaje.
- Es el peor caballo en Arizona. - Abuelo dice que es tierno como perro.
- ¿Él te incitó? - Sólo como una proposición deportiva.
No lo hagas. Podrías romperte el cuello.
Por lo menos llevaré una herida a casa.
Apuesto a que ésta fue idea tuya.
Siempre quise ver a un inglés montar un caballo a pelo.
Qué rara combinación, ¿no, viejo?
- Hola, muchacho. - Hola.
- ¿Quieres un bistec? - No, gracias, abuelo.
¿Se fue a algún lado con ese mequetrefe inglés?
- ¿Por qué no vas por ella? - Ella sabe lo que hace.
Ay, tonterías.
La mujer más inteligente...
no tiene sentido común hasta que cumple al menos 30 años.
- Ésas son las estadísticas. - No tiene caso, abuelo.
Está enamorándose de él.
- ¿Eso dijo? - No, pero me doy cuenta.
- ¿Cómo? - Hoy se portó muy bien conmigo.
Escucha, muchacho. Kay no es una chica mala.
Bueno, quizá tampoco es una chica muy buena.
Pero es todo para mí. Es parte de mi corazón.
Pero no impide que vea que es mujer...
y que es superficial como todas.
Si tuvieras la mitad del sentido común que creo que tienes, te darías cuenta.
- Ahora ve y haz lo que digo. - No tiene caso, abuelo.
- Son un par de chicos... - Ah, eso es lo que te pica.
Escucha, yo era 20 años mayor que mi esposa.
22 según sus cálculos.
¿Crees que eso me preocupó? No, señor.
Lo que me preocupó fue que ella fuera lo suficientemente joven para mí.
- Tú la amas, ¿no? - Estoy loco por ella.
Pues, entonces ve y haz lo que te digo.
No quiero un aviador insípido en mi familia.
Ay, mira.
Algún día quizá el mundo se iluminará así de nuevo.
Claro que sí.
¿Imaginas a Londres con luz después de años de oscuridad?
¿Que quienes nacieron en los apagones...
vean las luces de una gran ciudad por primera vez?
¿Que los ancianos sin esperanza de verlas de nuevo...
salgan de repente de sus hoyos y vivan como humanos?
Sería la noche más maravillosa en la historia del mundo.
Por eso quiero aprender a volar.
Quiero ayudar a encender esas luces de nuevo...
no sólo ser un asesino y matar hombres por una victoria vacía...
para una paz que sólo fue el primer tiro de una guerra nueva.
Quiero ayudar a que esta vez en verdad signifique algo...
asegurarme de que esas luces nunca vuelvan a apagarse...
ni una sola noche.
Kay, acabas de decir:
"Sería la noche más maravillosa en la historia del mundo".
¿No podemos compartirla juntos?
Te amo. Lo sabes.
Desde el primer momento en que te vi.
¿Quieres casarte conmigo?
No sé, Peter.
- ¿No me amas? - Todavía no estoy segura.
- Tienes miedo de lastimar a Steve. - Quizá.
Y quizá es porque temo lastimarte a ti...
si veo que sigo enamorada de él.
Tengo que estar segura, Peter...
porque cuando me decida, será para siempre.
Esperaré.
Diré algo horrible, pero cuando te conocí...
trataba desesperadamente de enamorarme de otro.
Quería lastimar a Steve, ponerlo celoso...
sacarlo de mí corazón de una vez por todas.
Lo único que he hecho es lastimarlos a los dos...
y confundirme.
Te amo, Kay.
Steve. Estaba buscándote.
- Habla. - Los inspectores están aquí...
y están preguntando cosas vergonzosas sobre tu grupo.
¿Sí?
Quieren saber por qué tus chicos están retrasados.
- ¿Sabes qué les dije? - ¿Qué?
Que esto se aclarará de inmediato. En realidad, hoy.
Mira, Steve, no me interesan tus problemas personales.
Estoy aquí para dirigir esta escuela.
Pronto llegará un grupo nuevo de chicos ingleses.
Quiero todo resuelto y listo antes de que lleguen.
Está bien, Mac.
Yo creo que pierdes tu tiempo y el nuestro...
al intentar que Stackhouse sea aviador.
Pero si lo haces o no, mejor decídete ahora, hoy.
De otro modo, tendré que decidir por ti.
¡Contacto!
Ayer le diste coces a ese potro salvaje en el corral.
No te paralizaste cuando corcoveaba, ¿o sí?
Cuando caía con las patas rígidas, tú te aflojabas.
Cuando se retorcía y giraba, girabas el cuerpo con él.
El problema es que te esfuerzas mucho.
Te agarrotas en la silla.
Cuando baje la nariz, no tires la palanca repentinamente.
De haberlo hecho ayer, el caballo habría caído sobre ti, ¿no?
La próxima vez que este nene dé guerra...
recuerda que tiene una boca tierna.
No tires de ella repentinamente, lo desequilibras.
Dale oportunidad de recuperarse. De enderezarlo gradualmente.
Calma. Relájate.
Bien, vaquero. Ahora ya entendiste.
Es tu caballo. Móntalo.
Les dije a Barratt y a MacDonald que podías volar.
No lo creen. Dicen que no tienes madera.
Te daré la oportunidad de probar que mienten o que yo soy un imbécil.
A mí me da igual cuál sea el resultado.
Puedes hablar solo un rato.
Yo iré a dar un paseo.
- ¿Cuántos aviones están fuera? - Uno.
- Britt y un estudiante. - Bien.
Sí, uno de sus aviones de entrenamiento.
Lo vi dando vueltas en el barranco Camelback.
Me pareció que tiene problemas.
Quizá esa táctica esté bien en el circo, pero aquí no.
No sé cómo se te ocurrió saltar en paracaídas en una tormenta de arena.
Cuando salté, no vi la tormenta. No soy tan tonto.
¿Y dejar a ese chico solo cuando sabes que no vuela?
Hizo el mejor aterrizaje que haya visto.
Se puso nervioso, ¿verdad? Destrozó el avión.
El viento le dio vuelta después de que aterrizó.
Teníamos un récord perfecto hasta que llegaste.
Debí saber que algo así sucedería.
¿Es otra manera de decir que estoy despedido, Mac?
Lo lamento, Steve, pero te lo advertí.
Él sólo me dio una oportunidad.
Lo entiendo, Stackhouse, y me culpo.
Debí suspenderte hace semanas.
Cuando termines, preséntate con Barratt.
Tendrá listos tus papeles de traslado.
- Qué mala suerte, Pete. - No hay problema, señor.
Por lo menos sé que puedo volar, gracias a usted.
No debió hacerlo por mí.
¿Por qué crees que lo hice por ti?
Tu padre fue mi amigo, ¿no?
Y dicen que el salto con paracaídas tiene mucho futuro.
No puedo tener siempre el mismo trabajo. Quizá quiera superarme.
AVISO - LOS ELI MI NADOS PRESÉNTENSE CON SUS PAPELES Y SU EQUl PAJ E...
EN LA ADMI NISTRACIÓN MAÑANA A LAS 9:00
ESTA NOCHE BAl LE DE LA OSU EN LA CASA DE LA CI UDAD
BI ENVENI DOS OFICIALES Y CADETES
Hay algo que me encanta de los ingleses: Que juegan limpio.
No importa qué haga alguien, siempre le dan otra oportunidad.
Sí. Si es que se la merece.
¿Ve al hombre de cabello blanco que está ahí?
¿Sí?
Hace unos años robó mucho dinero de un banco.
Arruinó a cientos de personas.
Luego lo pensó y volvió...
y dijo que quería devolver todo lo que pudiera.
- ¿Y lo hizo? - Ajá. Fue tan sincero...
que muchas personas... incluso las que más lo odiaban...
decidieron darle otra oportunidad.
Y ahora es de los hombres más admirados y más respetados del estado.
Espléndido.
Le dije al coronel MacDonald que sabía que opinaría así.
Naturalmente. Cualquiera puede equivocarse.
Entonces lo hará, ¿verdad?
- ¿Qué? - Darle otra oportunidad a Stackhouse.
- ¿A Stackhouse? - El coronel MacDonald quería hacerlo...
pero sintió que Peter le correspondía a usted.
El coronel MacDonald no me lo ha dicho.
Es un favor personal.
Es un viejo amigo de Steve y sabe lo mal que se siente.
Pero ahora que Ud. Está dispuesto a hacerlo, ansío decírselo.
- Mildred, ¿me permites? - Claro, Kay.
Me encanta el Sr. Barratt.
Me parece que le encanta mucha gente.
Él sabe jugar limpio...
claro que siente que es su trabajo, y odia mencionarlo.
¿Mencionar qué?
¿Ve al hombre de cabello blanco que está ahí?
¿Sí?
Le conté de un error que cometió hace unos años.
¿En verdad? ¿Qué hizo?
Dejó a su esposa y a tres bebés por otra mujer.
Pero lo pensó y volvió...
y le pidió tanto otra oportunidad que su esposa lo aceptó.
Y ahora es de los hombres más admirados y más respetados del estado.
¿No es maravilloso?
Le dije al Sr. Barratt que sabía que opinaría así.
Espere. ¿Qué trata de decir?
El Sr. Barratt quiere darle otra oportunidad a Stackhouse...
pero Ud. Es el director de la escuela y no quiere interferir.
- Pero a Ud. No le molesta. - Soy estadounidense...
y odiaría que no fuéramos justos como los ingleses.
Sí. Pues, supongo que si Barratt está convencido, como Ud. Dice...
¿Lo hará?
Si promete ir mañana al Campo para que no se me olvide.
Ay, gracias. Ojalá no le molestara la interrupción.
- El placer fue mío. ¿Tom? - Sí.
Quiero presentarte a una admiradora.
La Srta. Saunders, el Sr. MacDonald, mi hermano.
- Mucho gusto. - ¿Su hermano?
Mucho gusto.
- Mira. ¿No es maravilloso? - ¿Qué puedo decirte? No revolotea.
No te creyeron cuando dijiste que podía volar.
Sabía que podía.
Te gusta mucho, ¿verdad?
Estoy enamorada de él, Steve. Voy a casarme con él.
Claro. Yo lo supe hace semanas.
¿Lo sabías y lo hiciste aviador a pesar de eso?
Yo no lo hice aviador. Siempre tuvo madera.
Sólo eliminé los problemas.
Está bien, Steve. Pero de todos modos, muchas gracias.
- ¿Qué harás, Steve? - Buscaré otro lugar.
Pero no quieren que te vayas.
Después de demostrar que tenías razón.
Mac ha estado hablando mucho. No sé.
Trasladar aviones me parece atractivo.
- Siempre me gustó viajar. - No seas tonto, Steve.
- No puedes irte ahora. - ¿Por qué no?
Mira qué hiciste por Peter y por todos.
Y esto es sólo el comienzo.
Habrá cientos como ellos...
con problemas para eliminar.
Dijiste que esta guerra se ganaría en campos como éste...
y con chicos como éstos.
Pero no pueden ganarla si no saben qué hacer.
¿Y cómo van a aprender si no te quedas y les enseñas?
Además, ya no tendrás que estar pensando en una chica como yo...
- ¿Qué pasa? - El motor dejó de funcionar.
¿Quién lo hizo? ¡Es una trampa!
¡Ambulancia!
Steve, lo logró.
Ahí van los pilotos Thunderbird.
Ya no son principiantes, ni necesitan entrenamiento, ni son novatos.
Ya salieron de la cuna. Son expertos. Son veteranos.
El Campo Thunderbird hizo su trabajo. Ahora los chicos harán el suyo.
Vean volar a estos pilotos que envían sus mensajes con bombas.
Estos jóvenes ingleses van a bombardear Berlín...
como bombardearon Essen, Colonia y Düsseldorf.
Estos jóvenes chinos hostilizarán a los japoneses...
desde el Yangtze hasta el Río Amarillo.
Tienen una cuenta pendiente con Tokio. La resolverán. Obsérvenlos.
Yestos Thunderbirds estadounidenses...
tienen planeadas unas bombas y balas.
Éstos son los jóvenes que pelean por los derechos de la gente libre.
Conocen su trabajo. Lo harán.
Pero no serían pilotos si esos hombres no les hubieran enseñado tan bien.
Rindámosles homenaje también a esos instructores.
A los Steve Britt que enseñan a volar, a pelear y a ganar.
Hola, muchacho. Me apellido Britt.
- ¿Cómo te apellidas? - Atkinson, señor.
¿Atkinson?
Tú, el de las pecas. ¿Cómo te llamas?
Percival Archibald Couverneur Smythe, señor.
Perfecto, "Pelirrojo".
FI N
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