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(Disparos)
(Disparos)
(Disparo)
-Vamos, todos fuera.
(SUSURRA) No se traicione, miss Nelly. Soy el mayor Forsyth.
Deberá detenerse en Paso Wichita.
Trabajará en el salón en espera de noticias nuestras, ¿comprendido?
Esté tranquila. Todo saldrá bien.
-Esta broma le costará cara.
-¿Lo conoce? No.
-Yo creo que sí.
Es el mayor Forsyth.
Recoja sus cosas y considérese a mi disposición, señorita.
Quiero saber quién es usted.
Esos malditos sudistas están por todas partes.
Y nadie sabe dónde se esconden.
(Disparos)
-¿Por qué no nos marchamos? Me están esperando.
Vámonos, aquí no hacemos nada. Todos han muerto.
-Encantado de verlos, señores.
Viendo que no llegaban, comenzaba a sentir ciertos temores.
¿Tuvieron alguna dificultad? -Sí, mi general.
Nos tuvimos que esconder para evitar que nos localizara
un destacamento nordista que vigilaba.
-¿Y usted, mayor? -Perdí tiempo trayendo los cañones.
Tuvimos que hacer prodigios para traer las piezas.
-Bueno, espero que las trajera todas.
Sin los cañones me siento algo nervioso.
Será porque siempre fui oficial de artillería.
Ya estamos todos reunidos con las armas, los carros
y el poco avituallamiento del que disponemos.
Nuestra posición es esta.
Estamos en medio de dos formaciones militares enemigas
situadas de manera que dominan completamente el valle:
el Quinto de Caballería, en el fuerte Worth,
y el Séptimo en el Paso Wichita.
Aquí estamos bien ocultos, en este bosque,
pero es una zona completamente controlada por los nordistas.
Lo que queda de nuestro ejército combate en Virginia
a las órdenes del general Lee,
del que estamos irremediablemente separados.
Quizá otro ejército se habría rendido, nosotros no.
Si hubiésemos pensado en ello alguna vez,
los nordistas, más numerosos que nosotros,
habrían ganado en un mes.
En cambio, si conservamos nuestra moral,
sé que al final perderán ellos.
En fin, volviendo a lo que hablaba,
solo nos queda... -Atravesar la frontera con México,
aliándonos con el emperador para seguir la guerra.
-Exacto, general, exacto.
-Mi general, Maximiliano, aun cuando pudo,
no ayudó al general Lee.
-La situación ha cambiado para él.
Europa está lejos y Juárez lo aísla cada día más.
En América no tiene más amigos que nosotros.
Desgraciadamente, el único camino para llegar a México es este,
entre Paso Wichita y fuerte Worth.
Los nordistas tiene de guarnición
nada menos que el Quinto y el Séptimo de Caballería.
Es casi imposible cruzar sin grandes pérdidas.
-Con un ataque por sorpresa apoyado por la artillería, pasaríamos.
-Eso solamente es una posibilidad, Quantry.
Una cosa sí es cierta,
cuando nos descubran, tendremos tras nosotros
a todas las guarniciones de Texas y estaremos perdidos.
Pretendo llegar a México con un verdadero ejército
y no con un hospital militar,
primera condición para tratar con Maximiliano.
-No lo comprendo, mi general. Usted nos guio hasta aquí.
-Y los llevaré a todos a México,
pero lo haré sin perder ni un solo hombre.
Habrán notado que a espaldas del fuerte Worth
hay una tribu de apaches.
Sabiamente guiados, nos evitarían combatir
contra el Quinto y el Séptimo de Caballería
y destruirían las guarniciones enemigas.
Una vez destrozados los nordistas por los indios,
en una marcha rápida estaríamos en México sin que nos detuvieran.
El primer golpe será aquí, en el poblado, junto al fuerte,
zona protegida por el Quinto de Caballería.
-¿Y quién conducirá a los apaches? -El coronel Bonnet.
-Una designación muy acertada. -Estoy convencido de ello.
Atacando a su poblado, obligaremos al Quinto escuadrón a salir.
-Cierto, así caerá en nuestra trampa.
Destruiremos al Quinto escuadrón y lo sabrán en Paso Wichita.
El Séptimo deberá avanzar desde allí para guarnecer el fuerte.
-Lo destruiremos también, como lo prometió Caballo Salvaje.
El emperador de México sabrá recompensarte.
Estas tierras serán vuestras para siempre
y conseguirás reunir bajo tu mando a todas las tribus apaches.
-Y me proclamarán gran jefe.
Ven conmigo.
Es el mejor fusil que existe
y cada uno de tus guerreros tendrá uno igual. Toma.
-Oh.
Ningún jefe apache ha tenido un fusil como este.
(Disparos)
-¡Escuadrón, adelante!
-Todo se desarrolla como habías previsto.
Hoy conseguiré una gran victoria.
Pero recuerda que debes rodearlos para que nadie consiga escapar.
-No temas. Caballo Salvaje quiere la paz,
pero la paz después de la victoria.
Todas estas tierras que veis serán mías,
y juro que el hombre blanco morirá si entra en ellas.
Señores, reúnan las fuerzas.
Nosotros atacaremos el fuerte.
(GRITO APACHE DE GUERRA)
(Toque de corneta)
(Toque de corneta)
(Toque de corneta)
(Disparos)
(Toque de corneta)
(Disparo)
(Disparo)
(Pasos acercándose)
¿Has dado la alarma al mando? -Sí.
No.
¡Ah!
(Golpes en la puerta)
(Puerta abriéndose) -Adelante.
-El fuerte Worth ha sido atacado por indios.
El telegrafista tuvo tiempo de trasmitir este mensaje.
-Solicitan refuerzos.
Qué raro.
Debe de haber ocurrido allí algo muy grave.
Mejor será enviar al Séptimo de Caballería.
-Pero así, Paso Wichita se quedará desguarnecido.
-No hay alternativa.
Esos indios firman tratados de paz y no los respetan,
pero les daremos una lección.
Diga al coronel Maxfield y al mayor Sam que se presenten inmediatamente
y que el Séptimo se prepare para la marcha.
-A sus órdenes.
(Puerta abriéndose y cerrándose)
-Debo hablar con el coronel Maxfield.
-Adelante.
-El general le ruega que vaya.
-¿Hay novedades?
-El Séptimo marcha en misión de servicio, mi coronel, fuerte Worth.
-Bien.
Tendrá que excusarme, señor, pero nadie me anunció su visita.
Ni el calabozo te malhumora. Sigues igual, ¿eh, Sugar?
Hago lo que puedo. Date prisa, recoge y sal.
Estás en libertad y licenciado.
Al fin vuelvo a ser paisano. Lo serás a las 16:00,
cuando acabe tu compromiso, no antes.
Llegará bastante pronto, no te preocupes.
Una buena partidita, dos muñecas a mi lado...
y las 16:00 llegan volando. No tienes arreglo.
¿No lamentas el grado de capitán que has perdido ni la vida militar?
Bueno, tú perteneces a una familia de militares
y no puedes comprenderme.
Yo llegué a oficial solo porque mi padre, senador,
quería que un hijo suyo fuera al ejército.
Sugar, las pareces debes dejarlas como las encontraste.
Han sido la única compañía que me permitieron.
Pueden quedarse con el que venga.
Está bien.
Jo.
Adiós, mis queridas muñecas.
Encontraré otras mejores, pero ninguna tan bonita,
tan dulce y silenciosa como vosotras.
Por lo visto, nada más importante para ti que las mujeres.
Es lo mejor para quien está solo.
Para ti es diferente, que tienes ideales,
yo se los dejé todos a mi padre, aunque no sé si tuvo alguno.
Y no encontraste otra cosa mejor para divertirte
que te juzgaran en consejo de guerra por insubordinación.
Era una magnífica oportunidad, ¿comprendes?
Degradación de capitán a sargento, un mes de prisión
y a las 16:00 libre de ir donde y con quien quiera
sin pensar qué pie hay que mover primero.
-Mayor Sam, el general quiere verlo urgentemente.
Está bien.
Ahí está, perfecto para el ejército.
Es un excelente oficial. Sí, pero también es un pelmazo.
"Oficial".
Nos veremos antes de que te marches. Adiós.
Te esperaré jugando una partida, y si casualmente encontrara
dos magníficos ejemplares para divertirnos,
te guardaré una.
¿Olvidas que los militares tenemos prohibidas las tabernas?
No se puede hablar contigo, solo tienes virtudes.
Pasarás a la historia como Washington.
Así que no te gustan mis dibujos, te dan asco, ¿verdad?
Si se te presentara una mujercita así, cumplirías mejor con tu deber.
-A la gente como tú tendrían que... Eh, más respeto. Un momento.
¿Ajá?
Hay que olvidarse ya de los grados.
Te voy a echar mucho de menos.
-Seguramente ha sido Caballo Salvaje quien ha atacado,
el más ambicioso de los jefes apaches.
Y probablemente con fuerzas considerables.
Hasta ahora, la proximidad del fuerte
lo disuadía de emprender la guerra. -Sí.
Temo que esta va a ser una grave complicación.
Coronel Maxfield, marchará enseguida al mando del Séptimo.
Llevará al mayor Sam y al teniente Webb.
Aquí basta con pocos hombres.
No hay indios y la guerra está lejos.
Señores, no tengo más que añadir. Buena suerte.
Mayor Sam.
Ustedes pueden retirarse, gracias.
¿Qué hay del ex capitán Patterson?
No era para preguntarle eso para lo que lo retuve.
Quería decirle...
Está bien, sabe que confío plenamente en usted.
Gracias, mi general. -Hasta la vista.
Eh, dame una botella, del mejor.
-Perdone, sargento, pero los militares no pueden entrar aquí.
Siento contradecirlo, buen hombre, pero mis ropas lo han engañado.
-¿Qué quiere decir? Última moda,
del mejor sastre de Boston. Dalton Brine, ¿lo conoce?
Aunque con tal de verlo contento, me cambiaré. Acabó mi servicio.
Bueno, esto ya no parece un uniforme.
¿Está bien así? -Está bien.
Eh, estoy buscando a alguien que sepa jugar.
Que sea bueno, que si no, me aburro mortalmente.
-Yo estoy dispuesto, si nos enseñas tu dinero.
¿Es suficiente?
-Oye, sargento, antes de irte, ¿limpiaste la caja del cuartel?
Es mi paga, ganaba más de capitán.
-A este paso, ¿dónde vas a llegar?
Quizá a gobernador o a senador.
-Con esa cara tan dura que tienes, seguro que lo conseguirás.
Tienes un ojo certero, muchacha, y otras...
Me gustas mucho, el tipo que me va. No te alejes.
Si gano, te compraré...
Un momento. Un anticipo para la hucha.
Siempre que juego hago lo mismo, me trae suerte.
Nelly, si no te acercas a los jugadores, el jefe se enfadará.
Prefiero verlo 100 veces enfadado
que soportar las bromas groseras de esos borrachos.
-Como quieras.
Si tienes alguna hermana que se te parezca,
podemos invitarla también, ¿eh?
-¿Sabes? Quizá funcione tu sistema de la suerte.
Eh, muñeca, ven acá.
Vamos, juega.
-Espera un momento.
Amigo, no serás capaz de pegarle a una señorita, ¿verdad?
Sabía que los oficiales nordistas son unos perfectos caballeros.
Se ha dado cuenta de que no soy como él, ¿eh?
-¿No te basta con haberme desplumado?
-Y no vuelvas más o lo pasarás peor.
-Parece que el sargento Patterson se encuentra por fin a gusto.
¿Olvidan que agredir a un militar se castiga severamente?
-Perdone, mayor, pero él me aseguró que ya no era militar.
Pedazo de embustero, si tenía puesto el uniforme.
-Que no se repita más.
Usted acompáñenos, sargento.
Deprisa, vamos.
Has hecho bien, Sam. Aún estoy en el ejército.
Justo, así que monta a caballo y vente.
Claro. ¿Adónde vamos? Al fuerte Worth.
Lo han atacado los indios. Tu sentido del humor ha mejorado,
pero mi compromiso acaba dentro de tres horas.
Dentro de tres horas podrás ir donde quieras,
pero ahora vendrás, tenemos orden de que el escuadrón salga completo.
Si quieres me río, pero no tienes gracia.
No perdamos tiempo, la misión es urgente.
Quería darle las gracias.
A usted, sargento, por intervenir en mi defensa.
Era mi deber, señorita, y en confianza,
era exactamente el momento justo para abandonar el juego.
Buena suerte, mayor. Gracias.
Señorita.
-Ha perdido el pañuelo, tendrá un castigo.
Con mucho gusto, yo me castigaré.
Pasaré en el calabozo mi última hora de servicio.
¿Quieres no decir más tonterías? Vamos.
Qué asco de reloj, se ha parado. -Todo en orden, señor.
Bien, teniente. ¿Puede decirme la hora?
-Pues exactamente las 15:50. Ya te lo decía yo.
Vaya. "Pues exactamente...".
Tan simpático como de costumbre el joven teniente.
Sería un magnífico oficial si solamente fuese un poco más humano.
Un poco menos ordenancista, Sam, y eso no podrá evitarlo.
Tú dirás lo que quieras, pero de todas formas es un buen oficial.
Sí, puede ser, pero me crispa los nervios.
Cuando era capitán, lo observé durante meses
y jamás se equivoca.
Eso es sencillamente monstruoso, inhumano.
Y ahora se toma la revancha.
Ya no puede. El sol me dice que soy paisano.
Adiós.
Te pido una cosa: dale una paliza a los indios.
Oye, ¿por qué no te quedas? Aquí serás muy útil.
Estás loco, pero tu revólver no falla.
No, mi revólver va a enmohecerse en adelante.
Ah, Sam, en su próxima campaña electoral,
mi padre hablará seguramente de esta empresa mía,
así que proporcióname una buena victoria.
Ahora voy a despedirme del viejo.
Terminó mi servicio, mi coronel.
Con su permiso, abandono el escuadrón.
-Hasta la vista, Patterson, buena suerte.
Gracias, lo mismo le deseo.
Terminó mi servicio, teniente. -Adiós, ex sargento Patterson.
¿Qué te sucede? ¿Es que has olvidado algo?
No, es que no me parecía bien marcharme y dejaros abandonaros
precisamente ahora.
Eres mejor de lo que crees. Lo considero mi deber.
No se hable más de eso. Al contrario,
es muy hermoso lo que has hecho. Sam, por favor, olvídalo.
-Mayor, nos persiguen dos apaches.
Probé a alejarme, pero vinieron tras de mí.
No sé si Patterson se lo dijo.
Lo habrán seguido también a él, supongo.
Bien, teniente, pero no es necesario avisar al coronel.
Basta con no perderlos de vista. -A la orden, mayor.
¿Has visto? Siempre vigilante el tenientillo, ¿eh?
Pero esta vez por fin se ha equivocado.
Estos apaches no son de la tribu de Caballo Salvaje, montan con silla.
¿Estás seguro de lo que dices? Sí.
No suelo equivocarme en estas cosas.
Qué raro.
Es muy extraño.
-Llega el Séptimo de Caballería completo.
Sus previsiones eran acertadas, mi coronel.
Tan acertadas que ya tenía preparado el mensaje.
Daremos la buena noticia a nuestros amigos.
Están impacientes por atravesar el valle.
-Prácticamente el plan puede decirse que está conseguido.
Deberá conseguirse.
Hay que calcular todas las posibilidades de error,
todo lo imprevisto.
Cada día aumenta el peligro de que el enemigo nos descubra.
Coronel, vaya a revisar antes de que entren los soldado.
-Muy bien, mayor.
Vosotros dos, conmigo.
Adelante.
Que le comuniquen al coronel que hay vía libre.
Eh, tú, avisa al coronel. Incluso demasiado libre.
Lo han hecho a conciencia estos indios.
Sí.
Unos indios muy extraños.
-El Séptimo de Caballería ha salido de Paso Wichita
y se dirige al fuerte Worth.
Han caído en la trampa del coronel Bonnet.
-Con su permiso, daré la noticia a los soldados.
Algunos desconfían en la empresa. -Que el plan se mantenga en secreto.
De los hombres no hay preocupación, son veteranos en los que confío.
-Hasta los más valerosos se acostumbran a no combatir.
Queda un obstáculo, derribémoslo nosotros.
-Con batallas inútiles no levantará la moral de los soldados.
-Quizá, pero preferiría que fueran mis soldados los que ganaran,
en vez de una tribu de salvajes.
(Golpes en la puerta)
-Adelante.
Llegamos ahora del pueblo. Ni un solo hombre queda con vida.
El Quinto Escuadrón debe de haber caído en una emboscada.
-¿Se acabarán estas matanzas alguna vez?
Bastan...
Bastan unos meses en el estado mayor para debilitarse como damiselas.
Ha sido una marcha muy fatigosa, señor.
-Atacaremos a los apaches al amanecer. Dé las órdenes.
Con su permiso, propondría que estudiásemos antes la situación.
Es raro que los indios se atrevieran a atacarnos.
-Ha ocurrido otras veces.
Algún jefe indio habrá recordado cuando eran los amos.
La estrategia no es nada común.
-Señores, se darán cuenta enseguida
de que esos acontecimientos nada comunes no son tan raros.
Cumpla la orden, mayor.
¿Piensa que han sido los apaches de Caballo Salvaje?
-No tengo duda, aunque el coronel no está seguro
y conoce a los indios mejor que nadie.
No respetan jamás un tratado.
-Atención, el mayor.
(Puerta abriéndose)
Los artistas, siempre rodeados de mujeres guapas, ¿eh?
Tú dibujas bien, pero nada más.
Sugar, debo hablarte. De mujeres, claro,
porque los asuntos militares no me interesan.
Soy paisano, entérate de una vez. Pues quítate el uniforme
y regresa en camiseta.
Es precisamente lo que haré por la mañana.
Me iré a la ciudad, y no será en camiseta, tengo vergüenza..
Vamos, suelta lo que tengas que decir.
Una investigación en el poblado indio, esta noche.
Oye, he salvado la vida siendo militar,
¿y pretendes que me maten de paisano?
No estás bien de la cabeza. Tienes razón.
Llevaré conmigo al teniente Webb.
Es el tipo perfecto.
Es un buen oficial y muy valiente. Sí.
Y le pagan para jugarse el pellejo.
No se hable más.
¿Las pintarás rubias o morenas?
A estas, pelirrojas.
Cómo me gustaría verte rondar de noche el poblado indio
con ese oficialillo maníaco de la disciplina.
Claro, pero él lo hace para ganarse un nuevo ascenso.
¿Sabes? Mientras esté aquí, ese no asciende a poco que yo pueda.
Si no consigo tragarlo de teniente, figúrate de capitán.
Anda, anda, vamos.
Tú quédate aquí guardándome las espaldas.
De acuerdo, si te ves en peligro,
avísame imitando a la lechuza. ¿Y si te ves tú en peligro?
Haré el canto del cisne.
Esta vez casi me haces reír.
Quítate ese sombrero blanco, vamos.
(Pasos acercándose)
Eh.
¿Quién es ese?
-Mi novio.
Pero no me importa. Sí, ya lo he visto.
(IMITA A UNA LECHUZA)
(IMITA A UNA LECHUZA)
-¿Tú, soldado? Sí.
Es decir, no, no. -¿Buscador?
Sí, exactamente. -De oro.
De oro, de mujeres... De todo.
-Tú novio ahora.
Sí, claro, ahora necesitas uno nuevo.
-¿Cuál es tu nombre? Archibald Timothy Patterson,
para los amigos solo Sugar. -Yo me llamo Amanda.
Bueno, espera aquí y no te muevas. -Pero...
¿Qué, Sam, encontraste lo que buscabas?
Todo ha ido bien. ¿Y tú? También lo encontré.
Un par de indios, uno de ellos con la cabeza rota.
Buen trabajo, amigo.
Creo que podrías llegar a ser un buen militar.
¿Qué fue del otro indio? Gracias, Sam.
Me gustan estas misiones. ¿Cuándo realizaremos otra?
No has contestado a mi pregunta. ¿El otro indio?
Otra cosa, Sugar, no quiero volver a verte cerca del poblado.
Entendido.
No has sido capaz de detenerlo. -Eran dos.
Uno tenía revólver y el otro un martillo.
Si han venido es porque sospechan
y eso podría significar el fracaso de nuestra empresa.
Debes actuar con la astucia y la fuerza de un gran jefe.
Caballo Salvaje es ajeno al ataque.
No tienen cueros cabelludos y solo tienen fusiles antiguos.
La agresión será de tribus lejanas que habrán regresado ya.
-Eso simplifica mucho nuestra tarea.
Como está ahora la situación,
creo que pueden venir a fuerte Worth domadores de caballos.
El ejército necesita cabalgaduras y en esta zona hay grandes manadas.
No hay que perder el tiempo.
-No es momento de solicitar domadores.
Pero... -La situación no está aún asegurada.
Mi coronel... -Yo decidiré
cuándo hay que avisar para que vengan.
Ha dado pruebas de mucho valor esta noche, Patterson.
Si fuera militar, lo propondría para una condecoración.
Pues... no me vendría mal una medalla de oro.
-Se acercan unos indios.
-Traen bandera blanca.
-Jefe de los hombres blancos.
Escucha, jefe de los hombres blancos.
Caballo Salvaje es leal y amigo de los hombres blancos.
Caballo Salvaje trae a los jefes de las tribus
que mataron a tus hermanos y va a hacer justicia ante tus ojos.
Esta es mi justicia.
-Lo reconozco, tenía razón, mayor.
Habría atacado a Caballo Salvaje y me habría equivocado.
Ahora los domadores ya pueden venir.
Mandaremos un mensaje al cuartel general, mi coronel.
Desgraciadamente no podemos utilizar el telégrafo, no funciona.
Si el coronel lo permite, lo llevaré yo.
-Naturalmente. ¿Por qué no, señor Patterson?
Será el último servicio que tendrá el honor de prestarnos.
Muchas gracias. De nada.
Si no nos ayudamos paisanos y militares,
dígame cómo iba a estar mi padre cómodamente sentado en Washington.
-Habrá que sepultar a esos muertos. Encárguese usted, teniente.
Entonces, doctor, ¿su teoría sobre la lealtad de los indios?
-Sigo manteniendo mi opinión,
pero estamos en guerra
y todas las teorías se anulan frente a la muerte.
-Sí, tiene usted razón.
Frente a la muerte.
No lo olvides, Sugar.
Entrégalo al general Sherman en persona.
No te preocupes, Sam.
Esta vez creo que no nos veremos tan pronto.
¿Por qué? Estando aquí todo tranquilo, podréis regresar.
Sugar. ¿Eh?
Buena suerte.
Igual te digo, Sam. Diviértete.
Ah, te he dejado unas chicas
que te recordarán que el ejército no es lo único importante.
-Qué lealtad la de esos indios. No bromean con sus traidores.
Sí, pero a veces tampoco bromean con sus aliados.
Eh.
Ya están aquí.
Y sin sillas.
Pero ¿qué es lo que querrán de mí?
Bien, puedo decirles que mi novia es india, aunque...
Mejor le diré que nos vamos a casar.
Por lo visto quieren jugar.
Bueno, pues si ellos quieren jugar, jugaremos.
-¡xxx!
xxx.
Lo han matado.
Mi hermano era amigo de los blancos.
Caballo Salvaje, asesino.
¿Qué ocurre?
-Caballo Salvaje, asesino. ¿Qué quiere esta mujer?
-Dice que ese indio era su hermano. Echadla,
pertenece a una raza de traidores. -¿Conoces a Sugar?
Está en Paso Wichita. -¿Cómo lo encuentro?
Ve a la taberna, antes o después irá allí.
Busca en la silla.
-Aquí está, mi coronel.
Muy bien.
Como había supuesto. Ponlo otra vez donde lo has encontrado.
Ahora, dejémosle el campo libre para facilitarle la fuga.
¿De acuerdo? -De acuerdo.
(HABLA EN OTRO IDIOMA)
-¡Mensaje urgente para el general!
-El mayor Sam me dice que nos ha prestado un valioso servicio.
Podría volver a su grado de capitán con buena voluntad.
Mi general, he empleado tres años en llegar a sargento desde capitán
con gran esfuerzo, ¿qué pretende? ¿Que empiece de nuevo?
No, ya soy un paisano. Bien, no lo entretengo más.
-El mensaje está en clave.
Que venga Brown y el jefe de caravanas.
-¡Sugar!
Sugar. Oye, ¿de dónde sales tú?
-Ahora eres mi novio y mi hermano.
Novio sí, pero hermano, imposible. Si somos hermanos, se acabó todo.
-No, yo quedar siempre contigo.
Caballo Salvaje llevar mi hermano ante soldados y luego, matarlo.
Tu hermano se lo merecía. Había matado a los colonos.
-No es verdad. Caballo Salvaje matar colonos
como ordenarle hombre blanco.
¿Qué hombre blanco? -Hombre llamado "coronel"
que ordena matar a todos vosotros.
¿Qué dices, Amanda? -La verdad.
Gran hombre blanco muy importante
manda guerreros de Caballo Salvaje y otras tribus.
Debo avisar al general.
-¿Adónde vas? No quiero estar sola. Pues figúrate si a mí me gustará.
La cosa es más grave de lo que parece. Trata de comprenderme.
Soy militar, debo cumplir con mi deber.
Tú eres muy bonita y me apena dejarte.
Nos veremos pronto.
¿Viste a gran hombre blanco? -Sí, muchas veces.
¿Dónde? -En las colinas del fuerte Worth.
¿Te vas con él?
-No, quiero ir a fuerte Worth por mi novio.
Puedes venir en mi carro. Una caravana va hacia allá.
¿Quieres venir? -Sí.
Vamos.
-Alto, paisano, ¿adónde va? Alto. Debo hablar con el general.
Es urgente. -El general no recibe paisanos.
No soy paisano del todo, además soy amigo personal suyo.
-Tengo orden de no dejar pasar a nadie. Váyase.
Te repito que... Oh, estoy perdiendo el tiempo.
-Dije que no podíais venir. Debo acudir a Worth.
Tengo un contrato con un empresario y he de cumplirlo.
-Tengo orden de conducir 20 carros y más no llevo.
Id por vuestra cuenta, pero lejos de mi caravana.
Si los indios os atacan, no contéis con nosotros.
¡Caravana, en marcha!
Si saben que tengo una amiga india, no tendré nada que temer.
Arre.
-Sugar, ¿has venido a ver a tu Amanda?
¿Cómo os atrevéis a viajar solas? No nos admitieron en la caravana
y entonces... Menos mal que termina el viaje.
Habéis corrido grave peligro. ¿No pensasteis que podíais tener
malos encuentros? -Nosotras ir a Worth.
Escóltenos hasta el fuerte, después iremos por nuestra cuenta.
Ate su caballo atrás y suba. Está bien.
Dime, ¿es paisano o militar?
-Un poco sí, un poco no. Yo no entenderlo bien.
¿Paso? -Ah, sí.
No os preocupéis, estoy muy delgado.
Ya está, vamos, arre, jía. (CHASQUEA LA LENGUA)
¿Qué hará en el pueblo, señorita? Soy cantante.
Tengo la esperanza de hacer fortuna.
Dicen que en esa zona abunda el dinero.
Por lo que he visto, abundan las balas y las flechas.
Si trabaja en sitios como ese, no envidio su trabajo.
Usted, ¿en qué trabaja? -Mi novio.
Oh. Es verdad, de profesión: novio.
Dispénseme un momento, por favor.
Estas mujeres...
Todas tienen la misma manía. Solo piensan en ponerse guapas.
¿Lleva baño en el carro?
¿Se está cambiando de vestido? ¿Eh?
So.
Señorita.
(Caballo alejándose)
Vaya, esto sí que es una sorpresa. -Sugar.
Cantante, ¿eh? Ahora vendrás a cantar conmigo.
Déjeme en paz. Ocúpese de sus asuntos.
Estos asuntos son tan míos
que aunque deba volver a ser de nuevo capitán,
quiero averiguarlo todo.
Amanda, nos veremos en el fuerte.
No intente ninguna tontería. Vigílala.
Sam, los colonos van a caer en una trampa mortal.
Caballo Salvaje los asesinará.
Acabo de descubrir que un hombre blanco los manda.
¿Vuelves para decirme eso? ¿No te parece importante?
Lo sabíamos ya.
Soy tan imbécil de recorrer este camino para avisarte.
Maldita sea, ¿no pudiste decírmelo antes de marcharme?
No podía revelarte secretos militares.
Secretos... Ahora eres solo un paisano.
Un momento, hay otra cosa. Esa muchacha, Nelly,
es espía de los indios. ¿Ya lo sabías?
Pero ¿cómo se te ocurre?
Apenas vio el fuerte, me robó el caballo
para fugarse con los indios.
¿Adónde quería huir? A ninguna parte.
Solamente quería dar un paseo. Ah, claro, solamente un paseo.
¿Me llama embustero? Por favor, déjeme ir al pueblo.
Ya irá otro día, señorita.
Ahora, acompáñeme.
¿A esa la llevas siempre contigo? ¿Qué te importa?
Me importa, porque la espía será seguramente ella.
Venga.
-Aquí me tienes, Sugar. Escúchame. ¿Eres una espía?
-Si eso significa que te amo, sí.
Sí, eso significa.
-¿Qué haces, Sugar?
Ya basta. Basta con el Ejército.
Estoy harto de llevar hasta el último botón de este uniforme.
¿Piensa dar un espectáculo en público?
Vámonos.
¿Qué ocurre, mayor? ¿Sigue el interrogatorio?
Sí, terminará cuando nos diga el verdadero motivo
de su viaje a nuestro pueblo. Está bien claro, se lo repito.
Soy cantante de variedades.
Me han ofrecido un contrato muy ventajoso.
Si es cantante, demuéstrelo actuando para mis soldados.
No tengo intención de permanecer aquí.
Permanecerá hasta que yo lo considere necesario.
Conozco oficiales más corteses que usted con las señoras.
No dudo en creérmelo.
Y adivino a qué ejército pertenecen esos oficiales.
Dormirá aquí con su amiga india.
¿Qué quiere decir esto, que estás enamorada de mí?
Oye.
¿Qué haces así?
Ya lo ves, haciendo guardia a la muchacha.
Ponte los pantalones. Ah, nada de eso.
Con su permiso, mayor, me niego a hacerlo.
Soy paisano, ¿lo ha olvidado?
Salga de aquí, es un alojamiento para oficiales.
Como ex capitán, creo que podré quedarme.
Las señoritas no tienen otra habitación donde dormir.
Seguro que se la cederás con mucho gusto.
La verdad, no pensaba... No seas descortés con las damas.
A esa vigílala bien o se escapará. Puedo encargarme yo.
De acuerdo.
Montarás la guarda, pero fuera, naturalmente.
Al menos déjame coger mis cosas.
(Se cierra la puerta)
¿Sabes tocar la guitarra? -Algo.
¿Quieres ayudarme? -Sí.
Ven.
(Guitarra)
-Cuántas mujeres.
-Sí, pobrecillas, no saben la suerte que las espera.
-Todo está preparado según sus órdenes,
aunque personalmente creo que se ha exagerado un poco.
Me refiero a las mujeres.
Está bien.
Sigue tocando.
-Eh, los caballos de la Tercera escuadra, al abrevadero.
(Guitarra)
(Guitarra)
(Guitarra)
¿Por qué se marcha? ¿No le agrada nuestra compañía?
Se lo suplico, déjeme continuar mi camino.
Debe creerme. No represento peligro para usted ni para sus soldados.
Estamos en estado de alarma.
Soy un soldado y cumplo con mi deber.
¿Qué hará con una pobre chica como yo?
Es un caballero y debe ayudarme. Escúcheme bien, señorita.
¿Qué más quisiera yo que ayudarla?
Para hacerlo, antes tiene usted que colaborar conmigo.
¿Por qué no me dice la verdad?
Se la estoy diciendo. Tenga confianza en mí.
No soy ninguna heroína, soy solamente una mujer.
¿De dónde vienes? ¿Quién eres? Basta, no me preguntes más.
Ni tú me pidas que te deja marchar.
Perdóneme, por favor, estoy agotada.
Ya no sé ni lo que hago. A mí me parece lo contrario.
Regrese a su habitación, señorita.
Eh, ¿qué manera de tocar diana es esa?
¿Y las prisioneras?
Siguen den...
¿De dónde ha salido esta?
Eh.
-Hola.
Es más lista de lo que parecía. Estupendo sistema para fugarse.
Lo tendré presente.
Oye... ¿Qué pasa?
¿Lo ves? No he nacido para la vida militar.
Sí, está bien. No hace falta que lo digas, lo sabía ya.
Ni puedes vigilar a una señorita. Es una bailarina...
Es una buena muchacha. ¿Cómo lo sabes? ¿Ha hablado?
No, la he besado. Ah.
Oye.
-Será otra matanza. Por desgracia no tenemos elección.
Siempre es igual en todas las guerras.
O nosotros o ellos. ¿Cuántos son? -Son muchos, casi todo mujeres.
En el fuerte, los soldados; en el pueblo, las mujeres.
Estos nordistas no saben combatir sin tener a las mujeres cerca.
Mejor.
-Los guerreros han dejado las montañas para combatir.
Son todos leales a Caballo Salvaje, porque...
saben que un día dominará todos estos valles.
Estamos aquí para ayudarte
a que seas el jefe apache más grande que jamás haya existido.
Venid y escuchadme.
Actuaremos como la otra vez. Los guerreros, en dos grupos,
El primero, mandado por Caballo Salvaje, atacará el pueblo.
Usted formará en este grupo de vanguardia.
Atacarán al amanecer, pero antes los precederá
un grupo de guerreros a pie que entrará sigilosamente.
Y yo, con el segundo grupo
esperaré a que el escuadrón salga del fuerte
para atacarlo por la espalda.
Usted, teniente Davis, vendrá conmigo.
¿Alguna objeción?
-No, ninguna objeción.
Este plan nos dio la otra vez magníficos resultados.
-Todo hace pensar que también ahora los dará, mi coronel.
De acuerdo.
De acuerdo.
-Mayor, perdóneme, pero voy a dejarlos.
Tengo un compromiso al que no puedo faltar.
-Por favor, coronel, no se fatigue. -Déjeme seguir, se lo ruego.
¿Ha visto la muerte de algún jefe indio?
Poco antes, digamos, del viaje,
las danzas cesan de repente
y se hace un gran silencio,
como ahora.
Esas ideas se le pasarán con descanso.
-Escuche lo que trato de decirle.
Prepárese para asumir el mando, mayor.
¿Cuál es la situación? Los nuevos colonos
se han instalado en el pueblo, pronto comenzarán sus trabajos.
Todo va bien, señor.
-Es el mejor ayudante que he tenido, un perfecto oficial.
Para usted siempre está todo bien.
Qué extraña obligación la nuestra...
Hacemos la guerra, pero ninguno de nosotros encuentra placer en ello.
Como no tenemos más remedio que hacerla,
hemos de procurar que sea... lo más humanitaria posible.
Yo pienso que...
-Diga, mayor, lo escucho. Yo pienso...
-¡Presenten armas!
(Toque de corneta)
-¡Mayor, atacan el pueblo!
(Campana)
¡Quietos! ¡Presenten armas!
¡Que no se mueva nadie!
(Disparos, gritos cercanos)
(Disparos cercanos)
-¡Mayor, van a matarlos a todos!
¡Cada uno en su sitio!
Sé lo que hay que hacer.
(Campana, disparos cercanos)
-Atención, escuadrón, descansen armas.
(Gritos, disparos cercanos)
(Disparos, gritos)
(Disparos, gritos)
El Señor, tu Dios, te librará de la esclavitud,
tendrá misericordia de ti
y te llevará al lugar de donde te había dispersado.
-Malditos indios.
(Numerosos disparos)
-¡Mi sargento, cuidado!
A mí corresponde la venganza.
Tomaré a su tiempo lo que me es debido.
El día del exterminio se aproxima.
El tiempo corre con rapidez, dijo el Señor.
-¡Llegan más indios al pueblo!
Las casas están ardiendo.
Acudiremos cuando llegue el momento.
Repito, sé lo que debo hacer.
(Campana, disparos cercanos)
El Señor nos juzgará,
perdonará nuestros pecados y tendrá misericordia de sus siervos.
¿Por qué no saldrán?
El Señor me ha colmado de bienes;
ha librado a mi alma de la muerte y a mis ojos, de lágrimas.
Amén.
(Gritos, disparos cercanos)
¡Séptimo de Caballería, a caballo!
(Toque de corneta)
Vosotras dos, adentro.
(Toque de corneta)
(Toque de corneta)
(Disparos distantes)
Quédate a proteger a las muchachas.
Que nadie tome la iniciativa.
Atención a mis órdenes.
Escuadrón, ¡adelante!
(Toque de corneta)
(Toque de corneta)
Vamos.
Es demasiado tarde, habrán matado a esa pobre gente.
De capitán pasó a sargento y ahora, a carcelero.
Está visto que no tiene dotes para la vida militar.
¿Qué pretende? Explíquese mejor.
-Su puesto no está aquí, sino con las prisioneras.
Le demostraré algún día para lo que sirvo.
-Ya.
Eh, teniente, fíjese, vienen más indios.
-Ya.
¿Es cuanto sabe decir? ¿Ya?
El Séptimo está en peligro, debemos avisarlos.
Desde donde están no pueden ver nada.
Tenga. -Eso no le interesa a un paisano.
¿No ve que los indios los atacarán por la espalda?
Iré a avisarlos.
-¡Quieto! No va a ninguna parte. No se moverá
si no quiere que le dispare todas las balas.
Ya oyó las órdenes. De acuerdo, teniente.
¡Sam!
¡Sam, los indios!
¡Otro grupo de indios os ataca por la espalda! ¡Sam!
¡A abrirse por las alas!
(Disparos)
(Disparos)
Amanda, debo ir inmediatamente adonde están combatiendo.
Quizá sea esta la última ocasión que tenga.
-¿Para qué?
Para encontrar la persona que busco.
¿Puedes ayudarme?
-Sí.
Rendíos.
(Disparo)
-¡Traidor! Has destruido a toda mi gente.
Mi pueblo ha muerto, ¡maldito!
(Disparo)
Hubiera preferido
morir a sus manos.
Lástima
que hayamos combatido en campos opuestos.
Yo, en cambio, lo quería vivo. Deseaba saber quién era.
Cuando regrese a Paso Wichita,
si encuentra una muchacha rubia,
con cara de ángel, llamada Nelly,
dígale...
que su padre,
el coronel Bonnet,
ha...
-¿Es él?
Pero tú lo conocías.
Desde que éramos pequeños.
Deme el agua.
-¡Sugar!
¡Sugar!
-Había descubierto el truco, también se disfrazó de mujer.
Amanda.
Amanda.
Ven conmigo.
-Sugar, yo quería decirte muchas cosas.
Me las dirás luego, tenemos toda la vida para estar juntos.
-Déjame decirte solo una. Te quiero.
Te quiero.
Y yo también.
Te amo.
Vamos.
Señorita Bonnet.
¿Cómo sabe mi nombre?
Me lo ha dicho su padre.
¿Dónde está?
¿Ha muerto?
Era suyo.
Cálmese.
Es una guerra sin sentido, como todas las guerras.
Estamos destinados a vivir en nuestra época.
Hemos de resignarnos.
Nuestros hijos no comprenderán el porqué de esta destrucción.
Quizá, algún día,
en medio de tanto dolor,
nacerá algo muy grande y eterno
y nuestros sacrificios no habrán sido inútiles.
-Tú...
Tú te vas a marchar.
No lo he decidido todavía,
aunque a veces pienso que el general tenía razón.
Quizá sea preferible que empiece de nuevo,
de sargento a teniente, a capitán y después, ¿quién sabe?
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