All language subtitles for Brujas mágicas (1981)(Foxyfox1912)

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Original subtitles

Esto es harina a otro costal.

¡Diego!

¡Diego, bonito!

Aquí tienes a tu Matilde.

Pero, mujer, otra vez.

¿Y por qué no?

Y mira, traigo intendencia.

Empanadas, ajos verdes y cebollas lloronas.

Por solo te faltan unos mejillones frescos. ¿Y qué pretendes con ese menú?

te excites tanto como a mí me excita verte a ti.

Pero si no hace dos horas que he sido tuyo.

¿Qué es lo que ves en mí?

Estás muy bueno, pero con muy bueno. ¿Otra que quiere repetir? ¿Y tú qué

aquí? Le traigo un par de botellas a mi hombre. ¿A tu hombre?

No me hagas reír, moza, que es mío. No me toquéis el sexo, que no me he

comprometido con ninguna.

Pero te acuestas con nosotras, ¿no? Eso es distinto, ya lo dice el refrán.

Acostar, acostar hasta reventar, pero reventar antes que casar. ¿Lo ves?

Acostar hasta reventar.

¿Y qué son para ti dos mozas dos veces al día?

Pues mira, se nota. Parece que no, pero se nota. Anda, echa de aquí a esta moza

de cama.

Diego, dile a esta rugasábanas que se largue.

Mujer, ¿qué ha traído vino?

Y yo he traído empanada.

Pues solo le falta el postre. ¡Aquí está!

Ya lo traigo.

¡Hombre hermoso! Esta sí que tiene mala uva.

Mira qué postal. La que faltaba. La que sobraba. Fuera de aquí las dos. De aquí

no hay quien me mueva.

Bueno, bueno, bueno. Yo me quedo.

Y si queréis mirar, hacedlo.

Diego me va a hacer feliz.

Ahora mismo. Veremos a quién prefiere. Me amará delante de las dos y es

Sois insaciables.

Esta misma mañana me he acostado con cada una de vosotras. A mí ya se me ha

olvidado. Pero parad, cáspita. Preparen esa. Aquí hace calor.

Dejaos algo puesto. Que en pelotas todas sois iguales.

¿Qué más quisieran algunas?

Eso no te lo aguanto.

¡Eso no es lo que a mí me gusta!

¡Cerrada la llave de paso!

¿Qué es esto?

¡Voy a cargar el molino!

¡Es para freír!

¡Pero qué aprendéis con tanta harina! ¡Hacer un bollo!

¡Anda, Florencia! ¡Se te ha quedado todo el pepe blanco!

Esto me recuerda a las tetas blancas de Dover.

No vaya a pensar mal. Lo que pasa es que a una de estas mozas se le ha perdido

un anillo. Y lo estábamos buscando.

Y tenían que buscarlo en cueros vivos, ¿verdad?

Para no mancharse la ropa.

Pero se manchan otra cosa. Mira cómo le están poniendo el fliquis. ¡No la sobes,

sátiro! No la sobo.

La sacudo, ama.

Ya verás.

Deja que las voy a sacudir yo.

Estas chicas.

Vienen así en bandada, le cogen a uno y... Parece mentira, Diego, que te

a estas inmoralidades.

No, no, no, no, no es lo que usted piensa, ama. No, no, no, no me presto.

Me toman prestado.

Si se llegase a enterar mi esposo, el buen Don López. Calle, calle, calle.

Y me entran unos sofocos cada vez que lo pienso.

Yo, con su permiso, ama, voy a arreglar este desaguisado.

Es que no me explico, Diego. ¿Qué ves en estas chicas?

Pero si no me interesan palabras.

Y todavía cuando vienen de una en una, pues puedo responder.

¿Y las puedo rechazar?

Ya. Vienen las tres juntas.

Me alcanzas el tronco.

No sé si tendré fuerzas porque me suben unos calores.

No sé.

A lo mejor en su casa es de más fresco. Ay, calla, calla.

Si yo te contara mis intimidades.

Paso unas noches más frías.

Es que... Es que mi marido... No me cubre.

¿Con las mantas?

Con nada.

Dieguín.

¿Qué hago con esto?

¡Qué hermosura!

Aquí, póngalo aquí mientras yo tengo alzada la batea.

¡Qué gusto de haber alzarse algo!

¡Joder, qué señora!

¡Diego! ¡Yo te amo!

Pero otra vez se me declara, ama.

Hasta que calmes mis ardores de amor.

¿Qué se cae?

Que no puedo, ama.

Fíjese si se enterase su hija, la bella Julissa, o el amo Don Lope.

¿Por qué habrían de enterarse?

¡Bello Don Fel!

¡Ama, ponga el tronco, que me canso!

¡Suelta la batea sobre mí, que no me importaría morir aplastada! ¡A tu lado!

¡Déjate quieta!

¡Ay, subo! ¡No subo! ¡No puedo más!

¡Ama, no!

¡Ama, no!

¡Ama, caca!

¡Ama, caca!

¡Ama,

que se me van a caer los dodotis! ¡Qué duro lo tienes, qué duro está! ¡No se

quieta, ama!

¡Qué duro lo tienes, qué bien que muestra! ¡Qué leche mete!

¿Dónde lo tienes?

¿Estará por ahí? ¿Se lo han llevado a las otras?

¡Ama, qué dama don López, como un padre para mí!

Y para mí también.

¿Qué digo como un padre?

¡Como una madre!

¡Cuidado!

¡Refocilemonos! ¿Mande? Que digo, que cohabitemos a la par.

Ah, ya, ya, lo de las otras.

Mi honra.

No puedo, quiero perder mi honra. Sería un secreto entre tú y yo.

¡Ay, Dios mío! ¡Ay, Dios mío! ¡Ay, Dios mío!

¡Ay, Dios mío! ¡Ay, Dios mío! ¡Ay, Dios mío!

¡Ay, Dios mío! ¡Ay, Dios mío!

¡Ay,

Dios mío!

¡Ay, Dios mío!

Don López está entre nosotros.

No, no, no.

Lo que pasa es que no te gusto.

Prefieres a las pollitas jóvenes olvidando que el buen caldo lo hace la

vieja. Es que yo prefiero la ternera. Está bien.

No voy a ser tuya.

Pero ninguna otra lo será.

Yo te lo aseguro, mozo coqueto y voluble.

Te vas a acordar de tu ama.

¡Te vas a acordar!

A mano se me cabré. Que yo lo hago pensando en su hija Julissa y...

¿Y en Don Lope?

Don Lope, Don Lope. A saber dónde está ahora ese imbécil.

¡Ay! ¡Ay, ay, ay! ¡Ay, ay, ay!

¡Joder! ¡Cómo están creciendo las pulgas en este molino!

Vamos, que dónde me ha ido a morder.

Con este lisir que le estoy preparando, no fallamos, don Lope. A ver si es

verdad, Agripina, porque con la última pócima hice el ridículo de una manera...

Es que le puse poco rabo de lagartija, que es lo que le da gracia a la cosa.

En cambio, cargaste la mano en cuerno de cabrito en polvo.

Y, oye, de polvo, nada.

Esta vez veréis, don Lope, lo que es bueno.

Un poco antes de meteros en el lecho del amor, Leéis esta invocación y tomo de

un trago alcohol.

La verdad es que sabe a demonios. Sí, claro, a demonios.

Bueno, me voy ya. Son tres doblones, ¿verdad? Cuatro.

Todo sube. Sí, ojalá suba.

Subirá, subirá.

Toma, uno, dos, tres y cuatro.

Dios te oiga. Eso de Dios.

Ya pueden salir, abuela.

¿Se ha ido ya el buen Don Lope? Que salgan. Don Lope va corriendo a cumplir

sus deberes matrimoniales.

Mira a ti la carnetita para ti. Anda, dale un besito, mamacita. Anda, corazón,

no seas malo. Ya podéis salir.

¿Lo ves? Por poco nos sorprende tu padre. Y si nos sorprende, yo me muero.

cómo nos va a sorprender?

Pues a ti, desnuda, corriendo detrás de mí por esa cueva. Serías tú el que ibas

corriendo detrás de ella.

No, abuela. Ella es la que quiere ser violada. Es lo lógico.

Y él es el que no se deja.

Eso sí.

¡Ah, sí!

Naturalmente. ¿Por quién me toma?

Yo soy un hombre serio que quiere a Julissa honestamente.

Quiero casarme de blanco y por la iglesia. ¡Qué antiguo eres, Diego!

suceder! Es un cabezota.

Cree que mi padre accederá a nuestra boda. Y eso es imposible.

Nunca aceptará como yerno a un simple molinero. Pues pegándole la lima empezó

Marcelino Camacho. Y ahí lo tiene, con un escaño para él solo.

Julissa dice que don López solo consentirá en la boda si ella vuelve a

situación embarazosa. ¿Eso seguro?

Bueno, como don López cliente mío, trataré de sonsacarle.

A ver qué piensa de lo vuestro.

Sí, porque si esta me sigue persiguiendo, acabaré por caer. Anda,

acompáñame a casa, que se está haciendo de noche. Sí, mujer. Además, como soy el

pregonero del pueblo, tengo que hacer la ronda de noticias del día. Hombre,

santo del pueblo.

¿Has traído sapos verdes? Sí, porque es lo que más usamos.

¡Qué asco!

Ahí está, cada vez más delgado.

Ah,

del esqueleto. Es que aquí antiguamente hubo una oficina de empleo. Este vino a

pedir trabajo y le dijeron siéntese que enseguida se lo damos. Y ahí está,

esperando todavía. Bueno,

hasta más.

Adiós, Majo.

Te quiero, no me sopes el cinganillo.

Bueno, como la pócima no me da efecto, asesino a esa vieja asquerosa.

Lope, ven al lecho de amor.

Espérate, cariño, que esto no es la purga de Benito. ¿Qué dices?

¿Benito? ¿Pero quién ha dicho Benito?

Bonito, bonito.

Que qué camisón tan bonito te has puesto.

¡Cuánta manteca, madre! Tienes más senos que yo.

Ven, ven a mí.

Hombrón. Es que quiero conocer las noticias de última hora. Precisamente el

pregonero está al caer.

¡Nada! ¡Es que no noto nada!

Últimas noticias de la villa. Se dice, se murmura, se comenta. Me explico. Se

comenta... Qué bueno está el desgraciado.

Que nuestro rey, Carlos I, que todavía no es un coñac, pero que lo será si no

tiempo, quiere apicar y retirarse a un convento.

Se habla de yuste.

Nosotros, con su permiso, no nos lo creemos. Y no nos lo creemos porque a

nuestro rey le queda un problema que resolver.

Me explico. La definitiva total, absoluta, unidad de España, antes

llamado Estado Español. Y ahora, si me lo permiten, hagamos una pequeña pausa

nuestra programación.

Nos vemos.

¡Qué flequillo!

Yo me entiendo sexualmente con mi mujer.

Pero me gustaría hacer con ella cochinadas de esas francesas. Pero no me

Me da vergüenza.

Cierra la publicidad, que tenemos que hablar.

Bien.

Hablar lo que quieras. Porque otra cosa... Lope.

¿Tú me quieres?

Claro, mujer, claro.

Y dentro de un momento te lo voy a demostrar.

Creo.

Pues entonces...

Tienes que echar de la villa al mozo del molino.

¿A Diego?

¿Al pregonero?

¿Por qué? ¿Te ha hecho algo? ¿Qué más quisiera yo?

Digo, ¿qué más quisiera él?

Escucha.

Ese hombre es peligroso.

A mí me desprecia.

Diego, pero si es un buenazo.

Muy sentimental.

¿Le llaman el Tamames?

No le conoces.

Y utiliza el molino para sus orgías.

Va, es joven. Y claro, cuando a una chica se le pone a tiro, ¿quién pudiera

disparar como él?

Nada.

Nada.

Como si me hubiera tomado unas sopas de ajo.

Y mira que me mentalizo.

Lo que pasa es que no me quieres.

Si me quisieras, echarías a ese gusano del pueblo.

Lo de gusano lo dices por...

Ah, claro.

Lo dices por Diego. Sí.

Nada. Nada.

Me va a oír esa maldita y asquerosa bruja.

Eso. Brujas. Unas brujas. Tres brujas. Si las hubieras visto totalmente

desnudas revolcándose con el tal Diego.

¿Pero qué dices, mujer?

Que Diego es un brujo y tienen brujadas a esas muchachas con las que forma

tremendos aquelarras en el molino. No se puede ni siquiera decir la palabra

bruja. La Inquisición tiene micrófonos en todas partes.

Yo pensé que debía decírtelo.

Decírmelo, decírmelo.

Pero eso es absurdo. Diego un brujo.

De pequeño siempre fue un demonio.

Uy, ¿qué digo? Jesús María José, Jesús María José. ¿Lo ves?

Tú mismo lo reconoces. Está endemoniado.

Pues es una gracia, porque ¿qué hago yo ahora?

Echarlo del pueblo.

¡A palos!

Para que aprenda a tratar como se debe a una dama como yo.

¡Casa! ¡Casa!

Ay, qué noche, madre, qué noche que de retortijones.

Ay, esa maldita pócima.

Buen día, padre.

Bueno, ¿y tu madre?

Ha salido temprano.

¿Gachas, padre?

Pocas gachas, que no tengo hoy el cuerpo para cargas.

Tráeme un poco de leche de cabra.

¿De la mama derecha o de la izquierda? Que somos ricos, hija, de la derecha.

Uy, mire, padre, por ahí viene madre.

Buen día, esposo.

¿De dónde tan temprano?

De enviar una carta.

¿A tu hermana la monja?

No, a la Inquisición.

¿Qué dices?

He denunciado el aquelarre erótico del molino.

Estás loca.

Bromeas. No bromeo.

Yo soy muy pía y he pedido que la Inquisición venga a aclarar este asunto.

al pobre Diego lo van a empapelar. A él y a las brujas que estaban con él.

Así aprenderá el país.

Que no se olvide que aún somos la reserva espiritual de Occidente.

Madre mía, pero esta mujer es un personaje de Vizcaíno Casas. ¿A dónde

A reparar tu entuerto.

Su leche, padre.

¿Qué leche?

Menos leche, hija. ¿Qué, hace deporte?

Que te jodan.

Ah,

sí, ya sé que te han dicho que ganamos los mundiales.

Maese Panadero, ¡casa!

¡Casa! ¡Diego bonito!

¡Qué alegría me da verte!

No empecemos, Matilde. Estoy muy cansado. Ya terminé muy tarde el pregón

noche. ¿Y eso qué es para ti?

¡Que nos puede ver tu tío! Mi tío no ve tres en un burro. Pero tiene un oído

finísimo.

¿Que tengo qué?

¡Que está usted hecho un chaval!

¡Ah, sí!

Me conservo bien.

Me falla algo la vista, pero bueno.

¡Matilde! ¡Matilde!

Pero si está... ¡Matilde! ¿Quién pregunta?

Por mi sobrina, pero habrá salido.

¿Me has traído el salvado? Sí, maese. Muy bien. ¿Pero cuándo nos va a hacer el

pan con harina solo? Nunca, nunca.

En este pueblo lleváis 50 años comiendo mi pan, que está hecho con salvado, paja

de arroz y un poco de arcilla de mi patio. ¡Qué sanísima!

Y estáis tan contentos.

Pues he oído que en el pueblo va a abrir una paradería un tal Maese Bimbo que le

va a hacer la competencia.

¿Bimbo? No le conozco.

Está quieta, chica.

Tócate tú las narices.

¿Decías algo?

No, que cada vez oye usted mejor.

Es cosa del tiempo. Cuando hay tormenta no oigo los truenos. Pero verá usted los

relámpagos.

¿Hay cachondeo?

No, no, señor. Yo soy incapaz.

Debería dejarme las calzas en casa para lo que me duran puestas.

Oye, ¿tu tío se curó de la sarna de los pies?

Calla, escrupuloso.

¿Qué idea?

Se dice cochí. ¿Y qué? ¿Cómo van las cosas?

Bien, bien.

¿Es verdad que el emperador Carlos abdica en su hijo Felipe? Sí, eso se

Te oigo lejos y hablas como si estuvieras cansado.

Es que me hacen...

Trabajar, trabajar como un loco. ¿Poco?

¿Que trabajas poco?

¡Haces bien! ¿Qué coño? No da una.

Todo lo con... contrario.

¿Armario?

Armario aquí no tengo.

Déjelo. No nos vamos a entender hoy.

¿Hoy? ¿Que te vas?

Sí, sí, sí, señor.

Me voy. ¿Y a dónde?

A hacer puñetas, pajaritos por aquí.

Este chico es rarísimo.

Se va sin despedirse siquiera. Vale,

hoy me he pasado la arcilla.

Pero bueno, a lo que venía. Tenemos en el pueblo un caso de brujería. ¡Coño!

¡Qué locura dices lo que oyes! No hables fuerte que la Inquisición lo oye todo.

Lope, a mí no me líes. Yo no quiero saber nada.

Si eso que dices es verdad, estamos listos. Pero yo te lo tengo que decir a

que eres el alcalde. ¡Dimito!

¡Tonterías! En este país solo tiene valor para dimitir Fernández Ordóñez. Y

uno que dimite, casi se carga un CD.

¡Cándida! Ha denunciado el caso a la Inquisición. Pues está lista la

¿Y quién es la bruja?

¿Brujo? ¿Brujo?

Es Diego. ¿Diego?

Sí, imposible. Con lo bueno que es. Y por eso le contratamos en el

Buenos días, padre. Hola, don Lope.

Buenos días, hija. ¿Cómo estás, Rosa?

Bueno, ¿cómo vas a estar? Muy bien, ya se ve.

Voy a por agua a la Cantarina Fuente.

Adiós. Me llaman la Gijonenco.

Imposible, Lope, imposible.

Diego no. Si precisamente mi hija va con algunas buenas amigas de vez en cuando

al molino a merendar con Diego. Si todos le miran como a un hermano. Según

cuenta Rosa, hasta les enseña a todas a tocar la flauta. ¿Qué flauta? Será la de

Bartolo que tiene un agujero solo.

Déjate de flautas.

Es que parece ser...

Que hay varias chicas que forman parte de la aquelarre.

Mi hija también.

Qué lío, Lope.

Qué lío. Lo que tenemos que hacer es no ponernos nerviosos y esperar a que venga

el inquisidor que nos mande. Eso es. Y entonces... ¡Le matamos!

No, hombre, no.

Tú eres rico.

Yo no tanto.

Tomás. El caso es que a un inquisidor se le puede comprar...

¿Tú crees?

Pues si no os lleváis bien, divorciaros y en paz.

Pero, Jurisa, ¿qué haces aquí en my little house?

Tenía que hablar contigo.

Pero hoy mi honra.

Menos coñas, Diego.

Pasa, Valentino.

Aquí el americano tiene que contarte algo.

Mujer, no le llames americano con ese tono. Es hijo de uno de los indios que

trajo Colón de América hace más de 60 años.

Y porque hable raro no hay por qué tratarlo con desprecio.

Es como un hermano.

Bueno, vale.

Venga, Valentino, a lo que hemos venido.

Cuéntale cómo me has encontrado esta mañana, desayunando tempranito.

¿Cómo lo has encontrado?

Sola, panera escangallada a la fiesta madrugada tomándose un café, con una

de bigote y una ojera hasta el escote bajo la nuez.

Ay, Valentino, guapo, no me digas cómo es mi novia, que yo ya lo sé.

Nosotros no somos novios.

No le has pedido la mano a mi padre.

¿Y eso qué tiene que ver?

Mucho. Tonto que como tú no lo haces, la va a pedir Valentino. Y me casaré con

él.

¿Con este?

A pesar de lo feo que es y lo raro que habla.

Hermano, tú no debes rebajarme, ni oprimirme, ni humillarme, ni decirme que

puedo aquí vivir. Cállate, pesado, y vete a tu tierra.

Adiós, pampa mía. Tierra querida de aquellos tiempos. Toma, da una estrujona

esta cebolla y llorarás más a gusto.

Vamos, Julissa. Yo te quiero y tú lo sabes.

¿Pero no te quieres casar conmigo?

Nos casaremos.

Sí.

Y te regalaré el famoso chal de mi madre.

¿El famoso chal? Ese.

Lo guardo aquí para ti.

Míralo. Me lo dio mi madre al morir.

Está bordado a diente por los frailes mancos de San Expedito.

Lo cogían así con los muñones y con la orilla, bueno, bórdenlo hasta iniciales

todo. Nunca lo había visto.

Me gusta. Es maravilloso.

En el pueblo todo el mundo habla de él.

Hombre, claro.

Pero no me vas a convencer.

Es que soy pobre y no te voy a traer a vivir aquí. Mira cómo está esto.

Y todo a media luz y sin calefacción. Con los cristales rotos vaya a

ventilación. Lo ves, hasta el boludo este se da cuenta.

Pues o te decides o me caso con este y me voy a vivir con él a una ciudad que

acaba de fundar en América un paisano nuestro y que se llama Nuestra Señora de

los Buenos Aires.

¡Mi Buenos Aires, querido!

¿Cuándo te podré yo ver? ¡Quieres callar ya, plomo!

Tú decides.

Está bien.

Iré a ver a tu padre y le diré que me quiero casar contigo.

Sabía que aceptarías.

Ahora ya nada me impedirá ser feliz.

¿Estás de aquí?

Me ha liado. Tengo

ganas de llorar.

Cálmese, amigo.

Sufra y no llore. Que un hombre macho no debe llorar.

Valentino Majo, mira lo que te voy a decir. Por el río Nerdión bajaba una

gabarra, zumbala, zumbala, zumbala. ¡Márchate ya, so cabrón, a dar a otro la

tabarra! ¡Zumbala, zumbala, zumbala! ¡Vete a grabar a Palo del Rey, que ya

estáis todos, so cabrón!

¿Cómo se llama este villorrio asqueroso?

Villanueva de Camero, situado en La Rioja. Antes Logroño, a secas. Y cerca

límite Consorio.

¿Hay aquí posada?

Aquella es.

¿Ah, es?

Pues sigue currando, palurdo.

El inquisidor secreto, disfrazado de peregrino.

¡Fuera, fuera!

Hay que pagar cuando se come y se bebe, que esto no es la Federación Española de

Fútbol. ¿Qué, de paso, padre?

No, de risa, hijo, le pusiste tú el nombre a la posada.

Ah, no, es cosa de los hijos de los vecinos. La posada se llama el oráculo,

vienen los niños y... Le tapan la hora y te dejan con el culo al aire.

Hay posada para un humilde peregrino. Vais a Santiago.

¿Qué Santiago?

¿Carrillo? No, de Compostela.

Ah, sí.

Bueno, ¿cómo es la posada? Porque a mí la higiene no me importa, pero la comida

y la bebida tienen que ser excelentes.

Un momento, un momento.

No os precipitéis. ¿Tenéis dinero?

Los peregrinos suelen venir sin blanca. ¿Por quién me tomas posadero?

Yo no sabe con quién estás hablando.

Pues claro que no tengo dinero.

¿No ves que soy un caballero? ¿Y cómo pensáis pagarme? Pues con mis consejos,

mis pláticas y las placenteras narraciones de mis viajes.

¡Largaos de aquí! Conozco a los charlatanes como si fueran mi padre.

¿Es que tu padre es diputado? ¿Has cosecho de mi casa patadas?

¿Pero patadas a mí? ¡Un momento!

Por favor, nadie va a patearos.

Buen monje. Y menos en mi presencia. No faltaba más.

Vamos, Mateo. Es así como tratamos en este noble lugar a los forasteros. Pero,

alcalde, si es un muerto de hambre. Razón de más.

Hay que dar de comer al hambriento.

Y de beber al sediento, hijo.

Bien dicho.

Mesonero, saca un buen rioja que estamos en la tierra.

Es verdad. Hazle caso, Mateo.

Y si estos nobles homes se dignan a ello, apronta una pata de cabritillo ni

cruda ni muy hecha.

Digamos, a point.

¡Vale, vale!

Y ahora os hago el honor de permitiros sentaros en mi mesa.

Ya está, os dejaré mojar en mi salsa.

Muy amable el espantapaje.

Pues la verdad, no esperaba tal recepción.

Os esperábamos. No tan pronto, la verdad.

Porque quien os envía ha sido rápido.

No, a mí no me envía nadie, ¿no? Mis pasos son guiados desde arriba.

Ah, claro, desde arriba. Los altos mandos.

¿A que os gustan los tangos?

No, son cosas nuestras.

El vino.

El cabrito viene de camino.

Bueno, pues no retraséis. Mezonero no vaya a convertirse en cabrón.

Tomad buen monje.

De modo que me esperabais, ¿eh? A pesar de vuestra misión secreta, os hemos

reconocido. Fue mi mujer.

¿La que me reconoció? No, la que envió la carta.

¿A mí? No, arriba.

¿Qué decía la carta, digo yo? Mi mujer los vio en el molino. A él con un rabo

así de largo.

Y ellas totalmente desnudas en cueros vivos.

Ojo, Rosa no. Bueno, Rosa no. Pero como es muy seria. Rosa, claro. No, Cándida.

Ah, Cándida. ¿Y quién es Cándida? La esposa de este.

¿Y a quién vio? A Diego. ¿Y quién es Diego? Un empleado mío.

¿Ya se ha enterado? Menos mal.

Pues ya lo comprendo, hombre.

Este caballero tiene un molino y es molinero.

Entonces estaba allí con tres chicas en pelota, menos rosa y cándida. Que por

eso, que no sé quién es, ¿no?

Pues va a escribir una carta a San Pedro.

Claro, si hasta un niño lo entendería esto.

Lo único que no sé es quién es Diego y qué coño pintáis vos en este despelote.

Pues no se ha enterado de nada.

Aquí hay un pedazo de cabrito.

Mira, de uno de vosotros hablan, mira. Ay, perdón.

Dejadlo aquí, buen posadero, dejadlo aquí.

¿A la cuenta de quién va esto?

A la de este.

Bueno, a la del municipio. Ese paga peor que nadie.

Es que, como es de izquierdas, da igual.

A la mía personal.

Ya lo sacaré de las multas de la grúa.

Eso está mejor.

Como es uno de los más ricos del pueblo, pues vale.

Pero, ¿cómo es rico si es de izquierdas? Hombre, no es un caso raro. Ahí está

José Luis de Vilayonga.

¡Hombre, encima cachondeo!

Comed tranquilo. Con nosotros no tenéis por qué hacer comedia. Ahora os dejamos.

El posadero os dará cuarto y cama blanda.

Más tarde vendrá a recogeros.

Os espero.

¿Pero de qué se ríe?

No sé.

Yo nunca entiendo a este gilipuerta. Dice que le han dicho que vamos a entrar

el mercado común.

Pues ahora comprendo por qué se descojona.

La verdad, no sé cómo la Inquisición tiene a estos inspectores tan guarros.

Mira que tú hueles mal, ¿eh?

Bueno, pues este huele a demonios.

Con perdón, claro.

Le gusta mucho la comida y la bebida.

Parece un federativo colaborador.

Estoy seguro. Todo es cuestión de dinero.

A mí mi bocata media mañana no hay quien me lo quite como

manda el sindicato de los monjes.

¡Abuela! ¡Abuela! ¡Abuela!

gran noticia. ¿Qué pasa? ¿Ya no has entrado en la OTAN? No, que Diego va a

a don López la mano de Julissa. Y nosotras queremos que le ayudes para que

impresione a don López. Es que hay cosas que vosotras no sabéis y en esta

comarca se va a organizar un cacao.

Mejor, más divertido.

Abuela, ¿por qué no ayudas a ese pobre imbécil?

Bueno, me concentraré.

Vosotras, mientras tanto, moledme unos dientes de cornuda y salteadme unas

tarántulas venenosas, que algo tendremos que cenar, digo yo.

Hola. Pasa.

Hola. Mi padre no tardará. Está con el memo del alcalde. ¿Tú crees que es el

momento oportuno?

Puedo venir al mes que viene, así será mejor. Ahí, no empieces, Diego.

No seas tocona.

Bueno, pues que sea lo que Dios quiera.

Ahí.

¿Qué te pasa?

Pues no sé. ¿Qué tropezó? ¿Con qué?

Si aquí no hay nada.

Pues no sé.

¿Serán los nervios? Sí, serán.

Está por ahí tu madre.

No sé.

Te traeré un poco de agua fresca. Sí. Porque hoy estás de un nervioso.

Estás de quieta, mujer. No me toques el cinganillo.

¿Qué te pasa?

Bueno, pues no.

No te entiendo.

¡Coño, que este jarrón está vivo!

¿Por qué?

Porque sin querer lo he empujado y en vez de estrellarse en el suelo...

Se ha detenido en el aire y luego ha vuelto a subir.

Por falta de contacto sexual.

Te estás volviendo loco, Diego. Sí, pues un casquete más y me quedo ciego.

¿Te parece bonito que guardes estas calcillas tuyas con este encaje

Pero madre, que no estoy sola.

¿Qué hace este aquí?

Viene a hablar con tu esposo.

¿Qué pasa?

¿Se ha hundido el molino?

No. Vení a pedir... Aumento de sueldo.

¿Aumento de sueldo? ¡Ja!

¡Estás loco! Va a echarte del pueblo si no te achicharra antes la Santa

Inquisición.

¿A mí por qué?

¿A qué viene eso, madre?

¡Ven conmigo! No quiero que sigamos al lado de ese Lucifer porque le vamos a

el rap. Sí, estoy bien abrochado.

¡Corre!

¡Corre! ¡No es que soy un demonio tonta que eres tonta!

¡Corre!

¡Que ya vuelvo a azufre!

¿Azufre?

¿Me habrá abandonado el desodorante?

¿A ver más lejos?

¡Joder, joder, joder!

¿Qué tendré yo?

Ahora el fuego.

¡Te estás haciendo vago!

Iré yo por ti.

¡Pobre arconada! ¡Me veo en los mundiales!

No hay forma de deshacerse de él.

Es como Pío Cabanillas.

Qué cosas.

Hombre, mira quién está aquí. El bueno de Diego.

Me alegra verte.

Precisamente venía a decirte... Siéntate.

Venía a decirte que te conviene marcharte unos días del pueblo y para

tengas problemas... Un momento.

Mire esto.

Oye.

Ahora... No lo irás a derramar. Tiene 20 años de vejez. Usted tranquilo.

Ahora lo suelto y... Te

tengo en mucho aprecio, Diego. Pero qué cabronada.

No me lo explico.

Algo sale mal.

Pero me la compío cabanillas.

No, hombre, este jarrón no es un recuerdo muy importante para mí. Es que

falla, ¿eh? Anda, hijo, anda, siéntate.

Que cada vez te veo más gilipollas. ¿Qué con ese jarrón, oiga?

Calla, calla, olvida el jarrón y toma este dinero.

¿Para qué?

Pues para que te vayas a Logroño cuatro o cinco meses hasta que se marchen los

nubarrones.

Oiga, pero si aquí hace un tiempo fenomenal. Pero va a caer.

Anda, lárgate.

Es... es que yo...

Vení a hablaros, don López. Pues dime lo que sea y márchate.

Que eres más pesado que 300 millones.

Don López... Tengo el alto honor de pediros...

No te entiendo ni patata. ¿Qué

quieres pedirme? Que quiero la mano de su hija Julissa. ¿Y para qué la quieres?

Para casarme con ella.

Bueno, no te había entendido. Sí, claro, la mano de la niña. ¿Qué?

¿Casarte tú con mi hija? Pero si eso no puede ser.

¿Por qué?

Vamos al cura, nos casamos, y si va mal, esperamos a que venga el divorcio.

Calla, calla.

Estás borracho. No, si lo he tirado todo. Casarte tú con Julissa, pero eso

imposible. ¡Imposible!

¿Por qué? ¿Qué pasa? ¿Es que Julissa es un tío disfrazado?

Pues no, porque yo prácticamente la he visto en pelota y tiene un felpudillo.

¿Tú has visto el felpudillo, amiga?

Está bueno, de refilón, solo unos pelillos.

¡Ay, madre! ¡Ay, madre! ¡Qué catástrofe! ¡Qué horror!

¡Julissa! ¡Julissa!

Ya sale, os había dicho que se liaba.

¡Ven aquí!

No tenía que haber dicho yo nada, si es que me pasa...

¿Qué sucede, buen padre?

Pues casi nada.

Que este loco quiere casarse contigo. Ay, ¿y yo con él?

Pero eso es imposible.

Claro que es imposible. ¿Pero por qué?

Porque está embrujado.

¿Cojones? ¿Pero qué dices, madre?

Lo que oyes.

Está embrujado.

Tiene un rabo de medio metro.

Hombre, lo tengo cumplidito, pero no creo que llegue a medio metro. No, no,

ya no. Bueno, pues aunque lo tenga solo de 40 centímetros...

Me casaré con él. Pero eso es imposible, hija. ¿Por qué?

¿Eso? ¿Por qué?

Díselo ya.

Porque sois hermanos, puñeta.

¿Hermanos?

¿Julisa y yo?

Diego, mi hermano.

Hermanos. Hermanos, hermanos. ¿Pero hermanos, hermanos? De lo más hermanos.

Hermana. Hermano.

Nuestro amor es tan imposible como el de Castedo y Robles Piquer.

Lope, estás loco. Diego no es hijo mío. Pero es mío.

Y no quiero hablar más de este asunto. ¿Cómo que no?

Sois brothers.

Tradúcemelo. Y no os podéis casar. Tradúcemelo ahora mismo.

¿De qué coño se ríe este tonto? Es que dice que le han dicho que la UGT no

nada que ver con el Partido Socialista.

Desde luego es para cagarse de risa. Bueno, ya lo sabéis. Lo siento.

No podéis casaros. Explícame, López. Tú un hijo secreto, pero ni que fueras Pepe

Sancho. Anda, que si te llevo a hacer caso y nos acostamos juntos, vaya lío.

No lo quiero ni pensar.

Si le dices a tu padre como tú querías. Papá, estoy embarazada de mi hermano.

Anda, que el pitote... Pues, aunque seamos hermanos, yo te quiero, Diego.

Y te querré hasta la muerte.

Abuela, que ya suena la olla express.

Ya voy.

¡Joba! ¡Qué día!

Si lo llegas a ver, no me levantes.

Pues según doña Cándida, el desmadre empezó aquí.

Ah, fue aquí, ¿no? Sí, pero antes de seguir adelante, yo quiero sincerarme

vos.

Diego es hijo mío.

Bueno, lo veo bien.

Y Cándida, mi mujer, fue la que le sorprendió.

Pero es que además se quiere casar con Julissa. ¡Qué barbaridad, ¿no?

¿Verdad que sí?

Hombre, claro, Cándida casándose con Julissa, la cosa lesbiana en danza. No,

padre, no. La verdad, no sé cómo la Inquisición se ha hecho famosa con unos

inquisidores tan zoquetes.

Ven aquí, que Fray Vicentino ya lo sabe todo.

Lo sabe todo.

Sabe, sabe que estoy muerto en vida.

Lo sabe, lo sabe, lo sabe todo, todo, todo.

¡Ay, que me cargo el molino! ¡Qué fuerte soy últimamente!

Bueno, ¿de momento quién es este mozo? Diego, mi hijo natural.

El ilegítimo. El bastardo.

El puñetero hijo de... de mi padre.

Ese. Bueno, pues yo os he traído aquí para que el chico explique cómo fue la

la re. ¿Cómo fue la que la re? No la liemos, don López. Jesús, está de mi

que eres niño como yo. Pero si no os enteráis bien de lo que pasó aquí, ¿cómo

vais a informar a la Santa Inquisición?

¿Informar a quién?

Informar yo.

Hablad claro, papi querido.

Mi esposa, doña Cándida, te vio aquí haciendo brujerías con tres chicas del

pueblo en pelotas.

¿Brujerías?

Milagros, para no que estorbe con las tres a la vez, buen monje.

Bueno, os va a parecer raro, ¿eh?

¿Gustáis? Gracias.

Pero ahora empiezo a comprender algo, ¿eh?

Vuestra virtuosa esposa denunció el caso ante los tribunales de la Santa

Inquisición, ¿no? Eso.

Y os han enviado aquí a vos a investigar.

Bueno, seamos sinceros, noble don López. De acuerdo.

Ahora cuando traes digo, yo no soy lo que parezco. Iba camino de Santiago a

por... Es lógico. Mandegadas y astorgas. Por eso sois investigador secreto.

¿Yo secreto?

No necesitáis disimular. Ni yo tampoco.

Soy rico.

Veamos, ¿cuánto queréis por enfocar este asunto de modo que mi hijo Diego y la

chica salgan libres de toda culpa?

¿Y sois muy rico o...?

Y no tiene más dinero porque se lo ha llevado a casi todo.

Fíjese qué tontería. A Suiza.

¿Para qué se lo llevará ahí?

Son cosas mías.

El rey Carlos piensa abdicar y en este país se puede organizar un golpe para un

quítame allá esas pajas.

Con perdón, señor obispo. Se refiere a estas pajas de por aquí, no a las

masturbadoras. Usted ya me comprende. No, está faltando. Bueno, pues no digo

que vaya a darle carpetazo al asunto, como si esto fuera un fideicall a

cualquiera, ¿no?

Pero seré benévolo.

Pero, ojo, ¿eh?

Seré benévolo si duermo y como muy bien. Es que si no, me entra un no sé qué.

Que yo no quisiera que me entrara, pero me entra.

Pues entonces, si os parece, dejemos esta lata de la investigación.

No, no, no. Hay que hacer la cosa bien.

Vamos a ver, hijo.

¿Cómo fue la cosa?

Pues yo estaba aquí trabajando cuando una detrás de otra aparecieron las

Aquí hay algo que falla. ¿El qué, hermano?

Pues la chica, su declaración es fundamental.

Están ahí fuera.

Las dije que viniesen por si queríais hacer una reconstrucción de los hechos.

Ahí voy, ahí voy. Que pasen, que pasen, sí.

Y digo yo una cosa, hijo. ¿Y tú cómo tienes tantas para tu holganza?

No es que yo las busque para holgar.

Son ellas las que quieren holgar conmigo.

Ah, ¿y tú huelgas con ellas?

¿Huelgas?

¿Huelgo lo que puedo? No, huelgas, huelgas. Bueno, huelgo, huelgo. O sea,

huelga. Hay días que hasta tres y cuatro huelgos.

Aquí están las mozuelas. Las he contado todo y vienen muy asustadas.

Pero no hay por qué, criaturitas. Se trata de una simple reconstrucción de

hechos diabólicos.

Me debía haber puesto varón dandil. Pero nosotras no somos brujas.

Nadie piensa en eso.

Pero vuestra participación en los hechos eróticos parece demostrada.

Y nos quemarán vivas. Hoy me he cogido una cosa blandita aquí.

Pero solamente un poco calentita se los pondremos.

Venid para aquí.

¿Cómo fueron los hechos? Es lo que me tienes que decir. Hacedlo todo como

día. Fray Vicentino, venid aquí conmigo. Ahí voy, sí.

Yo venía con una cestita con la merienda.

Y la traía aquí como caperucita, ¿verdad? Uy, pues vale, padre. Luego yo,

traía vino. Y yo unas uvas maduras.

¿Y qué más?

Luego discutieron y empezaron a desnudarse.

Pues que se desnuden, ¿no?

¿Es que desnudarse así en frío?

Está bien, está bien.

Tendré que hacer un informe severo. No, no, por favor.

Mozas, está exponiendo trabas a la Santa Inquisición.

Con permiso.

Esa chica ha salido a su padre.

¿A mi padre? No, no, al padre de ella.

Porque no tiene... Ah, sí, pero no importa a mí, me vale así.

Lo he mirado, hermano.

¿Y yo qué hago?

Quitaros de en medio que me estáis tapando un culo. Pero, hombre... Bueno,

es que a veces se le ve el principio del rabo, que es una cosa así de este

porte, una cosa pequeñita, ¿no? Y esto es una pista para el endemoniamiento.

Con permiso.

Digo que ya están en cueros las pobres.

¿Ah, sí? Pues no estaba atento, vamos, ni las miraba.

A ver si se me salen los ojos.

Bueno, ya.

¿Y qué pasó después?

Se pelearon. ¿Por qué?

Para ver quién cohabitaba conmigo primero.

Pero, joven, ¿qué las dais? Pues primero las acaricio así.

¿Veis? Y luego las acaricio a través de la parte esta del glúteo. Luego la

bocina. Sí, la bocina. Y luego cuando ya me... Luego vuelvo al glúteo.

Y una vez que ya estoy en el buceo y está todo agosín, me pongo como un burro

llamo a que venga.

Algo tendrá que venir.

Esto no se puede quedar así.

Diego, que estás delante de tu padre. ¿Y de mí?

Me pregunta el hermano. Ah, pero ese fraile es hermano tuyo.

Calla, guapa, y vamos a meternos en la dina.

Con permiso.

Venga, venga, venga. De prisa, venga.

Nada, venga, pelearos por mí para que lo vea el Agustino.

Por cierto, padre, ¿usted es de Huesca? Anda, ¿cómo lo sabe?

Claro, usted es el famoso Agustino de Aragón.

Ahí, ahí.

Y aquí seguíamos peleando. Bueno, no nos pongamos nerviosos sobre todo yo, ¿eh?

Vamos a ver. Para poder emitir un juicio justo, ¿tú en la pelea palpabas a las

chicas? ¿Las palpaba?

Estábamos todos revueltos y claro, había que palpallas.

Bueno, pero cuando las palpabas... Ojo, que es importante.

¿Cómo las palpabas? Pues no sé. ¿Qué quiero decir? Quiero decir, vamos.

Haceme que... Sí,

muy bien, verás. Vamos a ver, hija.

Aquí. Y quiero decir que cuando tú la tocabas, ¿sí? Lo hacías así como... Al

desgaide, sí. O, ojito, o lo hacías de una manera más mimosa.

Como lo hacías tú, hijo.

Lo que Fray Vicentino quiere decir... Yo a esto me apunto.

Hazme sitio, hija.

Es que la intención cuenta.

Tú llegas y a esta moza le das así.

Y no es lo mismo que si la acaricias así.

No apriete tanto que se lo estás primiendo.

Bueno, yo en realidad trataba de separarlas. Y si cogía un muslo, pues lo

así.

Bueno, a ver si lo entiendo.

Esto es con tirón así como lateral o frotación rotatoria.

A mí me parece que si sigo así se me van a aflojar las conchas.

Es que yo creo que es más diabólico el movimiento de vaivén.

Tipo barco, ¿eh? Bueno, hay una... A mí, vamos, yo en esta reunión me parece que

voy de culo, pero porque me estoy poniendo muy contento. Y digo yo que

le... Es que el vaivén tiene, de la marinera, es la mejor batería para

en frío.

Bueno, del muslo sí, del muslo sí, pero digo yo, y la parte del seno, ¿cómo lo

podemos arreglar? Llora usted, padre.

No, hijo, es que se me ha caído una lentilla.

Bueno, si hablamos ya de las glándulas mamarias, ya entra... lleno el

Sí, este se hace así, ¿eh? Se da aquí a este botón y se para la imagen, luego

con este otro se removina y se vuelve a grabar. Estos japoneses son... Bueno, yo

necesito hablar a solas con estas tres pobres brujitas, ¿eh?

Lo que hace falta es que se abran a vos, ¿eh? Quiero decir que abran su

conciencia. No, no, se abrirán lo que haga falta, eso no hay que preocuparse.

Bueno, venga, fuera, fuera, fuera, fuera. ¿Y os quedáis solo con las tres?

Naturalmente. Voy a intentar descargarlas de culpa.

Y no podría irse mi hijo.

¿Y yo os ayudo a descargarlas?

Anda, ya, está borracho este.

Esto tiene que ser las tres pecadoras y el exorcista que soy yo a solas. Claro.

¿Lo dice el libro?

¿Qué libro? El de las páginas amarillas. Ah, ya, ya, ya. Venga, puerta, fuera,

fuera, fuera.

Adiós, adiós. A cerrar la puerta salí que hay corriente. Vamos.

Anda. Y ahora nosotros solitos.

Vamos a hablar.

¿Nos vestimos?

¿Pero para qué?

Si estamos así mucho más cómodos.

Tú, mi hermana, un besito de derechas, un besito de izquierdas, un besito en el

centro, en la calva.

Os puedo perdonar, pero tenéis que insistir, ¿eh?

Para conseguir el perdón tenéis que hacerme muchas cosas, hacerme todo lo

podáis ahora mismo.

La verdad a mí es que Fray Vicentino me parece un cara.

¿Cómo se lo monta, eh? No digas eso. Quiere salvarte.

Porque como yo le he dicho que eres hijo mío... Y ese hecho lamentable que me ha

destrozado el corazón, ¿cómo fue, papi?

¿Mi relación con tu madre?

Sí. Pues ya te lo puedes imaginar.

¿A quién crees tú que sales?

Pues no sé. La verdad es que eres igualito, igualito que ella.

Yo era entonces más joven.

Tu madre no me esperaba. Cuando yo entré en su casa, le traía un obsequio.

Ella estaba guisando alguna olla deliciosa porque tenía una mano para la

Yo me acerqué a ella sigilosamente porque le gustaban mucho mis bromas

¡Oh, Lope!

Eres un travieso, un osado. Yo le dije una gentileza de las mías y tú tienes el

culo más bonito del pueblo.

¡Calla, calla, calla!

¡No vuelvas a hacer eso!

¿Sabes que mi madre está por aquí?

Podría vernos.

¡Pah! ¡Esa vieja no se entera de nada!

Además, has interrumpido mi guiso. Un platillo delicioso que estaba preparando

para ti.

¡Sí, son tarántulas, sapos y culebras!

¿Y qué?

El agua no se puede beber porque tiene lagartijas.

A la carne le inyectan hormonas femeninas y amariconas en el país.

El pescado congelado, los mejillones de ancagalera, el vino de dolor de cabeza.

¿Y del aceite?

¿Qué te voy a contar del aceite?

Es más sano lo que estoy guisando, guapo.

Bueno, olvida todo eso y mira el regalo que te he traído.

Un famoso chale de tus antepasados.

Ese. Lo he cogido para ti sin que se enterase mi mamá.

Por lo visto es muy importante.

Lo quiero para mí, lo quiero para mí.

Bueno, te lo daré. Pero ya sabes lo que me tienes que dar a cambio.

¿El qué?

¿El qué?

El chisme.

¿El chisme?

Sí.

Bueno, te lo daré.

¡Tiene que ser ahora!

¿Ahora mismo? ¿Aquí?

Sí, donde sea. Ya no puedo más.

Voy a reventar.

Ay, no sé, no sé. Ay, qué sé yo, qué sé yo, qué sé yo.

Ay, bueno.

Vamos a ver a dónde... Sígueme, sígueme.

Qué guánderful toquilla.

Aquí me tienes.

¡Soy toda tuya!

¡De esta no salgo!

¡Santiago, encierra España!

Nueve meses más tarde, tu madre te dio a luz, ayudada por tu abuela.

Madrecita del alma querida, ¿es niño o niña?

Niño. ¿Y se le notan los cuernos y el rabo? No, hija, no. No te sale un

completo ni por casualidad.

Y avancéis y ninguno me sale satánico.

Soy masosa que tierno galván.

Yo no asistí al parto. Tu madre, que era una santa, me lo contó todo. Y como yo

era el señorito de los contornos y ella solo una moza despreciable, no te

reconocí. Como es lógico. Claro, normal.

Pero si hubieras hecho las cosas legalmente, yo no me hubiera enamorado

hermana.

Hijo, uno como es riquísimo no tiene necesidad de hacer las cosas legalmente.

Eres mi padre y te quiero porque la sangre tira.

Pero fuiste un pedazo de cabrón, ¿eh?

Son cosas de la vida. No, no, de la vida no, pero fuiste un pedazo de cabrón,

¿eh? Son cosas de la vida. Es la vida, pero muy cabrón, padre, muy cabrón.

Viva la Inquisición.

Yo me miro a Grifina.

¿Por qué no la conviertes ahí en rana? ¿Eh?

¡Eso! Y a él en sapo. ¡Jo, qué putada!

¿No podía convertirnos en la Pantoja y Paquirri? Es que a lo mejor, no siendo

seres humanos, ¿os podríais casar? Es que casarse con una rana tiene tomate.

creas. Hay ranas que...

¿Cómo

estás, hermanita?

Las culpas de los padres caen como rayos vengadores sobre las cabezas de los

hijos.

Me he pasado, me he pasado. A veces no me mide y me pasan estas cosas.

Menos cursiladas y dejadme pensar.

Aquí hay algo.

¿Qué es esto? ¿El libro gordo de Petete? A ver.

No creo que aquí encuentre solución a nuestro problema.

¿Quién sabe?

Por de pronto vosotros entráis en la gruta número seis.

¿En la 6, abuela? No había entrado nunca a la gruta número 6.

Pues ya es hora de que alguien la estrene.

¿Pero qué tiene esa gruta?

Ahora lo veréis.

Yo mientras tanto buscaré solución a este asunto. Vamos, niñas, vamos,

acompañadles. Decídmelo ya, niña, ¿cómo está el cornudo de nuestro buen padre?

No hay quien hable con él. ¿Cómo se ha llevado a vivir a casa a ese fray

Vicentino? Que, por cierto, me mira con unos ojos que...

Mientras os mire y no os toque, a la vamos.

Oh, perdonadme, hermana, os he tocado una nalga.

Tened cuidado, hermosos doncellos, que el suelo está resbaladizo y os podéis

escorromoñar.

¿Qué me escorromoño yo? ¿Qué es esto?

Encontramos esta cueva hace años, contiene un manantial de aguas calientes

sulfurosas.

¡Hijo de... qué susto! Has aceptado tu vida, Brenda.

¿Y esto para qué sirve? ¿Para ir acostumbrándose a la polución? La abuela

que dentro de unos años aquí vendrá la gente a respirar. Pues se van a ahogar.

Ah, yo no sé. ¿Y por qué dice Agrippina que nos traigáis a este lugar?

Un ratico aquí, tranquilos, y los problemas desaparecen.

Son aguas mágicas.

Lo vais a ver.

No conocen el hitujo erótico de esta cueva.

¿Será por cerrojos?

Hace calor aquí.

¿Qué vamos a hacer, Diego?

Yo te quería, pero ahora como somos hermanos, me tendré que casar con el

americano ese y me iré a vivir a los Buenos Aires queridos.

Mujer, ¿y no podrías casarte con otro?

Porque solo pensar que ese memo podría cogerte la mano así.

Perdóname, hermana.

Ha sido un desliz tonto.

La costumbre. No, no. Si un hermano siempre puede coger la mano de la

acariciarla y darle un beso de hermano.

¿Qué haces, bella niña?

Joder, qué calor.

Es verdad.

Madre que parió nuestro padre.

Esa fue nuestra abuelita.

Que hay que tener un cuidado en este pueblo porque te acuestas con una chica

luego resulta que es tu prima o tu puñetera madre.

Yo me ahogo.

¿Y yo?

Desabróchame ahí detrás, haz el favor.

Yo a mi hermana le echo una mano donde sea.

Pues me vas a tener que echar algo más que una mano.

Si no te importa, me voy a quitar esto.

Quítatelo.

Después de todo, ver a un hermano semi -desnudo no tiene importancia.

Pues eso es lo que yo digo.

¿Ves? Ayer mismo te hubiese visto un pecho y te lo hubiese comido.

Ahora, sin embargo, te digo tan frío.

Lisa, tienes un seno al aire.

Y yo te digo tan tranquila que ya lo sé.

Estás húmeda. De sudor.

Es que aquí hace tanto calor.

Si no te importa, te secaré porque chorreas.

Te lo agradeceré.

Lo que son las cosas.

Te estoy tocando y no siento nada.

Nada.

Como si le estuviese tocando las narices a mi tío Leopoldo. Ni yo.

Es como si me estuviese tocando el americano.

El americano no sabe tocar como yo.

Sí, hermano.

No hay quien aguante este calor.

¿Qué tendrá esta cueva?

Chévere.

Julissa, yo no entiendo de política, pero qué bien te quitas las fragas,

princesa.

A mí me va a dar una congestión, ¿eh?

¡Ay, un ataque!

¡Ay, madre mía! Julissa. Diego.

No me llames Diego solo.

Llámame Diego Armando Maradona.

Diego. ¿Qué?

Que vamos a hacer un incesto.

¿Sabes lo que te digo?

¿Qué? ¿Quién me hace un impesto hace ciento?

Pasad, pasad.

Este es un buen dormitorio. Qué fasto esto. Sí, claro. Es el mío y de mi

Este me gusta muchísimo más que el que me habéis asignado. Sí, pero el otro

muy bien. Es el de los invitados.

Sí, pero es pequeño.

Yo estoy acostumbrado a los grandes espacios de la España de las autonomías.

Nada, está decidido. Me hospedaré aquí. ¡Qué bromista soy, fray Vicentino!

¿Y dónde dormiremos, mi esposa y yo?

Pues, anciana esposa y vos estaréis muy bien en el cuarto de los invitados.

¡Hombre! ¡Ah, no, no, no!

Es que si os parece mal, me volveré a la posada.

Porque para hacer un informe duro y cruel, cualquier sitio me vale. Ahora

¡No, no, no!

¡Que no me conoce! ¡Que no!

¡Sí era una broma de las mías! ¡Ah!

¡Ah y ah!

¡Qué pedazo de cabrón!

¿Cómo iba yo a meteros en aquel cuartucho indigno? Ya me extrañaba a mí.

¿Por qué creéis que os he traído aquí?

Se duerme bien.

No se oyen los cantos de los gallos. A mí si el colchón es picolín plín. Lo es.

Yo mismo elegí la borra para el colchón y la limpié de pulgas.

Pues a mí las pulgas me adoran. Hay veces que incluso me agradan.

Ahora dejadme que tengo que reposar.

El interrogatorio de las tres mozas de anoche me dejó agotado completamente.

La sopa de su reverencia.

Vaya, buenas empleadas del hogar tenéis.

Este es un cuerpo y no el de correos. Lo decís por esta.

Es mi esposa.

¿Vuestra esposa?

Ostras, Pedrín, pero esta es doña Cándida.

Lo es.

¿Verdad que está de buen ver?

No, de buen ver y de mejor tocar.

Oiga, venga, para que no sea tonto.

¿Esta buena señora es la que descubrió la que la re?

No me habléis de aquello que se me pone la carne de gallina.

Bueno, pues yo creo que esta virtuosa dama debe ser sometida por mí a un

interesante interrogatorio. Cuando bajéis, estoy a vuestra disposición.

Pero ¿para qué demorar la cosa?

Ahora mismo. A mí en el convento me llaman Vicentino el Rápido. ¿Aquí, en mi

dormitorio? Sí, aquí.

Cualquier sitio es bueno para que resplandezca la verdad.

¿Os tiro la concha?

No, a esta ya me la tiraré yo. Hay que obedecer a su reverencia, esposo.

Y yo debo sacrificarme.

En lo que sea. Está bien, os dejo a solas.

Pero no sé por qué empiezo a notar un paso extraño en la frente. Poneos agua

frígida, os sentará bien.

Qué suerte tiene ese hombre de tener una esposa tan bella como vos.

Ay, monseñor, si yo os contara. De poco sirve mi belleza con don López.

¿Cómo será de feo que en el pueblo le llaman el López Rodó?

Sí, pues no sé en qué piensa el desgraciado ese. Mira, tumbaros aquí y

realizaremos el interrogatorio tumbaditos. Anda, quítate cosas y no

mi amor.

Estoy completamente a vuestro servicio.

Hueles al aroma de mi hogar, mi seno de pravia.

Si quieres te doy una chupadita.

Oye, Garrulo, ¿dónde puedo encontrar al alcalde de este villorrio? Yo soy. ¿Y

quién sois vos?

Don Justo Roquemada y Altacima.

Inquisidor Mayordero Groño y su comarca. ¡Ahí va!

¡La que se va a liar!

¡Madre!

¡Abuela, abuela! ¡Ya se armó!

¡Qué mogollón ha vuelto! ¡Qué movido!

¿Qué ha pasado?

Pues que resulta que el inquisidor ese que había venido es un comecocos

impostor. Y ha venido el auténtico que ha pasado por delante del alcalde. Y ha

pasado a ser un doctor del consejo. Y ha pasado a formar el tribunal. Total, que

como ha pasado de todo, pues es un pasota, tío.

¿Cómo se llama? Justo Roquemada.

¿Seguro? Seguro.

¿Le conoces?

Puede ser.

Y seguid. Oíd todo con atención y tenedme informada telepáticamente.

Vale, marchando. Un momento. No podéis ir así de guarras. Llamáis demasiado la

atención. Vestíos algo mejor.

Jo, abuela, nos gusta ir tipo comuna.

¡Obedecedme! ¡Qué lata!

Es que ir vestidas de tías raras... ¡Jo!

¿Y dónde encontramos la ropa? Pues vámonos a Odelia. Sí, porque como allí

el ente autónomo.

Justo lo que nada.

¿Qué pasa,

Calisto? He venido en cuanto he recibido tu recado. El inquisidor está metido en

la cripta.

ha constituido un tribunal para juzgar la delación de tu mujer. El inquisidor

está en mi casa, encima de mi alfombra, encima de mi cama y seguramente encima

de mi mujer. Fray Vicentino es un impostor. ¿Que no es el inquisidor

No, el auténtico está ahí abajo.

¡Qué cabronada!

Y yo tragando cuerno.

Voy por él. Si no, no te moleste que ya viene.

Le ha mandado llamar don Justo Roquemada, que así se llama en nuevo.

¿Qué pasa, alcalde?

¿Cómo tenéis el valor de hacerme venir precipitadamente interrumpiendo un

interrogatorio de los míos? No os he llamado yo.

¿Ah, no? ¿Quién entonces?

Id abajo y lo sabréis. Pues me va a oír el que sea.

Es que no me lo creo.

Y ahora... ¿De qué se ríe este memo?

No, es que dice que los de UCD se llevan como hermanos y que estarán juntos

hasta que la muerte los separe.

No, yo no he dicho nada, lo ha dicho el andelino.

Vamos a ver, ¿quién ha tenido la... Vamos a ver, ¿quién ha tenido la osadía

hacerme venir rápidamente interrumpiendo un interrogatorio de los míos, eh?

Yo he tenido esa osadía.

Bueno, no hace falta que me recibáis de rodillas. Pues poneos en pie y decidme

rápidamente quién sois vos.

Justo Roquemada, inquisidor de Logroño.

Coño, ¿pero Justo Roquemada Altacima, más conocido por el enano Malaleche?

Así me han llamado algunos, entre ellos Pablo Porta, antes de arder en la

hoguera. Un, dos, tres, probando, probando, sí.

Bueno, yo en realidad... Hombre, mira, una filomática de tres cuchillas.

Yo lo decía criticando a los que os llaman así, porque lo de Malaleche...

lo de enano, yo más que enano os llamaría poco alto.

Pues fíjese qué tontería, ¿no?, que le voy a halagar ahora. Al principio le

por Brabender, fíjese.

Callaos de una vez, chupóptero, cacique inepto. Sí, señor, tiene razón.

Nombrado por el dedo caprichoso y bobalicón. Ahí, ahí. Y sentaos por ahí,

luego voy con vos. Demasiado bueno es.

¿Quién es Cándida?

Yo no es que me chive, pero es esta, mi mujer.

Acercaos aquí.

A ver, a ver.

¿Confirmáis la delación hecha por vos en este escrito rocambolesco?

No, no, no.

Sí, lo confirmo.

Ni se me ocurre. Pues comienza el autillo a puertas cerradas.

Que pase el reo.

Y apaga y vámonos. No, no, no. A él no, a mí.

Condenadme a mí. Soy culpable.

¡Soy cestera!

¿Cómo se dice cestera, cariño? Te lo he dicho antes. Se dice incestuosa.

Es mona, pero muy burra.

¿Usted no era más alto?

No, es que estoy en mis horas bajas.

¡Cállense! ¿Quién es esa loca?

Mi hermana. ¿Su novia?

Su amante. Pero cállese. ¿Su amante?

¡Has caído, hija!

¡Estoy deshonrado!

¡Mi nombre en el fango!

¡Calla, marido, no te pases!

¡Secretario, tome nota!

¿Cómo yo obligo? Échese un trago. Todas, amigo, dan muy mal pago y mi

experiencia lo puede avalar.

¿Qué le pasa a este hombrecillo? No le pasa nada. Es así, un oriundo.

¿Otro más?

¡Qué invasión!

Bueno, yo esto no lo veo claro. Así que, venga, a este por pastillero me lo dais

un poco de rueda.

A este por maletero, estirádmelo 20 centímetros.

No, si yo soy muy alto, soy altísimo, míreme.

Y a estas tres, unos cuantos latigazos para que se anime el cotarro.

Que está más oso que una junta de la Federación Española de Fútbol.

Oh, hay que teleportar con la abuela. Ponte en trance, que esto empieza a

ponerse feo. Toma el guión de Uribarri, dame.

¡Simpías a la hoguera!

¡Mira lo que tienes!

¡Lo estoy pasando mejor que el día que me cargué a Pérez para allá!

¿Te le pata, mujer? ¿Te le pata? Ya te le pato, ya.

A este, dámelo una vuelta más. Señor inquisidor, este monje no tiene nada que

ver con este lío. No le haga caso, butanito. Es un usurpador del hábito

eclesiástico y de otras cosas más.

El que más se merece la hoguera. Pero por otra parte, yo creo que esto se

arreglar con unos cuantos doblones.

¿Soborno? ¿Por quién me tomáis?

¿Por un árbitro en la última jornada de liga? Es que exageramos la cosa, porque

total por una que la arredenada... ¡Te calles!

¡Hijo mío!

Señora, sacadme el plátano rápido.

¿Hoy? ¿A qué?

¿Delante de todos?

No, mujer.

Ese, ese no. El que tengo escondido dentro de la manga. El que me va a poner

blandorro.

¿Queréis comer?

No, no, pelando y tirar la cáscara al suelo. A ver si la pisa el enano cabrón

este y se escoña.

Venga. Por favor, señor Roquemada, mi hija. La han dejado con los senitos al

aire. Bastante nos ha enseñado ella voluntariamente.

¡Viva el naranjito!

Bueno,

cuando yo baje este bastón, empezad el cachondeo. ¡Mi hijo, don Justo

¿Ah, pero se llama Justo Roquemada?

Claro, por eso tiene tanta mala uva.

Justo roquemada. Es JR.

Atentos. No te preocupes, hijo.

Que solo duele cuando se rompen los huesos. Ojo, papi. Da la noticia con una

alegría que pareces calvo sotelo.

¡Uno!

Vamos, niña, conecta ya con la abuela que se los cargan.

Ya va.

Es que estaba comunicando.

¡Dos! Vicentino, no os quejéis. Si os tiran solo 20 centímetros... La verdad,

señora, yo me conformaría con que todo se me quede como lo tengo ahora.

¡Hala! Al enano se le ha quedado la cosa levantada, mire.

¿Quién ha hecho eso?

Diego, la abuela le ha traspasado poderes. Como en una autonomía.

He sido yo.

Lo sujeto en el aire con mi voluntad.

Secretario, todo... me nota de esto. Ya mismo, pibe. Ahora veréis.

¡Esta puerta!

¿Y eso que no me entreno?

Este chico es un soplón, ¿eh?

¡Soplá!

No hay duda.

Aquí hay un hechizo, brujería, maldición satánica, una conjura.

judeo -masónica, organizada por el Comité de Competición. Si su reverencia

autoriza a declarar, intentaremos poner todo en claro.

No autorizo nada.

Azotarlas, estirarlos, machacarlos a todos.

Y luego, quiero la cabeza de Pablo Porta, del señor Plaza y todos los

dirigentes de los Cruz.

¡Aplausos! Está bien, está bien. Os perdono.

Me bajo los pantalones. Os perdono.

¡Joder! Lo aquí armado por un cabreo de nada, fíjate.

Bueno, es que creo que esta casa la han construido los mismos de la nueva

esperanza. Veamos.

¿Qué podéis decirme que aclare las cosas, hechizado?

Señor inquisidor, aquí solo hay una serie desgraciada de sucesos.

Estas tres destetadas mozas están inaboriscadas de mí.

¿Las tres?

No lo entiendo.

¿Qué tienes tú que, por ejemplo, no tenga yo? Pues si quiere me bajo las

Aunque no estoy para enseñarlo porque me ha caído un cascote en todo el flindis

y me ha dejado baldao.

Bueno, sigue. Pero di solo la verdad. Es que también está enamorada de mí esa

señora. ¡Cándida!

¡Desmiente tal infundio!

Si mi señor esposo estuviese más pendiente de mí... ¿Y por eso querías

los cuernos conmigo?

Pero eres hijo del corrudo.

¡Oiga! ¡Ay! Sí, pero hijo de... Bueno, usted ya sabe.

Bueno, entonces llegué yo, que iba de paso, y que si es preciso, sigo camino

ahora mismo, pero en este momento sigo camino a Santiago de Compostela

Así que, adiós, Heidi.

Ni moveos de ahí. Ni se me ocurre cómo voy a moverme yo de aquí. Pues no

ahí la cosa.

Ah, no. No, porque yo amo a lo bestia a esa joven.

Ay, la rodilla, hija, la rodilla, que me va a dar todo el flindis otra vez.

¿Y eso es malo? Pues sí, porque Julissa es la hija de esta señora, que es la

esposa de este señor, que es mi padre putativo.

Como ella es mi madrastra, pues mi amante es mi hermana. Yo sé que es un

cojones, pero es así.

Qué pitote, ¿verdad, macho?

¡Callaos! Es por bueno, le pasa todo lo que le pasa a usted. Pero eso no tiene

importancia. Solo que habéis de renunciar a vuestro amor.

Sí, pero es que nosotros ni cortos ni perezosos...

Nos hemos acostado juntos ya.

¡Incesto! ¡Incesto!

¡A la hoguera!

¡A la hoguera, malditos! ¡A la hoguera! ¡Queréis callaros!

Me ha tirado mi clipe recargable el tío. Pero, ¿incesto por qué? Porque somos

hermanos.

Es que no sois hermanos. ¿Cómo que no?

Si Diego es hijo de tu marido. Pero, ¿tú no eres hija de...?

¡Don López!

¿Ah, no?

Bueno, en esta villa os paséis todo por el forro de vuestros caprichos. Es que

esto está menos claro que una sesión de las cortes. Bueno, adiós, Heidi.

¿Queréis callaros? ¿Pero cómo voy a hablar yo que parezco tonto?

Veamos. ¿Quién es el padre de tan linda joven? El alcalde.

¡Pero, papá! ¿Y tú, mi mejor amigo?

¿Cómo has sido capaz después de que te voté en las elecciones?

Porque aún es muy macho.

Y por venganza.

Ojo por ojo y diente por diente.

¿Por venganza? Claro.

Mi esposa me confesó antes de morir que mi hija Rosa no es hija mía, sino tuya.

Pues eso no lo sabía yo. Entonces nosotros no somos hermanos. ¿Y no hemos

cometido incesto?

Esta tarde lo repetimos. Bueno, esto es el despipor.

Secretario, escriba. No llores por mí, Argentina.

Dispongo que como aquí no se libra nadie, hay que hacer un escarmiento

Todos a la hoguera.

Todos a la hoguera impíos, asquerosos, repugnantes. Y tú también.

Y yo el primero.

Pues le va a hacer la pelota a su padre. Y yo mismo encenderé la pira

purificadora. Irme, comodoro.

Ahora mismo.

¿Qué pasa ahora?

Está inventado el autogiro.

Ya hasta los enanos se están poniendo por las nubes.

¡Bájeme de aquí!

Eso es que la abuela viene de camino. Sí.

Oiga, que ahora no he sido yo.

¡No te bajaré hasta que jures perdonarles a todos!

¿Pero de dónde ha salido?

¡Abuelita! ¿Ha dicho abuelita? Sí.

Nunca hubiese dicho nada. Pero si me callo, ese canijo se carga medio pueblo.

Sí, soy su abuela. Es hijo de mi hija.

La misma que tuvo Diego.

Entonces, el enano y yo somos hermanos.

La madre que nos parió.

Sobre todo a él.

Y su madre era una bruja.

Pues o le da carpetazo a este asunto o le denunciamos al inquisidor mayor por

ser hijo y nieto de brujas. No, no.

Daré carpetazo al asunto. ¿Lo juras?

Lo juro.

Todo el rímel. Pues todo resuelto.

Corto los hilos misteriosos que te sujetan ahí arriba.

Es por no ponerse el cinturón de seguridad.

He venido un momento.

La abuela quiere hablaros.

¡Qué galleta se ha pegado el niño de Zaya este! ¡Qué barbaridad!

Ya podéis ser felices y tener hijos.

Pues no sé si podremos, que me está valiendo esto.

Y no perdáis este chal que puede ser importante para vuestro futuro, o el de

vuestros hijos, o nietos, o bisnietos. Con todo mi cariño, os doy mi maldición.

¡Vamos, niñas! A la ponte esto que le ha dicho la abuela y además el corriente.

Pues aunque sea de mis antepasados, no le veo yo esto importante para nuestro

futuro. Pues mira, cuando la bruja lo dice... No, pero no le veo yo mensajes

chal. Mira qué coño se pega el pobre.

Sujétele de ahí.

Hágale la respiración boca a boca que a mí me da asco. ¡No te la hagas, padre!

Bota UCD.

Más vale lo malo conocido...

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