All language subtitles for Dolor.y.Gloria.2019.1080p.Castellano.es

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Original subtitles

[trinos]

Me gustaría ser un hombre para bañarme en el río desnuda.

¡Uh! ¡Qué valor!

¡Qué cosas tienes, Rosita!

Di que sí.

Y que te dé bien el agua en todo el pepe.

-¡Hija mía, qué gusto! -Pues sí, pues sí.

Oye, antes de echarte al agua,

quítame al niño de encima, que me tiene deslomá.

A ver, Salvador, vente aquí.

[Salvador murmura]

A ver... Mira... Aquí tienes un palo para jugar.

-[Salvador] Vale. -Venga.

-Ayúdame, Mari, con las sábanas. -Voy.

[Jacinta] ¡Los pececillos jaboneros!

¡Mira! ¡Ahí los tienes!

¡Los pececillos jaboneros!

-[Marisol] Cántanos algo, Rosita. -[Jacinta] Qué bonitos.

[Rosita] ♪ A tu vera... ♪

[Jacinta] Qué bonitos.

[todas] ♪ A tu vera Siempre a la verita tuya ♪

♪ Siempre a la verita tuya Hasta que de pena muera ♪

♪ Que no mirase tus ojos ♪

♪ Que no llamase a tu puerta ♪

[Jacinta] Salvita, no te muevas de ahí.

[todas] ♪ Que no pisase de noche ♪

♪ Las piedras de tu calleja ♪

♪ A tu vera Siempre a la verita tuya ♪

♪ Siempre a la verita tuya Hasta que de amor me muera ♪

♪ Mira que dicen y dicen ♪

♪ Mira que la tarde aquella ♪

♪ Mira que se fue y se vino ♪

♪ De su casa a la alameda ♪

♪ Y así, mirando y mirando ♪

♪ Así empezó ♪

♪ Mi ceguera ♪

[canción diluyéndose]

[espira]

[murmullos]

[Zulema] ¡Salva!

¡Soy Zulema!

-¡Qué sorpresa! -¡Zulema!

[Zulema] ¡Ay, qué alegría!

¿Puedes tomarte un cafecito conmigo o andas con prisa?

[Salva suspira]

Si no escribes ni ruedas, ¿qué vas a hacer?

-Vivir, supongo. -[Zulema] Yo no puedo vivir sin actuar.

Cada vez está más difícil, pero hago todo lo que me proponen.

¿Ves a Alberto?

-Creo que estuvo en Argentina... -No, no, en México.

Estuvo trabajando en algunos culebrones, pero ya ha vuelto.

Eh...

Me lo encontré en un festival de cine latino en la Riviera Maya.

Estuvo encantador.

Pasado, pero fue un encuentro muy... muy lindo.

-¿Tú le has visto? -No, no.

Desde el estreno de Sabor no lo he vuelto a ver.

Pero eso fue hace...

¿30 años?

32.

¿Sabes? Volví a ver la película la semana pasada.

¿No la habías vuelto a ver?

[Salva] No. Desde el estreno, no.

Y está mal decirlo, pero... me conmovió.

A mí me ha encantado siempre.

La Filmoteca ha restaurado el negativo y van a hacer varias proyecciones.

Quieren que la presente y pensé en hacerlo con Alberto.

Me alegra que ya no le guardes rencor.

El cabrón nunca hizo el personaje que yo había escrito.

Entonces quería matarlo.

Pero... realmente no le guardo rencor.

Vista ahora la película, su interpretación está mejor que hace 30 años.

Son tus ojos los que han cambiado, cariño.

La película es la misma.

¿Sabes cómo localizarle?

Vive en El Escorial.

Sí, en casa de alguien.

Trabaja intermitentemente, pero está guapo.

Sin renunciar a... Bueno, a tú ya me entiendes...

Me sorprende que seas tú el que no trabaja.

Siempre pensé que eras de los que no se jubilan.

Yo también.

-¿Sigues teniendo el mismo teléfono? -Sí. Sí, sí.

Te paso su contacto y también te paso el mío...

Por si alguna vez te aburres y escribes algo que solo pueda hacer yo.

[toca el piano]

[piano sonando]

[cura Agustín] Hasta aquí. Os dejo con el padre José María.

[cura José María] Buenos días, chicos.

Lo primero que vamos a hacer es elegir a quiénes formaréis el coro.

¿Alguno ha cantado en un coro antes? Que levante la mano.

Bueno, vamos a hacer una prueba.

Tú, ven aquí, tú mismo.

-¿Cómo te llamas? -Rodolfo.

Vamos a ver, Rodolfo, cómo andas de vocalización.

Repite conmigo.

[entonando] Cu, cu, cu, cu, cu...

[desentonando] Cu, cu, cu, cu, cu...

A ver...

[entonando y acompañado del piano] La, la, la, la, la, la...

[desentonando] Tarararara...

Tú, el de al lado. ¿Cómo te llamas?

Salvador.

Bonito nombre. ¿Te gusta cantar?

Eh... No sé.

Pero te gustará la música, ¿verdad?

Sí, me gustan los Beatles y el cine.

Pues aquí ampliaremos y dirigiremos tus gustos hacia temas menos paganos.

[cura] Vamos a hacer una prueba de vocalización.

[entonando y acompañado del piano] La, la, la, la, la...

[entonando] La, la, la, la, la...

Ri, i, i, i, i...

Ri, i, i, i, i...

La, la, la, la, la...

La, la, la, la, la, la...

[acompañado del piano] La, larala, la, la, la...

La, larala, la, la, la...

[cura] Vamos a calentar esas voces, chicos.

[Salvador] Así fue como me convertí en el solista del coro.

[los chicos cantan]

[Salvador] Los curas decidieron que no asistiera

a las clases de Geografía e Historia, ni a Ciencias e Historia del Arte.

Durante los tres primeros años del bachillerato,

el tiempo de esas asignaturas yo me lo pasaba ensayando.

Y siempre aprobaba.

Hicieron de mí un absoluto ignorante,

que aprobaba todas las asignaturas sin presentarme a los exámenes.

[Salvador] Con el tiempo, me hice director de cine

y empecé a aprender Geografía española

viajando para promocionar las películas que dirigí.

Viajaba porque tenía éxito.

Mi conocimiento de la geografía coincidía con mi expansión como cineasta.

Empecé a conocer mi cuerpo a través del dolor y las enfermedades.

Viví los treinta primeros años con relativa inconsciencia,

pero pronto descubrí que mi cabeza, y lo que había dentro de ella,

además de ser fuente de placer y conocimiento,

entrañaba infinitas posibilidades de dolor.

Conocí pronto el insomnio, la faringitis crónica, la otitis,

el reflujo, la úlcera y el asma intrínseca.

Los nervios, en general, y el ciático, en particular.

Y todo tipo de dolores musculares:

lumbares, dorsales, tendinitis, ambas rodillas y hombros.

[pitido de acúfeno]

Esto es un tinnitus.

También tengo.

Estos son sibilancias o pitos.

También los padezco.

[pitido agudo]

Además de los tinnitus y las sibilancias, mi especialidad son los dolores de cabeza.

Migrañas, cefaleas de tensión o en racimo y dolores de espalda.

A partir de la operación de artrodesis lumbar,

que me inmovilizó más de la mitad de la espalda,

descubrí que mi vida giraría en torno a la columna vertebral.

Tomé conciencia de cada una de las vértebras

y la cantidad de músculos y ligamentos

que componen la mitología de nuestro organismo,

y que, como con los dioses griegos,

nuestra única forma de relación es a través del sacrificio.

Pero no todo es tan físico e ilustrable.

También padezco penalidades abstractas.

Dolores del alma, como el pánico y la ansiedad,

que añaden angustia y terror a mi vida.

Y, naturalmente, alterno desde hace años con la depresión.

[Salvador] Las noches que coinciden varios dolores, esas noches creo en Dios

y le rezo.

Los días en que solo padezco un tipo de dolor...

soy ateo.

[Salvador] Es aquí. Es aquí.

Muy bien.

-[Salvador] Quédese con la vuelta. -[taxista] Muchas gracias.

-Adiós. Gracias. -[taxista] Adiós, buenas.

[toca el telefonillo]

[Alberto] ¿Quién es?

Alberto, soy Salvador.

[Alberto] ¿Qué Salvador?

Salvador Mallo.

[se corta la comunicación]

[ladridos]

[pasos acercándose]

¿Qué haces aquí?

-Tengo que hablar contigo. -¿De qué?

De Sabor.

¿Me invitas a entrar?

¿Te apetece tomar algo?

-[Salvador] Lo mismo que tú. -[Alberto] Me estaba preparando un té.

[Salvador] Pues eso.

Anda, mira.

Me encanta que tengas aquí Sabor.

[Alberto] ¿Para qué has venido?

Treinta y dos años me ha costado reconciliarme con esta película.

[Salvador] Treinta y dos años...

¡Qué bonito! ¿Qué son esos árboles? ¿Abetos?

Pinos.

¿Me vas a explicar de una puta vez para qué has venido a verme

después de treinta y dos años?

La Filmoteca ha restaurado Sabor.

Han decidido que es un clásico.

Y la han programado para un ciclo de cine rodado en Madrid.

Me llamaron para pedirme que la presentáramos juntos.

¿Y no saben que no nos hablamos desde el rodaje?

Bueno... Si lo saben, no me han dicho nada.

Alberto, los chismes envejecen, como las personas.

-Oye, ¿te importa que nos sentemos? -No, no... Siéntate.

Muchas gracias.

Pero ¿y por qué te da a ti ahora por que la presentemos juntos?

-Porque no la presentaste en el estreno. -¡Porque tú me lo prohibiste, maricón!

Por eso creo que ahora es justo que la presentemos los dos en la Filmoteca.

¿Y quién te dio mi dirección?

-Zulema. -Oh... Je.

Me la encontré por casualidad y hablamos de ti.

Oye, yo voy a fumarme un chino. Si el espectáculo te repugna, puedes irte.

Y ya nos llamamos para lo de la Filmoteca.

¿Me invitas?

No te reconozco, Salvador.

-¿Qué es, la primera vez? -Sí.

¿Y para qué quieres probar la heroína a estas alturas?

Por curiosidad.

Seguro que tú te estás documentando para algo.

[Salvador carraspea]

La gota, la gota, la gota, la gota...

[Salvador tose]

[Jacinta, a lo lejos] ¡Salvador!

¡Salva! ¡Salva!

¡Ven a echarme una mano!

-Mamá, me he encontrado una novela. -Muy bien, déjala ahí.

Agarra.

[pólvora]

¿Que qué coño iba a saber yo que aquí era fiesta?

-¡Si en nuestro pueblo no es fiesta! -Yo tampoco.

Pues vaya nochecita nos espera, hijo.

Qué vergüenza.

[pólvora]

Abre el chocolate, Salvador.

Voy, mamá.

Mamá, hay dos cromos.

Ay, deja los cromos ahora, hijo. Vamos a comer.

Liz Taylor y Robert Taylor.

¿Tú crees que son hermanos?

Pues supongo.

[Jacinta suspira]

Come.

Ay, qué pena, hijo.

Aquí tirados como gitanos.

A mí me gusta la estación.

Tú eres muy novelero.

Yo no sé a quién habrás salido.

Arrópate, no te vayas a poner malo encima.

¡Huy, por Dios, qué tomate!

No te lo había visto.

Trae para acá, que te lo coso.

Mira, con el huevo.

-Uy. -Échate para allá. Venga, a dormir.

¿Tú sabes que tu padre, en la mili,

aprendió a coser, y a zurcir y a planchar camisas?

Lo hacía muy bien.

[Salvador] ¿Tú crees que voy a ir a la mili?

Pues me imagino que tendrás que ir, hijo.

Pues yo no quiero ir a la mili.

Ni yo que vayas. No sirve para nada.

-Mamá... -¿Qué?

¿Tú crees que Liz Taylor le coserá los calcetines a Robert Taylor?

Pues no sé...

Hombre, yo en las fotos no le veo mucha pinta de que le guste zurcir.

[Alberto] ¿Estás bien?

[olfatea]

[Alberto] No te olvides de respirar, ¿eh?

No.

[tañidos a lo lejos]

¡Por Dios, qué noche más larga!

Creí que no llegábamos nunca.

Te dije que esperaras unos días hasta que estuviera instalado.

-Tu madre ya estaba harta de nosotros. -No digas eso.

Ah, ¿no?

-¿Sabes lo que dijo hace tres días? -¿Qué?

"¡Hay que ver este mes cómo ha subido la cuenta del pan!".

-¿Tú te crees? -No se lo tengas en cuenta.

Ya sabes cómo es.

[Jacinta] Yo no voy a ser una carga para nadie.

Ese mismo día hice las maletas, y aquí estamos.

¡Salva! Salva, ven aquí.

¿O es que prefieres estar solo?

-Ay, Jacinta, no me digas esas cosas. -Ya...

Lo que digo es que podías haber esperado unos días.

-Oye, ¿falta mucho? -No.

[afilador] ¡El afilador!

[Venancio] Ya hemos llegado.

¿Aquí está nuestra casa?

Estamos encima.

¿Cómo que encima?

Encima.

[zumbido]

-¡Una cueva! -Es lo mejor que he encontrado.

-¡Pero, por Dios, Venancio, una cueva! -¡Salva, tira! Vamos.

¡Pero cómo vamos a vivir en una cueva!

[Venancio] Hay más de 300 familias viviendo en cuevas.

Es algo típico de este pueblo. No es ninguna vergüenza.

[Salvador] ¿Esta es nuestra casa, papá?

[Venancio] Esta es, hijo, esta es.

Pasa.

¡Una cueva!

[desconsolada] Por Dios...

Fue idea tuya dejar el pueblo y venirnos aquí.

Qué dirían en el pueblo si nos vieran...

[Venancio] No he tenido tiempo de encalarlo,

por eso quería que esperarais un poco.

[Venancio] Está todo manga por hombro. Todavía hay que apañarlo.

¡Mamá, mira, el cielo!

Mira.

[voces indistintas]

-Lo he limpiado lo mejor que he podido. -¿Y estás contento de que hayamos venido?

Jacinta, quería otra cosa para vosotros.

[Venancio] ¿Tú crees que estoy contento de traeros aquí, a una cueva?

-Pero no había otra cosa. -Que no pasa nada...

Yo la arreglo para que parezca una casa, venga.

Pero es que tu madre... De verdad. Decirme lo del pan delante del niño...

Mira, si a él le ha encantado...

Venga, que no te quiero ver tan serio, que te pones muy feo.

Papá, ¿puedo ponerme a barrer?

Necesito un taxi que me recoja.

En... Un momento.

-¿Cuál es la dirección? -Calle Pontón, 89.

Eh... Calle Pontón, 89, en San Lorenzo de El Escorial.

El destino es Paseo del Pintor Rosales, 108.

Eso es.

Sí, en Madrid, claro, claro.

Muy bien... Quince minutos... Vale, gracias.

Te ha quedado claro lo de la Filmoteca, ¿verdad?

-Sí. -El 18, dentro de tres semanas.

Ya estoy pensando hasta en el modelo.

Pero antes nos llamaremos, ¿no?

Bueno.

¿Qué me das?

Vamos a darnos dos besos como viejas amigas.

Si hasta nos hemos fumado

-el chino de la paz. -Vale.

Venga, venga.

[Salvador] Buenas.

[móvil]

¿Hola?

[Salvador] Soy yo.

Salvador, ¿es verdad lo de la Filmoteca?

Sí, sí, sí.

[Mercedes] Tenme informada, hombre. No pases tanto de mí.

No... Pensaba decírtelo.

[Mercedes] No, si me encanta que proyecten Sabor y que salgas,

pero ¿seguro que quieres

un coloquio con gente?

-Se va a llenar... -No, no es que quiera un coloquio.

Pero tengo curiosidad por ver si la película ha sobrevivido estos 30 años.

No lo dudes.

Pero si decides no ir, me lo dices y lo arreglo, ¿eh?

Mejor cancelarlo ahora que en el último momento.

Muy bien. Adiós.

-Me voy ya. ¿Necesita algo? -[Salvador] No, gracias, Maya.

-[Salvador] Hasta mañana. -Hasta mañana.

[Salvador] Era el hombre más solo que la muerte ha visto jamás.

Entré en la habitación donde estaba Johannes.

Se había dado la vuelta, haciéndose un ovillo, así que no había sitio para mí.

Al intentar hacerme un hueco, se despertó e hicimos el amor.

Pero la soledad me acompañaba y no lograba expulsarla de mi corazón.

Estábamos todo lo cerca que dos personas pueden estar,

pero cada uno en su mundo.

[timbre]

[timbre]

[timbre]

[Salvador resopla]

Hola.

¿No pensabas abrirme?

No esperaba a nadie y me duele la cabeza.

-Si quieres, me voy. -No, no, entra. Ya que estás aquí...

¿Y vives así, a oscuras?

-Cuando me duele la cabeza, sí. -¡Pobre!

Pero pedazo de casa tienes, tío.

[Salvador] ¿Quieres tomar algo?

Cualquier licor.

[Alberto] Qué maravilla.

[golpe]

[tos aparatosa]

[tose casi ahogándose]

[Alberto] ¿Qué...? ¿Qué hago? ¿Qué...? ¿Qué...?

Respira por la nariz. Respira por la nariz.

Por la nariz.

-[tose] -Espera, espera... Agua.

Tranquilo, espera...

Espera. Respira.

Bebe.

Cuidado, bebe. Despacio, despacio, despacio. Despacio.

[tose]

¡Joder, me atraganto con nada!

[recobra la respiración y tose]

¡Qué susto, coño! Creía que te ahogabas.

Estoy bien.

Me pasa de vez en cuando, y es horrible.

[televisión de fondo]

[aspira]

[mechero encendiéndose]

[aspiración]

[chicas canturreando en la televisión]

[sirenas a lo lejos]

[Alberto, leyendo] Mi idea del cine siempre estuvo ligada

a la brisa de las noches de verano.

Solo veíamos cine en verano.

Las películas se proyectaban sobre un muro enorme,

encalado de blanco.

Recuerdo especialmente las películas donde había agua:

cataratas, playas,

el fondo del mar, ríos o manantiales.

Con solo escuchar el rumor del agua,

a los niños nos entraban unas ganas tremendas de orinar.

Y lo hacíamos ahí mismo, a ambos lados de la pantalla.

En el cine de mi infancia siempre huele a pis.

Y a jazmín.

Y a brisa de verano.

[canta "Kiss"]

[doble clic]

¿Qué haces ahí?

Leyéndote.

Acabo de leer La adicción.

Pues no deberías.

Algo tenía que hacer.

Tú estabas grogui.

¿Puedo?

Sí, sí.

¡Uy, qué bueno!

Oye, me ha flipado el cuento, tío.

No es un cuento.

Bueno, pues lo que sea.

Podría llevarse al escenario tal cual.

Gracias, pero no es un texto dramático.

Da igual.

Yo podría interpretarlo.

-Sé muy bien de lo que habla. -¿Tú?

Tú estás en el lado opuesto a ese texto.

Olvidas que soy actor...

y que sufro muy bien.

Salvador, necesito volver a actuar.

Yo hace tiempo que me bajé del pedestal, ¿eh?

Mira, estoy en contacto con la sala Mirador.

Sé que es una sala muy pequeñita, muy off.

Para montar El bello indiferente, de Cocteau.

[Alberto] Con hombres. Para darle un punto.

Pero, si te digo la verdad, prefiero con mucho tu texto.

-Dame una copia para los de la Mirador. -¡Alberto, para!

Pero ¿para qué lo escribiste?

Lo escribí para olvidarme de su contenido, pero no quiero hablar de ello.

Oye, ¿te importa pasarme lo que queda en la papelina?

-Toma. -No soy una camella, tío.

Toma. Te la regalo.

Pero adminístrala con discreción,

que estos descubrimientos tardíos son los peores, y te veo muy killer.

Oye, piensa en lo que te he dicho de la sala Mirador.

Sí, sí, sí.

-¿El dolor de cabeza... se te ha quitado? -Totalmente.

-¿Ves? -Eso es.

["¿Cómo pudiste hacerme eso a mí?", Alaska y Dinarama]

[pasos acercándose]

-¿Estará de camino? -No sé.

Esta gestión la has llevado tú personalmente.

No lo entiendo. Le enseñé la película restaurada y le encantó.

-¿El baño? -Ahí a la izquierda.

Gracias.

¿Por qué no le llamas?

-Oye, perdona, ¿va a haber coloquio? -Sí, sí, sí. El director está de camino.

Vale.

[sonido de móvil y vibración]

La Filmoteca.

Sí, trae, trae, trae.

¡Yo no doy crédito, tío!

¡Montas todo este numerazo para después no ir!

¡Con lo que me ha costado que me dejaran esta chupa!

Ve tú.

¿Eh?

-¡Pero cómo voy a ir yo solo! -¡No quiero que me vean así!

¿Que te vean cómo?

¡Que no vamos a un concurso de belleza, sino a un puto coloquio!

No quiero que me vean drogado y titubeante.

Cuando pises el escenario, te vienes arriba.

-Con lo que tú has sido... -Uy, eso era antes...

Y sin haber tomado heroína.

[móvil]

Salvador, ¿dónde estás?

En casa.

¿Todavía? La película ha terminado, el público os está esperando.

[Salvador] Ah, ¿sí?

Estoy con Salvador Mallo.

Eh... Pensábamos ir los dos.

Alberto Crespo está conmigo.

Y el protagonista, Alberto Crespo.

¿Os importaría repetir el aplauso de antes para que lo oigan?

A ver si así se reaniman, ¿eh?

[vítores y aplausos a través del mano libres]

¿Me está escuchando todo el mundo?

Sí, Salvador.

[Salvador] Eh... Bueno...

Quería pedir disculpas a los espectadores.

En el último momento... no me encontraba bien.

Eh...

[Salvador] Estoy con Alberto Crespo. Él se ha quedado

-para acompañarme. -Salvador, disculpa,

están levantado la mano, creo que te quieren preguntar algo.

Es una preguntita para el director.

[espectador] Señor Mallo,

¿qué piensa usted de la interpretación de Alberto Crespo en la película?

Hay gente que dice que no quedó contento y que se distanciaron por eso.

[esnifa]

Salvador, ¿has escuchado la pregunta?

Sí, sí, sí, la he escuchado.

Yo he leído que, después de Sabor, discutieron,

que no se habían vuelto a ver.

Mira... El tiempo es misterioso.

Volví a ver la película hace un mes,

y me parece que la interpretación de Alberto ha ganado mucho

desde que la estrenamos.

[se sorbe]

¿Qué era lo que no le gustaba entonces?

Su pesadez.

Su ritmo letal.

Yo concebí un personaje dinámico, un cocainómano divertido y mordaz.

Alberto no tenía la ligereza que yo le pedía.

No porque fuera incapaz, sino porque tomaba la droga opuesta al personaje.

Tomaba caballo.

El ritmo de su interpretación

era más grave, el humor del texto desaparecía.

Pero tengo que ser justo.

Ahora creo que esa gravedad le va bien

al personaje, le da...

peso.

[golpe a través del móvil]

¿Cómo te atreves?

No pensaba decirlo, pero dicho está.

Ten cuidado conmigo, ¿eh?

¡No voy a permitir que me humilles otra vez!

-¿Tú quién coño te crees que eres? -Solo he dicho la verdad.

Antes de rodar, me prometiste que no tomarías caballo en el rodaje.

Te di el papel con esa condición y me mentiste.

Hiciste lo que te salió del rabo.

Y algún día tenía que decírtelo.

¡Estás como una puta cabra!

Yo le doy todos los recados.

Ya.

Últimamente me huye.

-¿Seguro que está bien? -Come poco. Y se atraganta muchísimo.

Tú prepara toda la comida en puré.

¿Sale a pasear?

Yo no lo veo.

Pero camina por aquí por la casa, por el pasillo.

[Mercedes] Ya. He visto

unos mocasines en la entrada y nunca le han gustado los mocasines.

Pues se los pone.

Aunque tiene mil zapatillas muy bonitas.

Maya, dile que a ti no te importa abrocharle los zapatos y las zapatillas.

Debe costarle muchísimo abrocharse los cordones. Pobre.

Sí, se lo digo, señora Mercedes, pero él no quiere.

Yo creo que le da vergüenza, y me da mucha pena.

No sé qué hacer.

Pues ponerle buena cara y cuidarle en todo.

Y si tú ves algo raro, me llamas.

Señora Mercedes, aquí todo es raro.

Ya.

[murmullos]

[murmullos y risas]

[voces indistintas]

[acento africano] ¿Puedo ayudarte en algo?

[Salvador] No sé.

¿Qué buscas?

Dos micras.

Diez euros.

-Diez euros. -Sí.

Pero no me vayas a traer una mierda.

Si es buena, volveré.

Dame la pasta.

No, no, no. Cuando traigas el material.

Al contado y ahora.

Espérame aquí.

[hombre 1] ¡Vamos!

[gritos]

¡Vamos! ¡Vamos!

[hombre 2] ¿No tienes caca?

[hombre 1] ¡Vamos!

¡Maricón! ¡Vamos! ¡Vamos, que te voy a matar!

-¡Ah! -Tranquilo, tío.

[hombre 1] ¡Ah!

¡Ven aquí! ¡Ven aquí! ¡Dios!

[murmuran]

¡Maricón, ven aquí, ven!

[sirenas]

[tañidos a lo lejos]

[Conchita] Sí, sí.

[Eduardo] ¡Mira el niño! Tan pequeño y mira cómo lee.

¡Oye!

-¿Sabes también escribir? -Sí.

¿Y cuánto nos cobrarías por escribirle una carta a una tía mía de Bilbao?

No lo sé.

¿Qué pasa?

Queríamos que su hijo nos escribiera una carta.

Porque mi novio es analfabeto.

¿Cuándo voy a aprender? Si me paso todo el día trabajando.

[Conchita] Si no perdieras el tiempo dibujando...

-¿Tú eres albañil? -Y pintor.

Claro... Qué pena. Tan guapo, que seas analfabeto.

Pues mi Salvador puede enseñarte a leer y a escribir, ¿verdad?

Por las noches, cuando termines de trabajar.

[Jacinta] A la hora que a ti te venga bien.

¿Y me podrías enseñar las cuatro reglas también?

-Sí. -[Jacinta] Por supuesto.

Las cuatro reglas, para que nadie te engañe.

Si es que en este mundo en que vivimos ser analfabeto es un atraso.

Voy a por el papel y el lápiz para escribir la carta, ¿eh?

-¿Cuánto nos cobraría? -¡Nada, mujer! ¡Nada!

Mira, como tú eres albañil,

podrías ayudarme a terminar la cocina y a pintar un poco las paredes, ¿eh?

Cuando a ti te venga bien.

-Como no sean los domingos... -¡Los domingos, muy bien!

A cambio, mi Salvador te enseña a leer, a escribir, las cuatro reglas.

-Y la carta de hoy, gratis. -Gracias.

[Eduardo] "A, B, C, CH, D...".

[Jacinta] Eduardo, ¿cuándo me vas a poner la pila?

Que tengo que lavar todo en estos baldes...

Antes quería terminar de jalbegar las paredes.

No, la pila, la pila es más urgente.

Ya me he acostumbrado a los desconchones.

Es que Salvador me pone muchos deberes y no tengo tiempo.

Salvador...

Si quiere aprender a leer y a escribir, debe aprenderse el abecedario de memoria.

Venga, Eduardo, empieza otra vez.

"A, B, C,

CH, F,

-[Eduardo] J...". -No, Eduardo.

Es: "F, G, H, I, J, K".

Antes lo habías dicho bien.

Es que son muchas letras.

No te quejes más. Son las que son.

No, Eduardo, no se coge así. Dame el lápiz.

Mira, se coge así.

[Salvador] ¿Vale? Ahora hazlo tú.

[Eduardo] ¿Así?

[Salvador] Sí.

Así.

No, Eduardo, no hace falta apretar tanto.

Deja la mano suelta, yo te la llevo.

[ambos] "U".

Estoy un poco nervioso.

No pasa nada. Así está mucho mejor.

-¿Te gusta dibujar? -Mucho.

Entonces, aprenderás muy rápido a escribir

porque escribir es como dibujar pero con letras.

Ahora hazlo tú solo, venga.

"U, U".

Eso es.

[Salvador] Lee la frase.

[Eduardo, leyendo con dificultad] Una... santa...

católica...

apos...

tólica.

[Eduardo, leyendo de seguido] Una santa católica apostólica.

¿Y esta quién es?

¡España! ¿Quién va a ser sino?

Ah.

Escríbela toda seguida.

Muy bien, Eduardo, ahora lo haces mucho más seguido que antes.

[Mercedes] Hay un montón de invitaciones. No estaría mal que salieras a algún sitio.

-Cecil Beaton... -Yo te acompaño donde quieras.

-Ya me gustaría a mí... -Ha empezado la temporada de danza.

Vienen Dimitris Papaioannou y Jan Fabre a los Teatros del Canal.

Las butacas de los teatros públicos son las más incómodas para mí

y no quiero salirme a la mitad.

¿Has ido a ver al doctor Galindo?

No. Estoy harto de médicos.

¿Cómo consigues la Oxicodona?

Me la consigue un amigo, su madre es farmacéutica.

Ha llegado este libro para ti.

"Cómo acabar con la contracultura".

Y yo qué sé...

Ah, del Guggenheim nos piden dos de los Pérez Villalta.

-Le van a dedicar una antológica. -No, no, di que no.

Esos cuadros son mi única compañía.

Yo vivo con esos cuadros, Mercedes.

[móvil]

Perdona.

[Mercedes] Hola.

Dime.

[Mercedes] Sí.

Sí, sí, sí, te escucho.

[Mercedes] Oye, tengo que dejarte. No... No puedo seguir hablando.

Oye, no es asunto tuyo dónde estoy.

[colocado] ¿Pasa algo?

No.

Estoy separándome de Luis.

No sabía que tuvierais problemas.

No quería molestarte.

La cosa viene de lejos y...

Y ahora que tengo que pasar tanto tiempo en casa,

no podía seguir engañándome.

Lo siento.

Así que, si no te importa, me gustaría seguir encargándome de tu correo.

A la gente le gusta que se le responda.

Pero siempre es que no.

Pues algo deberías hacer.

Tienes demasiado tiempo libre para pensar en tus dolencias.

Dale a tu cerebro algo para que se entretenga.

También me gustaría hacer más cosas, Mercedes, pero...

Podrías escribir.

Tienes un montón de documentos llenos de ideas para desarrollar.

Te hago una lista.

No quiero escribir si después no puedo rodarlo.

Y tú mejor que nadie sabes

que no me puedo enfrentar a un rodaje en estas condiciones.

Sin rodar, mi vida carece de sentido.

Pero así están las cosas.

Llámame, ¿eh? Llámame para lo que necesites.

Sí, sí.

[Salvador] Bueno...

Jacinta, has dejado la cueva preciosa.

Uy, y esa luz, Dios mío, qué maravilla.

A veces llueve.

Bueno, hija, pero no hay que ser tan egoísta, Jacinta.

La lluvia es necesaria. Piensa en el campo, en los agricultores...

-Pues también es verdad. -Claro.

Bueno, Salvador. A ver...

Desde que tu madre me dijo que, con nueve años, eras todo un maestro,

pensé: "Este niño debe ser para Dios".

Él ha ido siempre por delante de los de su edad.

-¿Te gusta enseñar, Salvador? -[Salvador] Sí.

-[beata] ¿Y te gustaría estudiar? -Sí, mucho.

¿Por qué?

Para saber más y poder enseñar más cosas.

Muy bien.

Muy bien. A eso lo llamo yo vocación,

hablaré con el padre José María, y él se encargará de todo.

Muchas gracias.

Salvador, el próximo curso ingresarás en un seminario

para estudiar el bachillerato.

A ver cómo te portas. No a todo el mundo le dan una beca para estudiar.

¿Entonces lo de la beca ya es seguro?

Sí, mujer. Estate tranquila.

Y tú, a ver cómo me dejas. Piensa que eres uno de los elegidos.

Bueno, me voy, que todavía tengo alguna visita que hacer.

-¿No quiere un poquito más de zumo? -No, muchas gracias. Estaba buenísimo.

[beata] Adiós, Salvador.

Qué bonitas te han quedado las paredes encaladas, Jacinta. Está precioso.

Están mejor, sí.

[beata] Si te digo la verdad, te tengo mucha envidia.

¿A mí?

Vivís en unas catacumbas, igual que los antiguos cristianos.

Pues sí, así vivimos.

[Jacinta] ¿Voy a coser el domingo?

Sí, te espero el domingo en casa, hija.

-Muchas gracias. -De nada.

Mamá.

-[Jacinta] ¿Qué, mi amor? -¿Un seminario es un sitio para ser cura?

Sí. ¿Te hago una tortilla de patatas de esas que te gustan a ti?

¡Guapo!

¡Yo no quiero ser cura!

No hace falta que lo seas.

¿Entonces por qué quieres que vaya?

¡Pues porque para los pobres no hay otro modo de estudiar!

Por eso.

¿Qué quieres que haga yo?

[suspira]

[pasos corriendo]

¡Salvador!

¡Salvador!

¡Salvador!

¡Cuidado qué niño!

¡Salvador!

¡Baja de ahí!

¡Baja!

¡No quiero ir al seminario!

Cuando termines el bachillerato, te sales.

Ya se nos ocurrirá una manera de que hagas una carrera.

Que no te veas como tu padre...

¡No quiero ir al colegio! ¡Quiero quedarme aquí!

¿Y qué vas a hacer aquí, hijo?

¿Eh? ¿Qué vas a hacer aquí? ¿Matarte a trabajar en el campo o en la obra?

¿Es eso lo que quieres?

No quiero ser cura.

[Salvador, leyendo] La vida me disgusta como una medicina inútil.

Y es entonces cuando siento con visiones claras

lo fácil que sería alejarse de este tedio

si tuviese la simple fuerza de querer alejarlo de verdad.

[telefonillo]

[Alberto] ¿Quién es?

Soy yo.

[Alberto] ¡Vete!

[resopla]

[telefonillo]

-Si no te vas, llamaré a la policía. -Alberto, vengo a negociar.

Te doy los derechos para interpretar La adicción.

No te creo.

-Vete. Estoy ocupado. -[Salvador] De verdad.

Aquí traigo una copia del texto. Por favor, ábreme.

Como sea una trampa, vas a salir de aquí más contrahecho de lo que ya estás.

[Alberto] ¿Qué pasa? ¿Estás en huelga de hambre?

[Salvador] ¿Sigues con la idea de hacer Cocteau en la sala Mirador?

Sí, pero tengo muchas dudas.

El texto es muy bonito, pero se ha quedado antiguo.

Si de verdad me das La adicción, me pongo a full con ello.

Tendría que informar a los de la Mirador, claro.

Aquí lo tienes.

¿A qué se debe este cambio?

Le he dado una vuelta al texto, como me dijiste, y...

Te sigo contando si me invitas a un té.

Claro.

[Alberto] ¿Algo más?

Sí, no quiero firmarlo yo. Y no digas que es mío.

No quiero aparecer por ningún lado.

Muy bien. ¿Me dirigirás tú?

-No, no. -Hombre, eso ayudaría.

No, no, no. Dásela a los del teatro,

que la lean y que juzguen si les interesa, pero no des mi nombre.

-¿Entonces quién es el autor? -Tú.

O inventamos un seudónimo.

¡No, no, no! Yo lo firmo, yo lo firmo.

Pero no te entiendo...

Es un texto confesional.

-No quiero que nadie me identifique. -[Alberto] Ya.

Eh... Sobre la puesta en escena,

te sugiero un escenario vacío.

Una pantalla. Una silla, si no sabes qué hacer con los brazos y las manos.

Sé perfectamente qué hacer con los brazos y con las manos.

Después de corregirlo,

reconozco que el texto ha quedado un poco melodramático.

No te preocupes, también controlo el melodrama.

De algo me servirán mis años mexicanos.

Por eso te lo digo. Tienes que huir de sentimentalismos.

Controla la emoción.

No llores, los actores aprovecháis cualquier pretexto para llorar.

No es mejor actor el que llora,

sino el que lucha por contener las lágrimas.

Déjame que te dé un beso, maricón.

Oye, yo, si no te importa, voy a ponerme a trabajar ya.

Tú, si quieres quedarte, estás en tu casa.

Por cierto, tengo un montón de revistas de los 80.

Que en alguna sales tú, vestido de mujer.

Que muy pronto se te olvida a ti esa época.

Bueno, pero antes invítame, anda, y dame la dirección de tu dealer.

Dile que yo mismo iré a recoger el material.

Que no hace falta. Si ahora te lo traen a casa, como Telepizza.

Mechero.

Toma.

No. Todavía no.

[Salvador] ¿Y eso?

Estoy bajando la dosis, lo justo para poder trabajar.

¿Y puedes hacerlo?

¿Cómo crees que he llegado hasta aquí?

Entrando y saliendo.

Es una esclavitud.

Pero esta función es vital para mí.

Y tengo que hacerla lo más limpio que pueda.

No quiero perder ni un ápice de la emoción que has puesto en estas páginas.

¿Vendrás a verme?

No sé.

No, no creo.

Esta vez no hago a Shakespeare, ni a Chejov, ni a Lorca.

Te hago a ti.

Si lo haces mal, me sentiré fatal.

Y si lo haces bien, me sentiré mucho peor.

[resopla conmovido]

[leyendo] En el cine de mi infancia siempre huele a pis.

Y a jazmín.

Y a brisa de verano.

[música instrumental]

[se mueve al compás de la música]

[para la música]

Conocí a Marcelo en un váter lleno de gente.

No era la primera vez que lo veía.

Pero fue esa noche,

después de rozarnos casualmente,

cuando descubrí que me gustaba aquel chico.

El fin de semana lo pasamos entero en la cama.

Y cuando quise darme cuenta,

había pasado un año y ya no podíamos vivir el uno sin el otro.

Estábamos en 1981...

y Madrid era nuestro.

Un día, encontré a Marcelo más pálido de lo habitual.

Últimamente había adelgazado...

y estaba muy ojeroso.

Le pregunté si no se sentía bien,

y él me confesó que había empezado a tontear con el caballo.

Me sorprendió porque yo no lo había tomado nunca.

Bebía y esnifaba cocaína, como todo el mundo.

Pero caballo nunca.

Intuí que aquello no era bueno y no me gustó.

Yo estaba en plena vorágine. Escribía crónica nocturna,

participaba en programas musicales, cantaba en un grupo de punk paródico,

preparaba mi primera película.

La rodé, se estrenó, tuvo éxito.

Escribí la segunda, la rodé.

Yo hacía mil cosas, no dormía,

mientras Marcelo languidecía tirado en el sofá de casa

o encerrado en el cuarto de baño

o fuera de casa, en algún lugar que yo desconocía.

[Alberto] Yo me pasaba la noche yendo y viniendo de la ventana a la cama,

pendiente de escuchar el ruido de la puerta.

-[taquillero] Aquí tiene sus entradas. -[mujer] Gracias.

Madrid se había convertido en una plaza difícil,

como dicen los taurinos.

Así que viajábamos continuamente,

cualquier cosa con tal de salir de Madrid.

Lo peor eran los primeros días.

Mientras Marcelo se recuperaba del mono, yo le cuidaba y escribía.

No sé cómo, pero escribía.

Marcelo era muy joven, los monos le duraban poco. Tres, cuatro días...

Después nos tirábamos a la calle y disfrutábamos como niños.

[resopla]

Recuerdo la Costa de Marfil.

Decenas de jóvenes musculosos

lavando la ropa en el río sobre llantas de coche.

El malecón de La Habana, de día o de noche.

La Habana Vieja latiendo dulcemente al ritmo de percusiones que no cesan.

Recuerdo México D. F.

Marcelo y yo, borrachos,

escuchando a Chavela Vargas cantando "La noche de mi amor".

[Chavela Vargas] ♪ Quiero ♪

♪ La alegría de un barco volviendo ♪

♪ Mil campanas de gloria tañendo ♪

[para la música]

Aquellos viajes, cuya única razón era huir de Madrid,

huir del caballo,

se convirtieron en mi mejor escuela.

En esos viajes encontré la inspiración

para escribir las historias que, años después, contaría

y los colores que las iluminarían.

Pero no podíamos pasarnos la vida viajando.

Tarde o temprano había que volver a Madrid.

Y Madrid era un campo de minas, un callejón sin salida.

Yo estaba desesperado, no sabía qué hacer.

Excepto repetirme.

Los dos... nos repetimos durante tres largos años.

Yo creía que la fuerza de mi amor vencería su adicción, pero no fue así.

El amor no es suficiente.

El amor tal vez mueva montañas...

Pero no basta para salvar a la persona que quieres.

Bajo el muro encalado de blanco

donde se proyectaban las películas de mi infancia,

yo rezaba para que a las protagonistas no les pasara nada.

Pero no lo conseguí.

Ni con Natalie Wood ni con Marilyn.

Después intenté salvar a Marcelo y salvarme yo.

Si Marcelo se salvó, fue lejos de mí.

Y en cuanto a mí, yo me quedé en Madrid...

y el cine me salvó.

[llaman a la puerta]

[Alberto] Entra.

Hola.

Buenas noches.

Buenas noches.

Pasa, adelante.

¿Nos conocemos?

Sí.

No te recuerdo.

Hace tiempo, cuando preparabais Sabor con Salvador Mallo.

-Lo siento, no lo recuerdo. -Nos vimos dos o tres veces.

Soy Federico, el Marcelo de tu monólogo.

¿Te ha gustado la función?

No sé.

Gustar no es la palabra. Me ha impresionado mucho.

Tú eras el que llorabas, ¿verdad?

Sí, supongo.

Siéntate.

Imagino que tendrás algunas preguntas que hacerme.

¿Salvador vive?

[móvil]

¿Qué tal ha ido la función hoy?

Muy bien. Llena.

Lástima que la sala sea pequeña.

Mejor, así ganas en intimidad.

Hoy ha venido un espectador muy íntimo.

[Salvador] ¿Quién?

Te lo digo si prometes venir a verme al teatro.

[Salvador] ¿Quién es ese espectador tan íntimo?

Federico.

-¿Qué Federico? -[Alberto] Federico Delgado. Tu Marcelo.

[Alberto] Ha venido a verme al camerino.

¿Ha reconocido el texto?

Cada palabra.

Me ha pedido tu teléfono y tu dirección.

[Salvador] ¿No le has dicho nada más?

No.

De los chinos que te fumas no le he dicho nada.

[Salvador] Gracias. Un día iré a verte.

Ya...

[móvil]

[móvil]

[Federico] ¿Salvador?

Sí.

[Federico] ¿Eres tú? No te habría reconocido. Soy Federico.

Federico...

[Federico] Estoy en Madrid.

¿Y qué haces aquí?

[Federico] He venido a ver a unos abogados por una herencia.

Me voy mañana por la noche. Me gustaría verte.

A mí también, pero estaba ya en la cama.

¿Te importa si nos vemos mañana?

[Federico] ¿Te va bien a mediodía? Por la tarde es la reunión con el abogado.

Perfecto, sí.

[Federico] No te he preguntado cómo estás.

Viejo.

[Federico] Cinco años más que yo, ni uno más.

¿Y tú cómo estás?

Uf... Ahora mejor. Al salir del teatro estaba hecho polvo.

He ido a ver La adicción.

¿Y cómo sabías que se representaba?

[Federico] Por casualidad.

Fui a caminar por Embajadores para dar una vuelta por nuestra calle.

Estuve frente a nuestra casa.

-Claro, el teatro está un poco más arriba. -[Federico] Sí.

Entré para hacer tiempo y porque recordaba a Alberto Crespo por tu película.

[Salvador] Y te encontraste de golpe con...

Sí. De golpe.

No sé cómo pedirte perdón.

Yo no sabía cómo te sentías tú, todo lo que habías sufrido.

Fue una buena escuela.

[Federico] ¿Cómo?

[Salvador] No tienes por qué pedir perdón.

Yo no hice nada que no quisiera hacer, Federico.

Ah...

Intenté ayudarte hasta donde pude.

Y yo te lo agradezco y quisiera podértelo demostrar algún día.

Oye, mira, yo no creo que pueda dormirme después de esto.

¿Me das veinte minutos para ducharme y vestirme y nos vemos en mi casa?

Venga. Sí.

[telefonillo]

¿Sí?

-Soy Federico. ¿Me abres? -Venga.

[ascensor abriéndose]

-¡Cuánto tiempo, cabrón! Ven aquí. -Sí.

[ríen ambos]

[Federico] Mucho.

¿Me habrías reconocido si me ves por la calle?

Tendría que haberme fijado, pero sí.

Los ojos son los mismos.

-Perdona que te haya levantado. -No... Pasa.

Parece un museo.

Todo lo que he ganado lo he invertido en esta casa y en estos cuadros.

-Después te hago un tour. -Sí...

-¿Qué quieres tomar? -Cualquier cosa.

¿Tequila?

-Sí. Tequila. -En honor a Chavela.

Cuando la mencionas en tu monólogo, no pude contener las lágrimas.

Bueno, pues venga.

Tequila por Chavela y para celebrar nuestro encuentro.

Sí.

[Federico] Me encanta tu casa.

¿Tú dónde vives ahora?

En Buenos Aires.

En Buenos Aires tenías un tío...

Sí. Me fui allí en el 85.

¿Tan pronto?

Sí.

¿Te hago un resumen ahora o después de brindar?

Salud.

Salud.

Uh...

El resumen.

Después de separarnos, me quedé un año con mis padres.

En ese momento las rutas del caballo no pasaban por Argentina,

así que me fui allí con mi tío y empecé a trabajar con él en su restaurante.

No podía tomar caballo porque no había, así que fue el mejor modo de dejarlo.

Conocí a Lucrecia, mi mujer, nos casamos.

Ahora tengo dos hijos mayores, mi propio restaurante

y en todos estos años solo he vuelto a Galicia para ver a mis padres.

[Federico] Esta es la primera vez que piso Madrid.

Como dices en tu monólogo, Madrid se había convertido

en una plaza difícil para mí, un campo minado.

Lástima que tú vivieras aquí...

Yo necesitaba Madrid.

También te necesitaba a ti, pero no en esas condiciones.

"El amor no basta para salvar a la persona que amas",

ya lo dices en tu monólogo.

No hablemos del monólogo, es un texto muy triste.

Me he quedado más tranquilo cuando dices que, mientras me cuidabas,

seguías evolucionando como escritor y como cineasta.

¿De verdad te sentías así?

Tú no interrumpiste nada, Federico.

Al contrario.

Llenaste mi vida como nada ni nadie... lo ha hecho hasta ahora.

Así que no habías vuelto a Madrid desde entonces...

No. Pero seguía todo lo que hacías.

Y... Y me alegraba

cuando reconocía alguna escena claramente inspirada en nosotros.

Cada película tuya era un acontecimiento en mi vida

y me llenaba de orgullo que tuvieras éxito en todo el mundo.

[Federico] Eres el único director español que conoce mi familia.

Tu nueva familia...

Sí.

¿Saben algo más?

[Federico] ¿Te refieres a nosotros?

Lucrecia, mi mujer... Bah, mi exmujer, nos estamos separando.

[Federico] Sí, se lo conté. No sabe que eres tú,

sabe que estuve con un tío en Madrid durante tres años.

Y también se lo he contado a uno de mis hijos, para animarle.

Con el tiempo le contaré que eres tú.

Es muy cinéfilo y no me lo perdonaría que no se lo dijera.

¿Tienes pareja ahora?

[Federico] Sí.

¿Y tú?

No.

¿Hombre o mujer?

Mujer.

Mi experiencia con los hombres terminó contigo.

No sé cómo tomármelo.

Tómatelo como un halago.

Él es Mauro, es el más chiquito.

Y este es Federico. Ya tiene 22.

Se parece mucho a ti.

Sí. A este es al que ya se lo he contado.

Muy guapos los dos.

Tienes que venir a Buenos Aires.

La ciudad te va a encantar y seguro que te inspira también.

Quiero que conozcas a mi familia,

que vengas a comer al restaurante, que nos emborrachemos juntos.

Bien...

Por los viejos tiempos.

¿Quieres que me quede a dormir contigo?

Claro que quiero, pero vamos a cerrar nuestra historia como Dios manda.

Nunca nos importó Dios

y nuestra historia la podemos cerrar igual de bien mañana por la mañana.

En cualquier caso, me alegra ver...

que todavía te excitas conmigo.

Lo mismo digo. Tú también te has excitado.

Sí, vete. Vete.

-Vete. -Sí, me voy.

Tienes razón, como siempre.

Bueno, recuerda que has prometido venir a visitarme a Buenos Aires.

[chista]

Buen viaje.

Muchas gracias por venir. De verdad.

Te llamaré para recordártelo.

Sí... ¿Salvador?

[Salvador] Mercedes, ¿te pillo bien?

Sí, sí, dime.

Mira, me gustaría ir a ver al doctor Galindo cuanto antes.

-¿Qué has tomado? -[Salvador] Nada.

Un simple ansiolítico, hace dos horas, y unos chupitos de tequila.

Y voy a tomarme mi ración legal de pastillas

trituradas con yogur líquido.

¿Quieres que pida cita con el digestólogo?

Sí, cuanto antes.

[Mercedes] Muy bien.

-Venga, adiós. -Adiós. Besos.

[puerta abriéndose]

¿Salvador Mallo?

Sí.

Pasen por aquí, por favor.

-[Mercedes] Gracias. -De nada.

-[Mercedes] Buenos días, doctor. -[Galindo] Buenas, adelante.

Muchas gracias por hacernos un hueco, doctor.

No hay de qué. Cuéntame, Salvador.

Los dolores de espalda me están machacando.

La Oxicodona casi no me hace nada.

Pues habrá que cambiarte de analgésico.

¿Cómo no has venido antes?

Estaba muy bajo de ánimo.

Sí. Ha estado muy deprimido.

¿Y qué has hecho para controlar el dolor?

He empezado a tomar heroína.

-¿Y piensas seguir tomando? -No. Por eso estoy aquí.

¿Con qué periodicidad estabas tomando?

Cada dos o tres días.

Al final, un día sí y otro no. Fumada en chinos.

-¿Y cuándo has tomado por última vez? -[Salvador] Antes de anoche.

¿Voy a tener síndrome de abstinencia?

Un poco, pero con una desintoxicación compasiva y controlada no vas a sufrir.

¿"Compasiva y controlada"?

Sí, así se llama.

-¿Tienes a alguien que te asista? -Sí, sí. Yo voy a estar con él.

¿Y cómo has controlado este día y medio que no has tomado?

Con ansiolíticos y una voluntad férrea.

[Salvador] Esa voluntad la vas a seguir necesitando.

Tu mente ya conoce el efecto de la heroína y es algo que no se olvida.

¿Sigues con el Paxtibi para la cabeza?

Sí, y con todo lo demás.

Para el asma, la tensión, el insomnio... Sí.

Pero sobre todo necesito que me ayude con los dolores de espalda

y que ponga un poco de orden en todo lo que tomo.

También con las migrañas.

Los dolores de espalda y de cabeza... me paralizan totalmente.

Entiendo.

¿Tienes algún proyecto, Salvador?

Sí, mejorar mi calidad de vida.

Me refiero al trabajo.

Te vendría bien estar ocupado.

[Galindo] ¿No lo echas de menos?

No hay un solo día que no piense en ello.

Pero la cuestión no es si lo echo o no de menos.

El cine es un trabajo muy físico

y, desgraciadamente, yo no estoy en condiciones.

En realidad, ese es mi gran problema.

Hay gente que está peor que tú y sale adelante.

No, lo sé, lo sé.

Pero yo no he sido capaz.

Mi madre murió hace cuatro años.

Dos años después me operé de la espalda.

Creo que todavía no me he recuperado, ni de una cosa ni de la otra.

Necesito ayuda, doctor.

Bien. Voy a cambiarte la Oxicodona por otro opiáceo.

La idea de la heroína se te pasará por la cabeza.

Debes estar atento.

Te voy a extender las recetas y ahora te explico las pautas.

¿Os importa si salgo al pasillo y me muevo un poco?

-No, no, sal. -Sal.

Doctor, muchas gracias.

No hay de qué.

-[Galindo] Bueno, vamos a ver... -Hay algo más, doctor.

¿Algo más?

Salvador se atraganta con frecuencia.

Hace una hora, cuando veníamos al hospital,

por solo beber un poquito de agua creía que se ahogaba.

El digestólogo le ha hecho una endoscopia y...

Y han descubierto un bulto que le presiona el esófago.

Por eso se atraganta tan fácilmente y no... No sabemos qué es ese bulto.

¿Conoce él el resultado de la endoscopia?

No.

Le han mandado un TAC para estar más seguros.

Pero el digestólogo no... No descarta que sea un tumor.

¿Qué hago?

¿Se lo digo?

No, no, evítale al menos dos días de angustia

y, por favor, llámame con los resultados del TAC.

Claro.

Mercedes, ¿me alcanzas la caja esta, por favor?

[Mercedes] Sí.

Gracias.

Salvador, me emociona mucho que me hayas instalado

en la habitación de tu madre.

Aquí está tu merienda.

Esas magdalenas renegridas ni pensarlo.

[Salvador] Son integrales.

Un día me traerás un plato de alfalfa para comérmelo

porque ahora dicen que es buena para el corazón.

¿No te vas a tomar la leche? Tienes que hacer por tomártela.

Después.

Siéntate.

[Salvador] Ay... ¿Qué estás haciendo?

Tratando de desenredar estos rosarios.

[Salvador] Venga, te ayudo.

No, tú no sabes.

¿Te acuerdas de cómo tienes que amortajarme?

Sí, mamá, sí.

Si estamos en el pueblo, llamas a la Petra, ella está acostumbrada.

Y si me muero aquí, que espero que no, porque quiero morir en mi cama,

Maya y Mercedes te echarán una mano.

-¿Tenemos que hablar de esto ahora? -Sí.

En la cabeza...

media mantilla... porque soy viuda.

Déjame que te ayude. Ven, te ayudo.

Vamos a ver.

Así. Y el hábito de Jesús de Medinaceli, con su cordón...

Eso es, con su cordón.

Entre las manos, me pones un rosario.

Me pones este, el viejo.

El nuevo quiero que te lo quedes tú.

-¿No prefieres que te ponga el nuevo? -No.

Quiero ir descalza.

Si me atan los pies para enterrarme,

tú me los desatas y dices que te lo he pedido yo.

Al sitio donde voy... quiero entrar muy ligera.

¿Te acuerdas de esta pluma?

-Claro. -Me la regaló tu padre.

Con ella le escribí todas las cartas cuando éramos novios.

¿Y el huevo de madera, mamá?

¡Cuánto habré zurcido yo con este huevo!

De todas estas cosas, es lo que menos valor tiene.

Pues dámelo.

Toma, acabas de heredarlo.

Últimamente pienso mucho en ella.

Es la primera vez que te oigo decir

que todavía no has superado la muerte de tu madre.

[Salvador] También pienso mucho en mi infancia.

Cuando estoy en duermevela, que es la mayor parte del tiempo,

acabo siempre pensando en mi madre cuando yo era niño.

Pero nunca has hablado de ella ni de tu infancia en tus películas.

A mi madre no le gustaba.

¿Tú crees?

Me lo dijo una de las últimas veces que estuvo en el hospital.

Qué limpias tienes las piernas, mamá.

En eso he salido a mi familia.

En mi familia no hay varices.

Qué pena, hijo mío.

¿Por qué?

Tú no vas a tener una buena vejez.

¿Y eso?

Has salido a la familia de tu padre.

Desde luego, mamá, qué cosas tienes. Anda, cuéntame cómo has pasado la noche.

Regular.

He estado toda la noche con mi vecina Lola.

¿Aquí, en la habitación?

No, hombre, no, en sueños.

He soñado toda la noche con ella.

Yo acababa de llegar al pueblo...

y oigo que la Lola me toca la puerta,

como siempre cuando me oía llegar de Madrid.

Aunque era un sueño, yo recordaba que Lola estaba muerta.

Pero le abrí la puerta... y allí que la encuentro,

igualita que siempre,

solo que se trasparentaba un poco.

Pero yo no me asusté, ¿eh?, y le dije:

"Lola, supongo que no estás bien

y quieres que yo haga algo,

pero tienes que decirme qué y te prometo que lo haré".

[Jacinta] "No, Jacinta, yo estoy bien", me responde ella.

"Pero cómo vas a estar bien", le decía yo.

"Si estuvieras bien, no te aparecerías".

"Me aparezco a ti... porque mis hijas se asustan muchísimo".

[Jacinta] "Pero ¿y cómo vienes al pueblo con el frío que hace?".

"Yo ya no tengo ni frío ni calor",

me respondió,

"y en ningún sitio se está como en tu casa".

"En eso llevas toda la razón, hija mía", le dije.

[Salvador] ¿Y qué más?

No pongas esa cara de narrador, ¿eh?

No, no, no quiero que pongas nada de esto en tus películas.

No me gusta que salgan mis vecinas, no me gusta la autoficción.

¡Y qué sabes tú de autoficción!

Te he oído explicarlo en una entrevista.

A mis vecinas no les gusta que las saques.

Piensan que las tratas como a unas catetas.

Ay, mamá, dice unas cosas...

Si no puedo tratarlas con más respeto ni más devoción...

Cada vez que tengo ocasión,

hablo de ti y digo que me he formado contigo y con las vecinas.

Todo... os lo debo a vosotras.

No les gusta.

Vamos a dar un paseo, que hoy no se ha movido todavía.

No me he movido porque no tenía a donde ir.

-Ahora si tiene a donde ir. Vamos. -¿Dónde?

Al pasillo.

[Salvador] Eso es.

No has sido un buen hijo, hijo mío.

¿No?

No.

No me perdonaste que te recomendara a la beata de Paterna.

Y creo que te vengaste por eso.

Yo tampoco quería que fueras al seminario, pero éramos pobres.

Es verdad que no quería ir,

pero de eso a que quisiera vengarme de ti... ¡Cómo puedes pensar eso!

Después del bachillerato, te faltó tiempo para irte a Madrid.

Y cuando murió tu padre,

te dije si querías que me fuera a vivir contigo.

Tú escurriste el bulto,

dijiste que llevabas una vida que... no era para poder compartir conmigo.

[Salvador] Y era verdad, pero no como tú lo entendiste.

Yo lo entendí perfectamente.

Estoy muy mal de los remos, pero la cabeza la tengo estupendamente.

Cuando no estaba viajando, estaba rodando.

Tú no hubieras soportado la soledad de un piso en Madrid,

aquello no era vida para ti.

Habría cuidado de ti.

Me habría adaptado como me he adaptado a tantas cosas.

Pero no quisiste... y aquello me dolió.

Mamá...

Siento mucho no haber sido nunca el hijo que tú deseabas.

Cuando decías: "¿A quién habrá salido este niño?",

no lo decías precisamente con orgullo.

Y yo me daba cuenta.

Te he fallado simplemente por ser como soy.

Lo siento mucho.

Pásame el San Antonio.

Toma.

Esta noche rezaré por ti.

Muchas gracias.

-Salvador... -Sí...

Yo te he traído a este mundo...

y me he desvivido por sacarte adelante.

Lo sé, mamá.

Llévame al pueblo.

Este es mi único y último deseo.

Muy bien.

Nos iremos al pueblo, tú y yo,

y Maya, para que haga las haciendas de la casa.

Te cuidaré día y noche.

Esta vez no te fallaré, mamá.

Pero no pude cumplir mi promesa.

Al día siguiente tuve que volver a ingresarla en el hospital.

Hiciste todo lo que pudiste.

Sí.

Pero ella quería morir en el pueblo...

y yo le había prometido llevarla.

La pobre murió...

en la UCI de un hospital, sola.

Te invitan a dar una conferencia en Islandia. Bien pagada.

No entiendo cómo puedo gustar tanto en Islandia.

Yo tampoco.

Y esta es de una galería pequeña, pero no la he tirado.

Me parece bonito el dibujo.

[mujer] ¿Salvador Mallo?

-[Mercedes] Sí. -[mujer] Puede pasar.

Siéntese por aquí despacito.

A la misma vez que yo le suba las piernas, usted gire el cuerpo y vaya tumbándose.

Gracias.

[golpes leves]

["Come sinfonia", Mina]

[golpes leves]

Oye, ¿tu madre cuándo viene?

A la hora de comer.

Cuando se va a coser a la casa de la beata, se queda ahí toda la mañana.

A ver.

[Eduardo] A ver, Salvador, no te muevas. Quédate ahí.

¿Puedes coger el libro con las dos manos?

[Eduardo] Así.

A ver, levanta la cabeza.

[resopla]

¿Qué te parece?

Es muy bonito.

Todavía tengo que terminarlo. Me lo llevo a casa y lo acabo.

Sí.

Oye, ¿te importa que me lave un poco? Es que mira cómo me he puesto.

Sí, voy a por la pastilla de jabón.

-Toma. -Gracias.

[ruidos de agua]

[ruidos de agua]

[ruidos de agua]

[ruido de chicharras]

[Eduardo] ¡Salvador! ¿Me traes una toalla?

Voy, Eduardo.

[ruido de chicharras]

Estás ardiendo.

Has debido coger una insolación.

[Jacinta] ¡Salvador! ¿Qué ha pasado?

Que le ha dado mucho el sol.

[Salvador] Estaba leyendo.

¿Es que no te dabas cuenta de que te estaba dando el sol,

que estás ardiendo?

-No me di cuenta. -¿Y tú qué?

He terminado de colocar los azulejos

y, como se desmayó, pues me lo traje aquí.

¿Que te has desmayado?

Un poco. Se me fue la cabeza.

Ay, Dios mío...

Quédate aquí, voy a por un paño con vinagre.

¿Y tu padre qué, en el bar?

[Salvador] Sí.

[resopla]

¡Pues me dijo que se quedaría en casa!

¿Y qué hace aquí este balde?

Me he lavado un poco.

Podías esperar a llegar a tu casa, ¿no?

Que me cuesta acarrear el agua hasta aquí, oye.

Es que estaba muy sucio. Le traigo un balde y le seco el suelo.

No, tráeme el agua. Yo lo seco.

¡Han quedado bonitos los azulejos!

Sí, muy bonito. Gracias.

Voy a por el agua.

Antes que nada, quiero tranquilizaros. No hay tumor.

Eso está totalmente descartado.

Bueno, pero algo me pasa, porque me atraganto hasta con los purés.

Sí, eso que te pasa, esa disfagia, se debe al síndrome de Forestier.

Aquí lo veréis más claro.

¿Veis esta parte blanca, junto a la vértebra?

Es un osteofito, una osificación.

Aquí podéis ver el esófago, desplazado por esa osificación.

No hay prácticamente espacio para los alimentos, incluso los líquidos.

[doctora] Por eso te atragantas.

¿Por qué ha crecido tanto ese hueso ahí?

El síndrome de Forestier es una enfermedad rara

y no se conocen las causas que la provocan.

Sabemos que afecta a tendones, ligamentos y cápsulas articulares,

que se calcifican sin que sepamos por qué.

En tu caso se ha calcificado el ligamento anterior de la columna cervical.

-¿Y se puede hacer algo? -[doctora] Una cirugía.

Hay que quitarte esa calcificación cuanto antes.

Pero tranquilos, no es una operación de riesgo.

Os informarán mejor el digestólogo y el cirujano que te opere.

-Muy bien. -Gracias.

-[hombre] Buenas. -Hola.

[acento francés] ¿Le interesa la acuarela?

Sí, me gustaría comprarla. ¿Quién es el autor?

Es anónimo, casi todas las obras están sin firmar.

-¿Cómo ha llegado hasta aquí? -Lo compré en Els Encants de Barcelona.

Es una de mis obras favoritas.

¿Entonces no tiene ni idea de quién es el autor?

En la parte de atrás hay escrito algo.

Pero son todos artistas anónimos

que probablemente ni siquiera sepan que son artistas.

[Eduardo] "Querido Salvador:

Te mando el dibujo a tu casa porque no tengo la dirección del colegio.

Estoy contento de poder escribirte.

Me enseñaste tú y te estoy muy agradecido.

Ya estoy trabajando en la tienda del tío de Conchita y se me dan bien los números.

Todo gracias a ti.

Aquí se vive bien, pero echo de menos la vida en las cuevas.

Y a ti en especial.

Cada vez que escribo, pienso en tu mano dirigiendo la mía.

Seguro que estás aprendiendo mucho en el colegio,

que lees muchos libros y ves muchas películas.

Te doy mi dirección de Bilbao.

A ver si me escribes y me cuentas.

Tu alumno. Eduardo".

[tecleo]

["Come sinfonia", Mina]

[tecleo]

[Canta "Come sinfonia"]

[teclea]

[tecleo]

Salvador, tendrías que empezar a vestirte en media hora.

[Salvador] Avísame un poco antes.

[teclea]

["Come sinfonia", Mina]

¿Qué crees que pasó con el dibujo?

Eduardo lo envió a Paterna, lo recibiría mi madre.

Yo ya estaba en el colegio de los curas y no me lo mandó ni me habló de él.

¿Vas a intentar buscarlo?

¿A Eduardo?

Ahora es más fácil con Google o volviendo a Paterna y preguntando.

¿Cincuenta años después?

Es un buen argumento para una historia, y tal vez la escriba,

pero buscarlo sería una locura.

¿Cómo llegaría el dibujo al Rastro de Barcelona?

Ni idea. Por casualidad.

Lo importante es que el dibujo ha llegado a su destinatario.

[hombre 1] Salvador... ¿Qué hay?

[hombre 2] Nos vamos a cambiar de cama poquito a poco.

[hombre 1] Despacito. Muy bien, la cabeza aquí.

Sí.

[mujer] Le tengo que desabrochar aquí un poquito, ¿vale?

-Muy bien. -[mujer] Y le voy a poner unas pegatinas.

[Galindo] ¿Qué tal, Salvador?

Hola, doctor.

Ya me he enterado. Con razón no podías tragar.

Pero tranquilo, eso te lo vamos a quitar enseguida.

Doctor...

Dime.

He vuelto a escribir.

Ah, ¿sí? Qué buena noticia.

Sí.

[Galindo] Me alegro mucho, Salvador.

¿Y qué es, drama o comedia?

No lo sé.

Eso no se sabe.

[pólvora]

Mamá...

[Jacinta] ¿Hum?

¿Tú crees que habrá un cine en Paterna?

Con que tengamos una casa me conformo, hijo mío.

[pólvora]

-Corta. -[hombre] Hemos cortado.

38-5, primera. Claqueta final.

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