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¿Sabes que cuando era niño se me rompió un diente?
Y recuerdo que mi madre me llevó al dentista.
No se preocupe, señora, que le va a salir alto, no se preocupe.
Empecé a ir al colegio y a todos los niños que se caían los dientes les venía
ratoncito Pérez.
Y a mí jamás, nunca vino el ratoncito Pérez.
Es muy duro crecer toda la infancia con un diente menos, es justo este.
Al final te creció, ¿no?
De muy pequeño no sabía ni andar.
Es curioso como los adultos nos ponemos todos de acuerdo en una sola cosa, que
es engañar a los niños.
Prométeme que nuestra hija va a tener su dosis de ratoncito Pérez.
Y de papá Noel.
Y de corre, corre, que viene el lobo.
¿Su dosis de mentiras infantiles?
¿Eso es lo que quiere? No, su sensación de ser.
niña normal.
Joder, lo que me manda Alejandra y nosotros de cuando nos conocimos, mírame
pintar.
Joder, perdóname, soy un gilipollas.
Es que no sé para qué te tengo que enseñar nada. Que no importa, si no pasa
nada.
No pasa nada, no importa, al contrario.
Si quieras, Alejandra me habla de ti.
Como quieres.
Te toca la velocidad, lo que te da miedo.
Pero prefiero no ver esa foto, Oscar, porque esa vida no es la mía.
Es una vida que está a 27 kilómetros de distancia. No tiene nada que ver
conmigo.
Mira.
Yo creo que esto sería algo así, ¿vale?
Dos círculos.
Este trozo de en medio es lo que compartes con una persona.
Pero está todo este espacio de aquí, que este espacio está libre para vivir,
para viajar, para compartir con otras personas.
Y este espacio es tuyo.
Un saludo.
¿Qué pasa, Vicente? ¿Cómo va?
¿Te apetece dar un paseo?
Estoy gordita ya.
¿Vienes, Oscar?
No, yo estoy bien aquí.
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Verónica. Hola.
Hola, ¿cómo estás? Bien.
Oye, ¿te pilló la albufera?
Sí, sí. De hecho, estoy haciendo fotos.
Ah, vale.
Mira, es que me han llamado del colegio de Sol. Que se ha puesto malita. Y,
bueno, ahora por si podías ir a buscarla tú y la llevas a casa.
Ah, pues es que... Es que me pillas un poco.
No puede ir otra persona.
Pues es que he llamado a Vicente un par de veces, pero no me coge. Yo que estoy
en Valencia. ¿En Valencia?
¿Qué haces en Valencia?
Pues que me ha venido el notario por lo del testamento de Oscar y antes voy a
hablar con su mujer.
De hecho, ahora mismo estoy delante de su casa.
¿En su casa?
¿En el portal de su casa, dices? No, no, no.
Verónica, tú no tienes que hablar con esa mujer.
Pero si no se lo digo yo, se va a enterar de todo en cuanto llega el
Y joder, no puedo hacerle eso. Es que no puedo hacerle eso, no es justo.
¿A quién no puedes hacerle eso?
¿A ella?
¿O a Oscar?
Mira, yo creo que es él quien debió decirle algo.
Debió armarse de valor y decirle, cariño, me he enamorado de una mujer en
albufera y es tan especial y tan diferente a todo que soy incapaz de
ella.
¿Sabes?
Yo creo que esa mujer necesita las explicaciones de su marido, no las
Te vas y como los perros de Cázaras traen su presa yo corro detrás.
A tierra y barro me cubro cuando te vigilo como un animal
oculto a la merced del viento
que lleva por capricho
mi lamento.
Lo arrastra con su paso y no me importa que venga y que
ponga este cielo de negro que ya no le temo
hasta que el
cielo chivato se ponga a llover.
Ya estamos aquí.
¿Te duele mucho la tripota?
No, pero tengo asco.
Ahora la curamos.
¿Pero qué ha pasado aquí?
Nos han robado.
¡Coge la escopeta!
¡Oh, yeah!
¡Oh, yeah!
Siga. Tranquilícese, señora Leiva.
Voy para allá.
Yo, Óscar León Faust, español identificado con DNI 52413166F,
domiciliado en Primado Reg 15, Escalera 6, Valencia, España, deseándote estar en
forma hológrafa que lego todos mis bienes dinerarios de todas mis cuentas
bancarias. A mi hija Sol León Alfaro.
Así como todas las acciones y participaciones económicas vinculadas a
cuentas. ¿Cómo?
¿El dinero de todas sus cuentas?
Correcto.
Al ser la hija de ustedes menor de edad, la persona encargada de gestionar esos
bienes será usted misma, como su fructuaria.
No. No quiero el dinero de Oscar.
No lo legó a usted, sino a su hija. Bueno, pues no lo quiero para mi hija. A
ver, es que...
Es que Óscar tenía otra vida. Él tenía otra mujer. Según el artículo 166 del
Código Civil, usted no puede renunciar a los derechos de los hijos a ser
titulares, ni enajenar ni grabar sus bienes inmuebles. ¿No puedo renunciar?
Salvo causa justificada y previa autorización del juez con audiencia del
Ministerio Fiscal.
Pero eso sería desistir de todos los derechos de posesión de los bienes para
hija.
Quiero un café.
¿Qué te pasa?
Nada.
Va, venga.
Suéltalo.
¿Qué pasa?
Es que me parece muy bien que... Que os hayáis estado acostando durante toda la
vida, Vicente. Tú crees que... Ya.
De verdad, ¿eh? Que me parece bien.
Pero... Ahora con lo que tenemos tú y yo, pues... Pues... Me sobra un poco.
Yo creo que lo que sobra es el sentimiento ese de posesión que tienes
es bueno.
Eso no es nada bueno.
Pongámonos en qué pasaje.
¿Cuál es el problema?
¿Qué es lo que te da miedo?
¿Tienes miedo a que de repente me dé cuenta que estoy enamorada de Vicente?
¿O que vea algo que no he visto en estos últimos 15 años? ¿O que quiera criar a
nuestra hija en su barca? ¿Es eso?
No lo sé, no lo sé.
Supongo que me gustaría pensar que quieres hacer todo conmigo.
Y sé que es una estupidez, pero...
Es que me siento como al margen. Me siento estúpido.
Pues hazlo conmigo.
¿El qué?
¿No estás proponiendo que nos acostemos los tres?
Tengo una idea.
Vamos a hacer un experimento, ¿vale? No, déjate de esperar. Vamos a hacer un
experimento.
Cierra los ojos. No.
Cierra los ojos.
Esto es un experimento científico. No vale abrirlos.
¿Qué es
esto?
Pues, en fin, pues sigue roto. Sí.
¿Y si esto lo hiciese otra persona?
Es tonta eso.
Yo quiero hacerlo todo contigo, Oscar.
Quiero hacerlo todo contigo.
Pues no sabemos quién ha roto el cristal. Yo casi estoy seguro de que
sido un caco. Esto ha tenido que ser un mapache buscando un bocadillo.
No hay mapaches en la albufera.
Bueno, quien dice mapache dice un lirón o un flamenco.
Mira cómo ha puesto todo esto, Sol.
Yo creo que ese flamenco lo que quería era llenarse el buche de patatas.
Tienes sueño.
¿Vamos a dormir, amor?
¿Un ratito?
Sí.
Iza al cuartel y enviad todo esto a la científica, pero cagando leches.
¿Se le dan bien los niños?
Sí.
Mi mujer no quería tener.
Sé que podría convencerla, pero ya ve, al final tengo un perro.
¿Y una custom?
¿No?
Es un pepino de moto.
¿Ha montado alguna vez? No. Si quiere algún día le puedo dar un paseo por los
campos de arroz y por la vega del Júcar. Es un paisaje alucinante. Es que las
motos me dan un poco de miedo.
Bueno, pues si es por eso, tengo otros vehículos.
Tengo un patrol, un quad y hasta una cosechadora.
De mi primo, ¿eh? En cosechadoras y que no he ido nunca.
¿Ha avisado ya a Verónica?
No lo coge. Está en el notario con lo del testamento.
Yo he preferido no ir.
¿Cree que se han podido llevar algo de Oscar?
¿Por qué pregunta eso?
No sé, como...
Estaba haciendo operaciones ilegales.
¿Cree que esto podría tener que ver con una mafia o algo así?
¿Una mafia?
Pues no lo creo.
Sí, Oscar era especialista en ingeniería financiera y vale que ayudaba a algún
vecino con sus pequeñas empresas, pero no creo que vaya más allá. Debe ser
normal que los de la cooperativa del melocotón manden dinero a las Islas
¿no? O el barquero.
Vicente.
¿Qué pasa con Vicente?
Oscar,
soy Vicente. Me has llamado.
Oye, necesito que vengas a llevarte lo tuyo.
No puedo seguir guardándotelo más tiempo.
Bueno, aquí no habla de qué es lo que le tenía que guardar.
Podría ser un mueble, una bicicleta... Una bicicleta.
O cualquier otra cosa que Vicenç hubiera cansado de guardarle. Eran muy amigos.
Pues... Dígale a Verónica que me llame cuando venga para presentar la denuncia.
Y esté tranquila porque vamos a peinar la zona y no vamos a parar hasta que
encontremos al ladrón que ha entrado aquí.
Gracias.
Gracias a ustedes, compadre.
¿Qué pasa?
No sabía que estabais.
Vengo a arreglar las baldosas.
¿Qué ha pasado aquí?
Que nos han entrado a robar.
Se levanta la sesión.
Pásate por mi despacho para que cometamos una cosa, ¿vale?
¿Sabes qué? No. Me voy a comer con mi hija. Igual no vuelvo esta tarde.
Me ha dicho Verónica que sois amigos de siempre.
Amigos íntimos, quiero decir.
¿Con Oscar, con su novio también?
Oscar era un tío cojonudo. Todos le queríamos mucho.
¿Y cómo fue lo de este señor? Llegó aquí un buen día y... Y se quedó para
siempre.
Pero él tenía otra vida, ¿no? Tenía una esposa.
Bueno, supongo que a la gente le gustan las cosas diferentes.
Maldosa.
Que luego todos se vistan de la misma manera, coman en los mismos sitios y
escuchen la misma mierda en la radio.
¿Te quieres acostar conmigo?
No sé por qué he dicho eso. No, no, no. Bórralo, por favor. Te lo pido. Debes
pensar que es como una fantasía de tercera o algo así, pero te aseguro que
le... Me alegro que me lo hayas dicho.
Es que no me pones nada más que eso.
No, no, que lo entiendo.
Voy a ver cómo está la niña, ¿de acuerdo?
Espera.
Maldosa.
No sé si es normal buscar culpables del suicidio de tu marido.
Supongo que sí, que estoy buscando alivio.
Constatar que si alguien lo llevó hasta ese punto no fui yo.
No sé, que había algo turbio.
Y entonces he empezado a investigar a sus amigos, sobre todo a uno.
A uno que es barquero y... Y no sé cómo...
He acabado pidiéndole que tuviera relaciones sexuales conmigo.
Ni siquiera me atrae.
No sé... Dios, ¿a qué tipo de viuda le pasa algo así? Es que no...
Buenos días, Vicente.
Buen día.
¿Estuviste con Big Boss quemando la noche o qué?
Pues no.
No estuve con Big Boss.
Ha dejado a su mujer.
Así que...
Ahora, los viernes van a ser los nuevos jueves, y los sábados, y los domingos...
De eso nada.
Ahora hay que hacer política de cortafuegos.
¿Qué es el cortafuegos? No entiendo.
Marcar límites.
Un hombre rompe con su mujer, se queda como perdido.
Hay algunos que desean por follas a todo lo que se menea, pero normalmente lo
que quieren es otra mujer que les organice la vida.
Y tú no quieres ser su nueva mujer.
Yo ya tengo a mi hija maravillosa.
Así que después de comer, tú y yo nos vamos a dar un masajito.
Y después, shopping.
No puedo, mamá.
Tengo entreno de atletismo.
Déjate de historias, hombre. No estoy hablando de unas compritas. Estoy
de quemar la tarjeta de crédito. Ya, mamá, pues aquí no puedo. Es que ya he
quedado. Hija, pues desquedas. ¿Está?
No, mamá, no voy a desquedar.
Ni porque a ti te dé miedo ser la nueva mujer de Big Boss, ni porque quieras
llenar conmigo el vacío que Alejandra ha dejado en tu agenda.
¿Se puede saber a qué vienes ahora?
Que te da miedo quedar con ella.
Te da miedo. Porque parece que después de todo esto que le ha pasado, te
culpable.
¿Culpable por qué? A ver.
¿Por qué llevas toda la vida siendo la otra, mamá?
Jostándote con hombres cazados y siendo cómplice de las tapas de sus mujeres.
Y cuando le pasa eso a tu mejor amiga no puedes verla.
No sabes ni cómo decirle que tú eres la mujer que siempre está al otro lado.
¿Par de ensalada?
Está al fondo de la piscina.
Creo que estoy en la noche.
Gracias.
Patria, dime.
En el banco, haciendo gestiones.
Solo quería saber si querías cenar y hablar de Óscar, hablar de ti.
No está contigo todo lo que debería. No te preocupes. Es que la burocracia me
agota mucho. No sé si voy a estar muy cansada.
Igual mañana.
Te llamo luego, ¿de acuerdo?
¿No te ibas a tomar la tarde libre?
Ya no.
¿Te apuntas luego otra vez al after work?
Anoche estábamos muy graciosos en la piscina dándolo todo.
Pero me tengo pinta de querer ir al afterworld contigo.
Tengo pinta de no tener otra cosa que hacer en el puto planeta.
¿Qué tal está Sol? Le duele la tripita, pero está bien.
Qué bien.
Oye, te he llamado porque en casa... He ido a ver a la mujer de Oscar Martina.
¿Cómo? He ido a buscarla a su estudio de arquitectura y ha sido ella que me ha
reconocido. Ha venido directa.
¿Y qué ha dicho su mujer?
Ha sido bastante duro.
Yo solo quería decirle que...
Que Oscar la quería muchísimo.
Que nunca dejó de quererla.
Que no quería a las dos.
Que puedes querer a dos personas.
Y... Queda el notario y resulta que Oscar le ha dejado todo su dinero a Sol.
Pero nosotras no queremos nada, Alejandra.
Nunca hemos buscado nada.
Y no lo vamos a hacer ahora.
Entonces dime qué coño has estado buscando estos últimos ocho años.
Yo amaba a Óscar.
Como nunca he amado a nadie en toda mi vida.
Y él nos amaba a las dos.
¿Se puede que era dos personas a la vez?
¿Se puede que era una y engañara a la otra?
¿Sabías que estaba casado conmigo?
¿Sabías que me estaba mintiendo a mí?
¡Ocho años!
Sabiendo que estaba casado conmigo.
Me has ido tú. La zorra que lo ha permitido.
Lárgate de aquí, por favor.
Que te largues de aquí.
Yo nunca me he sentido culpable por nada, Martina.
Y todo esto me hace sentir algo que... Porque ni siquiera entiendo.
Me pregunto... ¿Vuelves?
Que a lo mejor Oscar se mató por no poder reportar algo así.
Oye, Verónica, ¿por qué no vienes a casa?
No estés sola.
¿Café?
Gracias. Esta vez, esta vez.
Oscar.
¿Tú has pescado anguilas alguna vez?
¿Quieres que yo te lleve conmigo? Me encantaría.
Las anguilas, si no las dejas dos semanas en agua clara, dejan sabor a
Bueno, me voy. Yo tengo que irme.
¿Y Richard?
Acaba de salir por la puerta.
Pues me voy a ver qué me lleva.
Te quiero.
¿Ya te vas?
Sí.
Bueno, pues gracias por ayudar.
Y por ocuparte de Verónica, que lo está pasando muy mal.
Verónica no necesita que nadie se ocupe de ella.
Yo solo le echo una mano.
Claro.
Ella es diferente, ¿no?
Como has dicho antes, que ella es diferente a los demás. Por eso Oscar se
Sí, algo así.
Es como si los demás fuéramos un jersey básico, un jersey azul marino y ella
fuera algo exclusivo o algo así, ¿no?
No, Vero no es un jersey.
Es como si te sales de la carretera en mitad de una nevada y te das cuenta de
que es que nadie ha pasado por ahí antes.
¿Entiendes esa sensación?
Sí.
Mira.
Si antes te he dicho que no me quiero acostar contigo es porque no te conozco.
Yo ahora necesito conocer a la gente. Estoy en ese momento de mi vida, ¿sabes?
Sí, yo ni te digo.
Bueno, pues ya veremos qué pasa.
Con el tiempo.
Si pasa algo.
Claro. Claro, ya veremos.
Lo han revuelto todo de los ladrones.
Lo he cogido yo.
Me ha dado por ahí.
Big Boss.
Siéntate, tenemos que hablar.
¿Podemos hablar mañana? Tengo una cena ahora con los de Sacha András. Mira qué
bien. Llámalos y diles que mi edificio no se puede hacer.
¿Cómo? No podemos. Es vulgar. Es igual que el resto de los edificios de
Valencia. No podemos firmar esa torre. Y lo sabe.
Alex.
Mira, yo entiendo que ahora mismo estás pasando por un mal momento.
Te refugias en el trabajo, le das vuelta a todo, duda de todo.
No es eso. Si a mí no me parece mal, de verdad, eso te ayuda a no pensar en
Oscar. ¿Que no es eso?
Yaume, el edificio es una mierda.
Me he recorrido medio mundo para encontrar un grupo inversor que crea en
Nos van a pagar 336 millones... Bueno, pues me da igual, me da igual. Buscamos
otro grupo.
Ay, Alex, de verdad, tú estás bien. De verdad.
Katia, Katia, por favor.
Vamos a ver.
¿Tú te acostarías conmigo?
No, no, no, no, no. Mírame, mírame.
¿Mírame? ¿Te acostarías conmigo?
Te lo digo yo. No. ¿Sabes por qué?
Porque soy un jersey azul marino. Soy un fondo de armario. No tengo nada
especial. Igual que el edificio, que es una basura de 336 millones de euros.
La operación se firma mañana, Alejandra.
No voy a firmar.
¿Qué?
No voy a firmar.
Y sin mi firma no hay operación.
Katia, coge a tu amiga y la quitas de mi vista. No la quiero volver a ver hasta
que no se tome una caja entera de ansiolíticos. Te vas a tu casa, te
duermes, descansa y mañana hablamos, que yo me voy.
No voy a firmar, Jaume. Que me voy. No voy a firmar. Que me voy.
A ver, mi niña, ¿qué ha pasado?
¿Estás bien? No he pasado nada.
Estoy bien, déjame.
Yo, Óscar León Faust, español, identificado con DNI 52413166F,
domiciliado en Primado Red 15, Escalera 6, Valencia, España, deseando testar
en forma hológrafa que elego todos mis bienes dinerarios de todas mis cuentas
bancarias a mi hija Sol León Alfaro, así como todas las acciones y
participaciones económicas vinculadas a estas cuentas.
¿Hay algo más?
También dejo a mi mujer, Alejandra Leiva, en posesión un caballo de nombre
Valiente.
¿Un caballo?
Que actualmente vive en la finca Los Espinos de Rivera de Cabanes, en
Al parecer es un caballo de carreras.
Un pura sangre.
Tal vez le aclare algo más esta carta que dejó también a su nombre.
Hola, Alejandra.
Te dejo esta carta por si me pasa algo y porque hay algo que me duele en
especial no haberte contado.
Y es porque he tenido una hija con Verónica.
Sol.
Si te soy sincero, la noticia del embarazo fue una de las más dolorosas de
vida.
Fue como estrellarse contra un muro.
Donde ponían letras grandes, eres un hijo de puta.
Sentí incapaz de querer a esa niña.
Porque no lleva a tener forma y nombre ni en año.
Pero Verónica es como un satélite que va por libre.
Te puedes subir a él pero no cambiarlo de dirección.
Así que Sol nació.
Y yo estuve allí.
Verónica tuvo problemas en el parto. Así que ese bebé y yo nos quedamos solos en
la habitación.
La enfermera me dijo que tenía que quitarme la camisa y ponérmelo en el
Se suele hacer para que los bebés noten calor y el corazón y no sea todo tan
hostil nada más nacer.
Esa criatura diminuta.
De dos kilos y medio se me agarró.
Y allí estuvimos.
Los dos.
Simplemente respirando.
Y fue cuando me enamoré por tercera vez.
La misma cosa que me ha hecho sentir en paz en los últimos años es la que me
atormenta.
Dudo que tenga valor un buen día milagrosamente para contarte todo.
Por eso te escribo como eligen los cobardes.
Para que no pienses que en ningún momento de estos años he dejado de
ti.
Simplemente no supe dejar de querer a ninguna de las tres.
¿Estás bien?
Tranquila, soy yo.
¿Qué pasa?
Perdona, es que he tenido una pesadilla.
Bueno, ya está. ¿Qué pasó?
He soñado que entraban los ladrones otra vez.
Nadie roba dos veces en la misma casa, Martina.
El mismo día sería... sería mucha mala suerte.
¿Y nosotras?
¿Seguro? Pues claro.
Sí, por favor.
Pues venga.
¿Estás mejor?
Sí.
Tienes miedo de agarrarme fuerte la mano. Que me despierto enseguida.
Desde que nació el sol no he vuelto a dormir profundo.
Gracias por ver el video.
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