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¡Thomas!
¡Niños! ¡Julien!
Bajad de ahí. Daos prisa.
Nos vamos, ya estoy harta.
¡Julien! ¡Thomas!
Ya está bien ¿eh?
- Hola, papá. - Hola, cariño.
¡Hola, Jules!
- Están insoportables. - No, no es verdad.
Dile a papá lo que le hiciste a aquella niña.
Ella me hizo daño.
En otro momento, ahora tengo una cita.
Nunca tienes tiempo para ellos.
Si quieres, te dejo mis problemas y voy a jugar con ellos.
- Lo entiendo, vamos niños. - No, queremos quedar con papá.
Mamá os comprará un caramelo.
Dejadme trabajar.
Mamá os va a comprar un caramelo.
No se les compra con eso.
¡Venga, afuera, venga!
¡Afuera, venga!
- Sé razonable. - Tengo trabajo.
Sed buenos, tengo trabajo.
¿Me das algo de dinero?
- Ya te di esta mañana. - Comemos dos veces al día.
- ¿O sea que compras en dos veces? - No, pagué las cortinas.
¿Quién necesitaba cortinas?
¡Hola! ¿Es tu hermanito?
- No, es mi hermana. - ¡Tu hermana!
- Somos dos hermanas. - ¿Ah, sí?
¡Adiós, peques!
Adiós.
¿Me das 10.000 francos para los rieles?
Ya puedes esperar sentada.
Venga, nos vamos.
Adiós, niños.
Venga, Thomas, ven.
El balance no pinta bien.
La cifra de negocio no mejora.
Lo único positivo es que cada vez paga menos impuestos.
Preferiría lo contrario.
Va a firmarme un cheque para las asignaciones familiares.
El seguro médico.
La seguridad social.
El plan de pensiones.
El plan de pensiones y la seguridad social...
Ya le dije 100 veces que no son lo mismo.
Cuando sea viejo tendré una pensión.
Puede ser viejo y no estar jubilado.
Venga, firme.
El día que lo entienda...
También ha venido devuelta una letra impagada.
- ¿De cuánto? - 4.022 francos.
Y luego hay 7 más hasta febrero.
¿Qué hacemos?
¿Cuánto queda en mi cuenta?
Después de que me pague...
le quedarán exactamente 472 francos.
- ¿Esto es sus honorarios? - Sí, por favor, firme.
- ¡Vaya por Dios! - Lo que usted diga.
¡En esta tienda no entra nadie!
- Véndala. - ¿Y qué hago después?
Pago mis deudas y mi mujer se pule el resto.
Contrátame como criada y verás.
Con lo que tu mujer gasta en un día,
yo te daré de comer una semana.
Mamá, ocúpate de tus asuntos, por favor.
Has educado bien a tu mujer.
Lo siento, pero fue usted quien la educó.
Cuando me la confió, su educación ya estaba bastante avanzada.
Esta bolsa americana...
es un auténtico ascensor.
¿Qué os parece?
Muy bonitas.
No está mal.
¿De dónde sacaste el dinero para los rieles?
Le pedí prestado al portero.
¡Al portero!
¡Portero es lo que tendría que haber sido!
- Comida, calefacción, alojamiento... - Es un buen oficio.
¡Thomas! ¿Qué hace aquí este?
¿Vas a acostarte o no?
Quiero que papá me cuente un cuento.
- Se despertará tu hermano. - Lo haremos bajito.
¿Y el colegio mañana, qué? Papá, ve a contarle un cuento.
¿Qué cuento?
¿Tu padre no te contaba cuentos cuando eras pequeño?
¿Me prometes que después te dormirás?
- Me extrañaría. - ¿Seguro?
Qué rico.
Ven a dar un beso a tu abuelo.
- ¡Venga, ven! - Anda, déjalo.
Mi tesoro. Adoro a este crío.
Venga, a la cama, Thomas.
Qué rico.
Encantador.
Pues es rico.
¡Ya lo creo!
Tú no eras tan rica cuando eras pequeña.
Te leo un poco más lo del Arca y luego os dejo.
- Vamos. - Papá...
No, cariño. Es que mañana hay cole.
Quieres...
¿Quieres que papá duerma contigo?
¿Quieres que papá se meta en la cama contigo?
Venga, me pongo un poquito a dormir contigo.
Vamos, vamos...
Lo ves, le has despertado, aquí tienes el resultado.
¿Duermo un poco contigo?
Venga, ven a mis brazos.
Vamos, no llores.
No llores.
Si hace falta, trabajaré.
Y yo me ocupo de los niños.
¿Por qué no? Yo trabajaba antes de conocerte.
¿Qué dices?
Tenemos todo lo que hace falta para ser felices.
Con unos francos más o menos.
Dame un beso.
Mejor.
No estoy de humor.
¿No tienes sentimientos?
¿Ya no me quieres?
¿No tengo ya suficientes problemas?
Tengo que pagar una letra de 4.000 francos y vienen 7 más detrás.
No sé si tendremos para comer
y tu único problema es saber si te quiero o no.
Sí, para mí es lo único que cuenta. Curioso, ¿eh?
Según tú, ¿te quiero o no te quiero?
No lo sé.
Me rindo.
¿Ya no me deseas?
Ya somos como viejos.
¡Hola, amigo!
¡Pero hombre!
Es toda una sorpresa.
¿Besos?
¿A que no esperabas verme?
Debo reconocer que no.
- Hace al menos 4 años que no te veo. - ¡Más!
- ¿Cómo te va? - Bien.
- ¿Y tú? - Estupendamente.
No estoy bien, estoy muy bien. Muy, muy bien.
- Me alegro. - ¿Y tú?
Bien, podría ir mejor, pero bien.
¿Te has divorciado?
No, por ese lado, todo bien. Estoy casado, tengo dos hijos.
¿Entonces dónde está el problema?
Los negocios.
Mira, Claude, si quieres, te presto para pagar las deudas,
te adelanto para que reformes tu tienda por completo,
te suministro la mercancía y te conviertes en mi primera sucursal.
¿La tienda es tuya o estás de alquiler?
No, estoy de alquiler.
¡Perfecto!
¡No tienes ni que pedir autorización, sigues en el mismo ramo!
Vendas Proust o una revista erótica, es una librería.
Incluso si vendes algún artilugio, no pasa nada.
¿Cómo es el propietario?
No sé, no lo he visto nunca. Siempre trato con el administrador.
¡Todavía mejor! Con los administradores no hay problema.
A todos se les puede comprar.
Le haremos un regalito al acabar el año.
Un abono gratuito por un año a Playboy.
¡Renovable!
¿De qué artilugios hablas?
Vibradores,
muñecas hinchables, cartas de juego, látigos...
Esto es el gran arnés.
Esto es...
Es así. Y aquí...
sirve para atar las manos a la espalda
para inmovilizar por completo a la persona.
Es el modelo que se vende más.
Se vende como rosquillas.
Es grande, es bonito, está muy decorado...
- Es muy estético. - Sí, y funcional.
Eso es muy importante.
¿Pero para qué sirve?
Se trata de vestir un cuerpo y después sujetarlo por detrás.
Atar las manos para evitar cualquier movimiento cuando se azota.
- ¿Se azota? - Se azota.
¡Porque se azota!
Y voy a contarte algo:
hay gente que me los devuelve rotos.
Con el cuero roto, desgarrado.
Es un cuero que se usa para hacer arneses de caballos para tirar de los arados.
- ¿Quién es la chica? - Maria, es mi mano derecha...
es casi mi musa.
Crea el modelo inicial sobre ella,
lo probamos y lo ponemos a punto juntos
y luego ella lo confecciona sobre pedido,
Ella lo hace todo de forma artesanal, a mano.
Aquí está el modelo.
Este es el más bonito.
Es estupendo. Pero ahí hay un problema.
Es un arnés de pechos, muy bonito,
- pero como no se puede atar... - No funciona.
Eso, que no es un cinturón de castidad,
sino una cadena de castidad,
porque la cadena, bloqueada en las caderas, está cerrada con un candado,
está bien, porque tiene su lado funcional,
bloqueo, impedimento. Es para impedir algo.
- Debe ser doloroso. - ¡Debe ser doloroso!
Sus clientes están chiflados.
No, ¿por qué?
Yo creo que todo el mundo es libre de hacer lo que le parezca.
Además,
si a alguien le apetece hacer el amor atado, hacerse azotar
o de que le pongan eso en la cabeza, es un desahogo.
Yo creo que es mejor desahogarse así
que hacerlo al volante o corriendo tras el culo de las niñas.
Para mí, es perfecto.
Casi una bendición.
Es un poco raro, la verdad.
Es un poco raro, pero...
casi normal.
Esto debería atraernos clientes.
Qué va. Ahí solo entran viciosos.
¿Entonces tienes algo en contra?
¿Vienes, cariño?
¿Lo ves? Prefiere el libro.
Puede volverlo a empezar todas las veces que quiera.
Pero no es lo mismo.
Mira ese tipo que viene. Es el dentista de la esquina.
Es el que me arregló toda la dentadura.
- Eso no está mal. - Mira ahí.
Vamos.
Quien ama bien, acaricia bien.
Sorprenderíamos mucho a nuestros contemporáneos
si popularizáramos la idea de que son los conquistadores del placer sexual.
No es utópico pensar que en esa exploración solo estamos
en los primeros balbuceos.
La pareja moderna está en el camino de la conquista del placer.
Soñemos un poco.
¿Qué será en 100 o 200 años
un encuentro amoroso si nuestro progreso en ese campo
siguen el ritmo de nuestro conocimiento científico?
El hombre hoy ha llegado a la luna. ¿Quién lo hubiera pensado?
¿Quién puede decir que mañana
el amor no habrá progresado tanto como la ciencia?
¿Quién puede decirlo?
Ante todo, el amor es una ciencia.
Una caja de Activiril, por favor.
- ¿De Acti...? - De Activiril.
Activiril...
No, esto es Stimulâge 2.
Ah, esto es.
88 francos.
Es precio de lanzamiento.
Tenga.
- Gracias, señor. - Gracias.
Existen infinidad de sentimientos
que pueden atraer entre sí a un hombre y una mujer.
Una química delicada ocurre entre ellos
con mayor o menor rapidez, a veces de forma inmediata.
El deseo nace. Será preciso transmitirlo,
hacerlo perceptible a la persona elegida
para que sea reconocido, rechazado o aceptado.
La mirada es el intérprete más directo y eficaz de nuestros sentimientos íntimos.
Por su intermediación
puede hacerse que el otro perciba vuestra emoción.
La desnudez conviene al amor, y el desvestirse
es un ejercicio muy placentero si se evitan ciertos escollos
que el principiante a veces desconoce.
El desnudarse debe hacerse entre dos.
Es una regla que nos saltamos demasiado a menudo.
Por timidez, algunas mujeres no se atreven a ser activas en ese momento.
Por pereza o por torpeza manual,
algunos hombres dejan que su acompañante se desvista sola,
lo que es un grave error.
¿Qué lees?
¿Eh?
¿Qué lees?
Nada. La Guía de las Caricias.
¿Está bien?
No está mal.
Sé bien que la práctica es a veces incómoda
y que un sujetador rebelde
puede acaparar la atención de ambos,
haciendo que se olviden de sus ideas voluptuosas.
Se recomienda que el hombre
intercale en la tarea tantos besos y caricias
que su compañera olvide el meticuloso trabajo de desabrochado
al que se está dedicando.
Recurrid a la brutalidad con precaución.
Algunas mujeres prefieren la delicadeza.
Nada es más desagradable para una mujer,
que una vez pasado el paroxismo voluptuoso,
descubrir que su pareja ha conservado todo ese tiempo
sus calcetines o su camiseta.
O ambos.
Bob roncaba.
Cerise se acariciaba lentamente el vientre.
De repente, como presa de vértigo, salió de la tienda.
Allí estaba la noche, de un negro violáceo,
solo iluminada por la luna.
Cerise avanzaba lentamente, apartando las ramas,
pasando grácilmente bajo las lianas.
Se detuvo de pronto, guiada por su instinto.
Irresistiblemente turbada, lo sintió tras ella, agazapado en la oscuridad.
Efectivamente estaba allí.
La besó.
Estremecida, se debatió, en parte molesta y en parte contenta.
Le faltó el aliento, le flaquearon las piernas.
Ahora estaba desnuda.
Él la tomó en sus fuertes brazos y se la llevó para depositarla delicadamente
en su lecho.
Ella quiso apagar la lámpara de gas,
él la apartó,
y luego se desabrochó el cinturón.
La hebilla de la correa tintineó contra la funda de su puñal.
Se inclinó sobre ella.
Abandonada a sus caricias, a sus besos, ella sonreía, conquistada
Él le mordió los hombros, lo pezones,
ella tuvo ganas de gritar de placer.
La boca descendió a lo largo del vientre, lentamente, con seguridad.
¿En qué piensas?
En ti.
Mentiroso.
- Vuelve a vestirte. - ¿Estás loco?
Ya te lo explicaré después. Vuelve a vestirte.
- ¿A vestirme cómo? - Como antes.
- ¿Completamente? - Completamente.
¡Ay!
Espera.
¡Tú estás enfermo! ¡Estás loco!
El conocimiento de las perversiones sexuales es la base de su oficio.
La mayoría de sus clientes vendrán a consultarle
para elegir obras que traten sobre su desviación.
Es necesario satisfacerlos.
Se lo digo porque le veo como un joven encantador, desamparado.
Yo soy un viejo coleccionista de obras eróticas.
Tengo más de 5.000 libros.
Antiguos, modernos, con o sin ilustraciones.
Debo decirle que empecé mi colección en 1912.
Adquirí mi primer libro cuando tenía 11 años.
Muchas veces pensé en comerciar con ellos,
pero la idea de separarme de uno de mis libros se me hacía insoportable.
Renuncié a ello.
- ¿Señora? - Perdone, señor,
¿tiene libros relacionados con el fetichismo del latex?
- ¿Co el fetichismo del látex? - Sí.
Sí, El Impermeable.
- No, El Impermeable ya lo he leído. - Qué lástima.
- ¿Conoce La Educación de un Querubín? - Pues no.
Es un libro admirable sobre el fetichismo del látex.
Es la historia de un muchacho que al acabar una jornada de pesca,
hace el amor por primera vez con una mujer que se ha dejado puesta
la parte superior de su traje de neopreno.
El muchacho queda marcado de por vida.
¿No tiene La Educación de un Querubín?
No, es un título que nunca he visto.
¿Quiere que se lo pida?
- Sí, con mucho gusto. - Sí.
Puedo dejarle una señal, si usted quiere.
No, ya me pagará cuando venga a buscarlo.
- Lo tendré en 3 o 4 días. - Gracias.
- Adiós, señores. - Adiós, señora.
¿Lo ve? ¿Qué le dije?
Para ella, el fetichismo del látex.
Para otro será la necrofilia,
para un tercero, el fetichismo de las nalgas.
¿Eso qué es?
Un gusto excesivo por esa parte del cuerpo.
¿Un tipo que mete mano a las nalgas de su secretaria es un obseso?
¡No, es un maleducado!
Volvamos a las desviaciones. Me voy a encargar de educarle.
¿Cuáles conoce usted?
Los sádicos...
los masoquistas...
y los homosexuales.
Son las más corrientes.
¿No conoce otras?
No, no creo.
¿Ninguna? El bes... el bes...
- ¡El bestialismo! - ¿El bestialismo?
Sí, es el acto sexual entre humanos y animales.
Y el voyeurismo, el travestismo, la flagelación...
Es mi caso.
- La masturbación... - ¿Eso también?
Según Kinsley, el 90% de hombres y mujeres preguntados se masturban.
En rigor, podemos descartarlo,
porque habría que concluir que el 90% de hombres y mujeres son unos desviados.
No obstante, de ese 90%,
los hay con tal frecuencia
que podría considerárselos desviados.
- ¿Hasta ese punto? - Sí, hasta ese punto.
- ¡Hola, papá! - ¡Hola!
- ¡Hola, señor! - Sí, hola.
Hola, Jules.
- Di hola al señor. - Hola.
Vienen a darte un beso antes de ir al mercado.
Qué detalle.
- ¿Cómo van los negocios? - Bien, gracias.
Mi mujer, mi suegra, el señor...
Señor de la Grange. Es un honor.
¡Thomas! ¿Estás loco?
- ¡Ya basta! - Mira que eres bestia.
¡Él lo rompe todo y el bestia soy yo!
Vete al mercado y déjame trabajar tranquilo.
¿No sabes que esto está prohibido a menores?
¿Quieres que me cierren la tienda?
Lo que quiero es que seas más amable.
Vamos, niños.
Yo me quedo un poco, esto me divierte.
No seas ridícula, no es para tu edad.
Encantadora.
- Adiós, señor. - Adiós, señora.
- ¿Qué quieres comer hoy? - Me da igual.
De acuerdo, no tendrás nada.
- Dame un beso. - ¡No!
Qué niños tan ricos.
Para comérselos.
Se lo agradezco.
60 francos.
¿Tienen La Bragueta Mágica?
Sí.
20 francos.
Tenga.
Gracias.
Sí, tengo este modelo.
Esto se ata a la cintura y se cierra con un candado.
- Está muy bien. - No quiero este, quiero el otro.
- ¿Ese? - Sí.
Es un cinturón de castidad para hombre.
Exactamente, es el que quiero.
Son 600 francos.
Me lo llevo.
¿Oiga?
- ¿Es el librero del sex-shop? - Sí.
Me llamo Jacqueline.
Soy la que compró La Bragueta Mágica.
Sí, me acuerdo.
Estaría feo que no se acordara.
Aunque ya debe estar harto de ver tantos clientes.
- No, me fijé en usted. - Yo también me fijé en usted.
Estoy con mi marido y nos gustaría invitarle a cenar con una amiga.
Sí, con mucho gusto.
Precisamente tenía hambre.
Vivimos en el 8 de la Plaza des Innocents,
en el tercer piso verá una placa de "cirujano-dentista".
- ¿Qué le gusta? - ¿Perdón?
Quiero decir que qué le gustaría comer.
Me da igual, no soy exigente.
- No es muy amable conmigo. - ¿Perdón?
Era broma. Entonces le esperamos.
Ya voy. Aviso a mi mujer y voy.
¿Ah, está casado? Qué bien.
¿Por qué no la trae? Será bienvenida.
Sí, bueno...
Sí, está bien, sí... Hasta luego.
Hasta ahora.
¿Hasta ahora?
Tengo que ir con Bernard a Fontainebleau para ver a un proveedor japonés.
¿A Fontainebleau? ¿A estas horas?
Bernard acaba de llegar y de avisarme.
El japonés es desconfiado y da sus citas tarde.
Sé prudente, cariño.
No te preocupes.
No volveré tarde.
Te quiero. Que duermas bien.
¿Sabe lo que comentamos?
Cuando entré con mi mujer en su sex-shop,
comentamos que para llevar una sex-shop,
hay que ser un vicioso de cuidado. ¿No?
No, no lo creo.
En fin, yo no he notado nada.
De momento.
Llevo una sex-shop pero creo que soy normal.
Qué encanto.
¿Qué quiere decir ser normal? ¿Hacer lo que a uno le apetece hacer?
Si hace lo que quiere, es normal.
Si quiere ser un vicioso, es normal.
- ¿No es verdad, guapa? - Sí, cariño.
Lo que no es normal es no hacer lo que a uno le apetece hacer.
No ser maricón si usted lo es.
No jugar a los dos palos si eso es lo que le apetece.
Y quedarse su mujer para usted,
si lo que quiere es prestarla. Eso no es normal.
A propósito de mujeres, ¿dónde está la suya?
No quería prestármela.
No, no es eso.
Tuvo que quedarse en casa para cuidar a los niños.
Pobrecita.
- ¿Tiene un niño o una niña? - Dos niños.
Qué suerte. Yo tengo una niña y un niño.
Es usted la que tiene suerte.
Siempre quisimos tener un hijo y una hija.
Yo siempre quise tener dos niños.
Solo tenéis que hacer un intercambio. Nunca se intercambia bastante.
No dices nada. ¿No estás de acuerdo?
Os escucho.
Tienes razón, así estás segura de no decir tonterías.
No, es que es tímida cuando no conoce.
Sí, cuando no conoce.
¿Y qué tal va su sex-shop? ¿El negocio es bueno?
Acabo de abrir, pero no ha empezado mal.
¿Qué es lo que vende más? ¿Libros, accesorios, películas?
Hablando de películas, me han traído una de Amsterdam.
- ¡Ah, sí! - No es guarra.
Vendo un poco de todo, pero...
- sobre todo libros. - ¿Cuál se vende más?
Posturas, sí, creo que ese.
¿Posturas 1 o Posturas 2?
Creo que se vende más el 1, el de la cubierta roja.
Ah, vaya.
A mí me gusta más el segundo, es más divertido.
La mayoría silenciosa tiene gustos más bien clásicos.
¿Se vende bajo cuerda?
Claro, está prohibido exhibirlo.
Un escándalo. ¿A qué viene eso?
Es un libro indispensable que todo el mundo debería tener.
Indispensable...
Para los que tienen que leer Posturas para ponerse en posición.
- Es un poco triste. - Porque tú, cariño...
Eres una verdadera experta, ya lo verá.
Ya he visto, muy buena la cena.
Gracias.
En todo caso, según Le Nouvel Observateur,
cito mis fuentes,
han vendido más de 300.000 ejemplares en unas semanas, y bajo cuerda.
¿Se imagina en venta libre?
Todas las parejas podrían sacar ideas de ahí.
Es increíble lo que se puede llegar a hacer entre dos.
¡Y entre cuatro!
- ¡Y entre doce! - Eso no tiene fin.
Me recuerda al mecano que mi padre me regaló durante la guerra.
Era de los primeros.
Llegué apenas a construir una grúa.
En el curse de aquel año, cuando estaba entre los 10 primeros,
mi padre me trajo una caja con piezas adicionales.
No me crea si no quiere,
pero al cabo de 2 años, con mi mecano,
además de la pequeña grúa,
llegué a construir 2 rascacielos de 22 pisos cada uno,
unidos por una pasarela.
El amor es lo mismo: cuestión de número.
Cuanto más gente, más grandioso el edificio.
¿Un trocito de tarta?
Sí, con mucho gusto.
El amor debería aprenderse en la escuela.
A partir de sexto, 2 horas a la semana, como la gimnasia.
¿Por qué solo 2 horas?
Decía eso para sexto, ¡pero tienes razón!
¡Sí, tienes razón!
Se dan 8 horas de historia y geografía que no sirven para nada después,
y no se enseña lo más indispensable en la vida de un hombre.
- Y de una mujer. - Así está el mundo.
Así está el mundo donde vivimos.
Si mañana propongo eso en la cámara de diputados,
me llamarían pirado, ¿usted ve eso normal?
Ah, no...
Tiene razón.
Imagine un mundo normal
en el que a partir de los 12 años se enseñara a hacer bien el amor.
¿No sería formidable?
Se lo digo ahora mismo.
Me gusta mi oficio, pero yo lo dejaría todo y me haría profesor.
Y me dejarías como ayudante.
Tú, cariño mío, tendrías una cátedra de amor en la Sorbona.
Serías académica.
- Entonces proponlo. - ¿Por qué no?
Si no nos damos prisa, ya no valdrá la pena.
Después de medianoche, la cosa decae.
No, es viernes, tenemos tiempo.
De todos modos, vamos a prepararnos. Ven, Muriel.
Os dejamos solos 5 minutos.
Sí.
Estaremos mejor allí para charlar.
Venga.
- ¿Le sirvo una copita de coñac? - Con mucho gusto.
- Usted dirá. - Solo un dedo.
- ¿A dónde vamos después? - Al emperador Marcel.
¿Marcel?
¿No lo conoce?
Le va a gustar mucho.
Es un bar muy discreto en los alrededores de París.
¡Único en el mundo, ya verá!
No volveremos tarde, mañana salimos para Normandía.
Con lluvia o viento, cada semana,
vamos a Normandía a pasar el fin de semana.
Normalmente salimos el viernes por la tarde, pero este es especial.
Mi mujer quería conocerle.
Y su amiga también.
Ya verá, ella está muy, muy bien.
Y por otra parte, yo también.
Mi querido Claude, tengo dos pasiones en la vida:
la sexualidad en grupo,
como diría Le Nouvel Observateur,
y las casas normandas.
Soy dentista, me gusta mucho mi oficio.
Pero mi auténtica vocación,
es restaurar viejas granjas.
Mire, mi casa cerca de Honfleur.
Ahí está antes.
Y aquí está después.
¿Eh?
Eso era el desván antes.
Mírelo ahora.
Vigas a la vista, sofá, luz de ambiente.
Esto es mi agencia.
Porque también tengo una agencia.
Cuando acabé de hacer mi reforma,
me pregunté por qué no podía hacerlo para otros.
La gente es idiota, hay que aprovechar.
Compro una granja vieja,
la restauro por uno o dos millones
y la revendo a plazos por 7 u 8 a unos idiotas.
Tienen 20 años para pagarla y están encantados.
Y yo también.
Ah, esto es...
Es otra cosa...
Cuantos más orgasmos tiene una mujer,
y cuanto más fuertes,
más quiere tener.
Virtualmente, toda mujer es sexualmente insaciable.
Por muy alto que haya llegado.
¿Qué hacer entonces?
¡Se lo pregunto! ¿Qué hacer?
Buenas noches.
Buenas noches.
¿Qué tal, Gilbert?
Tenga, por favor.
- Buenas noches. - Claude.
Véronique y Bob.
Encantada.
- ¿Qué van a tomar? - Vodka con pomelo.
Para mí un escocés. ¿Qué toma usted?
- Un escocés. - Venga, dos.
Lucien, ¿quiere echar un vistazo?
No tiene mala pinta lo de al lado.
¿Vienes, guapa?
¡Más fuerte!
¡Más rápido!
¿Por qué no viene?
Estoy bien aquí.
- Es un sitio increíble. - ¿Por qué increíble?
Le confieso que nunca había visto un sitio así.
Pruébelo.
Dame un poco de hielo, Véronique.
Es Véronique, la mujer del hombre que nos abrió la puerta.
El de la barba es Bob, el primo.
Y el fondo, el padre, el fundador del club.
El emperador Marcel.
- Es un negocio familiar. - Aquí tiene, Lucien.
Gracias, Véronique.
- ¿Todo bien, Véronique? - Todo bien.
Qué maja es.
- ¿Ella también participa en los debates? - A veces.
Por la tarde, cuando no hay mucho ambiente.
- ¿Es buen negocio? - Tremendo.
Señor Lucien.
Esta tarde me acordé de usted.
La belga de la otra vez vino sin su marido.
- Lo hizo 12 veces. - ¡No!
- ¿Toma una copa? - Solo una gotita.
Véronique, una copa.
Su marido apareció a las 8.
Le di mi informe.
Y ahora se va a reír.
Tuvo una queja.
Le dije 12 porque había contado 12.
Pero la belga no estaba de acuerdo.
Ella insistía que habían sido 13. Yo le dije: "Yo conté 12".
Y la prueba es que esta tarde tuvimos 12 clientes.
"¿Y usted?", me dijo.
Me había olvidado de mí, señor Lucien.
¿O sea que el marido le pide llevar la cuenta?
Claro.
Si no está él para llevarlas. Pasa a menudo.
Sr. Lucien, ¿se acuerda de la vez con la Sra. Jacqueline?
Yo anoté 17 tipos.
- ¡18! - Ella no estaba de acuerdo.
Y no había sido yo. Era un tipo que lo hizo dos veces.
No podía adivinarlo.
A veces, por la tarde, estoy solo.
Estoy ocupado detrás de la barra y hay cosas que se me escapan.
- ¿No es verdad, Sr. Lucien? - Desde luego.
- ¿No me lo tiene en cuenta? - ¡Vamos!
- Cariño, se me olvidó llamar a la abuela. - Pues llámala.
- ¿Qué hora es? - Las 11 menos 10.
¿Puedo llamar, por favor?
Todo lo que quiera.
¡Véronique! El teléfono.
Gracias.
- Voy a bajar la música. - Gracias.
¡Papá!
- Hay que pedir 5 cajas de cerveza. - ¿5 cajas?
- ¿Y zumos de fruta? - Eso está bien.
¿Hola, mami? ¿Te he despertado?
No, cariño. Estaba con papi, viendo la tele.
Perdona, no pude llamar antes porque trabajamos hasta tarde.
- ¿Cómo están los niños? - Muy, muy bien.
- ¿Se tomó Serge la papilla? - Se la tomó toda.
¿Y Carole se portó bien?
Muy bien. Se comió el yogur.
- Y también dos quesitos. - Bien, pásame a papi.
- ¿Están bien los críos? - Sí, muy bien.
Hola, ¿estás bien?
Muy bien, ¿y tú, papi?
Muy bien. Serge se comió la papilla
y Carole el yogur, y también dos quesitos.
Pobre papi.
Para él soy su niñita y me hace saltar sobre sus rodillas.
Tendría que ir a verle.
Tengo un diente que me hace daño.
- Deme una llamada. - No me gusta ir al dentista.
- Mi torno es muy suave. - ¿Ah, sí?
¿Quién es el señor que baila con la Sra. Jacqueline?
Un tipo que tiene un sex-shop.
Parece que le va bien.
Allá vamos.
Sí, sí, sí...
- No puedo. - ¿Qué te pasa?
Delante de todo el mundo, no puedo.
Qué rico eres.
Son muy buenos, no van a hacerte daño.
No, delante de todo el mundo, no puedo.
- Hazme el favor, ven. - No, Émile.
Ne me obligues.
Te quiero.
Precisamente, si me quieres, ven.
Te lo ruego, no me obligues.
Peor para ti, iré yo solo.
Émile...
Quédate ahí
Detrás de mí
Mueve
La cadencia
Que tus manos
Rocen mis pechos
Y mi corazón
Que es el tuyo
Amor mío
De siempre
Paciencia
La cadencia
Bajo mis dedos
Ha sido rápido.
- Él no ha podido. - ¿Qué?
¿Es impotente?
No sé, pero cuando nos vio, no pudo.
No está acostumbrado.
Cuando se viene por primera vez, hay que acostumbrarse
Es extraño.
Ya se le ha pasado la edad de flirtear.
No se apene, ya se arreglará.
- ¿Le invito a una copa? - No, gracias, ya he bebido bastante.
Pero es extraño.
La cadencia
Vuelvo.
- ¿A dónde vas? - Dame las llaves del coche.
- Es formidable, ¿verdad? - ¡Ah, la Sra. Jacqueline!
Isabelle, te quiero.
¿Y el japonés?
¿Qué japonés?
Ah, sí, el japonés.
Todo fue bien.
¿Has cenado?
Sí, gracias.
Isabelle, te quiero.
Yo también.
Esta noche te mentí.
No tenía ninguna cita con un japonés.
- ¿Me has engañado? - No.
- Sabes bien que no te engaño. - ¿Con quién?
Una clienta de la tienda.
¿Era guapa?
No está mal.
¿Por qué me mentiste?
No me atreví a decírtelo por teléfono. No te he engañado.
Te quiero. Eres la mujer de mi vida.
Bésame.
Bésame.
¿Era guapa?
No era horrible.
Cabrón.
No empujen, no empujen.
Hola, señor.
Lo siento, señora, pero buscamos a alguien más joven.
Yo estoy muy bien.
No lo dudo, pero buscamos una vendedora de 20 años
y usted tiene más de 20 años.
Creía que dada mi experiencia, podría interesarle.
¿Es que ya ha trabajado en una sex-shop?
No, pero durante más de 20 años, estuve en los baños públicos.
Así que...
Lo siento.
¿Pero qué pasa con los baños públicos?
Mamá, piénsalo. ¿Qué se hace en un baño público?
Lavarse.
Eso.
- No entiendo, debo ser muy tonta. - Hola.
Señorita.
¿Es mayor de edad?
Y vacunada, sí, señor.
¿Y ha trabajado en un baño público?
Tiene dos velocidades.
Primera velocidad.
Segunda velocidad.
Se enciende.
Y la vibración es más suave.
¿Ah, sí?
¿Y no da calambre?
Nada que temer.
El voltaje es muy débil, no hay peligro de electrocución
aunque no exista toma de tierra.
- ¿Qué precio tiene? - 200 francos.
Un año de garantía, marca registrada.
Sí...
¿Tiene algún modelo más barato?
No, es demasiado pequeño.
Demasiado pequeño.
Este.
Seis meses de garantía, pero una sola velocidad.
¿Ah, sí?
No, prefiero el grande. Tenga.
No, ese no. El rosa.
Me gusta más.
Gracias.
- ¿Puedo ayudarle? - ¿Qué es esto?
Es un producto muy eficaz para retrasar la eyaculación.
Muchos clientes me han dicho que estaban muy satisfechos.
Gracias.
¿Y esto?
Stimulâge 2.
Parece que esto da un buen chute de energía.
Ya voy. ¿Me esperas fuera?
¿Me quieres?
- ¿Y tú? - Yo te adoro.
- ¿Va bien el negocio? - Venga, ciao.
¿Vienes, cariño?
¿Pero no ves que es una mujer?
- ¿Bromeas? - ¿Cuánto apuestas?
- ¿Una cena en el Maxim's? - Sí.
Tiene razón, no es muy tarde, voy a ver a mi madre.
Buenas noches. No vengas muy tarde mañana.
- De acuerdo, hasta mañana. - Adiós, Karine.
Podría decírnoslo, ¿no?
Nos apostamos una cena en el Maxim's.
Es un sitio caro.
Estas mujeres me preguntan si soy chica o chico.
¿Qué debo contestar?
¡Vaya por Dios!
Son particularidades que cada pareja debe descubrir,
porque no hay ninguna regla aparte de esta.
Nada que permita a una pareja
alcanzar una excitación positiva y el orgasmo,
debe ser considerado como perverso o reprobable.
Aquí, el hombre está sentado y la mujer sentada sobre sus muslos.
Las piernas están abiertas. La mujer tiene un papel activo
La posición de las manos del hombre pueden hacerlo participar en la actividad.
Si la mujer apoya las piernas en el suelo,
lo que solo es posible en función del modo en que se siente el hombre,
la penetración del pene es poco profunda.
¡Ay, ay, me haces daño!
¿Cómo que te hago daño?
- Te digo que me haces daño. - Para estar bien, hay que sufrir.
Esto no es para mí, no soy una viciosa.
Esto no es vicio. Es una posición recomendada.
O haces el amor normalmente o te vas a buscar a otra.
- Todo el mundo hace el amor así. - Me extrañaría.
Tú no eres normal.
Vete a buscar a alguien normal, porque yo ya no tengo ganas
Cuando hacías el amor con tu doctor,
- no te hacías tantas preguntas. - ¡Eres un bestia!
- ¿Soy yo el bestia? - ¡Calla, no despiertes a los niños!
¿Has hecho el amor con tu doctor o no?
- ¿Te interesa? - ¡Sí, me interesa!
- ¡No lo hice! - ¡Mentirosa! ¡Mentirosa de mierda!
¡Ya te hubiera gustado, pero no lo hice!
¿Y por qué me lo contaste?
Porque desde que tienes tu sex-shop, estás mal de la cabeza
Eso te excita, ¿eh? ¡Es eso!
Estoy harta de tus cuentos, tus lecturas, tus pelis porno, tus posturas.
- Amor mío, yo... - ¡No me toques!
¡No me toques!
¡Vete a hacer guarradas con esas tías del sex-shop!
Vengo a buscar un libro que encargó mi mujer.
Es un libro sobre el fetichismo del látex.
- ¿Se acuerda del título? - Sí, Las Memorias de un Querubín.
Efectivamente.
30 francos.
LAS MEMORIAS DE UNA CALL-GIRL
La autora dedicará su libro el viernes, 21 de noviembre, por la tarde.
¿Tú sabes la diferencia entre una call-girl y nosotras?
La misma que entre un taxi normal y un radio-taxi.
Si tuviera memoria, yo también podría escribir las mías.
Me apetece comprar su libro.
- ¿Vamos? - Vamos.
Para la señorita Kéka, con los saludos respetuosos de la autora.
Ahí tiene.
¿Escribiste tú sola el libro?
¿Perdón?
Pregunto si la escribiste sola.
Porque nosotras también, si tuviéramos un negro, nos saldrían unas muy chulas.
Esto de aquí no es nada.
Vete a contar eso a otra parte,
déjame tranquila que dedique mi libro.
Tranquila, no te des aires solo porque has escrito un libro.
Tú y nosotras somos lo mismo, solo que con otro nombre.
Te estamos hablando con respeto. Respóndenos con respeto.
Con respeto os pido, abuelas, que os vayáis fuera y rápido.
Quiero quedar sola y tranquila para dedicar mi libro.
¿Te has dejado el sujetador en el coche?
La diferencia entre vosotras y yo es que yo no lo necesito.
¡Pues yo tampoco!
¿Quién quiere verlo? Hoy es gratis.
Métete tu panfleto donde te quepa.
- ¿Qué pasa aquí? - El librero guarro, déjanos en paz.
- Vete a paseo. - ¿Qué es lo que pasa?
Le pregunté respetuosamente a la señorita si había escrito el libro sola
o si había sido con ayuda, y va y se enfada.
Pues claro que lo escribió ella sola. Es escritora.
- ¿Qué dice? - Está bien claro.
Le pregunta si podría pasarnos la dirección de un buen "negro".
Memorias tenemos de sobra para contar. Y no como las de una call-girl.
¿Qué pasa, papá? Ríete un poco, ¿no?
¿No tienen gracia las memorias de la call-girl?
- Sí que la tienen. - Pues no lo parece.
Pronto serán las 4. En 10 minutos voy a buscar a los niños al cole.
Dales tú la comida si yo no he vuelto.
O sea que eres editor de pornografía.
Bueno, pero Balzac también lo era.
Todos somos editores pornográficos.
Todos los editores son editores pornográficos alemanes.
- ¿Alemanes? - Sí, como todos somos judíos alemanes,
todos los editores pornográficos son editores pornográficos alemanes.
Porque en el fondo es lo que se sospecha.
Es la pornografía de la sociedad lo que estamos destruyendo
En realidad, es en lo político donde les molestamos.
De hecho, lo sabes por propia experiencia
y todos aquellos afectados por medidas de censura
lo fueron indirectamente en el plano del erotismo.
No censuraron a Massu.
Y hay que decir que Massu, si existe una perversión,
ya que estamos en una sex-shop...
Estas son las armas de Massu.
Este es su escudo.
Cara de cuero sobre fondo de esposas.
Estoy sorprendido, no sabía que se dedicaba a eso.
Mire usted, he trabajado 6 años en casa de Madame Jeanne,
que se quedaba con la mitad de los beneficios.
Verá todo eso en mi libro.
Me harté de aquello. Ahora soy yo quien hace trabajar a los demás.
Fue fácil con la agenda de contactos que hice.
Así.
- Y... - ¿Sí?
- ¿Se le puede llamar? - ¿Por qué? ¿Le interesa?
Es muy, muy fácil.
Basta con tener mi número.
¿Hola, madame Irène?
Sí, la misma.
Hola.
Soy el librero del sex-shop en el que dedicó su libro.
Supongo que no me llamará para hablar de mi libro.
¿En qué puedo ayudarle?
¿Cómo le gustan?
¿Grandes, pequeñas, morenas, pelirrojas?
Precisamente para esta tarde tengo una rubia fenomenal,
muy buena en la cama.
Estos son mis hijos.
Este es Thomas.
Es el mayor.
Tiene 5 años.
Y este es Julien, cumplirá 4 años en junio.
Qué guapos son.
A mí me gustaría tener dos niños.
Son una ricura.
Muy guapos.
Esta es mi mujer.
Es guapa.
Qué guapa es.
- ¿Alguien acaba de entrar? - No pasa nada.
Es Ingrid, mi amiga. Vive conmigo.
Trabaja toda la semana en la casa de Alemania.
¿No te molesta que venga con nosotros? Es su día libre.
No, qué va.
Ella es Ingrid. Este es Claude.
- Encantado. - Encantada.
Estos son mis hijos.
Este es Thomas, el mayor, y este Julien, el pequeño.
Y esta es mi mujer.
Muy bonita.
¿De quién tienes ganas?
De ti.
¿Y a parte de mí?
De ti.
¿Pero aparte de mí?
Dímelo tú.
Tengo ganas de otra mujer con nosotros.
¿Y qué harías con ella?
La tomaría mientras tú la besabas.
¿Cómo la tomarías?
- ¿Cómo quieres que la tome? - No lo sé.
Con un acróbata como tú...
- ¿Otra vez? - No.
¿No estás bien conmigo?
Sí.
¿Entonces por qué quieres otra mujer con nosotros?
- Estaremos aún mejor. - ¿Tú crees?
- Podemos probar. - ¿Y otro hombre?
Ni hablar.
¿Por qué? Si puede haber otra mujer, puede haber otro hombre.
Es aún mejor.
¿Podrías engañarme?
Si me lo pides amablemente, sí.
¿Estás seguro?
¿No te arrepentirás?
- ¿No vendrás después a llorar? - No.
Te lo prometo.
Un whisky, doble.
¿Puedo invitarla a bailar?
Sí.
- ¿Baila? - No.
- ¿Le duelen los pies? - No, están bien.
- ¿Baila? - No, gracias.
- ¿Baila? - No, gracias.
- ¡Baila? - ¡No!
- ¿Por qué? - No me apetece.
¿No le apetece bailar o no le apetece bailar conmigo?
Las dos cosas.
- ¿Está segura? - ¡Del todo!
Ya está bien, ¿no? ¡Ya basta!
¡Hágaselo mirar! ¡Tarado! ¡Desgraciado!
¡Obseso sexual!
No está especialmente bien pagado.
Iba a irme y entonces llegó la policía.
Y entonces exageraron la historia al máximo.
- ¿Baila, señorita? - No, gracias.
- Venga, vamos a bailar. - He dicho que no.
Vamos...
- Venga, ven. - ¡Tú, cállate!
- Cómo que... - ¡Te he dicho que te calles!
¡Te he dicho que te calles!
- ¡Basta! - ¡Te he dicho que te calles!
¡No, pare, es mi marido!
¡Pare!
¡Socorro!
¡Socorro!
¿Ya estás contento? ¿Sigues queriendo que nos engañemos?
Te quiero.
Si no me hubieras sujetado, le habría hecho papilla
Es verdad que eras el más fuerte.
¿Y tú me quieres?
Te odio, no puedo verte.
Es culpa tuya.
Tú querías a otro hombre, yo solo quería una mujer.
Si en vez de bailar me hubieras ayudado, nos habríamos traído una.
¿Ahora tengo que ayudarte?
No, pero...
Tú entablas conversación y luego me la presentas.
¿Ah, sí? ¿Y qué le digo?
"Le presento a mi marido, quisiera acostarse con usted".
- ¿Es eso? - No.
Dices...
Dices: "¿No le parece que hace calor aquí?"
"¿Y si vamos a casa a tomar una copa?"
Original.
¿Quieres o no que pongamos algo de picante en nuestra vida sexual?
Mira, cariño, yo soy una mujer sumisa.
Si quieres un harem, de acuerdo. Pero con una condición:
que no las embaraces y que sean bonitas.
Puedes traer todas las mujeres que quieras, pero consíguelas tú solo.
Sales y dices:
"¿No le parece que hace calor aquí?"
"¿Y si vamos a tomar una copa a casa?"
Y yo os espero aquí.
Te burlas de mí, pero ya verás.
¿Ya veré qué?
Ya verás cuando traiga una.
- ¿Estarás de acuerdo? - De acuerdo si es bonita.
"¿No le parece que hace calor aquí?"
"¿Y si vamos a tomar una copa a casa con mi mujer?"
- ¿Qué le ha pasado? - ¿Y a usted?
Gracias, cariño.
- Ahí tienes, papá. - Qué buenas manzanitas.
¿Usted no come?
Un novio perdido, diez encontrados.
No, estoy harta de los tíos.
¿Harta de los tíos? ¿Se dice así?
Cariño, ¿puedes ir a ver si encuentras algo de nata?
- Perfecto para tu régimen. - Es noche de gala.
Ah, no, sea serio.
Solo una vez.
Ni media.
Tengo permiso de mi mujer.
Enhorabuena, pero esa no es la cuestión.
- ¿Cuál es la cuestión? - Karine.
¿Quiere un poco de nata?
De acuerdo, Isabelle.
Aquí tiene.
Me encantan las manzanas asadas con nata.
- ¿A usted no? - A mí también, sí.
- Lo mima como a un pachá. - No lo sabe usted bien, Karine.
Sí, un pachá sin harem.
Ya llegará, ya llegará, cariño.
Come tu manzana asada con una buena nata.
Y cuando estés bien gordo, ya tendrás tu harem.
Cariño.
Karine no se cree que me has dado permiso para flirtear con ella.
Sí, si lo creo.
Solo que también creo que tengo algo que decir en este asunto.
Eso es cierto.
Yo autorizo, pero la víctima es Karine.
Gracias. Te las apañas muy bien para hacerme feliz
Karine puede ser la víctima y tú puedes buscarte tu felicidad.
Yo no quiero que ella sea víctima.
Acaba de salir de las manos de un bruto.
Yo quiero consolarla.
Así encontraré mi felicidad.
Menuda historia.
Al responder al anuncio, no creí que me encontraría con un jefe tan encantador,
y con una mujer tan agradable,
tan deseable.
Si os molesto, me lo decís.
Si sigue así, me voy.
¿No le gusta mi marido?
Es muy bueno.
No me gustan los chicos.
Me gustas tú.
A mí no me gustan las chicas.
Habría que probar.
Es fácil decirlo.
Sí, es fácil.
- Basta ya. - Solo una vez.
¡Basta ya!
Mire lo que quiera pero no toque.
Puedo tocar a mi mujer, ¿no?
- Cuando yo me vaya. - Pues venga, arriba, fuera.
Tengo mis límites.
¡Es así o nada!
Lo siento, pero tu marido es imposible.
Fuera, olvidemos esta noche, Karne. No llegue muy tarde mañana.
Adiós, Isabelle.
Adiós, señor.
Adiós, Karine. La acompaño.
¿Quiere que la acompañe al taxi?
No. Un poco de aire me sentará bien.
- Bese a su mujer por mí. - Gracias, no dejaré de hacerlo.
Deberías haber tenido más paciencia. Lo has estropeado todo.
Para ti no fue difícil, no te aburrías.
No era desagradable.
- Vístete, vete a buscarla. - Idiota.
Desde luego.
¿No estarán aquí dentro como reyes?
Los vecinos no van a molestarles.
Miren, tengo una buena cadena de alta fidelidad.
Y bien cara, por cierto.
No está mal, ¿eh?
¿Les gusta? También tengo un sótano.
Vengan a ver. Adelante, como si fuera su casa.
Mandaremos prospectos a todos nuestros clientes,
escribiremos a los compradores por correspondencia,
y si en 2 o 3 meses el club no tiene 2 o 3.000 miembros
yo no me llamo Bernard.
Podrán intercambiar ideas e incluso a sus mujeres, si quieren.
Debería gustarles. Venga, a la salud del Club Love.
A la salud del Club Love.
Señorita.
Quisiera inscribirme en el Club Love.
Sí, pero es preciso gastar 200 francos en el año en nuestra tienda.
Lo dice por detrás en el prospecto.
Ah, sí, 200 francos de compras en el año.
- Perdone, no lo había leído. - No pasa nada.
Mis respetos, señorita.
- ¿No hacen rebaja a los militares? - No.
Sí, no es como en los ferrocarriles.
Una muñeca inflable que hace favores...
85.
- Hazme el amor. - 21.
- Cécilia. - 35.
- Mi noche más larga. - 30.
- Heety. - 40.
201 francos, señor.
Bien, ahora ya puede inscribirme en el Club Love.
Claro, con mucho gusto.
Voy a pedirle 100 francos más, es la cuota anual.
O 75 francos por 6 meses.
¿Y por ese precio puedo llevar a mi mujer?
Por supuesto, cómo no.
En ese caso, deme un carnet por un año.
Cambio de pareja.
¡Oh, rarísima belleza!
Los celos son un feo defecto.
Cambio de pareja.
Le presento a mi mujer.
- Hola. - Hola.
Mi mujer, Yvette. La señora.
Hola, hola.
Yo me llamo Albert.
- ¡Vamos, vamos, alegría! - ¡Claude!
- ¿Va la cosa? - Va de miedo.
Ya no sé dónde meterlos.
- ¿Cuánto has hecho? - No hice la cuenta, al menos 300,000.
¡Fantástico! ¿Y el crucero?
Dos camarotes más y está completo.
- Te lo dije. Voy a bailar. - Que te diviertas.
Las raras veces en que he engañado a mi mujer,
me aburrí como una ostra.
Compadezco a los hombres que llevan una doble vida.
Tomar precauciones, mentir, mentir siempre.
Aceptar sórdidas habitaciones de hotel.
La mirada del portero.
Así que...
Hace 6 años me planteé
todas las preguntas que se plantea un hombre que llega a la cuarentena
y que quiere a su mujer.
Se diría que un marido que puede resistir las tentaciones,
no tiene esa clase de problemas.
No es mi caso.
Mi marido, sí, por desgracia.
Es una cuestión de glándulas, créame.
Lo he pensado mucho, y finalmente...
le propuse a mi mujer una solución que hemos adoptado.
Lo ideal para mí sería recibir a una pareja de nuestra edad,
con la que pudiéramos hablar, bailar y...
y buscar juntos el erotismo que necesitamos.
Creo que el acto sexual no alcanza su verdadera dimensión
más que cuando está envuelto en un ambiente de exploración erótica.
Es lo esencial.
Le confieso que a veces, durante nuestras reuniones,
simplemente tomamos una copa, en familia.
Sin que eso signifique necesariamente...
necesariamente consumar.
Su historia se parece a la nuestra, pero al revés.
En mi caso es mi mujer la que ha comenzado a engañarme.
Tiene sus razones, claro.
¿Por qué no hace el crucero?
¿Qué crucero?
Por Pascua. El Club Love organiza un crucero por el Mediterráneo.
Mi hija no me ha dicho nada.
Venga, Rose, ya es hora de volver a casa. Son más de las 2.
Para una vez que me divierto, me quedo.
No me obligue a hacer un escándalo. Vamos, venga.
¡Haz lo que quieras, yo me quedo!
- ¿Es su marido? - Es mi yerno.
Qué amable venir a vernos.
No se le ha visto mucho esta noche.
Tenga.
Beba de mi vaso y conocerá todos mis pensamientos.
¿Entonces, se está organizando un crucero?
Faltan 2 camarotes para completarlo. Un éxito.
Es una idea magnífica. Siento que no nos vamos a aburrir.
- ¿Usted también viene? - Sí, claro.
- Y lleva a su mujer. - Lo de mi mujer no puedo garantizarlo.
- Está dudándolo. - No hay duda que valga.
Su mujer es un encanto.
Sería una gran decepción que no viniera.
El aire de la mar, la estimulará, la inspirará.
- Es una ocasión única. - Venga, vamos a bailar,
No, luego, porque...
está ahí mi suegra y me gustaría que se fuera.
Después estaremos más tranquilos.
¿Cuál es?
La de rojo.
¡No! ¡Es fantástica!
Si yo tuviera una suegra así... ¡Tiene que venir al crucero con nosotros!
Solo faltaba eso.
Mi suegra en el barco.
¿Se marea en el mar?
Vaya par de... botas.
¿Molesto, Claude?
De verdad, dígame si molesto.
No, no me molesta.
Sí, tengo la sensación de que molesto.
Os dejo. Que vaya bien.
Quisiera hacerles una propuesta.
Présteme la suya y yo le presto la mía.
Venga, come.
Haré huelga de hambre hasta que no me dejes salir.
- Come. - ¡No!
Cariño mío... Monique, ven, no seas tímida.
- ¿Aquí está bien? - ¿Por qué no vamos a tu camarote?
Venga, ya basta de caprichos.
Sí, vamos.
¿Está bien?
Venga, ven. Ven, ven.
¡Suéltame! ¡Suéltame! ¡Te digo que me sueltes!
Bravo.
- ¿Te echo una mano? - Vaya, vaya.
Ya somos cuatro.
¿Eh, muchachos?
Eh, señorita...
¡Vamos! Pero bueno...
¡Isabelle!
¡Isabelle!
Vamos, señorita.
- Quédese un poco. - ¡Suélteme!
No tema. Yo soy muy suave.
- ¡Me da igual su suavidad! - ¡Isabelle!
- Te quiero, Isabelle. - ¡Tú vete a paseo!
Menuda pinta.
Perdón.
¿Qué, vamos?
Vamos abajo, que aquí hace frío.
Necesitaba tanto contactos normales.
De hombres sanos como tú.
¿Estás segura de que...?
¿De que nunca usa impermeable con las demás?
Estoy segura.
Nunca me engaña con impermeable.
Debía tener 12 años.
Vivíamos con mis padres cerca de Fontainebleau.
Un domingo paseaba con mi niñera, a la que adoraba,
se desató una tormenta, una tormenta increíble,
nos refugiamos bajo un gran roble,
y mi niñera me cobijó bajo su impermeable para protegerme.
Y entonces...
El calor de su cuerpo
y aquel olor a goma que me embriagó.
Cuando evoco ese recuerdo, aquel olor,
nadie puede comprender lo que aquel olor evoca en mí.
Claro que sí, claro que sí...
Lo comprendo muy bien, es la madalena de Proust.
Exactamente la madalena de Proust.
He desperdiciado mis mejores años contigo.
¡30 años te he sido fiel! ¡Ya verás cuando volvamos!
Come despacio, acuérdate de la ulcera.
No es la úlcera lo que tengo, ¡es una vida desperdiciada!
¿Pero por qué?
¿Por qué qué?
Pruebe, al menos.
Mire, ya le he dicho que no insista.
¿Pero por qué?
Porque no tengo ganas.
¿Qué quiere decir "tener ganas"?
No sé.
¿Tengo yo ganas?
No sé lo que me pasa.
Aun así, te deseo.
Eres bonita.
No pasa nada. Sin embargo, estamos solos.
No sé lo que me pasa.
¿No estás enfadada conmigo?
Toma una copa y no pienses más en ello.
No sé lo que tengo en la cabeza.
No sé lo que tengo en la cabeza.
- Pero sé lo que tengo en el corazón. - ¿Y en el vientre?
- También. - Entonces es amor.
- Ahí está. - Isabelle, amor mío.
Quítese la camiseta. ¡Rápido, rápido!
- Sé que estás ahí. - Dese la vuelta.
Ábreme, Isabelle. Te quiero.
Salga rápido, haga el favor.
Buena suerte.
Te quiero, Isabelle.
¡Vaya con su mujer!
¿No me habrá hecho eso?
¿Se ha tirado a la mía?
¿Todo bien, cariño?
¿Qué te pasa?
No me mires así.
¡No!
Eres un cerdo.
Es lo que querías, ¿no? ¿Ya estás contento?
¡Ahora lárgate!
¿Y nos llaman a nosotros chiflados, anormales?
¿Eh, guapa? Es el colmo.
- Oh... - ¿Qué?
¿Ves lo que yo veo?
- ¿Los marineros? - Sí.
Ve a tocarles el pompón, que nos traerá suerte.
El Hombre fue creado por Dios, a su imagen.
Con la pornografía, el Hombre se rebaja al nivel de las bestias.
Pornógrafos, sois los opresores de la juventud.
No os permitiremos exhibir vuestras frustraciones
vuestras obsesiones, vuestros fracasos.
Sabed que un ser sexualmente feliz,
no se inmuta ante la sexualidad de sus semejantes.
Os compadecemos por vuestros deseos insatisfechos.
Vergüenza, vergüenza a los pornógrafos.
¡Vergüenza a los pornógrafos!
Vamos, niños, haced el favor de salir.
- Tengo 15 años. - Entonces fuera. Tú también.
- Vete a otra librería. - ¡Policía!
Se os van a quitar las ganas de leer libros pornográficos.
- Y usted no va a vender ninguno más. - ¡Acaban de entrar y les pedí que salieran!
- ¡Son menores? - Sí, e iba a hacerlos salir.
- ¿Son menores? - Sí, no digo que no, y acababan de entrar.
- Si lo entiendo bien, son menores. - Sí.
Bien, entonces se acabó. ¡Se acabó!
Vamos, ven a comer.
Gracias, la brigada antivicio ya me ha dado de comer.
Se acabó el sexo, estaba harto, mejor así.
No nos quedará un céntimo, pero bien está lo que bien acaba.
Trabajaré, venderemos mi sortija,
papá nos prestará, saldremos adelante.
Sí, algún día.
Con tiempo, llegaré a líder político.
Mao debe funcionar tan bien como sexo.
Piensa en algo que te guste.
Lo que me gusta es lo que funciona.
El sexo estaba bien, me gustaba y funcionaba.
Combinaba lo útil con lo agradable.
Pasabas día y noche con tu clientela de cerdos y cerdas, muy agradable.
¿Qué tienes contra los cerdos? Todos somos cerdos.
Hay cerdos que saben que lo son y otros que no lo saben.
Hay cerdos contentos de serlo y otros como yo,
que no están contentos de ser cerdos, esa es la diferencia.
Todo una porquería, todos cerdos.
Claude, la única cerda auténtica soy yo.
- ¿Ah, sí? - Anda, ven.
Ven a comer, que se te enfría.
Son albóndigas con tomate, como las que te hacía tu madre.
Antes de que fuera un verdadero cerdo.
Sí, empecé joven.
No están mal, pero no son así.
Tengo que hacer las albóndigas tan bien como tu madre,
hijos que se parezcan a tu padre,
ser una fiel madre de familia
que haga acrobacias en la cama.
- ¿Qué más quieres de mí? - Un poco de sal.
¿Por qué me engañaste?
Creí entender que eso te gustaba.
¿Me equivoqué?
No, no te equivocaste.
Me engañaste pero no te equivocaste.
¿Qué hay que hacer para que estés contento?
Nada, cariño, nada.
No gran cosa.
Hacer bien las albóndigas.
Y tener un poco de imaginación de vez en cuando.
Y eso con suerte.
Dime.
¿Cómo estuvo lo que te hizo? ¿Estuvo bien?
Estuvo bien.
Me tomó lentamente.
Suavemente. Estuvo bien.
¿Qué más te hizo? Cuenta.
Me besó.
Por todo el cuerpo.
Por todas partes.
¿Por todas partes?
¡Déjame!
No quiero saber lo que te hizo. Déjame.
Claude.
No es verdad, no te he engañado.
Te lo juro.
No te he engañado. Te quiero.
Te quiero.
Dime.
- ¿Qué te hizo? - Te digo que no te he engañado.
- Te quiero. - No importa. Dime.
Dímelo de todos modos.
Me tomó.
Lentamente.
Estuvo bien.
Me besó.
Por todas partes.
Por todo el cuerpo.
Lentamente.
Suavemente. Estuvo bien.
Cuéntame, pequeña zorra
¿Qué tal fue entre sus brazos?
¿Fue mejor que conmigo?
Sí, viciosilla, dímelo todo
Cuántas veces, cuántos polvos
¿No llegasteis hasta el final?
No, pequeña zorra, tú me mientes
Él no te hizo tanto
Como tú dices
Pero no importa, tontita
Vuelve a inventar sus manos
En tu vientre y en tus pechos
¿No me habrás hecho eso?
No es verdad
Dime que no es verdad
Cuéntame, pequeña zorra, otra vez
¿Qué tal fue entre sus brazos?
¿Fue mejor que conmigo?
Pero, pequeña zorra, si me has dicho la verdad
No te lo perdonaré
Te lo juro, jamás
Mentirosa
Mentirosa
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