All language subtitles for Las hijas de la criada 1x02

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Original subtitles

Señora, las heridas del señor parecen...

Parecen golpes.

Porque son golpes.

Mi hermano no murió por una enfermedad.

Me mentiste, Gustavo. Otra vez.

Creo que vivirías más tranquila

si dejaras de meterte en mis negocios.

Toda esta rabieta es porque ya no podrás lucirte

delante de José Ortiz, ¿verdad? -Eres la mujer más hermosa

de todo el Caribe. -Tú tienes una hija,

pero tardarás en conocerla. -Lo siento, Renata,

pero no podemos contratar a nadie más.

La quiero apartar del pazo.

Que pase el menos tiempo posible al lado de la bestia de tu hermano.

Si el aserradero sale adelante, es gracias a nosotras.

Hablas igual que doña Inés: nos animaba a pelear

por lo que era justo. Deseo tanto volver a Galicia.

(Claxon)

(Música tradicional gallega)

(Murmullos)

¡No me lo puedo creer! -Que cobramos despacio.

-A dos pesetas también. -¡No hay derecho, mujer!

-Más trabajar y menos discutir.

Y, si no vais a comprar nada, ¡largo de aquí!

(LE ESPETA EN GALLEGO)

¿Pero qué falta? Harina, y de todo.

Además, suben los precios otra vez.

-¿Dos pesetas por una docena de huevos?

¿Sabes cuánto nos cuesta? ¡Dos días de trabajo!

-¡Reventadas! -Esto es por la guerra:

lo mandan para Francia para venderlo más caro,

y lo que sobra aquí, a Madrid. -Queremos dar de comer

a nuestros hijos, que tienen hambre. -Es la ley de oferta y demanda.

-Ay, ¿sí? Pues esta es la ley del pueblo.

-¡Sara, espera!

-¡Corre, corre!

-¡Ladronas!

¡Guardias!

¡Ladronas!

¡Celso! ¿Qué haces aquí?

Ven, corre.

Corre... ¡Perdón!

¡Perdón!

Perdón.

Uy... ¡Perdón! Perdón.

¡Alto!

¡Alto ahí!

¡Alto! ¡Alto, he dicho!

-¿Qué hiciste, bandida?

No tienes cara de meterte en problemas.

No me conoces... Y es una pena, pero te dije

que nos volveríamos a ver y mira. Eso fue hace tres meses.

¿Los tienes contados?

(Tema de apertura)

"Querida Inés,

espero que Punta do Bico os haya recibido

con los brazos abiertos, y que hayas encontrado el pazo

en buenas condiciones.

Te escribo desde el Hotel Trotcha, en La Habana.

He decidido instalarme

temporalmente aquí porque una casa

se me haría demasiado grande y vacía

sin vosotros.

Confieso que me ha extrañado

no tener noticias vuestras.

Con mis cálculos,

deberíais haber llegado

hace un par de semanas.

Por favor, escríbeme para saber

que no ha habido imprevistos.

Cuento los días para volver a ver

a mi familia.

Os quiere, Gustavo."

(Grito)

¡Una rata! ¡Una rata! ¿Qué pasó?

¡Ahí, debajo de la cama! ¡Mátala! ¡Mátala!

(SUSPIRA) Es solo un ratón, nada más.

¡Ya te puedes ir!

¿Le gusta Punta do Bico?

Será muy distinto a Cuba...

Sí, sobre todo porque allí la casa estaba limpia y no había ratas.

Las casas viejas es lo que tienen. Y las criadas holgazanas también.

Pondré trampas.

Por cierto...

Su madre le espera abajo para desayunar juntas.

Mi madre ya ha tomado demasiadas decisiones por mí.

¿Pero tú qué haces aquí?

¿Catalina?

Ya marcho. Catalina.

¿Qué pasa aquí? Pues que no sé qué hace aquí.

Lo siento. No va a volver a pasar.

¿Sabes leer?

Sí. Y escribir.

Un poco. ¿Quién te enseñó?

Aprendí sola.

¿Y cuánto tiempo llevas colándote en la biblioteca de mi padre?

Desde que tengo memoria. No pasa nada.

Tienes permiso para entrar siempre que quieras,

y puedes llevarte libros con la condición de que los traigas

en buen estado, ¿de acuerdo? Gracias, doña Inés.

Los cuidaré como un tesoro. Si me perdona...

¿Y tú por qué no has bajado a desayunar?

No puedes pasarte el día encerrada, Catalina.

No tengo nada mejor que hacer.

(Puerta)

(Gaitas)

Será la última vez que te metes en líos, ¿estamos?

¡Yo no hice nada!

Además, ¿a ti te parece normal que se lleven la comida

a las ciudades mientras aquí pasamos hambre?

Es lo que hay. No, "es lo que hay" no.

Tío Fermín, que la Santiaguiña dice que los Barba Peláez

tienen un almacén lleno de comida, y nosotros aquí,

trabajando todos los días más horas por el mismo jornal.

¡Es que no es justo! Bueno, lo justo o lo injusto

no lo decimos nosotros. ¡Nosotros, a trabajar y dar gracias!

Peor sería mendigar en la calle. O mejor comiendo cordero.

Mira, Clariña, los ideales no son para gente como nosotros.

¡Y, cuanto antes lo aceptes, mejor!

Venga. ¡Vamos!

¡Niña! Ya voy.

Dicen que volvió sin el marido. -Quedaría allí con otra.

-¿Tú crees?

-Clara, ¿tú sabes algo? -¡Calla! Que viene, que viene.

(DICE ALGO EN GALLEGO)

¡Buenos días, señoras! (TODAS) ¡Buenos días!

-Hola. Qué alegría ver a tantas mujeres

por aquí. Hasta hace nada, a muchos les parecía

una idea absurda que trabajáramos en las fábricas,

y ahora, sin nosotras, se pararía el país.

¿Qué tal va todo?

¿Clara? Va todo bien, doña Inés.

Estamos muy agradecidos a su familia.

¿Estás bien? Sí, sí, señora.

No, tienes mala cara: siéntate, por favor.

¡Cuidado, cuidado!

¿Qué te ha pasado en la mano? No, no es nada.

Tuve un accidente. Y no se le curó bien la herida.

Que hace semanas que está trabajando sin parar.

¿Y los descansos dominicales? No se cumplen.

Parece que fue ayer la última vez que estuve en este despacho.

Está todo... ¡distinto!

Su marido dejó en nuestras manos un negocio tocado de muerte,

y ahora somos líderes en la región, y estamos dispuestos a ofrecer

una buena suma por su parte del aserradero.

No hemos venido a vender.

¿Saben lo que es esto?

El primer listón que fabricamos. Gustavo lo tenía sobre su mesa

para recordarle lo difícil que fue emprender este negocio.

Ahora toca mirar al futuro, señora Valdés.

Mi marido posee el 60% de este aserradero,

así que me temo que miraremos al futuro juntos.

Mi hijo y yo trabajaremos aquí.

Jaime será el nuevo director comercial,

y me gustaría hacer más cambios porque he visto que los empleados

trabajan más horas de las permitidas...

Bueno, desde que empezó la guerra, hemos estado exportando a Francia.

Hemos tenido que doblar la producción.

Me preocupa que ese liderazgo del que tanto presume

sea a costa de los trabajadores. Pues, si tanto le preocupa,

puede vender y volverse a Cuba.

Este aserradero no necesita ser salvado,

señora Valdés.

No sé si puede decirse lo mismo de su matrimonio.

Este sigue siendo nuestro negocio,

y trabajaremos en él. Buen día.

(Puerta)

¿Y doña Inés? ¿Qué opinas?

Casi no la conozco. Marcharon cuando era muy pequeña.

Me parece diferente al resto. (ASIENTE)

¿Qué haces? ¿A ti qué te importa?

No, importarme, no me importa,

pero era por si querías hacer algo esta tarde.

¿Qué me dices, bandida? Que no me llames así.

Como no me dijiste tu nombre... ¿Haces algo esta tarde o no?

-Cuidado con este, ¿eh? Que los marineros

son más trapaceros. Depende.

¿De qué?

De lo que se ofrezca.

Ah, no. Pues ofrecerse, poco, ¿eh? No te voy a engañar.

¡En la playa de las barcas esta tarde! ¿Vendrás?

¡Ya veremos! "Ya veremos".

¡Y me llamo Clara!

(RÍE) ¿Oíste?

Yo, a esta sarda, la pesco, ¿eh? Te digo.

-El verde. El verde es increíble. ¡Es precioso este verde!

Que no... -¡Que sí!

-Que no me gusta este lugar. -¿Pero por qué?

¡Pero si no está tan mal! ¡Mira! ¡Mira qué mar!

Y me han dicho que los veranos son agradables.

-Que no quiero estar aquí en verano.

Quiero irme a nuestra casa con nuestro padre.

-Ya, vale. Ya sé que lo echas de menos.

Pero, no sé, ya estamos aquí, ¿no?

Tendremos que darle una oportunidad.

Catalina, ¿lo harás?

-¿Y esta? Madre le ha dado permiso para que entre en la casa.

-Algo habrá visto en ella, ¿no?

-Con este frío y esta humedad, cuesta encenderlo.

Muchas gracias.

Ahí, ¿ves? Eh... Sé que casi no nos conocemos,

pero ¿te puedo pedir un favor? Dime...

A ver...

Eh... Si mi madre pregunta, ¿le puedes decir

que me mandaste al pueblo a por un vestido?

¿Y a dónde va realmente?

¿A verte con un muchacho? (RÍE)

Se llama Celso...

Y es marinero de la conservera.

Y es que, cada vez que le veo, me tiemblan las piernas.

¿Os pasa alguna vez? Señorita,

yo no puedo mentirle a su madre. ¡Y es mejor que no vaya!

No tardaré mucho. Y es solo si mi madre pregunta.

Hazme el favor... Yo te lo haré.

¿De verdad?

¡Se lo devolveré! Me puede pedir lo que quiera.

¡Gracias!

Si te digo la verdad, pensé que no ibas a venir.

No te hagas ilusiones.

Solo vine porque te debía una por lo del otro día en el mercado.

¿Quieres? Ayuda a matar el hambre.

(TOSE)

¿De dónde eres? De Do Miño. Vine por trabajo,

pero no voy a quedar mucho tiempo. Estoy ahorrando para ir a América.

¿A América? A América, ¿para qué?

¿Cómo que para qué? ¡Para ver la Estatua de la Libertad!

Sí, claro...

Pues yo creo que ni en tus sueños. La gente como nosotros

solo podemos trabajar y dar las gracias.

¿Y soñar? ¿No podemos? ¿Quién te metió esa idea

en la cabeza? ¿Y de qué vale?

Si los sueños no se cumplen... ¿Cómo que no?

Mira, algún día te voy a llevar conmigo a América.

(RÍE) Iremos en un barco

de la Compañía Trasatlántica. Pero no en tercera clase, ¿eh?

En el mejor camarote, en el más caro de todos.

En América, viviremos en Nueva York.

¡Sí! Yo voy a ser un hombre de negocios.

Y tú...

Tú ¿qué quieres ser?

(RÍE) No... ¡No lo sé!

(RÍE)

¡Pues ya lo sabrás!

En América, viviremos en una casa grande, de ladrillo,

y todas las noches iremos a cenar al mejor restaurante de la ciudad

y comeremos un bistec con patatas más grande que viste en tu vida.

Y beberemos vino, daremos un paseo de la mano...

Bajo la luna.

Y después...

No me dejaste acabar.

Que ya te dije que los sueños no se cumplen.

¡Adiós, Celso!

¡Adiós, Clara!

No hay pan, ¿no?

No.

(HABLA EN GALLEGO)

¡"Boas noites"!

¿Y tú de dónde vienes?

Catalina me mandó por un vestido y se me hizo tarde.

Además de fresca, mentirosa.

¿Qué? ¿Ya te abriste de piernas? Mucho no tardaste.

Aquí no podemos alimentar más bocas.

Eso, que te quede claro.

¡Oh, está amarga! Quiero un mango.

-Aquí no hay señorita.

-Pues, entonces, no quiero nada.

(Puerta)

Le contaste ayer a mi madre dónde estaba.

¿Cómo sabes que no ha sido ella?

Porque lo sé.

Se me escapó.

¿Qué te pasa? ¿Qué te molesta? ¿Te da envidia?

(JOCOSA) ¿Envidia? ¿De quién?

¿De ti?

-Señorita, ya, por favor.

¿Qué te hice? ¿Por qué la tomas conmigo?

Porque no me gustas.

Y se lo voy a contar a mi madre.

Que andas por ahí quedándote a solas con marineros.

Para que sepa quién mete en casa: a una cualquiera.

Retíralo. ¡Que lo retires!

¡Clara! Pídele perdón ahora mismo.

Fue ella, que me llamó... Que le pidas perdón.

Perdón.

Tu hija tenía la razón.

Mi hija lo que tiene que saber es cuál es su lugar.

Tú justificas mucho a Catalina.

Es la hija de la señora...

(Murmullos)

No sé qué le están mirando. -No lo entiendo.

-No sé.

-Miedo no es...

Oh.

¿Van a despedir a los enfermos? -No. Obviamente.

Todo lo contrario. Doña Inés quiere ayudarlos.

Tranquila.

-¿Otra vez?

Apunte: malnutrición y bronquitis.

Ya está. Malnutrición. ¡Ah!

¿Se encuentra bien? Sí. Sí. Es solo el cambio de clima.

Y aquí es donde llevamos un registro detallado

de nuestros contratos con los clientes.

Oye, sé que mi madre puede ser un poco directa,

pero estoy seguro de que podremos entendernos.

(Murmullo)

-¿Qué pasa ahí fuera?

Pero ¿qué es todo esto?

Un reconocimiento médico.

¿Tú sabías esto?

Para conocer el estado de la plantilla.

Usted no puede hacer nada sin el permiso de mi padre.

Venga, a trabajar.

Queremos evitar que trabajen enfermos

y se pongan en peligro.

¡He dicho que a trabajar! ¡Vamos!

Hemos terminado por hoy.

Pero les prometo que las cosas van a cambiar.

(MURMURAN)

Educación no le han dado.

Lo siento. No. No pasa nada.

Gustavo Valdés. Espero noticias de mi mujer.

Tiene un telegrama, señor.

Gracias.

(LEE) "Estimado Gustavo,

queremos comprar el 100% del aserradero.

Su esposa no está conforme, pero la decisión es suya.

Confío en que sabrá elegir lo mejor."

Señora, el doctor ha mandado esta menta.

Sus infusiones son buenas para la cabeza. ¿Le preparo una?

Sí. Gracias.

Doña Inés, ¿puedo?

No hace falta que pidas permiso para entrar.

Y tampoco que me llames doña Inés. Anda, siéntate.

Ya lo terminé.

Si te gustan las novelas de aventuras,

puedo recomendarte otra.

¿Has leído "Los tres mosqueteros"?

Es que pensé en leer algo más sobre la vida o...

o sobre el amor.

Así que estás enamorada.

No sé. ¿Cómo se sabe si es amor?

¿Qué sintió usted cuando conoció a don Gustavo?

(RÍE)

Me sentí viva.

Muy viva.

Nos conocimos en un baile en San Lázaro.

Yo iba con mis hermanas y él estaba allí,

guapísimo, con una camisa de lino blanca.

Y nos miramos y supe que era el amor de mi vida.

Y se casaron.

Bueno, pero mucho después.

A él lo mandaron a estudiar aquí. A mí, a Nueva York.

Y nos escribíamos cartas.

Cuando volvía a Cuba, ahí sí nos casamos.

Es una historia preciosa.

El amor puede con los obstáculos, pero...

hay que regarlo. Si no, se marchita.

Pensaré en un nuevo libro para ti que hable sobre la vida y el amor.

De acuerdo.

Gracias, doña...

Gracias, Inés.

Hacía mucho tiempo que...

No nos han presentado. Soy Braulio Barba Peláez.

Tú debes de ser Catalina.

-¿Te importa si te acompaño?

¿No lo ibas a hacer igualmente?

He escuchado que no has hecho amistades aún.

Y como somos de la misma clase...

-¿Y qué clase es esa?

-Yo creo que acomodada, ¿no?

-Pues yo, en cambio, he escuchado que tu familia heredó

por un golpe de fortuna, pero que tus abuelos criaban ganado.

-Somos orígenes humildes.

Y ahora también una de las familias más poderosas de la zona.

-Pues a mí aún me da un cierto olorcillo a vaca.

-¿Y qué tal por Cuba?

Porque he escuchado que has dejado allí a tu amado.

-José. Se llama José.

Es curiosa, ¿no? La afición de vuestra familia

por los matrimonios a distancia.

-No sé tú, Gerardo, pero yo tengo muchas cosas que hacer.

-Braulio Barba Peláez. -¡Ay! Tienes chocolate.

-Madre, me voy al pueblo.

-¿Otra vez con ese marinero?

Le vi esta mañana con una muchacha.

-Enhorabuena. -En actitud cercana.

-Gracias.

-¿Por qué no viniste a la playa? Te estuve esperando.

-No pude.

-¿Pasó algo?

-¿Estuviste con una chica esta mañana?

(RÍE) -¿Qué te pasa, estás celosa?

-Vamos, que no lo niegas. -No sé ni lo que tengo que negar.

-Ya me avisaron de los chicos como tú.

-¿Como yo cómo?

-Lo sabes perfectamente. Nos lleváis a la playa,

nos contáis historias, pero luego hacéis lo mismo con otra.

-No vayas de pobrecita, que de parva no tienes un pelo, ¿eh?

-Ya. Ya lo sé.

¿Por eso es mentira?

-Qué más da.

Tú ya sacaste tus conclusiones, ¿no?

-Madre, ¿por qué no me dijo lo del reconocimiento médico?

No tuve tiempo.

¿Y cree que es buena idea hacer promesas a los trabajadores?

¿Tú le hablarías así a tu padre si él estuviera al frente de esto?

Por cierto, ha mandado un telegrama.

Parece que los Barba Peláez insisten en comprar el aserradero.

¿Qué ha dicho? No. A él le parece bien.

Y legalmente puede venderlo porque es suyo, pero...

como no quiere que eso suponga un conflicto entre nosotros,

me pide que acepte de buen grado.

¿Y usted qué va a hacer? No he contestado.

Te necesito a mi lado, Jaime.

Necesito demostrarle a tu padre y a todos

que este sigue siendo nuestro negocio

y que tenemos buenas ideas para mejorarlo.

Cuente conmigo, madre.

¿Hay algo que pueda hacer?

Sí. Convoca la Agrupación de Empresarios.

Reducir los beneficios para mejorar las condiciones de los trabajadores

y evitar la huelga.

Qué interesante.

Aunque nunca lo iban a aceptar

¿Porque no es viable?

¿O porque soy mujer?

Tiene coraje, Inés, pero sola no va a llegar muy lejos.

Gracias por el consejo. Si me disculpa...

Las familias de nuestros maridos tuvieron sus más y sus menos,

pero qué nos importa eso a nosotras.

Son cosas del pasado, ¿no le parece?

Me parece que 17 años no es tan pasado.

¿Cómo?

Nuestros árboles se enfermaron de repente

y nuestro negocio casi se fue a pique.

Haría bien en preguntarse a quién benefició todo aquello.

Quizá tenga al enemigo en casa.

Si necesita algo, ya sabe dónde encontrarnos.

Gracias.

Por lo visto, la señora Valdés se reunió con los que mandan

para ver si nos suben el sueldo. -¿Y qué le dijeron?

-¿Qué te parece? La tomaron por loca.

No va a conseguir nada. Ya lo verás.

-Bueno... -Regina, qué positiva de pronto.

(RÍE)

-A ver.

-¿Quién va? -Tú.

-Vengo ahora.

-¿Y tú qué? -¿Yo qué?

-A ti te pasa algo.

-No me pasa nada.

-¿Seguro?

-No me pasa nada.

-10. -Uy, qué buena.

-Bueno, me marcho.

-¡Oh! Pero ¿por qué?

-Algo le pasa. -Reparte.

-Tenemos que hablar. -¿Ah, sí? ¿De qué?

-Oye, tampoco te pongas así que la que metió la pata fuiste tú.

La chica del otro día se llama Aldara.

-Y es tu novia. -No. Nos ayudó con una cosa.

No te lo dije para no meterte en problemas.

-¿Qué cosa?

-Ven.

Esta noche vamos a entrar en el almacén de los Barba Peláez.

Aldares, la hija de los guardeses, nos estuvo ayudando.

Y si no me crees, ven a verlo tú misma.

(LLORA)

(Puerta)

Le traigo la cena.

(LLORA) No la quiero.

La dejo aquí.

Yo nací en este pueblo,

en una casa humilde,

igual que mi hija,

y no sé lo que es vivir en otro país o cambiar de casa.

Pero Punta do Bico tiene cosas buenas.

¿Como qué?

El monte,

la ría.

Y las castañas.

Pues yo lo odio y no quiero estar aquí ni un día más.

¿Te vas?

(SOLLOZA)

Ahí sigue.

(Ladridos lejanos)

¿Tú qué haces aquí? ¿Y tú?

¡Ahora! Ahora, vamos.

Luego la bandida soy yo. Me llevas por el mal camino.

"Coa barriga chea non hai camiño malo".

¡"Veña, veña, veña"!

Sube a ver eso.

Ay, qué "caghadiño".

¡Hay que marchar! ¡Vamos, vamos, vamos! ¡Corre!

¡Corred!

A ver.

(Bullicio)

Gracias, "nena".

Toma, aquí tienes.

-Toma un "platiño". -Esto por ahí.

(Gaita)

A bailar todo el mundo, ¿no?

-¡"Veña"!

(Gaita)

"Veña", que estamos de celebración.

(GRITA DE ALEGRÍA)

¡"Veña"!

¡"Festa"!

(Muiñeira)

(HOMBRE) ¡"Festa"!

(HOMBRE) ¡Esas mozas!

(Cesa la música)

(VITOREAN)

(Se reanuda la música)

Que sí, Santiaguiña, que yo me encargo.

Que sí. La próxima vez llevamos un carro.

Esto es suyo, señorita.

Vas a tener razón. Los sueños sí se cumplen.

Ahora te daba un beso,

pero la última vez que lo intenté, no tuve mucha suerte.

Inténtalo otra vez.

Ay.

Los hay que no saben beber.

Vamos, nena. Marchamos. Tira pa'lante.

Fueron los trabajadores. No tengo la menor duda.

-Hay que interrogarlos. A las mujeres también.

¿Tienen alguna prueba?

Esto es lo que pasa cuando se dice que hay que pagarles más

y esas tonterías. Todo iba bien hasta que llegó usted.

No. Todo iba bien

hasta que mis árboles enfermaron misteriosamente.

¿Me está acusando de algo? ¿Y usted a mí?

Encontraré a los culpables.

-Vete al casino a ver si alguien oyó algo. Y toma.

Llévate esto.

Pero Clara, ¿de verdad pensabas que no me iba a enterar?

Un almacén entero hasta los topes.

Es que... ¿Se puede saber qué te pasa?

¿Qué te pasa?

¿Cómo se te ocurre robarles a tus jefes? Que son tus jefes.

Que es un delito. Si te cogen, vas a la cárcel.

Es que esa comida la guardan para luego venderla más cara.

Tío Fermín, que ellos no pasan hambre y nosotros sí.

¿Reconocen esta gorra?

Cualquier información que tengan, mi familia se lo agradecerá.

-¿Podemos hablar?

-Ahora no.

-Necesito un pasaje para el vapor que salen tres días a La Habana.

Mi padre se lo agradecerá mucho al tuyo.

-Mi padre tiene problemas mayores. ¿No sabes que nos robaron?

Señores, ¿reconocen esta gorra?

Porque podría ser de alguno de sus trabajadores.

-Yo sí.

Si me consigues el pasaje, te lo digo.

Así que no ibas con tus compañeras.

No.

Tú sola no podrías haber vaciado ese almacén.

Hace un rato se estaba defendiendo y resulta que Antonio tenía razón.

Es un acaparador y un egoísta. No me lo ponéis fácil, Clara.

Me dejo la piel ayudándoos. ¿Y quién os pidió ayuda?

Nadie. Lo hago porque quiero.

¿Para qué, para sentirse mejor por las noches?

O para aliviar su conciencia mientras mira alrededor y ve hambre

y miseria mientras ustedes duermen en sábanas de hilo

y comen carne todos los días. ¡Clara!

Lo estoy intentando. Usted puede fracasar, doña Inés,

que nosotros no lo podemos ni intentar.

Si me disculpa.

Clara.

Doña Inés, por favor, no la delate a las autoridades.

Le prometo que no volverá a ocurrir.

No pensaba delatarla, Fermín.

Pero haría bien en vigilar sus compañías.

¿Qué es esto, Catalina?

¿Ha buscado entre mis cosas? Lo ha encontrado Renata.

¿Pensabas irte a Cuba sin decirme nada?

Ya soy adulta y puedo tomar mis propias decisiones.

Adulta tú...

¿Adulta es hablar mal al servicio,

mirar a todo el mundo por encima del hombro,

comportarte como una déspota y una malcriada?

No quería decir eso. Pero lo ha dicho.

Catalina.

Catalina, hija, escúchame. Escúchame.

Sé que últimamente no te he prestado mucha atención

y que te aburres aquí.

Pero tengo una idea.

Quiero ofrecerte un puesto en el aserradero

al mismo nivel que tu hermano.

Al fin y al cabo, algún día será vuestro

y trabajar te convertirá en una mujer fuerte e independiente.

Pero si yo no quiero trabajar, madre.

¿Tú sabes cuánta gente desearía una oportunidad así?

¿Quiénes, la hija de la criada?

Pues désela a ella. Últimamente se llevan muy bien.

Pero ¿por qué metes a Clara en esto? Me voy a ir a Cuba, madre.

Allí está mi lugar.

Con mi padre y José.

Tu padre debería estar aquí con nosotros, que somos su familia.

Me prometió que volveríamos y no lo cumplió.

Y no tenía derecho a pedirme que me quedara ni un día.

Y ahora usted hace exactamente lo mismo conmigo

reteniéndome aquí. ¡Porque soy tu madre!

¡Pues ojalá no lo fuera!

¿Le aliviaron las infusiones?

Sí. Gracias.

Le traje otra planta.

Pero esta no es medicinal.

Esta es para alegrar el alma.

(RÍE) ¿Qué es?

Rhododendron simsii.

Azaleas.

Es aficionado a la botánica. Sí, mucho.

Hay plantas que tienen propiedades curativas

y otras pues sirven para comunicarse.

Tiene significados.

¿Y significa algo esta?

Templanza.

Templanza.

¿Sabe?

He intentado adaptarme de nuevo a este sitio.

Mejorar las cosas en el aserradero.

Hacer felices a mis hijos.

He fracasado en todo.

No, no. Quizá solo tenga que seguir intentándolo.

No, ya es tarde.

Vamos a vender.

Volvemos a Cuba.

Desde hoy,

la familia Barba Peláez será la única dueña de este aserradero.

Espero que esta nueva etapa sea fructífera...

para todos.

¿No se supone que esta iba a cambiar las cosas?

-"É o de sempre, muller. Moita promesa e despois nada".

Gracias por el libro.

Era lo que estaba buscando.

¿Van a marcharse a Cuba?

Sí.

Aquí ya no tenemos nada que hacer.

Las mujeres del aserradero esperaban mucho de usted.

Dicen que se rindió.

Tú misma lo dijiste:

soy una privilegiada y no he sabido ayudar.

Demuestre que me equivoco.

Si de verdad quiere cambiar las cosas, quédese.

Ay, chiquilla.

¿Tú cuántas veces crees

que puedo golpearme contra la misma tapia?

Pues hasta que consiga tirarla.

Mire, hasta hace nada, yo pensaba que las personas como yo

teníamos que conformarnos con poco.

O eso es lo que siempre me dijeron.

Pero me he dado cuenta de que no,

que la vida hay que vivirla, hay que soñarla.

¿Y sabe cuál es mi sueño?

Porque antes no lo sabía, pero ahora sí lo sé.

Quiero tener mi propio negocio.

Uno donde la gente no tenga que ir a trabajar enferma.

Quiero ser una mujer libre

y sin miedo.

Como usted.

Ya lo eres.

Lo eres, Clara.

Gracias.

(EN OFF) "Querido Gustavo. Siento no haber escrito antes.

Han sido semanas difíciles

y seguía enfadada por haber tenido que regresar sola.

Pero ahora sé que sola no estoy.

Aunque hemos vendido el aserradero, como deseabas,

he decidido quedarme en Punta do Bico

y emprender otro negocio.

Aún no sé de qué tipo,

pero será uno en el que los beneficios

no estén reñidos con la humanidad.

Sé que no será fácil,

pero he decidido tomar las riendas de mi vida.

No espero que comprendas esta decisión,

pero sí que la respetes.

La vida hay que soñarla.

Y yo quiero ser una mujer libre y sin miedo."

(RÍE)

¿Por qué corres tanto? Mi tío, que desde el robo me manda

ir del trabajo a casa y de casa al trabajo.

Pero me escapé para hacer esto.

¿Celso Domínguez Lauzarán?

-Soy yo. ¿Por qué?

-Se le acusa de robo. ¿Cómo?

¿Cómo de robo?

¿A dónde lo llevan?

No te preocupes, bandida, que no va a pasar nada.

¡No! ¿Cómo que no va a pasar nada?

Te echo de menos, Isabela.

¿Se puede saber por qué la criada está haciendo mi maleta?

Baja el tono, que no es el sitio. ¿Me manda a Santiago de Compostela?

Efectivamente.

A un internado donde espero que te conviertas en la persona

que claramente no he sabido criar.

¿Esto es por lo del pasaje a Cuba?

Por eso y por más cosas, Catalina.

¡Tú! Chivata.

Todo esto es por tu culpa. No me puedo ir a Cuba.

Y ahora me mandan a un internado.

No os preocupéis.

Pienso volver y os voy a hacer la vida imposible.

A las dos.

Me alegro de verte. Tu madre estará contenta.

Lo está.

Estoy muy orgullosa y feliz de tenerte de vuelta.

¿Qué pasó, madre?

Agustín tiene muy buen ojo para los negocios.

Te ayudará, ya verás.

-Le daría la enhorabuena, pero sé que se están equivocando.

No se preocupe por la competencia. Hay negocio para todos.

Me preocupa usted.

¿Una fábrica de conservas?

Tendrían que haber vuelto a Cuba después de vender el aserradero.

Señorita, la están esperando.

¿Conoces a mi prometido? -Me disculpáis un momento?

Ahora vuelvo.

-Compré un billete a Cuba.

-A cambio de información para detener a un ladrón.

Estamos en paz.

-Celso no es tu marido. No te van a dejar verlo.

Ya, pero lleva un año encerrado.

Esa, Jaime. Vale, vale.

-¡Clara!

Celso.

Deberías tener más cuidado. Punta do Bico es pequeño.

Fui yo, pero podría haber sido mi madre.

¿Qué quieres, Catalina?

Viva doña Inés. -¡Viva!

-¡Viva! Compañera y patrona. -Eso es.

-El patrón no me dejo embarcar.

Ayer mismo dijo que volviese a faenar.

No lo entiendo.

Yo sí.

Tiene los pulmones encharcados. Pero ¿qué tiene?

Es la gripe.

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