All language subtitles for El hombre que mat+¦ a Billy el Ni+¦o 1967 ESP

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Original subtitles

(Música del oeste)

Mirad quién llega.

-El que según este olía a cadáver.

-Bienvenido a Fort Sumner, señor Garrett.

-Esperamos que su estancia en el pueblo sea larga.

El comité de buenas costumbres tiene el proyecto.

-Mira, hijo. Ese es Pat Garrett, un hombre bueno.

Si hubiera muchos como él en Nuevo México,

estas tierras serían un paraíso.

(Música)

-¿Quién es? -Pat Garrett, un tipo muy bragado.

-No esperaba verle por aquí. ¿Qué desea beber?

Nada. Me han dicho que te dieron algo para mí.

Sí. Iba a enviárselo, pero después de aquello

no sabía qué hacer.

(Cajita de música)

-Enhorabuena, amigo.

Fue una una hombrada acabar con ese reptil.

No sé de qué habla. No sea tan modesto.

Usted es Pat Garrett, ¿no? El hombre que mató a Billy el Niño.

Gracias.

Yo solo quería felicitarle.

(Viento)

-Le mató su mejor amigo.

¿Qué le parece?

A mí no me puede ocurrir, no tengo amigos.

¿Quién escribió eso? ¿Lo sabe?

Alguien que conoció bien a Billy el Niño, digo yo.

Puede, pero que no conoce a Pat Garrett.

(Disparos)

(Música)

(Agua)

¿Qué te pasa, Billy?

No has dicho una palabra en todo el camino.

No comprendo por qué quiere usted vender la granja.

Hijo, la oferta del señor Jefferson es excelente.

Y podremos poner el mejor almacén de Silver City.

Ya verás, no sabremos qué hacer con tanto dinero.

Madre, ya soy un hombre y debo ganarlo yo.

Ya lo sé, pero no quiero que te pases la vida detrás de un arado.

Irás al este a estudiar y serás un gran abogado,

como quería tu padre. Déjeme ser vaquero.

A mí lo que me gusta es montar a caballo

y llevar dos buenos revólveres.

En estas tierras sobran armas y faltan leyes, no lo olvides nunca.

¿Es que no vas a bañarte hoy? Anda, date un chapuzón.

(RÍE) ¡So!

No tardes, dentro de una hora estará la cena.

Descuide, madre. ¡Arre!

(Música)

Al fin la encuentro sola, señora Bonney.

Perdone, Madridejos. Tengo prisa.

Yo no tengo ninguna.

Hace tiempo que espero esta ocasión

y no pienso perderla. ¿Qué quiere de mí?

Eres muy hermosa para llevar tanto tiempo viuda.

Necesitas un hombre como yo.

No se va a enterar nadie. ¡Apártese!

No vengas con remilgos.

Sé que te gusto. ¡Canalla!

¡Yo sé cómo domarte!

¡Billy!

¡Billy!

¡Billy!

(Música)

Ah...

Tienes que escapar. ¿Por qué, madre?

Todos me darán la razón.

Menos el hermano de McGregor. No le tengo miedo.

Billy, por favor. Tienes que hacer lo que te digo.

¿Y dónde voy a ir?

Ve a buscar al señor Garrett, él sabrá lo que tenemos que hacer.

¿Y usted, madre?

Iré a explicárselo al sheriff.

Anda, hijo, aquí no podemos seguir.

¡Corre!

(Música)

(Trotes)

¡Billy!

¿Qué hueso se te ha roto?

He matado a Tom McGregor, señor Garrett.

Pero ¿qué dices? Tuve que hacerlo.

¿Por qué? Intentó abusar de mi madre.

¿Tu madre?

¿Cómo está? Bien, fue a hablar con el sheriff.

Entra.

Póntela.

¿Quieres comer algo, Billy? No.

¿Lo sabe ya su hermano? No lo sé.

No debe encontrarte.

Te has metido en un buen lío, muchacho.

¿Por qué, señor Garrett? Era un canalla, tuve que matarle.

No pueden castigarme por eso.

Olvidas que en Silver City la ley la imponen los McGregor.

¿Qué aconseja? Que descanses hasta que regrese.

¿Adónde va? Al poblado.

No quisiera que por mí...

La noche que naciste, tu padre y yo lo celebramos

con una gran borrachera. Él ya no puede ayudarte.

¿Y qué va usted a hacer?

Ver cómo están las cosas y charlar con Peter McGregor.

(Música)

Lo siento, señor McGregor. -¿Le ha detenido ya, sheriff?

-Verá, vino a verme la madre y me dijo que fue por defenderla.

-Le mató por la espalda. -Sí, claro.

Ha huido, pero lo buscaremos.

-Esta corneja no lo atrapará. ¡Déjenos a nosotros, patrón!

-Quiero cazarle yo.

¡McGregor! Lamento mucho lo ocurrido,

pero quiero hacerle una advertencia: el muchacho será juzgado

según la ley, la ley de este Estado. No se meta en esto, Garrett.

Si le mata, se las verá conmigo.

(Música)

Fue horrible.

Ustedes también tienen un hijo, señor juez.

Y en el caso de Billy hubiera hecho lo mismo.

Por Dios, señora Bonney, serénese. Comprendemos su situación.

-Con permiso. -¿Qué hay?

-El señor Garrett quiere verle. -Dígale que...

Perdone, señor juez. Es urgente.

Disculpe, Garrett, pero ahora no puedo atenderle.

Pat, estaba segura de que podía contar con usted.

¿Se encuentra bien Catherine? Sí.

Tranquilícese.

Señor juez, vengo a pedirle que el hijo de la señora Bonney

no sea juzgado en Silver City. ¿Por qué me pide eso?

Porque aquí cualquier jurado sería la voz de Peter McGregor.

Solo el gobernador podría autorizarlo.

Tiene que conseguirlo, señor juez. Va en ello la vida de mi hijo.

Lo intentaremos.

(Relincho)

¡Billy! Billy.

¡Billy!

Billy, ¿dónde te has metido?

(Música)

"Señor Garrett, perdone que me marche así

pero si McGregor no me mata hará que me ahorquen

y usted no podrá evitarlo.

Por favor, proteja a mi madre, que es muy buena, y dígale

que prefiero huir a que me vea colgado de una cuerda".

(Música del oeste)

"Billy. -¡Colgadle! ¡Colgadle!

-Billy, ¡asesino!".

(RESPIRA ASUSTADO)

¿Vas a comprarme algo? No tengo dinero.

Pues sigue tu camino que aquí no se te ha perdido nada.

¿Quiere darme algo de comer? Dar, dar, dar.

¿Crees que llevo esta vida miserable para mantener vagabundos?

Espera.

¿Desde cuándo no has comido? Desde hace tres días.

Come de eso.

¡Pero deja un poco para mí!

¿Adónde vas por estos caminos? Hacia el sur.

Pues sin dinero y con ese apetito no llegarás muy lejos.

Me gustaría ayudarte. ¿Sabes montar a pelo?

Claro. Te compro la silla y los arreos.

¿Cuánto?

El caso es que vale poco.

Para venderlo tendría que quitarle toda esta chatarra.

Te daré cinco dólares.

A mí no me interesa, lo hago solo por ayudarte.

Eso que usted llama chatarra es plata.

Vale más de 100 $. ¿Me llamas ladrón?

La culpa la tengo yo por alimentar a un coyote. ¡Largo!

Gracias por la comida. Apuesto a que lo has robado.

No escarmentaré nunca de hacer favores.

Encima que me arriesgo... Te doy 10 $.

Y un revólver.

¿Para que me dispares por la espalda?

Te daré 12 $.

(Música del oeste)

-Cinco camisas del 45. -Cinco del 45.

-Cuatro del 42. -Cuatro del 42.

¿Qué quieres?

Un revólver y algo de munición. ¿De dónde sales?

En este Estado solo vendemos armas a los hombres.

¿Y qué cree que soy yo? Mira, chico... tengo mucho que hacer.

¿Deseas otra cosa?

Busco trabajo. ¿De pistolero?

No, señor.

¿Cómo le dices eso al muchacho? ¡Espera!

¿De dónde vienes? De muy lejos.

¿De verdad quieres trabajar? Sí, señora.

¿No te estás quejando siempre de no poder atender tú solo negocio?

Pues ya tienes un dependiente.

Lo primero que tienes que hacer es darte un baño

y ponerte una camisa limpia.

-Vamos, decídete ya. -Me quedo con este.

Yo me llevaría el del 45.

¿Y qué ibas a hacer con él? ¿Matar lagartijas?

Se lo digo porque se maneja mejor. Mire.

¿Quién te enseñó a hacerlo? Nadie, es fácil.

Si tú lo dices... Me quedaré con ese.

Son 2 $. Gracias, muchacho.

A usted. Adiós.

Buenos días, señora Patersen. -Hola, muchachos.

-¡Ah! La felicito por el dependiente. -Muchas gracias.

Billy, toda la clientela me habla muy bien de ti.

Estoy satisfecha, eres un gran muchacho.

Se lo agradezco, señora Patersen.

Ah, ¿pero sabes sonreír?

En dos semanas que llevas aquí es la primera vez que lo haces.

Te voy a preguntar una cosa.

Usted dirá.

¿De qué tienes miedo? ¿Por qué dice eso?

Eres muy joven aún para engañarme.

Siempre que se abre la puerta te sobresaltas y algunas noches

te he oído delirar.

No sé de dónde vienes ni por qué llegaste aquí,

pero sabes que te queremos.

¿Por qué no te sinceras conmigo? Así podré ayudarte.

No tengo nada que ocultar.

No quisiera haberte ofendido, Billy. Usted no puede ofenderme.

Me recuerda mucho a mi madre.

(Música)

¿Qué ocurre, Billy? Apártese, van a disparar.

(Música suspense)

Pero... ¿Qué va usted a hacer? ¿No ve que es un muchacho?

¿Quién era?

Tuve que matar a su hermano defendiendo a mi madre.

Habrá que avisar al sheriff. -¿Qué vas a hacer?

Cruzaré la frontera.

Ahora sí que tendrá que vendérmelo.

(Música)

Voy a necesitarlo.

(Música)

¡Catherine!

Hola, Pat. Qué alegría verte.

¿Trae alguna noticia? Creo que sí.

El juez acaba de decirme que han considerado

en legítima defensa la muerte de los McGregor y de su capataz.

¿Quiere decir que Billy puede regresar?

Pues claro, con toda libertad.

Más de un año sin verle.

Es como si me despertara de una pesadilla.

Hace días tuve otra carta suya. Pase, pase. Se la leeré.

Tengo que enterarme de cuándo sale la primera diligencia para El Paso.

Estoy deseando abrazarle. México está muy lejos, Catherine.

Yo se lo traeré.

¿Cuánto tenemos que agradecerle?

Siempre he querido a Billy como a un hijo.

Lo sé, Pat. No me gusta que me hables de eso.

¿No ibas a leerme esa carta?

Esta es.

"Querida madre, no sufra por mí. Sigo bien.

He empezado a ganar dinero". ¡Vaya!

"Estoy con unos amigos transportando ganado".

Ahorita pocas vacas vas a robar, chamaco.

(Relincho)

-Buenos días, patrón.

-Veo que atrapasteis un buen gallito.

-Es de la partida de García. Estaban apartando unas reses,

de las que compró el señor. Los otros escaparon.

-Pues no se me dilaten. -¡Con Dios, patrón!

(Relincho)

-¿Qué van hacer con él?

-¿Pues qué quiere que hagan? Colgarlo.

-Esperen.

¿Cuántos años tienes? 18.

¿Por qué robas ganado? De algo hay que vivir, ¿no?

Por San Jorge que es buena respuesta.

¿Y no has encontrado un oficio menos peligroso?

No. Y también es peligroso morirse de hambre.

El ganado que se llevaba era mío, ¿no?

-Usted lo pagó.

-Pues el cuatrero debe entrar también en el contrato.

-Ah... Ahorita veo que sí. ¿Se lo mando con las vacas?

-No. Este sabe andar solo. ¡Suéltale!

-¡Un momento, Francisco! -¿Qué ocurre?

-Usted se lleva mañana su ganado, pero el mío se queda aquí

y estoy pensando que si suelta a ese chamaco

este volverá a robarme.

-En ese caso, como el cuatrero será suyo lo cuelga y en paz.

-Está bueno.

¡Suéltalo, Francisco!

Bueno, chamaco, le debes la vida al señor Damstahl.

Damstahl.

Usted no es americano, ¿verdad?

No, inglés. Gracias, señor Damstahl.

(Guitarra)

Esta noche

quiero mis recuerdos

en las copas bien llenas ahogar.

Esta noche serán mis canciones

un lamento para no llorar,

pues se cumple un año de aquel día

que en su potro lo vieron partir...

Pues mire por dónde, el Chamaco volvió.

(RÍE) Todos pensábamos que estaba...

Dele al tequila para celebrarlo. Sabe que no bebo.

Pues mal hecho. Vengo a que me dé el dinero.

¿Pues qué dinero? No agarramos ni una sola vaca.

Quiero lo que me debe de otras veces.

No se me amontone. Habrá que terminar la faena. ¿No?

Para mí ha terminado ya. ¿Qué le parece, compadre?

Le tomó miedo al oficio.

(RÍE) No te rajes, Chamaco. Que ahorita viene lo bueno.

-¡Pues claro! Un gringo ha comprado un buen rebaño a don Silverio.

Mañana se lo lleva al norte y nosotros...

De ese ganado no tocará usted ni una sola cabeza.

¿Y quién le dice eso a García? Si quiere se lo repetiré.

Se me agolpó la sangre.

(Grito)

Recuérdalo bien: de ese ganado ni una sola cabeza.

Asunto liquidado. Usted da.

-¿Quién es? -Le llaman el Chamaco.

-¿Chamaco? ¿Qué significa? -Ustedes dicen... Niño.

-Caramba con el Niño.

(Llaman a la puerta)

-¡Señor Billy! ¡Señor Billy!

Pasa.

Señor Billy, abajo hay un gringo que pregunta por usted.

¿Le conoces? Nunca lo he visto.

Dile que suba. Ahorita, señor Billy.

Señor Garrett.

Cómo has cambiado, muchacho.

Eres ya todo un hombre. ¿Y mi madre? ¿Cómo está?

Esperándote. He venido a buscarte.

Yo no puedo volver a Silver City.

Ya no tienes nada que temer, te han declarado inocente.

Siéntese, señor Garrett. Pero ¿qué te pasa, Billy?

¿Es que no te importa lo que te he dicho?

Me importa demasiado.

Pero ha llegado tarde, ya no soy aquel muchacho que conoció.

Ahora me llaman Billy el Niño, un tipo que ha matado

a siete hombres y que ya no se puede quitar estas armas.

Siete hombres. Pero ¿qué dices? ¿Es que te has vuelto loco?

Sí, pregunte.

Pregunte a cualquiera.

Todos me conocen y me temen.

¿Conque te has convertido en un pistolero?

Llámelo como quiera.

Al principio busqué trabajo

y lo pasé como pude, pero en estas tierras

solo puede vivir sin humillarse el que dispara antes.

Y ahora, señor Garrett, no creo en otra ley que en la de mis armas

que nunca fallan.

Has emprendido un camino que tiene mal final.

No sé qué se puede hacer,

pero recuerda que tu madre te espera.

Lo sé, pero ¿no se da cuenta de que es tarde para eso?

¿Y qué voy a decirle? Cualquier cosa.

Que estoy ganando mucho dinero y que iré pronto.

Ella quería que fuese abogado, un defensor de la ley.

¿Se da cuenta?

Si vuelvo a Silver City, antes o después,

alguien vendrá a buscarme y tendré que matarle delante de ella.

No quiero que conozca a Billy el Niño.

Una vez fuiste a refugiarte a mi cabaña.

Si algún día te pesan demasiado esas armas y me vuelves a necesitar

envíame esto.

Me la regaló tu padre.

(Cajita de música)

(Música del oeste y disparos)

¡Alto el fuego!

-Mi teniente, si cruzamos el río ya es nuestro.

-Aquí termina México. A enemigo que huye, puente de plata.

Lo que hace falta es que no vuelva, ya nos dio bastante guerra

Billy el Niño.

(RÍE)

(Música)

¡Quieto! No intentes nada. ¡Levanta las manos!

Pero ¡si es Billy el Niño!

Baja ese rifle, Horns. Que acabas de nacer.

¡Marc Travers!

(RÍEN)

¿Qué haces por aquí? Creía que seguías en México.

Hasta hace unos días.

El ejército la tomó conmigo y tuve que cruzar la frontera.

Te veo muy acompañado. Son buenos chicos.

Aquel es Morris, un viejo compañero.

Rex, Heredia y Horns, buen tirador. Hola.

Huelo a carne asada.

No hay nada como una costilla de vaca tejana.

¿Te acuerdas cuando nos comimos un puma en México?

-De manera que tú eres Billy el Niño.

Oye, ¿es verdad todo lo que cuentan de ti?

¿Y qué cuentan?

He oído decir por ahí que has matado a nueve hombres.

No es cierto. Eso mismo pensaba yo.

Hasta ahora son 11.

(RÍEN)

-¡Oye, Marc! Me parece que a Murphy le gustaría que el Niño

viniera con nosotros. -Claro que vendrá.

¿Quién es ese Murphy?

Un ganadero de Lincoln que domina aquella región.

Hombre influyente, pero le ha salido un competidor y nos ha contratado

para que de vez en cuando saquemos los revólveres.

Así se enterará Damstahl de quién es el que manda.

¿Qué has dicho? Su rival.

Un inglés que por lo visto tiene ideas románticas

sobre el negocio de ganado.

Será un trabajo bien pagado y fácil.

Eso nunca se sabe. Adiós, Marc.

¿Es que no vienes con nosotros? ¿Eh, Billy?

Nos veremos en Lincoln. Adiós, muchachos.

Adiós.

No me gusta este Niño, Marc.

-Ni a mí, pero no quisiera tenerle de enemigo.

Ah, gracias por el asado.

Buenos días. ¿Voy bien por aquí al rancho del señor Damstahl?

Este jovencito pregunta por el rancho del inglés.

Tú conoces el camino. ¿Verdad, John? -Claro.

Tendrás que seguir el curso del río.

¡Eh, muchacho! Que no me has entendido.

Te dije que había que remontar el río.

¡Forastero!

Vas a tener que perdonarme, chico.

Pero ahora me parece que tendrás que vadear el río.

¿Está seguro? Viene muy crecido.

(RÍE) Uy, le asusta mojarse.

Pues no te vas a librar de un baño.

¿A qué vas al rancho del inglés?

(RÍE) ¿Es que ha puesto un orfelinato?

-Habéis conseguido que se enfade. -¡Qué miedo! Si lleva dos revólveres.

-No se te vayan a disparar y te hagan pupa.

(RÍEN)

-Bueno, ¿te metes en el agua o te metemos nosotros?

Estoy pensando

cuál de vosotros se va a bañar el primero.

Me parece que los cuatro a la vez. ¿Y cómo piensas convencernos?

Si al contar cinco no estáis todos metidos en el agua

empezaré a disparar.

Uno.

Dos. Que no queremos matarte, mocoso.

Tres.

Cuatro. ¡Cinco!

(Música)

Buenas tardes.

Señor Damstahl. ¿Sí?

¿No se acuerda de mí?

El caso es... ¿Dónde nos hemos visto?

Iban a ponerme una soga al cuello y usted lo impidió.

Cierto. Supongo que habrás cambiado de oficio.

Vivo como puedo, hago un poco de todo.

¿Qué le parece, hija? Por lo menos es sincero.

¿Y qué haces por estas tierras? He venido a protegerle.

Por San Jorge que no he entendido bien.

¿Has dicho a protegerme? Sí, le va a hacer mucha falta.

¿Por qué dice eso?

Un tal Murphy está contratando a pistoleros

para hacer la guerra a su padre.

¿Ves? Tenía yo razón. Ese hombre es capaz de todo.

Solo quiere intimidarme.

Le agradezco el aviso, pero no emplearé la violencia.

Como quiera.

De todas formas me gustaría trabajar para usted.

Acéptale, papá.

Ya lo has oído. Coge tu caballo. Sí, señor.

Debes tomar precauciones, ni siquiera llevas un revolver.

Eres demasiado confiado.

Helen, con las armas no se arregla nada.

Déjame hacer las cosas a mi modo. Acércate, muchacho.

¿Cómo te llamas?

William Bonney, pero me conocen por Billy el Niño.

Extraordinario nombre, chaval. Y sobre todo adecuado.

Oye, ¿y cómo pensabas protegerme? Sé manejar las armas.

Eso está bien, pero lo importante para mí es que seas un buen vaquero.

Allí está Paut, mi capataz. Preséntate a él.

Hasta la vista. Adiós, Billy.

(Música del oeste)

Abre la boca.

Vamos, condenada.

¿Puedo saber qué estás haciendo? Lo que usted me mandó.

Darle esta medicina. Pero se le echa en el agua, hombre.

¿O es que no has andado nunca con vacas?

Bastante, pero no en estas cosas.

Anda, vete a arreglar el techo del granero si es que sabes hacerlo.

Por un alambre de espino, parte leña,

cura al ternero... Ya no sabe qué mandarme.

No te enfades con Paut, es un buen hombre.

Si no me enfado.

Tienes razón, lo malo es que acabará despidiéndome.

Espero que no.

Me temo que pronto más que buenos vaqueros

nos van a hacer falta... ¿Pistoleros como yo?

Dígalo, no me ofende.

Aunque mi padre me lo oculte sé que los hombres de Murphy

nos están acosando.

Rompen las cercas, nos roban el ganado y el otro día golpearon

a un vaquero nuestro en el pueblo.

Pero él sigue intentando arreglarlo por las buenas.

No conoce a esa gente.

Te equivocas, está asustado.

Nunca se ha separado de mí y ahora quiere que me vaya

con unos parientes que tenemos en Fort Sumner.

Billy, no sé porqué pero confía en ti.

Tengo miedo.

Dijiste que venías a protegerle, hazlo.

Pensaba hacerlo de todos modos. Ahora con mayor motivo, descuide.

(Música)

Hola Marc. Hola Billy.

Whisky.

Me han dicho que trabajas para el inglés.

Sí. Ya te dije que nos veríamos en Lincoln.

Lo recuerdo, pero pensé que íbamos a estar en el mismo bando,

como en México.

Los tiempos cambian, ya sabes. Claro.

Oye, he hecho una apuesta.

¿Mataste a cuatro hombres en la orilla del río?

Ganaste la apuesta.

Era gente de Murphy.

Lo suponía.

A propósito, quisiera que hablases con él.

¿Sobre qué?

Dile que le conviene dejar en paz a Damstahl.

Procura convencerle.

¿Y por qué voy hacerlo?

No me gustaría disparar sobre ti. Adiós.

Hasta la vista, Billy.

-¡Vaya! De manera que nuestro flemático inglés

ha enseñado los dientes.

-Le voy a dar un consejo, señor Murphy.

Si quiere acabar con su rival habrá que dejar las escaramuzas

y empezar a actuar en serio.

-Os pago para que le obliguéis a marcharse,

pero ya sabes que no quiero muertes. -Tendrá que haberlas.

Estando Billy el Niño metido en el juego es inútil

andar con contemplaciones.

Él mismo me dijo que mató a sus aguadores.

-Ni aún así.

No me interesa provocar una guerra abierta que llame la atención

de las autoridades.

A ver si se te ocurre algo mejor.

-¿No tiene usted al sheriff de su parte?

Pues con una sola muerte bastaría.

(Música)

(Cajita de música)

Déjame oírlo.

(Cajita de música)

¡Qué bonita música!

Me recuerda a Inglaterra.

De niña me llevaban a un parque donde había un viejo que tocaba

algo parecido.

A mí me recuerda a mi madre. ¿Murió?

No, pero hace mucho que no la veo.

¿Qué haces aquí a estas horas?

Prefiero pasar la noche a la intemperie.

¿Crees que esa gente seria capaz de asesinar a mi padre mientras duerme?

Me gustaría que lo intentaran. Pero no se inquiete, no vendrán.

Sabía que podía confiar en ti. No olvide que viene a protegerle.

Le aprecias mucho, ¿verdad?

Solo conozco a otro hombre como él.

Ninguno de los dos necesita revolver para que le respeten.

Tú también eres diferente a todos los muchachos que he tratado.

Siempre te veo solo y...

todavía no has bajado a Lincoln a divertirte como los demás.

Prefiero estar aquí, cerca... de ustedes.

También me gusta que estés con nosotros.

Desde que llegaste tengo la sensación

de que nos hemos conocido siempre.

A mí me pasa lo mismo contigo.

Es tarde, hasta mañana.

(Música)

Su padre ha recibido una carta de Murphy citándole en Lincoln

y se ha marchado solo. ¿Cómo no ha ido con él?

Me prohibió hacerlo, ya le conoce.

Cree que al fin se van a arreglar las cosas y no quería demostrar

desconfianza. ¿Y Billy?

Le mandó a arreglar la cerca del abrevadero.

Yo creo que lo hizo para que no le siguiera.

¿Cuando salió mi padre? Hará casi una hora.

Coja unos hombres y alcáncele antes de que llegue a Lincoln.

Estoy deseando ir, señorita.

Pero no me atrevo a desobedecer la orden que me dio.

¡Jía! ¡Jía!

¡Señorita Helen! ¡Señorita Helen!

(Música)

¿Ocurre algo, Helen?

Mi padre se ha ido solo a Lincoln. Creo le han tendido una emboscada.

¿Por qué piensas eso? Porque le ha citado Murphy.

(Música del oeste)

(Relincho)

(Continúa la música)

(Trotes)

(Música)

(Trotes)

¿Qué queréis, muchachos?

Voy a Lincoln, a ver a Murphy.

(Música)

¿No me habéis oído? Me está esperando vuestro jefe.

(Disparos)

(Trotes)

Marc, Rex, Heredia, Horns, Morris.

(Música)

Señor de los cielos, de la Tierra y de todo lo creado,

escucha la voz de tus humildes siervos y acoge en tu seno

para la eternidad el alma de este hombre. Que así sea.

(Viento)

Helen, quizá no sea este el momento, pero voy a marcharme

y quiero que lo sepas. Ahora te necesito más que nunca.

Paut sabrá cuidar de ti.

Los asesinos de tu padre han de pagarlo

y no quiero mezclarte en lo que voy hacer.

No, Billy. Mi padre tenía razón, la violencia es horrible.

No nos queda otro camino, señorita. Murphy acabará con todos

si no se le da una buena elección. Pero no irás solo, muchacho.

(Cantos gregorianos)

Sigan, ahora vuelvo. ¿Dónde vas?

He visto a un amigo.

¡Ábreme! ¡Ábreme!

(Llaman a la puerta)

¡Soy yo! ¡Que está aquí Billy! ¡Abre!

¡Heredia!

¿Quién ha disparado?

-Es usted es quien debe averiguarlo, sheriff.

-¿A qué viene esto? ¿Qué queréis de mí?

-Venimos a exigirle que detenga a Jackson Murphy

por el asesinato del señor Damstahl.

-Necesitaré pruebas.

-Las pruebas las daremos al juez. No nos fiamos de usted, Miller.

Va a retenerle ahora mismo.

-El señor Murphy marchó ayer a Santa Fe.

-Déjese de trucos.

También va a detener a los cinco pistoleros que dispararon.

Aquí están sus nombres. Tache a Heredio.

Quedan cuatro. Andando.

-Pero estoy solo.

Por eso no se preocupe, le acompañaremos nosotros.

¡Vamos!

-Oiga, Paut. Yo no... -¡Siga!

(Música)

¡Cuidado!

(GRITA) ¡Ah!

-¡Deja! Ya va Ramírez.

-Gracias, hermano.

-Estos son cosa mía. -Cúbreme.

(Disparos)

(Música)

¡Horns, Rex!

¡No disparéis! ¡Nos rendimos!

-¡Vamos! ¡Reunirlos a la puerta del Saloon!

¡Todos al Saloon!

(Disparo)

(Relincho)

-¡No, Billy! ¡No tires! ¿No ves que estoy desarmado?

También Damstahl iba desarmado.

Yo no disparé. Te lo juro, Billy.

Coge tu revólver.

No puedo moverme. Debo tener una costilla rota.

Yo te lo daré.

(Música)

Cobarde.

Camina.

Bueno, Billy, ya arrejuntamos el rebaño.

-¿Qué hacemos con ellos?

¿Y Marc Travers?

Has tenido suerte. Fue a Santa Fe a ver a Murphy.

¡Podéis marcharos!

Adviérteles que pienso matarles donde les encuentre.

No quisiera estar en el pellejo de esos dos.

¿Viste cómo dispara?

-Ahorita sé porque en México temían tanto al revólver de Billy el Niño.

-A partir de hoy no va a ser solamente en México.

(Música melancólica)

(Música)

He contado cinco hombres muertos.

Asesinaron a Paut y nos defendimos.

No puedo más. ¿Dónde va a llegar todo esto?

No lo sé.

Pero aquí no estás segura, tienes que irte.

¡Eso voy a hacer!

¡Le vendré el rancho a Murphy por lo que quiera darme!

¡No quiero más sangre!

¡No puedes dejar que pisoteen la tumba de tu padre

y la de esos hombres!

¿Y cómo puedo evitarlo?

Yo lo defenderé. Tú ve a Fort Sumner con tus tíos.

No, Billy.

Mi obligación es seguir aquí.

(Música)

Eres una chica valiente.

(Continúa la música)

(Relincho)

¡Alto! ¿Qué desean?

-Queremos ver al coronel, es urgente. -Pasen.

(Trotes)

-Muy grave debe de haber sido lo de Lincoln para que el general

me envíe esta orden por medio de ustedes.

-Entraron en el poblado como una jauría de cheyennes.

Asesinaron al sheriff a traición y al intentar mis vaqueros defenderle

les acribillaron sin piedad matando nueve de ellos.

-Ha sido una masacre que quedará en historia de Nuevo México.

-Mañana mandaré fuerzas para capturarlos.

-Tendrá que actuar con dureza. -Obedecen a un jovenzuelo sanguinario

quien para adueñarse del rancho New Gals

mató a su patrón, el señor Damstahl,

un digno caballero íntimo amigo mío. -¿Quién es ese hombre?

-Un tal Bonney a quién llaman el Niño.

-Será juzgado por un consejo de guerra.

(Música)

(Gritos)

(GRITAN)

(Relincho)

-Ahorita vamos por más caballos. ¿Y las vacas?

Las hemos resultado en la babada grande como tú dijiste.

¡Daros prisa! Seguro.

¿Qué diría mi padre si viera todo esto?

Su rancho convertido en una fortaleza.

Hubiera hecho lo mismo, no lo dudes. ¡Billy!

¡Billy! ¡Billy!

Un escuadrón de soldados viene hacia el rancho.

Les acompaña un paisano. Juraría que es Marc Travers.

Seguro. Esperábamos a los hombres

de Murphy y ha conseguido echarnos el Ejército encima.

No le hace. ¿Qué os parece?

Pues que no nos cazarán como a guajolotes.

Tendrá una recibida bien sabrosona.

¡Detenlos, Billy! No podéis disparar contra el Ejercito.

(Trompetas)

¡Alto!

Tu mismo dijiste que esperabas a los hombres de Murphy,

pero no a los soldados. ¿Qué vas a hacer?

Depende de lo que hagan ellos.

(Relincho)

Helen, entra en la casa.

No los provoques, hazlo por mí.

Como ve piensan defenderse. -Toca despliegue.

(Trompeta)

¡Trote ligero!

(Música de trompetas)

(Relinchos)

(Continúa la música)

¡Prevengan armas!

¡Desmonten!

-¿A qué espera para dar la orden de fuego?

(Trotes)

-Tengo orden de apresar a Billy el Niño como responsable

de los sucesos de Lincoln. Los demás serán juzgados

con benevolencia, les doy mi palabra de honor.

Piénsenlo, todavía están a tiempo.

Si dentro de cinco minutos no se han rendido

daré la orden de ataque.

(Relincho)

-Bonito discurso.

Apuesto a que se lo dictó Murphy.

-Hacen falta muchos azules para que un vaquero del sur

traicione a un amigo. ¿Disparamos, Billy?

Hay que saber perder.

¡No moveros! ¡Voy a entregarme!

¡Billy! ¡Billy! ¡No lo hagas!

Helen, interviniendo el Ejercito Murphy no podrá hacerte ningún daño.

¡Pero conseguirá que te ahorquen!

Quizá.

Pero no puedo consentir que mueran estos hombres por defenderme.

¿No crees? Pero yo...

Pero yo no puedo perderte. Te quiero, Billy.

¡Te quiero! No quiero que te vayas.

No llores.

Tengo tiempo aún.

Tendrá que exterminarlos como a coyotes rabiosos.

No sé a qué vienen tantas contemplaciones.

-Está usted despertando mi interés por conocer a fondo su intervención

en este asunto. -¡Teniente! ¡Nos rendimos!

¡No disparen!

-¡Ándale, caballos! ¡Ándale!

-Ahí se le escapa Billy el Niño. -¡A los caballos!

-¡Vamos, a los caballos! ¡Deprisa!

(Música)

-Agrupe a los pistoleros.

¡Vamos! ¡Al galope!

(Continúa la música)

Ramírez. Pues ¿qué hubo?

En tu tierra oí decir que caminante que se duerme en el desierto

es carne de buitre.

Ramírez no duerme aunque cierre los ojos.

-Ramírez, ¿no decías que encontraríamos agua?

Y tan sabrosa que parece tequila.

¿Seguro que no te has perdido? Pues claro que no.

Esta noche llegaremos a Omaha, allí hay buenas chamacas.

Pero hace falta plata y no tenemos. Tendrás oro.

Todo el ganado de Nuevo México será nuestro.

No hay más que cogerlo.

Pues mira que soy torpe que no había caído en eso.

¡Vamos! Tenemos que salir de aquí.

(Música del oeste)

Ah, ¿viene usted de Lincoln? ¿Qué tal por allí?

-Todavía se sigue hablando de la matanza que hizo Billy el Niño.

Han pregonado su cabeza.

(Música)

-Esto nos podría sacar de apuros, Maxwell.

-No seré yo quien se gane esos dólares.

Dicen que ese Niño es el mismo diablo.

(Música del oeste)

-¡Acabará arruinándonos!

La última vez se me llevó 400 reses. -A mí me ha robado más de 1000.

-Sheriff, si no es capaz de prenderle quítese esa estrella.

-Tendrían que quitársela todos los sheriffs de Nuevo México.

Nunca he tropezado con un tipo tan escurridizo.

Cuando parece que se lo ha tragado la tierra

vuelve a dar otro golpe.

(RÍEN)

-¡Es Billy, el Niño!

(Música)

(RÍEN)

-¡Alto! Se les llama para contar el trabajo.

-Nadie se atreve a enfrentarse con él,

dicen que nunca ha fallado un disparo...

-¡Qué horror! Bueno, ya sabéis que en Lincoln consiguió burlar

a todo un escuadrón del Ejército.

-Ah...Un hombre así necesitaba yo.

-¡Lewis!

-¡Han matado al sheriff! ¡Vámonos!

(RÍEN)

Valiente grupo de vigilancia.

Son incapaces de matar a una mosca. ¿Eh, Ramírez?

(Música)

(Viento)

No quisiera que te disgustaras, Billy.

Tengo algunos dólares y... voy a dejar esto.

Ya. Has empezado a tener miedo.

Pues... Siempre he deseado montar un negocio.

¿Y tú? ¿Qué vas hacer? Me gusta ser cuatrero.

Entiérrale. No quiero ver como le cubre la tierra.

Adiós.

(Música)

Péguele así el traguito a la tequila.

Bueno, eso es.

(RÍEN)

(Trotes)

(Música)

-Tiene razón la prensa.

La anarquía y el terror reinan en el Estado

y ahora el nuevo gobernador pretende arreglarlo con una amnistía.

-Pues a mí me parece una buena idea.

Si los bandidos entregan sus armas y se comprometen a...

-¡No seas ingenua!

Todo Nuevo México está plagado de forajidos que nunca acatarán la ley.

¿Crees que tipos como Billy el Niño iban a respetar un pacto?

¡Hay que ahorcarlos a todos!

¿Qué te pasa? ¿Por qué no comes?

No me encuentro bien. Discúlpeme, tío.

Buenas noches. Que descanses, hija.

¿No convendría llamar al médico?

-Lo que convendría es que te fijaras en lo que dices.

Has hecho mal en nombrar a ese hombre.

-No sé porqué. Sigo pensando que es el responsable

de lo que pasó en el rancho de tu hermano.

¿Qué puede importarle ella?

-Ay, Peter. Que poco conoces a las mujeres.

(Llaman a la ventana)

¿Quién es? Abre. Soy Billy.

Déjame entrar. No temas, no me ha visto nadie.

¿Te persiguen? No.

Creía que no te habías vuelto a acordar de mí.

He cabalgado dos días para llegar. ¿Por qué lo has hecho?

No sé, quería estar contigo. Preferiría que no hubieras venido.

¿Por qué? Todo el mundo habla de ti.

Cuentan cosas horribles.

Aquel día dijiste que me querías. ¿Ya no sientes lo mismo?

(Música)

Sí, Billy. Helen, yo...

Entiendo poco de mujeres.

Las he apartado de mi vida, pero...

no sé qué me pasa contigo.

(Continúa la música)

Billy, prométeme que no volverás a disparar contra otro hombre.

Lucho por mi vida.

Ahora, con el nuevo gobernador todo puede ser diferente.

¿La amnistía? Es un truco para cazarnos.

El general Wallace es un hombre de honor.

Cumplirá su promesa. No creo que nadie perdone a nadie.

El Gobierno le ha nombrado para pacificar el territorio

sin que haya nuevas luchas.

¿No te das cuenta de que él es el primer interesado en conseguirlo?

Una vez te pedí que escaparas para salvar tu vida,

ahora te suplico que no destroces la mía.

(Música)

Hablando con franqueza, señor gobernador.

Creo que aplicar una amnistía general,

sin estudiar antes cada caso, puede ser un error.

Hay hombres en Nuevo México que deben ser eliminados.

-Tengo órdenes precisas del presidente Halles

de impedir que corra más sangre.

Si excluyéramos a los pistoleros más significados no conseguiríamos nada.

-Sí, sí. Es un punto de vista, pero hay cosas que...

(Llaman a la puerta)

-Disculpe, señor gobernador. -¿Qué ocurre, Travers?

-Billy el Niño acaba de entrar en el pueblo.

Viene hacia aquí.

-Tiene que impedírselo. ¡Juró asesinarme!

-Cálmese, señor Murphy. Le mandé llamar yo.

He venido a Lincoln exclusivamente para conseguir que ustedes dos

terminen su guerra particular.

Perdone que me haya tomado la libertad de utilizar su casa.

-Yo no me niego a esa entrevista, señor gobernador,

pero llame a su escolta. -Retraído ninguna escolta.

Solamente un ordenanza que está en la puerta.

Recuerde que he venido aquí en misión de paz.

-Veo que no sabe quién es Billy el Niño.

Es capaz de disparar por cualquier frase que le moleste.

-Todavía llevo mi revólver, señor Murphy.

-Que no utilizará salvo caso extremo.

Pasa.

¿Es usted el general Wallace? Y tú ya veo que eres Billy el Niño.

Si llego a saber que estaban aquí estas dos ratas no hubiera venido.

Ya, ya estoy enterado de que no son amigos.

Por eso les reuní. ¿Te hace mucha falta mi ordenanza?

Perdone, es que no acostumbro a dejar gente armada a mi espalda.

Me sorprendió, mi general. -Está bien, cabo. Puede retirarse.

Ahora tenemos que hablar, muchacho. Pero usted y yo solos.

Si estos no se marchan, me parece que tendré que matarlos aquí mismo.

¡No te aguanto más! -Quietos.

Al primero que se atreva a sacar un arma mandaré fusilarlo.

-Ya le dije que no podríamos entendernos.

-Déjennos solos, por favor.

-Va usted a correr un riesgo inútil. No le dirá más que mentiras.

-Veo que te tienen mucho miedo por aquí.

¿Usted no? ¿Yo? ¿Por qué?

Anda, hombre, siéntate.

Mira, voy a hablarte con entera sinceridad

aunque tengo de ti las peores referencias.

Tuve una gran satisfacción cuando me dijeron que querías verme.

Oiga, gobernador.

No sé qué le habrán dicho esos, pero nunca en mi vida

mate a un hombre por gusto.

Siempre tuve alguna razón. Así lo suponía,

pero únicamente si entregas tus armas y prometes portarte como un hombre

de bien olvidaré tus delitos.

He venido a verle dispuesto a no salirme más de la ley

y hasta a olvidar mi promesa de matar a esos dos,

pero las armas no las entregaré.

Esa condición es la primera que tendrás que aceptar.

¿Sabe lo qué habría ocurrido si vengo desarmado?

No estaría ahora aquí.

Travers al verme me hubiera llenado de plomo.

A partir de hoy, ni él ni nadie volverá a llevar armas

en el Estado de Nuevo México.

Su intención es buena, gobernador. Pero no lo conseguirá, lo siento.

Había pensado cambiar de vida. Medítalo bien.

¡No quiero que me cazen como a una alimaña!

Te advierto de todo aquel que rechace esta amnistía

será perseguido a muerte.

Usted tiene su razón y yo la mía. Gracias, señor.

Espera, muchacho.

Conozco tu historia y voy a hacerte una reflexión.

Piensa en las veces que tu madre habrá pedido a Dios

que tuvieras una oportunidad como la que se te ofrece.

Le contestaré.

(Graznido)

(Relincho)

Baja del caballo, Niño. Tenemos que arreglar una cuenta.

No quiero matarte, Travers. Habías jurado hacerlo, ¿no?

Sí, pero ahora quiero vivir dentro de la ley.

¿No será que me tienes miedo? ¿A ti?

Solo sabes asesinar por la espalda, como hiciste con Damstahl.

Si fuera así te hubiera acribillado desde una roca,

pero quiero acabar contigo cara a cara.

Marc, voy a acogerme a la amnistía. No me perdones la vida.

Siempre te has creído superior a mí y voy a demostrarte

que estás equivocado. Ya me he cansado de oír hablar de ti.

Quítate de en medio. No. Ha llegado tu final, Billy.

¡Saca!

Adiós, Marc. Has venido a matarme.

Lo sé. Le debes la vida al gobernador.

Aún me queda una mano.

(Música)

-¿No es ese el hijo de la señora Bonney?

-Virgen de Guadalupe.

(Cantos gregorianos)

-Te digo que ha tocado raya. Míralo. -Vamos, nenas. ¡Venga, venga!

-¿Qué pasa, mamá? -Vamos.

Buenos días. William Bonney.

-¡Jesús!

Hola, señor Harvin. ¿Cómo está su hijo?

Bien. Muchas gracias. Salúdele de mi parte.

(Música)

Madre. ¡Madre!

¡Madre! ¡Madre! ¡No hace falta dar esos golpes!

¿Qué quieres? ¿Quién es usted?

¿Qué hace en esta casa? ¡Madre!

¡Estoy aquí! ¿Se puede saber a quién busca?

Soy el hijo de la señora Bonney. ¿Dónde está?

Verá, yo compré la casa. ¿Dónde está mi madre?

Hace... Hace unos meses que murió.

(Música del oeste)

Whisky. Sí, sí.

(Música del oeste)

¿Qué haces, chico? ¡Se acabó!

¡Espere!

A ella no le hubiera gustado verte así.

¿De qué murió?

Sufrió demasiado. Por tu culpa.

¿Y qué podía hacer yo? En el fondo solo eres un cobarde.

Si todo el valor que has empleado para usar esos revólveres

lo hubieras tenido para prescindir de ellos

a estas horas tu madre ahora viviría.

Cada vez que llegaba hasta aquí la fama de tus hazañas

de pistolero bravucón... la pena iba consumiendo su vida.

Solo por ser usted le he dejado terminar.

Adiós Garrett. ¡Espera!

No quiero seguir escuchándole. Pues tendrás que hacerlo, Billy.

Ahora está hablándote el sheriff de Silver City.

¡Déjeme salir!

Sé que puedes matarme, Billy.

Pero acepté esta estrella para que no volviera a repetirse

en el pueblo una historia como la tuya.

Ahora, me guste o no, hago respetar la ley.

¿Y qué pretende? ¿Detenerme?

Si me obligas tendré que intentarlo, pero no es ese mi propósito.

Te dejaré ir si me das tu palabra de no seguir manchando el nombre

de tu madre.

¿Por qué cree que he vuelto a Silver City?

(Música)

Iba a hacerle a ella esa misma promesa.

(Continúa la música)

Ya me pesa

demasiado.

Como usted dijo.

Quiero acogerme a la amnistía.

Gracias, Billy.

Vamos a mi oficina.

Oiga, sheriff. ¿Quién me va a pagar los destrozos?

Lo siento.

Gracias.

-¿Qué espera para desarmarlo, sheriff?

-Se ha acogido a la amnistía. Ya es un ciudadano como nosotros.

-¡Ha matado a más de 20 hombres! ¡No pueden perdonarlo!

Ten calma. Recuerda lo que acabas de prometerme.

¡Es la vergüenza de Silver City! -¡Asesino!

-¡Hay que colgarlo! -¡Aquí está la soga!

-¡Cuatrero! -¡Solo sabe disparar a traición!

-¡Acabemos ya con él!

A este hombre le protege la ley. ¡Despejad la calle!

¡No le defienda, sheriff!

Es un criminal que ha matado a su propia madre.

Ya lo ha visto, Garrett. Cada hombre tiene su destino.

(Música del oeste)

¿Por qué?

Les juro que este será el último crimen de Billy y el Niño.

¿Cómo has podido hacerlo?

¿Cómo has podido hacerlo, Billy? Yo no quise matar a nadie.

Disparé contra una voz que me traspasaba el cerebro

como un hierro al rojo. Lo has estropeado todo.

Ahora que teníamos la felicidad en las manos...

La encontraremos. ¡Lejos de aquí! No, Billy.

Siempre viviría con la angustia de que en cualquier momento

volverías a disparar sobre alguien. Nos iremos.

Allí no necesitaré hacerlo, nadie me conoce.

Pero tenemos que marcharnos, ahora mismo.

Pero yo no puedo irme así.

Creí que me querías de verdad.

Y te quiero con toda mi alma, pero dame tiempo.

En cuanto amanezca cientos de jinetes me perseguirán como lobos.

Si nos vamos ahora, saldremos de noche del Estado

y no me encontrarán. Sí. Voy a recoger algunas cosas.

Déjalo. Puedes despertar a tus tíos. Se han marchado a Santa Fe.

Pasa. Puede verte alguien. Aún tengo algo que hacer.

No debes arriesgarte.

No te preocupes, date prisa. Volveré enseguida.

(Música)

(Relincho)

(Continúa la música)

Avisa a tu amo.

Yo tengo mucho trabajo. De la vuelta.

Ve a hacer lo que te digo. Dile que está aquí un amigo suyo.

Espere.

(Cajita de música)

Billy, ¿qué haces en Fort Sumner? ¿Cómo te has atrevido?

Necesito que me hagas un favor. Lo que quieras.

Pero entra, hablaremos en mi cuarto. No puedo perder tiempo.

¿Conoces a Pat Garrett? He oído hablar de él.

Es el sheriff de Silver City.

Toma. Dale esto y dile de mi parte que Billy el Niño muerto.

Dile que se lo manda su amigo William Bonney.

Lo haré, Billy. Gracias.

Me alegro de que te vaya bien. Suerte.

(Música)

Espera. Voy por los caballos.

Estoy aquí, Billy. ¡Quieto!

Es Pat Garrett.

Debí suponerlo.

Alza los brazos y no me obligues a disparar.

Garrett. Jamás he suplicado nadie.

Pero se lo ruego, déjeme marchar.

Le juro que la historia de Billy el Niño ha terminado.

Seguirías disparando y matando. Es superior a ti.

Eso no es cierto, señor Garrett. ¡Vamos a empezar una nueva vida!

¡Tiene usted que creerle!

No puedo. Por el amor de Dios, ¡déjenos ir!

No se arrepentirá, Garrett.

Nos marcharemos tan lejos que no volverá a oír mi nombre.

(Música)

Vaya usted a buscar los caballos.

¡Espera, Billy! Todavía tengo algo que hablar contigo.

Acércate.

Antes de nada tira esas armas. Sí, Pat.

(Cantos gregorianos)

(GRITA) ¡Ah!

¿Cómo ha sido capaz de matarle? Solo confiaba en usted.

Se equivoca. Le mató su destino.

(Cantos gregorianos)

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