All language subtitles for Ercole e la regina di Lidia, 1958, espa+-ol

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Han llegado.

�No! �No!

HERCULES Y LA REINA DE LIDIA

�Alzad los remos!

�Fondead ahora!

Esta es el Attica, la tierra fabulosa de Atenas.

�Qu� le reservan sus riberas y sus bosques a H�rcules?

Parti� solo y regresa con Iole, la mujer con la que se ha casado.

En su viaje a Tebas, les acompa�ar� Ulises,

que el padre ha confiado a H�rcules para que complete su educaci�n.

Es dif�cil separarse de los amigos

cuando se ha vivido con ellos dos a�os compartiendo peligros y esperanzas.

Es triste pensar que aquella nave no ser� m�s que un recuerdo.

Como ser�n un recuerdo Tifi, el remero,

Laertes, el inquieto soberano de Itaca,

y Argos, el constructor de la nave.

Llevas a Tebas la flor m�s bella de Iolco.

La �nica que ha logrado ponerme cadenas.

Como si te dieran miedo mis cadenas.

Adi�s, H�rcules.

La marea est� bajando

y si las rocas ya ara�an la quilla...

D� la verdad.......

Eres muy joven, pero yo lo conf�o a ti sobre todo

como a una segunda madre.

Ulises es terco. Se cree ya maduro como un hombre.

-�Has o�do? Tienes que andar derecho. -Si haces caso a los viejos...

-Eh, �qu� es eso? -Perd�name, los hombres de cierta edad.

�Oyes c�mo contesta a su padre?

�Y esto?

Si necesitas comunicarme algo, s�rvete de uno de ellos.

Escribe, ata el mensaje a una pata y d�jalo en libertad.

Pero si son mis palomos.

Claro , los que regal� a Pen�lope cuando fue a Samos.

Esos mismos. Regresaron a Itaca.

Una ma�ana los encontramos de nuevo en su palomar.

Cuando los hombres descubran que estas aves saben viajar mejor que nosotros

las noticias correr�n de una tierra a otra con la velocidad del viento.

Siempre habr� la duda de si es mejor comerse los palomos.

Adi�s, H�rcules.

Te lo conf�o a ti.

Antes se lo has confiado a Iole.

Elige, ella o yo.

No empecemos a discutir por eso. Ay�dame, Ulises.

Un momento.

La lira de Orfeo.

-�Para m�? -�Con esas manos quieres tocar la lira?

Para tu mujer.

Es magn�fica.

-Abr�zale de mi parte. -S�, Iole.

Adi�s, hijo. Atiende las ense�anzas de H�rcules y puede que alg�n d�a...

Adi�s, padre.

En marcha o acabaremos tambi�n llorando.

-Adi�s, Iole. -Adi�s.

Ma�ana ver�is lo que es Tebas.

Una ciudad con siete puertas.

Cuatro a septentri�n, dos a levante y una frente al sur.

-Un rey sabio que se llama Edipo. -Con dos hijos varones.

Eteocles y Polinices. Grandes murallas, casas espaciosas y ricas.

El estadio, la gran plaza, una ciudad, en suma ba�ada por el rio e iluminada por el sol.

�De qu� os reis? No sab�is nada.

No sab�is lo que es una verdadera ciudad.

Mas cuando llegu�is a Tebas, bastar�n los modales de la gente para asombraros.

Ah� tienes a tus tebanos. Buena gente. Modales exquisitos.

Son argivios. �Qu� hacen aqu� en la Attica?

�Por qu� te preocupa?

Porque son violentos.

No hacen m�s que guerrear y viven del saqueo.

Pero al mando iba un tebano. Lo he reconocido por la armadura.

Entonces d�jamelo a m�.

La ceremonia que se ha celebrado en la nave de Argos se llama matrimonio.

Ahora tienes mujer y nuevos deberes.

Muy bien, Ulises. Ense�a a tu maestro.

Ahora comprendo. Os hab�is aliado contra m�.

Est� bien. Trabaja t�. Yo a dormir.

�Qu� sue�o!

Contigo

Yo querr�a quedarme

Yo querr�a so�ar

Por toda la eternidad

El amor eres t�

Permanece a mi lado

En mi camino

En mi destino

Querr�a

Escuchar de ti

La palabra Amor

Durante toda la eternidad

Yo vivo de ti

De este verdadero amor

Que nos unir�

Por la eternidad

Yo vivo de ti

De este verdadero amor

Que nos unir�

Para la eternidad

Para la eternidad

Deteneos, extranjeros.

Este valle es m�o.

Y todos saben que no se pasa por mi camino sin pagar un peaje.

S�, soy yo, el hijo de Gea, diosa de la tierra para vuestro gobierno.

Quiero saber si ten�is oro y qu� llevais en el carro.

Los caballos, claro est�, los desengancho y me los llevo.

H�rcules. H�rcules.

Ah, estoy durmiendo.

T�, baja del carro y ay�dame a desenganchar los caballos.

�No te da verg�enza atacar a una mujer y a un muchacho?

�Por qu�? Mejor, es menos cansado.

-Baja de ah�. -�Y si me opongo?

�Ah, s�? Ya est�.

H�rcules, �qu� esperas?

Tengo un sue�o que no me deja abrir los ojos.

�Con qui�n est�s hablando?

-Con mi marido. -�D�nde est� ese marido?

No quiere levantarse.

�No quiere levantarse? Yo le despertar�.

He visto a muchos hombres que, por cobard�a, fing�an dormir.

Bastar�a que lograras hacerle salir.

Arriba, amigo. Dale un vistazo a tu mujer y, si quieres, un �ltimo beso.

-Cambia de due�o. -�Es cierto?

S�, me la quedo yo. Me gusta. Es tierna como una paloma.

-�Y ella qu� piensa de eso? -Se alegrar� de cambiar de hombre.

Si es as�....

Pero, H�rcules...

�H�rcules!

Te lo he dicho. Los maridos en mi presencia, se vuelven corderos.

Vamos, vamos, empiezo a cansarme.

Yo tambi�n.

Es un farsante. No es el hijo de Gea.

Adelante. En marcha.

Tienes la piel dura, �eh?

Vamos, Iole.

Quiz� sea cierto.

Aunque fuese Plut�n, le voy a quitar las ganas de reir.

Cuidado, H�rcules. Es en verdad Anteo, el hijo de Gea, la diosa de la tierra

y cada vez que toca el suelo recobra la fuerza.

�Es as�? Entonces cambiar� de sistema.

�Su�ltame! �D�jame en tierra! �D�jame en el suelo! �Maldito extranjero!

�Su�ltame, por lo dioses! �Ponme en el suelo!

Vete, vete. Pero alg�n d�a pasar�s de nuevo por mi valle.

Ahora nos detendremos, Iole. All�, en aquel bosque.

�Crees que podremos descansar?

Conozco bien el bosque de Colones.

Es tan solitario y tranquilo que muchos dicen que en �l se oculta la puerta del Averno.

Pues hay alguien.

Qu� extra�o. Es la primera vez que encuentro gente en este lugar.

-Me mojo. -Entonces corre.

Alto. �D�nde vas?

D�jala tranquila. �Has venido a hacernos compa��a? �C�mo te llamas?

Alguien te lo dir�. Tranquilo.

Mira como ara�a. Espera que te seco yo.

Mirad. Es H�rcules.

No, Polinices.

Silencio.

...quieres llevarme contigo solo porque el or�culo ha predicho

que ser� afortunado quien conserve mis tesoros.

T� me has echado de mi reino y es esta tierra la que me ha dado asilo.

En ella morir�.

Aqu� es donde el Averno me acoger�.

-Edipo. -�Qui�n pronuncia mi nombre?

Yo conozco esa voz.

Hace revivir en mi memoria un tiempo mejor.

Y mis ojos, que han perdido la luz, es como si volvieran a ver.

Al fin, la voz de un amigo.

-Siempre fuiste mi s�bdito fiel, H�rcules. -�Por qu� est�s aqu�, mi rey?

T� eres Polinices.

Has abandonado Tebas.

Llega siempre la edad en que hay que renunciar al trono.

Y aunque no haya llegado, son los hijos quienes te lo imponen.

Polinices, que ahora est� ante m� derramando l�grimas,

juzg� oportuno advertirme que era hora de retirarme.

�l y su hermano Eteocles hab�an convenido repartir el poder entre los dos.

Un a�o Eteocles y un a�o Polinices.

Comenz� Eteocles, pero al t�rmino de su a�o, rechaz� al hermano.

�Qu� haces aqu�? �Qu� deseas de tu padre?

Su perd�n.

�Mi complicidad.!

Ahora intenta quitar a Eteocles ese maldito trono

con la ayuda del suegro, el rey de los argivios.

Tu ciudad se convertir� en campo de una lucha entre hermanos.

�Qu� importa que Tebas sea destruida,

que mueran cientos de hombres y mujeres, porque uno de estos dos ambiciosos

contin�e reinando?

Esc�chame, Polinices. Te conozco desde ni�o y siento respeto por tu padre,

de lo contrario, reclamar�a justicia para Tebas,

Pero hay otra soluci�n. Ir� a ver a Eteocles

y tratar� de convencerle de que respete vuestro pacto.

Muy noble lo que intentas hacer, H�rcules,

pero no servir� de nada.

Tebas es mi ciudad. Hay que esforzarse por salvarla.

Y si no lo consigo y triunfa la locura de los hombres,

tendr� que convencerme de que yo, H�rcules, soy el m�s loco de todos.

Ahora, responde, Polinices.

Est� bien. Ve a ver a Eteocles.

Te doy seis d�as de tiempo para que me hagas saber lo que has logrado.

Transcurridos los seis d�as, marcharemos sobre Tebas.

Espera.

Desp�dete de tu padre.

Adi�s, padre.

Hubieras deseado un hijo como H�rcules, pero nos has merecido a nosotros.

Es la hora Edipo. Las puertas del Averno se abren para ti.

No, H�rcules. No se puede entrar.

Nadie puede molestarle. Nadie. Ni por los motivos m�s graves.

No se le puede hablar de nada cuando est� en la torre.

�Quieres escucharme, s� o no?

Piensa que te he advertido.

T� lo ignoras porque hace mucho tiempo que faltas de aqu�, pero debes creerme.

La guardia. �Ves como no se puede pasar?

Debes creer que tienes algo muy importante que decirme, cuando has llegado hasta aqu�.

Es importante, y adem�s, es urgente.

No molestes a los tigres.

Hoy est�n nerviosos.

Vengo de parte de tu hermano.

Polinices.

Con que placer le ver�a ah� abajo, en el lugar de ese hombre.

Hablaremos m�s tarde. Ahora mira.

Es in�til. No encuentro a nadie capaz.

T�, tal vez. �Por qu� no pruebas?

He prometido un gran premio a quien consiga domar uno.

sin dejarse matar.

-�No te tienta? -No estoy aqu� para eso.

Ah, s�, mi hermano.

�Qu� quiere de m�?

Quiere que le cedas el trono, como hab�ais convenido

o marchar� sobre Tebas con el ejercito argivio.

�Y qu� es lo que debo hacer, seg�n t�?

�Irme de aqu� y regresar la pr�xima primavera?

S�, si ese es el pacto.

�Qui�n es esa muchacha?

Iole, hija de Pelias y mi mujer.

Has elegido bien. La hija del rey de Iolco.

Empiezas a aprender lo que significa ser un rey, de una forma u otra.

No temo el ataque de mi hermano.

Ni el de todas las tropas de la Arg�nida.

Pero me gusta la idea de hacer un viaje,

y buscar un buen domador para mis tigres.

Dicen que en Egipto hay domadores muy valerosos.

Luego tendr� que buscar un aliado.

para recuperar el trono cuando mi hermano intente gastarme mi misma broma.

�Salve, H�rcules!

�Salve, Iole!

�Salve, Creonte!

Siempre la misma expresi�n de reproche.

No me mires as�. No lo merezco.

-Hay una luz extra�a en sus ojos. -No debe ser el hombre m�s sabio del mundo.

Y esas carcajadas absurdas e imprevistas, como escalofr�os.

Tu mujer tiene raz�n, H�rcules.

�Has visto c�mo se ha decidido por lo que le has propuesto?

�Lo crees sinceramente?

Eteocles sabe que es la �nica soluci�n que hay.

Adem�s, �no has o�do?

Busca un domador.

Y lo necesita. Ese era el �ltimo.

�Y esa gente?

Son prisioneros. Y si intentaran huir tendr�an el mismo final que el domador.

Despertada por el ruido, la madre acudi� y lo encontr� aqu�

mientras estrujaba serpientes.

�Y cu�ntos a�os ten�a?

Siete u ocho, pero si haces caso de las habladur�as

parece que H�rcules llevaba todav�a pa�ales.

No consigo imaginar a H�rcules de ni�o.

Un hombre as� ten�a que haber nacido ya grande.

No puedes dejar de hacer tu comentario.

Perd�nala, Iole. Mi hija habla siempre m�s de lo que deber�a.

Pero, es tan simp�tica. Nos haremos compa��a.

Cu�ntame m�s de H�rcules y las serpientes.

Llegaron del jard�n.

S�, es verdad. El campo est� lleno de v�boras y serpientes.

y no s�lo el campo. Alguien dijo que fue una venganza.

-Si H�rcules hubiese muerto.... -Mi madre habr�a muerto con �l.

Fue su nodriza.

Deber�is quererme como �l. Lo necesitar� tanto.

Ser� una ausencia breve.

Me da miedo que emprendas este viaje.

Es por la salvaci�n de mi ciudad.

Bienvenido a mi casa, Eteocles.

�Va contigo tu mujer?

No, me acompa�ar� Ulises.

�Ulises? No s� qui�n es.

Ulises, hijo de Laertes, el rey de Itaca.

Un rey sin ej�rcito. No me interesa.

Toma.

Esto es para Polinices. Como ver�s he aceptado todo.

Soy hombre razonable.

No me gusta este lugar.

A m�, en cambio, s�. Tengo hambre.

Yo tambi�n.

No falles el tiro.

-Y recuerda... -La distancia, la fuerza del viento,

la velocidad del fais�n, en suma, el punto de encuentro de la flecha y el blanco.

Muy bien. Entretanto preparar� el fuego.

No vengas con las manos vac�as.

Ulises, eres grande.

�Eh, aqu�! �Learco! �Belifertes!

�Iole!

�Qu� tienes, H�rcules?

Iole.

-�D�nde est�s, Iole? -H�rcules, �qu� te sucede?

�Iole!

Es su voz.

�No la oyes?

No oigo nada.

�H�rcules, m�rame, soy Ulises!

�H�rcules, esc�chame!

�H�rcules!

�H�rcules!

�Qui�n eres?

�Qui�n eres?

�Contesta!

En mi vida he visto tanta prudencia. Un solo criado, necio y mudo.

�T�!

�Qu� esperas?

�Levanta!

S�.

Tienes raz�n.

Mejor matarle ahora mismo.

�A�n dudas que es verdad? He estado a punto de gritar yo por �l.

Onfalia.

Han llegado.

Sandone est� aqu�, reina.

No me dejes Onfalia, no me dejes.

H�rcules de Tebas, reina.

Es su siervo. Un pobre sordomudo.

Onfalia, te lo ruego, esc�chame.

Llevadle de aqu�.

�No, Onfalia! �En nombre de nuestro amor!

�S�lvame, Onfalia!

�Perd�n!

�Piedad!

Deseo saber una cosa.

Puedes preguntarme.

�Qu� me ha sucedido? No me acuerdo de nada.

No recuerdo siquiera quien soy.

�Y es importante?

No lo s�. No s� ni eso.

�Conoces a ese muchacho?

No.

�Seguro?

No le he visto nunca.

Si�ntate aqu� conmigo.

�Qui�n era?

Tu siervo.

�Mi siervo?

S�.

Te juro por los Dioses que...

�Quieres hacerme creer que tampoco recuerdas que...

que eres el rey de esta tierra y ...y mi esposo.

No s�, no me acuerdo de nada, pero te creo.

Adem�s, me agrada la idea de ser rey.

A prop�sito... �c�mo me llamo?

�Qu� importancia tiene un nombre?

Ninguna, pero para poder responderte...

Para m� tu nombre es Amor.

Empieza a gustarme este lugar.

�Y yo?

�T�? Lo que m�s.

Mira, Iole.

Estaba en el fondo del arca.

Qui�n sabe por qu� la ha conservado H�rcules.

Rompiendo esa cadena fue c�mo me conquist�.

S�lo han pasado unos meses

y me parece toda una vida.

Te ama. Eres afortunada.

Creo que el hombre que me esposar�

no rompera ni siquiera una hoja de yeso para conseguirme.

�Quieres callarte?

�Por qu� no regresa?

Apenas han pasado tres d�as.

Pueden haberle retenido para redactar una respuesta definitiva.

S�, s�, ten�is raz�n, todo es l�gico.

Pero siento una angustia, una agitaci�n.

Si no llega hoy, ma�ana partir� yo tambi�n.

Saldr� a su encuentro hacia la Arg�lida.

Vamos. Es hora de trabajar. �T�!

Mira,

he descubierto algo maravilloso.

Antes, no s�, pero ahora no tengo duda.

Durante el d�a duermo y de noche estoy despierto.

De otro modo, se pierde todo lo bello de la vida.

�Preparadas?

Ah, s�. La noche se ha hecho para amar.

No s� por qu� le digo todas estas cosas a un sordo.

Bueno, basta. Tengo hambre.

A esto se llama vivir.

Despertar as�, sin nada que hacer y sin ninguna preocupaci�n.

�Qu� es eso?

�No lo habr�s hecho a prop�sito?

Perdona... H�rcules.

�Qu� has dicho?

H�r-cu-les.

�H�rcules? �Y qui�n es H�rcules?

Iole.

No comprendo lo que dices.

S�, Iole, tu mujer, Eteocles, Polinices, el mensaje, el peligro de la guerra contra Tebas.

D�blalo. Antes lo hac�as sin esfuerzo.

Bienvenida, reina.

-�Has dormido bien? -Estupendamente.

He so�ado contigo.

Me siento halagada.

Pero de cara eras muy diferente.

-�M�s bella? -No. Distinta.

Eras rubia y m�s dulce.

As� que en sue�os empiezas a traicionarme.

Imagina que un d�a despert�semos con un rostro diferente

y con otro destino.

Soy feliz y no quiero pensar en cosas tristes.

Yo te amo y todo lo dem�s no me importa.

�Pen�lope!

�Ven, Pen�lope!

�Ya voy, Anticlea. Ya voy!

Mira, Anticlea. �No es preciosa?

Est� toda la voz del mar.

Los mercantes fenicios se van.

Esa gente que no puede quedarse quieta en un sitio.

�Han tra�do cosas bellas?

Como tu concha.

Telas rojas, jarrones, perfumes. Inluso hay pinturas egipcias.

�Lo comprar�a todo!

Eh, peque�a. El dinero cuenta incluso para un rey.

�Qu� ha sucedido? �Por qu� ha salido corriendo?

Mira. es uno de los palomos que me regal� Ulises.

Lo reconozco. Gris con manchas negras.

�Ser� una se�al de los Dioses?

Tal vez una se�al de Ulises, de tu hijo.

�Es el mismo? �Est�s segura, Pen�lope?

S�, s�, no he visto otro palomo igual.

-�Es �l? -S�.

�Qu� sucede?

Debo partir enseguida hacia Lidia.

-�Un mensaje de Ulises? -S�, me necesita.

-�Qu� ha escrito? -Nada, pero necesita de su padre.

-�Y vas a partir s�lo? -En compa��a de varios amigos.

Un acto de fuerza pondr�a en peligro a Ulises y H�rcules.

Ten�is que mantener en secreto mi partida.

Nadie debe conocer el motivo.

Quedad tranquilas.

Te devolver� a ti el hijo y a ti el enamorado.

Os lo prometo.

�Qu� poco tiempo ha pasado Laertes conmigo!

Siempre por una causa justa,

pero siempre viajando.

Lejos.

Y Ulises es tan inquieto como su padre.

Si te desposa, no le tendr�s nunca en casa.

Lo s�.

Pero se ve que es ese mi destino.

Le amo.

No podr�a vivir sin �l.

Volver�, ya lo ver�s.

Laertes lo traer� de vuelta.

Sin duda habr� de ser una mujer extraordinaria.

Gracias, amigo.

Que los Dioses nos ayuden,

que los Dioses nos acompa�en

por el gran afecto

que todos profesamos a Ulises, a H�rcules, a Iole.

Ni siquiera de la propia madre se puede uno fiar.

Mira a tu H�rcules.

Apenas ha podido, me ha traicionado por Polinices.

No debes decirlo con tanta seguridad. �Qu� pruebas tienes?

Las noticias de mis informadores.

He visto con mis ojos

la concentraci�n de las tropas argivias.

Yo he hablado con los soldados.

Esperan impacientes el momento de apoderarse del tesoro

y de las mujeres de Tebas.

Ah� acampar�n los argivios.

Ah� estar� la tienda de Polinices.

All� las gentes que quieren expulsarme de Tebas

con la ayuda de H�rcules.

De haber abrigado esa intenci�n habr�a llevado con �l a Iole.

A veces un hombre se complace en librarse al mismo tiempo

de la propia mujer y del propio enemigo.

�H�rcules no!

Sabe que Iole podr�a ser reh�n.

Y lo es. Desde luego.

Hay otra sorpresa para ti. Gran sabio.

Adem�s de las espadas de los argivios.

�Sabes d�nde la han detenido?

En la puerta de Atenea Onca.

Cuando intentaba salir de Tebas para reunirse con su marido.

�Es cierto?

�Te ha llamado H�rcules?

No, no he sabido nada de �l.

Te dije que pensaba salir a su encuentro.

Tiene que haberle sucedido algo.

Te lo ruego. D�jame ir a la Arg�lida.

No puedo vivir as�.

Ser�a muy c�modo para los dos, �eh?

Reunidos bajo una tienda del campamento de Polinices.

-�Qu� dices? No comprendo. -Ella no tiene culpa, Eteocles.

Y tampoco H�rcules. Tal vez, si permites que se re�na con �l...

�Me crees tan torpe y necio?

�Crees verdaderamente que cuatro palabras pueden hacerme perder la raz�n?

Llevadla de aqu�.

Es injusto. Inhumano.

Y como a ella, arrestad a todos los tebanos sospechosos de amistad con Polinices.

�Arrestadlos!

Y con ellos a sus familiares, y a sus siervos.

�Arrestadlos!

A todos aquellos que pretendan ser sensatos

en el nombre de H�rcules y de mi hermano.

Creonte el primero.

Despierta. El sol est� alto. Es hora de trabajar.

Aligera, que tu amo est� esper�ndote para el masaje.

Es la segunda vez que derramas mi copa.

Es mejor para ti, H�rcules.

�Insistes? �Por qu� te obstinas en llamarme H�rcules?

H�rcules. Me parece un nombre conocido.

Recordar�s, tranquil�zate.

-�El qu�? -Ser�a muy largo explicarlo ahora.

No bebas otra agua que no sea esa.

Recobrar�s fuerza y memoria y podremos huir juntos.

�Huir? �T� no eres de aqu�?

Me llamo Ulises. T� y yo somos muy amigos.

Nos han tra�do con enga�o.

Y si no encontramos el medio para huir...

Lo que he visto aqu� es terrible.

S�, durante el d�a no se ocupan de m�.

Es en el ocaso cuando �track! me encierran.

Ayer estuve dando vueltas para encontra el modo de salir.

Cuando, sin esperarlo, fui a dar a otra gruta.

Los egipcios sois �nicos.

Tal vez alg�n d�a encontr�is el modo de conservar la vida.

La vida est� hecha de recuerdos, de sentimientos.

Es maravilloso esto que hac�is.

Fijando para siempre la belleza de un rostro,

con su mirada, su sonrisa, la expresi�n.

Ver�s lo que haremos con H�rcules.

El temblor y el fr�o se apoderaron de m� durante todo el d�a.

-�Y yo he de creerte? -No lo pretendo.

Preguntar� a Onfalia y si has mentido...

Onfalia no puede sino negar.

Si has decidido cont�rselo, m�tame ahora mismo.

Prefiero morir a tus manos, si es mi destino.

Si en verdad lo deseas, no te hablar� nunca m�s de H�rcules ni de Onfalia.

�D�jame! �D�jame!

�Marchaos!

�Ya hab�is o�do!

Nadie ha osado dar �rdenes en mi presencia.

Desde ahora tendr�s que acostumbrarte.

Has doblegado mi voluntad.

No s� si es amor lo que siento por ti

pero no tengo fuerzas para defenderme.

As� debe ser.

-�Qu� es eso? -Alguien ha desembarcado en la isla.

Reina, forasteros te esperan.

De Itaca ha llegado Laertes con un peque�o s�quito.

Dice que estar� pocos d�as. Quiere presentarte sus respetos.

Dile que se vaya por donde ha venido. No queremos visitas.

Debo recibirle.

Ser�a una ofensa muy grave.

O sea, que prefieres ofenderme a m�, dej�ndome solo.

T� no te ofender�s.

Y no te dejar� solo, si no el tiempo necesario para darle la bienvenida.

Esp�rame. Tardar� poco.

Vamos. Vuelve adentro.

Esas son las �rdenes. Adelante. Basta de historias.

No siempre las aguas del Egeo han sido generosas con nosotros.

Y el viaje ser� a�n largo y fatigoso.

Perdona, pues, si nuestros dones son pocos y modestos.

Pero ellos expresan sinceramente nuestra amistad

y nuestro respeto a ti, reina de Lidia,

que en la soledad de esta isla gobiernas con sabidur�a

tu reino de Asia.

Gracias, rey de Itaca.

He dado �rdenes para que t� y tu s�quito

se�is instalados en el ala mejor del palacio.

Mis guardias os acompa�ar�n.

Agradecidos, reina.

�T� c�mo te llamas, joven griego?

Castor.

Tengo la sensaci�n de haberte visto antes de ahora.

Mientras los otros se retiran

qu�date conmigo.

Deseo tratar de recordar qui�n eres.

Como quieras, reina.

H�rcules.

�Qu� has dicho?

�En verdad no me reconoces?

�D�nde est� mi hijo?

�Qui�n eres? �Qu� quiere este hombre?

No s�. Te confunde con otro.

Onfalia est� en lo cierto. Si, a primera vista

hay algo en este gigante que pueda recordar al hijo de Alcmena

basta mirarle un momento para comprender que es otro.

En efecto, Laertes. H�rcules es distinto. Otra expresi�n, otra corpulencia.

�Qui�n es ese H�rcules?

El hombre m�s fuerte y valeroso de Tebas.

Un h�roe.

-�Qu� tengo yo que ver con �l? -Nada.

Lo que el agua con el vino. Juntos est�n mal.

No me gustan vuestras risas ni vuestras palabras.

Ve. Luego ir� contigo.

Luego no. Ahora mismo.

-Os ruego le disculp�is. -Disc�lpanos t�, reina.

Nos retiramos.

Sandone.

Perdona un momento, griego.

Aseg�rate de que los invitados sean tratados bien.

Que se sacien y se vayan a descansar resguardados.

�Resguardados de qu�, reina?

De la noche, C�stor.

Es muy fr�a la noche en mi palacio.

Quiero prob�rmelo.

Las perlas necesitan un contacto vivo para adquirir mayor esplendor.

Ma�ana, este collar ser� mucho m�s hermoso.

Nunca dud� que se pudiera resolver de otro modo.

El plazo ha transcurrido.

Eteocles y H�rcules han desaparecido como la noche ante la luz del d�a.

As�, la palabra vuelve a m�, es decir a nosotros y a nuestras siete formaciones.

Una por cada puerta de Tebas.

Una gran sorpresa para mi hermano.

Cierto. Ser� un hermoso d�a cuando entremos en Tebas.

Lo sue�o hace a�os. Un saqueo como ese.

�Adelante!

T�, Megareo, presidir�s la puerta de Esitea.

Polifonte la Electra.

Hiperbio la Delfa.

Melanipo la Boreal.

H�ctor la Tr�pida.

Ah, Lastene. T�, que seg�n dice Creonte

eres el m�s capaz de todos, defender�s el punto m�s d�bil.

La puerta Omoloya.

Est� bien, Eteocles.

Yo mismo har� frente

a Polinices en la puerta sacra de Atenea Onca.

�Qu� sucede?

Son los fugitivos de los campos de Tebas que vienen a refugiarse a la ciudad.

Hay asilo para todos.

S�, pero no habr�a bastantes v�veres para el asedio.

Tenemos demasiadas bocas in�tiles en prisi�n.

�No. Basta.!

Cuidado, Eteocles. Los tebanos se han cansado de ti.

Est�s perdiendo su favor.

S�, lo s�,

que prefieren a Creonte.

Pero yo les preparar� una buena hoguera.

Haced que cierren las puertas de la ciudad. �Todas!

Desde este momento, nadie debe entrar en Tebas.

�Fuera! �Fuera!

�Mi ni�a se ha quedado fuera! �Dejadme!

�En verdad no me reconoces?

�D�nde est� mi hijo?

El hombre m�s fuerte y valeroso de Tebas.

Un h�roe.

En efecto, H�rcules es distinto. Otra expresi�n, otra corpulencia.

Nada. Lo que el agua con el vino. Juntos est�n mal.

D�jame.

�Por qu� me has hecho venir aqu�?

�Qu� es en realidad lo que buscas?

No puedes comprenderme.

�T� crees? Pues es bastante sencillo.

Si no fueses tan astuta, dir�a que para conocer el motivo de nuestra visita.

No, no lo has hecho por m�.

�C�llate!

No lo has hecho por m�, sino por �l. Por H�rcules.

Maldigo el d�a en que lleg� aqu�.

Soy yo quien ha de maldecir ese d�a.

S�, Onfalia, vuelvo a ser yo. Por fin.

H�rcules.

�Qu� vas a hacer, H�rcules?

No temas.

No me matar�.

�Qu� te hace creerlo as�?

T� mismo, H�rcules.

No puedes matarme porque sabes que te amo sinceramente.

Siempre he sabido que un d�a ser�a vencida.

Y t� me has vencido, H�rcules.

Si supieras cu�nto he luchado conmigo misma,

contra mi sentimientos, para no amarte.

Pero en vano. Ha sido en vano.

Si fueras sincera...

tendr�a piedad de ti.

Me bastar�a con tu piedad.

�Basta, lev�ntate!

Est� bien, H�rcules.

Pero hay algo que no podr�s arrebatarme en la vida.

El amor que me has dado. El amor que ha sido nuestro.

Ni siquiera tu mujer podr� destruirlo jam�s.

No menciones a Iole. Quiero salir de aqu�. Pronto.

Lo que desees, H�rcules de Tebas.

Eres libre de salir en compa��a de tus amigos.

Pero pronto, porque podr�a arrepentirme.

Sabemos que H�rcules est� vivo, pero �y Ulises?

-Es un joven astuto y si... -Sandone.

Retira a tus hombres.

He de hablar con mis hu�spedes.

Adi�s, Laertes. Adi�s, gente de Grecia.

H�rcules vuelve con vosotros.

Sandone os acompa�ar� hasta el puerto.

�D�nde est� mi hijo? �Vamos, habla!

�Cuidado, padre!

�Un momento, reina!

Antes hay una cuenta que ajustar.

S�, m�talos. M�talos a todos.

Pero perdona a H�rcules.

Ulises, cuando me contaste aquella historia...

Por los Dioses, es ah�, por esa parte. Venid.

Mira, H�rcules. Estaba dispuesto para ti.

A�n estamos a tiempo de acabar as� todos.

Por aqu�.

�Pronto, antes de que caigamos en la trampa!

No se puede hacer otra cosa. �Abajo!

-�Y yo qu� hago? -Con la ayuda del manto.

Es el rumor del mar.

Viene de all�.

Nuestra nave, Argos.

�Qu� esperamos?

Un momento. Yo no s� nadar.

-No importa. Yo te llevar�. -Est� bien.

Valor, Esculapio.

No, no. Prefiero volver con Onfalia. Adi�s.

-Adelante, no temas. -Si no tengo miedo.

Es que a�n no he descubierto c�mo se cura el reumatismo.

As� tu madre estar� tranquila.

�Mi madre? No, es una mujer valerosa. No se preocupa. Tal vez Pen�lope.

�Has o�do?

Ya. Cree que las muchachas s�lo piensan en �l.

-�C�mo podr� agradeceros...? -Conservando siempre tu amistad.

No te preocupes. Ver�s los d�as y las noches que tendr�s que darnos asilo en Tebas.

Y nos gusta comer bien.

�Cu�nto tiempo he estado en esa isla?

M�s de veinte d�as.

Como un chiquillo enamorado.

Veinte d�as.

El plazo ha expirado.

Polinices estar� a las puertas de Tebas.

Iole.

Tenemos que ganar tiempo. La he dejado en manos de un loco.

�Izad la vela!

En nombre de la justicia y del honor

pedimos la inmediata rendici�n de la ciudad de Tebas.

A cambio, Polinices garantiza la vida a los seguidores del usurpador Eteocles,

la salvaguardia de sus derechos civiles y el respeto a sus bienes.

El usurpador ser� enviado a exilio perp�tuo.

Contestad, hombres de Tebas.

Esta es la �ltima palabra de Polinices.

Contestar� yo por Tebas.

Polinices se ha alzado en contra de su ciudad

ayudado por extranjeros y por el traidor H�rcules.

Para �l y para su gente, Tebas no tiene m�s que una respuesta:

la ley.

Miradlos.

Son los familiares de H�rcules.

Hombres y mujeres fieles a Polinices.

Miradlos bien, porque ninguno de ellos tendr� larga vida.

H�rcules, �por qu� no est�s aqu�?

Tu mujer ser� reservada para el espect�culo final.

Cuando t� tambi�n est�s entre los espectadores de la torre.

Entretanto, mira, abre bien los ojos, Polinices.

Goza con estas muertes. Yo... Yo gozar� con la tuya.

No. No. No.

�Ya!

No regreses a Tebas, H�rcules.

No te muestres a Eteocles.

No espera otra cosa para matar a Iole.

"Quiero matarla ante sus ojos" gritaba como un loco.

Ese ser� el espect�culo final en la torre.

Estamos dispuestos a todo, H�rcules.

Te seguiremos adonde t� quieras,

pero hay que obrar con prudencia.

Dejadme ir solo.

Es un error concentrar toda la fuerza contra el lado sur

s�lo porque quieres encontrarte cara a cara con tu hermano.

Ser�a mejor fingir un ataque por la puerta norte y levante y luego...

Mi hermano est� loco pero no es tonto.

Sabe perfectamente que el choque vendr� por la parte por la que

los tebanos tengan el sol en los ojos.

Calcula, adem�s, a mi gente dentro de las murallas.

Tengo la impresi�n de que la mayor�a ha sido eliminada.

A�n quedan muchos hombres en las casas de Tebas.

Los informadores dicen lo contrario.

-El pueblo est� con Creonte. -No es cierto.

-Yo respondo del pueblo. -�Y qui�n responde de ti?

Ha llegado un hombre que viene de Tebas.

-Trae un mensaje. -Hazle entrar.

-�Qui�n te manda? -Eteocles.

Es para ti, Polinices.

Te ofrece decidir el trono de Tebas entre t� y �l hoy mismo.

Hoy mismo ante la puerta de Atenea Onca.

Un duelo. Gran idea.

-�Qu� dices a eso, Polinices? -Quiero conocer la apuesta.

Tebas, para siempre.

Tal vez sea lo mejor para todos.

�No tendr�s miedo de un loco?

Claro que no. Pero, �qui�n me asegura que los pactos ser�n respetados?

Todos los tebanos.

Estamos cansados de esta incertidumbre,

de estas luchas, de tanta sangre.

Y si t�, por azar, Polinices, perdieras,

�qui�n ordenar� a esta gente levantar el sitio?

Nosotros.

Yo mismo.

�Turno levante!

Esculapio.

Oh, Dioses, protegedme.

Mirad, es H�rcules. Dad la alarma.

�Advertid a Eteocles!

��nimo, muchachos!

�Venid, venid un poco m�s cerca!

H�rcules.

�D�nde est� Iole, Creonte? No la veo.

�No la has encontrado por el camino?

No. S�lo he encontrado cad�veres.

�Ad�nde ha ido? �Qu� ha hecho?

Lasteme la ayud� a huir anoche, temiendo que ese loco la matase.

Al norte, las murallas est�n menos vigiladas.

Iole estar� ya camino de la Arg�lida, en busca de ti.

Entonces es verdad.

Buen acierto has tenido.

Huyes de la c�rcel, para acabar cayendo en la boca del lobo.

Ver�s lo contento que se pondr� H�rcules cuando se lo cuenten.

Ser� un mal d�a para ti, traidor.

�Tan segura est�s de �l?

D�jame en libertad. S�lo as� puedes esperar que H�rcules no te toque.

Prefiero arriesgarme.

Ten cuidado. Ya conoces su c�lera.

A�n me quema aquel encuentro. Tienes que hac�rmelo olvidar.

�Qu� crees que puedes conseguir as�? No me dejo atemorizar por tus u�as.

Luego seguiremos con esta charla.

Ahora... no quiero perderme el espect�culo.

�Abrid las puertas! �Tebanos!

Disponed las arras... para dar gracias... a los Dioses...

Vuestro rey... ha vencido.

Necio e insensato como su hermano.

Han tenido el fin que merec�an.

�H�rcules!

�Lo reconoces?

Esta noche celebrar� la victoria en tu casa. Con tu mujer.

�A vuestros puestos!

Mirad, los tebanos han abandonado la muralla.

Quiz�s est�n dispuestos a rendirse.

�Adelante la caballer�a!

El destino de los hijos de Edipo se ha cumplido.

Quieran los Dioses

que con estas llamas se purifique el destino de nuestra ciudad.

�Has sufrido mucho Iole?

Los Dioses han puesto muchos obst�culos entre nosotros

y a�n pondr�n m�s.

El amor no teme a los Dioses.

Nuestro sufrimiento lo salvar� siempre.

FIN

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