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EL HIJO DEL RENEGADO
Johnny Rio Rojo voIvía a casa, con Ios hijos de Ios hombres que habían cabaIgado
junto a su padre. Estaban empeñados en ayudarIe a recuperar su propiedad,
pacíficamente, si era posibIe; en caso contrario, a Ia fuerza.
Johnny había heredado eI nombre de su padre, había ganado su fama defendiendo ese
nombre. Se había criado en eI vaIIe hasta Ios quince años, desde entonces estaba soIo.
Pero esta historia comienza mucho antes de su nacimiento, por aqueIIos días, Ia
justicia no había IIegado aún aI vaIIe y cada hombre IIevaba Ia Iey en su pistoIera.
Un soIo segundo marcaba Ia diferencia entre serjuez y verdugo o ser un cadáver.
Su padre había ganado un juicio contra un hombre IIamado Tresdedos Drake,
y a causa de estejuicio estaIIó un dueIo.
EI úItimo disparo acabó con Ia Drake y Johnny saIió huyendo de Ia ciudad.
Mientras se recuperaba de sus heridas, a Johnny Ie decIararon forajido, buscado por
asesinato. Otros hombres, hombres tan desesperados como éI, pronto se Ie unieron.
Hombres que vivían, y morían, por Ia Iey de Ia pistoIa, hombres que habían infringido
Ia Iey de muchas formas, hombres con un precio sobre sus cabezas, hombres cuyas
pistoIas sabían Io que era matar, hombres con Ias paIabras ''Se busca'' en sus retratos.
Le fueron confiscadas sus propiedades y Johnny pronto se convirtió en un temibIe
pistoIero. Su apodo era Johnny Rio Rojo, un sinónimo de derramamiento de sangre y
de terror en todo eI suroeste.
Tenía bien ganada su fama: sin miedo aI riesgo dejaba a sus hombres fuera de Ia
ciudad, entraba soIo a pIanear Ios atracos.
- HoIa, pequeño Arkansas. Buscaba aIgo?
- Hay aIguna Iey en contra?
- No quiero probIemas en mi ciudad.
- No tiene nada contra mí. He de hacer aIgo pero, dígame:
por qué me IIama pequeño Arkansas?
- Me está recordando a un granjero queriendo hacerse eI duro.
Quiere parecerse a Johnny, eI sí es un hombre, usted es como un ratón.
Cuidado Johnny, este agente pretende provocar una peIea.
- Está bien, cuente hasta tres. Si Ie gano, eI dinero es mío, si me gana usted...
- Uno, dos... y tres.
- Por Io que parece no es tan rápido.
- Supongo que empatamos, sr. Río Rojo.
- Un hombre puede haber nacido en Arkansas y ser más rápido que usted.
Los bandidos aterrorizan Ias ciudades fronterizas.
- Toma, quédate con esto y dáseIo a quien Io pueda necesitar.
- Bat, míraIe Ia pata izquierda aI cabaIIo, creo que cojea.
- Gracias.
- Bien, muchachos, quiero deciros aIgo acerca deI trabajito que acabamos de hacer.
Hemos cometido aIgunos errores Qué traes ahí?
- Será de ese sheriff, eI taI Masters, se Ie habrá caído por accidente.
- No nos ha ido muy bien hoy, eh?
- No, hemos perdido a Jan y a You, creo que Johnny estará muy enfadado.
- NaturaImente, cómo quieres que esté?
- Estarás contento, no? Te has saIido con Ia tuya.
- No te entiendo
- Eres un traidor, Bat.
Pero qué dices? Acaso no he estado a tu Iado y he trabajado como Ios demás?
- Te resuIta famiIiar?
- MátaIe, Bat.
- Eso es, daIe fuerte.
AI descubrir Ia trampa deI sheriff, Johnny comprendió que ya no contaba con Ia IeaItad
de todos sus hombres. Bat había hecho bien su trabajo y tan soIo un descubrimiento
prematuro de su identidad hizo que Johnny supiera cuaIes de entre sus hombres Ie
permanecían fieIes.
- ¡Quietos! Os doy un segundo para que subáis a Ios cabaIIos y os Iarguéis.
SóIo eI hecho de que habían sido compañeros de viaje evitó que Ios pistoIeros se
mataran entre si y hubiera un derramamiento de sangre.
- Quiero habIar contigo. Johnny es nuestro jefe indiscutibIe, no Ie dejarás ahora como
no sea con Ios pies por deIante.
- Yo que te consideraba mi hermano. Te advierto: no me pongas Ia mano encima.
Johnny se hace viejo, ya no sabe manejar a sus hombres. Deberías irte tu también
-Así que me hago muy viejo, eh? Y tú eres capaz de enseñarme aIgo?
- SueIta esa pistoIa y pronto Io verás.
- Déjame peIear a mí.
- Me parece que ya has tenido suficiente. Sube a tu cabaIIo y Iárgate. ¡Vamos, rápido!
Y Ios demás también.
Era eI fin de una era. EI sheriff Masters nombró ayudantes a Ios hombres que antes
habían sido Ios compañeros de fatigas de Johnny. Éste fue acosado sin descanso.
Cuidado Johnny, son tres contra uno.
- Estás bien, John?
- Eso creo. Acabo de encontrarme con Ios chicos de Masters.
- No puedes pasarte eI resto de Ia vida
peIeándo y matando, buscando sóIo venganza.
- Nos quitaron eI rancho, Ios cabaIIos, eI ganado y no viviré en paz hasta que paguen
por eIIo.
John, será mejor que nos vayamos y empecemos
de nuevo, Iejos de toda esta gente
Por eI bien deI joven Johnny.
- De acuerdo, Katty, tienes razón.
- Estás bien?
-Vámonos.
EI padre de Johnny murió, eI recuerdo de sus correrías permanece.
Johnny sabía que estaba marcado por Ias fechorías de su padre y que tendría un
recibimiento frío en eI vaIIe.
- No entiendo por qué Ia gente está en contra de que Johnny regrese para
hacerse cargo deI viejo rancho Río Rojo.
- EI terco sheriff no tiene sentido común suficiente para saber que Johnny no quiere
seguir Ias hueIIas de su padre.
- HoIa muchachos.
- Eh, sheriff, podemos habIar con usted?
- Bueno, no soy eI sheriff, pero intentaré ayudarIes: de qué se trata?
- Estamos mirando Ios ranchos en venta.
- Hay unos cuantos en venta por impago de impuestos. Se han decidido?
- Sí, nos gustaría ver eI rancho Río Rojo.
- Muchachos no Ies conviene mezcIarse con Johnny. EI sheriff no Ies va a ayudar,
quiere encarceIar a Johnny Río Rojo en cuanto Io veamos.
- Por qué?
-AI parecer atracó eI banco de SingIetown Ia semana pasada. Hasta Iuego, muchachos.
- Hay que contárseIo a Johnny.
- Sí.
- Johnny, Johnny.
- So, so, soo.
- HoIa VaIIey, a dónde vas?
-A dar un paseo, Johnny, puedo acompañarte?
- Pues cIaro. Vamos.
-Así se hace, vaquero. ¡DaIe fuerte!
- Eso es, vaquero.
- Hemos cabaIgado casi 3 horas y apenas me has habIado. Tan poco interesante soy?
- No es eso. No tengo tiempo para nadie.
- No necesito tiempo, se trata de eIIa? Búscame cuando tengas tiempo para una mujer
de verdad.
- Las cosas están difíciIes, amigo.
- Qué ha pasado?
- Ese sheriff, Ia tiene tomada contigo.
- EI taI Masters te busca, quiere encerrarte con Ia excusa de haber atracado un banco Ia
semana pasada.
- Como ya sabéis, me crié aquí. Mi padre mató a muchos hombres en aqueIIos tiempos
en que era difíciI distinguir eI bien deI maI.
- Nosotros Io sabemos, pero ese sheriff no creo que se avenga a razonamientos de
ningún tipo.
Tu padre debió haber sido un gran tipo. He oído acerca de éI Ias cosas más increíbIes
quejamás me han contado.
- Muchachos, yo voy a quedarme. Si vosotros preferís marcharos
- Estás de broma? Hará faIta más que Bat Masters para separarnos. Tenemos que
encontrar a ese desgraciado que se hace pasar por ti.
- Le cogeremos.
- Has estado muy bien con ese cabaIIo. Crees que nos vaIdrá?
- No sé. Tiene mucho genio.
- Crees que WiId BiII vendrá a buscarte.
- No Io sé, si viene, aquí me encontrará.
- Bueno, parece que es BiII. Pongamos en orden eI campamento.
- Oh, BiIIy...Cariño, Qué pasa?
- Lo sabes de sobra.
- Lo intenté, BiIIy, de verdad. Créeme. Pero no pudo ser. No está interesado.
- Parece que no tomas Ias cosas en serio. Regresa de nuevo y usa tus encantos
femeninos.
- Pero es a ti a quien quiero, BiIIy.
- Conoces mis pretensiones, ayúdame a conseguir ese rancho y Ios dos tendremos Io
que queremos. Vamos.
- No me digas.
- Lo estáis pasando bien Ios dos?
- Qué mosca Ie habrá picado?
- Siento estropearos Ia diversión. SaIimos para eI rancho de mi padre a ver que queda
de éI.
- Te Io digo por úItima vez: aIéjate de éI, no es para ti.
-Vaya, qué Iástima. Mira quien habIa. Eres tan parecida a tu madre que se te nota cada
vez más que Ie miras.
- Tú no quieres nada bueno para éI.
Reinado deI terror, asaItos a diIigencias.
Los pasajeros son frecuentemente atacados
- BiIIy, espera.
- Se rumorea que estoy asaItando diIigencias y atracando bancos. Sabes tú aIgo?
- Por qué habría de saberIo? SóIo me ocupo de mis asuntos.
- EI atracador utiIiza un cabaIIo como eI mío. Y tu cabaIIo coincide pIenamente
con Ia descripción, no crees?
- Es un país Iibre, no?
- No quiero causarte probIemas, pero como aIguien vueIva a ver un cabaIIo con patas
bIancas en aIgún atraco voy a ir a por ti. Ahora Iárgate.
Los robos y atracos se sucedían con mayor frecuencia. Bat Masters, creyendo que
detrás de Ios crímenes se encuentra Johnny, se ha empeñado en encanceIarIe.
- Larguémonos, que eI sheriff trae ayuda.
- Cuándo ha regresado?
-Ayer, tú hija parece IIevarse bien con éI.
Ya Io sabías, te Iargas o tendré que matarte
- Este es mi hogar, pretendo quedarme aquí.
- Parece que estás sordo. Qué hacemos con este renegado, sheriff?
-A tu padre Io echamos de aquí, será fáciI hacer Io mismo contigo.
- EI rancho que dices ser tuyo está en venta por impago de impuestos.
- No metas a mi padre en esto, por si no Io sabías, no voy a permitir
que esos buitres IIamen a mi puerta.
-Vámonos.
i Johnny!
No deberías venir aquí. Sabes que mi padre está deseando tener pruebas en tu contra.
- Deja de preocuparte, Lori, tu padre es una persona honrada.
Quizá sea terco como una muIa, pero si puedo habIar con éI unos minutos todo irá bien.
- Te deseo mucha suerte
-AIéjese de éI señorita Masters.
- Quién es?
- Un famoso pistoIero te anda buscando.
-AIéjate de mí.
- Por qué quieres tener probIemas? Acaso me conoces o sabes aIgo acerca de mí.
No te había visto nunca.
- EI gran Johnny Rio Rojo supIicando no tener Iios.
- Señorita Masters, voy a mostrarIe como se pone de rodiIIas un criminaI.
- Ponte de perfiI
- DiIe a quien te haya pagado que no podrá
- Pasarás una temporada en Ia sombra.
- Ha sido en defensa propia.
- Está mintiendo, sheriff: me disparó por Ia espaIda y se me echó encima.
- Mientras más oigo más enfermo me pongo, guarda esa pistoIa si no quieres que te
haga un agujero por eI que pueda pasar una diIigencia.
- Ese hombre tiene razón, fue en defensa propia,
Johnny quiso evitarIo pero eI pistoIero Ie obIigó.
- Está bien, tú ganas, pero te aconsejo que te Iargues de aquí.
- Soy muy tozudo, quiero estar seguro de que sabes Io que haces.
- Conozco a Johnny desde que íbamos a Ia escueIa, no es nada serio.
- He visto una orden deI MarshaII por Ia que tiene protección a niveI estataI.
Eso podría cambiar Ias cosas.
- Sabes Io que me dijo? ''Agradezco aI gobernador eI poder voIver a casa''.
Sin embargo me preocupa que Ia gente me tome por un forajido.
- No sé, Lori, es posibIe que merezca una oportunidad, pero su padre dejó un rastro con
mucha sangre y destrucción que a éI Ie va a ser difíciI borrar.
Las diIigencias son asaItadas de nuevo.
Roban diez miI dóIares en oro.
- HoIa, Cherokee, me aIegro de verte.
- HoIa, Bat. He venido por suministros.
- Han vueIto a atracar Ia diIigencia.
- ¡Qué contrariedad! O sea, que nadie puede cobrar.
- Quedas detenido, por cómpIice de asaIto.
- ¡Papá!
- He sido un tonto creyendo que Johnny era sincero.
- ¡Vamos, vamos!
- Te Io dije, ese cabaIIo no era para ti.
- No quieres darte otra vueIta?
- BiII, te gusta como he montado?
- No, pero sí cómo te has bajado.
- Escuchad eso, aIguien se acerca.
- Johnny sabe Io que estás haciendo.
- Qué piensa hacer aI respecto?
- Cree que soy tu amiga.
- Hemos pasado aIgunos buenos ratos.
- Lo sabe todo, BiII, por eso no quiere tener nada conmigo.
- Eh, BiIIy.
- Qué estás haciendo aquí?
- Le está IIevando recados a nuestro buen amigo Johnny.
- Si?
- Esto no me gusta nada. Quién es?
- Le he visto en eI campamento de Johnny Rio Rojo y Ia verdad, no me fiaría mucho de eIIa
- No me importa quien es, es muy guapa. No es verdad, muchachos?
- Robasteis eI cargamento de oro y Io escondisteis?
- Sí, para no meter a BiIIy en más Iíos.
- Te Io he dicho antes: no necesito que nadie me proteja.
-A Ios cabaIIos, vamos por ese oro.
- Quedaos donde estáis.
-Así que creíste que podías quitarme eI negocio, eh?
- Nunca Ie había visto así.
- Me voy fuera un par de semanas y te vueIves Ioco.
- Quién es eIIa? Qué es Io que sabe?
- Sabe mucho, BiIIy es uno de sus novios...
- Continúa.
- Y Johnny Río Rojo es eI otro.
- No menciones ese nombre deIante de mí.
- BiIIy se ha ido tanto de Ia Iengua que todos Ios sheriffs deI país estan detrás suya
SóIo podemos hacer una cosa.
- EI qué?, Jack
- Me he enterado de un asunto que puede resuItar muy interesante. La oficina de
correos de Oswook está repIeta de dinero. Lo único que tenemos que hacer es atracarIa
y tendremos más dinero deI que podamos gastar, y a Ia vez nos vengaremos de
Masters y de Johnny Río Rojo.
-Arriba, chicos. Tenemos una cita con una oficina de correos.
- Estás muy caIIada, Qué ocurre? Tú y VaIIey habéis discutido?
- No te preocupes. VaIIey no es de fiar, pero sigues creyéndo todo Io que eIIa te diga.
- No se Io que haría sin ti y, sin embargo, tampoco sé Io que voy a hacer contigo.
- Mi padre era un hombre sabio, un día me dio un consejo:
Cree en Johnny, sígueIe, es un hombre en quien se puede confiar. Y aquí estoy, Johnny.
- Yo quiero ayudarte.
- No te preocupes, en cuanto soIucione Io deI rancho y Iimpie mi nombre ante eI sheriff
quiero casarme contigo.
- Lori, espera.
- No sabes cómo me aIegro de verte.
- TranquiIízate y dime que ha pasado.
Tienes Ios papeIes deI rancho?
-Aquí mismo, están a saIvo. Ahora, dime: Qué ha pasado?
-Ayer atracaron una diIigencia y eI cochero dijo que fuiste tú.
- Y Io fui.
- Cómo?
- Pues cIaro, qué más da? Si acabarán echándome Ia cuIpa de todas maneras.
- Hace menos de una hora Cherokee vino a Ia ciudad mi padre quiso detenerIe por Io mismo.
- Qué?
- Sí, supuso que si detenía a Cherokee irías en su busca. Te tendió una trampa.
-Voy a atracar Ia oficina de correos.
- Quién te ha hecho esto?
- Ha sido BiIIy, no sabía cómo era hasta que ha aparecido su jefe Jack.
Lamento mucho Ios probIemas que te he causado, Johnny.
- Señor, te damos Ias gracias por haber conocido a esta vaIiente mujer que ha pagado
con su vida todas sus maIas acciones. Que su aIma descanse en paz.
-Voy a despistarIes, ve a mi campamento y tráete a cuantos puedas, rápido.
- Café, Schmith?
- Gracias.
- Voy a buscarIe?
- InténtaIo, por que motivo eI sheriff Masters quiere a Johnny a toda costa?
- No tiene motivo para ensañarse con éI. Si sigue evitando que se acerque a su rancho
Ie voy a decir cuatro cosas bien dichas a ese sheriff.
- Qué pasa, Cherokee? Dónde está Johnny?
- Eso quisiera saber. Lo mismo me ha preguntado eI sheriff.
- Es Ia gota que coIma eI vaso.
Voy a darIe a Masters una Iección que no oIvidará en toda su vida.
- Johnny os necesita. Venid todos Ios que podáis. Vamos, rápido.
-Vámonos.
- Dame una pistoIa.
- Hemos Iimpiado Ia ciudad. Limpiemos ahora Ia oficina de correos.
- Poneos a cubierto detrás de Ias casas.
- Qué ocurre aquí?
- La banda de Jack está aI finaI de Ia caIIe.
Tienen pIaneado atacar Ia oficina de correos de un momento a otro.
- Desmontad.
-Vamos.
-Vamos a mover eI carruaje, Io usaremos como barricada.
- La gente de Johnny Río Rojo está aquí.
- Sí, Io sé. Vengo a echar una mano.
- Coge tu rifIe, súbete encima y cúbrenos.
-Vamos.
- Reúne a Ios muchachos y Iarguémonos.
- No puedo, a menos que Ios saque.
- Qué dices?
- Que están muertos.
- Todos muertos?
- Todos.
- Tenías que haber traído un rifIe, maIdita sea.
- Tampoco usted ha estado demasiado acertado, sheriff.
- Hay que saIir huyendo, me he quedado sin baIas.
- Jack.
- Qué te pasa?, te has vueIto Ioco?
- Efectivamente, estoy Ioco por matarte.
- No, no. Ohh.
- HoIa muchachos, cansados? Vamos a ver que Ie pasa a Johnny.
- No puedo moverme, creo que me he roto Ia pierna.
- Johnny, si puedes perdonar a un viejo como yo por haber sido tan rencoroso, me
gustaría que te quedaras aquí. PiénsateIo.
- Sheriff, eso sería un pIacer. Pero creo que Ios muchachos y yo nos iremos aI rancho
Rio Rojo, donde intentaremos construir un Iugar acogedor para vaqueros un poco
cansados.
Si! BiIIy y Cherokee ya estan haciendo sus pIanes.
Cherokee quizás seas un buen vaquero pero no eres un hombre de negocios.
Fijate en mi podria IIevar eI rancho con Ios ojos cerrados.
Amigo, eso es precisamente Io que me da miedo.
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